Hola de nuevo, mis queridos lectores de fanfiction. ¡Estoy de vuelta!

Sí, se lo que dije en la última actualización, pero ya les había advertido. Mi carrera parece haberme atrapado en una relación tóxica de la que apenas pude escapar. Y la verdad si no fuera por mis amigos de la facultad, probablemente habría estado en peligro de irme a extras en un materia. Pero me alegro de volver, aunque desafortunadamente mi tiempo aquí seguirá siendo irregular.

Con la novedad de que aquí su servidora pasó los finales y oficialmente cerró semestre el 30 de noviembre, estos últimos días me los he pasado intentando ponerme al día con mi escritura, porque ahora estoy sacando los capítulos casi directo desde la "imprenta". Especialmente porque iré a casa para las vacaciones y es probable que mi tiempo libre para escribir no sea el que me gustaría. De todas formas, espero que este capítulo compense un poco toda la espera que les he hecho pasar. (Y que conociéndome, de seguro vendrá).

Ahora, para recapitular (lo que no tendría que hacer si actualizara más seguido):

La pandilla ya empezó a entrenar para ser jinetes de dragones; hubo consejo de guerra en la Legión y el resto de los aliados en las otras tribus se reveló; y resumiendo el fin del último capítulo, Astrid ve a Heather con Hiccup, Ruffnut lo nota y termina espiándolos junto con Dogsbreath.


Capítulo 22 "¿Celos? Imposible"

Dogsbreath apenas podía dar crédito a lo que veían sus ojos. Aunque nadie podía culparlo. Si cualquiera le hubiera dicho antes que vería a Astrid Hofferson, la intrépida y ruda General de Defensa Astrid Hofferson, teniendo celos de alguien, de seguro el cobrizo hubiera pensado que o no conocía a la rubia para saber lo que decía o definitivamente se había golpeado la cabeza con un Hotburple. Porque todos sabían que al ser el modelo más que perfecto de una mujer vikinga, Astrid nunca tuvo necesidad de sentir celos de nada. Por eso, cuando se encontró espiando junto con Ruffnut a la doncella escudo mientras ella hablaba con Hiccup y Heather, tardó bastante en descubrir por qué actuaba tan extraño.

—¿Entonces viene de otra división? No sabía que habían otras fuera de Berk— comentó Astrid. Su tono era cordial y hasta ligeramente azucarado, haciendo que Dogsbreath casi se encogiera por lo extraño que sonaba viniendo de ella.

—Sí, nosotros estamos estacionados dentro de los límites de la tribu berserker— explicó la pelinegra. —Vinimos por una reunión de emergencia del Consejo, junto con Meathead y los Burglar.

—Así que por eso parecía haber más gente de lo normal— comentó pensativa.

—Sí, como esta es nuestra base principal, aquí es donde ocurren la mayoría de nuestras reuniones— dijo Hiccup. —Por eso es algo común ver algunos jinetes de otras divisiones siempre por aquí— completó el castaño en su tono de siempre. La doncella escudo, por su parte, se veía que escuchaba atenta, aparentemente complacida de tener toda su atención enfocada en ella.

—¿Estás segura de que esa es Astrid?— susurró el cobrizo con incredulidad.

—¡Sh! ¡No me dejas escuchar, pedazo de troll!— le reclamó Ruff. —¡Y aleja tu lamentable existencia de mí, qué me estás empujando!

—¡Hey! ¡Ese fue mi hombro! Ten más cuidado, ¿quieres?

Afortunadamente, ninguno de sus objetivos notaron al par que los espiaba. Y gracias a los dioses, porque a pesar de la máscara amable que tenía ahora, había cierta rubia a la que no pensaban molestar. Al menos él, porque podía apostar que cuando tuviera oportunidad Ruffnut tentaría por centésima vez en el día su suerte con ella y no pensaba estar cerca cuando eso ocurriera.

—¿Y a dónde iban? Solo por curiosidad.

—De hecho, íbamos al Gran Salón a comer— respondió Heather.

La expresión de la rubia se volvió más forzadamente alegre de ser posible. —¡Vaya! Qué coincidencia, iba justo para allá. No les importa si los acompaño, ¿verdad?

Dogsbreath vio a Hiccup y Heather intercambiar miradas algo extrañadas, especialmente de la pelinegra, antes de aceptar. Astrid se aseguró de colocarse entre ellos y se pusieron en marcha, mientras los vikingos escondidos veían al grupo alejarse con expresiones de incredulidad en sus rostros.

—¿Qué mierda acaba de pasar?— susurró el cobrizo.

—Por todas las travesuras de Loki, ¡esto fue mejor de lo que pensé!— rió Ruffnut cuando estuvieron lo suficientemente fuera del alcance del oído. —¡Viste su cara! ¡Ja! Nunca la dejaré olvidar esto.

—Yo tampoco podré olvidarlo— le aseguró. —De hecho, ni siquiera lo creería si no lo hubiera visto con mis propios ojos. ¿Y qué diablos le pasó a Astrid? Porque obviamente eso no fue normal— gesticuló con énfasis. —Puedo asegurarte que hasta Heather se dió cuenta de que ella realmente no es así.

Ruffnut esbozó una sonrisa. —Así que Heather, ¿eh? Ese es su nombre entonces—. La rubia le sumó un aire pensativo a su expresión. —Por cierto, ¿de dónde la conocen? ¿Y cómo sabría eso de Astrid?

Algo en los ojos de de la rubia lo hizo dudar, pero habló de todos modos. —Heather es una vieja amiga, la hermana recién descubierta de Dagur de la que se habló en la última Cosa y también la Comandante de la División Berserker. Le hemos hablado de Berk y de los otros, aunque Hiccup y ella son más unidos.

—¿Qué tan unidos?

—Prácticamente como hermanos— respondió mientras la sonrisa de travesura marca Thorston se asomaba en ella. Eso sólo aumentó su mal presentimiento. 'Aquí hay algo más detrás'. —¿Y tú por qué quieres saber?— la cuestionó con desconfianza.

En lugar de responder Ruffnut dijo: —Entonces no están interesados el uno en el otro.

El cobrizo la miró sin comprender. —¿Qué? ¿Ellos?— bufó. — ¿Acaso no me escuchas? ¡Se ven como hermanos! ¿Por qué demonios pensarías eso?

—Claro que escuché, cerebro de Nadder. Y para responder—, comenzó sin borrar su amplia sonrisa, —ahora que lo aclaraste, no tengo motivos para pensarlo—. Su mirada ahora brilló con algo extraño. —Pero Astrid no lo sabe. Así que ella sí tiene motivos.

—¿Y Astrid qué tiene que ver en esto?—. Dogsbreath vio la sonrisa de la rubia transformarse en una mueca mitad frustrada, mitad compasiva otra vez antes de golpearse la frente contra su mano. ¡¿Y ahora qué hizo?!

—Idiotas, estoy rodeada de puros hombres idiotas— masculló Ruffnut. —Justo cuando creía que tendrías un momento de brillantez, sales ahora con esto.

—¿Disculpa?— le espetó. —Hasta ahora no me has dado ni siquiera una maldita pista de nada. ¿Cómo se supone que descubra lo que estás pensando? Por si no lo has notado, ¡no soy Tuffnut! ¿Y por todos los dioses, por qué a Astrid le preocuparía que Hiccup y Heather estuvieran…?— Detuvo su arrebato justo cuando la idea brotó en su mente. Oh. ¡Oh, por supuesto que no! No, no podría ser que… Vamos, ¡era Astrid Hofferson de quien estaban hablando! Pero eso explicaría su conducta de hace rato. ¡Nah! Eso sería casi imposible… Pero si no era así, ¿no lo sabría Ruffnut que era precisamente su mejor amiga? —No me digas que…

Una sola mirada a la sonrisa complacida de Ruffnut fue la única confirmación que necesitó para terminar de encajar las piezas.

—¡AY, THOR SANTÍSIMO!— exclamó llevándose las manos a la cabeza.

—Hasta que al fin lo resuelves.

—¿Olvidas de quién hablamos? Astrid Hofferson, la chica que podría hacer que una piedra tiemble y es tan fría como Nifleheim [1], está enamorada y justamente de su forzado prometido, quien resulta ser mi mejor amigo, si lo que vi fueron celos de parte de ella hacia Heather. Digo, siempre pensé que ellos podrían ser buena pareja, ¡pero que esto esté pasando! Es simplemente… difícil de procesar. ¿Hace cuánto?— detuvo su balbuceo y se volvió hacia la gemela Thorston por más información, solo para descubrir un espacio vació donde había estado ella. —¿Ruffnut? ¡Ruffnut!

—¿Vienes o no?— llamó una voz. El cobrizo giró en su dirección y allí estaba Ruffnut corriendo para seguir espiándolos. —¡No voy a esperarte!

Oh, no. No iba a quedarse con esta historia a medias. —¡Ruffnut, espera!—. Empezó a correr tras ella. —¿Desde cuándo lo sabes? No puedes decirme algo como esto y luego irte así. Especialmente cuando involucra a mi mejor amigo. ¡Necesito respuestas, Ruffnut!


Después de pasar por unas pocas miradas extrañadas, especialmente de los nuevos reclutas, por fin llegaron al Gran Salón. Pero Dogsbreath aprovechó la pequeña parada de Ruffnut para poder interrogarla.

—Espera, espera— habló con una mano en su brazo para retenerla. —Aún no me has aclarado por qué me contaste todo esto.

—En primer lugar—, empezó la rubia con expresión seria, —yo jamás dije una palabra.

—Pero tú…

—Ah, ah, ah. Yo solo te mostré hechos y sacaste tus conclusiones. Así que si Astrid pregunta no puedes decir que yo te dije algo acerca de nada. O de lo contrario volveré del Valhalla a matarte también. ¿Te queda claro?—. El cobrizo solo levantó las manos en señal de rendición y asintió.

Pareció satisfecha con su respuesta ya que continuó. —En segundo lugar, te lo mostré porque, por más divertido que sea verlos actuar como tontos ese papel de "me gusta, pero se lo niego a todos", ya me están empezando a aburrir. Necesitan urgentemente ayuda de una profesional en el amor. Y tú como el mejor amigo del tortolito enamorado, me vas a ayudar a juntarlos.

—Espera, espera. Así que, me estás diciendo qué vas a jugar a la casamentera para ayudar a Astrid a solucionar sus reservas con los sentimientos que tienen las personas normales y así ella pueda estar con Hiccup— resumió. —¿Desde cuándo eres tan desinteresada con tus amigos, Ruffnut?

—Aaaah. Pero no es completamente desinteresado si en parte lo hago también por la travesura y diversión, ¿o sí?— señaló con una sonrisa.

Bien, eso tenía más sentido y sonaba mucho más como al estilo de los gemelos Thorston. —Correcto. Entonces, ¿qué propones que hagamos ahora?— cruzó los brazos esperando una respuesta no tan loca y peligrosa.

—Por ahora solo esperar y ver. Si queremos que tengan las agallas para declararse lo que sienten, primero necesitamos que cierta rubia testaruda se confiese a sí misma que siente algo por su guapo general, y ¿qué ayuda más en estos casos que los celos? Claro, que para eso ella debe seguir sin saber que no tiene verdaderos motivos para estar celosa.

Dogsbreath la miró con incredulidad. Olvida que alguna vez esperó algo no peligroso de un Thorston. —¿Le vamos a ocultar información a quien puede ser la guerrera más letal y fácil de enfadar en Berk? Ruffnut, no soy tan suicida.

La gemela rubia agitó una mano despreocupada. —Tsk. No le estamos ocultando nada deliberadamente, porque en teoría, Astrid no sabe que nosotros sabemos lo que ella todavía no sabe que quiere saber, así que no sabe que podemos decírselo y mucho menos que sabemos que quiere saber, lo que no le da razones para decapitarnos. Y en realidad pensamos decirle. Pero solo cuando pregunte—. Su sonrisa traviesa volvió con todo su brillo de maldad. —Lo que conociéndola, no pasará en un rato.

Apenas entendiendo la lógica de Ruffnut, el cobrizo decidió aceptar. En primer lugar, porque hacía esto por la felicidad de su mejor amigo. Y en segundo lugar, pero no por eso menos relevante, no quería una Ruffnut molesta atrás de su pellejo cuando tenía que ayudar a evitar la guerra con Berk entre los planes de su agenda.

—Y recuerda bien— dijo Ruffnut cuando abrían las pesadas puertas del Grán Salón, —actúa con normalidad.


El Gran Salón en las tribus vikingas siempre fue visto como el corazón de la aldea, casi siempre el edificio más antiguo de esta (preferiblemente tallado en piedra) donde se podía ver la fuerza de unión de su gente. Su uso principal era el de un comedor común para quienes no podían darse el lujo de ir a casa a preparar sus propios alimentos, aunque también se usaba para albergar ceremonias y otras reuniones importantes. Así que, siguiendo esta tradición, el Gran Salón construido de piedra, metal y madera de la Legión Dragón también se usaba para los mismos fines que tenían otros de su tipo en las aldeas, por lo que siempre se encontraba lleno de actividad, especialmente en las horas de comer. Solo que esta vez, el ambiente era algo diferente al habitual.

A primera vista podría parecer que todo se debía a los eventos que se habían desarrollado durante los últimos días, sumado a la tensión política con Berk y las órdenes de empezar a trasladar con los barcos las catapultas hacia Helheim Gate esa misma noche. Pero para quienes habían prestado más atención, la razón era el grupo compuesto por su general, la comandante berserker y la doncella escudo que comían junto a él en la mesa principal. Los pocos jinetes cercanos a su mesa hasta notaron que había una tensión palpable en el aire.

Y la misma Heather también se había dado cuenta de eso.

En realidad, lo había notado desde el momento en el que finalmente conoció a la tan famosa Astrid Hofferson, de la que Hiccup no paraba de hablar. Sí, Hiccup le había contado de ella, muy a menudo. Siempre tenía algo que decir sobre la rubia cuando mencionaban Berk, una razón más por las que había sospechado de que el castaño estaba enamorado de ella. Y después de que Hiccup le confirmara sobre sus sentimientos (casi sin querer), su deseo de conocerla solo había aumentado.

Desde antes de haber descubierto sobre su verdadera familia [2], ella ya había empezado a considerarlo casi como un hermano, y el tiempo solo había aumentado su vínculo con él. Heather sabía por él y por Dogsbreath cómo había sido su vida en Berk, sabía sobre su difícil relación con su padre, y fue de las pocas personas en las que Hiccup confió para sincerarse de cuando descubrió que su madre estaba viva. Con todo lo que él había pasado, Heather deseaba que su "hermano-no-de-sangre" pudiera ser feliz. Por eso, quería asegurarse que la chica que había capturado el corazón del castaño era alguien con la capacidad de verlo y amarlo por la gran persona que era.

Pero la Astrid que había conocido hasta ahora no era realmente lo que esperaba, a decir verdad. Había esperado a la General de Defensa de Berk, la guerrera hábil y ruda, esta chica tenía la apariencia de ser un poco más amigable y fácil de tratar que eso. Excepto por la ligera sensación de que ella estaba fingiendo y por el agarre tan fuerte que había visto que tenía sobre el mango de su cuchara, que ella trataba de ocultar.

Y parecía que Hiccup también había notado algo del extraño comportamiento. Aunque ese tipo de observaciones no eran su punto fuerte, ya que él nunca había sido el más perceptivo en lo que a emociones y acciones se refería, debía ser bastante la diferencia a como ella era normalmente para que la mirada ligeramente confundida en sus ojos no se fuera.

Estuvieron a punto de caer en otro silencio incómodo cuando llegó Dogsbreath a la mesa junto con una chica rubia de aspecto ligeramente alocado que nunca había visto antes en el Cuartel. Cuando ella se presentó como Ruffnut Thorston, la mitad femenina de los gemelos bromistas de Berk, el aire de travesura en ella tuvo mucho sentido.

—Entonces, dijiste que tu nombre era Heather, ¿no?— preguntó Ruffnut mientras se sentaba junto a Astrid cargando su propio plato de comida.

Por un fugaz momento, Heather creyó ver algo detrás de los ojos azules de la gemela Thorston, una pizca de satisfacción mezclada con travesura, como si supiera algo que ella no, pero fue tan breve que decidió descartarlo. Hiccup le había dicho que aunque no siempre eran muy confiables, los gemelos podían ser ferozmente leales, y ella no creía que Ruffnut pudiera ser otra cosa de lo que sabía. Atrás había quedado el tiempo en el que desconfiaba de casi todos, ella era diferente ahora.

—Sí, soy de la tribu berserker— respondió con confianza. Su tribu de nacimiento ya no era algo amargo hace mucho [3].

—En realidad, no solo es la comandante de nuestra división allí— intervino el cobrizo mientras se sentaba junto a ella, —Heather es hermana de Dagur y de las primeras jinetes de dragones del Archipiélago. Lo que significa Ruffnut, que puede darte órdenes y castigarlos a ti y a Tuffnut por cualquier broma que hagan aquí— terminó con una ligera mirada acusatoria. Tal vez sus amigos no habían exagerado cuando hablaban de sus travesuras.

La rubia lo miró ofendida. —Lo haces sonar como si eso fuera algo malo. ¿Qué tiene una pequeña broma aquí y allá de vez en cuando?

—¿Sabes qué? Mejor ni siquiera lo intento— resopló el cobrizo. —No lograré nada.

Con una sonrisa de victoria, la gemela Thorston se giró a ella. —¿Qué dragón montas?

—Una hembra de Razorwhip, su nombre es Windshear.

Una mirada entusiasmada asomó en Ruffnut. —Guau. ¿En serio? ¿Una Razorwhip? Escuché que es un dragón muy agresivo para entrenar. ¿Fue muy peligroso acercarse con las escamas de cuchilla?

Sonrió con el recuerdo de su primer contacto con Windshear. —Puedes apostar a que al principio fue así.

La pelinegra nunca había conocido a Ruffnut antes, pero por lo que le había contado Hiccup, tenía una muy buena idea de lo que ocultaba la mirada traviesa que se había asomado en el rostro de la gemela Thorston. Y de hecho, hablando un poco más con ella Heather se dio cuenta que a pesar de que su actitud traviesa, la rubia ya le agradaba bastante.

Con otras dos personas ahí, el ambiente pareció aligerarse un poco, pero las constantes miradas que Astrid lanzaba discretamente hacia el castaño y a ella, además de su comportamiento amable con ella, del que ahora Heather estaba a medio camino de estar segura que era fingido y que cada vez le costaba más conservar, aún mantenían una ligera tensión en el fondo. Que al parecer Hiccup ya no sentía más, al igual que los otros dos nuevos integrantes de su mesa.

—¿Y desde cuándo conoces a Hiccup y a Dogsbreath? ¿Ellos te reclutaron de inmediato o porqué no habíamos escuchado de ti antes?

La pregunta de Ruffnut llegó tan casual y de repente que la pelinegra no supo como contestar de inmediato. Por la esquina de su visión vió a Astrid tensarse de forma casi imperceptible, como si también estuviera preguntando lo mismo que la gemela Thorston y la respuesta fuera a decidir algo importante para ella. Tardó solo unos segundos para recomponerse y responder.

—Poco menos de tres años. Estaba en una posición que me obligó a intentar acercarme a ellos con algunos engaños y mentiras— mantuvo su tono de voz neutral. —Después de que me descubrieron y las cosas se aclararon, me ayudaron con mi problema y mantuvimos el contacto. Con el tiempo, —siguió con una ligera sonrisa, —nos hicimos amigos y me enseñaron a entrenar dragones. Así que cuando empezaron a formar un grupo de jinetes de dragón, simplemente los seguí.

Heather se aseguró de no mencionar nada demasiado personal en su respuesta, no porque desconfiara de sus intenciones, sino porque aún no se sentía cómoda al hablar de esa época.

Después de eso, la conversación siguió por otros temas más seguros para la pelinegra. Pero la reacción de Astrid a la pregunta de Ruffnut seguía rondando su mente. Había fruncido ligeramente el ceño, como si eso no le hubiera gustado del todo, acercándose ligeramente a donde Hiccup estaba sentado. Y su actitud con ella también se había enfriado un poco. No había hecho nada ofensivo. Entonces, ¿por qué sentía que la doncella escudo la miraba como si fuera su enemiga?

La respuesta llegó de repente como una ocurrencia casi absurda. Celos.

Al principio dudó, ya que en la imagen mental que tenía de la rubia no cabía esa posibilidad. Dogsbreath había dicho una vez que Astrid tendía a ser un poco competitiva, aunque menos de lo que había sido antes, ¿pero que esa misma chica llegara a sentir celos de alguien por un chico? No parecía muy probable.

Pero aún así, todo lo que había visto hasta ahora apoyaba lo contrario.

Y esa podría ser una buena señal, ¿no? Ya que demostraba que ella se interesaba lo suficiente en Hiccup como para preocuparse por cualquier relación cercana que pudiera traerle alguna rival para su afecto.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por la llegada de Olaf, que venía a buscarlos a ella y a los chicos a los muelles. Mientras caminaban a la salida del Gran Salón, Heather sintió una mirada detrás de ellos y decidió que observaría a Astrid más de cerca. Si había alguna posibilidad de que la rubia pudiera tener sentimientos por el chico que había llegado a ver como un hermano, ella se aseguraría de descubrirlo.


Ok. Primero que nada, debo confesar que la mayor parte de cómo se desarrolló este capítulo no estaba en mis planes.

No pensaba hacer que Dogs y Ruff conspiraran para hacerla de cupido y, la escena en el Gran Salón iba a tomar otra dirección y no planeaba que se contara desde el punto de vista de Heather. Supongo que solo salió y ya.

Aunque de forma personal, me gustó más el resultado final, un poco más de drama de lo planeado, pero me gustó.

Ahora que lo pienso, mejor no le meto tanto drama, esta historia romántica ya parece estar queriendo agarrar rumbo de telenovela. (•_•º)

Definitivamente no debo ver ninguna más en el corto plazo.

¿A ustedes qué tal les pareció? ¿Dan más profundidad a la historia estos cambios, o fue una terrible idea? Siempre me gusta leer sus comentarios. Además de que me dan algunas buenas ideas.

Notas.

[1]. Niflheim en la mitología nórdica, es el reino de la oscuridad y de las tinieblas, envuelto por una niebla perpetua. En el mito de la creación del cosmos Niflheim es la materia fría, lo opuesto al Muspelheim o materia caliente. El mundo nació del choque de éstas en el espacio vacío en medio, llamado Ginnungagap.

[2]. Solo para aclarar aquí, en mi universo alternativo Heather siempre supo de sus "padres" que era adoptada, pero nunca que era berserker y mucho menos sobre su verdadera familia. Eso lo descubrió hasta después de conocer a Hiccup y a la Legión. Todavía debo definir bien esa parte, pero es posible que en el futuro lo incluya más, ¿les gustaría un vistazo más profundo de su historia?

[3]. Históricamente, los berserkers (también ulfhednar) eran guerreros vikingos que combatían sin armaduras bajo cierto trance de perfil psicótico, casi insensible al dolor. Su sola presencia atemorizaba a sus enemigos e incluso a sus compañeros de batalla, pues en estado de trance no estaban en condiciones de distinguir aliados de enemigos. Se dice que eran casi tan fuertes como osos o toros, y llegaban a morder sus escudos y no había fuego ni acero que los detuviera. En el canon los agrupan en una sola tribu, aunque siguen manteniendo esa fama de guerreros sanguinarios. Es por eso que creo que al descubrir que son sus parientes, Heather lo habría odiado y tratado de ocultar, al menos al principio.

Esto es todo por ahora. Ánimo y mucha suerte a quienes todavía siguen con clases.

¡Hasta el próximo capítulo!