― Buenos días Caster ―
Aquellas palabras llegaron como un golpe a la cabeza de la mujer.
No hubo movimiento de ninguno de los dos.
Ambos, Caster y Archer se quedaron viéndose por unos instantes.
― Buenos días Archer ―Emiya observó a la mujer ahora con otros ojos.
La voz de Caster fue mucho, mucho más hueca que nunca. Era la primera vez que le hablaba a Archer con ese todo después de todo el tiempo que llevaban juntos.
― Supongo que era algo previsible que en algún momento volvieras ¿No? ―Archer sonrió con sorna viendo a la mujer.
Caster estaba quieta, sin saber que decir, era como si en cualquier momento, cualquier acción que hiciera, ocasionaría que su cabeza rodara.
― Te ves muy pálida, mi señora ―la voz de Archer fue con burla, Caster se enojó, movió su cabeza y abrió la boca como para responder.
Una espada pasó a lado de su cabeza mientras que se incrustaba en la pared detrás de ella.
― Supongo que debes saber como lograr que Medea, la agradable y amable persona que estaba en ese cuerpo, vuelva ―Caster se quedó quieta viendo al hombre.
¿Cómo decirle que ambas eran un solo yo actualmente?
― ¿Qué viste? ―la pregunta de Archer vino con curiosidad.
Caminando alrededor de la habitación, llegó hasta la mesa de la habitación donde se encontraba una jarra con y dos vasos.
― ¿Ver? ―otra espada pasó ahora cortando parte de la mejilla de Caster.
Un pequeño chillido de sorpresa salió de la garganta de la mujer.
― Creo que no estas entendiendo bien tu posición ―Archer habló con tranquilidad mientras que terminaba de servirse el agua en el vaso y daba un sorbo.
― ¿Mi posición? Crees que no sé como funciona esto ¿Verdad? Tácticas de miedo para poder conseguir verdad ―Caster sonrió viendo al hombre. ― Me necesitas, quieres a tu muñeca, por lo cual no vas a lastimarme en sí ―Caster sonrió mientras que caminaba hasta estar frente al hombre.
La confianza volvió en Caster.
Y más cuando el hombre le tendió el vaso con agua.
No dudó en tomar el agua del vaso.
Solo para que un sonido de algo golpear sonase poco después.
La boca de Caster se abrió cuando el agua que tomó junto con el contenido de su estómago salió al suelo.
Archer le acababa de golpear fuertemente.
― Creo que no estas entendiendo bien como funciona el mundo a mis ojos ―las palabras del hombre fueron seguidas de un jadeo de parte de la mujer que estaba en el suelo.
Caster pataleó, se retorció en el suelo en busca de un vano intento de aliviar el dolor.
Poco después.
El aire por fin había vuelto a los pulmones de la mujer.
― Tú…―la mano de Archer fue y agarró el cuello de la mujer, alzándola con facilidad sobre su altura.
Archer se sentía mal, algo dentro suyo le gritaba no, pero de igual manera siguió.
Cumplir el objetivo.
Algo que tenía arraigado en su ser de tal forma en que no había una forma en la que no pudiera dejar de intentar cumplir siempre cada objetivo.
― Obviamente, quiero protegerte, si esto hubiera ocurrido hace un año o quizá un par de meses, te hubiera cortado la garganta sin que pudiera saber que pasó ―Caster empezó a arañar la mano del hombre.
Caster se sintió lastimada, no de forma física, aquella situación era algo lo cual sentía odio, por el hecho de que algo como si el hombre la estuviera traicionando.
Mientras los segundos pasaban con Archer ahorcándola, los intentos de arañar siguieron.
Era como intentar arañar un trozo de acero.
― ¿Llamas a esto…piedad? ― las palabras de Caster salieron con dificultad.
La mano del hombre se abrió para hacer que la mujer cayese en seco en el suelo.
Un ruido sordo, sin ceremonias, solo una caída que demostraba lo mortal que era ella, tan humana.
Un largo jadeó salió de la boca de Caster cuando el aire volvió a su cuerpo.
Una parte de ella estaba feliz de que el hombre realmente la soltase, otra furiosa con ganas de matarlo, todo esto, cada cosa que el hombre hacía le hacia recordar que ahora era solo una cosa tonta y sin valor…
Tan débil.
Lagrimas empezaron a salir de los ojos de Caster.
Fue en ese momento, que en todo lo que llevaba la discusión.
El semblante de Archer cambió.
Intentó extender la mano y tomar a la mujer, quería ayudarla, quería cuidarla quería evitar que aquella expresión de disgusto siguiera, pero él mismo se reprimió y apretó el puño.
Caster vio eso.
Posiblemente la persona que más estaba en conflicto actualmente era el hombre. Entre lo que odiaba y que no quería, junto con lo que quería guardar.
Antes había dicho que era un guardián.
Quizá ahora era más posible entender el porque aquel cargo del hombre, Archer solo podía mirar con frustración y enojo consigo mismo para intentar ayudar a la mujer que se suponía que estaba siendo una traidora.
Caster sabía algo y le creía con toda la razón de que no hubiera dudado en matarla si es que no importase.
Después de todo.
Para alguien que veía la vida humana como algo tan simple como un grano de arena no era para jugar aquel revolcó de sentimiento.
― ¿No pudiste pensar en algún momento que ambas somos una? ―Caster lo sabía, que no era del todo cierto, estaban juntas ambas sí, pero no de la forma en la que daba a entender.
Pero de igual manera tuvo un gran impacto aquellas palabras para Archer.
Siendo que el hombre abrió la boca con sorpresa y un pequeño deje de miedo nació en los ojos del hombre, un deje de horror que Caster sintió como si fuese un golpe para ella misma.
¿Qué tan hipócritas podían ser ambos?
Emiya no quería dañar más.
Esa era la palabra que siempre se repitió como un mantra desde que llegó aquí.
Pero no dañar, también significaba no salvar.
Un mundo de hipócritas.
Perfecto para el mayor hipócrita de la historia.
― Solo…―Archer se arrodilló frente a Caster y la abrazó. No era un abrazo de forma romántica, mucho menos algo que buscase expresar algo.
Era solo una forma de tener algo en frente suyo para evitar sentir que todo aquello no era real.
La paranoia de haber pasado tanto tiempo solo en tantos campos de batalla nació.
Caster no entendió el abrazo.
No entendió nada de lo que pasaba.
¿Por qué?
¿Valía la pena devolver el abrazo?
Quizá en otro momento. Ahora ella misma no sabía ni quería.
― Te vi siendo colgado frente a un desierto lleno de muerte ―un bufido salió de Archer cuando Caster mencionó aquello. ― Estabas cansado, molesto, tu cuerpo estaba destruido, a tal punto que lo odio, las personas que te trataban como basura, quería matarlas, pero era solo un misera recuerdo incluso en ese estado tan reducido, pero a pesar de todo, cuando ibas a morir sonreíste…―Medea se separó del hombre para luego ver el rostro de este.
Un rostro plano, no había emoción en sí.
Una máquina.
― Cuando te vi morir, estuviste feliz, una felicidad que no puedo comprender, posiblemente lo que vi no fue tu muerte, si no el momento más feliz de toda tu vida ¿No? ―Emiya no dijo nada ante aquellas palabras.
Se puso de pie y camino hasta la cama que estaba allí y se sentó en el borde casi como si la invitase.
Caster no se movió, se quedó quieta sentada en el suelo y sin hacer ningún movimiento.
― Cuando morí, pude hacerlo, por más tonto y minúsculo que pareciera en ese momento, cumplí lo que prometí a un tonto que anhelaba felicidad, cuando iba a morir, iba a pasar a ser el ideal que siempre soñé, no, que siempre él soñó, aquel ideal que siempre deseé, el que mi padre siempre quiso ―las palabras de Emiya fueron calmadas.
Ahora Medea tenía curiosidad.
― ¿Un ideal? No te vi como alguien soñador, Emiya ―las palabras salientes de la boca de la mujer fueron recibidas con una risa de parte del hombre. Una hueca y sin humor.
Como toda expresión de alegría que había mostrado el hombre hasta ahora.
Medea se sintió triste, y sobre todo impotente, a pesar del odio, a pesar de la furia y rabia.
El hombre frente a ella le importaba demasiado al final de todo.
― No, quizá ahora mismo no parezca alguien que viva por un sueño, no, creo que ahora solo vivo por el remanente de aquel ideal tonto, bruja de la traición, quizá un nombre dado por que los dioses te traicionaron ―las palabras de Emiya hicieron que Medea parpadease.
― Conozco mi historia, pero por lo que vi de la tuya ¿Qué eres? No voy a preguntar el quien, porque no tiene sentido, lo sé, no eres humano ―las palabras finales de Medea sacaron una sonrisa pequeña y controlada en el rostro de Emiya.
Fue una de las pocas sonrisas sinceras que el hombre dio al paso de los años.
― Lo sé, desde el día en que me forjaron nunca pude tener lo mismo que un humano ―
― ¿Forjaron? ¿El fuego con los cientos de muertos? Eras ese niño en medio del infierno…―Medea preguntó ahora con desconcierto y susurró la parte final.
Desconcierto que pasó a miedo.
Miedo por el hecho de que lo que se creó dentro de aquel mundo de dolor.
No estaba destinado a una cosa.
Vivir.
― Soy una espada, eso es solo lo que puedo ser, una espada que esta hecha para una única cosa, olvídate de intentar dar el monologo de "Las espadas también pueden proteger" ya conozco el final de esa historia, soy una espada hecha para terminar el mal, un aliado de la justicia, un héroe de la justica ―Emiya se puso de pie y miró a la mujer desde arriba.
― El ejecutor de la justicia, el único y verdadero aliado que tiene ―
Fue como si una revelación naciera frente a Mede, después de aquel pequeño monologo del hombre
― Héroe de la justicia, la era moderna, Grecia, Roma, aquella esfera de luz, un Counter Guardian…―las ultimas palabras de Medea salieron con sorpresa.
Sorpresa que paso a horror.
― Nosotros no nos encargamos de salvar a la humanidad, cuando pasa algo malo y que puede ocasionar la muerte de millones- ―Emiya fue interrumpido.
― Van y eliminan la variable que puede ocasionar el desequilibrio, eres un verdugo de Alaya ―las palabras de Medea salieron con más miedo de lo que ella hubiera gustado.
Pero no era para menos.
Conocer a un Counter Guardian no era signo de felicidad, no, siempre fue lo mismo.
El símbolo de la muerte.
― Hay más usos de nosotros que los de eliminar objetivos, hay algunos de mi clase que se especializan en objetivos individuales, objetivos materiales, pero no, yo no quería hacer algo como eso, yo quería ir más allá del umbral, quería ser el pináculo de la justicia misma, no solo su aliado, el héroe que lo representa, y fue en ese punto de mi contrato que caí en lo más bajo, no era solo matar a unos pocos para salvar unos pocos más, pasó a ser matar cientos, miles, millones, a un punto en el cual me dejó de importar matar ―Emiya se detuvo y alzó la cabeza y extendió los brazos. ― Pensé que, si abrazaba esa realidad, a Alya como tal, podría llegar a un final feliz para todos, pero ¿Por qué los humanos se odian tanto? ―Emiya bajó la cabeza y vio a Caster que estaba quieta la mirada gacha y temblando.
La mujer se estaba sujetado el estómago con fuerza.
El arrepentimiento llegó a Emiya al instante del recuerdo pasado.
Ira.
Una emoción que era lo poco que le recordaba su humanidad.
Tres anillos cayeron al suelo frente a Medea.
El hombre no dijo nada antes de agacharse y tomar la mano de la mujer.
Medea alzó los la vista de los anillos en el suelo para ver al hombre ahora en cuclillas frente a ella.
Emiya tomó con suavidad la mano de la mujer antes de ponerle los anillos.
― No puedo hace nada perfecto, si fueran los originales, solo bastaría uno para que te curase de inmediato ―la tranquilidad con la que dijo eso hizo que Medea supiera que no era la primera vez que hacía algo por este estilo.
Solo…
A quien…
La mujer parpadeó con sorpresa ante aquello.
¿Qué hacía pensando en eso en esta clase de situación?
― Supongo que salvaste muchos más de los que mataste al final ―la respuesta de Medea fue estúpida, eso fue lo que se dijo mentalmente.
― De hecho, sí, pero ¿A qué costo? Vi la sonrisa de niños y mujeres que querían vivir un día más, pero solo entraba y hacia lo necesario para hacer dos cosas, o asegurar la supervivencia de un bando o terminarlo personalmente, siempre en guerra, siempre entre muerte ¿Sabes? Como hablar de la perdida de vida de alguien acaba de perder importancia ¿Sabes por qué? Es lo mismo ahora, de tanto que hablamos ahora de ello ―Emiya comentó con tranquilidad.
Que Caster no estuvo de acuerdo.
― La muerte siempre se siente, nunca es algo lo cual se pueda tomar a la ligera, la carga de alguien, de un asesinato, se lleva para siempre ―era una de las razones por las cuales no podía dejar de pensar que el hombre era lo peor.
Le quitó su futuro cuando fue convocada, su voluntad, cuando recuperó la memoria aquí, y la dignidad cuando estuvo tan cerca de él y ni siquiera quería, pero a la vez lo deseaba.
Como Medea ella apreciaba demasiado a Emiya, un afecto que crecía a cada día por años.
Más aquel pensar y sentir poco a poco se filtró dentro de Caster.
Al final ambas eran lo mismo.
Medea…
― Que es lo que quieres de mi ―las palabras de Mede hicieron que el hombre se detuviera de poner el ultimo anillo.
Archer cerró los ojos unos instantes como si calculase que era lo que quería decir.
Más en su cabeza siempre tuvo la respuesta.
― Vida ―la respuesta del hombre confundió a la mujer.
― ¿Vida? ―
― Vivir, quiero vivir, hubo un punto en el cual solo deseaba mi muerte de forma en la que no quedase rastros de mí ―
― Eso es…triste, esto es debido a tu deseo ¿No? ―
― Puede ser, en un punto en la guerra, contacté con un idiota que me hizo ver otro punto de vista de mi situación actual ―
― El chico pelirrojo…el joven que tenía el mismo apellido ¿Eres su ancestro? Tu magia y la suya es exactas- ―Medea se detuvo al ver la expresión de diversión del hombre frente a ella. ― ¿Qué es lo divertido? ―Medea infló las mejillas ante aquello.
― Adorable ―Emiya exclamó mientras que extendía una mano a la mujer que no se había levantado.
Medea lo dudó unos instantes antes de dar un último suspiro y tomar la mano del hombre.
― No tiene sentido mi actuar ahora ―las palabras de Medea hicieron que un bufido de diversión saliera del hombre.
Poniéndose de pie Medea sintió como las manos de Emiya iban a sus propias manos. Medea alzó una ceja ante aquello.
Tomando las manos de la mujer, subió hasta que hizo que las manos de Medea tocasen su rostro, Medea no entendió aquello.
Pero poco a poco, las manos del hombre guiaron las manos de Medea hacia un poco más abajo.
Haciendo que las manos de Medea queden como si estuviera listo para estrangular al hombre.
― ¿Qué es esto? ―la pregunta no salió como un quejido o como sorpresa.
Fue una exclamación de enojo.
La sonrisa pacifica en el rostro de Emiya creció antes de mirar fijamente a los ojos de la mujer.
― No quiero matar, pero tampoco es como si pudiera hacer más, no importa si tienes miedo, o si sientes odio, al menos, si puedo salvar a una persona que llegué a reconocer su importancia después de tanto tiempo, voy a estar feliz ―las palabras del hombre hicieron que los ojos de Medea se abrieran.
Lo que estaba proponiendo Emiya.
Era que ella lo matase para que no sienta ningún mal rencor por él.
Auto sacrificio.
― Hay una cosa que me sorprende que no entendieras, y es que ese chico que viste, ese tonto idealista, no es mi descendiente, es un placer hablar contigo una vez más Caster, la primera vez que nos vimos mataste a todos los de mi alrededor y me quitaste las posibilidades de seguir en la guerra del santo grial ―los ojos de Caster se abrieron.
Ante las posibilidades.
Esto era absurdo.
― Eras ese chico…―Medea retrocedió un paso ante aquello.
Pero lo único que evito que se cayera o retrocediera de verdad fue que las manos del hombre ajustaron con fuerza las suyas.
― No me gusta llamarme por mi nombre, para mí, Shirou Emiya está muerto, lo está hace mucho tiempo, no, creo que jamás vivió, pero no importa, es un placer, Medea ―la sonrisa arrogante en el rostro del hombre vino cuando el rostro de la mujer se puso pálido.
― Esto debe ser una broma ―las palabras de Medea fueron casi como un susurro de incredibilidad ante lo que mencionado.
― Quizá no lo descifraste porque no querías pensar más mal sobre mi ser, no me sorprende, sé que me tienes afecto, no soy ciego, ya no ―las palabras del hombre eran tranquilas, tanto que hacía que Medea sintiera como si estuviera siendo analizada.
― Yo… ¿Te eliminé de la guerra? ―la pregunta de Medea hizo que una risa saliera de Emiya, una risa que casi parecía como si fuera genuina.
― Elimina ¿Dices? Oh, más que eso, yo fui quien encontró que tu titulo en su momento no era solo un adorno ―las manos del hombre se ajustaron a las de la mujer haciendo que está no se pudiera separar. ― Casi no puedo recordar nada de cuando estaba vivo, solo pequeños detalles, pero hay cosas las cuales no puedo olvidar, como me quitaste a Saber, me dejaste medio muerto, solo para que al final murieras frente de mí, con Saber protegiéndome a ti y a mí, una vista que me dejó incluso más vacío de lo que alguna vez pudo ser ―Archer le sonrió a Medea.
El rostro de la mujer iba cada vez más a una expresión ilegible.
― ¿Yo hice eso…? ―Fue tonto de preguntar.
― Lo hiciste ―una tonta respuesta ante una tonta pregunta.
― ¿Te traicioné? ―una sonrisa delicada salió en el rostro de Medea.
Una sonrisa torcida salió en las facciones de la mujer, el cabello de la mujer se cayó hacia el frente, haciendo que un mechón tapase parte de su cara.
― Oh, de la manera más vil posible, pero no importa, te he matado tantas veces que no te lo imaginas ―la respuesta de Emiya hizo que las manos de Medea se abrieran y la expresión de la mujer se quedase en blanco.
― ¿Qué? ―Medea preguntó de la nada.
― Viste lugares en los cuales no debería estar, soy un Counter Guardian, voy por todo el tiempo, por todo lugar, en cada momento en los que se me necesite, prácticamente vivo por los humanos, hubo más de un caso en los que tú como la princesa y siendo alguien en tu tiempo, hiciste cosas que iban más allá de tu mito mismo, en esos casos, ya no era cuestión de esperar que te matasen, era tiempo de enviarme ―una sonrisa nerviosa salió en el rostro de Medea.
Un sudo frio bajó por la frente de la mujer cuando las palabras del hombre salieron con tanta familiaridad y tanta facilidad que fue algo que le hizo cuestionarle algo.
― No es la primera vez que tenemos está charla ¿Verdad? ―
Los ojos del hombre se entrecerraron, y para Medea, fue posible ver algo nuevo de parte del hombre.
Una sonrisa de diversión.
Pero la mirada que le daba Emiya era todo menos amigable.
― Oh, créeme, es la primera vez que tenemos esta conversación con tanta familiaridad, normalmente suele ser cuando te corto los brazos y las piernas o te decapito, o si quiera que estás viva, aunque no lo parezca, me enviaron muchas veces por versiones tuyas, no solo tuyas, hay cientos de versiones deformadas de ustedes, héroes con nombre y cara ―Emiya sintió las manos de la mujer apretar su cuello por primera vez desde que las dejó ahí.
La mirada de Medea era de confusión, había signos de odio, signos de desprecio, miedo, horror y desagrado.
La botella que contenía las emociones de la mujer se abrió como si fuese un caño roto.
La presión hizo que la mente de la mujer divagase.
― ¿Qué es la vida para ti? ―la pregunta de Medea hizo que Emiya cerrara los ojos ante aquello.
― Es una pregunta muy difícil de responder, posiblemente no tengo nada que llamar "vida" como un signo como tal ―las manos de la mujer se cernieron con más fuerza.
Una sonrisa de alegría emergió en el rostro de Emiya.
Medea vio sus manos que habían estado apretando el cuello del hombre.
De un empujón.
Ella derribó al hombre y lo dejó acostado sobre la cama y ella sobre él a horcajadas.
Un circulo se formó al lado de Medea.
Iba a ser un golpe directo si lo decidía en cualquier momento.
Medea apretó los dientes cuanto algo raro se sintió alrededor de sus dedos en el cuello del hombre.
Era leve, casi imposible de ver.
Pero allí estaba, la marca de la muerte del hombre, unas marcas que fueron quemadas por la soga que lo asesinó ante aquel paramo lleno de muerto.
― ¿Qué quieres de mí? ―ahora no era una voz molesta, o algo parecido de parte de Medea.
Lagrimas salieron del rostro de la mujer lo saturada que era aquella situación.
― Vida- ―
Un destello purpura salió al lado del rostro del hombre.
La cama quedó con un agujero en ese lugar ante aquella acción de la mujer.
― ¡Deja de decir eso como si fuese más que un chiste! ¡Ni siquiera sabes que significa vivir! ¡Es por eso que estuviste tan feliz al morir! ―los ojos de Emiya se abrieron ante las palabras de Medea.
¿Feliz por morir? ¿Al no saber cómo vivir?
― Actúas como si lo supieras todo "Oh por favor ¡Llévenme de aquí! ―Medea imitó la voz del hombre para luego alzar la cabeza y mostrar un signo de burla.
Todo aquello mientras que los ojos la mujer se volvían rojos.
― ¿Ahora estás enojada? No es sorpresa que esto te afecte, pero algo como vivir viniendo de la mujer que mató a sus hijos es sorprendente ―
Un gritó de rabia salió de Medea mientras que empezó a estrangular al hombre.
Fue en aquel instante en que la fuerza de la mujer fue con todo a sus dedos y brazos.
En aquel arranque de ira y conforme el hombre iba cerrando los ojos.
Medea vio la sonrisa naciente en el rostro de Emiya.
"Los salvé"
Aquel susurro le llegó a su cabeza.
Medea entendió ahora.
Dejó de hacer presión en el cuello del hombre para luego empezar a jadear. Medea posó sus manos en pecho de este mientras que recuperaba aliento.
― Bastardo… ¿Realmente crees que esto me va a salvar? ―la pregunta de Medea se ganó la primera cara de confusión verdadera de Archer.
Medea sonrió para sí misma.
En aquel pequeño intervalo estaba sacando reacciones humanas de aquella máquina.
― ¿Salvar? ―la pregunta del hombre salió algo ronca.
A pesar del intento de estrangulamiento.
No hubo signos de dolor o fuerza en el hombre.
Medea volvió a arrugar el rostro con frustración absoluto.
― Solo…! ¿Cuánto te gusta sufrir?! No, posiblemente ni siquiera sabes que es dolor o sufrir ―una sonrisa de burla salió de Medea ante aquello.
Ambos se quedaron en un silencio incomodo por unos instantes.
Lo único que se escuchó en la habitación fueron leves jadeos de llanto de parte de Medea.
Emiya no entendió como era verla actuar así, tan…humana, tan llena de emociones tan viva, de una manera la cual podía sentir que realmente la mujer se preocupaba por él.
Pero ante aquella en la mente del hombre le nacía la pregunta del porque estaba preocupada ella en primer lugar.
Con cuidado extendió una mano hasta el rostro de Medea y le tocó la mejilla.
― ¿Por qué sufres? ―la pregunta de Emiya hizo que Medea diera un último bufido.
― ¿No es obvio? No quiero que te lastimes ―la frustración ahora salía en la voz de la mujer.
― ¿Lastimar? ―fue una duda genuina de parte del hombre.
― Sabes, estoy empezando a creer que nunca experimentaste si quiera afecto ¿No puedes ver cuando las personas se preocupan por ti? ―la pregunta de Medea hizo que Emiya baje su mano para soltar un suspiro.
― Conozco eso, puedo entender como procesan eso, pero, no, no lo siento ―Emiya cerró los ojos pensando en eso. ― Conozco y se identificar todo lo que dijiste, sé que sientes, sé que me quieres más de lo que vas a aceptar, pero ¿Es eso así al final? ―Emiya preguntó mientras que se sentaba.
Ahora Medea estaba sentada en el regazo del hombre.
Ambos estaban sentados cerca uno del otro.
Medea bajó su cabeza contra el pecho del hombre.
― ¿Realmente odias tanto tu existencia? ―
― Si pudiera elegir vivir para siempre y no tener que matar a un humano más, lo haría, pero eso no va a pasar, lo sé, porque para mí eso está excluido ¿Qué va a pasar si salimos de esta conversación? ¿Vivo mi vida al final para morir y volver con Alaya? ―Medea se quedó muda.
Era cierto lo que decía el hombre.
No había una forma de hacer que desapareciera algo tan grande como un contrato con un concepto mismo.
― ¿Al menos no quieres aprender a vivir? Dices que estar conmigo es vivir, pero no sientes nada de eso ―
― Siempre me pregunté, si aprendiera más sobre cómo se siente la felicidad, la tristeza y el gozar ¿Cuándo vuelva a mi colina estaría aún más roto? ―Medea alzó la cabeza ante la comprensión de algo.
― Tienes miedo…―el susurro de Medea hizo que el hombre alzara una ceja. ― Y sobre lo de que quererte…te considero aceptable, quizá mi yo más…joven, le gustase lo del beso y estar contigo, pero ahora somos uno…y…―Medea no sabía que decir.
El odio y el afecto chocaban tanto en su cabeza que no entendió que hacer.
Una suave risa se escuchó a su lado.
Medea miró al hombre y vio algo que solo había visto una vez, y esa vez ni siquiera fue por haber vivido una nueva vida.
El pelo caído hacia el frente con una sonrisa inocente hizo que la presencia pesada del hombre se fuera al instante.
Un semblante cálido y feliz apareció en el rostro de Emiya.
― Siempre eres la misma…―la sonrisa del hombre hizo que Medea se quedase con la boca abierta.
Ella no supo porque una lágrima se asomó de su ojo.
― Supongo que por ahora voy a hacerte caso ―
Un jadeo salió de Medea cuando un brazo la tomó de la cintura y la levantaron de golpe.
― ¿Qué demonios haces? ―la duda en la voz de la mujer estaba presente, pero combinada con curiosidad e interés.
― Esta habitación está arruinada, vamos a otra ―
― ¿Y por que me estas cargando como un saco? ―una leve molestia se presentó en Medea.
Pero la vergüenza, junto con el interés le ganaban a aquel sentimiento.
― Vas a tomar un baño obviamente primero ―la voz calmada del hombre hizo que Medea parpadease con sorpresa.
― ¿Qué? ―
― Hice que te ensucies con todo eso lo de hace un rato, no es por nada, pero apestas ―Medea se indignó ante aquello.
― Tu…―la rabia ahora salía de la voz de la mujer.
Pero una leve risa hizo que se calmase.
― Estas mucho más calmado que antes…tus hombros están menos rígidos ―Medea habló haciendo que el hombre tarareara.
― De hecho, no tengo más el sentimiento de que alguien me va a matar mientras que duermo ―
Ruidos de bruja indignada.
― ¡Eres tú el que era el peligro siempre! Eres demasiado paranoico ―Medea se cruzó de brazos, siendo aún cargada por el hombre.
― Y tu eres alguien que por si sola no hace mucho a menos que se le dé mucho tiempo ¿Cuántos años llevamos juntos cariños? ―
― Tu- ―Medea se detuvo ante aquel apodo. ― ¿Puedes dejar de jugar así? Llevas más de dos años molestando a mi otro yo o yo misma, o nosotros… ¡No lo sé! ―la frustración era palpable en la mujer.
Pasando una puerta, ambos entraron en otra de las habitaciones preparadas para la mujer.
Siendo noble de alto rango, era curioso como se tenía más de una habitación preparada para su uso.
Emiya bajó a la mujer en uno de los sofás de la sala.
Medea se cruzó de brazos al instante y soltó un bufido.
― Voy a preparar el agua, espera aquí ―
Un rechistar salió de la mujer cuando el hombre salió caminando.
Emiya cerró la puerta detrás suya y esperó unos segundos antes de cerrar los ojos y llevar una mano a su rostro.
Realmente.
Él quería vivir.
¿Pero realmente significaba algo para él seguir con una consciencia?
Emiya deseó en más de una ocasión que dejara de sentir todo, que nadie le dijese que estaba haciendo, o que él mismo no se dijese lo que hacía. Si bien como un guardián de la humanidad hizo todo a su alcance para poder salvar a toda persona posible.
¿Qué importaba ahora si seguía con su trabajo o no?
Emiya caminó hasta la bañera y abrió el grifo.
El agua empezó a correr con tranquilidad.
Preparó las cosas alrededor de esta antes de dejar que el agua siga fluyendo.
Se quedo unos instantes viendo su reflejo en el agua.
¿Era su cara de siempre?
El ceño fruncido casi perpetuo no estaba ahí, pero también, estaba una mirada más podrida de lo normal, antes no había brillo ahí.
Ahora había un pequeño deje de humanidad naciente en él.
Una pequeña sonrisa de lado salió en el rostro del hombre.
― Esto es estúpido ―susurrando aquello metió su mano en el agua y sintió el calor del agua.
Era perfecto.
Poniéndose de pie caminó hasta la puerta grande que conducía a la habitación principal.
Medea estaba mirando el techo del lugar, viendo la araña de techo que iluminaba la habitación.
Un bufido de diversión hizo que la mujer se girase y mirase donde salió el ruido.
― ¿Ya está? ―Medea preguntó mientras que se paraba, caminó hasta el baño y entró con tranquilidad.
Lo único que no entendió la mujer.
Era porque el hombre entró también detrás de ella.
― Esto… ¿Qué demonios haces aquí? ―vergüenza y curiosidad surcaba la mente la mujer.
― ¿No es obvio? Te voy a ayudar ―la respuesta simple de Archer hizo que Medea sonriera con nerviosismo.
― ¿Sí? ―la interrogante salió de Medea haciendo que ella no se quede quieta.
El hombre ya había caminado hasta ella para ayudar a desprender la parte trasera del vestido.
Medea dio un paso ante aquella acción con el rostro rojo y cayó de lleno en la tina.
― ¡¿Qué haces?! ―Medea ahora tenía el rostro rojo.
Vergüenza e ira.
Siendo por vergüenza por el hecho de lo que pasaba con el hombre, e ira por como este se burlaba de ella.
― ¿No te gusta? ―
―…―Medea abrió la boca como para responder, pero al instante no encontró palabras saliendo de su boca.
El hombre hizo una expresión que ni si quiera intentó esforzarse que estaba escondiendo su falsa sorpresa.
― Bastante indecente para una princesa como tú ¿O es duquesa? ―Medea alzó sus manos y vio como estaba totalmente mojada.
Realmente estaba odiando el perdonar al hombre.
Al cabo de minutos.
Medea no entendió dos cosas.
Como ahora ella estaba acurrucada en la tina con el cabello recogido.
Y como el hombre le estaba lavando la espalda.
― Pareces más feliz de lo que esperé por esto ¿Alguna vez escuchaste el estereotipo de los elfos? ―Medea alzó la cabeza para ver al hombre.
― No quiero ni saber que pasa en esa cabeza corrupta tuya, eres desagradable, engreído, alguien que le encanta burlarse de los demás, los contratos, y mentir ¿No eres un demonio verdad? ―
― El que la princesa de Cólquida me llame así hace que mi corazón duela ―
― Dudo que tengas eso ―
― Duele…―
Medea rodó los ojos ante las burlas del hombre.
Aquello no iba a llegar a ningún lado.
Medea hundió su cabeza en la bañera para dejar que el hombre siguiera.
Más que lavado estaba haciendo un masaje.
Estirando las piernas y dejando que la vergüenza fluya con el agua, Medea dio un suspiro.
Medea jugueteó con los dedos de sus pies, viendo el esmalte negro de estos, aquello antes de extender los brazos que habían estado sujetando su pecho y dar un suspiro
No es como si fuese la primera vez que el hombre la veía desnuda, pero sí en esta clase de situación.
― ¿Por qué eres tan bueno en todo lo que respecta a lo domestico? ―
― ¿Es importante? ―
Medea alzó la cabeza y vio al hombre de frente.
Hubo un impulso de ambas partes de sí misma, una que dudaba y la otra que quería hacerlo.
Fue solo algo corto y casi espontaneo.
Pero aquello fue suficiente para hacer que el hombre se quede con la expresión más confundida que había visto en todo lo que llevaba conociéndolo.
Dos años de interacciones repetidas, cada momento, cada acción entre ambos, cada momento de amabilidad, el que de verdad se interesase por su seguridad.
Le tomó meses perdonar, y solo ahora estaba empezando a aceptar.
Medea no lo llamaría amor, tampoco algo tan leve como un interés amoroso pasajero.
Era algo intermedio.
Fue por eso que ese pequeño beso que fue el primero de verdad de ambos hizo que todo lo que Emiya pensara del mundo se rompiera.
Lo único que podía pensar.
Era en maldecir su suerte.
De encadenar a una bruja.
Y bueno, no sé que poner, quizá más tarde me arrepienta lo que escribí, pero me gustó, creo que le di demasiadas vueltas al asunto por ocho capítulos para esta interacción ¿Creo que está bien? Lo sentí yo mismo algo fuera de lugar, quizá reescriba el capítulo una vez más.
Pero el chiste es que van como seis veces ya.
Como sea, espero que estén bien y que les guste esto, no sé que me fumé ahora para este capítulo, espero que esté bien estructurado.
No sé, siento por un lado que llevo ocho capítulos seguidos con interacciones seguidas y con sentimientos poco a poco encontrados por ambos, pero a la vez me genera duda. Espero que esté bien esto.
Porque realmente no sé que hacer sino, como sea.
Les deseo lo mejor y espero que disfruten del capítulo.
Rey de picas fuera.
