FIC

El Error de mi Vida

Por Mayra Exitosa

La cena fue muy seria, el señor William, buscaba la mirada de su hijo, y le hacía señas para poder hablar a solas con él, este se hacía el desentendido y saludaba cual fresco, comentando a su Tía que algo le había caído al ojo de su padre. Incomodo mentía el señor William para despistar a su hermana y que no se dieran cuenta que deseaba hablar con su hijo mayor a solas.

- Papá estuve hablando con mi hermano, no sabía que tenías planes de casarte de nuevo. Comentaba con cierta ironía Albert al saber la confusión que se estaba creando su hermano.

- ¿Casarme? No es verdad, hijo. Debe haber un error, yo no quiero casarme con nadie. Lo que sí, es necesario que hablemos en el estudio a solas, con el aso que te comente. Anthony entrecerraba los ojos y preguntaba interrumpiendo,

- ¿Qué caso? ¿No somos familia mi Tía y yo?

- Por supuesto hijo, es solo que acaba de llegar tu hermano y tengo tiempo de no hablar con él. Elroy intervenía molesta al estar siendo omitida de la conversación,

- Me parece bien que hables con tu hijo mayor, hermano. Solo que eso será mañana, William Albert debe descansar, tuvo un viaje muy agotador, ¿no te parece justo, esperar algunas horas?

- Bien. Hablaremos por la mañana, también estoy cansado, lo mejor es que me retire. Albert hacía una sonrisa chueca y movía un dedo hacía la puerta, de manera discreta. George subía los equipajes de nuevo al auto, sin que la familia se diera cuenta. Antes de que saliera William y subiera supuestamente a su habitación, cuando realmente entraba a la de su hijo, para esperarlo y hablar con él.

Al salir del comedor, su Tía lo mimaba un rato, luego su hermano hablaba con él,

- En lo dicho, Albert. Algo esconde o trama, pero no estarás a salvo.

- No te preocupes, adelantare mis pasos.

- Bien, me retiro, estoy muy cansado, mañana hablamos.

- Buenas noches Anthony.

Sin subir de nuevo a las habitaciones, salía por el frente y se iba por un costado, luego subía el auto y George lo llevaba de forma discreta.

- Es ahí, William. Ultimo piso, esta como me pediste, no muchas limpieza y falta de cosas, para que te sirvan en lo que quieres hacer.

- Gracias George. Pero estaré muy atento, esta vez no confío en mi padre, y no quiero darme cuenta que estabas tras de esto.

- Te doy mi palabra.

Candy sonreía era la primera noche que llegaba temprano y hoy no la habían seguido, sacaba conjeturas de si era el señor que la quería adoptar. Al abrir la puerta había un recado, la vecina le dejo un mensaje. "Te llamaron de tu pueblo, Candy. Dice tu hermano Tom, que te cuides, que te están investigando por el bebe" Abrazaba el mensaje y salía a ver a la vecina, quien le confirmaba el numero y la lada de donde había recibido el mensaje, que fue el mismo joven preocupado por ella.

- Muchas gracias. Por favor, no deje pasar a nadie para mi piso, yo no invito a nadie, ni recibo visitas.

- Lo sé hija, tu hermano también me pidió que te cuidara mucho, que es responsable de ti, que eres una mujer de buenas familias.

- ¿De buenas familias?

- Si, dijo que es tu hermano y que te están protegiendo desde tu pueblo, por un caso especial que intentaron hacer contigo. Ya sabes, uno es vieja, Candy. No necesitas contarme nada, pero… si tienes problemas, puedo mandarte a la pensión de mi hermana, cuesta lo mismo la habitación y tiene los mismos servicios.

- Gracias, Señora Rosita.

- No tienes que preocuparte. Además el departamento de a un lado esta rentado ya desde hace un mes, hoy viene el inquilino, y pago por adelantado, firmaron para no hacer ruido y todas las reglas del departamento,

- Bien. Qué bueno que me avisa, me voy, tengo que terminar mis cosas.

- Que descanses, hija.

Albert se quedaba con la valija en la banqueta pensativo en su plan para conocer de primera mano la situación en la que lo habían metido esta ocasión. Pasaba a la recepción haciendo algunos apuntes y sentándose en la salita, en espera de la señora que le rentaría a él para presentarse.

- Buenas noches, su habitación es la última, ya le dieron las llaves, ¿supongo?

- Si, mi amigo me hizo el favor de poner todo en orden,

- Adelante y bienvenido

- Gracias.

Candy separaba la mayor parte de su liquidación escondiéndola para su parto. De pronto escuchaba un golpe y otros dos, asustada salía al pasillo, vio a un joven alto tirado en el pasillo y de inmediato actuaba como la enfermera que era,

- No se mueva, el escalón tiene un tablón flojo, a mi no me había afectado, pero usted es muy grande y… lo aflojo por completo, debió tropezar y caer. Albert estaba mareado, el golpe en la frente lo había sorprendido y una mujer lo ayudaba, pero no podía verla, estaba sangrando, - Tengo un botiquín, venga conmigo, ahora lo limpio y le ayudo con la herida.

Candy corría y sacaba un estuche, de inmediato sacaba agua caliente y la tibiaba con fría, limpiaba el rostro del hombre que se había golpeado dejando la valija en la puerta de su departamento. Albert por fin la veía era una joven de ojos verdes, analizaba la situación y ese era el último escalón, ella debía ser la chica que estaba embarazada. Como le haría para hablar con ella más tiempo.

- El golpe es muy fuerte, desea que lo lleve al hospital, soy enfermera, veo que no ha perdido el conocimiento…

- ¿Dónde estoy?

Candy se asustaba, si había sido muy fuerte el golpe, ahora debía llevarlo al médico.

- ¡Dios! Tengo que llamara a una ambulancia.

- No por favor. Solo preguntaba, porque… no he abierto mi departamento.

- ¡Ah! Lo siento, está en el mío, me pareció correcto atenderlo, la frente en ocasiones es muy exagerada y sangra con mucha facilidad,

- Me llamo Albert, tengo veintiocho años, llegue hoy de África, y creo que estoy cansado.

- No debe dormir tan pronto, déjeme hacerle platica para ver si no le afecto mucho el golpe, deberíamos ir al hospital, así descartaríamos algún problema interno.

- Es muy tarde, además, no tengo a nadie y me pedirían datos de familia y esas cosas, soy solo, ¿Me comprende?

- Por supuesto. Sabe, soy su vecina, la señora Rosita me contó que llegaba hoy, si desea puedo abrir su departamento y llevarlo a su habitación.

- Si, es solo que, me siento mareado, me puedo esperar un poco más.

- Por supuesto. Mi nombre es Candy White, tengo veinte años, soy enfermera y precisamente hoy me quede desocupada, así que no tengo prisa en levantarme mañana, puedo ayudarlo hasta que se sienta mejor.

- Gracias. Prefiero pagarle a usted, que ir a un medico a estas horas, ¿Va a cocerme? Albert exageraba, para ver si ella se aprovechaba de la situación y analizaba todo en cuanto la veía,

- No es tanto la herida y no necesita pagarme, los buenos vecinos siempre no podemos ayudar.

- Gracias. Albert se hacía el dormido y ella, lo miraba con preocupación, tomaba su pulso y media su temperatura, acercaba una silla y se quedaba a su lado. El estaba haciéndose el enfermo, necesitaba ver si realmente era enfermera y si tenía el supuesto embarazo, - Tal vez deba irme, su esposo no tardará en llegar,

- ¡Oh! No se preocupe, no vendrá ningún esposo, soy soltera. Ella bajaba el rostro si vientre se notaba abultado cuando estaba sentada y apenada agregaba, - No me case, estoy embarazada,

- ¿La dejo su novio?

- No, no es eso. Fue por inseminación y… mis bebes serán mi primer familia.

- ¿Sus bebes? En ese momento, se ponía pálido, ¿algo entendió mal? Ella reaccionaba y agregaba

- Tal vez requiera ir al hospital, lo siento frío, de pronto lo vi pálido.

- No, no… disculpe, es que no le entendí, solo me sorprendió algo que comentaba,

- ¡Ah! Mi embarazo es doble, tendré dos bebes. Todavía no se si serán niños o niñas, espero no le molesten cuando nazcan, si le molesta, puedo cambiarme de…

- No, no me molesta, me gusta mucho los niños, no te preocupes.

- Supongo que, no has cenado nada… o quizás

- Cene algo antes, pero…

- Déjame traer lo que estaba cenando, es solo un poco de pan con leche, podemos compartir, mientras te sientes mejor.

- Gracias, eres muy amable. Saliste a ayudarme y… estas embarazada… aun siendo enfermera, debes cuidarte, me ayudaste a levantarme y… soy muy pesado.

- No me subestimes, soy una chica fuerte.

El no pudo evitarlo, verla irse a la cocina y decir que era fuerte, quería reírse, era muy pequeña, pero al pensar en lo que mencionaba, lo dejaba de nuevo serio, ¿dos bebes? Esto no podía ser verdad, tanto planear una tacita de azúcar o pedir un poco de café por la mañana y antes de entrar siquiera al departamento, ella salió al rescate, supongo que después de todo, si es fuerte.


Gracias por continuar leyendo esta historia, deseando sea de su agrado ;)

Un abrazo a la Distancia

Mayra Exitosa