¡Lo siento! ¡Lo siento!
Tengo una buena excusa por haber faltado a la actualización semanal, lo juro, de verdad. La semana pasada iniciamos el viaje de regreso a casa y desde entonces estuve muy ocupada preparando todo para el regreso a clase, además de que el internet en mi casa realmente apesta.
En resumen, si no escribí mucho en vacaciones con una conexión a internet decente, esta última semana apenas toqué mi computadora. Espero que esto al menos lo compense un poco.
Capítulo 15 "El Mundo de Arriba"
Antes de que pudiera reaccionar, Astrid ya se había levantado y estaba escapando por la entrada de la cala en dirección hacia la aldea y su perdición. A Hiccup todavía le costaba entender cómo rayos habían pasado de tener una conversación tranquila y privada con Fishlegs a estar en medio de una arena de combate contra Astrid y el resto de la pandilla. Lo único que tenía claro en ese momento era que necesitaba detener a la rubia antes de que lograra llegar a Berk y alertara a todos sobre este lugar. Y solo veía una posible solución que no se tradujera en una declaración de guerra a la tribu.
–¡Fish, Dogs, ustedes encárguense de esto! ¡Voy a buscar a Astrid!– les gritó a sus amigos mientras se lanzaba sobre Toothless.
–Vamos, lagartija gigante– regaño cuando el Night Fury se negó a ir tras la rubia. –¡No podemos dejarla escapar!
Toothless por fin cedió y se dispararon al cielo, rozando las copas de los árboles en busca de la doncella escudo. Aún cuando acababa de atardecer, el Night Fury no tuvo problemas para encontrarla con sus sentidos superiores y se deslizó silenciosamente con su jinete esperando el momento justo. Este llegó pronto cuando Hiccup vio a la rubia saltar para atravesar sobre un árbol caído y, al ver su oportunidad, descendieron para atraparla justo en medio del salto.
–¡Oh, gran Thor, sálvame[1]! ¡Esto es todo! ¡Ahhhhhh!
Sí, lo supo desde el momento en que se le ocurrió. Este plan era loco, arriesgado y estúpido; definitivamente debería dejar de pasar tanto tiempo con Dagur y los berserkers. Padre Odín[2], si esto no salía bien, Hiccup estaba seguro de que Astrid, la totalmente mortal, peligrosa y aterradora Astrid Hofferson, le daría la más dolorosa y horrible muerte posible que pudiera existir jamás. Y sería mejor que funcionara, porque por el momento, él quería seguir muy vivo, muchas gracias.
Volaron un par de metros más antes de que Toothless la dejara caer sobre un enorme pino (eso definitivamente no iba a ayudar para nada. 'Gracias, estúpido dragón inservible') y aterrizara sobre el mismo árbol, doblándose por el peso extra sobre un río poco profundo. Astrid se aferró con fuerza a la rama como si su vida dependiera de ello, aunque de hecho, era su situación en realidad.
–¡Hiccup Haddock! ¡Bájame de aquí ahora!– le gritó con una furia asesina.
–No puedes decirle nada a la aldea sobre Fishlegs y lo que escuchaste, Astrid– suplicó. –Sé que en este momento tienes muchas razones para eso, pero tienes que confiar en mí. Hay más cosas en juego aquí de las que crees. Solo déjame explicarte.
Así que era verdad. La poca conversación que había escuchado allá atrás la había hecho empezar a creer en la remota posibilidad que Fishlegs también fuera un traidor. Pero ahora, confirmado por palabras del propio Hiccup, Astrid ya no tenía ninguna duda. Y por supuesto que se lo diría al jefe. Tan pronto como lograra escapar.
–¿¡Por qué demonios debería escucharte!?–. No, nunca, ella jamás confiaría en él.
–¡Oh, no lo sé! Tal vez porque no te dejaré ir hasta que lo hagas y volar es la única opción que tienes para bajar viva de aquí, quizás– respondió con sarcasmo.
Astrid arriesgó una mirada hacia abajo y resopló enfadada. Él tenía razón. La inclinación del pino hacía imposible bajar de forma segura por su tronco y ciertamente no se arriesgaría a intentar sobrevivir a una caída de más de veinte metros en un río que no haría nada para amortiguar su caída. Confiar en Hiccup era su única salida. Además, tal vez podría sacarle algunas respuestas. Pero primero necesitarían bajar.
–Por favor, Astrid. Escúchame–. El castaño extendió su mano hacia ella y pudo ver la resignación en sus ojos cuando empezó a subir por la rama hacia el dragón. Toothless no le había quitado la vista de encima a la rubia durante todo el intercambio y gruñó cuando ella apartó su mano de un manotazo. Pareció dudar por un momento más antes de subirse a la silla lo más lejos posible de él sin caerse.
–Ahora, bájame de aquí– demandó.
–Toothless, al suelo– le dijo al dragón, y como ocurrencia tardía, agregó: –Suavemente.
El Night Fury extendió sus alas lentamente, atrapando el aire suficiente para mantenerlas desplegadas con poco esfuerzo, con la apariencia de seguir sus órdenes. Hiccup soltó el aire que había estado conteniendo, aliviado de que el dragón no hubiera intentado nada divertido en venganza de Astrid. Excepto que en realidad, eso era justamente lo que tenía en mente Toothless, para su mala suerte.
–¿Ves?– le dijo intentando calmarla. –No pasa nada–. Oh, chico, habló demasiado pronto.
Tan pronto como lo dijo, se dispararon hacia el cielo en un ascenso casi totalmente vertical, a una velocidad abrumadora y con el viento azotando sobre ellos. Por instinto, Hiccup se inclinó hacia adelante y se sujetó con fuerza de la silla, acostumbrado ya a este tipo de despegues. En cambio Astrid, a su espalda, fue tomada por sorpresa. Gritando de pánico, la doncella escudo hizo lo único que podía hacer en un momento como ese, sujetarse fuertemente de lo que tuviera más cerca para evitar caer. Ese algo resultó ser Hiccup y lo abrazó como pulpo hasta dejarlo sin aliento.
–¡Toothless! ¡¿Qué estás haciendo?! ¡Dragón malo!– gritó con incredulidad. –Generalmente, no suele ser así…–en el momento en que por fin se nivelaron se volteó torpemente hacia Astrid intentando calmarla. –Oh, no…– murmuró justo antes de que cambiaran bruscamente de dirección otra vez.
Empezaron a caer en picada en dirección al océano y mientras volvía a gritar, Astrid enterró el rostro en el hombro de Hiccup cuando sintió las volteretas. Desesperada, cerró los ojos en un intento de bloquear el paseo infernal que estaba viviendo. Ni siquiera le importó que estuviera chillando de la forma más femenina que jamás hubiera hecho en su vida, lo único que quería era que esa pesadilla terminara lo más pronto posible.
Mientras la rubia amenazaba con romperle las costillas, Hiccup siguió intentando encontrar una manera de arreglar la situación, sin afectarse tanto por el torbellino de cielo, mar y tierra que pasaba frente a sus ojos. ¡Hey! Tres años de montar dragones en secreto le habían dado una buena resistencia a este tipo de cosas. Cuando estuvieron cerca del agua, Toothless dejó los giros para zambullirse repetidamente contra las olas, empapando a sus dos jinetes.
–¡¿Qué intentas hacer, Toothless?! ¡Necesitamos agradarle!–. El castaño siguió intentando convencer al dragón de que terminara sus payasadas, pero sus palabras cayeron en oídos sordos. Lo único que hizo el Night Fury fue regresar al nivel de las nubes a la velocidad del rayo, sin apiadarse de la aterrorizada doncella escudo en su espalda.
–Y ahora el giro. Gracias por nada, reptil inútil– suspiró imperturbable mientras Toothless cerraba sus alas y los sumergía en una nueva ronda de giros de barril. –¡Vamos a morir!– Astrid todavía gritaba en su oído sin aflojar su agarre. Sería mejor que el estúpido lagarto decidiera dejar de jugar pronto, porque los gritos de la rubia lo estaban dejando sordo.
–¡Está bien! ¡Lo siento! ¡Lo siento! Solo sácame de esta cosa– suplicó ella mientras se tragaba su orgullo. Ya no podía soportarlo más. La cabeza le daba vueltas y estaba segura de que si no se detenían pronto, podría vomitar su estómago en cualquier momento. Tan pronto como las palabras salieron de su boca, todo pareció detenerse instantáneamente. Aún asustada, no quiso arriesgarse a averiguar lo que había pasado o si estaba muerta.
–Está bien, Astrid– la suave voz de Hiccup llegó hasta ella como un alivio embriagador mientras él acariciaba sus manos para tranquilizarla. –Abre los ojos–. Todavía podía sentir el pulso enloquecido de su corazón en los oídos, pero de alguna manera, el delicado toque del castaño le dio el coraje suficiente para ver por fin detrás de sus párpados. Cuando se apartó de su hombro, no se arrepintió de haberlo escuchado cuando la vista más maravillosa de todo Midgard la saludó y la hizo jadear de asombro.
Eso fue simplemente… mágico. Se encontraban volando entre nubes teñidas de diversos tonos púrpuras y rosados, mientras los últimos rayos dorados después de la puesta de Sol se despedían en el horizonte. En cualquier dirección que mirara, había montones de las esponjosas formaciones flotantes. A sus pies, el interminable océano era interrumpido por islotes que parecían pequeñas esmeraldas sobre un enorme manto azul. Astrid soltó cautelosamente un brazo del torso de Hiccup y se estiró para tocar las nubes sobre su cabeza. La humedad y el fresco se acumularon en sus dedos mientras pasaban, provocando que una sonrisa se extendiera en sus labios. Ella estaba tocando una nube. Desde la espalda de un dragón, del temido Night Fury. Todo parecía tan… imposible y aún así ella lo estaba viviendo ahora. Esto era real.
Frente a ella, el castaño tampoco había podido evitar que las comisuras de su boca se torcieran hacia arriba mientras veía transformarse a la generalmente imperturbable doncella escudo en una niña risueña que parecía ver por primera vez el mundo. Justo como le había sucedido a él en el instante en que probó el cielo. Pero detrás de su asombro vio brillar algo que elevó sus esperanzas. Ella parecía estar destinada para a esto. Para montar el viento y dominar los cielos. Para vivir la misma libertad que un dragón. Ella había nacido para volar.
Siguieron volando aún cuando el cielo se oscureció por completo, dejando que miles de estrellas, más de las que Astrid había visto en su vida, brillaran sobre sus cabezas como diminutos diamantes acompañados por Máni, que envolvía todo en una estela perlada. Y para completar la surrealista escena, pronto se vieron envueltos en las olas coloridas de la aurora boreal, haciéndola sentir que estaba en el más hermoso de los sueños.
Una isla con un pequeño grupo de luces llamó su atención en particular cuando volvieron a descender entre el manto de nubes.
Berk. Su hogar.
El fuego en las casas y antorchas estaba tan distante que parecían pequeñas luciérnagas contra el fondo nocturno. Pasaron las estatuas de los Guardianes, sus gigantescas hogueras creando una sensación tan pacífica como pocas veces se respiraba en Berk.
De forma inconsciente, sus brazos volvieron a rodear a Hiccup y apoyó su barbilla en su hombro, pero esta vez fue distinto. Este abrazo fue cálido y acogedor, muy diferente al que le había dado ella antes. Esto no pasó desapercibido por ninguno de los dos. Las mejillas de ambos se sonrojaron, pero ninguno renunció al contacto. Se sentía tan bien, tan correcto, tan… maravilloso.
–Está bien, lo admito. Esto es fantástico–. Murmuró cerca de su oído. –Es… asombroso; él es asombroso– dijo mientras se inclinaba para frotar el costado de Toothless. Para alegría de Hiccup, el dragón no solo se relajó con el contacto, sino que pareció disfrutarlo.
Pero de repente, un nuevo pensamiento lo asaltó. Por mucho que quisiera quedarse con ella en el cielo, debían volver a la cala. Era necesario que resolvieran esa situación. 'Aunque', pensó mientras se volteaba para ver a la rubia, 'si puedo convencer a Astrid, tal vez los demás también cambien de opinión'.
–Deberíamos volver–. Las palabras del castaño la hicieron sobresaltarse. Ella no quería volver, quería volar, sentir el viento en su rostro y tocar las nubes. Pero él tenía razón. Con evidente desgana aceptó y empezaron el descenso. Muy pronto, la cala estuvo a la vista y aterrizaron suavemente en ella.
–Por fin volvieron. Empezábamos a creer que Astrid había logrado convertirte en pulpa– saludó Dogsbreath cuando desmontaron del Night Fury. Él y Fishlegs se encontraban sentados en un grupo de rocas cerca de sus dragones. El cobrizo seguía siendo su yo despreocupado normal, pero Fishlegs se veía incómodo.
–Wow, me halaga la cantidad de confianza que tiene mi mejor amigo en mí– respondió de forma instantánea. El rostro de Astrid brilló en confusión por el intercambio antes de notar el estado en que se encontraban los otros.
Ruffnut y Tuffnut habían sido atados por las manos espalda con espalda y se encontraban sentados cerca de Burnwing. Sorprendentemente ellos parecían intrigados con el dragón. Aunque lo más probable es que estuvieran imaginado la cantidad de destrucción que podrían causar con el Nightmare. Snotlout parecía haber dado un poco de problema, ya que Meatlug estaba tomando una siesta sobre el vikingo, que estaba demasiado incómodo como para intentar escapar. Hiccup tuvo que morderse la lengua para evitar reírse de su primo.
–Nosotros no vamos a encerrar a nadie, ¿verdad?–. Fishlegs se retorcía las manos de forma nerviosa mientras lanzaba miradas ansiosas hacia Snotlout y los gemelos. Astrid le lanzó una mirada molesta que decía será mejor que ni siquiera lo intentes.
–Pueden soltarlos– dijo haciendo un gesto hacia ellos. Dogsbreath lo miró con escepticismo al tiempo en que Fishlegs soltaba un suspiro aliviado.
–No se si es buena idea, Hicc– comentó. –Pero tú eres el jefe, así que…–. El adolescente cobrizo se acercó a los gemelos para cortar las cuerdas. Fue un poco difícil convencer al Gronckle, pero finalmente consiguieron que Meatlug liberara a Snotlout. Tan pronto como se vieron libres, Snotlout y los gemelos se levantaron para situarse junto a Astrid.
–Pagarás por esto cuando recupere mi arma, primo– amenazó el vikingo azabache en un intento de disimular su incomodidad por el trío de dragones que los observaba perezosamente desde un costado.
–Nadie va a hacer nada en este momento, Snotlout– intervino la rubia. Los gemelos resoplaron de decepción. Claramente habían estado esperando ver otra pelea entretenida. Justo cuando el Jorgenson abría la boca para protestar, la mirada que le lanzó la doncella escudo lo hizo callar.
–Dijiste que ibas a explicar– Astrid se volvió a él con seriedad. Todo rastro del sentimiento de su primer vuelo se había ido. Esa era la Astrid que siempre vio, la guerrera que se lanzaba directo a lo importante y nunca perdió el control. –Entonces explica.
–Bueno, la versión corta es que los dragones no son el verdadero enemigo y que hay una razón por la que nos atacan que no conocíamos. Si eliminamos lo que los fuerza a atacarnos, las redadas se detendrán y no tendremos que continuar con la guerra contra los dragones. Ellos no son lo que pensamos que son. Podríamos vivir en paz finalmente.
–¡Eso es ridículo!– se burló Snotlout. –Todos saben que los dragones son bestias estúpidas y sedientas de sangre–. Ese comentario le valió un par de gruñidos de los tres dragones que se encontraban en la cala.
Ignorando al Jorgenson, los gemelos parecían muy emocionados con la idea. –Significa entonces que nosotros…– empezó Tuffnut –…podríamos tener nuestro propio dragón– terminó su gemela con una sonrisa maliciosa. –¡Oh, Loki[3]! ¡La destrucción y el caos que podríamos causar! ¡Sería maravilloso!
Hiccup se estremeció levemente ante la perspectiva de que los gemelos Thorston obtuvieran un dragón. Ya eran bastante destructivos por su cuenta. Ciertamente no necesitaban que ellos estuvieran rondando por la aldea con un cómplice extremadamente mortal de garras y dientes tan afilados como navajas, un poderoso aliento de fuego y alas como vía de escape. Dos de los más caóticos seguidores de Loki y un solo dragón peligroso, nop, una muy mala combinación. No, de verdad. Sería casi como recibir un ataque de los Outcasts. O peor.
–¡Alto ahí ustedes dos!– intervino Astrid. –Ambos deben haber enloquecido por completo si creen que pueden llevar un dragón a Berk. Y tú– dijo señalando a Hiccup –¿cómo puedes saber eso? Está bien. Admito que sus dragones no parecen agresivos en este momento, pero probablemente debe ser porque ya están acostumbrados a los humanos. ¿Cómo puedes estar seguro de que incluso los dragones salvajes pueden ser así? ¿Cómo puedes asegurar que cualquier dragón que provenga del nido no intentará vengarse por lo que pasa durante las redadas? Dime, Hiccup. ¿Cómo puede cambiar todo para que eso sea verdad?
–Es verdad, Astrid– corrigió Dogsbreath con molestia. –Y eso es lo que hemos intentado mostrar durante todo este tiempo.
–Por mucho que quiera creer que ese tipo de paz es posible, no cambia el hecho de que todos los dragones que he visto antes asaltan Berk o han intentado matarme– señaló. –Ustedes aseguran que los dragones son buenos, no algunos, no los domesticados, sino que todos son buenos. Necesito una prueba sólida que me convenza de eso, de que su camino es el correcto. De que todos los dragones en realidad son buenos.
Una idea repentina lo asaltó y los ojos del castaño se agrandaron con seguridad. –Sé cómo puedes obtenerla. Pero tienen que estar dispuestos a escuchar.
–Hiccup, hemos estado escuchando y nada ha cambiado mucho– dijo la rubia con una mirada escéptica y cruzando los brazos.
–Entonces se los mostraremos– resolvió. –Les mostraremos que es posible vivir en un mundo donde no debamos preocuparnos de que los dragones asalten en medio de la noche. Donde tú puedas confiar en ellos y los dragones en ti.
–Hicc, ¿acaso no estarás sugiriendo que los llevemos a…?– cuestionó el cobrizo con precaución. –Estás bromeando, ¿verdad?
–¡Oh, Odín! ¡Está hablando en serio!– chilló Fishlegs al ver el rostro decidido de Hiccup.
–No, amigo, esto es demasiado arriesgado, hasta para mí– dijo Dogsbreath negando con la cabeza. –Cualquier otra idea suena mucho mejor.
–Pero es la única manera de mostrárselos– argumentó el castaño. –Y ambos lo saben.
Fishlegs accedió de mala gana. Pero Dogsbreath todavía no se veía convencido del todo. –Hicc, sabes muy bien los riesgos que estaremos corriendo si hacemos esto, ¿verdad? No podrás arrepentirte después. No habrá forma de dar marcha atrás. ¿Estás dispuesto a hacerlo de todas formas?
–Sí. Voy a asumir la completa responsabilidad si esto sale mal.
El cobrizo dudó un par de segundos más antes de soltar un suspiro derrotado: –Bien. Sigo pensando que es una mala idea, pero estoy dentro, viejo.
–Un momento. Será mejor que ustedes empiecen a hablar claro o ni siquiera Thor los librará de mí– interrumpió irritada Astrid. –¿Ir a dónde?
Ella no era la única confundida. El rostro de Snotlout indicaba que se había perdido mucho tiempo atrás y los gemelos no parecían entender tampoco.
–Un segundo, ¿de qué estábamos hablando?– intervino Tuffnut.
–Uh…, ¿no se suponía que ibas a mostrarnos cómo es posible vivir con dragones?– cuestionó Ruffnut.
–Sí. Y para eso, vamos a llevarlos a un pequeño viaje, a un lugar que probablemente nunca esperaron conocer– les respondió el castaño con una sonrisa misteriosa.
Sí, sí, lo sé. Astrid está siendo un poquito más escéptica que en el canon, pero lo necesitaba para la trama. ¿De qué otra manera tendría la excusa perfecta para este pequeño viaje misterioso?
Entonces, ¿cuál creen que será ese lugar que nunca esperaron conocer? Me gustaría saber sus apuestas en los comentarios.
Notas:
[1]. Ok, TODO el mundo conoce a Thor gracias las películas. *tose* Marvel *tose*. Dios nórdico hijo de Odín, controla el clima y las cosechas, tenía atributos en la consagración, la justicia, hábil guerrero, héroe de muchas sagas antiguas, famoso por Mjolnir, su icónico martillo; ya saben, la deidad más famosa del panteón vikingo. Lo que quería resaltar aquí es un atributo más poco conocido que tiene y el contexto en que aparece.
Thor en el papel de guerrero también cumple un rol protector, de preservador, a diferencia de Odín que llamaba a sus seguidores a la batalla para la muerte y la gloria, por ello Thor tuvo un culto más extendido entre las comunidades más pacíficas de campesinos y artesanos. Así que en la escena cuando Astrid es "secuestrada" por nuestro duo favorito, era a Thor a quien debía haber llamado para no terminar como comida de dragón.
[2]. Odín, también llamado Wotan o Woden, es considerado el dios principal de la mitología nórdica. Es el dios de la sabiduría, la guerra y la muerte, pero también se le considera, aunque en menor medida, el dios de la magia, la poesía, la profecía (por su matrimonio con Frigg), la victoria y la caza. Odín reside en el Asgard en el palacio de Valaskjálf donde se encuentra su trono, el Hliðskjálf, desde donde podía observar lo que sucedía en cada uno de los nueve mundos.
En la batalla blandía su lanza, llamada Gungnir, y montaba su corcel de ocho patas, llamado Sleipnir. Era hijo de Bor y de la gigante Bestla, hermano de Vili y Vé, esposo de Frigg y padre de muchos de los dioses tales como Thor, Balder, Vidar y Váli. Gracias a esto último, se le conocía también con los títulos de "Padre de los dioses" y "Padre de todo".
[3]. En la mitología nórdica, Loki es conocido como el dios de las travesuras, de la mala suerte, el caos y mago de las mentiras, además de ser junto con Odín uno de los pocos dioses cambia formas de la religión vikinga. Es hijo de los gigantes Farbauti y Laufey. Loki es el padre de numerosas criaturas humanas y monstruos de la mitología nórdica. Con Angrboda tuvo tres hijos: Fenrir, Jörmundgander y Hela. Con su esposa Sigyn tuvo dos hijos normales: Narfi y Vali. Momentáneamente convertido en yegua engendró con Svadilfari (el caballo del gigante que construyó parte de las murallas del Asgard) a Sleipnir, el caballo de ocho patas (sí, el caballo de batalla de Odín, ese caballo).
De acuerdo con algunas teorías, Loki es concebido como el espíritu del fuego con todo lo potencialmente beneficioso o dañino que este puede ser. Se mezcló con los dioses libremente, llegando a ser considerado por Odín como su hermano de sangre hasta el asesinato de Balder. Después de esto, los Æsir lo capturaron y lo ataron a tres rocas. Según la profecía se liberará de sus ataduras para luchar contra los dioses en el Ragnarök.
A pesar de ser llamado "dios de las mentiras", no hay registros físicos en la historia de haber tenido culto o seguidores. Así que en términos religiosos, Loki no sería una deidad, sino más bien un ser mitológico
Uf, esas fueron todas las notas. Gran idea de mi parte por mencionar a las tres deidades nórdicas más importantes en un solo capítulo, ¿no?
En fin.
¡Hasta la próxima semana!
