Pokémon Reset Bloodlines – Historias de Halloween
Por Fox McCloude.
Disclaimer: Pokémon y todos sus personajes son propiedad de Satoshi Tajiri y Nintendo. La historia de Reset Bloodlines pertenece a Crossoverpairinglover. Todos los derechos reservados.
Summary: El Montañero y Mizu hacen una pequeña parada para un festival local, y pronto se encuentran intercambiando historias de terror para pasar la noche.
Región Kanto…
Para Monty Near Hawkins, o como le gustaba llamarse, "el Montañero", en otro tiempo los festivales que celebraban en los pueblos podrían haber parecido aburridos. Sin embargo, ya que su pequeña compañera sintió curiosidad de ver lo que sucedía, al final habían terminado por quedarse en uno de ellos.
Aparentemente, un kalosiano que vino a la ciudad quiso traer algo que allá llamaban el Festival Gourgeist, donde hacían decoraciones con un Pokémon con forma de calabaza fantasma, donde todos, niños y adultos, intercambiaban dulces y llevaban disfraces de Pokémon. Algunos Pokémon inclusive se disfrazaban de otros, y era muy divertido ver cosas como un Pikachu con pico de Psyduck, un Pidgeotto con tocado de plumas de Spearow, o inclusive Pokémon pequeños que intentaban parecerse a sus formas más desarrolladas, como un Squirtle con un caparazón y máscara de Blastoise hechos a su medida.
A él tampoco le molestaba mucho llevar encima ese disfraz de Rhyperior. Después de todo, todo mundo en ese festival llevaba uno, así que nadie iba a burlarse de él. Y además, la pequeña caminando junto a él no parecía importarle ir vestida como una Starmie, completa con la gema y todo. Se veía bastante feliz mientras disfrutaba de su algodón de azúcar con una mano, y sujetando a su Krabby con la otra para ocasionalmente darle un poco.
- ¿Te gustó eso? – le preguntó.
Ella simplemente asintió. Ya que no podía hablar en voz alta, acordaron que solo respondería con gestos de afirmación o negación, solo para cubrir apariencias. Se había encariñado con ella y lo menos que podía hacer era asegurarse de que nadie fuese a ponerla en la mira solo por ser… una de ellos.
- Bueno, ya hemos probado casi todos los dulces de este festival. – dijo el hombre. – ¿Qué tal si probamos a algunos juegos? Tal vez podamos ganar algunos premios de recuerdo.
Los juegos del festival incluían prácticamente cualquiera de los imaginables en un festival como ese. Desde el típico juego de prueba de fuerza con el martillo y la campana, y otros de puntería con lanzar dardos y aros, hasta otros un poco más elaborados, como intentar sacar un Goldeen de un estanque cuidando de no llevarse a los Magikarps, antes que la red se rompiera. Le llevó un par de intentos encontrar el movimiento correcto, pero se sintió bastante satisfecho cuando lo logró.
Luego de pasar por un puesto de beber soda (donde tenía que bajarse ocho botellas de soda en un tiempo límite), ya estaban llegando al último puesto del festival. Uno que se veía… particularmente extraño, específicamente, porque tenía más aspecto de una carpa de los horrores o algo por el estilo, con esa entrada con la forma de una cara de Haunter con la boca abierta y enmarcada por las manos flotantes.
- ¡Acérquense, acérquense! ¡Entren ahora a la carpa misteriosa del Doctor Norstein Bekkler! ¡Arriésguense a ganar fabulosos premios, o a sufrir sustos de muerte si sus mentes no son capaces de soportar lo que les espera adentro!
El sujeto que anunciaba el puesto tenía el aspecto del científico loco que jugaba a revivir cadáveres, fuera cual fuese su nombre. Tenía la bata de laboratorio, guantes de cuero negro y botas, y posiblemente lo único que le faltaba era un asistente jorobado llamado Igor.
- ¡Tú, el hombre Rhyperior! ¿Eres lo bastante valiente para intentarlo?
El Montañero le echó una mirada a Mizu, preguntándole qué pensaba. No quería arrastrarla allí dentro si tal vez resultaba demasiado aterrador para ella, y por alguna razón sentía que había algo detrás del juego y del sujeto que lo dirigía. Pero al ver que ella simplemente se encogió de hombros y asentía, se le acercó al doctor loco como-se-llamara.
- ¿Cuánto cuesta?
- Son diez billetes por el primer nivel, veinte por el segundo, y cuarenta por el tercero. Dependiendo del desempeño, será el premio que ganes. ¡Todo puede pasar! – dijo el encargado.
El Montañero se miró su billetera. Tenía más que suficiente para intentar los tres niveles, pero no tenía idea de lo que le esperaba allí dentro. Si tal vez era una prueba de valentía y la clave era no asustarse… bueno, era una suerte que él no fuese de los que se intimidaban con facilidad.
- Muy bien. – Cogiendo un billete de diez, se lo alargó al encargado. – Vamos a ver de qué se trata este espectáculo.
Dicho eso, el Montañero y Mizu ingresaron a la carpa extraña. Admitiéndolo, el hombre estaba un poco nervioso, pero solo era un juego en un festival. No podía haber ningún propósito siniestro detrás de él, ¿verdad?
…
Después de dejar el festival y el pueblo, el Montañero se puso a ver un poco los recuerdos que se habían llevado. Aparte de una considerable montaña de dulces, había podido ganar algunos peluches y juguetes, si bien Mizu no tenía idea de cómo utilizar la mitad de ellos, la pequeña parecía haber apreciado sus esfuerzos por ganarlos para ella.
- Ah, no sé cómo me dejé ganar en ese último. – se dijo. – Empiezo a creer que tal vez el último nivel estaba arreglado.
- ¿Arreglado? ¿A qué se refiere?
- Que hizo trampa, que lo hizo imposible de ganar, es la única explicación. – dijo el hombre, frunciendo el cejo ligeramente.
Los juegos de esa carpa misteriosa resultaron ser bastante interesantes, por no decir más. El primer nivel era sencillo: simplemente aparecían tres Tyrogues idénticos que de alguna manera lograban hablar en lenguaje humano, todos con armadura de batalla. Se identificaban como Biggs, Wedge y Piett, y luego se mezclaban entre ellos y tenía que identificar a uno de ellos. Cuestión de observación y un poco de suerte, simplemente, y lo consiguió al tercer intento.
El segundo nivel invocó a un Ditto para que se transformara en él, y durante un minuto, tenía que ser capaz de imitar los movimientos de su doble sin equivocarse. Un poco fastidioso, especialmente cuando este hacía unas morisquetas ridículas, pero tampoco imposible de lograr.
El tercero, sin embargo, fue una historia totalmente diferente. El juego consistía en mantener a raya a un pequeño escuadrón de Raticates durante un tiempo límite. Simple en papel, de no ser porque estaba la complicación de que en el juego se tomaba un "rehén", que en este caso resultó ser el Krabby de Mizu, colgando encima de un caldero burbujeante. Si no quería que se diera un baño, tenía que girar una palanca para subir la cuerda que iba bajando y evitar que cayera al caldero, pero el problema era que estaba al otro extremo de la habitación, y para cuando la alcanzó, las ratas se le echaron encima y le hicieron montón, impidiéndole salvar al pequeño cangrejo de su destino.
En aquel momento, Mizu se encontraba conjurando agua con sus poderes para lavarle la cubierta pegajosa que le había quedado encima. El líquido en el caldero resultó ser simplemente sirope de maple, así que en realidad nunca estuvo en peligro. La niña hasta se había tomado la libertad de chuparse con los dedos algunos de los residuos, y a juzgar por su expresión hasta le gustó el sabor. Luego se bajó unas botellas de agua para reponer sus reservas, ya que por alguna razón la prefería antes que otras bebidas como jugo o soda.
- Ah bueno, por lo menos no fue tan malo. – dijo el Montañero, recostándose sobre una roca. – Ese festival fue divertido y todo, aunque podrían trabajar un poco en la casa de los horrores. Esas cosas no dan miedo en lo más mínimo.
- A mí sí me dieron miedo. Especialmente esos Pokémon Eléctricos.
- Ah, vamos, eso no fue nada. – dijo el hombre. – Yo sé de cosas mucho más terroríficas.
- ¿En serio? ¿Cómo cuáles?
- Como los piratas que se llevaron a tu familia, ¿recuerdas? Y hasta esos resultaron ser poco más que una broma.
Mizu arqueó las cejas ligeramente, y un segundo después se vio forzada a asentir. Le dio una mordida al malvavisco que estaba asando y luego se bebió media botella de agua, antes de darle a su Krabby la otra mitad cuando lo pidió. El Montañero miró a su alrededor, y algo dentro de él le hizo sonreír por alguna razón.
- Sabes, entre la atmósfera del festival, y que estamos frente a una fogata… esto me trae recuerdos.
- ¿Recuerdos de qué? – preguntó ella. El Montañero contempló el fuego con una mirada nostálgica.
- A veces cuando iba de campamento, me reunía con mis amigos a contar historias de terror alrededor de la fogata. Hace mucho tiempo desde la última vez que lo hice.
- ¿Historias de terror? ¿Por qué querría hacer eso?
- Es una buena forma de pasar el tiempo. Y lo creas o no… a veces asustarse un poco puede ser divertido.
El Montañero sonrió de una manera que hizo que la niña se sintiera genuinamente curiosa. Obviamente, al crecer lejos de la civilización humana no sabría por qué alguien querría asustarse en primer lugar. Por un momento no estuvo seguro si debería hacerlo, pero igual, dejando de lado a los Pokémon Eléctricos, Mizu no se asustaba tan fácilmente, quizás podría soportar uno de sus relatos.
- ¿Quieres oír una de mis historias de terror? Tengo bastantes para compartir.
- Bueno… ¿por qué no? A ver si es tan aterradora como dice.
- Pues prepárate, pequeña. – dijo el Montañero con la voz más profunda que le salía. – Lo que estoy a punto de contarte… es un relato realmente terrorífico…
…
Hace unos treinta y tantos años, un chico y su padre se aventuraron a escalar las montañas nevadas al oeste de Kanto, muy cerca de la cordillera que nos separa de Johto. El padre le advirtió al hijo que no se alejara demasiado, pues podría perderse y en esas montañas habitaban criaturas realmente hostiles.
Se contaban rumores que había una criatura fantasmal que aparecía y desaparecía en los días especialmente nevados. Decían que era tan pálida que fácilmente se podía confundir con la nieve misma, y que sus ojos eran como cristales de hielo capaces de congelar a sus víctimas con una sola mirada. Algunos decían que era el espíritu de una mujer que se perdió en las montañas y ahora vagaba por los alrededores sin rumbo alguno.
A pesar de las advertencias, el hijo decidió aventurarse en esas montañas por sí solo. No le tenía miedo a nada, o eso había dicho, y quería saber si los rumores sobre la criatura eran ciertos. Así que la buscó durante horas y horas, pero no la encontró, y finalmente decidió volver a casa antes de que oscureciera.
Pero se dio cuenta que la ventisca había borrado sus huellas, y ya no recordaba por donde había venido. Para empeorar las cosas, el clima se tornaba más y más fuerte, impidiéndole ver con claridad y haciendo que se debilitara más y más. Y cuando creyó que las cosas no podían empeorar, tropezó con un extraño montículo de nieve, que lanzó un poderoso alarido que hizo eco por toda la montaña.
Una abominable criatura se levantó de entre el suelo y levantó sus enormes brazos para aplastar al muchacho, que tuvo que huir por su vida en medio de la nieve. De alguna manera logró mantener su distancia, y al cabo de un rato este dejó de perseguirlo. Apenas pudo sentir el alivio por un momento… hasta que volteó al otro lado.
Ahí fue que la vio: el infame espectro de la montaña. Tal como se la habían descrito: pálida como la nieve, y con esos ojos gélidos que lo dejaron totalmente congelado al instante. Extendiendo los brazos, el espectro se fue acercando, y el muchacho, demasiado débil por huir de la abominable criatura de antes, sintió que las fuerzas le abandonaban. No pudo más que resignarse mientras se desplomaba sobre la nieve, aceptando su destino…
…
El Montañero terminó su relato adoptando una expresión solemne, como si el protagonista hubiese sufrido una trágica y dramática muerte. Hubo silencio por un momento, hasta que Mizu finalmente hizo una pregunta.
- Y… ¿qué pasó con él?
- ¿Hmm?
- ¿Qué pasó con el muchacho? ¿Se… murió o qué?
- Pues… cuando se despertó estaba en su cama, bajo cinco mantas y con una toalla caliente en la cabeza. – dijo el Montañero. Mizu ladeó ligeramente la cabeza, y el montañero no pudo evitar reírse de que no se diera cuenta. – Lo siento, ¿es que no me entendiste? Ese muchacho era yo.
- ¿Usted?
- Jajajaja, sí. Mi padre se enfadó mucho conmigo por irme de ese modo. Todavía sigo sin saber qué fue lo que vi ese día, pero… estoy casi seguro que solo era un Pokémon. Ni idea de cuál sería, pero un día me gustaría averiguarlo.
Mizu no dijo más nada, pero pareció satisfecha con su respuesta. La niña se mantuvo callada mientras continuaban asando algunos malvaviscos en la fogata, hasta que finalmente decidió intervenir de nuevo.
- Sabe, mis padres una vez me contaron una historia sobre una criatura misteriosa.
- ¿Oh, en serio? – El Montañero se mostró interesado. – ¿Qué tal si me la cuentas?
…
El mar no es totalmente soleado y brillante. Esa es solo la parte cercana a la superficie, la que los humanos conocen. Los "Héroes del Mar" como yo y los Pokémon como mi familia saben bien que no todo el océano es así. Entre más profundo vas, más oscuro se vuelve. Todo se vuelve grande y aterrador, y no puedes ver ni sentir nada. No muchos Pokémon gustan de ir allá abajo. Es muy frío y aterrador. Algunos Pokémon dicen que la comida más deliciosa está oculta allá, y algunos han tratado de bajar allí. No muchos han regresado.
No nos gusta la oscuridad. Queremos luz, para poder ver y saber lo que pasa a nuestro alrededor. Así que intentamos evitar vagar por la oscuridad si es posible. Pero aquellos que regresaron dicen que hay parches de luz. Puntos seguros a los cuales los Pokémon se ven atraídos. El lugar perfecto para descansar. Después de todo, cuando puedes ver lo que sucede a tu alrededor, no tienes nada que temer, ¿verdad?
Pero esa no es una luz benigna. Es una luz extraña, que te atrae más y más hacia adentro. Muchos Pokémon han pensado que esto era un respiro de la oscuridad, un lugar seguro.
Yo no sé si lo era. Solo sabemos lo que pasa en las profundidades por los pocos Pokémon que no quisieron seguirla.
Ellos intentaron detener a sus amigos, seguro. Pero fueron muy tercos, pensando que encontrarían algo que nadie más había encontrado. Querían satisfacer su curiosidad, y tal vez lo hicieron. O tal vez los trozos de aletas y escamas de Pokémon que a veces flotan de las profundidades son solo el resultado de una pelea ganada.
Todo lo que se sabe son los gritos y rayos de luz que a veces ciegan a los Pokémon que buscan los secretos de las profundidades. Incluso aquellos que sobrevivieron a la experiencia nunca más pudieron volver a ver nada.
Mis padres trataron de descubrir lo que estaba pasando allá abajo, cuando eran más jóvenes e inmaduros. Nunca me dijeron lo que encontraron, y solo me advirtieron que jamás me acercara a ese lugar. Solo me contaron lo que le acabo de decir. Nos regañaron a mí y a Kooky por días cuando nos fuimos a jugar con unos Pokémon cuando el mar estaba oscureciéndose un poco.
No sé lo que hay allá abajo en las profundidades, pero el mar nunca ha sido un mal lugar para mí o mi familia, incluso con gente como esos cazadores. Fuimos felices, y muy rara vez peleamos con Pokémon malos. Pero jamás los olvidaré a ellos, la electricidad recorriendo mi cuerpo, sus… caras aterradoras. Y eso fue cuando pude verlos.
No sé si así sea lo que hay en las profundidades. Tal vez no hayan sido siquiera los mismos Pokémon que yo conocí esa vez. Tal vez solo se trate de alguien que quiere un amigo, o algo más de lo que no tengo idea.
Lo único que sé es que nadie jamás ha vuelto de las profundidades. O al menos, nunca de la misma manera que cuando entran...
…
Mizu terminó su historia dando un respingo, y el Montañero se quedó sin habla. No estaba seguro de si fue porque al contar la historia telepáticamente de alguna manera la hizo sentir más aterradora o más real, pero de algún modo podía simpatizar con ella. De hecho, probablemente hacía que su miedo por los Pokémon Eléctricos se sintiera todavía más justificado, si había alguno de ellos como la criatura que vivía en las profundidades.
- Oh por favor, ¿eso es lo mejor que se te ocurre? – dijo una voz fuerte. El Montañero inmediatamente se puso de pie y agarró un palo cercano por reflejo.
- ¡¿Quién anda ahí?!
Los arbustos detrás de Mizu se agitaron, y una figura salió de entre las sombras. Al aproximarse hacia el fuego, el recién llegado alzó las manos en gesto de pacificación.
- Tranquilo, señor Montañero. Solo soy yo.
- Hey… eres el sujeto del festival. ¿El Dr. Como-sea-que-te-llames? – preguntó el Montañero, bajando el palo aunque sin soltarlo por si las dudas. – ¿Qué estás haciendo aquí?
- Bueno, el festival se acabó, así que voy en camino al siguiente. – dijo el hombre. – Hay que ganarse la vida de alguna forma, ¿no?
- ¿Oh sí? ¿Cómo arreglar tu puesto para que la gente no pueda ganar el nivel final? – inquirió el Montañero. El Dr. Como-Se-Llamara pareció genuinamente ofendido por ese comentario.
- Para que lo sepas, el juego era perfectamente limpio. No es mi culpa que no le hayas captado el truco.
- ¿A qué te refieres? – preguntó el Montañero. ¿Había un truco detrás del juego?
- Sabes, podrías haberlo ganado si hubieras ido a girar la palanca cuando la cuerda iba a la mitad en vez de esperar a que el pequeño cangrejo casi estuviera listo para su chapuzón. – dijo el doctor loco. – De nuevo, no puedo hacerlo TAN obvio, o sería malo para mi negocio. Pero en serio, no esperaba que arruinaras el libreto tan horriblemente.
- ¿Qué dices? – El Montañero arqueó una ceja. ¿Qué quería decir el sujeto con "libreto"? El doctor suspiró y negó con la cabeza.
- Verás, soy una especie de narrador de historias interactivas. Ese juego era para ser una obra heroica, una donde tú se suponía que fueras el héroe. Claro, no esperaba que lo vieras a la primera, pero al menos podrías haber tratado de usar la cabeza, ¿no?
El Montañero quiso replicar algo, pero al final no fue capaz. Si no pudo ver el truco detrás del juego, entonces la culpa era solo suya. Mientras tanto, el Doctor se acercó a sentarse en el tronco caído al lado de Mizu.
- Como sea, no pude evitar oír las historias de horror que tú y tu pequeña amiguita estaban intercambiando. Debo decir que no estoy muy impresionado.
El Montañero ladeó la cabeza con confusión, hasta que se dio cuenta de algo en las palabras del sujeto: dijo HISTORIAS en plural. ¿Quería decir que había escuchado también la de Mizu? ¿Acaso sabía que ella era…?
- Tranquilo, no me voy a ir de lengua con la… condición de la pequeña con nadie. – dijo el doctor, levantando las manos preventivamente como si le hubiera leído el pensamiento. – No es la primera de su clase que conozco en mis viajes, pero no tengo nada contra ellos. No tengas miedo de hablarme también, niña.
- No soy niña, soy Mizu. – replicó ella, hinchando la cara.
- Perdón. Pero como sea, me preguntaba si me dejarían compartir uno de mis propios relatos. Como dije, me gusta contar historias y a veces me gusta esparcirlas a otros y aprender algunas nuevas. ¿Qué me dicen?
El Montañero y Mizu intercambiaron miradas entre ellos. Fue un extraño giro de eventos, estar allí enfrente de la fogata contando historias, y de repente aparecía este extraño queriendo contar una propia. El Montañero finalmente se encogió de hombros y supuso que no habría daño en dejarlo hacerlo.
- Bueno, adelante. Esto tal vez sea interesante y todo.
- Prepárense. – sonrió el Doctor mientras se inclinaba hacia el frente y entrelazaba los dedos. – Esta no será una historia de terror ordinaria, se los aseguro.
…
Hace mucho tiempo, antes de que cualquiera de ustedes naciera, hubo un noble ignorante que creía que era más inteligente que cualquiera, y quería probar que era más listo que sus iguales. Y siendo un noble, ¿qué mejor manera que hacérselo a unos pobres diablos que entregaban su dinero por nada? Para eso es que son buenos los tipos ricachones, ¿verdad?
Pero para demostrar que era más inteligente y estafar a otros, el noble necesitaba un verdadero plan. Afortunadamente, siendo un hombre rico y aburrido, tenía todo el tiempo del mundo para armar planes malévolos junto con sus amigos.
Verán, ya que era rico y estaba forrado, el sujeto era dueño de muchas casas. A la gente le gusta vivir en casas en vez de estar sin hogar, así que decidió vendérselas a gente que las necesitaba. Pero por supuesto, no podía permitir que esa gente estúpida, sucia y pobretona le arruinara sus preciosas casas para ricos, eso estaba mal en todos los sentidos. Así, el plan era asustar a los pobretones para que abandonaran la casa luego esparcir algunos rumores de que el lugar estaba embrujado, sin darles ninguna base para demandarlos, pero que estuvieran demasiado desesperados para ponerse exigentes. El plan perfecto para gente egoísta, como podrían adivinar.
Pero desgraciadamente, el hombre tenía un problema. ¿Cómo podrían simular él y sus amigos una casa embrujada? Nadie tenía conocimiento sobre cómo asustar a la gente, y nadie quería molestarse en perder tiempo en aprender cómo hacerlo o en preparar la trampa. Querían ganar sin levantar ni un solo dedo, como lo habían hecho durante toda su vida. Todo un dilema, como se imaginarán.
Pero el noble y sus colegas no tenían nada que temer, pues un salvador vino a ellos. Un anciano de baja estatura y vestido de harapos les prometió hacer el trabajo por ellos, por solo unas cuantas monedas como precio por su servicio. Había escuchado sus conversaciones, eso dijo, y declaró que tenía la fórmula perfecta para el éxito de su plan.
El hombre era mugriento y pobre al igual que todos esos tontos, pero prometió hacerles el trabajo, así que el noble y sus colaboradores aceptaron el acuerdo. No les importaba lo que su nuevo trabajador hiciera con tal de que hiciera el trabajo. Al hombre eso le pareció bien, mientras el noble y sus amigos mantuvieran su palabra. Asumieron que tal vez sería un entrenador de Pokémon Fantasmas o alguna otra cosa tenebrosa.
Y el hombre, por todo lo desaliñado que se veía, mantuvo su parte del trato. Gente que necesitaba un hogar vino en manada para comprar las casas aparentemente baratas que el noble y sus amigos vendieron, con solo una pequeña advertencia sobre los espíritus que rondaban en ellas. No les importaba si los hombres y mujeres que estipulaban sus contratos eran motivados por el valor, lo barato o por la desesperación, en tanto el placentero sonido de las monedas de oro llenara sus bolsillos. Eso era todo lo que importaba.
¡Y oh, qué buenos sustos se llevaron! Los pobres e idiotas compradores siempre se iban sin que pasara una noche, luego de terminar cincuenta tonos más pálidos que cuando entraron, jurando nunca más volver a poner un pie en la casa donde vivían los monstruos.
La casa ganó infamia, y con la infamia venían los valientes y tontos dispuestos a desembolsar dinero para resolver el misterio, incluyendo un experto en Pokémon, para averiguar lo que estaba pasando. Algunos casi logran descubrir la estafa, pero todos dejaban de decir nada en el momento en que trataban de investigar. Era el plan perfecto, y los nobles cosecharon todos los beneficios.
Y así fue como el noble y sus colegas vivieron felices para siempre y más ricos que nunca… si este fuera un cuento de hadas sobre el oportunismo. Pero la vida real a menudo es más extraña y más complicada que eso.
Pues como verán, ese habría podido ser el final de todo, si los nobles no se hubieran olvidado de un pequeño detalle. El hombre harapiento, su pequeño ayudante, eventualmente vino a pedir su compensación. Había asustado a más de un centenar de víctimas sin fallar, y sin levantar sospechas, así que uno pensaría que el sujeto merecía alguna forma de pago.
Pero había un pequeño problema: era viejo, olía mal y era pobre. ¿Por qué los ricos y poderosos nobles querrían compartir el beneficio con alguien como él? Aunque se atreviera a decir algo, nadie le creería, y los nobles habían ganado suficiente dinero gracias a la estafa para no volver a necesitarla nunca más. Habían ganado, y se quedarían con el premio.
Así que hicieron lo único que se les ocurrió, y le cerraron la puerta en las narices. La respuesta del hombre fue simple y llanamente "Ustedes serán los próximos".
A los nobles realmente no les importaba mucho eso. Ya tenían suficiente gente que los odiaba, así que un idiota harapiento más que se sumara a ellos no era nada para su rutina diaria. O al menos, eso era lo que creían los nobles.
No se esperaban que algo viniera a atacarlos, así que despilfarraron todo su dinero mal habido para hacer fiesta toda la noche, dándose un banquete en la cara de todos los demás y disfrutando del aparentemente feliz final. Después de todo, habían demostrado ser más inteligentes que todos los demás, y no sufrirían repercusiones por sus acciones.
Casi me siento mal por ellos, ¿saben? Se fueron a dormir sintiéndose muy orgullosos de sí mismos, felices y seguros. Seguro que no se esperaban despertarse en medio de la noche, con las paredes agrietándose y pisadas resonando por toda la mansión. ¿Qué podría ser? ¿Ladrones? ¿Algún sirviente que fue a buscar un bocadillo de media noche? ¿O solo un juego de sus mentes producto de tanto alcohol por festejar?
Los nobles ultimadamente decidieron ir a verlo. Se adentraron en la oscuridad, con solo la luz de las linternas iluminando su camino. Y en la oscuridad vieron unos ojos. Unos ojos rojos, inyectados en sangre que llevaban una mirada hambrienta, y dirigida hacia ellos, junto con un pelaje púrpura y unos colmillos color marfil que se dirigían a ellos.
Comenzaron a gritar, y sus linternas se hicieron trizas contra el suelo, cuando una interminable manada de Rattatas comenzó a deslizarse por sus cuerpos. Los nobles trataron de forcejear y nadar a través de la oleada de los Pokémon, solo para que los colmillos se hundieran en su carne, arrastrándolos más hacia la oscuridad.
Los nobles aun así intentaron pelear contra ellos, arrojar a los Rattatas lejos, y escapar de la casa. Uno de ellos incluso logró llegar hasta la puerta, y casi logró abrirla. Los Spinaraks que se arrastraban sobre sus brazos y saliendo a chorros de la puerta le impidieron hacerlo.
Cualquier otro intento de escape terminó de la misma forma. Los nobles y los pobres sirvientes quedaron totalmente a la merced de las hordas de Pokémon que invadían su casa. Sus gritos hacían eco por todo el campo a su alrededor, pero nadie tenía el interés ni el valor para ir a averiguar lo que pasaba.
A la mañana siguiente, no quedó rastro de nadie, y la casa había quedado totalmente abandonada igual que aquellas de las cuales sacaron beneficios. Ha estado así desde la noche en que todo terminó, y la naturaleza comenzó a devorar la otrora orgullosa mansión, ahora caída en desgracia igual que sus dueños.
Pero les sugiero que no vayan a tratar de comprar la casa o ir a visitarlo. Pues verán, hay gente que dice que, si la visitas en el momento correcto, verás a un hombre harapiento de visita en la casa, como un rey dentro de su dominio… y no será nada amable con cualquiera que intente robarse su bien ganado y merecido premio...
…
El doctor terminó su relato con una sonrisa tenebrosa. El Montañero y Mizu se quedaron inmóviles todo el rato, en parte por curiosidad, en parte porque estaban bastante asustados. No tenían idea del por qué, pero de alguna manera la forma en como el sujeto contó su historia hizo que sonara de verdad aterradora. No podían verlo, pero después del relato, sus rostros habían perdido bastante de su color.
El doctor loco se mantuvo quieto por un rato, primero mirando al montañista y luego a la niña, y entonces suavizó su semblante.
- No se preocupen. Esos nobles no murieron ni sufrieron heridas graves. Solo salieron despavoridos, y nunca más volverían a intentar nada como eso en su vida.
- ¿Y cómo sabes eso? – preguntó el Montañero.
- Yo soy el que está contando la historia, ¿no? – El hombre se encogió de hombros y se puso de pie. – Bueno, creo que es tiempo de marcharme. Gusto en compartir mi relato con ustedes. Quizás nos volvamos a ver en otro festival.
El sujeto se dio la vuelta y se alejó por donde había venido. Mizu y el Montañero se quedaron quietos por un buen rato, y luego se miraron una al otro. Ninguno de los dos dijo ni una palabra, pero ambos tenían la misma pregunta en la cabeza.
- Señor Montañero… usted no creerá que…
- No lo sé. – respondió antes de que ella terminara la pregunta. – Ya dicen que todas las historias tienen un poco de realidad en ellas. Pero… no, no puede ser el anciano de esa historia, ¿verdad?
No había manera. Había dicho que la historia había pasado antes que cualquiera de ellos hubiera nacido, y por su apariencia no había forma de que fuese mayor que el Montañero. Quizás simplemente oyó el relato de alguien más, quizás le pasó al amigo de un amigo, o quizás solo era así de bueno para inventar cuentos.
Un cuentacuentos terrorífico si alguna vez vio uno.
- ¿Nos vamos a dormir por esta noche?
…
Una vez fuera de vista y seguro de que no había nadie cerca, se deshizo de su disfraz de doctor loco, revelando su verdadera forma, del horrible Gastly. Norstein Bekkler, necesitaba un mejor nombre la próxima vez. Y quizás también un disfraz diferente, se le estaban agotando los motivos para diferentes festivales. Ancianas, científicos locos… quizás la próxima vez podría disfrazarse de vampiro o algo así.
- Con suerte no asusté a esos dos demasiado. – murmuró Gastly, invocando su registradora para chequear sus ganancias. – Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis… seiscientos cincuenta en solo una noche. No está mal, necesito agregar este festival a mis futuras paradas anuales si vuelve a pasar por aquí.
La registradora desapareció en un puf, y luego fue reemplazada por una agenda y un bolígrafo. Escribió sus ganancias y puso una nota al pie de la página: "Revisitar Festival Gourgeist. Agregar Kalos a futuros destinos".
- ¿Qué sigue ahora? Oh, qué coincidencia. Ya es hora de mi vista de verano a mi mansión.
Aunque estaba seguro que sus amigos por allá se ocuparían de vigilar la casa, le gustaba pasar de visita de vez en cuando. Solo por si acaso algún descendiente de esos nobles idiotas era lo bastante valiente y/o tonto para venir y tratar de recuperar la casa.
Y si llegaba a pasar, décadas de contar historias le habían dado un mayor abanico de opciones para darles a la gente el susto de sus vidas. Terminarían igual que sus ancestros, corriendo hacia las colinas.
FIN.
Notas del autor:
¡Feliz Halloween, Día de los Santos, o de los Muertos, o lo que celebren, atrasado! Bueno, este oneshot debería haber sido posteado hace unos días… si el internet no me hubiera fallado. ¿No odian cuando eso pasa? Y pensar que Viroro-kun me echó la mano con los relatos de Mizu y Gastly, pero eso no me ayudó a tenerlo listo a tiempo. Bueno, un par de días de retraso no son tan malos
Como sea, mi intención fue contrastar un poco los oneshots de Halloween del año pasado, que se enfocaban más en el tema del horror y poner este un poco más ligero y de humor, aunque no sé si lo logré. La estructura de tres cuentos está basada en los episodios de Halloween de los Simpsons, específicamente de los primeros que tenían una estructura que los conectaba, aunque pasé por varias fases de decidir quiénes serían los que contarían los relatos. Algunas de las que consideré fueron Duplica y Marble Jenny, esta última durante un campamento de entrenamiento de la policía para insertar lo de la fogata, aunque ese último aspecto llegó a la versión final.
Bueno, supongo que con eso ya es todo lo que tengo que decir de momento. Gracias por los reviews a Soul Of Demon, darkdan-sama, BRANDON369 y Jigsawpunisher. Pido disculpas por los retrasos en actualizaciones, muchas cosas han pasado dentro y fuera del sitio. Espero no tardarme tanto con los próximos
