FIC
El Error de mi Vida
Por Mayra Exitosa
Por la mañana, Tom al teléfono en la sala principal conversaba sus temores, ella no contaba con teléfono en su departamento, ni tampoco celular.
- ¡Hola, Tom!
Albert que salía apenas bajando las escaleras, al escucharla hablar con un hombre, se detenía a esperar a que terminara. Lo seguro era que tenía algún pretendiente, como lo habían hablado entre él y George, había que conocer la situación para ver como tener a los niños, si otro hombre iba a estar en su lugar. Ella hablaba tranquila pero una de sus manos se la pasaba ajustando su boca al temblar con lo que escuchaba, y cuando hablaba se oía ese gemido nervioso de casi querer llorar,
- Como que quieren demandar el hospital. - No lo sé, yo… - Si, conocí a un señor mayor, pero… - Tom, el señor tiene una familia y… no puede ser el que mencionas, descríbemelo, ¿Cómo es?… - Si, es igual, el dijo que… me - Me dijo cosas y ahora comprendo, entonces, todo era mentira, Tom. - Si, me acompañó al médico, dijo que quería apoyarme y… ¡sabe que tendré dos bebes! - Lo siento, Tom, no te lo había dicho pero, si, son dos bebes. Tendré una familia grande y numerosa. - Tom, no te preocupes por mí, me… buscaré otro lugar y… me iré. En cuanto encuentre a donde irme, te mando avisar. - No, no le digas a nadie, solo tú, y sabes, serás el tío más querido por mis bebes. - Si Tom, dile a Annie que, también la extraño. - Tienes razón, no se puede confiar en nadie, - sí, creo que había autos siguiéndome, pero… no puedo gastar dinero, tengo que ahorrar para cuando nazcan mis bebes. - Bien, Tom. Te avisare… Annie y tú vendrán cuando dé a luz. - Gracias Tom.
Se cortaba la llamada y el que escuchaba afuera, se subía unos escalones para coincidir con ella, a lo que se notaba preocupada.
- Hola, Candy, ¿Comeremos juntos?
- Hola, Albert. No, creo que… Tengo que, irme de aquí.
- ¿Por qué? ¿Te sucede algo malo? ¿Puedo ayudarte?
- No, lo que pasa es que… es complicado, Albert. Lo siento, mejor será no decirte nada, así no te implico en mi vida. Siempre que tengo amigos, salen complicados al acercarse a mí, yo… soy la culpable de todo, de todo lo que me está sucediendo.
Bajaba el rostro y las lágrimas brotaban. Albert al verla se sentía impotente, era la madre de sus bebes, tenía que hacer algo, pero no sabía cómo,
- Sabes, a mi no me preocupa que me compliques la existencia, para eso estamos los amigos, ¿Somos amigos, verdad?
- ¡Oh si! Gracias Albert, lo que sucede es un poco largo de contar,
- Ven, hablemos y busquemos una solución juntos.
- No sé, no tienes que ayudarme tanto, solo…
- Para eso estamos los buenos vecinos, para ayudarnos…
- Bien. Tienes razón, además, me sirve hablar un poco, así puedo pensar y ver lo que debo hacer.
Candy le contaba un poco de la historia, de todas las situaciones de la señora Witman, de cómo ella agradecida por todo lo que había apoyado a todos en el orfelinato, accedió a ayudarla, para colmo la equivocación de la inseminación, ahora tenía problemas, porque el dueño del semen, o el padre de sus bebes, querría quitarle a sus hijos.
- ¡Quitártelos!
- Demandará al hospital, y están investigándome, posiblemente ya me han encontrado y… son personas con mucho dinero, harán hasta lo imposible por alejarme de mis hijos y… quizás quedarse con ellos.
- ¡No puede hacerlo!
- Las personas con mucho dinero, no tienen escrúpulos, Albert. Tom le describió al señor que estuvo hablando conmigo hace un tiempo, hasta me invito a comer, ¡Carne! ¿Tú crees? Con lo caro que es comprarla… decía hacerse pasar por el abuelo de mis hijos y… los vio en el estudio que me hicieron, y… Ahora ¡Tengo miedo!
- No estás sola, estoy contigo, no permitiré que te quiten a tus bebes.
- ¿De verdad? ¿Eres abogado?
- No, pero si tengo muchos amigos y… sé de leyes. Candy, ¿A dónde te piensas ir?
- La señora Rosita, me ofreció cambiarme a los departamentos de su hermana, además buscaré trabajo por allá. Cada vez es más importante guardar dinero, por eos no podía ir contigo a comprar la despensa, comer no es prioritario, sino, tener dinero para cuando nazcan, además, tendrán que estar los dos conmigo en la cama, no puedo gastar en cosas innecesarias.
- Candy, lo que conviene es que no salgas mucho, además, acabo de regresar de viaje, puedo ayudarte en todo, no puedes cargar cosas y… me gustaría que… contaras conmigo.
- Gracias Albert, nos acabamos de conocer y… no quiero ser una carga para nadie, ni a Tom, ni a Annie que son como mis hermanos, los he molestado y…
- Si, pero soy tu amigo y no es molestia, mira, vamos a hablar con la señora Rosita, preguntar dónde está la pensión de su hermana y los departamentos que tiene, ya luego hacemos el plan para que te sientas mejor y… no te sigan
- ¡Ya dieron conmigo! dice Tom que tienen muchas influencias y… cuando el señor ese, fue al hospital… llegaron casi diez hombres con él.
- ¡Diez!
- Si. Debe ser malo, sabes, me iré por la noche, y… así nadie me vera y… trabajare sin usar mi numero de afiliación.
- ¡Oh Candy! No te hace bien, estar con el miedo así, estas embarazada, y tus ojos, se nota lo angustiada que sientes… déjame ayudarte, prometo que… nadie te quitará a tus bebes y… estaré contigo… bueno si… Confías en mi.
- Si confío en ti, es solo que… no necesitas sentirte tan comprometido conmigo, yo… debo enfrentar mis problemas, yo…
No la dejo hablar más, se acercaba hasta ella y con un abrazo de preocupación le comentaba
- Tranquila, ya no estás solita, gracias por confiar en mí, deja que arreglemos esto juntos.
- Pero…
- Sin peros, para eso somos los amigos
- Yo…
El abrazo que le daba la dejaba nerviosa, su rostro estaba muy cerca y se sentía intimidada, sorpresivamente su vientre brincaba y ambos se sorprendían,
- ¿Te lastime?
- No, solo se… movieron. Albert sonreía y tocaba su vientre para ver si lo hacían de nuevo y ahí estaban, ambos disfrutando del movimiento de sus bebes.
- Parece que… no solo tú confías en mi, ellos también. Le hacía caricias a su vientre y ella lo miraba asombrada, porque un hombre al que apenas conocía estaba cuidando de ella,
La señora Rosita los observaba a la distancia, sorprendida se acercaba, al ver a Candy abrazada de su nuevo vecino,
- ¿Qué sucede aquí?
- ¡Se mueven! señora Rosita, ¡se mueven, mis bebes!
- ¡Oh!
Con gritos de alegría la señora tocaba el vientre y entre sus gritos de asombro, los bebes se dejaban de mover, pero notaba que Candy tenía los ojos embotijados y con señas de haber llorado, así que detenía su algarabía y esperaba a que se explicaran, cuando por fin lo hacía, la señora sin responder nada, de inmediato tomaba el teléfono de la salita y marcaba a su hermana, preguntaba con ella, y sobre algún departamento.
- Candy solo tiene un departamento. Y ha aceptado que te mande con ella. Albert se quedaba serio, ya no podía estar cerca, solo se quedaba pensativo, a lo que Candy se subía despacio los escalones, para empacar y buscar la manera de irse lo antes posible.
- Gracias, gracias. Albert, me tendré que ir, allá buscaré trabajo.
Albert se iba ayudándola, buscando la manera de estar cerca de ella, como hacerle para dejar el departamento y continuar cerca de sus bebes.
En la mansión, varios hombres escuchaban las órdenes de William, quien meditaba cómo hacer para que Candy fuera a su hogar,
- Mi plan es que venga con el pretexto de cuidar de mi hermana y así podemos cuidar de ella.
- Señor, está embarazada, casi no s ele nota.
- Si, tiene poco tiempo, pero todo su embarazo la cuidaremos y protegeremos. ¡Son mis nietos!
Los hombres abrían los ojos, ninguno hacía preguntas, pero lo lógico era que fueran del joven Anthony, porque William acababa de regresar. No había embarazos telepáticos. En silencio, analizaban algunos de ellos, porque el joven había estado tan cerca investigando a que mujer seguía su padre, ahora lo comprendían.
- Bien, ustedes dos, se irán afuera de la pensión esa, esperarán a que salga y la vigilaran, y ustedes dos, se turnaran y se verá, luego alguno de ustedes se acerca… no mejor nadie se acerque a ella.
Elroy por su parte, buscaba la forma de contentar a Anthony, si esos nietos que mencionaba su hermano, fueran de Anthony, así no presionarían a William y este no sufriría más de los acosos y presiones de su hermano.
- Anthony, hijo, ven conmigo, mira si hay alguna chica, no es necesario que te sientas presionado, pero si las cosas han avanzado, y puedes darle nietos a tu padre, o al menos quepa esa posibilidad, deberías…
- ¡Tía! ¡Por favor! Tú también presionaras como lo hace mi padre a mi hermano, no esperaba eso de ti. Lo mejor es que me vaya a trabajar. Ahora lo comprendo todo, mi pobre hermano está siendo de nuevo presionado y me quieren incluir en el paquete. ¡Vaya, al dos por uno!
Anthony salía de la mansión y antes de subir al auto marcaba al celular de su hermano,
- Tengo que irme, no puedo estar en casa, mi Tía Elroy vino a unirse al complot de que hagamos abuelo a mi padre.
- ¡Que!
- Lo que oyes, mi Tía ya esta aliada con él.
- Lo comprendo, sabes, en unos días tendré mi departamento libre, este donde estoy ahora, no está pagado por el ingreso de mi padre y podrás quedarte aquí, solo espera un poco.
- Me iré a un hotel por lo pronto, esto es inadmisible.
- Lo comprendo.
Albert colgaba y salía a tocar la puerta de su vecina, tenía que ver cómo haría para que su padre, no la encontrara.
- ¡Candy!
Tocaba y no respondía, movía la manija y notaba que estaba abierta, este pasaba y la veía arrodillada recargada en su cama,
- ¡Candy!
Ella abría los ojos y débil se recostaba de nuevo, respondiendo
- Es que me siento cansada. Ya prepare todo, para irme esta noche, pero, no quiero des tender la cama.
- Ven, te llevare a mi departamento y ahí veo como puedo ayudarte, no puedes estar sentada en el piso.
- Gracias, no quiero molestar.
- Lo vuelves a repetir y veras que eso si molestará. Mírate, estas pálida, necesitas comer, llevas horas encerrada y… ¡Dios!
- Solo un poco de sueño, eso es todo.
Albert se la llevaba y la acostaba en su cama, la cubría y regresaba por sus cosas, notaba que eran un par de maletas y todo estaba limpio, casi impecable, ella había estado haciendo todo por dejar en orden el departamento y poder irse, debía estar agotada, el baño había sido lavado y la cocina lucía muy limpia y ordenada.
Regresaba y ella estaba dormida, podía cuidar de ella, pero ella sola no podía quedarse, miraba sus manos humedecidas y arrugadas, sus pies hinchados, y solo al verla de costado, se podía notar un poco más su vientre abultado.
No habían comido y estaba débil, eso de leche y pan, no era lo adecuado, vio en su bolso y un sobre de billetes se notaba, era muy poco lo ahorrado, ahora lo comprendía.
- Candy ya hice de comer, ven tienes que ingerir algo, no has comido
- Lo siento, tenía que dejar limpio y… Doña Rosita me ha conseguido otro lugar, quiero que, sepa que no soy una desconsiderada, que
- Tranquila, podría ayudarte.
- No Albert, los amigos se deben cuidar, no son para…
- Lo son, son para todo. Ven, hice algo riquísimo, tienes que comer.
- Si, pero estoy tan cansada.
- ¡Exacto! ven, te daré de comer y luego duermes de nuevo.
- Si.
La sentaba en la silla y ella lucía con los ojos cerrados, estaba muy cansada, le daba un poco de caldo y se lo colocaba en la boca, ella se apenaba y le sonreía.
- Gracias, deje mi bolso y mis cosas. Debo irme.
- No, mira aquí está tu bolso, revísalo esta completo, y tus cosas, no puedes irte así, estas muy cansada, deja que te cuide y mañana te llevaré a tu nuevo departamento, es más ni siquiera puedes caminar sólita por la noche.
Para quienes leen esta historia y comentan, mil gracias, espero sea de su agrado, ¡Feliz Año!
Un abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
