Pokémon Reset Bloodlines – Especial de Navidad 2022
Escrito colaborativamente por Fox McCloude, Crossoverpairinglover, BRANDON369, Viroro-kun, Acpeters, Imperator Marmajorian y Cyberbeta.
Disclaimer: Pokémon y todos sus personajes son propiedad de Satoshi Tajiri y Nintendo. La historia de Reset Bloodlines es propiedad de Crossoverpairinglover, y las viñetas aquí escritas son propiedad de sus respectivos autores. Todos los derechos reservados.
Summary: Más historias de Navidad de la nueva realidad. Desde Kanto hasta Galar y más allá, familia, amigos y seres queridos, humanos y Pokémon, celebran cada uno a su manera sus festividades.
FOX MCCLOUDE
"Habremos ganado la guerra para Navidad" y "Estaremos de vuelta en casa para Año Nuevo", eran las consignas más populares para el reclutamiento. Muchos jóvenes aguerridos y entusiastas se enlistaron creyendo en esas palabras.
Bueno, Navidad se acercaba y todavía no se veía un fin cercano a este conflicto. Aunque las cosas habían estado bastante tranquilas, el recientemente ascendido a teniente Matis Surge sabía que no podía descuidarse, y cuando no estaba combatiendo, buscaba formas de estar preparado para cuando volvieran al campo de batalla. Por ejemplo, terminar este pequeño proyecto suyo.
– ¡Muy bien, amigos! ¡Denme todo el voltaje que tengan!
– ¡Raaaiii… CHUUUUUUUUUUUUU!
– ¡Jol… TEOOOOOOOOOOONN!
– ¡MAGNA!
A pesar de estar registrado oficialmente como soldado activo, Surge también tenía conocimientos de ingeniería, que pudo poner a buen uso cuando fue asignado a trabajar en conjunto con una división de la Fuerza Aérea Kalosiana, y a menudo trabajaba en conjunto con los mecánicos para modificar sus aviones, permitiéndoles usar la energía eléctrica de los Pokémon como fuente de poder alternativa y con eso ahorrarse muchos galones de combustible.
– ¿Todavía trabajando, Surge?
Se giró para ver una figura en la entrada del refugio. El hombre aparentaba unos treinta y tantos, vestía el uniforme de la Fuerza Aérea Kalosiana, y las insignias en su pecho y hombros delataban su rango como Coronel. Su pelo castaño oscuro se dividía en el medio por una raya blanca, y llevaba unas gafas oscuras cubriendo sus ojos.
– Coronel McCloud, señor. – dijo Surge irguiéndose y saludando de inmediato.
– Puede descansar, soldado. No estamos de servicio, por el momento. Te vendría bien tomar un descanso.
– Con todo respeto, nunca se es demasiado cuidadoso, señor. – dijo Surge. – No sabemos cuándo los Guardianes decidirán reanudar las hostilidades.
– Cierto, pero has estado trabajando sin parar durante cuatro días completos. El descanso también es importante. Además, dudo mucho que tengamos mucho que hacer durante la temporada.
En el espíritu de las fiestas, las hostilidades habían cesado temporalmente durante el mes de diciembre. Tanto Entrenadores como Guardianes habían detenido los ataques al otro bando, permitiéndoles recoger a sus caídos, atender a los heridos y enviar a casa a los sobrevivientes que ya no estuvieran en condiciones de seguir peleando.
– Podrías aprovechar el tiempo de enviar mensajes a casa, a la familia. – sugirió el Coronel. – Seguro has de tener a mucha gente esperándote, ¿verdad?
– Mi abuela, aunque estoy seguro de que se encuentra bien. Después de todo es la campeona invicta de vencidas de la Aldea Agate desde hace décadas, así que nadie se metería con ella. Imagino que usted también debe tener familia esperándolo, ¿no?
El Coronel desvió la mirada momentáneamente antes de contestarle. Aún esas gafas oscuras no ocultaban del todo la evidente expresión de tristeza en su oficial superior.
– Mi mujer estaba embarazada cuando me llamaron para servir. A estas alturas, nuestro hijo debe tener ya poco más de un año. Y no veo la hora de terminar con esta guerra para volver a casa y poder conocerlo.
Las palabras del Coronel movieron algo dentro de Surge. Aunque muchos creían que los soldados debían ser despiadados y sin sentimientos, en el fondo nunca dejaban de ser humanos, y pese a que todos creían firmemente en la causa por la que peleaban, eso no disminuía lo mucho que el conflicto les pasaba factura a todos.
La incertidumbre de no saber si volverían, el tener que darles a las familias las malas noticias cuando sus miembros no regresaban con vida, y el pensar que se perderían festividades tan especiales como la Navidad. Cualquier soldado se preguntaba cómo estaría celebrando su familia sin ellos, y Surge no era la excepción.
– Vamos a terminar esta guerra pronto. Voy a darlo todo para que así sea, señor. – le aseguró.
– El entusiasmo se aprecia, teniente. – dijo el Coronel. – Pero al menos por hoy, estará bien que te tomes un descanso. ¿Por qué no me acompañas y te tomas unos tragos a mi cuenta? Todos en la Brigada Sky Delphox queremos agradecerte por tu duro trabajo.
Esa era una oferta que Surge no podría rechazar de ninguna manera. Resignado, pero feliz, aceptó acompañar al coronel y dejar el trabajo aunque fuese por un rato.
Quizás él tenía razón, debería disfrutar de este descanso mientras durara. Después de todo, en el fondo no creía que los Guardianes fueran tan imbéciles de romper el cese al fuego si tenían algo de espíritu festivo igual que ellos.
BRANDON369
Si bien las navidades podían ser frías en la mayoría de lugares, Isla Cinnabar era una buena alternativa para disfrutar de las fiestas en un ambiente cálido y reconfortante. Por supuesto, en toda la isla, no existía ambiente que reflejara mejor aquella calidez, más que la posada adivinanza, donde vivía el Líder de Gimnasio conocido como Blaine, maestro de los acertijos.
Este año, sin embargo, era realmente especial para él y se había preparado de acuerdo a la ocasión. Blaine había cerrado su gimnasio lo más temprano posible (bloqueando la entrada secreta al volcán para que ningún retador entrara por error mientras estuviera festejando), ordenando a todos sus Pokémon disponibles que lo ayuden a decorar su posada y ponerla en orden.
¿La razón de estos preparativos? Después de muchos años en los que estuvo viajando por todo el mundo, su querida hija, Yakimono, finalmente vendría a pasar navidades junto a él. Esto lo tenía bastante entusiasmado, pues podrían festejar juntos cómo en los viejos tiempos y hasta había preparado muchos acertijos nuevos, pues su hija adoraba resolverlos.
Pero, en cuanto la vio entrar a su posada, supo que estas fiestas serían distintas a los viejos tiempos. Yakimono ya no era una niña, se había vuelto una mujer hecha y derecha, que ya había formado su propia familia… Con todo lo que ello conllevaba.
– Quizás debería ayudar a tu esposo en la cocina. Podría enseñarle la receta de mi estofado navideño a la Blaine. – Sugirió Blaine, entre risas.
– Jaja, tranquilo, papá. Sabes que mi cariñito es el mejor cocinero del Mundo Pokémon… Por eso me casé con él. – le sonrió su hija, bromeando un poco.
Blaine solo podía sonreírle en respuesta. Era cierto que al principio no aceptaba del todo a su yerno, principalmente porque pensaba que Yakimono era todavía muy joven para contraer matrimonio. Pero alguien tan respetuoso y que hacía tan feliz a su hija se fue ganando poco a poco su aceptación… Claro, su talento en la cocina pudo contribuir ligeramente en su opinión.
– ¡Vui! ¡Vui!
De pronto, el Eevee de Yakimono entró saltando a la sala y se subió a la cabeza de su entrenadora, para informarle de algo importante. Ya sabiendo de lo que podría tratarse, Blaine siguió a su hija hasta la habitación en que se hospedaría, caminando hasta una cuna de madera, donde una bebé de pocos meses daba pataditas al aire.
– Miren nada más, mi bebita ya se despertó. Ven aquí, pequeña Alish. – Yakimono le habló en el tono más dulce que pudo, antes de cargarla con cuidado entre sus brazos.
– Jajaja, esta pequeñita es igual de inquieta que su madre. – Blaine intentó hacer algunas caras graciosas para sacarle una sonrisa a la bebé, aunque esta parecía más confundida que divertida.
– ¿Quieres cargarla, papá?
Aceptó gustoso y sin dudarlo, cargando a su nieta con tal cuidado, como si estuviera sosteniendo lo más frágil y delicado del planeta… Aunque la bebé no tardó en divertirse jalándole el bigote a su abuelo de forma un tanto cómica, que le sacó una risa a la madre.
– Veo que le agradas bastante. – sonrió Yakimono, bastante divertida con la situación.
– Tiene mucha fuerza para ser tan pequeña. Seguramente la heredó de su abuelo. – bromeó el Líder de Gimnasio.
– Esa pequeña es mi nueva aventura, papá.
Cuando su hija mencionó aquello con una sonrisa tan melancólica, Blaine supo de inmediato lo que estaba pensando.
Yakimono siempre había sido alguien enérgica y curiosa a la que el mundo le quedaba demasiado pequeño. Sus ansias de aventura la hicieron lanzarse en distintos viajes por el mundo desde la corta edad de 13 años, consiguiendo muchas experiencias inolvidables que siempre compartía con él en sus cartas… Pero su curiosidad también la había llevado a situaciones muy peligrosas, tanto que él mismo se había tenido que involucrar en un par de ocasiones para sacarla del peligro.
Fue realmente sorpresivo aquel día en que lo llamó, diciéndole que planeaba retirarse, después varios años de aventuras intentando resolver los distintos acertijos que el mundo podía ofrecerle. De la noche a la mañana, ella buscaba retirarse y dejar todos esos peligros atrás. En lugar de continuar con sus viajes, decidió contraer matrimonio con el compañero que tantos años había viajado a su lado, para formar una familia junto a él.
– No pongas esa cara, papá. – dijo ella, sacándolo de su reflexión y seguramente intuyendo sus pensamientos. – Sé que mis viajes terminaron y, seguramente voy a extrañarlos, pero… No me siento triste. Es todo lo contrario, cada que veo a mi pequeña Alish, me siento cómo la mujer más feliz del mundo. Jaja, es un verdadero acertijo, ¿no lo crees?
– Sí, créeme que comprendo ese sentimiento, hija mía. – Vaya que lo hacía, era el mismo sentimiento que tuvo cuando cargó a su hija en brazos por primera vez.
– Yo… Solo quiero dejar atrás ese peligro, papá. – Le confesó con sinceridad mientras una pequeña lágrima caía por su mejilla. – Mí único sueño ahora es vivir en tranquilidad con mi familia, criar a mi pequeña para que sea la niña más feliz de todo el planeta. Eso es todo lo que quiero.
– Lo será, con una madre tan cariñosa cómo tú, será la niña más feliz que este mundo haya visto.- Le aseguró mientras le secaba las lágrimas.
– Te quiero, papá.
De este modo, su hija le dio un dulce abrazo, envolviendo también con él a la pequeña Alish, por lo que la familia quedó en silencio, disfrutando del momento. Lo que había dicho Yakimono era cierto, Alish sería su nueva aventura, una que disfrutaría bastante, pues Blaine se aseguraría con todas sus fuerzas de que su amada hija y la familia que estaba formando tengan la felicidad que tanto merecen.
IMPERATOR MAXIMAJORIAN
Años atrás, en Nochebuena, cerca del Monte Plateado…
– No puedo creer que no venga este año. – dijo cierta niña pelirroja con el ceño fruncido.
Jessie no estaba nada feliz. En la superficie, esto no debería ser una sorpresa: ella vivía en una comunidad aislada en las montañas. Su casa no tenía muchas comodidades, y muy rara vez veía a su madre.
– Estas cosas a veces pasan, Jessie. – dijo la voz de un hombre, mientras Jessie se sentaba deprimida en una pequeña y solitaria mesa.
Normalmente, sin embargo, ella podía soportar estas cosas. Después de todo, vivía con una pareja amable llamados Futaro y Sayaka que la cuidaban lo mejor que podían. Y ella podía visitar el castillo local, construido un siglo atrás para un excéntrico millonario en el estilo de los castillos kalosianos, varias veces al año para las festividades. A veces incluso dormía allí. ¿Cuántos niños podrían presumir de que podían divertirse de manera semi-regular en un castillo, kantoniano, kalosiano, o de cualquier otro?
– Siempre viene para Navidad. – respondió Jessie. – ¿Por qué este año no?
No importaba lo mucho que quisiera a Futaro y Sayaka, sin embargo, lidiar con las ausencias extendidas de su madre podía ser muy difícil. A veces, podría pasar meses sin recibir siquiera una carta de ella. Afortunadamente, al menos se las arreglaba para pasar las fiestas de invierno o sus cumpleaños con ella.
Usualmente.
– Tiene una asignación muy importante que tiene que completar lo más pronto posible. – respondió Sayaka. – Sabes lo crucial que es su trabajo.
Jessie entendía, intelectualmente, que su madre hacía un trabajo extremadamente importante, y que había buenas razones por las que no podía estar con ella tanto como quería. Desafortunadamente, tener que pasar la mayor parte del año separadas y vivir con su familia de acogida de facto era un mal necesario. No se había sentido nada contenta cuando descubrió que viviría con esta pareja de extraños mientras su madre pasaba la mayor parte del año lejos, pero ya se había acostumbrado en su mayor parte a la idea.
Aun así, a veces no podía evitar preguntarse si era que su mamá sólo buscaba una excusa para escaparse de las responsabilidades maternales.
– ... ¿Por qué no pudo decírmelo ella misma? – preguntó quedamente Jessie.
Futaro y Sayaka se miraron uno a la otra, como si no estuvieran seguros de cómo responder a la pregunta, pero se salvaron de tener que hacerlo por el sonido de una puerta abriéndose.
– Perdón por no poder avisarte. – dijo una voz familiar mientras pisadas resonaban por todo el salón. – Pero es que estábamos…
– ¿Mamá? – preguntó, interrumpiendo a la voz. – ¿Eres tú?
Se giró para ver que sí, era su madre quien acababa de entrar al salón. Reconocería ese largo cabello púrpura donde fuera.
La joven mujer fijó la mirada en ella mientras continuaba caminando. – Sí, Jessie, soy yo. – le respondió, deteniéndose mientras miraba por encima de su hombro izquierdo. – No te preocupes, pude traerte algunas cosas.
– Pero… pensé que habías dicho que no vendrías.
La mujer sonrió. – Yo también pensaba eso, pero logré terminar mi trabajo antes. Así que mi jefe medio un bono extra y dijo que me podía tomar la temporada de las fiestas libre.
Los ojos de Jessie se ensancharon. – Entonces… eso quiere decir que… – empezó a decir tentativamente, como si tuviera miedo de una decepción sí se equivocaba.
– Sí. – la sonrisa de su madre se ensanchó aún más. – ¡Significa que podré pasar tiempo con mi niña especial hasta el 4 de enero!
Con esa confirmación, Jessie soltó un grito de alegría, poniéndose de pie de un salto y corriendo para abrazar a su mamá. – ¡Yupi!
Mientras madre e hija se abrazaban, ambas deseaban poder permanecer así para siempre. Pero de nuevo, suponían que eso era parte de la magia de la Navidad.
Eventualmente, las dos se separaron y se sentaron en la mesa de la cena con Futaro y Sayaka. La noche todavía no terminaba, después de todo.
…
Años más tarde, pocos considerarían apretujarse en una cabaña en el bosque mientras el verdadero dueño estaba ausente una víspera de Navidad ideal. Pero cuando eras parte de un grupo de criminales en una misión en medio de la nada, y sin ninguno de los escondites secretos de tu organización en la zona, tenías que tomar lo que hubiera.
Se las arreglaron lo mejor que pudieron. Y podían sentirse agradecidos de que conseguirse un árbol de Navidad decente no fue tan difícil.
Mientras James y Meowth se relajaban ante el cálido y acogedor fuego de la chimenea, Jessie lentamente caminó hacia el dormitorio que reclamó para comenzar su agridulce ritual anual. Sus compañeros echaron una mirada rápida en su dirección, luego volvieron a ver hacia la chimenea, sabiendo lo que estaba haciendo y por qué. Tenían el tacto suficiente para no meter sus narices en algo tan privado y personal como esto.
Además, ellos también respetaban a su madre, si bien no la conocieron personalmente. Su reputación la precedía después de todo.
Jessie no sabía mucho del pasado de sus compañeros, pero sí sabía que James creció bastante solitario. Una vez admitió en privado que deseaba haber tenido el amor que ella tuvo cuando tenía su edad. Bajo circunstancias normales, podría haberle dado una paliza por atreverse a envidiar su infancia, ya que sabía muy bien que él no tuvo que preocuparse por la pobreza mientras crecía como ella. Pero sabía también que ciertas cosas el dinero no las podía sustituir.
Acercándose a la ventana, sonrió tristemente mientras observaba la pálida luz de la luna iluminando el bosque, oscuro y ahora cubierto de nieve. Sabía que Futaro y Sayaka estaban bien, y los visitaba ocasionalmente, pero todavía extrañaba a su madre. Mientras se sentaba en la cama y observaba por la ventana el manto de nieve bajo el cielo nocturno, que brillaba con las estrellas que las pocas nubes no podían cubrir del todo, una suave sonrisa se formó en su rostro, y sus ojos comenzaron a anegarse de lágrimas.
Luego de disfrutar en silencio de la noche por un rato, comenzó a hablar:
– Feliz Navidad, mamá… dondequiera que estés. – dijo en voz baja, imaginando en su mente una feliz reunión que su cerebro sabía era escasamente probable, pero su corazón seguía anhelando con esperanza.
Luego de unos minutos de mirar en la oscuridad, comenzó a moverse para reunirse con sus compañeros. La noche todavía no terminaba, después de todo.
ACPETERS
Ya era la mañana de Navidad cuando Red se despertó. Miró por el cuarto que él y Yellow reservaron en el Centro Pokémon, notando que la chica ya no seguía en su propia cama. Preguntándose a dónde podría haberse ido, se forzó a salir de la cama y se preparó para buscarla.
– ¡Red, Red! ¡Hora de levantarse! – exclamó Yellow entrando rápidamente por la puerta. La niña tenía una enorme sonrisa en su rostro y cargaba un paquete con forma de tubo envuelto en papel de regalo rojo y verde. – ¡Feliz Navidad, Red!
Se notaba muy alegre mientras colocaba el tubo en sus manos. Red se quedó confuso por un momento, ya que había pasado un tiempo desde la última vez que celebró Navidad. No desde que su mamá… mejor no pensar en eso. Sacudió su cabeza para aclararse la mente antes de que una pequeña sonrisa se formara en su rostro.
– ¡Vamos, ábrelo! – le dijo Yellow con poca o ninguna paciencia.
Red cuidadosamente retiró el papel del tubo, para encontrarse con un póster enrollado, aunque no podía ver qué contenía. Miró a Yellow, que no dejaba de sonreírle antes de desenrollarlo, y ver que se trataba de un póster publicitario de una pelea de boxeo entre Ayaka "Puño Gamma" Gamou y Shinku "La Golpeadora" Tajiri. Era el mismo póster que él solía tener colgado en su viejo cuarto antes del incendio. Lágrimas empezaron a llenarle los ojos y se sintió que estaba sin habla más que nunca.
– ¿Te gusta? – preguntó Yellow tímidamente, preocupada por haberlo molestado.
Aun siendo incapaz de hablar asintió rápidamente y atrapó a la niña en un abrazo. Yellow sonrió suavemente, feliz de haber podido hacerlo feliz.
Luego de un tiempo, logró recuperar un poco la compostura. Se alejó un poco y dijo: – Gracias.
Aun sonriendo, Yellow replicó: – No fue nada, para eso es la familia.
Y entonces lo golpeó. Otra vez tenía familia. Red sonrió lo más que Yellow jamás lo había visto hacerlo, antes de decir un simple "Feliz Navidad" y darle otro gran abrazo.
FOX MCCLOUDE
Las hermanas Kimono de Ecruteak siempre tenían mucho trabajo por hacer durante las fiestas decembrinas. Después de todo, montaban espectáculos para recaudar fondos para la beneficencia de los más necesitados. Aunque el último que hicieron estuvo a punto de arruinarse por un pequeño percance, una evolución milagrosa las salvó, y el final resultó aún mejor de lo que esperaban.
Satsuki lo habría llamado un milagro de Navidad, y estaba muy agradecida por ello.
Después de su espectáculo, habían sido invitadas a la fiesta de Navidad organizada por Morty. Aparte de los residentes del pueblo, también habían sido invitados algunos de sus colegas líderes de gimnasio, y Satsuki vio una cara muy familiar entre ellos.
Que ahora mismo estaba armando cierto jaleo junto con una de sus hermanas.
– Ni lo sueñes, no lo voy a hacer. – decía un chico de cabello azul en tono muy serio.
– Es la tradición, chico pájaro. – decía Tamao, sosteniendo algo en su mano. – Te atrapé debajo del muérdago, y ya sabes lo que eso significa.
– No me atrapaste, me empujaste debajo de él. – dijo él cruzándose de brazos. – Así no se vale.
Satsuki no pudo evitar reírse un poco. El "chico pájaro" en cuestión era Falkner, ahora líder del gimnasio de Ciudad Violet sucediendo a su padre. Aún recordaba cómo se conocieron, cuando ella se ofreció a ayudarle en su búsqueda por capturar a Ho-Oh y Lugia. Poco tiempo después se enteró que sí logró encontrar al primero, y casi no sobrevive para contarlo.
Admitiéndolo, ella se preocupó bastante cuando se enteró de ello, pero afortunadamente se recuperó por completo. Habían seguido en contacto desde entonces, y la experiencia pareció enseñarle al chico pájaro un poco de humildad y cautela. No había abandonado su empresa, pero ahora tendría mucho más cuidado al llevarla a cabo.
Al ver la discusión, algo la impulsó a caminar hacia allá, justo cuando Tamao hacía ademán de levantar la tira de muérdago encima de la cabeza de Falkner, y este último se echaba para atrás para evadirla. Satsuki inmediatamente se la quitó de la mano con un rápido movimiento.
– Muy bien, creo que ya fue suficiente. – dijo Satsuki. – ¿No lo escuchaste? Ya te dijo que no quiere, no lo obligues.
– ¡Hey, ¿qué estás haciendo, hermana?! – se quejó Tamao. – ¿No me digas que ahora vienes a reclamar a tu chico pájaro?
– El "chico pájaro" tiene nombre, se llama Falkner. – dijo Satsuki severamente. – Y no, no te hagas ideas equivocadas, sólo lo estoy salvando de ti porque claramente está incómodo, ¿cierto?
Satsuki le echó una mirada a Falkner, discretamente guiñándole el ojo para que Tamao no lo notara. La hermana intermedia, hinchó las mejillas en un puchero, pero antes de dar la vuelta y marcharse les dijo una última cosa:
– No creas que me daré por vencida tan fácilmente.
Y cuando finalmente se alejó, Falkner exhaló aliviado, mientras Satsuki se guardaba la tira de muérdago en el bolsillo de su abrigo.
– Gracias. No sabía cómo quitármela de encima. – dijo Falkner.
– Olvídalo. Pero oye, ¿en serio no quieres darle una oportunidad? Ella cree que eres lindo, después de todo.
Falkner se cruzó de brazos y rodó los ojos, como si no le creyera. La mayor de las hermanas Kimono pareció ofendida por ese gesto y decidió confrontarlo de frente.
– Oye, si es que ella no te gusta, puedes decírmelo. ¿O acaso es que no es tu tipo?
– No tiene nada que ver con ella. – replicó el peliazul. – Es sólo que… no tengo buenos recuerdos de la última vez que alguien quiso besarme bajo el muérdago.
– ¿Hooo? – Esto atrapó el interés de la chica, que le lanzó una mirada para hacerle ver que quería saber los detalles. Falkner pareció dudar por un momento, pero finalmente se derrumbó.
– Fue hace años, en la escuela. La chica que me gustaba me dejó una tarjeta en mi casillero y dijo que quería verme bajo el muérdago durante una fiesta de Navidad muy parecida a esta. Estaba muy ilusionado, así que fui… y resultó que el beso era una distracción para que me arrojaran desde el piso de arriba un balde lleno de plumas y pegamento. Tardé una semana en quitármelo todo de encima.
– Oh. – Ahora lo entendía. Tenía sentido, una broma de tan mal gusto le dejaría un sabor muy amargo a cualquiera, y seguramente ver el muérdago le revivía esos recuerdos. – Bueno, te aseguro que mi hermana no querría hacerte una broma de tan mal gusto. Si se lo dices, ella lo entenderá.
– Por mí puedes hacerlo. Casi nadie me cree cuando se los cuento, sólo los que lo vieron. Desde allí juré que no me volverían a atrapar bajo el muérdago, por si las dudas.
Satsuki le echó un ojo a su hermana, que se había puesto a conversar con Sumomo y Koume, antes de lanzar una mirada hacia ellos. Probablemente todavía seguía creyendo que había algo más que amistad entre ella y Falkner. Ese no era el caso, y cuando Tamao le preguntó si podía echarle una manita para ayudarlos a juntarse, a pesar de que le dijo que no de dientes para afuera, decidió que lo haría en secreto, incluso fingiendo entrometerse a veces para que no sospechara nada.
Bueno, si no podía acercársele en Navidad, tal vez le debería decir que intentase algo en otra fecha. ¿Quizás podría regalarle un chocolate para el próximo San Valentín?
CROSSOVERPAIRINGLOVER
Cissy sabía que su hermano estaba tramando algo. Era muy difícil no saberlo: era su hermana mayor y cuidadora. El pequeño era muy revoltoso, siempre haciéndole bromas a todos y causando desorden. Ella amaba al pequeño travieso, pero era casi como si sus retadores tuvieran tres pruebas. Tiro al blanco, carreras de surf, y Senta. Senta no detenía a muchos, pero sí le daba mucho tiempo para preguntarse en voz alta sobre cosas que ella quería hacer.
Habían pasado años desde la última vez que viajó fuera de las islas, y le habría encantado ir a algún lugar nuevo. Ella había pensado mucho sobre la Copa Remolino desde hacía algún tiempo, pero no podía verlo suceder. El dinero era un problema, aunque odiaba ponerlo de esa manera cuando Senta le preguntaba qué iba a hacer. No era trabajo de su hermano preocuparse del dinero, ya que ella era la mayor, no él.
Aunque estaba feliz de no verlo meterse con eso, lo que quiera que estuviera haciendo… probablemente fuese causa de preocupación.
La anciana dueña de la lavandería le dijo que lo había visto recogiendo latas que la gente dejaba por allí o no dejaba apropiadamente en los basureros, y que había ido hasta el ferry de Mikan con una bolsa de ellas. Le había preguntado, y él le dijo que iría a un arcade en Tangelo. Ella recodaba dicho arcade y que Tangelo tenía un gran mercado con un programa de reciclaje, así que en ese momento estuvo bien… al menos hasta que se preguntó qué iba a jugar allí. Ella ya había ido a dicho arcade antes, y ninguno de los juegos de allí eran de lo que a Senta le gustaba.
Probablemente sólo estaba paranoica con su pequeño hermanito amante de las bromas, pero entonces el viejo Delmas le dijo que Senta había estado haciendo trabajo para él limpiando algunas de las playas de Mikan. Los turistas a veces eran muy desordenados. Luego la anciana Elisabeth, una kalosiana retirada, dijo que Senta era un niño muy amable por hacerle su jardinería, y ella estuvo muy feliz de pagarle por ello.
Senta estaba reuniendo dinero… y Cissy no tenía idea de qué. Todo lo que sabía era que probablemente que estaba relacionado a alguna broma, y ella hizo un esfuerzo por chequear cualquier cosa más seria que un coco saboteado. Agujeros de trampa, señales para despistar, cualquier cosa. Nada, y estuvo vigilando mucho. Vigilando durante meses, y todo lo que veía era a Senta haciendo más y más trabajos para ganar dinero. ¿Qué podría estar haciendo? Ella no quería nada por Navidad que fuera así de caro, así que tendría que ser para alguna broma. Alguna broma muy grande. Pero los árboles no se prendían en llamas, las canciones seguían siendo las mismas de siempre, y nadie había hecho que las máquinas de hielo se volvieran locas para hacer que la isla se aproximara a la condición fragante de la temporada. ¿Sería algo para el año nuevo?
Y entonces, pronto llegó el día de Navidad, y Cissy encontró a un Senta decepcionado sosteniendo un sobre en la mano. Oh… por favor, que le dijeran que no era una citación a los tribunales.
– Lo siento, hermana. – dijo Senta, haciendo que el corazón de Cissy diera un vuelco. – No pude conseguir boletos directos. Los vuelos hasta Cianwood y Olivine son demasiado caros. No es justo, los turistas vienen aquí todo el tiempo.
... ¿Qué cosa?
Senta le alargó el sobre, con aspecto de esperarse una regañina.
– El único viaje de ida y vuelta para el que pude juntar dinero fue hasta Ciudad Goldenrod, así que tuve que preguntarle al agente de viajes cuánto necesitarías para llegar a Ciudad Scarlet para la Copa Remolino, y me ayudó a hacer los cálculos. Quería darte el regalo de Navidad perfecto para la mejor hermana del mundo, pero sólo tuve tiempo para darte esto. Lo siento.
Senta sonaba a que quería llorar. Cissy no dijo nada, pero atrapó a Senta en un fuerte abrazo.
– Gracias. Muchas… muchas gracias. – repitió Cissy, guardándose para sí misma sus miedos de en qué iba a utilizar el dinero. Para siempre.
– Pero…
Cissy lo soltó del abrazo y miró los boletos.
– Bueno, supongo que así yo puedo hacer de turista para variar. Debería investigar lo que hacen los turistas en Johto. Tiene que haber algo, ¿verdad?
Los ojos de Senta en ensancharon, con las lágrimas empezando a asomarse.
– Tú… ¿no estás enojada?
– Enojada es lo último que iba a estar. ¡Ven acá!
Y de nuevo apretó a su pequeño hermano en un fuerte abrazo. Ya podría lidiar con los detalles más tarde. No tendría problemas consiguiendo tiempo libre, y probablemente no se le haría difícil conseguir a alguien que pudiera vigilar a Senta. Se lo tendría que decir después de las fiestas, eso sí. Senta seguro insistiría en que podría cuidarse solo… pero ella seguramente le pediría a Luana que lo cuidara por ella. Ahora que Travis se había ido… sí, Senta estaría bien. Aunque especialmente ahora que Luana extrañaba mucho a Travis estos días, Senta seguramente no iba a disfrutar de la experiencia. Pero ya podría ser la hermana responsable más tarde. Eran las fiestas, y ella tenía a un hermanito al cuál abrazar.
Ella tenía que entrenar con sus Pokémon para la Copa Remolino. Senta podría considerar estos abrazos un entrenamiento para todos los instintos maternales reprimidos de Luana.
BRANDON369
Una vez más era Navidad, aquel dichoso día que tanto significaba para ella… Pero en esta ocasión, sería diferente, pues su modo de vida había cambiado radicalmente de la noche a la mañana, y todo por culpa del espeluznante tipo en gabardina.
Pensar en ello era un tanto deprimente, un instante tenía toda la libertad del mundo, en su tranquilo refugió en el bosque, acompañada por su manada y con todos los libros que pudiera pedir… Y al siguiente lo había perdido todo por culpa de un loco que vino a atacarla prácticamente de la nada.
Claro, ella estaba desde un principio preparada para huir. Era consciente de que "ese hombre" podía encontrarla en cualquier momento, estaba claro que nunca la dejaría escapar, pues la consideraba cómo parte de su propiedad, un cachorro de cacería necesario para la nueva era que se aproximaba.
De momento estaba a salvo, fue recogida por una mujer llamada Katrina, que curó sus heridas y la dejó quedarse a vivir en su reserva Pokémon, en la cual sería muy difícil que "ese hombre" la encuentre. Y, de todos modos, debía admitir que la cabaña en la que vivía era muchísimo más cómoda que aquel sucio sótano aislado en que había pasado sus primeros años de vida, pero… En estos momentos estaba endemoniadamente aburrida.
– ¡No hay nada que hacer!
Se quejó para sí misma, mientras giraba en su cama en un intento para combatir el aburrimiento. Era Navidad, era su cumpleaños y no tenía nada que hacer, pues ya no podría festejar cómo lo había estado haciendo cuando su madre venía a visitarla o cuando dejó de hacerlo y comenzó a celebrar junto a su manada. Claro, Katrina era alguien agradable y sin malas intenciones, pero no quería apegarse a ella, pues era consciente que tarde o temprano la encontrarían y tendría que escapar otra vez.
– ¿Estás levantada? – Hablando de la reina de roma, Katrina tocaba su puerta.
La de cabello gris simplemente cubrió su rostro con un libro que tenía a medio leer y se volteó, sin levantarse de su cama, mientras que Katrina entró a su habitación y suspiró al verla en ese estado.
– Vamos, no puedes quedarte encerrada en tu cuarto todo el día. – le replicó la guardabosques. – ¡Es Navidad! Levántate y vamos a festejar con los Poochyena.
– No gracias. – contestó, todavía con el rostro oculto bajo el libro. – En estos momentos estoy muy aburrida y no tengo ganas de festejar nada.
La guardabosques suspiró de forma audible. Ya llevaba un par de meses junto a ella, pero la joven de cabello gris rara vez salía de su habitación, incluso tras haberse curado de sus heridas. Aun así, Katrina sonrió de forma pícara, decidida a usar su último recurso para sacarla de ahí. Sería en vano, nada de lo que la guardabosques pudiera hacer o decir la convencería de…
– Es una verdadera pena que no tengas tantas ganas de festejar, ¿sabes? – Se detuvo por unos segundos y luego continúo de forma un tanto burlesca. – Yo que incluso había preparado algunos chocolates caseros, galletas de jengibre y otras golosinas navideñas…
– ¡¿Chocolates y golosinas?!- Rápidamente se quitó el libro del rostro y se levantó de su cama. No le gustaba ceder a la tentación de algo dulce, pero Katrina sabía exactamente qué puntos tocar.
– Te estaré esperando en la sala, la cena navideña de este año estará deliciosa.
Bueno, quizá sí podría celebrar Navidad sin aburrirse este año. Comenzaba a pensar que vivir con Katrina no sería tan malo después de todo, incluso podría acostumbrarse a las nuevas comodidades que tenía su nuevo hogar…
– ¿Sabes? Incluso podríamos hablar sobre mi propuesta para inscribirte en la escuela de Rustboro. Una de las maestras es una buena amiga mía y seguramente podría enseñarte muchas cosas. – Mencionó con una sonrisa, aprovechando que la joven se estaba levantando de cama y tomándola por sorpresa.
– ¡De ninguna manera! ¡No pienso ir a ninguna escuela! – Se quejó en berrinche, mientras cruzaba los brazos, decidida a no ceder.
Ir a escuelas sería aburrido y peligroso, estaría demasiado expuesta, rodeada de demasiadas personas extrañas y no aprendería nada que no sabía ya. Daba igual lo que intente, Katrina nunca podría convencerla de ir a un sitio cómo ese.
– ¿Ya te mencioné que la escuela de Rustboro tiene una de las bibliotecas más grandes de la región?
Odiaba admitirlo, pero Katrina era mucho más astuta de lo que daba crédito. Tenía que serlo para convencer a la enigmática "Poochyena Gris" de que ir a una escuela podría tener algún beneficio…
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El Capitán se acarició su bigote, con sus pensamientos a mil por hora mientras reflexionaba sobre cómo se había metido en esta situación.
Un cliente había solicitado que se hiciera una compra en Kanto. Cierto señor feudal quería especias de las islas naranja, su cliente quería madera de cierta variedad que no crecía en las aguas de su lugar natal. Como un marinero experimentado y Maestro Pokémon, él era la elección lógica para hacer este peligroso viaje y volver con vida. Ya había terminado la primera parte. El señor feudal tenía sus especias, y su barco estaba cargado de toneladas de madera, y ya iban en camino de regreso antes que esa tormenta sucediera y los desviara de curso muy, muy al norte.
Ahora su barco estaba varado en tierras desconocidas. Para muchos esto sería el final, pero él no era como la mayoría de los hombres. Tenía una tripulación muy fuerte de hombres y monstruos.
Dichos monstruos, Gastly y Haunter, se encontraban levitando la nave desde la arena, y su carpintero naval inspeccionaba el daño. Y era uno muy bueno, talentoso, y no gritaba ante sus fantasmas de miedo como su cocinero.
... ese hombre podía hacer comida real con escamas de Magikarp, pero después de diez años seguía creyendo que Haunter se iba a comer su alma.
Eventualmente, el carpintero terminó con su inspección, pidiéndole a sus dos compañeros espectrales que bajaran la nave suavemente. Lo hicieron, antes de escurrirse entre las sombras para tomar un muy merecido descanso. Los dos fantasmas siempre se volvían mejores cuando se trataba de levantar su nave. Tal vez algún día fueran lo bastante buenos para hacer que su nave pudiera surcar por los cielos. Si acaso vivía hasta los setenta años, quizás.
– Capitán, le tengo buenas y malas noticias. – reportó el carpintero, sonando aliviado y preocupado al mismo tiempo. – La buena noticia es que los daños no son críticos. Su barco podrá navegar de nuevo, y la carga está totalmente intacta.
El Capitán asintió. Eso era mejor de lo que se temía. El barco había sufrido una enorme filtración de agua, pero no terminaría como comida de Magikarp en un futuro cercano.
– La mala noticia, el daño tomará tiempo de reparar, y tendremos que cosechar la madera por nuestra cuenta. No podremos salir de aquí antes que el invierno llegue a las Islas Mandarinas, y ya se empieza a notar aquí.
El carpintero miró nerviosamente la costa, que ya estaba empezando a llenarse de trozos de hielo marino del tamaño de un Pidgey.
– Este lugar es más que solo hielo. – aseguró el Capitán. El lugar donde fueron a parar podría haber sido desconocido, pero había una hilera de árboles cerca, y bastante grande. Este lugar no era una simple roca, incluso en medio de la tormenta era claro que la tierra que encontraron era grande. Tendrían mucha leña para construir refugios y hacer sus fogatas.
...
En los días subsiguientes se dedicaron a preparar las cosas. Envió algunos de sus tripulantes a encontrar provisiones y agua para beber, y otros empezaron a talar algunos árboles para reparar la nave. Estas tareas eran fáciles, ya que los lagos y ríos eran igual de abundantes que los árboles. Bayas crecían en el suelo, y cualquiera proveniente de muchos lugares que quisiera establecerse la consideraría buena tierra.
Pero ellos eran nativos de las Islas Naranja, y les gustaba su tierra sin hielo y con un poco de calor.
En los primeros días no vieron ningún otro barco o rastro que les indicara que había gente aquí. Posiblemente fueran los únicos humanos que estaban en este lugar. Aun así, sí había señales de vida. Pokémon.
Su Haunter y Gastly pelearon fuertemente para proteger a su tripulación de las especies nativas. Algunas eran familiares, como el Beautifly que casi se chupó hasta la última gota de sangre de su músico. Otros, como los roedores marrones que trataban de comerse la nave y sus soportes, eran nuevos para ellos. Aunque al ver más caras, algunas conocidas como los Murkrows y desconocidas como los pájaros negros que venían durante el día, algunas historias de puertos desde Sootopolis hasta Fuchsia salieron de entre sus hombres y empezaron a encajar.
– Hisui, señor. – dijo un tripulante un mes antes de las fiestas. – La tripulación está segura de ello. Allí es donde quedamos varados.
– ¿Hisui? – repitió el capitán. Ese era el nombre de una tierra más allá de Almia, un lugar poco conocido.
– Tiene que serlo. La madera fina e interminable, las criaturas come barcos como Rattatas, el hielo que nunca se marcha, estamos en Hisui. – El tripulante tembló nervioso. Este no era uno de sus hombres más aventureros. Tenía sentido, pues este hombre tenía esposa e hijos esperando su regreso en casa.
– Podemos lidiar con el hielo y las bestias roedoras de madera. – le aseguró el capitán al marinero. – ¿Hay personas aquí?
– Sí señor, aterradoras. Se dice que pueden invocar a Pokémon con flautas, son una raza natural de domadores de bestias que no necesitan misticismo o apricorns para controlar a los Pokémon, ¡y que sus mujeres son más peludas que los hombres sootopolitanos!
– Eso último no es muy difícil. – bromeó el capitán, mientras se frotaba algo defensivamente su preciado pelo facial. – No quiero pensar que haya alguna mujer con un mejor bigote que el mío, pero lo aceptaré si son amigables y nos ayudan a reparar la nave. ¿Cuál es su temperamento?
El tripulante se encogió de hombros, algo inseguro. – Realmente no se aventuran muy lejos. Al parecer no son hostiles, simplemente no son hombres del mar. Prefieren vivir tierra adentro, nadie lo sabe con certeza.
Así que no podían contar con ayuda de los locales. Que así fuera.
...
Tres semanas antes de Navidad les sobrevino el peligro.
– ¡DRAAA!
Una gran bestia púrpura, cuyo cuerpo estaba compuesto de múltiples segmentos y garras masivas, había emergido desde la playa para atacarlos. Como capitán, como campeón, y como hombre valiente, él y sus compañeros plantaron cara para defender al resto de sus hombres de ella. En este viaje no había perdido a ningún hombre, y tenía la intención de mantenerlo así. Ni el hielo ni ningún Pokémon cambiaría eso.
Gastly giró alrededor de la bestia, lanzándole rayos de Tinieblas. Era más efectivo que su Haunter tratando de lanzarlo con Fuerza Psíquica como lo hacían con los Gyarados locales: era inmune a remoción telekinética. Un tipo Oscuro de alguna clase, aunque tampoco parecía incomodarse por Haunter y sus ataques de Brillo Mágico.
El Capitán tampoco se quedaba quieto, incluso atacando a la bestia personalmente con un hacha. Dicha hacha ahora estaba rota, por fortuna a diferencia de sus costillas, y ahora estaba apuñalando a la bestia con su estoque. La piel de la gran bestia era muy fuerte, pese a todo.
– ¡Pionnnn! – Y ahora se lanzó hacia él con una garra tóxica brillante. Esquivó ágilmente el golpe, aunque este combate, tuvo que admitirlo, progresaba pobremente. Algo de intervención vendría bien, por improbable que fuese amigable.
– ¡Wooohooooo!
Un ululato bajo pero audible, como un silbido, resonó por el bosque. Una luz se filtró entre los árboles, dejando entrever una luz moteada que revelaba pocos detalles, pero atrajo la atención de los cuatro combatientes pese a todo.
– ¡Wooohoooo! – repitió el sonido. La cabeza de la bestia se giró, sin mover el resto de su cuerpo para mostrar alguna cola o miembro con garras listo para atacar en cualquier momento si alguno de ellos se movía, antes de escupir una bala de fluido corrosivo en el bosque. Ésta impactó como una bola de cañón, haciendo saltar esquirlas y destrozando el suelo. El bosque se quedó en silencio por un momento.
– ¡Wooohoooooo!
Y el sonido volvió por tercera vez, esta vez mucho más cerca, seguido de una silueta volando fuera del bosque y atacando a la bestia en el cuerpo. La mancha, que resultó ser una criatura de plumas rojas y cafés, saltó para alejarse de la bestia y disparó tres flechas, todas hechas con las plumas de sus alas, directo al enemigo. Éstas lo golpearon con fuerza, haciendo que la bestia aullara de dolor.
– ¡Draaaaa!
Antes de enterrarse en la arena y desaparecer, dejando al capitán y sus confiables espectros para ver quienes lo habían salvado. Un Pokémon, pero no uno que hubiese visto antes.
Era una especie de Pokémon pájaro, como un Fearow o un Wingull, pero más humanoide, con plumaje espeso dispuesto de tal manera que parecía una capa con capucha o un sombrero, y un broche amarrado en su pecho. Estaba de pie como un hombre, aunque su estatura parecía más cercana a la de una mujer algo baja.
– Apreciamos tu asistencia. Te doy las gracias en nombre de toda mi tripulación. – El capitán habló primero, notando cómo sus hombres emergían desde sus escondites poco después que la bestia desaparecía. El Pokémon se ajustó su "sombrero", como lo haría una persona al hablar mientras daba un ululato afirmativo.
– ... Ese es otro Pokémon nuevo. Un Pokémon arquero… nunca escuché de algo así. – le dijo un tripulante a otro.
– Esta isla está llena de cosas extrañas. Hielo meses antes del invierno, arte extraño en las cavernas como el que vimos el otro día, mujeres más peludas que un Zigzagoon... – Otro tripulante claramente había sido víctima de historias exageradas. Mientras registraban lo que habían estado haciendo antes, ya fuese procesar la madera o cualquier otra cosa que necesitaran hacer, el Capitán notó que el Pokémon miraba la nave, pero no exactamente con miedo. Era una mirada... de familiaridad.
– Ya has visto barcos antes. – adivinó el capitán. El Pokémon asintió, sin dejar de mirar la nave. Su expresión era… más que sólo familiar.
– Tú no naciste aquí, ¿verdad?
El Pokémon asintió, todavía con la mirada en la nave. Quizás también fuese una víctima de un naufragio, de alguna tierra lejana más allá de las costas de las tierras de los nativos de las Islas Naranja, los dracónidos y los fiorianos. Esos botes llegaban de vez en cuando a los puertos más distantes, y seguramente no habían sido las únicas naves que las tormentas habían empujado hasta Hisui...
– ¡Doooo!
– ¡Están de vuelta! – gritó un tripulante de terror. El nuevo Pokémon inmediatamente corrió para salvar la nave de la horda de roedores comelones, seguidos por Gastly y Haunter.
...
Ya era Navidad, y era tiempo de sentirse agradecidos. Para empezar, la nave ya estaba casi completa. También tuvieron suficiente tiempo para aprovisionarse de cosas en esta tierra que les ayudarían a compensar el tiempo perdido al estar varados aquí. Madera extra para vender en el puerto, mineral de hierro, astas de Stantler mudadas y colmillos rotos de Walrein, aparte de otras comodidades. Si hubiera podido ir a campo traviesa por su cuenta, podrían haber encontrado manadas de Stantlers de las que podrían haber cosechado suficientes astas como para retirarse, pero incluso con su más nuevo aliado, los hombres eran demasiado vulnerables para dejarlos por su cuenta en una cacería larga.
La tercera razón fue que evitaron la muerte. Lo más que sufrieron fue alguna quemadura por congelación. Y la cuarta, hicieron un nuevo amigo.
El Pokémon que disparaba flechas, que el capitán creía que era algún tipo Hierba y Luchador, miró confuso a sus hombres. Hombres que hacían fiesta y cantaban, saltando de alegría y júbilo, muchos de ellos incluso sin usar sus botellas de alcohol reservadas especialmente.
(Scuz todavía seguía alucinando tras intentar hacer más con materiales locales. El Pokémon babosa azul y blanco encontrado en el moco púrpura de la costa aparentemente no era fermentable... al menos como un brebaje apropiado. El hombre era un poco tonto, y era una incógnita cómo podía tener familia esperándole en casa.)
– ¿Esta fiesta es desconocida en tu tierra? – inquirió el capitán. La criatura, callada pero aliada, asintió. – Bueno, es un poco extraña. Nadie parece estar de acuerdo por qué se celebra, pero se celebra en todas partes. Incluso los viajeros de tierras más lejanas hablan de una festividad donde el hombre celebra a su prójimo, ama a su familia y amigos, y le hace a otros lo que desea que le hagan. Es un buen ideal por el cual vivir, incluso aunque pocos querrían que fuera todos los días.
– Whooo... – El Pokémon asintió. La bestia les había ayudado mucho, aparentemente sintiéndose atraída por ayudar a quienes lo necesitaban, sus hombres o Pokémon al azar que estaban cerca de la costa que no querían hacerles daño. Como un noble guerrero errante, un ser de mil historias y cien realidades. Sonriendo, el capitán metió la mano en su bolsa y le presentó al Pokémon una enorme semilla. Este las tomó con unas plumas que parecían dedos en el extremo de sus alas, sosteniéndolo con curiosidad. Parecía que estaba a punto de morderla, pero se dio cuenta que no era comida.
– Una semilla milagrosa. Una rara manifestación de las fuerzas de la naturaleza. Los Pokémon tipo Hierba como tú suslen buscarlos. Te hará más bien que a mí si me quedara con ella. – El capitán sonrió, y el Pokémon también parecía muy feliz de recibirla. – Tu ayuda al defender a mi tripulación es una deuda que no podré pagarte con una simple semilla rara. Dime, ¿deseas abandonar esta tierra?
El Pokémon parecía sorprendido por la oferta, y parecía considerarla, antes de negar con la cabeza. Qué lástima, el capitán supuso que debía tener alguna razón. Ellos no sabían la tierra de la que venía, así que no podrían llevarlo a casa. Este Pokémon quería ir a casa, no a una tierra nueva lejos de ella. El capitán sonrió con tristeza.
– Qué pena… bueno, seguiré aquí si cambias de parecer.
...
La nave, desde que volvió al agua, estaba abandonando Hisui. Iban hacia el sur, iluminados al este por el sol naciente. En la proa de la nave se encontraba Haunter, asegurándose que el hielo no golpeara su nave usando Fuerza Psíquica. Gastly flotaba como vigía en medio de la nave, listo para destruir cualquier iceberg enorme que se le aproximara.
El Capitán estaba en la popa, observando la costa que se encogía. El Pokémon que había ayudado a protegerlos estaba de pie en la orilla, con sus plumas blancas ondeando con el viento.
Capitán y Pokémon, a pesar de no poderse ver cara a cara, podían verse claramente uno al otro. Sus últimas miradas serían definitivas, y algo tristes. La tripulación volvería a casa, pero su aliado no. Su aliado apenas podía describir su hogar, y claramente era una tierra mucho más allá del mar y difícil de alcanzar. Llegar allí significaba aventurarse a lo desconocido siguiendo rumores, y era una tarea simplemente imposible.
Mientras la orilla se volvía borrosa, su amigo se sujetó su "sombrero" antes de girarse y caminar de vuelta hacia el bosque de pinos cubiertos de nieve. Incluso mientras la isla se iba alejando más y más y el hielo creaba sus propios sonidos para ahogarlo, el capitán podía oír su silbido por un tiempo antes que este se perdiera, cubierto por el bullicio de su propia orquesta.
– Whooohoooo.
– Whooo... hooooo...
– ...whooohoooo...
– ...hooooo.
CYBERBETA
La Anciana de la Aldea de los Dragones suspiró mientras se sentaba en su silla. Otro invierno había llegado, y sus viejos huesos le dolían con el frío como siempre. Los huevos de Axew habían sido revisados y ninguno iba a incubar pronto, así que se estaba tomando su tiempo para descansar sus agotados huesos. Un Turtonator que tenía de préstamo desde Alola para un programa de crianza descansaba cerca, irradiando un gentil calor por toda la habitación.
Había estado sentada por unos minutos antes que el timbre de la puerta resonara en el aire. Suspirando, la Anciana lentamente se puso de pie y se dirigió hacia la puerta del frente. Al mirar por el orificio vio a Drayden con un abrigo pesado, de pie en su porche y esperándola a que llegara.
Sonriendo mientras desbloqueaba los seguros, abrió la puerta. – Bienvenido, Alcalde Drayden, ¿qué le trae a nuestra aldea tan tarde?
Entrando y quitándose su abrigo, Drayden le respondió. – Noticias, Anciana. Que espero que sean buenas para usted.
Guiándolo hacia el pequeño estudio de su casa, la anciana le ofreció a Drayden un asiento y una bebida. Luego de rechazar su oferta, abrió la maleta que había traído consigo, y sacó una carpeta con algunos papeles. – Parece ser que un viejo caso de la aldea podría reabrirse de nuevo.
Drayden le ofreció la carpeta primero. Al abrirlo, la Anciana tomó nota de toda la iconografía para la Liga Pokémon y las publicidades para la región Galar. – No estoy segura de a qué te refieres con un viejo caso. Sólo mirando lo que tengo, lo único que veo son promociones del turismo en Galar. A menos que me estés diciendo que un Dreepy o algún otro miembro de su línea haya sido la causa de alguna antigua travesura.
– No esta vez, aunque si hubiera alguno de los Dragones Fantasmas de Galar rondando por allí, puede apostar a que lo estaría rastreando. – respondió Drayden con una risita. – No, esto es de la Conferencia Índigo de este año. Galar y su grupo Macro Cosmos tuvo algunos puestos colocados en la Liga, y estaban buscando hacer lo mismo en cada región de manera rotativa durante sus respectivas ligas en curso.
Inclinándose hacia adelante, Drayden adoptó una mirada extraña en sus ojos. – Eche un vistazo a las páginas del "Concurso de Curry". Las fotos de los competidores serán interesantes.
Levantando una ceja con curiosidad, la Anciana hojeó las páginas en la carpeta hasta que encontró el susodicho concurso. Mientras miraba cómo mencionaban los platos y las personas que comían, estuvo a punto de preguntar a qué se refería hasta que vio la cuarta foto.
Alta de estatura, incluso sentada como estaba en la imagen. Cabello púrpura oscuro en una melena semipeinada. La forma de la cara y los ojos incluso mientras comían rápidamente un plato de comida con un hueso medio roto sobresaliendo de la montaña de arroz y salsa. Si no fuera por el hecho de que sabía que la mujer en cuestión seguía todavía en la cárcel, casi habría creído que se trataba de la desgraciada madre que ahora mismo cumplía condena en la Penitenciaría para Mujeres de Unova con el pelo teñido.
Observando las fotos, la Anciana notó que Drayden había recogido los papeles que sacó junto con la carpeta. Viendo que ella lo estaba mirando, habló. – Vi lo mismo que usted, y me puse a investigarlo. Esta jovencita apareció por primera vez en Pueblo Lavender en Kanto varios meses antes de la competencia de la Liga Índigo. Ha estado viajando con un pequeño grupo desde que apareció y siempre se le ha visto con al menos un Pokémon Dragón. El más común es un Axew que luego fue visto como Fraxure. Y su nombre… – Drayden miró a la anciana directo a los ojos – …es Iris.
La Anciana se sentó de vuelta, con múltiples emociones y pensamientos pasando a toda velocidad por su cabeza antes de sonreír con gran alegría. – La pequeña que creímos perdida y muerta sobrevivió, y ha madurado para convertirse en toda una dragona. – Observando a Drayden, pudo ver la felicidad y satisfacción en su rostro tras la conclusión que ella había sacado. De nuevo inclinándose le ofreció los papeles esta vez. Revisando, esta vez leyó la información simple que ofrecían: su biografía básica de entrenador, cuáles Pokémon parecía tener, y las ubicaciones recientes de viaje para el momento que la información fue impresa.
Volviendo a entregarle los papeles, esta vez preguntó: – Entonces, aunque ha madurado y parece haber encontrado un ala en la cual apoyarse, ¿cree que haya una posibilidad de que podamos invitarla a visitar la aldea, para que pueda saber sobre su pasado?
– Posiblemente. – replicó el Alcalde/Líder de Gimnasio mientras revistaba que tenía todos los papeles antes de colocar los materiales de vuelta en su maletín y cerrándolo de nuevo con seguro. – En este momento, sin embargo, se encuentra viajando con un pequeño grupo liderado por un entrenador nativo de Kanto llamado Ash Ketchum. Actualmente se encuentran en Johto. Si se queda con él y continúa viajando, probablemente los veremos cuando decidan desafiar la Liga Unova.
– Y en el escenario de que se separen o se establezcan en alguna parte, podemos fácilmente enviar una invitación a nuestra miembro perdida de la aldea. – La anciana se levantó de su asiento y se movió hacia un gabinete cerrado. Al abrirlo sacó una botella y dos pequeñas copas. Se sirvió a sí misma y a Drayden un trago antes de alzar su copa en brindis.
– Por haber encontrado a una niña perdida a salvo. Que despliegue sus alas y la lleven lejos. –Drayden sonó su copa con la de ella. – Y que vuele junto con sus nuevos compañeros a salvo en este invierno durante su viaje. – replicó.
VIRORO-KUN
Era la noche de víspera de Navidad, y como siempre, Volkner estaba afuera esperando las fiestas. Mucho menos deprimido de lo usual, pero todavía sabiendo lo que vendría.
Ya habían pasado años desde que su amigo Flint comenzó a hacer su pequeño show de "los fantasmas de la Navidad", y ya había por mucho dejado atrás su propósito. Y aun así, cada año sucedía sin fallar.
La mayoría probablemente se habrían cansado de él. Diablos, Volkner se había cansado de él antes, incluso. Y aun así continuaba, porque Flint no era sino dedicado; el líder de gimnasio estaba seguro de que, si se aplicaba incluso más en las batallas Pokémon, estaría fácilmente entre los ocho mejores entrenadores del mundo.
Y esa misma dedicación la aplicaba a un juego estúpido que duró años entre los dos, y que no daba señales de detenerse, únicamente por querer animar más a Volkner more. Y por más que quisiera ver como un estúpido a su amigo, no podía negar todo ese esfuerzo.
Esa era la razón de estar aquí hoy. Por una vez, no le arruinaría el juego, ni trataría de detener a Flint. Le dejaría llevar todo el espectáculo de principio a fin, sin subversiones ni comentarios al respecto.
Tal vez se daría cuenta de que Volkner le estaba dejando hacerlo, pero era el regalo de Navidad para el líder de gimnasio de parte del muy dedicado miembro del Alto Mando, y no se le ocurría uno más apropiado luego de toda esa dedicación.
Y así, al escuchar los pies arrastrándose y vio a un disfraz de fantasma de sábanas asomarse por la esquina de su ojo, llamando su nombre espeluznantemente, el líder de gimnasio especialista en Pokémon Eléctricos se rio, y respiró profundamente.
Era hora de ver su pequeño juego, por otro año más.
BRANDON369
La maldad era una mancha que podía anidar en el corazón de las personas hasta volverlas seres despreciables, capaces de arruinar el mundo si son dejados a su suerte. Incluso en la noche de Navidad, Gurkinn, el gurú de la Mega Evolución, no podía sacarse ese pensamiento de la cabeza.
Era consciente de que la Navidad debía ser una temporada de alegría y gozo; intentaba celebrarlo de esa manera, con el árbol, la chimenea encendida, los regalos y algo de chocolate caliente para variar su clásica hora del té… Pero también era una época que le provocaba recuerdos dolorosos y frustrantes.
Le recordaban aquellas navidades que pasó entrenando, junto a su maestro y compañero. Este último era quien tornaba sus recuerdos en algo desagradable. Tarasque era su nombre y en una época incluso pudo considerarlo como su amigo… Una época donde era ingenuo y estúpido.
Descubrió de la forma más dolorosa posible que Tarasque era un monstruo manchado por la maldad, una maldad heredada de su padre y que seguramente mancharía todo su linaje. Presionó sus dientes con rabia solo de pensar en ello…
- ¡Abuelito! ¡Mira, mira! ¡Observa lo que me trajo Santa Claus!
Aquella voz provenía de una pequeña niña rubia, con no más de cuatro años, que estaba acompañada por un Riolu igual de pequeño. Era Korrina, su nieta, quien acababa de abrir su regalo de Navidad y parecía muy entusiasmada con ello. Dicho regalo consistía en un par de patines, los cuales se estaban haciendo bastante populares en la región.
Gurkinn no dijo palabra, simplemente acarició sutilmente la cabeza de su nieta y luego continúo tomando un sorbo de su chocolate caliente. La niña le sonrió y fue junto a su Riolu para probarse sus nuevos patines, llena de alegría y con mucha energía.
– ¡Vamos, Riolu! ¡A toda velocidad!
Con sus nuevos patines puestos, la niña intentó impulsarse para avanzar… Pero no pudo mantener el equilibrio y terminó cayendo de espaldas. Después de quejarse de dolor, se levantó, solo para ver cómo sus ojos se tornaban cada vez más llorosos, hasta que no pudo contenerlo más y estalló en lágrimas, mientras que Riolu intentaba calmarla.
Gurkinn la escuchó llorar un par de segundos, pero dejó su taza en la mesa y se acercó a la pequeña, ayudándola a levantarse y acariciándole el cabello para que se calme y deje de llorar. Una vez que la pequeña finalmente se calmó, decidió hablar, con una voz firme, aunque un tanto áspera y seca.
– Inténtalo de nuevo. Pero está vez sujétate de mí, estaré a tu lado para que no caigas.
Todavía con los ojos llorosos, la niña se aferró con fuerza a él y fueron avanzando con los patines, poco a poco, hasta que finalmente ganó confianza y comenzó a divertirse, soltándose de él para avanzar sola con su nuevo regalo navideño. Gurkinn simplemente la observó en silencio y no diría otra palabra por el resto de la noche.
Su pobre Korrina, tan ingenua, tan frágil, simplemente no estaba preparada para el mundo tan cruel y lleno de maldad que la esperaba afuera… Pero él se encargaría de prepararla, no cometería los mismos errores que su propio maestro había cometido.
Gurkinn estaba decidido a entrenar a su nieta, la prepararía de forma adecuada, sería duro y estricto con ella. No permitiría que la radiante luz de Korrina se vea manchada con el abominable mal que abundaba por el mundo, la tendría preparada para el día en que inevitablemente deba confrontar algún ser tan manchado en la maldad como su antiguo compañero: Tarasque, uno de los peores criminales en la historia de Kalos.
FOX MCCLOUDE
Ser madre era un desafío constante. Incluso estando bien económicamente, había muchas cosas que el dinero no podía comprar, y la dicha de ver la sonrisa de su hijo era algo que para Luana de Isla Kumquat no tenía precio.
Desde hacía años, sabía que su hijo era especial, de muchas maneras. Y como sospechaba, el pequeño Travis desarrolló talentos y habilidades que la mayoría de otros chicos no tenían. Pero ese era su pequeño secreto, y no podían andar por allí diciéndoselo a todo mundo.
– ¡Estate quieto y deja que te agarre!
En ese momento, él y su mejor amigo, su Pikachu, se encontraban flotando alrededor de la habitación, la cual parecía una mezcla de gimnasio con curso de obstáculos, lleno de toda clase de artilugios para esconderse, sujetarse y hacer todo tipo de maromas. Maromas que sólo usuarios del movimiento Súper Imán podrían llevar a cabo, como en este caso Travis y su Pikachu.
Aunque ya lo sospechaba desde hacía años, Luana todavía se llevó un gran susto aquella noche que descubrió a su hijo flotando con un aura magnética sobre su cama mientras dormía. Rápidamente lo reconoció como el movimiento Súper Imán que le daba la capacidad de levitar. Como debían mantenerlo en secreto, ella mandó construir este sótano en su casa, donde su hijo podía hacer uso de sus talentos especiales a sus anchas sin que nadie lo molestara. Como jugar a atrapar con su Pikachu.
– ¡Ahora sí ya te tengo! – le dijo al acorralarlo en una esquina de la habitación.
– Pikapika, pleeeehh. – El roedor amarillo le hizo burla sacándole la lengua y jalándose el ojo, a lo que Travis respondió lanzándose a atraparlo… solo para que su amigo se le escurriera por debajo y le diera un coletazo por detrás para que se estrellara con la pared.
Afortunadamente, ella se aseguró de que todo el cuarto estuviera bien acojinado en el techo y paredes, y con eso evitaría que se lastimaran. Mientras Pikachu se reía, Travis se sacudió la cabeza y lentamente flotó de vuelta al suelo, donde ella se encontraba.
– Empiezo a arrepentirme de haberle enseñado ese movimiento. Es mejor que yo usándolo.
– Tranquilo, cariño, ya lo atraparás la próxima vez. – le dijo ella. – Sólo tienes que practicar más.
– Aún no puedo creerlo. – dijo Travis mirando a su alrededor. – ¿Gastaste tanto dinero sólo para que yo pudiera tener este cuarto para Navidad?
– Lo terminaron antes de lo planeado, pero nada es demasiado caro para la luz de mi vida. – de inmediato empezó a jalarle los cachetes cariñosamente.
– ¡Mamá, deja de hacer eso! ¡Ya no soy un niño!
Ya lo sabía, pero su Travis siempre sería su bebé. Incluso aunque la pubertad había sido particularmente generosa con él durante el último verano, y ya estaba a punto de dejarla atrás en estatura. Probablemente lo haría en su próximo cumpleaños, algo que le provocaba sentimientos encontrados de alegría y tristeza.
Alegría porque estaba feliz de verlo crecer fuerte y saludable, y tristeza porque se acercaba el día que cumpliría sus quince y se iría de viaje. Ella se sentiría muy sola cuando eso sucediera, así que hasta entonces, quería mimarlo todo lo posible.
– Bueno, cariño, si ya terminaste el juego, ¿qué tal si nos vamos a ayudar en la cocina? Los cocineros tendrán mucho trabajo para la cena de Navidad, después de todo.
– No tienes que recordármelo. – dijo él con algo de pena, mientras su Pikachu descendía también y se posaba en su hombro. – ¿Después podemos salir? Todavía tengo que comprarte un regalo.
– Oh, no tienes que preocuparte por eso. Sólo estando aquí me das el mejor regalo del mundo.
La mujer inmediatamente abrazó a su hijo. Aunque ya hubiera crecido, para ella seguía siendo ese pequeño que corría por la playa mientras ella lo observaba, y aun habiendo tenido que criarlo sola, no había mayor alegría en su vida.
– Te quiero, mamá.
– Y yo a ti, mi amor. Y yo a ti.
Esas palabras de nuevo le trajeron sentimientos mezclados a Luana. Alegría por saber lo mucho que su hijo la quería, y tristeza por pensar que esta sería probablemente la última Navidad que podrían pasar juntos en mucho tiempo. Pero como madre, ella tenía que apoyar a su hijo con sus sueños, y lo haría con todo su corazón.
BRANDON369
Aquella Nochebuena, las calles estaban tranquilas y silenciosas, nada se movía… Con excepción del grupo de Patrats que recorrían los techos a toda velocidad, en formaciones extravagantes, aunque organizadas. Corriendo frente a ellos con acrobacias pintorescas y haciendo su mejor esfuerzo para no caerse por ninguna cornisa, se encontraba el valiente protector de los débiles, un hombre con disfraz de Watchog, que era conocido popularmente como "El Inmejorable Jimmy Ray, defensor de Ciudad Nimbasa".
Nuestro valiente héroe estaba a punto de emprender una misión bastante importante, pero también una de las más peligrosas en las que se había involucrado hasta el momento… Por fortuna, no estaría solo en esta ocasión. Pasaron tan solo un par de minutos desde que llegó al punto acordado en la Ruta 3, cuando uno de sus leales Patrat le informó sobre la llegada de su peculiar aliado.
Su llegada se hizo evidente en el momento en que se escuchó el sonido de aquella motocicleta tan única, la cual se detuvo justo frente a él. El piloto utilizaba una extravagante armadura de color rojo, con un casco del mismo color que ocultaba su identidad, botas y guantes de color blanco, además de una bufanda negra que ondeaba a los vientos. El motociclista estaba acompañado por un Accelgor, en el que claramente inspiró gran parte de su armadura y el diseño de su motocicleta.
– Lamento el retraso, aunque ya deberías de saber que los héroes siempre llegan en el último momento. – exclamó con confianza en su voz.
Aquel hombre, no era otro que la leyenda viviente de Ciudad Driftveil, el azote de los criminales, aquel héroe veloz al que la gente conocía como "el Poderoso Accelguardián". Ambos ya habían colaborado en el pasado, cuando sus caminos se cruzaron para encarar la amenaza del Cryogonal Man en su intento por congelar la ciudad, pero la misión que realizarían ahora estaba en un nivel de dificultad muy por encima de aquella ocasión.
– ¿Cómo está la situación actual, Ray? – preguntó el velocista, sin poder ocultar su preocupación.
– No muy bien. – confesó el defensor de los inocentes. – Este podría ser nuestro desafío más grande hasta la fecha.
– Me lo temía. ¿De cuántos estamos hablando?
– Envié a Número 9 y Número 36 para investigar el terreno y… Son entre diez y quince, nos superan en número y están fuera de control. – informó lo que sus Patrat le habían comentado.
– Son más de los que esperaba… ¿Trajiste lo que te pedí? – preguntó con curiosidad.
– Por supuesto, ¿por quién me tomas? – Le dijo más confiado, mientras sus Patrat transportaban una gran bolsa roja. – ¿Qué hay de ti?
– No tienes ni que preguntarlo.
Su confiable compañero hizo una señal y su Accelgor sacó una bolsa similar, con algo de suerte podría servir para mantener la situación bajo control. Ambos héroes estaban conscientes de que eran demasiados, pero confiaban plenamente en su experiencia como defensores de la verdad, la justicia y el estilo de vida unovano. Trabajando juntos, podían afrontar cualquier desafió, por difícil que fuera… Así que tocaron el timbre del lugar.
– Ustedes son… ¡Menos mal! Me alegra que hayan podido llegar.
Ambos fueron recibidos por una hermosa joven vestida de mandil y cabello castaño atado a una cola de caballo, quien parecía notablemente aliviada por verlos, cómo si se estuviera quitando un gran peso de encima.
– Lamentamos el retraso, señorita Daniela. – se disculpó el Poderoso Accelguardián un tanto apenado.
– ¡Conseguimos regalos Navideños para todos! – Exclamó el Inmejorable Jimmy Ray con todo su espíritu navideño, mientras sus Patrat le pasaban aquella bolsa de color rojo.
– ¡Eso es fantástico, los niños se pondrán muy contentos por verlos! ¡Adelante, pasen!
En el largo historial de aventuras que nuestros héroes podían presumir, pocas podían llegar a tener tanta dificultad cómo ayudar a una maestra de guardería a animar su fiesta navideña como invitados especiales… Aun así, repartirles regalos a unos pequeños niños revoltosos y ver sus caras de alegría, podía sentirse incluso mejor que combatir con súper villanos.
FIN.
Notas de los autores:
Cross: Bueno, este año ha sido de locos. Mudanzas, más mudanzas, nuevas dinámicas de vivir, nueva generación Pokémon, etc., etc., etc. Pero, si han seguido la historia principal recientemente, sabrán que hay mucho por venir. Los siguientes dos capítulos de Reset podrían haberse atrasado en el proceso de beta, pero eventualmente vendrán. Entretanto, algo para hablar sobre el Decidueye en la sección del Capitán. Es un inmigrante de canon para algo que decidí hacer fuera del Resetverso, uno de varios Pokémon de Hisui que desarrollé que podría entrar más apropiadamente en Reset en el futuro. Honestamente, sólo necesito un par de cosas para hacer eso: una forma de sortear los problemas del espacio-tiempo, y personalidades reales para un Arcanine y un Braviary de Hisui. Quizás para el próximo año. Un próximo año que podría tener el máximo potencial para un Especial de Navidad…
Fox: Hola a todos, ¡feliz Navidad! Sí, creo que no hace falta decir que estoy totalmente de acuerdo con Cross sobre este año. Mis propios problemas con él incluyen haber desarrollado dolores en los dedos que me dejaron incapaz de escribir por casi dos meses, frenando mi progreso en todos mis proyectos, dentro y fuera del Resetverso. Logré recuperarme un poco, pero todavía me quedan algunos capítulos que siguen atrasados, incluyendo el siguiente para el Interludio de Índigo. Espero poder terminarlos pronto, pero por ahora, me alegro de no haberme perdido la contribución anual, qué pena que no pude rescatar algunas de las viñetas descartadas que tenía. Oh bueno, siempre habrá el próximo año, supongo. Felices fiestas a todos y esperemos que el 2023 resulte mejor para todos.
Viroro: ¡Feliz Navidad a todos! Desafortunadamente un año pobre en contribuciones debido a problemas personales en mi lado también, pero aun así estoy feliz de haber contribuido al Especial de Navidad como siempre. Por un 2023 lleno de éxitos para todos, escritores y lectores por igual, ¡y gracias a todos por su continuo apoyo!
Brandon: ¡Hola a todos y felíz Navidad! Un año más estamos aquí para traerles lo mejor que Reset tiene para ofrecer en estos días de fiesta. De hecho, es hasta gracioso, pero, por diversos motivos, estuve a punto de no participar en el especial de este año. Fue mi buen amigo, Fox, quien me animó y me dijo que todavía me quedaba tiempo para participar, por lo que pude traer algunas viñetas de último momento con ciertas ideas que tenía en mente. ¡Gracias, amigo!
Estamos en una época de grandes cambios, después de todo Journeys llegó a su fin y Ash Ketchum logró lo imposible, convirtiéndose en campeón mundial con uno de los mejores combates de la serie, para luego retirarse como protagonista tras 25 años. Para aquellos que crecimos con las aventuras de Ash, desde que era un novato en Kanto y lo vimos atravesar tantos cambios a lo largo de las distintas temporadas; el retiro de Ash era una noticia que parecía imposible. Y aún así sucedió. Atrás quedaron los tiempos en que la gente se burlaba de Ash por no ganar Ligas Pokémon, pues nuestro querido protagonista es un verdadero campeón y va marcharse por la puerta grande. En fin, aquí BRANDON369, deseándoles una feliz Navidad y próspero año nuevo, me despido hasta mi siguiente aporte a Reset Bloodlines... el cuál vendrá tan pronto como me den la aprobación para publicarlo xD.
