Esdeath caminó con tranquilidad en el castillo de la duquesa. Fue bastante acogedor el lugar, le gustaba, fue un lugar en donde sabía que podía estar tranquila y a gusto.

Buena comida, buena atención, por no decir que los empleados si bien le tenían miedo, no actuaban a acorde a esa emoción. Para Esdeath, aquel lugar fue uno de los mejores en los cuales se había hospedado.

El sonido de música llegó de una de las habitaciones cercanas. Ella tuvo curiosidad.

¿Quién podía tocar el piano en aquel lugar? Lo más probable que por el sonido tan suave y armonioso es que fuese un músico consumado.

Dando unos pasos hacia la sala cercana, vio la puerta que separaba a su destino.

Abriéndola con lentitud para no asustar a la persona que estuviese tocando el instrumento, Esdeath ingresó en la habitación y no pudo evitar levantar una ceja ante lo que vio.

Emiya, tocando el piano con bastante precisión para dar a denotar.

¿Qué era aquello? Fue raro ver a alguien como él tan centrado en algo como esto…

Ella iba a tener su cita con él hombre más tarde, por lo que encontrarse como ahora fue solo una coincidencia que no esperó.

La música no se detuvo, no paró ni dudó. El hombre tenía los ojos cerrados y una expresión tranquila, parecía por primera vez Esdeath estaba viendo el rostro del hombre…

Tranquilo.

Los ojos de Esdeath se abrieron ante aquella realización. Si bien Emiya no daba el aura de buena persona o algo parecido, estaba allí, ese pequeño deje que le daba la curiosidad, y con esto, con la realización de que todo este tiempo, el hombre no estuvo en paz hasta ahora.

Fue algo que Esdeath solo pudo contemplar en silencio.

Además, que ella no quería interrumpir la música, después de todo, nunca había escuchado algo así.

Un ultimo vuelo indicando el fin fue dado cuando el hombre comenzó con el estribillo final y dando lo que parecía un golpe a las teclas frente a él.

―No esperaba tener más espectadores está vez ―Emiya habló con una voz casi ominosa. El hombre se puso de pie, el sol golpeaba a la espalda del hombre, y con la iluminación a su espalda, casi no podía ver el rostro de Emiya.

Más Esdeath solo necesitaba volver a ver los ojos de Emiya para saber que ese yo tranquilo se fue al momento en que dejó de tocar aquel piano.

Ojos color acero que no mostraban brillo alguno, pero de igual manera, resaltaban de manera prominente ante la figura ennegrecida por la sombra a contra luz.

―¿Hay alguien más en esta sala? ―la pregunta de Esdeath fue casual cuando decidió caminar dentro y cerrar la puerta detrás de ella.

―Solo tú, yo y las voces que posiblemente te siguen todos los días ―Emiya comentó antes de darse la vuelta y volver a sentarse frente al piano.

Una risa suave salió de Esdeath. Aquello era lo que más le agradaba del hombre, la forma tan tranquila en la que la manejaba. No había miedo, no había duda, no había desconfianza, no aquello fue…

Tan placentero.

―Las voces que escucho son solo secuelas de mi teigu, alguien tan débil de mente debería solo perecer ante aquello, eso es lo que me levanta y me pone como siempre en mi estatus de fuerte ―la sonrisa de Esdeath creció.

Emiya sonrió de lado ante aquel actuar. La mujer estaba loca, como loca de verdad.

No había nada en lo que significaba la vida de Esdeath que valiese la pena para él para dejarla viva.

Pero ahí estaba, hablando con alguien que normalmente hubiese matado al poco tiempo de comenzar una misión, no, ni siquiera con una misión.

Solo con tenerla en frente en cualquier otro momento hubiera decidido matarla.

Pero no lo hizo.

―¿Es así? Pensé que la locura te ordenaba desollar gente y hacer que terminen como águilas de sangre en los árboles ―Emiya dio una sonrisa cuando vio como un ligero escalofrió recorrió el cuerpo de la mujer.

Emiya ignoró el significado de aquel sentir de parte de la mujer para centrar sus ojos una vez más en el piano.

―Nunca pensé que serías de los que ejecutan algún instrumento ―Esdeath se sentó al lado de Emiya. El hombre la miró con confusión por unos segundos antes de subir los hombros en un signo de restarle importancia a la pregunta.

―Es un gusto adquirido, es algo que recientemente empecé a disfrutar.

Porque de esa forma no tenía que escuchar los gritos de las personas pidiendo ayuda por todos lados. ¿Ese fue un castigo o algo parecido impartido por Alaya al no estar a su lado? Desde que hubo el problema con Medea.

Era como si aquello hubiese incrementado. Las voces gritando, los ruegos llorando, las lágrimas quemando.

Lo estaba volviendo loco.

―¿Algo reciente e igual puedes ejercer tal nivel? ―Esdeath llevó una de sus manos a las teclas y pasó sus dedos de manera simple.

―De hecho, no es que no lo haya aprendido en el pasado, pero ahora, es algo lo cual tengo más en cuenta ―la voz de Emiya sonó calmada. Esdeath respiró hondo antes de dar un suspiro.

―Bueno, en parte se puede decir que tus manos están bien para esto ―llevando una mano hacia la de Emiya, Esdeath puso la palma del hombre contra la suya―. Bueno, tienes los dedos más largos de lo que pensé.

―¿A qué se debe este actuar tan repentino? ―Emiya preguntó viendo con curiosidad a Esdeath.

―¿Puedes enseñarme algo? Parecía interesante lo que estabas tocando ―la mujer no dejó hablar a Emiya, interrumpiendo y pegándose más a su lado.

―¿Ah? Ya tenemos una cita sin consentimiento de mi parte y ahora quieres que te enseñe a tocar esto, ¿De verdad? ―el hombre arrugó el rostro.

Esdeath se río ante aquel gesto. La mujer de pelo celeste sonrió con verdadera fascinación cuando vio el semblante del hombre distorsionarse por unos segundos.

―Me agradas ―aquello fue lo único que comentó Esdeath.

Emiya se quedó quieto y mirando a la mujer sin comprender con exactitud que quería decir con todo aquello. Después de todo, al final ella estaba siendo tan…natural…muy lejos del yo cotidiano que Emiya conocía.

Curioso.

―Puedo enseñarte algo, pero solo será breve, es algo bastante fácil.

Medea se quedó quieta en su cama como en los últimos días.

El trato que Emiya le daba no había cambiado, no había ninguna alteración en la forma en la que el hombre la trataba.

Intentó matarlo.

Después de tanto que intentó ella quiso matarlo.

Se lo merecía.

No quería que el hombre desapareciera.

Debía perdonarlo.

¿Qué hacer?

Medea llevó un dedo a su boca y lo mordió. Ella estaba nerviosa, no, eso sería corto.

Ella estaba casi al borde de algo.

¿por qué sentir pena por la persona que le arruinó la vida?

No fue él.

No, sí fue él, la guerra hubiese sido suya si no la hubiera traicionado.

Él quería morir, desaparecer.

¿Entonces por qué no hacerlo solo y en silencio?

Morir.

Algo que todo mundo tendría miedo, algo lo cual muchos anhelaban evitar, que cualquiera quería evitar a cualquier precio.

Más allí estaba un hombre que quería ser extinto a cualquier precio, sin la importancia de que fuese lo necesario para llegar a la culminación de su vida.

E incluso con todo ese pensar, con ese vivo recordar.

Emiya confió en ella al punto que se sorprendió cuando lo apuñaló.

Era para reírse, la llamaban la bruja de la traición, fue condenada al pecado de traiciona a todos. Pero el hombre no lo pensó y depositó algo que pensó que perdió en ella.

Fe.

¿Cuánto tiempo ha estado vivo para llegar a la resolución que su existencia estaría mejor siendo extinguida o en el infierno?

Él no quería herir a nadie más, pero seguía matando, seguía matando y matando por cosas que ella sabía que eran necesarias.

Cualquier cosa que pudiese ayudar a la humanidad en su totalidad, Emiya lo haría.

Aquella persona era posiblemente el que más detestaba aquel imperio lleno de corrupción. Pero según él, el imperio debía seguir, el imperio era necesario.

Medea en parte lo entendía.

¿Qué pasaba después de una guerra civil?

Separación y más muerte, más hambre y más guerra.

El imperio no era bueno, todo lo contrario, era una aberración, pero Emiya sabía que aquella era una aberración necesaria.

Pero el hombre pensó que ella si era algo lo cual podía destacar entre todo el fango que estaba bajo la máscara de un humano.

Que de verdad había una persona debajo de aquella máscara.

Solo para mostrar una vez más que solo había inmundicia bajo aquella apariencia.

Emiya pensó que ella era mejor, que de verdad valía la pena…

Que ella podía ser alguien en quien poner su fe después de ser traicionado hasta la infinidad.

Una risa suave salió de la boca de Medea. Un mechón de su cabello cayó sobre su rostro.

¿Era esa misma fe ciega que ponía en alguien que le extendía su mano que lo llevaba a ser traicionado una y otra vez?

La desesperación del hombre por una simple persona que no le apuñalase era tan que podía perdonar a esa persona una y otra vez hasta que por fin se quede a su lado.

Era deprimente que en toda su existencia no hubo nadie que se quedó a su lado al final.

Muriendo solo.

A ella le tendieron la mano que incluso su maestro no le tendió en su totalidad.

Y ella lo apuñaló en un intento de reconfortarse a sí misma.

Egoísmo puro.

Una breve risa salió de Medea cuando eso llegó a su cabeza, risa que se fue degradando a un ligero sollozo.

¿Por qué le dolía verlo así?

¿Por qué no podía dejarlo al hombre ser?

Era para llorar, pero, ¿De que funcionaría?

Incluso ahora, pero lo que más le aterraba.

Era que el hombre seguía dándole esa fe ciega una vez más.

Un vestido lila con arreglos elegantes, zapatillas blancas ocultas dentro de aquel vestido junto con medias negras que desaparecían pero subían hasta los muslos. Guantes largos que llegaban hasta por encima de los codos. Medea se dispuso a hablar con Emiya después de lo ocurrido.

Medea se quedó quieta cuando pasó frente al espejo y miró su cabello. Su pelo estaba suelto y las trenzas no estaban puestas, no era como cuando vivía en el barrio rojo, no, su pelo estaba cuidado a un punto el cual cualquiera diría que estaba bendito.

Su apariencia era inmaculada, pero…

Emiya no le hizo las trenzas el día de hoy. La mujer se sintió rara, desde los últimos días no había sido lo mismo, era algo lo cual era obvio, ella lo expulsaba, incluso llego al punto de lanzarle algo.

Pudo ver como el hombre se quedó con los ojos abiertos en sorpresa, la verdadera sorpresa ante lo que pensó que no podría pasar. Era obvio que el hombre dudara, después de todo, ella en su momento presentó tal miedo ante lo que sucedió.

No debía sentir pena por el hombre, no debía sentir compasión por alguien como él, que posiblemente estaba ajeno a todo lo moral y sentimental que un ser podría entender.

Emiya era alguien que había trascendido.

¿Qué sería trascender? Una pregunta se formuló en su cabeza, una pregunta que se planteó ella misma.

El hombre se había alejado de su que alguna vez fue humano para poder cumplir su objetivo.

Un objetivo utópico, por no decir más. Medea se apoyó con una mano en la pared para mirar al suelo y soltar una corta risa.

Ella sabía el final de los objetivos utópicos. Pero ella sabía mejor el final de lo que llevó el objetivo del hombre. Alzando una mano a su cabeza llevó la llevó a su cara y se tapó parte del rostro ante el recordar de lo que vio en la memoria del hombre.

Había demasiada sangre, había demasiada perdida, demasiado sufrimiento, voces que no dejarían descansar a nadie en la eternidad de la unanimidad en la que sonaban como si fuese un aluvión.

Los engranajes que sonaban cuando se movían solo eran un conjunto de lamentos, la muestra que el hombre era solo una máquina.

¿De verdad Emiya disfrutó tanto estar vivo con ella que por un momento había olvidado lo que era su ser?

No.

No lo había hecho. Todo fue una influencia indirecta de parte de su yo de este mundo, una voz que le gritó que hiciese algo, la única diferencia con las demás voces era el hecho de que estaba un poco más por arriba de tono que las demás.

Enderezándose y bajando la mano de su cara, Medea respiró hondo y comenzó a caminar hacia el lugar que Emiya podría estar. Si el hombre no estaba en la cocina, entonces solo podría estar en el otro lugar que estaba en el tercer piso.

La sala con el piano.

Solo había tres personas que tenían permitido entrar en este piso a parte de Ella, Emiya y Esdeath y un sirviente que ya había trabajado incluso cuando ella era una niña.

Dando una inhalación profunda, Medea se calmó. Si Emiya iba a actuar como si nada sucediera.

Lo mejor que ella podía hacer era actuar de esa misma forma también.

Comenzando su caminata hacia la ubicación de Emiya, al pasar por las habitaciones, Medea vio como el cielo estaba teñido de un color rojizo, ¿Por qué?

No le dio importancia. Solo siguió su camino hasta llegar a la planta en la que estaba y al acercarse más, ya pudo escuchar la música.

Medea frunció el ceño. La música que estaba tocando, era demasiado lenta, demasiado baja y poco continua, lo contrario de lo que el hombre prefería.

Dando unos pasos más hacia la puerta vio la puerta entre abierta. Miró por la apertura y se quedó en silencio.

Su sangre hirvió, la vista de Esdeath pegada a Emiya, hombro a hombro, mientras que Emiya tenía las manos sobre las de la mujer de pelo celeste hizo que algo en Medea se retorciera.

El hombre ni siquiera le ofreció para que aprendiese a ejecutar el piano.

A ella.

Pero sí a esa psicópata.

Una fragmentación con su magia fue todo lo que necesitó para transportarse fuera del lugar. Quizá no tuviese el mismo nivel de mana que antes, pero al menos podía agradecer a esa familia remanente que tuvo en aquel mundo de convertir el castillo continuo en una fosa de mana por la cantidad de gente que fue procesada.

Algo que hizo sin el consentimiento de Emiya o su saber.

Aunque era obvio que el hombre lo sabía y solo fingía no saberlo.

Esa serpiente…

¿Cómo se atrevía a jugar con Esdeath cuando ella estaba desatendida?

Fuera de su razonamiento, fuera de su pesar, fuera de su culpabilidad.

Los celos prevalecieron.

Medea se quedó quieta mirando el paisaje que tenía en frente.

Se había transportado a la torre que Archer pidió que se construyera.

El hombre había pedido la torre más alta que se pudiese hacer.

¿Por qué? Medea si mal no recordaba era por algo de su habilidad o algo así, no importaba ahora esos pensamientos secundarios.

¿Qué le pasaba a ella para si quiera pensar en tener celos por el hombre?

No era suyo.

Pero le pertenecía.

No.

No.

No.

Un pitido llegó a los oídos de Medea.

Ambos no lo soportaban.

Lo querían.

Detener.

Su puño golpeó el concreto de la torre. No hubo sacudida, lo único que consiguió es ver su sangre manchada en la pared al haber golpeado la piedra sólida.

Las ideas seguían viviendo a su cabeza, le molestaba el doble pensar, el doble querer.

El odiar menos dos y por dos.

Respirando hondo para calmarse, Medea cerró los ojos ante el dolor de cabeza inminente para exhalar con fuerza y terminar abriendo los ojos una vez más.

Su dolor de cabeza que pensó que se calmó ahora estaba más fuerte que nunca.

―Lo vamos a perder si sigues así ―Medea se quedó quieta cuando se dio la vuelta y vio en la ventana, sentada en el marco grueso de piedra.

Estaba ella misma sentada y mirándola con curiosidad.

―Puede jugar con la torturadora si quiere.

―Entonces tú serás torturada ―la respuesta hizo que Medea frunciera el ceño.

Caster miró a Medea. Sentada en el marco del a ventana, puso una mano en su muslo y dejó recargar su mentón en la palma de su mano.

―¿Es así? No creo que sea de igual manera bueno tenerlo cerca.

―Ha estado cerca por unos años, sabes que es transparente en lo que hace.

―¿Ja? ―Caster se río ante el comentario―, ¿Transparente? Hasta hace poco ni siquiera sabíamos que era, parece que no entiendes el panorama completo, se aburrió después de la puñalada, un guardián, un ser eterno que probablemente está desde el comienzo de las civilizaciones y seguirán después de ellas, no dependen de nadie, no dependen de nosotros, los humanos, solo necesitamos vivir, felices y callados ―Caster levantó sus manos y puso sus dedos sobre la comisura de sus labios y mostró una sonrisa artificial por los dedos.

―¿Qué impide que no pudiese cambiar?

―¿Crees que unos años es suficiente para terminar con lo que significa ser él? Has visto lo mismo que yo.

―Lo he hecho, sí, y es por eso que confió en que no está cansado de ti, está cansado de la única cosa que sabe que pueden hacer los humanos y todo ser con libertad.

El sol parecía que se posaba en la espalda de Medea. Una sonrisa que casi fue bañada por un sol naranja cálido en un cielo…

Este no era su cielo.

―Está cansado de la traición ―Ambas se miraron a los ojos, Medea sentada en el borde la ventana tuvo una apariencia imponente, como si lo que alguna vez significase ser un solo humano y no la mera copia defectuosa de este mundo ahora no se encontrase.

Traición.

―Una oda a la traición, posiblemente lo que más le gusta escuchar a Emiya, después de todo, lo ha escuchado de todos y-

Un círculo purpura se formó y se lanzó. Un rayo de color purpura surcó y derritió la piedra que estaba frente a ella.

Ya no estaba Medea en el borde de la ventana.

El cielo era azul otra vez.

―No es tarde porque aún estás a su lado, no es así, ¿Bruja de la traición? ―Caster escuchó la voz de Medea en algún lugar, en algún punto, en todos lados.

La estaba regañando.

Emiya miró la figura de Esdeath alejarse.

Una mujer bastante curiosa, la verdad, pero no importaba de todos modos. En algún momento el ansia de poder sería lo que provocaría su muerte.

Como a todos, la muerte vendría y reclamaría para poder seguir el ciclo de la vida.

Emiya se quedó quieto y miró por la ventana, el rayo de un encantamiento de Medea se vio surcar en la torre. El hombre alzó una ceja, aquello fue curioso, de verdad, ¿Qué es lo que ella estaba haciendo ahora?. La vio cuando estuvo frente a la puerta y luego la vio usando magia para transportarse.

No estaba mal, al menos si Medea no salía del territorio no tendría por qué preocuparse por ella, después de todo, con una línea de ley conectada junto con la cámara que Caster usó para exprimir el mana de las victimas fue lo más curioso que hizo.

Tendría que reconocerlo, Medea era bastante más amable de lo que ella quería admitir. Una sonrisa creció en el rostro del hombre.

Ella hizo aquello en su desesperación en su momento por no saber si es que estaba de su lado o no en aquel entonces, no la podía culpar, la creación de aquella cosa fue justo cuando ella recobró consciencia. Paranoia o no, tenía que admitir que fue entretenido aquella vez que lloró pidiendo perdón por lo que hizo.

Casi le daban ganas incluso de consolarla en aquel momento.

Emiya respiró hondo y puso su mano en el vidrio. Y miró la figura de Medea alzarse.

Fue curioso el verla en aquel estado, con su semblante fuerte y una mirada de desagrado y un aura de poderío.

Casi ominosa, etérea.

Como la primera vez que la vio en su primera vida.

No había mucho que recordar de aquella vez, pero, una cosa que recordaba era como fue eliminado, la forma en la que todos le dieron la espalda, Illya quedando al final, pero muriendo como siempre, la separación de Rin al verlo seguir su ideal.

Ella prometió que se iba a quedar a su lado.

Y lo abandonó cuando vio que su ideal entraba en auge, aquello en vida.

Illya murió, Taiga, Sakura…

Todos…

Una sonrisa se extendió en los labios de Emiya ante aquel pensamiento de aquello.

Asco.

No importaba. Medea lo iba a abandonar, ella iba a morir en algún momento y él solo podría quedarse quieto y esperar a que Alaya viniese a buscarlo como siempre. No había lugar para escapar de su influencia, no podía moverse y esperar algo más aparte de ir con ella.

No había un futuro en el cual pudiera estar en paz de igual forma.

Llevando una mano a su bolsillo y sacando un reloj de allí vio la hora.

En un par de horas más tendría que ir con Esdeath, ¿Dónde? Era la pregunta que emergía en la cabeza de Emiya.

No era importante, de todos modos, si algo pasaba.

La mujer no sabría que fue asesinada.

Sangre cubría su cuerpo.

Rojo llenó su cuerpo y tiñó la lanza que portaba haciendo que pareciese que se estuviese derritiendo.

Una lanza color sangre bañada en esta.

Cu miró el desastre frente suyo. Levantando una mano y limpiándose el rostro manchado con el dorso de su mano.

El campamento que asaltó fue lo que en su momento fue una aldea, los imperiales habían saqueado todo y jugado con la vida de los presentes.

Un puesto de avanzada. La cantidad de soldados pasaba las cuatro cifras.

Y todos cayeron ante un solo hombre y su lanza.

Cu miró la escena frente suyo. Cuando llegó, ya fue tarde. El pueblo solo fue un remanente de lo que alguna vez fue.

Odiaba la guerra, pero disfrutaba pelear en ellas.

Un sentimiento ambiguo.

Miró los cuerpos de los soldados a su alrededor.

¿De verdad un espíritu heroico podía ponerse de lado de gente como esta?

Al cabo de seguir caminando dentro de la aldea. Pateó una a una las puertas en busca de algún superviviente.

Fue dentro de una de las tabernas que encontró lo que esperó.

Mujeres colgadas con cadenas. El olor a sudor y fluidos era fuerte en aquel lugar.

Desagradable.

Algunos soldados no se presentaron al frente por estar heridos, otros a simple vista solo se veían suficientemente ebrios como para saber lo que pasaba. No fue una muerte que reconociesen.

El sonido de una taza caer sonó de un lado de la habitación. Los ojos de Cu giraron y vieron a un hombre, un soldado, con los pantalones abajo y una espada corta en el cuello de una de las mujeres.

―¡No te acerques! ―el hombre miró la figura vestida en azul con la lanza en mano.

Ojos que no parecían humanos estaban viéndolo.

Miedo, sintió miedo al ver a aquella persona, algo primordial que le dictaba que debía correr.

Pero no tenía donde.

―Si te acercas más-

Las palabras nunca terminaron de salir de su boca. El hombre con la lanza atravesó el pecho directo hacia el corazón del soldado, entre el espacio de la mujer que tenía como rehén y el hombre.

No hubo sonido, no hubo viento o algo parecido.

Un destello tampoco sería lo que se podría decir, simplemente. El hombre con la lanza ya no estaba parado en su lugar original y antes de que nadie pudiera registrar ahora estaba apuñalando al soldado.

Cu miró al hombre caer. Con una mano suelta tomó a la mujer que parecía casi inconsciente, los labios de la mujer estaban secos, la mirada perdida y ojos vacíos con ojeras, reflejando la falta de sueño.

Bajando con cuidado a la mujer en el suelo, Cu tomó la capa del soldado que había apuñalado para ponerla sobre la mujer.

―La jefa tendrá mucho papeleo con esto…―la mirada de Cu estaba vacía, esto era un campo de batalla, cosas así pasaban, pero al menos, iba a intentar cuidar de las mujeres un poco más.

Ahora solo quedaba buscar la estación de comunicación del lugar y contactar con los revolucionarios.

El sonido de algo moverse a su lado hizo que Cu se volteara. La mujer que había bajado al suelo se arrastró hasta tomar la espada corta.

El hombre de pelo azul miró como las piernas de la mujer…sus tobillos…

Le habían cortado los tendones de Aquiles.

Un rechistar de lengua salió y ese disgusto pasó a sorpresa cuando la mujer movió su mano con la espada en dirección hacia su propio cuello.

Los ojos de la mujer se abrieron al ver como el hombre había tomado la espada corta por el filo. A pesar de que no había guantes o armadura.

No salió sangre o hubo un corte.

―¿Crees que puedes morir después de que me tomé la molestia de salvar este lugar? ―la pregunta del hombre hizo que la mujer lo mirase con ojos curioso, más no hubo palabras entre ellos.

―Pareces algo desconcertada desde la última vez que nos vimos, ¿Sucedió algo? ―Emiya caminó hasta Esdeath que estaba en frente de la puerta principal de la mansión.

―Recuperamos una Teigu de parte de esos asesinos ―Esdeath comentó sonriente.

―Oh, eso es bastante para un intervalo de horas bastante corto.

―Fue en la mañana, estaban atacando en la ciudad y Seryu logró encontrarse con dos miembros, uno escapó, pero se deshizo del otro y recuperó el arma imperial ―la sonrisa de Esdeath solo crecía.

Emiya resopló ante el actuar de la mujer. Esdeath estaba en el modo en que quería ver sangre ahora, el modo habitual de la mujer.

―Pensé que te vestirías mejor para esto, viéndote con ese uniforme de mayordomo, es bastante deprimente que no pueda llamar la atención de nadie.

―¿Dice algo la persona que va en uniforme militar? Además, no tienes atributos físicos que envidiar ―fue una respuesta sincera.

Y algo que obviamente nunca tomó en cuenta para decir.

Esdeath pasó de su estado frenético a uno tranquilo, y del estado tranquilo pasó a duda. Frunciendo el ceño, la mujer miró al hombre como si hubiese escuchado mal.

―¿Estás coqueteando conmigo?

―¿Quién usa esa palabra? Y no, no lo estaba haciendo, veo que en temas de romance tienes lo que conseguiste de novelas por tú forma de hablar ―Emiya se burló.

―Debes estar bastante confiado para burlarte tan abiertamente de mí ―Esdeath no quitó su sonrisa, pero se cruzó de brazos.

―¿Quizá? ¿Vas a intentar matarme?

―Me molesta que agregues la parte de "intentar", pero no, es raro encontrar a alguien de tu clase, considérate afortunado de ser mi amigo.

―¿Un amigo? Avanzas rápido por tu cuenta ―Emiya dejó salir un silbido.

―¿Acaso no somos cercanos? ¿Lastimarás mi corazón solo por que no soy la duquesa? ―una sonrisa de lado creció de Emiya.

―Es un hecho ―No le importaba de igual manera Esdeath para preocuparse como tal.

Si ella moría era cosa suya.

―Eres bastante malo, por cierto, ¿No te interesa probar si puedes usar la teigu que obtuvimos? ―Curiosidad, eso fue lo que sintió Esdeath.

―No soy bueno en el manejo de espadas ―la sonrisa de Emiya no pudo evitar ensancharse cuando Esdeath se adelantó y no lo vio sonreír.

―Cierto, Archer, arquero, es bastante curioso que utilizases ese nombre, ¿No te gusta el nombre con el cual naciste?

―No tengo nombre propio, nunca lo tuve desde un principio.

―Sabes, después de tanto torturar, de tanto investigar y conseguir verdades a medias, puedo identificar cuando alguien dice la verdad o simplemente está mintiendo, ¿Tú? Solo dejas más dudas porque se nota a leguas que todo lo que dices es mentira, pero lo dices tan sinceramente y de manera que es verdad ―Esdeath giró un poco la cabeza para ver a Emiya que solos sonrió una vez más.

Una pequeña sonrisa que como siempre de parte del hombre.

No fue posible de leer.

―Las cosas pueden llegar a cierto punto a veces, por cierto, ¿Para qué me querías convocar a una cita? Dudo que sea algo relacionado al imperio.

―Bueno…―la mujer pensó un momento, dejó de caminar y miró hacia el frente―. ¿Qué haces en una cita?

Emiya se quedó quieto, parpadeó un par de veces antes de mirar a la mujer fijamente.

―Si me sigues mirando como si estuviese loca por un solo segundo más te voy a congelar.

―Ya estás loca.

Esdeath abrió los ojos ante la respuesta del hombre.

Fue completa a falta de miedo. ¿Él hombre estaba confiando en su habilidad? No tenía su arco ni otra arma a su lado, ella podía simplemente saltar y congelarlo, ¿No sabía medir su situación? Quizá tenía más confianza en ella de lo que daba crédito.

Le agradaba eso.

Cu caminó hasta estar frente a la fortaleza que era la base de Night raid. Había corrido demasiado después de escuchar la noticia de que se podía retirar.

Tatsumi abrió la puerta solo para ver a un Cu con mirada cansada.

―Ah, regresaste ―los ojos del chico se iluminaron cuando vio al hombre de pelo azul caminar hacia la entrada.

―¿No es obvio? ¿Crees que unos cuantos idiotas pueden pararme? Maldición, esa misión solo fue una pérdida de tiempo, esa no fue el tipo de batalla a la cual me gustaría participar ―el comentario del hombre con la lanza hizo que una risa suave saliese de Tatsumi.

Cu alzó una ceja ante el comportamiento raro del chico, no solía ser tan poco comunicativo como ahora. Era diferente.

―Oye chico, ¿Sucedió algo? ―Cu miró como Tatsumi dejó caer la pequeña sonrisa para mirar al suelo.

―Sheele fue asesinada está madrugada―el comentario de Tatsumi hizo que Cu se quedase quieto.

Él conocía de la capacidad de la mujer, a pesar de ser torpe, el manejo de armas era su punto fuerte, un prodigio.

―Ya veo…―Tatsumi abrió los ojos ante el comentario del hombre―. ¿Recuperaron la teigu?

¿Qué era esto?

―¿Eso es todo? ―Tatsumi miró al suelo.

―¿Qué más quieres escuchar? ―Cu balanceó su lanza y la puso sobre su hombro. Caminó al lado de Tatsumi que aún estaba mirando el suelo―. Estamos en guerra, no esperes jugar a la casita.

Él no tenía porque ser cruel, pero el chico era demasiado inocente para esto, él sentía la muerte de la chica, era torpe, no sabía cocinar o hacer los quehaceres, pero siempre estaba animando a cualquiera.

Realmente…

Fue una buena chica.

No pensaba actualizar esto, quizá suba la continuación en unos días, si es que todo lo poderoso me lo permite, que me estoy volviendo loco.

Y si se nota cortado el capítulo es porque lo estoy dividiendo, por ello lo de la actualización próxima. A parte de esto tengo pensado hacer otras actualizaciones de seguido…

La historia de Kane Himuro y de Shirou está en el limbo en este punto, quiero actualizarlo.

Agradezco a todos por leer este delirio como siempre, y no, esta vez estoy sobrio, penosamente.

He estado jugando un juego que me gustó la verdad, y estoy con el hype del momento ahora, quizá por eso también me cuesta centrarme en lo que quiero escribir de lo que tengo y no hacer 30 one-shots de la nada porque un personaje me dejó loco, creo que es la primera vez que me obsesiono de tal forma con una simple vista. Ah, de verdad, no puede ser que me encante tanto un personaje…literalmente pasó a ser mi personaje favorito.

Es de los que si me insultan hasta le doy las gracias. Rhea písame por favor.

Bueno, ya tengo suficiente de esto, se nota bastante el delirio de alguien que está consciente de sí.

El lado bueno es que estoy dejando de fumar.

Rey de picas fuera.

Próxima actualización (3 de mayo)