Pokémon Reset Bloodlines – Especial de Navidad 2020
Escrito colaborativamente por Fox McCloude, BRANDON369, Crossoverpairinglover, Viroro-kun y Ander Arias
Disclaimer: Pokémon y todos sus personajes son propiedad de Satoshi Tajiri y Nintendo. La historia de Reset Bloodlines es propiedad de Crossoverpairinglover, y las viñetas aquí escritas son propiedad de sus respectivos autores. Todos los derechos reservados.
Summary: Más historias de Navidad de la nueva realidad. Desde Kanto hasta Galar, familia, amigos y seres queridos, humanos y Pokémon, celebran cada uno a su manera sus festividades.
FOX MCCLOUDE
- ¡Gracias por su compra, vuelva pronto y feliz Navidad!
Habiendo entregado el pedido y con el cliente retirándose, Serena se quitó el delantal de uniforme. Por fin había terminado su turno y podría tomarse un merecido descanso. Hoy había sido un día bastante activo en la pastelería local de Vaniville.
Al acercarse Navidad, el trabajo en la pastelería aumentaba exponencialmente, de modo que siempre buscaban algunos pares de manos extras para ayudar con los pedidos de pasteles. Serena era muy buena para eso, al grado de que el dueño varias veces trató de convencerla de trabajar allí a tiempo completo, pero ella amablemente rechazaba la oferta.
Aun así, no le hacía ascos a otros beneficios que tenía de trabajar en aquel local. En aquel momento en el cuarto de descanso estaba una de sus compañeras de trabajo: una chica castaña con el pelo amarrado en una coleta, ojos verdes y aretes con forma de rosa, quien era la hija del dueño y también estaba en su descanso.
- ¡Ah, Serena, llegas justo a tiempo! Creo que querrás ver esto.
- ¿Qué pasa, Lita?
En respuesta, la mencionada le dio la vuelta a la laptop que estaba usando en aquel momento. Tenía abierta la página de Facebook y estaba viendo el perfil de…
- ¿Ese es Ash?
- ¿Qué te parece? Tu enamorado está subiendo algunas fotos de él con sus Pokémon.
Serena se sonrojó ante la palabra "enamorado", pero ignorando eso enfocó su atención en las susodichas fotos. Ash había subido varias donde estaba en el campo del Profesor Oak, y la que más destacaba era una donde se le veía con varios, algunos que reconocía de ver sus encuentros en televisión, y otros nuevos. Estaba sentado en cuclillas saludando a la cámara con su Pikachu, Bulbasaur y Squirtle delante de él. Detrás se encontraban su Charizard, y la Pidgeot que le había traído aquella carta unos meses atrás. A los lados se podían ver otros como un Butterfree y un Yanma que revoloteaban encima de ellos, un Ambipom de cabeza sobre sus colas, un Farfetch'd con tries puerros, Primeape, Kingler, Serperior, Gigalith, algunos Tauros, y le sorprendió que entre ellos también hasta había un Pokémon kalosiano, un Goodra.
Todos ellos se veían sanos, fuertes y felices, tanto como el propio Ash, y ella tenía la certeza de que le ayudarían mucho en la Liga Índigo en unos meses después de Navidad.
- Me di cuenta de algo más. – dijo Lita. – La bufanda que lleva en todas las fotos, ¿no es la misma que…?
- Sí, es la que le mandé por su cumpleaños. – dijo Serena felizmente. Le alegraba mucho ver que la estuviera usando, después de todo, la tejió especialmente para él.
- Eso es bueno, significa que te tiene muy presente. Aunque… yo estaría algo preocupada si fuera tú
- ¿Qué quieres decir?
Lita puso diapositivas para mostrarle otras fotos. En ellas no solo estaban Ash y sus Pokémon, sino que aparecían también algunas con su mamá… y con unas chicas que se veían cercanas a la edad de ellos. Serena se acercó para verlas mejor: había tres de ellas, y a dos recordaba haberlas visto en los torneos donde Ash participó.
La pelirroja se llamaba Misty, y la morena Iris, ambas habían competido en los mismos torneos que Ash, y por alguna razón sintió una punzada en su pecho. ¿Coincidencia?
- Ash parece haberse vuelto popular, ¿no? – dijo Lita divertida. – Parece que tienes competencia, amiga; si no tienes cuidado te lo podrían robar.
- No digas tonterías, Lita. – replicó Serena sonrojándose. – No hay nada de malo que él tenga amigas mujeres allá en Kanto, y él ni siquiera es mi novio todavía.
- ¿Todavía? – Lita arqueó una ceja, haciendo que Serena se sonrojara al asimilar lo que dijo.
- Por Dios, mira lo que me haces decir. – dijo Serena tapándose la cara.
Mientras Lita se reía, ambas continuaron viendo las fotos. En algunas había incluso invitaciones a la fiesta de Navidad anual de Pueblo Paleta, y Serena pensó que sería lindo asistir alguna vez.
Con todo, las palabras de Lita de "tener competencia" no dejaban de sonar en su cabeza, pero como había dicho, Ash no era su novio para estar reclamándolo. Además, por lo que sabría esas chicas debían ser sus amigas, y si alguna de ellas fuese algo más, ella no tendría ningún problema con eso. Después de todo, ¿por qué iba a pelearse con otra chica solo porque le gustara el mismo chico que a ella? Era ridículo, no tenía derecho a juzgarlas por eso, y seguramente debían ser personas muy dulces si Ash pasaba tiempo con ellas. Podrían hasta hacerse buenas amigas.
Hizo una nota de pedirle a su mamá que le ayudara a hacer postales de Navidad luego de volver a casa. Necesitaba algo para sacudirse esos pensamientos de la cabeza, y esas punzadas que sentía en el pecho que no sabía por qué las tenía.
CROSSOVERPAIRINGLOVER
- Sabes, Froakie, esta es probablemente la primera vez que vuelves aquí a tiempo para las fiestas. Creía que ya habrías estado al otro lado del mundo la última vez.
¿Lo habría estado? En algún momento todos habían empezado a fusionarse en un montón de mediocridad y decepción. ¿Cuál era el de este punto el año pasado?
¿Había sido el obsesionado con su apariencia, o el rufián, o uno de los tarados? ¿Habría sido el que se le enfermó su hermana y tuvo que cancelar sus planes?
No, ese casi le llegó a agradar. Hasta se disculpó con él por "hacerle perder su tiempo", y simplemente le pidió ayuda para capturar a un compañero que estaría dispuesto a esperar hasta que su hermana superase su enfermedad. Luego que le ayudó a capturar a una Flabébé en curación que encontró y le dio una pepita de oro por simpatías. Ese había sido lo más cercano a lo que él quería, y el único que se disculpó por no ser lo bastante bueno.
El de esta época del año fue el rufián, y en verdad había sido el peor de todos. Parecía ser un idiota venido de dinero viejo que creía que el mundo le debía algo, se enfadaba con la "chusma indeseable" por no darle el respeto que creía merecer, y usaba ese ridículo y atroz atuendo naranja en los últimos días que estuvo con él. Poco después de eso lo abandonó. Podría haber aguantado ese naranja escandaloso, pero no la actitud.
El profesor le deslizó una taza con uno de esos líquidos calientes que los humanos gustaban de beber durante el frío. El sonriente profesor tenía una taza más grande a medida con sus propias manos tomando su propio brebaje, y con toda cortesía él lo imitó.
Al hombre probablemente le iban a presentar un hijo natural algún día, pero era amable y educado. Era justo respetar tales cualidades suyas tanto como reprobar y sacudir su cabeza ante sus costumbres.
- Espero poder hacer que tus fiestas sean disfrutables. He escuchado que soy excelente compañía.
- Froa.
Sería mejor que el último humano con el que había estado durante las fiestas, pero probablemente sería superior a dicho canalla incluso si pasara la temporada en el medio de "asegurar sus activos" con las oficiales del gobierno. No era una barra muy alta.
Por supuesto él lo apreciaba, pero de nuevo no era una valla muy alta a superar.
- Dime algo, Froakie, ¿qué es lo que buscas en un entrenador? Tienes tantos problemas en encontrar uno que te guste, que tal vez solo estoy haciéndolo de la manera equivocada.
- Kie.
No estaba seguro de lo que esperaba conseguir al preguntarle. No podía entender lo que decía un Pokémon, después de todo. Un entrenador, del tipo con que le gustaría trabajar por el resto de sus días, sería capaz de captar las indirectas con el tiempo. De la misma forma en como él sabía lo que Garchomp intentaba decirle. Pero él no era Garchomp.
El profesor se rio.
- Compláceme, ¿quieres? Soy lo bastante perceptivo como para entender algo de lo que sea que puedas ofrecer.
Bajó su taza por un momento antes de saltar hacia el centro de la mesa.
Muy bien, hablaría en el lenguaje corporal para expresar lo que quería, posando dramáticamente si era necesario. Tenía que hacerse oír sin tener una voz.
Quería un entrenador dispuesto a desafiar a los mejores oponentes en batallas. Podría respetar el trabajo de aquellos que elegían el arte de ser un virtuoso o un artista dramático, pero eso no era para él y definitivamente no podía ser Pokémon de tales personas y ser feliz.
Quería un entrenador valiente y noble que protegiese a los débiles y ayudase a los necesitados. Que aspirase a ser el mejor y de sacar lo mejor de todos quienes les rodeaban. No debían ser tolerantes con los malvados, pero a la vez debían ver que aquellos que estaban equivocados podían ser mejores.
No necesitaba una persona con una mente brillante o la fuerza que igualara a la suya, pero sí quería alguien que lo reconociera por lo que podía hacer. La mente humana era diferente de la suya, y él quería una mente que pudiese tomar total ventaja de ello. No más tarados.
Si quería estar solo, le gustaría un entrenador que pudiera respetar eso mientras siempre estuviese abierto para él. Algo contradictorio en su opinión, pero a veces uno querría tener algo de paz y quietud, y en ocasiones la invitación podía hacer cambiar la opinión de los demás.
Hizo una pausa para ver si había alguna otra cosa que quisiera en un entrenador que fuera crucial. Se le ocurrían uno o dos detalles aquí y allá que podría preferir, pero no eran para romper el trato si estuvieran ausentes. ¿Valdría la pena decirlos con sus movimientos corporales "en voz alta" por decirlo así?
- Sorprendente. La solución era muy obvia, pero nunca antes la había considerado. Corrígeme si me equivoco, Froakie, pero por lo que creo que estás tratando de decir, es casi como que un entrenador novato no es lo que buscas. Alguien que haya aprendido de sí mismo podría demostrarte en lo que se está convirtiendo. Un nuevo entrenador a menudo está tan en blanco que es fácil que te sorprenda en lo que se convierte o lo que demuestra ser. Quieres ver el camino que sigue dicho entrenador y saber que será el correcto para ti.
Se quedó mirando al Profesor. Claramente eligió mal sus palabras, por decirlo así.
Él no dijo nada sobre experiencia. Aunque era cierto que una persona así sería más clara de leer y conocer, no veía razón por la cual un entrenador iniciado y con poca idea de lo que hacía no fuera capaz de probarse a sí mismo. Uno simplemente no desarrollaba sus peores hábitos al caminar con Pokémon. Ya estaban con uno desde el comienzo.
Un nuevo entrenador podría salvar a un peatón de una carcacha fuera de control. Esa sería una persona a quien él podía respetar y con quien trabajaría. No necesitaba experiencia para aprender a hacer eso, tenía que ser capaz de moverse antes de pensar.
Era una interpretación rara de lo que quería, extrapolando lo que quería a una conclusión errada.
- Froakie, te voy a llevar conmigo en algunos viajes que necesito hacer en algunas semanas el próximo año. Algunos de ellos serán aquí en Kalos, y otros serán lejos y fuera de aquí. Nos encontraremos con entrenadores de todas las clases y edades, y tal vez podamos encontrar al entrenador perfecto para ti. Y aunque no lo hagamos, será un buen cambio de ritmo para ti. ¡Piénsalo, Froakie! ¡Playas! ¡Montañas! ¡Granjas! ¡Me aseguraré de que seas feliz sin importar cuánto tiempo tarde! Es lo menos que puedo hacer por fallar en ver una solución tan obvia para ti durante todo este tiempo.
Todavía estaba extrapolando una solución a un problema que no era necesariamente el problema real, pero si iba a enfrentarlo con tanta honestidad… ¿quién era él para disuadirlo?
Quizás lograra conocer al entrenador correcto de esa manera. Si no era el caso, se conformaría con aquella apuesta con Garchomp, sobre si las cosas se resolvían durante las reuniones, y si se arreglaban cuando te tumbabas en una playa a holgazanear toda la semana.
BRANDON369
Perder a un ser querido no era nada fácil. De hecho, un sentimiento tan doloroso te acompañaría por el resto de tu vida.
O al menos, así lo sentía Katie. Ya había pasado más de un año desde la muerte de John Archer y ella todavía sentía el mismo dolor punzante en el corazón, igual que el día que le dieron la trágica noticia. No había día en que no pensara en él y, a estas alturas, dudaba que fuera capaz de superarlo alguna vez.
Sin embargo, la Navidad debía ser una temporada de alegría. Así que, tras salir del cementerio y presentar sus respetos a su querido amigo, comenzó a caminar por un parque, esperando encontrar algo que la animara. Caminó pensativa por algunos minutos, hasta que vio una explosión a la distancia.
Supo de inmediato que se estaba librando un combate Pokémon y decidió acercarse a ver. Quizá observar una buena batalla podría mejorar su amargo humor.
Una vez se acercó lo suficiente, vio en el improvisado campo de batalla un Mightyena, notablemente lastimado. Su entrenador parecía ser un sujeto con apariencia de delincuente y un gran tupé pasado de moda, que extrañamente se encontraba montando la espalda de un Hariyama. Raro, por decir menos, aunque no tan raro como el hecho de que su Pokémon oponente no se veía por ninguna parte.
- ¡Ahora!
Katie obtuvo la respuesta a su pregunta no formulada cuando un Dusclops emergió desde las sombras y acabó con el Mightyena con un solo puñetazo cargado en energía. La entrenadora de Lilycove se sintió un poco decepcionada por haber llegado al final del combate, habiéndose perdido toda la batalla.
Estaba por irse, pero cuando el entrenador del tupé fue a felicitar a su oponente, dijo algo que llamó su atención…
- ¡No había tenido una batalla tan increíble en toda mi vida! ¡No esperaba menos de una entrenadora del Alto Mando!
¡¿Alto Mando?! Apenas escuchó esas palabras, Katie le echó un vistazo a la chica que acababa de ganar el combate, dándose cuenta que era alguien a quien ya había visto antes.
Solo había una chica capaz de vestir esas ropas tan extravagantes y esa era Phoebe, la maestra de los fantasmas. Se había hecho muy conocida últimamente por ser la entrenadora más joven en unirse al Alto Mando de Hoenn.
- ¡Espero verte de nuevo, amigo! ¡Y que tengas una feliz Navidad! – se despidió la del Alto Mando.
Viendo como el chico del tupé abandonaba el lugar montado en su Hariyama, Katie pensó que sería una oportunidad para acercarse a Phoebe. Se preguntaba si ella aún la recordaría; después de todo, tuvieron un combate en la Liga Pokémon del año pasado. Podría decirse que Katie la había conocido antes de hacerse un nombre, y convertirse en la súper estrella famosa que era ahora.
De nuevo, en ese entonces no se portó del todo bien en su combate, y tras ello solo tuvieron una pequeña charla. Probablemente ya no la recordaba.
- ¡Oh! Tú eres… ¡sí, eres tú, eres Katie! – Al parecer sí la recordaba. Y fue la propia miembro del Alto Mando la que se acercó a ella. – ¡¿Cómo has estado?! No te veía desde aquella Liga Hoenn.
- ¿Todavía me recuerdas? – le preguntó Katie, un poco nerviosa todavía.
- ¡Claro! Nunca olvido a ninguna de las personas con las que me he enfrentado. – respondió con una sonrisa. – ¡Estuviste fabulosa en la Liga de este año! Si sigues con tan buen desempeño, no me sorprendería que el próximo año vengas a desafiar al Alto Mando con tu trofeo de campeona.
Tan bien como se sentía ser halagada por alguien del Alto Mando, Katie no pudo evitar sentir un deje de tristeza ante esa última afirmación. Después de todo, un par de horas antes había prometido sobre la tumba de John que conseguiría ese trofeo por ambos. Era una promesa que pensaba cumplir a cómo diese lugar.
- ¿Te encuentras bien? – Phoebe pareció notar su tristeza, por lo que Katie forzó una sonrisa para ocultarla.
- No es nada. ¿Qué haces por aquí? No esperaba verte en esta ciudad. – preguntó intentando desviar el tema.
A juzgar por la expresión de Phoebe, aparentemente funcionó. – Solo vine a visitar el cementerio. ¡Me encantan los cementerios! – declaró con alegría.
- Eh… ¿dices que te… gustan los cementerios? – preguntó Katie, mitad intrigada, mitad con un escalofrío. – ¿No son un poco, ya sabes… deprimentes?
- Yo no los llamaría así. – sonrió la miembro del Alto Mando. – Para mí, los cementerios son como un lugar de recordatorio.
- ¿Qué clase de recordatorio? – preguntó con algo de curiosidad.
- Un recordatorio para apreciar a la gente que te rodea. – Al ver que Katie no parecía comprender su punto, Phoebe decidió explicarse mejor. – Verás, cuando visitas a las personas que perdiste en un cementerio, te hacen darte cuenta de que nadie está en este mundo para siempre. Eso te ayuda a apreciar más a los vivos. Te recuerda que debes atesorar a los amigos que tienes ahora, pues no sabes cuando los podrías perder.
- Oh… sí, yo… creo que comprendo un poco ese sentimiento.
- Me gusta, porque visitar los cementerios te hacen sentir más conectada no solo con aquellos que se fueron, sino también con los que todavía están a tu lado. – le dijo la miembro del Alto Mando con una expresión soñadora. – A veces debes valorar a los vivos para honrar a aquellos que perdiste.
Algo en las palabras de Phoebe llegó hasta lo más profundo de Katie. Ella de verdad extrañaba a John, lo extrañaba bastante y siempre pensaba en él. Quizás si hubiera estado a su lado, si no se hubieran separado, solo quizás… ella pudo haberle evitado su cruel destino…
Cuando él estaba vivo, no supo valorarlo como era debido, estaba cegada por su rivalidad y solo comenzó a apreciarlo realmente cuando ya no estaba junto a ella. No quería que eso le volviera a ocurrir, así que se prometió comenzar a prestar más atención a las personas que la rodeaban, apreciar a los vivos…
Tan concentrada estaba que por un momento se olvidó que estaba frente a una miembro del Alto Mando y Phoebe tuvo que llamar su atención, dándole unas palmadas en la espalda.
- Vamos, no pongas esa cara tan triste. ¡Es Navidad! – Entonces, pareció ocurrírsele alguna idea. – ¡Ah, ya lo tengo! ¡¿Por qué no vienes conmigo a nuestra celebración Navideña?!
- ¿Una celebración Navideña?
- Sí, todos los años, los miembros del Alto Mando organizan una divertida fiesta de Navidad y hasta podemos traer amigos. – le dijo con una amplia sonrisa. – ¡¿Por qué no vienes como mi invitada?!
- ¡¿Que yo qué?! – Katie parecía bastante sorprendida y algo nerviosa ante la repentina propuesta. – Pero yo…
- ¡No aceptaré un no por respuesta! – le dijo. – Será divertido. El viejo Drake se conoce unas historias buenísimas sobre barcos fantasma; y hasta podría mostrarte mi danza tradicional. Mejor aún, ¡podrías bailarla conmigo!
- ¡¿Bailar, yo?! – Se puso roja de la vergüenza con solo imaginarse bailando en frente de todo el Alto Mando. – De ninguna manera, yo no soy bailarina, y además…
- Oh vamos, no es tan difícil. – insistió Phoebe. – Confía en mí, te aseguro que la pasarás bien.
Katie seguía bastante insegura de esto. Se sentía halagada sin duda, ¿pero asistir a una fiesta del Alto Mando? Eso sonaba muy grande para una entrenadora que apenas salía de su segundo año.
- ¿Por qué yo?
- Porque eres mi amiga. – le dijo con una sonrisa sincera. – Vamos, la fiesta será en un par de horas y mi Drifblim puede llevarnos. A menos, claro… entenderé si tienes otros planes.
La entrenadora de Lilycove pensó en la propuesta. Usualmente la habría rechazado al instante, no era muy buena socializando con desconocidos fuera de las batallas, por lo cual la apodaban "belleza fría".
Sin embargo, se había saltado pasar las fiestas con su familia para visitar la tumba de John, y en realidad no tenía otros planes. Pensó en las palabras que Phoebe dijo sobre apreciar a los vivos, y cómo a veces uno podía ignorar lo importantes que eran las personas y solo apreciarlas cuando ya no estaban en su vida.
Inevitablemente se acordó de John y cuan diferentes pudieron ser las cosas, si ella se hubiera dado cuenta antes de lo que realmente sentía por él… y no volvería a cometer ese error.
- No tengo ningún plan, Phoebe. Acepto tu invitación a esa fiesta.
La miembro del Alto Mando comenzó a festejar y sin perder tiempo sacó un Drifblim a modo de transporte mientras arrastraba a su nueva amiga.
A medida que se alejaban de la ciudad por aire, Katie observó el cementerio a la distancia y le regaló una sonrisa a John Archer. Ella lo conocía mejor que nadie y sabía que lo que él menos hubiera querido sería verla deprimida en Navidad. Pensaba divertirse en la fiesta, no solo por ella misma, sino también por John.
Probablemente esta Navidad si sería feliz, después de todo.
FOX MCCLOUDE
La aldea Kanto no era un lugar particularmente notable en el mapa. Rara vez los viajeros pasarían por allí, pues no tenía mucho para ofrecerles más allá de algo de calor y hospitalidad.
El brote de fiebre que había surgido aquel año había forzado a los habitantes a quedarse en casa a menos que fuese absolutamente necesario, y todo indicaba que no iban a poder celebrar el festival anual de invierno debido a eso. Para la joven Hanako, este iba a ser un invierno bastante aburrido.
- "Mismo lugar, día diferente." – pensaba, mientras caminaba a casa llevando algo de leña antes que estallara la ventisca.
Así era, en la aldea de Kanto nunca pasaba nada emocionante, y sin el festival, este invierno particularmente iba a hacérsele muy largo.
Mientras el cielo comenzaba a oscurecerse, a la joven aldeana le pareció ver una extraña silueta adelante en el camino. Al acercarse más, se percató de que parecía ser un Pokémon, un canino negro y azul cuyas patas delanteras brillaban de color verde, bañando con dicho resplandor a una figura cubierta con una capa de viaje. Dicha figura estaba recostada contra un árbol en un lado del camino, y parecía inconsciente.
- Oh, por Arceus. – jadeó al verlos. Posiblemente un viajero extraviado que necesitaba ayuda.
Soltando momentáneamente su carga de leña, se les acercó. El Pokémon notó su presencia e inmediatamente se interpuso en su camino amenazadoramente.
- ¡No te acerques!
- Por favor, solo quiero ayudar. – dijo ella. Y entonces se dio cuenta de algo más. – Espera… ¿estás hablando? ¿Eres un Pokémon y puedes hablar?
- Todos los Pokémon podemos hablar. – dijo, con una voz masculina que sonaba algo indignada por el comentario. – Solo que los humanos no siempre escuchan.
Hanako supuso que eso tenía sentido hasta cierto punto, pero dejando eso de lado, este Pokémon estaba tratando de proteger a su amo, que probablemente podría estar herido y extraviado. Mayor razón todavía para que ella los ayudase.
- ¿Qué les sucedió? – le preguntó, señalando al humano. – Por favor, te aseguro que solo quiero ayudar.
El Pokémon seguía en alerta, pero relajó su expresión mientras observaba a su amo.
- En los últimos días parecía haberse enfermado. Él me aseguraba que estaba bien, pero parece haber llegado al límite de sus fuerzas. Está ardiendo en fiebre.
- Hay un brote de fiebre en toda la región. – explicó Hanako. – Temo que escogieron un mal momento para venir por estos caminos.
La mujer removió la capucha del hombre para verle el rostro. Fuera de que estaba rojo por la fiebre, Hanako de primera instancia pensó que era un hombre realmente muy bien parecido, y si no estuviese en ese estado habría podido quedarse embelesada con él. Pero su lado racional, y su sentido de la sagrada hospitalidad de la aldea de Kanto la impulsaron a actuar, y con mucho cuidado lo levantó colocándose por debajo de su axila.
- Mi aldea no está muy lejos. – dijo dirigiéndose al Pokémon. – Me disculpo por pedirte esto, ¿pero podrías ayudarme con mi carga de leña? Me temo que puedo cargarla y llevar a tu amo conmigo al mismo tiempo. No soy tan fuerte.
El Pokémon no dijo una palabra, pero inmediatamente obedeció, yendo a recoger la pila de leña que ella traía antes, dividiéndola a la mitad para ponerse cada una debajo del brazo.
- Guíanos, por favor. – dijo simplemente.
Sin una palabra más, Hanako se dispuso a caminar, llevando al viajero inconsciente hacia su hogar.
…
Lo último que Sir Aaron recordaba antes de desmayarse fue que estaba transitando por un camino nevado. La aldea de Kanto no debía de estar muy lejos y estaba seguro de que podría llegar, pero la fiebre terminó por ganarle.
Ahora tras abrir los ojos, se percató de que estaba en un hogar humilde, y se oía el crepitar del fuego en la chimenea, junto con el vapor de una tetera. Estaba acostado en una cómoda cama y bajo una abrigadora manta, mientras Lucario lo observaba con una expresión entre enojada y preocupada.
- Al fin despertaste. – le dijo. – Te advertí que no debías viajar en esa condición. Debías haber descansado hasta que bajara la fiebre.
- Está bien, me equivoqué. – admitió el caballero. – ¿Cómo llegamos aquí?
- Agradécelo a esa joven mujer de allí. – dijo apartándose para que pudiera ver a una mujer arrodillada junto a la chimenea, calentando la tetera que oyó antes. – Nos encontró poco después de que te desmayaste, y te trajo hasta su hogar.
Sir Aaron se sorprendió un poco de que lo cargara sola hasta aquí, pero igualmente estaba agradecido. La mujer cogió la tetera y comenzó a verter su contenido en una taza antes de aproximarse hacia su cama, y fue entonces que pudo verla bien. En efecto era una mujer muy joven, probablemente no mayor de unos veinticinco años. Tenía la tez clara, ojos y cabello de color café y una sonrisa cálida.
- Oh, qué bueno que ya despertó. – le dijo. – Por favor beba esto, es un té de hierbas que le ayudará a sentirse mejor, buen señor.
Incluso su voz irradiaba calidez, pensó Sir Aaron. Pero no podía quedarse en silencio embelesado con la belleza de su anfitriona, así que de inmediato aceptó la taza para tomar el brebaje. Apenas tomó un sorbo, pudo sentir sus efectos.
- Hmm, es cierto, ya me siento bastante mejor. Agradezco mucho sus atenciones, milady, tiene usted toda mi gratitud.
- Oh, no soy ninguna lady, soy solo una humilde aldeana. – dijo la joven con modestia. – Mi nombre es Hanako, y atender a los viajeros extraviados es parte de la hospitalidad sagrada en la aldea de Kanto.
- Entonces, debo agradecer a mi buena fortuna por permitirme conocerla, señorita Hanako. – replicó el hombre. – Me presento, Sir Aaron, caballero de Rota, para servirle.
- ¿Un caballero? ¡Oh, disculpe mi atrevimiento, Sir Caballero! – Inmediatamente la mujer se alejó y se inclinó con un respeto exagerado.
- No hay necesidad de disculparse. – dijo Sir Aaron. – Por favor, puede ponerse de pie, soy yo quien está en deuda con usted. Si hay algo que pueda hacer para agradecerle…
- Por ahora, usted y su compañero deberían descansar. – dijo la joven Hanako. – Es evidente que el brote de fiebre de la región lo alcanzó. Además, se aproxima una fuerte ventisca.
- Entiendo. – asintió Sir Aaron. – Lamento mucho causarle molestias.
Entre disculpas y agradecimientos, y reproches de parte de Lucario por su terquedad, Sir Aaron finalmente aceptó que tendría que quedarse en esa humilde morada por un tiempo, al menos hasta estar en forma para volver a viajar y el tiempo lo permitiese.
Poco sabía que este sería solo el primero de muchos inviernos que pasaría en esa aldea, y lo especial que su joven anfitriona se volvería para él en el futuro.
VIRORO-KUN
No había nada como la Navidad en Wyndon. Toda la ciudad estaba iluminada con sus luces, algunas simples, otras de maneras elaboradas representando de todo, desde Pokémon hasta ángeles y mucho más, enmarcando el paisaje de la ciudad en un espectáculo difícil de olvidar que todos esperaban ver cada año, fuesen humanos o Pokémon.
Scorbunny no era la excepción, sentado en una fila de cajas y devorándose la última rebanada del pastel que se había robado, disfrutando del escenario con una sonrisa en su rostro. Seguro, parte de eso era mantenerse en guardia, en caso de que alguien decidiera colarse en su pequeño escondite, pero no había mucho que un Pokémon salvaje callejero pudiera disfrutar sin encontrarse con algún tipo de problema, y las luces de Navidad de Wyndon por suerte se contaban entre dichas cosas.
Mientras terminaba de engullir lo último del pastel, Scorbunny volvió a levantarse, estiró sus miembros y saltó hacia abajo, hacia las tres pequeñas figuras amontonadas en la esquina. Los Nickits estaban profunda y cómodamente dormidos, con el pelaje manchado de sus propios residuos de pastel, todos calentándose entre ellos. Ver a sus compañeros en el crimen descansar sin miedo hizo sonreír al conejo, inflando su pecho de orgullo. Tuvo suerte de haberlos ayudado a llegar hasta el final de otro año.
Scorbunny miró su propio pelaje cubierto de tierra, que una vez fue blanco seguía siendo tan marrón como debía estar. Cuando conoció por primera vez al trío, lo había hecho como una manera de encajar mejor, para hacerse uno de ellos, un disfraz que se puso para acercarse con mayor facilidad. Y entonces, a medida que el tiempo pasó y siguieron haciendo sus fechorías, huyendo, comiendo y durmiendo juntos a diario, ese pelaje marrón empezó a sentirse que era su verdadero yo. Él y los Nickits eran familia, y eso era lo que los conectaba.
Aun así, mirando otra vez a los coloridos edificios de Wyndon, el Pokémon de Fuego se quedó rígido, tragándose el nudo en su garganta. Estaba viviendo una buena vida, haciendo todo lo que quería, con los mejores amigos que pudiera pedir. Eso era todo lo que jamás podría desear.
¿Entonces por qué? ¿Por qué se sentía como que no era suficiente?
Scorbunny sacudió su cabeza, ya sabiendo la respuesta a su propia pregunta. Wyndon era una ciudad enorme y llena de gente donde todo podía pasar… y aun así, se sentía demasiado pequeña entre más días pasaba corriendo por las calles y escondiéndose tras las esquinas. Había un enorme mundo allá afuera, y él quería ver todo lo que tenía para ofrecer.
Se dio la vuelta hacia sus amigos, que se acurrucaban unos contra otros mientras continuaban soñando. Él sabía que ellos lo entenderían si decidía irse de aventuras, tal vez hasta lo apoyarían. Pero ellos no merecían que él fuese egoísta, no después de todo lo que habían pasado juntos.
Scorbunny suspiró, recuperando su sonrisa mientras se acostaba junto al trío Nickit. Se agarró de ellos en un fuerte abrazo, cerrando sus ojos mientras se abrazaba de sus amigos bajo el cielo nocturno, disfrutando de su calor compartido. El mismo calor que hacía que todo día que pasaban juntos se sintiera especial.
Su cuerpo cansado se dejó llevar a la tierra de los sueños, y su mente ya estaba trabajando en las travesuras que harían al día siguiente. El deseo de aventuras probablemente nunca se iría, pero por ahora, no veía razón para abandonar a los Nickits.
Porque eran familia, y eso nunca iba a a cambiar.
ANDER ARIAS
- [... y ¡listo!] – dijo Squirtle, terminando de amarrar un trozo de lona alrededor del objeto en cuestión, mientras Bulbasaur lo sujetaba con sus látigos, en tanto Butterfree observaba. Squirtle entonces le entregó el objeto envuelto a Butterfree. – [¡Envuelto para regalo!]
- [Gracias, chicos, por darme una mano. Literalmente.] – replicó Butterfree. Podría haber envuelto el regalo él mismo, pero sus manos eran muy pequeñas y le faltaba destreza.
- [No te preocupes.] – dijo Bulbasaur. Los tres se quedaron allí, con Bulbasaur y Squirtle mirando fijamente a Butterfree, que se quedó tieso en ese lugar, observando el paquete con sus enormes ojos rojos. – [¿Y bien? ¿Te vas a quedar allí, o vas a dárselo?]
- [¡S-Sí!] – tartamudeó antes de empezar a juguetear con los dedos. – [Es que, bueno…]
- "[Por favor no digas lo que estás pensando, por favor no digan lo que estás pensando…]" – pensaron Bulbasaur and Squirtle al unísono.
- [¿Y si no le gusta?] – preguntó.
Ambos, Bulbasaur y Squirtle, gruñeron al unísono y rodaron los ojos. Squirtle directamente caminó hacia él, y le dio una bofetada en toda la cara.
- [¡H-hey! ¿Y eso por qué fue?] – protestó Butterfree.
- [¡Para quitarte cualquier pensamiento negativo! ¿Quieres que te dé otra? ¡Esta vez sí le pondré un poco de fuerza si hace falta!] – dijo Squirtle.
Afortunadamente, Bulbasaur usó sus látigos para alejar a Squirtle amablemente del Pokémon tipo Insecto antes que pudiese cumplir su amenaza.
- [Lo que Squirtle trata de decir es que tus dudas están infundadas. Claro que le va a gustar, porque es un regalo tuyo. Además, ¿no habías dicho que ella ya lo había pedido antes?]
Antes que Butterfree pudiera decir nada, Squirtle agregó: – [¡Sí! Además, seguro que se darpa cuenta de lo duro que trabajaste para conseguirle ese regalo. Lo apreciará por lo menos. ¡Así que ya, muévete!]
Butterfree suspiró, pero hizo caso. Ellos tenían razón, no tenía sentido darle vueltas. Dejó de lado esos pensamientos invasores de que Viv fuese a rechazar su regalo, o peor, que hasta se burlara de él, y se recordó que debía tener mucha más fe en su nueva pareja. Tomó vuelo y se dirigió hacia donde le dijo a Viv que lo esperase: la encina donde tuvieron su primera conversación tras aquel desastroso primer encuentro en el club de peleas.
Y como esperaba, Viv ya estaba allí, sentada sobre una rama. La mariposa kalosiana sonrió al verlo.
- [¡Hey, ¿qué tal?!] – lo saludó, agitando uno de sus pequeños brazos.
- [Hola.] – dijo Butterfree.
Antes que pudiera decir algo más, los ojos negros de Viv se fijaron en el paquete que Butterfree llevaba en las manos. – [¿Oh? ¿Qué llevas ahí? ¿Es algo para comer? Porque justo ahora me vendría bien una baya Tamato.]
- [No, no es comida. Aunque sí es un regalo. Para ti.] – dijo Butterfree, mientras le entregaba el paquete a Viv.
- [¿Un regalo para mí? ¡Wow, qué amable de tu parte!] – replicó Viv, tomando con mucho ánimo el paquete. Sin embargo, no se movió para abrirlo de inmediato. – [Pero, ¿cuál es la ocasión?]
- [Verás... no sé si hayas oído de esto, pero están estos días especiales llamados "fiestas". Y en los que tienen lugar durante el invierno, está esta tradición de darle un regalo a tus seres queridos, como una forma de mostrarles lo mucho que te importan.] – explicó Butterfree.
- [¿De verdad? Awww, eso es muy lindo de - ¡OH NO!] – gritó de repente Viv, sorprendiendo a Butterfree.
- [¿Qué? ¿Qué pasa?] – preguntó nervioso.
- [¡Es que no te di ningún regalo a cambio!] – gimió Viv. – [¿Por qué no me dijiste lo que planeabas?]
Butterfree bajó la cabeza. – "[Lo sabía. Sabía que algo iba a salir mal]" – lamentó por dentro. Tomó un profundo respiro, y decidió que era mejor salvar la situación. – [Uh... ¿quería darte una sorpresa? Quiero decir, por eso el regalo está envuelto, es parte de la tradición. Perdón por no decirte.]
- [Bueno, desearía haberte podido dar algo a cambio… pero no puedo enfadarme contigo por querer sorprenderme, ¿verdad? Aun así, te conseguiré un regaño, así sea fuera de temporada, y aunque no sea sorpresa.] – declaró Viv.
- [Supongo que es justo. Bueno, ¿por qué no abres tu regalo?] – sugirió Butterfree.
Viv asintió, y así lo hizo. Tras quitarle la lona, soltó un gritillo ahogado al ver lo que había dentro: un largo listón de color rosa brillante.
- [¡WHOA! Este es... ¿el listón que solía usar aquella Skiploom alrededor de su flor?] – preguntó emocionada.
- [S-sí. Te escuché decir un par de veces lo mucho que te gustaría tener uno, así que la convencí de intercambiármelo por algunas bayas Pecha.] – explicó Butterfree. Por supuesto, no iba a especificarle la enorme cantidad de bayas que la Skiploom le pidió a cambio, ni el tiempo que se tardó en reunirlas. – [¿Te gusta?]
- [¿Que si me gusta? ¡Me encanta! ¡Michas gracias, es un regalo maravilloso, Butt! – replicó Viv felizmente, atrapando a su pareja en un abrazo.
Butterfree escuchó un par de risotadas ahogadas de un arbusto cercano, pero Viv no las oyó o no les prestó atención.
- [Déjame ponértelo.] – dijo Butterfree, enrollando la cinta alrededor del cuello de Viv, antes de enrollarla en un lazo rudimentario. – [¡Y listo!]
- [¡No puedo esperar a que todos vean cómo me veo con este listón!] – exclamó Viv emocionada, empezando a despegar. – [Aunque, recuerda lo que te dije, Butt] – Más risitas salieron de los arbustos. – [¡Te daré un regalo tan bueno como este, o incluso mejor! ¡Solo espera!]
- [¡Estaré esperándolo con muchas ganas!] – replicó Butterfree. Aunque una vez que Viv ya no estuvo en el radio de escucha, frunció el cejo y miró hacia el arbusto que reía. – [Ya pueden salir, chicos, sé que están allí.]
Sin que fuese una sorpresa, Squirtle y Bulbasaur emergieron de dentro de los arbustos.
- [¿Ya lo ves? Te dije que todo iba a estar bien.] – dijo Squirtle antes de volver a reírse por lo bajo. – [No había nada qué temer, Butt.]
- [Cierto, Butt. Sabíamos que le gustaría el regalo.] – dijo Bulbasaur, riéndose también por lo bajo.
Butterfree los atravesó con una mirada enojada. – [De verdad que los detesto.]
VIRORO-KUN
Era una noche tranquila y nevada en Pueblo Mahogany en vísperas de Navidad. La mayoría de la gente ya estaba refugiada en sus hogares, frente a una chimenea caliente, disfrutando la compañía de amigos y familiares y en general pasándose un buen rato, como debían ser las fiestas.
Desafortunadamente, para el líder de gimnasio local, Pryce, era todo menos una época para estar alegre. Era un período de rememorar lo que perdió, el rumbo que acabó tomando su vida varios años después, y con el conocimiento evidente de que nadie excepto sus Pokémon estarían allí durante la noche. Un período que simplemente quería que terminase tan rápido como fuera posible, para que las cosas volvieran después a la normalidad.
Al volver de nuevo a su gimnasio y cerrar la puerta tras de sí luego de una intensa y dura sesión de entrenamiento con su equipo, el anciano entrenador exhaló; el edificio de aspecto gélido se veía todavía menos acogedor de lo que ya estaba. Por lo menos, serían solo unas pocas horas de soportar el clima.
Y entonces, el sonido de unos pasos desconocidos hizo eco en el edificio que supuestamente debía estar vacío, poniendo al viejo en alerta. Pryce apretó su bastón contra el suelo, con la mano libre en el bolsillo. – ¿Quién anda allí?
- Pryyyyyceeee... – llamó una voz, haciendo eco por el campo de batalla, en un intento casi cliché de sonar amenazante y siniestra.
A pocos segundos de hacer eso, una figura cubierta con una sábana saltó de la nada, alzando los brazos sobre su cabeza y con las cuencas de los ojos mostrando un antifaz. – Soy el Fantasma de las Navidades pa...
- ¡Sneasel, Paliza!
Sneasel salió de su Pokébola apenas Pryce la arrojó, y el presunto invasor rápidamente salió volando atravesando la ventana fuera del edificio. El líder de gimnasio miró el vidrio roto, a lo mucho ligeramente molesto por ese intercambio tan extraño.
De verdad necesitaba agregar niños molestos a su lista de molestias en Navidad para las cuales prepararse...
…
Mientras se sentaba en sus cuarteles privados del Gimnasio Sunyshore, Flint adoptó una expresión sombría al continuar oyendo a su colega Will del otro lado de la llamada, asintiendo mientras escuchaba su historia, frunciendo el cejo a medida que avanzaba.
- Sí, ya entiendo… ¡no, tendrías que haber sido mucho más teatral! ¡Explícale lo que hizo mal! Te voy a enseñar la rutina mejor el año que viene, ¿de acuerdo? – No pareció haber respuesta, ya que Flint bajó su PokéGear, y estaba muy claro lo que Will pensaba al respecto.
Sentado frente a su amigo, Volkner se encogió de hombros. – Le dije que ese acto de los fantasmas no era forma de ir a animar al viejo Pryce, pero supongo que de verdad tenía que intentarlo.
- No eches más sal en la herida, ¿quieres?
Volkner hizo exactamente eso. – Ya llevas años haciendo esa rutina y nunca funcionó. Yo lo intenté y tampoco me sirvió de nada. ¿Cuándo vas a cansarte de ella?
- ¡Nunca! ¡Es una forma grandiosa y clásica de animar a la gente! – Flint alzó sus puños, con la determinación comenzando a arderle mientras señalaba hacia arriba. – ¡Y no me voy a detener hasta que lo pruebe!
El líder especialista en Pokémon Eléctricos continuó mirando a su mejor amigo totalmente estupefacto, y aun así sabía que había poco que pudiera hacer para disuadirlo de sus locos planes. Sin importar a cuantos terminara molestando por el camino.
Quizás nunca debió haber superado su depresión…
BRANDON369
Ciudad Nimbasa era un lugar peligroso. Los robos y crímenes en aquella ciudad eran bastantes, sobretodo en Navidad. Afortunadamente, sus habitantes podían dormir tranquilos, sin preocuparse por su seguridad, pues estaban protegidos por el Inmejorable Jimmy Ray: El más grande superhéroe de todo el planeta.
Dicho héroe se encontraba en medio de una importantísima misión. Había recibido información muy valiosa gracias a la confiable red de vigilancia que colocó por la ciudad (la cual consistía en poner a sus Patrats a caminar por las calles) y gracias a eso, estaba seguro de que aquella Navidad, varios de los villanos más peligrosos a los que se había enfrentado se reunirían en un almacén abandonado para planear su siguiente movimiento.
Seguramente pondrían en marcha alguno de sus planes malvados más peligrosos. Quizá tomar la ciudad entera, probablemente apoderarse de la Navidad, o aun peor: Secuestrar a Santa Claus. ¡No podía permitir que eso suceda! ¡Jimmy Ray y sus Patrat debían detenerlos a como dé lugar!
- Muy bien, compañeros, comencemos con la infiltración. – dijo ordenando al numeroso grupo de Patrats que lo seguía.
De esta manera, los Patrats aprovecharon su pequeño tamaño para poner a prueba las más complejas maniobras de infiltración que Jimmy Ray les había enseñado. Sorprendentemente, no encontraron mucha seguridad cerca del almacén, solamente dos guardias que sus Patrats despacharon fácilmente.
Con movimientos ágiles y sigilosos, Jimmy Ray se asomó por la ventana del almacén, solo para encontrarse una gran sorpresa: ¡El lugar estaba repleto de villanos a los que había enfrentado!
Se encontraban grandes nombres como: la seductora Black Purrloin; el peligroso Cryogonal Man, con sus secuaces vestidos de Vanillite; el archiconocido Ladrón de los Sueños, junto a su Beheeyem; e incluso ese tipo raro vestido de verde que siempre le ponía acertijos… Sí, Jimmy Ray no recordaba el nombre de éste último.
Pero lo importante ahora era frustrar los planes de estos villanos. No podía dejar que tantas mentes perversas planifiquen lo que sea que estén tramando. ¡Debía detenerlos a como dé lugar! Fue así como rompió la puerta y entró respaldado por un enorme grupo de Patrats listos para entrar en combate.
- ¡Que nadie se mueva! – ordenó con voz autoritaria. – ¡Los encontré infraganti! ¡Me encargaré de entregarlos a todos de vuelta en prisión!
Una entrada digna del gran Jimmy Ray, sin duda alguna. Pero lejos de preocuparse, asustarse o siquiera prepararse para pelear, los villanos simplemente estaban confundidos.
- ¿Bajo qué cargos nos quieres arrestar? – preguntó finalmente la chica vestida de Purrloin.
- ¡No finjan! ¡Los atrapé en su reunión secreta! ¡No dejaré que pongan en marcha su plan para apoderarse de la Navidad!
- Oye, no estamos tramando nada. – le interrumpió el de verde, bastante indignado. – Esta es solamente nuestra fiesta Navideña, estábamos a punto de hacer un intercambio de regalos.
Fue ahí que Jimmy Ray cayó en cuenta de que todo el almacén estaba decorado con luces navideñas, un árbol tradicional y otro de aluminio, de todas las cosas. Había una mesa llena de ponche y varios platos con algunos restos de comida, además de que cada uno de los villanos cargaba un paquete de regalo entre sus manos.
- Eh… todavía puedo mandarlos a prisión por reunirse en la propiedad de alguien más.
- De hecho, este almacén es mío. – aclaró Cryogonal Man. – Tengo todos los papeles de propiedad en orden, por si los quieres revisar.
- Bête. – murmuró el tipo del Beheeyem con acento kalosiano entre risas.
De esta forma, los villanos celebraron una feliz navidad y una vez más Jimmy Ray salió a patrullar la ciudad. El héroe de los Patrats estaba más tranquilo, pues con sus peores enemigos tan ocupados celebrando las fiestas, no había nada que temer. La ciudad estaba segura una vez más y sus habitantes podían celebrar tranquilos. Todo gracias a la invaluable protección de Jimmy Ray.
CROSSOVERPAIRINGLOVER
Ciudad Vermillion no era un lugar barato para vivir. Era ruidosa, brillante y concurrida, lo que quería decir que la tierra era muy cara y estaba en constante demanda. Eso era economía muy básica, y ella lo entendía muy bien. También entendía por qué su padre tomaría cualquier medio para evitar los gastos y a la vez tomar ventaja de los beneficios.
El hecho de que el Laboratorio Cerise era amplio, de buen aspecto, y todo lo que su padre podría desear en un espacio de trabajo era incluso aún más comprensible.
- ¡Gen Gen Gen Gen!
Muchos cuestionarían si eso valía compartir el espacio que era constantemente espantado por un despreciable Gengar incluso con trucos para vender la tierra a bajo costo. Especialmente si querías decorar para la temporada navideña. En cuanto se fue de los pasillos, tuvo que pasar la tarde entera decorándola con las luces enredadas y las velas con los costados agrietados.
- ¡Gen Gen Gen Gen!
Era un desorden gigante, e incluso después de pasar la escoba por todos los trozos de vidrio que probablemente le cortarían las patitas a Yamper si los pisaba, seguía siendo un desastre. El lugar parecía más un nido de Spinaraks más que un sitio de celebración. Como una telaraña.
Al ver las luces, una chispa de inspiración vino a ella: una telaraña de luces navideñas.
...
Su antiguo entrenador amaba la Navidad. Los humanos amaban esa fiesta sin origen en general.
Él no lo hacía. Demasiado feliz, demasiado alegre, y demasiado… él.
Todos se ponían felices y pretendían que no te iban a abandonar en el momento que tuvieran la más mínima excusa. Los humanos eran tan predecibles.
- Mmm y mmm de mmmm edad. Mmmm tú mmm para ver mmmm extraño.
También eran muy extraños, aunque no estuviesen tarareando una canción medio audible que lo decía directamente.
Vio como la niña se enfrentaba al daño que él causó con un enfoque diferente al que él esperaba. En vez de pasar apuros tratando de remover las luces enredadas, lo cual él estaba seguro que le tomaría una eternidad si no quería dañar las paredes, las estaba reacomodando para que parecieran telarañas.
Como algo de un Spinarak, aunque no tenía idea de por qué. Eso era una festividad diferente, no Navidad. ¿Y todavía conservaba algunas de las velas menos rotas?
Humanos. No podías entender a ninguno de ellos, excepto que estaban más allá de la comprensión, se inclinaban a la crueldad, y ni siquiera se atreverían a capturarlo de manera casual solo para contenerlo.
Su amigo lo había intentado, aunque fue divertido golpearlo en toda la cara con sus propias Pokébolas. Tal vez debería ir y molestarlo un poco más con eso. Esto no era divertido en absoluto, solo extraño.
FOX MCCLOUDE
La fiesta de Navidad aquel año en el Gimnasio Pewter fue la mejor que Brock tuvo en mucho tiempo. La casa no había estado tan llena de vida en aquella época desde la última Navidad que los hermanos Harrison pudieron pasar en compañía de sus padres.
Era muy agradable tener a Lucy como su invitada; sus hermanos la adoraban tanto que prácticamente ya se había hecho parte de la familia. Aunque claro, era solo cuestión de tiempo antes de volverlo oficial, pero no hacía ningún daño que ya tuviese la aprobación de todos antes de formalizarlo.
La cena transcurrió de manera muy amena, con los hermanos más pequeños pidiendo a Lucy que les contase historias, lo cual ella accedió con mucho gusto, pero eso no fue nada comparado con el momento en que al fin comenzó el intercambio de regalos, y tras media hora de gritos de emoción, abrazos y alegrías (y alguna que otra decepción menor), y con toda la sala repleta de papel de regalo tirado por todos lados, había llegado la mejor parte.
- Muy bien, familia, para concluir el intercambio, tenemos un último regalo. – declaró Brock, levantándose para llamar la atención de todos sus hermanos.
- Este será un regalo compartido. – dijo Lucy, tomando el paquete, que tenía el tamaño de un maletín pequeño. – Viene tanto de Brock como de mí, y será para todos ustedes.
- ¡Ohhh! ¿Qué es, qué es, qué es? – empezaron a gritar todos, con los más pequeños tratando de saltarle a la chica para quitarle el paquete, y ella simplemente se rio, alzándolo sobre su cabeza para mantenerlo fuera de su alcance.
Su estatura ciertamente le daba ciertas ventajas, como ahora.
- ¡Tranquilos, tranquilos! – exclamó Forrest. – No atosiguen a nuestra futura cuñada, chicos, o no se podrá casar con nuestro hermano.
Brock y Lucy se sonrojaron por el comentario, pero aun así se rieron. Ya todos daban eso por hecho, incluyéndolos a ellos mismos, así que no tenía caso negarlo.
- Como les decía, este regalo será para todos ustedes. – continuó la chica. – Es algo que sabemos que todos ustedes quieren desde hace tiempo, pero conlleva una gran responsabilidad. ¿Están dispuestos a asumirla?
- ¡SÍ, SÍ, CLARO QUE SÍ! – corearon los pequeños saltando impacientes.
- Muy bien. En ese caso, ¡feliz Navidad para todos!
Los gritos de alegría no se hicieron esperar, y tras darles el paquete, todas las manos empezaron a arrancar la envoltura de regalo sin piedad ni asomo. Debajo de esta había un contenedor plástico con tapa transparente, con tres Pokébolas.
Los hermanos Harrison las miraron en silencio por un momento, hasta caer en cuenta finalmente de lo que eso significaba, y de nuevo estallaron en gritos de alegría, esta vez peleándose por ver quién abría las Pokébolas.
- ¡Tengo una! – exclamó Yolanda, activándola. Al instante salió un Pokémon rosado y esponjadito que aterrizó en sus brazos. – ¡Oh, es un Clefairy, qué lindo!
- ¡Quiero tocarlo! – exclamaron Billy y Tilly simultáneamente. – ¡No, yo primero!
Mientras los mellizos más jóvenes discutían por quién de los dos jugaba primero con el Clefairy, la segunda de las Pokébolas estaba en medio de un duelo de jalones.
- ¿Qué pasó con las damas primero? – exclamaba Cindy, ayudada por Suzie.
- ¿Qué pasó con el trato equitativo? – replicó Tommy, a quien le ayudaba por su lado Timmy.
La Pokébola terminó yéndose para el lado de las chicas, que la abrieron para revelar a un pequeño roedor con coraza escamosa de color amarillo.
- ¡Un Sandshrew! – exclamó Suzie, abrazándolo. – ¡Qué bonito, siempre quise uno!
Algo decepcionados, Timmy y Tommy fueron con Salvadore, que en medio del desorden había logrado hacerse con la tercera Pokébola, y tras abrirla, se llevó una pequeña sorpresa; resultó ser uno metálico, y por ende algo pesadito, haciéndole irse hacia atrás con él en los brazos.
- Huy… – jadeó, yéndose de sentón. – Un Aron… me encanta, pero… ¿me ayudan aquí?
Mientras los chicos ayudaban a su hermano a quitarse el Pokémon metálico de encima, los tres de mayor edad en la sala solamente observaban el espectáculo con una sonrisa. Ver a los hermanos menores mientras jugaban con sus nuevos amigos, que como habían dicho, ahora serían su responsabilidad, les traía una gran calidez al corazón.
- ¿Crees que deberíamos haber atrapado algunos de más? – preguntó Brock.
- Posiblemente, pero se nos habría hecho muy tarde para la fiesta. – rio Lucy.
En efecto, la noche anterior a la víspera de Navidad ambos se dieron una pequeña escapada al Monte Luna, para que Lucy pudiese atrapar un Pokémon que regalarles. Tuvo suerte y pudo atrapar un Clefairy, tal como esperaba, pero cuando iban de salida un Sandshrew casi les cayó encima rodando desde arriba, y pensaron que no haría daño llevarse uno extra.
Al final, resultó ser algo bueno, así fuese para reducir un poco las peleas por quién jugaba con ellos.
- No se preocupen mucho. – dijo Forrest, cruzando los brazos. – Presiento que se calmarán, cuando entiendan finalmente las "responsabilidades" que acaban de asumir con ellos.
Efectivamente, siempre habían querido tener Pokémon propios con quienes jugar. Tener a estos les ayudaría mucho en entender todo lo que ello implicaba, pero al menos por esta noche, podrían disfrutar de jugar todo lo que quisieran.
El mejor regalo para los Harrison sería siempre poder compartir todo, como la gran familia que eran, y que llegarían a ser en el caso de Lucy.
BRANDON369
La Ruta 4 en la Región Unova estaba rodeada de misterio, sobre todo por un pequeño sector conocido como el Área 28. Muchos viajeros que acampaban por sus bosques habían reportado avistamientos de ovnis o extrañas visiones que los alejaban de aquel misterioso lugar.
Sin embargo, el responsable de todos esos avistamientos vivía en una pequeña cabaña solitaria, en la cima de un monte cercano. Mucha gente seguramente se sorprendería si descubrieran el proyecto más reciente en el que trabajaba el reconocido astrofísico, el Profesor Icarus, junto a su leal Elgyem.
- Ja, esto es una completa locura. No sé cómo me convenciste de hacer esto. – El profesor observó a su pequeño Elgyem, quien solamente respondió haciendo brillar luces en sus manos. – Seguramente mis viejos estudiantes se reirían si vieran la forma en la que utilizó la materia oscura.
En sus constantes intentos por recrear la nave espacial que vio en su infancia, el profesor Icarus había desarrollado numerosos platillos voladores que funcionaban con materia oscura, la mayoría fracasando inevitablemente. Su modelo más reciente, por otro lado, fue un completo éxito, pese a su forma nada convencional.
Un emocionado Elgyem se subió en este platillo volador, que tenía la forma exacta del trineo de Santa Claus. Era una copia casi extraña y hasta tenía sus propulsores con forma de Stantler para dar la ilusión de que son ellos los que tiraban del trineo.
Era un proyecto extraño, no hay duda, pero todo fue idea de su Pokémon. Después de todo, si sus proyectos fallidos hacían que la gente creyera en ovnis, ¿por qué no hacer lo mismo para dar un poco de alegría navideña a los niños del pueblo cercano?
- Muy bien, aquí está la bolsa de juguetes. – dijo el profesor pasando una gran bolsa que Elgyem sostuvo con sus poderes psíquicos. El Pokémon extraterrestre parecía bastante emocionado por pilotar el trineo y traer alegría navideña a otros. – Solo recuerda volver a tiempo para nuestra cena Navideña, que tú también tienes un regalo esperándote adentro.
Con sus luces parpadeando, un emocionado Elgyem puso en marcha el trineo de cohetes, que se alejó volando hasta perderse de vista. El profesor solamente observaba con una sonrisa, aquel Pokémon ciertamente le había cambiado la vida desde que lo encontró tirado en un bosque. Ya incluso le ofreció la posibilidad de regresarlo a su planeta con alguna de sus naves, pero Elgyem prefirió quedarse a su lado y el Profesor Icarus lo crio como si de un hijo se tratase.
- Gracias por todo. – fueron las únicas palabras que pudo soltar el profesor, ante el más grande regalo que había recibido en su vida.
Aquella noche, muchos niños del pueblo aseguraron haber visto al verdadero Santa Claus y parecían bastante emocionados por ello. De igual manera, esa pequeña cabaña a la que nadie se acercaba irradiaba felicidad, mientras un hombre y su Pokémon disfrutaban su cena de Nochebuena.
FOX MCCLOUDE
El Pride Sniper siempre cumplía con sus contratos. Esa era la regla de oro.
Se suponía que este fuese un trabajo sencillo. Los asesinos a sueldo no tomaban vacaciones, de modo que aunque fuese Navidad, él cumpliría con su contrato. Lástima para quienes lo celebraban, porque su Navidad sería muy roja en lugar de blanca.
Lo que no se imaginaba era que ahora, él terminaría siendo quien terminaba abatido. Su único consuelo, fue que no lo hizo su víctima. Eso habría sido mucho más humillante, menos que estar arrinconado contra una pared, con ambos brazos y piernas incapacitados por los disparos que recibió en ellos, más los que recibió en el estómago.
- No puedo creer que… me haya vencido un niño.
- No lo tomes personal, viejo. – dijo el susodicho niño, que en realidad debía estar a mitad de sus años de adolescente. – Mataste a mis benefactores, y con eso cortaste todos mis beneficios. Aunque bueno, igual yo planeaba hacerlo eventualmente, tú solo te me adelantaste.
Había sido un extraño giro de acontecimientos. Este niño parecía simplemente otro trabajador de limpieza en la casa de su objetivo. Y no solo resultó que sabía manejar armas de fuego, sino que además le cortó su escape y mató a todos los demás testigos con una sola bala cada uno antes que llamaran a la policía.
Para ser un niño era bastante hábil, y tenía su respeto por ello, de asesino a asesino.
- ¿Dónde aprendiste a manejar un arma? Esa destreza y puntería no la tienen los asaltantes callejeros. Claramente sabes lo que haces.
- Mi madre querida, que descanse en el infierno, me obligó a aprender a usarlas. – dijo despreocupadamente. El Sniper logró captar una extraña mezcla de resentimiento y gratitud en su tono. ¿Qué clase de madre podría haberlo criado? No le sorprendería si le agradeció con una bala a la cabeza o al corazón al hacerse lo bastante mayor.
Y le agradaba ese pensamiento.
- De acuerdo. Antes que acabes conmigo… ¿me concedes una última petición?
- Si es para perdonarte, lo lamento, pero eso no puede ser.
- Oh, descuida, no voy a suplicar por mi vida. Simplemente, tengo contratos pendientes, y quiero estar seguro que se cumplirán. Sabes, valoro la confianza con mis clientes, y odiaría decepcionarlos.
- ¿Hmm? – El chico dejó de apuntarle con el arma a la cabeza. Ahora tenía su interés, muy bien.
- Claramente sabes cómo se usa un arma. Revisa la bolsa de mi cinturón.
El niño no lo hizo de inmediato, probablemente sospechaba que fuese una trampa, pero eventualmente hizo lo que le dijeron, y abrió la susodicha bolsa. Al abrirla, sacó el emblema que llevaba consigo: una A estilizada como dos cuchillas entrecruzadas con un rostro de Cofagrigus en medio.
- El gremio de asesinos para el cual trabajo valora enormemente la habilidad. Preséntales ese emblema como prueba de que acabaste conmigo, y tendrás acceso a todos mis activos y recursos.
- ¿Y cómo los encontraré?
- No lo harás… ellos te encontrarán a ti.
El adolescente sonrió, y se guardó el emblema en el bolsillo antes de volver a apuntarle con el arma en la cabeza. Bien, lo haría rápido y eficiente. Sería un digno sucesor.
- Parece un buen trato. Como recompensa, te concedo una segunda petición antes de volarte los sesos.
- Bueno… me gustaría saber el nombre de mi sucesor, antes de "retirarme" permanentemente.
- Hmm, parece muy poca cosa, pero ya que insistes. Mi nombre es Descant, anciano.
- Bien… Descant, tú serás el nuevo Pride Sniper a partir de ahora. Espero que sea un buen regalo de Navidad para ti.
Acto seguido cerró los ojos, esperando el inminente final. No le temía a la muerte, y si dejaba en manos sus contratos restantes con este chico, podía irse sin arrepentimientos. Después de todo, parecía ser todavía más frío y despiadado que él.
- Feliz Navidad para ti también… Pride Sniper. – fueron las últimas palabras que escuchó antes de la detonación.
CROSSOVERPAIRINGLOVER
Podía recordar vagamente la celebración desde años pasados, pero no había sido algo a lo que particularmente le puso atención antes. Era solo un detalle de trasfondo, un período cualquiera donde los humanos colocaban luces extrañas sobre las cosas, y emitían los mismos ruidos extraños en esta época del año y en ninguna otra. Él tenía otras cosas en su mente y la temporada le pasaba por encima ya que se enfocaba en otras cosas como en sobrevivir.
Era solo una cosa extraña que hacían los humanos, y no tenía contexto para ellos. Aunque ahora sí conocía a alguien que sí.
- [Se llama Navidad. Es una tradición humana sin origen que ocurre al final de un ciclo de eventos que ellos conocen como calendario. Idealmente, es una fiesta que celebra la buena voluntad con tus semejantes y celebra la completación del ciclo de las estaciones como lo juzgan los humanos. También es el principal factor de motivación de las vidas de trabajo de miles de humanos, aunque ese no fuese el propósito inicial. Fue un efecto secundario.]
Stoutland y él se encontraban encima de una colina observando la ciudad de los humanos, inundada no solo de luces brillantes sino de luces rojas y verdes que solo aparecían durante esta época del año. Stoutland observaba la ciudad con una mirada de anhelo, con un ligero brillo de recuerdo en sus ojos, que casi podía ver a través del pelo de Stoutland.
- [Si viajas por diferentes tierras, ves cómo hacen cosas diferentes en esta época del año. Mi viejo amigo y yo vimos muchas de ellas de primera mano. En Unova prefieren usar luces blancas en Ciudad Opelucid, y en Ciudad Nacrene usan luces multicolores. En Pueblo Fallarbor de Hoenn enredan sus luces con bayas de colores para atraer bandadas de un Pokémon llamado Swablu, mientras que en el sur en Rustboro no se atreven por miedo a las feroces parvadas de Taillows. En Johto tienen los cascanueces para romper Apricorns de Pueblo Azalea como decoraciones populares por toda la región, y algunos de ellos incluso sirven para hacer brebajes especiales hechos con jugo de Apricorn. No entiendo por qué lo hacen, ya que su sabor siempre me ha parecido algo amargo.]
Él era un Pokémon salvaje nacido y criado para quien un humano era solo un Rattata más grande a quien engañar para conseguir comida. Uno al cual era imposible de distinguir con una mirada si no eran un Raticate con Híperrayo o no. Stoutland no era un Pokémon de ese tipo.
Una vez había sido compañero de un humano con el cual viajó por el mundo múltiples veces. Habían estado en docenas de tierras y visto miles de cosas. Fue al final de sus viajes alrededor del mundo que habían venido a Alola en algo que los humanos llamaban "retiro". El humano ya no estaba con vida.
- [Nueve mil trescientas doce.]
Stoutland de pronto dijo un número que era demasiado grande para entenderlo. Su atención estaba más enfocada en el propio Stoutland mientras miraba la ciudad.
- [Las luces de Ciudad Hau'oli como se ven desde lo alto con la alegría de las fiestas. La nueve milésima tricentésima doceava maravilla del mundo. El mundo a todo lo largo y ancho está lleno de maravillas grandes y pequeñas, y deberíamos aspirar a ver tantas como sea posible. Las Reliquias de la Jungla de Summerland, los picos cubiertos de hielo del Monte Coronet, la tranquila belleza del Monte Quena, el festival anual de Shamouti, la belleza dura de los Riscos Peligrosos, el silencio melancólico de la Torre Celestial, los astilleros de Slateport, las paredes reflectoras de la Cueva Reflejo… nunca puedes llegar a ver todas las maravillas del mundo. Los humanos crean, encuentran y mejoran todo constantemente, al punto que no hay forma de ver todo lo que hay en el mundo.]
Él maulló con confusión ante todos los nombres. Algunos de ellos parecían existir de manera natural, pero otros parecían estar hechos por humanos sin razón aparente. ¿Por qué construir barcos? ¿Por qué construir una torre? ¿Por qué una reliquia?
¿Por qué una celebración con luces y alegría donde, por lo que entendía, era frecuentemente la parte más fría del año? Le preguntó esto a Stoutland, que se rio.
- ¿Por qué los humanos hacen las cosas? Son una especie extraña, pero siempre hay un método para su locura, y yo he tenido décadas para ver cómo se desarrolla todo en todas partes y en casi todos los momentos. Dime, Litten, ¿piensas mucho en las estrellas?
No.
- [Es comprensible. Solo los Ledians tienen alguna razón para preocuparse la mitad del tiempo, y supongo que los Clefairys también. Pero los Clefairys son extraños. Los humanos les dan mucha importancia a las estrellas. Así es como hicieron sus calendarios: los humanos de tiempos antiguos notaron cuáles estrellas aparecían en ciertas épocas y trazaron mapas con ellas. Esta estrella significaba que era tiempo de sembrar, y aquella otra significaba que era tiempo de cosechar. La estrella de por allá significa que deberías navegar por los siete mares, y aquella estrella te dice que solo deberías hacerlo si deseas abandonar este mundo.]
Miró hacia las estrellas, después a Stoutland, luego otra vez a las estrellas, luego a la ciudad debajo de ellos, y luego una vez más a las estrellas.
¿Podía hacerse eso con las estrellas? Mejor dicho, ¿cómo distinguías una estrella de las demás?
- [Los humanos tienen algunos medios para hacer eso. Utilizan la luna, las direcciones, ese tipo de cosas. Hay algunas cosas también que los humanos llaman constelaciones, que yo jamás he podido ver. Los humanos creen que se pueden ver formas en las estrellas, y si es que piensan que es verdad, no puedo decir que realmente se equivocan. Los humanos pueden ver cosas que nosotros no algunas veces. Incluso piensan que las estrellas individuales significan cosas. Como que hay una estrella que siempre apunta al norte, por ejemplo.]
Si eso era porque había una estrella que constantemente apuntaba hacia el norte, podía ver cómo un humano podría creer eso. Sonaba razonable.
- [Ahora, si vas desde esa estrella, y miras en la dirección desde donde sale el sol, y luego bajas un poco, verás una estrella que es visible la mayor parte del tiempo, si bien no siempre. No sirve como una guía de dirección, pero hay una leyenda en torno a ella en una región muy lejos de aquí.]
Stoutland detuvo sus palabras hasta que se las arregló para ver cuál era la estrella que Stoutland estaba mirando. Era una estrella que no parecía ser lo más obvio en el mundo, pero él vería lo que Stoutland tenía que decir.
- [La llaman con diferentes nombres dependiendo de a quién le preguntes. La llaman la Estrella Guardián del Mar en las Islas Naranja, la Estrella de los Viajeros en la Región Kanto, y la Estrella del Valor en Sinnoh. Discúlpame si tardo un poco en recordar uno de sus nombres en la punta de mi lengua… es una estrella que no se ve durante la parte más obscura del invierno luego de que esta celebración termina, pero brilla intensamente cuando vuelve la primavera. Se encuentra en su mayor ápice de brillo hacia finales de Mayo… oh sí. En otra tierra se le conoce como la Estrella de los Camaradas. Dicen que aquellos que la miren serán guiados hacia aquellos con quienes pasarán el resto de sus días en batalla y en vida. No se trata de amor, por supuesto, la estrella del amor romántico es otra totalmente diferente, pero es una buena leyenda que he encontrado. Yo buscaría esa estrella si fuese tú, joven amigo.]
Sostuvo su mirada hacia la estrella, sin estar seguro de a lo que se refería Stoutland. O por qué lo decía con un tono tan anhelante al hacerlo.
BRANDON369
La Navidad podía llegar a ser una temporada solitaria en algunas ocasiones, en especial cuando vivías sola en una isla recóndita y desconocida. Pero Ultima ya estaba acostumbrada y tenía su propia forma de pasar las fiestas.
La anciana se recostó en su sillón favorito, sosteniendo una botella de sake y sirvió dos copas, una para sí misma y otra para su Dragonite, reconfortándose con el calor que le ofrecía el fuego en su chimenea.
- Adelante, mi viejo amigo. No te contengas, que tenemos mucho por lo que brindar. – La anciana buscó en su bolsillo y sacó algunas cartas. – Mira nada más cuantas postales Navideñas nos enviaron este año. ¡Todo un record, ¿no te parece?!
Era la mayor diversión que tenía en estas fechas. La anciana maestra hojeaba sus postales navideñas con toda la alegría del mundo. Sonrió divertida al ver la que le había enviado el viejo Briney; ese lobo de mar le enviaba una postal sin falta desde que tenía memoria.
Tomó un buen sorbo de sake mientras leía una carta escrita por Ciel en la que le contaba los avances que su novio Fitzdane tenía en los gimnasios de Johto, y le agradecía firmemente por aquella temporada que pasaron en su casa aprendiendo el Hidrocañón. De entre todos sus aprendices, Fitzdane y Ciel eran los que más contacto mantenían con ella, y eso era agradable.
Continúo ojeando sus postales, hasta que se encontró una escrita por un viejo amigo. La gente lo conocía como el ilustre Profesor Oak que cambió al mundo entero, pero para Última siempre sería su amigo Sammy. Aunque mientras leía su carta, fue envuelta por una ola de nostalgia.
- Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que estuvimos todos juntos. – dijo al aire mientras tomaba otro sorbo de su sake.
Durante su juventud, Última viajó por todo el mundo para entrenarse a sí misma y mostrarse digna de continuar la tradición de su familia, para proteger los Movimientos Definitivos. En esos viajes había tenido notables logros, por lo que la gente la conocía como una de la "Primera Generación de Entrenadores Legendarios". A ella le parecía un título divertido, sin duda alguna, pero no se lo tomaba tan en serio.
Lejos de ser leyendas, esos entrenadores tan remarcables eran solo un grupo de amigos que se encontraba aquí y allá durante sus viajes y competencias, y cuyas rivalidades pronto se volvieron en amistades. En aquella época eran bastante unidos y se divertían bastante cuando se encontraban todos juntos.
De hecho, la Navidad más divertida que había pasado fue aquella donde se las arregló para reunirlos a todos en Isla Secunda, como una especie de vacaciones de sus viajes para celebrar juntos las fiestas de fin de año.
Se divirtió bastante en aquella ocasión. Todavía recordaba como Agatha se la pasaba regañando a Sammy por supuestamente no tomarse su entrenamiento en serio, aunque esté le repetía que estaba ocupado con otro proyecto. Por supuesto, en lugar de estar atenta a la discusión, Ultima prefería jugar con Pryce y Tony, hacerle bromas al estoico Kurt, quien les pedía que lo dejasen concentrarse, mientras observaba el prototipo de lo que él mismo definía como "La Pokébola del Futuro".
Ultima comenzó a reír al recordar todas las locuras que habían hecho en esa fiesta navideña. Incluso acabaron en una expedición a Isla Quarta porque el alegre Pryce tenía curiosidad por explorar la Cueva Glaciada.
O sí, todos esos eran recuerdos felices que atesoraba con mucho cariño… entonces ¿por qué derramaba lágrimas si los recordaba con tanta felicidad?
Era cierto, todos sus amigos habían tomado caminos separados hacía mucho. Sammy se había convertido en un investigador bastante ocupado y apenas tenía tiempo para mandarle postales navideñas; Agatha era miembro del Alto Mando con toda la responsabilidad que ello conllevaba; Kurt estaba demasiado ocupado desarrollando nuevos tipos de Pokébolas; sus dos amigos de Isla Quarta se casaron y ahora manejaban una guardería; y Pryce… por alguna razón dejó de ser un chico alegre, convirtiéndose en alguien bastante amargado y apartándose de todos sus amigos.
¿Y qué fue de ella? Cumplió el sueño de su vida transformándose en la guardiana de los Movimientos Definitivos y ahora vivía sola en una isla desierta leyendo postales durante la Navidad…
- Gron. – La voz de su Dragonite la sacó de sus recuerdos, aparentemente estaba preocupado por verla derramar lágrimas.
- No te preocupes, Dragonite, estoy bien. – Lo acarició para calmarlo. – ¡No hay tiempo para deprimirse, mi viejo amigo! ¡Es Navidad y vamos a celebrar con la botella entera!
Se sirvió otra copa de sake y brindó con su Dragonite, celebrando una nueva Navidad. Brindó celebrando el hecho de que cada uno de sus amigos hubiera cumplido su respectivo sueño y que fueran felices dondequiera que estuviesen. Brindó también por las nuevas generaciones que seguían sus pasos. Brindaría hasta terminar su botella.
VIRORO-KUN
Mientras caminaba por las colinas herbáceas de la Ruta 29, justo afuera de Pueblo New Bark, el joven Goh no pudo evitar fruncir el cejo, pateando unas piedritas que tenía en el camino. Realmente no entendía por qué sus padres habían decidido pasar sus vacaciones en la región Johto de todos los lugares; quizás fuese un intento de compensar el hecho de que su anterior viaje a Azalea fue un completo desperdicio, pero Goh todavía habría preferido olvidarse de ello. No era que no le gustase la región: estaba llena de Pokémon interesantes, con muchas cosas para aprender y ver, y estaba planeando molestar al Profesor Elm para que le dijera pistas sobre Mew a la mañana siguiente, pero al quedarse solo antes de la cena, no pudo evitar pensar en Horace y su promesa. En cómo la rompió sin consideración por su amistad, justo cuando creyó que había algo especial entre ellos.
Sacudió su cabeza, tratando de disfrutar de la tarde libre y pacífica que le dieron, pero los pensamientos de su anterior experiencia en Johto continuaron regresando a él, echando más sal en esa herida que todavía estaba fresca. ¡No necesitaba pensar en Horace! ¡Tampoco necesitaba amigos! ¿Por qué no podía parar de pensar en lo que le hizo ese niño?
Afortunadamente para él, pronto apareció alguien que lo distrajo de esos pensamientos.
- ¡Hola, niño! ¡Feliz Navidad! – lo llamó la voz desconocida, y al girar su cabeza, Goh se encontró con un sujeto de aspecto anónimo, que le sonreía y le saludaba con la mano.
Goh le devolvió el saludo apenas con una fracción del entusiasmo. – Feliz Navidad, supongo.
- Nunca te había visto por estos lares. ¿Cuántos Pokémon has…?
- No estoy interesado, lo siento. – fue la seca respuesta de Goh mientras se encogía de hombros, ya listo para volver al pueblo. Tenía suficiente experiencia con estafadores que iban de puerta en puerta como para saber cuándo no debía darle su tiempo a algún extraño.
Sin embargo, el sujeto no se amilanó, y rápidamente lo alcanzó para dirigirle una mirada. – ¿Por qué la cara larga? ¿Te sucedió algo?
- Solo que no tengo ganas de estar aquí. Y no necesito ningún Pokémon. – El chico se golpeó el pecho, mostrando una sonrisa. – ¡Mi inicial será Mew, después de todo!
- ¿Mew? ¿El Pokémon mítico? – Igual que todas las demás personas a quienes les contaba su sueño, el sujeto lo miró en total desconcierto e incredulidad. Goh se rio entre dientes, disfrutando de la atención antes de asentir de vuelta.
- ¡Sí! Verás, lo conocí hace muchos años. – Su sonrisa se ensanchó, pensando en su fatídico encuentro con el Pokémon de nueva especie tanto tiempo atrás en el campamento de verano del Profesor Oak. – Fue genial, y sé que necesito hacerlo mi primer Pokémon. Ese es mi futuro, ¡y puedo llevarlo en la palma de mi mano!
Goh esperaba que el hombre se riera, o que lo llamara un sueño de locos, igual que todos los demás adultos. Al ver al sujeto darle un pulgar arriba con una sonrisa, el chico se vio totalmente sorprendido.
- Una meta realmente loable. ¡Me gusta! – El hombre cruzó los brazos, agitando el dedo en dirección al chico. – Pero no des por sentado a tu futuro Pokémon inicial todavía. Quizás encuentres a tu verdadero compañero antes de Mew.
- Ni soñarlo. ¡Mew será mi primer Pokémon, no importa lo que suceda! – Goh se señaló a sí mismo con su pulgar, sin cejar en su declaración.
- Bueno, si estás tan seguro... – El sujeto se frotó el mentón, pensativo mientras observaba al chico. – Pero si ese es el caso, necesitas saber cómo capturarlo. ¿Cuál es tu plan?
- Por supuesto, yo... – Goh hizo una pausa, con la mente volando en busca de elaborar un plan que sonara plausible. Su fracaso se vio acompañado con una sonrisa nerviosa, evitando la mirada. – La verdad… no tengo idea. – murmuró, casi esperando no ser escuchado.
El hombre volvió a sonreír con emoción. – ¡Entonces estás de suerte! Soy nada menos que el Sujeto, el mejor experto en capturas de Pokémon en el mundo, y puedo darte algunos consejos para que lances tus Pokébolas y nunca falles.
- ¿De verdad? – preguntó Goh, con la curiosidad iluminándole los ojos, y dispuesto a aprender más. ¡Eso sonaba a la manera perfecta de asegurarse de que atraparía a Mew!
El Sujeto agarró una Pokébola, lanzándola de arriba abajo con habilidad. – ¡Por supuesto! ¡Puedo enseñarte cómo lanzar una bola curva justo ahora mismo!
Goh sonrió, asintiendo sin demora. – ¡Muy bien! ¡Enséñame lo que sabes hacer!
El Sujeto tomó su posición a pocos metros del chico, arrojando una Pokébola que Goh rápidamente salió corriendo a atrapar. Tras apenas hacerlo, miró el dispositivo rojo y blanco con interés, ahora sí sintiendo que llevaba su futuro en la palma de su mano en este momento.
- Lo básico para una bola curva es simple: solo gira tu muñeca y arrójala, y con eso la enviarás con suficiente arco para golpear al objetivo sin que este se dé cuenta. ¡Intenta arrojármela a mí!
Goh volteó de vuelta a ver al hombre, midiendo la distancia entre los dos. Sonrió con orgullo, apretando su agarre en el dispositivo esférico, moviendo su muñeca al ángulo correcto, y entonces la arrojó con toda su fuerza, casi cayéndose. Goh observó cómo la Pokébola volaba en una trayectoria parabólica, directo hacia la mano del Sujeto, o más bien, hacia su frente.
- ¡Auch! – gritó el sujeto, agachándose ante el dolor luego que la Pokébola cayó en la hierba.
- ¡Ah! ¡Lo siento! – Goh corrió hacia el hombre, con las mejillas rojas de total vergüenza. Por suerte, este le devolvió la sonrisa.
- ¡Está bien! ¡Solo tienes que volver a intentarlo! – Agarrando el dispositivo de captura una vez más, el chico mayor volvió a ponerlo en las manos de Goh. – ¡Lo harás bien en poco tiempo, estoy seguro! ¡Y entonces podré enseñarte sobre los Puntos de Captura!
Al escuchar eso, la vergüenza de Goh desapareció inmediatamente, siendo reemplazada por confianza y un deseo de volver a intentarlo. – ¡No puedo esperar para eso!
Y así, Goh y el Sujeto continuaron su pequeña sesión de entrenamiento, pasando el resto de la tarde perfeccionando los lanzamientos del chico, aprendiendo de todas las maneras pequeñas de incrementar las posibilidades de atrapar incluso a los Pokémon más resistentes y evasivos.
Goh no tenía manera de saberlo entonces, pero años después de aquel día, lo recordaría por siempre como el regalo de Navidad más importante de toda su vida.
ANDER ARIAS
- ¡De acuerdo, casi terminamos, Eevee! – dijo la joven niña, mientras pasaba un peine por el pelaje del pequeño Pokémon.
- ¡Eev! – arrulló felizmente el pequeño Pokémon.
- Tenemos que estar lo mejor que podamos, ya que este espectáculo será muy importante. – dijo ella. – Pero estoy segura que harás lo mejor, ¿verdad?
- ¡Vui! – afirmó Eevee.
Sakura le devolvió la sonrisa. La menor de las Hermanas Kimono estaba preparando a su Eevee para el espectáculo de la tarde. Este espectáculo no era simplemente otro de sus típicos shows de danza, ya que todo el dinero recaudado por este show sería donado para una asociación de caridad que ayudaba a personas sin hogar y Pokémon abandonados, acorde con el espíritu de las fiestas de darles a aquellos que tuviesen muy poco.
- Oh, ahí estás. – dijo una nueva voz. Sakura se dio la vuelta y vio a su hermana Tamao, con su Umbreon a su lado. – Ya estás vestida, qué bien. Empezaremos en cinco minutos. ¿Eevee ya está lista?
- Sí, solo quería asegurarme que estuviese extra lista. – confirmó Sakura. – ¿Cuánta gente tenemos?
Tamao sonrió. – ¡Desbordados de la capacidad! Hasta hay gente de pie en la parte de atrás. No les importaba que ya no hubiera asientos vacíos.
- Genial. Eso significa que podremos recaudar bastante dinero. – Sakura también sonrió.
- Hey, la gente de Ecruteak es muy caritativa, no deberías sorprenderte tanto. – dijo Tamao antes de marcharse.
Sola de nuevo, Sakura se dio la vuelta hacia su Pokémon una vez más, y decidiendo que ya la había peinado lo suficiente, era tiempo de salir. Ella e Eevee se dirigieron hacia el escenario, donde sus hermanas y sus respectivos Pokémon ya estaban esperándolas, todas en sus posiciones iniciales. Sakura e Eevee rápidamente corrieron a tomar sus posiciones.
En menos de un minuto, la cortina se alzó, los reflectores las enfocaron, comenzó a sonar la música del shamisen en el fondo, y comenzó el espectáculo. Como la mayoría de sus danzas, el show de hoy era una colaboración entre las chicas y sus Pokémon. Bailarían todas juntas mientras sus Pokémon corrían y utilizaban sus ataques elementales para crear efectos especiales. Algunos lo llamarían similares a los Concursos o Exhibiciones, pero aunque los dos primeros hacían más énfasis en el espectáculo puro, sus danzas eran más de naturaleza teatral.
Mientras la danza llegaba a su final, se prepararon para el número final. Las cinco hermanas formarían un círculo, y sus Pokémon formarían una pirámide, con Vaporeon y Flareon en la base, Umbreon y Jolteon en el medio, y la Eevee de Sakura en la cima.
La música finalmente acabó, y las chicas y sus Pokémon se quedaron allí, observando a la audiencia y esperando que llegaran los aplausos. Sin embargo, esta danza tendría todavía una última sorpresa para ellos.
- ¿Eev?
De repente, escucharon una especie de zumbido, y para sorpresa de todos, Eevee comenzó a brillar con una luz azul. Su cuerpo comenzó a crecer volviéndose más esbelto. Su espesa cola se alargó y se volvió más delgada, dividiéndose en dos en la punta. Dos mechones de pelo crecieron cerca de los ojos. Una vez que la luz se desvaneció, un nuevo Pokémon se encontraba allí.
- ¡Espeon! – gritó de alegría la recién evolucionada Espeon.
Alegría que Sakura compartía. Estaba a punto de decir algo, pero antes de poder abrir su boca, sus ojos se ensancharon del shock ya que la pirámide comenzó a tambalearse. Espeon se había vuelto más pesada al evolucionar, y el incremento de masa había comprometido el balance de sus colegas Eeveeluciones debajo de ella.
- ¡No! – gritó Sakura. ¿El destino sería tan cruel como para que su Pokémon finalmente evolucionara, a la expensa de arruinarles lo que había sido un número de danza prácticamente perfecto?
- ¡Eon! – gritó Espeon, mientras sus ojos comenzaban a brillar con una luz rosa. De repente, las otras cuatro Eeveeluciones comenzaron a brillar con una luz azul también, y los cuatro sintieron como si unas manos invisibles los mantenía estables.
- Increíble… está usando sus nuevos poderes psíquicos para evitar que se caigan. – susurró Satsuki.
Una vez que la pirámide volvió a estabilizarse, un silencio ensordecedor reinó sobre el teatro de danza. Y entonces, una persona solitaria comenzó a aplaudir. Después otro. Y otro, y otro más, y otro más hasta que todos en la audiencia comenzaron a aplaudir con tanto entusiasmo, que se podía oír incluso desde afuera del teatro.
Sakura sonrió a su nueva Espeon, que le devolvió la sonrisa. Gracias a él, su número de danza sería uno inolvidable.
FOX MCCLOUDE
- [¡Esta va a ser mi noche!]
- [¡En tus sueños! ¡Voy a seguir invicto!]
Ahí estaba de nuevo, midiéndose en una competencia de fuerza de brazos con el Jefe Poliwrath. A su alrededor Machop, Mankey y Tyrogue observaban, junto con el resto de los Pokémon del callejón que seguían animándolos a empujarse uno al otro fuera del "ring".
Por un momento parecía que el Jefe Poliwrath empezaba a ponerlo de rodillas. Después de todo le ganaba en tamaño, pero él no se iba a dejar ganar tan fácil.
- [Grrr… no… voy… a… ¡perder!]
En vez de tratar de resistirse, Heavy dejó que se le fuera encima, y usando su propio impulso en su contra lo sujetó de la panza y lo alzó por encima de su cabeza con ambos brazos, usando sus piernas y cola para empuje adicional desde abajo.
- [¡Jaja!]
- [¡Hey, ¿qué haces?! ¡Bájame, bájame enseguida!]
Heavy con gusto iba a obedecer, pero no sin antes pasearse por el ring mientras le daba vueltas al Jefe Poliwrath por encima de su cabeza. En el gimnasio cercano los humanos lo llamaban "giro de aeroplano", a pesar de que a él le parecía más como un helicóptero.
Fuese como fuera, Heavy finalmente dejó de girar y arrojó al Jefe Poliwrath fuera del ring, hacia una de las cajas de cartón cercanas para que amortiguase su caída.
- [¡Fuera!] – declaró Mankey. – [¡El ganador y todavía campeón invicto de las peleas de fuerza, el Squirtle Heavy!]
Todos los Pokémon del callejón empezaron a vitorearlo, mientras él posaba flexionando sus brazos, feliz de la atención de los fans. Entretanto, Machop y Tyrogue se dirigían hacia el caído Jefe Poliwrath, ayudándolo a levantarse de nuevo, y Heavy se acercó para darle la mano.
- [Buena pelea, casi me ganaste esta vez.]
- [Algún día recuperaré mi título.] – dijo el Jefe aceptando la mano con dignidad. – [Buen truco, por cierto. Eso se llama utilizar bien la cola.]
Heavy se rio, entretanto, Mankey anunció que el espectáculo se había terminado por esa noche y que volvieran la próxima semana, y mientras tanto, ellos también se retiraban a su propia guarida.
Así habían estado las cosas desde que se separó de su vieja pandilla unos meses atrás. Después del derrumbe, él y Scout trataron de encontrar al resto, pero apareció ese Ekans que creyó que serían un buen bocadillo. Mientras trataba de defender a su compañero herido, terminaron separándose durante la pelea y no pudo ir a buscarlo.
Mientras vagaba por allí buscando algo para comer, se encontró con estos cuatro que estaban haciendo una especie de reunión en un callejón. Los cuatro Pokémon de tipo Luchador se enfrentaban en peleas de fuerza, sin usar ataques especiales, para entretenimiento, y cualquiera que quisiera medirse con ellos era libre de hacerlo. Siendo una prueba de fuerza, él no pudo resistirse y pidió participar.
A pesar de su confianza por ser Pokémon Luchadores, logró ganarle al Jefe Poliwrath en un uno a uno, aunque se jactaba de ser el más fuerte, y había estado invicto hasta que él llegó. Pero para su sorpresa, lejos de enojarse por haber perdido su racha, le preguntó si querría unirse a ellos, y hasta le ofrecieron si quería ser su nuevo jefe por pura fuerza. Él declinó lo segundo, pero cuando le ofrecieron unas barritas energéticas para comer, no tuvo más remedio que aceptar lo primero, así fuera para llenarse el estómago.
Al principio se quedaba únicamente para recuperar fuerzas antes de ir a buscar a sus viejos amigos, pero… el tiempo pasó y de pronto se había quedado con ellos, y no se sentiría bien de dejarlos luego de que lo acogieron, no así.
- [Muy bien, campeón, te ganaste tu premio.] – dijo Poliwrath, sacando una caja de barritas energéticas con envoltura verde y roja por la época de las fiestas. – [Esto se les cayó del camión repartidor el otro, así que las guardábamos para el que ganara el torneo de hoy.]
- [¡Genial! ¡Gracias, amigos!] – dijo mientras desenvolvía un par de ellas. – [Hmm, me encantan estas, ¿no quieren algunas ustedes?]
- [Pero tú te las ganaste, ¿no?] – dijo Tyrogue.
- [¿Qué importa? Hay suficientes para todos. Vamos, coman ustedes también.]
Le llevó mucha insistencia, pero finalmente los demás aceptaron repartírselas. La época de Navidad era para compartir, y sus nuevos amigos habían hecho mucho por él en ese tiempo, era justo que les retribuyera un poco.
No negaba que extrañaba a su vieja pandilla, pero estaba seguro de que estarían bien en alguna parte. En una ocasión vio un torneo por televisión donde peleó un Squirtle que estaba seguro que era su viejo jefe. Y si él estaba bien, seguramente los demás también lo estarían.
Tal vez algún día le podría presentar a sus nuevos amigos. Seguro que les caerían muy bien.
BRANDON369
Ser el príncipe, heredero de un reino entero, era algo complicado. Cuidar del príncipe, por otro lado, eso era algo imposible.
- ¡Príncipe Lear! ¡Se lo suplico, abra esa puerta! – pidió un adolescente fornido y musculoso de piel oscura.
- ¡Por favor, príncipe! ¡No puede estar en su habitación todo el día! – suplicó una joven delgada de cabello morado y mirada un tanto espeluznante.
- ¡No pienso abrir la puerta! ¡Rachel, Sawyer, déjenme solo! – se escuchó la voz del joven príncipe desde el otro lado de la puerta.
Sawyer y Rachel estaban muy preocupados, no era normal que el príncipe se comportase de esa manera. Desde que ellos habían sido asignados para cuidarlo (Sawyer por su evidente fuerza y Rachel por llevarle tan solo unos dos o tres años de edad), el príncipe Lear siempre se comportó como un niño cariñoso y amable, aunque un poco arrogante.
En una situación como ésta, solo había una persona que podía sacar al príncipe de su cuarto.
- ¡Su majestad! – Sawyer y Rachel rápidamente se inclinaron ante la llegada de la reina en persona, quien simplemente les hizo una seña para que se levantasen y se acercó a la puerta.
- Lear, soy yo. – La voz de la reina era dulce y tranquilizadora.
- ¿Mamá? – preguntó desde el otro lado de la puerta.
- ¿Puedo pasar, mi pequeño príncipe?
Pasaron unos pocos segundos de silencio, pero la reina obtuvo su respuesta.
- Está bien, mamá, te abriré. – respondió el príncipe. – Pero no quiero que entren Sawyer y Rachel.
Algo confundidos, Sawyer y Rachel acataron las órdenes de su príncipe, quien abrió la puerta y la cerró tras dejar entrar a su madre. Una vez adentro, la Reina se sorprendió al ver numerosas hojas de papel tiradas por el suelo, todas garabateadas de una u otra manera.
Simplemente suspiró y observó a su hijo; ya intuía más o menos lo que le estaba pasando.
- Lo lamento, mamá. – se disculpó el pequeño. – Es que se acerca Navidad y quería regalarles un dibujo a Rachel y Sawyer, pero… ¡nada me sale! ¡Es todo muy difícil!
El pequeño parecía frustrado, así que la reina simplemente acarició su cabello plateado y le acomodó sus gafas rojas, para luego abrazarlo.
- Deja que te ayude con eso, mi pequeño príncipe. – le ofreció gentilmente. – Vamos a arreglar estos dibujos y le darás un lindo regalo de Navidad a Sawyer y Rachel.
- Pero se supone que debo hacerlo solo, mamá. – replicó Lear. – Soy el heredero al trono, debería ser capaz de hacer cualquier cosa por mi cuenta.
- Oh, ¿eso crees? – le preguntó divertida. – ¿En qué clase de rey quieres convertirte?
- Quiero ser un rey fuerte. – Respondió al instante. – Un rey invencible, que nunca sea derrotado y que pueda hacer cualquier cosa. ¡El Rey más fuerte del mundo!
- Ningún rey puede hacerse fuerte por sí solo. Todos necesitan confiar en otras personas para obtener la verdadera fuerza. – El niño ladeo su cabeza sin entender nada, así que su madre procedió a explicar su punto. – Todos tenemos límites y puntos débiles, hay ocasiones en las que no podemos ganar solos, por más que nos esforcemos. Por eso, necesitamos personas o Pokémon en quien confiar, que nos ayuden a superar nuestros límites y cubrir nuestras debilidades.
- Pues… yo confío en Rachel y Sawyer. – respondió el niño. – Rachel es muy linda, siempre se preocupa por mí y es muy amable. Sawyer no habla tanto, pero siempre me enseña cosas nuevas y me protege cuando me asusto.
- Entonces, vamos a plasmar todos esos sentimientos en este dibujo tuyo. – le dijo su madre con entusiasmo. – Vamos a demostrarles lo importantes que son para ti. Con ellos a tu lado, seguro que eres el rey más afortunado del mundo.
- ¡Sí, mamá! ¡Vamos a dibujar juntos!
El príncipe Lear se pasó el resto de la tarde dibujando junto a su madre, poniendo su mayor esfuerzo en cada uno de sus dibujos y divirtiéndose como nunca. Sawyer y Rachel se quedaron esperando afuera de la misma, bastante preocupados, no solamente por la extraña actitud del príncipe, sino también por temor a que la salud de la enfermiza reina empeoré al pasar tanto tiempo fuera de su habitación.
Todos sus miedos, sin embargo, se terminaron disipando en la cena de Nochebuena, donde el príncipe les entregó su dibujo y ellos lo aceptaron con lágrimas de alegría, dejando a Lear con una sonrisa de satisfacción.
Curiosamente, la reina también les había entregado una carta que decía:
"Muchas gracias por cuidar de mi pequeño príncipe. Confío en que ustedes estarán a su lado, pase lo que pase, Lear es afortunado por contar con su lealtad".
FOX MCCLOUDE
Desde el día que abandonó su pueblo natal, habían dejado de importarle los días festivos. Después de todo, difícilmente iba a tener motivos para celebrar, estando ocupada en su cruzada para limpiar al mundo de la gente que no valía para nada.
Otros tal vez se habrían vuelto locos de aburrimiento después de haber estado encerrados en este confinado espacio durante más de un año. Pero ella no. Para empezar, sabía muy bien que sus carceleros tenían todas las razones del mundo para tomar estas medidas preventivas con ella. Tanto la celda propiamente como el incómodo dispositivo que llevaba en su cabeza estaban diseñados para mantener sus poderes psíquicos a raya y evitar que pudiese escapar.
Como si quisiera hacerlo. No era que tuviese motivos para escapar después de todo.
- Atención, Sabrina. – le dijeron por los altoparlantes. – Tienes una visita.
- ¿Oh? ¿Alguien viene a visitarme en vísperas de Navidad? Qué considerado.
Había muy pocas personas que ella creía que tendrían un motivo para visitarla, y menos todavía que supieran de su ubicación actual de confinamiento. De hecho, el único que le venía a la mente en ese momento sería su padre, pero ya no había vuelto a verlo en meses. Después de su último encuentro, sabría que se le haría muy difícil verla.
Ver en lo que su dulce niña se había convertido.
La puerta se abrió, y para su sorpresa, no era su padre quien venía a visitarla. Era un miembro de los Exterminadores, vestido con su uniforme completo.
Alcanzó a ver que llevaba encima el equipamiento que usó para derrotarla y ponerla tras las rejas, incluyendo las gafas protectoras para bloquear ondas hipnóticas. Sin embargo, juzgando que no las necesitaba, se las quitó para mirarla a los ojos a través del cristal.
- Ha pasado un tiempo… Tommy. ¿Has estado bien últimamente?
- Bastante. – replicó el aludido. – Te preguntaría lo mismo, pero no quisiera ofenderte preguntando algo que es muy obvio.
- Te sorprenderías. El confinamiento solitario no es tan malo una vez que te acostumbras. Es muy tranquilo y me da oportunidad de pensar y… reflexionar.
Sí, reflexionar sobre muchas cosas. Sobre todo de lo que había hecho, y que tal vez debió haber hecho. Por supuesto, no se arrepentía de ninguna de sus decisiones, ni tampoco se lamentaba por las consecuencias de estas. Simplemente aceptó su destino al ser superada por alguien más fuerte.
- Pero he de suponer que no vienes solo a saludarme, ¿verdad? Ni tampoco a restregarme en la cara cómo me venciste en nuestro último encuentro.
- No, ya eso quedó muy atrás. – dijo Tommy. – A decir verdad, vengo para informarte que he estado tratando de hacer arreglos, para que tu estadía aquí sea más… confortable.
Sabrina levantó una ceja. No era que estuviese incómoda como para quejarse o exigir cosas. Después de todo no las necesitaba, y él no tenía razones en absoluto para concederle esos lujos.
- Si deseas algún tipo de entretenimiento, tal vez libros que quieras leer, o televisión por cable, puedo hablar con algunos de mis contactos para proveértelo. Si tú quieres, claro.
- ¿Y a qué se debe esa generosidad de tu parte? – preguntó Sabrina intrigada. – No es que tú y yo seamos exactamente amigos, ¿o sí?
- Tal vez no. – dijo él. – No puedo perdonarte por lo que hiciste, entre aterrorizar a todo Pueblo Turquoise, y las muertes de todos mis camaradas que intentaron detenerte.
»Pero al mismo tiempo… no puedo evitar pensar que, si tal vez hubieras tenido a alguien, un amigo que te disuadiera de ese camino oscuro… ¿las cosas podrían haber sido diferentes?
De nuevo, Sabrina se quedó viendo fijamente al Exterminador que la arrestó. A pesar de que el bloqueador psíquico le impedía leer las mentes, algo dentro de ella le hacía creer que sabía lo que él estaba pensando en ese momento, y su suposición resultó acertada cuando siguió hablando.
- Siempre estuviste muy sola. No te acercabas a nadie, te enfrascabas en tus estudios y en tus propios asuntos. Casi nadie intentaba ser tu amigo. Incluso cuando descubriste tus poderes, la gente solo te buscaba para que hicieras cosas por ellos. Diablos, hasta yo te tenía algo de miedo, y eso era antes de que empezaras activamente a aterrorizarnos a todos.
La destituida líder del Gimnasio Saffron desvió la mirada. Había bastante verdad en eso: era muy duro ser la persona con mayor poder cerebral de todo el pueblo, en más de un sentido. No había nadie a quien pudiese llamar un igual… menos aún un amigo.
¿Acaso Tommy estaba intentando compensar ahora, por no habérsele acercado hacía más de una década?
Él no era su amigo, y probablemente nunca lo sería, pero difícilmente habría alguna persona en el mundo a quien hubiera llegado a respetar más. Le llevó más de diez años, y necesitó ayuda para lograrlo, pero fue el que la derrotó. Y ella no le guardaba rencor; simplemente peleó por aquello en lo que creía, y desde su perspectiva, su fuerza le dio la razón.
Después de pensar sobre su oferta, finalmente tomó una decisión.
- De hecho… tengo una lista de libros que me gustaría volver a leer.
Tommy asintió y sacando una Tablet comenzó a tomar nota. No planeaba abusar, así que se conformó con su Top 10 de libros favoritos por el momento. Aunque se los supiera de memoria, volver a leerlos estaría bien para revivir algunos viejos recuerdos.
- Haré lo que pueda por conseguírtelos. – dijo Tommy. – No es mucho, pero… considéralo un regalo de Navidad de mi parte.
Acto seguido, le avisaron que el tiempo de visitas había terminado, así que se excusó y se dispuso a retirarse. Quedándose de nuevo a solas en su celda, Sabrina se sentó sobre su catre, pensando en lo que acababa de suceder. Ella y Tommy eran, o por lo menos habían sido, enemigos acérrimos, y sin embargo él había venido aquí para verla. y ofrecerle algo para que se sintiera más cómoda.
Por primera vez en mucho tiempo, experimentó una sensación que creyó haber olvidado: la gratitud de recibir un regalo de Navidad.
BRANDON369
En una pequeña isla, aparentemente desierta, de algún archipiélago desconocido, un extraño hombre caminaba por la arena de la playa, tambaleándose con dolor de cabeza, mientras intentaba beber de una botella vacía.
La noche anterior habían celebrado la víspera de Navidad en grande, bebiendo y bailando junto al resto de su tripulación, cuyos miembros todavía continuaban tumbados sobre la arena.
Desafortunadamente, los festejos tan grandes traían consecuencias. La resaca lo golpeó con fuerza como un tren a toda máquina, su dolor de cabeza era insoportable y apenas podía caminar mientras se tambaleaba de atrás para adelante. Tan mareado estaba que en un principio pensó que lo que veía sobre la playa era un espejismo inducido por el alcohol.
- Por las barbas del Fantasma… ¿esto es un sueño?
Lo que se había encontrado era nada menos que un gigantesco barco carguero encallado en la costa. Sin poder creérselo, frotó sus ojos solo para encontrar la figura de un hombre en gabardina saliendo del barco y alejándose por los aires en un Dragonite.
Al no saber si era producto de la borrachera, se frotó los ojos nuevamente solo para abrirlos y darse cuenta que el hombre misterioso ya no estaba. Solamente se encontraba aquel enorme y abandonado…
¿Barco? ¡Un barco! ¡Poseído o no, era un barco, y estaba frente a él!
- ¡Capitán Crook! – comenzó a gritar aquel hombre mientras corría en dirección opuesta, con su estupor de borracho ahora ido por la emoción. – ¡Venga rápido! ¡Encontré un barco! ¡Justo lo que necesitábamos!
Scuz no sabía si se trataba de un barco maldito, un naufragio o probablemente un regalo de Navidad (¿acaso el hombre de gabardina sería Santa Claus?). Fuera cual fuese la respuesta, algo era seguro: su capitán pirata se despertaría de muy buen humor y probablemente lo compensaría bien por ello.
FOX MCCLOUDE
Otra Navidad se aproximaba en Ciudad Soleada para Duplica. La artista y maestra del disfraz siempre estaba tan feliz por la época como todos, aunque este año parecía haberse quedado fuera del negocio del entretenimiento.
Normalmente, le gustaba ofrecerse para algún papel en la obra teatral anual que la iglesia/orfanato local hacía para los niños. Ella y Ditto ya habían podido interpretar papeles como el Grinch, y Rudolph el Stantler de la Nariz Roja, entre muchos otros y siempre era satisfactorio ver las sonrisas de los pequeños tras terminar el espectáculo.
Este año iban a representar el Cuento de Navidad clásico, pero cuando fue a ofrecerse de voluntaria, le dijeron que ya el elenco estaba completo, pues al parecer habían contratado a una compañía teatral para ello. Una lástima, pero no podía hacer nada al respecto.
- Supongo que no hará daño si vamos a echar un vistazo. Quizás podamos ayudar con algo más, ¿no crees, Ditto? – preguntó a su compañero de batallas y en el escenario.
- ¡Ditto! – replicó la pequeña masa rosa en sus brazos alegremente.
Así, se dirigió hacia la iglesia, a ver si necesitaban un par de manos extra para cualquier cosa, y si no, al menos podría quedarse a ver el espectáculo.
Pero cuál sería su sorpresa al entrar y al pastor local, el Padre Maxwell, hablando por su teléfono celular, y su tono no sonaba nada alegre.
- Por favor no me diga eso. ¿Seguro que no pueden hacer nada? ¿Qué pasará entonces? Los niños lo estaban esperando y… sí, entiendo. Sé que no es culpa suya, pero gracias por intentarlo.
El sacerdote guardó su teléfono y tras exhalar un suspiro de resignación, fue entonces que se percató de la presencia de ella.
- Oh, joven Duplica. ¿Se te ofrece algo?
- Vine a ver si necesitaban ayuda o algo, para la obra de Navidad. – dijo la chica. – ¿Vine en un mal momento?
- Ah, sí, sobre eso, temo que habrá que cancelarla. – dijo el sacerdote. – Verás, sucede que la compañía que habíamos contratado, la Troupe del Jardín Floral, acaba de llamarme para decir que no podrán venir, así que nos devolverán el depósito.
- ¿Eeeeh? – jadeó la peliverde. – No es cierto, ¿de verdad? ¿Qué pasará con los huérfanos?
- No hay nada que podamos hacer. Solo faltan dos días para Nochebuena y es imposible que podamos reunir al elenco completo y prepararlo todo.
La chica de coletas miró al decaído sacerdote. Sabía que el hombre tenía un gran cariño por los niños de la iglesia y buscaba darles algo de alegría todos los años, pero si este año no iba a ser posible…
Un momento, tal vez no tenía por qué ser así. No si ella podía hacer algo al respecto.
- Padre Maxwell… ¿qué tal si le damos un nuevo giro a la obra este año? – pregunt Duplica. – No hace falta reunir a un elenco si una sola persona es capaz de interpretar todos los papeles.
- ¿De qué hablas?
La chica simplemente sonrió, y dejándole a su Ditto en las manos se alejó unos pasos, antes de darse la vuelta y cambiar su atuendo en un abrigo invernal antiguo, con bufanda y sombrero de copa.
- ¡Bah, tonterías!
El sacerdote se quedó impresionado por su interpretación de Scrooge, pero la chica no se detuvo allí. Acto seguido se dio otra vuelta, adoptando un traje elegante, pero con grilletes y cadenas en los brazos y piernas.
- ¡Llevo las cadenas que forjé en vida!
Y sin detenerse, al darse la tercera vuelta adoptó una apariencia angelical, una túnica blanca con alas en la espalda y totalmente descalza; luego un abrigo abultado que la hacía verse como un hombre gordo con bigote y barba postizos; y finalmente una túnica negra que la cubría por completo con una guadaña en la mano, al estilo de la Parca. Con esto se dio una última vuelta para retornar a su atuendo normal, sonriendo ampliamente.
- ¿Qué le parece?
- Jovencita, ¿dónde aprendiste a hacer eso? – preguntó el Padre Maxwell.
- Es mi talento secreto para el disfraz. – dijo la chica, guiñándole el ojo. – No tiene que preocuparse por un elenco, me sé de memoria todo el libreto y creo que puedo darle un poco de mi toque personal como narradora. Eso le dará un giro muy original, ¿no le parece?
- Que Dios te bendiga, muchacha, nos has caído como un ángel enviado del cielo. – dijo el sacerdote con una gran sonrisa. – Yo, y también los niños del orfanato te estaremos eternamente agradecidos.
La chica también sonrió. Había mucho por hacer, así que era mejor poner manos a la obra. Los niños iban a tener su espectáculo navideño, y todo gracias a su talento especial.
Después de todo, para eso era que le gustaba usarlo, para darle algo de alegría a los demás, en Navidad, o en cualquier otra época del año.
BRANDON369
La víspera de Navidad era una época que muchos solían aprovechar para descansar y relajarse, tomarse un buen descanso después de trabajar tan duro durante todo el año. Sin embargo, para los Entrenadores Pokémon, las vacaciones no existían.
O al menos, eso era lo que pensaba Rubrum, quien incluso en esta época estaba lleno de energías y buscaba cualquier oportunidad para tener algún combate Pokémon. Cada batalla era una nueva oportunidad de probar sus habilidades y pulirlas para ser cada vez mejor.
Y en aquella ocasión, había tenido bastante suerte, pues acababa de encontrarse con un entrenador extranjero. No conocía su nombre, pero apenas lo escuchó decir que era originario de Pueblo Mocha en la Región Sinnoh, lo desafió a una batalla doble para poder enfrentar a Pokémon desconocidos.
Al principio se encontraba en problemas, pues su Torchic y su Swampert estaban siendo presionados por los Pokémon de su oponente, un Marowak y un extraño Pokémon Eléctrico que su perezosa Pokédex identificó como Luxray. Todo parecía indicar una inminente derrota para Rubrum…
Al menos, hasta que Torchic liberó su habilidad especial, envolviéndose en potentes llamas como si de un volcán se tratase.
- ¡Ahora, muchachos! ¡Combinen Súper Calor y Agua Lodosa!
Esa combinación fue suficiente para dar por concluido el enfrentamiento. Rubrum hizo una nota de darle las gracias a la líder de gimnasio, Roxanne, quien le ayudó a entrenar junto a su Torchic para dominar su Híper habilidad. Aunque siendo ese el caso, también debía agradecerle a su amiga Katie por recomendarle buscar a la líder de gimnasio. Probablemente les debería enviar postales navideñas a cada una más tarde.
- Cada vez nos estamos haciendo más poderosos, Glalie. – Rubrum observó a su primer Pokémon, quien sonreía bastante divertido. – Si seguimos así, probablemente ganemos alguna Liga Pokémon o algún otro torneo importante muy pronto.
- Glai. – Sonriendo, su Pokémon le arrojó escarcha en la cara. Ya acostumbrado, Rubrum se la limpió y riéndose un poco se subió encima de él.
- Andando, amiga. ¡Tenemos que llegar al siguiente pueblo lo antes posible y a nuestra siguiente aventura!
Aventura que ciertamente era mucho más fácil ahora que su Snorunt había evolucionado y podía llevarlo a cuestas. Eso fácilmente le ahorraba horas de caminata y estaba contento con ello.
- ¡Glaile! – Aunque su Pokémon pareció reclamarle por algo.
- Tranquila, amiga. Una vez que lleguemos al pueblo, te compraré esas galletas navideñas que tanto te gustan.
Su declaración pareció tranquilizar a su Glalie y alegrarla bastante. Era una tradición que tenían para las fiestas navideñas, comer deliciosa comida junto a su Pokémon. Podía parecer sencillo a primera vista, pero era lo único que a Rubrum se le ocurría para festejar. Después de todo, no tenía ninguna familia cercana con la cual pasar las fiestas y debía arreglárselas por su cuenta.
- Ese fue un buen combate, Rubrum. El entrenador con el que luchaste participó en tres Ligas de diferentes regiones y fue finalista en una de ellas. Vencerlo es sin duda un logro impresionante; no me equivoque en mi evaluación sobre ti.
La nueva voz en el área atrajo la atención de entrenador y Pokémon, que detuvieron su marcha para encontrarse a una atractiva chica de pelo negro, observándolos fijamente con un dedo en el mentón. Esto pudo parecer una situación extraña o incomoda, pero Rubrum la reconoció de inmediato.
- ¡Hey, eres tú! – La señaló. – ¿Estuviste observando mi combate?
- Por supuesto que lo hice. – le dijo con una sonrisa. – El Príncipe me envió para verificar la nueva "técnica" que desarrollaste y medir su poder.
- ¿El gran hermano está al pendiente de mí? – preguntó Rubrum. – ¡Eso sí que es genial! Torchic y yo estuvimos trabajando muy duro para controlar la Híper Habilidad, ¿qué te pareció?
- En contra del 69.3% que tenías en mis expectativas, debo admitir que me impresionaste. No eres el primero de tus hermanos en controlar una Híper Habilidad, pero si eres el primero que conozco en dominarla durante su primera etapa evolutiva. Supongo que eres la excepción que confirma la regla. A ello debemos sumarle la reciente evolución de tu Snorunt y tu mejoría desde nuestro último encuentro es remarcable.
- Es lo mínimo que puedo hacer si quiero ayudar al Gran Hermano. – dijo Rubrum con una expresión inusualmente seria. – Tengo que hacerme mucho más fuerte si de verdad queremos detener a ese sujeto. No quiero que más de mis hermanos terminen como Johnny.
- Sí, ese viejo Emisario puede ser alguien bastante cruel. – suspiró la chica. – Si hubiéramos llegado antes, John Archer pudo haberse unido a nuestra causa. Sin embargo, tú todavía no estás listo para esa clase de misiones. Recuerda que todavía estas en lo que podría denominarse como "los rangos bajos", si te enviáramos contra algún esbirro del Rey Bloodliner, hay un 96.39% de que acabes muerto. Y estoy segura que mi Príncipe preferiría evitar que algo malo le ocurra a alguno de sus queridos hermanos.
- Lo sé, y lo comprendo… pero hacer más por mis hermanos. No puedo dejar que un tipo así siga asesinando a "los que no le sirven". – reclamó Rubrum.
- Si eso es lo que quieres, entonces tengo una misión para ti. – La chica puso una mano en la cintura y lo apuntó con la otra. – ¡Fortalécete! Entrena tanto tu Bloodline como a tus Pokémon y vuélvete más fuerte. Vamos a necesitar de tu ayuda para los eventos que se avecinan. El Príncipe necesitará de tu fuerza.
- ¡Entendido! ¡Entonces eso es lo que haré! – Tanto Rubrum como su Glalie parecían tener energías renovadas mientras gritaban a los cuatro vientos. – ¡Seré mucho más fuerte y conseguiré un logro notable! ¡Ganaré alguna Liga o al Alto Mando si es necesario! ¡Seré lo suficientemente fuerte como para ayudar a mi hermano cuando lo necesite!
- Me gusta ese entusiasmo. Aparentemente no eres solamente un entrenador distraído y enérgico. Por eso me agradas, Rubrum. – La chica parecía divertida al ver como el entrenador se sonrojaba por los halagos. – Eres más fácil de tratar que muchos de tus hermanos. Algunos de ellos pueden ser algo… ¿conflictivos? Pero eso no importa ahora, tú sigue fortaleciéndote y mantente leal a la causa. Con tu ayuda, cambiaremos el mundo, a uno donde tú y tus hermanos puedan vivir felices y sin preocupaciones.
Rubrum no dijo nada, solamente asintió con una expresión decidida y leal. Lo que por alguna razón pareció divertirle a la chica.
- Nos vemos, Rubrum. – Le guiñó un ojo. – Que pases una Feliz Navidad.
Tan pronto como apareció, la chica se desvaneció en el aire, dejando a Rubrum solo junto a su Pokémon de Hielo. Se quedaron en silencio por unos minutos, aunque el entrenador lo rompió de la forma más ruidosa posible.
- ¡AHORA SÍ ESTOY MOTIVADO! – Tras gritarlo a los cuatro vientos, acarició a su Glalie y se preparó para continuar su camino. – ¡Andando, Glalie! Tenemos mucho que hacer.
Continúo por el sendero, montando a su Pokémon, aunque ahora estaba de mucho mejor humor. Le alegraba que, después de tanto tiempo, su hermano finalmente comience a tomarlo en cuenta. Rubrum se haría más fuerte para ayudarlo a cumplir su destino.
Y quien sabría, probablemente para la siguiente Navidad ya tuviese una familia junto a la cual celebrar.
VIRORO-KUN
Observando a ese sujeto raro ayudando al niño a aprender lo básico de las capturas, se encontraba un pájaro oscuro de color púrpura que no se parecía a ningún otro Pokémon conocido. Lo miró intensamente, viéndolo desperdiciar su supuesto día de Navidad para hacer feliz a un niño. Él habría considerado eso inútil, tal vez hasta aburrido, pero tras la aventura que acababa de pasar, no podía negar que tenía algo de interés en a dónde iría esa historia.
Por supuesto, era solo para averiguar cómo preparar las cosas para hacer que el futuro del chico fuese miserable, y solo eso. No había en absoluto, categóricamente, ninguna manera de que tuviera interés en el futuro de nadie de manera positive. Quizás si el glitch siguiera repitiéndose lo mismo, finalmente se lo creería.
Afortunadamente para MissingNo, sus pensamientos de alerta se detuvieron al escuchar las palabras más viles y enfermizas jamás concebidas.
- ¡Oh jojojojo, Feliz Navidad!
El ojo del Tipo Pájaro tuvo un tic, y su cabeza se giró a un lado para ver la cara barbada, regordeta y demasiado alegre para su gusto de su archienemigo, sentado junto a él en la misma rama del árbol.
MissingNo atravesó a Santa con un gesto fruncido severo. – Oh, ahora no. Mira que no estoy de humor para una pelea contigo hoy.
- Yo tampoco estoy aquí buscando pelea, mi estimado. – El anciano molestamente feliz volvió a carcajearse una vez más. – Te vi cómo lidiaste con ese "ZZAZZ". ¿Es decir que hay más de nosotros que han salido de la fábrica?
- Así parece. No es que me sorprenda demasiado.
Santa sonrió bajo su barba, uniéndose al glitch con forma de pájaro en observar al Sujeto y Goh en su pequeña sesión de lanzar Pokébolas. – Y bien, ¿ya cambiaste de opinión sobre ellos?
MissingNo gruñó, de verdad, de verdad, que no quería responder a esa pregunta. Pero sabía que el silencio o la denegación rápidamente serían desmantelados, así que el glitch suspiró.
- Me he dado cuenta desde antes que los personajes secundarios pueden ser interesantes. Pero esta es la primera vez que se sienten útiles. – Una breve, casi feliz sonrisa apareció en la cara de MissingNo. – Creo que ya veo por qué los aprecias tanto.
- Oh jojojojo, eso sí que es un milagro de Navidad. MissingNo teniendo un cambio de corazón. –Santa claramente ignoró el gesto fruncido que le devolvió el rostro emplumado de MissingNo antes de sonreírle de nuevo. – Deberíamos celebrarlo de manera apropiada, ¿no estás de acuerdo?
Santa chasqueó sus dedos, y justo después de eso, un regalo envuelto apareció en sus manos, y se lo ofreció al glitch. MissingNo miró el paquete con abyecto horror, dándole al hombre alegre de rojo una mirada asesina y asqueada.
- No, no, no. ¡Ni te atrevas! – dijo MissingNo, tratando de alejar el regalo. Santa rápidamente lo esquivó, solo para volver a presentárselo.
- Pero este año has sido muy buen chico. Y te mereces un regalo por eso.
- ¡Soy maligno! ¡Un ser de caos y destrucción! ¡El heraldo de la miseria y la muerte!
- Y acabas de salvar al mundo. Eso equilibra las cosas lo suficiente para estar en la lista de niños buenos.
Santa rápidamente colocó el regalo en las alas de MissingNo, y se despidió alegremente. – ¡Que disfrutes tu regalo, mi estimado! – le dijo a su archienemigo antes de desaparecer en un chorro de pixeles, sin duda para volver a sus deberes estúpidos de entregar regalos.
MissingNo mantuvo sin cambios su expresión de asco, y más todavía al girarse a ver el regalo que le dieron tan agresivamente. Jugó un poco con la idea de quemarlo hasta las cenizas sin siquiera mirar su contenido, pero no podía negar que tenía un cierto grado de curiosidad a lo que ese bufón risueño le habría dado de "recompensa" por aquella Guerra de Glitches que tuvo que pelear.
Así, desenrolló la cinta, abrió la casa, y se encontró mirando un pequeño diorama que mostraba a varias de sus propias formas, desde su tradicional rectángulo glitcheado, su actual forma de pájaro, e incluso la que estaba basada en los mitos de Sinnoh, o su disfraz de hombre calvo, todos en diferentes poses bastante geniales donde era aplicable. Y junto a él había una nota, que decía: "Para el peor villano del universo."
MissingNo lo miró, parpadeó unas cuantas veces, y luego no pudo evitar reírse, legítimamente divertido por ese pequeño regalo.
- Je. Feliz Navidad, viejo tonto. – dijo con una sonrisa genuina en su pico.
FOX MCCLOUDE
A estas alturas, las fiestas en el restaurante de Pallet House se habían vuelto una ocurrencia muy frecuente. Ash ya estaba acostumbrado, pues siempre que su mamá encontraba un motivo para celebrar lo hacía a lo grande. Y la Navidad no era la excepción.
Sin embargo, antes de eso había otra cosa que tenían que resolver, y era mejor hacerlo rápido, ya que cuando comenzara la fiesta y con todo el revuelo de la celebración con los pueblerinos, no habría mejor oportunidad.
- Iris, ¿de verdad estás segura de esto? – preguntó Ash.
- Completamente. – dijo la chica salvaje. – Si es verdad todo lo que ustedes me contaron sobre esta celebración, entonces debemos guardar todos los recuerdos posibles de ella.
- En eso estoy de acuerdo, pero… ¿es necesario que estemos los cuatro tan cerca? – preguntó Misty.
Hablando estrictamente, lo que estaban haciendo no era muy difícil; después de todo, prácticamente dodo mundo se tomaba fotos para Navidad con su familia y amigos. Algunas eran para las postales, y otras para guardarlas en casa como recuerdo de buenos momentos.
Y era un buen pretexto para que pudiesen presumir los suéteres de lana de Mareep que todos ahora llevaban para la época.
Ash llevaba un suéter rojo con una raya negra dentada en medio, de la cual colgaban tres botones con rostros sonrientes de Bulbasaur, Charmander y Squirtle, el primero con un gorrito a rayas blanco y rojo, el segundo con un gorro de lana verde, y el tercero unas orejeras. El atuendo lo complementaban un gorro de Santa Claus reemplazando su habitual gorra, y la bufanda negra con rayitos azules (y su nombre) que Serena le había regalado por su cumpleaños.
El suéter de Misty tenía varios tonos de azul y blanco, y aunque también tenía un patrón de copos de nieve, estos estaban intercalados con gotas de agua, y a la mitad del pecho destacaba un patrón con forma de Lapras sobre la franja blanca. La pelirroja estaba muy agradecida, pues su familia nunca se molestó en siquiera comprarle uno de esos "suéteres horribles" para Navidad. Le encantó el diseño de este, e hizo una nota de usarlo todos los años en esta época del año.
Anabel tenía uno de los más sencillos: su suéter era simplemente púrpura claro como su cabello, y tenía enfrente un dibujo de un hombre de nieve con sombrero de copa y bufanda púrpura oscuros. A pesar de que en su casa tenía algunos (que le había regalado su tío), no había regresado desde que empezó a viajar con Ash y las otras, así que agradeció que le dieran uno a ella también para evitar tener que hacer ese viaje (aunque pudiera haberse teletransportado hasta allá fácilmente).
Finalmente, Iris había decidido ponerse un suéter de elfo de Santa Claus, el clásico verde con el cinturón negro, y la gorguera roja con cascabeles. Por dentro, Ash admitía que se le veía muy bien, y estaba dividido entre estar agradecido y decepcionado de que la chica salvaje no hubiera elegido algo más provocativo, como un disfraz de Santa Claus en versión femenina que se veía en calendarios.
Con todos sus Pokémon de momento celebrando a su manera particular en el rancho de Oak, esta fiesta iba a ser para humanos, e iba a ser muy especial para todos por diversas razones. Así, luego de tomarse varias fotos, empezando por una de Ash con su madre, luego de Ash con cada una de ellas individualmente, luego de las tres chicas juntas, ahora estaban de pie Ash en el centro rodeado por ellas tres.
- De acuerdo, creo que así están perfectos. – dijo Delia, terminado de encuadrarlos en la cámara. – ¡Ahora sonrían!
Rodeado por las chicas, Ash lamentó tener solo dos manos. Colocó una en la cintura de Misty y la otra en el hombro de Anabel, tratando de resistir la tentación de acercarlas más (si eso fuese posible). Iris por su parte había puesto detrás de él, con una mano en su hombro y la otra alrededor de su espalda.
La verdad, no era tan embarazoso como creyó que sería, y estaba disfrutando del momento.
- ¿Listos? – dijo Delia, antes de presionar el disparador de la cámara.
Y con el flash, la fotografía quedó tomada. Quedaría para siempre como el recuerdo de una de las mejores Navidades que había pasado en toda su vida, y la primera de muchas que resultarían igual de especiales para él, y para todas sus compañeras.
FIN.
Notas de los autores:
CROSS: Hey, Cross aquí. Disculpen la falta de actividad este año, atascos tanto de mi lado como fuera de él. Segundo trabajo surgió durante la segunda mitad del año (...más para incrementar mi currículum que para sobrevivir. Habría cambiado de trabajo si la paga fuese mejor, pero quitarme 4 dólares la hora por menos horas no tiene sentido).
Como sea, hoy les proveí de tres segmentos, y cada uno de ellos se enfoca en un futuro Pokémon de Ash. Y también Chloe. El de ella y Gengar y el de Froakie toman lugar más o menos al mismo tiempo que la escena de Ash, y la de Litten la pondré… bueno, donde sea que Litten termine en la trama. Supongo que lo descubriremos juntos.
Como sea, felices fiestas, ojalá tengamos más capítulos y que la vida sea más interesante en este 2021 que ya viene. Me arriesgaría a adivinar cómo afectarán los aspectos de 2021 pero tras este año… es igual de probable que consiga mi propio lugar y viva por mi cuenta como de seguir por cuestión de honor a mis padres al sur en un hogar de retiro (no confundir con los hogares de retiro para los que necesitan asistencia) si uno de ellos termina lastimándose.
FOX: ¡Feliz Navidad, gente! Bueno, estamos aquí de nuevo, igual que todos los años. Este no fue un año fácil para nadie, pero siempre estamos felices de traerles algo de alegría y entretenimiento para las fiestas. Además, sirve para dar previews de algunas de las historias que tenemos planeadas o que se nos quedaron atascadas o atrasadas.
Y bien, para marcadores de tiempo, mis viñetas protagonizadas por Serena, Duplica, Heavy y Ash y compañía, todas tienen lugar durante el año uno (lo que es decir, antes de la Liga Índigo). La de Sabrina y Tommy tiene lugar durante el año dos, y la de Lucy, Brock y sus hermanos sirve como secuela de la que tuvieron en el primer especial. La de Sir Aaron y Hanako obviamente tiene lugar en el pasado distante, siendo esa su primer encuentro. Por último pero no menos importante, la idea para la viñeta con Ash y sus compañeras viene de un dibujo que nos hizo Acpeters, el artista que nos ha estado haciendo bastante arte oficial de los personajes. Piensen en esa como la foto que se tomaron, y si la quieren ver, pueden encontrarla en su DeviantArt, en el tema de Reset en el foro de Spacebattles, o en la Wiki de Reset Bloodlines. Agradecimiento especial por todo el trabajo que ha hecho por nosotros.
Esperemos que tengamos un mejor año cuando este haya terminado. ¡Felices fiestas y mis mejores deseos para todos en 2021!
BRANDON: Hola a todos y feliz Navidad. En está ocasión me tocó ser quien publicara el especial y estoy bastante feliz por ello. Espero que hayan disfrutado con los distintos fragmentos que los autores del Resetverso trajimos para ustedes.
Un nuevo año está a punto de terminar y... ¡Vaya año! Literalmente pasó de todo. Entre el virus y la cuarentena, fue un año duro para todos; Pero un nuevo año significa un nuevo comienzo y hay que darle la bienvenida. Es en temporadas como esta cuando más necesitamos sonreír, así que yo me comprometo a seguir trayendo historias divertidas, para levantar el ánimo de cualquiera que necesite divertirse.
Sin nada más que decir, excepto por desearles una feliz Navidad, yo me despido hasta mi siguiente aporte.
VIRORO: ¡Felices fiestas a todos! Viroro aquí, y espero que hayan disfrutado lo que les trajimos para esta Navidad. Me disculpo por la baja actividad que tuvo Reset este año, desafortunadamente la vida se ha vuelto algo complicada por aquí debido tanto a la situación en la vida real como problemas personales. Me he divertido bastante con la actual iteración del anime, sin embargo, y tras mucho trabajo finalmente recuperé suficiente de mi motivación para escribir que estaré suficientemente cómodo volviendo a trabajar tanto en mis historias propias como en Reset a buen ritmo a estas alturas.
Sobre mis viñetas, pese a ser solo cuatro, todas me han dejado bastante satisfecho, especialmente la protagonizada por Goh y el Sujeto ya que sentí que un encuentro entre ambos no solo se sentía inevitable viendo que el Sujeto es un maestro de las capturas, sino que podría ayudar a justificar un poco algunos problemas que la gente tiene con Goh (que es un personaje que a líneas generales me está gustando a pesar de sus problemas, y va de camino a convertirse en uno de mis compañeros favoritos actualmente).
La escena de MissingNo fue algo que vine para ofrecer un desenlace cómico a la Guerra de los Glitches, así que si alguien tiene curiosidad de lo que pasó allí, pueden ver el apartado de Fox para leerla si es que no lo han hecho todavía, ¡nos esforzamos mucho por hacer que fuera disfrutable!
No queda mucho más que decir sobre las últimas dos, aunque puedo decir con certeza que disfruto de mantener las escenas de Volkner y Flint divertidas, y aunque quizás no sea un personaje mayor en Reset por razones obvias, disfruto mucho de escribir al ladronzuelo callejero Scorbunny. Tal vez haga algo que los involucre a él y a Goh juntos, en el futuro.
Con todo eso dicho, les deseo que hayan pasado unas lindas fiestas, ¡y les deseo a todos un increíble 2021!
ANDER: ¡Hola a todos! Aquí Ander. Me perdí los tres anteriores especiales porque no se me ocurría ningún corto de tema navideño, pero por suerte este año ha sido distinto. Supongo que tenía ganas de escribir un poco más sobre Viv (a ver si uno de estos días CPL la incluye en la historia principal). Espero que os hayan gustado tanto mis cortos como los de los otros autores. Feliz Navidad, y crucemos los dedos para que el próximo año sea mejor que la pesadilla que ha sido 2020.
