FIC
El Error de mi Vida
Por Mayra Exitosa
En Lakewood
Fuera de la clínica del hospital estaba la florería de la familia de Annie, quien se consideraba una hermana para Candy. Ella hacía arreglos y detalles para el hospital continuamente, al ver llegar a Tom, siendo este también como un hermano para ella, esta se apenaba y se iba tras el mostrador, luego a la distancia lo observaba, todo el proceso que este hacía para averiguar si había personas buscando a Candy.
Él siempre le informaba a Annie que era un cariño fraterno el que sentía por ella, sin embargo Candy provocaba amor en muchos jóvenes, tantos como el doctor del hospital, el cual antes de encargarse de la inseminación le había propuesto a Candy, una cita para que no tuviera que llegar virgen a la inseminación, esto lo habían conversado ambas antes, Candy avergonzada, se había negado rotundamente.
Annie corría de un lado a otro para no ser vista por Tom, quien ya atravesaba la calle para ir a su florería, estaba apenada porque Tom se había convertido en un hombre muy atractivo, era muy asediado por las enfermeras, muchas que lo conocían le pedían a ella que les presentara a su supuesto hermano.
- ¡hola Annie!
- ¡Tom!
- ¿cómo has estado?
- Bien ¿y tú?
- Bien también. Sabes he estado en comunicación con Candy, dice que se cambió de casa y… me gustaría llevarte a verla, se ve muy mal que vaya solo, no quiero que se mal interprete mi visita, sabes que… al parecer ya tiene novio, o algo así, y… sabe que ella es huérfana, por lo tanto también sabe que nos considera sus hermanos.
- Me encantaría salir a verla, solo sería pedirle permiso a mis padres.
- Les pediré permiso, no te preocupes, te aseguro que será un fin de semana y ellos no abrirán la florería.
Ella se emocionaba, nunca había salido del pueblo, ahora se iría por un fin de semana, con el pretexto de ir a ver a Candy, y que a su vez, protegerla de los hombres de la mafia que andaban tras ella, por una equivocación al hacerle una inseminación para tener un bebe de la señora viuda de Witman, benefactora principal del orfelinato y los niños no adoptados del condado.
Pasaban los días, en efecto volvieron varios hombres, así que esos días no fueron Tom y Annie a la ciudad, para no ser identificados con visitar a Candy, se fueron los investigadores, haciendo revuelo en el hospital, al todavía no recibir la demanda que habían amenazado. Una de las enfermeras le contaba detalles a Annie sobre el doctor de la inseminación y por ende de la equivocación,
- Si Annie, el doctor está muy nervioso, pido cambio y se irá a Texas, su error le ha costado muchos problemas, el hospital lo quiere culpar de manera exclusiva y él se protege al ver la etiqueta del frasco equivocada.
- ¿En serio? Que mal, que no se hagan responsables.
- ¿no has sabido nada de tu… hermana?
- ¿Hermana? No es mi hermana, fui adoptada, ella… se llevaba mejor con otras personas, sabes, me hablaba por estar cerca del hospital, pero te juro que no se nada.
Annie se apenaba y cruzaba los dedos, por haber mentido. Ya por la noche, Tom le llamaba para confirmar su viaje de fin de semana a ver a Candy, en su nuevo hogar, y ella citaba a Tom en su casa, para hablar de lo que se había enterado sobre el caso CW, ya que no mencionaban su nombre por si los estaban vigilando.
Era muy tarde, los padres de Annie dormían, ella abría la ventana de su habitación para que Tom entrara y pudieran hablar, ya que no podía saltar como lo hacía Candy. Al entrar por la ventana Tom se doblaba y pasaba una pierna y luego la otra atorando un poco su espalda, Annie lo observaba detalladamente, en la obscuridad de la habitación, ella se sentaba cerca y susurraba todo lo conversado, ambos al estar ahí escondidos, sin darse cuenta, se topaban y unían sus labios en un beso accidental. Mismo que apenados, se justificaban sin palabras, susurrando perdones y disculpas en varias ocasiones, hasta que Annie comentaba
- No te veo como un hermano Tom, no soy Candy.
- ¡Annie! Tom le acariciaba el rostro y le sonreía sutilmente respondiendo,
- Tienes razón, Candy es como una hermana, fuiste adoptada muy pronto y… tampoco te considero mi hermanita, solo que, Candy podría…
- Candy no puede decir nada, sabe que ambos la queremos mucho, Tom.
La noche se hizo larga, Tom salía por la ventana muy tarde por la madrugada, después de haberse puesto de acuerdo con Annie, para el viaje que realizarían, pero al salir, el padre adoptivo de Tom, quien manejaba muy temprano una camioneta, vio el caballo de su hijo atado a un árbol, esperaba para saber dónde estaba su muchacho y al verlo salir por una ventana de la casa de los Brighton, este se bajaba el sombrero y se cubría la cara, para ver que su hijo se fuera y no lo viera vigilándolo.
En la mansión Andrew, la información tensionaba, y se incrementaba al descubrir que fue mentira que había ido Candy a su pueblo a pasar dos semanas, a tal grado que el abuelo y su hermana, decidieron ir a visitar a Candy a su departamento de forma directa, ya era tarde, así no habría pretexto para no encontrarla, al tocar en reintegradas ocasiones el nuevo vecino de enfrente salía por el exceso de ruido y cuál fue la sorpresa que ahora en el lugar donde había vivido Albert estaba su hermano Anthony, al encontrarse con él, todo se salía de control,
- ¿Qué haces aquí? Precisamente con mi nuera
- ¿Qué nuera? Yo termine con mi novia hace meses.
- No te hagas el tonto, la joven que vive en este departamento es la madre de mis nietos.
- ¡papá! Yo rento este lugar y desde que vine no he visto a ninguna mujer en ese departamento, de hecho esta vacío.
- ¡Mientes!
La señora Rosita, escuchaba en las escaleras y se escondía para no hacer aclaraciones, sacando a uno de sus inquilinos que usaba un aparato para escuchar, solo que sin que se diera cuenta le bajaba el volumen por completo, y así no podría responderles nada.
La discusión fue larga, Elroy estaba con ambas cejas levantadas, pensando en que hacía en ese lugar tan humilde su sobrino, tenía que sacarlo de ahí, y Anthony definitivamente no entendía como lo habían encontrado, si su hermano le garantizaba que nadie lo encontraría ahí, lo extraño es que sin responder a todos los alegatos de su padre, ataba cabos de haber estado cerca de una mujer que para su Tía Elroy y su Padre era muy importante. Ahora que Albert le había dejado el lugar de forma tan inmediata, meditaba si esa mujer estaría con su hermano, y como sería para que su padre y su Tía estuvieran buscándola, el caso es que cada persona hacía sus conjeturas a su modo, por los medias palabras, media información y media deducción.
En el supermercado, comprando cosas, Candy se sentía ama de casa, Albert no tenía límite de gastos, compraba de todo y cuando pasaban por la sección de bebes, el mismo la invitaba a ver pequeños mamelucos y ropa infantil, que la hacían sentirse colmada de ternura, porque Albert le compraba dos mamelucos blancos, por no saber el sexo de sus bebes, un juego de baberos, calcetas, y hasta paquete de pañales para recién nacido de la marca más cara que había en el lugar, luego un kit de talcos, jabones y hasta cepillos suaves, entre otras muchas novedades que se emocionaba al ir viendo.
- ¡Es demasiado! Decía ella,
- Nada jamás será demasiado para nuestros hijos, Candy.
- ¡Albert! Yo… no creo que…
- No estamos eligiendo colores, solo es para que vayas armando una… maletita de tus pequeños bebes. Ella abrazaba con ternura los mamelucos, y respondía,
- Realmente no quiero que te quedes sin dinero, yo… no quiero que te desgastes en comprar cosas que… aun no son necesarias.
- ¿No te gustan?
- Por supuesto que me gustan, no sé si sean gemelos o cuates, no sé si sean niños o niñas, pero los amo, aun sin conocerlos, los amo, aun sin saber cómo es…
- ¿Cómo es, que?
- El padre biológico de mis bebes. Candy se apenaba y bajaba el rostro, a lo que él se sentía mal, al saber que eran suyos y no se lo podía decir, así que comentaba,
- Serán tan bellos como tú, Candy.
- Gracias, Albert. Serás un padre genial, aunque no sé por qué haces tanto por mí, yo no creo…
- Lo hago de corazón y, realmente me importas mucho, te demostraré que no habrá ningún padre que ame más a ti y a nuestros hijos, como yo.
Candy se apenaba y bajaba su rostro de nuevo, pero el notaba como se ruborizaba y no podía más que abrazarla y continuar caminando, cada día que pasaba a su lado, se daba cuenta que ella era única, genuina y sincera. No tenía una relación con su padre, no sabía quién era realmente él, y aun así, ocultando y omitiendo, podría llegar a conquistarla, al menos no le era indiferente.
Albert para que no viera cuanto gastaría, la enviaba al frente a escoger un par de zapatillas cómodas para que no se cansara por estar de pie, ella se extrañaba y miraba en los locales frente a las cajas registradoras. Albert sacaba su tarjeta y pagaba de inmediato, luego empujaba el carrito y llegaba hasta ella, comentando,
- ¿Te gusta algún par?
- Ya es demasiado, Albert. Estoy bien con los que tengo, ahorrare mucho para ir a ver cuánto saldrá el parto en el hospital. Y…
- Iremos juntos, quiero ver como son nuestros bebes.
- El consultorio que me atiende quedo muy retirado, tendré que ver otro ginecólogo.
- procuraremos que sea… ginecóloga, así te sentirás más tranquila. Ella asentía, y se encaminaba al exterior con un carro repleto de alimentos, y muchas, muchísimas cosas de bebes, que aun no nacían.
Una propone y Dios dispone. Quería escribir otra historia, la cual logre hacerlo, pero aun le faltan muchos detalles y mucha edición, sin embargo, las más fáciles de escribir, ya editando y aun con errores, han salido bajo la presión de mi hija, que si no escribo uno de sus capítulos, se puede sentir, sabe que es agotador escribir después de un día de trabajo, pero que se le puede hacer... :D
Un abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
