Pokémon Reset Bloodlines – Especial de Navidad 2021

Escrito colaborativamente por Fox McCloude, Crossoverpairinglover, BRANDON369 y Viroro-kun

Disclaimer: Pokémon y todos sus personajes son propiedad de Satoshi Tajiri y Nintendo. La historia de Reset Bloodlines es propiedad de Crossoverpairinglover, y las viñetas aquí escritas son propiedad de sus respectivos autores. Todos los derechos reservados.


Summary: Y la tradición anual continúa, con más historias de Navidad de la nueva realidad. Desde Kanto hasta Galar, familia, amigos y seres queridos, humanos y Pokémon, celebran cada uno a su manera sus festividades, compartiendo alegrías y tristezas.


FOX MCCLOUDE

Era muy extraño. Desde que Daisy tenía memoria, ella, Violet y Lily estaban acostumbradas a tener lo que querían, cuando querían, y como lo querían, y eso no había cambiado. Entonces, ¿por qué no se sentía feliz?

Oh sí, porque seguían siendo prisioneras. Aunque se pudiera decir que estaban en una jaula de oro, seguía siendo una jaula.

- Dios, o sea, ¿qué hicimos para merecer esto?

Bueno, aparte de forzar a un entrenador novato a una batalla que no podría ganar, solo para ponerle fin a su mala racha y salvarse de su destitución como líderes de gimnasio. Solo querían mantener su estilo de vida, ¿qué tenía eso de malo después de todo?

Viendo el lado positivo, tal vez ahora estarían pasando sus navidades en prisión. Cuando ese "Emisario" apareció en su celda y les ofreció sacarlas de allí, aceptaron sin rechistar, no importando que cualquier sujeto capaz de teletransportarse y oculto en una siniestra capucha no debía ser de fiar.

Al principio parecía un excelente trato: podían tener todo lo que quisieran, solo a cambio de acostarse con un montón de chicos atractivos. Al cabo de unos meses, sin embargo, les dijeron que al parecer no servían para el "propósito" para el que las habían traído. Daisy no era muy lista, pero entendió perfectamente que sólo buscaban procrear con ellas, y que de alguna manera todas esas cirugías cosméticas que se hicieron tuvieron algo que ver con los "problemas de fertilidad" que estaban experimentando.

Siendo así, lo lógico sería que las dejaran ir, pero al parecer, habían decidido que podían ser útiles "de otras maneras", lo que fuera que eso significara. La forma en cómo se los dijeron les dio escalofríos.

- ¡Oigan, Daisy, Violet, miren esto!

La llamada fue de Lily, que en ese momento estaba frente a la computadora de su habitación. Al menos les permitían eso para tener algo de contacto con el mundo exterior, si bien vigilándoles de cerca para que no se les ocurriese pedir ayuda. De nuevo, ni siquiera sabían dónde estaban, así que no serviría de nada de todos modos. Pero al menos no se morirían por aburrimiento.

- ¿Qué pasa, Lily? – preguntó Violet. – Más vale que esto sea bueno, digo, estaba tratando de tener algo de sueño de belleza aquí.

- Miren a quién encontré mientras fisgoneaba por las redes sociales.

Daisy y Violet miraron la pantalla. Era una página de Facebook, y había una publicación reciente de fotos de Navidad. Nada especial, hasta que vieron el nombre: Ash Ketchum de Pueblo Paleta. El chico que no tuvo la decencia de dejarse ganar como un buen novato para que ellas no se metieran en problemas.

Pero pronto la rubia se dio cuenta que no era de él de quien hablaba su hermana pelirrosa, sino de alguien más que lo acompañaba en varias de las fotos de dicha publicación.

- Esa no es… ¿Misty?

Efectivamente, ese fenómeno de hermana menor suya, se encontraba en varias de dichas fotos con el chico, además de otras dos chicas, una morena de pelo púrpura oscuro, y otra bajita y pálida de pelo lavanda. Todos llevaban unos suéteres navideños horribles y pasados de moda. ¿Quién en su sano juicio se pondría algo como eso?

- ¿Qué diablos está haciendo allí con él? ¿Estarán, o sea, saliendo o algo? – preguntó Violet.

- Ahora que lo pienso, ¿tal vez ya estaban juntos y ella lo mandó al gimnasio para vengarse de nosotras? – ofreció Lily.

- Qué tontería. – dijo Daisy, sabiendo que era improbable, por no decir imposible. – Aunque… parece verse algo diferente ahora.

Sus dos hermanas la miraron, aparentemente extrañadas por su comentario. Procedió a explicar que hablaba obviamente de su apariencia; aparte de su pésimo sentido de la moda al ponerse ese suéter navideño, también que se había soltado el cabello y se lo había dejado crecer, y usaba un pendiente en la oreja. Eso parecía impensable, ya que nunca pareció importarle mucho su aspecto, a diferencia de ellas tres.

- Pero aparte de eso… parece estar feliz allí. – concluyó.

Las tres hermanas volvieron a mirar las fotos. En efecto, en todas ellas, Misty se veía inusualmente alegre, sonriendo ampliamente y divirtiéndose de lo lindo. Especialmente en las fotos donde estaba con el chico, así que quizás él tuviera algo que ver en ello. Por lo que sabía, tal vez hasta ya fuesen novios; el chico tenía buena apariencia y era cercano a su edad después de todo. Al menos no podían decir que tenía mal gusto.

Daisy sintió algo en el pecho que no pudo describir. Algo que le incomodaba, de ver a su hermana menor tan feliz. Como si se estuviese burlando de ellas, de su actual infortunio, restregándoles en la cara mientras ella gozaba de su libertad con su nuevo novio.

No, ¿a quién quería engañar? En realidad, por dentro se sentía celosa, de verla disfrutar de sus Navidades libre y feliz, mientras ellas estaban allí encerradas. ¿Era esto lo que algunos llamaban el karma?

- Sí, tal vez le haya pedido a su novio publicar esas fotos solo para molestarnos. – comentó Violet.

- Es cierto, ¡qué presumida! – dijo Lily. – ¡Ella allá disfrutando de sus Navidades, y nosotras aquí encerradas!

- ¡Urgh, cuando salgamos de aquí, le voy a decir algunas cosas! – agregó Violet.

- Ay, cállense las dos, ¿quieren? – las interrumpió Daisy, sintiéndose enferma por lo que decían. – Ella no tiene la culpa de lo que nos pasó, y de todas maneras no tiene forma de saber. Y aunque lo supiera… ¿quién la culparía si no le importa, luego de como la tratamos?

Sus dos hermanas menores le lanzaron una mirada y abrieron la boca para protestar, pero terminaron quedándose calladas. Incluso, ella misma estaba sorprendida de lo que acababa de decir, aunque fuese algo que ya sabía desde hacía años.

Admitiéndolo, la única razón por la cual despreciaban a Misty era porque… porque sus padres les habían metido en la cabeza que ella no era más que un estorbo que no merecía ser parte de la familia. Años después entendieron que se debió a que fue una niña no planeada, y hasta se sintieron tentados a abortarla para no lidiar con ella. De niñas no entendieron las implicaciones, pero ya de mayores… les enfermaba que hubieran siquiera considerado algo así.

En el fondo, ellas no creían que Misty mereciera que la trataran así, como una sirvienta en lugar de una hija. Pero el miedo a que sus padres les retirasen sus privilegios o empezaran a tratarlas igual siempre las dominó, y por eso les siguieron la corriente. La culpa de todo era de ellos por malcriarlas de ese modo.

- "No, ¿a quién engaño?" – pensó. – "No es culpa de ellos. Después de todo, seguimos tratándola igual luego de que ellos ya no estaban."

Así era. Las cosas solo empeoraron cuando Misty reveló que era "especial". Ellas en realidad le tenían algo de envidia por sus poderes de Bloodliner, pensaban que era algo genial que pudiese respirar bajo el agua y comunicarse con sus Pokémon entendiendo lo que decían, algo que ninguna de ellas podría hacer. Pero sus padres les metieron en la cabeza que ella solo era un "fenómeno", aparte de que había una histeria colectiva por los Bloodliners y cualquiera que confraternizara con ellos se volvía rápidamente un paria. Para cuando murieron esa idea estaba tan arraigada que no supieron cómo sacársela y tratarla mejor. Terminaron creyéndoselo luego de tantos años.

Incluso, aunque no estaban obligadas a hacerlo, la echaron del gimnasio solo por "respetar" los deseos de sus padres al morir, que no querían que ella fuese la líder de ninguna manera. Lo cual, en retrospectiva, tenía poco sentido, pues como entrenadora demostró tener más talento que todas ellas combinadas.

- Creen que si… le pedimos ayuda, ¿ella vendrá por nosotras? – preguntó Violet.

- Ni se te ocurra. – dijo Daisy. – Acuérdate que nos vigilan, y de todos modos, ni siquiera nosotras sabemos dónde estamos.

- Cierto. No le arruinemos otra Navidad. – concluyó Lily.

Sí, esta era la primera vez que la veían sonreír en Navidad. Rodeada de gente que la quería, a diferencia de ellas, que no hicieron nada en absoluto cuando sus padres la echaban fuera de casa para las fiestas que hacían.

Ellas nunca habían tratado a Misty como parte de su familia. Si había encontrado una nueva, mejor dejarle que fuese feliz con esas personas.


VIRORO-KUN

Silver exhaló, paseándose por la nieve fuera de su enorme casa en Ciudad Viridian. Una vez más, su padre fue incapaz de estar allí para las fiestas. Incluso el hecho de que su cumpleaños caía el mismo día de Nochebuena no hacía que su padre estuviera más dispuesto a apartar algo de tiempo para él.

El niño de seis años sabía por qué, por supuesto. El negocio familiar era importante, fuese lo que fuese. Pero el que le repitieran eso constantemente le hacía cuestionarse realmente cuánto le importaba a su padre. Apenas sí podía verlo algunos días, así como estaban, siempre prometiendo que pasarían más tiempo juntos cuando fuese mayor. Él quería creerle, pero podría simplemente haber sido otra mentira de adultos. Sus padres eran muy buenos en eso, después de todo, como las veces que le decían que llegarían a casa temprano solo para no aparecerse al final del día. Le hacía preguntarse si alguna vez apartaban tiempo para pensar en él.

El chico miró hacia las nubes sobre él, frunciendo el cejo a los cielos. A veces, deseaba que un pájaro gigante apareciera y se lo llevara lejos, muy lejos de esa vida donde nadie quería estar con él. Tal vez, de esa manera su familia finalmente demostraría algo de preocupación.

Sacudió su cabeza, suspirando para sí mismo. Sabía que era egoísta, pero seguía sin poder quitarse de encima ese pensamiento, esperando que algo, cualquier cosa, le demostrara que se equivocaba.

No sucedió nada, y empezó a patear la nieve, con el cejo fruncido mientras bajaba la mirada. Igual que todos los años en Nochebuena.

- ¡Sneasel snee! – vino de pronto un grito, captando la atención del chico. Volteando hacia el horizonte, alcanzó a ver un borrón negro corriendo por los campos nevados, rápidamente tomando la forma de su Sneasel, el único Pokémon que sus padres le habían dado por compañía. Silver sonrió.

- ¿Dónde has estado, Sneasel? – le preguntó, ladeando la cabeza con curiosidad. El Pokémon tipo Hielo y Oscuro había estado yendo de ida y vuelta desde hacía unos cuantos días, y a pesar de sus intentos, el chico todavía seguía sin entender lo que su amigo estaba haciendo.

El ágil Pokémon no perdió tiempo diciendo nada, simplemente le hizo un gesto para que lo siguiera y echó a correr por la misma dirección por donde vino. – ¡Snee sneasel snee!

- ¡Hey, espera! ¡No corras antes de que yo esté listo! – gritó Silver, corriendo detrás de su Pokémon. Esta no era la primera vez que jugaban a este juego, pero sí era la primera vez que se veía tan entusiasmado.

- ¡Snesnesnesneh! – se carcajeaba Sneasel, solo corriendo más rápido mientras él le devolvía la sonrisa al chico. Silver hizo lo propio, aceptando el reto.

- ¡Oh, ahora sí ya la hiciste! – le gritó, usando toda su energía en igualar la velocidad de su compañero.

Le llevó toda su tenacidad para apenas acortar alguna distancia, perdiendo de vista el lugar hacia donde iban mientras su entorno se volvía una mancha. Le sonrió a su Pokémon, y Sneasel le devolvió el gesto; no había nada de mala sangre, solo un deseo de demostrarle al otro quién era el mejor. Y en ese momento, era lo único que importaba.

Después de una carrera que se sintió eterna, Silver finalmente saltó y tacleó a Sneasel al suelo, haciendo que los cuerpos de ambos rodaran en la nieve, hasta que detenerse cerca de la entrada de una cueva.

- ¡Y te atrapé! ¡Yo gano de nuevo! – gritó Silver victorioso, abrazando a su amigo y haciéndolos levantar a ambos. Sneasel hizo un pequeño puchero, pero la sonrisa que mostró luego dejó claro que no había mala intención.

Mientras el niño y el Pokémon finalmente se separaban, sin embargo, Silver se dio cuenta de dónde se encontraban. Habían corrido una larga distancia, y ahora estaban frente a una enorme, pero todavía bien oculta abertura en la roca. Era bastante notable, pero aun así Silver no se había percatado de que estaba en su propiedad. Su curiosidad se elevó, y entonces miró a su mejor amigo.

- Sneasel, ¿qué es este lugar? – preguntó. Sneasel parecía esperarse eso, ya que de manera muy teatral se puso una mano sobre el corazón y extendió la otra hacia adelante.

- ¡Sneasel snesne sneasel! – declaró el Pokémon de garras filosas, extendiendo dichas garras frente a Silver.

El chico parpadeó, conectando los puntos. – Tú… ¿cavaste todo esto?

- ¡Snee! – Sneasel asintió con firmeza, colocándose las manos en la cintura. El rostro de Silver se iluminó, observando de nuevo la pequeña cueva. Era difícil de creer que fuese obra de un solo Pokémon en apenas unos cuantos días, pero eso solo aumentó la excitación de Silver.

- ¡Es genial! – El chico apretó sus puños, sonriéndole al Pokémon de tipo Hielo y Oscuro. – Esta puede ser nuestra base secreta. ¡Aquí podemos divertirnos lejos de esos aburridos adultos!

- ¡Sneasel snee! – Sneasel también alzó su propio puño, chocándolo con el de Silver para sellar el pacto entre ambos. Ese sería su escondite, donde podrían hacer lo que quisieran.

Y en medio de esa felicidad compartida, los pensamientos de Silver sobre sus padres desaparecieron en las profundidades de su mente. Siempre tendría a Sneasel consigo, y eso era suficiente para él.


BRANDON369

Una noche más había patrullado Ciudad Nimbasa, y una noche más volvía victorioso a su casa. El inmejorable superhéroe, Jimmy Ray, se había asegurado de que las calles estuviesen seguras durante la época navideña. Sus villanos ya estaban bajo control y ahora planeaba tomar un merecido descanso. Sentarse en su sofá, rodeado por sus fieles compañeros Patrats, y ver algunos especiales navideños en televisión.

Poco sospechaba que había cierta sorpresa esperándolo en casa…

- ¿Muchachos? – preguntó al entrar a su casa, siendo recibido por uno de sus Patrat, quien saltó a sus brazos y le susurró algo preocupante. – ¿A qué te refieres, Número 21?

Gracias a su incomparable habilidad para hablar con los Patrats, pudo entender a la perfección lo que su compañero intentaba alertarle y de inmediato se puso en guardia, pues no era el único que se encontraba en casa.

- El "Inmejorable Jimmy Ray". ¿Te crees el único con Patrats del más alto porcentaje?

Quien se volteó a hablarle no era otro que un misterioso joven, vestido de naranja y con los clásicos pantaloncillos cortos, además de llevar una gorra deportiva que no le dejaba ver bien su rostro. ¿Quién era este misterioso personaje? ¿Acaso era el inicio de una aventura para el vigilante de Ciudad Nimbasa?

- Señor Ray, usted forma parte de un grupo mucho más grande… Solo que aún no lo sabe. – añadió el joven con un tono de misterio.

- ¿Quién eres tú? – exigió el superhéroe, preparado para entrar en acción en caso de que la situación se tornase peligrosa.

- Me llaman James Jacobo, el de la Ruta 2. – respondió el chico. – Soy el representante de la Asociación de Apreciación a los Roedores Pokémon Comunes en la Región Unova.

El maravilloso Jimmy Ray se quedó en silencio, nunca antes había escuchado de una asociación como esta, pero el nombre era tan largo que parecía algo importante. Al ver que no respondía, el niño decidió continuar:

- La asociación te necesita, Jimmy Ray. Necesito tu ayuda para mostrarle a la gente lo geniales que pueden ser los Pokémon comunes.

- ¿Qué tengo que hacer? – preguntó el superhéroe, decidido a enfrentarse a cualquier peligro para ayudar a quienes lo necesitan.

Ambos se vieron con seriedad por unos segundos, con sus Patrat expectantes de lo que podría ocurrir a continuación…

Fue entonces que el chico se dejó caer de rodillas e inclinó su cabeza contra el suelo, y de forma un tanto tímida, les hizo su petición.

- ¿Cree que pueda asistir a nuestro evento navideño? Vamos a entregarle unos Patrat a los nuevos entrenadores y nos serviría bastante su presencia. Prometí que llevaría algún invitado especial y con eso de que usted es popular entre los niños…

- ¡Oh! Por supuesto, siempre pueden contar con el gran Jimmy Ray. – respondió alegremente el superhéroe.

- ¡¿En serio?! – El chico alzó la cabeza, solo para bajarla de nuevo casi de inmediato. – ¡Gracias! Estaba muy nervioso, no sabía si aceptaría.

El muchacho se puso de pie y muy entusiasmado procedió a darle los detalles acerca de su reunión y hablaba acerca de la iniciativa de su organización. Nuevamente, el poderoso Jimmy Ray estaba satisfecho, pues cumpliría con sus labores de súper héroe y conocería a los muchos fanáticos que tenía por la región.

Ya estaba preparado para una situación como esta, había entrenado a quince de sus Patrat para que firmen autógrafos; así que ya podía imaginarse las sonrisas de los muchos niños que sin duda lo admiraban…

Quizá Santa Claus no era el único que podía repartir felicidad el día de Navidad.


FOX MCCLOUDE

Después de haber dejado el Pokémon Tech, se había dicho a sí mismo que no regresaría. No era que tuviese muchos motivos para hacerlo; la mayor parte de sus recuerdos de esa escuela estaban asociados a ser el último de su clase, el que todos le pasaban por encima porque no estaba a la altura de la Generación Dorada.

Por eso decidió marcharse, y convertirse en entrenador de la manera "tradicional". Tal vez le llevaría algo de tiempo, y su inicio había sido un poco lento, pero estaba empezando a ver resultados que jamás obtuvo en el salón de clases. Y se sentía feliz por ello.

De hecho, había una sola persona que lo habría hecho regresar, y no estaría aquí ahora de no ser porque ella lo había invitado para que fuese su cita en el baile de Navidad. Sobraba decir que estaba muy sorprendido cuando ella lo llamó la otra noche para pedírselo, e incluso le dijo que siempre había gustado de él, pese a que nunca se lo dijo.

- Oh, llegas muy puntual, Joe. Eso me alegra.

Se giró al instante al escuchar su voz, y necesitó un par de segundos para poder recuperar su aliento una vez procesada la imagen frente a sus ojos.

Giselle era considerada casi de manera unánime la chica más linda en toda la escuela, y por buenas razones, pero Joe rara vez la había visto en otra ropa que no fuese su uniforme escolar. Por eso, verla ataviada con ese elegante vestido rosa oscuro, con sandalias altas a juego, una chaqueta de abrigo blanca y su cabello recogido en una coleta alta… casi parecía una persona totalmente diferente.

- Wow… estás… muy hermosa hoy, Giselle. – le dijo cuando finalmente recuperó el habla.

- Gracias. – Ella se le acercó con una gran sonrisa, y Joe pudo notar que ella también lo miraba de pies a cabeza. – Tú también luces muy guapo hoy.

Joe sabía que la fiesta de Navidad del instituto requería vestimenta formal, así que se había puesto un esmoquin sencillo pero elegante, aunque fuese solo para no hacer quedar mal a Giselle. Dicho eso, le alegró recibir ese cumplido de su parte, y le alivió un poco el miedo remanente a que todo esto fuese alguna clase de broma.

- Entonces, ¿entramos? – preguntó ella, mientras lo tomaba del brazo de manera coqueta.

Algo nervioso, él asintió, y los dos ingresaron al edificio principal del instituto, donde ya había comenzado la fiesta de Navidad. Todo el espacio del salón principal había sido despejado, y decorado para la época de luces, árboles de Navidad y demás. Los estudiantes conversaban, bailaban y algunos hasta ya estaban intercambiando regalos o tratando de pillar a otros bajo el muérdago.

A pesar de los nervios, sintió que debía hablar con ella de algo. Afortunadamente, tenía en su mente algo para sacarle.

- Te vi en el Torneo de Fuchsia por televisión.

- ¿Oh, de verdad? – dijo ella. – Qué pena, que me hayas visto perder de esa forma tan vergonzosa.

- Para nada. Lo hiciste bien, especialmente con ese compañero que te tocó. – dijo Joe.

- Si tú lo dices. Aunque, supongo que fue bueno ganar algo de experiencia en competencias reales. Me servirá de calentamiento para la Liga Índigo.

Joe no pudo evitar sonreír. Le alegraba verla tan animada por la competencia. Era una lástima que en el tiempo que quedaba antes del torneo no le bastaría para reunir sus ocho medallas para participar. Su plan era tratar de desafiar los gimnasios más fuertes de Kanto, que estaban algo apartados entre sí, por lo que tendría que esperar hasta el próximo año.

- Pero no hablemos de eso ahora. ¿Qué tal si bailamos o comemos algo? Es Nochebuena y quiero pasar un buen rato con el chico que me gusta.

- Como digas. Por cierto, casi se me olvida, tengo algo para ti.

Empezó a buscar entre su chaqueta, sacando una cajita envuelta para regalo. Su padre le aconsejó que era mejor llevarle algo, y aunque tuvo que correr de tienda en tienda antes de que cerraran, finalmente dio con algo que estaba seguro de que a ella le gustaría.

Giselle parecía sorprendida, pero al poco rato sonrió y empezó a registrar su bolso, sacando también un regalo para él.

- Qué coincidencia, yo también te compré algo.

En ese momento, Joe alcanzó a notar que algunos de sus excompañeros de clase lo estaban observando, con una mezcla de envidia y rabia probablemente por verlo tan cerca de Giselle e intercambiando regalos tan temprano. Pero no le importó en lo más mínimo.

Si ella le había comprado también un regalo, lo menos que podía hacer era asegurarse de darle el mejor baile de Navidad de su vida.


VIRORO-KUN

Hareta echó a correr hacia adelante con decisión, con los pies pisoteando la grama mientras sus amigos Aipoms trataban de seguirle el paso saltando de una rama a la otra. Eso hizo sonreír al chico, pues por más que lo intentaban, siempre terminaría siendo más rápido que ellos. Verlos a punto de alcanzarlo le dio el impulso para correr más, y antes de darse cuenta, habían vuelto a la zona boscosa donde habían iniciado, deslizándose para frenar con una sonrisa triunfante.

- Anf... anf... ¡volví a ganar! – gritó el chico, alzando ambas manos con júbilo mientras les sonreía a sus Pokémon. Los Pokémon de cola larga aterrizaron junto a él, a pocos segundos de reclamar la victoria para ellos, y todos haciéndole pucheros al humano.

- ¡Aipompom! – gritaron al unísono, señalando a Hareta en un tono acusador. El niño gruñó en respuesta.

- Vamos, fue una carrera justa. – Su tono rápidamente cambió y les sonrió, apretando sus puños con energía. – Pero si quieren una revancha, siempre estoy dispuesto a... aaa... ¡aaachuu!

Su repentino estornudo asustó a todos los Pokémon púrpuras, y el chico inmediatamente se abrazó los brazos temblando un poco. Ahora que se había dejado de mover, podía sentir el frío sobre su piel expuesta. Y si podía sentirlo, eso solo significaba una cosa.

- El invierno ya llegó, ¿eh? – Cruzó los brazos mientras se frotaba, girando la cabeza a su alrededor. – Supongo que papá tampoco vendrá para Navidad este año.

No era la primera vez que su papá desaparecía por meses, pero este era el período más largo que lo había dejado con sus Pokémon en el bosque. Eso le hacía preguntarse a Hareta qué podría estar haciendo, y qué aventura podría estarlo manteniendo lejos esta vez.

- Ai... – El llamado atrajo la atención de Hareta de vuelta a sus miembros más pequeños de la familia, todos los cuales lo veían con preocupación. Eso hizo que el chico les devolviera una sonrisa, aliviando sus preocupaciones.

- Oh, no es que me sienta mal. Papá volverá con algo genial, estoy seguro. – Estiró los brazos, recuperando un poco del calor mientras miraba a su alrededor. – Ahora, ¿por qué no hacemos algo para celebrar? Ya saben que él no querría que nos deprimamos.

- ¡Aipom! ¡Aiai! – gritaron todos los Pokémon púrpuras, chocando sus manos de cola sobre sus pequeños pechos y preparándose para seguir el plan del chico.

La sonrisa de Hareta se ensanchó. – Todo mundo reúnase. ¡Tenemos que encontrar un buen árbol para decorarlo juntos!

Todos estuvieron de acuerdo, dirigiéndose a buscar al resto de los Pokémon del bosque para prepararse para las próximas festividades. Con el poco tiempo que pasaba entre otros humanos, Hareta realmente no recordaba mucho de lo que se suponía que fuese la Navidad, pero sí recordaba que se suponía que fuese sobre repartir alegría con la gente que le importaba, y eso era algo que su familia tenía de sobra, con o sin su papá.

Así, todos trabajaron como uno solo, listos para celebrar las fiestas de una manera que fuese solo suya.


BRANDON369

El espíritu navideño estaba presente en la cálida y tropical Isla Cinnabar. Como ya era su costumbre para estas fechas, Blaine y sus Pokémon se encontraban decorando su gimnasio y preparándolo todo para celebrar la Navidad. Era su fiesta favorita, después de todo.

Pokémon de fuego corrían por todo el gimnasio, decorando el lugar. Había cerrado su gimnasio temprano (decepcionando a un par de retadores) para dejarlo todo listo y hasta se había puesto a cocinar la mejor cena navideña que pudo. Le estaba poniendo mucho empeño y no era para menos, pues la Navidad era una época para unir a las familias y traer alegría en el ambiente… Y honestamente, eso último era lo que más buscaba conseguir, pues sabía que esa pequeña necesitaba un poco de alegría, ahora más que nunca.

-P repárenlo todo, amigos. – les ordenó a sus Pokémon. – Iré a buscarla y le daremos la una Navidad inolvidable.

Sus Pokémon asintieron y continuaron decorando todo el ambiente, mientras él salía de la casa y se dirigía a las ruinas de su vieja Mansión Pokémon. El Líder de Gimnasio buscaba a su pequeña nieta, pues sabía que siempre se refugiaba allí cuando algo la ponía inquieta, triste o enojada.

Cuando entró y subió un par de pisos, supo que no se había equivocado. Ahí estaba ella, su pequeña nieta Alish de tan solo seis años de edad, sentada en un rincón, en posición fetal y por sus ojos era evidente que había estado llorando hasta hace poco. Blaine intentó acercarse a ella, pero de inmediato se dio cuenta de que la temperatura en la habitación estaba demasiado caliente y que la pequeña niña tenía su piel mucho más rojiza de lo habitual.

- Ali…– Llamó su atención. – ¿Te encuentras bien?

- Ahora no, abuelito. Quiero estar sola. – le contestó ella y la temperatura a su alrededor comenzó a incrementarse mucho más.

- Vamos, pequeña. Tranquilízate un poco, otra vez estás soltando tu calor. – le dijo el anciano, aunque pareció tener el efecto contrario.

- ¡No puedo controlar esto, abuelo! ¡No sé cómo pararlo! – Gritó la niña entre lágrimas, con su temperatura en aumento. – ¡Quemo todo lo que toco! Seguramente lo voy a destruir todo, otra vez…

- Ali, ya te lo dije muchas y quiero que quedé claro: Tú no tuviste nada que ver con aquel incendio, deja de culparte. – Dijo con un tono firme, aunque ella no parecía convencida, pues continuaba llorando y su temperatura había llegado al punto en que incluso sus lágrimas se evaporaban al contacto con su piel.

En verdad que le dolía verla así. Su pequeña nieta que siempre jugaba con sus Pokémon y había traído alegría a su vida, verla en este estado era simplemente devastador. Ya había pasado un par de meses desde que habían descubierto su verdadera naturaleza como una Bloodliner Corazón de Fuego, pero la noticia todavía le era difícil de procesar.

Había estado muy deprimida desde entonces, simplemente ya no era la misma. Recordó aquel incendio misterioso en el que murieron sus padres, del cual solamente ella había sobrevivido. Entró en pánico, estaba convencida de que ella fue la que provocó aquel incendio y Blaine no sabía qué hacer para convencerla de que eso era imposible. El poco control que mostraba sobre su temperatura no ayudaba mucho, era demasiado poder para una niña tan pequeña y no podía controlarse. Ya había quemado muchos de sus juguetes o sus prendas de vestir, y estaba realmente asustada.

-Ali, deja de pensar en eso, ¿sí? Es Navidad, solo tranquilízate y vamos a casa, seguro que Santa te dejó muchos regalos. – Dijo intentando animarla, aunque ella no dejaba de llorar.

- ¡No me va traer regalos! ¡Soy una niña mala! ¡Solo soy fuego destructivo!

- Eso no es cierto, no eres destructiva, Ali. Tú…

- Entonces respóndeme, abuelito. – interrumpió ella. – ¿Dime por qué? ¿Por qué yo salí con vida y ellos no?

Al ver a su pequeña nieta, derramando lágrimas desconsoladamente, mientras formulaba una pregunta como esa, a Blaine se le partió el corazón. No tenía una respuesta concreta para esa pregunta, así que decidió actuar, aunque sea de forma impulsiva. Se acercó a ella, sin importarle el insoportable calor que se generaba a su alrededor y la tomó por sorpresa con un cálido abrazo. Su nieta quedó en shock por unos segundos, pero entonces reaccionó dándose cuenta de un detalle.

- ¡Abuelito! ¡No! ¡Tienes que soltarme! ¡Te vas a quemar si me tocas! – le advirtió realmente preocupada.

- Nada de eso, Alish. Tú eres una buena niña, estoy convencido de que nunca me lastimarías. – dijo sin soltarla, abrazándola incluso más fuerte que antes.

No podía negar que Alish estaba ardiendo, casi como si estuviera tocando un caldero hirviente, pero hizo caso omiso del dolor, sabiendo que importaba poco si lograba aplacar el sufrimiento de Alish.

- ¿Lo ves, Ali? Es tal y como te dije, eres muy amable como para quemar a otros, es imposible que hayas podido provocar ese incendio.

La niña no respondió, simplemente lo observó con ojos llorosos y comenzó a abrazarlo con fuerza.

- ¿Sabes, Ali? El fuego no necesariamente es destructivo, no me hubiera especializado en este tipo si solo fuera destrucción.

- ¿Entonces? – Preguntó confundida.

- El fuego también puede ser vida. – Respondió el anciano. – El fuego actúa en equilibrio con la naturaleza como el origen de la vida. Tiene un rol natural que trae muchos beneficios para la naturaleza de nuestro mundo. Quizá es cierto que tú eres fuego, Ali, pero no eres una destructora, sino todo lo contrario, tu calidez llena de vida a todos los que te rodean. Es por eso que saliste con vida de aquel incidente, es el último regalo que tu madre te dejó para salvarte.

- ¿Un regalo de mi mamá? – La niña suspiró. – Ya casi no puedo recordar a mi mamá, en verdad la extraño…

- Yakimono vive dentro de ti, Alish, siempre te está cuidando. – explicó el anciano mientras le acariciaba el cabello. – Esta Bloodline que desarrollaste no es más que una "línea de sangre", la misma sangre que heredaste de tus padres. No te asustes de tus poderes, Ali, pues fueron ellos mismos quienes te los otorgaron, para protegerte. Es su legado para mantenerte a salvo, por eso es que pudiste sobrevivir a aquel incendio.

- ¿De verdad lo crees, abuelito?

- Ellos te querían demasiado, incluso ahora todavía siguen cuidando de ti. Eres una niña afortunada, Ali.

Por fin, una sonrisa tímida se formó en el rostro de su pequeña nieta, quien lo abrazó una vez más y se disculpó por haber hecho un berrinche. Blaine la consoló y la cargó sobre sus hombros, llevándola en caballito hasta su casa, contándole algunas anécdotas sobre su madre y prometiéndole que le enseñaría a preparar esas galletas navideñas que tanto le gustaban.

Bloodliner o no, esa niña era el mayor regalo que el anciano había recibido y no quería volver a verla triste. Celebrarían juntos aquella Navidad y Blaine se encargaría de darle todo el cariño y amor que su madre ya no podría darle. Le esperaba un gran futuro por delante y el Líder de Gimnasio estaba seguro que, donde sea que estuviera, Yakimono se sentiría orgullosa por el cálido corazón de su hija.


FOX MCCLOUDE

A medida que se acercaba Navidad, la gente corría de un lado a otro buscando las mejores ofertas en regalos, decoraciones, e ingredientes para sus cenas. Aquellos que estaban en lugares altos podían evitarse las multitudes y usar sus conexiones para conseguir lo que necesitaban.

Latoya Parker no era una de esas personas. Podría haber dependido de las conexiones de su papá en su compañía para conseguir lo que necesitaban para Navidad, pero a ella le gustaba más ir a comprar como todos los demás. También de cierto modo era más emocionante correr para conseguir el último pastel en el estante, y la satisfacción de agarrarlo primero en el último momento no tenía precio.

- ¿Hmm? – Al momento de poner el paquete en su carrito de compras, tuvo la extraña sensación de ser observada. Le pareció ver a alguien escondiéndose detrás de uno de los pasillos lejanos, pero decidió no darle importancia de momento.

Teniendo todo lo que necesitaba, se dirigió a la caja registradora. Sacó la tarjeta de su bolso para pagar rápidamente, y tras intercambiar buenos deseos con la cajera, salió de la tienda sin prisa, lista para dirigirse al estacionamiento. Hoy había tomado prestado el auto de su padre en lugar de su moto, ya que llevaba muchas bolsas encima.

Y cuál sería su sorpresa de ver que había alguien que estaba tratando de forzar la cerradura para meterse en él. Entretanto, otros dos sujetos estaban vigilando alrededor en caso de que alguien apareciera, y al ver que no lograban abrir las puertas, comenzaron a golpear los cristales con un bate de béisbol.

Mala suerte para ellos, eran cristales a prueba de balas, y por tanto mucho más difíciles de romper.

Estuvo a punto de soltar las bolsas para ir a darles su merecido, pero al recordar una de las lecciones que le dio su padre sobre "mantener las apariencias", decidió en lugar de eso llamar a la policía, por lo que empezó a sacar su teléfono de su bolso.

- Yo no haría eso si fuera tú, preciosa. – dijo una voz, al tiempo que ella sentía que algo la tocaba por detrás. – Ahora, suelta todo lo que tienes de valor y nadie saldrá herido.

Ahora entendía de dónde venía esa sensación en la tienda. Seguramente, el sujeto la estaba siguiendo para asegurarse que no intentase llamar a la policía.

Afortunadamente, por entrenar con su padre pudo darse cuenta que solo estaba usando sus dedos y que no se trataba de un arma. Tuvo que contener el impulso de suspirar: este idiota no sabía con quién se estaba metiendo. Pero era mejor tomarlo con calma, y usar el mínimo de violencia para lidiar con esto.

- Escucha, ¿puedo al menos quedarme con las llaves de mi casa? No quiero quedarme encerrada afuera. – le dijo mientras alzaba las manos y tratando de usar la mejor voz nerviosa fingida que podía.

- De acuerdo, pero que sea rápido. Yo y mis amigos tenemos mucho trabajo por hacer antes de Navidad.

- "Sí, y yo también." – pensó mientras comenzaba a buscar entre su bolso para sacar sus llaves.

Lo que este sujeto no sabía, obviamente, era que siempre por precaución llevaba algunos artilugios de seguridad que había inventado su papá, solo en caso de que sucedieran cosas como esta. El llavero, por ejemplo, estaba equipado con un flash tan brillante que dejaría ciego por un buen rato a cualquiera. Lo único que debía hacer era presionar el botón y…

- ¡AAARRRGHHH, MIS OJOS! ¡UGH!

No le dio tiempo a reponerse, e inmediatamente le dio una patada en el estómago, antes de dejarlo tirado en el suelo con un golpe por detrás de la cabeza. Naturalmente, el grito alertó al resto de ladrones, y ella se escondió para emboscarlos

- ¿Dónde está, qué sucede? Ugh…

Otro de sus artilugios era un lanzadardos oculto en su reloj pulsera. Su papá lo había construido basándose en un antiguo cómic sobre un niño detective que lo usaba para poner a dormir a la gente, y eso hizo exactamente ella: apuntó al ladrón que tenía el bate en la mano y le lanzó un dardo en el cuello para dejarlo noqueado junto a su compañero.

- ¡¿Qué diablos?! ¡Billy, ¿qué te pasa?! Ugh…

Y se deshizo del segundo de la misma manera, ocultándose detrás de una pared para dispararles. Ahora que solo quedaba uno, tenía que comprobar que no estuviese armado, pero este se dio cuenta de su presencia e inmediatamente echó a correr hacia ella.

- ¡Ah, ya te vi! ¡No te escaparás, te voy a—AAAAAAARRRRGHHHH!

No pudo terminar la oración, pues en ese momento Latoya sacó su tercer artilugio para poner fuera de combate a los ladrones: una pistola taser. El sujeto se quedó en el suelo, y ella aprovechó de dominarlo sujetándole el brazo contra la espalda, y cogiendo su teléfono con la otra mano al tiempo que marcaba el número de su contacto en la fuerza policíaca.

- ¿Sí, Comisionada Jenny? Habla Latoya Parker. Quisiera denunciar un intento de asalto, y de robo de vehículo.

- Vaya, eso es una sorpresa. – replicó la comisionada desde el otro lado de la línea. – Aunque por la forma como hablas, ¿asumo que lo tienes todo bajo control?

- En efecto. Aun así, ¿sería tan amable de enviar un par de oficiales para que se lleven a los responsables? En este momento estoy en el estacionamiento detrás del Centro Comercial.

- Con gusto. Gracias por ayudarnos a mantener las calles más seguras.

- Solo sigo el ejemplo de mi papá, usted sabe. – dijo ella con modestia. – Que tenga una Feliz Navidad, por cierto.

El tiempo de respuesta de la policía no debía de ser de más de cinco minutos. Hasta entonces, solo se aseguraría de que estos cuatro idiotas no fuesen a ninguna parte. Cometieron un grave error pensando que ella sería una presa fácil, y ahora pasarían sus navidades en la cárcel.

Aún no tomaba oficialmente el manto de Gligirl, pero no creía que a su papá le fuese a molestar saber que estaba ayudando a mantener las calles de la ciudad más seguras en Navidad. Más alegría para todos entre menos criminales hubiera sueltos.


VIRORO-KUN

- Gracias por la tarea, Chloe. – dijo Goh desde el otro lado de su llamada online, El video provenía desde una de las pantallas secundarias de su altamente impresionante computadora, lo que le permitía a la chica ver a su amigo trabajando en algo en medio de su conversación.

Acostumbrada a dicho escenario, la chica se dejó caer por un rato en una silla de su cuarto, acariciando a Yamper sobre su regazo. – Sería bueno si me pudieras decir eso a la cara. No recuerdo cuándo fue la última vez que nos vimos en persona.

- Lo siento. – replicó él, con una sonrisa de excitación mientras se enfocaba en otra pantalla, empezando a teclear más rápido. – Ha habido muchos avistamientos de Mew recientemente en la web, y tratar de verificar su credibilidad y descifrar los patrones toma mucho tiempo.

- Goh, casi es Navidad. Estoy segura de que incluso Mew disfruta de las fiestas.

- Eso es algo de lo que todavía se debe confirmar.

Ella soltó un largo suspiro. – Siempre con la mente en un solo sentido.

- Hey, ya sabes que atrapar a Mew es mi destino. Es mi futuro, ¡y lo llevo en la palma de mi mano! – Levantó su puño cerrado hacia el cielo, actuando como si su meta ya hubiese sido cumplida antes de volver inmediatamente a su recolección de datos. No había forma de distraerlo, y Chloe sabía que debía ser directa.

- ¿Alguna vez piensas en aferrarte primero a tu presente? – Frunció el cejo, acercándose más a la pantalla. – Mika está planeando una fiesta de Navidad en su casa, y ha invitado a algunos de nuestros compañeros de clase. Le gustaría que tú también vayas.

Al oír el prospecto, Goh detuvo su búsqueda, girándose hacia la cámara confuso y sorprendido. Ella esperó pacientemente mientras el chico parecía considerar la idea, rascándose la barbilla. – ¿Va a ir también Yeardley?

- Desafortunadamente.

El chico se enfurruñó. – Entonces no gracias. Estoy bien.

Chloe no se sorprendió para nada. Goh nunca había sido la persona más dispuesta a socializar en clase luego de sus primeros días, pero desde aquel pequeño altercado cuando le rompió la nariz a Yeardley para defenderla a ella de una broma (por lo cual ella estaba agradecida), había tratado de mantener su distancia con él en particular. Ella no estaba segura de cuánto de eso era preocupación legítima por el evento en caso de volver a surgir de nuevo, y cuánto era una excusa para evitar interactuar con otros, o incluso si fuese un poco de ambos. Pero ella sabía que no podía dejarle ganar esta vez.

- Vamos, ya sabes que hay muchas personas en nuestra clase a quienes les caes bien. Algo de distracción te hará bien, y puedes ignorar a ese idiota.

Él frunció su cejo, girándose sobre su silla rotatoria de espaldas a la cámara. – Puedo distraerme en casa. No necesito a nadie más.

Chloe hizo un puchero. Ella sabía lo terco que podría ponerse Goh y claramente había tomado su decisión. Así, la única solución era vencerlo en su propio juego.

Dejó a Yamper en el suelo y se levantó de su silla con decisión. – Entonces está decidido. Yo iré a tu casa.

- Espera, ¿qué? – Goh se giró de vuelta hacia ella, arqueando una ceja hacia arriba.

- No puedo dejar que pases tu Navidad solo. Tu familiar estará trabajando y tu abuela tiene otra de sus competencias de karaoke, ¿verdad? – Él no le respondió, pero la forma en como el chico tragó saliva fue respuesta suficiente. Ella soltó un suspiro, girándose hacia un lado para llenar su bolso con las cosas que llevaría. – Mika lo entenderá, aunque le gustaría que estuviéramos allá…

Ella espió hacia un lado, todavía con la mirada más triste que podía poner. Parecía que estaba destruyendo la coraza de Goh, lo suficiente para cuestionarse su decisión. El chico se mordió el labio con confusión.

- Hey, vamos, no tienes por qué hacer esto… – Chloe bajó la mirada, todavía preparándose para apoderarse de la casa de manera hostil. Antes que Goh siquiera hubiese terminado su respuesta, el chico finalmente exhaló, alzando las dos manos. – Está bien, está bien, iré. Pero me quedaré contigo, ¿de acuerdo?

Chloe se carcajeó. – Suena romántico.

- ¡H-hey, no te hagas ideas equivocadas! – Las mejillas del chico se habían tornado solo un poco rojas, sacudiendo la cabeza. – ¡Simplemente no quiero que te hagas problemas!

- Era broma. – Le sonrió, dejando a Goh ligeramente menos agitado. Ella añadió el regalo de Navidad de Mika a la bolsa que estaba preparando. – Estaré afuera de tu casa en un par de horas, y luego nos iremos juntos a casa de Mika. ¿Trato hecho?

Goh le devolvió la sonrisa. – Hecho. Nos vemos luego, Chloe.

Ella se despidió con la mano, y la llamada terminó en esa nota, sacándose a sí misma una sonrisa. Goh era terco, y difícil de convencerlo de algunas cosas más de una vez, pero a final de cuentas era un buen chico que necesitaba salir de su caparazón. Ella difícilmente tenía el éxito que desearía en ello, pero cualquier pequeña victoria que pudiera anotarse para hacerle compañía y pasar tiempo con él valía la pena para celebrar.

Esta sería una fiesta de Navidad muy divertida.


BRANDON369

Contrario a la creencia popular, enlistarse en una organización criminal con el nivel del Equipo Rocket poseía múltiples ventajas. Quizá una de las favoritas de todos los reclutas eran las enormes fiestas navideñas que organizaba el Equipo Rocket.

Pese a la frialdad que lo caracterizaba, Giovanni parecía muy generoso a la hora de financiar esta clase de eventos para sus leales subordinados. Un día al año en el que podían olvidarse de robar y estafar para centrarse en lo mejor de estas fiestas, un día donde administradores y altos cargos podían brindar con soldados y subordinados de alto rango. Simplemente algo mágico.

O al menos eso es lo que consideraban Ken, Al y Harry, miembros del "Trío Elite" del Equipo Rocket, quienes estaban sentados en su propia mesa, disfrutando de buena comida y celebrando los logros que habían tenido a lo largo del año.

- ¡Salud, muchachos! – Ken extendió su copa hacía sus amigos. – ¡Por un trabajo bien hecho!

- ¡Salud! – respondieron sus dos compañeros, chocando sus copas.

-Debo decirlo, este año sí que nos fue bien. – admitió Harry. – Conseguimos cumplir todas las misiones que nos encomendó el Profesor Zager y obtuvimos toda la información sobre el Legendario. ¡De verdad que somos la élite!

- Para ti es fácil decirlo, tú no terminaste achicharrado para poder cumplir la misión… – se quejó Al.

- Oh, vamos, amigo. Debes admitir que eso fue divertido, solo a ti se te ocurre provocar al mayor experto de fuego en toda la región. – Ken y Harry comenzaron a reírse, aunque Al no parecía tan divertido como ellos.

- ¡Mi chaqueta favorita quedó destrozada ese día! – se quejó nuevamente, suspirando ante esos traumáticos recuerdos.

- Tranquilízate, hermano. Lo importante es que continuemos superando nuestras misiones así de bien y podríamos ser ascendidos.

- Oye, Harry. ¿Tú crees que sí seguimos esforzándonos podríamos sentarnos en esa mesa la próxima navidad?

Los tres observaban de forma soñadora a la mesa central y más grande de la sala. En ella se encontraba sentado el mismísimo Giovanni, tomándose una copa de vino, y acompañado de sus hombres de confianza como Archer, Ariana o la Tulipán Negro. Ya se imaginaban a sí mismos sentados junto al jefe…

- Bueno, siempre será mejor que terminar sentados en esa otra mesa. – les comentó Harry, mientras apuntaba una mesita en un rincón, donde extrañamente, un Delibird y un Pelipper parecían estar compartiendo un poco de comida.

- Oye amigo, hablo en serio. – reclamó Ken. – Quiero triunfar en la organización. Un solo fracaso podría hacernos caer a lo más profundo. ¿O acaso no recuerdas lo que le pasó a Deacon en Isla Inta?

- No vamos a fracasar, Ken. – le aseguró Harry.- ¡Somos la élite y nuestro trabajo en equipo es insuperable!

- Es cierto, pero no hay que dejar que se nos suba a la cabeza. – Aconsejó Al.- Lo último que quiero es terminar como Matori, esa presumida está insoportable desde que le dieron su propio "Matori Matrix".

- Aunque tampoco quiero que terminemos sentándonos en la mesa de los tipos que dan miedo. – les dijo Ken, apuntando a la mesa donde sujetos como Attila, Hun, Sham y Carl estaban comiendo en un inquietante silencio.

- Vamos, muchachos. Somos encantadores y nuestra personalidad no va cambiar solo por conseguir algo de éxito. ¡Es todo lo contrario! ¡Seremos admirados por los nuevos reclutas! – afirmó Harry, subiéndole la moral a sus compañeros.

Su charla se interrumpió, pues el espectáculo musical ya había terminado. Fueron muy pocos los que aplaudieron al número musical que Tyson y Wendy habían preparado, pero el Trío de Élite concordaba en que lo habían hecho mejor que el año pasado. Entonces, dos miembros más subieron al escenario, presentando una rutina de dúo cómico, pero Ken, Al y Harry no parecían muy entusiasmados con verlos.

- ¿Esos son Cassidy y Burt? – preguntó Ken. – ¡Qué aburrido, yo quería ver el espectáculo de imitaciones de Petrel!

- Estoy seguro de que no se llama Burt, se llama Bondz. – corrigió Al.

- No me importa cómo se llame, Al. ¡Esos dos son aburridísimos!

- ¿Sabes quién sí sabe hacer una buena rutina de chistes? – les preguntó Harry. – Meowth, ese gato es un experto a la hora de contar buenas bromas.

- ¡Es cierto, sus chistes son buenísimos! – concordaron sus dos amigos.

- A todo eso, ¿dónde están ese trío de Jessie, James y Meowth? Ya se están tardando, se perderán lo mejor de la fiesta. – comentó Ken.

-Sí, esos tres siempre terminan animando nuestra mesa, son muy divertidos. – les dijo Al.

El Trío de Élite recordó a sus tres amigos, todos los años se sentaban en su mesa durante la fiesta de navidad y terminaban divirtiéndose bastante. Les salió una sonrisa con solo recordar a Meowth contando sus peculiares chistes, a James intentando presumirles su colección de corcholatas o Jessie contándoles alguna anécdota de su pasado, eran casi el alma de la fiesta.

- ¡Oye, Mondo! – Harry levantó la mano para llamar a un recluta joven que parecía estar trabajando como mesero durante la fiesta. – ¿Sabes si ya llegó el grupo de Meowth? No los veo por ningún lado.

- Oh, acerca de eso, me dijeron que no podrían venir a la fiesta de este año. – dijo el chico un tanto desanimado. Los tres parecían confundidos por esta declaración, pero antes de que puedan preguntarle, este continuó explicándoles. – Parece que están demasiado ocupados con una misión especial que el jefe en persona les otorgó.

Aquella explicación sorprendió bastante al Trío de Élite, quienes se quedaron procesando lo que acababan de escuchar, mientras que Mondo se fue a continuar con su trabajo. ¿El mismísimo Giovanni le había otorgado alguna misión importante a ese trío? ¿Acaso eso significaba que Jessie, James y Meowth estaban consiguiendo éxito en la organización?

- ¡Muy bien, muchachos! ¡No vamos a dejar que nuestros amigos nos dejen atrás! ¡Nosotros también vamos a subir en la escala de la organización! – declaró Harry mientras levantaba su copa.

- ¡Tienes razón, nosotros también tendremos éxito! – Ken chocó su propia copa con la de su compañero.

- ¡Sí! ¡Vamos a completar todas las misiones que nos asigné el Doctor Zager! – Al se unió a sus dos compañeros con el choque de sus copas.

- Pero antes, vamos a disfrutar de la fiesta.

De este modo, el Trío de Élite continúo disfrutando del espectáculo, esperando pacientemente su oportunidad para mostrarle al mundo el verdadero poder del Equipo Rocket. Estaban motivados, seguirían los pasos de sus tres amigos, seguros de que para la próxima navidad, estarían brindando junto al jefe como sus hombres de confianza… ¿Verdad?


CROSSOVERPAIRINGLOVER

Los vientos de Ciudad Commerce eran más fuertes por la noche, al sacudir en los alféizares de las ventanas con sus aullidos.

Ella y Scizor estaban sentados en una mesa para banquetes, bastante solitarios los dos. Y probablemente fuese su propia culpa que estuviera tan sola.

No eran solo ella y Scizor únicamente: con todo el tiempo que había tenido para sí misma y su décimo quinto cumpleaños, se había estado poniendo a mezclar un poco las cosas. Ella y el famoso "Rayo Rojo, azote de Ciudad Commerce", habían decidido viajar para recolectar medallas de gimnasio para ellos, y por más fuerte que fuese su compañero, nada pasaba de ser un show de una chica o un Pokémon. Así que tuvo que pelear para capturar a otros Pokémon y ganarse sus ocho medallas para la Conferencia Índigo en unos pocos meses, y ellos le daban una vida algo quieta en su casa. Pero de alguna manera, sentía que las noches de quietud quedaban mejor entre ella y Scizor, el dúo que hacía que Rayo Rojo funcionara.

- Perdonen la espera, señorita Luna, señor Scizor. – se disculpó su mayordomo antes de unírseles, con un par de tazas humeantes en cada mano. Ambos le agradecieron al unísono antes de tomar sorbos de sus bebidas, antes de darse una mirada mutua de disgusto.

- Sci.

- Sí, creo que cogimos las bebidas equivocadas. ¿Cambio?

- Zor.

Y así lo hicieron, y el problema estaba resuelto.

- Debo decir, señorita Luna, ocho medallas en tan pocos meses es un logro maravilloso para alguien tan joven, y me impresiona aún más que lo haya hecho sin depender totalmente de Scizor. – los halagó su mayordomo mientras ella tomaba un largo sorbo.

- Pero no hace que la Navidad se sienta menos solitaria. – suspiró ella.

- Tal vez, pero puedo asegurarle que sus padres la verán competir en pocos meses. Puede que tengan que viajar a todos lados, pero en todos lados siempre hay una televisión. O el internet."

Seguro, la batalla estaría transmitiéndose, pero… ¿acaso le prestarían atención? ¿O acaso las necesidades de ser inventores de clase mundial que ganaban mucho dinero significarían que solo le prestarían atención a medias?

A veces deseaba que aquella pandilla de ciclistas que una vez ayudó a su padre a llegar a tiempo para Navidad lo hiciera de nuevo, pero tristemente, hasta los vándalos callejeros tenían sus asuntos que atender durante la época.

Ella dejó que la sala se quedara en silencio con solo los tres, mientras los vientos soplaban ruidosamente. Era un sonido muy familiar, de los vientos que resollaban por la noche.

- Leí ese gran libro sobre mitos y leyendas cientos de veces yo sola. Sé que los padres deberían hacer eso para sus hijos, pero rara vez están en el mismo continente que yo, Scizor no puede leer, y tú estás muy viejo. – musitó en voz alta.

- Sí, señorita Luna, ya estoy muy viejo, y seguramente usted haya tenido alguien mejor para contarle historias de cama que yo desde hace algún tiempo, ¿qué con eso?

- Me gustan los mitos y cómo se conectan a las cosas. Son como cables, pero en lugar de hacer que una máquina haga algo maravilloso, conectan al mundo cuando las personas no saben lo que están viendo y escuchando. Vientos como los de afuera crearon historias fantásticas de cacerías por la noche, llenas de fantasmas y desfiles de lo sobrenatural y procesiones de reyes muertos.

El mayordomo asintió, sabiendo de ellos.

- Inventar cosas tangibles es divertido, y te pagan por hacer esas cosas, pero si creas una leyenda te volverás inmortal de cierta manera. La única forma de matar una historia es destruir todo lo que la rodea.

- Scizor.

Ella asintió. ¿Acaso el Rayo Rojo sería una leyenda urbana que viviría más tiempo que ellos? Posiblemente, aunque ¿por qué detenerse hasta ya estar segura?

Cuando era una niña pequeña con un solo amigo y cajas de piezas de chatarra, Rayo Rojo era una forma de evitar sentirse sola, de que todos supieran lo que había creado. Tal vez en unos meses no lo necesitaría si se convertía en la Campeona Luna, y tal vez hubiera otras formas de hacer algo consigo misma más allá de aterrorizar a la ciudad.

Pero en serio… le gustaba la idea de ser la fuente de una leyenda urbana. Esta Navidad, como muchas otras, era solitaria y callada, pero tal vez en el futuro, tal vez cuando estuviese vieja y llena de canas, un nieto o alguien más le daría un libro sobre el "misterioso" mito del Rayo Rojo, y ella podría sonreír el resto del día, sin que nadie excepto ella misma y Scizor supieran por qué.

Aunque eso sería en un futuro distante. Hoy era Nochebuena y mañana sería Navidad, y pasaría algo de tiempo de calidad con Scizor y los regalos que recibiría por correo. Luego enviaría a Scizor a aterrorizar a algunas personas para el año nuevo, entrenaría para la liga, aterrorizaría a algunas personas más, ganaría la liga, aterrorizaría a algunas personas más… y tal vez crear una historia que durase para siempre mientras estaba en ello.

Esta era la temporada de hacer esas cosas, después de todo.


VIRORO-KUN

"Dada" no sabía mucho de nada sobre cómo había que criar a los niños, mucho menos los humanos. Pero eso no le impidió al Zarude intentarlo, entre adivinar y visitas al asentamiento humano cercano, y eso le ayudó a arreglárselas por unos cuantos años.

Aun así, era algo que siempre sentía que podía mejorar, y sin nadie en quien pudiese confiar de manera consistente, a menudo tomaba nota del comportamiento de los humanos para saber qué hacer. Y con los años, no pudo evitar notar cómo cada invierno, se reunían alrededor de árboles decorados para compartir regalos con aquellos que les importaban. "Matividades", o algo así, le llamaban. Y aunque probablemente no se podría salir con la suya decorando el Árbol del Corazón, probablemente podría usar algún remanente de esa tradición humana.

Con este niño acercándose a alcanzar una edad avanzada, el Pokémon decidió que era tal vez tiempo de tomar parte en esta tradición. Así, él y su muchacho ahora se miraban uno al otro, con un fuerte paquete de hojas y lianas entre ellos mientras el Zarude sonreía ampliamente.

- Dada, ¿qué es esto? – preguntó Koko, olfateando el objeto escondido en un esfuerzo por descubrir lo que había adentro.

El Pokémon de tipo Hierba y Oscuro cruzó los brazos con orgullo. – Es un regalo. Para mi querido hijo.

- ¿Por qué? – Koko parpadeó, con aspecto genuinamente curioso. Esto puso a su padre al borde sobre lo que debía decir.

- ¿Qué, es que no le puedo dar algo bonito a mi hijo? – El Zarude se encogió de hombros, evadiendo la pregunta.

Koko notó el pivote, y le frunció el cejo a su Dada, pero dejó que su curiosidad le ganara a estar preguntando, mordiendo la liana para desenvolver las hojas, finalmente desenvolviendo el regaldo de su padre. Parpadeó de nuevo.

- ¿Estas son… lianas? – preguntó el chico, mirando el par de brazaletes marrones con múltiples capas, que no eran muy diferentes al verde que usaba un Zarude por su forma, jalando un pequeño cordón que se extendía de él. Había tomado algo de tiempo formarlo, pero con un uso liberal de Curación de la Jungla y más de unos cuantos intentos, el Zarude finalmente logró hacerlo; lo más cercano en aproximación a las muñecas lanzadoras de lianas de sus muñecas.

- Siempre andas detrás de mí. Es mejor que lo hagas de manera segura. – dijo el Dada de Koko con una sonrisa, haciendo que la cara de su niño se encendiera de alegría.

- ¿Ahora yo también puedo usar las lianas? – gritó emocionado, mirando de nuevo los brazaletes.

- Más o menos. No es perfecto, pero estoy seguro que aprenderás con el tiempo. Tienes un talento para estas cosas.

- ¡Gracias, Dada! – Le dio a su padre un afectuoso y rápido abrazo antes de colocarse los brazaletes, apretando los puños y listo para partir, dio un salto hacia el suelo. – ¡Probémoslos!

- ¡Espera, aún es muy…! – El Zarude palideció al ver cómo Koko caía hacia el suelo, sacando el cordón sin miedo alguno y lanzándolo hacia una rama cercana, balanceándose con él como si fuese una segunda naturaleza. El Pokémon mono salvaje saltó a perseguirlo, lleno de preocupación. – ¡Espera un segundo, Koko!

- ¡Nop! ¡Le quiero enseñar esto a Skwovet! – dijo el chico con la sonrisa más grande, lanzando otra liana hacia una rama diferente antes de agarrarla y continuar saltando por los árboles por su cuenta, acostumbrándose a su regalo.

Su Dada no estaba nada contento por lo rápido que se estaba moviendo. – ¡En el momento en que te atrape, estás castigado, chico!

- ¡No hasta que me atrapes!

El Zarude debería haber gruñido por la audacia de su desobediente hijo, y aun así no pudo evitar reírse, haciendo su mayor esfuerzo por seguirle el paso. En serio necesitaba un regaño, pero no podía negar su orgullo, mirando a Koko moverse por el bosque como un verdadero Zarude.

Y en ese momento, realmente sentía que eran padre e hijo.


BRANDON369

La noche era fría y venteada, pero a Phoebe, la más reciente miembro del Alto Mando, eso poco le importaba. Simplemente continuó riendo y divirtiéndose mientras charlaba con su abuelita y compartían una taza de té. Después de todo, visitarla año tras año ya se había convertido en una costumbre para ella.

- Así que mi nieta en el Alto Mando… ¡Se nota que saliste a tu abuela! Quizá deba pasarme un día de estos para ver tus combates. – le dijo la anciana.

- ¡Sería genial, abuelita! Los combates en el Alto Mando son muy divertidos. Creo que el vínculo con mis Pokémon se ha fortalecido bastante con todas nuestras batallas.

- Esa es mi nieta. Nunca lo olvides; lo más importante para ser buena entrenadora es tu vínculo con tus Pokémon. Ya sabes, debes ver con el corazón, no con los ojos.

- Oye, abuelita, ¿también puedo hacer vínculos con otros entrenadores? – preguntó la chica.

- Por supuesto. Esa es una de las mejores cosas de convertirte en entrenadora. Cualquier oponente que hayas tenido puede convertirse en una persona valiosa para ti, y durante estas fechas deberías apreciar esos vínculos. Es lo que más me gusta de la Navidad.

- Lo sé, apreciar a aquellos que siguen entre los vivos. – asintió Phoebe antes de suspirar un poco y darle un sorbo a su taza de té. – Es solo que todavía te echo de menos, abuelita.

- Oye, no debes sentirte mal. Yo siempre estaré aquí para apoyarte, y puedes venir a visitarme cuando quieras. – le sonrió la anciana. – Además, seguro que has hecho muchos vínculos nuevos en el Alto Mando. ¿Cómo te tratan todos por ahí?

- ¡Oh! ¡Son fantásticos, abuelita! – respondió entusiasmada. – La señora Glacia siempre es amable conmigo y me cuenta algunas historias sobre su región natal. Aunque las mejores historias, siempre las cuenta el viejo Drake… ¡Y deberías conocer a Sidney! Al principio me daba un poco de miedo, pero cuando lo conocí mejor descubrí que es realmente divertido. De hecho, prometió enseñarme a tocar la guitarra, es muy bueno en eso.

- Bueno, veo que te estás divirtiendo bastante en tu nuevo puesto, ¿eh?

- Sí, es fantástico. Aunque no me gusta ser la más joven, quisiera tener ahí a alguien de mi edad… – comentó Phoebe.

- Jajajaja, apenas estás comenzando, Phoebe. Ya conocerás a muchos entrenadores que formaran vínculos contigo. Después de todo, los buenos entrenadores suelen estar atados por un hilo invisible… O al menos eso es lo que dicen por ahí, jajajaja.

- Gracias, abuelita, siempre me animas.

Phoebe en verdad disfrutaba visitar a su abuelita, era con quien más le gustaba hablar y siempre que se sentía triste, ella le contaba algún chiste para hacerla reír. De hecho, todavía recordaba aquellos tiempos cuando era una niña pequeña y estaba deprimida por mudarse a otra región, lejos de todos sus amigos. Fue su abuelita quien le regaló a la Duskull que se convertiría en su Dusclops, la cual sería su mejor amiga desde entonces. Todo para poder animarla.

-Ya me tengo que ir, abuelita. – se disculpó. – En un par de horas será la fiesta Navideña del Alto Mando y tengo que alistarme para ir.

- Está bien, ve con cuidado y ya luego me cuentas como te fue. ¡Diviértete mucho, mi niña!

- ¡Así lo haré! ¡Feliz Navidad, abuelita! – Se despidió la entrenadora del Alto Mando.

- ¡Feliz Navidad, Phoebe!

Una vez que su abuelita se desvaneció en el aire, Phoebe comenzó a alejarse del cementerio en que había estado visitándola. Todavía la extrañaba bastante, pero no era el momento de deprimirse por eso, sino todo lo contrario. ¡Era Navidad! Tiempo de alegría, que aprovecharía bailando en la fiesta Navideña y pasándoselo en grande. Seguiría los consejos de su querida abuelita, atesoraría los vínculos que había hecho con el resto del Alto Mando y crearía nuevos con otros entrenadores y Pokémon.


VIRORO-KUN

- Entonces, ¿Flint ya se marchó? – preguntó Volkner al otro lado de la pantalla.

Buck asintió, reclinándose en el respaldo de su silla y mirando la pantalla de televisión por la cual estaba haciendo videollamada. – Sí. Supongo que no necesito decirte a dónde fue, ¿verdad?

- Por supuesto que no. Me parece haber visto a un sujeto sospechoso cubierto con una sábana rondando por afuera…

- Me sorprende que todavía le permitas hacer eso. Se volvió repetitivo ya desde la segunda vez que lo hizo.

Volkner dejó salir un suspiro de pesadez, y Buck no podía culparlo. Si alguno de sus amigos intentaba montar un espectáculo de "Los Fantasmas de Navidad" año tras año, seguramente habría quemado con extremo prejuicio todos sus puentes con ellos.

- Se estancó, sin duda. Solo quería que superara lo de repetir la misma rutina cada año. – Contrario a las expectativas de Buck, el líder del Gimnasio Sunyshore sonrió brevemente, con los ojos llenos de alegría. – Pero luego de tantos intentos… supongo que me encariñé un poco. Es un signo de nuestra amistad, de cierta manera.

Buck parpadeó confuso. – Podría haber jurado que tú solo lo estabas sufriendo para que nadie más lo hiciera, luego de que intentó decirles a otros que le ayudaran con la rutina...

- Quizás. Pero es divertido a su manera. – Volkner se encogió de hombros, sonriéndole al hermano menor de su mejor amigo. – Solo desearía que no fuera tan… telegrafiado.

Al decir eso, la puerta detrás de Volkner se abrió de golpe, sacándole solo una ligera molestia al líder de gimnasio. Buck de inmediato reconoció el disfraz barato de fantasma, el afro visible y la cola en llamas, así que inmediatamente se dio cuenta a qué se refería.

- ¡Hey! ¿A quién le dices telegrafiado? – argumentó Flint, señalando a su amigo con tanta fuerza que la mano se le salió del disfraz.

- Sí, así mismo. – El líder del Gimnasio Sunyshore cruzó los brazos, y negó con la cabeza. – Llevas haciendo esto desde que éramos niños. ¿Cómo es que todavía no entiendes el concepto de una entrada dramática?

- ¡Retráctate por eso! ¡Soy un verdadero maestro!

- Y por eso es que acabas de arruinar tu propia llegada, sí como no.

Flint alzó un dedo, listo para una réplica vehemente, solo para bajarlo casi de inmediato.

- ... Bueno. – Flint se rascó el cuello, e incluso con solo su cabeza cubierta, Buck podía ver su sonrisa nerviosa. – Podríamos… ¿hacerlo de nuevo?

- Fernape...

Volkner solo se carcajeó, para molestia de su amigo. Y por muy divertido que se estuviera volviendo el espectáculo, Buck decidió pararse de la silla, acercándose a la pantalla.

- Los dejaré a ustedes dos con sus juegos. Ahí nos vemos. – Y despidiéndose con la mano, cerró la llamada, respirando profundamente mientras Baltoy flotaba hacia él.

Aún con la explicación de Volkner, seguía sin entender del todo la dinámica entre estos dos, ni cómo el líder de gimnasio podía soportar a Flint. Había muchas cosas por las que Buck admiraba a su hermano mayor, pero sus obsesiones más estúpidas definitivamente no estaban entre ellas. Pero si se divertían, bien por ellos. Sin mencionar que también le daba algo de tiempo para ir a buscar su regalo de Navidad.

Echó un vistazo al bote que estaba preparando, hacia la isla remota que estaba a punto de explorar. El último bastión de una civilización ya extinta que adoraba a Infernape, lleno de ídolos perdidos y tesoros esperando a ser recuperados, siempre que se pudieran sortear todas las trampas. La prueba perfecta para un aspirante a cazador de tesoros, y la mejor manera de llevarle a Flint el más único regalo que pudiera encontrar.

- Hagámoslo rápido, Baltoy. – le dijo a su compañero, recibiendo un asentimiento en respuesta. Este no era su primer reto, y estaban más que listos para probar su valía, una vez más.

Y así, Buck y Baltoy salieron, listos para ir a buscar el regalo perfecto para Flint.


FOX MCCLOUDE

Algunas personas no querrían trabajar en Navidad. Pero para quienes querían celebrar en Pueblo Paleta, la regla era que todos debían contribuir al menos un poco para llevar algo de alegría para los demás.

O eso les dijo la señora Ketchum. Ya que Ash y Misty habían decidido ayudar en la oficina postal entregando paquetes para los niños, Anabel e Iris se ofrecieron a echar una mano con las decoraciones en el restaurante de Pallet House, para la fiesta de Navidad, que en ese momento eran los árboles de Navidad que adornaban cada una de las cuatro esquinas y el centro del salón principal.

- ¿Así está bien? – preguntó Iris, colocando la estrella sobre la cima del árbol del centro.

- Sí, está perfecto. – dijo Delia. – Muchas gracias a las dos. No habría terminado tan rápido sin su ayuda. Ahora tendré mucho más tiempo para preparar la comida de la fiesta.

- No tiene que agradecernos, señora Ketchum. – le dijo Anabel. – ¿Podemos ayudarle con algo más?

- Oh, no te preocupes, cariño. Pueden tomarse un descanso y comer algo si lo desean.

Mientras la señora Ketchum se iba a la cocina del restaurante, Iris bajó de la escalera de un salto, aterrizando limpiamente en el suelo. En una de las mesas había dejado una enorme bandeja llena de sándwiches para ellas, que comenzaron a desaparecer rápidamente.

- Entonces, ¿me ibas a contar más sobre la celebración? – preguntó Iris.

Anabel levantó la mirada. A medida que se acercaba la temporada, la chica salvaje se había mostrado confusa cuando los paletenses comenzaron a decorar sus hogares con luces de colores, y frecuentemente se les veía llevando cajas envueltas para regalo. Anabel apenas había podido explicarle superficialmente de qué se trataba la festividad, y algunas de las tradiciones y leyendas que se habían formado a su alrededor.

- Seguro, ¿qué quieres saber?

- Habías dicho que todos tienen diferentes tradiciones para esta… ¿Navidad, así se llama? ¿Cómo la celebrabas tú?

Anabel se quedó pensando un momento. Admitiéndolo, vivir a solas con su tío significaba que no tenían demasiadas tradiciones, y aunque él hacía su mejor esfuerzo por hacerla feliz, a veces se sentía un poco solitario. A pesar de todo, tenía muy buenos recuerdos de ello.

- De niña, me gustaban mucho los villancicos. Así es como se les llama a las canciones con temática de Navidad, y a menudo la gente se agrupa para cantarlos a las puertas de otras personas. Desearía haber podido hacerlo, pero… bueno, ya sabes por qué no podía.

Solo podía "cantarlos" para su tío, de cierta manera. Debían mantener sus dones en secreto, por lo que durante Navidad solo eran ellos dos.

- Los humanos tienen unas festividades muy extrañas. Hubo una ocasión en la que nos detuvimos en un festival de Kalos, donde había mucha decoración con temática de corazones, y la gente se regalaba flores y chocolates por alguna razón.

- Probablemente ese fuera un festival de San Valentín. – adivinó Anabel. – Se supone que es un día para celebrar el amor y la amistad. De nuevo, la Navidad también es una buena época para hacer eso, ya que se trata de compartir con tus seres queridos, familiares o amigos.

- Compartir… ¿crees que deberíamos haberle conseguido regalos a Ash?

- Eso habría estado bien, pero con todo lo que ha sucedido, no creo que les moleste. Todos hemos estado muy ocupados ayudando con la fiesta, después de todo.

- Y realmente se los agradezco mucho. – Delia acababa de salir de la cocina, cargando una pequeña bolsa. – Espero que no les importe, pero encontré esto mientras limpiaba por allá. Luego de que hayan descansado, ¿creen que me pueden ayudar a colgarlas por el salón? Ya son lo único que falta para terminar con las decoraciones.

Cuando dijo "esto", hablaba de unas tiras de muérdago.

- Asegúrense que no las pillen debajo de ellas con alguien que no sea mi hijo, ¿está bien? – La mujer les guiñó el ojo de una manera algo pícara. La telépata se sonrojó ligeramente al entender las implicaciones, pero se rio en silencio. Iris sin embargo parecía confusa.

- ¿Qué quiso decir? – preguntó cogiendo una tira de muérdago. – ¿Para qué son estas?

- Una tradición de Navidad dice que, si te paras debajo del muérdago, tienes que besar a la persona que está más cerca de ti. – explicó Anabel.

- ¿Besar? – Iris ladeó la cabeza, confusa pero claramente interesada.

- Algunos lo hacen como broma, otros para tener una excusa para besar a la persona que les gusta en Navidad. No todos lo hacen, pero…

- ¿Significa eso que la madre de Ash quiere que estemos bajo el muérdago con él? ¿O que lo besemos?

Anabel asintió. Iris siempre iría directo al punto, y aquí entendió rápidamente.

- El problema es que, habrá muchas otras chicas en la fiesta aparte de nosotras. Y estoy segura de que más de una querrá también pillar a Ash bajo el muérdago.

- Así que, deberíamos asegurarnos que eso no suceda, ¿verdad?

Esa parecía la opción más sensata, ¿pero cómo hacerlo? Anabel pensó por un momento, hasta que finalmente se le ocurrió algo.

- Mejor esperamos a que vuelvan Ash y Misty, y les pedimos que nos ayuden a colgar las tiras. Así, todos sabremos con exactitud dónde están, y así no pillarán a ninguno de nosotros bajo el muérdago.

Para ser honestas, desde que llegaron a Pueblo Paleta, Ash no era el único que atraía algo de atención indeseada. A ellas también les habían echado el ojo algunos chicos locales, que habían tratado de ligar con ellas, y frecuentemente soltaban comentarios sarcásticos sobre lo celosos que estaban de Ash por volver a casa con tres lindas chicas.

Por mucho que les gustase la idea de acabar bajo el muérdago con Ash, Anabel sentía que no valía la pena el riesgo, al menos por ahora. Aún estaban tratando de ordenar sus sentimientos, y no querían echarle más presión encima al chico al respecto. Más todavía, tampoco sabían cómo hacer para convencer a Misty de su idea.

Por ahora, todo lo que podían hacer era pasarla bien. Ella solo podía esperar que esta fuese solo la primera de muchas futuras Navidades que pasarían juntos.


VIRORO-KUN

- ¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!

Mientras las explosiones festivas de poder psíquico y las risas juguetonas del molesto Pokémon rosado hacían eco por toda el área, Mewtwo vio su meditación interrumpida, frunciendo el cejo con más dureza al darse la vuelta. Tal como esperaba, se encontró con Mew que traía puesto lo que parecía un sombrero de fiesta, encabezando a un pequeño grupo de clones que bailaban y celebraban a su manera, desde los más pequeños como Clefairytwo y Fraxuretwo hasta los más grandes como Charizardtwo. El clon descubrió que era casi impresionante lo contagioso que podía ser, si no fuese porque era proporcionalmente molesto.

Mew notó la atención de su clon, y rápidamente flotó a su alrededor con su alegría usual. Mewtwo gruñó, frotándose la sien. – ¿De verdad tienes que ser tan escandaloso?

- ¡Es un día de celebraciones! ¡Felicidad! ¡Pasar el tiempo lo mejor que puedas! – replicó Mew, puntuando cada exclamación dando giros sobre sí mismo hasta que se quedó viendo a su "hijo" de cabeza.

Mewtwo negó con la cabeza, mirando más allá del risco donde estaban parados. – Ya tuve una Navidad una vez. Fue suficiente para mí.

- ¡Eso no significa que no puedas tener otra, y otra después, y muchas más! – Mew parecía estar haciendo un puchero ante eso, hinchando las mejillas y mirando fijamente con molestia a Mewtwo. Le agarró el brazo a su colega Psíquico y trató de arrastrarlo hacia la diversión. – Vamos, todo mundo está celebrando. Me parece que vi a Pikachutwo y Meowthtwo empezar un concurso de quién come más rápido…

Al oír eso, Mewtwo arqueó una ceja y miró a la feliz pandilla de clones. Todos jugaban juntos, continuando las explosivas celebraciones y bailando alrededor, si no estaban tomando parte en el susodicho concurso de comida, encabezado por el sorprendentemente competitivo dúo de autoproclamados líderes del grupo. Parecían un poco tontos, buscando imponer su presencia de ese modo, y aun así, no podía culparlos. Se merecían algo de tiempo para divertirse, después de todo.

Mewtwo exhaló, perdiéndose a sí mismo en sus memorias de las fiestas. Tal vez no hubiese sucedido en "realidad" pero su tiempo jugando y aprendiendo con Amber todavía era lo único en lo que podía pensar con el día de Navidad aproximándose. No podía negar que fue una época alegre, pero era difícil volver a esa felicidad con todo lo que ahora tenía en su plato.

Mewtwo sacudió sus brazos, haciendo que Mew se alejara flotando mientras él reanudaba sus esfuerzos de meditación. – Mayor razón para que me mantenga en alerta. Puedes ir a divertirte, yo me aseguraré de estar listo si Giovanni o alguien más aparece en nuestro camino.

- Cielos, qué gruñón eres. – Mew aterrizó con todo su pequeño peso sobre la cabeza de Mewtwo, negándole la concentración mientras miraba de cabeza directo a sus ojos. – Si alguien nos ataca, no estarás solo. Yo también ayudaré, ¡y saldremos de los problemas juntos!

Mewtwo agarró a Mew, y le dio la vuelta, mirando a través de él. – Tú no estarás aquí todo el tiempo. Y tenemos que sobrevivir.

- Pero sobrevivir no es lo mismo que vivir. – El pequeño Pokémon Mítico se desenredó fácilmente, volviendo a plantarse sobre la cola de Mewtwo, deslizándose de arriba abajo sin ninguna preocupación por el mundo. – A veces, deberías dejar de lado tus preocupaciones. Disfruta de los momentos, y a donde te llevan tus decisiones. Es lo que hace que la vida valga la pena, no importa cuál sea tu situación.

Mewtwo deseaba poder refutar eso, pero su respuesta quedó en su mente. Realmente no soportaba la actitud de ese Mew, cómo seguía actuando tan irritantemente despreocupado… y aun así, no podía negar que tenía algo de razón. No podía recordar ningún momento desde su nacimiento en el cual la supervivencia no fuese su prioridad, constantemente ocupando su mente. El hecho de que había ido directo a preocuparse por su seguridad tras haber decidido disfrutar de la vida solo mostraba lo enraizadas que estaban sus preocupaciones y lo difícil que era desaprenderlas. Solo estaba desperdiciando su vida.

Suspiró, y finalmente se forzó a asentir, sin perder su gesto fruncido. – Muy bien, me uniré a ustedes. Pero será toda tu responsabilidad si algo sucede.

- ¡Oh, eso no pasará, fuera de divertirnos mucho! – Riéndose continuamente, Mew hizo piruetas en el aire mientras jalaba a Mewtwo más cerca del resto de clones que celebraban, con más fuerza de lo esperado. – ¡Te aseguro que querrás celebrar cada día! Pero no lo hagas, se vuelve aburrido.

Mewtwo rodó los ojos, manteniendo el paso con su levitación. – No puedo creer que tengas milenios de edad, y que a mí me crearon para ser tu igual…

- ¿De qué sirve crecer, si no puedes ser algo infantil de vez en cuando?

El clon se rio de eso, concediendo el punto. E incluso mantuvo su sonrisa, permitiéndose pasar algo de tiempo con su familia, y disfrutando de su vida juntos.


BRANDON369

Era ya Nochebuena y en aquel bosque inexplorado no se movía ninguna criatura, ni siquiera un Pokémon…

Excepto por el hombre y la mujer que corrían en pánico, claramente escapándose de algo.

- ¡Rápido! ¡Tenemos que salir de aquí!

- ¡Te dije que era real!

Lo que los asustó no fue el oscuro bosque cubierto de nieve, tampoco los constantes aullidos de los Poochyenas que rondaban el lugar. Nada de eso, lo que los asustó fue aquella espeluznante voz femenina, que provenía de una figura humanoide, pequeña y de color gris, que se asomaba entre los árboles.

Los lugareños habían apodado esta leyenda urbana como "la Poochyena Gris", aquel Pokémon de color inusual con la inteligencia de un ser humano que rondaba por los bosques inexplorados. Nadie quería encontrarse con una criatura como ésa…

Aun cuando esa criatura era en realidad una joven (relativamente) normal, si bien un poco baja de estatura, que poseía una larga cabellera de color gris.

- Eso fue aburrido, se terminó demasiado pronto. – dijo bostezando. – Ya pueden salir, vamos a ver si pudimos encontrar algo interesante.

La joven salvaje bajó del árbol en el que estaba trepada y una manada de Poochyena emergió de entre los arbustos y comenzó a seguirla. Lentamente y con cautela se acercó a las mochilas que habían dejado los viajeros y tras olfatearla un poco comenzó a revisar.

Al principio no encontró nada fuera de lo común, una brújula, un par de Pokébolas vacías, algunas cantimploras con agua, aunque sí llegó a encontrar algo que llamó su atención.

- ¡Chocolate! – Exclamó con una sonrisa formándose en su rostro.

Que afortunada había sido. Con algo de desesperación sacó aquella barra de chocolate, que ya se estaba derritiendo, y comenzó a comérsela con mucho gusto. En verdad que le gustaban las cosas dulces, les recordaba mucho a los chocolates que su madre le traía por estas fechas.

Tristemente, no pudo terminárselo todo, pues vio que su manada de Poochyenas parecía antojarse y tuvo que partir lo que quedaba de su barra para que todos pudieran probar un poco.

- Veamos que más tienen.

Encontró un poco de comida enlatada que seguramente le serviría para pasar el invierno, también algunas prendas de vestir masculinas que claramente no le servirían, pero al menos podría utilizarlas para calentar a su manada en este frío. Luego, decidió abrir la otra mochila y lo primero que encontró fueron algunos libros, por lo que soltó un chillido de emoción. Eran la forma perfecta para evitar el aburrimiento y probablemente el mejor regalo de navidad que podía pedir.

La Poochyena Gris los sacó emocionada, aunque se llevó una decepción en un principio. El primer libro era solo una guía de supervivencia en el bosque y ya tenía demasiados de esos, el segundo era uno de "Pokémon Shodown" que ya se había leído, el tercero era una edición de las "Crónicas Alphaneganas" que no pensaba leer (¿Por qué había tantos viajeros que llevaban ese libro en primer lugar?).

Al final el único libro que valía la pena era uno de poemas navideños escrito por Clark Moore.

- Bien, al menos me llevaré esté para mi colección. – murmuró, metiendo el libro de poemas entre su ropa.

Ya quería marcharse a su cálida cueva, pero todavía debía revisar la mochila más grande, así que lo hizo para ver si encontraba algo interesante…

Y vaya que lo encontró: rollos de cámara, micrófonos, unas cuantas libretas, trípode o una filmadora. No había que ser un genio para resolver ese misterio, esos dos seguramente eran reporteros investigativos, y la razón por la que habían entrado a un bosque tan remoto como este era precisamente para algún documental o programa acerca del misterio del "Poochyena Gris".

Esto la preocupó bastante. Por la dirección en que los había hecho escapar, dedujo que pronto llegarían al pueblo y, si tenía suerte, el susto haría que abandonasen el bosque y regresaran a sus hogares. Solamente podía rogar porque ninguno de ellos le consiguiera tomar una fotografía o filmarla, eso sería lo peor que le podría pasar.

Había una razón por la que su madre la escondió en este bosque tan remoto y le enseñó a cuidar de sí misma. Lo que menos quería era dejar alguna pista para que "ese hombre" la encontrara, aquel ser tan despreciable que la mantuvo encerrada por años, separada de su madre, tratándola solo como un perro salvaje de ataque.

La sola idea de ser encontrada por ese hombre le provocaba escalofríos, la asustaba profundamente. Había preparado múltiples trampas para defenderse, pero no quería que todos los esfuerzos de su madre por protegerla fueran en vano. Ojalá ninguno de esos viajeros le hubiese sacado alguna fotografía. Se sentiría aterrada si la descubrieran…

- ¡¿Qué?! – La Poochyena Gris salió de sus pensamientos cuando un miembro de su manada le lamió la mano, aparentemente preocupado por verla temblar tanto. – Oh, gracias.

Mientras ella lo acariciaba, supo que tenía razón, no tenía caso preocuparse por eso ahora. Lo mejor sería volver a su cueva y prepararlo todo para Navidad, quizá esa fiesta sea celebrada en todo el mundo, pero para ella tenía un significado especial.

Ella había nacido ese frío día de diciembre. Le traía recuerdos tanto felices como tristes. De aquellos días cuando no estaba encerrada en esa habitación oscura, de cuando su madre la rescató y la hizo feliz. De como siempre la visitaba sin falta, regalándole libros, ropa y comiendo chocolates juntas. Por respeto a ella, pasaría siempre una feliz Navidad.

La Navidad era una fecha muy importante para la Poochyena Gris, era el día de su cumpleaños, también era el aniversario de la última vez que su madre vino a visitarla…


VIRORO-KUN

Giovanni tomó un sorbo de su copa de vino, mientras caminaba para alejarse de la atención de la fiesta con su Persian a su lado. Rara vez podía pasar tanto tiempo alrededor de la mayoría de los agentes del Equipo Rocket, pero tales eventos le servían como recordatorio de lo mucho que la organización había florecido bajo su guía. Eran una fuerza legítimamente digna de ser reconocida, una que operaba en varias regiones y con varias ramas que trabajaban juntos para lograr la completa dominación de cualquier negocio rentable. Algo con lo que sus predecesores solo podían soñar.

- Hermosa noche, ¿verdad? – La voz familiar lo hizo girarse, y se encontró viendo de frente a Ariana, una de sus más confiables ejecutivas. Y sin que la mayoría de los miembros del Equipo Rocket lo supiera, también su esposa fuera del trabajo. Ella se encontraba mirando la vivaz atmósfera lejos de ellos, con una sonrisa en sus labios.

Él resopló, acariciando la cabeza de Persian. – Esto no es más que un teatro. Una manera de mantener a los reclutas motivados y que sus esfuerzos valgan algo. Aumentar la moral es una habilidad importante para una empresa como la nuestra.

- Siempre el hombre de negocios. Eso me gusta de ti. – La mujer se rio, acercándose a su jefe y marido. Giovanni rápidamente se la quitó de encima.

- Ariana, pueden vernos. Tratemos de mantener una imagen de profesionalismo. – le dijo sin mucha emoción. Saber que uno de los mandamases del Equipo Rocket tenía cierta influencia en el jefe era un punto débil que Giovanni no se podía permitir que se hiciera de dominio público.

Ariana exhaló, dándole la espalda a su marido. – Todos están distraídos, no tienes nada de qué preocuparte.

- Nunca se sabe. Aún sigo sin confiar en Proton.

La mujer concedió su punto con un suspiro, tomando cierta distancia para evitar crear sospechas. Particularmente del ejecutivo de pelo verde, que parecía poner demasiada atención en los procedimientos para gusto de Giovanni. Ninguna precaución estaba de más en su línea de trabajo.

Ariana se cruzó de brazos, mirando hacia un lado con algo de anhelo, hacia la comedia que estaban haciendo algunos de los reclutas. – Me pregunto si deberíamos empezar a traer a Silver. Ya está en edad de ser entrenador, después de todo.

- Lo haremos cuando esté listo.

Ariana volvió a suspirar. – Así que todavía mantenemos la distancia, incluso tras tantos años.

- Lo entenderá con el tiempo. Yo lo hice.

Giovanni volvió a tomar de su copa, considerando sus propias palabras. Estaba plenamente consciente de cómo, en quince años desde su nacimiento, no había estado tan presente en la vida de su hijo como podría haberlo estado, especialmente cuando comenzaron a dar prioridad a estas fiestas de Navidad sobre su propio cumpleaños. Pero el tiempo perdido con su hijo era algo que siempre podría recuperar eventualmente, mientras que el más mínimo error en cómo lideraba al Equipo Rocket tendría consecuencias mucho más serias tanto en su vida como la de su hijo. Era una ecuación fácil de resolver, y una que su propia madre había resuelto con el tiempo. E igual que lo hizo él en el pasado, Silver tendría que aceptar que su decisión era la mejor para todos, incluyéndolo a él.

- No puedo negar eso. Pero sigue siendo tu heredero, y debes prepararlo para su futuro. – le dijo Ariana con finalidad, antes de dirigirse hacia la mesa con los demás ejecutivos, y dejando a Giovanni a solas con sus pensamientos.

Observando su copa medio vacía, Giovanni pensó en las palabras de su mujer. Tenía bastante experiencia con las cosas que se movían en direcciones inesperadas; aún seguía planeando cómo atar ese cabo suelto que era Mewtwo, después de todo. Y por mucho que deseara participar más en la crianza de Silver, sabía que todas esas veces que pudo darle tiempo fueron lo más que se pudo permitir para su hijo. Tenía la certeza de que aquel Sneasel que le dio de compañero hacía años seguiría haciendo un trabajo admirable ayudándolo, al menos.

Sacudiendo su cabeza, Giovanni se terminó de tomar su copa y volvió a la mesa, listo para discutir con los ejecutivos los planes para los próximos años. Había un momento y lugar para reflexiones sobre su vida privada, y este no era definitivamente ninguno de los dos.

Ahora, era el momento para ser Giovanni, Jefe del Equipo Rocket. Y no dejaría que sus sentimientos interfirieran con su gloria.

FIN.


Notas de los autores:

FOX: ¡Feliz Navidad! Uff, fue por poco, pero este año pudimos cumplir con el plazo para el especial de Navidad justo a tiempo. Tristemente, debido a complicaciones fuera de mi control, este año mis contribuciones fueron muy escasas, ya que solo logré completar cuatro de las viñetas que tenía planeadas (tenía ganas de hacer una con Gary y los Snagem, y otra con Serena y su mamá). Ni modo, supongo que tendré que archivar las demás para el próximo año.

Ahora bien, supongo que vale la pena destacar la primera, para que puedan echar un vistazo a las hermanas de Misty ya que no se les ha vuelto a ver desde su arresto. Sé muy bien que su representación en este universo fue bastante controversial, así que todos estuvimos de acuerdo en que era tiempo de corregir un poco eso, y mostrar las cosas desde su perspectiva. Aquí como pudieron notar, el ver a su hermana pequeña celebrando Navidad feliz y libre, mientras ellas permanecen encerradas, les ha dado otro punto de vista y las ha puesto a reflexionar. Tal vez esto sirva en el futuro para ayudarlas a redimirse por todo lo que le hicieron tanto ellas como sus padres.

En fin, no me queda más que decir excepto gracias por los reviews a Remmy y darkdan-sama, y que espero que hayan disfrutado de nuestro especial anual. así que hasta el próximo año, y mis mejores deseos para el 2022 para todos.

BRANDON: Hola a todos, aquí BRANDON369 para desearles a todos una feliz Navidad. Otro año que va llegando a su fin y espero que hayan podido disfrutar todo lo que Reset Bloodlines les ofreció. Intentaré estar más activo el próximo año y de hecho hay algunos proyectos en los que estoy trabajando, espero tenerlos listos para el siguiente año.

En cuanto a los fragmentos, me divertí escribiendo la mayoría de esos y había personajes de los cuales definitivamente quería contar más, como Phoebe o la Poochyena Gris, además de reír un poco con el buen Jimmy Ray. También me sentí regresar a mis orígenes usando a personajes como Ken, Al y Harry, quienes fueron antagonistas de mi primer Interludio y habían estado sin usarse desde entonces. En verdad quería retomar a ese trío, pero no tuve oportunidad hasta ahora xD. Y lo mismo con Blaine y Alish, a quienes llevaba un buen tiempo sin utilizar, pero me pareció una buena oportunidad para explorar cierto aspecto de su pasado. De hecho, van a ver más cosas sobre Alish en mis futuros proyectos, así que ya saben qué esperar.

En fin, eso es todo de momento. Les deseo a todos unas buenas fiestas y un próspero año nuevo, así que me despido hasta mi siguiente aporte.

CROSS: Disculpas por la falta de actividad este año, pero tengo algo más en proceso. Pendientes en el hilo de Spacebattles por ello.

VIRORO: ¡Y con esto pasa otro año! No fue el más productivo para Reset por mi parte, pero habiendo completado mis compromisos con el Ancienverso, tengo varios planes a reanudar aquí, lo que llevó a la viñeta de Hareta aquí, ya que El Chico Salvaje de Sinnoh es uno de mis proyectos clave para recuperar. También buscábamos introducir apropiadamente a Silver en el escenario, aparte de trabajar en uno de los momentos más infames de Reset con las Hermanas Sensacionales aquí. ¡Esperamos que hayan disfrutado de todas las viñetas, tanto las mías como las de los demás!

En cuanto a marcadores de tiempo, la viñeta de Silver tiene lugar unos nueve años antes de la navidad del Año Uno, Hareta poco antes del inicio de su spinoff, Chloe y Goh antes de los equivalentes de sus eventos en Viajes Pokémon y por tanto antes de la viñeta de Chloe del año pasado, Koko y Zarude unos cuatro años antes del Año Uno, la mandatoria de Flint y Volkner posterior a todas las que se han publicado hasta ahora, Mewtwo y Mew después de la viñeta de hace unos años durante el Año Uno (y planeo escribir un oneshot para explicar la aparición de Mew aquí), y Giovanni durante el Año Uno, contemporánea a la del trío Élite. Y con todo eso dicho, espero que hayan tenuido unas felices fiestas, ¡y les deseo un gran año 2022!