¡Estoy de vuelta!

Después de una pausa de DOS semanas.

Con este capítulo, prácticamente van a la par con mi escritura, y eso que empecé a escribir esta historia desde julio para evitar pausas por bloqueo de escritor. Pero, bueno. Así pasa a veces.

Esta semana fue la entrega de proyectos y mañana empiezo exámenes, así que decidí subir esto hoy porque si no, tendría que ser hasta la próxima semana y necesito un descanso de las toneladas de apuntes que tengo que estudiar.


Capítulo 17 "Descubrimientos"

Astrid estaba empezando a arrepentirse por haber aceptado. Debería haber actuado como la guerrera que era y exigir respuestas, o tal vez recordar tomar su hacha de, Odín sabe dónde, la habían escondido Fishlegs y Dosgbreath. Por lo menos así se habría sentido más tranquila mientras volaba otra vez con Hiccup y su dragón hacia su destino. Aunque ahora que se le había ocurrido el pensamiento, dudaba que el Night Fury le hubiera permitido subir con un arma a la mano.

De cualquier forma, esa parecía una mejor idea que ir, de todos los lugares posibles, al Cuartel General de la Legión Dragón. Directamente a la guarida de los jinetes de dragones. Contra todo pensamiento razonable, confiaba en que Hiccup no los estaría llevando a una trampa, pero no en las personas que podrían encontrarse ahí.

La rubia volteó hacia atrás para observar a los otros. Había sido bastante difícil, y hasta cómico, lograr que Snotlout aceptara montar junto a Fishlegs en la Gronckle, Meatlug parecía llamarse, porque una sola mirada a él había dejado al otro dragón fuera de discusión. Los gemelos estaban encantados de montar a Burnwing, el Nightmare, con Dogsbreath.

–¡Woohoo! ¡Esto es increíble!

–¡Más rápido! ¡Más rápido!

–¡Cierren la boca, idiotas!– les gritó Snotlout. El vikingo azabache se aferraba con fuerza a la silla de montar, arriesgando alguna que otra mirada nerviosa a las olas abajo.

–Será mejor que esto no sea una trampa– advirtió la rubia cuando regresó su mirada al frente.

–Me ofendes, Astrid. ¿Acaso dudas de mí?– lo escuchó decir descaradamente. Casi podía ver la pequeña sonrisa dibujada en su rostro cuando lo dijo, esa que se torcía ligeramente a la izquierda y siempre lo hacía verse tan atractivo que… Oh, por piedad, Freya, ¡lo estaba haciendo otra vez!

–¡Ay! ¿Por qué harías eso?– protestó Hiccup lanzándole un ceño fruncido mientras frotaba su hombro. Ahí. Esa expresión, con suerte, no la haría pensar de más. –Eso es por intentar pasarte de listo– fue toda la respuesta que ella le dio.

El castaño regresó su atención al frente algo confundido y Astrid aprovechó el silencio para intentar orientarse un poco. Al salir de Raven 's Point habían volado en dirección al sureste, alejándose de la isla principal, y hasta ahora no parecían haber cambiado de curso. Se preguntó cuán lejos, o cerca, estaría su escondite de Berk, Hiccup solo había dicho que sería un vuelo corto. Claro, viniendo de alguien acostumbrado a montar dragones, eso debió ser bastante claro para él, ya que no había ofrecido más explicación.

–Ya estamos aquí– su grito sacó a la rubia de sus pensamientos al tiempo en que empezaban a descender sobre una isla con algunas luces. '¿Ya?'. –Bienvenidos al Cuartel General de la Legión Dragón– les gritó a los demás.

Astrid fijó su atención en la isla en la que iban a aterrizar. Se sorprendió cuando divisó edificios parecidos a las casas que se construían en Berk, almacenes, corrales y lo que parecía un puerto cerca de la costa, hasta que algo más llamó su atención. La vista era algo diferente a lo que sería desde la superficie del agua, además de que ya era de noche, pero la doncella escudo no tardó en reconocer el muro de roca natural que rodeaba a la isla. 'Espera, muro de roca, al sureste de Berk, eso significaba…' –¡¿Todo este tiempo han estado en la Fortaleza?!

–Uhm, ¿tal vez?– contestó Hiccup débilmente.

La Fortaleza, como la llamaban en Berk, era una pequeña isla secundaria no muy lejana que nunca había podido ser explorada, debido a los escollos que impedían a los barcos acercarse demasiado al anillo de piedra que lo rodeaba en busca de alguna entrada al interior. El continuo muro que ocultaba la mayor parte de la isla daba la impresión de parecerse a una de esas poderosas fortalezas inconquistables en el continente de las que habían oído hablar, de ahí que la llamaran así.

Por supuesto que nada de eso podía ser un obstáculo para alguien que tenía la opción de simplemente volar por encima. Astrid aún no salía de su asombro, pensar que el escondite de los jinetes de dragones había estado siempre a sus espaldas era impactante.

La repentina pérdida de velocidad fue la única advertencia que tuvo antes de que se lanzaran en picado al suelo y una inesperada ola de inseguridad la golpeara. 'Esto es ridículo,' pensó, 'Astrid Hofferson no le teme a nada'. El suelo llegó demasiado pronto y Astrid se encontró rodeada de dragones y sus jinetes por todos lados. Mientras todos desmontaban, Astrid pudo sentir varias miradas curiosas y confundidas sobre ella y la pandilla. Reuniendo todo su coraje, siguió a Hiccup por el camino que se alejaba de la zona de aterrizaje.

Pasaron por entre las casas y ¿establos? hasta llegar a lo que sería la plaza central. Entre los talleres reconoció una carpintería, un zapatero, un puesto de panadero, hasta una herrería. 'Por supuesto que tendrían una herrería en este lugar', pensó con humor. Pasaron enfrente de un enorme edificio que, a juzgar por su tamaño, debía ser usado como Gran Salón. Astrid debía de admitir que estaba impresionada con todo.

–Wow, chicos. Este lugar es fantástico– escuchó decir admirado a Tuff.

–¿A dónde vamos?– preguntó en un intento de ignorar la persistente incomodidad que le causaban tantas miradas curiosas sobre ella.

–Al establo común, cerca del campo de entrenamiento. Ahí están los dragones que rescatamos de los cazadores. Es el mejor lugar para encontrar un dragón salvaje que todavía no se haya unido a nadie.

Puerto, casas, corrales, almacenes, campo de entrenamiento, carpintería, herrería, hasta su propio Gran Salón, y ahora un establo común. Este lugar no podía ser más sorprendente después de eso. O eso pensó hasta que reconoció a un rostro familiar saliendo de una estructura a las afueras del bosque, que tenía extrañamente un gran parecido a la arena de entrenamiento, y otra construcción junto a ella que parecía ser el establo común.

–¿Björn?–jadeó. Corrección. podía ser más sorprendente. Nunca, en ningún momento se habría imaginado ver a otro vikingo de Berk en este lugar. –¿Qué estás haciendo aquí?

–¿Astrid Hofferson?– el mencionado vikingo se veía bastante confundido como ella porque encontraran allí, hasta que su vista cayó sobre la persona junto a ella. Su rostro pasó en un instante de la confusión a la sorpresa y luego dio paso a una mirada amistosa. –¡Oh! General Haddock. Buenas noches.

–Solo dime Hiccup, Björn– protestó el castaño con una sonrisa. –Después de todo, me conoces desde los cinco años.

El hombre soltó una estruendosa carcajada: –Sí, pero también eres nuestro líder, ya deberías estar acostumbrado.

–¿Cómo les ha ido a los Dramillions con los otros dragones, por cierto? Espero que no haya habido ningún problema serio.

–Al principio se mostraron un poco ansiosos, parece que estuvieron en esas jaulas durante muchos meses, casi no interactuaron con los otros dragones. Pero para cuando les llevamos la cena, parecían menos incómodos con la compañía.

–¡No habrá que detener peleas a mitad de la noche entonces!– comentó alegremente Dogsbreath. –¡Excelente!

–Es bueno escucharlo. Gracias, Björn.

–Bueno, es hora de que me vaya, jóvenes. No sería bueno que notaran mi ausencia en casa. General, Comandante, Oficial Ingerman– asintió mientras se despedía.

–¿Qué estaba haciendo Björn aquí?– preguntó Snotlout cuando el hombre se alejó.

–¡Oh, ya sé! ¡Tal vez tiene un gemelo idéntico del que no sabíamos!– sugirió Ruff.

–¡No! ¡Debe ser un doble agente que en realidad trabaja encubierto para una tribu enemiga! ¡Y solo está esperando el momento adecuado para atacar!– exclamó emocionado Tuff.

Ignorando las sugerencias de los gemelos, Dogsbreath respondió: –Resulta que nosotros tres no somos los únicos jinetes de dragones que había en Berk, cómo ustedes creían–. El cobrizo esbozó una sonrisa de suficiencia al ver la expresión atónita de Snotlout. –¿Qué te pasa, Jorgenson? ¿El Terrible Terror te comió la lengua?

–¿Hay más de ustedes en Berk?– preguntó Astrid.

–Sí, algunos– dijo Hiccup distraídamente mientras accionaba el mecanismo para abrir la pesada puerta. –Muy bien, Fish, necesitaré a la Nadder. Ya sabes cuál.

–En seguida– exclamó Fishlegs y corrió hacia la abertura del establo.

–Astrid, vienes conmigo. Ustedes tres se quedarán con Dogsbreath, y por ningún motivo pueden interferir– dijo con un tono autoritario. Para Astrid, esta faceta desconocida del castaño le recordó mucho a Stoick. Pero ella no le diría eso, no después de lo que había pasado hoy. Y mucho menos que lo hacía verse bien. Muy bien. '¡No! ¡Concéntrate, Hofferson!', se reprendió mentalmente.

Unos momentos después, todos estaban en sus posiciones dentro de la arena. Dogsbreath, Snotlout y los gemelos esperaban expectantes junto a la puerta de metal. Astrid siguió a Hiccup al lado contrario, frente una serie de puertas que daban a lo que parecía el establo común. La rubia lo estudió rápidamente; él se veía confiado, su postura no era tensa, su rostro no mostraba más que calma. Muy pocas veces lo había visto así de cómodo en Berk, pero los dragones eran su elemento, no tenía ninguna razón para estar nervioso. A diferencia de ella.

–Hiccup, yo… no estoy muy segura de esto.

–Mientras no intentes lastimarlos, no te atacarán. Estarás bien– intentó tranquilizarla. Su rostro debió delatar su incertidumbre, porque se giró para que estuvieran cara a cara y le dijo: –Confía en mí, Astrid. No haría nada que pudiera lastimarte–. La mirada tan sincera que le dio terminó por deshacerse de su resistencia y le dio un ligero asentimiento.

El castaño se giró, hizo una señal con la mano y, momentos después, un despreocupado Deadly Nadder de azul emergió frente a ellos desde una de las puertas que daban al establo común. Al oler la presencia de una extraña, el Nadder graznó nerviosamente en voz baja, haciendo que Astrid retrocediera inconscientemente a cubrirse detrás de Hiccup.

–Tranquila, preciosa– le susurró a la ¿dragona? El castaño dio un par de pasos al frente con la mano ligeramente extendida hasta que esta estuvo sobre las brillantes escamas color cobalto. –Ella no va a lastimarte, es una amiga.

La hembra se relajó visiblemente gracias a la suave voz del castaño y graznó levemente. Astrid lo siguió mirando fascinada mientras Hiccup acariciaba la cabeza de la Nadder con delicadeza. Sabía que él era bueno, o lo suponía ya que se trataba del primer vikingo en domesticar un dragón, pero no pensó que fuera tan bueno.

–Astrid– lo escuchó llamarla. –Acércate con cuidado– dijo extendiendo una mano hacia ella sin apartar su vista de la Nadder.

Tentativamente aceptó la mano que él le ofrecía, sintiendo brotar la calidez en ella por el contacto, y Astrid cerró la distancia que los separaba, colocándose junto a él. La dragona puso su atención sobre ella, giró su cabeza escamosa y la miró detenidamente con un ojo dorado. –¿Ahora qué?

–Acerca tu mano y permite que la huela para identificar tu olor– dijo mientras guiaba su mano derecha cerca del hocico de la Nadder con la suya, antes de soltarla para retroceder un paso. La bestia se acercó a ella y olfateó, graznando después de un momento.

–Está bien, ahora intenta hablar con ella. Los Nadders son algo vanidosos. Dile algo que la halague– aconsejó.

–Hola, niña, soy Astrid– le susurró ella, sintiéndose monumentalmente estúpida en el acto. Por todos los dioses de Asgard [1], ella le estaba hablando a un dragón. –Eres muy bonita, ¿sabes? La dragona más hermosa que había visto en mi vida– continuó, ganándose un chillido de satisfacción mientras la Nadder se acicalaba como para probar su punto.

–Hiccup dice que ustedes los dragones son buenos. Me gustaría creerle, porque sería bueno que pudiera vivir sin preocuparme por un ataque sorpresa a mitad de la noche. Así que estaba pensando que tal vez pudiéramos ser amigas. ¿Qué te parece?

La Nadder simplemente colocó su nariz sobre la palma abierta de la rubia y el contacto envió una chispa por todo su brazo hasta su pecho. Astrid se relajó y esbozó una sonrisa mientras empezaba a acariciar levemente las brillantes escamas color cobalto, sin creer todavía lo que acababa de pasar. La dragona abrió los ojos, lanzó otro graznido más entusiasta y presionó su cabeza más cerca de ella. La sonrisa de Astrid se convirtió en una carcajada mientras la Nadder intentaba acurrucarse más contra ella.

–Sabía que ella se acordaría de ti– el tono complacido de Hiccup la hizo girar sorprendida la cabeza en su dirección.

–Espera, ¿acordarse de mí? ¿Ella y yo ya nos habíamos encontrado antes?–. Cuando el castaño asintió afirmativamente, Astrid volvió a mirar a la Nadder, repasando la corona de espinas sobre su cabeza con los ojos. Había algo que le decía que ya la había visto en alguna parte, nunca podría olvidar a un dragón como ella fácilmente.

–Te parece familiar ahora, ¿no?– sonrió. –Han pasado algunos años desde que se vieron en el entrenamiento de dragones, es normal que no la recuerdes bien.

Astrid regresó su atención a la dragona, inspeccionando una pálida cicatriz en su hocico al tiempo que un recuerdo volvía a ella. Oh. Oh. La voz burlona de Tuff cantando "amor en el campo de batalla" resonó en su mente. La rubia sintió como el calor intentaba apoderarse de su rostro cuando otra cosa la golpeó. Bueno, en realidad ella había golpeado a algo, o alguien, esa vez. –¿Ella es el Nadder que estaba encerrado en la arena?

–Sí, y por lo que ví, puedo asegurarte que ya te perdonó.

Astrid ahora entendía lo que Hiccup había dicho sobre ellos. A pesar del daño que le había causado a este dragón, a esta gentil criatura, al final la había perdonado, aunque tenía razones más que válidas para intentar destriparla. Se inclinó para rascarle el cuello y le murmuró un pequeño "gracias", hasta que una nueva duda la asaltó. –¿Cómo es que ella está aquí? Pensé que se había escapado.

–Sí, bueno. Resulta que los dragones tienen una buena memoria– explicó el castaño. –Ella y los otros dragones sabían que yo nos lastimaría porque nunca intenté luchar contra ellos durante las sesiones de entrenamiento, excepto el Nightmare, por supuesto. Con él me tomó un poco de tiempo, pero logré que confiara en mí lo suficiente. Después de que los liberé, nos siguieron a Toothless y a mí hasta la cala. Han estado conmigo desde entonces– terminó encogiéndose de hombros y esbozando una tímida sonrisa.

Antes de que la mente de Astrid pudiera empezar a jugarle otra mala pasada, una masa de escamas de color verde chocó contra el castaño, enviándolo al suelo, seguido de cerca por un Nightmare color rojizo. Un Zippleback color verde se encontraba cubriendo a Hiccup con saliva de dragón como si se tratara de una mascota demasiado grande. –¿Hablabas de estos?– señaló mientras intentaba no dejar escapar la risa ante la escena.


Todo había ido a las mil maravillas después del… incidente en la cala. Astrid y la pandilla se estaban calentando con la idea de no luchar contra los dragones, los había traído al Cuartel para demostrar que los dragones eran buenos y había podido presentarle a Astrid a la Nadder, todo había salido lo mejor posible. Y hasta un poco mejor de lo que había esperado el castaño. Porque finalmente, finalmente había podido hablar con Astrid sin tartamudear nerviosamente frente a ella. Y parecía que ella realmente lo había escuchado de buena gana.

Pero, estábamos hablando de Hiccup Horrendous Haddock. Los dioses, sin importar si eran Æsir o Vannir [2], nunca solían ponerle las cosas fáciles en su vida (o alejarlo de situaciones algo incómodas y mortificantes) durante mucho tiempo.

Tan pronto como se había atrevido a mirarla directamente a sus hermosos ojos azules, cayendo de forma instantánea su hechizo, algo lo había abordado por el costado, y el íntimo momento se había ido, siendo reemplazado por un ansioso Zippleback que parecía estar rogando por atención mientras hacía caso omiso a sus protestas. Fue con mucho trabajo que logró apartar las cabezas gemelas de su rostro para incorporarse.

Cuando logró levantarse, Hiccup finalmente registró el aullido de risas que provenían del grupo de adolescentes junto a la reja de entrada. Miró en su dirección, encontrando a cuatro figuras agarrándose los costados mientras soltaban divertidas carcajadas. Y otra más débil disfrazada de tos a su lado le dijo que Astrid estaba tratando de evitar hacer lo mismo. Con la molestia creciendo en su interior, el castaño empezó a sacudirse el polvo de encima.

–¡Lo siento, Hiccup!– el castaño se giró para ver a Fishlegs corriendo en su dirección. –¡Juro que traté de contenerlo, pero no quiso escuchar!

–Está bien, Fish. Fue un accidente. No podías hacer nada– lo tranquilizó antes de volverse de nuevo hacia la puerta frunciendo el ceño. –A diferencia de otra persona ¡que podía haberme advertido!– le espetó al cobrizo que se había derrumbado de la risa.

–¡¿De qué otra forma podríamos haberte regresado a Midgard de, Odín sabe dónde, te había enviado tu…?!

–¡No te atrevas a terminar esa oración, Halvorson!– advirtió Hiccup con las mejillas encendidas. –¡Ni siquiera lo intentes!

El cobrizo no dijo nada más, pero tampoco dejó que la sonrisa pícara en su rostro se desvaneciera. Decidido a evitar más burlas y aprovechando a los dragones que habían salido, Hiccup llamó a los gemelos Thorston y su primo para que se acercaran, no sin que Astrid intentara averiguar a lo que ambos se habían referido antes. Logró darle una excusa coherente, pero él sabía que no sería suficiente para convencerla. Afortunadamente, ella no preguntó más.

Los gemelos fueron rápidos en ganarse la confianza del Zippleback (lo más seguro era que su motivación hubieran sido todas las travesuras que planeaban hacer en Berk con la ayuda de este). Snotlout fue más reacio a acercarse al Nightmare (por algunos segundos Hiccup se preguntó si intentaría huir) pero al final logró relajarse lo suficiente como para tocarlo.

Cuando estuvo seguro de que los otros adolescentes estaban lo suficiente cómodos, Hiccup se alejó unos metros para observar tranquilamente hasta que Dogsbreath se acercó a él unos minutos después con una mirada significativa. –Ejem. Viejo, hay algo de lo que tal vez deberías preocuparte– susurró señalando hacia la puerta de la arena, donde estaba entrando una mujer seguida de un Stormcutter.

Hiccup palideció antes de caminar rápidamente hacia ella. –¡Mamá! ¡Hola!– la saludó nerviosamente cuando llegó junto a Valka. –¿Qué… qué estás haciendo aquí?

–Escuché que ya habías regresado, y con algunos jóvenes más. ¿No crees que es muy tarde para vincular a los novatos con sus dragones?– preguntó alzando una ceja.

–Bueno, eh… ellos no son… uhm, resulta que ellos…– tropezó con sus palabras. –Verás, en realidad ellos son de…

Estaba tan concentrado tratando de encontrar la mejor forma de explicarle a su madre la situación, que no se percató de que los gemelos se habían acercado a ellos hasta que escuchó a Tuffnut desde una de las cabezas del Zippleback –¡H, no nos dijiste que tenías una hermana!–. 'Oh, Thor, ¡no!'

–¿Eres estúpido, estiércol de yak? ¡Obviamente es su prima!– intervino Ruffnut desde la otra, dándole un golpe con su casco.

–¿Quiénes son los nuevos reclutas, hijo?– preguntó Valka divertida por las sugerencias de los gemelos Thorston. Para consternación del castaño, los gemelos habían llamado la atención de los otros, de forma que todos en la arena habían escuchado a su madre llamarlo hijo.

–¡¿QUÉ?!

–¡¿Te llamó hijo?!

–¡¿De qué demonios está hablando?!

Hiccup resopló con frustración. 'Perfecto. Simplemente maravilloso'. Bueno, el gato estaba fuera de la bolsa, así que otra explicación más estaba en orden. Suspirando de resignación, decidió simplemente dejarlo caer. De todas formas, ¿cómo podría empeorar más?

–Bueno, uhm… chicos, ella es, eh… Valka Haddock, mi… mi madre.


¿Y? ¿Qué les parece?

Astrid obtuvo su prueba y finalmente se reunió con Stomfly. Espero que su primer encuenro haya cumplido sus expectativas.

Intenté que nadie fuera demasiado OOC, pero si alguien tiene alguna sugerencia, la espero en los comentarios.

[1]. En la mitología nórdica, Asgard es el mundo de los Æsir, gobernado por Odín y su esposa Frigg y rodeado por una muralla incompleta. Dentro de Asgard, se encuentra el Valhalla, el salón de los caídos. Forma parte de uno de los Nueve Reinos de Yggdrasil (o Yggdrasill), un fresno perenne también llamado el árbol de la vida o fresno del universo de acuerdo con las creencias nórdicas.

[2]. Los pueblos nórdicos adoraban dos clases de dioses, una de ellas y la principal, es la de los Æsir. Están emparentados con Odín, habitan en Asgard y poseen un carácter guerrero. Los Æsir se ocupaban de cuestiones espirituales en su mayoría. Entre ellos destacan Thor, Baldr, Heimdall, Höðr, Frigg, Iðunn y Eir.

Aunque los habitantes originales del cielo eran los Æsir, también reconocían el poder de los dioses del mar, del viento, de los bosques y las fuerzas de la naturaleza. Estos dioses más pacíficos se denominan Vanir, vivían en Vanaheim y gobernaban sus dominios a su deseo, como por ejemplo Freya, Frey, Njörðr y Skaði.