¡He vuelto! ¡Junto con la actualización semanal!

Y acabo de terminar DOS capítulos este fin, lo cual es maravilloso después de tener un terrible bloqueo de escritor durante casi dos semanas completas. Así que espero que este momento de racha me dure hasta antes de mis próximos exámenes y pueda escribir más.

Lucasdiaz9000: Tendrás que esperar para descubrir si tus apuestas son correctas. Y no, no tengo Wattpad. La vida real *tose -escuela-* me mantiene un poco ocupada últimamente. Apenas tengo tiempo de revisar mi cuenta aquí. Pero intentaré responder a cualquier PM que me llegue.

Otra cosa. Quiero aclarar que NO me voy a saltar directamente a la "acción". Hay ciertas cosas un tanto importantes para la historia que deben suceder antes de llegar ahí.

Solo para recapitular: Después de que Hiccup se reveló accidentalmente ante toda la tribu, Dogsbreath pudo conseguirle un modo de escape de una situación bastante incómoda, pero ahora deberá luchar contra Astrid como el Maestro Dragón por el derecho a una reunión con el Consejo de Berk. Stoick entró en un modo paternal, preocupado y sobreprotector. Y Astrid está intentando lidiar con sus sentimientos confusos por su prometido.


Capítulo 8 "Planes"

En el cielo del amanecer, un solitario dragón escoltaba a dos adolescentes. Ninguno había pronunciado una sola palabra desde que dejaron Berk. Tan pronto como estuvieron a una distancia segura, Hiccup rompió el silencio.

–¿Qué pasó allá atrás?– preguntó con voz apagada. En media hora, su vida se había puesto de cabeza y el torbellino de emociones en su mente no le permitía procesarlo todo por completo.

–¿A qué te refieres?– Dogsbreath giró la cabeza para encontrarse con el rostro atormentado de su amigo.

–¿Por qué propusiste un duelo?– ahora su voz era monótona y sin emoción, pero su rostro delataba que lo azotaba la angustia.

–Originalmente ese no era mi plan– explicó. –Intentaba evitar que el jefe pudiera descubrir toda la verdad y obtener una vía de escape para ti, pero,– suspiró y volvió a mirar al frente –parece que no salió como esperaba realmente y no encontré otra salida.

–Gracias, amigo– el castaño colocó una mano en su hombro. –Pero solo retrasamos lo inevitable.

–Lo sé, es solo que una sorpresa completa como esa haría explotar a tu padre y no sería nada bueno.– Dogsbreath estaba ahora guiando a Burwing para que descendiera a la cala.

El gran Nightmare aterrizó cerca de la cueva en la que escondía su armadura. Hiccup se bajó con un ágil salto del dragón y se acercó a la entrada mientras en un extremo de la cala Toothless se estiraba perezosamente después de una noche de sueño antes de acercarse trotando hacia su jinete. El Night Fury inmediatamente sintió la angustia de su amigo y apoyó su gran cabeza en el costado de su amigo para tratar de consolarlo, ganándose una sonrisa agradecida del chico.

Tan pronto como Hiccup regresó con su equipo, Dogsbreath decidió abordar su mayor preocupación cuanto antes.

–¿Y ahora qué?–. Ante la mirada confusa del castaño, se apresuró a aclarar –¿Qué sucederá con la misión?

Hiccup respondió de inmediato: –No la vamos a retrasar. Con la reunión en Berk, podemos garantizar una salida segura para los jinetes que tenemos allí. Pero definitivamente debemos reunir al Consejo de Guerra y enfrentar a la reina lo más pronto posible–. Hiccup ya se encontraba sobre Toothless listo para despegar. Rápidamente, los dos jinetes estaban de regreso en el aire y se dirigían otra vez hacia el Cuartel General.

–En ese caso, volveré a enviar al Correo Terror y nos prepararemos para recibirlos. Como el duelo será mañana, sería bueno que los demás llegaran pronto. Aunque todavía no entiendo porqué debemos acelerar el inicio de la misión también.

–Por mi padre–. El cobrizo asintió en reconocimiento. –Cuando se entere de que iremos al nido de dragones, intentará intervenir o seguirnos de alguna forma, a pesar de que estén en desventaja. No quiero que la tribu se ponga en riesgo. Por esa razón también debemos incrementar la vigilancia, limitar los viajes cerca de la isla principal y tener mucho cuidado al enviar el barco con provisiones de mañana.

–¿Y Fish? Berk no sabe que está con nosotros–. Buen punto. Hiccup definitivamente no quería que se arriesgara a ser descubierto también, pero tampoco lo obligaría a nada.

–Por el momento preferiría que permaneciera encubierto, al menos hasta después de mañana. Sería más seguro para él. No tenemos muchos jinetes en la aldea y alguien cercano nos sería de ayuda. Pero será él quien decida.

Cuando aterrizaron en el Cuartel, Dogsgreath se alejó hacia el Gran Salón para buscar al Olaf y que empezaran a acelerar los preparativos. Hiccup por su parte se dirigió a la forja. Un poco de trabajo reparando sillas de montar lo ayudaría a pensar todo con más claridad.


Un par de horas más tarde, la base empezaba a cobrar vida bajo los dorados rayos de Sol[1]. Los jinetes salían del Grán Salón después del desayuno para trabajar y prepararse para la llegada del Consejo y parte de las divisiones de las otras tribus. En la herrería, Hiccup tomaba un descanso del trabajo. Toothless yacía dormido junto al fuego desde hace tiempo.

–Dogsbreath dijo que querías hablar conmigo–. El castaño se sobresaltó cuando la voz rompió la quietud en el interior. Miró en su dirección para encontrar la voluminosa forma de Fishlegs entrando por la puerta.

–¿También mencionó nuestro cambio de planes?–. El adolescente rubio asintió en respuesta mientras se sentaba cerca de Hiccup. –Entonces sabes que no tengo forma de saber qué pasará en Berk hasta mañana. Fish, necesito que seas mi ojos y oídos en la aldea, no tenemos muchos aliados allí. Además, sería más seguro para ti si nos sigues hasta después del duelo para recibir al Consejo.

–Quieres que sea tu infiltrado– esta no era una pregunta.

–Sí. Preferiría que te quedaras en Berk. Pero es tu decisión. Si quieres unírtenos ahora, no hay ningún problema. Buscaré otra solución.

Después de un par de segundos, Fishlegs aceptó quedarse en la aldea. Esto alivió un poco la tensión de Hiccup.

–¿Y… cómo estás con todo?– aventuró mientras cambiaba de tema el rubio.

–No muy bien– contestó secamente. En realidad, Hiccup no quería hablar de eso. Pero como uno de sus amigos más cercanos, Fishlegs se merecía al menos una respuesta. No es que lo sacaría todo ahora. Y tampoco estaba preparado para eso. Tenían cosas más grandes en las que pensar.

–¿Quieres hablar de eso?

El castaño suspiró y negó con la cabeza antes de responder: –La verdad, no. Por ahora no.

–Bien. Regresaré a la aldea–. Fishlegs se levantó y caminó hasta la puerta sólo para detenerse a medio camino y volver a enfrentarlo. –Hiccup, cuando quieras hablar, sabes dónde encontrarnos a Dosgbreath y a mí–. Y con ese último comentario salió.

Hiccup se levantó también para volver a trabajar, pensando en lo que dijo su amigo. Sabía que podía contar con ellos para desahogarse, pero en este momento no quería, no estaba listo para eso. Todavía no.


De regreso en Berk, Astrid caminaba pesadamente al Gran Salón después de ayudar con la limpieza. Trató de ocultar lo mejor que pudo el cansancio y el dolor en sus músculos mientras atravesaba las grandes puertas lista para desayunar. Esta última incursión de dragones había sido muy destructiva, muy pocas casas se salvaron de las llamas. Y los almacenes eran prácticamente una pila de madera carbonizada. Sus pocas provisiones salvadas estaban dentro del Gran Salón y no durarían mucho.

La rubia tomó un plato de comida, una taza y se sentó en su mesa habitual, significativamente más vacía. Hasta ahora solo Snotlout y los gemelos habían llegado al desayuno. La ausencia del heredero mantenía a toda la aldea en sus propias mesas. Y Fishlegs también faltaba.

Astrid decidió no darle mucha importancia a eso y se sentó a comer en silencio con los demás. Ya tenía demasiado en la cabeza como para pensar en otra cosa más. Escuchó perezosamente partes de la conversación de la pandilla y respondiendo cuando le hablaban, pero todos parecían un poco más apagados que de costumbre. El resto del Salón estaba igual, con un aire más sombrío de lo habitual.

Unos minutos más tarde, Fishlegs ya se había unido a ellos en la mesa. Él también estaba diferente; más callado y hasta parecía ansioso. O ¿tal vez nervioso? Astrid lo atribuyó a la captura de Hiccup. Y hablando de eso, Tuffnut ya había sacado el tema a la conversación desde hacía unos minutos.

–Nunca habría sospechado que Hiccup estaba con ellos. Me pregunto qué habrá hecho Dogsbreath para convencerlo–. Ruffnut lo miró irritada y le dió un golpe mientras su hermano se quejaba antes de devolverle el golpe.

Snotlout los interrumpió con una mirada venenosa. –Obviamente lo amenazaron. Mi primo no es un traidor. Y siempre desconfíe de Dogsbreath. Hiccup fue inteligente y nunca se dejó engañar por él. Cuando le ponga las manos encima a esos jinetes, se arrepentirán de haber capturado a un pariente de Snotlout Jorgenson– terminó con un golpe en la mesa.

Astrid solo puso los ojos en blanco como respuesta. El Jorgenson más joven no conocía límites en su molesta arrogancia. Y estaba más ofendido que preocupado por el secuestro de su futuro jefe, que casualmente también era su primo.

–Tú no sabías algo, ¿verdad, Fish?– interrogó el gemelo Thorston. Esa pregunta casi hizo que la rubia se atragantara con un bocado de su comida.

Astrid volteó a ver a Fishlegs que ahora se había puesto pálido y, definitivamente, más nervioso. Tal vez Tuffnut no hubiera pensado bien su pregunta, pero posiblemente por una vez el vikingo rubio hubiera acertado con un buen punto.

–¿Q-quién? ¿Y-yo?– tartamudeó. –N-no, p-por supuesto que no. ¿C-cómo podría saberlo?

–Eres su mejor amigo– respondió Snotlout con molestia. Al vikingo azabache no le gustaba para nada que él no fuera el más cercano a su primo. No ayudaba con sus planes de ser el segundo al mando.

–Sí, de todos nosotros, tú eres el único que podría haber sabido o sospechado algo– observó Ruffnut. Extrañamente, eso tenía sentido.

Fishlegs se apresuró a negar frenéticamente esa teoría. Después de que pudo convencer a los otros, cambió el tema a la incursión de esa noche, desviando su atención. Pero no la de Astrid. La rubia había notado su nerviosismo y sabía que no tenía razón para actuar de esa forma si lo que decía era verdad.

Ese pensamiento la hizo empezar a sospechar. Tal vez Fishlegs sabía algo. Era la mejor respuesta a su reacción. Debía estar escondiendo algo. Tan pronto como se le ocurrió esa posibilidad otra cosa la golpeó. Si ocultaba algo, probablemente debería estar en la misma situación de Hiccup y también lo estaban amenazando.

Esta idea fue reforzada cuando Fishlegs se levantó rápidamente e inventó una excusa para irse temprano. Casi parecía que intentaba escabullirse hacia otro lado. Astrid decidió que lo vigilaría de cerca. ¿Quién sabe? Tal vez incluso podría descubrir algo interesante.

O incluso podría encontrar una pista para hacer un pequeño rescate.


El fuego seguía ardiendo con fuerza en la chimenea, aunque fuera ya medio día. El jefe Stoick había vuelto a su casa después de inspeccionar la aldea y encargarse de los problemas que surgieron por la redada. Había dejado a un lado sus preocupaciones, ocultándolas en el fondo de su mente todo ese tiempo para evitar distraerse, pero ahora estaba resurgiendo otra vez con toda su fuerza.

Un plato con comida medio vacío yacía sobre la mesa, perdiendo poco a poco su calor. Su cabaña nunca se había sentido tan silenciosa y sombría como ahora. Y no ayudaba mucho a mantener las inquietudes de Stoick bajo control. No cuando Hiccup acababa de ser secuestrado frente a sus ojos.

Un golpe débil pero insistente, resonó por la cabaña trayendo al jefe de vuelta a Midgard[2].

–Adelante– contestó. En realidad no quería ver a nadie, pero un jefe no puede darse el lujo de ignorar a su aldea por asuntos personales, aún si era la dolorosa ausencia de su hijo.

En lugar de pisadas, un patrón familiar de golpe y paso llegó a oídos de Stoick. Siguió mirando al fuego mientras Gobber se sentaba pesadamente a su lado. Claramente, su viejo amigo venía para hablar de sus preocupaciones y tratar de ayudar. Se adelantó antes de que el herrero pudiera pronunciar cualquier cosa.

–¿Qué hice mal?– suspiró.

Esta simple pregunta dejó sin palabras a Gobber, que esperaba un poco más de resistencia para abrirse de parte del jefe. Stoick volvió a hablar.

–¿En qué fallé para no haber podido proteger a mi hijo? Cuando Val se fue, yo… yo juré que no permitiría que nada le pasara. Que nada lo lastimaría, que nada amenazaría su vida. Pero no pude hacer nada cuando se lo llevaron. No pude hacer nada.

Su mente volvió la noche en que su esposa fue llevada. Aún recordaba la sensación de que había perdido parte de sí mismo cuando se fue Valka, vacío. Stoick había seguido gritando su nombre durante mucho tiempo aún después de que la perdió de vista en la oscuridad, desesperado por algún milagro que se la devolviera.

Esa había sido la primera vez en mucho tiempo en que había llorado. Lo único que le había impedido derrumbarse era su pequeño Hiccup que lo necesitaba a él, su única familia. La última parte que le quedaba de Valka. Y Odín sabía cuánto había trabajado para mantener a su hijo a salvo desde entonces. Él había crecido para ser igual a su madre, no podía arriesgarse a perderlo a él también.

Gobber colocó una mano solidaria sobre el hombro del jefe. Definitivamente, si algo le pasaba a su hijo, Stoick no podría perdonárselo jamás. Su furia y frustración aún ardían dentro de él cuando recordaba la última vez que lo vio.

–Correcto. No pudiste–. Esa no era la respuesta que esperaba. –No pudiste, porque no lo sabías. No podías haberlo sabido, ni tú, ni yo ni nadie más. Sabes muy bien que el chico siempre ha insistido en lidiar solo con sus problemas. Fue muy terco al respecto. No escuchó ninguna protesta. Aunque en realidad, eso es algo que debería ser de familia–. Stoick no prestó atención ni escuchó eso último.

–Pero soy su padre. Debí protegerlo. Esa es mi responsabilidad. Debí pasar más tiempo con él, entrenarlo en combate, enseñarle a defenderse. Es mi culpa. No habría pasado nada de esto, si hubiera…

–Si hubieras descuidado la preparación de Hiccup para ser el próximo jefe– lo interrumpió. –Si hubieras descuidado tus deberes con la aldea y como padre del heredero de la tribu. Si hubieras creído que ser un guerrero era más importante que prepararlo para la jefatura.

Stoick sabía que era cierto. Y no tenía una respuesta para eso, así que decidió quedarse callado y escuchar a su amigo.

–No puedes culparte por pensar en el futuro de Berk. Por cumplir con tus deberes como jefe. Por hacer lo que tenías que hacer. Y tampoco puedes culparte por esto, porque no había forma de que siquiera lo pensaras.

–Es tu hijo y sé que quieres protegerlo, Stoick, pero no no siempre estarás ahí para eso. No podrás mantenerlo a salvo del mundo para siempre. Y no es tu culpa. Solo puedes prepararlo para que lo enfrente como un hombre adulto y confiar en él. Hiccup es un chico inteligente, astuto y terco como jabalí; es un Haddock en toda norma. Él no se dejará intimidar fácilmente por esos jinetes.

Por primera vez en el transcurso de la mañana, Stoick se sintió un poco más tranquilo. Gobber tenía un buen punto. Su hijo era capaz de manejar esto hasta el duelo de mañana. Confiaría en él y lo recibiría con los brazos abiertos. Podría empezar a entrenarlo en combate. Tal vez incluso esta experiencia podría serles de ayuda en el futuro. Pero eso no quería decir que dejaría de preocuparse aún.

El gran jefe se levantó y dijo: –Tienes razón. Confiaré en él. Pero no significa que dejaré de preocuparme. Solo estaré en paz hasta que lo liberen y esté de vuelta.

–Lo sé. No eres el único que piensa eso.


A partir de este capítulo empecé a usar muchas referencias a la mitología nórdica, así que para evitar malos entendidos estaré aclarándolas en notas al final de los capítulos. ¿Qué puedo decir? Soy bastante nerd. Si no te interesa puedes saltar esta sección, no son muy relevantes para seguir la trama de la historia, pero pueden ayudar a entender mejor ciertas expresiones y comparaciones.

[1]. Sol es la diosa nórdica del sol. Sí, diosa, a diferencia de la mayoría de las otras mitologías antiguas, al sol se lo representaba en un ser femenino.

[2]. Midgard es uno de los nueve reinos en los que se divide el mundo y donde vive la raza humana. De acuerdo con el mito, este fue creado por Odín y sus hermanos Vili y Ve de los restos del gigante primigenio Ymir.

Eso es todo por esta semana.

Nos vemos y hasta la próxima.