Los chicos de barrio no me pertenecen, son propiedad de Cartoon Netwok y Tom Warburton.

No es un adiós

Cuando sesenta conoció a Fanny… era él ya un soldado prodigio de primer nivel. "Sacado desde lo más profundo de la tierra"

Patton Drilosky hijo único, estudiante estrella de la mejor escuela militar del estado, un pequeño enclenque diablillo que gozaba de jugarle bromas a sus profesores y planear elaboradas fugas del colegio.

Decían que pasaba más tiempo fuera que horas dormido o comiendo, decían lo que era verdad, pues sin importar cuantas veces fuera lanzado dentro de las fauces de la escuela, sesenta se las ingeniaba para salir por uno de los tantos pasadizos subterráneos que tenía preparado llevándose con él a una tropilla de compañeros a los que solo les bastaba ver el y respirar el aire puro de la libertad aunque sea unos minutos.

Siete años cumplidos y un día como cualquiera el mismo líder supremo, numero cien, lo toma del tobillo y lo arrastra a las instalaciones de KND. Le da un nuevo uniforme, un número y la libertad de usar toda su bravuconería en contra de la tiranía adulta.

¿Entonces?

No fue del todo feliz.

Si bien tenía claro que sus habilidades podían ayudar a todos los niños del mundo y eso le parecía un sueño hecho realidad, él había crecido bajo el régimen de la escuela militar. Hablaba con voz firme y clara, casi gritando cada silaba y no tenía idea de cómo era tratar con alguien diferente a él mismo.

No soportaba tanta inaptitud por parte de sus compañeros. A veces cometía el error de reclamar que trabajaran más rápido o que respondieran a sus preguntas con mayor claridad:

¡No murmures! ¡Mírame a los ojos cuando me hablas! ¡Espalda recta y hombros…!

Muy mala idea. En más de una ocasión se vio sin saber qué hacer cuando frente a él los niños rompían en llanto con sus exigencias.

-¡Tarado, los asustas! –se enojaba número cien tratando de corregirlo y propinándole un buen golpe en la cabeza.

Sesenta mascaba su orgullo herido mientras observaba molesto su alrededor, según el mismo todos allí eran unos lloricas. Todos excepto claro, la niña cabellos de fuego que se paseaba de aquí para allá dando órdenes a diestra y siniestra, quien no parecía inmutarse con su presencia. ¡Lo ignoraba todo el tiempo!

La primera vez que la vio en el centro médico lo único que le llamó la atención fue aquel extraño acento en su voz, que más tarde entendería como irlandés. Le causo tanta risa que desde aquel día y para siempre se le haría difícil apartar la vista de aquella pequeña niña de rostro lleno de pecas en extremo estricta con sus compañeros y respetuosa con el alto rango.

Arrastrado por la curiosidad no tardó en cansarse de solo observar y querer poner a prueba su insolencia contra ella. No funcionó.

¿Acaso él era invisible? ¿No era lo suficientemente bueno para que le dirigiera una mirada? ¿Sería tal vez que ella lo consideraba un llorón?

Sesenta se cansó de intentar chocar con ella por los pasillos para tener al menos la excusa de poder hablarle, se hartó de fingir que no le importaba cuando a pesar de ser el héroe del día ella apartaba la mirada. Un día no pudo más y la confrontó.

-Necesito atención médica en este instante -exclamó sosteniendo un trozo de tela sobre una herida que no era ni un tercio de grave de lo que aparentaba ser. Claro, pues esto era solo una excusa para obtener su atención. Una muy pobre excusa en verdad, pero al menos ya no se echaría para atrás. Insistiría toda una vida si era necesario.

-Soy Fanny…¡Que no se te olvide!.

No, tú no me olvides. Por favor Fanny.

-Transmisión interrumpida-

Capítulo 3: Efecto colateral

-¡Tienes que creerme Rachel! ¡Me estuvo espiando todo ese tiempo escondido en quién sabe dónde!

-Que espeluznante –murmuró 362 persiguiéndola con un vaso con agua entre las manos, a su vez detrás de ella los escoltas 44A y 44B intentaban ayudar- entiendo que fue una misión complicada, pero debes calmarte 86. Podrías solo…solo ¡Parar de una vez!

La pelirroja frenó de golpe, el líder supremo chocó con ella. El agua flotó en el aire y antes de que cayera sobre 362, los gemelos se atravesaron en el camino quedando empapados en su lugar.

-Eww –murmuraron con fastidio los tres esperando al menos una disculpa de su parte, pero 86 se quedó en silencio el tiempo suficiente para hacerle entender a su líder que no hablaría sino hasta que estuvieran a solas. Con solo un movimiento de manos la sala de alto mando en la luna se quedó con solo un par de habitantes.

- Tenías razón, los ninjas irían por él tarde o temprano –dijo Rachel caminando hacia su escritorio e intentando dar inicio a la conversación- no tienes por qué avergonzarte, ellos eran demasiados para ti sola. La patrulla de rescate fue eficiente ¿No lo crees?

-En verdad lo lamento -suspiró 86 con pesadumbre- creí que había sido lo bastante precavida, baje la guardia.

-Para nada. Yo consideraría la misión exitosa por muchas razones.

Fanny se miró los pies inquieta. Luchó por mantener su boca cerrada sabiendo que no le correspondía hacer la pregunta que rondaba en su cabeza, pero no pudo.

-¿Él es agente encubierto? –preguntó con nerviosismo. Su rango como oficial de decomicion y tácticas globales le permitían saber cosas como esas. Solo los líderes supremos y agentes privilegiados podían conservar su memoria.

Rachel la observó con ternura.

-Tú viste lo que yo. Estuviste allí, el perdió la memoria. No hay manera de que pueda recordarte, ni tu nombre, ni tu número, ni siquiera sabe que existencia de esta organización.

-Pero entonces ¿Porque me salvó?

-No todos los adultos y adolescentes son malos. La decomición podrá desaparecer los recuerdos, pero mantiene la personalidad intacta. Conoces a sesenta, sabes cómo era. Simplemente vio a una pobre niña y a tres bravucones molestándola. Fue un buen chico y te ayudó.

-Sí, pero…

-Y creo que fue suficiente con eso, estoy segura que ningún ninja adolecente estará interesado en reclutar a alguien al que le agraden los niños, ha defendido a una agente de KND sin saberlo –Rachel sonrió- ya no corre peligro, vuelve a casa. Misión cumplida.

-Pero…

-Al fin podrás descansar Fanny. Has estado días fuera, en la nieve y alimentándote solo con chocolatines a merced de las ardillas y mapaches.

-Él me dijo…-quiso interrumpirla 86.

-Sin mencionar que está prohibido interactuar con los ex agentes. Si los demás se enteraran estaríamos en problemas, es contra las reglas. Yo accedí pero con la condición de que solo lo vigilarías un par de días. Qué bueno que él no se percatado de nada aun, mientras él menos conozca de esto mejor.

Fanny se mordió la lengua. Recordó a Patton rescatándola y logrando que sin querer que ella le hablara sin pensar sobre la organización. Algo muy parecido a la culpa le llenó el pecho de repente junto con la imagen de un niño de uniforme verde con los brazos cruzados recordándole enfadado: "Estamos aquí para cuidar del líder supremo, no para generar más problemas".

Incluso en el recuerdo 60 seguía siendo una molestia, una muy fastidiosa voz de la razón. Fanny ahogó un grito de frustración, que su superior interpretó como una risa de pura felicidad y una aprobación a una de las cosas que acababa de decir.

-¡Así se habla! –se alegró Rachel- tres días libres para reponer fuerzas. No regreses hasta que hayas tomado una ducha y hayas dormido dos días completos.

Las puertas se abrieron de par en par y 362 llevó a su todavía confundida amiga donde un par de escoltas que la esperaban para transportarla a casa.

-Le asignaré a alguien más el reporte de la misión, tu solo pensaras en relajarte, descansar, dormir…

86 asintió automáticamente.

-Claro, claro. Descansare, dormiré y…

-Te alejaras de Patt.

-Si eso, me alejaré de….

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-¡Patt!

-¡¿Qué quieres mamá?!

-¡Baja de allí y lava los platos sucios!

-¡Estoy ocupado ahora mamá!

-¡¿Que dijiste?!

-¡Dije que….! Ya voy mamita….

Echo un último vistazo a su alrededor, habían pasado tres días desde el incidente con los sujetos vestidos de Batman y la niña del acento raro. Si bien no esperaba volver a verlos por un buen tiempo luego de aquel traumático día, tenía la esperanza de al menos su perro regresara a casa.

El secuestro canino era algo preocupante y todavía dudaba sobre cuál de los dos bandos se lo había llevado, pero lo único que vio fue la nieve caer y amontonarse en los rincones. Nada que reportar.

Se quitó los binoculares, abandonó la manta camuflada que lo cubría, bajó del tejado deslizándose por la ventana a su cuarto y cayendo ruidoso sobre su cama.

Cerró los ojos recordando que todo había iniciado el extraño día en que el chico del yoyo lo acompañó a casa y lo dejó en frente de la puerta de su propio cuarto.

-Adiós jefe –murmuró el chaparro antes de marcharse sin dejar que Patton le preguntara de donde habían venido, quien era él y que rayos quería decir con esa tan repentina despedida.

A partir de entonces se dio cuenta de que su vida era aburrida, de que tenía mucho tiempo libre y que todo a su alrededor le parecía una sucesión de cosas nuevas y conocidas a la vez. Se lo comentó a su madre. Ella le explico que en plenas vacaciones era normal, así como normal era la nevisca allí afuera, demasiado frío como para poder salir a jugar con sus amigos.

¿Amigos? No tenía ni idea.

Ella le habló del niño gordito, del chico del yoyo, de la princesita rubia llamada Sonia y de su novia.

¡Novia! Casi escupe los chicharos que tenía en la boca.

-¿Tengo novia?

-Ho claro hijo mío, la pecosa y tú han estado juntos desde los siete años. Es una niña encantadora, y tú todo un picarón.

-¿¡Quéeeeee!?

Pidió ver fotografías pero estas habían desaparecido como por arte de magia (entre otras cosas). Pasó tardes enteras en la puerta de casa tratando de imaginar rostros, o reconocer a algún vecino. Cada vez con menos angustia, menos ansiedad.

Casi una semana después se dio alegremente por vencido.

Sintió el impulso de reír a carcajadas, en plan; "Esto está súper raro pero no es como si pudiera hacer algo al respecto" De pronto todo le daba igual, ¿Que su cuarto era aburrido? Colocaría algunos posters, dejaría en manos de su madre los pocos juguetes que había encontrado tirados por allí y que ahora le eran un estorbo. ¿Novia y amigos? Aparecerían al terminar la nieve, volverían de sus vacaciones de verano bronceados, empezarían juntos la secundaria y él les contaría en el almuerzo el gracioso día en que había olvidado todo. Todo y nada.

Las cosas hubieran seguido como se suponía que debía suceder para cualquier ex agente a partir de entonces. Pero el día número siete la situación dio un giro inesperado cuando sin querer encontró una pelirroja maldiciendo en voz baja escondida detrás de un muñeco de nieve. Al parecer la chica tenía frio pues daba saltitos de un lado al otro en algún extraño ritual para conseguir calor.

Patton la observó a lo lejos sin pena ni gloria, una intrusa en el patio de su casa. Pensó en buscar la regadera para ahuyentarla de allí con un chorro de agua fría cuanto antes o al menos ese era el plan hasta que vio la pistola entre sus manos.

¡Joder! ¡Tenía un arma!

Se tiró al piso por instinto, rogando que no lo haya visto. La nieve le llenó el rostro, se filtró en su camiseta, fingió estar muerto, fingió ser invisible.

Y a partir ese día todo se volvió un juego de gato y ratón donde Patton observó cada detalle que lo rodeaba fingiendo total desinterés hasta que logró dar con ella. Luego trazó un plan con el cual lograba burlar la vigilancia con trucos cada vez más astutos.

En una ocasión pudo robarle la manzana que ella guardaba en su mochila. La pelirroja se desesperaba buscando la fruta mientras a dos metros detrás de ella Patton camuflado degustaba el jugoso aperitivo casi sin aguantar la risa. Subido a la rama de un árbol, tumbado en el piso más inmóvil que una roca, entre los arbustos, vigilar a su vigía era la cosa más entretenida que había hecho y no pensaba perdérselo.

¿Quién era ella? Tenía que hacerle un par de preguntas, pero no lograba encontrar el modo sin tener que capturarla con una red o algo por el estilo. Le preocupaban las armas que había visto y las que suponía tendría escondidas por allí.

El incidente con los chicos vestidos de Batman le otorgaron la oportunidad perfecta para hacer uso de la poca información que tenía y de lo poco que hasta ahora había solo supuesto. Así fue como se hizo lugar en la escena pateando traseros, salvándole la vida.

La llamó pecosa, tal como le había mencionado su madre y decidió seguirle el juego hasta donde le fue posible. Ella le reconoció enseguida, habló con el como si se conocieran desde hace años, incluso llegaron a discutir como lo haría cualquier par de viejos conocidos.

Lo único que salió mal fue que Patton no pudo recordar.

Abrió los ojos.

Se había quedado dormido y todavía no había lavado los platos, su madre volvería a gritarle. Se dio media vuelta sobre el colchón molesto consigo mismo: "Genio, por esperar tanto te quedaste sin la chica, sin saber nada de nada, y sin perro" "Idiota, idiota, idiota" Las posibilidades de encontrarla eran remotas ahora, sin medios, sin estrategias. Sin algo a que aferrarse más que a una vaga idea, un pedazo de chatarra que ella había olvidado sobre la nieve pero que no podía comprender como funcionaba y con tres días sin novedades, autoproclamó la derrota.

Fue entonces cuando un misil atravesó la ventana.

-¿¡Que!? –alcanzó a gritar antes de lanzarse al piso con ambos brazos sobre la cabeza.

La explosión lo ensordeció, su alrededor tambaleó, una cortina de humo lleno su cuarto y antes de que pudiera hacer algo ella ya estaba en frente.

-Hola Patt~ –saludó la pecosa entrando por el gran boquete en la pared.

¿Entonces?

Él sonrió.

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Connor Kurasay