FIC

El Error de mi Vida

Por Mayra Exitosa

En la mansión, molesto William, caminaba de un lado a otro, su hijo no estaba cansado, estaba aprovechando a su Tía Elroy, pero ya lo atraparía así fuera la media noche, no se movería de ahí, hasta que hablaran. Se quedo esperando en el sillón cercano a la ventana, sin querer cerraba los ojos y se quedaba sereno, afuera escuchaba los pasos de su hermana, y se esperaba sin darse cuenta dormitaba en la habitación de Albert, su hijo.

En el departamento, Candy se preocupaba, ya había pasado tiempo suficiente, no podía dejarlo ir, pero tampoco podía quedarse, así que con mucha amabilidad hizo el intento de mover su valija, y comentaba,

- No quisiera que te fueras, pero no puedo quedarme contigo aquí, se vería muy mal y, tengo que cuidar mi reputación. Seré una madre muy pronto y debo labrar un camino digno para mis pequeños.

La boca de él se quedaba suelta, pensaba quedarse sola con los bebes, no tenía planeado nada, o estaba siendo teatral.

- Lo siento, se que debo irme, está muy cómodo el sillón, mentía con tranquilidad, estaba más viejo y chueco que si seguía ahí, se quedaría con dolor de espalda, se levantaba lentamente, al haber fingido que estaba mal, al ver lo alto que estaba, ella giraba a verlo y con una sonrisa agregaba,

- Tienes razón, así de pie, eres muy alto, no te vi así cuando te ayude, vamos, te acompaño y si deseas te reviso en la mañana, temo que ya se está haciendo un cuernito muy pronunciado en tu frente, solo espero que no amanezcas como unicornio, porque entonces, si te llevo al hospital. El soltaba a reír a parte de ser amable, era cómica, definitivamente era muy agradable, se notaba que no esperaba nada de nadie, no podía estar mintiendo, aunque no quería confiar, lo sucedido, le cambiaba la expectativa que tenía de ella, si su padre estaba tras de todo eso, lo averiguaría sin duda.

Al entrar al departamento, notaba que no era muy equipado, pero al menos la cama se veía bien. Lo ayudaba a sentarse, y el dejaba su valija cerca, serio observaba su procedimiento, y no se notaba que husmear nada, por el contrario su manera servicial lo sacaba de sus pensamientos,

- ¿Quieres que te quite los zapatos?

- No. Gracias, ya has hecho mucho por mí, el pan y la leche estaban muy bien para dormir.

- Si, aunque no necesito ni pan ni leche, me duermo mucho últimamente. Mañana saldré tarde, iré a ver unas ofertas de trabajo.

- ¿Trabajo? ¿Embarazada?

- No me subestimes, es solo un embarazo, no estoy enferma.

- Es doble embarazo, debes cuidarte más.

- No me topare pacientes como tú, buscare servicios con señoras, así gano de manera particular, debo hacerlo antes de… que sea mucho más difícil trabajar.

- Si puedo hacer algo, recuerda que te debo este favor, los buenos vecinos siempre nos podemos ayudar.

- Muchas gracias. Lo tomaré en cuenta. Ah y… Bienvenido, ya luego me contaras como es África.

- Por supuesto, me dará mucho gusto contar con tu amistad.

- Por favor cuídate, si te sientes mal, llame a la señora Rosita, tengo el sueño muy pesado últimamente y me daría pena no escucharte.

- Tratare de no molestarla.

- No será molestia, me daría más pena que lo necesite y… no pueda pedirle ayuda por pensar que si soy una molestia.

- No lo será nunca, sobre todo en tu estado, no vuelvas a levantar a nadie pesado, mejor me llamas.

- Gracias, así lo hare. Buenas noches, Albert.

- Buenas noches, Candy.

Por la mañana incómodo y muy molesto William, buscaba desesperado a su hijo, el cual no había dormido en casa, lo seguro era que desconfiara de él, pero ya le daría una lección. De inmediato buscaba a su hermana y empezaba el plan de recuperar a sus nietos.

- Tenemos que hablar, Elroy.

- Bien. Dime que necesitas, pero no me hables con rodeos como lo hiciste antes.

- Voy a ser abuelo.

La cara de su hermana era de asombro, una palidez en el rostro hizo que William se preocupara, corría hasta ella y gritaba por ayuda. Anthony entraba asustado y Elroy como un rayo, se levantaba y abofeteaba a su sobrino menor,

- ¡Cómo pudiste! ¿Qué no te hemos enseñado valores? ¿Cómo que no la amabas y mejor terminabas con ella? ¡Si está embarazada!

El rostro de Tony era de enfado, su Tía estaba loca. William tranquilizándola, le decía,

- calma hermana, él no sabe nada. Por favor, pensé que te desmayarías. Tony alzaba la voz, sobándose el rostro,

- ¿Quién está embarazada? Mi novia y yo terminamos, pero nunca tuvimos nada, no me culpes de tus locuras, Tía.

- perdóname hijo. Tu padre que me altera los nervios.

- Al menos dice que no nos traerá una madrastra, pero anda loco tras una jovenzuela.

- ¡cállate Anthony!

Este salía molesto, ya buscaría a Albert para tenerlo de su lado, ahora hasta bofetada tenía pintada en su cara.

Elroy respiraba y William comentaba algo con cautela,

- Mira Elroy, lo que te voy a contar son buenas noticias, pero te necesito enferma ahora.

- ¿Qué?

- Será mejor que no sepas nada, porque como has reaccionado ya estoy más que preocupado. Además, esto se está saliendo de control, William no durmió aquí, me molesta que todo sale mal con él, el cáncer, la boda y ahora esto, es seguro que no confía en mí. Piensa que todo lo que hago es contra él. ¡Mi hijo se ha ido!

Elroy se descolocaba, y su rostro mostraba una tristeza como si el amor de su vida desapareciera, no estaba lejos de la realidad, amaba a su sobrino y cada golpe de la vida que le había tocado, lo hacía quererlo mucho más, de su bolso sacaba un rosario y en sus manos comenzaba a jugarlo. Su hermano hablaba despacio y escuchaba el plan de traer a una enfermera a que la cuidara de manera falsa, ella tenía que fingirse enferma, pero a quien realmente iban a cuidar era a al enfermera, quien desconocía a todos y en su vientre yacían los futuros Andrew.

- ¿Pero cómo?

- Ya te lo dije, Elroy, mejor no preguntes, no quiero que sepas más, mira cómo has reaccionado y golpeaste a Anthony, el pobre desde niño sabe que tu favorito es William, por más que él quería ganarse tu cariño, siempre se ha sentido relegado de ti, no puedes negarlo, es notorio como proteges y sobre cuidas a William.

- Realmente lo siento, no sabía que… ¡Que Dios me perdone! Pero es que Willy siempre ha sufrido mucho, la pérdida de su madre le afecto sobre manera, la varicela, el sarampión, sus dientitos chuecos con frenos, el desprecio de la mujer que se iba a casar con él, ¡El cáncer! todo le pasa a mi niño.

- Es decir que Tony debería atropellarlo un auto para que lo consideraras más.

- ¡No! ¡No te preocupes! Veré que mi Tony reciba mi cariño en igualdad a su hermano mayor. Y bien, háblame de la chica que va a cuidarme.

- Es hermosa, será toda, una Andrew, Elroy. Ella se quedaba meditando en la belleza de su cuñada heredada a sus sobrinos, ahora su hermano ya había seleccionado a otra chica tal vez para William o para Anthony a tal grado que la traería a la mansión con mentiras, para que la vieran y por fin se decidieran algunos de sus sobrinos, ella debía ser ecuánime, si la joven quería a Tony, ni modo aunque su favorito fuera chivo brincado como ella, no le quedaba de otra que aguantarse.

- Cuenta conmigo. No soy muy buena actriz para fingirme enferma, pero veré que puedo hacer, ¿Cuándo vendrá?

- ya tengo todo planeado, posiblemente mañana ya esté aquí.

- Bien.

Salía y notaba que Tony se marchaba mirándola con recelo. Este marcaba al celular de su hermano y hablaba

- En lo dicho Albert, escuche que ya tienen a una prospecta, dicen que es hermosa pero no sé si la quieren para ti o para mí, el caso es que mi Tía piensa que embarace a mi novia y la deje, y mi padre intervino para calmarla, planearán que mi tía estará enferma y ella vendrá a cuidarla, creo que, la trampa es para ti, como mi Tía está de por medio y ella sabe que te tendrá cerca… pues…

- No te preocupes Anthony, estaré al pendiente, gracias por tus sospechas, solo verifica bien, porque pensabas que era una novia para papá y ahora una trampa, asegúrate, ¿quieres?

- Mi tía casi llora cuando supo que te fuiste desde anoche, ¿En qué hotel, estas?

- No es un hotel, es privado, pero tranquilo, cuenta conmigo por este medio.

Colgaba la llamada y salía a tocar, ya era tarde, si su padre pensaba utilizarla a ella como su trampa, lo mejor era quitársela y ver a quien quería utilizar, podría decirle que no aceptara trabajo de nadie, o conseguirle un trabajo…

Tocaba la puerta y ella con un pijama rosita largo hasta sus pies, abría con una sonrisa

- ¡Hola! ¿Te sientes mejor?

- Si, esperaba… que fuera una hora prudente para tocar la puerta.

- Parece que el chichón ya se bajó, ¿te pusiste hielo?

- Sí. Él le sonreía, la bata era gruesa, y andaba en pantuflas rositas a juego, se veía como una niña, pero sus bustos la delataban. - ¿Saldrás a buscar trabajo?

- Me quise tomar el día, ya compre el periódico, y estaba subrayando, encontré varios. Albert se acercaba y notaba que había puesto agua, pero no había mucho de alimentos, pan y leche es lo que veía, apenado, buscaba ver un poco y no había casi nada en los estantes. Luego notaba que el periódico de la mesa ya tenía subrayado varios, casualmente tres teléfonos coincidían con los conocidos de seguridad de su casa, ¡interesante! Así que doblaba el periódico y lo escondía para que ella realmente se tomara el día.

- Vine para invitarte a almorzar, hice algo de huevos y… tocino. Notaba que se enjuagaba la boca, tenía apetito, escucharla lo hacía sorprenderse con lo que le explicaba,

- ¡Carne!

- ¡Eh! sí.

- ¡Oh Dios! No puedo comprar embutidos y cosas costosas, estoy separando dinero para mi parto. Sabes, si ya hiciste el almuerzo… no te puedo despreciar, pero, llevaré algo de lo que tengo, no quiero ser… molestia, ni carga para nadie.

Al notar que dudaba, trataba de comprenderla y que supiera que lo hacía para hacer amistad,

- No lo eres. Te espero, es mi forma de darte las gracias, solo… te cambias y estaré en mi departamento.

- Gracias, pero, Albert… no tenías que hacerlo. La próxima, invito.

- ¡hecho!

Salía llevándose el periódico escondido y ella corría a su habitación a cambiarse. Unos minutos después, ella tocaba y entraba al sentir la puerta abierta, entraba viendo como ya estaba más limpio que en la noche anterior, a parecer el chico era bueno haciendo limpieza, al menos más rápido que ella. Vio hacia la mesa y el olor la hacía saborearse,

- Candy, toma asiento.

- Gracias, eres bueno, mira ya tienes todo arreglado en su lugar, ¿te levantaste temprano?

- Si, un poco. Me da gusto que te tomes el día, podrías ayudarme y orientarme en Chicago, que te parece si te invito al supermercado, para hacer las compras.

- Pues, conozco los lugares tengo algunos meses viviendo aquí, yo… soy de Lakewood, al oeste de la ciudad, es un pueblo. Ahí está el… orfelinato al que pertenecía, me hice… enfermera para cuidar a los niños y… al final, cuidare a los niños, pero serán a los míos.

- Vamos, iniciemos el almuerzo, ya es muy tarde, no es bueno comer tu primer almuerzo a estas horas.

- Antes era peor, tenía todo el tiempo nauseas, así que, ahora al menos ya puedo comer.

- ¿A sido difícil?

- Si un poco, pero, vale la pena, al menos ahora tendré una familia, y será mía.

- ¿Nunca tuviste una familia?

- No realmente, lo que pasa es que, algunos niños estuvimos mucho tiempo ahí y… los consideramos familia. - ¡Por Dios! Que bien cocinas. Esto es muy rico.

- ¿Tu cocinas también?

- no. Casi siempre salgo y estoy fuera, trabajando, como en la calle y no conviene comprar cosas, temo que se vaya la luz y lo que guarde…se pierda.

- ¿Se va la luz?

- Solo ha pasado una vez, pero en el orfelinato era más seguido, así que por eso consumo cosas frescas, fruta, la que pueda pagar, pan y leche, porque es lo que venden de paso cerca de aquí y… en ocasiones algo en la calle o donde trabajo.

- vaya, eso no es bueno para tu embarazo.

- No te preocupes, se acostumbraran, los niños siempre se acostumbran a todo, ¿Dime como eran los niños en África?

Ella comía que era un deleite verla, hablaba sin dobles intenciones y al comer frente a ella, escucharla después de que pasaba un bocado o saboreaba todo agradecida por el almuerzo, el jugo la había sonreír, el plato se fue todo hasta no dejar nada en él, y aun ofreciéndole más, ella con una sonrisa se ruborizaba por comer más, cuando él estaba más que complacido escuchando cada detalle de su vida, y de todo cuanto ella le contaba, hablar de África era fácil, verla a ella era algo que ya le habían contado y estaba disfrutando de gran manera.

En la mansión la incomodidad era muy notoria, William preguntaba cada quince minutos sobre las llamadas y un montón de chicas solicitaban el trabajo, pero la chica que él quería no había llamado,

- Denles largas, quiero a Candy White. ¡Entendido!

- Si, señor.


Gracias por continuar leyendo esta historia, Feliz Navidad, un prospero 2018

y que sigan disfrutando de los momentos familiares,

deseando sea de su agrado ;)

Un abrazo a la Distancia

Mayra Exitosa