Los chicos de barrio no me pertenecen, son propiedad de Cartoon Network y Tom Warburton.

No es un adiós

-¿Extrañas a Cien? Yo no. No después de lo que hizo.

-Y tú qué sabes –contestó 86 poniéndose a la defensiva de inmediato.

-La desaparición del sector Z, eso es lo que sé.

-No fue culpa suya, fueron los gemelos. El par no pudo mantener cerrada la boca, le dieron demasiada información al enemigo y por ellos perdimos al mejor sector de todos los tiempos. ¿Qué esperabas luego de aquello? ¿Que Cien los premiara con una medalla dorada? ¿Qué esperaba Cree? ¿Un ascenso?

Tras unos segundos de pastoso silencio Sesenta por fin despegó su rostro de la vitrina y se volvió hacia ella con una sonrisa maliciosa adornándole el rostro.

-Cien no tuvo piedad –dijo.

-Ellos no la merecían.

-Y tú tampoco al parecer. Te ordenó destituirlo, sabiendo cuanto lo querías.

-Eso no es asunto tuyo ¡Y tampoco es cierto!

-¿Entonces porque estás aquí? Pudiendo lloriquear en cualquier parte del mundo, vienes a hacerlo en frente de la vitrina donde se expone su casco.

-¡No estoy lloriqueando! –chilló ella lanzando un puño fácil de esquivar- yo solo necesitaba un momento a solas para pensar antes de la reunión… ¿Y porque rayos estas tú aquí? Siempre evitas estas cosas diciendo que tienes mucho trabajo en el ártico ¿Qué pasó? ¿Te quedaste sin reclutas a quienes fastidiar?

-Negativo –el niño señaló por la ventana- los he sacado a estirar las piernas, son aquellos cinco allí abajo, ¿los ves? los que corren alrededor de la biblioteca ¡Los estoy vigilando montón de quejicas! ¡No se detengan!

-Este no es lugar para ellos, no son verdaderos agentes, no tienen el privilegio de estar aquí. Y si rompen algo…

-Si rompen algo, si me sancionan por traerlos, o si siquiera vomitan de tanto correr, entonces me haré cargo. El espectáculo que darás lo vale 86.

-¡Eres un…!

-La reunión comenzará en veinte minutos, guarda energías. Las necesitarás para explicar frente al resto del consejo lunar como no solo dejaste escapar a 206, sino que lo confundiste con 362, la atacaste y la entregaste al mismo 274. ¿Sabes? Esto no se lo digo a cualquiera, pero tú si sabes divertirte.

-Trasmisión interrumpida-

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Capítulo 7: Solo sé que no sé nada

Patt escuchó el sonido inconfundible de alguien cayendo de bruces al suelo seguido del eco hueco y casi cantarín de cajas desparramarse.

-¡¿Cuál fue la única orden que te di Shaunie?! –preguntó cerrando los ojos con fuerza.

-…No provocar un desastre…

-¡¿Y qué hiciste?!

-…Provocar un desastre…

El adolecente maldijo por bajo mientras se apresuraba a su rescate. Les había tomado gran parte de la tarde llegar a aquella tienda que para todos pasaba de ser percibida por tener la fachada más simplona y gris de toda la calle, pero una vez dentro el adolecente quedó sin habla. Anaqueles repletos de paquetes en varios idiomas, juguetes para armar, artilugios de colección de los más variados. Pero sobre todo, una limpieza y orden que terminó por maravillarlo, tanto así que encontrar a Shaunie cubierto de las cajas desparramadas por todo el piso llegó a dolerle casi físicamente.

-¡¿Cielo santo que es todo ese alboroto?! –gritó un hombre canoso apareciendo detrás del mostrador- Mira nada más la catástrofe que han causado. Tú, pequeño no te muevas, no te muevas. ¡No aplastes ninguna de esas reliquias!

Pero fue tarde porque Shaunie en la prisa de correr a esconderse detrás del Patt machacó un par con sus zapatos, aplastando también la primera buena impresión que su niñero había procurado en vano al llegar. El adolecente se aclaró la garganta.

-¿Es usted el señor Pulcro? –preguntó casi resignado.

-El mismo que viste y calza. Díganme que los trae por aquí mientras llamo a la policía.

-Soy Patt Drilovsky –se presentó dando un paso al frente y levantando la barbilla- he escuchado apenas esta mañana de usted y he venido a hacerle un pedido especial. Esto…-rebuscó entre uno de sus bolsillos y extrajo una pequeña pieza de metal- he tratado de dar forma a esto con las herramientas que tenía sin mucho éxito y mi tiempo es un recurso escaso.

El mayor frunció el ceño reconociendo la forma de la llave plateada que le extendía el muchacho.

-¿Me has visto cara de cerrajero? –dijo colocándose los lentes. Pronto sus viejos y retorcidos dedos revisaban minuciosos la brillante obra- ¿eres turista? La gente de aquí no viene por recomendación.

-Podría decirse que estoy en una especie de vacaciones obligatorias.

-Qué casualidad, igual yo –sonrió el anciano- será difícil trabajar esto sin el modelo original como guía.

-Olvídese de la mano de obra, señor, de eso me hago cargo yo. Lo que en realidad preciso son las herramientas de su taller, supongo que al menos contara con lo imprescindible.

-No me subestimes mocoso ¿Pero podrás arreglártelas tu solo? ¿Lo has hecho antes?

Patt asintió y sacó de su bolsillo un dibujo a lápiz de la llave que pretendía duplicar.

-Que muchacho tan talentoso… ¿Dime qué piensas abrir con esto?

-Un baúl. Uno muy antiguo.

-Tiene un curioso aspecto para pertenecer a un simple baúl… ¡y mucho trabajo innecesario! Con que le has estado dando forma ¿con tus dientes?

-Es lo poco que pude con las herramientas de alguien que solo las adquirió por compromiso, ya sabe, todo muy básico.

-¡No me digas! ¡Compradas dos por uno en un infomercial!

-Y sin sacar de la caja –agregó- Ni siquiera notará que ya no están en su sótano.

El señor pulcro se detuvo a mirarle muy serio.

-Como he dicho, no pertenezco a este lugar —Patt se rebulló, incómodo, y tragó saliva. La primera parte estaba hecha, había convencido al anciano de ayudarlo. Ahora venía el reto, convencerlo de ayudarlo pese a su desventajosa situación- no tengo como pagarle el uso de alguna de sus herramientas eléctricas para terminar este trabajo…Pero si consigo esto seré capaz de regresar a mi hogar y recoger algo de valor para retribuirle este favor. Puedo dejar las herramientas que traigo en mi mochila como garantía, no es mucho y todavía tengo que pagar lo que acabamos de romper señor, pero…

-¿Regresar a tu casa? ¿Y volver mañana? ¿En un baúl?

El adolecente se tensó, había hablado de más. Pero ni tiempo tuvo de inventarse una excusa.

-¿En un baúl? ¡No! ¡Nosotros tenemos una nave!-exclamó entre risas Shaunie que hasta entonces solo había tenido curiosidad por las cajas.

-¿Tienen una nave? -sonrió el anciano inclinándose hacia el pequeño- una nave terrestre, o tal vez una voladora, por nuestra ubicación geográfica ¿porque no un barco?

Ignorante al pavor de su niñero el pelirrojo sonrió maravillado, sabia la respuesta correcta.

-El mar no es seguro, nunca lo es –dijo pasándose las manos por la cabeza, repitiendo las palabras y los gestos que había visto en su hermano semanas atrás- hay que apostar a lo seguro ¡nada de barcos!

-Gracias por nada Shaunie -musitó Patt entre dientes- los niños son tan imaginativos, ¿no señor?

-En efecto, lo son. Tienen la costumbre de siempre decir la verdad -concedió el anciano y Patt no pudo si no pensar que aquella sonrisa era perversa, de inmediato echó un vistazo hacia la puerta principal, procurando una salida. El desastre de las cajas supondría un obstáculo.

-Muchacho, acepta un consejo –siguió diciendo el viejo deslizando su manos debajo del mostrador, de inmediato las puertas del local se cerraron y en las ventanas aparecieron barrotes- no te fíes del todo de ningún mocoso. Todos son insospechadamente peligrosos.

-¿Qué hay de los adultos? –respondió Patt escondiendo a Shaunie detrás de sí- hubiera podido escapar de esta isla mucho antes de no ser por sus malditas intervenciones. Ustedes gordos, arrugados, arrogantes….

-Cuida tus palabras muchacho.

La brillante llave plateada todavía yacía entre los retorcidos dedos llenos de manchas.

Patt apretó los dientes. Capturado nuevamente…y esta vez por un anciano con un historial de delitos menores contra una cadena de Hot dogs. No había gloria en eso.

-Habla de una vez.

El pequeño jaló de su pantalón, y él contuvo la respiración. Necesitaban aquel favor. Se repitió lo mismo que se había estado repitiendo desde que decidió aceptar la ayuda de un pequeño comemocos de siete años llamado Shaunie: había victorias que solamente se conseguían por medio de alianzas.

-Con esa llave planeo tomar una nave –murmuró de mala gana.

-Robaras una nave -le corrigió el anciano.

-Sí, de acuerdo, robaré una nave. Pero con ella volveré a casa, allí tengo un modelo a escala de un Spad de la primera guerra mundial –miró de soslayo los estantes- carcasa de metal, caja original, todavía sin abrir. Y par de aviones de caza PZL P11 y un PZL P24. Podrá tomarlos como pago si a cambio me deja utilizar su máquina de plasma, el torno y la afiladora.

-¡Y este coche para armar! -Shaunie señaló una caja en un estante cercano.

-¿La Flecha de plata de Fangio? –inquirió Don Pulcro- ¡gran elección pequeñín!

-¿Fangio? ¿Y quién rayos ese ese? –se quejó Patt volteándose hacia el pequeño- ¿No prefieres mejor un artículo de guerra? Un tanque, o un jeep de desierto… ¡Argth! ¡De acuerdo! Lo que dije hace un momento y ese tonto modelo para armar. Es un cambio más que justo –deslizó la mochila por uno de sus brazos y la sacudió frente de si- aquí dentro tengo algunas cosas de valor, podrá tomarlas como garantía. De este modo si algo sale mal y no pueda yo volver con los modelos que le prometí no se quedará usted con las manos vacías. Si tengo éxito en mi cruzada volveré por ellas y todo habrá acabado, no habrá más contratiempo, señor.

Don Pulcro se quedó mirándolo largo y tendido en silencio lo suficiente como para que a Patt comenzara a temblarle el brazo de tanto estar sosteniendo la mochila llena frente de si y lo suficiente como para que el pequeño comenzara a rebuscar otro modelo que poder llevarse a casa.

Pero finalmente viejo se decidió por una simple pregunta para resolverlo todo:

-Dime muchacho ¿De qué bando estás?

-Es lo que quiero averiguar, señor.

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-Es contra el reglamento y lo sabes, entrégalo de una vez.

-¿He…? Lo siento señor, número equivocado.

-362, soy yo.

La líder supremo apretujó de inmediato el zapatófono contra su oreja.

-¿Mauricio?

-Creía que era el único que podía llamarte a este móvil –contestó del otro lado de la línea el ex elemento 9.

-Pues así es, pero estos últimos días también ha estado captando señales de radio y de telecomunicaciones –suspiró la líder paseándose sobre el puente de mando de la base lunar- nuestro nuevo satélite ha entrado en órbita, los cerebritos dicen que les tomará tiempo adecuarlo correctamente. Pero dime ¿cuál es la emergencia?

-Bueno, para empezar, sé que fuiste tú quien intervino en la captura del ex agente sesenta. Conoces las reglas. Que seas la líder no te da permiso a tomarte esas libertades.

-¿Disculpa? ¿Se puede saber de qué rayos estás hablando?

-Rachel no finjas.

-Para ti soy 362 líder supremo, Rachel es solo para los amigos. Ahora explícate, es una orden.

-Bien, te daré detalles. Supe que 86 vigilaba la residencia Drilovsky, el grupo de ninjadolecentes que fue a reclutarlo me pasó el informe. Entonces yo trato de convencerlos de restarles importancia al este pequeñísimo detalle, por el bien de KND que también es el mío. Los dos sabemos que si alguien iba a meter la pata, sin dudas era ella. Sin embargo estos ninjas me revelan otro detalle que me es imposible pasar por alto: un escuadrón completo de agentes llegó en su auxilio casi de inmediato. La estabas vigilando, tú lo sabias, y aún así no la detuviste.

362 cerró los ojos.

-Fanny tenía que comprobarlo por si misma –dijo sujetándose a su propia convicción- tome contramedidas, todo está en orden ahora.

-Te equivocas, las medidas correctas eran otras. Las reglas son claras, bajo ninguna circunstancia se debe interferir con los agentes que salen.

-Y hay que ver quien lo dice –se burló la rubia sonriendo con amargura- Mauricio, hiciste lo imposible para conservar contigo a Abigail. Ahórrate las palabras, eres el menos indicado para reprochar algo como esto. Ahora que lo pienso, eres el menos indicado para reprochar algo, al fin y al cabo, esto es lo que tú lo querías ¿no?

El silencio del otro lado de la línea le supo cómo a victoria y con ese pensamiento 362 se giró buscando un gesto cómplice, pero nadie estaba allí para ella en ese momento.

-Fanny no es la única que debe entender como son las cosas fuera de sí misma –dijo al fin Mauricio- por favor regresa a Patton donde pertenece, es lo correcto, no puedes arriesgarte también con esto.

Rachel sacudió la cabeza de quitándose de encima su somnolencia recurrente.

-¿Estás diciéndome que sesenta no está con ustedes? –preguntó extrañada.

-Déjame ser claro. Código: sesenta no está entre nosotros.

-¡¿Se murió?!

-¡Cielos no! No me refiero a que no está en el mundo terrenal como cuando estiras la pata. Sino a no estar aquí, conmigo, ahora.

362 forzó las piezas del rompecabezas en su cabeza.

-¿Cómo es posible? Recibí un informe –dijo- el sector V indicó que 60 había sido reclutado por ninjas hace una semana, tal vez más, y si no has logrado llegar a él hasta ahora no puedes esperar que yo…

-Mi trabajo sería más sencillo si tú no hubieses impedido su reclutamiento secuestrándolo.

-Escúchame bien: retrasar su traslado no es impedirlo. Y aunque así fuera, no puedes culparme de algo que ni siquiera he logrado. No pude retener a sesenta ¡Porque tus ninjas se lo llevaron!

-Por última vez, nosotros no lo tenemos.

-¡Nosotros tampoco!

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El patio trasero de los Fulbright, junto con los de sus vecinos, limitaba con un bosque medianamente grande que se extendía casi en forma rectangular hasta llegar a Vernon Mount Frankfield. El lugar era impresionante, sobretodo de noche porque todo parecía engrandecerse. El viento, los árboles, niebla y oscuridad. Si bien había más resguardo para las eventuales ventiscas, el frío se colaba con más facilidad por la humedad del aire, y el exceso de oxigeno era sofocante. Los pasos hechos a la gris luz del día parecían kilómetros con las tinieblas engulléndote.

Los adultos no permitían que los niños se adentraran solos. Si te lastimas o te rompes una pierna la ayuda tardaría en llegar, decían, y en caso de perderte pescarías una potente gripe o una neumonía hasta lograr salir de allí por cuenta propia.

Patt no podía estar más de acuerdo. La última vez que estuvo allí fue cuando al descubrir el sitio donde los niños escondían sus naves intentó robarse una. Shaunie lo encontró horas después, desorientado y en shock bajo los crudos efectos de una descarga eléctrica.

Condenados niños y su condenado sistema de seguridad anti ladrones nocturnos.

Si tan solo hubiera llevado puestos sus guantes en esa ocasión se hubiera ahorrado al menos las quemaduras en las palmas de sus manos, pero no, Francine se los había robado. Francine también había tomado un par de sus camisas. Francine estaba saltando el cercado de ladrillos que separaba el descuidado jardín del exuberante bosque.

Bingo.

Patt abandonó su guardia frente a su ventana, tomó de debajo de su cama la mochila que había preparado y vuelto a preparar gracias a la adicción de algunos artefactos que Don Pulcro le ofreció al dos por uno y salió apresurado al pasillo. Seis grandes zancadas en la espesa oscuridad bastaron para dejarlo frente a la puerta del cuarto de los niños, dio dos suaves golpes en ella y en menos de cinco segundos tuvo a un pelirrojo frente a él.

-Es hora de ponerse en marcha Shaunie –le ordenó.

-Gracias al cielo, ya no me aguantaba más –murmuró el pequeñín dando saltitos- ¡no creí que eso de beber mucha agua para mantenerme despierto fuera tan difícil!

-¡Shhh! Despertarás a Paddy. Vamos apresúrate, ve al baño, toma tu abrigo y tu mochila, te espero abajo.

El pelirrojo asintió frenéticamente en la penumbra de la noche. El adolecente siguió camino con la alfombra amortiguando el sonido de sus botas hasta el final del pasillo y luego a su diestra por la escalera. El truco de bajar consistía en hacerlo escalón, por escalón, tomara el tiempo que tomara. Pues los juguetes olvidados en el día se convertían de noche en trampas mortales, tanto así que si fuera que él mismo había presenciado las desafortunadas caídas de Fanny por allí, habría empezado a tomarse en serio las amenazas del señor jefe sobre eliminarlo.

Escalón, por escalón, las llaves colgadas en su cuello por una cadena vibraban sobre su pecho.

Eran copias.

Todas ellas prácticamente las había hecho a mano con las herramientas que ahora, y solo de momento, le pertenecían al señor Don Pulcro. Las copias de la llaves de la casa por ejemplo, no le habían tomado demasiado tiempo y se podría decir que las hizo por ocio los primeros días allí. Sin embargo las que correspondían a la nave que robarían esa noche le tomó el triple de esfuerzo, eso sin contar que no fue él sino Shaunie quien se arriesgó a tomarla de entre las cosas de Francine. Era metal fundido en un diseño tosco pero preciso. Patt no hubiera podido darle forma al material más similar que encontró sin la ayuda de herramientas sofisticadas.

Condenados niños y sus condenados diseños de maquinaria. Parecían empeñados en hacerle más difícil todo.

-No solo los niños –murmuró al llegar a la sala- los adultos también me lo han puesto difícil.

Delatar las salidas de la pelirroja con el señor jefe no había sido la mejor idea del mundo, por poco y se gana un pasaje a Plutón. ¿Quién hubiera pensando que el viejo ya sabía el chisme? Y peor aún, que lo aceptaba sin reproche y hasta ayudaba a encubrirla.

Tratar con la señora Fullbright fue menos desastroso, pero infinitamente peor. Ella no le creyó ni una sola palabra sobre los ninjas y los niños con armas, en cambio creyó que era un juego. Y se tomó la molestia de hacerle notar que ya estaba grandecito para esas cosas, sin mencionar cuan demente sonaba. En ningún momento levantó la voz, ni se vio alterada la amabilidad a la que él estaba acostumbrado desde su primer día allí. Pero después de aquello se sintió mareado y tan fuera de lugar, que le costó horrores no tomar sus cosas y volver a su patria nadando.

Patético.

Lejos de los márgenes cotidianos se erguía un mundo totalmente nuevo, que aparentemente siempre había estado allí, pero solo ahora podía percibirlo. Un mundo terriblemente maravilloso que no jugaba con las reglas que él conocía y que se defendía cada vez que él intentaba ir en contra.

Habían atacado su casa, robado a su mascota, secuestrado… y aquella misma mañana lo hizo el principal sospechoso del incidente con el termostato. ¿Qué podía haber hecho para defenderse? Nada. Él no sabía las reglas, ni los limites, ni las trampas, no conocía a los jugadores.

¿Qué podía decir o hacer ahora? Con su reloj digital marcando las tres de la madrugada en su muñeca, cargando un equipo prestado de segunda mano y esperando nada menos que a un piloto de siete años frente a la puerta que daba al patio trasero.

Maldi-tasea

Nada tenía buena pinta ¿Qué tan lejos pensaba que llegaría? ¿Cuál sería el revés que recibiría por ello? ¿Para qué molestarse? ¿Valía la pena? ¿Tenía siquiera sentido? Niños en la luna, ninjas… Aún estaba a tiempo de…

¡Espabila! Si comenzaba a considerar el daño no sería capaz de moverse de allí. Nada de agachar la cabeza, resignarse y rogar que las cosas fueran diferentes mientras los demás luchaban sus batallas. ¿Doblegarse y esperar a que alguien más decida por él? Ni de chiste. Eso era cosa de cobardes, voluntades débiles, lloricas. El único modo que su situación podría ponerse peor era si seguía de brazos cruzados.

Si iba a caer lo haría peleando. Hundirse o nadar.

-Sangre y agallas –murmuró con una sensación nueva llenándole el pecho.

Y la puerta abrió frente a sus ojos.

No fue él quien lo hizo.

Fue Fanny.

-¿Pero qué...? –dijo el halo de cabello rojo apareciendo frente a él, golpeándolo con la luz nocturna y el frescor de la noche, el adolecente retrocedió entrecerrando los ojos- ¿Qué haces aquí Patt…? ¿Pasó algo…? ¡Maldición!

Los segundo que el adolecente supo es que estaba tirado boca abajo contra el suelo con Fanny sobre él. ¿Pero qué demonios hacía ella allí? ¿No se suponía que ya se había marchado a tener misiones o lo que sea con esos niños salvajes? Él mismo la había visto desaparecer el bosque hacía menos de quince minutos atrás. ¡No tenía sentido que ella ya estuviera de regreso!

-¡¿Dónde están?! ¡¿Cuántos son?! –siseó histérica contra su oído.

-¿Qué? ¿Quiénes? –respondíó Patt tratando de girar sobre sí mismo, pero la mochila le entorpecía el movimiento.

De pronto el peso de la niña desapareció, el adolecente forzó la vista y vio su figura recorrer lentamente la sala a oscuras manteniendo la cabeza gacha. "Creé que estamos bajo ataque" se dijo a si mismo primero con duda y luego siento atravesado por un rayo de alivio y adrenalina. La oportunidad rozando la punta de sus dedos y la oscuridad como su aliada, ni siquiera lo pensó. Deslizó su mochila por el brazo a toda velocidad y luego de un solo movimiento la lanzó lo más lejos posible por la puerta todavía abierta detrás de él.

-Tranquila Francine, todo está en orden –dijo tratando de sonar lo más sereno posible mientras en la oscuridad rodando por el suelo intentaba desesperadamente deshacerse también de sus botas para que todo pareciera lo más habitual posible, y por ello menos sospechoso- no hay nada aquí que intente matarnos excepto…

El súbito sonido de un disparo y un grito interrumpió su frase

..Excepto talvez tú…

¡Shaunie!

Prácticamente gateó hasta el interruptor a toda velocidad y cuando todo se hizo dolorosamente visible encontró a pequeño pelirrojo retorciéndose en el piso y a una Fanny junto a él intentado atraparlo entre sus brazos.

-Vamos, vamos quédate quieto, ya pasa, ya pasa –decía ella tomando a su hermano menor por los hombros- uno, dosss, tress, tres y medio... ¡Cuatro! ¿Ves? ¿Mejor? Solo fue un disparo de congelamiento de cerebro, shhhhh, no pasa nada, no pasa nada… ¡grandísimo tonto! ¡Estás loco! ¿Cómo se te ocurre aparecerte así de repente Shawn? ¿Qué estabas tratando de hacer?

-Seguir a Patt -se quejó el pequeño haciéndose bolita en el piso. La pelirroja se volteó hacia él roja de ira.

-Francine, no grites –rogó Patt preparándose para lo que venía- despertarás a tus padres.

-Mis padres tienen el sueño pesado ¡Así que gritaré lo que se me dé la gana! ¿Tienes idea lo tarde que es? ¿O lo peligroso que fue? ¡Estuve a punto de activar la alarma de auxilio! ¿Cómo rayos le iba a explicar tu presencia a los inútiles del escuadrón de rescate? ¿En que estabas pensando? -Fanny detuvo su discurso abruptamente- ¿Qué rayos haces despierto a estas horas?

Tras unos segundos de pastoso silencio, la pregunta intentó responderse por si sola. La pelirroja se percató de sus botas y su chaqueta para la nieve. Y de pronto, como si de un interruptor se tratase, su actitud y su postura cambiaron completamente. Sus brazos en jarra dispuestos para el reproche ahora caían inertes al lado su cuerpo con la duda y un desconcertante desconsuelo en sus ojos.

Patt se sintió morir.

-¿Estabas tratando…?

-¿De evitar que escapes? ¡Si! –se anticipó el muchacho precipitadamente, casi lanzándose sobre ella- te vi saltar el cercado de ladrillo y…no, primero te oí tropezar por las escaleras, me puse las botas, la chaqueta y cuando quise salir por ti…pues ya sabes…

-Yo ya estaba de regreso –murmuró Fanny con voz queda.

Él asintió lentamente observando con cierta curiosidad y satisfacción como las piezas de aquella niña volvían a su sitio. Como volvían a vibrar, a encenderse.

-Tan estricto como siempre –dijo ella desviando disimuladamente el rostro hacia un lado para ocultar su sonrisa completa. Acto seguido señaló la bandolera que le cruzaba el pecho y caía sobre su cadera- solo he salido a recoger de mi nave algo que había olvidado ¿Lo ves? No estaba desobedeciendo ni nada por el estilo. También tengo códigos. Si me tengo que quedar en casa tres días por una travesura de papi, pues ni modo, es el peso de estar a cargo ¿no?

"Es cierto, hoy la castigaron por lo del termostato" se recordó a si mismo con asombro y sin culpas. Lo había pasado por alto completamente, pues no creyó que una niña tan malcriada y caprichosa como ella realmente obedeciera algo tan simple como un castigo. No creyó que ella realmente obedeciera a alguna ley en particular y punto.

Pero allí estaba, orgullosa, inexplicablemente feliz y con las mejillas rojas, ordenándo:

-Regresen a tu cuarto ahora mismo, par de tontos.

Patt volvió a asentir de manera estoica mientras observaba de reojo como a espaldas de la pelirroja Shaunie le hacía señas desesperadas. Haciéndole casi telepáticamente las mismas preguntas que él en el ese momento no sabía ni responderse a él mismo. La noche ya estaba perdida, al igual que la oportunidad de escape y los objetos de intercambio con el señor Don Pulcro. Porque ¿cómo demonios le harían para salir de ahí con Fanny rondándoles tan cerca durante los próximos días?

Maldi-tasea.

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Connor Kurasay.