Los chicos de barrio no me pertenecen, son propiedad de Cartoon Network y Tom Warburton.

No es un adiós

-¡Quita tus sucias manos de mis botas! ¡Arght! ¡Suéltame!

-Regresa a la nave –ordenó 66° 33'N, arrastrándolo a buen ritmo por entre los miles de pasillos eternamente idénticos- el ártico no queda a la vuelta de la esquina.

A pesar de no tener ninguna oportunidad contra el jefe, pues este era un niño esquimal más alto que el promedio y estaba cabreadísimo, 60 siguió arañando el piso tratando de zafarse. Quería repasar cada rincón del sector médico de nuevo, como si la niña de rojos cabellos fuera una de esas cosas que pierdes accidentalmente y tienes que hacer todo el camino a la inversa para dar de nuevo con ella.

Y es que sesenta no se lo creyó nunca del todo.

Ni cuando fue un simple susurro que escuchó del amigo de un amigo. Ni cuando el comunicado por escrito llegó a manos del jefe de la base ártica, 66° 33'N , y este poniendo a prueba sus habilidades de niño de cuarto grado lo leyera en voz alta provocando que no se hablara de otra cosa.

Ni si quiera después de tanto buscar sin encontrar rastro alguno de Fanny.

-Que no está, ella tiene prohibida la entrada a este lugar ¿Que nunca me escuchas 60?

-¿He…? ¿Dijiste algo?

-¡Que la reubicaron! –exasperó el jefe propinándole una sacudida- esa niña ya no tiene nada que hacer aquí, desmanteló a los gemelos. Rompió la regla número uno de este lugar: no lastimar niños.

-Ella no lo hizo –respondió a secas intentando patearlo con su pierna libre. Pero 66° 33'N lo esquivó a tiempo y terminó torciéndole el pie cautivo con ambas manos haciéndolo retorcerse de dolor en el suelo.

-Escucha. No estoy enfadado con esa niña, nadie lo está realmente, los gemelos le proporcionaron demasiada información al enemigo. Y entiendo que te enfade escuchar cosas tan desagradables de tu amiga, pero ¿Podrías por favor dejar de comportarte como un demente? ¡Asustas a todo el mundo!

-¡Pero es que nadie me escucha! Fanny nunca ha tenido un arma entre manos, ni hablar de disparar. Apenas puede zafarse de mí cuando peleamos, y eso solo porque la dejo ganar de pura pena. Es más pequeña que yo, todavía le teme al coco y se chupa el pulgar cuando tiene miedo. ¡Ella no fue!

Las palabras le brotaron mecánicas y filosas, cansancio y rencor, hasta ese momento sus argumentos habían sido aplastados con avalanchas de indiferencia por parte de los mayores y era un nuevo motivo para que los niños de su edad evitasen estar con él. Es por eso que el silencio que se prolongó luego de decir aquello fue suficiente para que sesenta creyera patéticamente haber logrado una especie de victoria.

- Mantente al margen.

El jefe soltó su agarre, el ruido de sus botas al caer hizo eco.

-¡Pero…!

- Sesenta, si de verdad te importa esa niña. Mantén. Cerrada. La. Boca. –ordenó girándose hacia él- de momento hay todo un escuadrón perdido allí afuera y un brote de varicela, hay prioridades. Anda, camina.

Y la noticia le llegó una y otra vez, distintas voces, modos, opiniones, misma conclusión.

No se hablaba de otra cosa, no se podía.

-Trasmisión interrumpida-

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Capítulo 6: Seré bueno.

-Las bajas temperaturas ayudan a formar el carácter.

-¡Ay que las hilachas!

-¿En serio Patt? ¿¡En serio!?

-¡Solo estoy tratando de ver el lado positivo del asunto! Como si me gustara estar congelándome en este lugar…

-¡Amas estar congelándote en este lugar Patt!

Ella señaló los pantaloncillos cortos y sus pies descalzos, vestimenta que contrastaba por completo con la de los demás habitantes de la casa. Pero él volvió a negar con la cabeza, meciendo su ahora espeso y largo cabello de un lado a otro.

-Carácter –repitió sentándose a la mesa y restándole importancia.

Fanny se dio con la palma de la mano contra la frente, el día de hoy estaba cerca de ser el tercero más frustrante en su corta vida. Primero la falsa alarma en el sector K, después el idiota de 2.000 intenta hundir su propia base ¡Por segunda vez! Le siguió regresar a casa en madrugada y caer dos veces por las escaleras antes de llegar a su cuarto, solo para despertar dos horas después tiritando y descubrir junto a toda la familia el sistema de calefacción en ruinas.

El crudo invierno de Irlanda con sus típicos bajo ceros y constante suave lluvia nunca les habían parecido tan despiadados sin aquel resguardo artificial. 86 se vistió con toda la ropa que tenía, batalló a muerte con Paddy por un par de guantes y soportó con envidiable voluntad no coger en brazos su simio arcoíris para tan congelada ocasión.

Nunca lo haría en frente de Patt.

Nunca en frente del no-tan-niño del otro lado de la mesa que se servía patatas, salchichas y huevos fritos como parte del desayuno familiar, mientras oía a los mayores debatir que hacer con el imprevisto.

Siendo sincera consigo misma a veces olvidaba la presencia del adolecente en la casa, pero podría decirse que no se perdía de mucho de todas maneras. Con esa cara de pocos amigos, todavía en pijamas y con la suave mancha violácea todavía en la mejilla. Uno podría decir que era el mismo cretino de siempre, claro, pasando por alto el hecho de que su pasado estaba lleno de huecos argumentales.

De no ser por este percance en un día como hoy Fanny estaría todavía abrazada a su almohada recuperando horas de sueño, sacando el mayor provecho ante sus padres de la excusa del cambio de horario entre países y su (fingida) incapacidad de adaptarse a ello. Soñando con despertar lista para proseguir con sus magistrales planes. Él, en cambio, estaría recorriendo con Shaunie las afueras. Lagos, acantilados, bosques, castillos y todo lo que Cork podía ofrecer a un visitante como él.

En un día cualquiera estarían ajenos uno del otro, felices en lo que cabe.

Pero este asuntito del termostato los ha anclado allí.

Que para ser sinceros el aparato ya tenía mala pinta, era innecesariamente grande, un modelo antiguo y amarillento. La familia misma desconocía sus funciones y se conformaban con no meter mano. Pero los adultos eran muy complicados, llamarían a ese cacharro viejo "reliquia" y estarían dispuestos a pagar un monto considerable por él, presumir de ello con los vecinos y castigar severamente a sus hijos por echarlo a perder.

-¡Y estoy seguro que fuste tú Ulises, puedo verlo en tus ojos!

-Mi nombre es Patton, señor.

-Ulises todavía está de vacaciones en Guatemala papi –les recordó Shaunie- Patt cuida de nosotros mientras tanto.

-Creo que es al revés –comentó con aire ausente Paddy sentado a su derecha.

-Decidido –sonrió el adolecente en respuesta- serás tú quien me ayude a subir los baúles de ropa del sótano.

-¿Tenemos sótano? –preguntó el señor jefe asombrado.

-Así es –murmuró su madre tomando otro sorbo de su té- allí guardo las vajilla fina y tus herramientas. También la ropa de abrigo que no necesitábamos porque la casa tenía la temperatura correcta.

Fanny se removió inquieta en su lugar. Intuía en aquella inquietante serenidad lo malhumorada que su madre estaba con el tema, ni si quiera estaba tan al pendiente de su teléfono celular como lo haría normalmente. Aquello solo era un indicio de que habría revancha por lo sucedido, con ellos como el blanco principal, porque no había manera de que haya sido un mero accidente.

Quien quiera que le haya quitado su gloria a aquellos eternos 25°C merecía una buena paliza por cabeza hueca. No le bastó tocar botones al azar, sino que al parecer las cosas se le habían salido de control y trató de enmendar su error tratando inútilmente de encajar las piezas de nuevo y de volver las pegatinas descoloridas que tenía en los lugares incorrectos.

-¡A mí no me engañan! -gritó papi- ¡Fue este chico que se apareció sin avisar!

-Con todo respeto –farfulló Patt sin dejar de comer- me obligaron a venir.

-¡Invade nuestra casa!

-No sabía que era su casa.

-¡Hace sufrir a nuestra querida hija!

-Tampoco sabía que ella era su hija. Oiga, un momentito ¡Ese no fui yo!

-¡A mí no me levantes la voz Ulises!

-¡Mi nombre es Patt!

Fanny propinó un puntapié al adolecente bocazas por debajo de la mesa. La señora de la casa le clavó el tenedor en la mano a su maleducado marido.

Hubo un par de chillidos agudos.

-Que lamentable -dijo Fanny forzando una sonrisa- pero solo hay que buscar a alguien que lo repare.

-Buscaré a alguien que lo repare –corrigió su madre de manera cortante- puede que me lleve días.

-¿Y de cuantos días estamos hablando exactamente…?

-Tres. Sin televisión, ni salidas.

-¿Estamos…castigados? –preguntó Shaunie percatándose del asunto y mirando a sus hermanos- pero hoy Patt me llevaría al parque.

-Pues Patt ira solo al parque, cariño. Tú y tus hermanos tienen asuntos pendientes con la ley.

Fanny se sintió morir por unos segundos.

-Conocemos a un buen mecánico –balbuceó en un intento de negociar la sentencia.

-Es un modelo antiguo, no creo encontrar a nadie que sepa tratar con el correctamente –fue la respuesta.

Tommy dejó de ser una opción. Opción: B entonces.

-El señor pulcro es lo suficientemente viejo como para tratar, y no vive lejos. Desde que la compañía de Hot dogs anda tras él, se ha mudado cuatro veces.

-Pero sería una solución temporal. Se echaría a perder tarde o temprano, y tal vez en circunstancias menos provechosas. Lo correcto sería reemplazar todo el sistema ¿No lo creen?

-¡Pero tomaría días! –chilló Shaunie haciendo números.

-Y ya queda muy poco de nuestras vacaciones –masculló Paddy.

-Debieron pensárselo mejor antes de cometer la travesura.

-¡Pero mami, nosotros no…!

Esta vez el puntapié fue para el bocazas de Shaunie.

-¡Pero nosotros no queríamos causar tantas molestias! –repuso Fanny acallando, con su potente voz, los chillidos de su hermano menor- estoy segura que encontraremos una solución. ¡Ayudaremos!

-¿En serio?-cuestionó sorprendida su madre.

-¿En serio?-cuestionó incrédulo Patt.

-En. Serio –repitió ella haciendo chillar los dientes- sobretodo Paddy, él quiere ayudar.

El susodicho se volvió hacia ella.

-¿Qué yo qué?

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-Le dirás a nuestros padres que fuiste tú quien echó a perder esa cosa –ordenó Fanny- la mejor estrategia es de momento entregar un culpable y una historia. La atención estará sobre ti por tres días, pero los demás podremos salir y ganar tiempo. Deberemos tomar el doble de precauciones para la próxima.

-¿Pero por qué yo? –balbuceó Paddy sentado sobre una litera superior- si lo hace Shaunie lo perdonarán en menos de un día, e incluso si no lo hicieran, no importaría. Él no es un KND, no tiene nada que perder.

-¿Patrick es en serio? -Patt estaba plantado bajo el umbral de la puerta de su cuarto, todavía en pijamas y cargando a un inquieto Shaunie sobre sus espaldas- ¿realmente estas reconsiderando hacer caso a lo que diga tu hermana?

-Es quien está a cargo de esta misión –respondió el mediano encogiéndose de hombros- si algo sale mal, ella cargará con las consecuencias.

-Que ella acepte la culpa entonces.

-¿Y quedarme de brazos cruzados durante tres días? ¿Esta demente? Además necesito a alguien útil aquí mientras me encargo de todo lo demás en la base lunar, y por lo que he visto el día de hoy Shaunie queda fuera –luego se dirigió hacia su hermano menor- ¿Cómo se te ocurre intentar decir que no fue culpa nuestra?

-Porque no lo fue –replicó Shaunie haciendo un puchero- ninguno de los tres lo hizo pero nos castigaron igual.

-¿Y a quien crees que le hubiesen echado la culpa entonces? A Patt ¿Quieres que se lo lleven lejos? ¿Eso quieres? Si no llegaba a tiempo para interrumpirte no sé qué habría pasado.

-Él se saldría con la suya y habría podido escapar.

El par de niños y el adolecente se volvieron hacia el mediano.

-Ninguno de los tres lo hizo –continuó Paddy balanceando los pies desde arriba- el único sospechoso que queda es él. Creo que contaba con que los adultos se enfadaran y que lo enviaran de regreso sin tener que pedirlo. O talvez nos quería castigados a los tres. Cualquiera sea la alternativa él es el único que le puede sacar provecho a esto.

Todos absorbieron el impacto de tal declaración en silencio, permitiendo que la sospecha se extienda como bruma entre ellos e intentara filtrarse por sus narices. Fanny reconoció aquella sensación, la apartó de golpe y fue la primera en hablar:

-Por supuesto, Patt hizo la travesura porque nos odia y quiere fugarse e ir a pasar rato con sus amigos adolecentes –soltó poniendo los brazos en jarras- todo tiene sentido ahora. Excepto tal vez que … ¡Eso es imposible!

-¿Por qué no? A lo mejor ellos tengan mejor carácter y sentido común –replicó Patt- Porque ya sabes, ¿Qué clase de hermana mayor le ordena a su hermanito echarse la culpa de algo que no hizo?

-La clase de hermana que tiene un asunto muy importante el día de hoy y no puede quedarse en casa perdiendo el tiempo.

-Ahí vamos de nuevo. Te juro que cada vez te escucho perder la cabeza por ese imbécil…

-Su nombre es sesenta –le corrigió ella de inmediato- pero increíblemente hoy no se trata de él, sino de otro casi tan menso. Y nadie ha perdido la cabeza, mi plan es perfecto y solo saldrá bien si ustedes niños bobos lo siguen al pie de la letra.

Tomó su mochila y comenzó a alistarse para partir en pocas horas hacia luna, tomó una de sus maletas de viaje, insertó un código para abrirla y sacó lo necesario para la misión.

-Te harás responsable de este asunto 85 –ordenó aventando municiones de chicle dentro de su mochila- invéntate una buena historia para decírsela a mamá y haz que Shaunie también se la memorice, yo me inventaré una mejor para decir a tus compañeros de equipo y a tu superior. Exigiré tres días libres para ti. ¿Alguna duda?

Su hermano de un salto bajó de la litera y se pasó de manera frenética los dedos por su maltrecho cabello.

-Pero los sabuesos… –murmuró angustiado.

-Ellos son problema mío –respondió buscando al adolecente todavía de pie en la puerta. Este estaba visiblemente malhumorado y esperando ese contacto visual seguramente para tratar de hacerla cambiar de opinión. Pero ella fue más veloz.

-Ahora estás bajo custodio de Paddy –le informó- él cuidará de ti Patt.

Ante la noticia el niño más pequeño se deshizo de los brazos que lo sostenían y fue directo a confrontarla.

-Eso es injusto –chilló Shuanie- ¡Yo lo pedí primero!

-Tú no tienes voz ni voto aquí. Con tanto tiempo libre 85 no puede poner excusas y no habrá otro incidente. Todos ganamos.

-Francine…-Patt frunció el ceño y respiró hondo- dime que no hablas en serio y que no me estas canjeando por un favor.

-¡Ay es lo mismo! Solo que ahora ya no te disparará en la cabeza con láseres –dijo ella a la defensiva- ya no puedo cuidarte, hay muchas cosas que hacer, a 85 le servirá de práctica, y… ¡Oye regresa aquí! ¡Patt!

El adolecente dio media vuelta y cerró enorme puerta de roble con tal fuerza que Fanny asustada trastabilló y cayó hacia atrás, sobre Paddy. Se repelieron mutuamente entre empujones y quejidos sobre la alfombra hasta que lograron ponerse de pie y salir de al pasillo.

-¿Lo escuchaste bajar por las escaleras? Búscalo en su cuarto y en los baños ¡Ahora!

-¿Niños que fue ese ruido? –preguntó desde la planta baja su padre.

-¡El viento! ¡El viento cerró la puerta! –respondió de inmediato Fanny tropezando en las escaleras por tercera vez en el día.

Encontró a papi sentado frente al televisor en la sala y a su madre en la cocina hablando por teléfono. Y finalmente se encontró de pie ante una inmensidad de blanco, blanco y más blanco.

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Como líder del escuadrón de desmantelamiento su objetivo no solo era atrapar a los fugitivos para luego desmantelarlos, sino también reducir las probabilidades de huida, es decir, los elementos o condiciones mínimas que el sujeto pudiera usar a su favor.

Había agentes a quienes nunca se les pasaba por la cabeza escapar, ya sea porque olvidaban la noción del tiempo y un día para otro se la encontraban frente a frente en el pórtico de su casa reclamando sus memorias; o agentes que por lealtad no se permitían ir en contra de las reglas impuestas. El conocimiento de la personalidad, capacidades y motivaciones de sus objetivos eran la clave.

Fanny echó a andar por sobre la nieve y el barro acumulado en su patio repitiéndose mentalmente que el adolecente jamás podría, ni querría escapar de allí.

No llegaría lejos en pijamas y sin nave. Sin equipo, sin soldados bajo su mando, sin el conocimiento de sus propias circunstancias, un ideal o propósito por el cual caer, el chico estaba por completo expuesto.

-¡Ya déjate de tonterías! –gritó contra el viento y a ningún lugar en específico- ¡Regresa a casa de una vez y talvez te perdone por ser tan bobo!

Una bola de nieve se estrelló de lleno en su cabeza. Y pese a la sorpresa ella sonrió, se sacudió la nieve y trató de deducir de donde vino el ataque. Él estaba observándola, escondido entre el paisaje, como aquella vez en Polonia. Al fin un comportamiento acorde lo esperado.

-Esto es ridículo, tarde o temprano tendrás que volver a casa –anunció nuevamente, llevándose los brazos a la cabeza para protegerse de otra bola de nieve. Que no llegó.

La paciencia no era lo suyo, pero esta vez de veras se esforzó. Trató de provocarlo gritando un par de cosas más, que lo único que lograron fue preocuparla porque sintió que en realidad eran advertencias para sí misma. No tienes a donde ir, te congelarás si no regresas, no tienes a nadie más.

Esperó en silencio entonces, agudizó el oído y sintió el frío apretándole las mejillas. Contó hasta diez, buscó entre los descuidados arbustos de su patio. Contó hasta veinte, rodeó la casa cuidando no ser vista por ninguno de sus padres y se detuvo frente a la calle sin tráfico repleta de autos estáticos.

Luego echó a correr.

Porque recordó que pese a todo las precauciones todavía había quienes lograban escapar de la destitución. Simplemente algunos eran más listillos que otros, más temerarios, mas retorcidos también. A último minuto, justo al pie del precipicio, un niño o niña asustado era capaz de cosas inimaginables. Ella lo sabía muy bien, ella lo había logrado, ella estuvo dispuesta.

¿Que factor había pasado por alto? Repasó mentalmente todo, equipo, motivación, lazos, ¿personalidad?, ¿riesgo?, ¿miedo?

El miedo, era peligroso. Te hace ser consciente de las cosas, lo aclara todo, te empuja a todo. Planear un escape, traicionar a su equipo, intentar salvar a un compañero, acceder a aceptar culpas… solo importa prevalecer.

¿Hay algo más peligroso que un niño asustado?

-Lo hay –se respondió a ella misma cuando pudo visualizar sobre nieve a medio derretir huellas de pies descalzos- uno que este enfadado.

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-¡Te tengo! –gritó atravesadondose de repente en su camino y lanzándose sobre él. Había recorrido una la extensión exquisita de jardines congelados, sentía las mejillas arder- ¡Sabía que no llegarías lejos!

-No me digas –respondió el muchacho con disgusto tratando de quitársela de encima- últimamente lo sabes todo. A Patt le gustará Irlanda, el té y las patatas. Patt dormirá en el cuarto de huéspedes, será buen chico y no destruirá el termostato en un intento desesperado por escapar de aquí.

Fanny frotó su húmeda nariz contra la delgada camiseta del adolescente.

-Yo nunca me equivoco -dijo con total seguridad- y lo que creo ahora es que no tiene gracia que después de todo lo que hice por ti, todavía suenas como si estuvieras enfadado.

-¡Estoy enfadado! No fui yo el que metió la pata desapareciendo en la maldita nada, yo no te dejé sola. Esto no es mi culpa, sin embargo vivo como un convicto fugitivo en esta isla. ¡Una isla! Francine nos rodea agua de norte a sur, no hay manera de salir, no hay escapatoria. ¿Y ahora soy un juguete canjeable?

-¡No puedo estar al pendiente de ti sin que todo se salga de control! Ya es muy difícil con 83 y 84 rondándome como sabuesos. Lo que pasó con ese cacharro es una clara señal de que no debo bajar la guardia ni siquiera en casa, dejarte al cuidado de mi hermano es la única forma de evitar que te lleven lejos. Sí te volviera a perder, yo…

El muchacho la tomó por los hombros con brusquedad.

-Atención mocosa, yo soy Patton Drilovsky –siseó a modo de amenaza, acercando su rostro al suyo- eres tú la que debería andar con cuidado. He recibido instrucción militar desde los cinco años, tengo más condecoraciones de las que cualquiera podría soñar. ¡Si vuelves a llamarme sesenta! ¡Acabaré contigo!

Fanny percibió por primera vez que el chico la superaba en fuerza y tamaño, que el cabello alborotado y sin gorro le daba otro aspecto a su rostro. Que la voz era distinta y hasta su atuendo, porque la ropa que acostumbraba llevar le había quedado corta. El mundo se tambaleó, la adrenalina se disparó, su cuerpo se tensó, miles de horas de entrenamiento y cientos de posibles estrategias pasaron por su mente.

-¡Ya suéltame Francine! ¡Quita tus brazos de mí!

Todo tipo de alarmas y advertencias taladraron su cabeza. Y aquella sensación de caída al vacío que conocía tan bien y de la que nunca jamás podría deshacerse, ya estaba lista para devorarla de nuevo. 86 se aferró a lo único cierto que conocía.

-¡Así no son las cosas! –gritó llena de rabia, clavando sus uñas en él- sin importar lo enfadado que estés tú nunca me harías algo malo. Eres tan intachable que estuviste dispuesto a ir mi cuarto a tratar de defender al idiota de mi hermano, pero no pusiste un pie allí dentro porque tu mamá te lo prohibió hasta que tenga 18. Estamos teniendo esta discusión a tres cuadras de casa y en medio de la nieve porque te da miedo que mis padres se enfaden contigo y te pidan marcharte ¡Paddy no dispares!

El adolecente se quedó estático.

-¿Dónde…?

-Soy el único escudo posible, así que ya quédate quieto de una buena vez –contestó ella delatando la ubicación del francotirador a sus espaldas- 85 me siguió hasta aquí.

-Lo veo –murmuró Patt fallando en ocultar su asombro, captando de inmediato el rojizo cabello de Patrick a lo lejos- ¿realmente puede darnos desde esa distancia?

-Yo lo entrené –presumió recuperando la compostura y apartándose lentamente. Su corazón todavía ardía y el rojo de sus mejillas se había trasladado a casi todo su rostro y cuello- sé que estas enfadado y confundido, pero volvamos a casa. Prometo que se me ocurrirá algo para arreglar esto, algo bueno, pero por favor...

Paddy salió de entre un montón de arbustos a lo lejos y se dirigió hasta ellos sin dejar de apuntarlos con su escopeta cargada de sedantes de jarabe.

-Sospecho que fue él quien rompió esa cosa, solo para echarte la culpa y obligarte a marcharte de casa -murmuró en complicidad Fanny- pero no te enfades, su trabajo es desconfiar y sacar de juego a cualquiera mayor de 13 años. Seguramente vio la oportunidad y...sospecho que no le caes bien. Pero si se lo ordeno, él cuidará de ti casi tan bien como...

-No fue Patrick –la interrumpió Patt forzando una sonrisa sin dientes. Luego, levantó los brazos en señal de rendición frente al mediano- Fue tu padre. El señor jefe fue quien hizo la travesura, es él quien me quiere fuera Francine.

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-M-mi nombre es 85, seré el oficial a cargo de la vigilarte los próximos siete días. Se te pedirá que entregues voluntariamente tus armas, estas serán resguardadas examinadas por nuestros experrtos y devueltas a tus compañeros de equipo luego de tu posterior destitución. Las armas que foeran descubiertas durante esos días serán confiscadas y apri-apropiadas por otros agentes, o destruidas, si no logramos descubrir para que sirven. Como miembro importantísimo de los cerebritos de Knd se te permitirá….

-Bla, bla, bla. Órale ¿Cómo cuánto tiempo tomará que leas todo eso?

-Un poco mucho, tal vez más. ¡P-pero es necesario! Es parte de la misión que sepas todo esto, aunque sea un poquito aburrido. Así si rompes las reglas, sabré que no fue accidental y el pelotón y yo podremos dispararte y encarcelarte hasta el día de tu cumpleaños número trece. Así funcionan las cosas.

-De acuerdo. Sospecho que 86 me hubiera arrojado el papeleo en la cara u obligado a leerlo en voz alta a punta de pistola.

-¿Así se hace? –preguntó angustiado Paddy- ¿Debería arrojarte esto a la cara y..?

-¡No! ¡Claro que no! ¡Olvida lo que dije! Síguele, síguele, no dije nada.

-Lo siento –se disculpó Paddy- es la primera vez que mi hermana me pone a cargo del escuadrón.

-¿Por cierto donde está 86?

-Se metió en problemas esta mañana y mi mamá la castigó por tres días, pero ella dijo que está bien, que así los estoopidos del sector lunar aprenderían a valorar su trabajo. Y ella tendría vacaciones.

-Tu hermana es una ternura, primero me exige una nave, luego dice que no le sirvió para nada pero no me la devuelve y ahora me deja plantado. Al menos es consuelo saber que no soy el único novato en esto. Un consejo que al menos tu no podrás olvidar: haz lo que tú creas correcto y no tanto lo que dice el libro, al fin y al cabo todos terminamos aquí.

El pelirrojo hizo una mueca.

-No me dejan recibir consejos de agentes como tú –murmuró un tanto incomodo y finguiendo volver su atención al papeleo- lo siento.

-Si, no digas nada. Solo...solo haz que me vea bien ¿De acuerdo?

Le tomó tiempo tratar de retomar donde lo había dejado, y otro rato decidirse comenzar de nuevo con e incluir las correcciones que creyó necesarias. Pero el resultado valió la pena.

-Soy 85 y es un verdadero honor ser el oficial a cargo de vigilar hasta el día de su destitución al legendario inventor número 2, del sector V. Se te pedirá que entregues voluntariamente tus supergeniales armas, estas serán…

-Eso suena mucho mejor –murmuró Guillermo Gonzales mirando a la inmensidad del espacio exterior a través de los ventanales de la base lunar.

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Nota 1: Patt habla fluido su lengua natal y el inglés, entiende varios idiomas más pero aunque quisiera no puede hablarlos.

Nota 2: En Irlanda en general se habla inglés, solo los verdaderos irlandeses hablan pues… irlandés. Los niños Fullbright son bilingües entonces. Y todos logran entenderse en la mesa de desayuno porque lo hacen en inglés, la única lengua que el señor jefe entiende bien.

Nota 3: 66° 33'N es un personaje inventado por mí, será el antecesor de 60 en esta historia.

Nota 4: Realmente lamento la demora. ¿Es solo mi impresión o pasaron años? Perdón!

Connor Kurasay.