Ese domingo, Hermione se dedicó a terminar las redacciones y lecturas que tenía pendientes. Trató de llevar el día con normalidad, pero le era imposible pensar en otra cosa que no fuera el rubio. Sus facciones angulosas, sus ojos escrutadores, su mano firme agarrando su cadera, sus labios suaves pero decididos. Invocó su imagen y sonrió instintivamente. Cuando el año pasado había estado con Ron, había sentido cariño por él, y había sido feliz, pero era incomparable con la forma en que su cuerpo vibraba cada vez que Draco la tocaba. De él deseaba todo, y sabía el peligro que ello suponía. A la vez, era plenamente consciente de que ambos se sentían tan atraídos por el morbo de la situación, y por el hecho de que su relación parecía imposible. Eso le hacía suponer que no llegarían a hacer lazos profundos, y que cuando se separaran para dejar Hogwarts no sería tan difícil. Un par de meses juntos, disfrutando de su compañía mutua, y eso sería todo. ¿Tenía sentido? No, pero no estaba dispuesta a echarse atrás. De una manera que no lograba comprender, el rubio la hacía feliz. Poco le importaba el peligro que hubiera detrás de aquella felicidad.


Draco pasó el día en las mazmorras, sentado junto a Nott pero sin intercambiar palabras con él. Le servía con sentir algo de compañía mientras reflexionaba acerca de su situación. Era obvio que todo el asunto de la castaña se le había ido de las manos. Notaba que sentía algo especial, diferente por ella. En su presencia no era capaz de decir nada coherente ni de actuar según la fachada que tantos años le había costado construirse. Y esto era, seductora e irremediablemente, lo más atrayente que había sentido nunca.


Los días pasaron y sus encuentros fueron incrementando en cantidad e intensidad. Casi siempre tenían lugar en los sofás de la Sala Común, aunque ocasionalmente aprovechaban la protección de alguna estatua durante sus rondas nocturnas. Sin embargo, siempre acababan separándose y nunca habían visitado la habitación del otro. Draco había tenido que reprocharse más de una vez antes de apartar sus manos de los botones de la falda de la chica. Aun no era el momento, se decía. ¿Lo sería alguna vez?


Los días pasaron, y de pronto llegó el segundo viernes de febrero. Concretamente, el 14, día de San Valentín. El trío de oro llegó a desayunar a las 8, y como todos los años, el castillo estaba adornado con miles de querubines dotados de alas y flechas que volaban sobre las cabezas de la gente. Harry y Ron estaban teniendo una acalorada discusión sobre el último partido de Quidditch mientras Hermione iba a su lado ausente. El ojigris no había dormido en la torre y se sentía inquieta. ¿Serían celos? Nunca se había considerado una persona celosa, pero con Draco estaba descubriendo tantas cosas sobre sí misma, que ya no sabía qué pensar.

Se sentaron en la mesa de Gryffindor y cinco minutos después, el diario El Profeta aterrizó sobre las mesas del desayuno. Pronto el Gran Comedor se llenó de inquietos susurros así que Hermione cogió su ejemplar y leyó la portada:

"FUGA EN MASA DE AZKABAN"

La pasada madrugada, tuvo lugar en la considerada "la prisión más segura del mundo mágico" una fuga en masa de más de una docena de retenidos mortífagos. Se considera posible que contaran con ayuda exterior y el Ministerio baraja la probabilidad de eliminar a los dementores de guardianes…

(El artículo seguía a lo largo de dos hojas, pero la chica se limitó a leer los nombres de los mortífagos, sabiendo lo que vendría a continuación).

NOMBRES:

- Dolohov

- Nott

- Lestrange

- Avery

- Mulciber

- McNair

- Crabbe

- Jugson

- Rosier

- Malfoy

- …

Hermione no pudo seguir leyendo. Tenía miedo y se sentía extremadamente culpable. Había fallado a la Orden y se había fallado a sí misma. Se sintió extremadamente estúpida, porque había elegido entre proteger a un chico que ni siquiera era su amigo, antes que la protección de cientos de personas en el mundo mágico y muggle. Sus padres mismos estarían en un gran peligro ahora, porque quedaba más que patente que los mortífagos estaban reuniendo sus tropas para prepararse para luchar. Meneó la cabeza para apartar la culpabilidad de su cabeza, y sin hacer caso a los comentarios que le llegaban de uno y otro lado de sus compañeros de Gryffindor, miró hacia la mesa de Slytherin.

El rubio mostraba unas horrorosas ojeras y por lo que parecía, no había tenido tiempo de peinarse. Sus miradas se encontraron durante un segundo y pudo observar odio en los ojos grises. Un escalofrío le recorrió la espalda. Remarcó también que todas las miradas estaban puestas en la mesa verde. Draco, indiferente a que todo el mundo le observara, se levantó y abandonó el comedor. Harry aprovechó la situación.

- ¿Qué os he dicho? Malfoy estaba al tanto de esto. Lo sabía perfectamente y ahora irá a mandar alguna carta o Dios sabe quién. Estaba eufórico.

- Harry, a mí no me ha parecido que estuviera muy contento.

- Créeme Hermione. Sé de lo que hablo.

- Sí Harry. Puede que tengas razón – dijo Ron, que todavía sostenía la tostada en el aire, pero no había probado bocado.

- Quizás tengáis razón – aunque la chica no estaba muy segura y necesitaba averiguarlo –. Me siento algo mal. Voy a ver a la señora Pomfrey.

- ¿Estás bien? – preguntó el pelirrojo preocupado.

- Sí sí, un ligero dolor de cabeza. Nos vemos en clase. Adiós.

- Adiós Hermione –se despidió Harry y acto seguido se volvió para saludar a Ginny mientras Ron apartaba la mirada.

La chica recorrió tres pisos hasta encontrarlo, guiándose por el caos que iba dejando el rubio a su paso. En su iracunda huida había destruido todo lo que se encontraba en su camino y Hermione tuvo que esquivar varios objetos voladores.

- ¡Draco! ¡Espera!

El muchacho no se giró y una cristalera estalló frente a él.

- Déjame.

- No, escúchame. Entiendo que estés molesto pero no creo que…

- ¡NO QUIERO HABLAR DE ESO AHORA!

Hermione se asustó ante el grito y retrocedió asustada mientras el muchacho se giraba. Por un momento, reconoció arrepentimiento en su mirada.

- ¿Cómo te sientes?

- Simplemente déjame sólo.

Tras esto, se dio la vuelta y echó a andar rápidamente, dejando a una desolada chica que observaba su marcha con pesar.


La chica se encontró con sus amigos en el aula de Transformaciones, que llegaron justo cuando la profesora cerraba la puerta.

- Señor Potter, señor Weasley, siéntense por favor.

Tomaron asiento uno a cada lado de la castaña, mientras la profesora McGonagall se enzarzaba en una charla acerca de las características de los metamorfomagos.

- ¿Te encuentras mejor Hermione?

- Mucho mejor. Ya sabéis, las medicinas de la señora Pomfrey. – aunque lo cierto era que estaba preocupada por el rubio, cuyo asiento estaba vacío.

- Por favor, comiencen a tomad apuntes. Voy a dictarles contenidos esenciales para sus Éxtasis.


Draco se lavó una vez más la cara con agua fría, mientras se miraba en el espejo del baño de chicas del segundo piso. Myrtle la Llorona danzaba a su alrededor, susurrando frases que intentaban consolarlo pero no lo ayudaban. La fantasma no hacía mucho por él, pero en ciertos momentos necesitaba compañía y le daba igual de donde procediera. Además, ese baño era el menos concurrido de todos, y le ofrecía un refugio seguro.

Apoyó las manos en el lavabo y vio que temblaban considerablemente. No consiguió librarse del rastro de las lágrimas hasta un rato más tarde. Se soltó el nudo de la corbata y se sentó en el suelo, apoyando la cabeza contra el frío lavabo.

Estaba así porque sabía que llegaba el momento. Ahora que los mortífagos comenzaban a reunirse, tardarían poco tiempo en llamarlo a su lado. Y entonces tendría que abandonar Hogwarts. Sumarse a la lucha. Obedecer al Señor Tenebroso. Y… olvidarse de la chica. No podía concebir aquella idea, de ninguna manera. Era imposible que se separara de ella. Que no oliera su perfume al despertarse, ni viera su despeinada melena en el comedor, ni sintiera como la adrenalina le recorría con cada beso, cada roce, cada sonrisa… le quedaba tiempo con ella, sí. En la anterior carta que había recibido, la información estaba clara. Pasaría aproximadamente un mes hasta que fuera reclutado. Y eso lo aterraba como a un niño.


El día pasó rápido, y Draco y Hermione no se vieron durante toda la tarde, pues cada uno estuvo ocupado en sus asuntos. El rubio, discutiendo con Nott y la castaña, ayudando en sus tareas a Ginny, Ron y Harry.

Eran las 10 cuando, tras la cena, la chica cruzó el umbral de la Torre de los Premios Anuales, tan exhausta como siempre. Draco apartó la vista de las llamas para dirigirla a la Gryffindor.

- Granger – dijo, para luego volver a sus cavilaciones.

- ¿Listo? – la chica llevaba toda la tarde anhelando la ronda nocturna para preguntarle acerca de lo de aquella mañana.

Draco se levantó en silencio y caminó hasta la puerta, y Hermione rodó los ojos y salió tras él. Caminaron durante 5 minutos en total silencio, y tan rápido que la chica casi tenía que correr para seguir sus pasos.

- Sabes que tenemos que ir juntos.

- Vamos juntos - técnicamente era verdad, pero el chico caminaba decidido unos pasos por delante de ella haciendo imposible mantener cualquier tipo de conversación.

- No, y espérame un minuto. Quiero hablar contigo.

- Ya sé que quieres hablar conmigo, y sinceramente no me apetece.

- Pero...

- No tengo ganas, ¿vale? - se detuvo y la miró, y Hermione sintió algo de lástima por sus facciones cansadas. Las ojeras esa mañana eran grandes, pero ahora parecían dos grandes surcos debajo de sus ojos.

- Pues me tendrás que escuchar. Mira, entiendo que estés consternado. Tu padre ha escapado de Azkaban, y para bien o para mal tiene que ser una noticia impactante. Sé que todo el mundo tiene el punto de mira puesto en ti, y eso debe ser agotador. Pero me debes una explicación.

- ¿Por qué?

- Porque, por si lo habías olvidado, yo ya sabía que esta fuga iba a tener lugar, y no os delate. ¿Eres consciente de lo culpable que me siento ahora mismo? ¿De lo culpable que me llevo sintiendo todo el día? He fallado a la Orden y me he fallado a mí misma. Y todo por... - de pronto se calló, y observó los ojos del chico entrecerrarse y escrutarla.

- Y todo por mí, ¿cierto? Por mí que no valgo nada.

- No quería decir eso.

Se hizo el silencio, y finalmente Draco suspiró y se dejó caer sobre la pared más cercana. Se pasó una mano por el pelo, apartándose el flequillo de la frente, y se frotó la cara.

- Tú te metiste en mi habitación y leíste la carta. Pero... gracias.

Hermione giró la cabeza y se apoyó en la pared a su lado, observándolo con curiosidad.

- No tienes que dármelas.

- Sí tengo que hacerlo, ¿sabes? Lo más fácil para ti hubiera sido delatarme, y eso me hubiera metido en un gran lío. Podría ser yo quien hubiera acabado en Azkaban. Así que gracias.

Hermione suspiró y elevó su mano hasta acariciarle la cara, y el rubio dejó caer su cabeza sobre el hombro de la Gryffindor. Se quedaron en silencio un par de minutos, y finalmente Draco la atrajo hacia sí y la besó con dulzura. Un beso simple y corto, pero tan íntimo que Hermione sintió que se elevaba y dejaba de tocar el suelo.

Finalmente, la castaña se separó y avanzó un par de pasos, pero sintió que el rubio tiraba de ella hacia atrás y la volvía a envolver en sus brazos, para besarla una última vez y dejarla ir.

- ¿Seguimos con nuestra ronda?

Pero apenas dieron un par de pasos, una gran puerta de madera se materializó ante ellos en la pared opuesta. Hermione frunció el ceño, sabiendo perfectamente que se encontraban ante la Sala de los Menesteres.

- No entiendo...

- Bueno, técnicamente has pasado tres veces por delante - observó Draco mientras se acercaba a la puerta con la ceja elevada -. Cuando te ibas, cuando te he atraído hacia mí y cuando nos volvíamos a ir. Ni siquiera me había enterado de que habíamos llegado hasta esta zona del castillo.

Hermione asintió en silencio. Había estado tan centrada en su conversación pendiente con el chico, que ella tampoco se había dado cuenta.

- ¿Entramos? - Draco no esperó a que la Gryffindor le respondiera, y abrió la puerta penetrando en el interior de la habitación. Hermione lo siguió, y sintió que se desmayaría de la impresión al observar la estancia en la que se encontraban.

Era una habitación similar a la suite de un hotel, solo que por todo el lugar flotaban velas encantadas, que era, por su parte, la única iluminación de la habitación. En el centro de la sala una gran cama, casi el doble que una cama habitual de matrimonio, parecía invitarlos a tumbarse, y una puerta entreabierta en el fondo dejaba entrever un baño con una bañera enorme en el centro. Sobre la cama, una ventana les enseñaba un paisaje marino calmado.

Draco soltó un silbido de admiración.

- Yo...

- ¿Debería sacar conclusiones precipitadas, Granger? – el rubio estaba perplejo y, para su sorpresa, eufórico.

- Bueno, es solo que... ya sabes. Me habías besado y... No sé. Yo... - por primera vez en mucho tiempo, no le salían las palabras. Se había ruborizado, y lo hizo todavía más cuando el Slytherin se giró y la observó como si quisiera devorarla.

- Ya que estamos aquí - susurró el rubio con voz ronca por la excitación, mientras se acercaba con paso sigiloso hacia ella -. Tendremos que aprovechar la sala, ¿no crees?

El silencio los envolvió, y unieron suavemente sus labios mientras la mano de Draco descendía lentamente por la espalda de la castaña, que entrelazó sus manos tras su cuello y se aproximó a él de forma que no quedara un centímetro de separación entre ambos. Avanzaron un par de pasos hasta la cama, y Draco se dejó caer, atrayendo a la chica que quedó sentada a horcajadas sobre su regazo. Hermione movía sus caderas con suavidad, en pequeños movimientos que despertaron todos los sentidos del rubio. Se desplazó desde los labios del chico, pasando levemente por la mandíbula hasta detenerse en su cuello, y aspiró fuertemente aquel olor que tanto le gustaba, succionando levemente mientras el chico la aferraba con fuerza en un intento de reprimir sus suspiros.

Era tan excitante. Estaban allí, en una parte recóndita del castillo, en una sala oculta y preparada, exclusivamente, para que disfrutaran la noche en ella. Enemigos desde siempre, amantes en la actualidad, sus sentidos se fundían y explotaban en un mar de éxtasis, apartando, temporalmente, las preguntas inciertas que tanto los asediaban durante el resto del día. ¿Tenía sentido aquello? ¿Se estaban engañando a sí mismos? ¿Era tan fácil superar una enemistad? Por el momento, todo eso no importaba, y solo quedaban ellos y su tacto.

De pronto, Draco se giró en un rápido movimiento y se tumbó, dejando a la chica aplastada bajo el peso de su cuerpo. Los besos siguieron, cada vez con más pasión, cargados de sentimientos, mientras la mano de la chica describía círculos en el fuerte abdomen del Slytherin. Le quitó la corbata verde y momentos después comenzó a desatar los botones de la camisa, mientras Draco hacía lo mismo con la ropa de la Gryffindor. Cuando desató la camisa de Hermione bajó con suaves besos hasta su pecho, mientras la chica se deshacía de su falda.

Ambos lo deseaban, deseaban entregarse al otro y amarse, pero sabían que no había prisa. Estaban allí, juntos, y el tiempo parecía haberse detenido para ellos. Cada beso era un sorbo de ambrosía, cada caricia una tortura exquisita, y poco a poco fueron desnudándose hasta que solo la ropa interior hacía de barrera entre sus cuerpos. Draco ahogó un gemido cuando notó la mano de la Gryffindor deslizarse bajo su prenda íntima, y se retorció de placer ante el toque de sus suaves dedos. A su vez, con la rapidez propia de la práctica, el rubio abrió el cierre del sujetador de la castaña y lo tiró lejos. La recorrió con la mirada y se posó en sus ojos. La Gryffindor lo miraba sonrojada y el Slytherin sonrió. No fue un gesto burlesco, ni pretendía reírse de ella. Era una sonrisa verdadera que trastocó a la chica, aunque no le dio tiempo a pensar mucho, porque momentos después, el Slytherin la besó de nuevo mientras se deshacía de la última prenda de la chica. Hermione apartó el bóxer del rubio a su vez, y así los cuerpos de ambos se encontraron, piel con piel, sin que hubiera nada entre ellos.

Hermione debería haberse sentido indefensa o nerviosa ante aquella situación. Estaba allí, en la Sala de los Menesteres, entre los brazos de Draco Malfoy. ¿Quién sabe qué pasaría mañana? Pero su instinto Gryffindor acallaba todas las dudas, y sabía que ya no se echaría atrás. Quería seguir hasta el final.

Draco recorrió el cuerpo de la Gryffindor con sus manos sin separarse de su boca, acariciando su abdomen, sus piernas, el contorno de sus pechos. Notaba como la chica gemía debajo de él, pero aun no era el momento. Todavía no. Bajó por el cuerpo de la castaña, besando cada centímetro, deteniéndose levemente en la curva de su mandíbula, en la cima de sus pechos, en la zona media de su abdomen. Se ayudó de las manos en su reconocimiento y dejaba a su experta lengua abrirse paso en los lugares y momentos adecuados, arrancando suspiros y convulsiones placenteras a la chica.

Hermione se sentía sometida a una dura pero agradable tortura. Era la sensación más embriagadora, más atrayente que hubiera sentido nunca. En ese momento, el chico recorría con sus manos la parte interna de sus muslos y Hermione notaba como miles de descargas eléctricas recorrían su cuerpo. Obligó al chico a ponerse a su altura y mordió su cuello leve pero firmemente, haciendo que el rubio cerrara fuertemente los ojos y aumentara la presión en su cadera.

Draco miró a la chica. Ambos gemían, expectantes. Un brillo especial se distinguía en sus ojos y supo que había llegado el momento. Le tomó las manos, para después depositarlas en su pálida espalda. Él, por su parte, rodeó la esbelta cintura de la Gryffindor. Jugueteó sobre la chica hasta que los gemidos de esta comenzaron a resonar aun más altos y, poco a poco, comenzó a introducirse en ella.

Hermione se aferró a la espalda del muchacho, dejando arañazos por todas partes, mientras intentaba reprimir los pequeños gritos que escapaban de su boca. La Gryffindor notó que su cuerpo temblaba e intentó seguir el ritmo del rubio, cuyos gemidos eran cada vez más sonoros, más profundos. Al igual que los suyos. Se besaban, lamían, sorbían, mientras se movían de forma suave pero frenética, dulce pero fiera, cauta pero brusca. Se apretaron hacia sí cuanto pudieron, separaron sus bocas y apoyaron sus frentes, enlazados en un férreo abrazo. El tiempo se detuvo, y ninguno de los dos sería capaz de decir cuánto tiempo duró aquello, ¿minutos? ¿Horas? ¿Días? Draco notó como el momento final se acercaba. Aumentó la velocidad mientras la chica se dejaba guiar por él. Notó como un cosquilleo comenzaba a extenderse por su cuerpo y una sensación de placer indescriptible invadió cada uno de sus huesos, músculos, órganos. Sentía el fuego a su alrededor apagarse lentamente, a la vez que sus músculos se destensaban y su respiración se calmaba. Sin embargo, no se apartó de la chica hasta que esta lo alcanzó también, como pudo percibir, unos segundos más tarde. Tras esto, ambos se tensaron, quietos, juntos, rememorando cada momento.

Al fin, se separaron y Hermione lo miró. Tenía las mejillas sonrojadas y los tirabuzones le caían por la cara. Las sábanas se pegaban a su cuerpo y dejaban adivinar su figura y Draco admiró aquella obra maestra. Admiró a aquella castaña, que lo había hecho pasar la que, de ahí en adelante, consideró la mejor noche de su vida. ¿Acaso estaba realmente enamorado? Nunca había querido pensarlo así, pero estaba claro que era una opción bastante real. Le atraía y le preocupaba a partes iguales. Aquello no iba a ninguna parte, así pues, ¿debía dejar que sucediera? Una parte de su cerebro, la que en ese momento predominaba, susurró rápidamente: "por supuesto que sí". Y Draco no esperó nada más. Con aquello le bastaba y no quería librar una pelea interna en aquel momento.

La ojimiel seguía mirándolo, y el rubio se limitó a inclinarse y besarla suavemente. Se separaron y el Slytherin se tumbó, sintiendo al instante como la Gryffindor le pasaba el brazo por la cintura y apoyaba su cabeza en el hueco de su cuello. Aquel era, sin duda, su lugar preferido del mundo, se dijo mientras absorbía el atrayente olor a menta. Depositó besos leves pero perceptibles en la piel de Draco mientras este se dormía, según advirtió la castaña, con una sonrisa ladeada en sus labios y apretándola fuertemente contra sí.


Hermione fue la primera en abrir los ojos. Notaba su cuerpo cansado a cada leve movimiento y le costó unos segundos recordar la noche anterior. Cuando lo hizo, estuvo segura, aunque la sala estuviera a oscuras, de que se había sonrojado notablemente. Ya no estaba apoyada en el chico y temió que este hubiera vuelto a marcharse. Cuando sus ojos se acostumbraron a la penumbra, reunió el valor necesario para darse la vuelta. Notó que se sonrojaba aún más cuando vio al chico a su lado. Se había quedado con ella. Se tumbó de lado, observándolo. Recordó esas caricias, aquel último beso, esa sonrisa en los labios del rubio. Poco a poco, los ojos cerrados se abrieron para dar lugar a unos iris grises. La Gryffindor ni siquiera se molestó en fingir que no lo observaba. Se miraron en silencio durante un rato, hasta que el rubio se levantó y comenzó a vestirse.

También él recordaba la noche anterior y al hacerlo sentía algo extraño. Como un revoloteo en el estómago que le era desconocido. Sabía que la castaña despertaba en él sentimientos que creía inexistentes y no estaba preparado para, ahora que los había descubierto, afrontarlos. La chica también se vistió.

- Yo me voy ya. No sería bueno que nos vieran juntos. Espera unos minutos antes de irte. Eeh… adiós, supongo.

Draco abandonó la sala y minutos más tarde, Hermione se marchó del lugar. En ese momento tenían tantas cosas en mente que ninguno de los dos advirtió que, detrás de una columna, una persona oculta había observado la escena.

Ginny salió de su escondite tras esperar el tiempo necesario, con los ojos abiertos como platos. Tenía que hablar con su amiga ya.

No esperó ni un solo instante más y echó a correr para intentar alcanzar a la castaña, a la que encontró en el pasillo contiguo.

- ¡Hermione!

La chica se volvió asustada. No esperaba encontrarse con nadie. Recuperó la compostura y sonrió a su amiga.

- Hey, Gin. ¿Qué haces por aquí a…?

- Tenemos que hablar.

Hermione la miró extrañada. ¿Tendría problemas con Harry?

- Sí claro. ¿Damos un paseo?

- Alguien podría escucharnos. Ven.

La pelirroja jugueteó con varias cerraduras hasta que dio con una puerta abierta. Entraron dentro de un aula, aparentemente de encantamientos, y Ginny lanzó un Fermaportus y un Muffliato tras ella.

- ¿Qué ocurre Ginny? ¿Qué es lo que te pasa? – la castaña estaba empezando a inquietarse ante el extraño comportamiento de su amiga.

- ¿Es Malfoy?

Hermione abrió los ojos como platos y su respiración se cortó por un momento. ¿Lo habría descubierto Luna? Es cierto que había olvidado hablar con la rubia.

- ¿A qué te refieres? – improvisó en vano.

- Hermione…

- Quiero decir. ¿De dónde sacas eso?

- ¿Qué de donde lo saco? Te lo diré. Vas un día andando tranquilamente por el pasillo cuando descubres a Draco Malfoy saliendo de la Sala de los Menesteres. Dado que la puerta no desaparece a sus espaldas, intuyes que no estaba solo y decides esperar para conocer a su acompañante. Que acaba siendo… tu mejor amiga – la pelirroja la miraba. Parecía triste – por favor Hermione. Dime que él no es ese chico del que me hablabas. Dime que solo es tu compañero de torre.

La castaña, llegados a ese punto, no podía seguir mintiendo a su amiga.

- Gin…

- ¿Pero cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué? – Ginny no era capaz de entender los orígenes de aquella relación.

- Es difícil de comprender y lo sé. Es por eso que no te lo dije. Por eso que nadie lo sabe. No es una relación seria pero…

- ¿Y si no es una relación seria, que hacéis un sábado a las 9 de la mañana saliendo de la Sala de los Menesteres? ¿Una partida secreta de ajedrez? Tenéis una torre entera para vosotros y os arriesgáis a que os vean los demás y…

- Ginny. Suficiente. Solo fuimos a ver una película. Él estaba deprimido y bueno… se… hizo tarde.

- ¿Habéis dormido allí entonces?

La castaña evaluó la pregunta y afirmó.

- No puedo entenderlo. ¿Qué ves en Malfoy? ¡Si te odia! Solo se aprovecha de ti, Hermione.

- No es cómo crees. Cuando estamos solos no es tan arrogante, aunque es orgulloso y tampoco es que me odie, pero no creo que me quiera así que en conclusión, puede que…

- ¿Quién más sabe esto? – la pelirroja interrumpió las cavilaciones de la chica.

- Tú, que yo sepa. Puede que Nott por intuición, pero…

- ¿Nott? ¿Theodore Nott? ¿Ese guapito tan chulo de Slytherin? Hermione, ¿porqué no empiezas desde el principio?

La ojimiel le relató todo. El comienzo de su relación. Cómo evolucionaba. La Casa de los Gritos… cada uno de sus encuentros, incluyendo la película de la última noche – sin entrar en ningún detalle más -. Sin embargo, no le habló de la carta de Narcissa Malfoy, ni de la Marca ni de nada por el estilo. Terminó de hablar un cuarto de hora después. Ginny tardó unos segundos en recuperar el habla.

- ¿Así que no es una broma? ¿Él y tú tenéis algo?

- Supongo que sí. Aunque no sé qué es.

- Yo no debería saber esto. No me quedo nada tranquila. Hermione, si te hace daño dímelo porque no creo que…

- Estoy con él por voluntad propia Ginny. La cosa es así. Y siento que te hayas enterado de este modo.

- ¿Él… es un mortífago o algo así?

Hermione meditó la respuesta.

- No exactamente. Digamos que es lo suficientemente bueno como para aceptarme.

- No creo que te acepte, simplemente te tolera. Eres una distracción, Hermione, y si no te…

- Por favor Gin. Es suficiente. Claro que yo me he hecho todas esas preguntas y más. Pero es mejor dejarlo correr.

- Si mi hermano se enterara…

- Tu hermano está demasiado ocupado con Lavender. Sabes que tuvo su oportunidad.

- Sí, pero… sería capaz de matar a Malfoy.

- Es por eso que no puede enterarse. Ni él, ni Harry, ni nadie. ¿Vale Ginny?

- ¿Crees de verdad que alguien me tomaría en serio si lo contara?

Hermione la miró expectante.

- Está bien. Te prometo que no diré nada. Pero eso no quiere decir que apruebe la relación. Ni mucho menos.

- Es más de lo que esperaba Gin. Muchas gracias.

Se miraron en silencio.

- Sigo sin entenderlo…

- Lo sé.

- Solo quiero lo mejor para ti.

- Esto es lo mejor – realmente la castaña no lo creía así. Pero intentaba tranquilizar a su amiga. No quería incluir a nadie más en sus problemas.

- Pero… cuando os separéis... Ya sabes, al iros de Hogwarts. ¿Qué haréis?

- Entonces, todo habrá acabado.

- Las relaciones no acaban de un día para otro.

La castaña bajó la cabeza.

- Eso es lo que me preocupa.

Ginny la abrazó con fuerza.

- Si necesitas a alguien con quien hablar…

- Lo sé Gin. Gracias.

- No hay de qué Hermione. Iba a desayunar, a estas horas no suele haber nadie, ¿te apuntas?

- Creo que voy a darme una ducha.

- Vale. Entonces luego nos vemos. ¿Irás al partido?

Aquel día, Ravenclaw se enfrentaba a Slytherin. La castaña, de pronto, tuvo un repentino interés por el Quidditch.

- Iré.

Ginny sonrió irónicamente. Sabía de dónde venía aquel deseo de ver el partido. Salieron de la sala y se despidieron con otro abrazo.

- Infórmame de cualquier cosa.

- Serás la primera en enterarte – dijo la castaña, aunque no estaba tan segura. Un gran remordimiento la invadió mientras veía a su amiga alejarse por el pasillo. ¿A cuántas personas más tendría que ocultar cosas por aquella relación?

Hermione entró en su torre. La encontró vacía, y supuso que el rubio estaría en las mazmorras o quizás en el campo de Quidditch entrenando antes del partido. Se dio un relajante baño y, a la hora de la comida, se reunió con sus amigos en el gran comedor.

- Ayer fuimos a buscarte Hermione. Harry quería planificar algo de… ya sabes – Ron miró a ambos lados de la mesa – los horrocruxes. No estabas en la torre.

- Sí estaba. Ayer me fui a dormir pronto.

- ¿Y Malfoy?

- Vamos Harry, ¿te extraña que Malfoy no os abriera la puerta?

Harry la miró en silencio.

- Supongo que no.

La comida terminó pronto, y más de la mitad de los alumnos de dirigieron hacia el campo de Quidditch. Gryffindor iba a la cabeza, seguido de cerca por Slytherin y Ravenclaw (que iban empatados) y Hufflepuff, que ocupaba el último lugar.

Draco terminó de explicar las diferentes jugadas al equipo de Slytherin, del cual era el capitán.

- Cambiaos ya. Quedan solo 10 minutos y hay que calentar. Recordar, Ravenclaw puede ser un gran rival si descubre nuestras tácticas. Despistadlos, confundidlos. La inteligencia no tiene cabida en el Quidditch. No creo que hoy nos haga falta jugar sucio. Pero ya sabéis, si en algún momento véis necesario utilizar la violencia, no seré yo quién os intente persuadir de lo contrario. Crabbe, Goyle: apuntad bien con las bludgers a la cara.

El profesor Snape entró en ese momento al vestuario.

- No quiero tener que presenciar ni una derrota más de Slytherin. Saldréis y ganaréis, Ravenclaw no es un gran rival. Somos astutos y tan inteligente como ellos. Tenemos buenas tácticas y un buen equipo.

Los jugadores afirmaron en silencio se disponían a vestirse cuando Draco se quitó su túnica, dejando su pálida espalda al aire.
- Eh Malfoy, ¿has tenido una noche movida? – Dijo Warrington – el primer cazador – con tono sarcástico.
- ¿Qué? – el rubio no entendió a qué se refería.
Nott, que ese año se incorporaba como guardián, observó la piel de su amigo y estalló en carcajadas. La espalda del rubio lucía una serie de recientes arañazos, cuyo origen creía conocer.

Snape miró al rubio y puso una mueca. A ese paso, lo echaría todo a perder. Estaba poniendo en peligro a mucha gente enseñando aquellas marcas como si fueran arañazos de guerra. Era demasiado descuidado y poco sensato.
Draco se miró en el espejo y abrió los ojos. Se caló su túnica verde y se volvió hacia el equipo, que le miraba expectante.
- No te metas, Warrington – dijo, y tras esto, abandonó el vestuario con Snape pisándole los talones. Lo alcanzó en la puerta del vestuario, con un pie sobre el terreno.

- Draco, creo que ya hablamos sobre esto. Está claro, de nuevo, que no puedes controlar la situación.

El rubio entrecerró los ojos.

- No sé de qué me habla.

- Yo creo que si lo sabes.

- Me cai volando y me arañé. Eso es todo. Si no tiene nada más que decir, tengo un partido que jugar.

Snape enrojeció. No le gustaba la arrogancia marca Malfoy.

- Ten cuidado Draco. Sigo siendo tu profesor. Te advertí de que podía separaros y sigo con el poder para hacerlo. Controla tus palabras y tus actos o acabaremos todos muertos. Esto es una guerra, no un cuento de princesas.

Le lanzó una última mirada de advertencia y se marchó.

Draco pensó en todo lo que le acababa de decir. Le molestaba que Snape hubiera descubierto aquello, aunque no lo hubiera admitido abiertamente.

Por otra parte, puede que el profesor tuviera razón. Puede que no fuera lo suficientemente discreto. Sin embargo, sintió una sensación embriagadora al pensar en los arañazos que surcaban su piel. Sin ser consciente, miró hacia las gradas rojas, haciendo que su mirada coincidiera ligeramente con unos ojos color miel. Apartó rápidamente la vista y se encaminó sonriendo ligeramente hacia el centro del campo, donde la señora Hooch y la nueva capitana y buscadora de Ravenclaw, Helen Dawlish, le esperaban para dar comienzo al partido.

Draco se sentía más despierto que nunca. Ayudaba a los cazadores de Slytherin a recuperar la quaffle, confundía a los bateadores y despistaba al guardián de Ravenclaw y, finalmente, tras escasos 30 minutos de partido en los que Slytherin ganaba por 50 puntos, atrapó la snitch. Fue un partido rápido y, sobre todo, limpio, cosa que asombró a todos los espectadores, ya acostumbrados a las numerosas faltas del equipo verde.

Hermione observó todo el partido asombrada de la destreza del rubio. Nunca o había visto desenvolverse de tal modo y estaba asombrada. Su actuación era comparable a las de Harry e incluso felicitó a Helen Dawlish por el partido, aunque la mayoría de espectadores no se dieron cuenta. En cuanto Draco dio la victoria al equipo, se lanzaron al terreno de juego y se lo llevaron en hombros, directo, posiblemente, a las mazmorras. Hermione vio su marcha feliz: algo estaba cambiando en el chico, aunque él no lo supiera aún.

En la Sala Común de Slytherin reinaba un ambiente caótico, mientras las serpientes cele

braban la victoria. Draco participó en la fiesta durante un rato pero ahora observaba la escena aburrido desde uno de los sillones. Llevaban toda la tarde allí e incluso habían cenado en las mazmorras, y quedaba poco para medianoche. Las celebraciones de su Casa habían dejado de tener interés para él años atrás. El Príncipe de Slytherin, cansado de todo. Observó, refunfuñando entre dientes, como Pansy se acercaba hacia él.

- ¿Qué tal Draco? Me ha gustado mucho como has jugado hoy – dijo coquetamente mientras se sentaba en el brazo del sillón – Sabes, esto está mucho más triste desde que no vives aquí.

- Ajá – respondió distraido, mientras la rubia comenzaba a jugar con sus cabellos. Al parecer, a todas las mujeres les gustaba su pelo.

- Hace mucho que no hablamos.

- Estamos hablando ahora.

- Me refiero… a solas – Pansy le guiñó un ojo – ya sabes, como en los viejos tiempos.

- No creo que…

- Vamos a mi habitación.

Draco la miró. Abrió los ojos cuando la mano de la rubia comenzó a descender lentamente hasta posarse en ciertos lugares bien estudiados.

- Venga Draco. Sabes que quieres.

Tras esto, se levantó y se encaminó hacia los dormitorios. El rubio la observó marcharse. Recordaba los años anteriores. Lo había pasado bien con ella. De hecho, muy bien.

Tomó una decisión y también se puso en pie. Agarró el brazo de la chica y le susurró…


¡Y fin del capítulo!

Esto fue todo lo que colgué en la anterior cuenta, así que voy a volver a retomar mi ritmo de capítulo por semana (vais a tener suerte porque cuelgo los jueves y hoy es martes, así que no vais a tener que esperar mas que dos días, pero después de eso, será ya definitivamente semanal).

Espero que os haya gustado el capítulo. He intentado expresar la primera parte de la manera más delicada que he podido e introduciéndome en la mente de ambos para ir contándolo todo. Diría que no me ha gustado escribirlo, pero a quien voy a engañar, me ha encantado XD

No sé si alguno lo había descubierto, pero sí: la tercera persona que se entera de la relación de los chicos es Ginny. Podrían haber sido Harry o Ron, pero sé que Ginny va a ser menos entrometida y no va a enfadarse con la chica. Sin duda, los otros dos habrían reaccionado (y reaccionarán si acaban por enterarse) de una forma algo menos comprensiva. O por lo menos Ron, porque Harry ya sospecha algo (puede que no de Malfoy, pero sabe que su amiga está saliendo con un chico que probablemente no les gustará).

Por lo demás, lo siento por los Ravenclaws XD, pero Draco tenía que destacar por fin en algun partido y esta me ha parecido la ocasión adecuada. Por fin a aparecido la estúpida de Pansy (me da un poquito de pena porque lo único que le pasa es que quiere a Draco, pero a la vez me cae tan mal...)

Solo esperemos que el rubio mantenga la cabeza y la rechace, porque no parece muy decidido. Veremos lo que ocurre en unos días, hasta entonces, gracias por leerme y no olvidéis mandarme o dejar comentarios y darle al Go :)

¡Hasta el próximo capítulo!

- Daphnea


¡Y fin del capítulo!

Snape ha estado bastante presente, porque creo que da mucho juego el hecho de que esté en los dos bandos y pueda causar respeto tanto a Draco como a Hermione - más a la chica que al chico, pero ya conocemos a Draco XD

La Gryffindor va poco a poco asumiendo que siente algo por él, pero el rubio sigue negándose a aceptarlo. Por otra parte, Ron y Harry han descubierto parte de la verdad, aunque están bastante lejos de adivinar quién es el chico con el que Hermione sale.

El capítulo ha terminado calmado, aunque sabemos que Draco se ha ido y eso, como es normal, nos parte el alma XD pero el chico tiene sus principios y, antes de incumplirlos, necesita planteárselo seriamente.

Poco más que comentar por ahora, no dudéis en poneros en contacto conmigo y no olvidéis darle al Go.

Gracias de corazón por leerme y seguirme :) De momento no tengo nada más que decir así que...

¡Hasta el próximo capítulo!

- Daphnea