Pokémon Reset Bloodlines – Especial de Navidad 2019

Publicado y traducido por Fox McCloude.

Disclaimer: Pokémon y todos sus personajes son propiedad de Satoshi Tajiri y Nintendo. La historia de Reset Bloodlines es propiedad de Crossoverpairinglover, y las viñetas aquí escritas son propiedad de sus respectivos autores. Todos los derechos reservados.


Summary: Más historias de Navidad de la nueva realidad. Desde Kanto hasta Galar, familia, amigos y seres queridos, humanos y Pokémon, celebran cada uno a su manera sus festividades.


VIRORO-KUN

Ciudad Sunyshore, como implicaba su nombre, era un asentamiento muy soleado cerca del mar, donde no había muchas nubes y mucho menos nieve. Pero todo tenía una excepción, y las calles cubiertas de blanco en la ciudad eran la prueba.

El joven Flint Oba se sentía con frío incluso con tres bufandas enrolladas encima de su abrigo amarillo de invierno mientras caminaba por los senderos congelados, tratando de no perderse. Por fortuna, tenía a su confiable Chimchar sobre su hombro y su ardiente entusiasmo para mantener el calor.

Y entonces vio una mota familiar de pelo rubio junto a un Pikachu, y un deseo de pelear rápidamente se vio agregado a la lista, mientras el chico corría hacia su amigo.

- ¡Hola, Volkner! ¡Feliz Navidad! – dijo Flint, agitando su mano enguantada en dirección al otro niño.

Volkner tardó un poco en responder, volteando a ver con una expresión ligeramente más aburrida de lo usual. Aun así, alzó también la mano para responder el saludo a su amigo. – Ah, feliz Navidad para ti también.

- La atmósfera está helada, ¿no crees? Tal como me gusta, unos grados más o menos. – Flint tiritaba mientras hablaba, pero rápidamente le sonrió a su rival, apretando los puños. – ¿Pero sabes cuál es la mejor manera de no pensar en el frío? ¡Una batalla Pokémon!

Su Chimchar lo imitó, encendiendo sus llamas y dirigiéndole al Pikachu de Volkner una mirada desafiante. Flint hizo lo propio con Volkner; ellos eran los entrenadores más fuertes de Sunyshore a pesar de su edad, y sabía que su amigo siempre estaba listo para un nuevo reto.

Por su parte, Volkner bajó la mirada, suspirando para sí mismo.

- Por supuesto. – Volkner negó con la cabeza, sin cambiar su expresión mientras encaraba de nuevo a Flint. – Lo siento, creo que paso.

- ¿Huh? ¿Pasa algo malo? – Flint ladeó la cabeza, alzando una ceja.

- ¿Tú qué crees? – gruñó Volkner, echando una mirada enojada a la ciudad durmiente y fría a su alrededor. – Todo mundo está ocupado celebrando la Navidad, cantando villancicos y todo eso. No ha habido un buen entrenador con quien pelear en semanas, y se vuelve muy frustrante.

Al escuchar eso, cualquier preocupación que Flint tuviera se tornó en aburrimiento.

- Oh, estás en uno de esos momentos de "estoy aburrido de la vida". – suspiró Flint; difícilmente esa era la primera vez que la vida encontraba la forma de echar abajo el humor de su amigo, y estaba seguro de que no sería la última.

En vez de eso, volvió a apretar los puños, emanando suficiente entusiasmo por los dos. – Mayor razón para tener una batalla con tu rival, ¿no? Aquí estoy, y siempre estoy listo para un reto.

Volkner, sin embargo, simplemente sacudió la cabeza. – Ya te derroté demasiadas veces últimamente.

Flint le echó una mirada molesta.

- ¡Ah vamos, todos tienen sus malas rachas! ¡Esta vez será diferente!

- Lo siento, pero no creo que sea así. – Volkner volvió a suspirar, volteando hacia el otro lado. – Solo déjame en paz. Ya se me pasará.

Y sin decir ni una palabra, Volkner y su Pikachu se dirigieron a casa, dejando a Flint y Chimchar detrás antes que pudieran decir más nada. El entrenador pelirrojo dejó que su amigo se fuera, pero no sin fruncir el cejo, cruzar los brazos y patear la nieve con algo de rabia.

- Típico de Volkner. Nada lo inmuta cuando se siente mal. – A pesar de su esfuerzo, el gesto fruncido de Flint se tornó en preocupación mientras miraba arriba, hacia la nieve que caía tiñendo de blanco la ciudad. – Pero aun así… es Navidad. Volkner no debería convertirse en un Scrooge.

Al decir eso, tan de repente, algo le vino a la cabeza.

- Espera un minuto…" – Volvió a correr sus pensamientos, el comportamiento de Volkner, y el poco conocimiento de literatura que tenía. Y entonces, volvió a sonreír, volteando a ver a su Pokémon. –¡Chimchar, ya sé lo que vamos a hacer!

El Pokémon de Fuego parpadeó, dirigiéndole una mirada enojada a su entrenador. La emoción repentina de Flint se vio algo minada por eso.

- Oh, no me mires así. ¿Cuántas veces han fallado mis planes? – sonrió, con los brazos en jarras.

Chimchar se miró los dedos, como si intentara contar. Flint le echó una mirada con los ojos entrecerrados.

- Muy gracioso. – Resopló y rodó los ojos, pero sin perder la confianza. Otra vez volvió a sonreír mientras levantaba el dedo. – Vamos, confía en mí solo un poco. Esto es lo que vamos a hacer…

Mientras la noche cubría a Sunyshore, la nieve continuaba cayendo lentamente sobre la ciudad, dándoles a los ya de por sí somnolientos locales una sensación de más sueño. Lo cual, por supuesto, era justo lo que la ya decaída moral de Volkner necesitaba para hundirse todavía más, mientras observaba la ventana de su habitación junto con su Pikachu.

Frunció el cejo mientras miraba hacia abajo, hacia toda la gente que llevaba regalos y se la pasaba mucho mejor que él. No era como que realmente odiara la navidad o algo: solamente quería un desafío y que alguien le diera la chispa que él buscaba, y con todos de un humor festivo y con poco interés en batallas Pokémon por el momento, no había nadie a excepción de Flint que pudiera llenar ese vacío. Sabía que un reto como ese vendría eventualmente, pero hasta entonces, no podía más que bostezar y esperar, mientras las fiestas pasaban.

Distraídamente le frotó la cabeza a Pikachu, tratando de mantener su mente fuera de su mal humor con las fiestas y hacia pensamientos más productivos, hasta que escuchó a alguien tocando la puerta de enfrente. Curioso, el chico salió de su cuarto y se dirigió a abrirla, sin siquiera preguntar quién era.

- ¿Sí? – preguntó, solo para detenerse de inmediato, mirando al frente.

Alguien, vestido con una sábana blanca que apenas le ocultaba y claramente delataba un notable afro y un abrigo de invierno de color amarillo debajo, y con un muy notable bulto a un lado que sospechosamente se veía con forma de Chimchar. El "fantasma" agitó las manos intentando parecer tenebroso y aterrador.

- Vooolkneeeer, soy el fantasma de las Navidades pasaaaaaadas...

Por unos segundos, Volkner se quedó mirando al recién llegado espíritu. Y luego, le cerró la puerta en toda la cara y se fue sin ceremonia alguna.

- Qué… ¡hey, espera, abre la puerta! ¡Todavía no termino! – Y como lo esperaba, el "fantasma" empezó a tocar de nuevo, pidiendo desesperadamente que le dejaran entrar.

Mientras el fantasma-que-era-obviamente-Flint seguía exigiendo que le abrieran la puerta, Volkner suspiró para sí mismo, volviendo a su habitación para esperar. No tenía idea de lo que su amigo tendría en mente, pero ya se había visto envuelto en suficientes de sus planes locos para saber cómo terminaría.

Solo tenía que esperar. Después de todo, eventualmente perdería el interés en intentar algo como eso, con toda certeza.


VIRORO-KUN

- ¡Gracias por todo! ¡Y recuerden, pasémoslo como campeones!

Alzando la mano con tres dedos abiertos, la multitud alrededor de Leon estalló en emoción una vez más, aplaudiendo y rugiendo mientras aclamaba su nombre. El Campeón galariano sonrió, volteando junto con su Charizard mientras saludaba al público en el salón del Estadio Wyndon, apenas siendo restringido por el personal de la Liga mientras continuaban vitoreándolo. El hombre por fin puso un pie fuera del sitio del torneo y de vuelta a Wyndon propiamente, disfrutando de las luces de Navidad que hacían que la ciudad se sintiera más brillante de lo que ya era.

- *Fiu*, finalmente. – sonrió Leon, tomando un profundo respiro del aire frío, con su confiable compañero por suerte cerca para mantenerlo caliente. Por mucho que disfrutara de la atención, las batallas, y todo el amor que le daban sus fans, incluso los Campeones necesitaban un descanso a cada tanto. Y con el último campeonato del año concluido, él y el resto de su equipo probablemente se podían permitir un poco de descanso.

Claro, eso requeriría evitar ser arrollado por una horda de fans, y no perderse en el camino hacia su cuarto de hotel, ambos de los cuales eran escenarios muy probables. Pero hey, ya estaba acostumbrado a lo loca que era su vida a estas alturas.

Y así, manteniendo el GPS de su SmartRotom abierto y asegurándose de no quitarle el ojo de encima, Leon comenzó a caminar de frente, poniendo atención a cada paso en el camino. Y luego se estrelló contra un poste de alumbrado a penas a cinco centímetros de él.

Su Charizard se rio mientras Leon se frotaba su frente adolorida, gruñendo de dolor. Eso definitivamente no era digno de un Campeón.

Rezando que algún fan travieso no hubiese subido un video del hecho a internet, Leon suspiró y siguió caminando, tratando de mantener un ojo sobre el camino y el otro en el teléfono. Su valiente esfuerzo para llegar a su habitación sin sufrir más heridas fue muy corto, sin embargo.

- ¡Hey, miren quién está aquí! – Escuchando una voz familiar, Leon se detuvo y se dio la vuelta, viendo a una chica conocida del otro lado de la calle, con un pesado abrigo de viaje y pelo naranja en una coleta de lado. Rápidamente ella cerró la distancia, dándole una mirada que solo le daría una vieja amiga y rival.

Leon le sonrió, dejando el teléfono de lado. – Hola, Sonia. Ha pasado mucho tiempo.

- Y que lo digas. – se rio Sonia, acercándose para darle a Charizard unas palmaditas, que el as de Leon apreció con mucho gusto. – Excelente desempeño en el último torneo. Pero no creo que nadie esperaba que tú fueses a perder.

- ¿Qué puedo decir? Quería asegurarme de que todos se la pasaran como campeones. – sonrió Leon, cruzando los brazos con solo un poco de vanidad merecida. – Y bien, ¿qué te trae aquí a Wyndon?

- Solo le hago algunos mandados a mi abuela, necesito ver a la secretaria del Presidente Rose para algunas actualizaciones en las Bandas Dínamax. – Sonia sacó su propio SmartRotom, chequeando algo de información en él.

- ¿Les han hecho algunas mejoras? – preguntó Leon levantando la cabeza.

- Ni idea. – Sonia se encogió de hombros, rodando los ojos. – Yo solo soy la intermediaria.

Leon no quiso presionar más, en lugar de eso volteó a ver al otro lado mientras Sonia continuaba leyendo la información que necesitaba. – Siento mucho escuchar que tengas que pasar tu Navidad trabajando.

- No todos son afortunados, por desgracias. – Sonia frunció los labios, y su mirada se tornó más fría mientras se mantenía enfocada en su tarea, apenas intentando sonreír. – Discúlpame si no te conseguí un regalo, por cierto. ¿Pero qué le puedes regalar al hombre que lo tiene todo?

Leon se tornó serio mientras observaba a Sonia, y la atención de la chica seguía en su bolsa y teléfono, mucho menos entusiasmada que antes. Él no era la persona más perceptiva, seguro, pero conocía a Sonia lo suficiente como para saber que algo la carcomía por dentro. Leon no podía estar seguro de que pudiera ser, pero como amigo, seguro había algo que él podía hacer al respecto.

- En realidad, sí creo que hay algo. – Leon sonrió, volviéndose hacia la dirección donde esperaba que estuviera su hotel. – Tengo una invitación para dos en el restaurante "Rosa de los Rondelands". Hop no llegará aquí a tiempo, y Raihan convertiría la cena en una fiesta para su club de fans, así que…

Sonia pareció sorprendida, parpadeando con confusión. Sin embargo, rápidamente le devolvió a Leon una mirada de fastidio.

- Ah, ¿o sea que soy tu tercera opción? Qué bueno saberlo. – bufó Sonia, cruzando los brazos y volteando hacia el otro lado. Leon la miró con los ojos en rendijas.

- Hey, te habría llamado antes si hubiera sabido que estabas aquí.

- Solo bromeaba, tonto. – se rio Sonia, dándole un ligero codazo juguetón. Luego lo miró fijamente, como si estuviera retándolo. – Me encantaría pasar algo de tiempo con mi rival. Quién sabe, tal vez hasta podamos tener una batalla después.

- ¡Para eso siempre estoy listo! – Leon le sonrió también, pero contuvo el deseo de sacudir la cabeza para mantenerse en el tema. – Pero por ahora, puedo acompañarte a la Torre Rose para tu cita primero.

- Claro, ¿por qué no? Seguro que llevar al Campeón conmigo me agilizará mucho las cosas… y con eso no te vas a perder por el camino.

Leon se rio ante esa broma que era verdad a medias, y Sonia también lo hizo. Los dos se habían conocido por años, desde su tiempo como rivales durante el Desafío de Gimnasios, y el lazo que compartieron durante ese tiempo era algo que no se podía olvidar con facilidad, incluso con lo lejos que habían llegado sus vidas.

Y así, los dos amigos se dirigieron hacia la Torre Rose, listos para disfrutar de una buena Navidad juntos como amigos en Wyndon.


FOX McCLOUDE

Los Altos Mandos de Kanto y Johto se habían reunido para una gran celebración por Navidad, como todos los años. Una que invariablemente siempre resultaba a lo grande.

Sin embargo, por muy divertidas que fueran las fiestas con sus colegas, aquel año Lorelei declinó la invitación. Tras verter un poco de licor de chocolate en un par de copas, se dirigió a la mesa donde su amante, Frey, la estaba esperando con una gran sonrisa.

- Por otra Navidad juntos. – dijo la mujer pelirroja al sentarse.

- A tu salud. – respondió Frey antes de chocar la copa con la de ella.

Los dos tomaron su bebida tranquilamente, y permanecieron en silencio mientras disfrutaban de la vista. A pesar de la época del año, el frío no parecía afectarles mucho.

- Me sorprende que hayas declinado la invitación. – comentó Frey. – Las fiestas del Alto Mando siempre son muy buenas, ¿o no?

- Este año quería algo más privado. – respondió la mujer. – Hace mucho que no pasábamos una Navidad solos tú y yo.

- Bueno, de ninguna manera me quejo. – sonrió él. – Siempre estaré allí cuando mi ninfa de hielo me lo pida.

- Deja de llamarme así. – dijo ella sonriendo también.

La pareja tomó otro sorbo de su bebida. Ya era una tradición entre ambos que Frey la llamara "ninfa de hielo" y ella le respondiera que no le dijera así. Más por el hecho de que, a pesar de tener tanto tiempo juntos, a ella nunca se le ocurrió un apodo cariñoso por el cual llamarlo a él.

En eso comenzó a sonar el celular de Lorelei, sorprendiéndolos a ambos. El identificador le hizo darse cuenta que era de su madre, Olga. La miembro del Alto Mando lo puso entonces en altavoz para que Frey pudiera escuchar también.

- ¿Hola?

- Feliz Navidad, cariño. – le saludó desde el otro lado. – Todos aquí en Isla Quarta te extrañamos.

- Yo también los extraño, mamá. – dijo Lorelei. – ¿Recibieron mis regalos?

- Oh sí, por supuesto. – respondió Olga felizmente. – Nos alegra que encuentres tiempo para pensar en nosotros, a pesar de estar tan ocupada. Aunque, no son los mejores regalos que podríamos haber recibido.

- Mamá… ya hemos hablado de eso.

- ¿Y qué? – dijo Olga. – Tu y Frey ya tienen qué, ¿veinte años de conocerse? ¿No creen que es tiempo de sentar cabeza, y no lo sé, tal vez regalarnos uno o dos nietecitos? Sabes que tu padre estaría encantado.

Lorelei vio que Frey sacudía la cabeza y se tapaba la boca tratando de contener la risa. No era la primera ni sería la última vez que los padres de alguno de ellos les llamaban para hablar de eso. Después de todo, luego de salir juntos por tanto tiempo ya para algunos sería suficiente. En los últimos cinco años, ese era prácticamente el único regalo que esperaban para sus cumpleaños y navidades.

- Lo haremos cuando estemos listos. Sabes que no queremos apresurarnos, y además que en nuestros trabajos hay… complicaciones.

- Siempre es lo mismo con ustedes dos. – replicó Olga. – Bueno, espero que al menos la estén pasando bien.

- Oh, descuida, la estamos pasando de maravilla. – dijo la pelirroja. – Feliz Navidad, salúdame a todos.

- Por supuesto, cariño. Feliz Navidad.

Lorelei colgó entonces y bajándose un trago más de su copa exhaló un suspiro. Frey entonces apoyó el codo en la mesa y descansó la cabeza sobre las manos mientras le dirigía una profunda mirada.

- Aun no se dan por vencidos, ¿verdad? – le dijo.

- No los culpo. Ambos ya se aproximan a los sesenta y temen que no dejemos descendencia. – dijo Lorelei. – Claro que lo haremos… eventualmente.

Ninguno de los dos quería apurar las cosas. El hecho de que sus trabajos les impidieran pasar tanto tiempo juntos como les gustaría era uno de los motivos por los cuales no habían decidido casarse o tener hijos todavía. Cuando llegara ese momento, ambos querían poder dedicarse de lleno a sus familias. Y ninguno de los dos sentía deseos de retirarse todavía.

- Por una navidad más cerca del retiro, y de que podamos formar una familia. – dijo Frey, alzando su ya casi vacía copa de nuevo.

- A tu salud. – respondió Lorelei.

Ya les llegaría su día, pero hasta entonces, disfrutarían de los momentos que podían pasar juntos sin las presiones de sus trabajos, como ahora.


BRANDON369

Un blanco manto de nieve había cubierto la región de Kalos por las fechas navideñas. En medio de aquello caminaba una niña de cabello rubio atado en una cola, acompañada por un Fletchling y un Froakie. Sus ropas no eran muy abrigadas, por lo que le hacía frio, pero eso no le impedía seguir caminando mientras veía las tiendas.

Su nombre era Ciel, y sería la primera vez que pasaría Navidad lejos de su hogar, desde aquel día que todo cambió. Un solo día y una mala decisión le costaron todo lo que tenía, abandonó su casa, su pueblo, e inclusive la Academia de Entrenadores Aéreos.

Todo a causa de esos poderes Bloodliner. Por culpa de ellos, era odiada sin importar a donde fuera. Si ese chico, Fitzdane, no hubiera aparecido para ayudarla en ese entonces, se habría quedado completamente sola en este mundo, y a nadie le hubiera importado.

Casi le salen unas lágrimas al recordar la fría mirada de su padre cuando la expulsó de su hogar… pero rápidamente se las limpió. La Navidad no era una época para la tristeza, y solo porque este año fuese diferente, no quería decir que sería mala.

- Fro, fro. – El Froakie que la acompañaba pareció preocuparse al verla con lágrimas, pero ella rápidamente las ocultó y le sonrió para calmarlo.

- Tranquilo, Froakie. Estoy bien.

Sonrió divertida al ver a Froakie. Cuando le dijo a su compañero que quería ir a caminar sola por la ciudad, este último insistió en enviar a su Froakie para que la protegiera. Y eso la llevaba a su misión actual: buscar un regalo para Fitzdane.

Era un chico algo extraño; solitario e incluso tímido cuando lo conocías mejor, pero Ciel lo apreciaba bastante. Le debía mucho por haberla salvado, y era literalmente su único amigo humano en estos momentos (aunque técnicamente ninguno de los dos era del todo humano). Pese a todo, la idea de comprarle un regalo no se le pasó por la mente en un principio. Ni siquiera se había dado cuenta que estaban en época navideña, ya que ella solamente viajaba acompañando a Fitzdane, sin ningún destino en mente.

Y fue entonces que descubrió algo que la sorprendió bastante. Se despertó de noche para ir al baño, pero encontró a su amigo haciendo algo a escondidas. Se acercó con curiosidad, sin que Fitzdane la viera y entonces se dio cuenta de que estaba tejiendo algo: un traje femenino de entrenador aéreo.

En ese momento, su corazón se conmovió y por alguna razón, una ola de alegría la invadió por primera vez en mucho tiempo. Ella siempre había soñado en convertirse en una gran entrenadora aérea, pero pensó que su sueño había muerto cuando abandonó su pueblo y la Academia de Entrenadores Aéreos.

Por eso mismo, se sentía realmente contenta, al ver que Fitzdane planeaba regalarle ese traje en Navidad, y no quería volver con las manos vacías. Ella también le regalaría algo igual de valioso… ¿pero qué cosa? Todavía lo estaba pensando.

- ¡Flet!

El aleteo de su Fletchling la sacó de sus pensamientos. Su Pokémon apuntaba a una vitrina donde se exhibía una gorra de color azul. Según decía en la descripción, aquella gorra era mercancía de edición limitada, basada en la que usó el ganador de un torneó infantil que llamó la atención de los medios. Ciel imaginó que su amigo estaría contento con una gorra como esa, por no mencionar que Fitzdane se vería realmente bien con ella.

Claro, ella no tenía mucho dinero, pero al menos esperaba que fuese suficiente para comprarla.

- ¿Qué es esto? – La chica quedó confundida al darse cuenta de que la vitrina no le pertenecía a ninguna tienda, sino al Club de Batallas. Como no tenía nada que perder, decidió entrar y preguntarle al Don George por aquella gorra.

Aunque la respuesta que recibió no fue muy satisfactoria.

- Me temo que no está a la venta, jovencita. – Antes de que Ciel pudiera replicar algo, Don George procedió a explicar. – Esta gorra será el premio al ganador del torneo navideño, que se celebrará en un par de horas.

- Ya veo… – Ciel se resignó. Le hubiera gustado participar en el torneo y ganar la gorra, pero había un pequeño inconveniente.

- Dime algo, muchacha, ¿no eres un poco joven para tener Pokémon contigo? – preguntó apuntando a Fletchling y Froakie.

- ¿Yo? ¡No, como cree! – Ciel hizo su mejor esfuerzo por no ponerse nerviosa... sin mucho éxito. – ¡Estos son de mi padre! Yo solo los estoy cuidando y…

- Jajaja, tranquila, te comprendo. – Don George simplemente le sonrió de manera comprensiva. – Si quieres, puedes usar a esos dos para participar en el torneo.

- Espere… ¿lo dice en serio?

- Claro que sí. Quieres regalarle esa gorra a alguien especial, ¿verdad?

Ciel asintió, con una sonrisa en su rostro formándosele en el rostro. Había tenido bastante suerte esta vez. Se volteó hacía su Fletchling y el Froakie de Fitzdane. Con su ayuda ganarían esa gorra y tendría el regalo perfecto para su compañero.

Nada ni nadie podía detenerla. Ya quería ver la cara avergonzada que pondría su amigo al darse cuenta de que ella también le habría traído un regalo. Valdría la pena cada minuto.


BRANDON369

Incluso en vísperas de Nochebuena, Melanie aún tenía mucho trabajo que hacer.

Aquel espeso bosque estaba cubierto de nieve, pero Melanie sabía que no era suficiente para evitar que algunos entrenadores incautos intentasen cruzarlo. Incluso tomando en cuenta todas las medidas de seguridad como los lásers que había colocado, Melanie sabía que había algunos tontos lo bastante ingeniosos como para sortearlos, y un mal apagón podía dejar inutilizadas todas las trampas que usaban electricidad. Si de verdad quería mantener a salvo su criadero de Bulbasaur y los Pokémon abandonados o heridos que tenía bajo su protección, solo había algo que ella podía hacer: Trampas tradicionales.

Tenían que ser lo bastante buenas y elaboradas como para bloquear o dificultar el paso a cualquier viajero, aunque claramente, no podía hacerlo sola. Así, la cuidadora observó al grupo de Pokémon que tenía frente a ella: Caterpie, Oddish, Weepinbell, Staryu, Paras, y un par de Rattatas. Todos Pokémon abandonados que ella debía proteger y cuidar, pero habían aceptado ayudarla en su ardua tarea.

- ¡Muy bien, muchachos! Vamos a terminar con esto temprano. – El grupo de Pokémon abandonados frente a Melanie la observaba con atención, listos para entrar en acción. – Tengo muchas ideas nuevas para este año, pero tenemos que trabajar juntos para cumplirlas.

La chica comenzó a darle instrucciones a todos los Pokémon, quienes inmediatamente salieron a cumplir con sus respectivas tareas:

Los Rattatas fueron a mordisquear un poco las cuerdas del gran puente que conectaba la ruta con la aldea oculta. Con eso, su puente trampa estaba listo.

Oddish y Weepinbell arrojaban sus semillas Drenadoras y la escondían entre la nieve. Cualquiera que vaya a pisarlos, recibiría una sorpresa, pues las activaría y quedaría atrapado entre las raíces y enredaderas.

Paras utilizaba su movimiento Excavar para crear grandes hoyos que después cubría y camuflaba entre la nieve. Los agujeros trampa eran un clásico año tras año, muchos caían en ellos.

Staryu utilizaba su Pistola de Agua y la disparaba contra el suelo. El frio del invierno eventualmente congelaba el agua y el suelo se haría mucho más resbaloso. Nadie podría avanzar por él sin caer sobre su retaguardia.

Por su lado, Melanie se encontraba trabajando junto a Caterpie, usando su seda para crear redes resistentes que escondería para atrapar a cualquier entrenador. Acto seguido las amarraron a un árbol y ya estaba lista para dejar colgando en su interior a cualquiera que les pasara por encima.

Al ver al resto de los Pokémon volver junto a ella, supo que su trabajo estaba cumplido y las trampas navideñas estaban listas. Con eso no tenían que preocuparse por nada, podrían festejar las fiestas sin miedo a que nadie se acercase a su dominio para intentar atraparlos.

- ¡Hicieron un gran trabajo! ¡Ahora vamos a disfrutar de una merecida cena de Nochebuena! – Todos los Pokémon abandonados comenzaron a festejar junto a ella y juntos regresaron a casa, para descansar y celebrar a lo grande.

Quizá Bulbasaur ya no estaba aquí para ayudarla. Pero aun así, ella podía proteger la aldea oculta y el criadero de Bulbasaur a salvo de cualquier entrenador o cazador que intente acercarse. Además, Melanie se divertía demasiado creando trampas. Era de sus hobbies favoritos.


FOX McCLOUDE

Clair ya estaba a punto de cerrar el Gimnasio Blackthorn por las fiestas, sin embargo, su mano dudaba ligeramente antes de apagar las luces para luego cerrar las puertas.

Ella no era lo que se llamaría una grinch o una scrooge en lo que a las navidades se refería. De hecho, tenía muy buenos recuerdos de muchas de ellas, y aunque tuvo sus desventuras en algunos años, no fueron tan traumáticos como para hacerle odiar la época o a la gente que la disfrutaba.

No, era solo en concreto por aquel año. Si por ella fuera, preferiría quedarse trabajando en el Gimnasio, y seguramente muchos entrenadores lo apreciarían, al tener un sitio donde poder ganarse una medalla cuando todos los demás estaban cerrados.

- ¿Hmm? – De pronto sintió su teléfono vibrar en su bolsillo. – ¿Quién podrá ser?

Rápidamente sacó el aparato, y al abrir la pantalla se dio cuenta de que se trataba de un mensaje con una foto adjunta. Curiosa, la abrió… y tuvo que contener el impulso de gruñir al verla.

La foto mostraba a la mocosa de pelo rosa de Goldenrod, besuqueándose con un muchacho de pelo oscuro. Adjunto el texto decía: "Feliz Navidad, señorita Aliento de Dragón. Mira a mi novio, ¿no es el más lindo? ¡Nadie debería estar solo el día de hoy!".

- Sí, tú tienes novio con quién pasar tus fiestas, y yo no. Gracias por recordármelo.

Rápidamente borró el mensaje, y suspiró con pesadez. Eso solo le servía como un recordatorio de por qué no se sentía con ganas de celebrar las navidades aquel año. Para quienes decían que la navidad era para pasarla en familia, definitivamente no conocían a la de ella.

Estaba tan absorta en sus pensamientos que cuando fue a cerrar las puertas, no se percató de que alguien estaba esperándola en la entrada del gimnasio, hasta que casi se choca con él.

- No te ves bien hoy, prima. – Obviamente, esa sola palabra lo delató. Se trataba de Lance. – ¿Problemas en el gimnasio?

- Ya quisiera. Esos al menos son fáciles de resolver. – replicó ella. – Más bien… es que no tengo planes para las fiestas este año. Diablos, si hasta la mocosa de Goldenrod se consiguió un novio y me mandó una selfie donde se están besando, imagínate.

- Cielos, ese fue un golpe bajo. – dijo el pelirrojo. – Entonces, ¿no tienes planes para pasar las fiestas? ¿Qué pasó con aquel chico que salvaste en las Islas Decolore? ¿Cómo se llamaba, Gray o algo así?

- Estás bromeando, ¿verdad? – replicó de inmediato. – Quiero decir, su apariencia no es mala cuando se arregla, pero es un poco demasiado joven para mí.

Eso, y que después se enteró que su novia había sido asesinada, y todavía no se sobreponía del todo. Eso explicaba por qué se había molestado tanto cuando ella sin saberlo insultó su memoria. Después aclararon las cosas y se hicieron buenos amigos (haberlo rescatado del mar definitivamente ayudó), pero de ahí a querer SALIR con él… no, tampoco estaba TAN desesperada.

Además, probablemente ahora estaba del otro lado del continente, y no le dejó forma de contactarlo.

- No es que me moleste mucho. – dijo Clair, encogiéndose de hombros. – Sabes lo que la mayoría de los hombres de por aquí piensan de mí.

- Es porque no te conocen bien. – dijo él. – Si te conocieran como yo, seguro matarían por salir contigo.

Clair suspiró. Los dos habían crecido juntos, y Lance siempre la alababa diciéndole que ella era atractiva y asombrosa, y que ellos eran quienes se lo estaban perdiendo cuando la rechazaban. Ella lo apreciaba mucho; si no fueran parientes, tal vez hasta se enamoraría de él.

Aunque claro, no iba a mencionar eso enfrente de los fósiles. No fuera que después eso les diera ideas extrañas.

- Como sea, creo que me va a tocar pasar la Navidad con los vejetes. – continuó Clair. – Seguro aprovecharán para ver si me arreglan un matrimonio. Qué divertido prospecto.

- Tal vez no. – intervino Lance. – Los Altos Mandos de Kanto y Johto tendremos nuestra fiesta anual, y sabes que podemos llevar a un acompañante.

- ¿Y está bien que lleves a tu prima? ¿No sería mejor llevar… no sé, a alguien especial?

Lance simplemente se encogió de hombros. Claro, estaba eso: ser agente secreto definitivamente no dejaba mucho espacio para buscar citas.

De nuevo, si la alternativa era pasar la Navidad con los viejos fósiles, por lo menos al ir a una fiesta con su primo favorito garantizaba que no se iba a aburrir. Eso la ayudó a animarse un poco.

- Qué rayos, vámonos de una vez. – dijo finalmente.

Lance dejó salir a su Dragonite, y ambos se montaron en su espalda. Sujetándose con fuerza, despegaron y partieron rumbo hacia la Meseta Índigo, dejando Blackthorn atrás.

Clair sonrió para sí misma. Con suerte, tal vez alguno de los amigos de Lance llevaría a alguien con quien ella pudiese encontrarse debajo del muérdago. Aunque fuera solo para mandarle una selfie propia a Whitney y vengarse por ese mensaje.


FOX McCLOUDE

Algunos encontrarían extraño visitar un cementerio en Navidad. Pero para Katie, había una razón muy importante de estar allí.

- Feliz Navidad, John. – dijo mientras colocaba la corona de flores de Navidad sobre la lápida. – Aquí estoy, como lo prometí.

Para quienes decían que "nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes", Katie supo que eso también se aplicaba para personas. Para ella, John Archer había sido un buen amigo, pero también un gran rival, pues era un entrenador verdaderamente excepcional. Compitieron tres veces, él ganó una vez, ella también, y luego en la tercera empataron. En la Liga Hoenn se iban a enfrentar para desempatar, pero a ambos los eliminaron del torneo antes de poder enfrentarse entre ellos, así que prometieron verse el próximo año para la revancha.

Tristemente, eso no iba a ser posible.

Ahora se arrepentía de no haberlo tratado más como un amigo, especialmente considerando que él siempre fue muy amable con ella. Pero no, ella estaba más interesada en competir con él que en ser su amiga, a pesar de que él se lo decía todo el tiempo. ¿Por qué no lo valoró más?

Especialmente cuando supo que alguien lo había asesinado mientras dormía. ¿Quién podría tener algo contra él, un chico tan amable y apacible que no le haría daño a nadie?

- Lo siento de verdad, este año no pude. Pero el próximo lo lograré, y te traeré el trofeo como regalo de Navidad. Es una promesa.

Ella ganaría la Liga Hoenn por los dos, por esa batalla que no pudieron tener como lo habían prometido.


VIRORO-KUN

Corriendo por las esquinas oscuras de las calles de Wyndon, el Pokémon de Fuego cubierto de hollín corría mientras repasaba el plan en su cabeza de nuevo. Esta vez sería más difícil de lo usual en la tienda de bollos: estaba solo, infiltrándose en la mejor panadería de la ciudad, para conseguir lo que necesitaba. Sería difícil hasta para un ladrón profesional, y más todavía para un Pokémon que crecía en las calles. Pero nadie dijo jamás que a Scorbunny no le gustaban los retos.

Meterse allí era un trabajo fácil luego de días de buscar una salida de emergencia, pero él sabía que sus pisadas de hollín delatarían su presencia fácilmente. Y como lo esperaba, pronto encontró el camino a la cocina bloqueado por al menos media docena de guardias, todos manteniendo la mirada en una parte diferente del corredor. Scorbunny sonrió: aquí era donde comenzaba la parte divertida.

Sacó su piedrita, haciendo malabares con ella en su pata un par de veces. Echó un vistazo al lugar, apuntó al lugar apropiado, y la pateó con toda su fuerza.

La piedrita rebotó por todos lados, haciendo que todos se sobresaltaran, hasta que le pegó a uno de los guardias en toda la cabeza.

- ¡Ay!

- ¿Estás bien?

- ¿De dónde vino esa piedra?

Scorbunny echó otro vistazo rápido por el corredor, tomando nota del camino y pegando un salto, justo en la cabeza adolorida del guardia. Se rio al ver las caras de los demás guardias y les ofreció su habitual saludo: golpearse el trasero y jalarse el ojo mientras les sacaba la lengua.

- ¡¿Qué demo-?!

- ¡¿Cómo llegó este Scorbunny a-Uff?! – La pata del Pokémon de Fuego impidió que el hombre siguiera hablando cuando le saltó en la cara, usándolo como trampolín para meterse por una esquina cercana, justo cuando un par de guardias salían corriendo hacia él. Casi lograron alcanzarlo, pero una Doble Patada fue todo lo que Scorbunny necesitó para mandarlos lejos e impulsarse más allá por el corredor. Se deslizó por debajo de las piernas de otro guardia y se impulsó hacia el techo, dándole otra Doble Patada para meterse en la siguiente habitación bajo las miradas atónitas de la seguridad.

Scorbunny se rio entre dientes de los guardias y les cerró la puerta en las narices, saltando hacia un lado para arrojar algunas de las bandejas y cajas enfrente de la entrada mientras los guardias trataban de forzar la puerta. Si el Pokémon de Fuego calculaba todo correctamente, tendría unos tres o cuatro minutos antes de que lograran tener acceso de nuevo.

El Pokémon cubierto de hollín se dio la vuelta, echando un ojo a una de las cocinas más reconocidas de toda la región Galar, ahora completamente a su disposición. El inicial se rio para sí mismo y estiró los dedos, ya recordándose a sí mismo su propósito. No podía permitirse fallar, por ningún medio necesario.

El trío de Nickits observaban a Scorbunny con expresiones confusas cuando este finalmente se reveló a sus camaradas, y sus camaradas y amigos parecían inseguros de qué decir. Les llevó varios segundos antes que uno de ellos se le acercara, parpadeando todo el tiempo.

- [Uhm… jefe, ¿qué te pasó?] – le preguntó, tocándolo tentativamente con el dedo. O más bien, tocando todo lo que tenía a su alrededor.

Scorbunny tuvo que esforzarse por no rodar los ojos. Sí, sabía que arrojarse en un pastel a medio hornear, salir por una ventana y después echarles todo el glaseado cremoso a los guardias que lo perseguían probablemente fuese un plan estúpido ahora que lo veía en retrospectiva, pero también sabía que era lo bastante loco para que nadie se molestara en prepararse para ello. ¡Y tenía razón!

Claro, por la forma en que sus amigos lo miraban en completo desconcierto le hacía preguntarse si simplemente no quedó como un idiota, pero por ellos, él haría eso y mucho más. Ellos eran su familia, después de todo, y hoy era el día que los humanos siempre celebraban con la gente cercana para ellos.

Scorbunny sonrió, agarrando algunos trozos del glaseado hecho para parecer un árbol de Navidad, para ofrecérselo a los Nickits. – [¡Feliz Navidad, chicos! ¡Conseguí esto de la panadería solo para nosotros!]

El trío lo miró tentativamente, y sus miradas inquisitivas le hicieron sentir nervios a Scorbunny. Pero eso solo duró un segundo, pues sus amigos finalmente se acercaron para darle un abrazo, mordiendo los trozos de pastel a su alrededor. La sonrisa de Scorbunny se hizo aún mayor, y les correspondió al abrazo de inmediato.

Y así, Scorbunny y su pandilla disfrutaron del pastel en paz, en su pequeña esquinita de Wyndon lejos de todo mundo. Se tenían unos a otros y algo para compartir, y en la noche de Navidad, eso era todo lo que podían desear.


BRANDON369

Incluso en la temporada navideña, el crimen nunca descansaba. Por esa misma razón, él se encargaba de vigilar las calles y mantener todo en calma.

La gente en la región lo conocía como el Inmejorable Jimmy Ray, protector y vigilante de Ciudad Nimbasa. Se trataba de nada más ni nada menos que el súper héroe más poderoso e imbatible de toda la región Unova… No, probablemente de todo el mundo. Aunque para algunas personas él era solo un sujeto raro con disfraz de Watchog, pronto les demostraría de lo que era capaz.

Después de todo, había sido bendecido con el gran poder de hablar con los Patrats… Bueno, en realidad podía hablar también con otros Pokémon, pero los Patrats eran los únicos que le hacían caso. Quizá el hecho de vestir con un traje de Watchog ayudaba con eso.

Como el gran héroe que era, Jimmy Ray se encontraba vigilando los tejados y había puesto a muchos de sus Patrats a hacer lo mismo con su Vista Aguda. Quizá la Navidad era una época alegre, pero muchos ladrones aprovechaban la ocasión para meterse a las casas disfrazados de Santa Claus y robar las pertenencias de la gente. El pobre héroe solo podía imaginar la decepción en aquellos pobres niños que esperaban regalos de Santa y solo veían como en lugar de dejarles algo, se llevaba sus cosas.

¡Pero eso no ocurriría, no en la guardia del gran Jimmy Ray y sus Patrats!

Justo en ese momento, uno de los Patrats se le acercó preocupado y subió sobre su hombro para informarle la situación.

- ¿Qué es lo que ocurre, Número 9? – El Pokémon comenzó a explicar en su idioma, aunque Jimmy Ray podía entenderlo perfectamente. – ¡¿Es en serio?! ¡¿Número 6 y Número 3 encontraron un sospechoso?! ¡Iré de inmediato, tú reúne a los demás!

El Patrat asintió y corrió para cumplir la instrucción. Por otro lado, Jimmy Ray no perdió el tiempo y salió corriendo en cuatro patas, mientras hacía acrobacias para saltar de tejado en tejado. Siendo el héroe eficiente que era, no pensaba perder ni un segundo para solucionar la crisis.

Fue entonces que llegó junto a algunos de sus Patrat y estos le mostraron lo ocurrido: Un hombre vestido de Santa Claus estaba encima del tejado de una casa, cargando una gran bolsa. Pero ese ladrón no podría engañar al gran héroe: estaba claro que esa barba era falsa.

- ¡Muy bien! ¡Número 28, tú los dirigirás! – El Patrat asintió a la instrucción. – ¡Vamos a probar la formación Wayland que estuvimos practicando!

En poco tiempo, el ladrón disfrazado se llevó una sorpresa, pues los Pokémon subieron al techo y ahora se encontraba rodeado por no menos de cuarenta Patrats.

- ¿Qué demonios está pasando aquí? – Antes de que el ladrón pueda protestar, el Patrat número 28 dio la orden y un grupo de los suyos se lanzó contra el ladrón, subiéndole por todas partes y provocando que cayera sobre la nieve.

Jimmy Ray sonrió al ver el éxito en su misión y se acercó a su equipo, felicitándolos mientras los Patrats festejaban una nueva victoria. Ante la orden del héroe, los Pokémon le quitaron su barba falsa, y el ladrón estaba demasiado sorprendido como para oponer resistencia.

- Tus crímenes se acabaron, ladrón. – sonrió confiado mientras que algunos Patrats se subían a sus hombros y cabeza. – Puede que engañes a otras personas con esa barba, pero no al gran Jimmy Ray. ¡Tú no eres el verdadero Santa Claus!

- ¡¿Qué te pasa?! Yo solamente… – Pero el ladrón no pudo hablar, pues uno de los Patrats lo abofeteó.

- ¡Silencio, criminal! Es hora de que devuelvas lo que robaste. – El héroe metió su mano a la bolsa, solo para sacar… ¿Regalos envueltos? – Oye, esto es…

- ¡Es lo que he intentado decirte, mentecato! – El hombre parecía realmente molesto. – ¡Está es mi casa! ¡Solamente quería darles una sorpresa a mis hijos!

-Oh… – El héroe se quedó pensando por un momento que hacer ante semejante revelación. Aquel hombre parecía molesto y por lo visto no era un ladrón. Intercambió un par de miradas con sus Patrat y luego volvió a ver al hombre. – ¿Tal vez podamos ayudarle con eso?

Aquella Navidad, los hijos de aquel hombre estaban seguros de haber sido visitados por Santa Claus y nunca lo olvidarían… Ni tampoco al ejército de Patrat que ayudaba a Santa.


VIRORO-KUN

La gente a menudo decía que ser famoso solo traía consigo lastres, sin suficientes beneficios para compensarlos; ser constantemente el centro de atención, adorado y escudriñado a partes iguales, eventualmente probaría ser más un problema de lo que valía la pena a la larga. Si ese dicho era cierto, entonces Gordie definitivamente era la excepción a la regla.

A él le encantaba estar bajo los reflectores, presumiendo y dándoles a todos un gran espectáculo enfrente de un entusiasmado público, haciendo que todos se volvieran frenéticos con sus habilidades de entrenador. Y sabiendo que sus fans también lo amaban hacía que hasta las más fastidiosas derrotas valieran la pena. Como uno de los líderes de gimnasio de Galar más populares, tenía un deber para asegurarse que sus fans siempre recibieran el amor que merecían; después de todo, él jamás habría llegado hasta donde estaba sin su apoyo.

Y por eso era que el especialista en tipo Roca pasaba la Liga de Navidad leyendo la enorme montaña de correo de fans que le enviaban sus admiradores, desde alabanzas y comentarios serios sobre su reciente desempeño en el torneo contra Kabu y Raihan hasta la admiración de sus fans por su sentido de la moda y (él esperaba) propuestas de matrimonio medio en serio, hasta la ocasional pequeña burla sobre sus mejores Pokémon y los regalos del padre de la Navidad para los niños traviesos. La mayor parte del correo lograba sacarle una sonrisa en el rostro a Gordie, mientras se ajustaba sus gafas de sol azules y se volvía hacia su compañero de lectura.

- Parece que te has vuelto muy popular, Coalossal. – Le sonrió al enorme montón de carbón, antes de enmarcarlo con sus dedos y contemplar su forma. – Definitivamente tenemos que trabajar en tu introducción para la próxima temporada de la Liga. Quizás podrías hacer una voltereta en tu entrada, también...

Coalossal ensanchó los ojos, rápidamente sacudiendo las manos. Gordie se rio, dándose la vuelta para enfocar su atención en el correo. Luego pensaría en algo más a su debido tiempo.

Continuó pasando el correo, descartando los mensajes de publicidad que lograban colarse y disfrutando de las cosas honestas que sus fans decían sobre él. Al menos, hasta que una carta específica captó su atención. Un sobre blanco con el que estaba muy bien familiarizado; aquel del otro gimnasio famoso en Circhester, con el cual contantemente competía por un punto en la División Mayor.

El que era dirigido por Melony, especialista de tipo Hielo. Y tristemente, su madre.

Gordie lo miró con amargura, preguntando qué diablos querría de él en esa época del año. Él ya sabía lo que podría ser, pero prefería ignorarlo.

Brevemente contempló la idea de echar la carta a la chimenea, pero ultimadamente le ganó la curiosidad, así que la abrió y leyó su contenido.

Hola, ¿cómo está mi líder de gimnasio favorito? Quería felicitarte por tu reciente desempeño en el torneo. ¡De verdad le demostraste a Raihan que tus Pokémon de Roca pueden soportar cualquier clima! Te has convertido en un gran especialista de tu tipo, y me encantaría probar mis habilidades contra ti. A ver si arreglamos un encuentro amistoso, uno de estos días.

Tu hermana estaba planeando una cena de Navidad con toda la familia, y pensé que sería una linda idea participar en ella. Estoy segura de que ellos estarán felices de verte por aquí. Piénsatelo, ¿está bien? Sé que tienes una carrera de la cual ocuparte, pero tu familia también te quiere.

Sea cual sea tu decisión, ¡te deseo una feliz Navidad! ¡Estoy segura que te irá genial el próximo año!

- Con amor, tu mamá.

Tras leerlo, Gordie se quedó sin habla. Claro, su madre siempre se había balanceado entre una apreciación pesada y un semblante estricto y estoico, pero tras las discusiones que tuvieron y el efecto que tuvo su pelea en su ciudad, verla ponerse tan cariñosa siempre lo atrapaba desprevenido. Definitivamente, absolutamente no era suficiente para que él la perdonase por todas las veces que lo fastidió para que siguiera los pasos de ella, pero tal vez sí un poco. Remotamente. Potencialmente.

Gordie suspiró, contemplando la oferta en la carta. De verdad no podía recordar la última vez que se encontró cara a cara con su madre, mucho menos con el resto de su familia. Por mucho que le encantara su línea de trabajo, le dejaba muy poco tiempo para pasarlo con la gente cercana a él. Pero al mismo tiempo, no tenía idea de si querría ver a su madre después de todo lo que pasó entre ellos.

Dejó que la posibilidad se cocinara en su cabeza unos segundos, inseguro de qué debía hacer. Y entonces, por fin suspiró, sacudiendo su cabeza. Solo había una decisión correcta que podía tomar.

- ... Oh, qué diablos. – Gordie se puso de pie, desempolvó su viejo traje y se volvió hacia su compañero. – Vamos a nuestra vieja casa, Coalossal.

Coalossal pareció sorprendido, solo para darle a su entrenador una sonrisa travies. Gordie gruñó, detestando cómo podía ver a través de él.

- No, no vamos para visitar a mi madre, vamos a visitar a mis hermanos, a donde mi madre posiblemente podría estar. ¡Es diferente! – El especialista en tipo Roca bufó, pasándose una mano por el cabello, casi convencido de sus propias palabras.

Por suerte, su Pokémon no lo presionó más, y Gordie sacó su chaqueta buena y se preparó para la noche, con su Pokémon as a su lado.

Como uno de los líderes de gimnasio más populares de Galar, tenía un deber de asegurarse que sus fans recibieran el amor que merecían. Y le gustara o no, su madre siempre sería su fan número uno.


BRANDON369

La nieve caía en la región de Johto y muchos niños salían para jugar y divertirse, quizá armando Snorlax de nieve, deslizándose con sus trineos o armando una guerra de bolas de nieve.

Una de ellos era una pequeña niña de tan solo once, de cabello azulado atado en cola de caballo con un moño rojo y ojos verdes. Su nombre era Ayumi y le encantaba explorar a su alrededor, por lo que se internó en el pequeño bosquecillo a las afueras de su pueblo, con cuidado de no alejarse mucho o perderse. Y fue entonces que encontró algo que llamó su atención.

- Vamos, tranquila, no pienso hacerte daño.

Encontró una pequeña y solitaria Pichu, que se escondía sin éxito en el interior de un tronco hueco. Claramente se encontraba asustada, echando chispas por sus mejillas. Ese era un claro indicativo de que no había que molestarla, pues los Pichus no eran muy buenos conteniendo su electricidad y Ayumi no quería acabar rostizada.

Y aun así, continuaba insistiendo. – Venga, sal de ahí, pequeñita.

Normalmente Ayumi se habría ido y hubiera dejado al pequeño Pokémon en paz, pero esta vez no podía hacer eso. Aun cuando esa Pichu intentaba mantener su guardia, todavía temblaba de frio y estaba claro que ese tronco hueco no iba a protegerla durante el resto del invierno.

Intentó extender lentamente su mano para sujetarla, pero tuvo que apartarla rápidamente cuando Pichu echó más chispas. Sin tener otra opción, Ayumi la observó fijamente a los ojos y en un momento, sus verdes ojos comenzaron a destellar. Una vez que terminó, todo el miedo que sentía aquella Pichu había desaparecido, pero todavía estaba desconfiada y no quería acercarse a la niña.

- No pienso lastimarte. Soy una amiga. – Ayumi intentó sonreírle para ganarse su confianza. – Mi nombre es Ayumi Cinder y estoy aquí para ayudarte.

Aun con un poco de desconfianza, la pequeña Pichu salió de aquel tronco y se acercó lentamente. Ayumi le acarició la cabeza y eso pareció calmarla lo suficiente para permitirle a la niña cargarla.

- Así está mucho mejor. – La niña intentó utilizar su abrigo para calentar a aquella Pichu. – Ya te sientes más cómoda, ¿verdad?

El Pokémon parecía bastante contento ahora y se acomodó entre los brazos de Ayumi para calentarse. La niña por su lado, comenzó a ver en los alrededores. Usualmente los Pichu vivían en manada junto varios Pikachu y ocasionalmente algún Raichu, y sin embargo no había ninguno en las cercanías.

Juzgando por el tamaño de aquella Pichu, probablemente habría nacido hacía relativamente poco, y si la dejaba sola era casi seguro que acabaría como bocadillo de algún Murkrow o Ekans, si es que el invierno no la mataba primero.

- ¿Tu familia te dejó? – El roedor asintió con la cabeza. – Mi padre también me dejó cuando era una bebé. Pero ahora tengo un nuevo papá y es muy bueno conmigo. Quizá tú también puedas tener una nueva familia.

El Pokémon se acurrucó más entre sus brazos hasta quedarse dormido. Ayumi decidió llevarlo hasta su casa, quizá era demasiado joven como para tener su propio Pokémon, pero estaba segura de que su papá le ayudaría a criar al Pichu. Además, nunca rechazaría a un nuevo miembro en la familia para celebrar la navidad.


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- ¡Yahooo! ¡Andando, muchachos! ¡Hagamos ruido!

Si por algo era bien conocida la Banda de Puente, era sin duda hacer ruido. Cualquiera que los escuchara, pedaleando por la ruta ciclista del puente a Ciudad Soleada, inmediatamente corría a esconderse, pues ellos eran los pandilleros más peligrosos de la región. Y no se detenían, ni siquiera en época navideña.

Como el líder de la pandilla, Chopper conducía a la cabeza del grupo, contento por estrenar bicicleta nueva. La Banda del Puente tenía una filosofía que todos los miembros seguían al pie de la letra: vivir libres en sus bicicletas y hacer lo que les placiera, sin que nadie les diera órdenes…

Por desgracia, esa filosofía no les dejaba mucho dinero para pasar la Navidad. Aunque esa también fue la razón por la que Chopper se sorprendió aquella mañana, cuando Tyra lo despertó con una sorpresa.

- ¡No lo puedo creer, Tyra! Eso es…

- Adelante, jefe. Es toda tuya. – La chica se cruzó de brazos con una sonrisa al ver la expresión emocionada de su jefe. – Ahorramos entre todos los miembros de la banda para comprarla, aunque yo escogí el modelo.

Sin perder un solo segundo, Chopper prácticamente saltó para ver su regalo. Nada menos que una hermosa bicicleta nueva y resplandeciente. Tenía diseño con la imagen del Pokémon legendario Zapdos, lo que le daba un aspecto más intimidante y rápido. Ciertamente el líder de la pandilla estaba contento con su regalo navideño.

- ¡Tengo la mejor banda del mundo! ¡Son los mejores! – Chopper estaba tan contento que intentó abrazar a su compañera, aunque está rápidamente lo frenó, acostumbrada a ello.

- Tranquilo jefe, el líder de la banda merece la mejor bici del grupo.

- ¡Muy bien, Tyra! ¡Reúne a toda la banda! ¡Vamos a estrenar esta belleza!

Y de esa manera, ahora todos recorrían la ruta ciclista. Claro, Chopper tenía otras cosas en mente. Su pandilla había gastado hasta el último centavo para comprarle ese regalo de Navidad, y como su líder, estaba obligado a devolverles el favor.

Su plan consistía en encontrar algún entrenador que buscase cruzar el puente y desafiarlo a combate para obtener algo de dinero extra. Con su poderoso Golem, no tendría problema en derrotar a cualquier oponente y con suerte obtendrían el suficiente dinero como para comprarse un pastel navideño y dividírselo entre todos para la cena de Nochebuena.

Entonces, Tyra se acercó en su bicicleta para hablarle. – Oye, jefe, no creo que encontremos a nadie en el camino. Creo que somos los únicos suficientemente locos como para conducir en bicicleta durante un día nevado.

- Creo que hablaste demasiado pronto, mi querida Tyra. ¡Mira ahí!

Tyra levantó la vista y encontró lo que su jefe le señalaba. A lo lejos se veía una bicicleta solitaria en medio del camino y un hombre mayor estaba junto a ella. Parecía un sujeto elegante cual hombre de negocios, claramente un ricachón de algún tipo. Justo lo que estaban buscando.

Rápidamente lo rodearon con sus bicicletas, sin darle espacio alguno para escapar. En ese momento, Chopper se acercó al sujeto, quien estaba realmente confundido.

- Creo que usted y yo no nos hemos presentado todavía. – le dijo mientras se quitaba las gafas oscuras de forma intimidante.

- ¿Qué cosa? – El hombre parecía realmente confundido e intimidado al mismo tiempo.

- No va a cruzar este puente sin una presentación apropiada.

- Y por cierto, nos referimos a una batalla Pokémon cuando decimos "presentación". – aclaró Tyra.

Sin embargo, para sorpresa de la pandilla, aquel sujeto no intentó defenderse ni replicar. Sencillamente se arrodilló sobre la nieve y se puso a llorar; mientras tanto, Chopper y Tyra se observaban el uno a la otra, sin saber que pensar al respecto.

- ¡Aunque quisiera no puedo ir a ninguna parte! – lloró el hombre. – ¡Mi bicicleta está arruinada!

Los pandilleros se dieron cuenta del pésimo estado en el que se encontraba la bicicleta, con sus ruedas prácticamente destrozadas. Claramente no estaba hecha para avanzar por la nieve.

- Oiga, tranquilo. – Chopper se acercó y le dio unas palmadas en su espalda. – No es para tanto.

- ¡¿Qué no es para tanto?! ¡Voy a fallarle nuevamente! ¡No cumpliré mi promesa!

El sujeto lloraba a moco tendido, por lo que Chopper le ofreció un pañuelo para que se soplara la nariz. Tyra se le acercó, con claro fastidio, preguntándole que deberían hacer, aunque ni siquiera Chopper esperaba que algo así les ocurriera.

- ¿Por qué es tan importante cruzar el puente?

- Yo… Soy un hombre ocupado, ¿sabes? – El sujeto se calmó un poco antes de narrar su historia. – Tengo que trabajar muy duro todo el año, de ciudad en ciudad, lejos de mi casa. Por eso es que nunca puedo ver a mi pequeña hijita, la pobre está prácticamente sola todo el año, aun cuando quisiera pasar más tiempo con ella. Por eso le prometí que llegaría a casa para Navidad, que pasaríamos juntos las fiestas…

»¡Pero rompí la promesa! ¡La Navidad estará arruinada y mi pequeña va odiarme!

Todos en la Banda del Puente se quedaron en silencio mientras escuchaban la historia de aquel sujeto. Tyra estaba realmente sorprendida, aunque Chopper tenía algunas lágrimas en los ojos.

- ¿Por eso saliste en media nevada? – preguntó Tyra, claramente impresionada ante esa declaración.

- ¡Increíble! ¡Esoe es un verdadero ciclista! – Chopper se volteó hacía su pandilla. – ¡Escuchen, muchachos, vamos a llevarlo allá con estilo!

- ¿Qué estás diciendo? – preguntó el sujeto confundido.

- Suba a mi bici, señor. – respondió el pandillero con una sonrisa. – Lo llevaremos con su hija.

- ¡Gracias, joven! ¡En verdad se lo agradezco!

Todos los pandilleros festejaron, antes de subirse a sus respectivas bicis para acompañar a su jefe en esta importante misión Navideña. Por su parte, Tyra solamente suspiró con una sonrisa. A menudo Chopper tomaba decisiones precipitadas como esta… Pero era justamente esa la razón por la que lo respetaba tanto. La Banda del Puente no podía pedir un mejor jefe.


VIRORO-KUN

Agatha golpeaba con su pie repetidamente, observando un reloj cercano con un gesto muy fruncido en su rostro. Mientras una sombra se materializaba en el suelo y Tony emergía de ella, la miembro del Alto Mando especialista en Pokémon Fantasmas pareció más molesta que sorprendida.

- Llegas tarde. ¿Tuviste problemas con alguno de tus pequeños intentos de pacificación? – le preguntó, dando un golpe al suelo con su bastón.

Tony negó con la cabeza; el Gengar deseaba poder entrar en mayor detalle, pero sin otra forma de hablar más allá de entrometerse en los sueños de Agatha, no había mucho que pudiera hacer.

La expresión de Agatha rápidamente se suavizó, sin embargo, tornándose en una sonrisa sardónica. – Es bueno saberlo. Con lo difíciles que se tornan algunas batallas con tus ausencias en estos últimos días, más te vale estar haciendo un buen trabajo.

Tony rodó sus ojos, casi murmurándole algo de vuelta, pero los hermanos Grimm rápidamente se sonrieron uno a la otra. Tony sabía que su hermana estaba al tanto de que le gustaba ser su Pokémon principal y no quería dejar de serlo, pero su rol actual como pacificador de Pokémon salvajes era algo que le encantaba hacer, y eso ayudaba a hacer que su existencia actual se sintiera menos como una maldición. Lo hacía feliz, y ambos lo sabían.

Agatha rápidamente se dio la vuelta, mirando a su alrededor. – Y bien, ¿trajiste a ese sujeto contigo también?

Tony hizo lo propio, con una ceja alzada, y no encontró a nadie aparte de ellos dos. Qué extraño, se había asegurado de darle las direcciones correctas y todo; ¿a dónde podría haber ido ahora?

Sin embargo, sus interrogantes por fortuna resultaron muy breves.

- ¿Podría usted estar refiriéndose a mí, señora? – Los hermanos Grimm se voltearon hacia el mismo lugar, donde estaba de pie un hombre de buena apariencia y vestido elegantemente, cercano a la edad de Agatha, haciendo una elegante reverencia en la dirección de Agatha.

La anciana entrenadora lo observó, antes de sonreírle a su hermano menor. – ¿Este es tu amigo, Tony? No me dijiste que era un caballero tan bien parecido.

El Gengar le echó una mirada fulminante. El hombre no pareció perturbado en absoluto, acercándose para besar la mano de Agatha. – En efecto, lo soy. Es un placer y un honor conocer a tan respetable autoridad entre Pokémon Fantasmas, Sra. Grimm.

- Vaya, vaya... – se rio Agatha, casi divertida por el protocolo.

El intento de cortejo de pronto se vio interrumpido cuando Tony disparó una Bola de Sombra en la dirección del caballero, la cual el hombre apenas esquivó saltando y perdiendo su disfraz en el proceso, revelando su verdadera forma gaseosa a la vista de todos.

- ¡Fuera las manos! ¡Ella es mi hermana, ya lo sabes! –le gruñó Tony a Gastly, con los brazos cruzados.

Gastly flotó más cerca, devolviéndole el gesto. – ¡Vamos, solo estaba dejando una buena impresión! ¡Sin duda te faltan modales, para ser un negociador!

- No quiero sermones sobre modales de alguien que se gana la vida estafando a la gente.

- ¡Ya te lo dije, soy un cuentacuentos interactivo!

Agatha se volvió a reír, pasando entre los dos Pokémon Fantasmas que debatían entre ellos. Aunque solo podía escuchar el lado de Gastly en la conversación, Tony estaba seguro de que ella sabía lo que estaba pasando.

- De todas maneras, ya sabía que eras un Gastly. – La mujer observó la verdadera forma del Pokémon Fantasma con interés. – Aunque no me esperaba que el Fantasma del Pico de la Doncella fuese solo un estafador.

- Hey, Rhian es tan real como tú o yo. Yo simplemente mantengo viva su memoria… por un precio moderado.

Agatha sonrió ligeramente, decidiendo cambiar el tema. – Tony me dijo que le ayudaste a encontrar su llamado actual. De verdad quería darte las gracias por eso.

- No fue nada, pero yo no hice nada importante, en serio. – Gastly sonrió, mirando a Tony a su lado. – Su hermano decidió hacer eso por su propia cuenta. Él es el protagonista de su propia historia, de principio a fin.

Tony se rascó detrás del cuello, sonrojándose profundamente. Realmente no creía merecerse los cumplidos, pero estaba feliz de oírlos de toda manera, aunque Agatha se riera un poco a expensas suyas como resultado. Rápidamente recuperó la compostura, y se aclaró la garganta para darse aires.

- Esa no es la única razón de haberte llamado aquí. – Tony sonrió de nuevo, observando el cuartel general de la Liga en la distancia. – Verás, hoy habrá una fiesta de Navidad de los Altos Mandos, y se permite traer invitados. Agatha siempre se rehusó a traer a alguien más porque siempre me contó a mí como su invitado, y Samuel usualmente recibía una invitación honoraria, pero ya que yo no cuento…

Gastly rápidamente juntó dos y dos, y sus ojos se ensancharon del shock. – Esperen, ¿me están invitando a mí?

- ¿Por qué no? Somos amigos, después de todo. Me gustaría pasar algo de tiempo juntos. – Tony ensanchó aún más su sonrisa. – Además, Lance decidió prohibir las bebidas alcohólicas, luego de "ciertos" incidentes…

Le echó una mirada fulminante a Agatha, y aun sin el contexto, ella entendió lo suficiente como para replicar con un gesto enfurruñado. Tony se rio, y se volvió hacia Gastly. – Así que pensé, nos vendría bien algo de entretenimiento del mejor cuentacuentos interactivo que hay allá afuera.

- Oh, ¿así que ahora recurres a los halagos, eh? – Gastly sonrió, flotando pensativo. – Esto es bastante nuevo. Estoy más acostumbrado a ser el anfitrión de las fiestas, pero ser un invitado de honor es una experiencia completamente nueva para mí. ¡Acepto!

El Pokémon Fantasma giró sobre sí mismo, volviendo a adoptar la forma del caballero de edad avanzada, haciendo una profunda reverencia a los hermanos Grimm.

- Seré el mejor invitado que la ilustre Agatha Grimm jamás haya traído consigo. – Dio un paso al frente, ofreciéndole la mano a la mujer. – ¿Me permite guiarla, señora?

Agatha volvió a reír divertida, aceptando la mano. – ¿Por qué no? Sin duda que aprecio la atención.

Los dos caminaron hacia los cuarteles de la Liga, dejando atrás a un bastante molesto Tony. Luego sacudió la cabeza y trató de ignorar los intentos de Gastly por flirtear con su hermana, y los siguió con una sonrisa feliz en el rostro a pesar de todo.

Con Gastly por allí, tenía la certeza de que la fiesta sería muy divertida. Aquel año había estado lleno de grandes desarrollos, y él estaba seguro de que los siguientes serían todavía mejores.

Y para Tony Grimm, eso era lo más importante de todo.


BRANDON369

Ciudad Comercio era uno de los lugares más concurridos de Kanto, conocida por sus grandes edificios y rascacielos.

Sin embargo, la ciudad también era el hogar de una leyenda urbana era bastante conocida: la leyenda del Rayo Rojo. No había nadie en la ciudad que no supiera acerca de aquel misterioso ser, que ocultaba su identidad con una capa y eliminaba a sus enemigos con un Híperrayo. Nadie sabía si se trataba de un humano, Bloodliner o Pokémon, pero todos en la ciudad tenían miedo de encontrarse con él…

Lo que nadie sabía, era que en realidad la responsable de Rayo Rojo era una pequeña niñita de tan solo nueve años de edad. Su nombre era Luna, una niña millonaria que observaba desde su jardín en la mansión de un rascacielos, monitoreando a Rayo Rojo con su computadora.

- ¿Todavía no encuentras a nadie, Scizor? – La niña veía los resultados en su computadora, mientras que Rayo Rojo (quien en realidad era un Scizor) patrullaba las calles, saltando de un edificio a otro. – Claro, supongo que nadie estaría afuera en Navidad… Seguro que todos están festejando con sus padres.

Unas cuantas lágrimas salieron por los ojos de Luna al imaginarse eso. Sus padres eran inventores famosos y reconocidos, pero siempre estaban fuera de casa, presentando sus proyectos en otras ciudades o incluso regiones. Siempre la dejaban sola y evidentemente, Navidad tampoco era la excepción.

Su padre le había prometido que pasaría las fiestas junto a ella y a decir verdad estaba emocionada por ello… Pero le canceló a último momento. Ya era Noche Buena y no había ningún rastro de él, otra vez.

Pero Luna se limpió las lágrimas. ¿A quién le importaba pasar sola la Navidad? ¿A quién le importaba estar lejos de su familia? Ciertamente no a ella. En lugar de tener una cena navideña solitaria y deprimente, Luna prefería enviar a su Scizor a patrullar la ciudad y buscar algún entrenador para combatir y divertirse un rato.

Ella misma lo había equipado con un complejo sistema audiovisual de su propia invención, para mantener la comunicación entre ambos y poderle dar instrucciones en su identidad de Rayo Rojo. Por desgracia, no habían tenido mucha suerte, era tarde en Noche Buena y no había ningún entrenador recorriendo las calles. A Luna no le quedó más opción que suspirar resignada.

- Mejor regresa a casa, Scizor. Ya se está haciendo tarde y creo que es mejor que nos vayamos a dormir. – El Pokémon asintió por el comunicador, pero cuando Luna estaba a punto de apagar su computadora, el sensor que Scizor tenía en su máscara reaccionó a algo. – Espera un segundo, Scizor. ¿Qué es eso?

Luna hizo un acercamiento con la cámara, y se sorprendió con lo que vio: una pandilla de ciclistas estaba ingresando a la ciudad, todos entrenadores. Con ropa de cuero y cabello teñido, eran los clásicos pandilleros a los que nadie les avisó que la moda de los ochentas llegó a su fin. Muy posiblemente hayan llegado para aprovechar las fiestas Navideñas y causar problemas en la ciudad.

Luna sonrió para sí misma. Sujetos como esos merecían recibir un saludo de parte de Rayo Rojo.

- Prepárate, Scizor. Vamos a tener una gran entrada. – Su Pokémon se estaba preparando para utilizar el viento y acercarse, pero entonces… – ¡Alto! ¡Espera un segundo!

Luna se frotó los ojos, sin poderse creer lo que su cámara le mostraba. ¿Acaso podía ser verdad? Justo en la bicicleta del líder de aquella pandilla, iba un hombre que claramente no pertenecía al grupo, pues estaba vestido con saco y corbata, cual oficinista. Al verlo más de cerca, Luna se sujetó el pecho con una felicidad indescriptible, mientras derramaba lágrimas sin poder evitarlo.

- Papi…

Era su padre, aquel que había prometido pasar las fiestas a su lado. Haciendo unos rápidos cálculos en su computadora, rápidamente confirmó que aquella banda de ciclistas conducía en dirección a su casa. ¡Su padre venía en camino!

- ¡Rápido, Scizor! ¡Regresa a casa! ¡Tenemos mucho que hacer!

Una vez que recibió la confirmación de su Pokémon, cerró su laptop y salió corriendo al interior de su casa. Tenía muchos preparativos que hacer, por lo que de inmediato fue a pedirle ayuda a su mayordomo. Tenían que tener lista la cena de Nochebuena para cuando su padre llegara. Festejarían con una deliciosa cena, juntos…

También tenía que invitar a los pandilleros que trajeron a su padre a tiempo a cenar. Era lo menos que podía hacer para agradecerles.


PARTNER555

Elizabeth Snyder se sentó exhausta en su sofá, cuando finalmente logró que su pequeña hija se quedara dormida. Aunque la maternidad era estresante, se sentía feliz de haber puesto su carrera en pausa para poder criar a su bebé, Betty.

Aun así, se lo preguntaba. Elizabeth tenía muchísimo dinero ahorrado de toda una vida en el modelaje desde que era niña, y aun así se le hacía muy difícil cuidar de su pequeña. ¿Cómo se las arreglaban las madres solteras que estaban menos favorecidas económicamente que ella?

- ¿Tula? – le dijo su Pokémon mientras señalaba la pila de regalos en su apartamento. Su Galvantula había querido que ya decidiera abrirlas desde hacía días.

- Está bien, está bien. – le dijo. – No es como que estuviera pensando en todas las demás madres solteras del mundo.

Galvantula se rio mientras se recostaba junto a la cuna de su hija.

Sacudiendo la cabeza, cogió una tarjeta y la leyó. Era de Palermo, de quien se había hecho amiga cuando su agente la convenció de probar los escenarios de Kalos como artista Pokémon por un año.

Hola, Liz.

Espero que estés disfrutando de una hermosa Navidad. Sé que yo sí lo estoy.

¿Tus padres ya te perdonaron por haber tenido una hija fuera de matrimonio?

Bueno, sí lo hicieron, eventualmente. Sabía que sus padres la habían perdonado cuando sostuvieron a su nieta en brazos, y la pequeña Betty se rio de las caras que le hacía. Sin mencionar todos los juguetes que le compraron. La mitad de los regalos de Navidad venían de ellos.

Como sea, solo quería que supieras que si necesitas ayuda, aquí estoy para ti, y también el resto de tus amigos.

Elizabeth lo sabía demasiado bien. El que ella, una modelo famosa, quedara embarazada sin saber siquiera el nombre del padre y apenas recordando su apariencia tras una aventura de una sola noche fue un enorme escándalo que los tabloides habrían aprovechado con mucho gusto. Solo el control de daño que hicieron sus amigos fue lo único que la salvó del escrutinio y la humillación.

Te deseo lo mejor y una feliz Navidad.

Palermo

Elizabeth sonrió. Tal vez así era como las otras madres solteras lo lograban. Tener una familia y a tus amigos para apoyarte cerca de ti siempre ayudaba mucho.

- Feliz Navidad, Palermo. – dijo, y luego miró a su bebé. – Feliz Navidad, Betty querida.


VIRORO-KUN

De pie en un extremo de la enorme sala, Bruno echó una mirada al resto de los invitados que vinieron a la fiesta de Navidad anual de loa Altos Mandos de Kanto y Johto. Aunque Lorelei había decidido no asistir para pasar tiempo en privado con su novio, no se podía negar que seguía habiendo una notable cantidad de personas reunidas allí. Podía ver a Lance y a su prima Clair discutiendo de sus desafíos recientes, a Agatha y su ex protegida Karen intercambiando algunos tips, mientras Samuel Oak ocasionalmente intervenía y su propio Gengar pasaba tiempo con el invitado al que había traído, un anciano de aspecto extraño que regalaba a los invitados con historias muy interesantes, a las cuales Will en particular prestaba atención. Y mientras tanto el Presidente Goodshow y Electra Artisan discutían algunos detalles sobre la próxima Conferencia en la Meseta Índigo.

El fornido hombretón no pudo evitar sonreír. De una manera u otra, todos habían encontrado su nicho, su pequeña familia de sangre o por elección, con quienes matar el tiempo y pasarla bien juntos. Era algo que a él le hacía feliz, sin duda, pero eso solo le recordaba a sí mismo, y más específicamente, lo que dejó atrás hacía varios años.

Observó su trago pensativo, feliz de que nadie se le estaba acercando. Nunca fue muy abierto para hablar sobre su pasado, e incluso en la mayor parte de las entrevistas tendía a hablar solamente de su riguroso entrenamiento junto a sus Pokémon, sin indagar en su vida privada. Había sido tan minucioso que muy pocos alolanos podrían haber reconocido quién era en este punto, como un miembro de muy alto nivel del Alto Mando de otra región.

Aunque claro, no había sido tan minucioso como para evitar recibir una carta de su padre algún tiempo atrás, pidiéndole que se volvieran a ver para tratar de arreglar los errores del pasado, y que intentaran volver a ser una familia de nuevo. Un deseo noble, casi desinteresado, y uno que una persona egoísta como él no se merecía en lo más mínimo.

Independientemente de su propio deseo de hacerse fuerte lejos de la sombra de su padre, él dejó atrás a su familia para hacerlo, compartiendo únicamente algunas cartas ocasionales y enviándoles a su familia parte de sus ganancias para su manutención. Tenía una ligera idea de lo que pasaba allá con las respuestas que recibía, y su mujer parecía comprender su decisión, aunque Bruno se rehusaba a creer que no le guardaba rencor en absoluto.

Por toda su disciplina, su fuerza, y sus esfuerzos por ser un mejor peleador y entrenador, todavía no encontraba el valor para regresar. Había conseguido exactamente lo que deseaba cuando se fue de Isla Melemele, y tenía miedo de que regresar le mostraría la horrible verdad; que nada de lo que había hecho valía la pena de haber dejado todo atrás. Especialmente al hijo que no llegó a conocer, que nació varios meses después que se marchó.

Bruno apretó su copa, con la fuerza suficiente para agrietarlo. Siempre se preguntó si debería haber vuelto a casa en el momento en que escuchó la noticia, dejar atrás su entrenamiento y aceptar que tomó una decisión estúpida cuando todavía podía haber arreglado las cosas. Un tiempo que ahora era muy lejano.

- Lo siento. – murmuró para sí mismo, preguntándose qué podría pensar su hijo de un padre como él. Solo podía esperar lo mejor y que su viejo fuese un buen ejemplo para el muchacho.

Tal vez, un día finalmente le haría frente a sus dudas. Podría haber pasado su tiempo con su viejo, con su esposa, y con su hijo, pretendiendo que eran una familia por primera vez, tal vez pasar una navidad juntos como Lorelei y Frey habían decidido hacerlo.

Podría tratar de responderle a la carta de Hala ahora mismo. Preguntarle cómo estaba Hau. Tal vez, ese era el primer paso para empezar su redención.

Una pequeña sonrisa apareció en los labios del hombre. Quizás no merecía regresar todavía, pero al menos podía tratar de ganarse el derecho, lento pero seguro, con el mismo esfuerzo y disciplina que usaba a diario en su entrenamiento.

Y tal vez, algún día su sueño se convertiría en realidad de ese modo.


FOX McCLOUDE

Siempre mucha gente decía que era mejor dar que recibir, y estando en vísperas de Navidad, Misty entendía a qué se referían.

La oficina postal de Pueblo Paleta estaba algo corta de personal, al quedar atiborrada de paquetes enviados para los pueblerinos. Considerando cuántos niños había en el pueblo aguardando sus regalos, tuvieron suerte que algunos decidieran ofrecerse de voluntarios para ayudar a aligerarles la carga a los empleados y que pudieran cerrar a tiempo para ir a celebrar con sus familias.

Entre ellos estaban cierto entrenador de cabello negro con un Pikachu, y cierta pelirroja especialista en Pokémon de Agua, los cuales habían pasado la tarde recorriendo las calles del pueblo de cabo a rabo entregando paquetes.

. Oye, en serio no tenías que molestarte. – dijo Ash. – Después de tanto entrenar con Iris podría haber cargado todos estos paquetes yo solo.

- ¿Bromeas? Después de todo lo que tuviste que cargar durante el Festival de la Princesa era justo que alguien te ayudara. – replicó Misty.

Admitiéndolo, eso era verdad solo en parte. Si bien Misty sí quería ayudarlo de buena gana, lo cierto era que estaba aprovechando para pasar un rato a solas con él, así tuviera que estar cargando cajas y bolsas de una esquina a la otra de Pueblo Paleta. Entretanto, Anabel e Iris se habían quedado con Delia en el restaurante, ayudándole a hacer las decoraciones de último minuto para la fiesta.

- Por cierto, Ash, esa bufanda que traes se te ve muy bien.

- ¿Tú crees? – dijo Ash, sujetándola. – Me la regalaron en mi último cumpleaños, antes de empezar mi viaje.

- ¿Te la dio tu mamá? – preguntó Misty.

- No, fue… – Hizo una pausa, y a Misty no se le escapó que trató de subírsela ligeramente para taparse el rostro. – Fue Serena, ella me la envió.

- Oh, ya veo. Muy… considerado de su parte. – dijo la pelirroja.

De nuevo estaba esa ligera punzada de celos que le daba cuando Serena surgía en la conversación. No era que la odiase ni mucho menos: por la forma en como Ash hablaba de ella, parecía una persona realmente dulce y sería muy agradable conocerla. Y si ella también sentía algo por Ash, ¿acaso Misty podría culparla por fijarse en sus cualidades tanto como ella?

- Bueno, ya esta es la última calle. – señaló Ash. – Entregamos los paquetes a diez casas y habremos terminado.

- Grandioso. Ya quiero irme para que podamos empezar esa fiesta.

Si las fiestas de Navidad de Delia eran tan buenas como las que hizo para darle a Ash la bienvenida tras su regreso a casa, Misty no querría perdérsela por nada. Esa mujer sí que sabía cómo divertirse.

Tras una media hora de una casa a otra, Misty se había quedado sin paquetes que entregar. A Ash todavía le quedaban varios cuando llegaron a la última casa, que Misty se dio cuenta, era la más grande que había visto hasta ahora. Ash explicó que se trataba de la casa del alcalde del pueblo, lo cual tenía sentido.

Ash tocó el timbre y se quedaron esperando por un rato, hasta que salió a recibirlos un chico de cabello verde azulado oscuro que se veía un poco más joven que Ash.

- ¿Qué desean? Ah, eres tú, Ash, ¿qué te trae por aquí?

- Feliz Navidad, Gilbert. – dijo Ash, extrayendo los últimos paquetes de la bolsa. – Entrega especial, paquetes para ti y para tus padres. ¿Está bien si los dejamos aquí contigo?

- Claro, yo se los daré. – dijo el chico, sin cruzar el umbral de la puerta.

Mientras Ash le pasaba los paquetes y le daba la tabla a Gilbert para que firmara confirmando la entrega, a Misty no se le escapó que la veía de reojo y parecía que estaba aguantándose la risa por alguna razón, como si tramara algo. Sin embargo, no le prestó mucha atención: tenía otras cosas en la cabeza en ese momento y ya estaban a punto de acabar con ese trabajito.

- Listo, muchas gracias. – dijo Gilbert. – Y por cierto… si yo fuera ustedes mejor me alejaba un poco.

- ¿Por qué? – preguntó Ash confundido.

Gilbert no respondió, simplemente señaló hacia arriba antes de cerrar la puerta. Ash y Misty miraron arriba, y rápidamente entendieron.

- Eso es…

- ¿Muérdago?

De pronto Misty entendió por qué Gilbert se estaba riendo, y su cara empezó a arderle tanto que dudaba mucho que el frío del invierno le fuera a afectar en lo más mínimo. Con una sola mirada a Ash notó que él estaba igual que ella al entender las implicaciones. Por otra parte, Pikachu se estaba riendo entre dientes y parecía darle golpecitos en la cabeza.

Pero ellos no tenían por qué seguir la tradición si él no quería. Aunque a ella no le importaría mucho…

- Em… bueno… nadie está viendo ahora. – dijo Ash, con voz nerviosa. – ¿Lo hacemos… rápido y solo en la mejilla?

- Hum… sí, eso suena bien. – dijo ella, mirando alrededor y comprobando que efectivamente nadie los estaba viendo. Eso le resultó un alivio: no querría que alguien los viera debajo del muérdago.

Por alguna razón, el Pikachu de Ash emitió un sonido que a Misty le sonó a estar decepcionado, y tras echar un último vistazo alrededor para comprobar que no hubiese más nadie por allí, la pelirroja apretó los ojos con fuerza y se acercó para darle a Ash un piquito rápido en la mejilla, aguantando la tentación de mantenerse allí más de lo necesario, y al mismo tiempo lamentando que Ash hiciera lo mismo.

Fue menos de un segundo, pero le resultó… agradable.

- Jaja… no fue tan malo, ¿verdad? – dijo él.

- No, claro que no. – respondió ella sonriéndole. – Em… ¿regresamos?

- Sí, vámonos.

Ignorando la mueca enfurruñada de Pikachu, los dos inmediatamente se fueron por donde vinieron, de regreso al restaurante. Seguramente Delia y las demás debían haber tenido todo preparado.

Mientras andaban por la calle, Misty se tocó distraídamente la mejilla que Ash le había besado. Admitiéndolo, no le habría molestado ir un poco más allá, pero estando las demás chicas de por medio, ¿quién era ella para reclamar el primer beso en los labios para Ash?

Al menos por ahora, mejor que las otras no supieran que habían terminado bajo el muérdago.

FIN.


Notas de los autores:

Viroro-kun: ¡Felices fiestas a todos!

Tristemente, como habrán notado, nos pasamos ligeramente la fecha usual de publicación en Navidad, y la culpa recae en mí. Este año ha sido un desastre para atravesar, entre problemas personales y mi último año de universidad que me quita la mayor parte de mi tiempo, y aunque intento que todo funcione en mi lado, no logré hacerlo a tiempo. Quiero disculparme a mis colegas y a los lectores por el problema, y nos aseguraremos de que el próximo año no pase esto otra vez.

Por mi parte, aunque había algunas viñetas más que me habría gustado hacer, me siento bastante feliz con las actuales, entre la acostumbrada de Volkner y Flint (que espero no se haya abusado mucho su bienvenida) a nuestro primer vistazo a la región Galar en el Resetverso. Aunque tenemos al menos un oneshot situado en Galar que iluminará el cómo la región se relaciona al mundo de Reset Bloodlines, pensé que a la gente le habría gustado un vistazo preliminar de algunos de los personajes que habitan en la región, y espero que esta sea una primera vez satisfactoria ya que disfruté mucho de escribir esas tres viñetas. Seguramente como se les hará obvio, el Scorbunny que aparece aquí es efectivamente el compañero de Gou de la nueva serie del anima (la cual, a pesar de algunos fallos y falta de una trama general por el momento, la estoy disfrutando bastante, especialmente comparada con como Sol & Luna se volvió una de mis entradas menos favoritas de todo el anime a causa de varias decisiones). Siento que es bastante divertido hasta ahora y creo que haría bien introducir elementos de Galar del anime y del juego para continuar con la tradición de Reset en mezclar diferentes canones. Aunque me habría gustado darles una viñeta a los nuevos personajes humanos, por la falta de un nombre en inglés por el momento no me pareció prudente hacerlo. Tal vez el próximo año.

La revelación de que Bruno es el hijo de Hala y el padre de Hau vino por una interesante teoría que flotaba por allí, señalando cómo Bruno es un experto en Pokémon Luchadores igual que Hala, el hecho de que Hau deja implícito en los juegos que su padre es un entrenador muy fuerte que se fue para Kanto, y la general falta de trasfondo que tiene Bruno comparado con el resto de los del Alto Mando. La idea nos gustó entre los escritores de Reset, pero decidimos esperar hasta el final de la Generación VII antes de tomarla para asegurarnos de que el anime no fuese a mostrar al papá de Hau, y con esa posibilidad descartada decidimos tomar el riesgo. Hice mi mejor esfuerzo para trabajarlo bien en cuestión de caracterización, y para hacer buen uso de esta revelación del pasado de Bruno para seguir adelante.

Por cierto, en términos de marcadores de tiempo, mantuve las viñetas de Galar ambiguas sobre dónde pueden quedar, mientras que la de Volkner y Flint se ubica en la infancia de estos, y las del Alto Mando de Kanto ocurren todas en el Año Dos durante el mismo día.

Y también, para que conste, cualquier indicio de shipping en las viñetas de Leon y Sonia y de Agatha y Tony no son para interpretarse de ese modo. El comportamiento de Leon y Sonia es completamente platónico hasta donde concierne a la historia, mientras que Gastly está mayormente siendo cortés y divirtiéndose un poco en vez de flirtear en serio con Agatha. Solo para que quede claro.

Dicho eso, espero que hayan disfrutado de la colección de este año, y aunque es algo tarde, les deseo a todos una feliz Navidad y un próspero Año Nuevo!

partner555: Otro año que se va, con muchas cosas que sucedieron con Pokémon y en otras áreas. Ahora, ya sé que no he escrito muchas historias durante este año, pero trataré de hacerlo mejor el próximo.

Como sea, ¡felices fiestas a todos!

BRANDON369: ¡Hola a todos! Aquí BRANDON369, para desearles a todos una feliz Navidad.

Este fue un año complicado para Reset Bloodlines, ya que no tuvimos tantas historias comparado a los años anteriores. Sin embargo, traté de hacer algo diferente en el especial de Navidad de este año para compensarlo.

Experimenté un poco con personajes que me parecían interesantes y me gustó el resultado, espero que lo hayan disfrutado.

Pasaron muchas cosas en el anime de Pokémon. Alola llegó a su final y aunque fue mi temporada favorita, la serie que la reemplazó me está sorprendiendo y veo que tiene potencial para ser la mejor. Se podría decir que cada final es un nuevo comienzo. Lo mismo para Reset, donde las aventuras en Kanto están por terminar, pero estoy impaciente por ver lo que pasará en las Islas Naranja y Johto.

Como sea, les deseo a todos una feliz Navidad. Por mi parte, me despido hasta la próxima contribución.

Crossoverpairinglover: Debido a varios problemas por mi parte, no pude proveer nada este año.

Mis disculpas.

Fox McCloude: Hey, ¿qué tal todos? Aquí está Fox, deseándoles una feliz Navidad (atrasada). Primero que nada, mis disculpas; como lo dijo Viroro, este año las cosas han estado bastante complicadas para todos nosotros, aunque diré que parte de la culpa por el retraso de este especial recae en mí (o en el internet en mi zona, pero bueno, perspectiva). No pudimos hacer tanto este año como en el anterior, pero con suerte, el 2020 será un mejor año para todos.

Con mis viñetas no tengo mucho que decir, excepto quizás con la última para el marcador de tiempo. Por mi estimación esa viñeta bien puede conectar con el punto donde está la historia principal actualmente, ubicándose en algún punto después del arco de Mewtwo y antes de la Liga Índigo, mientras Ash y compañía descansan. No es mucho para una antesala, pero al menos para que tengan una idea de dónde vamos en tiempo.

En fin, lo habitual, gracias por los reviews a UltronFatalis, BRANDON369, Red Lightning OP, Amo del vacio y darkdan-sama. Nos despedimos de ustedes en el Resetverso por este año. Yo mientras tanto, me voy a postear unos shots que hice por Navidad. ¡Mis mejores deseos para todos en el 2020!