FIC
El Error de mi Vida
Por Mayra Exitosa
A discreción William ya no mostraba sus preocupaciones, simplemente había meditado y el que Candy despareciera le daba muy mala espina, así que contrataba un investigador privado, se movía sin dar comentarios, mencionado que esperaría a que volviera a la ciudad en algún hospital, eso tranquilizaba a George.
A su vez Johnson se inquietaba, pues Albert no había llamado, significando que no confiaba en el. Pero el reconocía al investigador, analizaba que ahora tenía información privilegiada, podía ganarse algunos puntos sobre el joven que tanto apreciaba, recordando que desde que había trabajado por un tiempo junto a su padre en la dirección de las empresas, el joven era el mejor empresario, bastante correcto y las empresas en general, habían subido mucho y mejorado los ingresos así como las negociaciones, sin embargo, al ser utilizado como parte de un trato, lo había dejado todo.
Mientras que en el caso de su Tía, ella si recibía llamadas alentadoras de Albert, de manera eventual y significativas para ella,
- Si Anthony, dice William, tu hermano que está viendo unos negocios importantes.
- Aja. Anthony la miraba con desconfianza, al saber que su hermano tenía una movida escondida de una mujer y que ya no vivían en el departamento que le paso a él. Pero este se había ido y la mujer que vivía frente al departamento también. Eso lo supo por algunos vecinos con los que compartió un poco de conversación en la salida del lugar, del cual, su padre rechazó contundentemente a que viviera ahí, y le rogaba que regresara a casa, donde ya no se le molestaría más.
- Has estado muy serio, hijo. Yo sé que crees que tu hermano es mi consentido, pero, también te quiero mucho y… a ti te he cuidado más años. Anthony entre cerraba los ojos, recordando las equivocaciones que le habían afectado y no respondía en lo más mínimo.
- Tengo que irme, me dio gusto conversar contigo, Tía. También se te aprecia… mucho.
El rostro asombrado de Elroy, al decir la última frase, la dejaba atónita, pues desde que había regresado a la casa, solo cruzaban algunos monosílabos, sin decir nada en particular.
Elroy se apenaba, había sido muy dura con Anthony, al apreciar y consentir mucho a Albert, pero era comprensible, estuvieron a punto de perderlo, había sufrido mucho más que ninguno de los sobrinos que tenía, y peor o no, era el mayor, con él había aprendido a ser una tía buena, con los demás, no le había salido igual, debido al carácter tan variado de todos.
William padre, recibía una llamada y sonreía al tener nueva información. Solo agregaba
- Nos veremos esta noche en el restaurant de siempre.
Lejos de ahí, Albert se estrenaba como marido. Candy estaba ansiosa por saber si serían cuates o gemelos los pequeños que había vislumbrado la última ocasión. Curiosa de saber si serían niños o niñas, muchos detalles podían saberse en esos momentos de su embarazo, pero algo que la tenía muy emocionada, era que Albert, parecía compartir su ansiedad, sus ilusiones y todo cuanto se trataba de los bebes, o de su embarazo, a tal grado que la consentía y cuidaba como si fuera una verdadera esposa, aun sin traspasar la línea de algunos besos suaves en las mejillas o en la frente.
- Veo que están muy enamorados. Confirmaba con una sonrisa, la doctora Davis. Al ver como él la ayudaba en todo, la cubría para que no se destapara más de lo normal, luego le daba besos en su rostro emocionado por lo que pronto podrían ver.
- Por supuesto, además no los he visto, mi mujer dice que son dos. Candy lo miraba con ternura, fingía que era su marido, pero pareciera que mentir le salía tan bien, que ella misma, se lo deseaba creer.
- ¿Y usted como se ha sentido con esa noticia, señora…?
- ¡Andrew! Mi esposa, es Candy Andrew. En esos momentos, ella se asombraba porque no sabía el apellido de Albert. Y ahora él lo mencionaba por primera vez. Candy sonriendo respondía,
- Estoy muy emocionada, sé que por los meses, pudiéramos ver hasta si serán niños o niñas.
- Esperemos que se dejen ver. La doctora pasaba un poco de gel y ella se estremecía al sentirlo frío, a lo que él la abrazaba por espalda, y le tallaba sus brazos y susurraba, preguntándole si le molestaba,
- No, fue solo el cambio de calor a frío.
- Si sientes incomodidad, dime y te ayudaré en lo que me pidas.
- Gracias… Querido.
El apretaba los labios al saber que ella no sabía mentir y que meditaba como llamarlo, haciendo una sonrisa y besando un costado de su frente. La doctora los observaba y al ver la bonita pareja que formaban, solo sonreía. Pasaba al monitor y ella hacía algunos movimientos para que se viera simultáneamente en la pantalla frente a ellos, y los latidos era lo que a ambos los dejaba embebidos en las sombras que observaban.
- Bien señores, aquí están sus hijos, efectivamente son dos, en bolsita distinta, serán diferentes. Candy meditaba que cuando inseminaban, siempre buscaban dejar más de uno, para que se lograra el embrión, así lograr su propósito, y no comentaba nada, para no delatarse ante la doctora, solo observaba a detalle, escuchando las palabras, desde medidas, tiempo, semanas, avance, sus cabecitas y uno de los pequeños mostraba sus partecitas, dejando claro que sería un niño, mientras el otro no se dejaba ver.
- Son preciosos, no me importa lo que sean, solo que se encuentren sanos, comentaba Albert sonriente y abrazando con ternura a Candy, quien descansaba su cabeza en parte de su pecho y escuchaba el latir agitado del corazón de él emocionado, dejándola agradablemente feliz.
- ¿La noto un poco seria, señora Andrew? Esperemos unos minutos y volveremos a ver si el otro pequeño se mueve y nos dice si es una niña o un niño.
- Eso será imposible, si ambos se mueven, no sabremos a cual veremos. Pero estoy de acuerdo con mi… esposo, mientras se encuentren sanos, es lo mejor que puede decirnos.
- Un intento y si no se dejan ver, lo dejaremos para el siguiente mes.
La doctora insistía, pero el otro embrión doblaba sus pies cubriéndose, así que el pequeño que era niño, se acomodaba fresco y abría sus piernitas asegurándole que él era un hombrecito, mientras que el otro pequeño estaba más ajustado, sin querer moverse.
- Déjelos así doctora, mire que bellos, además mi mujer es muy pequeña, pronto se estará muy ajustados en su vientre, será una sorpresa para cuando nazcan, ¿te parece bien, mi vida?
Candy se quedaba con la boca abierta mirándolo, ella le había dicho querido y el ahora tomaba por tratarla con otra palabra distinta. Como se le quedo viendo, ella cerraba la boca y volvía a lo que había dicho, para responderle,
- "Si, mi amor." Y hacia una sonrisa, de "también puedo" Haciendo que el sonriera abiertamente.
La doctora se creía todos los detalles y le pasaba toallas para limpiar el vientre, a lo que él lo hacía con tiernas caricias, hasta ayudarle a subir su prenda interior y bajarle el vestidito para cubrirse. Después acomodarle las piernas y sin esperarlo, tomaba sus labios, dándole un beso suave, colmado de ternura, para finalizarlo con una sonrisa y un suspiro de satisfacción, mientras ella se quedaba absorta por lo que había hecho.
La doctora los interrumpía con la impresión de las tomas que había realizado y comentaba la fecha de la próxima cita, dejando que el padre pasara a pagar la consulta, mientras Candy recibía la receta y las condiciones para el siguiente mes, con las vitaminas a continuar.
Al salir, Albert la abrazaba, acompañándola con una sonrisa, así ella continuaba un poco meditabunda, por lo que había pasado.
- ¿Quieres que salgamos a comer? Preguntaba Albert mostrándose muy contento, ante lo que había visto,
- No, Albert, hemos gastado mucho y… pagaste la consulta, ¿Cuánto fue?
- No fue nada, todo está bien. Los pequeños siguen creciendo ¿Y tú, te encuentras bien? ¿Cierto?
- Albert, ¡Me besaste!
- Eres mi novia, ¿No te gusto, que lo hiciera?
- No es eso, es que… nunca había besado a nadie, yo…
- Lo siento, ¿quieres a alguien más, Candy?
- No es eso, es solo que… no lo esperaba. Yo no quería comprometerte, deseaba que fueras más libre y… no colmarte con responsabilidades…
- Responsabilidades, que me agradan. De pronto se detenía, le tomaba la barbilla, y comentaba, - ¿Puedo volver a besarte?
- ¡eh!
Albert tomaba sus labios, esta vez con más confianza, no con tanta ternura, sino con deseo de probar su boca. A lo que ella se dejaba llevar, para luego responder a los movimientos que le daba con sus labios. Al ver que ella continuaba, el profundizaba más el beso, estrechándola a su cuerpo, feliz por continuar respondiendo a lo que había iniciado entre ambos.
Cuando les faltó el aliento, ambos se separaron, pero el continuaba con tiernos besos en su rostro, sin poder expresarle todo lo feliz que se sentía, al haber visto a sus hijos, en su vientre, completos, sanos y uno de ellos era un niño, que parecía reclamar espacio en ese lugar, jugar y hasta moverse de un lado a otro, haciéndolo sentir tan lleno de vida, mientras el otro se acurrucaba, tal como ella, al estrecharla a su cuerpo, deseando que no la soltara.
- Sabes, Candy. Creo que el otro bebe será una pequeña como tú. Con tu ternura y tan dormilona que no querrá moverse.
- ¡Albert!
- ¡Uno, es niño!
Ambos se reían al recordar, pero ella no podía olvidar, lo que acababa de pasar, el súper beso que le había dado, y no frente a la doctora, sino ya afuera, ahora si eran novios oficialmente, ella le había devuelto el beso.
Un capítulo más de esta bella historia,por la cual, me vienen correteando para que la escriba, ofreciéndome detalles, con tal de que continué nos solo con este, sino con más capítulos, cuando ya es tarde y debo continuar con mis deberes :D
Un sincero abrazo a la distancia,
Mayra Exitosa
