FIC
El Error de mi Vida
Por Mayra Exitosa
Ese día, ya no pudieron irse, efectivamente había autos y hombres vigilando, ahora notaba que no solo eran dos personas, sino más, Candy se preocupaba, pero Albert la tranquilizaba, pedía ayuda a sus amigos, ya tenía un lugar a donde ir a vivir, y quien se quedaría también en su departamento.
- Señora Rosita, vendrá mi amigo a vivir aquí, llevaré a Candy a otro hogar, desde ahí ella le llamará, pero de preferencia no comente con nadie su partida, ni con la persona que se queda en mi departamento. Candy escuchaba y le daba confianza, pues le aseguraba a doña Rosita que ella se comunicaría y le llamaría.
- Señor, vinieron anoche dos hombres y preguntaron por una señorita que es enfermera, que… solicitaban una. No me dio buen presentimiento,
- Y que les respondió usted. Asustada intervenía Candy.
- Que la enfermera que vive aquí fue a ver a su familia en Lakewood, que de momento no estabas y regresarías en dos semanas. Candy sonreía y se relajaba, por eso es que se habían marchado. Albert por su parte, no había conseguido un departamento, pero si una casa pequeña. Al otro lado de la ciudad, le quedaría muy lejos de todos, pero cerca había hospital, tiendas y hasta un campo de beisbol.
Meditaba que ella, no estaba de acuerdo con su padre, estaba embarazada, pero en ningún momento acepto casarse con él, aun ofreciéndoselo de forma inmediata, era cautelosa, hasta en la posibilidad de noviazgo, tampoco lo había aceptado.
Pero debía notar que de tener un noviazgo con alguien, lo mejor era que fuera con él, no podía pensar en que sus hijos conocieran a otro hombre como posible padre, así que tenía que ganarse su confianza, su cariño y tratar de conquistarla, no sería fácil, menos embarazada, pero al menos, ya estaba más cerca de ella, por lo que fuera, ahora la tendría a su lado.
El celular de él sonaba, Candy se alarmaba,
- No es importante, no te preocupes, debe ser por el lugar que rentaremos.
- ¿Que no es donde vivía tu amigo?
- No, es que no hay dos recamaras. Solo una. Así que estoy buscando otro lugar. Candy bajaba su rostro apenada, al menos estaba pensando en ella, no se estaba aprovechando de la situación.
Un taxi llegaba y ambos salían con sus maletas, Albert iba a pedirle ayuda a George, pero al hacerlo, cabía la posibilidad de que estuviera aliado a su padre, lo mejor era hacerlo por su cuenta, sobre el departamento, le diría a Anthony que se fuera a vivir ahí, si deseaban encontrarlo, no lo lograrían, y si buscaban a Candy, tampoco darían con ella.
En la mansión, William estaba molesto, su hijo no recibía sus llamadas, y la madre de sus nietos, no daba señales de querer trabajar, posiblemente ya había conseguido algo, pero cuando le informaron que había regresado a su pueblo un par de semanas, este se molestaba, así enviaba a un par de hombres a buscarla.
- Tal vez si tenga un pretendiente allá, después de todo
- Está embarazada, señor, es lógico que quiera estar en el lugar que ella conoce. Argumentaba tranquilizándolo, George, meditando en que pasos daría William Albert. Mientras que el padre de los jóvenes le interrumpía su meditación,
- Para colmo, Anthony se marcho también. William no quiere responder mis mensajes, no me llama y tu… pareces no estar asombrado de ello.
- Señor, son mayores, ellos son muy independientes, usted los conoce, además con los comentarios del joven Anthony, la bofetada de su Tía y la salda sin aviso del joven William, esto no pinta bien, que puedo decirle. Que solo esperar a que aparezca la joven y cuide de la señorita Elroy.
- Tienes razón.
Candy se sentía extraña, Albert se sentaba unido a ella y pasaba el brazo por su espalda, se sentía tan bien, iban muy juntos en el taxi, y al parecer era muy lejos el cambio de hogar, sin embargo no le era del todo, desconocido, por fin podían salir a la luz de día, sin temer ser perseguidos por esos autos.
La tranquilidad de su rostro, le hacía observarlo minuciosa, el lo notaba mirándola por el rabillo del ojo y continuaba sin decir nada, solo la ajustaba más a su lado y comentaba al chofer del taxi,
- Mi esposa se encuentra embarazada, podría manejar despacio, no quiero que tenga que frenar bruscamente,
- Por supuesto señor. Candy suspiraba, el olor de la loción de su pecho, la invadía por completo, cerraba sus ojos y se apoyaba en él quedándose más tranquila y soñolienta, el viaje había reducido la velocidad y el clima del auto le daba un poco de paz, de la que en esos días no había tenido.
- Ya llegamos, mi vida. Tenemos que bajar. Ella se sorprendía por lo que escuchaba, pero al salir del auto veía al taxista sonreír amistoso, al ver las atenciones que Albert estaba haciendo por su "supuesta esposa" - Muchas gracias, aquí tiene. Candy notaba que sacaba la cartera con muchos billetes y se apenaba al haber desconfiado de él, aun no le había pedido nada. Y ella solo tenía reunido para su parto, no había trabajado por dos semanas y ahora tenía que ver los precios de un hospital cercano al nuevo hogar.
Era una casa pequeña unida a muchas casitas, el patio atrás y al frente, para entrar había escalones, Albert subía todas las maletas y las colocaba al entrar en el pasillo, sin dejarla que ella tomara ninguna.
Cuando ya había terminado, ella subía despacio sonriendo, y el la sorprendía tomándola e sus brazos para entrar por el marco de la puerta, como si fueran recién casados.
- ¡Albert!
- Es nuestra primera casa, Candy.
Ella se quedaba con las quijadas sueltas, no podía creerlo, realmente el estaba tratándola como una esposa.
Nunca había tenido una casa para ella, ahora viviría con él, al menos podía ser bueno para sus hijos tener un hombre que vieran como padre, sobre todo si los gemelos resultaban ser hombrecitos también. La bajaba y le daba un beso en la frente, colocando sus manos en sus hombros, comentaba
- Espero te guste, no quiero que hagas nada, ni te fatigues, tomare un par de días sin ir a trabajar para que te sientas cómoda, luego saldremos juntos y haremos compras, conocerás el vecindario, y los lugares para una emergencia, ¿te parece?
Ella lo miraba a los ojos, asintiendo y sin poder evitarlo sus ojos soltaban lagrimas, lo seguro era que fueran las hormonas de las que todos hablaban en sus meses de gestación, pero él, no parecía entenderlo, y se angustiaba, abrazándola
- tranquila, no temas, estarás bien.
- No, yo… Estoy así porque me siento feliz, no había tenido un hogar nunca, siempre eran departamentos de asistencia. Incluso cuando estudié enfermería vivía en el hospital.
- Bueno, si es de felicidad, puedes llorar todo lo que quieras. Solo que debes tomar algo, viajamos en ese taxi por más de dos horas
- ¿dos horas? ¿Debió costar mucho?
- No, pero al menos ya no te encontraran por aquí, te sentirás bien y podrás salir todas las veces que desees. Aunque preferiría que tuvieras un teléfono celular, así que en cuanto… me paguen conseguiré uno.
- No quiero que gastes por mí, Albert.
- No quedamos en que seriamos novios. Los novios se cuentan todo, se hablan continuamente, además, no quiero que te sientas sola, ni cuando me vaya a trabajar. Sin esperarlo, ella se abrazo fuertemente a su cintura, recargo su rostro en su pecho y murmuraba gracias en reiteradas ocasiones.
Acomodarse en casa aun dejando las actividades leves y sin peso a ella, fue agotador, el se encargo de casi la mayoría de las cosas, mientras ella doblaba la ropa de ambos en sus respectivas habitaciones, de la poca comida que llevaban, lograba formar algunos sándwich y hacía una limonada con los limones del árbol del patio trasero. El refrigerador estaba apagado y fue encendido, pero aun no elaboraba hielos, Candy notaba que era muy bueno para hacer la limpieza y ella no quería dejar de ayudarle. Al terminar, ambos tuvieron que ducharse y si, había dos baños, uno en cada habitación y otro cercano a la salida de la casa.
Al terminar, le pidió que descansara y que en unas horas, salieran a surtir las cosas para la semana, que no se preocupara por nada, que el barrio era amigable, y que los autos de policía pasaban seguido solo por rutina.
- Sabes, Albert, hay muchos niños alrededor, escuche jugar en los patios vecinos a los niños de otras casas.
- ¿Quieres que te cambie la habitación? ¿Te dejaran descansar?
- Si descanse, te lo comento porque me da tranquilidad saber que los vecinos son familias.
- Revise el lugar, no podía pensar en que estuvieras… rodeada por…
- ¿Por?
- Personas no apropiadas para los bebes.
- ¡Oh, Albert! Gracias, nadie jamás ha hecho algo desinteresado por mí.
- No es desinteresado, seré padre, debo… preocuparme por nuestros hijos. Ella sonrió, estaba llamado a sus bebes, hijos, posiblemente sería bueno para ellos, aun así el temor de conocer al verdadero padre, se quedaba como una posibilidad no lejana. - ¡Lista para salir de compras?
- Si, estoy lista.
Un capítulo más de esta bella historia, que cada día me hace pensar que no todos hacemos cosas desinteresadas, la verdad oculta es una omisión, la mentira y la omisión, son similares... pero el amor, todo lo puede, todo lo rebasa, todo lo supera y no hay poder humano que pueda con el amor verdadero.
Deseando contar con sus comentarios, tratare de actualizar más fics
Un abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
