Se supone que iba a actualizar hoy en la mañana, la única excusa que tengo es que estuve todo el día en la playa. Mis vacaciones han resultado más ocupadas de lo que pensaba, no he tenido mucho tiempo para escribir.
Este capítulo esta totalmente dedicado a la familia Haddock, me disculpo por quienes estaban esperando algunos momentos de Hiccstrid porque van a tener que esperar un poco más. Pero tranquilos, todo sucederá a su debido tiempo.
Capítulo 13 "Vínculos y Fracturas"
No eres un vikingo. No eres mi hijo.
Esas palabras lo estaban torturando desde que había visto a Hiccup abandonar la arena en su dragón. Sin importar cuánto lo intentara, no podía frenar el dolor, la culpa y el arrepentimiento (sí, arrepentimiento) que se filtraban de su corazón. Porque ahora acababa de repudiar a su único hijo, había desterrado a la única familia que le quedaba. Ahora sí estaba solo.
Después de salir apresuradamente de la arena, Stoick se había dirigido a su casa solo para detenerse en la puerta de la misma. No podía entrar ahí, no cuando tenía tantos objetos que le recordaban constantemente al hijo que lo había traicionado, pero necesitaba urgentemente alejarse de todo por tan solo un momento. Así que se fue al único otro lugar que le ofrecería la soledad que necesitaba. La tumba de Valka.
No tuvo su cuerpo para despedirla como se debía, así que levantó un monolito en honor a ella cerca de la aldea, en el mismo acantilado en que le había pedido matrimonio. Vino aquí cada año después de su rapto y cada vez que sentía que necesitaba su consejo. Y hoy especialmente, fue una de esas veces.
–Por Odín, ¿qué es lo que hice mal, Val?– suspiró. –¿Cómo pude dejar que todo esto pasara? Y ahora repudié a mi hijo, a nuestro pequeño Hiccup.
Stoick se sentía fatal. Ya no tenía a su hijo, no tenía a un heredero digno y a la altura al que le traspasaría su puesto, y también había perdido a su esposa, al amor de su vida. Ya no tenía a su familia, la fuente de su fuerza, no tenía nada por qué ser feliz. Todo gracias a esos diablos alados que le habían quitado todo lo que más amaba en Midgard. Y no había podido hacer nada al respecto.
–¿Cómo pude fracasar tanto? No logré protegerte esa noche, no pude evitar que te arrancaran de nosotros, te fallé. Intenté criar a nuestro hijo, convertirlo en el gran y fuerte líder de Berk que estaba destinado a ser, en el mejor vikingo que el nombre Haddock hubiera visto. Y cuando él ganó el honor de matar al Nightmare frente a toda la aldea, por fin creí que lo había logrado.
Desconsolado y todavía furioso, Stoick se arrodilló frente al gran pilar de roca que dominaba el lugar junto al acantilado y pasó una mano por la inscripción. En memoria de Valka Haddock, Jefa de Berk. Que las valquirias[1] te acompañen en tu camino al Valhalla.
–Pero también fallé en eso. Yo no… no pude, no pude enseñarle a Hiccup a ser un vikingo. Dejé que abandonara todo para traicionar a nuestra tribu. Lo dejé aliarse con nuestros enemigos. Debí haberlo sabido, debí haber visto las señales frente a mí, debí haberlo vigilado más. Si tan solo hubieras estado aquí, nada de esto habría pasado.
Si Valka estuviera viva, aquí, con él, seguramente las cosas hubieran sido muy diferentes. Pero ella no lo estaba. Y él tampoco había visto las señales. Las mismas señales que había mostrado su esposa poco antes de que la arrancaran de su lado. Debió haberlo previsto. Después de todo, Hiccup era igual a ella, en todo.
–En ese momento hablé sin pensar, realmente no quise hacerlo. Y aunque intenté convencerme de que hice lo mejor para la tribu, no puedo olvidar que es mi hijo, mi sangre, nuestro pequeño sol. No importa cuanto trate de negarlo, siempre voy a amar a nuestro hijo.
Cuando Stoick salió de la arena, estaba furioso con él, y todavía lo estaba, aunque en menor medida. Este era el hijo que había traicionado todo lo que representaban. Se había vinculado con dragones, con sus enemigos. Hiccup era ahora uno de ellos, no era su hijo en absoluto y nunca volvería a pensar en él como tal. Ahora cada vez que oyera su nombre, debería ver a un traidor, no al pequeño niño que lo veía con asombro y admiración cuando traía la cabeza de un nuevo dragón a casa. Pero ahora, aún después de haberlo tratado de negar, en la soledad de los acantilados, el jefe por fin se permitió reconocer que no importaba cuánto tratara, en su corazón siempre lo vería como su pequeño hijo.
–Pero… tú sabes que soy el jefe, aún cuando me mate por dentro no retractarme, debo pensar primero en la tribu. Yo… tenía que hacerlo. Tenía que desterrarlo. O de lo contrario sería ejecutado como un traidor en el Águila de Sangre[2], el Consejo me hubiera obligado a hacerlo. Yo… no podía ser quien ordenara la muerte de mi hijo. No podría soportarlo.
¿Qué le habría dicho Valka ahora? Estaría furiosa por lo que le había dicho. Casi podía ver su rostro empapado de lágrimas de dolor y tristeza, mientras lo miraba con traición en los ojos. Y lo estaría con toda razón. Pero prefería repudiarlo a tener que verlo morir de una forma tan horrorosa. Aún cuando su hijo fuera un traidor, lo amaba. Al igual que como lo haría su esposa si estuviera viva, lo amaba con todo el corazón. Y probablemente lo amaría hasta que llegara su hora para partir a Valhalla.
–Perdóname, Val. Te decepcioné otra vez. Y ahora he perdido para siempre la última parte que me queda de ti– se lamentó mientras bajaba la mirada.
Y así, después de dieciocho largos años, las lágrimas por fin brotaron libremente de los ojos del imponente Stoick "the Vast", Jefe de Berk, gran y temido asesino de dragones; pero esta vez no intentó detenerlas. Esta vez lloró.
Era la mitad de la tarde cuando por fin llegaron al Cuartel de la Legión. En el momento en que empezaron a descender, la ansiedad y el alivio se dispararon dentro de Valka. Su corazón de madre no podía evitarlo. Necesitaba ver a su hijo y obtener noticias de lo que había pasado en todo el tiempo en que había estado viajando. Necesitaba terminar con esta tortuosa angustia cuanto antes.
Lo primero que notó al llegar a las zonas de aterrizaje fue un grupo de jinetes de la Legión que ya los estaban esperando. Pero su atención se centró en el cobrizo que estaba parado de pie en el frente del grupo y en la ausencia de Hiccup a su lado. Desmontó a Cloudjumper de un salto y colocó su máscara en la alforja mientras Dogsbreath se acercaba a ellos.
–Gracias a los dioses que llegaron, sra. Haddock– saludó. –Los alojamientos para la Orden ya están listos. Olaf puede llevarlos allá para que los dragones puedan descansar.
–¿Dónde está mi hijo? ¿Por qué no está aquí?– preguntó. Su mal presentimiento volvió a asaltarla. Hiccup siempre había estado aquí para recibirla. Algo no estaba bien.
El rostro del adolescente normalmente despreocupado, se oscureció visiblemente y ella empezó a temer. Debió ver su angustia, porque se apresuró a aclarar: –Hicc está bien, al menos físicamente. Está encerrado en su cabaña con Toothless.
–¿Qué quieres decir con eso? ¿Qué sucedió en el duelo?
–Él, bueno…, él… –Dogsbreath pareció luchar por encontrar las palabras correctas antes de darse por vencido y suspirar: –Hiccup se reveló a todos en Berk. Y, la verdad, el jefe no estaba para nada contento.
–¿Qué hizo Stoick?–. Casi tenía miedo de preguntar, pero necesitaba saber la respuesta. Sabía cómo pensaban todos en Berk, especialmente su esposo. No debían haberlo tomado muy bien, por decir lo menos. –¿Qué hizo contra mi hijo?
–Él lo repudió. Stoick lo desterró de Berk– contestó con voz apagada. –Hiccup ahora es un forajido para la tribu.
'Él lo repudió'. Esa noticia la dejó conmocionada por unos segundos antes de que empezara a correr a toda velocidad por el Cuartel, de camino a la cabaña más alta de la base, con un gran Stormcutter a cuestas. En su prisa, Valka se perdió de los saludos y miradas enviadas por los otros jinetes en su dirección, pero nada de eso le importó. Lo que tenía en mente era que necesitaba llegar hasta su hijo y consolarlo. Hacerle saber que todavía la tenía a ella. Su madre. Pero no era solo eso en lo que pensaba mientras corría.
Por mucho que todavía amara a Stoick, el saber que había sido capaz de repudiar a su propio hijo encendió una furia que solo una madre podía poseer. Aún cuando tenía dificultades para aceptarlo por completo. Pero en su estado, sería capaz de todo si se lo encontraba.
Muy pronto, la cabaña de su hijo estuvo a la vista. Subió las escaleras de la colina con grandes zancadas y abrió la puerta de un golpe. Frente a ella, sentado en su escritorio con la mirada perdida, estaba su hijo. Después de que Toothless la notara, Hiccup volteó a mirarla. Su rostro estaba en blanco, no mostraba emoción alguna, pero sus ojos, casi siempre brillantes y llenos de vida, ahora estaban apagados y vacíos. En ese momento, todo enojo contra su esposo se drenó de ella mientras volcaba toda su atención en su hijo.
–Mamá– susurró y se lanzó hacia ella. Valka lo recibió en sus brazos y empezó a murmurar palabras de consuelo.
–Aquí estoy,– le susurró con amor –aquí estoy, mi pequeño sol. Estoy contigo ahora. Nunca más te dejaré.
Valka se arrodilló en el piso de la cabaña mientras abrazaba a su hijo y un dragón angustiado se acurrucaba a su alrededor. Más que escucharlo, lo sintió sollozar en su hombro y empezó a frotar su espalda tratando de calmarlo. Pero las lágrimas no pararon. En unos pocos segundos, Hiccup ya estaba llorando abiertamente. Él se había roto; todo lo que había pasado en este par de días, había sido lo suficientemente potente como para romperlo al fin. Y con cada lágrima que derramaba, su corazón de madre se desgarraba por él.
Después de lo que parecieron horas, Hiccup por fin rompió el abrazo y la miró con ojos llorosos. Parecía más ligero que antes, pero aún permanecía esa sombra oscura en su rostro.
–Lo sabes, ¿verdad?– murmuró.
Valka solo asintió con la cabeza, todavía demasiado angustiada para hablar.
–¿Crees que debería haberle dicho antes?– preguntó.
–No,– dijo mientras negaba ligeramente con la cabeza –no. Conoces a tu padre. Es más terco que un jabalí cuando cree tener la razón. Habría reaccionado exactamente de la misma manera que ahora. Nada habría cambiado. Pero aún si él ya no estará contigo, yo no te abandonaré otra vez. Lo prometo.
–Gracias– dijo con voz ronca. –Gracias por estar aquí.
Valka tomó su rostro en sus manos y depositó un dulce beso sobre la frente de su hijo antes de volver a hablar: –Estuve lejos demasiadas veces cuando me necesitaste. No volveré a cometer ese error, mi sol.
Madre e hijo se dieron otro abrazo mientras agradecían de nuevo a Frigg[3] por haberse dado la oportunidad de ser familia de nuevo. Porque, si las cosas hubieran seguido como en su primer encuentro hace casi un año, definitivamente no se tendrían el uno al otro para apoyarse ahora.
Oscuridad.
Eso era todo lo que podía distinguir. Casi inmediatamente después, el dolor le abrumó todos los sentidos, concentrándose en puntos específicos. Podía jurar que la cabeza le latía. En el hombro derecho sentía que un Whispering Death acababa de morderlo. Tenía destellos de dolor en todo el costado izquierdo. Y a juzgar por cómo se sentía, su pierna derecha tampoco estaba ilesa del choque.
'Choque'.
Hubo un rayo de dolor en su frente y los recuerdos empezaron a fluir. Estaban más allá de los Mercados del Norte, en el límite del Archipiélago. Habían escuchado de una pequeña flota de cazadores de dragones que terminaba de cobrar su premio. Él había dirigido el escuadrón encargado de liberar a los dragones. Una misión rápida de un día. Pero no habían sido solo un par de barcos. No. Era prácticamente toda la flota. Casi lo habían logrado cuando un vigía los vio y en unos pocos segundos Jörmundgander[4] había desatado el caos. Y cuando todo parecía irse al sur, de la nada, unos misteriosos dragones montados por figuras enmascaradas los habían ayudado a escapar.
El último momento que se registró en su memoria fue cuando estaban esquivando sus catapultas. Él se había quedado cubriendo la retaguardia mientras el resto de los jinetes evacuaban a los dragones del lugar. Entonces, gracias a un tiro de suerte, casi habían sido derribados por una de sus bolas incendiarias. Él y su dragón habían sido visibles por un par de segundos contra el cielo nocturno. El tiempo suficiente para que él recibiera una flecha en su hombro y un par de boleadoras lograran inmovilizar el ala izquierda de Toothless. Se habían estrellado contra un pilar nevado y no supo más.
'Toothless'.
El nombre de su dragón hizo clic en su cabeza y por fin logró traerlo de la inconsciencia. Hiccup abrió los ojos y se incorporó lentamente en la cama, si se podía llamar así, en la que lo habían puesto. El piso y las paredes de una cueva lo saludaron cuando escaneó a su alrededor. Su casco, espada y armadura estaban a su izquierda. Después de otra punzada, el castaño decidió poner atención a sus heridas antes de conseguir sus respuestas. Tenía un bulto blanco en el hombro debajo de su túnica, junto con varios moretones en el costado, y otro que envolvía su pierna derecha, vendajes. Se tocó la cabeza, y además del dolor, no sintió nada más.
Con mucho cuidado se levantó y empezó a caminar hacia el pasillo de piedra, con la esperanza de poder encontrarse a alguien. Había dado solo un par de pasos cuando alguien entró a la cueva. Era una mujer de mediana edad, vestida con pieles, alta, con piel clara y un largo cabello castaño trenzado al que ya se le asomaban matices de color gris. Ella también tenía un aire vagamente familiar, pero no podía ubicar por qué. La mujer pareció sorprenderse un poco de que estuviera de pie y soltó las mantas que cargaba en sus manos, que cayeron al piso.
–Estás despierto– murmuró.
Hiccup no estaba muy seguro de cómo responder. Estaba muy confundido acerca de la extraña mujer, que probablemente lo había estado cuidando durante Odín sabe cuánto tiempo. Pero algo le decía que podía confiar en ella.
–¿Dónde estoy? ¿Qué me pasó?
–En un lugar seguro. Tu y tu dragón chocaron contra un pilar y casi los atrapan los cazadores. Estuviste fuera durante casi todo un día, pero estarás bien– le respondió cuando se recompuso. El suave tono de su voz lo tranquilizó. –No te preocupes. Aquí están a salvo tu y los tuyos, Hiccup.
–¿Dónde están ellos? ¿Y cómo sabes mi nombre? ¿Te conozco?–. No podía recordar haberla visto antes, pero sentía que ya se habían conocido en otro tiempo.
–No, fue hace mucho tiempo. Eras solo un bebé. Pero una madre jamás olvida.
Su mente se congeló. 'Madre, dijo madre. Pero… es imposible'. A pesar de su aturdimiento, el castaño se dio cuenta de repente por qué esta mujer le resultaba levemente familiar. Era la misma mujer de la vieja pintura familiar que guardaba su padre en su habitación. Solo podía ser ella. Valka Haddock. Su madre.
–Seguramente vas a querer algunas respuestas. Ven conmigo–. La mujer, ahora su madre, sonrió un poco y con tristeza, y volvió a desaparecer por el pasillo de piedra. Hiccup tropezó un poco antes de apresurarse a seguirla. Miles de preguntas brotaron en él mientras luchaba por alcanzarla. Su madre estaba viva. ¡Tenía una madre! Las cosas podían cambiar mucho ahora que sabía que ella estaba aquí en Midgard.
–Espera. ¡Regresa aquí!–. Intentó seguirle el paso a la madre que había creído muerta durante diecisiete años por el laberinto de piedra, pero su pierna lesionada lo estaba reteniendo. –¡Ah, por el amor de Thor, espera un maldito segundo! ¿Podrías detenerte por Garm[5]?
Valka pasó por una apertura y cruzó un pequeño puente de piedra para llegar al lado opuesto del abismo a sus pies antes de indicarle a Hiccup que la siguiera. –Por aquí. Casi llegamos– respondió y volvió a perderse por la siguiente esquina en su camino.
–¡Vuelve aquí por favor!– gritó con frustración.
Ella siguió ignorando sus palabras, por lo que Hiccup solo pudo seguir tratando de alcanzarla. Un momento después volvió a verla solo para que su madre desapareciera por una abertura de la que provenía una claridad diurna. Después de pasar por donde Valka acababa de desaparecer, la luz lo golpeó. Cuando sus ojos se acostumbraron a ella, se encontró con una enorme caverna con techo de hielo y miles de dragones volando a su alrededor. Se acercó al borde del acantilado en el que estaba y el alivio inundó al castaño cuando divisó a los jinetes de su escuadrón entre los dragones y algunas de las personas desconocidas que los habían ayudado a escapar. Tal vez aquí había vivido su madre todo este tiempo.
–Curiosesco, curiosesco– murmuró.
El sonido de garras rascando la piedra le hizo girar y se encontró con su madre, montando un gran Stormcutter del color del sol poniente y colgando del techo. Valka hizo girar levemente el extraño bastón largo que tenía en sus manos y el dragón la depositó cuidadosamente en el suelo a su lado. –Hermoso, ¿no?
–¿Qué es este lugar?– le preguntó.
–Este es el Santuario. Un lugar donde los dragones pueden vivir pacíficamente sin temor a ser cazados. Este nido es diferente a los demás. Todos esos tienen a una reina que los gobierna, pero aquí reside el Alfa de todos los dragones. Él nos protege a todos.
–Dijiste nosotros– se volvió otra vez hacia el acantilado y señaló a las personas que estaban junto con su escuadrón. –¿Quiénes son ellos?
–Los restos de una orden nómada que encontré hace casi un año– explicó. –Fueron atacados por los cazadores de dragones. Estaban huyendo, expulsados de su tierra natal, muy dentro del continente, y llegaron aquí a los mares del Norte en busca de un refugio. No intentaron atacar a los dragones que acababa de liberar esa vez y después de ayudarlos, me enteré de que en su tierra nunca habían sido víctimas de una redada antes. Fue una gran sorpresa para mí que no los odiaran.
Valka se acercó un poco al borde, mirando hacia abajo: –Los dragones en su cultura son criaturas sagradas muy importantes; se los consideran signos de muy buena fortuna y mensajeros de los dioses. Ya que no tenían a dónde ir, decidieron quedarse conmigo y ayudar a liberar a los dragones de los cazadores en agradecimiento. Por influencia de sus orígenes religiosos, decidieron permanecer como una orden, y así se convirtieron a sí mismos en la Orden de los Protectores del Santuario.
El castaño estaba muy perplejo. Parecía que su madre no solo había estado viva durante años, sino que también era una justiciera de dragones con su propia tripulación. Antes de que Hiccup lograra encontrara algo para responder a eso, Valka pareció de recordar algo y le hizo señas para la siguiera de nuevo.
–Vamos. Hay alguien que se alegrará de verte–. Antes de que pudiera pensar en detenerla, Valka ya estaba alejándose por un camino que descendía hacia piso cubierto de follaje de la cueva y él no tuvo más opción que seguirla. Se detuvieron en la entrada de otra cueva y, sonriendo, su madre señaló la enorme figura oscura acurrucada en el interior.
–¡Toothless!– exclamó. El Night Fury levantó la cabeza, y cuando vio al castaño, se lanzó hacia él con su característica sonrisa gomosa.
–Fue difícil impedir que se alejara mucho de ti. No quería dejarte en tu estado.
'Dejarte'. Esa palabra le recordó una pregunta que se había estado haciendo desde el instante en que aceptó que esa mujer era su madre desaparecida. La realización de que su madre lo había dejado, lo había abandonado, por fin cayó sobre él. La sonrisa que había esbozado cuando se reencontró con su dragón se borró lentamente de su rostro mientras se enderezaba y se enfrentaba de nuevo a su madre.
–Estuviste viva durante todo este tiempo. ¿Por qué no volviste?– preguntó con el corazón roto. El dolor y la traición se volcaron como cascada sobre él. –Tú… nos abandonaste. Me dijeron que papá estuvo a punto de derrumbarse por tu muerte. ¿Nunca te importamos lo suficiente como para regresar?
–Eso no es verdad. Realmente no quería dejarlos, pero lo hice porque pensé que sería lo mejor para todos– Valka ahora lucía realmente culpable.
–¿Qué quieres decir con eso? ¡Explícate!–. El castaño deseaba desesperadamente una explicación de su madre. Quería entender sus razones. Saber si podía justificarse para poder perdonarla.
–Berk siempre ha sido una tierra de matar o morir. Pero yo creía que la paz entre vikingos y dragones era posible. Una opinión muy impopular entre todos. Hasta que una noche, hace diecisiete años, un dragón irrumpió en nuestra casa y te encontró en tu cuna– ella explicó mientras recordaba la última vez que había estado con su familia. –Corrí adentro para protegerte de lo que pensé era una situación peligrosa. Pero lo que vi allí fue una prueba de todo lo que creía.
Valka se acercó a su Stormcutter y le empezó a rasguñar cariñosamente el cuello. –Esta no era una bestia viciosa sedienta de sangre, sino una criatura inteligente y gentil cuya alma reflejaba la mía. Tú y tu padre casi murieron esa noche porque no pude matar a un dragón. Realmente me rompió el corazón por completo dejarlos, pero pensé que los dos estarían más seguros sin mí.
Hiccup se tomó un momento para procesar todo lo que su madre acababa de decir, ya que le había provocado sentimientos muy conflictivos al respecto. Podía entender sus sentimientos al descubrir la verdadera naturaleza de los dragones. Podía entender que no intentara explicarle eso a todos en Berk; la simple idea era una tarea casi imposible de concebir. Pero eso no la excusaba de haberse alejado a propósito de ellos durante años. Sí. Él había seguido sus pasos sin saberlo, pero no había dejado a un niño sin madre, a un hombre sin esposa y a una tribu sin su jefa. Él no había salido huyendo cobardemente de todo. Al final no.
–¿Me podrías dar una oportunidad para redimirme, hijo?–. La voz de Valka lo sacó de sus pensamientos y la miró fijamente. Su lucha interna todavía no terminaba, pero sabía qué lado era el que estaba ganando cuando sintió su propio rostro teñirse de dolor y traición.
Se salvó de dar una respuesta cuando llegó el capitán de la división para saber de su salud y esperar las órdenes a seguir. Puso toda su atención en su subordinado para darse tiempo de enfriar su temperamento antes de volver a enfrentarse a su "madre".
–Olaf, dile a todos que se preparen para que nos vayamos mañana a primera hora– despidió al joven. Luego se volvió hacia Valka y le dijo con una mirada indiferente: –No voy a cortar todos los lazos contigo y tampoco revelaré tu secreto. Necesitamos aliados para nuestra causa. Pero no quiero que creas que estoy bien con todo lo que hiciste o que no hiciste en el pasado, Valka.
Ese era su nombre, claro, pero que su propio hijo lo dijera en lugar de llamarla mamá, fue un golpe bastante fuerte para la antigua jefa de Berk. Hiccup tampoco se perdió la mirada de dolor que cruzó el rostro de ella, se consoló un poco con que Valka al menos lamentara sus decisiones y el haberlo abandonado. El castaño le dio la espalda y se apresuró a alejarse de ella para evitar que viera las lágrimas que se empezaban a asomar por sus ojos.
Muy temprano al día siguiente, Hiccup y su escuadrón se encontraban en una de las muchas salidas del Santuario, preparándose para partir con la ayuda de la Orden. Debían regresar pronto. Su tapadera de un campamento de un par de noches no duraría mucho más y su padre le había pedido que regresara antes del mediodía para renovar el tratado con los berserkers.
Justo cuando se aseguró que todos sus jinetes estuvieran listos para partir, una figura se acercó a él con un aire melancólico. Valka se detuvo a un metro de Toothless (todavía se negaba a llamarla madre) y dudó un momento en hablar.
–¿Puedo esperar algún día tu perdón, Hiccup?– suplicó. Ella se veía angustiada, culpable y tal vez, un poco miserable. Casi dijo 'sí', pero luego, el recuerdo y la tristeza por no haber tenido una madre que estuviera a su lado durante sus años oscuros en Berk lo frenó. El sentimiento de traición volvió a dominarlo y no se ablandó con ella.
–No lo sé– le respondió fríamente antes de despegar y dirigir a su escuadrón de regreso al Cuartel.
Ese resentimiento hacia su madre se había mantenido durante varios meses y se hizo evidente en los pocos momentos en los que se vieron. Hiccup siempre la trató con tanta frialdad que Valka temió nunca poder recibir su perdón. Pero después de un inesperado accidente durante el último Snoggletog, Hiccup al fin la había perdonado y le había dado una oportunidad. La primavera pronto llegó, y con ella había florecido el vínculo de madre-hijo que ambos habían anhelado tener durante mucho tiempo. Por fin estaban juntos de nuevo.
Sí, tal vez este capítulo no haya sido de la calidad que esperaba (especialmente la escena en el santuario), pero me gustó escribir algo más sentimental. Stoick se siente enojado con su hijo, pero aún así admite que no puede dejar de amarlo. Además quería abordar otro punto. Creo que en la segunda película dejaron todo este asunto como "la mamá de Hiccup está viva, ahora todo puede ser otra vez color de rosa, ¡Yey!". ¿Es broma? Literalmente ella se fue y los abandonó durante años, ¡y todos actúan como si nada hubiera pasado!
No digo que Hicc debería haberle guardado rencor por eso, me gusta mucho el personaje de Valka como para villanizar todo lo que hizo (sin mencionar que es una película para público infantil, no pueden darse el lujo de hacer todo eso demasiado real), pero creo que él tiene todo el derecho de estar un poco enojado antes de perdonarla, además de que algo como eso no sería algo fácil de superar.
Notas:
[1]. Las valquirias o valkirias son dísir, hermosas y fuertes entidades femeninas menores que servían a Odín bajo el mando de Freya, en la mitología nórdica. Su propósito era elegir a los más heroicos de aquellos caídos en batalla y llevarlos al Valhalla donde se convertían en einherjar.
[2]. El Águila de Sangre era un método de ejecución y tortura que a veces se menciona en las sagas nórdicas. Se realizaba cortando las costillas de la víctima por la columna vertebral, rompiéndolas para que parecieran alas manchadas de sangre y sacando los pulmones por las heridas de la espalda mientras le rociaban sal. Por la crueldad del proceso, este castigo solo se reservaba para los peores criminales y los traidores.
[3]. Frigg es una de las diosas mayores en la mitología nórdica y germánica, esposa de Odín, reina de los Æsir y diosa del cielo. Es la diosa de la fertilidad, el amor, el manejo del hogar, el matrimonio, la familia, la maternidad, las artes domésticas, la previsión (profesía) y la sabiduría.
[4]. En la mitología nórdica, Jörmundgandr, también llamada la "Serpiente de Midgard", es una gigantesca serpiente que ronda Midgard hasta el día del Ragnarök. Tiene al dios Loki como padre y a la gigante Angrboda como madre, y cuando los Æsir se enteraron de este ser maligno engendrado por tan terribles padres, y vieron con su don de la adivinación las cosas terribles que haría, fue lanzado al mar que rodea Midgard, donde quedará atrapado hasta el Ragnarök, el día de la destrucción total. Era asociada con el caos y la destrucción.
[5]. Garm o Garmr es el terrible perro que guarda las puertas de la morada de Hela en el Helheim, en Niflheim. Este se presenta con el pecho ensangrentado frente a Odín cuando el dios Aesir intenta llegar hasta la Vala para conocer el futuro de su hijo Baldr. En el Ragnarök se enfrentará con Tyr.
Lo confieso, me sobrepasé con las referencias mitológicas, pero no me arrepiento. Soy y seré siempre una nerd cuando se trata de mitología.
Eso es todo, hasta la próxima.
Feliz Navidad y feliz Snoggletog.
