DISCLAIMER: Los personajes pertenecen en su totalidad a J.K Rowling y la idea original no es mía.

Párrafos de "Harry Potter y el cáliz de fuego" incluidos en la historia.

Agradezco su infinita paciencia y su amor por el fic.


*REEDICIÓN*.

Noviembre, 03. 1994

Vestíbulo de Hogwarts.

15:37 p.m.

-Parece que todo mundo odia a Potter -dijo Gregory, con el codo recargado en el barandal de las escaleras de piedra. Sus ojos cafés miraban a su alrededor con cierto aburrimiento.

-¿Qué esperabas? -preguntó Theo, pasando la página a su libro de Pociones que tenía recargado en el regazo-. Cedric Diggory es el campeón original. Todos piensan que Potter hizo trampa, tratando de robarle el protagonismo al buscador de Hufflepuff.

-Nunca había visto a los Hufflepuff tan molestos -dijo Blaise, haciendo una bomba con su goma de mascar. Aquel suculento dulce muggle que Hermione había recibido el día pasado y el cual el Slytherin había tomado en un descuido de la chica-. ¿Quién diría que son capaces de lanzar miradas despectivas?

-Es algo divertido de ver -dijo Draco, mirando desde su lugar a todos los alumnos de primer año y segundo que pasaban para ir al Gran Comedor.

-Todo lo que cause molestia en Potter te es divertido de ver -dijo Vincent, rodando los ojos con cierto fastidio. Si hubiera sabido que iban a estar ahí sin hacer nada, al menos hubiera seguido a Hermione a la biblioteca para tratar de copiar sus deberes de Pociones en vez de estar perdiendo su tiempo.

-La humillación ajena en general me es divertida de ver -corrigió Draco con una mueca de superioridad en sus labios y un brillo maligno iluminando sus rasgos. Parecía que algo había llamado su atención-. ¡Pero miren quién viene ahí! ¡Si son Weasley-Weasel y Longbottom-squib! -se burló, haciendo sonreír a Blaise.

-¿No tienes algo mejor que hacer, Malfoy? -preguntó Weasley con desprecio al entrar en el vestíbulo. La sonrisa de Draco se ensanchó; desde el incidente con Potter y el cáliz de fuego parecía que el trío entrometido se había disuelto. Por lo visto, Weasley no podía soportar ser opacado más tiempo por El-niño-que-vivió.

-¿Algún problema Weasley? -se burló Draco.

-Yo creo que sí -comentó Blaise, adoptando una pose causal al introducir sus manos en el interior de los bolsillos de su pantalón-. Me parece que Potter volvió a acaparar la atención. Dime, Weasel, ¿qué se siente ser solo el inútil amigo del Gran Harry Potter, el-niño-que-vivió y el nuevo campeón de Hogwarts? -preguntó, masticando su goma de mascar antes de crear otra bomba con ella para después hacerla explotar y mostrar una sonrisa maliciosa-. ¿Qué se siente ser el segundón una vez más?

El rostro de Weasley estaba casi tan rojo como su cabello, con sus ojos lanzando rayos.

-¡Déjalo en paz, Zabini!

Una voz del otro lado del vestíbulo llamó la atención de todos. Harry Potter y Ginny Weasley acababan de aparecer por el pasillo contrario.

-Nadie pidió tu ayuda -escupió Weasley hacia el que -días antes- había sido su mejor amigo.

-¡Vaya! Parece que no nos necesitan aquí -se mofó Draco-. Tienen todo bajo control.

-Parecías necesitarla -dijo Potter, suavizando su mirada y con voz tranquila. Ignorando a Draco y sus amigos de Slytherin.

-¡Pues no la necesito! -gritó Weasley, llamando la atención de varios alumnos que iban saliendo del Gran Comedor. Dando una última mirada a Potter, le dijo algo a Longbottom y empezó a caminar hacia la entrada del Gran Comedor.

Longbottom le dedicó una mirada a Potter y después de un asentimiento de cabeza por parte del azabache, siguió a su amigo sin pronunciar palabra alguna.

-¿Problemas en el paraíso, Potty Popoti? -se burló Blaise, demasiado sonriente.

-¡Déjalo en paz, Blaise! -salió Ginny en su defensa.

Las palabras de la pelirroja fueron como una bofetada a los rostros de las serpientes, ya que todos la miraron con diferentes grados de sorpresa e incredulidad. El impacto no duró más de diez segundos: Theo alzo la mirada de su libro con tranquilidad, Gregory y Vincent se pararon derecho, con los hombros tensos y tronaron sus nudillos. La sonrisa en el rostro de Blaise desapareció y Draco miró a la pelirroja de arriba hacia abajo con su usual aire de petulancia.

Nadie se había esperado que Ginny defendiera tan fervientemente a Potter por encima de ellos. Pero parecía que su enamoramiento por Potter era más fuerte que una simple amistad.

-Vaya… que valiente Gryffindor tenemos aquí -dijo Blaise, sacando un pañuelo desechable de su bolsillo, se lo pasó por los labios para deshacerse de su goma de mascar y volvió a guardarlo de donde lo había sacado-. Dejando que tu noviecita te defienda -su mirada se paseaba de un Gryffindor a otro, sin sorprenderse por el sonrojo de la pelirroja.

-Yo no necesito que me defiendan, Zabini -espetó Potter con una mueca, no se le había escapado la forma en como Ginny había llamado al Slytherin, usando su nombre-. Aunque no puedo decir lo mismo de ti -continuo, ahora con su mirada puesta en los dos Slytherin más altos que los otros tres.

-Vamos, cara rajada -dijo Blaise-. No seas tan modesto… ¡todos aquí sabemos que Dumbledore siempre tiene que salir a tu defensa! -se burló, hablando en voz muy alta para llamar la atención de más estudiantes.

-¡Basta! -siseo Ginny.

-Oblígame, comadreja -retó Blaise, soltando las palabras con veneno. Las orejas de Ginny se tornaron rojas.

-Vámonos, Ginny -dijo Potter, tomando la mano de Ginny para intentar alejarla del bullicio que el Slytherin había creado-. No vale la pena.

-Sí, huye cobarde -llamó Blaise, bullendo en cólera. Había visto la forma en como la niña se aferró a la otra mano-. ¡Corre como el cobarde de tu padre lo hizo en su tiempo!

Ginny se soltó con brusquedad del agarre de Potter, sacó su varita con una velocidad asombrosa de su túnica y girándose hacia donde estaban sus amigos, apuntó a Blaise con ella.

-¡Moco-murciélago!

Una luz blanca salió de la punta de su varita mágica y golpeo en el rostro de Blaise. No fueron poco más de tres segundos donde el Slytherin vio a Ginny como si lo hubiera traicionado antes de que un inmenso dolor empezara punzar en su nariz. Rápidamente se la tapó con ambas manos mientras aullaba de dolor, sentía como si le metieran un tenedor y empezaran a rasgarle la cavidad nasal. Era muy doloroso, terriblemente doloroso.

Sin parar de gritar por el dolor, bajó a tropezones de las escaleras y cayó de rodillas una vez llegó a la última.

-¡Blaise! -Theo se levantó con rapidez de su asiento, tirando su libro en el acto y corrió hacía su amigo. Se arrodilló a su lado y lo tomó por los hombros, mirando con el ceño fruncido el rostro compungido del moreno, tratando de buscar una herida visible-. ¿Blaise qué…? -De entre las manos entrelazadas del moreno un gran murciélago negro como la noche salió volando. Aleteo sus siniestras alas negras encima de las cabezas de los dos alumnos y se alejó, saliendo por la entrada del castillo.

Varios alumnos gritaron de miedo, otros gruñeron como si fueran ellos los hechizados y otros pocos rieron por el espectáculo.

-¡Eso es, Weasley! -gritó Michael Corner, alumno de quinto año de Gryffindor-. ¡Pon a esas serpientes en su lugar! -aprobó, con una sonrisa divertida en su cara.

Ginny, en cambio, tenía un gesto de terror total en el rostro al mirar a Blaise en el suelo. Había inventado ese hechizo durante el verano, pero nunca lo había usado en alguien.

Blaise gritó más fuerte y otro murciélago salió volando para el espectáculo de las masas.

-¡Revierte el hechizo ahora, pobretona! -siseo Draco, con la varita ya en la mano y apuntado con ella a la pelirroja. Potter, a su vez, sacó su varita, pero rápidamente se vio en desventaja cuando Vincent y Gregory también sacaron las suyas-. ¡Hazlo ahora o te regresare el maldito hechizo! -ordenó.

-Yo… yo no… -tartamudeo Ginny, demasiado pálida-. No sé cómo hacerlo… es la primera vez que… que…

-¿¡Qué está pasando aquí!? -exclamó Eleanor Branstone, prefecta de Slytherin. Venía bajando las escaleras con más estudiantes de séptimo año de la casa de las serpientes. Antes de que siquiera pudiera reparar en los dos Slytherin arrodillados en el suelo, todos los alumnos corrieron en distintas direcciones. Potter tomó la mano de Ginny y salió corriendo hacia la entrada del colegio.

-¡Weasley hechizó a Blaise! -acusó Theo, sin dejar de mirar a su amigo.

-¿Qué…?

Un murciélago más apareció por de entre las manos del moreno y se elevó por el techo.

-¿¡Qué demonios!? -jadeo Zayra, igual de horrorizada que los demás Slytherin.

Eleanor bajó corriendo las últimas escaleras y se arrodilló al lado del moreno, sacó su varita mágica y apuntó al rostro del chico. Los aullidos de dolor de Blaise estaban reventándole los tímpanos.

-¡Finite incantatem! -dijo Eleanor, su pecho subía y bajaba con fuerza. Unos segundos después, el moreno dejó de gritar y soltó su nariz poco a poco, con indecisión y miedo. Un hilillo de sangre le escurría por cada fosa nasal-. ¿Qué Weasley fue? -siseo la prefecta, mirado hacia donde estaba parado Draco.

El rubio hizo una mueca.

-Ginevra Weasley -dijo, bajando su varita. Sabía que todos los Slytherin odiaban a aquella chiquilla desde hacía dos años.

-Malditos Gryffindor -espetó la prefecta, y tomando a Blaise del codo lo ayudó a parar. El chico parecía un poco ido-. Vamos con el profesor Snape, y ustedes -miró a los otros chicos, incluido a los de séptimo-. Vayan a la sala común, el profesor Snape va a estar furioso cuando se entere.

-Me duele la nariz -se quejó el moreno, dejándose arrastrar por su mayor. Quería gritar de cólera, pero el dolor que aún perduraba en su nariz lo hizo pensarlo mejor. Sentía los músculos tensos y las piernas temblorosas. ¿En qué momento se le ocurrió confiar en la niña Weasley?

Eleanor le dirigió una mirada de reojo, con la terrible sensación de que en cualquier momento se desmayaría. La sangre del chico seguía escurriendo por la barbilla, y ella no quería pensar mucho en el terrible dolor que había sentido al ser obligado a expulsar murciélagos por su nariz.

-Owen, ve por el profesor Snape -dijo, cambiando de opinión-. Yo llevaré a Blaise a la enfermería.

-Vamos contigo -dijo Maia, sus manos temblorosas se aferraban a la manga de la túnica de Zayra. Zayra asintió en acuerdo y rápidamente se pusieron a la par de los dos chicos, tomando el otro codo del moreno para ayudarlo a caminar.

-Mierda… -negó Owen, bastante molesto-. Marcus va a matarme -murmuró en voz muy baja mientras se dirigía al despacho del profesor Snape-. ¿Por qué justamente ahora ocurren tantos ataques a Slytherin? -se quejó con desprecio.

Los demás estudiantes de séptimo empezaron a murmurar entre ellos, decidiendo si tenían que ir por el resto de sus compañeros de casa o ir directo a las mazmorras.

-Ve con Blaise -susurró Draco a Theo que aún estaba arrodillado en el suelo-. Iré por Hermione. Vincent, Gregory vengan conmigo -dijo, siguiendo su camino a la biblioteca. Los otros dos chicos lo siguieron rápidamente.


Biblioteca de Hogwarts.

-De verdad que sí, Hermione…. -susurró Pansy en voz muy baja, mirando de reojo hacía donde Viktor Krum recorría con la mirada el estante de libros en la sección de "Encantamientos".

-Estás alucinando, Pansy -reprochó Hermione sin despegar la vista de los pergaminos que se encontraban frente a ella. Tenía que terminar el ensayo para la clase de Transformaciones, por no mencionar la extensa tarea de Herbología que la profesora Sprout les dejó el día anterior.

-Yo creo que es lindo -admitió Flora; su hermosa piel ébano lograba ocultar a la perfección el sonrojo que adornaba sus mejillas. Ella también estaba tratando de mirar al búlgaro sin parecer demasiado obvia.

-Tú crees que todos son lindos -se burló Millicent, masticando una varita de regaliz que había tomado del banquete de Halloween.

-Eso es mentira -se escandalizó Flora, desviando su mirada hacía Millicent. La otra Slytherin puso los ojos en blanco con una mueca de burla delatando su pensar.

-En su defensa, los chicos a los que suele mirar son lindos -dijo Daphne, parpadeando hacía sus dos amigas antes de que volviera su atención a Astoria, a quien ayudaba con sus deberes de Astronomía-. Aunque Krum… bueno, atractivo no es… o al menos no como Graham o Marcus… ¿De una forma sexy y oscura? Tal vez…

Hermione retuvo un resoplido para nada elegante. Si hubiera sabido que estaría escuchando a sus amigas discutir sobre si Viktor Krum las estaba mirando en vez de concentrarse por completo en sus deberes, nunca hubiera accedido a ayudarlas con su tarea de Estudios Muggles.

-Definitivamente nos está mirando -dijo Pansy, fingiéndose interesada en el broche que tenía entre sus dedos. La fotografía de un muggle le regresaba la mirada, estático. Esas imágenes le causaban escalofríos. ¿Por qué no podían moverse, aunque fuera un poco?

-Bien, suficiente -siseo Hermione, dejando la pluma de tinta interminable que Vincent le había regalado las Navidades pasadas sobre su pergamino. Se levantó con tranquilidad y se inclinó sobre el hombro de Pansy-. Iré a hablar con él y si no estaba mirándonos vas a estar en problemas -le murmuró casi al oído para después caminar hacia donde la imponente figura del búlgaro se alzaba.

-¡Mione…! -masculló Flora escandalizada, pero Hermione no detuvo su andar.

Pudo admirar al campeón de Durmstrang mientras caminaba hacía él. Había estado lo suficientemente cerca para saber que le sacaba al menos una cabeza de altura, y aunque no tenía la misma masa muscular que Gregory o Vincent, daba un ligero aire a la corpulencia de Marcus… tal vez un poco más delgado que el chico. Cuando estaba a dos pasos de él, el búlgaro giró su cabeza hacia ella y sus tupidas cejas se levantaron por la sorpresa, antes de mirar por sobre su cabello para disparar una mirada a la mesa donde estaban sentadas sus amigas.

-Hola, disculpa -saludó, apartando rápidamente el pensamiento de que tal vez sí las estaba viendo-. Mi amiga allá -inclinó ligeramente su cabeza en dirección hacia Pansy- cree que nos estabas mirando, y aunque sinceramente no lo creo… ¿tal vez necesitas algo? -preguntó educadamente.

Krum frunció el ceño e hizo una mueca incomoda, una sombra de incertidumbre brilló en sus orbes negros, como si estuviera preguntándose si debía decir algo o no. Hermione esperó paciente a que dijera algo, o que la mandara a volar como mínimo.

-Busco… busco un librrro sobrrre encantamientos oscurrros -dijo con aquel acento brusco-. Querrría saberrr… si… alguna de ustedes sabía dónde quedaban

Hermione enarcó una ceja, preguntándose si el búlgaro estaba mintiendo. Porque si era así, no sabía hacerlo… ¿encantamientos oscuros? A diferencia de Durmstrang, Hogwarts prohibía aquellos… ¿Krum no lo sabía?

-Están en la sección prohibida -respondió, cruzándose de brazos sin dejar ver su desconfianza-. Tienes que pedirle permiso a un profesor para poder sacar alguno de los libros. Tal vez el profesor Snape pudiera ayudarte con ello…

Krum hizo un asentimiento de cabeza muy brusco.

-Grrracias… -masculló, metiendo sus manos dentro de los bolsillos-. Viktor Krum -se presentó, dejando vagar sus ojos en Hermione y en el letrero dorado de "Encantamientos" sobre el estante de libros.

-Lo sé, nos conocimos en el banquete de bienvenida -dijo Hermione-. Aunque no me presente, por cierto, soy Hermione Granger.

-¿Herrrmion? –preguntó, frunciendo el ceño.

-Hermione -repitió la castaña, pero el entrecejo de Krum se fruncía cada vez más-. Heeer… miooo… nee.

-¡Hermione!

La aludida pegó un bote en su lugar, girándose en redondo para encontrarse a Draco caminando hacia ella, ignorando las miradas furiosas que Irma Pince le dedicaba con cada paso que el rubio daba. Hermione rápidamente pudo darse cuenta de lo furioso que estaba, no era necesario ver la tensión que emanaban Gregory y Vincent a sus espaldas, gruñéndole a cualquier alumno que los viera en su caminata hacia ella.

Sus labios estaban contraídos en una mueca y su platinado cabello estaba alborotado, suponía que había estado pasando las manos por él, tratando de dejar salir un poco de la frustración que obviamente cargaba. Sus orbes grisáceos repararon en Krum parado al lado de ella antes de que sus cejas se fruncieran casi imperceptiblemente.

-Krum… -saludó con un asentimiento de cabeza. El búlgaro hizo lo mismo, pero no dijo palabra alguna.

-¿Qué ocurre? -preguntó Hermione antes de que Draco pudiera hablar.

-Es Blaise -respondió con sequedad-. Weasley le lanzó un encantamiento al rostro, provocando que sacara murciélagos por la nariz -espetó.

-¿Qué? -Hermione frunció la nariz con molestia-. ¿Weasley? ¿Qué encantamiento? No conozco ninguno de ese tipo. ¿Cómo lo hizo?

-No Weasley-Weasel -siseo Draco, destilando ira-. La otra Weasley.

-¿Qué? ¡No! Ella no lo haría -estaba segura de que su cara era un maldito poema. Sus ojos a punto de salirse de sus cuencas y los labios abiertos a más no poder.

-Todos la vimos, Granger -respondió Draco-. Eleanor lo llevó a la enfermería y nos ordenó regresar todos a la sala común.

-Le estaba sangrando la nariz -dijo Gregory detrás del rubio. Vincent asintió repetidas veces.

-Oh por Dios, hay que ir con él -dijo Hermione, muy preocupada. Ni siquiera se acordó de despedirse del búlgaro mientras caminaba presurosa a su mesa y empezaba a recoger sus cosas.

-¿Qué? ¿Qué pasa? -preguntó Daphne, sus brillantes ojos azules brillando con preocupación.

-Es Blaise, está en la enfermería.

No se necesitó más, todas empezaron a recoger sus cosas con velocidad para rápidamente poder salir de la biblioteca en busca de su amigo.


Enfermería de Hogwarts.

16:17 p.m.

Los verdosos ojos de Blaise siguieron la espalda del profesor Snape mientras salía de la enfermería, acompañado por McGonagall, los dos prefectos de Slytherin y Zayra y Maia. Estaba muy seguro de que Ginny recibiría un castigo magistral y que tendría una enorme baja de puntos, pero nada de eso lo hacía sentir mejor. Ni siquiera el tónico que Madame Pomfrey le dio para reparar su nariz ni los analgésicos para calmar el dolor.

Estaba furioso y humillado. Y aquello no era una buena combinación en un Slytherin.

-Empiezo a entender cómo te sentiste cuando Ojoloco te convirtió en un hurón -espetó Blaise, recogiendo su túnica de la camilla.

-¿Podríamos no hablar de ello? -pidió Draco, sus mejillas tomando un ligero tono rosado.

-¿Seguro que estas bien? -preguntó Daphne, mirando con preocupación al moreno. Habían acompañado a Hermione, Draco, Vincent y Gregory a la enfermería donde ya estaban discutiendo el profesor Snape y McGonagall cuando llegaron. El Slytherin había mantenido su mirada todo el tiempo sobre su corbata salpicada de sangre, sin mirar a nadie más.

-Ya dije que sí, Daphne. Por tercera vez -siseo Blaise con enojo.

-¡Ey! –dijo Theo, frunciendo el ceño-. No te desquites con ella.

-No lo estoy haciendo.

-Bueno, pues eso parece -dijo Draco.

-Que te jodan, Malfoy -espetó el moreno.

-¿Podríamos tranquilizarnos? -preguntó Pansy, estaba empezando a estresarse.

-¿Tranquilizarnos? ¿¡Tranquilizarnos!? -espetó Blaise, sus ojos brillando por la furia-. ¡Esa maldita mocosa me lanzado un maleficio! ¡Hizo que tres jodidos murciélagos salieran volando de mi nariz! ¡De mi nariz! ¿¡Tienes una maldita idea de cómo se sintió!? -explotó, pateando con fuerza la pata de la camilla.

Pansy, Daphne, Astoria y Flora retrocedieron un paso, soltando un grito ahogado. Nunca habían visto a Blaise tan enojado.

-Tú tienes la culpa de ello -dijo Millicent, mirándolo despectivamente-. No deberían haberse hecho amigos después de que te petrificó en segundo año y abrió la cámara. Cosechas lo que siembras.

-Cuida tus palabras, Bulstrode -siseo Draco, arrastrando las palabras mientras miraba a la Slytherin-. Lo que hagamos no es tu maldito asunto.

-Basta -ordenó Hermione, negando con la cabeza-. No vamos a discutir entre nosotros por culpa de Ginny… de Weasley -se corrigió-. Así que respiren bien y piensen detenidamente en su próximo paso –dijo, mirando hacía Blaise.

-¿Me estas pidiendo que lo deje pasar? -dijo, soltando una risa hueca.

Hermione negó.

-No, te estoy preguntando… ¿qué harás al respecto? ¿Cómo harás que Weasley se arrepienta de haberte siquiera apuntado con su varita?


Noviembre, 15. 1994.

Patio de Hogwarts.

10:22 a.m.

-Apoya a Cedric Diggory: ¡El AUTÉNTICO campeón de Hogwarts! -Hermione leyó el pequeño broche circular muggle en su mano. Bueno, casi muggle: la cara sonriente de Diggory se movía para después guiñar el ojo. Luego la imagen desaparecía y se transformaba en la cara de Potter con un fondo verde estilo vomito-. POTTER APESTA.

-Eso fue ingenioso -admitió Draco, dándole vueltas al broche muggle-. Pensé que iría en contra de la niña Weasley.

-Potter es su punto bajo -dijo Hermione, guardando el broche dentro del bolsillo de su túnica-. ¿Cuánto crees que tarde en esparcirlos entre los estudiantes?

Draco se encogió de hombros.

-Tiene que ser cuidadoso, los Gryffindor no pueden enterarse hasta que al menos tres cuartos de la población estudiantil tengan un broche. Lo que me sorprende… -dijo, mirando hacía donde Blaise se reía con unas Hufflepuff-. Es que los tejones hayan entrado en esto.

-Bueno, todos tienen cierta maldad en sus corazones -se burló Hermione. Ambos estaban cómodamente sentados en una banca de piedra, esperando a que Blaise terminara de regalar los broches que había creado.

-Llegamos a dos conclusiones -llamó una voz detrás de ellos, provocándoles un sobresalto. Fred y George Weasley rápidamente se sentaron en los espacios vacíos, cada uno a un lado de los Slytherin.

-Aunque una es verdaderamente absurda, así que me declino por la segunda -dijo el gemelo que había tomado asiento al lado derecho de Hermione.

-Ambos nos declinamos por la segunda -corrigió el otro gemelo, aquel sentado del lado izquierdo de Draco.

-Aléjate, comadreja. Tu ropa de segunda mano esta ensuciando mi túnica -siseo Draco con desprecio. Se arrastró en la banca de piedra hasta que quedó prácticamente pegado a Hermione y limpio la suciedad imaginaria.

-Draco, no hay necesidad de ser grosero -reprendió Hermione, mirando con cierta molestia al rubio.

-Sí, Malfoy. No hay necesidad de ser tan descortés -se burló uno de los gemelos con malicia.

-Sí, no seas idiota, Malfoy -se burló el otro, fingiéndose ofendido.

Hermione, en contra de su voluntad, soltó una risita al percibir como las cejas de Draco se fruncían más, delatando su creciente enojo. Sus labios, en cambio, se transformaron en una mueca desdeñosa.

-Váyanse a la mierda -escupió Draco, claramente ofendido.

-¿Con esa boca besas a tu novia, Malfoy? -preguntó el gemelo contiguo a Hermione, con una sonrisa que mostraba todos sus dientes. Draco lo fulminó con la mirada.

-¿Con esa boca te besa? -preguntó el otro a Hermione.

-No somos novios -negó la castaña, bastante divertida. ¿Quién diría que alguien podía sacar tan rápido de sus casillas a Draco?

-Todavía -corrigió Draco, viendo al gemelo sentado a su lado-. Pero eso no es asunto suyo. Ahora, lárguense.

-Me dan más ganas de quedarme gracias a tu actitud cariñosa -dijo el gemelo, guiñándole un ojo con coquetería haciendo que Draco frunciera aún más el ceño.

-Me das asco.

-Ya somos dos -dijo el otro gemelo, mirando ligeramente apenado a su hermano-. Por esa razón yo le caigo mejor a las personas, Freddie.

-Es porque están ciegos, Georgie -dijo Fred Weasley, sonriendo.

Draco gruñó exasperado.

-¿Podrían decir de una vez lo que quieren decir para que puedan largarse? -siseo, masajeando su sien adolorida-. Me están dando jaqueca.

-No hay necesidad de ser tan borde, Malfoy -dijo George Weasley, sus ojos brillaban por la diversión-. Robaron el mapa…

-… y lo copiaron. -Terminó Fred Weasley-. El problema es que no sabemos cómo obtuvieron el encantamiento para abrirlo.

-Yo apostaba a que escucharon a Harry contárselo a Ron -dijo George Weasley.

-Pero tampoco sabemos cuando ni donde obtuvieron esa información -continuó Fred Weasley.

-¿Y qué ganamos nosotros a cambio de saciar su curiosidad? -preguntó Hermione, recargándose ligeramente en Draco para mirar a Fred Weasley de cerca. Definitivamente, toda aquella familia era igual: pelirrojos, pecosos y pálidos.

Los gemelos se miraron entre ellos para luego sonreír.

-Productos de Sortilegios Weasley de primera mano -respondió George Weasley. Se veía que habían estado pensando en ello.

-¿De primera mano? -se burló Draco.

-Estamos hablando con la dama, no interrumpas, Malfoy -dijo Fred Weasley sin mirarlo. Draco trabó la mandíbula.

-¿Sortilegios Weasley? -preguntó Hermione, ligeramente interesada.

-Estamos creando nuestros propios productos para sacarle una sonrisa a los amargados como Malfoy -respondió George Weasley.

-Jódete -siseo Draco.

Hermione se mordió el labio, mirando hacia los orbes grises de su mejor amigo. Sabía que los gemelos Weasley eran un par de bromistas, y por lo visto si estaban creando sus propios productos, eso quería decir que además eran inteligentes. Algo que no esperaba… cómo el hecho de que creían estarla tentando con ello… y la verdad, estaba curiosa. Muy curiosa.

Draco le enarcó una ceja, como si supiera lo que estaba pensando sin necesidad de invadir su mente como cada viernes por la noche.

-No -espetó.

-¿Cómo funcionan estas bromas? -preguntó Hermione, ignorando la molestia en Draco.

Los gemelos volvieron a sonreír, victoriosos. Se levantaron en toda su larguirucha altura y tomaron cada uno a Hermione de los brazos, arrastrándola hacia el interior del castillo sabiendo que Malfoy no tardaría en seguirlos.

-Por cierto, impresionante lo del broche -dijo George, sacando el broche muggle del bolsillo de Hermione. Habían estado admirando un rato a ambos Slytherin, sopesando si debían acercarse y salir de dudas-. No estamos a favor, pero es bastante impresionante.

-Lo es.

-¿Quién es el autor? -preguntó Fred. Hermione se encogió de hombros, justo cuando empezaban a caminar por los corredores.

-No tengo idea.

-¡Oh! Venga, no le diremos a nadie -dijo George.

-Promesa del meñique -dijo Fred, estirando su meñique hacia la castaña.

-¿Cómo conocen la promesa del meñique? -cuestionó.

-Hay muchos nacidos de muggles en Gryffindor.

-¡Oh! Cierto -respondió Hermione. A veces se le olvidaba que fuera de Slytherin, ella era otra estudiante normal.

-¿Y bien?

-Mmmm… -tarareó la castaña-. Bueno, fue Blaise.

-¿Zabini? -preguntó George y Hermione asintió-. Vaya… no estaría mal tener un punto de vista ajeno, ¿no crees, Freddie?

-Concuerdo contigo, Georgie -respondió su gemelo, obligando a Hermione a subir las escaleras movedizas-. ¿Crees que esté dispuesto a ser nuestro ayudante?

-Depende de lo que otorguen -dijo Hermione mientras esperaban a que la escalera en la cual estaban parados tomara el rumbo correcto-. Aunque por el momento tiene un pequeño problema con los Weasley.

-Nos enteramos de lo que Ginny hizo -rio George-. ¿Quién diría que nuestra hermanita había creado tal maleficio y nunca nos lo mostró?

-Ustedes nunca le mostraron el mapa, ¿cierto? -dijo Hermione.

-Touché -admitió Fred.

Avanzaron por algunos corredores en los que Hermione nunca había estado. No es que se diferenciaran mucho de las mazmorras. Había cuadros en las paredes y estaba iluminado gracias a las ventanas, pero nunca había estado ahí. Estaba segura.

-¿Estamos yendo a la torre de Gryffindor? -cuestionó.

-No, no, no; pero tal vez algún día te la mostremos, primor -dijo George, ensanchando su sonrisa al escuchar el gruñido proveniente de Draco-. Pero por ahora iremos a nuestro lugar de trabajo.

-¿Lugar de trabajo? -preguntó Hermione al llegar a otras escaleras. Los gemelos la direccionaron hacía su derecha y entraron en un pasillo desolado.

Fred Weasley la soltó y siguió derecho hasta llegar a la otra punta del corredor antes de regresar hacía ellos y repetir esa secuencia al menos dos veces más.

-¿Se les botó la última neurona? -siseo Draco, metiéndose entre George y Hermione. Su codo se enterró con demasiada fuerza en las costillas del pelirrojo, que se vio obligado a soltar el brazo de Hermione para sostener su costado lastimado. En vez de mostrar molestia, el gemelo empezó a reírse de la actitud del rubio.

-Draco, mira -señaló Hermione, que había ignorado el comportamiento de los dos chicos mientras mantenía su atención en Fred Weasley. A la mitad del pasillo, una puerta de madera empezó a formarse de la nada como si saliera mágicamente de la pared. Era de roble, con una "W" tallada en lo que parecía oro.

-Vamos -les dijo George, aun sobando su costado. Los dos Slytherin lo siguieron y entraron por la puerta que había aparecido detrás del pelirrojo.

Era como si hubieran tomado la sala de Pociones y le hubieran dado un toque único. En vez de las estanterías donde el profesor Snape mantenía sus ingredientes para las pociones, había varios frascos de cristal repletos de dulces. Donde estaría el escritorio de su jefe de casa, había una barra de mármol en el que se encontraban varias fotografías de la familia Weasley y algunos libros; detrás, un ropero donde se percibían varias túnicas de Gryffindor. Y justo donde se encontraba el armario donde el profesor Snape mantenía sus pócimas, que carecía de una puerta, mostraba varios calderos.

Los estandartes del león se alzaban en los techos acompañando a una manta blanca, donde se repetía la gran "W" que estaba en la entrada. Todo iluminado por un gran ventanal al fondo de la estancia, completamente distinto a la fría pared del aula de Pociones. Lo único que se mantenía en su lugar, eran las grandes mesas donde los estudiantes hacían sus pócimas.

-¡Bienvenidos a Sortilegios Weasley! -gritaron los gemelos al unísono.

-Ridículo -siseo Draco, cerrando la puerta detrás de él. Nunca, ni en sus más locos sueños, admitiría que estaba ligeramente impresionado por lo que ambos Gryffindor encontraron y lo que hicieron con él-. Es la Sala de los Menesteres, ¿cierto?

-Sí, la encontramos al termino del año pasado exactamente como la vez. ¿Quién diría que no era una leyenda…? ¡NO TOQUES ESO, MALFOY! -jadeo Fred, estirando la mano como si pudiera detener al platinado.

Draco enarcó una ceja, mirando con desprecio al pelirrojo. Se había acercado a las estanterías para buscar qué de interesante había ahí, ¿esos idiotas realmente creían que sería tan estúpido como para tocar algo?

-Lo sé, idiota -siseo el rubio-. No soy estúpido -reveló sus pensamientos.

-Les mostraremos nuestros productos -dijo George Weasley mientras Hermione se sentaba en un banco solitario.

-… después de que nos prometan que no le contaran nada a nadie sobre esto -agregó Fred Weasley, su corazón reponiéndose del susto que Malfoy le metió.

Draco resopló.

-Como si fuéramos a decir que pasamos tiempo junto al par de pobretones de Gryffindor -siseo Draco con desprecio.

-Draco… -reprendió Hermione otra vez antes de mirar a los gemelos-. No diremos nada, no hay necesidad de promesas vacías.

-Me agrada tu novia, Malfoy -admitió Fred.

-No somos novios -les recordó Hermione.

-Todavía -masculló Draco otra vez, sentándose a un lado de Hermione. Su grisácea mirada parpadeo sobre el anillo de su amiga.

-Uhh, Freddie -George codeo a su gemelo-. Me parece que hay problemas comunicativos entre la realeza de Slytherin.

-No tenemos problemas -dijo Hermione, frunciendo el ceño.

-A mi me parece que sí, lindura -dijo Fred, asintiendo repetidas veces.

-No, no los tenemos -dijo Draco, haciendo eco de Hermione-. Y no la llames lindura.

-Alguien está celoso, Freddie.

-Como si pudiera sentirme celoso de un pobretón más del promedio -dijo Draco, altanero.

-¡Draco! -riñó Hermione.

-¡Vamos, Hermione! Siempre llamo pobretón a Weasel.

-Sí, pero Weasley me cae mal -la castaña miró a los gemelos-. Ellos empiezan a agradarme.

-Ves, Malfoy. Le agradamos a tu novia -respondió Fred.

Hermione puso los ojos en blanco, pero se abstuvo de hacer algún comentario. A la Slytherin no le molestaba que la emparejaran con Draco, suponía que después de tantos años yendo prácticamente de la mano alguien empezaría a sacar suposiciones. Y no es que no gustase del heredero de los Malfoy, pero empezaba a creer que su platinado amigo lo estaba dando por hecho sin esforzarse.

Ya se encargaría de darle una lección.

-¿Por qué no mejor nos cuentan de que va todo esto y así podremos largarnos? -preguntó Draco, empezado a exasperarse. Nunca creyó que había alguien más molesto que Blaise y aquí va y se topa de frente con un par de idiotas en su máxima expresión.

Los pelirrojos caminaron hacía la estantería de dulces y empezaron a tomar distintos productos, hablando en voz muy baja entre ellos. Asintieron un par de veces y volvieron a tomar más cosas antes de regresar con los Slytherin. Tomaron asiento delante de ellos y les mostraron el primer producto.

-Caramelo longuilinguo. A un precio de cinco sickles cada uno -enseñó George.

-Inocentes caramelos que al comerlos la lengua se larga diez veces más de su estado normal.

Draco enarcó las cejas. Lo dijo: ridículo… ridículamente asombroso.

-Galletas de canarios, siete sickles la unidad -dijo Fred. Los ojos de ambos Slytherin estaban puestos en las pequeñas galletas ofrecidas-. Te convierten en un enorme canario, el efecto se pasa al cabo de un rato. Cuando se te empiezan a caer las plumas.

-Magifuegos Salvajes Weasley. Se venden en dos formatos -dijo George.

-Magicaja sencilla, cinco galeones -prosiguió Fred Weasley-. Selección básica de fuegos artificiales.

-Deflagración Deluxe, veinte galeones. Selección de lujo de fuegos artificiales -dijo George, mostrando un pequeño tubo de cartón-. Si se golpean con algún objeto, los fuegos causarán una gran explosión; y al aplicarles un hechizo desvanecedor se multiplicarán por diez más.

-Un momento… -cortó Draco, mirando los fuegos artificiales-. ¿Veinte galeones? Espero que por este precio valgan la pena.

Los gemelos asintieron sonrientes.

-¿Qué tan ruidosos? -preguntó Hermione.

-Mucho -respondieron los gemelos al mismo tiempo.

-Lo quiero -dijo Draco, con una sonrisa maligna. Hermione suspiró, ya suponía para qué los quería.

-Solo tenemos pocos, Malfoy -dijo George-. De estos no estamos ofreciendo. Planeábamos algo como: sombreros acéfalos, surtidos saltaclases o turrón sangranarices. Uno para cada uno a cambio de la información.

-No te los pedía gratis, pobretón -siseo Draco con seriedad-. A diferencia de ustedes, yo no vivo de la caridad. Estoy dispuesto a pagarte por un surtido de lujo.

Los gemelos miraron a Draco sorprendidos, ignorando el insulto.

-¿Estás seguro?

Draco hizo una mueca, chasqueando la lengua.

-Por supuesto -dijo-. Solo espero que sean tan buenos como dicen que son.

Hermione rodó los ojos. Allá él si quería meterse en problemas, se dijo mientras tomaba dos turrones sangranarices. Tal vez pudieran usarlo para saltarse la clase de McGonagall.

-Nos lo regalaron -dijo Hermione llamando la atención de los tres adolescentes-. El mapa, quiero decir -les recordó-. No voy a decirles quién, por que de eso no estábamos hablando -dijo rápidamente al ver las preguntas en los ojos de los gemelos-. Y sobre el encantamiento para abrirlo y cerrarlo a nuestro gusto…

-Ginevra Weasley fue la solución a nuestros problemas -dijo Draco, dejando salir una sonrisa maliciosa al ver la sorpresa de los pelirrojos-. Fue nuestra pequeña espía; ella trajo a nosotros la información que requeríamos.

-¿Ginny?

-¿Nuestra Ginny?

-Sí, la niña Weasley -Draco rodó los ojos-. ¿Cómo consiguieron el dinero para empezar sus experimentos? Estoy seguro de que su familia no tiene el suficiente para ayudarles -dijo, cambiando la conversación. Aún no se sentía cómodo con la traición de la pelirroja, era demasiado reciente.

-Apostamos en el Mundial de quidditch, pero el dinero se nos acabo hace una semana. Estamos esperado las apuestas del Torneo de los tres magos para seguir con nuestros experimentos -se sinceró George Weasley mientras Fred Weasley asentía con la cabeza, apoyándolo.

Draco admiró a los gemelos, luego a los productos que les habían mostrado. A regañadientes admitió que los pobretones tenían iniciativa. Tenían un gran futuro por delante en los negocios de las bromas, un futuro lleno de dinero si lograban llevar a la bancarrota a Zonko´s. Y con la novedad que estaban dispuestos a dar, de seguro lo lograban.

Era una oportunidad demasiado buena para desecharla. Una oportunidad que podía brindarle ingresos fuera de la fortuna Malfoy que su padre seguro le renegaría una vez que se fugara con Hermione. Bueno, fugarse no era la palabra. Pero de seguro lo desheredarían una vez que profesara su amor por la castaña fuera de las paredes de Hogwarts.

Su padre no haría preguntas sobre el dinero si se lo pedía en ese momento, así que podía aprovechar eso. Los gemelos prácticamente se estaban ofreciendo en bandeja de plata, plata Weasley, pero plata, a fin de cuentas.

-¿Cuánto? -preguntó Draco, cruzándose de brazos y recargando los mismos sobre la mesa de madera, fingiendo desinterés.

-¿Cuánto qué? -preguntaron los gemelos confundidos.

-¿Cuánto dinero necesitan? -y antes de que los gemelos pudieran mandarlo al demonio, Draco agregó-: Quiero unirme.

Eso los descolocó, era obvio. Empezaron a boquear como peces fuera del agua mientras Hermione le miraba de reojo, tal vez llegando a la misma conclusión de dinero y fama que vendría dentro de un par de años.

-No me refiero a crear productos o ser su conejillo de indias. Si no más bien como un asociado, alguien que invierte en su pequeño proyecto -prosiguió Draco, sacando de su estupefacción a los pelirrojos.

Se miraron entre ellos con una seriedad que no los caracterizaba, asintieron bruscamente y volvieron a mirar a Draco.

-¿Cuánto? -George le regresó la pregunta.

-Cuarenta por ciento de todo -dijo Draco, rascando su mandíbula con indiferencia y sin desviar la mirada.

-Veinticinco y la primicia de cada producto antes de que se lance al mercado -rebatió Fred.

-Treintaicinco -dijo Draco.

-¡Treinta! -apuntó George.

-¡Trato hecho! -siseo Draco, con una sonrisita de victoria en sus labios y tomando a los gemelos desprevenidos.

-¿Nos ha timado, Fred? -preguntó George, frunciendo el ceño al reparar en la sonrisa del rubio.

-Eso me parece, George -admitió Fred, mirando con desconfianza al Slytherin que solo se encogió de hombros.

-Lo hubiera hecho por el veinte -admitió Draco, haciendo reír a Hermione-. Bien -descruzó los brazos y se frotó las manos mirando los pucheros de los gemelos-. Quiero el contrato firmado hoy, preferiblemente uno vinculante.

-Pues ya qué -se quejó Fred.

-Así que… ¿cuánto necesitan para empezar? -preguntó Draco.


Noviembre, 20. 1994

Aula de Defensa Contra las Artes Oscuras.

15:00 p.m.

-¡ALERTA PERMANENTE! ¡ALERTA PERMANENTE! -los gritos furiosos de Ojoloco Moody se escuchaban inclusive fuera del aula.

Cada que un hechizo desvanecedor salía de la punta de su varita mágica, esos malditos fuegos artificiales parecían multiplicarse por diez. Cada vez que golpeaban en un objeto solo hacía que más salieran. Todo era un completo desastre.

Sus estudiantes de Gryffindor estaban agazapados bajo sus mesas, cubriéndose las cabezas con sus brazos sin despegar la mirada de su profesor, esperando que pudiera deshacerse del alboroto.

-¿Quién crees que haya hecho esto? -preguntó Neville a un lado de él. Harry soltó un largo suspiro, agachándose aun mas cuando un fuego artificial pasó entre su cabeza y el pupitre.

-No tengo idea, Neville -admitió el azabache-. Pero estoy seguro de que estará en terribles problemas una vez el profesor Moody se entere.

Primero su nombre en el cáliz de fuego y ahora unas explosiones multicolor inundaban el aula. Todo auguraba que no sería un buen año.


Mazmorras de Slytherin.

-¿De dónde demonios sacaste esos fuegos artificiales? -preguntó Blaise, jadeando y riendo como loco al mismo tiempo. Cuando Draco le había pedido (ordenado) que lo acompañara al aula de Defensa nunca creyó que su platinado amigo estuviera tan loco como para provocar aquel caos.

-Te diré… te diré después -respondió Draco, tratando de recuperar la respiración. Ambos adolescentes estaban recargándose sobre sus rodillas mientras daban largas respiraciones.

-Pues eso espero -rio Blaise, dándole una palmada en la espalda a su amigo-. Me gustaría lanzar un par de ellos a la sala común de Gryffindor.

-¿Y cómo planeas hacer eso? -preguntó Draco, enarcando una ceja-. Ni siquiera sabes dónde se encuentra la sala.

-No, pero por alguna ventana se podrá entrar -dijo Blaise con una sonrisa maligna-. Y si es en el dormitorio de la pelirroja, mejor.

Draco rodo los ojos.

-Ya sabrás tú -dijo el rubio, encaminándose ahora con más calma al aula de Pociones. El sonido de sus respiraciones eran los únicos ruidos que se podían escuchar por el pasillo. Blaise, como últimamente parecía hacer, había vuelto a sumirse en sus oscuros pensamientos sobre venganzas y traiciones. Draco, en cambio, solo quería llegar donde sus amigos para quitarse esa horrible sensación de que Ojoloco sabría quién fue el autor de aquella travesura.

Al dar la vuelta en el recodo, pudieron percibir a sus amigos fuera del aula de Pociones, esperando a que el profesor Snape llegara. Draco rápidamente tomo lugar a un lado de su mejor amiga, pasándole un brazo por encima de sus hombros y susurrándole algo en el oído que provocó una sonrisa de picardía en sus labios.

-¿Dónde se metieron? -preguntó Theo, recargado contra la fría pared de ladrillos.

-Por ahí -dijo Blaise, palmeándole el pecho al castaño para después pararse entre Daphne y Pansy. Sus orbes verdes recorrían los broches de su autoría puestos en las solapas de cada uno de los Slytherin. Inclusive Hermione traía puesto uno.

-Si estaban metiéndose en problemas…

-Nadie dijo nada de problemas, Theo -bufó Draco-. Sólo nos atrasamos un poco.

-Sí, ajá…

-Espero que nadie los haya visto, Draco -susurró Hermione después de unos segundos. Estaba recargada contra el costado del rubio y sus labios rozaban ligeramente el oído del chico.

Draco tragó con fuerza, deshaciéndose del escalofrío que le provocó tener así de cerca a la chica.

-No… no soy estúpido, Hermione -se forzó a decir, pero la mirada incrédula que le dedico la castaña le dio a entender que no le creía mucho.

Estuvieron bastante rato esperando al profesor Snape, preguntándose entre ellos la razón de su tardanza. Su jefe de casa no solía ser impuntual, así que esos quince minutos de retraso estaban empezando a poner los nervios de punta en los Slytherin hasta que vieron a los Gryffindor de su mismo año caminar hacia ellos.

-¿Se equivocaron de salón? -preguntó Pansy con diversión, sin perder detalle de las túnicas maltrechas de sus compañeros de grado ni los cabellos chamuscados de la mayoría de ellos.

-Tomaremos Pociones con ustedes -respondió Lavender Brown, caminando a la par de Parvati Patil. Si había alguien que le desagradara más que el trío entrometido eran aquellas chicas, Pansy de verdad no podía soportarlas.

-¿Se puede saber por qué? -preguntó Daphne lo más educada posible, mirándolos con una pizca de curiosidad. La única clase que compartían con los Gryffindor (fuera de Herbología y Encantamientos) era Adivinación. Aquella clase de la cual tuvieron que haber escuchado las advertencias por parte de Theo y los chicos.

-No es de tu incumbencia, Greengrass -espetó Weasley de mal humor. Había una gran mancha de hollín en su mejilla izquierda, donde lo había golpeado un fuego artificial.

Vincent y Gregory se adelantaron un paso, crujiendo los nudillos. Eran los chicos más altos de cuarto año, y desde que habían empezado a perder peso y ganar masa muscular gracias a su calentamiento en las mañanas (algo que sólo Hermione sabía fuera de sus compañeros de dormitorio), el papel de matones les quedaba como anillo al dedo.

Draco les chasqueo la lengua, deteniendo el andar de ambos Slytherin mientras él mantenía una sonrisa maliciosa en sus labios.

-No tienes porque ser tan borde, pobretón -siseo Draco, arrastrando las palabras con maldad. Las orejas de Weasley empezaron a tornarse rojas-. Daphne sólo hacia una pregunta. Mejor hubieras dicho que tu madre no te enseñó cómo comportarte ante las damas.

-¡Jódete, Malfoy! -gruñó Weasley, apretando sus manos en sendos puños.

Hermione rodó los ojos, ese chico era realmente predecible. Siempre saltaba ante la más pequeña provocación por parte de Draco.

-¿Qué, Potter? ¿Te gustan nuestros nuevos broches? -preguntó Blaise con malicia. Había estado al pendiente del chico dorado desde que aparecieron; viendo el momento exacto en que sus orbes verdes cayeron en los broches que portaban los Slytherin-. Pensé que ya los habías visto, todo el mundo los lleva –dijo, apretando el broche y haciendo que apareciera su rostro con su lema: POTTER APESTA.

-¿Te crees divertido? -preguntó Brown, con una voz demasiado aguda. Ella, como muchos otros Gryffindor, estaban del lado del azabache en el Torneo.

-¿Puedes bajar un poco el tono, Brown? -masculló Draco, tocándose ligeramente la cabeza-. Me estás dando dolor de cabeza; estoy seguro de que harías sentir a las banshee orgullosas.

La boca de Lavender Brown se abrió por completo con un gesto de indignación, sus mejillas enrojeciendo por la vergüenza gracias a las risitas despectivas de Pansy, Flora y Millicent.

-No la molestes, Draco -dijo Hermione, aún en la protección que le otorgaban los brazos del rubio-. Ella no te ha hecho nada.

-¡No pedí tu ayuda! -chilló Brown de vuelta, cada vez más roja del coraje.

-¿Podrías dejar de gritar? -preguntó Hermione, frunciendo ligeramente el ceño-. Todos aquí te oímos a la perfección.

-¡Déjala en paz! -salió Patil en su defensa, pero Brown la detuvo con un gesto de mano, mirando a Hermione con furia.

-¿Y tú podrías dejar de comportarte como si fueras una sangre pura de alta alcurnia? -preguntó, dando un paso hacia delante, envalentonada-. No eres más que una patética sangre sucia que tuvo la suerte de ser seleccionada a Slytherin. ¿Tú realmente crees que si no fuera así ellos te dirigirían la palabra? -dijo, despectiva-. Ni siquiera te darían una mirada.

Hermione apretó los labios con tanta fuerza que se volvieron blancos, podía sentir la tensión emanando del cuerpo de Draco al suyo.

-¡Retira tus palabras! -gritó Theo, sacando la varita de su túnica al mismo tiempo que Blaise, Gregory, Vincent, Pansy y Millicent. Sus orbes azules brillaban con intenso odio.

Los Gryffindor no se quedaron atrás, todos sacaron sus varitas y apuntaron hacia las serpientes.

-¿Por qué? ¿Por qué estoy diciendo la verdad? -preguntó Brown, apuntando con su varita mágica al rostro de Theo-. ¿O también se mienten entre serpientes?

Hermione jadeo, girándose hacia Draco y evitando que sacara su varita. El chico estaba igual de furioso que el resto de las serpientes.

-¡Cierra la boca! -siseo Daphne, temblando de pies a cabeza detrás de Millicent que había dado un paso al frente, cubriéndola a ella y a Flora.

-No lo creo -escupió Brown-. ¿O es que Granger no sabe cómo la llamabas cuándo íbamos en primero? "La pobre sangre sucia que viste de serpiente."

La mano de Theo tembló, girando la cabeza para mirar el rostro horrorizado de Daphne y la culpa en el de Millicent. ¿Era cierto?

-¡Expulso! -gritó Pansy, que había desviado su varita hacia Brown.

-¡Protego! -recitó Potter por encima del grito de Brown, rápidamente colocando una barrera frente a la chica.

-¡Quítate, Potter! ¡No es contigo! -escupió Pansy enojada. Podía sentir la mirada de Hermione sobre ella, preguntándole silenciosamente si lo que Brown decía era cierto y sabía que el rubor en sus mejillas la delataba. Eran unas chiquillas que solo repetían lo que les inculcaron.

-¡Es con todos si atacas a una de los nuestros! -defendió Weasley, que al igual que muchos, había desviado su blanco al rostro de porcelana de la Slytherin.

-¡Furnunculus! -bramó Gregory.

-¡Densaugeo! -gritó Finnigan en respuesta.

-¡Protego! -soltó Theo a tiempo, provocando que el hechizo de Finnigan se impactara contra la barrera mágica. Los Gryffindor, en cambio, no tuvieron tanta suerte. El hechizo de Gregory se había estrellado directamente en el rostro de Lavender Brown.

Brown chilló y se llevó las manos a la nariz donde le brotaban en aquel momento unos forúnculos grandes y feos.

-¡Lavender! -jadeo Patil, mirando asqueada a la rubia.

-¿A qué viene todo este ruido? -preguntó una voz baja y apagada. La silueta del profesor Snape empezó a formarse, del lado contrario de donde habían aparecido los leones.

Los Gryffindor empezaron a explicarse a gritos, pero el profesor Snape los ignoró deliberadamente mirando a Draco que aún era retenido por una muy pálida Hermione.

-¿Qué pasó? -exigió.

-Brown llamó sangre sucia a Hermione, señor -respondió Draco, pero sus ojos estaban puestos sobre las féminas de su casa. Theo, Blaise, Vincent y Gregory habían bajado sus varitas, pero los dos primeros (que habían estado parados entre ellas) se apartaron de las cuatro chicas como si quemaran, mascullando maldiciones por debajo y disparado miradas envenenadas a sus compañeras.

-¡Goyle le lanzó un hechizo a Lavender! -gritó Weasley, saliendo en defensa de Brown.

El profesor Snape miró la cara de Lavender Brown, donde varios forúnculos grandes y feos estaban en toda ella.

-Yo la veo igual -dijo, tajante.

-¡Profesor! -chilló Brown.

-Cincuenta puntos menos para Gryffindor -demandó el profesor Snape.

-¿Y eso por qué? -preguntó Potter, completamente furioso.

-Por haber denigrado a su compañera de esa manera -dijo el profesor Snape, mirando a Potter con un odio que solo designaba para él-. Puede que la señorita Granger no sea una sangre pura como la mayoría de ustedes, pero es mucho más valiosa que todos juntos.

Hermione miró a su mentor, sorbiéndose la nariz con poca elegancia y los ojos brillosos por las lágrimas sin derramar. Supo desde ese momento que, irrevocablemente, adoraba al profesor Snape con su alma. Nunca nadie la había defendido de aquella manera, ignorando en su totalidad el origen de su sangre.

-Ahora, señor Longbottom lleve a su compañera a la enfermería y todos entren a clase -dictó el profesor Snape, ondeando su capa al darse la vuelta y caminar hacia su aula. Abrió la puerta y se dirigió hacia la pizarra.

Draco recogió su mochila del suelo junto a la de su amiga y, aun sosteniéndola por los hombros, entraron detrás del profesor Snape. Pansy y Daphne rápidamente les habían dado alcance, pero las palabras de disculpa que estaban a punto de soltar se cortaron de tajo al recibir la fría mirada del platinado.

-Retrocedan -advirtió, sin dejar que se acercaran más a Hermione.

-Puedo explicarlo… -susurró Pansy en voz muy baja, viendo las espaldas de ambos chicos. De repente trastabilló un paso, siendo golpeada en el hombro por un brazo más fuerte que el suyo. Vincent le dedico una mueca de desprecio total mientras Gregory las fulminaba con la mirada; Blaise y Theo no tardaron en hacer lo mismo con Daphne.

-Me siento como una mierda -dijo Millicent cuando se paró detrás suyo, percibiendo el enojo en la otra mitad de su grupo de amigos.

Flora asintió.

-No creo que vayan a perdonarnos.


Noviembre, 24. 1994

Prado de Hogwarts.

11:09 a.m.

Finalmente, Harry ha hallado el amor en Hogwarts: Collin Creevey, íntimo amigo, asegura que a Harry raramente se le ve sin la compañía de una tal Ginevra Weasley, una muchacha de sorprendente belleza, sangre limpia y que, como Harry, pertenece a la casa de Gryffindor.

-Este artículo apesta -dijo Theo, doblando la copia de "El profeta". La portada mostraba a los cuatro campeones del torneo. Había salido esa mañana y todo el colegio ya lo había leído, algunos más de una vez.

-¿Potter en serio llorará por su madre en las noches? -preguntó Vincent, escribiendo en un pergamino con Gregory junto a él, intentando copiar las anotaciones. Se había hecho un hábito que ambos chicos acompañaran a Hermione a la biblioteca desde que la castaña se dedicaba a ignorar a sus amigas, inclusive había tomado la drástica decisión de dormir en el dormitorio de sus amigos, para el inconveniente de Blaise que había tenido que ceder su cama.

Y había veces, como en esa ocasión, que se sentaban bajó la sombra de aquel grueso árbol para no encontrarse con las otras Slytherin. Ya había nieve sobre la hierba verde, pero gracias a un hechizo impermeable y de calefacción los seis Slytherin se mantenían en un agradable entorno, siendo ignorante a la brisa helada que provocaba la ausencia del resto de la población estudiantil que no quería sucumbir a los fríos.

Theo había dejado a un lado su ejemplar de "El resplandor" por Stephen King, (un autor muggle que empezaba a fascinar al castaño) para poder leer el artículo que causaba tanto malestar en su moreno amigo. Blaise, en cambio, hacia arañazos con una rama sobre la nieve, logrando llegar al pasto y arrancarlo en un ataque de furia.

Draco mantenía su atención en una carta que le había llego esa mañana con una "W" en el sello. El rubio se había negado a dar explicaciones, pero había mantenido una conversación a murmullos con Hermione. Había provocado curiosidad entre sus amigos, por que en vez de acompañar a la castaña (como usualmente hacía) a todos lados, solía desaparecerse por dos o tres horas. Y cuando llegaba, su ropa estaba arrugada y su cabello alborotado como al salir del aula de Pociones. Pero cuando Blaise le preguntó al profesor Snape, él negó haber visto a Draco fuera de horas; claro, a menos que fueran los viernes cuando todos tenían sus clases de Oclumancia y Legeremancia.

Lo que traía otro dolor de cabeza entre el grupo de amigos. Habían estado progresando en Oclumancia. Draco había demostrado ser un Oclumente nato al igual que Vincent, para sorpresa de todos. Por lo visto eran capaces de mantener sus cabezas en blanco durante el asalto, aunque construir barreras para impedir la entrada, como a todos, les estaba costando. Sobre todo, a Theo que había demostrado ser el más endeble de ellos.

Y en la contra parte, habían dado la batalla como perdida en Legeremancia. Bueno, todos excepto Draco que, al igual que la Oclumancia, se le daba natural lo que provocó cierta molestia en Hermione. No le molestaba que Draco fuera mejor que ella, le molestaba no poder tener la mente para controlar la Legeremancia.

-Espero que no, por que si fuera así me sentiría muy mal por burlarnos de él -masculló Draco, guardando la carta dentro del bolsillo interior de su túnica, junto al Mapa del merodeador.

-¿En serio? -preguntó Blaise enarcando una ceja con incredulidad, dejando por el momento la tierra en paz.

-No.

-Draco…

-Oh, vamos, Hermione. Estoy bromeando.

-Tú no te puedes tomar nada en serio.

-Te tomo a ti en serio.

-Oh, ya para -dijo Hermione, rodando los ojos.

-¿En serio Potter andará con la mini Weasley? -preguntó Gregory soltando un suspiro de cansancio. Soltó la pluma con la que escribía y empezó a sobar su muñeca adolorida.

-¿Y qué si andan? -siseo Blaise, volviendo a enterrar la rama en la tierra-. Son tal para cual.

Theo alzó las cejas ante la respuesta del moreno. Estaba casi seguro, como al resto de sus amigos, que Blaise estaba interesado en la Weasley. No era solo el ataque a traición, que cada vez que lo recordaba lo hacía bullir en furia si no también el artículo de esa mañana, que había provocado que insultara a más de un alumno. Inclusive dentro de Slytherin.

-¡BLAISE ZABINI!

El grito de Ginny Weasley pareció retumbar en el viento. La pelirroja caminaba hacia ellos con un aura de enojo envuelta a su alrededor, haciendo que Blaise enderezara la espalda, entrecerrando los ojos hacia la chica. Su cabello rojizo se agitaba con el violento debido a las ráfagas de aire que azotaban su rostro; llevaba la camisa blanca arremangada hasta los codos y tenía los dos primeros botones desabrochados con su corbata roja y dorada colgando floja de su cuello. Apretaba los manos en puños a sus lados y pisoteaba con fuerza, ignorante de la fría atmosfera.

Blaise tragó con fuerza, reprimiendo el escalofrío que le provocó verla de aquella manera.

-¡Vaya! ¡Weasley nos complace con su presencia! -siseo Draco, arrastrando las palabras con chulería.

Ginny Weasley llegó hasta ellos, mirando a cada uno con cierta incertidumbre, pero cuando sus ojos se toparon con los de Blaise le dirigió una mirada letal. Metió la mano en el bolsillo de su falda y sacó un broche muggle que lanzó al chico.

El broche retobó contra su pecho y cayó en el espacio entre sus piernas, justo donde la tierra estaba removida. El moreno le dirigió una corta mirada a la cara de Harry Potter y resopló divertido.

-¿Necesitas algo, Ginevra? -preguntó Blaise con una sonrisa ladina y una ceja alzada con fingida curiosidad.

-¡No te hagas el idiota conmigo, Zabini! –espetó Ginny.

Blaise volvió a resoplar, cada vez más divertido. Todos los Weasley tenía una actitud muy explosiva.

-¿En qué me estoy haciendo el idiota si se puede saber? -preguntó-. Por que la verdad no entiendo el espectáculo que estás dando.

-¿El espectáculo que estoy dando? -siseo Ginny con molestia-. ¡Es tu espectáculo el que está en boca de todos! ¡Humillaste a Harry! ¡Y no mientas porque sé que fuiste tú!

-¡Así que todo esto es por el gran Harry Potter, el maldito salvador del mundo mágico! El-niño-que-vivió -se mofó Blaise desdeñosamente-. ¿Es cierto que están saliendo? ¿Todo lo que dice Skeeter sobre Potter es verdad? -preguntó con indiferencia, aunque el tono no convenció a sus amigos.

-Si es así no es de tu incumbencia, Blaise. -dijo Ginny, sus mejillas estaban rojas- Déjalo en paz.

-Oh, principessa -rio Blaise con falsedad-. Algún día, cuando el idiota de Weasley-Weasel y el inútil de Longbottom-squib vuelvan a hablarle, se olvidará de ti. Te botará, linda.

-Eso tampoco es tu asunto –respondió la pelirroja, aunque el destello de incertidumbre en sus ojos lo captaron a la perfección.

-Tal vez no -admitió Blaise encogiéndose de hombros-. Solo estoy tratando de explicar que cuando Potter te de una pata en el trasero, que lo hará -cortó cuando la vio dispuesta a interrumpirlo-. Nosotros… -tomó la rama de madera y señaló desde Draco hasta él-… nos estaremos riendo en tu cara de hipogrifo degollado, ¿y sabes por qué? -pudo admirar como Ginny fruncía la boca, mirándolo desafiante-. Porque nos traicionaste. A nosotros, tus amigos. Todo por un chico que nunca te va a mirar de otra manera -siseo-. ¿En serio, Weasley? ¿Harry Potter? ¿El niño que venció a Lord oscuro va a fijarse en una pobretona sin chiste alguno como tú? -preguntó con crueldad y una sonrisa maligna al ver los ojos de Ginny brillar-. No me hagas reír.

-Fue suficiente, Blaise -atajó Draco sin dejar de mirar a Ginny Weasley-. Será mejor que te marches, Weasley. Como verás, ya no eres bienvenida aquí.

Ginny Weasley, dándoles una última mirada de dolor y enojo, se dio la vuelta y regresó por donde había llegado. Con la cara inclinada hacia el suelo y los hombros decaídos.

-Eso fue cruel, Blaise -dijo Theo, mirando con cierta curiosidad al moreno.

-Es la verdad -respondió el chico, recogiendo el broche y guardándolo en su bolsillo-. He visto como Potter mira a Cho Chang.

-¿La bonita buscadora de Ravenclaw? -preguntó Gregory, sorprendido. Blaise asintió.

-Solo estaba haciéndole un favor.

-¿Rompiéndole el corazón? -se burló Vincent.

-Abriéndole los ojos -rectificó el moreno-. El profesor Snape vestirá de rosa antes de que Potter por fin le de una mirada de verdad a Ginny. Es todo.


Noviembre, 27. 1994

Biblioteca de Hogwarts.

17:59 p.m.

No tardó más de diez segundos en darse cuenta de que alguien la estaba mirando, podía sentir la pesada mirada que provocaba un cosquilleo en su nuca y se preguntó momentáneamente si Pansy había vuelto a buscarla para tratar de arreglar las cosas, pero cuando levantó la vista del libro que estaba leyendo se encontró con la mirada de Viktor Krum, parado en el mismo lugar que tres semanas atrás. Cuando se vio pillado, el búlgaro desvió rápidamente la mirada y fingió prestar atención al libro que tenía en las manos.

Hermione soltó un largo suspiro.

-Chicos, iré a buscar otro libro sobre permutación -les avisó la castaña, pero tanto Vincent como Gregory estaban demasiado ensimismados en sus apuntes de Encantamientos. Hermione sonrió ligeramente, aliviada de que los dos chicos por fin se tomaran en serio las asignaturas, ahora solo faltaba Blaise.

Echó la silla para atrás, arrastrando un poco las patas de esta, pero ni así repararon en ella. Hermione caminó hacia donde el búlgaro estaba parado, tratando de aparentar atención total en las páginas del libro.

-Hola, Viktor -saludó Hermione, volviendo a tomarlo por sorpresa. El chico dio un pequeño respingo antes de colocar sus oscuros ojos en la Slytherin.

-Herrrmion -dijo Krum, acompañado con un asentimiento de cabeza.

-Hermione -corrió Hermione de inmediato-. ¿Estas buscando algún libro en especial? Puedo ayudarte -ofreció.

Krum hizo una mueca y miró hacia otro lado, rascándose la barbilla mientras regresaba el libro a la estantería de donde lo había tomado.

-Si… ¿sabrrras dónde quedan los librrros sobrrre drrragones? -preguntó, volviendo, una vez más, su mirada sobre ella.

-Sí, por supuesto -admitió Hermione-. Sígueme -pidió, encaminándose hacia la sección de Criaturas Mágicas-. ¿Buscas algún dragón en especifico o en general? -indagó, inclinando su cabeza para poder ver al búlgaro que caminaba a su derecha.

-Drrragones en generrral -respondió Krum, y por un segundo a Hermione le pareció ver un destello de pánico en sus oscuros ojos.

-Muuuy bien -dijo, llegando a la parte que buscaba-. Theo tiene una pequeña obsesión con los dragones, solía hacernos venir aquí todo el tiempo cuando íbamos en segundo -recordó, estirándose para tomar un tomo grueso de pasta roja. "La guía de los dragones" escrito en doradas letras-. Toma -le puso el pesado libro en las manos, pero el chico no pareció reparar en su peso.

-Grrracias.

-No hay de qué -sonrió Hermione-. Buena suerte en la primera prueba -deseo, recibiendo otro asentimiento de cabeza brusco. Hermione se giró sobre sus talones y regresó a su mesa, donde ya estaba Draco sentado, mascullando en voz baja y con la camisa desarreglada.

-Malditos Weasley locos -lo escuchó murmurar al sentarse a su lado.

-Tú solito te metiste en ello, Draco.

El platinado puso los ojos en blanco.

-Bueno, ya que por el momento tú no haces mucho -reprochó-. Yo necesito administrar nuestro patrimonio.

-¿Nuestro? -Hermione enarcó una ceja, muy confundida.

-Sí -respondió Draco, como si fuera obvio-. Una vez que les diga a mis padres que vamos a casarnos, posiblemente me deshereden.

Hermione rodó los ojos.

-¿Y planeas que vivamos del dinero de los Weasley? -se burló, volviendo a sus deberes.

-Bueno, por algo se empieza.


Noviembre, 30. 1994

Tribuna de Slytherin.

Torneo de los tres magos (y Potter): Primera prueba.

15:01 p.m.

El campo de quidditch había sido ambientado para la primera prueba del Torneo de los tres magos y Potter, como usualmente se refería Blaise. La superficie era rocosa e inestable, con un gran huevo de oro al centro y el dragón más majestuoso que Hermione había visto nunca en su vida: un hocicorto sueco de color azul plateado.

¿Krum sabía que su primera prueba serían dragones?

-¡Joder con el Ministerio! -exclamó Theo, pero sus ojos brillaban con un nerviosismo excitante-. ¡Trajeron dragones!

-Bájate de tu nube, fratello -se burló Blaise, recargado contra el barandal de la tribuna para poder ver mejor a la bestia.

-Realmente son dragones -se dijo Hermione, envuelta en una gruesa bufanda de franjas verdes y plateadas.

-El Ministerio se volvió loco -dijo Draco como toda respuesta.

-¡Hagan sus apuestas! -la voz de Fred Weasley se coló por la tribuna de las serpientes. Los chicos se dieron la vuelta, sorprendidos de verlos parados ahí entre ellos. Varios Slytherin les lanzaron miradas hoscas a los gemelos, y los estudiantes de Durmstrang con los que compartían tribuna, miraron confundidos a los pelirrojos.

-¿Apuestas? -preguntó Adrian, parados dos escalones por encima de los gemelos-. ¿Apostar sobre qué?

-Quien vive, quien mure, quien lo hace en mejor tiempo -respondió George con voz cantarina-. Si alguien pierde un miembro.

Hermione estrechó los ojos, mirándolos con desconfianza. ¿Ya se les había acabado el dinero que Draco les dio? Estaba seguro de que el rubio recibía grandes cantidades de dinero cada domingo, así que… ¿qué demonios estaban haciendo?

-Eso es cruel -dijo Millicent, llamando la atención de los gemelos-. ¿Realmente le están deseando la muerte a Potter?

George se encogió de hombros ante toda respuesta.

-Los Hufflepuff crearon la categoría, ¿quién lo diría? -apoyó Fred.

Hubo un tenso e incómodo silencio, y Hermione estuvo segura de que alcanzó a percibir como Draco le daba un codazo a Blaise.

-Cinco galeones a que Potter sale con alguna quemadura –dijo Blaise, mirando enfurruñado a Draco mientras se sobaba las costillas.

-¿Sólo una quemadura? -preguntó Joe King, de quinto año. Al igual que el resto de los Slytherin, estaba muy atento entre el intercambio de los pobretones y el grupo de Draco. Y como ni Elena ni Owen habían dicho algo…

-Por supuesto -bufó Blaise, mirando a Joe como si fuera idiota-. ¿Crees que el viejo loco de Dumbledore dejaría que el chico dorado muriera por culpa de un dragón?

-Tiene un punto –dijo William Sayre, de séptimo año parado junto a Owen.

-Diggory quedará en primer lugar, Krum segundo y Delacour en tercero -continuo Blaise, sacando varias monedas de oro de sus bolsillos-. Cinco galeones por cada elección -dijo, dejando caer los galeones en las palmas de los gemelos. Después de aquello, los estudiantes de Slytherin empezaron a lanzar apuestas hacia los pelirrojos, con la muerte de algún campeón como deseo.


Mazmorras de Slytherin.

Dormitorios.

22:22 p.m.

-Hermione, dile a tu maldito gato que se baje de mi cama -siseo Theo, empujando a la bestia con su varita, pero Crookshanks solo se dedicó a maullar y restregarse más en la colcha.

-Crookshanks baja de ahí -ordenó Hermione sin mucha convicción, trenzando su largo cabello mientras se encontraba sentada en la cama de Blaise, lista para tomar un descanso merecido.

-No puedo creer que Potter haya quedado empatado en primer lugar junto a Krum -dijo Blaise, bastante molesto mientras acomodaba sus cobijas en el diván negro cercano a la chimenea-. El muy imbécil me hizo perder diez galeones -masculló, golpeando con los puños su almohada de plumas.

-Tú fuiste quién apostó -se burló Vincent, soltando un largo suspiro de cansancio, pero aún así siguió haciendo anotaciones en su pergamino. Le servirían para el examen semanal que solía hacerles el profesor Flitwick.

-Odio al idiota -siguió escupiendo Blaise, acostándose bajo las mantas.

-Sí, ya lo habíamos escuchado -respondió Gregory, con sus ojos puestos en un libro de Pociones y una manzana a medio masticar en su mano.

-¿Desde cuándo soy el único idiota en nuestro grupo? -preguntó el moreno, sin perderse detalle alguno entre los dos chicos.

-Desde inicios de este año -se burló Draco, mirando con una sonrisita a Hermione. La chica reparó en su atención, rodando los ojos con fingido fastidio mientras seguía trenzando su cabello, pero un ligero sonrojo creció en sus mejillas.

-Uggg -dijo Blaise, cruzándose de brazos y mirando asqueado al rubio-. Parece que no soy el único -murmuró justo cuando Crookshanks (que ante tanta insistencia del castaño se había bajado de su cama) saltaba sobre el pecho de Blaise y se enroscaba pare seguir durmiendo. El moreno acarició ligeramente bajo las orejas del gatuno y siguió maldiciendo su suerte.


Diciembre, 04. 1994

Gran Comedor.

7:46 a.m.

-Krum otra vez está mirando hacia acá -la voz de Pansy hizo que Hermione desviara su atención del croissant que miraba tan fijamente. Los orbes marrones chocaron con los azules que la veían con infinita tristeza y arrepentimiento.

No la había escuchado llegar, ni a ella ni a Daphne que estaba parada junto a la pelinegra. Con Flora y Millicent paradas detrás suyo.

Hermione soltó un largo suspiro y dejó el pan sobre el platillo, limpiándose los dedos en la servilleta de tela. Los chicos habían estado muy cansados por el largo entrenamiento de Oclumancia, así que habían rechazado su invitación para desayunar y habían optado por quedarse a dormir un rato más.

Dejando a Hermione sola a merced de sus excompañeras de habitación.

-Bien, las escucho -dijo Hermione, muy abatida. Ni siquiera quiso mirar si era cierto que Krum otra vez estaba viéndola. Necesitaba arreglar el asunto con las chicas, y ahora que la mayoría de los Slytherin preferían mantenerse bajo sus cobijas calientes, era el mejor momento.

Las cuatro chicas rápidamente tomaron asiento frente a ella y la miraron con diferentes grados de pena.

-Lo siento mucho -Daphne fue la primera en disculparse-. Sé que una disculpa posiblemente no arregle nada, pero quiero dártela -dijo-. Ni Flora, Millicent o Pansy tienen algo que ver, era yo quien se la pasaba maldiciendo por la vida… es por eso… por lo que…

-Durante el primer año no se juntaban conmigo –completó Hermione al ver como a Daphne se le rompía la voz y unas lágrimas se le escurrían por las mejillas.

-Sí -admitió Daphne, muy avergonzada-. Y no tienes idea cuanto lo siento -expresó-. Pansy fue quien hizo que cambiara de opinión. Mis padres, ellos…

-Son como los Malfoy.

-Sí -volvió a admitir-. Aún sigo sin entender cómo es que Draco pudo aceptarlo tan fácilmente… lo siento.

-Eso es porque Draco tiene un enamoramiento por Hermione desde antes de entrar a Hogwarts -respondió Pansy, rodando los ojos-. Dinos, ¿qué le hiciste durante el viaje en tren? ¿Cómo lo hechizaste? Porque necesito algo así para Adrian.

Hermione, contra todo pronóstico, rio ante las palabras de Pansy. Muy en el fondo, sabía que esas chicas no tenían culpa por cómo habían sido criadas, pero le había dolido saber que mientras le sonreían en el dormitorio, fuera de él hablaran así de ella.

-No lo sé -admitió Hermione, dejando de reírse mientras pasaba su larga melena detrás de su hombro-. Cuando me entere, serás la primera a quien se lo cuente.

-¡Gracias a Salazar! -se mofó Millicent-. Así va a dejar de molestar tanto con Pucey -dijo, haciendo que Flora asintiera repetidas veces.

-¿Qué tal están los croissant? ¿Tan decentes como siempre? -preguntó Pansy, robando rápidamente el panecillo de los dominios de Hermione.

-¡Oye! -reprendió la castaña, pero no pudo tomarlo de vuelta-. ¡Consíguete el tuyo! -se quejó, admitiendo su derrota unos segundos más tarde cuando Pansy le dio una gran mordida el croissant y alzaba las cejas con picardía.

Las cuatro chicas rieron ante las payasadas de Pansy antes de que una sombra cayera sobre ellas. Hermione, a diferencia de las otras Slytherin que tuvieron que girarse en sus asientos, pudo ver de frente a Viktor Krum que tenía el ceño ligeramente fruncido.

Bueno, la verdad, es que siempre parecía estar enojado con la vida.

-Viktor -saludó Hermione alegremente.

-Herrrrmion -dijo Krum-. ¿Pudo tenerrr un segundo contigo?

Las cabelleras volaron cuando Daphne, Millicent, Pansy y Flora se giraron hacia Hermione, todas con diferentes gestos de incredulidad y emoción. Sus ojos brillando por los escenarios que ya se estaban imaginando.

Hermione rodó los ojos, pero aun así se levantó.

-Por supuesto -dijo, saliendo del banco y caminando hacia la entrada del Gran Comedor, tratando de adquirir un poco de privacidad. Cuando llegaron a la puerta, Hermione se cruzó de brazos y miró expectativa al chico.

Krum carraspeó un poco, parecía bastante incómodo mientras pasaba una mano distraídamente por su cabello.

-Querrrria saberrr si tú… -tragó Krum, sintiendo sus palmas sudar-. Si tú querrrias irrr al baile de Navidad conmigo -pidió.

Hermione parpadeó repetidas veces, Krum la había tomado por sorpresa. El profesor Snape les había mencionado el baile que se llevaría en Navidad para los alumnos de las tres escuelas, y que gracias a que Potter estaba en el torneo, los estudiantes de cuarto año en adelante podían asistir. Hermione había supuesto que iría con Draco, como parecía ser bastante obvio para todos.

Pero, como siempre, Draco no preguntó. Solo asumió… así que tal vez esta era su oportunidad de darle una sacudida al platinado.

-Me encantaría -soltó Hermione, sonriendo radiantemente. Pudo percibir que Krum había empezado a ponerse bastante nervioso con su silencio, pero cuando la chica le dio una respuesta afirmativa soltó un largo suspiro y, por primera vez desde que lo vio, el chico le regaló una sonrisa.

Era bastante tierno, admitió.


Diciembre, 15. 1994.

Aula de Pociones.

23:03 p.m.

Las imágenes se repetían constantemente en su cabeza, siendo obligado a presenciar una vez más como la delicada mano de su madre se escapaba de entre sus pequeños dedos, como soltaba su último suspiro agonizante antes de que sus ojos se pusieran blancos y la vida se escapara de ella. Podía sentir la desesperación volver a invadir sus sentidos mientras trataba de aferrarse con sus flacos brazos al cuello delgado de su mamá y como su papá trataba de alejarlo del cadáver, tratando de tranquilizarlo, pero los sollozos de Theo eran tan estridentes y desgarradores que su padre no tuvo más opción que dejarlo ir, dejando que volviera a acurrucarse contra el cuerpo sin vida de su mamá.

En seguida fue expulsado como si de un sueño se tratase y se dejó caer sobre sus rodillas temblorosas, sintiendo las lágrimas contra sus mejillas, el sabor salado de ellas. Mirando hacía delante pudo ver el sudoroso rostro de Draco, sus mejillas arreboladas y la camisa desarreglada.

Su varita mágica lo apuntaba con firmeza.

-Creo… que es suficiente por hoy… -dijo el platinado, y sin esperar la respuesta de Theo, se dejó caer sobre su trasero. Soltaba suspiros cansados cada pocos segundos mientras se pasaba el brazo por la frente, tratando de limpiar un poco de su sudor.

El profesor Snape los miró desde su escritorio, desviando la mirada con cierta pena del rostro descompuesto del castaño. Había dejado que los chicos se enfrentaran con ellos, con Draco como Legeremente.

Blaise había sido el primero en caer, su barrera había sido bastante frágil para la mente aguda del rubio. Draco ni siquiera le había dado tiempo a Gregory para prepararse cuando fue a por él, ni a Hermione cuando su respiración ya empezaba a mostrar lo difícil que fue invadir dos mentes distintas. Cuando por fin había llegado a Vincent, los dos Slytherin se batieron en una intensa contienda hasta que Draco se vio obligado a retroceder para poder intentar con Theo.

El castaño, como siempre, había sido más fácil de leer. Aún seguía preguntándose si debía seguir intentándolo, pero Theo demostraba que era bastante terco. Si sus amigos lo intentaban, también lo haría él… sin importar cuantos dolores de cabeza les provocara.

-Me va a explotar la cabeza -murmuró Blaise por encima del vaso con agua que sostenía. El también la estaba teniendo un poco difícil para ignorar a Theo-. Y eso que solo fue el inútil de Draco quien me atacó.

-Jódete -siseo el rubio, su pecho subía y bajaba con fuerza. Hermione se arrastró en sus rodillas hasta que llegó a la espalda del rubio. Draco se dejó caer contra su pecho y dejó que Hermione empezara a rastrillar con sus uñas su cabeza, soltando un suspiro de agradecimiento.

-Están progresando -admitió el profesor Snape, reparando en los distintos niveles de agotamiento que mostraban los seis chicos, pero las sonrisas que recibió a cambio hicieron que su preocupación bajara un poco-. ¿Me dice Eleanor que te está ayudando con el baile? -preguntó a Hermione, tratado de darle un poco de tiempo a Theo para recuperarse.

Hermione asintió.

-Sí -respondió, sintiendo a Draco casi ronronear contra su pecho-. Me está dando clases de baile y me ayudó a escoger mi vestido para el baile.

-¿Qué color? -preguntó Draco, con los ojos cerrados y una sonrisa tranquila en sus labios.

-Es una sorpresa -evadió Hermione.

Draco frunció el ceño aún con los ojos cerrados, inclinando ligeramente la cabeza y haciendo que Hermione detuviera sus caricias.

-Hermione -dijo-. Tengo que saber el color si quieres que mi corbata combine.

-Mmm… no recuerdo que me hayas preguntado ir al baile, Draco.

La despectiva voz de Hermione hizo que los hombros de Draco se tensaran. Abrió los ojos con sorpresa y alejándose de la chica, se giró para poder mirarla de frente. Sentándose con la espalda recta.

-¿Es broma? -enarcó una ceja-. Sabías que iríamos al baile juntos.

-No, oh… -negó Hermione, tratando de no dejar ver su incomodidad-. Nunca preguntaste.

-No tenía por qué preguntar.

-Ahh… yo creo que sí -interrumpió Blaise, después de beber un gran sorbo de agua y sin darse cuenta de la tensión en el ambiente-. Debes preguntar, no asumir, fratello.

Draco lo fulminó con la mirada antes de volver a mirar a Hermione.

-¿Quieres ir al baile conmigo? -preguntó, ligeramente molesto.

-No.

Esa respuesta no se la había esperado ni el profesor Snape, que se tambaleo un poco mientras recogía los pergaminos que había estado calificando durante esa sesión de Oclumancia. Los cinco pares de ojos cayeron sobre la pareja.

-¿Disculpa? -Draco frunció la nariz-. ¿Estás molesta por qué no pregunte antes? ¿Es por lo que me estás diciendo que no?

-No, te estoy diciendo que no porque ya tengo con quien ir -dijo Hermione, como si aquella respuesta fuera sencilla. Fácil.

-¿Qué? -el rostro de Draco se descompuso en celos-. ¿Quién?

-Draco, no creo que… -intentó interrumpir Theo.

-Viktor Krum -respondió Hermione, ignorando a Theo.

Los ojos grises de Draco parecieron refulgir con enojo mientras sus labios se descomponían en una mueca de desprecio total. Su ceño se frunció con ira y sus manos se apretaron en puños. Podía sentir un amargo sabor bajar por su garganta y asentarse como una piedra en su estómago mientras veía a Hermione comportarse como si el hecho de salir con Krum no fuera la gran cosa.

Como si él no hubiera estado declarando sus intenciones cada momento. Cortejándola.

-Mierda -escuchó decir a Vincent como si fuera una voz muy lejana, tratando de hacerse oír por encima de su furia.

Cerró los ojos e inhaló repetidas veces tratando de calmarse, y sin darle otra mirada más a Hermione se levantó con prisa y salió furioso del aula de Pociones, dejando a sus amigos en un incomodo y muy tenso silencio.

-Uhmm… -tragó Blaise, mirando hacia el rostro avergonzado de Hermione-. Creo que, por primera vez, lo has echado a perder con Draco.

-¡Blaise! -chistó Theo, viendo como Hermione trataba de parpadear las lágrimas ante el estallido de Draco.

-¿Qué? -Blaise se encogió de hombros con fingida indiferencia-. Ella sabe que es la verdad.

El profesor Snape, a unos pasos de ellos, negó con la cabeza. A veces se le olvidaba que sus niños ya no eran niños y que las hormonas empezaban a alborotarlos. Solo esperaba que todo se aligerara en un par de días.


Sala de Menesteres.

Diciembre, 17. 1994

17:21 p.m.

-¡Carajo! -maldijo Draco, apretado con fuerza su mano contra su pecho. El nuevo producto de los Weasley parecía funcionar bien: el libro mordedor no era tan salvaje como el Monstruoso libro de los monstruos, pero dolía bastante.

-¿Estás bien, Draco? -preguntó Fred Weasley, dejando de revolver la pociones en el caldero para poder prestar atención al rubio malhumorado.

-No te detengas, idiota. La poción debe estar en constante movimiento -dijo Draco, sacando su varita y empujando el endemoniado libro lejos de él, casi hasta la otra esquina de la mesa.

George miró a Fred, ambos bastante sorprendidos. Ya habían superado con creces el tratamiento hostil entre ellos, pero desde hacía más de cinco días Draco había vuelto a sus usuales comentarios hirientes y su lengua afilada.

-Hermano, alguien está de mal humor -dijo George, caminando hasta tomar asiento al lado del rubio.

-Sí, ya me di cuenta -dijo Fred, dejando el caldero y tomando siento frente a los dos chicos.

-¿Qué? -masculló Draco, el ceño profundamente arrugado.

-¿Esto tiene que ver con Hermione? -preguntó George, recordando que el príncipe ya no seguía a todos lados a su princesa.

Draco resopló, sintiendo la permanente tensión en los hombros.

-Por lo visto sí, hermano -dijo Fred, enarcando las cejas con sorpresa.

-Métanse en sus propios asuntos, pobretones -espetó Draco, enojado.

-Totalmente -dijo George, preguntándose qué habrá hecho Hermione para enojar al rubio.

-Déjame adivinar, ¿irá con alguien más al baile de Navidad? -preguntó Fred, más despierto que su hermano.

Draco gruñó.

-Vamos bien, hermano -añadió George-. ¿Te rechazó? -Draco volvió a gruñir.

-Vaya… -chifló Fred, mirando el rostro ensombrecido del platinado-. ¿Con quién irá?

-Viktor Krum -soltó, como si de un insulto se tratase. ¿Cuándo había empezado a frecuentar al búlgaro?

Los ojos de Fred y George se abrieron como platos.

-¿Krum? ¿Cómo Viktor Krum? -balbuceó Fred.

-¿El buscador de Bulgaria? -jadeo George.

-¿Uno de los cuatro campeones? -gimió Fred.

-¿Un maestro en el quidditch? -siguió George.

-¿Un fenómeno a su corta edad? -prosiguió Fred.

-¡YA ENTENDÍ! -gritó Draco, con las mejillas rojas del enojo-. ¡Sangre limpia y el mejor buscador de quidditch en el mundo! ¡El prospecto perfecto para ganar el Torneo de los tres magos y Potter! ¡Sí! ¡Con ese idiota irá al baile! ¡Todo porque asumí que iría conmigo! -siseo, parándose de su asiento. La silla, gracias a la brusquedad, cayó con un golpe seco al piso-. ¡Porque creí que sentía lo mismo que yo, pero no es así! ¡Sólo era yo!

Los gemelos apretaron los labios, con los ojos aún más abiertos ante el arrebato del Slytherin. Ninguno pudo articular nada.

Draco bufó molesto y caminó hacia la salida de la sala, pisando con furia y con los hombros encorvados.

-Draco… -intentó frenarlo Fred.

-¡No necesito su estúpida compasión, pobretones! -gritó, abriendo la puerta y azotándola con fuerza al cerrarla.

Los gemelos se miraron entre ellos, bastante asombrados.

-Creo que no estaban saliendo.

-Eso parece.


Dormitorios de Slytherin.

Draco entró al dormitorio, casi arrollando a Blaise en su camino. Sin darle un miramiento, empezó a patear con fuerza su baúl, despotricando contra Krum, contra Hermione, contra su padre y por ser tan estúpido como para enamorarse de su mejor amiga.

-Sí, y pensé que yo era el único sumido en su autocompasión -dijo Blaise, que había estado cargando a Crookshanks. Cerró la puerta y silenció la habitación para que nadie pudiera oír el arrebato de Draco.

Por suerte, Theo, Vincent y Gregory no estaban para ver la rabieta descomunal que Draco estaba montando. Relajándose, se dejó caer al suelo, esperando el momento en que Draco terminara su rabieta, acariciando a un muy meloso Crookshanks en su regazo.

Diecisiete minutos y treinta y dos segundos después el platinado por fin dejó de destrozar su cama y sus pertenencias; se dio la vuelta y se dejó caer, recargando la espalda contra el baúl volcado, mirando intensamente al moreno.

-Lo siento, fratello -se disculpó Blaise por encima de los ronroneos del gato-. Apesta.

-Lo hace -admitió Draco, sus hombros encorvados en derrota-. Escuché que Longbottom invitó a la niña Weasley al baile.

Blaise ensanchó la nariz, inhalando bruscamente.

-No entiendo…

-Todos sabemos que tienes un enamoramiento por la niña Weasley -espetó Draco, rascándose la mandíbula-. Al menos, no soy el único rechazado del año.

-Creí que tú y Hermione iban en serio -dijo Blaise, tratando de ignorar la declaración del rubio.

Draco resopló, rodando los ojos.

-Eso creí yo -siseo, molesto-. Pero me parece que imaginé cosas.

-Lo siento -volvió a disculparse Blaise, pero Draco hizo un gesto evasivo. Se quedaron callados unos segundos, con los ronroneos de Crookshanks como únicos sonidos en el dormitorio. Los dos chicos se sentían drenados, como si un Dementor les hubiera robado sus recuerdos preciados, pero la verdad es que solo habían sido rechazados indirectamente.

-La adolescencia apesta -masculló Draco, cruzándose de brazos y cerrando los ojos con cansancio.

-Dímelo a mí -siseo Blaise, acariciando con gesto distraído la oreja de la bestia naranja-. Me salió un tremendo grano en el entrecejo -se quejó-. Por suerte aprendí el maleficio Desilusionador.

Draco soltó una carcajada, haciendo que la tensión en los hombros de Blaise disminuyera. Esperaba, de corazón, que Draco y Hermione se arreglaran pronto. No quería estar dividiendo su tiempo como lo estaba haciendo ahora, tenía mejores cosas que hacer.


Baile de Navidad.

Gran Comedor.

22:00 p.m.

-¿Estás bien, Draco? -preguntó Theo, sentando a su lado en la mesa. El baile había empezado hace dos horas y ahora estaba en pleno apogeo.

Desde donde estaban sentados podían ver a Hermione bailar en los brazos de Viktor Krum, pero no a la usual Hermione. Esta Hermione se había esmerado para lucir bien en el baile, con un hermoso vestido azul con suaves volantes y colgado de una sola tira, la del hombro derecho. Se había maquillado y llevaba el cabello recogido en suaves rizos. Theo aún podía recordar como Draco la había mirado, como si le estuviera rompiendo el corazón mientras que un destello de celos brilló en sus ojos cuando Krum le tendió el brazo.

Viktor Krum no se había separado en ningún momento de la castaña, haciendo que Draco prácticamente se mantuviera alejado en el fondo. Recibiendo varias miradas compasivas por parte de los estudiantes de Slytherin, que sabían la relación que mantenían esos dos.

-Estoy bien -dijo Draco, secamente. Tenía un vaso con ponche en la mano, haciendo girar la bebida; tratando de ignorar donde Hermione estaba bailando.

-Te ves deplorable, hermano -dijo Theo, mirando hacia donde Pansy bailaba animadamente con Astoria. Pansy había sido la opción de rescate para Draco, ya que Adrian había salido emparejado con una tejona, mientras que él había optado por la hermanita de Daphne, sin perderse las miradas anhelantes que le lanzaba a Draco.

Theo suspiró, esperando que esa noche no acabara mal. Ya tenía suficiente con haber perdido de vista a Blaise hacia media hora.

-¿Estas seguro de qué no sabes dónde fue Blaise? -preguntó Theo una vez más.

Draco resopló, poniendo los ojos en blanco.

-No, ya dije que no -mintió-. No es mi maldito problema lo que Blaise haga con Daphne.

-Draco, ambos son de familias tradicionales y sabes que…

-Por Salazar, Theo -escupió Draco, chirriando los dientes. No necesitaba preocuparse por Blaise en ese momento-. Blaise no es un niño, sabe lo que hace.

-Entonces sí sabes dónde está -espetó Theo antes de darse cuenta de que Hermione y Krum caminaban hacia ellos. Draco soltó una maldición por debajo, y sin discreción alguna, dejó su vaso sobre la mesa y se alejó a grandes zancadas. Haciendo exactamente lo mismo que hacía desde que Hermione lo rechazó: ignorarla.

-Theo… -saludó Hermione, siguiendo con la mirada hacia donde Draco se había escabullido.

-¿Te diviertes? -preguntó Theo, enarcando una ceja.

Hermione regresó su mirada a Theo y asintió, regalándole una sonrisa triste.

-Ya… ya me iba al dormitorio -dijo, mirando por sobre su hombro hacía donde Krum la esperaba-. Viktor va a acompañarme.

-Claro -dijo Theo, sonriéndole-. Ten cuidado.

Hermione se mordió el labio, con las mejillas sonrojadas y los hombros decaídos.

-Theo…

-Yo lo vigilo, tranquila -dijo, mirando momentáneamente hacia donde Astoria trataba de buscar a Draco con la mirada-. No dejaré que haga algo estúpido.

-Gracias… -dijo Hermione, acariciándole ligeramente la mejilla.

-¿Por qué? -preguntó Theo, desviando la mirada hacía Krum.

-Me pareció una buena idea -dijo, avergonzada-. Creo que me equivoqué.

Theo suspiró, ¿por qué estos dos tenían que ser tan difíciles?

-Buenas noches, Hermione.

-Buenas noches, Theo.


Enero, 01. 1995

Pasillos de Hogwarts.

El joven Slytherin caminaba con parsimonia por los corredores, cerca del patio central de Hogwarts. Ese sería su último día de tranquilidad, los gusarajos de primero, segundo y tercer año que no habían podido asistir al baile de Navidad regresarían ese día en la noche.

Un largo suspiro se escapó de sus labios; había cometido un error en creer que Daphne entendería las implicaciones de su trato para ser su pareja. Ciertamente no había perdonado su comportamiento recién revelado ese año, pero era la mejor opción para funcionar como su cita. Y, para cuando había estado a punto de terminar la noche, la rubia le había propuesto salir de ahí y buscar un lugar más tranquilo, nunca se esperó las consecuencias de sus acciones.

Tuvo que haber adivinado que Daphne estaba involucrada sentimentalmente a él, si lo hubiera sabido jamás hubiera tomado su invitación a pasar al dormitorio. ¡Demonios! ¡Había sido tan estúpido! ¡Si no fuera por la furia con la que Hermione le reclamó nunca se hubiera dado cuenta! Aún podía escuchar las acusaciones pitando en sus oídos, la mirada decepcionada de Hermione brillando en sus recuerdos.

-Como si Daphne no supiera que no había contrato de por medio… -espetó en un murmullo desdeñoso. Pero claro, él era el único culpable en todo el asunto, quien tenía que esconderse detrás de Draco y sus (muy extraños) amigos pelirrojos. ¿Quién diría que el heredero de los Malfoy tenía un trato comercial con los gemelos Weasley? Había que admitir que los pelirrojos eran gratamente astutos y muy inteligentes en sus instrumentos de bromas (tortura).

¡Pff! ¡Él! ¡Esconderse junto con Draco para que Hermione no lo increpara más! ¿Qué era? ¿Alguna clase de mestizo de primer año? ¡Era el único heredero de Alessio Zabini! ¡Sangre pura, por Salazar! ¡Con un gran patrimonio a sus espaldas! ¡No tenía por qué esconderse de ninguna nacida de muggles y su muy loca amiga rubia!

¡Maldita sea!

Su enojo se iba alzando con cada paso que daba, dispuesto a confrontar a Hermione una vez que llegara a la sala común. No solo a ella, también a Greengrass. Él no había hecho nada malo, y ella lo sabía. Ambos dieron su consentimiento, ¿¡qué iba a saber él que la rubia esperaba un acuerdo matrimonial!? ¡Así no se hacen! ¡Se requiero un trato entre sus progenitores! No entre dos chicos de catorce años.

Levantó la mirada de sus brillantes y caros zapatos, con un discurso formulándose en su lengua para encarar a ambas Slytherin cuando la extraña imagen de Cedric Diggory reclinándose sobre Harry Potter hizo que detuviera su andar.

El buscador de Hufflepuff y verdadero campeón de Hogwarts sostenía a San Potter con una gran mano en su hombro. Su rostro estaba inclinado contra la mejilla de gafas, sus labios susurrando contra el oído de Potter, sus ojos ligeramente caídos. Esa, claramente, no era una imagen que pudiera olvidarse fácilmente. Por no mencionar, que parecía, Blaise era el único espectador de tan semejante… espectáculo.

Bueno, Diggory tenía rasgos. Siempre pensó que tiraba para el otro lado, ¿pero Potter? ¿Todo este tiempo lo calculo mal?

Rápidamente se escondió detrás de una columna de piedra, y con torpes movimientos sacó unas orejas extensibles que había robado más temprano ese día del laboratorio de los Weasley. Se puso de cuclillas en el suelo y lanzó un lado del artefacto hacia donde los dos campeones seguían susurrando. Se colocó la otra parte contra su oído y escuchó la voz de Diggory como si fuera él a quien se dirigía.

-… ¿tú conoces el baño de prefectos del quinto piso? -su voz le provocó un escalofrío-. ¿Sabes?... No es un mal lugar para darse un baño… ya sabes, reflexionar las cosas en el agua caliente. Te ayudara a pensar… hazme caso.

Blaise parpadeo repetidas veces, ¡Diggory era un pervertido! ¿Quién diría que esa cara tan pura ocultaba tan malvados pensamientos?

-Es la cuarta puerta a la izquierda de esa estatua de Boris el Desconcertado del quinto piso. La contraseña es "Frescura de pino" -añadió la voz de Diggory, ahora un octavo más baja-: Lleva el huevo contigo.

Los colores subieron al rostro de Blaise, la mandíbula colgándole abierta. ¿¡Diggory acababa de invitar a Potter a tomar un baño de agua caliente en el baño de prefectos!? ¿¡Con todo y huevo!? ¡Espera, espera, espera! ¿De qué huevo hablaban?

El Slytherin se quedo agazapado hasta que se quedó solo en el patio, recogió con premura el artefacto robado (que acababa de averiguar funcionaba a la perfección) y corrió fuera del patio, como si un Dementor lo estuviera persiguiendo. Se escabulló entre los atajos que había averiguado en el mapa, jadeando con la boca abierta y forzándose a correr con más fuerza.

El frío se iba haciendo más intenso con cada paso dado y los escalofríos empezaron a recorrerle los brazos. Pero su mente estaba relativamente caliente con lo que acaba de descubrir.

Al percibir la puerta de la sala común, lanzo la contraseña sin mucho miramiento y entró por ella, su túnica arremolinándose detrás suyo. A pesar de la hora del día, las mazmorras estaban ligeramente alumbradas gracias a las velas que colgaban estratégicamente en el techo, así que no fue muy difícil percibir el platinado cabello de Draco.

El Slytherin estaba tumbado en un sillón de cuero negro, apartado en una esquina y lo más lejos posible de donde Hermione, estaba sentada junto a Pansy, Astoria, Millicent, Flora… y Daphne. Se había olvidado de ellas, pero por las miradas desdeñosas que recibió, supo que era el tema de conversación. Reprimiendo una sonrisa, parpadeo hacía donde Theo iba saliendo del pasillo de los dormitorios y haciendo un ademan de cabeza hacia donde Draco estaba sentado, se encaminó hacia el rubio, esperando que Theo le haya captado.

Blaise se tumbó en la silla contigua a Draco y esperó hasta que Theo se sentó en la librea para poder contarles.

-¿Sabes? -preguntó Theo, enarcando una ceja desganada al rubio-. Irradias un aura bastante deprimente.

Draco lo fulminó con la mirada y Blaise masculló por debajo. Se le había olvidado, que con todo eso, Theo estaba del lado de Hermione, atacando a Draco por cada pequeña acción.

-No estoy de humor para aguantar la mierda de nadie -resopló, cruzándose de brazos-. Especialmente la tuya, Nott.

Theo entrecerró los ojos, una réplica en la punta de su lengua.

-Diggory invitó a Potter a tomar un baño caliente en el baño de los prefectos del quinto piso, le pidió que llevara su huevo -espetó Blaise de golpe, cortando la reprimenda de Theo. Sus dos amigos giraron sus rostros a él, con los ceños fruncidos y los labios vueltos muecas. El moreno contó los segundos para que su declaración tomara conciencia, viendo cómo se descomponían los rostros de sus amigos con genuina sorpresa.

-¿¡QUÉ!? -chillaron al unísono en un tono demasiado agudo, llamando la atención de todos en la sala. Los Slytherin presentes dejaron lo que estaban haciendo para poder mirarlos.

Blaise se palmeo el rostro, sus amigos no podían ser discretos cuando lo necesitaba. Le caía mal Potter, lo admitía, pero su orientación sexual no debía ser un tema de conversación. Era obvio que Diggory no quería que nadie se enterase, por esa razón le había susurrado a Potter, asegurándose de que nadie más lo escuchara.

Y, por más que detestara a Potter, él no sería quien empezara el rumor.

-¿Estas…?

-¡Chst! -le cortó Blaise, tomándolo por la solapa y sabiendo que Draco lo seguiría, rápidamente se apresuró hacia los dormitorios. Ignorando las miradas curiosas que todos les lanzaban.

Se preguntó momentáneamente si debería ir a espiar a Potter y Diggory. Volvió a sufrir un escalofrío, no mejor no. No quería otra imagen sugerente en su cabeza.