El fin de semana llegó y con él la primera excursión del año a Hogsmeade. Los alumnos de tercero estaban ansiosos por conocer la ciudad, mientras que los más mayores solo deseaban un descanso, una visita a Honeydukes y un par de cervezas de mantequilla.
Harry, Ron y Hermione se encontraron en el patio. Hacía días que no paraba de nevar y todo el suelo estaba cubierto de una capa de 10 cm de nieve blanda. Hermione inspiró el aire que le azotó la cara y sonrió; le encantaba el invierno. Además, hacía días que le apetecía estar con sus tres amigos. Es decir, estaba muy bien que Ginny estaba con ellos, pero ahora ella y Harry estaban juntos, y cuando Lavender se les unía la castaña no podía evitar sentirse algo desplazada. Sabía que sus amigos se preocupaban por ella y que todos hacían porque no se sintiera así, pero no podía evitarlo. Y aquel día, Ginny se quedaría estudiando y Lavender estaba dormida, así que por fin podrían disfrutar de un momento los tres juntos, como en los viejos tiempos.
- Hace días que no estábamos los tres solos - parece que Harry estaba pensando lo mismo que ella -. ¿Qué hay de ti, Hermione? Ya apenas te vemos, y solo estamos a mitad de curso.
- Que estemos a mitad de curso no significa que no tengamos que estudiar.
- Tú siempre tienes que estudiar tanto como si estuviéramos en exámenes, no lo entiendo - los otros dos rieron ante el comentario de Ron.
- Es que... solo queríamos saber si estás bien. Es decir, sí que parece que lo estás, pero... - Harry tomó aire y lanzó una mirada dudosa a Ron, que asintió con la cabeza para animarlo a seguir -. Últimamente estás más desaparecida, y Luna comentó que creía que estabas viéndote con alguien.
Hermione notó que le faltaba el aire, y no pudo evitar maldecir internamente lo observadora que era Luna.
- Bueno, ya la conocéis, será cosa vuestra. Tiene mucha imaginación, ¿no?
Pareció que los chicos se lo creían, o, por lo menos, Ron destensó los hombros. Sin embargo, Harry la miraba en silencio.
En el fondo, Hermione sabía que lo del rubio no podía volver a ocurrir. Si seguían así, igualmente iba a haber un punto en el que aquello no fuera a más. Era una relación tenía destinada al fracaso, y no sentido mantenerla viva a la fuerza. Y si sus amigos se enteraran, no creía que la perdonaran nunca. Es decir, era Malfoy. Su enemigo desde primero. El que había hecho la vida imposible en su primer año, y en el segundo y... en realidad, durante toda su estancia en Hogwarts. No, era imposible. No podía empezar una historia con él por muchas razones, pero la primera de todas porque no se respetaría a sí misma, y todo lo que había sufrido en el pasado.
Por suerte, los chicos cambiaron de tema y entre unas y otras, llegaron al pueblo.
- ¿Dónde vamos primero? – preguntó Ron.
- A las Tres Escobas. Estoy helada.
- Opino lo mismo – cerró la discusión el moreno, encaminándose hacia la taberna.
Un ambiente cálido los invadió en cuanto entraron en el establecimiento. En una mesa al fondo observaron a Hagrid –que los saludó efusivamente-, McGonagall y Dumbledore. A su derecha, varios Ravenclaws de cuarto y en una esquina, a Luna y Neville. Decidieron dejarlos solos.
- Yo voy a pedir. Vosotros buscad una mesa – dijo la chica.
- No te preocupes, yo iré, tú siéntate con Harry – se ofreció Ron, y se marchó antes de recibir una respuesta.
El ojiverde bufo y se volvio hacia la chica.
- Los encantos de Madame Rosmerta…
hermione río.
- Todos los años la misma escena. Anda, vamos a buscar un sitio.
Encontraron un lugar cerca de la pared de la izquierda, entre una mesa en la que varias brujas jugaron a las cartas y otra en la que un puñado de Slytherins de varios cursos discutía acaloradamente. Hermione distinguió entre ellos a Malfoy y se situó en una silla desde la que podía observar sus movimientos.
Pronto llegó Ron, rojo como su cabello y portando precariamente tres cervezas de mantequilla.
- Se te ve azorado Ron – dijo Hermione mientras saboreaba su bebida.
- Lavender se pondría celosa si supiera lo de Madame Rosmerta.
- ¿Qué? Yo no… -sus amigos se echaron a reírse–. Sois idiotas – estos rieron más fuerte – Vamos, dejad de reíros.
- Ay… lo siento – dijo la castaña mientras se secaba una lágrima – eres tan gracioso Ronald...
De pronto, un ruido sonó desde la mesa contigua y un torbellino rubio se levantó y abandonó el local apresuradamente.
Harry se inclinó sobre la mesa.
- Justo de esto quería hablaros. Creo que Malfoy está tramando algo.
- ¿De qué hablas Harry? - preguntó la chica, quizás con un tono de voz demasiado agudo.
- Es que este curso lo veo diferente. Apenas nos mira cuando pasa por nuestro lado, y ya no se molesta ni siquiera en insultarme. El otro día coincidimos en el campo de Quidditch, y eso antes era motivo de pelea, pero terminaron su entrenamiento y marcharse por las buenas. Esta... demasiado tranquilo. Estoy seguro de que es porque oculta algo.
- ¿Como que?
Harry se mordió el labio y miró a su alrededor, para luego susurrar todavía más bajo:
- Hermione, ¿cuándo estéis en vuestra torre no podríais intentar ver su brazo?
- ¿No querrás decir que…?
- Estoy seguro de que lleva la Marca. Es un mortífago.
- Harry, Malfoy tampoco es de mi agrado pero no puedes hacer una acusación así - El pelirrojo parecía haber olvidado la sed que tenía.
-Ron tiene razón. No es un tema facil de tratar.
- También dijiste eso el año pasado, pero desde la Orden nos dijeron lo contrario.
- Ya lo sé, sí, aquella vez me equivoqué, pero ahora... No sé, es intuición. Esta vez estoy seguro, hacedme caso.
La chica comenzó a sentirse mal. Ella sabia que su amigo tenia razon pero no lo diria. Lo había descubierto de manera poco ortodoxa, y sentí, no sabía muy bien por qué, que no podía hacerle eso a Malfoy. Sin embargo, a la vez esa decisión le hacía sentir extremadamente culpable, porque sentía que estaba traicionando a todos la que la querían.
Harry comenzó un elaborado discurso sobre cómo había llegado a esa conclusión mientras Hermione seguía observando la puerta a la espera de la vuelta del Slytherin, cosa que no ocurrió.
Estuvieron en el local unos 20 minutos, momento en el que, con sus bebidas ya terminadas, decidieron ir a visitar las diferentes tiendas.
- Vamos a Honeydukes.
- Primero pasemos por Zonko, tengo que llevarles una carta de parte de Fred y George.
Zonko y Sortilegios Weasley eran las dos tiendas de artículos de bromas mágicas más conocidas de Escocia, y hacían negocios entre ellas.
Iban andando por medio de la calle cuando Hermione se dividió en un callejón una cabellera platino alejándose. Dudó durante un par de segundos, porque no le pareció correcto dejar a sus amigos, pero finalmente la curiosidad pudo con ella.
- Id vosotros si queréis. Yo tengo que ir a comprar comida para Crookshanks y alguna cosa para clase.
Una mentira simple pero creíble.
- Como quieras. ¿Nos encontramos aquí luego? – preguntó el pelirrojo.
- Sí… quizás me cueste un rato así que si en media hora no vengo volved al castillo.
- ¿Estás segura de que no quieres que te acompañemos? – preguntó Harry. Rara vez se separaban y le parecía extraño que su amiga quisiera hacerlo entonces.
- No, prefiero ir sola. Siempre que venís conmigo os aburrís y no quiero ir con prisa.
- Como quieras, Hermione. Entonces luego nos vemos.
- Adiós chicos – vio como se alejaban y acto seguido, deshizo el camino hasta llegar al callejón en el que había vislumbrado al rubio.
Era una estrecha y mohosa callejuela, que parecía no tener fin. No había en ella ninguna tienda ni casa, simplemente duras y frías paredes de piedra que conferían al lugar un olor misterioso.
Se armó de valor y avanzó a través de él, mirando hacia el suelo para evitar tropezar con alguna de las piedras descolocadas. Para su sorpresa, el callejón desembocaba en una explicación que sabía muy bien. A 10 metros suyos, una valla rodeaba un patio nevado, en cuyo centro una vieja casa se alzaba con aspecto tenebroso: la Casa de los Gritos.
Hermione grababa a la perfección la experiencia que había vivido en su interior en el tercer curso, cuando lograron salvar a Sirius. Pero en ese momento no esperaba en eso, sino en el chico que se apoyó en la cerca, de espaldas a ella. Se acercó con sigilo hasta situarse a su lado. El chico ni siquiera la miró, con lo que la castaña se dio cuenta de que éste ya había remarcado que le seguía.
Era la primera vez que estaban juntos fuera de su torre. No creían que nadie pudiera verlos en ese lugar, pues la gente seguía temiendo acercarse a la Casa de los Gritos. Hermione agarró con lentitud la mano del muchacho, esperando ser rechazada en cualquier momento, pero para su sorpresa, el chico la asió y le dio un cálido apretón. El corazón de la Gryffindor latía con fuerza.
Esa semana separada se les había hecho eternamente. Habían creído las ansias de cada uno de estar con el otro hasta tal punto que Draco casi se había lanzado sobre ella la noche anterior. Pero por suerte para su orgullo, había conseguido reprimirse.
El rubio sintió como se relajaba ante la presencia de la chica. Pero le empezaba a gustar y sabía que acabaría haciéndole daño. Las cosas estaban a punto de cambiar en su vida y ella le importaba demasiado, aunque no quisiera admitirlo. El ojigris ya tenía asumido su futuro, pero no tenía por qué involucrarse a la castaña en él. Era una vida oscura la que iba a echársele encima. Algo que ella no merecía. En ese momento, tomó una de las decisiones más duras de su vida. Tenía que terminar aquello, aunque fuera en contra de su voluntad. No quería arrastrarla en su caída.
Se miraron a los ojos y Hermione notó asustada como el chico desenlazaba sus manos, apartando la mirada.
- Draco… - había decidido empezar a llamarlo por su nombre y al chico no se le escapó este detalle.
- Granger, esto tiene que acabar. Sea lo que sea – evitó que su voz se cortó e intentó sonar decidido.
La castaña notó una fuerte punzada en el pecho.
- What…?
- Vamos, no me digas que estás enamorada ni nada de eso. Ha sido un royito… curioso, pero eso es todo – Draco intentó poner una expresión indiferente aunque, por dentro, sintió que le faltaba el aire. Se sintió ridículo, apenas se habían dado un par de besos, y ya estaban hablando de dejarlo. No había nada que dejar. Pero en el fondo, se sintió conectado a ella. La Gryffindor conseguía destensarlo, y no podía evitar una punzada de deseo cada vez que la tenía cerca.
Por su parte, Hermione se sintió dolida por el rechazo, y sabía que lo más inteligente había sido aferrarse a ese salvavidas y dejar que aquella conversación terminara con los restos de lo que mar que hubiera entre ellos. Pero su instinto la empujó a seguir presionando, a ir más allá y descubrir la realidad, porque en el fondo, sentí que el Slytherin no estaba siendo sincero con ella.
- No te creo.
- ¿Qué quieres decir con eso? - por supuesto que no le creía. Ni siquiera estaba convenciéndose a sí mismo.
- Mírame a los ojos y dime que no significo nada para ti.
El chico miró hacia aquel pozo del color de la miel, y por unos instantes estuvo a punto de perder la fuerza de voluntad.
- No quiero nada contigo – le dolió más a él que a ella.
- Pero y…
Entonces se le ocurrió una idea para hacer a la chica alejarse de él definitivamente. Tomó aire y se dispuso a pronunciar una frase que en ese momento se le antojó tan complicado como un trabalenguas.
– Nunca podremos estar juntos sangre sucia.
Y sin darle tiempo a decir nada más, el rubio se giró y comenzó a alejarse mientras la castaña notaba que se crispaba de la rabia. No solo la dejaba tirada, sino que además la insultaba. No, desde luego que no. Aquel chico no iba a hacer eso con ella, no después de todo lo que le había hecho pasar.
- ¡Espera! – su voz se quebró pero obtuvo el resultado deseado. Draco se detuvo junto a un árbol y se dio la vuelta – Demuéstrame que no sientes nada.
- ¿What? – sabía que sus fuerzas no aguantarían mucho más y que la chica iba a volverlo loco de un momento a otro.
- Bésame – dijo mientras avanzaba hacia él -. Y después de ello, si es lo que quieres, no volveré a hablarte nunca.
- No pienso…
- No es algo que no hayas hecho nunca. No tengo por qué importarte ahora.
- Este lugar no es adecuado, Granger. Podrían vernos – si la besaba, lo arruinaría todo. De eso estaba seguro.
- Sabes tan bien como yo que nadie va a venir aquí.
- No tengo por qué besarte si no quiero – y sin embargo, no había cosa que deseara más en aquel momento.
- Por las barbas de Merlín… - Dijo la chica mientras se lanzaba hacia él y juntaba sus labios.
Draco opuso resistencia al principio, pero cualquier firmeza que hubiera podido existir por su parte terminó quebrándose cuando la chica lamió hábilmente sus labios. Le correspondió al beso y aumentó la velocidad, dominando en seguida la situación. Sentía que estaba protegido, que solo existían ellos dos. Olvidó la realidad de su vida por un momento. Y fue egoísta como tantas otras veces. No iba a apartar de su lado a una persona que le hacía sentir de esa manera, aunque eso supusiera un peligro para ella. A decir verdad, también había entendido que la chica no accedería a alejarse de él.
La apoyó contra el árbol y Hermione, de un salto, subió a sus brazos y entrelazó sus piernas tras la espalda del chico. El rubio aumenta la presion contra el tronco para evitar que la castaña resbalara. Sus bocas solo se separaban para tomar aire. El Slytherin introdujo la mano bajo la blusa de la Gryffindor, haciendo que ambos olvidaran la temperatura y la nieve. En ese momento, el fuego ardía en torno a ellos. O mejor dicho, ellos eran las llamas. Hermione bajó su cabeza y comenzó a besar el cuello del rubio, que notaba como pequeñas nubes de vaho escapaban de su boca cada vez que suspiraba.
Pero de pronto, oyeron unos pasos seguidos de risas cerca de ellos. Se separaron y escondieron detrás de unos arbustos, y Hermione vio como 3 niñas de Hufflepuff y 2 niños de Gryffindor pasaban a lo lejos. Puede que ese no fuera un lugar tan privado y el rubio se dio cuenta de ello.
- ¿Y si volv…?
- Tengo una idea mejor – Hermione quería aprovechar la ocasión para hablar con él. Aunque eso supusiera llegar tarde al castillo, siempre podría volver a través de algún pasadizo. En media hora habrían vuelto y nadie notaría su ausencia. - Sígueme – y sin esperar respuesta, la chica saltó la verja y comenzó a andar hacia la vieja casa.
Ni siquiera hicieron falta conjuros para abrir la puerta, que cedió por la podredumbre de los años. La castaña entró y enseguida se sintió rodeada por el ambiente abandonado que reinaba en aquel lugar. Condujo al chico hasta una sala más grande, que con varios toques de varita conseguir limpiar e iluminar. No pudo hacer aparecer muebles, pero con aquello les bastaba. Draco se sintió extraño allí. No era miedo, era… incertidumbre.
- ¿Qué hacemos aquí?
- Bueno, he pensado que nadie vendría a molestarnos – sentémonos.
Tomaron asiento en el suelo uno frente al otro, y un ambiente de tensión los rodeó al instante.
- ¿Y? – la incitó el chico.
- Quiero saber los planes de tu vida – sí. Lo había llevado a aquel lugar para informarse sobre su futuro.
- ¿Perdón? – era lo último que el ojigris se esperaba.
- Quizá haya sido demasiado brusco. Me refiero a qué vais a hacer Nott y tú. Porque dudo que acabéis el séptimo
Aquella chica era demasiado lista. Tenía razón. En cuanto todos los mortífagos estuvieran reunidos, él y Theo abandonarían el colegio.
- ¿Y qué?
- ¿Estoy en lo cierto? – claro que estaba en lo cierto.
- Puede que sí, Granger. Pero dime, ¿y qué hay de vosotros tres?
- ¿Harry, Ron y yo?
- Ambos sabemos que una guerra se está preparando. No me imagino a San Potter en clase de Pociones mientras la Orden hace planes de batalla.
Efectivamente, los tres tenían previsto marcharse antes de Pascua. Aunque su misión no tenía nada que ver con la Orden sino con la búsqueda de Horrocruxes. Y eso sí que no podía confiar en Slytherin.
- Puede que…
- Sé que tengo razón. Si te contara mis aviones tienes que contarme los tuyos. ¿Estaría dispuesta?
La chica suspiro. La había cazado.
- No puedo.
- Perder.
Los chicos se estudiaron en silencio.
- ¿Lucharás a su lado? – por fin esa duda que tanto tiempo llevaba haciéndose.
- ¿A qué te refieres?
- Ya sabes. Con los mortífagos. Con Voldemort.
- ¿Y por qué no iba a hacerlo? - preguntó sin responder a la chica.
- Tú mismo dijiste que no deseabas la Marca.
- No la deseaba de aquella manera. Pero dado que la otra posibilidad es luchar con la Orden, queda descartada.
- ¿Por qué?
- Porque la mayoría de los componentes de ella me odian y odian a mi familia. Volverme en contra del Señor Tenebroso haría que quedara en medio del fuego. Con ambos ejércitos en mi contra, no creo que tuvieran muchas posibilidades, Granger. Prefiero que las cosas sean así.
Hermione guardó silencio unos instantes. No se esperaba una respuesta tan sincera.
- Si decidieras venir con nosotros, no estaríamos en tu contra.
- Sé de qué hablo. Los Weasley, Potter, McGonagall, Longbottom… no me imagino a ninguno dándome la bienvenida.
- Ya… así que perteneceremos a diferentes bandos.
La realidad cayó sobre ellos como una tempestad.
- Supongo que siempre lo hemos sabido.
La chica sabia que era cierto.
- ¿Y qué será de lo nuestro?
- ¿Lo nuestro? Yo no lo hubiera denominado así.
- Draco, sigues estando orgulloso incluso cuando…
- Granger. Simplemente no quiero pensar en eso ahora. Suficientemente malo es ya todo como para tener que sumarle preocupaciones.
- ¿Cómo debería tomarme eso?
- deberías tomartelo como es. ¿Quieres saber que será de mí? Ahí va mi respuesta: ni siquiera yo lo sé. Hay aviones diseñados, que supongo que tendré que cumplir. Siempre ha sido así, pero a mí me ha costado mucho darme cuenta.
- ¿Y qué pasaría si dijeras que no?
- En ese momento, podrías dar por muerto a la familia Malfoy.
- ¿Y si escaparais?
- ¿Por quién nos tomas? No somos unos gallinas. La situación es esta, Granger. La verdad de mi vida es esta. ¿Y mi futuro…? Tan incierto como el tuyo. O el de todos. Tampoco son tiempos fáciles para nosotros. La guerra es nefasta para ambos bandos.
Aquella era una reflexión de una índole mucho más profunda que la que Hermione había creído que el rubio le confesaría.
- ¿Seguiremos viéndonos? – la chica esperó nerviosa la respuesta. Estaba yendo todo demasiado rápido, pues ambos sabían que lo que sentían era desproporcionado a la situación. Apenas se habían besado un par de veces, después de estar años enemistados, y ya notaban que no podían estar separados y que cada segundo juntos los hacían muy felices.
- Hasta que no sea posible. Quizás un mes, quizás dos días. Y luego las aguas volverán a su cauce.
Lo miró. Era más de lo que había esperado, pero seguía siendo poco para ella.
- ¿Por qué no quieres cortarlo?
El chico entrecerró los ojos y la miró atentamente.
- Pensé que tú tampoco.
Hermione se apresuró a responder.
- Y no quiero. Solo que pensaba que no significaba nada para…
- No significa nada, Granger. Vivimos juntos y eso es cómodo, y supongo que el estar en diferentes bandos le da... emoción. En el fondo esta situación es estúpida, y nosotros somos estúpidos por no ponerle fin. Pero no seré yo quien lo haga.
- ¿Por qué?
- Preguntas demasiado, Granger.
La castaña sabía que el rubio necesitaba tiempo para asumir las cosas y estaba dispuesto a dárselo.
- Todo bien.
El chico la consiguió en silencio y sin saber qué le llevó a besarla, se inclinó lentamente hacia ella. Hermione lo recibió encantada y enseguida hizo que sus labios se encontraran. Se tumbó de espaldas mientras el chico se inclinaba sobre ella, y notó cómo el flequillo platino le hacía cosquillas en la frente. No pudo evitar sonreír, y para su sorpresa, notó que la boca del Slytherin también se curvaba en una leve pero perceptible sonrisa.
El rubio viajó hasta el cuello de la castaña. Sus labios expertos sorbieron en diferentes puntos, arrancando suspiros de la chica. Siguieron así alrededor de una hora. En el silencio de la casa solo se oía el resonar de los besos y de las entrecortadas respiraciones. Draco se sintió excitado, y sabía que la Gryffindor estaba igual por la forma como se retorcía entre sus brazos, pero ninguno se atrevió a ir más allá, no en aquel lugar, y finalmente se fueron separando poco a poco. Draco se tumbó ladeado, dejando espacio a la castaña, que apoyó su cabeza en su pecho y pasó un brazo por la cintura del chico. Él realizó suaves caricias en el pelo de Hermione y, al cabo de un rato, se durmieron apaciblemente, como una pareja normal.
Lejos de allí, Ron no paraba de dar vueltas en la torre de Gryffindor, mientras Harry lo observaba desde un sofá.
- No te preocupes Ron. Seguro que ya ha venido – aunque el moreno no estaba tan convencido de ello.
- ¿Tú crees? Ni siquiera ha ido a comer. Y ya sabes lo que nos han dicho en Hogsmeade.
Al acabar su visita a Zonko y Honeydukes, se habían encaminado hacia la tienda de animales, donde una joven dependienta les había informado de que ninguna chica con la descripción que le proporcionaron había visitado el lugar ese día. A paso tranquilo se encaminaron hacia la Casa de las Plumas. Simplemente creían que la chica seguiría eligiendo sus útiles para clase, pues normalmente le costaba mucho tiempo. Pero cuando un mago les dio la misma respuesta que la dependienta de la tienda de animales, comenzó a preocuparse. Su amiga les había asegurado que iría a esos dos lugares antes de separarse de ellos, cosa que no había hecho. Así pues, ¿dónde estaba?
Viajaron al castillo, convencidos de que ésta habría vuelto, olvidándose de esperarlos. Aunque era algo raro en la chica. Cuando no la encontramos en la biblioteca, ni en los patios, ni en la comida, su preocupación creció.
- Puede que se haya encontrado con Tonks o alguien y se haya quedado con ella.
- ¿Eso puede ser, no?
- Claro que sí – aunque el moreno solo intentó darle ánimos.
- Pero Harry, si no aparece esta noche tendremos que hablar con McGonagall. Puede haberle pasado algo y…
- Filch apunta a todas las personas que entran y salen del castillo. Si Hermione no ha vuelto, los profesores ya tendrán que saberlo.
- ¿Debería eso tranquilizarme?
Harry suspiró.
- Supongo que no.
- Aunque ya sabes, McGonagall se enterará igualmente si esta noche no hace su ronda de Premio Anual y…
- Premio Anual… ¡eso es Ron! ¡Tenemos que ir a buscarla a su torre! – con la preocupación del momento, habían olvidado mirar en el hogar de la castaña.
- ¿Y si nos encontramos a Malfoy?
- ¿Estás sugiriendo que no busquemos a Hermione sólo por si nos topamos con Malfoy?
- No. Es sólo que no quiero que sepa que Hermione está desaparecida.
- Tienes razón. Pero no se lo diremos. Simplemente preguntaremos por ella.
- No creo que le haga mucha gracia que invadamos su torre, pero vamos.
Harry lo miró sarcásticamente.
- Si le molesta, mejor para nosotros.
Llevaban esperando ante la puerta de la Torre de los Premios Anuales más de 20 minutos cuando Rowena Ravenclaw entró en el retrato.
- ¿Buscáis a la chica?
Harry respondió con un movimiento de cabeza.
- Ella no está aquí. Ni ella ni el chico rubio han entrado en la torre desde esta mañana.
- ¿Está segura?
Rowena miró al pelirrojo con mirada desafiante.
- Claro que sí.
- Muchas gracias - dijo Harry, y tras esto agarró el brazo de su amigo y lo alejó del lugar.
- Ron ¿crees que Malfoy puede haber secuestrado a…?
- Ni una palabra más, Harry. Pero si me entero de que él y sus estúpidos amigos tienen algo que ver…
- ¿Qué harás entonces, Weasley?
Theodore Nott se alzaba frente a ellos. Obviamente se dirigía hacia la torre de los Premios Anuales.
- Nada que te importe Nott.
- Creía haber oído que ni vuestra amiga ni Malfoy están en la torre.
- No. Ella está en la biblioteca.
- Ajá. Muy creíble Potter – y sin decir más, dio la vuelta y se alejó de ellos. En su cabeza bullían un montón de pensamientos que ya temía. Pues claro que el rubio y la Gryffindor estaban juntos. Lo que no sabía era si Draco era capaz de comprender el peligro de sus acciones.
La castaña abrió los ojos y se sintió desorientada. Comenzó entonces a recordar las horas pasadas y sonrió para sus adentros. No pudo evitar sorprenderse al darse cuenta de que el chico no se había ido. Notó su respiración calmada y se giró para mirarlo. Recorrió con el dedo sus marcadas facciones hasta que este acabó por despertarse también. Se incorporaron lentamente hasta quedar sentados sin decirse nada.
- ¿Qué hora es?
Hermione dio un salto. Había perdido por completo la noción del tiempo. Al mirar su reloj, sentí como su respiración se cortaba. Eran las 19:30. Llevaban más de 5 horas durmiendo. No comprender cómo había logrado dormir aquella enorme siesta, pero suponía que estaba tan relajada en los brazos del rubio que su cuerpo se había desorientado.
- Draco, tenemos que volver al castillo. Falta solo 1 hora para la cena.
- Quizás por eso tengo tanta hambre.
- ¿Ahora te preocupas por eso?
- Probablemente sí. Y bien, ¿cómo volvemos? Espero que no tengas pensado regresar por la puerta principal cogidos de la mano.
Hermione rodó los ojos.
- Hay un pasadizo en la casa que nos llevará hasta el Sauce Boxeador.
Draco alzó una ceja.
- Todo bien. ¿Y tienes alguna idea de cómo hacer que no nos mate de un golpe?
- Lo pensaré por el camino – y tras esto, se encaminó hacia la habitación en la que años antes había vivido una emocionante aventura.
No le costó más de 10 minutos encontrar el pasadizo pero la caminata de vuelta fue más larga. El chico iba en la cabeza, iluminando el largo pasillo. Tras media hora interminable, vislumbraron la salida.
- ¿Y ahora qué?
- El Sauce tiene un nudo en la base. Si lo aprietas, quedará quieto.
- ¿Cómo sabes todo eso?
- Es una larga historia. ¿Recuerdas cuando te di aquel puñetazo?
Draco afirmó con un gruñido.
- Digamos que ese día fue bastante largo.
La chica se asomó levemente por la entrada y volvió al interior segundos antes de que una gruesa rama golpeara el lugar que su cuerpo había ocupado segundos antes.
- Esto nos llevará un tiempo.
Concretamente, tardaron 15 minutos en lograr conjurar una piedra de forma que este golpee el nudo del árbol. Seguidamente, las ramas cesaron en su movimiento.
- Por fin… - la chica atravesó la entrada rápidamente y se dejó caer de espaldas sobre el césped.
Draco habló con voz temblorosa.
- No es por molestar a Granger. Pero creo que tenemos problemas.
La chica miró en la dirección del rubio y su sangre se heló cuando vio a Severus Snape acercarse hacia ellos, con la mayor expresión de enojo que Hermione le hubiera visto jamás.
La Gryffindor se incorporó inmediatamente y su mente empezó a maquinar planes de huida. Aunque terminó comprendiendo que el profesor ya los había visto y no tenían escapatoria. ¿Pero cómo iban a explicárselo? Sintió que toda la alegría que fluía por su cuerpo se evaporaba conforme el hombre se acercaba.
Draco se puso pálido ante una de las pocas personas que le infundían respeto. Su padrino podía ser agradable con él, pero no parecía que en ese momento tuviera la intención de serlo. Maldijo por lo bajo un par de veces y fue incapaz de encontrar alguna excusa ingeniosa para soltarle al profesor, así que tuvo que mirarle con arrogancia mientras se acercaba y permanece en silencio.
El hombre llegó rápidamente junto a ellos. Agarró a cada uno de los muchachos de un brazo y los guió hasta un lugar lejos de la zona visible desde cualquier ventana.
Se frenó en seco, los soltó y se giró hacia ellos. Su voz era una mezcla entre un susurro y un grito iracundo.
- 20 puntos menos para Gryffindor y 20 menos para Slytherin. ¡¿De dónde se supone que llegáis a estas horas?!
Ninguno de los dos dijo nada. No había excusa como para justificar su tardanza ni su aparición juntos a través del árbol y lo sabían. Como también supieron que el profesor no tardaría mucho en llegar a una conclusión acertada.
Snape los descubrió en silencio, mientras las piezas del rompecabezas empezaban a encajar lentamente en su cabeza. Necesitaba hablar con el rubio urgentemente para confirmar sus temores.
- Señorita Granger vuelve al castillo.
- Pero señor…
- ¡Ahora! - la orden fue directa y Hermione no pudo ignorarla.
Lanzó una última mirada al rubio y corrió hacia la entrada. No le gustaba dejarlo solo con Snape pero no tenía otra alternativa.
Draco evitó que su mirada se encontrase con la del profesor.
- ¿Y bien? ¿Vas a explicármelo o tendré que sacar conclusiones?
- No tengo por qué explicarle nada.
Snape notó como la ira bullía en su interior.
- ¡Te recuerdo que hice un juramento inquebrantable por tu seguridad! ¡Si te dedicas a ir por ahí haciendo tonterías entonces…!
- No voy por ahí haciendo tonterías – Draco estaba enfadado consigo mismo por haber llegado a esa situación. No debería haber ido a aquella casa. Sabía el peligro que todo eso conllevaba y, aun así, se comportaba como un gilipollas despreocupado.
- ¿Entonces me puedes explicar de dónde vienes con Hermione Granger?
El rubio frunció el ceño. No, no podía.
- ¡Si alguien se entera danos por muertos! ¡Me ha costado cielo y tierra convencer a la mayoría de profesores y alumnos de que os había visto volver y probablemente estaríais en vuestra torre! Aunque, por supuesto, la mayoría del profesorado no me ha creído. Y los señores Potter y Weasley han decidido investigarlo por su cuenta.
Draco escuchaba en silencio, deseando poder gritarle tres o cuatro cosas al profesor.
- ¿Ni siquiera vas a molestarte en negarme que tienes una relación con Granger?
- ¿Serviría de algo?
- No.
- Entonces no negaré nada.
- ¿Me lo estás confirmando?
- No recuerdo haber hecho tal cosa. Y ahora, si me disculpo, creo que iré a cenar.
- Draco, si seguís viéndoos, me encargaré personalmente de que vuestra convivencia cese.
El rubio lo miró por primera vez.
- No se puede hacer eso.
- En realidad sí que puedo.
El ojigris notó como se iba poniendo más y más furioso.
- ¿¡Sabe qué!? ¡Estoy harto de que todo el mundo parezca tener derecho para decidir sobre mi vida!
- ¡¿Acaso no lo entiendes?! ¡Esta tontería podría costarle la vida a toda tu familia! ¡Incluso a mí mismo!
- Usted solo se preocupa por su seguridad. Y lo único que le interesa es la pureza de la sangre supongo. Porque Granger es hija de muggles .
Snape entrecerró los ojos y convirtió un semblante inescrutable.
- ¿Y en tu opinión qué pienso acerca de los hijos de muggles ?
- Que son inferiores.
Un brillo nostálgico se averiguó en la mirada del profesor.
- Valoro a los hijos de muggles más de lo que crees – una cabellera pelirroja y unos ojos verdes se materializaron en la mente del profesor. Éste sacudió la cabeza volviendo al mundo real.
- Está bien si usted lo dice, pero soy consciente del peligro que corroe. Sé cómo manejar la situación.
- ¡Pues si sigues manejándola de forma que todo el colegio note vuestra ausencia y acaben proporcionar lazos entre vosotros, me temo que…!
- ¡Ha sido un despiste! De acuerdo. Tendré cuidado – dijo, y comenzó a alejarse a paso rápido.
- ¿Draco?
- Qué – ni siquiera se giró.
- ¿Acaso es una relación seria? - el chico notó un matiz burlón en la voz del profesor, pero también algo más profundo y doloroso. No se molestó en responder a aquella pregunta y aceleró su marcha hacia el castillo.
Hermione entró al Gran Comedor con gesto casual. Como si llevara en el castillo todo el dia. Como si la mitad de miradas no se dirigieran hacia ella. ¿Qué es lo que le ocurría a la gente? Se sentó junto a Ron y frente a Harry, notando como la profesora McGonagall la miraba severamente tras sus gafas.
- Hola chicos. Uf, estoy muerta de hambre – era cierto. Hacía más de 10 horas que no comía nada y notaba los quejidos de su estómago.
El moreno y el pelirrojo la miraron perplejos mientras esta llenaba su plato con el doble de comida de lo habitual.
-Hermione...
- ¿Sí?
- ¿Dónde ha estado toda la tarde?
- Olvidé avisaros. Tras volver de Hogsmeade estuve en la Lechucería y en la Biblioteca. Luego me quedé dormida y me he despertado hace media hora – le había dado tiempo a pensar una excusa en el camino.
- ¿Has comprado ya la comida de Crookshanks y lo demás?
- Sí, aunque me llevó un rato.
Los chicos se miraron por encima de la mesa. Era obvio que estaba mintiendo. Pero no iban a hablar de eso en el Gran Comedor.
Cuando los tres amigos abandonaban la sala, Draco Malfoy irrumpió en ella con su majestuoso paso. Él y la castaña no se miraron, pero los otros dos chicos observaron con el ceño fruncido al ojigris cuando pasó por su lado. Hermione intentó no ponerse nerviosa y siguió a sus amigos por el pasillo hasta la Sala Común de Gryffindor.
- Sabes, no se ha visto a Malfoy en toda la tarde. Puede que Harry tenga razón y realmente esté tramando algo.
- Estaría por ahí con los de su grupo.
- Quizás si… - Aunque Harry lo dudaba. Estaba seguro de que el chico era culpable. Ahora tenía que averiguar qué.
Pronto, llegué a la torre de Gryffindor.
- Espera, no te vayas aun.
Hermione se puso tensa. Se imaginaba de qué iba el asunto. Entró en la habitación y ocupó uno de los mullidos orejeros, mientras sus amigos tomaban asiento en suaves cojines junto a la chimenea. El pelirrojo tomó la palabra.
- Hermione, ¿no vas a decirnos qué ha hecho esta tarde? – la pregunta de Ron fue directa, pero no tuvo ninguna connotación de enfado.
- Ya os lo he dicho.
- Nos… nos referimos a qué ha hecho realmente.
La castaña los miró en silencio.
- Ron y yo fuimos a las tiendas de Hogsmeade. Nadie te había visto. Al volver, te buscamos por todo el castillo incluyendo Lechucería, Biblioteca y Torre de los Premios Anuales.
- Yo…
- ¿A qué hora ha vuelto al castillo?
La castaña suspiró rindiéndose.
- Hace una hora más o menos.
- ¿Pero dónde ha estado toda la tarde?
- En… la Casa de los Gritos.
- ¿Qué? – Harry cada vez comprendía menos.
Hermione se sintió rota por mentir a sus amigos. Pero aun no podria saber la verdad. O al menos, no toda la verdad. Era hora de comenzar la confesión.
-Veréis… lo que me dijisteis esta mañana. Sí estoy viéndome con alguien. Queríamos pasar el rato pero no sabíamos dónde. Nos quedamos dormidos y hemos vuelto a través del árbol.
- ¿Quién es? – esta vez, Ron sí sonó enfadado.
- No puedo decidirlo.
Harry la miró asombrado.
- Pero…
- Harry, lo siento mucho, de verdad. Sé que siempre nos lo contamos todo pero esto es diferente.
- ¿Lo conocemos al menos?
- No lo creo. Aunque no estoy seguro – claro que lo conocían, aunque prefería alejar toda sospecha posible.
- ¿Y por qué no puedes decirlo? – Ron estaba algo confuso con la situación violenta.
- Es una situación más complicada de lo que creeis. Si en algún momento necesitó hacerlo público, seréis los primeros en enteraros -evidentemente ese momento no llegaría, pero no hacía falta que sus amigos supieran eso-. No quería decíroslo… bueno, exactamente por esto. Sabía que no podría desvelar quién es, así que pensaba que si no sabíais nada sería mejor para todos y…
- No te preocupes Hermione. No importa. No nos enfadaremos – el moreno tenía intriga, pero comprendía la situación. Ron miró al suelo sin decir nada.
Harry estaba incómodo al notar la tensión de su amigo. Pero aun había un asunto que le preocupaba.
- ¿Dónde habrá estado Malfoy?
- Harry, te importa demasiado lo que Malfoy haga y deje de hacer – Hermione sonó un poco más cortante de lo que pretendía.
- Porque estoy seguro de que trama algo.
- Harry tal vez esperaba que Malfoy te hubiera raptado. Como si tuviera algún interés para él – Ron Rio, pero Hermione casi se atraganta con esa observación.
- Harry, en serio. Céntrate en otras cosas. Si Malfoy está planeando algo, acabaremos por enterarnos. Además, pronto abandonaremos Hogwarts.
Los tres chicos se quedaron en silencio pensando en la ardua tarea que tenían por delante.
- ¿Ya sabemos por dónde vamos a empezar?
- Seguiremos la pista de Kreecher. Tenemos que internarnos en el Ministerio y robarle el guardapelo a Umbridge.
La chica bufo.
- Es una misión suicida.
- Perder. Pero es la única alternativa. ¿Ya has conseguido la tienda de campaña, Ron?
- La tengo en el baúl. Fred me la envió el otro día.
El silencio se hizo cuando la puerta se abrió para dar paso a Lavender y Parvati. Pronto la rubia se acerco al grupo.
- Ro-Ro – cantó.
Ron se levantó y se dirigió hacia su dormitorio dejando a la chica plantada en medio de la sala.
- Hoy no estoy de humor.
Hermione inmediatamente abandonó también la torre de Gryffindor para acercarse a la suya. Encontró a Malfoy sentado en el sillón leyendo una carta que escondió cuando la puerta se abrió.
- ¿Ya son las 12?
- Sí.
-Pues vamos.
Sin más discusión, se dirigieron a hacer la ronda de los sábados. Hermione formuló la pregunta que le llevaba rondando la cabeza más de una hora.
- ¿Qué te dijo Snape?
- Lo sabe.
Hermione lo miró en silencio, asustada.
- ¿Qué?
- ¿Acaso esperabas que no lo averiguaría, Granger? Snape está listo. No diré nada por supuesto, pero…
- ¿Pero qué?
- Me ha dicho que si seguimos viéndonos, terminará nuestra convivencia.
La chica paró de andar.
- No creo que pueda...
- Al parecer, sí puede.
- Draco, entendiendo si quieres que terminemos pero… - comenzó Hermione con voz temblorosa.
- Granger. No estoy cortando contigo.
- ¿Ah no?
- En primer lugar, no hay nada que cortar. En segundo lugar, me da igual lo que diga Snape.
- ¿Y en tercer lugar?
- No nos queda mucho tiempo aquí. Con tal de que nos ocultemos lo necesario basta.
La clase de Defensa Contra las Artes Oscuras parecía igual que la de los demás días. Para cualquiera excepto para Harry, que llevaba toda la hora advirtiendo una cosa.
- ¿Os hemos fijado en cómo mira Snape a Malfoy?
- Siempre le mira bien.
- Hoy no, Ron. Lo mira como… si hubiera hecho algo terrible. ¿Y si falló en su misión de ayer y…?
- Harry, estás dando por hecho que Snape está en el otro bando – la chica estaba cansada de oír siempre lo mismo acerca del profesor.
- ¿Hablas en serio Hermione?
- Asumir que está con nosotros. Si Dumbledore confía en él, todos deberíamos hacerlo.
- Hermione tiene razón – el pelirrojo había decidido devolverle el habla. Aun no descartaba la posibilidad de estar con ella, pero debía ser amable para conseguirlo.
- Todo bien. No os contaré más mis ideas – el moreno tenía un tono herido.
- Vamos Harry, no te enfades. Pero creo que sería mejor dejar que…
- Señor Potter, señor Weasley, señorita Granger. Si no les interesa mi clase, pueden abandonarla. ¿O tal vez prefieres seguir hablando?
- No – dijo Harry.
- No señor.
- No es necesario que me llame señor, profesor.
Una risa se refuerza por la clase.
- ¡Silencio! Potter, fuera de clase.
Harry se levantó y salió de la sala. Ron seguía desternillándose en voz baja mientras que Hermione maldecía a su amigo. ¿Cómo podía hablarle así a Snape? El odio que ambos se tenian era mas obvio a cada instante.
- Abrid el libro por la página 394.
De ahí en adelante, la clase siguió con aparente tranquilidad.
Hermione entró en su torre y se tiró sobre el largo sofá blanco. Había sido un día largo y se sintió agotada. Pronto sintió que el cojín se hundía bajo el peso de una segunda persona, que comenzó a jugar con sus tirabuzones.
- ¿Cansada, Granger?
- Mmpf – fue todo lo que consiguió murmurar la chica.
- Sabes, sabía que Cararrajada era temerario. Pero enserio, ¿hablarle así a Snape? No tiene ni idea de dónde se ha metido.
La chica se volvió lentamente y apoyó la cabeza en el regazo del rubio, absorbiendo el olor a menta. Al poco, habló sin abrir los ojos.
- A Snape ya le caía mal Harry antes. No creo que esto cambie gran cosa. Y no le llames así.
- Potter es un impertinente y un egocéntrico.
La Gryffindor lo miró.
- Es mi amigo Draco.
- Eso no cambia mi opinión sobre él.
- Deberías ser más amable con la gente.
- ¿Crees que no soy amable Granger?
- Sí lo eres conmigo.
Draco la demostración en silencio. Admiró sus suaves facciones. Sus ojos llenos de vida, que ahora reflejaban el intenso color de las llamas. ¿Qué le ocurriría a esa chica? ¿Acaso le gustó? No era capaz de responder a eso. Nunca había sentido nada real por otra chica y no tenía a nadie con quien compararla. Sólo era consciente de que esa castaña despertaba en él sensaciones desconocidas. Quien en un momento se había creído el Príncipe de Slytherin, el rey en el campo del amor, vio poco a poco sus murallas debilitarse ante los ligeros golpes de la castaña. Estaba cambiando su mundo sin que tuviera tiempo de darse cuenta.
En estas cavilaciones, recorrió los labios de la chica con su dedo y esta se incorporó hasta besarlo. Fue un beso suave y corto. El ojigris miró a la castaña y esta vez, fue él quien se inclinó. El segundo beso fue más largo y más íntimo. La mano del rubio danzaba sobre la cadera de la castaña, que aferraba el suave cuello del ojigris.
Draco se incorporó arrastrando a Hermione consigo, que se convirtió en una postura más cómoda apoyada en el brazo del sofá. Como siempre hacía, enlazó sus manos en el suave pelo del rubio, mientras absorbía el aroma masculino que tanto la cautivaba. Pasaron tan solo 5 minutos. El chico podía notar el cansancio de la castaña en cada uno de sus movimientos, así que sus labios se desplazaron al cuello de la Gryffindor, donde depositó suaves besos hasta que, sin separarse de sus brazos y entre leve suspiros, la chica se rindió al sueño.
Hermione abrió los ojos. Le molestaba el cuello por haber dormido toda la noche en el sofá y sentía las articulaciones entumecidas. Pero lo que más le dolió, fue comprobar que el chico se había ido de su lado. Estaba sola.
¡Y fin del capítulo!
La Casa de los Gritos ha sido el extraño lugar de su encuentro y, por raro que parezca, han logrado mantener una conversación civilizada. Y, de hecho, Draco ha opinado más de él de lo que querría. Pero cuando está cerca de Hermione, siente que no tiene filtro. Por supuesto, supongo que esto no le gusta pero no puede controlarlo... ¿amor quizás? aun no ha llegado a esa conclusión.
Snape ha estado bastante presente, porque creo que da mucho juego el hecho de que está en los dos bandos y puede causar respeto tanto a Draco como a Hermione - más a la chica que al chico, pero ya conocemos a Draco XD
La Gryffindor va poco a poco asumiendo que siente algo por él, pero el rubio sigue negándose a aceptarlo. Por otra parte, Ron y Harry han descubierto parte de la verdad, aunque están bastante lejos de adivinar quién es el chico con el que Hermione sale.
El capítulo ha terminado calmado, aunque sabemos que Draco se ha ido y eso, como es normal, nos parte el alma XD pero el chico tiene sus principios y, antes de incumplirlos, necesita planteárselo seriamente.
Poco más que comentar por ahora, no dudéis en poneros en contacto conmigo y no olvidéis darle al Go.
Gracias de corazón por leerme y seguirme :) De momento no tengo nada más que decir así que...
¡Hasta el capítulo que viene!
- Dafnea
