Pokémon Reset Bloodlines – Interludio de Solidad

Por Fox McCloude.

Disclaimer: Pokémon y todos sus personajes son propiedad de Satoshi Tajiri y Nintendo. La historia de Reset Bloodlines pertenece a Crossoverpairinglover. Todos los derechos reservados.


Summary: No hay lugar como la casa, especialmente para recuperarse tras una derrota. Solidad decide pasar por Ciudad Pewter para reponerse antes de volver por su última medalla de gimnasio. Mientras tanto, piensa un poco en sí misma al principio de su viaje y ve lo lejos que ha llegado hasta ese momento. Eventos ocurren durante el Capítulo 21 de la historia principal.


Región Kanto, Ciudad Pewter…

Era una suerte que Viridian estuviese tan cerca de su ciudad natal. Podría haber tomado la ruta escénica, pero en aquel momento realmente necesitaba sentirse en casa, así que decidió simplemente dar un vuelo rápido sobre Pidgeot por encima del Bosque Viridian.

- Hola de nuevo, hogar dulce Pewter. – dijo Solidad mientras el ave sobrevolaba la ciudad.

Desde las alturas tenía una vista increíble de todo: fácilmente lograba reconocer su vecindario, el museo, el gimnasio local, y todo lo demás con una sola mirada. Sin embargo en aquel momento, tenía un solo destino en mente.

Indicándole a Pidgeot que descendiera en dirección del Centro Pokémon, Solidad hizo memoria de su última batalla de gimnasio. Estaba al tanto de la infamia del líder del Gimnasio, pero estaba determinada a vencerlo y ganarse la Medalla Tierra. Entró al edificio con toda la certeza de que sin importar lo que pudiese enviarle, ella y sus Pokémon serían capaces de soportarlo. Todo lo que necesitaban era confianza, trabajo de equipo e inteligencia, con un toque de espectáculo, por supuesto.

Pero lamentablemente, no fue así. La reputación de Giovanni no le hizo justicia. Su batalla se tornó en una competencia de resistencia y apenas sí lograron mantener el paso; fue un milagro que llegaran hasta donde lo hicieron con solo estrategia. Luego que ambos agotaron sus equipos, en el asalto final se enfrentaron su Lapras contra el Rhyperior de Giovanni. En papel, sonaba que ella tendría la ventaja, pero un Brazo Martillo después Lapras había caído para el conteo. Su caparazón ahora tendría una profunda hendidura como prueba de ello.

Había sido quizás su peor derrota desde que comenzó su viaje. Pero no era la derrota en sí lo que la tenía molesta, sino la actitud del líder de gimnasio. Especialmente las palabras que le dijo cuando abandonó la sala después de vencerla.

- "Un desperdicio de talento y habilidad. Si no pasaras tanto tiempo tratando de hacer llamativos tus ataques, tal vez habrías podido desarrollar mejor el poder de tus Pokémon."

Sacudió su cabeza, tratando de sacarse esa sonrisa arrogante de la mente. – "¿Qué sabe él?" – pensó con amargura.

Ya le habían dicho que Giovanni era un sujeto bastante desagradable, aunque fuese altamente competente en su trabajo. Algunos decían que hasta injusto, pero el ser un oponente difícil no implicaba que fuera invencible.

Eso no quería decir que no se sintiera frustrada y molesta por dentro. Le llevó toda su fuerza de voluntad no explotar de rabia allí mismo, y dudaba que esa desagradable sensación se fuera hasta que encontrara la manera de devolverle el favor. De hacerle tragarse sus palabras por haberla subestimado.

Y ella estaba determinada a hacer exactamente eso, una vez que se hubiera repuesto de esa derrota. Bueno, ella y sus Pokémon, que recibieron todos una paliza pese a haber peleado con lo mejor que tenían para casi darle la victoria. Su Lapras fue el que quedó peor; el resto estarían bien con uno o dos días de descanso, pero Lapras tardaría mucho más en sanar debido al daño que sufrió en su caparazón. Ese Rhyperior no era cosa despreciable.

Así que primero lo primero: dejaría a Lapras al cuidado de la Enfermera Joy, y luego pasaría a visitar a un viejo amigo. Después de todo, él mismo le había dicho que si alguna vez necesitaba hablar o lo que fuera, su puerta siempre estaba abierta.

El Gimnasio Pewter había sido su primera parada en su desafío. Una de las ventajas de ser amiga cercana del líder era que a este no le importaba mover uno o dos hilos para atenderla y aceptarlo antes que el resto el día que decidió retarlo. Aunque eso no lo hizo más sencillo: Brock no se puso los guantes para enfrentarla y la hizo trabajar muy duro para ganarse su primera medalla.

¿Cuánto tiempo había pasado desde aquel día? ¿Ocho, nueve meses? Honestamente no sentía que hubiera sido tanto tiempo. La Medalla Roca había sido solo la primera, y ahora que solo le faltaba una más para participar en la Liga Índigo, no pudo evitar ver atrás con nostalgia y sonreír. Había sido un largo camino, pero había valido la pena.

- Disculpa, ¿vienes a retar al gimnasio?

Una voz femenina y algo profunda le habló por detrás. Solidad volteó a ver y se encontró con una chica de elevada estatura y cabello negro que la miraba con curiosidad. Rápidamente la reconoció al verle el rostro, pues sabía que visitaba el gimnasio con mucha regularidad.

- Hola, Lucy, cuanto tiempo. – la saludó con una sonrisa. – A decir verdad no, ya tengo la medalla de aquí. Solo pensé en pasar a saludar.

La chica, de nombre Lucy, le sonrió igualmente al reconocerla. – Bueno, ya que estamos aquí, ¿pasamos juntas? A juzgar por los ruidos Brock debe estar en medio de una batalla ahora mismo y no quisiera perdérmela.

- Yo tampoco. – asintió Solidad estando de acuerdo.

Las dos atravesaron las puertas del gimnasio y al llegar a la arena, efectivamente, había una batalla en curso. Uno de los Onix de Brock se enfrentaba al Nidorino del retador de turno. El Pokémon de tipo Veneno se lanzó a tratar de embestir con su cuerno, solo para salir volando al recibir una Cola de Hierro. En las tribunas, los hermanos menores de Brock, a excepción de Forrest que hacía de réferi, celebraron dicho evento gritando y saltando en el aire.

- ¡Onix, usa Atadura!

La serpiente de piedra rugió y enrolló su cuerpo alrededor del Nidorino antes de que pudiera recuperarse. Este empezó a forcejear y a tratar de soltarse, pero Onix siguió ejerciendo más presión. Hasta que finalmente el aire le falló y con los ojos en blanco, sus miembros quedaron flácidos, Onix aflojó el agarre y dejó que se desparramara en el suelo.

- ¡Nidorino ya no puede continuar! – declaró Forrest alzando la mano. – ¡Al retador no le quedan más Pokémon, por lo tanto la victoria es para el líder Brock!

Los vítores de los chicos ahogaron los gruñidos furiosos del retador. Solidad y Lucy no pudieron evitar unirse con sus propios aplausos.

- Vaya, veo que Brock sigue tan impresionante como siempre. – comentó Solidad.

- No esperaría menos de mi prometido. – agregó Lucy, y en ese preciso instante el chico se dio cuenta de la presencia de ambas y las saludó. Sin hacer mucho caso al retador que salía furioso de la arena, ambas se le acercaron.

- Vaya, vaya, debe ser mi día de suerte. – dijo mientras abrazaba a Lucy y le daba un gran beso. – Mi reina bella y mi mejor amiga me honran con su presencia y belleza el mismo día, ¿a qué se debe el honor?

- Adulador. – sonrió Lucy pellizcándole la mejilla. – Bueno, yo solo estaba en el vecindario y pensé que podríamos ponernos al día. ¿Tú, Solidad?

- Si les soy sincera, vengo desde Viridian. Decidí probar mi suerte allá para ganar mi última medalla y… bueno. – suspiró. – Solo digamos que las cosas no salieron del todo bien.

- ¿Una mala derrota? – preguntó Brock. – No te sientas tan mal, Giovanni es una valla muy alta para cualquier entrenador, especialmente los que apenas inician su viaje.

- La derrota en sí no fue tan mala. – replicó Solidad. – Podríamos decir que fue muy cerrada ya que ambos usamos nuestros equipos completos. No, no estoy molesta por haber perdido, más bien… lo que me tiene mal fue cómo se burló de mí cuando me venció.

Lucy y Brock intercambiaron miradas, y Solidad sabía que no les sería difícil deducir cuál era su problema. Brock entonces habló. – Déjame adivinar: ¿necesitas a alguien con quien hablar de eso?

- Eso estaría bien. – sonrió ella. – Ya estoy más calmada ahora, pero… me vendría bien algo para desahogarme las rabias.

Era una suerte contar con ambos como amigos; los dos eran buenos escuchas y con algo de suerte, tal vez hasta podrían darle consejo o ayudarle en algo. En ese momento tenía MUCHO qué ventilar.


Un poco más tarde…

Después de un almuerzo familiar, en el cual Brock insistió que Solidad y Lucy también comieran con ellos (poniendo de pretexto que siempre hacía de más en la cacerola), los tres jóvenes adultos se encontraban en la sala de la casa, sentados alrededor de la mesa mientras el anfitrión les servía un poco de té.

- El té de hierbas especial la familia Harrison. Lo mejor para disipar los nervios y las rabias de un solo trago. – dijo Brock mientras lo vertía en la taza.

- Gracias. – dijo Solidad, soplándole y bajándose tres tragos casi de un golpe. – Ahh, grandioso, justo lo que necesitaba.

Sintiéndose más relajada, Solidad había estado relatándoles un poco a sus amigos de su experiencia durante su viaje Pokémon. En general había tenido una buena racha; de hecho prácticamente sus únicas derrotas habían sido en el Domo de Batalla, y posteriormente en el gimnasio Viridian. La primera no le había molestado en absoluto, pues consiguió lo que había ido a buscar en ese torneo y su oponente mostró un buen espíritu deportivo después de vencerla. La segunda, por otra parte…

- ¿Pueden creerlo? Se burló de mí, llamando mis ataques "demasiado llamativos". En serio, me habían dicho que ese hombre era desagradable, pero no me imaginé que fuera tan pesado. Me sorprende que siga en su puesto con esa actitud.

- Si alguna vez nos cruzáramos, me encantaría darle una buena lección. – dijo Lucy. – Brock, ¿estás seguro de que no pueden despedirlo o reemplazarlo de alguna manera?

- El reglamento de los líderes de gimnasio solo estipula ser un legítimo desafío y otorgar las medallas a los retadores que las merezcan. – replicó Brock. – Puede que no me agrade, pero no puedo negar que hace bien su trabajo. Después de todo quedó segundo en el último ranking de los líderes más fuertes de Kanto.

Solidad tuvo que admitir ese puesto estaba bien ganado. De hecho, bien podría ser considerado el más difícil de facto, pues ella como la mayoría de los retadores no estaba dispuesta a arriesgarse en Saffron, pero eso era otra historia.

- El punto es, no puedo permitir que esto se quede así. – continuó la pelirroja. – Ustedes saben que planeo entrar al circuito de los concursos después de competir en Índigo, así que mis ataques tienen que ser llamativos tanto como efectivos. Saben, me duele menos que ese Rhyperior suyo haya noqueado a mi Lapras de un solo golpe que lo que me dijo. Ahora quiero ganar esa medalla y hacer que se trague sus palabras.

- Bien, si necesitas entrenar para tu revancha, te ayudaremos en todo lo que podamos. – aseguró Brock. – Tienes suerte, yo también tengo uno o dos Rhyperiors que podrán servir de buena práctica, y además… – En eso empezó a sonar su teléfono, y tuvo que contestarlo. – Disculpen. ¿Hola? Ah, ¿ya está listo? Sí, voy enseguida por él.

- ¿Pasa algo? – preguntó Lucy.

- Del laboratorio del museo, ya terminaron de revivir el Fósil Cráneo que me enviaron desde Sinnoh. – explicó Brock. – Siento dejarlas solas pero tengo que ir a recogerlo. No les molesta, ¿verdad?

- Descuida, podemos esperar unos minutos. – aseguró Solidad.

Brock se despidió dándole a Lucy un gran beso y salió de la sala. La chica de pelo oscuro se volvió a sentar en el sillón y se quedó a solas con la pelirroja, que sonrió de ver las muestras de afecto entre sus dos amigos.

- Siempre tan responsable, ¿verdad? – comentó.

- Eso me gusta de él. – respondió Lucy. – Entre muchas otras cosas, obviamente.

- Tienes buen gusto. – asintió Solidad. – Él es un buen muchacho, me alegra que pudiera encontrar a alguien como tú. Se lo merece.

- Ahora que lo mencionas, hay algo que siempre había querido preguntarte. – dijo Lucy, volteando a verla con una mirada algo penetrante. – ¿Creo que él mencionó que ustedes dos salieron un tiempo?

Solidad sonrió ligeramente, aunque pensó un poco antes de responderle. Decir que "salieron" era estirarse un poco, ya que en realidad fueron salidas bastante casuales en ese momento. No lo negaba; Brock había sido todo un caballero y bastante atento con ella, pero no tardaron mucho en darse cuenta de que no llegarían muy lejos.

Las tendencias de donjuán de Brock dificultaban tomarlo muy en serio respecto a una relación, y tal vez una parte de Solidad había aceptado salir con él para ver si podía frenar un poco esos impulsos, aunque admitiera que le gustara su compañía. Pero al final, entendieron que habían sido amigos por mucho tiempo y tratar de aventurarse a ir por algo más podría no haber resultado del todo bien.

- Para ser sincera, quizás en ese momento pensé "mejor conmigo que con alguien que pueda lastimarlo". Dejando eso de lado, no niego que quizás sí me gustara un poco, pero no habría funcionado. Especialmente después de lo de sus padres.

Solidad echó un ojo a la fotografía funeraria de Flint y Lola. Fuera de sus propios hermanos, ella era quien había conocido a Brock por más tiempo, y quien más notó cómo cambió tras la muerte de sus padres. Más allá de tener que hacerse cargo de sus hermanos por ser el nuevo jefe de la familia, se percató de como ese evento afectó su personalidad totalmente. Siempre había estado desesperado por conseguirse una novia, y no cesaba de pedir números de teléfono, email o cualquier otra forma de contacto a cualquier mujer atractiva que se le cruzara. En un par de ocasiones ella misma tuvo que jalarle la oreja antes que se fuera de mano, si bien hasta era divertido de ver.

En otras ocasiones, se preguntaba cómo lograba mantener la casa en orden, relativamente hablando. Flint y Lola fueron padres buenos y cariñosos, aunque a menudo pasaran mucho tiempo afuera y dejaran a Brock a cargo, cuidando a los pequeños por su cuenta. Con tantas bocas que alimentar, uno sin duda necesitaría algo de ayuda. ¿Quizás por eso se esforzaba tanto por encontrar una novia?

- Sabes, por un tiempo me pregunté si tal vez podría presentarle a alguien. – confesó Solidad. – Era difícil verlo poner una fachada fuerte por sus hermanos. Cuando pasó eso, él cambió mucho. Se volvió más apacible, recatado, y perdió totalmente esa agresividad al acercarse a las mujeres, incluso las que eran amigas cercanas y le habrían dado oportunidad.

- Doy fe de eso. – asintió Lucy. – Así estaba cuando lo conocí.

- Pero todo salió bien. – Solidad se reía de lo irónico de aquel evento. – Años atrás me habría costado creerle cuando decía que quería ser un hombre fiel, pero ahora… veo que sí hablaba en serio. Y pensar que solo tuve que darle aquel boleto para la SteelixCon.

- Y siempre te lo voy a agradecer. – dijo Lucy. – Y bien, ya que tú lo ayudaste en ese momento, creo que lo justo es que yo te ayude ahora. Voy a estar un tiempo en la ciudad, así que creo que podemos tener algunas batallas de entrenamiento. ¿Qué opinas?

Solidad sonrió. Antes sabía solo por boca de Brock que Lucy era una entrenadora excepcional, ya que ella lo había entrenado personalmente cuando su desempeño en el gimnasio estaba por los suelos. Y aunque ya había tenido oportunidad de ver algunos videos suyos en el Pico de Batalla, eso no se podría comparar a experimentarlas de primera mano.

- Por supuesto, muéstrame lo que tienes. – dijo Solidad con determinación.

Y en efecto, si quería ganarle a Giovanni en su revancha, entrenar con alguien al nivel de Lucy sería una necesidad.

/-/

Al anochecer…

Sintiéndose mejor después de esa derrota tras haber pasado un rato con sus amigos, Solidad volvió a casa tras ordenar algo de comida rápida para la cena. Nada podía compararse con volver a su propio hogar luego de un largo viaje, aunque fuese solo una breve parada antes de volver a partir.

Mientras abría la puerta, sus pensamientos se desviaron hacia sus planes. Luego de cenar, se entregaría a una buena noche de sueño para empezar el entrenamiento la mañana siguiente. Sus padres habían salido de vacaciones así que la casa estaba en total silencio y tranquilidad, justo lo que necesitaba.

- ¡Bienvenida a casa, hija!

O eso creyó. Apenas abrió la puerta, un par de enormes brazos musculosos la levantaron del suelo y empezaron a darle vueltas como loco. Se habría asustado si no fuese porque no era la primera vez, y sabía que no le iban a romper las costillas o algo.

- ¡Cariño, suéltala que se va a marear!

Incluso mientras daba vueltas, Solidad rápidamente reconoció las voces de sus padres, y su papá finalmente la dejó en el suelo. El aspecto de ambos no podía ser más diferente: su padre, un hombretón grande y musculoso con pelo y barba rojos sonreía ampliamente, mientras su madre, una mujer delgada y esbelta más parecida a ella salvo por el pelo rubio pálido y con gafas redondas se llevaba una mano a la cara y sacudía la cabeza negativamente.

- ¿Papá, mamá? – preguntó finalmente Solidad. – ¿No iban a pasar otro mes en Alola?

- Así habría sido, si "alguien" no nos hubiera arrastrado a ambos todo el camino de regreso a Kanto. – dijo su madre tratando de forzar una sonrisa, y fulminando a su marido con la mirada. – ¿No es así, Helios?

- Ah, vamos, Solange, no seas aguafiestas. ¡Nuestra hija lo está haciendo de maravilla, no podíamos quedarnos sin venir a felicitarla personalmente!

- No había necesidad de venir tan deprisa, aún falta tiempo para la Liga Pokémon, ¿o no? – dijo la mujer, antes de dirigirse a su hija. – Cariño, sentimos haberte sorprendido de esta manera.

- Está bien, de hecho me alegra que estén aquí. Tengo tanto qué contarles. – dijo Solidad sonriendo, y levantando sus bolsas con comida. – Y viendo que ordené extra, ¿qué tal si cenamos todos juntos?

En cuestión de minutos la mesa estaba repleta de cajas vacías, luego que la familia terminara de devorarse toda la comida. Antes de limpiar el desorden, sin embargo, la familia tenía mucho de qué ponerse al corriente. Solange y Helios hablaron de sus aventuras y desventuras en Alola, y hasta se tomaron el tiempo de presumir un poco los recuerdos que se habían traído.

- Mira esto, cariño. – dijo Solange, mostrándole en su teléfono un video de una danza tradicional alolana. – La próxima vez que vayamos tenemos que intentar esto juntas.

- Déjame ver. – replicó Solidad. – Vaya, no está nada mal.

- Ojalá hubiese ido a Alola en mi juventud. – replicó Solange. – Habría podido incorporar esos pasos de baile a mis rutinas de concurso.

- Sin mencionar que te veías muy bien con ese atuendo. – comentó Helios, ganándose una mirada fulminante de su esposa. – ¿Qué? Solo digo la verdad. Hasta te lo trajiste, ¿o no?

- Solo porque tú me lo pediste. – remarcó ella, sonrojándose ligeramente, aunque Solidad alcanzó a ver que estaba sonriendo. – Mira estos también.

Acto seguido le mostró un video donde había varios Pokémon con forma de pájaro danzando. Eran de color rosa y tenían las plumas alrededor de la parte inferior del cuerpo como si fueran una especie de falda.

- Qué simpáticos. – dijo Solidad. – ¿Cómo se llaman?

- Esos son Oricorios. Según los locales cambian de forma al consumir néctar de las flores en las islas, y cambian de tipo también. Tengo videos de varios de ellos en sus diferentes formas, después podríamos verlos.

- Suena bien.

- Ah, pero basta de hablar de nuestras vacaciones. – dijo Helios. – Vamos, cuéntanos tu experiencia.

La pelirroja simplemente les sonrió, y les mostró su estuche de medallas de gimnasio, con solo un compartimiento vacío. No era por presumir, pero realmente le invadió una sensación de orgullo de ver las caras llenas de sorpresa y orgullo de sus padres. Eso la hacía sentirse realmente satisfecha consigo misma.

- Es increíble. ¡Siete medallas, y seis de ellas de los gimnasios más difíciles de Kanto! – exclamó Helios. – ¡Jaja, esa es mi hija! Y tú, cariño, ¿no tienes nada qué decir al respecto?

- Bueno… me da que me equivoqué al preocuparme. – replicó Solange desviando la mirada. – Creí que los gimnasios estarían llenos de brutos que solo les importa la fuerza y nada más. Totalmente diferentes de nosotros los coordinadores.

- Te sorprenderías. – Solidad sacó la Medalla Arcoíris para que la vieran mientras dejaba claro su punto. – Mira esta por ejemplo. El Gimnasio Celadon tiene personal totalmente de mujeres, y créeme, Erika puede no ser coordinadora, pero no le falta la gracia y la elegancia cuando tiene sus batallas. Y eso no va en detrimento de su fuerza de ninguna manera.

- A este paso podrías incluso ganar en la Conferencia Índigo. ¿Estás segura de que no quieres seguir compitiendo el próximo año? – preguntó Helios.

- Querido, ¿no recuerdas lo que dijo? – dijo Solange. – Esto será cosa de una vez, y luego entrará verdaderamente a los Concursos Pokémon. No tienes por qué obligarla a seguir tus pasos.

- No estoy obligándola a nada. Solo dije que podría intentarlo de nuevo si ve que le gusta. Además, eso lo dices solo porque planea seguir TUS pasos.

- ¿Y hay algo de malo en eso?

- *Ejem*, ¿disculpen? – Solidad se aclaró la garganta para llamar la atención de ambos. – Por favor cálmense, ya tuvimos esta discusión antes. Tengo mi meta muy clara, solo quiero seguir un camino diferente para alcanzarla. Eso fue lo que les dije, ¿recuerdan?

- Lo sentimos. – dijeron ambos al unísono, ligeramente ruborizados. Inmediatamente Helios tomó la palabra. – Y bien, ¿por qué no nos cuentas lo que has hecho? Te vimos en televisión durante ese torneo en el Domo de Batalla.

Solidad cogió de nuevo su estuche de medallas. Colocando de nuevo la Medalla Arcoíris en su lugar. Cogió la primera de todas, la Medalla Roca.

- Como imaginarán, comencé el desafío aquí mismo. Les digo, Brock no me lo puso nada fácil.

- ¿Ni aunque son amigos? – preguntó Solange. – ¿Ni siquiera aunque salieron juntos por un tiempo?

- Cariño, eso no viene al caso. – intervino Helios. – Los líderes de gimnasio no pueden dejarse llevar por sentimentalismos.

- Estoy de acuerdo con papá. – asintió Solidad. – Saben, ser amiga de Brock no me fue de mucha ayuda para enfrentarlo. Cuando se trata de ser el líder de gimnasio es como si se convirtiera en alguien más… en algo más. Fue como pelear contra un gran muro de roca, y tuve que usar toda mi determinación para poder derribarlo.

- Me cuesta creerlo. – dijo Solange. – Lo conocemos desde hace años, y él definitivamente no tiene un corazón de piedra, ¿verdad?

- ¡Jaja! Eso es porque no lo has visto en acción, querida. – replicó Helios. – Sabes, es una pena que ustedes no llegaran muy lejos, me caía bien como futuro yerno.

- Oh, de eso no hay duda. – concordó Solange. – Es todo un caballero, bueno en los quehaceres del hogar, y además…

- Mamá, papá, se están dejando llevar otra vez. – los interrumpió su hija. – Solo somos amigos, y además, él está feliz con Lucy.

- Perdón. Por favor sigue. – le dijo Helios.

Solidad continuó relatando sus experiencias en cada uno de los gimnasios. Igual que con el de Pewter, cada una de las medallas tenía una historia detrás de ella, y Solidad describió a los líderes de gimnasio usando analogías apropiadas con los tipos de Pokémon que cada uno utilizaba. Por ejemplo, el líder del Gimnasio Matcha usaba Pokémon de tipo Luchador, y literalmente se enfrentaba a un puño tan rápido y poderoso, que podría haberle apagado las luces antes de que supiera qué la golpeó. Blaine en Cinnabar, era como el volcán por el cual la isla era tan conocida: ocultando su verdadero poder hasta que lo liberaba cuando menos lo esperaba en una gran explosión. Hasta la última medalla que se había ganado, del Teniente Surge, vino de vencer a un oponente que favorecía los ataques relámpago, típico de tácticas de guerra.

La única medalla que no valía una historia era la Medalla Cascada, por supuesto. Se la llevó mayormente porque estaba cerca, pero las líderes apenas si le dieron batalla. Difícilmente se sorprendió de saber que poco después que la obtuvo el gimnasio fue cerrado permanentemente.

- Y aun así, aprendí mucho de enfrentarme a ellas. – concluyó Solidad. – Lo que NO se debe hacer con movimientos de tipo Agua, y cómo tomar ventaja de un campo acuático. En serio, se aprende mucho de observar a los Líderes de Gimnasio, especialmente cuando se trata de crear combinaciones para los Concursos Pokémon.

- Me alegra que la experiencia te resultara útil, querida. – dijo Solange. – Estoy ansiosa por verte en el escenario de los grandes Coordinadores Pokémon.

- Lo mismo digo. – añadió Helios. – ¡Diablos, por el camino que vas podrías llegar a ser la número uno de la región Kanto, inclusive la campeona si te lo propusieras!

- Cariño, ¿vas a empezar otra vez?

- No estoy empezando nada, solo digo que…

- Ya, los dos. – dijo Solidad. – Miren, saben que los quiero mucho a ambos, pero no tiene sentido que sigan discutiendo. Ya soy adulta y tengo claro lo que quiero hacer, y cómo lo quiero hacer. Y sin desmeritar a ninguno, pienso que ambos tienen algo de razón en sus puntos.

Se puso de pie y los miró a ambos. No estaba haciéndolo con afán de amenazar o intimidarlos, pero al parecer ellos lo tomaron de ese modo a juzgar por las miradas que le dieron.

- Si me disculpan, necesito descansar. Mi última medalla de gimnasio será más difícil que todas las anteriores, y mañana empezaré a entrenar para la revancha. Buenas noches a los dos.

Mientras se iba del comedor hacia su habitación, alcanzó a oír que sus padres empezaban de nuevo a decirse cosas como "la hiciste sentirse incómoda" o "se fue porque no te aguantó". La pelirroja se rio por lo bajo: no había malicia real; parecían más un par de niños discutiendo por un juguete, y por eso no le preocupaba que la riña fuese a escalarse.

- ¿No te avergüenza que nuestra hija sea más madura que nosotros?

- Habla por ti, la madurez la sacó del lado de mi familia.

- ¿Disculpa? ¿Me pareció oírte mal? Es obvio que lo sacó de MI lado de la familia.

- Sí claro, sigue soñando.

- ¡Sueña tú!

- Esos dos, por favor nunca cambien. – se rio Solidad, todavía oyéndolos antes de entrar a su habitación.


Monte Luna, al día siguiente…

Para evitar incomodar a Brock en el gimnasio, Solidad y Lucy habían decidido irse a entrenar a la sombra del Monte Luna. Había suficiente espacio al pie de la montaña para un campo de batalla improvisado y podían practicar toda clase de movimientos y estrategias sin ser interrumpidas.

En aquel momento, con Brock supervisando el encuentro, Solidad dirigía a su Slowbro contra un Steelix del lado de Lucy, y ambos Pokémon se veían particularmente agotados tras un largo combate de resistencia, y el campo de batalla estaba repleto de trozos de roca por todas partes.

- ¡Slowbro, combo de Lanzallamas y Fuerza Psíquica!

El Pokémon Agua/Psíquico, con una velocidad de reacción casi sobrenatural para su especie, acató la orden lanzando un torrente de llamas desde su boca. Al mismo tiempo, sus ojos comenzaron a brillar con una luz azul mientras ejecutaba movimientos con sus brazos que asemejaban a una especie de danza, dirigiendo las llamas en un trayecto espiral más propio de un Giro Fuego.

El remolino llameante envolvió a la serpiente de metal, tratando de sofocarla bajo el intenso calor. A un Steelix ordinario probablemente lo habría vencido con ese movimiento. Este, sin embargo, que había sido criado de un huevo del Onix más fuerte de Brock, y aunado al entrenamiento de Lucy, estaba muy lejos de ser ordinario.

- ¡Tormenta de Arena!

Aunque bajo las llamas era difícil de ver, Solidad pudo escuchar el chirrido de las articulaciones de Steelix, comenzando a girar como engranajes para expulsar chorros de arena. Sin embargo, Steelix contuvo el ataque por unos segundos más de lo normal, antes de liberarlo en un solo estallido que disipó las llamas, y la corriente de aire que generó también rompió la concentración de Slowbro momentáneamente, dejándolo abierto para un contraataque.

- ¡Chirrido! – indicó Lucy.

Steelix abrió la boca al instante y se preparó para lanzar la ráfaga sónica. En vez de simplemente sonar el desagradable grito para romper los tímpanos, Solidad se percató de que el ataque lanzaba las ondas mucho más concentradas creando una especie de túnel de viento. Ya lo había visto antes cuando enfrentó al Onix de Brock por su primera medalla, como una defensa contra ataques de esporas.

Y claro, viniendo de un Steelix, la intensidad del ataque era exponencialmente mayor, teniendo la fuerza suficiente para empujar a Slowbro hacia atrás mientras intentaba taparse los oídos y soportar el ruido.

Ella misma tuvo que cubrirse mientras el chirrido le taladraba en los oídos, y admitiéndolo, ya estaba empezando a darle una fuerte migraña.

- ¡Slowbro, concéntrate! – gritó Solidad tan fuerte como pudo. – ¡Usa Fuerza Psíquica con esas rocas!

Con gran dificultad, Slowbro abrió un ojo y enfocó su poder psíquico para hacer levitar los peñascos que tenía cerca, restos de una Avalancha de Rocas. Movido únicamente por su determinación, giró los brazos para hacer orbitar los trozos de roca a su alrededor creando un par de anillos entrecruzados.

- ¡Slow… BRO!

Y con un empujón al frente de ambas manos, los dos anillos de piedra salieron disparados hacia la cara de Steelix, atravesando la corriente sónica del Chirrido y golpeando a la serpiente en los ojos. Al interrumpir su ataque, Steelix se echó atrás y desvió la cabeza hasta que el bombardeo cesó y pudo volver a encarar a su oponente. Ambos Pokémon se quedaron viéndose desafiantes entre sí.

- Muy bien, suficiente. – dijo Brock alzando la mano. – Oficialmente declaro el combate terminado. Ambos pueden descansar.

No bien terminó de decirlo cuando Slowbro se dejó caer de sentón y Steelix lentamente se tendió en el suelo. Ambas entrenadoras se les acercaron para darles unas palmadas por su esfuerzo.

- Bien hecho, Slowbro, tu control psíquico cada vez es mejor. – lo felicitó Solidad, sintiéndose orgullosa del progreso de su compañero.

- Sí que lo es. – dijo Lucy estando de acuerdo. – Especialmente usarlo de ese modo para controlar un segundo ataque. Pero parece que dependes mucho de él, ¿o no?

- Sí, debo admitirlo. – asintió Solidad. Aparte de controlar sus movimientos para darles forma o redirigirlos, frecuentemente lo usaban para moverse y esquivar los ataques del enemigo. Efectivo, pero bastante agotador.

- Bien, señoritas, creo que podemos tomarnos un descanso. – dijo Brock cogiendo unas cajas de almuerzo. – ¿Alguna tiene hambre?

Las dos respondieron afirmativamente, tanto ellas como sus Pokémon se habían ganado un buen refrigerio después de tanto entrenar. Y reponer energías era otra parte importante del entrenamiento.

Mientras comían, Solidad echó un ojo al campo de batalla. Algunas partículas de la arena se habían convertido en vidrio con el Lanzallamas, y la pelirroja se preguntó si podría aprovechar eso para crear una nueva combinación. Cristalizar la tierra se vería increíble en un Concurso Pokémon, y al mismo tiempo, tal vez podría encontrar una manera de usarlo a su favor en las batallas.

- "Pero necesitaría más poder de fuego para hacer algo así." – pensó. – "Enseñarle Lanzallamas a Slowbro ya fue difícil, e incrementar la potencia lo sería todavía más."

Para cualquier Pokémon era más fácil aprender movimientos de su propio tipo, y estos se fortalecían de manera natural con el tiempo y practicando. Sin embargo, enseñarle Lanzallamas a Slowbro, si bien resultaba útil para cubrir una de las debilidades naturales, habían llegado a un punto donde difícilmente podrían, por decirlo de alguna manera, soplar llamas más calientes. Una pena no poder mejorarlo como el control de Fuerza Psíquica.

Otra opción sería reemplazar el Lanzallamas por un ataque más potente como Llamarada, pero Solidad había sacrificado el poder a cambio de mayor control y precisión. Con la explosión de Llamarada no se podían hacer los mismos trucos al redirigir el fuego. Ella no buscaba maximizar el daño; con hacer el suficiente bastaba, lo importante era que se viera bien.

- "Que se vea bien, pero no ostentoso. No estamos tratando de presumir demasiado, ¿verdad?"

Solidad miró hacia el cielo, dejándose caer por un momento en sus pensamientos. Estaban progresando a buen paso, pero una parte de ella se preguntaba si sería suficiente. La derrota infligida por Giovanni seguía fresca en su mente, y dada la habilidad del sujeto harían falta más que unos pocos días de entrenamiento antes de la revancha.

- Oye, Solidad.

- ¿Hmm? – La voz de Lucy la sacó de sus pensamientos. – ¿Sí, qué sucede?

- Hay algo más que he querido preguntarte desde hace tiempo. – dijo la chica más alta. – Sé que dijiste que querías ser coordinadora, pero antes de eso quieres pasar por los gimnasios para hacerte fuerte, y ganar por nocaut si es necesario.

- Si, eso dije.

- Tengo curiosidad, ¿qué te hizo tomar esa decisión? – volvió a preguntar Lucy.

Solidad intercambió una mirada con Brock, y ambos se rieron ligeramente por lo bajo. Esa sería una historia muy interesante.

- ¿Me creerás si te digo que fue por mis padres? – le dijo, y no le sorprendió nada cuando Lucy levantó una ceja. – Ah, si los hubieras visto en su momento, eran rivales y ni siquiera competían en el mismo circuito. A veces me pregunto cómo pudieron casarse.

Lucy ladeó la cabeza confusa, mientras Brock se reía entre dientes. Solo ellos dos conocían la historia completa, y recordarla obviamente les daba mucha risa. Al ver que la expresión de su amiga pasaba de confusión a interés por saber más, decidió empezar a cantar:

- Mis padres son personas agradables, se quieren mucho entre ellos y a mí también. Pero hay algo en lo que nunca están de acuerdo, y es cuál de los dos es mejor: la Liga Pokémon o el Gran Festival. O más específicamente, si es mejor ser entrenador o coordinador.

- ¿Mejor? No tiene sentido compararlos, eso depende de cada quién. – dijo Lucy.

- Sí, es lo que he querido decirles. – asintió Solidad. – Mi papá compitió en ligas, y mi mamá llegó a ser Gran Coordinadora de Kanto. Obviamente, cada uno quería que yo siguiera sus pasos.

- Típico. – dijo Lucy. – ¿Y trataron de presionarte para que eligieras a uno de los dos?

- No, no realmente. – rio Solidad. – Aunque me tomó un poco decidirme, creo que en el fondo parte de mí sabía que quería ser coordinadora. Mamá no dejaba de restregarle eso en la cara a papá cuando se los dije. Creo que ambos tienen una idea errónea de que solo puedes ser o entrenador o coordinador, pero no ambas cosas.

- Discúlpame por decirlo, pero eso es absurdo. – dijo Lucy. – ¿Alguno de ellos conoce al líder de gimnasio de Sootopolis Juan, y su estudiante Wallace?

- Oh, claro que los conocen. – dijo Solidad. – Pero ambos resaltan solamente los logros de un lado, y convenientemente ignoran el otro. Así que… decidí que les iba a probar mi punto.

»Mamá nunca obtuvo una victoria por nocaut en toda su carrera: siempre ganó sus concursos por reducción de puntos. Según ella, ganar por nocaut era una brutalidad y restaba la elegancia que deben tener los Pokémon en los concursos. Entretanto, a papá le gusta ganar golpeando tan fuerte al oponente que no se vuelva a levantar. Para él, lo importante en cualquier competencia es demostrar la fuerza.

- Deben llevarse de maravilla. – dijo Lucy en tono medio sarcástico. – ¿Así que es eso? ¿Un debate de fuerza vs fineza?

- Constantemente discuten sobre cuál de las dos es más importante. – replicó Solidad. – Y por eso, fue que retrasé un poco mi viaje Pokémon, aun después de conseguir mi licencia. Tomé algunos cursos tanto para entrenamiento ordinario como para coordinación, aprender todo lo posible de ambos y cómo podía conectarlos. Para mostrarles a mis padres lo mejor de ambos mundos.

- Vaya, esa es una meta admirable. – admitió Lucy. – Ahora entiendo un poco mejor por qué tu derrota ante Giovanni te molestó tanto. Te recordó a tus padres, ¿no?

- Mucho más grosero y menos divertido, obviamente. – dijo Solidad, dejando de sonreír por un momento. – Pero sí, más o menos. Es por eso que estoy decidida a derrotarlo.

- No solo lo vencerás, lo harás con estilo. – aseguró Brock. – Bien, creo que ya podemos seguir, es hora de la prueba de fuego.

El moreno abrió una de las Pokébolas que había traído, sacando a un Rhyperior. Era un poco más pequeño que el de Giovanni, pero el tamaño no importaba. Ahora lo que importaba era hacer una simulación del combate perdido, y prepararse para la revancha.

- Rhyperior, usa Pulimento de Roca. – ordenó Brock tranquilamente. El Pokémon obedeció instantáneamente golpeando sus puños entre sí, y las placas rojas que cubrían su cuerpo comenzaron a resplandecer. – No sé si mi Rhyperior esté al mismo nivel de poder bruto que el de Giovanni, pero creo que podemos trabajar con la velocidad y evasión.

- Mientras no nos golpeen, todo ese poder será inútil, ¿correcto? – asumió Solidad, a lo cual Brock asintió. – Muy bien, estamos listos. ¿Slowbro?

Ya descansado, Slowbro volvió a ponerse de pie y se colocó cara a cara con su oponente, listo para reanudar su entrenamiento.

- ¡Brazo Martillo!

- ¡Usa Fuerza Psíquica y esquiva!

A pesar de que Slowbro tenía un buen tiempo de reacción, todavía necesitaba unos pocos segundos para enfocar su energía psíquica en el objetivo, y esto era un poco más difícil cuando dicho objetivo era él mismo. Lamentablemente, esos tres segundos que tardó en rodearse con el campo de energía para empezar a levitar fueron suficientes para que el Rhyperior de Brock lo alcanzara y le asestara un golpe que lo mandó a volar, estrellándolo contra la montaña.

Los tres entrenadores se quedaron observando como Slowbro se deslizaba hasta el suelo y caía de sentón. Después de unos segundos de aturdimiento, se sacudió la cabeza y se puso de pie de nuevo con algo de dificultad. Solidad no pudo evitar echarle una mirada a su amigo, que parecía tan sorprendido como ella por la velocidad de Rhyperior.

- Ups… creo que se nos fue un poco la mano. – se rio nerviosamente rascándose detrás de la cabeza.

Solidad rodó los ojos y se encogió de hombros. Cuando fue a ver a Slowbro, sintió alivio de ver que el daño no fue tan serio como el de Lapras: por lo visto la efectividad de tipos mitigó un poco el impacto.

- Esto va para largo, ¿verdad? – preguntó la pelirroja.

- Probablemente. – asintió Brock. – Un poco más lento esta vez, Rhyperior.

Ya de pie otra vez, Slowbro volvió a ponerse frente a Rhyperior, listo para el segundo asalto. Tenían tiempo de sobra para practicar, y el día apenas estaba comenzando. Y no era como que el Gimnasio Viridian se fuese a ir a ninguna parte después de todo.


Un par de días después…

Las prácticas del control psíquico siguieron su curso, y aunque el progreso era algo lento, Solidad se sentía bastante satisfecha con los resultados. El verdadero problema siempre era el inicio, aunque la solución resultó ser bastante sencilla: sin que se lo dijeran, Slowbro acumularía algo de energía psíquica apenas saliera de la Pokébola, para estar listo una vez que Solidad le diera la orden. Eso compensaría el hándicap que representaba el retraso.

Con todo, a pesar de que planeaba tener a Slowbro como su carta de triunfo, Solidad no estaba descuidando al resto de sus Pokémon. Obviamente ellos también serían importantes, para ayudarle a llegar hasta el final. Y viendo que Giovanni ya había visto de lo que eran capaces, si quería volver a utilizarlos tendría que cambiar de tácticas. Los videos de Alola que le trajo su madre con los Oricorios danzando le dieron algunas ideas, y a partir de ahí, empezó a desarrollar algunos pasos de baile que pudiesen servir. Había podido incorporar un poco de ello en Bellossom para su Danza de Pétalos, y estaba viendo si podría hacer lo propio con algunos de los otros.

Aquel día, sin embargo, estaba planeando tomarse un pequeño descanso del entrenamiento. Ya que había pasado tanto tiempo fuera de casa, se imaginó que no haría ningún daño caminar un poco por su ciudad natal, pensando con calma en lo que podría hacer después. La Liga Pokémon estaba a varios meses todavía, y el Gimnasio Viridian no iría a ninguna parte de todos modos. No era necesario apresurarse con nada.

Al dar la vuelta en una esquina, se detuvo frente a un edificio mientras un montón de niños entre unos once y trece años entraban a toda prisa, con la campana de inicio de clases. Una oleada de nostalgia la hizo sonreír al reconocer su vieja escuela.

- La Escuela para Entrenadores Pokémon de Pewter. Tan animada como siempre. – murmuró.

Aunque ya hacía años que se había graduado, tenía muy buenos recuerdos de ese lugar, y de vez en cuando le gustaba pasar a ver cómo estaban las cosas. Sus viejos maestros siempre la recordaban con afecto. No era que fuese una típica cerebrito que le gustara ser la mascota de los profesores, pero claro, era una estudiante aplicada que se esforzaba por aprender y obtener buenas calificaciones.

- Vaya, vaya, pero si es mi estudiante favorita.

Solidad se dio la vuelta y vio que se le aproximaba un hombre de unos treinta y tantos encima, de pelo castaño oscuro y con gafas cuadradas. Tenía todo el aspecto de un educador veterano, completo con el traje y el maletín que llevaba en mano.

- Buen día, señor Henderson. – lo saludó. – ¿Mucho trabajo en la escuela?

- Siempre lo hay. – replicó el hombre con resignación, pero sonrió igualmente. – Me sorprende verte por aquí, me enteré que ya habías iniciado tu viaje Pokémon.

- Pensé en volver a casa un tiempo. Quería reponerme de mi última derrota antes de volver por la revancha. – dijo Solidad, sin elaborar más en detalles.

- Ya veo. – asintió el educador. – Debo admitir que no he estado muy al día con tus logros, pero yo al igual que muchos de mis colegas esperamos grandes cosas de ti. Después de todo fuiste una de nuestras mejores estudiantes, aunque hayas esperado un poco más antes de comenzar tu viaje.

- Las cosas buenas se hacen esperar, ¿o no? – dijo Solidad. – Quise estudiar un poco más antes de comenzar, usted lo entiende, ir un poco más allá de la norma.

- Sí, claro que lo entiendo. – dijo el profesor. – Sabes, ya que estás aquí, ¿crees que podría pedirte un pequeño favor?

- ¿Un favor? Bueno, si está dentro de mis capacidades, con todo gusto.

Cuando el señor Henderson dijo "un pequeño favor", no se imaginó que volvería a estar cruzando por los pasillos de su antigua escuela. A pesar de todo, no podía decir que no se alegrara de volver a ese lugar después de tanto tiempo.

A medida que se acercaban al aula, Solidad fue escuchando la algarabía proveniente del interior. Por lo visto su antiguo profesor ahora tenía una clase… bastante animada, y sonrió al ver el aviso encima de la puerta que rezaba "4-A", la misma clase donde ella estudió en su momento.

- De antemano disculpa por el alboroto. Son buenos chicos, pero a veces tienen energía de sobra.

- Ya puedo imaginarlo. – asintió Solidad.

- Espérame aquí un momento. – El señor Henderson abrió la puerta y el ruido se intensificó diez veces más. – ¡Buen día, clase! ¡Silencio todos, por favor, silencio!

Poco a poco se fue apagando el revuelo, y Solidad espió brevemente para echar un ojo a los estudiantes. Había un par de ellos sentados en el escritorio del profesor que rápidamente corrieron hacia sus lugares, y uno o dos tenían los pies encima de su pupitre, aunque los bajaron casi de inmediato.

- Bien, como les había prometido, el día de hoy teníamos planeado hacer una clase práctica. Estudiaremos combos en batallas Pokémon. – anunció. – Sin embargo, habrá un pequeño cambio de planes, ya que he decidido traerles a una invitada sorpresa. ¿Solidad, por favor?

La pelirroja ingresó al aula y se paró junto al profesor. Rápidamente las miradas de toda la clase se posaron en ella: algunas curiosas, otras confundidas, y hasta había algunas que parecían emocionadas de verla. Para romper el hielo, les dio su mejor sonrisa y les saludó con la mano.

- Hola, es un placer conocerlos a todos. Mi nombre es Solidad, y soy…

- ¡Hey, yo sé quién es ella! ¡Compitió en el torneo del Domo de Batallas!

- ¡Yo la vi en Reseñas de Batallas de Gimnasio, derrotó al líder de Cinnabar!

- ¡También venció a…!

- Niños, ¡niños! – exclamó el profesor, tratando de calmarlos, sin mucho éxito. – Ay vaya, como puedes ver, tienes… cierto prestigio entre mis estudiantes.

- Ya lo veo. – se rio Solidad. – ¿Me permite?

El profesor asintió, y Solidad dio unos pasos al frente mientras los estudiantes seguían intercambiando su información entre ellos, apenas se entendía lo que decían. Solidad primero trató de aclararse la garganta, y cuando eso falló, aspiró profundo y silbó para hacerse oír encima del ruido. Al instante todos se callaron, y con eso ella pudo hablarles con la voz calmada.

- Gracias. Puedo ver que muchos aquí saben quién soy, y debo admitir que eso me hace sentir halagada. No obstante, estoy aquí para hacerle un favor al señor Henderson. Él fue mi profesor cuando estudié en esta escuela y le tengo un gran respeto, ¿saben?

Inmediatamente todos los estudiantes se quedaron sentados y adoptaron expresiones de ligera vergüenza por su comportamiento. Buena señal, así que podía continuar.

- Ahora, estoy tomando un pequeño descanso de mi viaje Pokémon, y accedí a ayudar al señor Henderson con su clase de hoy. Me ha dicho que ustedes son una clase con un gran potencial, y él desea verlo realizado. Díganme, ¿cuántos de ustedes aquí desean competir en la Liga Pokémon?

Casi la mitad del salón alzó la mano con entusiasmo. Uno o dos se retrasaron y parecieron dudar, pero finalmente la levantaron.

- Bien, muy bien. Ahora, ¿cuántos de ustedes les gustaría convertirse en coordinadores para participar en el Gran Festival?

Casi la otra mitad restante levantó sus manos, e inclusive algunos de los que habían levantado antes se abstuvieron de bajarlas. Solidad sonrió de ver que muchos de ellos parecían querer intentar lo mejor de ambos mundos, igual que ella. Bien, lo justo era ponerlos en el buen camino lo mejor que pudiese.

- De acuerdo. Muy bien, independientemente del camino que decidan tomar, es importante que sepan lo que sus Pokémon son capaces de hacer, y qué partido pueden sacar de ello. Como dijo el señor Henderson, hoy van a practicar combinaciones de movimientos en batalla, ¿correcto? Bien, creo que mis Pokémon podrán ayudarnos a darles a todos una demostración. ¿Qué les parece?

Inmediatamente todo el salón estalló en aplausos y vítores. Claramente todos los alumnos estaban muy emocionados de tener una clase directamente con alguien a quien admiraban. Solidad volteó a ver a su antiguo profesor, que parecía dividido entre la frustración de tener una clase tan ruidosa, y la sorpresa de ver lo rápido que su antigua alumna captó el interés de todos ellos.

- ¡Muy bien, muy bien! – declaró mientras daba unos ligeros golpes al escritorio. – Pero antes de ir a la práctica, primero tendrán que entender la teoría. Así que por favor, todos cálmense y tomen asiento para que podamos comenzar, ¿está bien?

Mientras poco a poco la clase volvía a sus lugares (algunos entre murmullos y gruñidos de fastidio), el profesor sacó sus apuntes mientras Solidad se quedaba observando atentamente. Algunos dirían que sería un fastidio volver a su vieja escuela después de graduarse. Ella, por otro lado, se sentía bastante feliz de volver a estar en ese lugar, aunque las cosas se veían muy diferentes estando del otro lado.

Pasados ya de la parte teórica de la clase, el señor Henderson se llevó a sus alumnos y a Solidad a uno de los campos de batalla a cielo abierto para iniciar con la parte práctica, la cual todos estaban esperando. A pesar de que Solidad no tenía planes de hacer entrenamiento aquel día, no le molestó para nada hacer algunas demostraciones con ayuda de sus Pokémon sobre algunas de las combinaciones de movimientos más básicas, y otras que había estado practicando específicamente para su revancha en el Gimnasio Viridian.

Cuando uno de los estudiantes se emocionó de más y quiso retarla a duelo, Solidad aceptó a pesar de las quejas de su antiguo profesor, y en ese momento, su Ninetales se encontraba enfrentándose a un Poliwhirl que intentaba bombardearlo con ataques de agua, sin mucho éxito.

- ¡Poliwhirl, Hidrobomba!

- ¡Poli! – El Pokémon renacuajo disparó un potente chorro de agua hacia su oponente. Solidad se mantuvo firme donde estaba y alzó la mano hacia el cielo.

- ¡Día Soleado!

Ninetales gruñó y desde su hocico disparó una bola de energía que estalló en el aire, creando un pequeño sol en miniatura que bañó todo el campo de batalla. El efecto fue inmediato: la potencia de la Hidrobomba se vio drásticamente reducida, así que en cuanto hizo contacto con Ninetales, no hizo más que causarle una ligera molestia, y rápidamente el zorro se sacudió el agua del pelaje, antes de mirar desafiante a su oponente.

- ¡Rayo Solar, como lo practicamos! – ordenó Solidad, apuntando con la mano al frente.

El zorro desplegó sus nueve colas en una formación de abanico para concentrar la energía solar en ellas. Gracias al Día Soleado aceleró el tiempo de carga y en solo un par de segundos ya tenía el ataque preparado. No obstante, en vez de apuntarle directamente a Poliwhirl, Ninetales disparó hacia arriba de este, lanzando nueve rayos de energía que convergieron en una gran esfera, justo encima de su oponente.

- ¿Qué están haciendo? – preguntó el estudiante, con la voz temblorosa.

- ¡Ahora! – declaró Solidad, chasqueando los dedos.

- ¡NINE!

Y con un solo grito, Ninetales hizo que comenzaran a llover rayos de energía alrededor de Poliwhirl. El Pokémon renacuajo trataba de huir, pero siempre se veía forzado a dar la vuelta cuando otro rayo le caía enfrente, aunque sin tocarlo. Desde afuera se veía como si los rayos crearan una especie de jaula que no le permitía escapar.

Al caer el noveno rayo, Poliwhirl cayó de sentón y estaba temblando de miedo. No era para menos: uno solo de ellos habría sido suficiente para freírlo, pero Solidad intencionalmente lo había hecho fallar con la sola intención de probar el punto del ejercicio.

- ¡Me rindo, me rindo! – exclamó el chico. – ¡Poliwhirl, regresa!

Sin más, el chico recuperó a su Poliwhirl, mientras Solidad se acercaba a acariciar a Ninetales por un trabajo bien hecho, antes de acercarse al alumno.

- Lo hiciste bien, para ser tu primera batalla. – le dijo con una gran sonrisa.

- Lo dices solo para hacerme sentir mejor. – dijo el niño con algo de amargura. – Nunca tuve oportunidad contra ti, podrías habernos acabado de un solo golpe.

- Es cierto, pero no lo hice. ¿Sabes por qué? – preguntó Solidad, y el chico negó con la cabeza. – Bien, quería ilustrar lo que el señor Henderson explicaba sobre cómo encadenar los movimientos para hacer combos efectivos.

- ¿Cómo así? – preguntó el chico. Solidad miró por la esquina del ojo y notó que su antiguo profesor rodaba los ojos ligeramente antes de darle la señal de empezar a explicar.

- Bien, uno de los combos más comunes en las batallas Pokémon suele ser encadenar un movimiento que cambia el clima, y luego lanzar un ataque que se vea potenciado en esa condición. En este caso, el combo de Día Soleado y Rayo Solar me daba varias ventajas.

»En primer lugar, Día Soleado potencia los movimientos de tipo Fuego de Ninetales, a la vez que reduce el poder de los ataques de tipo Agua de tu Poliwhirl. Eso ya me ayuda a compensar la desventaja de tipo. Segundo, Rayo Solar es un ataque tipo Hierba, lo cual me da un as bajo la manga en caso de enfrentarme a un oponente de tipo Agua, Roca o Tierra, que son las debilidades naturales de un tipo Fuego como Ninetales. Y tercero, la luz solar intensa reduce el tiempo de carga del Rayo Solar, permitiéndome ejecutar el ataque mucho más rápido de lo normal.

- No sabía que se podía hacer un ataque de Rayo Solar de esa manera. Fue increíble. – dijo el pequeño, con tono de admiración. Solidad le sonrió.

- Es algo que hemos estado practicando. Ninetales también es capaz de usar Fuerza Psíquica. Los ataques de tipo Psíquico pueden ser muy útiles para redirigir otros movimientos, darles forma y utilizarlos de maneras inesperadas.

- ¡Pero nunca le dijiste que usara Fuerza Psíquica! – protestó el niño, ligeramente enfurruñado.

- No, pero hemos estado entrenando en usarlo de manera pasiva. – dijo Solidad. – Si tu oponente no sabe lo que estás planeando, eso te da una ventaja para sorprenderlo, ¿o no?

El niño abrió la boca, pero se vio forzado a concederle el punto y no dijo nada. Rápidamente cambió su gesto fruncido a una gran sonrisa, y le ofreció la mano, que Solidad aceptó gustosa. De inmediato se acercaron el señor Henderson y el resto de la clase.

- Muy bien, como pudieron observar, Solidad utilizó todos los principios que hemos estudiado al utilizar su combo. – dijo el profesor. – Colocó una condición de clima que le daba la ventaja a su Pokémon y reducía la de su oponente, y además le permitió utilizar un ataque que contrarrestaba la desventaja de tipo. ¿Ahora entienden por qué en batalla es importante usar movimientos de soporte y no solamente atacar por atacar?

- ¡Sí, señor Henderson! – exclamó la clase al unísono.

- Uh, señor Henderson, yo tengo una pregunta. – dijo una niña. – Toda la clase hemos estado estudiando combos de dos movimientos, pero Solidad utilizó tres, ¿o no? Porque dijo que estaba usando Fuerza Psíquica. ¿Se puede hacer eso?

- Bueno, creo que Solidad puede responder a esa pregunta mejor que yo. – dijo el profesor. – ¿Solidad?

- Sí, es una pregunta interesante. – asintió Solidad. – Y de hecho, sí, es posible encadenar tres o incluso más movimientos. De hecho, muchas estrategias de batalla se basan precisamente en eso, y si el oponente no es capaz de romper la cadena, muchas veces determinan la diferencia entre la victoria y la derrota.

- ¡Ohhh, ya entiendo! – exclamaron varios a la vez, y comenzaron a aplaudir. Era bastante reconfortante ver las caras de todos los alumnos.

- Bien, tomaremos un receso de diez minutos antes de volver al salón. – declaró el señor Henderson. – Pueden descansar y comer algo si lo desean.

Rápidamente, los estudiantes rompieron filas, aunque se alcanzaban a escuchar gruñidos y quejas, mayormente de varios estudiantes que también querían retar a la visitante. Dicho eso, Solidad apreciaba que tuvieran tanto entusiasmo. Su antiguo profesor no mentía al decir que tenían un gran potencial.

Mientras todos descansaban, Solidad miró alrededor, y notó que en medio de todos los estudiantes que se agrupaban para comer con sus amigos, había una niña que se había sentado a comer sola, apartada del resto. Dicha niña tenía el pelo azul en un par de coletas atadas con lazos, y se veía bastante retraída del resto, siendo la excepción a la regla en una clase que estaba llena de estudiantes bastante hiperactivos y alegres.

A Solidad no se le había escapado que de toda la clase era la única que no había intentado decir nada o intervenir, aunque de lejos parecía que sí quería hacerlo. Algo en la pelirroja la impulsó a acercársele a la niña solitaria para hablar con ella.

- Hola. – le dijo.

La niña dejó de comer y levantó la mirada. Tembló por un momento antes de sonreírle nerviosamente y devolverle el saludo. – H-hola.

- ¿Puedo sentarme? – le preguntó, y la niña de inmediato se apartó para hacerle espacio. – ¿Cómo te llamas?

- L-Lazuli.

- Lindo nombre. ¿No te sientes un poco sola, lejos de los demás? ¿Por qué no comes con ellos?

- N-no me llevo muy bien con ellos. – replicó Lazuli. – Por cierto…

En cuanto Solidad se giró hacia ella, la niña se detuvo en seco y se quedó con la boca abierta. Claramente tenía ganas de decirle algo más, pero se arrepintió al último segundo. Tal vez necesitaba un pequeño empujoncito.

- Si quieres decirme algo, adelante, con confianza. – le aseguró Solidad. – No me voy a molestar.

- Hmm… – Lazuli se mordió el labio inferior. – Yo… te vi en el torneo del Domo de Batallas. Qué pena que perdiste contra ese chico, lo estabas haciendo muy bien.

- Él fue mejor, no me siento mal por perder. – dijo Solidad.

- Me… me gusta tu estilo. – prosiguió la niña. – Dijiste que… querías ser coordinadora.

- Ese es mi plan. – dijo Solidad. – Después de competir en Índigo entraré al circuito de los Concursos.

- Eso es genial. Yo… también quiero ser una.

- ¿En serio? Que bien por ti. – dijo Solidad. – Quizás podríamos enfrentarnos en unos años.

- Qué va. Jamás podría vencerte.

- No puedes estar segura de eso. – replicó Solidad.

- No puedo compararme contigo. – dijo la niña. – Eres inteligente y bonita, tus Pokémon son fuertes y elegantes, y yo… yo jamás podría ser como tú.

La niña bajó la cabeza, y Solidad notó que su expresión se tornaba sombría. Parecía que necesitaba que le dieran un pequeño empujón a su confianza. Así, le puso una mano en el hombro para llamar su atención.

- Oye, ¿crees que fue fácil llegar hasta dónde estamos? – dijo Solidad. – Yo también estuve en tu lugar alguna vez.

- No te creo. – dijo Lazuli.

- No, es en serio. Ya oíste al señor Henderson, yo fui estudiante en esta misma escuela. A veces las cosas no iban como quería, me tropecé y caí muchas veces. Pero a pesar de todo seguí intentándolo. ¿Puedes imaginar por qué? – preguntó, y cuando Lazuli negó con la cabeza, Solidad prosiguió. – Tuve gente que me apoyó. Mis padres, mis amigos, mis profesores… todos ellos creyeron en mí, incluso en los momentos en que yo no lo hacía.

»Así que, me prometí a mí misma que lo conseguiría. Cierto, quizás elegí un camino un poco más largo que el resto, pero personalmente me gusta tomarme mi tiempo. Por eso aplacé el inicio de mi viaje algunos años, para estudiar más antes de comenzar.

- ¿En serio? – preguntó Lazuli interesada.

- Ajá. – asintió Solidad. – ¿Te doy un consejo? Si tienes claro a dónde quieres ir, decide por dónde quieres llegar allá. Hay muchos caminos de donde elegir, pero lo importante es que no los pierdas de vista.

- Eso no suena tan fácil. – señaló Lazuli.

- Oh, claro que no lo es. – dijo Solidad. – Pero todo sirve como experiencia. Tomar un camino más difícil te puede hacer más fuerte si lo superas. Y ese es mi plan: si puedo superar en fuerza a otros coordinadores, tendré una ventaja adicional cuando la necesite.

- Wow… – La expresión de la niña había cambiado. Todavía estaba algo recatada, pero ahora, Solidad podía ver un pequeño brillo en sus ojos que antes no estaba. Un brillo de confianza. Esto la hizo sonreír, y decidió darle el toque final.

- Entonces, ¿qué me dices? ¿De aquí a cuatro o cinco años, nos vemos en el Gran Festival?

- Claro. – asintió Lazuli, sonriendo también.

Con la pequeña de pelo azul ya salida de su timidez, y sintiendo que había encontrado una nueva amiga, Solidad se sintió en más confianza de hablar más con Lazuli.

- Si no te molesta que pregunte, ¿qué te hizo interesarte por los Concursos Pokémon?

- Bueno… mis padres tienen un servicio de festejos. A veces usan a los Pokémon para entretener, aunque también para otras cosas.

- ¿Oh, en serio? – preguntó Solidad interesada. – ¿Como cuáles?

- A veces hacen esculturas de hielo para decoraciones. – dijo Lazuli. – Una vez intentaron hacerlas de cristal para que no se derritieran, usando ataques de fuego y tierra, pero no les salió del todo bien.

- Qué lástima. – dijo Solidad. – Seguramente solo tendrían que…

De pronto Solidad se quedó pensando. Antes durante las prácticas, recordó que con los ataques de Slowbro a veces la tierra se convertía en vidrio. Y ahora que Lazuli sacaba a colación lo de las esculturas de hielo, recordó también que en ese momento había pensado vagamente en la posibilidad de hacer una escultura de cristal. ¿Habría una forma de hacerlo?

- ¿Tendrían que qué? – preguntó Lazuli.

- ¿Eh? Lo siento. Decía que tendrían que haber practicado un poco. – dijo Solidad. – No siempre sale bien a la primera, a veces hay que intentarlo varias veces para que resulte. Y hablando de eso, creo que me acabas de dar una idea.

- ¿Una idea? ¿Para qué?

- ¡Muy bien, clase, se terminó el descanso! – llamó el señor Henderson a todos los alumnos.

Colectivamente, todos los niños fueron a formarse. Solidad y Lazuli se echaron una última mirada una a la otra, y la pequeña hinchó las mejillas ligeramente enfurruñada.

- Ya te lo contaré otro día. – dijo la pelirroja. – Anda, ve.

La pelirroja le hizo un gesto con la cabeza para que fuera a reunirse con sus compañeros. Lazuli no tuvo más opción que hacer caso y fue a formarse con los demás, listos para volver junto con el señor Henderson.

Tuvo que admitir que se había entretenido bastante hablando con la niña y casi perdió la noción del tiempo. Por fortuna, todavía quedaban las clases de la tarde por delante, y tal vez podría ayudar a los estudiantes de otras maneras.

Al sonar la campana de salida, los estudiantes abandonaron el aula a toda prisa. Solidad y el señor Henderson se quedaron un poco más, ya que este tenía unas últimas cosas que atender antes de volver a casa. Solidad se quedó viendo sorprendida el reloj en la pared, el tiempo de verdad había volado.

- Bien, con esto terminamos. – declaró el profesor, guardando un archivo en su computadora antes de apagar el sistema. – En serio, Solidad, fuiste una gran ayuda. De verdad te lo agradezco mucho.

- No se preocupe, fue un placer. – dijo la pelirroja. – Tenía razón, son una clase muy interesante.

- Sin duda. Puede que sean un poco inquietos a veces, pero tengo fe en ellos. Aunque me sorprende que hayas podido mantener la atención de todos como lo hiciste. Tal vez deba tomar una página de tu libro e intentar hacer mis clases más como la de hoy.

- Eso me haría sentir halagada. – dijo Solidad. – Bueno, creo que es mejor que me vaya. Me dio gusto saludarlo, señor Henderson.

- Oye, espera. – la llamó antes de que cruzara la puerta. – Antes de eso, no creerás que te iba a pedir que me ayudaras de gratis, ¿o sí?

- Usted no dijo nada de que iba a pagarme. – señaló Solidad.

- Cierto, pero creo que tengo algo que podría serte de utilidad.

Solidad se preguntó de qué estaría hablando, hasta que el señor Henderson abrió una de las gavetas de su escritorio, y metió la mano en él para sacar algo. Al levantar el objeto, rápidamente se percató de que era una piedra redonda de color rosa… cuyo brillo reconoció al instante.

- Esa es…

- Una Mega Piedra, sí. Slowbronita, para ser exactos. – confirmó el profesor. – Mi hijo la encontró en la Cueva Cerulean hace unos meses, pero dijo que no la quería. Estaba planeando usarla para dar una clase sobre Mega Evolución con ella, pero ahora, creo que tú podrías encontrarla más útil que yo.

- ¿Está seguro? – preguntó Solidad.

- No sirve de mucho si no tienes una Piedra Activadora, y un Slowbro que pueda utilizarla. – declaró el profesor, poniéndola en la mano de su antigua alumna. – Y siendo que tú tienes ambos, estará mejor contigo.

- Yo… no sé qué decir, señor Henderson.

- No tienes que decir nada. – sonrió el educador. – Puede que ya no seas mi alumna, pero eso no significa que no pueda darte algún apoyo en tu carrera. Siempre serás mi estudiante estrella, aunque pasen los años.

- Gracias… profesor. – le dijo. Se sintió bien decir eso después de tanto tiempo, no lo había llamado así desde que se graduó de la escuela.

Despidiéndose de su antiguo profesor, Solidad se fue a casa, observando la Slowbronita que le había regalado. Si lograba ponerla a buen uso, podría darle un buen as bajo la manga para su revancha contra Giovanni.

Hacía unos días se preguntaba si podría aumentar el poder de fuego de Slowbro con el Lanzallamas, pero en ese punto ya no había muchos avances con el entrenamiento. Tal vez la Mega Evolución les podría dar el incremento que necesitaban, y con eso preparar sus estrategias.

La pregunta era, ¿podría hacerla funcionar lo bastante pronto?


Al día siguiente, en el Gimnasio Pewter…

Haber obtenido las piedras necesarias para Mega Evolución era una cosa. Pero hacerlas funcionar, eso era otra historia.

Antes de comenzar su viaje Pokémon, Brock le había prestado un libro titulado "Mega Evolución: El Poder de la Amistad y la Confianza entre Humanos y Pokémon", escrito por el Profesor Augustine Sycamore. Fue una lectura apasionante: los primeros capítulos tenían una breve historia sobre los orígenes de la Mega Evolución, y algunos de sus más notables usuarios en la historia del mundo, incluyendo al fundador de la Torre de la Maestría de Kalos, quien fue el primero en Mega Evolucionar a un Lucario, a la mujer ninja conocida como Feng del Beedrill, y en la historia más reciente (e infame), Bill de los Veinte Gyarados en Johto.

Tras haber conseguido la Slowbronita, volvió a pedirle prestado el libro, para leer específicamente los capítulos sobre las especies de Pokémon conocidas capaces de usar la Mega Evolución, y las habilidades que estos adquirían al alcanzar dicho estado. Para usar las habilidades de Slowbro a su máximo potencial, necesitaba saber exactamente de lo que era capaz.

Ahora, en medio de la arena del Gimnasio Pewter, había llegado el momento de la prueba de fuego. Con la Piedra Activadora en el collar de ella, y la Slowbronita en la banda que ahora Slowbro llevaba en la cabeza, era tiempo de hacer la prueba.

- Recuerda, Solidad. – le dijo Brock. – La Mega Evolución es impulsada por los lazos entre tú y tu Pokémon. Tú y Slowbro deben concentrarse en esos sentimientos.

- ¿Crees que funcione si pienso en los momentos que hemos pasado juntos? – preguntó la pelirroja.

- Posiblemente. – asintió Brock. – Pero no te sientas mal si no lo logras al primer intento. Hay expertos que toman incluso años en lograr que funcione.

- Muy bien, sin presiones. – dijo ella. – ¿Estás listo, Slowbro?

Slowbro asintió, chocando ambos puños con entusiasmo. Algunos pensarían que ver a un Slowbro "entusiasta" era algo anormal, pero eso le gustaba a ella. Sobresalir de la norma a veces era algo bueno después de todo. Cerrando los ojos, comenzó a concentrarse. Slowbro tenía ya varios meses con ella, así que tenía bastantes cosas en qué pensar.

El día que lo capturó, cuando solo era un Slowpoke, explorando el cabo al norte de Cerulean, cuando unos niños trataban de sacarle una reacción tocándolo con un palo, sin éxito. Una vez que estos se marcharon y ella se le acercó, de inmediato se levantó, casi como si hubiera estado esperándola.

Su primera batalla de gimnasio juntos, derrotando a las Hermanas Sensacionales de Cerulean. Todavía recordaba cómo estas se quejaron de que hacía trampa porque "un Slowpoke no debería tener permitido ser tan rápido", o algo por el estilo.

Luego, el día que se fue a probar la caña que le regaló ese viejo pescador, que olvidó decirle que parecía haber una colonia de Shellders en el lugar donde estaban. No se dio cuenta de ello hasta que Slowpoke metió la cola y se tiraron a morderla. El resultado fue predecible: Slowbro instantáneo.

Después pensó en todo su trabajo duro para fortalecer sus ataques, al tiempo que buscaban hacerlos lo más llamativos posible. Entre más mejoraban, más confianza ganaban en sus habilidades, y habían llegado invictos hasta el Domo de Batalla. Fue una sorpresa encontrarse con un oponente que se las arregló para contrarrestarlos, y esa fue su primera derrota. Pero más que sentirse mal, la habían usado como motivación para seguir mejorando.

Con todo eso en mente, Solidad tomó la piedra en el collar y la apuntó hacia su compañero, lista para enviarle sus sentimientos.

- ¡Mega Evoluciona!

La Piedra Activadora reaccionó con la Slowbronita, y ambas comenzaron a emitir hilos de energía que se interconectaron entre ellos. Un torbellino de energía multicolor envolvió a Slowbro mientras este comenzaba a elevarse del suelo, y a través de él Solidad pudo ver cómo el caparazón de Shellder se colocaba por debajo de él para encerrarle todo el cuerpo, dejando solo sus brazos y cabeza al aire. Al disiparse la luz, Slowbro se encontraba flotando a poca distancia del suelo, con el caparazón de Shellder girando a su alrededor.

- ¿Resultó? – preguntó Solidad, admirando la nueva forma de su compañero.

- Hay solo una forma de averiguarlo. – dijo Brock. – Prueba sus ataques.

Solidad asintió, y comenzó ordenándole un ataque de Bostezo. Slowbro abrió la boca y lo dejó salir como de costumbre, aunque habían estado practicando para hacerlo diferente. En vez de burbujas como antes, ahora dejaba salir una espesa nube que echaba chispas de color arcoíris, abarcando una zona mucho más amplia.

Acto seguido, usaron Pistola de Agua, y Solidad casi podría haber confundido el chorro con el de una Hidrobomba. Seguidamente, usaron Lanzallamas, y la potencia de fuego se incrementó a tal grado que pudo crear un gigantesco tornado llameante usando Fuerza Psíquica, mucho más grande de lo que habían hecho hasta ese momento.

Solidad sonrió complacida y le ordenó a su compañero utilizar As Aéreo, que respondió creando unas cuchillas en sus brazos y haciendo una elegante pirueta antes de dar dos cortes cruzados. La pelirroja notó que al estar levitando ejecutó el movimiento mucho más rápido, al punto que fue difícil percibirlo a simple vista.

- Increíble. La potencia de sus ataques se ha incrementado, y también su velocidad de reacción. – dijo Solidad. – Creo que lo único que resta ahora es que nos acostumbremos y veamos sus límites.

- Eso podemos arreglarlo. – Brock cogió una Pokébola y la arrojó de su lado del campo.

De inmediato apareció su Rhyperior, el mismo que habían estado utilizando durante el inicio del entrenamiento. Se veía igual de feroz que siempre, e igual que entonces, inició la batalla con Pulimento de Roca y seguido de un Brazo Martillo para un ataque relámpago devastador.

Esta vez, sin embargo, Solidad y Slowbro se anticiparon y lograron evadirlo, comenzando a utilizar tácticas de golpea y corre para que fallara sus ataques, sin dejarse golpear ni una sola vez, para luego sofocarlo con los ataques de fuego y atraparlo cuando usó Tormenta de Arena, causando que la arena se cristalizara y dificultándole los movimientos. Eventualmente, lo sometieron con una nube de Bostezo que fue incapaz de dispersar a tiempo.

A pesar de que su habilidad Roca Sólida y sus altas defensas le obligaron a conectar varios golpes, lento pero seguro lograron agotarlo. Solidad revisó su reloj, dándose cuenta que Slowbro había mantenido la Mega Evolución por diez minutos completos antes de derrotar a Rhyperior, y no se veía tan cansado. Habían logrado ganar la batalla de resistencia.

Al concluir la batalla, Slowbro regresó a la normalidad y aterrizó de sentón en el campo de batalla. Estaba agotado, pero se veía orgulloso de sí mismo, y no era para menos. Habían recorrido un largo camino en los últimos días.

- Estuviste asombroso, Slowbro. – declaró la pelirroja, tocando la Mega Piedra que llevaba en la banda. – Wow, el poder de la Mega Evolución es increíble.

- Y no cualquiera puede lograrla al primer intento. – intervino Brock. – Si peleas contra Giovanni como lo hiciste hoy, esa medalla ya es tuya.

Solidad asintió, y le dio a Slowbro unas palmaditas en la cabeza por un trabajo bien hecho. A decir verdad, no esperaba que le resultara tan fácil utilizar la Mega Evolución, y estaba preparada para aplazar su revancha en Viridian por uno o dos días más para practicar si era necesario. Pero al ver los resultados, se convenció de que ya estaban listos.

- Bien, creo que no nos queda más por hacer ahora. Descansaremos esta noche y mañana volveremos a Viridian por la revancha. – declaró Solidad, extendiéndole la mano a Brock. – Gracias por toda tu ayuda. Sé que debí haberles quitado mucho tiempo a ti y a Lucy para que hayan entrenado conmigo.

- Nah, para nada, lo hice con gusto. – replicó Brock, encogiéndose de hombros. – Lo que sea por ayudar a una vieja amiga… especialmente una que me ayudó en mi tiempo de necesidad.

- ¿Todavía me lo recuerdas? – preguntó Solidad. – Solo te di el boleto para el evento. Lo que haya venido después, ya es cosa tuya.

- Tal vez, pero no habría conocido a Lucy si no hubieras hecho eso por mí.

Solidad rodó los ojos. Se preguntaba si alguna vez le dejarían superar eso. Claro, ella tenía esperanzas de que él pudiera conocer a alguien allá, pero no tenía forma de saber que encontraría al amor de su vida. Aunque estaba feliz por él, especialmente de ver que le aligeraban considerablemente la carga de cuidar de sus hermanos ahora que tenía a Lucy para ayudarlo.

Esa fue otra razón por la cual supo que había tomado la decisión correcta. Brock y sus hermanos eran todos buenos chicos desde que podía recordar, pero no estaba segura si estaría preparada para las responsabilidades de ser cabecilla de una familia tan grande. Lucy no parecía tener problemas con eso, así que con gusto se las cedía.

- Bueno, ¿para qué son los amigos? – dijo Solidad finalmente. – Después de ganar mi última medalla estaré en deuda con ustedes, así que si hay algo que pueda hacer por ustedes, no tienen más que pedirlo.

- Ahora que lo pienso, creo que sí hay una cosa. – Brock se llevó la mano al mentón. – Lucy dijo que le gustaría ver, y cito textualmente, cómo le pateas el trasero a Giovanni en la revancha. Ese sujeto siempre mantiene sus batallas a puerta cerrada y no las comparte con programas de TV, así que si puedes grabar la batalla en secreto para que la veamos después…

- Creo que puedo hacer algo. – respondió Solidad, cogiendo su teléfono celular. – Tendré que ocultarlo bien, seguro se molestará si llega a notarlo. Bueno, creo que ya es hora de que me vaya a casa.

- Siento mucho que hoy no pudiéramos invitarte a almorzar. Si hubieras venido un poco más temprano…

- No te preocupes por eso. Estos días estoy disfrutando más de comer con mi familia.

La pelirroja se rio un poco, pensando en lo que significaba "comer con su familia". Sus padres seguían igual que siempre y aprovechaban las comidas para competir entre ellos, ya fuera por quién comía más o quién acababa primero, cuando no estaban discutiendo de sus preferencias en competencias Pokémon.

Despidiéndose de Brock, Solidad abandonó el Gimnasio Pewter y se fue directo a su casa. Había sido una larga y agotadora jornada de entrenamiento, y se habían ganado un buen descanso. Así estarían como nuevos a la mañana siguiente para la tan esperada revancha.

/-/

Aquella noche…

Eso era todo. Ya habían hecho todo lo que podían hasta ese punto, y con suerte sería suficiente. Pero tenía confianza en su ingenio y en las habilidades de sus Pokémon, y tenía certeza sobre su victoria. Además, teniendo la Mega Evolución como su as bajo la manga, estaba segura de que mañana esa Medalla Tierra sería suya.

Así que para relajarse, sintió decidió ponerse a ver los videos que sus padres habían traído de Alola. Se le hizo particularmente entretenido observar los bailes que realizaban los Oricorios, cada uno en su diferente forma, y aunque había incorporado algunos de sus movimientos para sus propios Pokémon, ahora solo los estaba viendo por diversión.

Al cabo de un rato de reproducir una y otra vez los videos, de pronto llamaron a la puerta.

- ¿Solidad, cariño? – Era la voz de su madre. – ¿Puedo pasar?

- Claro. – replicó ella, pausando el reproductor de video por un momento.

Solange ingresó lentamente a la habitación, cerrando la puerta tras de sí. Se acercó a ver con mucho interés el monitor de la computadora, que en ese momento mostraba un grupo de Oricorios en estilo Pa'u, de plumajes gris-púrpura, y más pasivos y relajados que sus otros congéneres.

- Veo que te gustaron mucho esos Pokémon.

- Son simpáticos. – dijo Solidad. – Y además, sus movimientos fueron útiles para incorporar a las rutinas de mis Pokémon. Sería genial uno de ellos, con esas múltiples formas seguro serían muy versátiles para presentaciones.

- De haberlo sabido habríamos capturado algunos para ti. – replicó Solange. – Pero en fin, ¿estás lista para tu gran desafío mañana?

- Tan lista como podría estarlo. – dijo Solidad con determinación.

- ¿Crees que será suficiente? – preguntó Solange. – Lo que quiero decir es… ¿estás segura de que quieres ganar tu última medalla en ESE gimnasio?

Solidad se quedó mirando fijamente a su mamá. La pregunta no le sorprendió del todo, pues ya había podido hablar con ellos de su derrota con Giovanni y que planeaba volver para la revancha en cuanto estuviese lista. Y ya no tenía sentido seguir aplazándolo.

- Claro que estoy segura. No puedo dejar que esa derrota se quede así como así.

- Cariño, no dudo de tus habilidades. – dijo Solange. – Te he observado: tus Pokémon se han hecho bastante fuertes en muy poco tiempo. Podrías ganar fácilmente en cualquier otro gimnasio si quisieras.

- Podría, sí. Pero podemos ser mejores todavía si superamos este obstáculo. – replicó Solidad. – Tú y papá siempre dicen que si no hay desafío no hay satisfacción, ¿o no?

- En eso estamos de acuerdo. – asintió Solange. – Pero parece que hay algo más. Siempre que te fijas un objetivo no descansas hasta conseguirlo, y siempre es por una buena razón, ¿o no?

Solidad sonrió. Eso lo había aprendido de ellos después de todo. No solo era importante tener claro su objetivo, sino el camino a seguir para alcanzarlo, y ambos lo sabían muy bien. Ahora, la motivación también era un factor importante.

- Si derroto a Giovanni, le demostraré que se equivocó al juzgarme. – dijo Solidad. – Dijo que estaba desperdiciando mi talento y que mis ataques no podían ser fuertes y llamativos al mismo tiempo.

- Cariño, aunque haya sido un pesado sí tiene algo de razón en ello. La fuerza y la elegancia no siempre se mezclan bien, y en los concursos la elegancia es más importante.

- Es cierto, pero la fuerza también tiene su mérito. – dijo Solidad. – ¿O me vas a negar que no tuviste derrotas por nocaut en tu momento?

Solange quiso replicar, pero no pudo más que rodar los ojos, teniendo que concederle ese punto. Al ver que no pudo refutarle nada, Solidad decidió seguir por la misma línea.

- Hay otra cosa más que quiero probar. Sé que tú y papá siempre están discutiendo cuál es mejor, si las Ligas o los Concursos, pero yo personalmente, creo que ninguno es mejor o peor. Solo son… diferentes.

»Pero durante mi viaje, utilicé todo lo que aprendí de observarlos a ti y a papá. Cuando Giovanni me insultó, no solo me insultó a mí, sino también a todo lo que aprendí de ustedes. Si he llegado hasta donde estoy es en gran parte gracias a lo que aprendí de observarlos a los dos todos estos años.

- Solidad… no sabía que… vaya, no creí que nos vieras de esa manera.

- Ustedes son mis padres. – dijo la pelirroja, cogiendo la mano de su madre. – Ya sé que nunca podré hacer que ustedes estén de acuerdo con el debate de las Ligas y los Concursos. Yo ya tengo mi meta clara, aunque elegí un camino diferente al tuyo. Pero tú y papá creyeron en mí cuando tomé mi decisión, así que deberían creer en mí ahora.

Solange se quedó sin habla. No era para menos: llevaba tiempo que quería decirles eso, pero no había encontrado las palabras correctas. Hasta ese momento, siempre que se soltaban en sus discusiones, lo único que Solidad podía hacer era reírse, o intervenir si empezaban a descontrolarse más de la cuenta. Pero ahora, por fin había encontrado una forma de zanjar ese pequeño debate. Algo bueno había resultado de su derrota.

- Bien, en ese caso, más te vale que ganes en tu revancha, linda. – dijo Solange sujetando a su hija de los hombros. – Si ese hombre te vuelve a derrotar, tu padre y yo quedaremos muy mal.

- No te preocupes. Esta vez lo venceré, y lo haré con fuerza y elegancia al mismo tiempo. Será lo mejor de ambos mundos.

- ¡Esa es mi hija! – declaró Solange, abrazándola con fuerza. Aunque se separaron al oír que tocaban de nuevo la puerta, y la voz de Helios llamándoles.

- Solidad, Solange, ¿están allí las dos?

- Sí, papá. ¿Necesitas algo?

- Me preguntaba si querrían comer algo, ya casi es hora de cenar.

Solidad miró el reloj, y en efecto, ya eran más de las 7:30 pm. El tiempo volaba aunque se suponía que estuviera descansando para mañana. Tal vez fuese la emoción de la revancha o algo así.

- No puedes irte a la cama con el estómago vacío. – declaró Solange. – Ven, vamos a comer.

Madre e hija salieron de la habitación y se unieron a Helios para la cena. Cuando el hombre preguntó de qué estaban hablando, su esposa se rehusó a decir los detalles, aparte de que estaba muy orgullosa de su hija, y que al día siguiente estaba segura de que lo sentiría todavía más.

Solidad se rio: probablemente necesitaría tener la charla en privado con su papá en algún momento.

Al terminar la cena, la familia fue a sentarse en el sillón de la sala para ver la televisión, sintonizando Pokémon TV que en ese momento estaba transmitiendo Reseñas de Batallas de Gimnasio. Para su sorpresa, el programa reveló que el Gimnasio Celadon había levantado su veto sobre los entrenadores masculinos, aparentemente luego que Erika aceptó a nada más y nada menos que Ash Ketchum, el mismo chico que la venció a ella en el Domo de Batallas.

- Qué interesante. Venció la Danza de Lluvia de Erika con la suya propia para eliminar la humedad en el aire. Deberías tomar nota, cariño. – dijo con mucho interés Solange.

- Olvida la Danza de Lluvia. ¡Mira como su Pidgeotto evolucionó en medio de la batalla, y barrió totalmente a ese Vileplume! ¡Eso sí es poder! – comentó Helios, chocando sus puños.

- Bueno, no se ha dormido en los laureles. – asintió Solidad con una sonrisa de respeto y admiración.

- Ah, pero nuestra pequeña no va a perder dos veces contra el mismo oponente, ¿verdad? – dijo Helios. – La próxima vez, serás tú quien le enseñe quién manda.

- Será un oponente formidable. Es mejor que tengas cuidado. – agregó Solange. – Pero estoy de acuerdo con tu padre, tengo la certeza de que podrás con él.

Solidad sonrió. Ese chico era impresionante, especialmente para un novato más joven que ella. Su victoria contra ella no había sido casualidad, y si seguía a ese paso, se volvería todavía más fuerte, y tal vez más impredecible.

Sería bueno si tenía una revancha con él en Índigo, si llegase a eso.

De cualquier manera significaba mucho que sus padres creyeran en ella tanto como lo hacían. Sin duda sería una fuente de fuerza en el encuentro de mañana.


Ciudad Viridian, al día siguiente…

El día había llegado. El momento de la verdad, ya no había vuelta atrás.

Pidgeot aterrizó delante del Gimnasio Viridian, y ella se bajó de un salto. Tras regresarlo, tomó un profundo respiro y se dirigió hacia la entrada, empujándola suavemente para entrar.

Igual que la última vez, se encontró con Giovanni aguardándola sentado en su silla con las piernas cruzadas, acariciando a su Persian como los típicos villanos de las películas. No pudo evitar preguntarse si activamente proyectaba esa imagen a propósito, o si quizás fuese un villano en secreto, o algo por el estilo.

Una cosa era segura: no le gustaba esa imagen ni un poco, y no podía esperar para destrozársela por completo. Estaba ansiosa por mostrarle el fruto de su duro entrenamiento.

- Volviste antes de lo que esperaba. – le dijo en un tono neutral, ni halagador ni burlesco. – Aun así, ya vi de lo que eres capaz, y si no pudiste vencerme a la primera, la segunda será mucho más difícil.

- Me siento con confianza. – respondió ella. – ¿Podemos empezar?

En respuesta, el recinto se iluminó, y Solidad fue a tomar su lugar en el campo de batalla. Alcanzó a reconocer al mismo réferi de la última vez, que de inmediato procedió a anunciar las reglas de la contienda.

- La revancha entre el líder de Gimnasio Giovanni y la retadora Solidad por la Medalla Tierra está por comenzar. Será una batalla total con seis Pokémon, y concluirá cuando todo el equipo de cualquiera de los dos sea incapaz de continuar. Solo a la retadora se le permitirá hacer substituciones. ¡Elijan a su primer Pokémon ahora!

Solidad hizo memoria de su encuentro anterior. A juzgar por la expresión de Giovanni, seguramente intentaría hacerla caer en trampas similares. Tenía que tener cuidado, aunque desde luego ella misma tenía algunas sorpresas bajo la manga, y no solo por haber cambiado algunos miembros de su equipo.

Cuando Giovanni hizo su movimiento inicial con un Onix, su sospecha se vio confirmada, pues su primera acción fue chasquear los dedos para dar lo que seguramente era una orden silenciosa. En respuesta, Solidad sacó primero a su Pidgeot, a quien había estado enseñando algunos movimientos nuevos, incluyendo Huracán para poder de ataque, y Quita Nieblas anticipándose a la posibilidad de que tuvieran que lidiar con esas molestas trampas de entrada.

En efecto, al despejar el campo, las cápsulas de Trampa de Rocas se disiparon, dejando el campo despejado para que entraran. Alcanzó a ver un atisbo de sorpresa en la cara de Giovanni cuando lo hizo, y aprovechó de iniciar un ataque relámpago para tomar la ventaja rápidamente.

Gracias a la velocidad de Pidgeot, un combo de Doble Equipo junto con Ala de Acero sirvió para desorientar a Onix, que intentó derribar al ave con Explosión de Rocas. Solidad sonrió cada vez que veía como las piruetas de Pidgeot, junto con los destellos metálicos, servían para confundirlo todavía más, haciendo que fallara sus ataques uno tras otro. Y a pesar de su férrea defensa, logró vencer a la serpiente sin recibir siquiera un rasguño.

Giovanni no se dejó intimidar por esto y rápidamente sacó al siguiente: un Sandslash. Solidad inmediatamente sustituyó a Pidgeot por su Ninetales. Sandslash dio una mejor pelea, intentando escabullirse bajo la tierra y consiguió acertarle varios cortes que dejaron una buena marca en Ninetales, entre ellos un suertudo Pinchazo Venenoso. Solidad invocó un Día Soleado y utilizó el Rayo Solar para bombardear todo el campo, usando la lluvia de rayos para obligar a Sandslash a salir y rematándolo con un Lanzallamas que lo dejó cocinado a término medio.

Siendo que Ninetales quedó envenenado, Solidad volvió a sustituir, esta vez por Bellossom. Ella también conocía Rayo Solar y decidió tomar ventaja de ello contra el tercer Pokémon de Giovanni, un Golem, en conjunto con Danza de Pétalos y los movimientos de baile de los videos de los Oricorios. Aunque funcionaron al principio, evitando recibir daños mayores, Giovanni y Golem eventualmente decidieron usar Rodada para atravesar los rayos a pura fuerza. Golem se puso a perseguir a la pequeña planta por todo el campo, hasta que finalmente logró arrollarla, y cuando finalmente la agarró, usó Explosión para dejarlos a ambos fuera de combate.

El siguiente obstáculo, que no estuvo presente en el encuentro anterior, fue una Nidoqueen. Midiéndolos de peso a peso, Solidad decidió enfrentarlo con su Venusaur. La pelea entre ambos fue casi cuerpo a cuerpo, y se decidió con un choque de Híperrayo contra otro Rayo Solar. Lamentablemente, la explosión ocurrió más cerca de Venusaur, haciendo que él recibiera la peor parte, y Solidad se vio forzada a traer a Ninetales de vuelta para terminar el trabajo, aunque el zorro también sucumbiría al veneno después de derrotar a su contrincante.

El quinto fue también una nueva adición al equipo de Giovanni, un Dugtrio. Al igual que Sandslash intentó a menudo escabullirse bajo la tierra para evitar la mayor parte del daño y hacer ataques sorpresa. Por suerte, Solidad tenía más de una manera de obligarlo a salir de su escondite, y lo que hizo fue poner a su Butterfree a volar bajo, y enviar ondas de Zumbido por los agujeros en el campo de batalla. El ruido no solo dejó a Dugtrio totalmente mareado, sino que también evitó que oyera las órdenes de Giovanni con claridad, permitiéndoles seguir atacando con Zumbido hasta que cayó.

Ahora, por fin estaban a las puertas del asalto final. El momento esperado había llegado. Aunque por fuera intentaba mantener la compostura, por dentro se sentía ardiendo de emoción. Estaban muy cerca de ganar, después de todo.

- Muy bien, se nota que has mejorado, y no lo hiciste nada mal la primera vez. – declaró Giovanni mientras tomaba su última Pokébola. – Sin embargo, esta vez no me harás ponerme de pie.

- Dudo mucho que dures mucho en ese asiento. – replicó ella sarcásticamente.

No se explicaba por qué se notaba tan confiado. Tal como había dicho, esta vez le fue mejor que la última, pues la mitad de su equipo todavía estaba en juego ahora que estaba en el último asalto. Eso sin mencionar que todavía tenía su arma secreta en espera, pero él obviamente no lo sabía.

Ciertamente, Giovanni no bromeaba al decirle que la revancha sería más difícil que la primera vez, pero hasta ahora ella había jugado bien sus cartas y hasta ahora tenía la ventaja. Pero no podía confiarse; si quería ganar, tenía que ir con todo lo que tenía hasta el final.

- Ya lo veremos… ¡ve, Rhyperior!

Tal como esperaba, el Pokémon final de Giovanni era el mismo que la última vez. La única desventaja en aquel momento fue que, al haber caído con un solo ataque, no supo de qué más podría ser capaz. Algo era seguro: ella no quería que sus Pokémon salieran heridos como carne de cañón si podía evitarlo.

- Butterfree, regresa. – dijo recuperando a su Pokémon y cambiando Pokébolas. – ¡Ve, Pidgeot!

Lo mejor que podía apostar era usar a Pidgeot para obligarlo a usar todos sus ataques, o por lo menos tantos como fuera posible, y cansarlo un poco para que Slowbro terminara el trabajo. En cuanto el réferi les dio la señal, ambos dieron su orden al mismo tiempo.

- ¡Ala de Acero, Pidgeot!

- ¡Puño Trueno!

Pidgeot consiguió evadir el puñetazo electrificado virando hacia un lado, y dando un giro en U regresó para golpear a Rhyperior por la espalda. De nuevo tomó distancia y aguardó su siguiente orden, mientras Rhyperior simplemente se sacudía el golpe como si no hubieran sido ni cosquillas.

- "Más sólido que el de Brock, eso es seguro." – pensó Solidad, rechinando sus dientes ligeramente. Tendrían que golpearlo más veces y con más fuerza si querían causar daño.

- Explosión de Roca. – dijo Giovanni.

Rhyperior rugió y alzando ambas manos, creó enormes masas de roca entre ellos. Luego comenzó a dispararlas como balas de cañón una tras otra contra Pidgeot, que inició acción evasiva mientras los disparos comenzaban a acelerar.

- ¡Pidgeot, aterriza y cúbrete usando Ala de Acero!

- ¡Pidgeooooooot!

El pájaro descendió y en medio del bombardeo rocoso se afianzó con sus garras, al tiempo que revestía sus alas de energía metálica para escudarse hasta que Rhyperior dejara de atacar.

Solidad observó a Pidgeot y notó que salvo por algunos golpes menores no había sufrido mucho daño, pero no podía confiarse. Tenía que agotar a Rhyperior lo más posible para que Slowbro tuviese mayor ventaja en el asalto final. Hasta entonces, tenían que seguir capitalizando su velocidad.

- ¡Doble Equipo y Ala de Acero!

Pidgeot volvió a elevarse y se multiplicó por todas partes. Tanto el original como los clones se lanzaron en picada para atacar en bandada, con la evidente intención de despistar a Giovanni y Rhyperior.

- ¡Dispersa a los falsos usando Puño Trueno!

Rhyperior cargó sus dos puños con electricidad y empezó a tirar puñetazo tras puñetazo a cada pájaro que se le acercaba. Estos se desvanecían al instante, pero a cada tanto, el original se colaba entre ellos y lograba darle un aletazo en alguna parte, volviendo a esconderse entre el desorden de clones antes de volver a atacar.

Sin embargo, los clones iban disminuyendo rápidamente, y en toda la batalla no habían podido ni siquiera mover a Rhyperior fuera de su lugar. Aunque no se desplazara, los puñetazos que daba eran bastante rápidos y precisos, y en varias ocasiones Pidgeot apenas se salvó por un pelo de ellos.

Era una desventaja, pero solamente podían atacar de esa manera si querían causarle daño a Rhyperior, si bien podían ver que los golpes no estaban resultando tan efectivos como deberían. Igual que en sus entrenamientos con Brock, este Rhyperior debía tener Roca Sólida como habilidad, limitando severamente sus ataques superefectivos.

- "Es lo mejor que podemos hacer de momento. Hay que mantener el asalto todo lo posible."

Y así fue. Solidad y Pidgeot continuaron usando Doble Equipo y Ala de Acero para ataques relámpago, pero tanto Rhyperior como Giovanni empezaban a hartarse, y el líder de gimnasio finalmente decidió ponerle fin con una sola orden.

- Tormenta de Arena.

Rhyperior cesó los puñetazos, y de inmediato empezó a arrojar chorros de arena. Solidad tuvo que taparse los ojos cuando esta empezó a cubrir todo el campo de batalla, y si no fuese por los colores de las plumas de Pidgeot le costaría ubicar donde estaba. Rhyperior, por otra parte, estaba mucho más difícil de ubicar, pues se camuflaba con su color marrón como el del campo.

Pidgeot no tenía un movimiento de clima para remover la Tormenta de Arena, pero sí lo segundo mejor para despejar un poco la visión, aunque fuese solo un momento.

- ¡Quita Nieblas!

Pidgeot empezó a aletear disparando ráfagas de viento azul. Aunque no cesaron la tormenta de arena de ninguna manera, lograban hacer aberturas para aclarar la visión temporalmente, y le permitieron ubicar de nuevo dónde estaba Rhyperior. Tenían que seguir atacando mientras pudieran.

- ¡Ala de Acero!

- ¡Puño Trueno!

Las órdenes fueron simultáneas, y Pidgeot volvió a lanzarse de cabeza con sus alas metálicas extendidas. La dispersión del Quita Nieblas se desvaneció, justo cuando Rhyperior cargaba sus puños de electricidad y se preparaba para recibirlo.

La tormenta de arena seguía arreciando, y Solidad no podía ver con claridad lo que pasaba salvo como saltaban las chispas, producto del choque entre los ataques de los dos Pokémon. Seguramente se habían trabado en una lucha cuerpo a cuerpo y trataban de someterse uno al otro con los golpes.

Al cabo de un minuto o dos, Pidgeot salió despedido fuera de la tormenta, y volvieron a perder de vista a Rhyperior. Alcanzó a oír que Giovanni volvía a ordenar un ataque de Explosión de Rocas, y Pidgeot recibió una que casi lo derribó. Logró esquivar las siguientes, aunque con dificultad.

Era un problema si Rhyperior podía ver dónde estaban pero ellos no. Sus opciones eran limitadas: podían esperar que la Tormenta de Arena se apaciguara, o tratar de dispersarla. Y difícilmente Pidgeot podría aguantar hasta entonces.

Quita Nieblas era una solución temporal, pero tal vez si lo potenciaba con un ataque más fuerte…

- ¡Pidgeot, usa Quita Nieblas y Huracán!

Había practicado muchas combinaciones, pero no esa en particular, ya que Pidgeot había aprendido a usar Huracán muy recientemente. Pidgeot empezó a aletear con más fuerza que antes, creando ráfagas de viento mezcladas con cuchillas de energía azul. Estas convergieron hacia un solo punto y estallaron creando un poderoso ciclón que arrastró consigo toda la arena e incluso algunas de las rocas en el campo.

Finalmente el ciclón se dispersó al cabo de un minuto o algo así. El campo de batalla había quedado totalmente plano, salvo por los agujeros que hicieron Sandslash y Dugtrio, y la arena y las rocas salieron dispersadas hacia las paredes laterales. El réferi tuvo que cubrirse cuando unas pocas casi caen en su dirección, y Rhyperior tuvo que afianzarse en el suelo de manos, pies y cuerno para evitar que lo arrastraran los fuertes vientos.

Pero lo habían conseguido, la Tormenta de Arena se había dispersado, y podían ver todo con claridad.

Sin embargo, Pidgeot había llegado a su límite. El ave miró a su entrenadora y con un asentimiento supo lo que quería decirle. Ella le respondió de la misma manera: un último golpe para caer con dignidad.

- ¡Ala de Acero!

- Qué desespero de su parte. – dijo Giovanni. – Usa Puño Trueno y termina con ese pajarraco.

Pidgeot se lanzó por última vez en picada, mientras Rhyperior preparaba otro puñetazo. El resultado fue obvio: hubo un estallido eléctrico y Pidgeot salió dando vueltas hasta caer del lado de su entrenadora. Con un último graznido se desplomó inconsciente, todavía soltando chispas del último golpe.

Solidad miró hacia el lado de Giovanni. Rhyperior había resistido los golpes, pero Pidgeot no había dejado que se fuera limpio. Todavía podía pelear, pero ya no estaba a su máxima capacidad.

- Buen trabajo, Pidgeot, regresa. – dijo mientras lo recuperaba. Había hecho un buen trabajo, y ahora el camino estaba despejado para su victoria.

- Supongo que eso fue una mejora de la última vez. – dijo Giovanni, sonando bastante orgulloso.

- Todavía no has visto nada. – le dijo ella.

- Oh, ¿acaso tu Lapras ya salió del hospital?

Solidad se sintió algo molesta por ese comentario. No tenía derecho a decir eso cuando fue él quien lo mandó al hospital en primer lugar. Todavía seguía molesta pues la Enfermera Joy le había dicho que apenas había evitado dejar una grieta permanente, y aunque luego le dijo que se recuperaría totalmente, aun sentía por dentro el deseo de vengarlo por esa lesión sufrida.

Bueno, una imagen valía más que mil palabras, lo mejor era mostrárselo. Respirando profundo, arrojó su Pokébola final.

- ¡Slow! – declaró Slowbro al salir al campo.

Giovanni arqueó una ceja ligeramente al verlo. Claramente lo había tomado por sorpresa.

- ¿Un Slowbro, qué, con una Banda de Fuerza? ¿O es de Enfoque acaso? No es que importe de todos modos. No podrás derrotarme con un Pokémon de aspecto tan miserable.

De nuevo, Solidad tuvo que controlarse por el comentario de Giovanni, aunque por dentro admitió que realmente le molestaba esa actitud de superioridad. No había nada que deseara en ese momento más que quitársela de una vez, pero lo mejor que podía hacer era demostrarle qué tan "miserables" realmente eran. Especialmente porque al parecer no había notado la Mega Piedra en la banda.

No tenía sentido ponerse a jugar: de inmediato sujetó su collar y apuntó con él a Slowbro. Todo su esfuerzo, duro entrenamiento y el poder que habían conseguido juntos estaban a punto de llegar a su prueba máxima.

- "Slowbro, estos son mis sentimientos. Todo lo que hemos hecho, todo lo que hemos trabajado, todo se reduce a esto. Tómalos y despierta tu poder interior. Yo creo en ti."

Se quedó observando fijamente como los hilos de energía se entrelazaban, y Slowbro comenzaba a levitar sobre el suelo mientras comenzaba a transformarse. Igual que la primera vez, sintió el poder siendo canalizado hacia Slowbro, y momentáneamente también dentro de ella misma. De hecho, la sintió todavía más fuerte que la primera vez que lo intentaron; era una sensación indescriptible, como si en ese instante los dos estuviesen más unidos que nunca.

Por primera vez en el encuentro, la sorpresa en la cara de Giovanni sí fue evidente. Y finalmente, después de todos esos asaltos, se levantó de su silla.

- Esto no cambia nada. Ya he peleado contra Pokémon como ese antes, ¡y he vencido a evoluciones mucho más impresionantes! – dijo Giovanni, aunque Solidad alcanzó a percibir algo de descontrol en su voz.

- Eso está por verse. – respondió ella.

- ¡Explosión de Rocas!

Giovanni y Rhyperior abrieron el asalto disparando otra ronda de proyectiles de piedra, sorprendentemente más rápidos que los anteriores.

- ¡Fuerza Psíquica y contraataca! – ordenó Solidad.

Slowbro comenzó generando un estallido de poder psíquico, deteniendo los proyectiles de piedra en seco y haciendo que se fragmentaran en trozos más pequeños. Seguidamente hizo orbitar los trozos a su alrededor hasta que ganaron impulso, para luego acribillar a Rhyperior directo en la cara en una lluvia de proyectiles de fuego rápido. El rinoceronte bípedo tuvo que taparse con los brazos para evitar que le dieran en los ojos, aunque ni siquiera retrocedía.

- Un truco interesante, pero no servirá de mucho para derrotarnos. – comentó Giovanni. – ¡Puño Trueno!

Cargando de nuevo sus puños de electricidad, Rhyperior se lanzó contra Slowbro, A pesar de ser relativamente rápido para atacar, eso no quitaba que seguía siendo bastante lento y pesado para desplazarse, y había una distancia más o menos considerable entre él y Slowbro, dándole a Solidad más que suficiente tiempo de preparar su siguiente maniobra.

- ¡Danza de As Aéreo, como lo practicamos!

- ¡Slow!

Antes que el primer puñetazo le conectara, Slowbro dio un giro en el aire para esquivarlo, colocándose a un lado de Rhyperior. Este se dio la vuelta y trató de pegarle con el otro puño, solo para volver a fallar de la misma manera. Cada vez que iba a recibir un golpe, el cuerpo de Slowbro daba un giro grácil al tiempo que ondeaba los brazos hacia la misma dirección.

- ¿Qué se supone que están haciendo? – exclamó Giovanni.

- Es una danza de estilo Alolano. – replicó ella. Tomada directamente de la danza de los Oricorios estilo Pa'u, que eran de tipo Psíquico igual que Slowbro. Quizás por eso adoptó tan fácilmente la danza de estos.

Repitieron el proceso una y otra vez hasta que se le puso por detrás para darle un golpe doble cruzado que Rhyperior apenas sintió, aunque sirvió para sacudirlo momentáneamente.

- ¡Fuerza Psíquica!

- ¡Slow… BRO!

Concentrando todo su poder, Slowbro extendió las manos y un halo de luz azul rodeó a Rhyperior, levantándolo del suelo. Se requería de una gran fuerza mental para levantar un objeto de ese tamaño y peso, y la Mega Evolución potenciaba las ya de por sí impresionantes capacidades de Slowbro. El rinoceronte empezó a patalear y a sacudirse tratando de liberarse, pero sus esfuerzos fueron inútiles, ya que Slowbro levantó ambas manos y lo lanzó hacia arriba haciendo que chocara contra el techo, para luego dejarlo caer de nuevo con un fuerte estruendo que sacudió toda la arena.

La caída levantó una gran nube de polvo, sin que hubiese ningún ruido o movimiento por un momento. Solidad y Slowbro se mantuvieron con la guardia alta. Asumir que ya habías ganado a veces era el peor error que podías cometer, y en efecto, al disiparse el polvo Rhyperior estaba volviéndose a levantar. Estaba golpeado, pero no derrotado.

- ¡Slowbro, Chorro de Agua!

- ¡Defensa de Tormenta de Arena! – contraatacó Giovanni.

Rhyperior rugió nuevamente y empezó a lanzar chorros de arena por todos los poros del cuerpo. A diferencia de la última vez, en vez de dispersar la arena por el campo empezó a hacerla girar a su alrededor para crear un gran ciclón, utilizándola para absorber el agua del ataque de Slowbro sin que esta fuese a tocarlo.

Una buena defensa, tuvo que admitirlo Solidad, pero si servía para el agua, ¿serviría para el fuego de la misma manera? Recordando su entrenamiento, y el efecto que el combo que iban a utilizar había tenido, Solidad decidió arriesgarlo todo. Tal vez esto fuera justo lo que necesitaban para ganar.

- ¡Combo de Lanzallamas con Fuerza Psíquica!

Slowbro dejó de escupir el agua y empezó a aspirar profundamente antes de cambiar su ataque. Tal como llevaban practicándolo, Solidad le hizo que redirigiera el chorro de fuego con sus poderes psíquicos para crear el vórtice de llamas, haciéndolo girar en dirección opuesta al ciclón de arena para contrarrestarlo. El ataque se fue intensificando por momentos, pero ambos entrenadores hicieron un esfuerzo por soportar el sofocante calor.

Al cesar el ataque, ambos vieron el resultado: Giovanni en shock y Solidad con satisfacción. La arena se había cristalizado creando una pequeña pero eficiente prisión alrededor de Rhyperior, dejándolo sin lugar a dónde ir. La idea se le había concretado al visitar la escuela y tener esa pequeña charla con la niña Lazuli, y gracias a la Mega Evolución tenían el poder para realizarla.

- Vaya, resultó mejor de lo que pensé. – sonrió la pelirroja. La forma espiral le daba un muy particular estilo a su escultura que le gustaba, aunque Giovanni parecía estar en desacuerdo.

- ¡Sal de ahí, usa Brazo Martillo y destruye ese ridículo muro de cristal!

Rhyperior trató de obedecer, pero no tenía mucho espacio para mover los brazos allí dentro y golpear lo bastante fuerte. A falta de algo mejor empezó a darle con la cabeza tratando de atravesar el muro de cristal con el cuerno, pero Solidad y Slowbro ya estaban preparando su siguiente movimiento, y estaban más que listos para ponerle fin al encuentro y ganar.

Y con ello probar más allá de toda sombra de duda que sus movimientos, llamativos como eran, también podían ser poderosos y efectivos. La determinación comenzó a arder en la entrenadora-coordinadora, que supo que era tiempo de sellar el encuentro.

- Vamos a ayudarlo a salir. ¡Fuerza Psíquica!

Slowbro se enfocó para hacer levitar a Rhyperior de nuevo dentro del pilar de cristal. Moviendo los brazos de lado a lado como una porrista (tomado de los movimientos del Oricorio estilo Pom-Pom) empezó a golpear la prisión de cristal, acelerando el paso hasta que la rompió en pedazos. Sin perder la concentración volvió a elevar a su oponente hacia el techo, volteándolo para ponerlo de cabeza y empezando a hacerlo girar como un trompo flotante.

- ¡Ahora!

- ¡SLOWBRO!

Slowbro bajó los brazos y Rhyperior se precipitó hacia el suelo (apropiadamente) como un taladro gigante. Toda la arena retumbó y hasta levantó momentáneamente las piedras que estaban esparcidas alrededor. La nube de polvo fue incluso mayor que la de la última vez, así que ninguno de los dos combatientes hizo ningún movimiento.

Sin embargo, los remanentes de la tormenta de arena que Rhyperior había invocado antes se desvanecieron al instante, dando un indicio del resultado más obvio.

- ¿Lo logramos? – preguntó Solidad.

No quería cantar victoria antes de tiempo. Ese error podría costarle mucho y después de todo lo que habían trabajado, no quería volver a perder. Mejor estar lista para rematar en caso de que no hubiera sido suficiente.

Una vez que se aclaró totalmente el polvo, pudieron verlo. Rhyperior había quedado enterrado hasta la cintura en el suelo, y ni siquiera se movía para tratar de volver a salir. Solidad alcanzó a ver que Giovanni adoptaba una expresión de clara decepción, pero daba un asentimiento de reconocimiento del resultado, confirmado poco después por el réferi.

- ¡Rhyperior es incapaz de continuar! ¡La victoria es para la retadora, Solidad!

- Sí. ¡Sí! ¡Sí, lo logramos, Slowbro! – exclamó la pelirroja dando un salto de alegría.

Luego de luchar por mantenerse calmada durante todo el encuentro, sintió que podía permitirse demostrar su excitación solo un poco. Corrió hacia su compañero, cuya Mega Evolución se disipó y aterrizó en el suelo, y ambos alzaron la mano para chocarla.

Solidad oyó como el Persian de Giovanni siseaba enojado, pero se calmó y empezó a ronronear cuando este le acarició la cabeza. Se acercó al borde de su balcón, y ella hizo lo propio para verse cara a cara.

- Debo admitir que me sorprendiste, jovencita. No muchos pueden presumir de haber vencido a my Rhyperior sin recibir un golpe, aunque estuviera cansado por la ronda anterior. No creí que esos ridículos trucos tuyos pudieran tomarnos con la guardia baja.

- Tal vez no sean tan ridículos si pudieron vencerte, ¿o sí? – replicó Solidad.

- Sigo pensando que podrías tener mucho más éxito sin ellos. – dijo Giovanni sin inmutarse mucho por su réplica, aunque claramente se le notaba enojado. – Pero bueno, lo justo es justo. Me venciste limpiamente, muchacha, y mereces la prueba de ello.

Sacó del bolsillo de su chaleco la medalla, y la lanzó para que ella la atrapara. Solidad siempre se preguntó por qué la llamaban Medalla Tierra, cuando era de color verde y parecía más una especie de planta, como si fuese más para un gimnasio de tipo Hierba.

- Ahora, si eres tan amable de marcharte. Ya tienes lo que venías a buscar. Con algo de suerte, tendrás éxito en la Meseta Índigo.

Solidad no pudo evitar percibir algo de amargura mezclada con respeto en la voz del líder del gimnasio, pero finalmente le respondió con un asentimiento a modo de respeto y dándose la vuelta junto con Slowbro abandonó el gimnasio. A pesar de haberlo vencido, tampoco se sentía con ganas de presumirle el triunfo en la cara.

Una vez afuera del edificio, la pelirroja se metió la mano en el bolsillo de su blusa y extrajo su teléfono celular, verificando que había podido grabar toda su batalla. Le complació ver que así era, y pulsó el botón para dejar de grabar y salvarlo a la memoria. Después se los enviaría a todos, pero antes, tenía otros lugares a donde ir.

- Vamos al Centro Pokémon. – le dijo a Slowbro. – Tú y los demás se merecen un buen descanso, y luego podemos celebrar nuestra victoria como se debe. Pero primero…

Sacó su estuche de medallas y colocó la última en la ranura vacía. Por fin tenía sus ocho medallas, y estaba lista para competir en la Liga Índigo.


Aquella noche…

Ya que Pidgeot no estaría en forma para llevarla a casa hasta que hubiera sanado totalmente, Solidad decidió quedarse esa noche en el Centro Pokémon. Por supuesto, no tenía prisa para marcharse, y había muchas cosas por hacer mientras se tomaba un respiro tras su último desafío.

Como por ejemplo, enviarles el video de su batalla a sus amigos, como lo había prometido.

- Increíble. – dijo Lucy a través de la pantalla del videoteléfono. – Sabía que pondrías a ese sujeto en su lugar, pero pensar que le ganaste a su Rhyperior sin un solo rasguño.

- Para darle crédito, Pidgeot tuvo que agotarlo primero. – señaló Solidad. – Pienso darle una recompensa especial después por recibir todos esos golpes.

- No esperaría menos de ti. Lo harás increíble en Índigo, estoy segura. – En eso se oyó la voz de Brock llamándola al fondo, y Lucy volteó hacia allá. – Sí, ya voy. Lo siento, tengo que irme ahora. Felicidades de nuevo, espero tener noticias tuyas pronto.

Solidad asintió y terminó la llamada. Seguía siendo algo temprano para irse a dormir, así que decidió hacer una última por ese día. Sus padres ciertamente estarían complacidos de oír las buenas noticias.

Un minuto después, su madre fue quien contestó al teléfono. – ¿Sí? ¡Oh, Solidad cariño, eres tú!

- Buenas noches, mamá. – la saludó la pelirroja. – ¿Está todo bien en casa?

- Tanto como podría estarlo. Y bien, ¿qué tal te fue?

Solidad sonrió; en vez de decírselo prefirió mostrárselo. Sacó su estuche y lo abrió para que su madre pudiese admirar la Medalla Tierra, junto con el resto.

- ¡Oohhh, cariño! ¡Helios, ven a ver esto!

Poco después, el susodicho rápidamente se unió en la pantalla, y sonrió con orgullo. – Bueno, no habría esperado nada menos de mi hija, ¡felicidades!

- Gracias, a los dos. – Solidad cerró el estuche y agarró su teléfono celular. – Por cierto, tengo la batalla grabada, les estoy enviando el video mientras hablamos.

- ¡Grandioso, no puedo esperar para verlo! – dijo Helios con emoción.

- Y bien, ¿qué planes tienes ahora? – preguntó Solange. – La Liga Índigo todavía está a varios meses, así que…

- Bueno, aunque hayamos ganado, mi equipo necesita algo de descanso. – dijo Solidad, recordando cómo a pesar de su victoria, pagaron un alto precio por ella. – Después de eso, iremos a celebrar un poco antes de volver al camino para seguir entrenando.

- Aww, y yo que quería que tuviéramos algo de tiempo en familia juntos. – dijo Solange.

- Sí, hasta podríamos hacer entrenamiento familiar. – agregó Helios. – Podría haberte enseñado algunos de mis secretos para llegar lejos en la Liga, ¿sabes?

- Cariño, ella no necesita nada de eso. Lo que necesita son mis secretos para la entrada y final perfecto en una batalla de concurso. ¡Así estará lista para ser la Gran Coordinadora el próximo año!

- ¿Cuál es la prisa? Para eso todavía falta un año, y lo que necesita es consejos de batalla justo ahora. Y eso significa entrenar conmigo.

- No significa que debería descuidar sus habilidades de concurso…

- *Ejem*, ¿hola? Sigo aquí, ¿recuerdan? – los llamó Solidad. Ambos padres inmediatamente desviaron la mirada con vergüenza.

- Perdón, linda. – dijeron al unísono, y Solidad simplemente se encogió de hombros.

- Miren, aprecio sus preocupaciones, y me alegra que quieran ayudarme tanto. – les dijo. – Pero creo que será mejor que haga esto yo sola. Después de todo ya he caminado todo este sendero por mi cuenta hasta ahora.

- Si tú lo dices. – dijo Solange, claramente decepcionada. – Pero en cualquier caso, no se te olvide que siempre estamos detrás de ti, querida, y te apoyaremos todo el camino.

- Estamos orgullosos de ti, Solidad. – agregó Helios. – Te has convertido en una jovencita hermosa e inteligente, una excelente entrenadora, y sabemos que serás una increíble coordinadora cuando llegue el momento.

- Gracias, los dos. – replicó Solidad sintiendo una gran calidez en el pecho por las palabras de sus padres. Significaban mucho para ella. – Los llamaré después, por ahora, solo quiero descansar un poco.

- Por supuesto, linda. Buenas noches, y recuerda, ¡siempre estaremos orgullosos de ti pase lo que pase!

Terminando la llamada, revisó su teléfono una vez más. Se preguntó si al señor Henderson le gustaría ver el video también. ¿Quizás querría mostrárselo después a sus estudiantes? Estaba segura de que ellos estarían felices de verlo. También pensó en agregarle un mensaje para que pudiese agradecerle a Lazuli de su parte. Después de todo, ella la había inspirado a usar esa idea de la prisión de cristal en primer lugar.

- No hará ningún daño. No hay otra forma de que puedan ver esta batalla de todas maneras. – dijo mientras presionaba el botón de "Enviar", antes de dejarse caer en la cama y exhalar cansinamente. – Hora de tomarse un buen descanso.

Luego de que su equipo se hubiera repuesto totalmente, irían a celebrar su victoria. Ya que el torneo empezaría en unos pocos meses, se podían permitir uno o dos días para relajarse y divertirse.

Llegado el momento, dedicaría su actuación a sus padres, a sus profesores, y a todos los amigos que la apoyaron para llegar hasta donde estaba. No sabía qué tan lejos llegaría en la Liga, pero de una manera u otra, Índigo sería su primer gran escenario para debutar.

Sería su primer gran paso para convertirse en la Gran Coordinadora que quería ser.

FIN.


Notas del autor:

Bien, luego de tan largo hiato, se siente grandioso estar de vuelta con el Resetverso. Primero que nada, la idea original para un oneshot protagonizado por Solidad en el período entre sus dos batallas contra Giovanni fue ofrecida por Conuk, aunque eventualmente fue olvidada y nunca se materializó, así que le pregunté si podía adoptarla e intentarla a mi propio estilo. Como es usual, crédito a quien lo merece.

La verdad es que este no ha sido un muy buen año para nosotros en el Resetverso. Hemos tenido problemas en la vida real y falta de inspiración. De hecho, mientras posteo esto el capítulo siguiente de la historia principal (conclusión del arco de Mewtwo) todavía sigue en proceso de edición, y yo mismo tuve muchas dificultades durante este oneshot. A raíz de eso fue que decidí enfocarme en otras historias fuera de este universo para mantenerme activo y no perder la chispa, pero eso vino a costa de dejar un poco abandonado este universo, y espero poder volver ahora que ya terminé aquí. La buena noticia, el capítulo siguiente al arco de Mewtwo, que es el último de descanso antes de que inicie la Liga Índigo, ya está terminado, y pudimos arrancar también con el siguiente para iniciar con el torneo, así que una vez que hayamos posteado, retomaremos el avance sin tantas demoras. En nombre de mis compañeros, pido disculpas por esta larga espera.

En otras noticias, he estado aprovechando de editar y corregir algunas historias, entre viejas y nuevas, y eso incluye algunas del Resetverso. Estoy adaptándolas a un formato digamos más "consistente", particularmente los primeros capítulos. Si vuelven a leerlos habrán notado que algunos diálogos han sido editados para que se distingan mejor, y con eso sea una lectura un poco más ordenada. Espero que sirva de algo viendo que la afluencia de comentarios ha bajado un poco, y ahora que me puse a hacer otras traducciones hay poca actividad también en ellas. Eso desanima, ¿saben?

En fin, gracias por los reviews a BRANDON369, darkdan-sama, Remmy y Jigsawpunisher. Esperemos estar pronto actualizando la historia principal, y de nuevo, mis disculpas por esta larga ausencia. No hemos abandonado y no hay planes de hacerlo, ¿de acuerdo?