Los Chicos del barrio no me pertenecen, son propiedad de Tom Warburton y Cartoon Network.
No es un adiós
Cuando Fanny conoció a sesenta... ella era enfermera provisional de los chicos del barrio.
Pequeña pero su carácter y talento le hicieron ganar fama entre los KND. Pues todo aquel que era sanado por ella hacia grandes esfuerzos por no volver a lastimarse jamás y no tener que volver a verla. Era ella quien se encargaba de los casos más difíciles, aquellos niños que les temían a las agujas, lloraban, o hacían pataletas sin sentido impidiendo ser curados. Es por eso que cuando cierto día un grupo de cadetes heridos en una emboscada llegó al centro médico, no le sorprendió ser la única sin paciente que atender. Aquellos niños magullados corrían en busca de dulces y cuidadosas enfermeras, ella no era una opción.
Se resignó a completar el papeleo, no fue sino hasta que…
-Necesito un médico -la interceptó un niño en los pasillos- ahora.
Esquivándolo y poniendo los ojos en blanco, ella siguió camino.
-¡Hablo en serio, necesito atención medica en este instante!
-¡Pues tendrás que esperar sentado! Todos están ocupados, por si no lo sabias atienden una emergencia.
-No puede ser -masculló el recién llegado persiguiéndola- no tengo tiempo que perder, necesito un par de vendas o algo. Tengo que volver a mi sector, ahora.
Fanny se detuvo enfadada,
-¿Y porque tendría yo que hacer algo por ti?
-Acaso..¿No es tu trabajo?
Avergonzada y enfadada, se deshizo del papeleo y se puso en la tarea de curar la estúpida herida del estúpido niño que estúpidamente no la dejaba en paz. Esta vez se esforzó por fastidiarlo para así no tener que volver a verlo. Y gritando, quejándose de todo en general, siendo ella misma a la décima potencia. Y en menos de lo que canta un gallo el recién llegado estaba en condiciones de volver a su sector.
Algo muy curioso sucedió en ese momento y a partir de entonces.
-¿Cómo te llamas? –preguntó el niño antes de marcharse. Ella lo miró confundida, exigiendo una explicación, y ahora él era quien ponía sus ojos en blanco- si vuelvo a ser herido, necesitaré una enfermera ¿No? Y al parecer tú siempre estas libre.
¿Volver? ¿El chico pensaba volver? ¡Imposible! Estaba mal de la cabeza. No habría manera…
-Soy Fanny ¡Que no se te olvide!
El niño respondió mezclando sus palabras con una sonrisa burlona:
-Créeme alguien como tú sería...
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. Trasmisión interrumpida.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Capítulo 2: Regreso.
-¿Pecosa?
Estaba de manos y pies atada, sobre un colchón de nieve, impactada por el extraño giro de la situación y siendo sincera consigo misma no le agradaba tener a la ninja inconsciente babeando a centímetros de su cara. Pero sobre todas las cosas estaba furiosa y le respondería como debía, sin importa nada.
-¡Te lo he dicho miles de veces! ¡No me digas así! ¿¡Escuchaste?!
El muchacho sonrió sin mostrar los dientes y se apresuró a liberarla.
-¿Qué haces aquí? –preguntó con su voz algo más gruesa de lo que 86 recordaba. Las manos cubiertas por guantes naranjas deshicieron el nudo en sus manos, ella se encargaría de sus pies.
-No te daré explicaciones estúpidas sesenta estoy segura que el cuartel general se encarga de eso –respondió poniéndose de pie, llena de ira y gozo de volver a verlo cuando más lo necesitaba. Todo a la vez- pero yo tengo alguna cuestiones contigo que con gusto discutiré ¿Porque no me dijiste que serías agente encubierto? Me habría ahorrado trabajo, ¿Sabes cuantas sodas me costó sobornar a Hoagi para que preparase una nave para que escaparas? Odio cuando no me dicen nada.
El muchacho abrió los ojos sorprendido.
-Emm..., claro, si, lo siento mucho –balbuceó- lo tendré en cuenta pecosa.
-No me digas así.
-De acuerdo.
Fanny estiró las piernas sentándose sobre la nieve, empezaba a congelarse y había perdido su último chocolate en la pelea con la adolecente. Se lamentó un poco por llevar insuficiente abrigo pues el frio se filtraba sin recelos por entre sus delgadas ropas, deseó tener la chaqueta y las botas que 60 traía encima. Sus botas…
-¿Y qué haremos ahora con estas personas? –pregunto él rascándose la cabeza observando el panorama- ¿Que se supone que haremos con mi repartidor de periódicos? El tipo me caía bien.
-Tenemos poco tiempo ¿Cuáles son tus órdenes? –indago ella frotando sus manos para conseguir algo de calor, los adolescentes despertarían en cualquier momento. Era hora de ponerse en marcha e idear un plan. Pero Patton no respondió- cuáles son las ordenes de 362 ¿He?
-Pecosa yo…
-No me digas así –repitió - llámame por mi nombre, por mi número.
-Es que yo…pues…
-Sesenta, responde.
Pero el silencio se expandió y duró más de lo que alguno de los dos hubiera deseado, el chico seguía arrodillado frente a los inconscientes, cabizbajo.
La intuición de 86 se puso a trabajar, algo estaba mal. Observo detenidamente al chico, lucia exactamente igual que la última vez que lo había visto: guantes naranjas, su acostumbrada gorra, sus botas….¿Botas? ¿No se suponía que estaba durmiendo bajo miles de mantas? ¿Cómo supo entonces que necesitaba ayuda? ¿De dónde salió?
¿Quién vigilaba a quién?
-Hey Sesenta… ¿Recuerdas cuando nos conocimos? –preguntó mientras con el rabillo del ojo buscaba su arma- recuerdas… ¿Lo que me dijiste ese día?
Una última oportunidad, el muchacho apretó los puños pero no respondió.
-Me dijiste que yo sería….-la pistola de mostaza estaba un metro fuera de su alcance en el mismo lugar en el que la ninja la haba dejado caer, la pregunta seguía flotando en el aire. Solo un salto y lo tendría en sus manos- dijiste que yo sería….¡Imposible de olvidar!
Un movimiento rápido, un giro sobre la espesa nieve, un disparo.
-¡Alto adolescente! –86 sostenía la pistola. Arrodillado frente suyo Patton había tomado al inconsciente Joe como escudo y retrocedía- ¿¡A que estás jugando!? ¿Utilizas de escudo a los de tu mismo equipo?
-¿Cual equipo? Además tú reíste cuándo mi perro lo mordió ¿Quién es peor que quien? –respondió el muchacho ocultado su rostro detrás de del adolecente- no tengo ni idea quien este tipo, creía que era repartidor de periódicos y no me agradan sus amigos disfrazados de Batman. De los cuales… ¡Yo te salve!
-Pues si no sabes quién soy ¿¡Porque rayos lo hiciste!?
Esta vez la respuesta fue rápida y sin titubeos.
-Porque tú eres mi objetivo. Estuviste vigilándome todos estos días no sabía cómo acércame a ti, tenía un plan pero estos tipos aparecieron y lo arruinaron todo.
-Entonces…-analizó la chica- ¿Tú sabias de mi presencia desde el principio?
Había caído en el truco más viejo de la historia, el poner una almohada debajo de las mantas de la cama. Mientras ella vigilaba una distracción patética su verdadero objetivo la observaba a ella. La ira y la confusión, la invadió como tantas veces he hizo varios disparos que fueron a parar sobre el pecho de pobre Joe que ya empezaba a despertar pero con sus disparos sobre él volvió a quedar inconsciente.
-¡Detente de una vez! –le gritó él- solo necesito hablar, ¿Sabes sobre mí? ¿Éramos amigos?
-"Éramos" –86 tomó el radio entre sus manos, acto seguido comenzó a correr en dirección al escondite con forma de muñeco de nieve. Era su única vía escape. Las cosas estaban fuera de control, había roto las reglas. Hablar sin pensar sobre KND con un ex-agente podría ser causa de expulsión inmediata, se maldecía a si misma por ser tan descuidada.
Llevaba medio camino recorrido cuando sintió el peso de su perseguidor encima del suyo, derribándola como aquella vez en la base lunar.
-Escucha no tengo ni idea porqué estas enfada conmigo o que hacías vigilándome –le habló Patton con seriedad- yo… no recuerdo muchas cosas. Lo único que tenía claro era que tenía que hablar contigo para saber, era parte del plan…y…yo ¡escucha!.…yo...
Sus ojos se cerraron de a poco somnoliento, 86 pudo escuchar a la cuadrilla de rescate llegar a lo lejos e identificó el dardo tranquilizante inyectado a la altura de hombro de su atacante. Lo volteó de un empujón. Se puso de pie, y disparó sin titubeos.
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Connor Kurasay
