DISCLAIMER: Los personajes pertenecen en su totalidad a J.K Rowling y la idea original no es mía.

Párrafos de "Harry Potter y el cáliz de fuego" incluidos en la historia.

Agradezco su infinita paciencia y su amor por el fic.


*REEDICIÓN*

Enero 22, 1995.

Sala de los Menesteres.

15:39 p.m.

-Maldito bicho -siseo Draco, asustando al escarabajo que estaba en la ventana con una mano distraída. El bicho salió volando, con el resoplido de Draco como acompañante, sus ojos puestos una vez más en la copia de "El Profeta" que reposaba en la mesa.

-Ignóralo, Draco -dijo Blaise, terminando de colocarse su traje de defensa del quidditch-. Skeeter solo quiere causar problemas.

-Blaise tiene razón, Draco -dijo Fred, ayudando a George a entrelazar los listones de su propio peto por detrás de la espalda.

-No recuerdo haber pedido su opinión -replicó Draco con molestia.

-¿Cómo es que siquiera tienes amigos? -preguntó George, sus gruesos guantes envueltos alrededor de un casco.

-¿Cómo es que son amigos? -preguntó Fred a Blaise, que en ese momento se colocaba los guantes de piel de dragón.

-Mi madre y su padre tienen negocios en conjunto -respondió distraídamente-. No teníamos otra opción.

-Que te jodan -escupió Draco.

-Cuando quieras, muñeco -dijo Blaise, lanzando una última mirada a "El Profeta" que mantenía la atención del rubio.

Esa mañana, Rita Skeeter (la enviada por el Ministerio a cubrir el Torneo) había escrito un artículo donde anunciaba que Hermione Granger tenía una relación íntima con uno de los cuatro campeones: Viktor Krum. Pero el artículo no acababa ahí, sino que también revelaba la relación previa con Draco Malfoy, heredero único de Lucius Malfoy.

Por demás, sabía que Draco había recibido una carta de su padre durante el desayuno y que, desde ese momento, se había escondido con los gemelos Weasley. Las cosas estaban escalando entre los Slytherin, la mayoría meramente molestos por la implicación que Rita Skeeter hizo a Hermione, y la otra mitad curiosos sobre la relación que, por lo visto, había terminado entre ambos Slytherin.

-¿Crees que Marcus envíe una carta a "El profeta" para retirar el artículo? -preguntó Blaise, como pensamiento tardío-. Eleanor recibió un vociferador después de que te retiraras de la mesa. Le faltaron piernas para correr.

-¿Flint? -preguntó Fred-. ¿Sigue supervisando a los prefectos?

-Uy, si Percy hiciera eso… -se burló George.

-Owen y Eleanor respetan mucho a Marcus -defendió Blaise, ligeramente asqueado por la comparación con el pecoso de Gryffindor.

-Mierda… -masculló Draco, llevándose las manos a la cabeza y jalando mechones de su platinada cabellera-. Marcus va a matarme.

-¿Listo Fred? -preguntó George, ignorando los murmullos de Draco.

-¿Listo George? -preguntó Fred ni un segundo después-. ¿Listo Blaise? -dijo, acompañado por la voz de su gemelo.

Blaise asintió, sus miembros combatiendo con la adrenalina. No sabía si el polvo funcionaria, o si les explotaría en las caras (por eso la protección extra). Fred Weasley se apartó de ellos mientras el Slytherin metía una mano en la bolsa de terciopelo que le habían dado minutos antes, sacó un puñado de polvo negro y lo lanzó al piso con fuerza.

Quedó cegado en segundos, una oscuridad total como si hubiera cerrado los ojos en una habitación oscura. Ni siquiera los destellos del ventanal se percibían en la negrura, ¿funcionó o se quedó ciego?

-¡Avisen trío de idiotas! -se escuchó el grito de Draco, haciendo reír a Blaise. Su carcajada rebotó en la oscuridad total. Usualmente ese apelativo era usado en contra de Vincent, Gregory y él, pero desde que el par se había sometido a una intensa dieta y ejercicio, por no mencionar su insana necesidad de terminar los deberes inclusive antes que Hermione, no había pasado mucho tiempo con ellos. ¡Morgana! ¡Como los extrañaba! Se aseguraría de echarles a Crookshanks una vez saliera de ahí.

-¡Lumos!

El hechizo vino de Fred Weasley, pero la habitación no se encendió con ninguna luz extra.

-¿Eh…? ¿Cuánto dura el truco? -se escuchó preguntar a Draco, pero solo recibió silencio como respuesta.


Campo de Hogwarts.

17:41 p.m.

-Realmente creí que no funcionaría -admitió Blaise, con las manos dentro de los bolsillos del pantalón y su voz creando virutas de humo contra el frío ambiente. El efecto de los polvos de oscuridad instantánea había durado cinco minutos, el tiempo suficiente para una huida rápida, ahora solo necesitaban averiguar cómo el portador lograría huir sin morir en el proceso.

-Con el tiempo aprenderás a no subestimar al par de pobretones -dijo Draco, su voz medio amortiguada por la bufanda enroscada alrededor de su cuello y boca. Una ráfaga de aire helado le golpeo el rostro, pero gracias al hechizo climatizador no pudo ni sufrir un escalofrío por el golpe de frío.

Sus zapatos hacían un ruido húmedo al pisar las piedras cubiertas por nieve mientras el rubio se mantenía ensimismado en sus pensamientos. No muy lejos se podía percibir el lago negro con una gruesa capa de hielo cubriéndolo.

Ninguno de los dos Slytherin estaba dispuesto a llegar a las mazmorras, las cosas aún seguían demasiado calientes entre Hermione y Draco, por no mencionar a la desconsolada Daphne Greengrass que había provocado el repudio femenino hacía Blaise. Theo ya había demostrado que estaba del lado de su hermana, y sin Vincent y Gregory queriendo inmiscuirse en el asunto, eso los dejaba a los dos solos.

-Que deprimente -murmuro Blaise justo cuando llegaban a la sombra del enorme árbol recién bautizado: Richard.

Draco estaba a punto de colocar un hechizo impermeabilizante para no mojar su túnica con la nieva cuando un profunda y gruesa voz le llamó por la espalda.

-¿Malfoy?

Se giró al mismo tiempo que Blaise, sabiendo quién era el dueño de ese rudo acento. Viktor Krum iba vestido con una gruesa capa, acompañado por otro estudiante de Durmstrang. Las túnicas los hacían ver más fornidos de lo que eran, sin contar que les sacaban casi una cabeza de ventaja.

-Krum -siseo Draco, sabiendo que el ceño fruncido del búlgaro no era un buen augurio. El Profeta también había llegado a sus manos, estaba seguro-. ¿En qué puedo ayudarte? -preguntó, enarcando una fina ceja y mirando a su alrededor.

El campo de Hogwarts estaba ligeramente ocupado, algunos estudiantes iban regresando de los invernaderos de Herbología y unos Slytherin de séptimo venían de por la cabaña de Hagrid. Lindo espectáculo el que se iba a armar.

-Herrrrmión…

-Hermione -corrigió Draco de inmediato, con una pizca de desprecio que no paso desapercibida para nadie, si el rostro ensombrecido de Krum era una advertencia.

-Sí, Blaise Zabini a la vista -se presentó Blaise en un tono fanfarrón, colocándose ligeramente enfrente del rubio. Krum no tenía problemas con él, así que estaba seguro de que no sería quién recibiría un puñetazo primero. El búlgaro se adelantó un paso, sus ojos nunca dejando los de Draco, pero provocando que Blaise retrocediera inmediatamente-. ¿Y tú amigo es…? -preguntó, tragando su nerviosismo.

-Alik Poliakov -respondió el muchacho, su voz bailando con diversión por la molestia de su amigo.

-¿Podemos hablarrr? -preguntó Krum, ignorando el intercambio entre Blaise y Poliakov.

-Eso estamos haciendo -respondió Draco, ganándose un bufido como recompensa.

-Esto es sobre Hermione, ¿cierto? -preguntó Blaise, tratando de aligerar el ambiente.

-Herrrmión…

-Hermione -volvió a corregir Draco en seguida, una mueca despectiva empezando a formarse en sus labios-. ¿Qué hay sobre ella? -preguntó, fingiendo indiferencia-. ¿Discutieron?

-Yo…

-Déjame decirte que no soy ninguna lechuza para llevarle algún recado, si es lo que quieres -cortó al búlgaro, los ojos brillando con malicia.

-Estoy seguro de que yo puedo… -empezó Blaise.

-No peleamos -respondió Krum, la mandíbula tensa-. Es sobrrre el arrrtículo de "El Prrrofeta", ¿es cierrrto que estaban juntos?

Draco tragó, su mano sobando su pecho mientras disparaba miradas nerviosas al lago negro. Estaban…

-Define juntos -murmuró, volviendo su atención una vez más a Krum.

-No estoy parrra juegos -gruñó Krum-. Mis intenciones con Herrrmión son clarrras.

-Las mías también -espetó Draco antes de que Blaise pudiera callarlo-. Pero a diferencia tuya, yo no necesito de un título de quidditch para llamar su atención.

-Draco -jadeo Blaise, su rostro volviéndose pálido cuando Krum fulminó con la mirada al rubio.

-Ella me gusta -dijo el campeón de Bulgaria.

-Bien por ti -dijo Draco, arrastrado las palabras con desprecio-. Pero ese no es mi problema, Krum. ¿Quieres explicaciones? Pídeselas a ella -continuo, omitiendo que a él no le había dado ninguna-. Claro, a menos de que no te guste la respuesta -dijo con veneno.

-Oh, Salazar…

-¿De qué…?

-Los rumores empiezan por una razón, Krum -cortó Draco una vez más-. Falta con ver el anillo en su dedo.

-Ay, mierda.

Blaise no pudo sacar su varita mágica lo suficientemente rápido cuando las cosas empezaron a girar a su alrededor como un torbellino en movimiento. Y, cuando por fin ya apuntaba a Krum con su varita, éste sostenía a Draco por las solapas de la túnica de Slytherin, presionándolo contra la corteza del árbol. Las manos del joven Slytherin se lanzaron hacia el agarre, tratando de deshacerlo, pero cuando no pudo, trato de mantener su equilibrio sobre las raíces del árbol, sus manos sosteniéndose de la madera, el rostro alzado para mirar el rostro furibundo de Krum.

Poliakov también había sacado su varita, apuntándola hacia Blaise que se debatía entre defenderse o atacar a Krum.

Los murmullos se alzaron rápidamente a su alrededor, recordándole a Draco que no estaban solos. ¿Cuánto tardaría en llegar los demás Slytherin a ellos?

-¿Vas a golpearme? -jadeo el rubio, tratando de mantener la calma mientras veía las fosas nasales de Krum dilatarse debido al enojo.

-Errres un serrr desprrreciale -gruñó, reforzando su agarre.

-Ya me lo habían dicho -se burló Draco, y al no recibir una respuesta de Krum más que una mirada de furia, prosiguió-: Si no vas a golpearme, maldecirme o inclusive reportarme con algún profesor, te sugiero que me sueltes. Estas arrugando mi túnica.

El puño de Krum se levantó en el aire, Draco se mordió el interior de sus mejillas para no gritar.

-¡Eh! ¡Es suficiente! -gritó Owen, trotando hacia ellos, acompañado de cerca por William-. ¡Déjalo! -ordenó, trastabillando cuando estaba a punto de llegar, pero siendo agarrado rápidamente por su amigo. Los otros cuatro Slytherin lo seguían con gestos preocupados o furiosos.

Krum los ignoró, pero una nueva mirada de sorpresa se alzaba en sus rasgos. Sus ojos cayeron en la varita mágica presionada contra su estómago, la pálida mano de Draco sosteniéndola.

-Ya escuchaste a Owen –murmuró Draco, mirando con furia al búlgaro-. Te sugiero que sigas su indicación, a menos que quieras que te lance tan lejos que solo el calamar será capaz de sacarte del lago negro -amenazó.

Krum lo soltó en ese momento, trabando la mandíbula antes de apartarse de la comitiva de Slytherin que ya se alzaban a su alrededor. Poliakov no tardó en seguirlo.

-¿Estás bien? -preguntó Owen cuando llegó a ellos, colocando una mano sobre el hombro de Draco.

-Sí, por supuesto -respondió Draco, una falsa sonrisa bailando en sus labios mientras guardaba su varita y sacudía su túnica-. Ya se me hizo costumbre ser el blanco de magos más experimentados que yo.

-¿Qué demonios le dijiste a Krum? -preguntó Zayra, las manos en la cadera.

-¿Importa? -William enarcó una ceja.

-Sí, por supuesto -respondió la Slytherin-. Necesito una excusa para poder escupir en su copa.

-¡Zayra! -reprendió Maia.

-Si me permiten -dijo Draco, pasándolos para regresar al castillo. Estaba empezando a pensar que era más seguro ocultarse en las mazmorras-. Iré a vomitar al baño -murmuró.

-¿Qué ocurrió? -encaró Owen, mirando a Blaise que soltó un largo suspiro.

-Mal año para ser prefecto, ¿cierto? -se burló sin gracia, guardando su varita.

-Blaise…

-¿Realmente quieres saberlo? -inquirió-. Marcus va a tener tu cabeza por esto.

-Oh, maldita sea -maldijo Owen, palmeándose el rostro. ¿Por qué tenía que ser él quien diera la cara al ex Slytherin? Ya había sido suficiente con el vociferador que recibió Eleanor.

-Y yo pensando que me divertiría al tener a mi mejor amigo como prefecto -se quejó William, viendo partir a Blaise detrás de Draco.


Febrero, 07. 1995.

Lago negro.

Torneo de los tres magos (y Potter): Segunda prueba.

14:04 p.m.

-¿Otra ves haciendo apuestas? -preguntó Blaise mientras bajaban por la explanada.

-Comenzaron en el Gran Comedor -dijo Theo, mirando a su alrededor. Varios estudiantes los miraban de reojo para poder cuchichear y caminar más rápido hacia el lago negro. Los gemelos Weasley estaban al inicio del muelle de madera vieja, algunos botes estaban a su alrededor, esperando a que los alumnos los montaran y poder llevarlos a la tribuna. Theo también pudo captar a algunos alumnos de Durmstrang viéndolos con desprecio-. ¿por qué te metiste en una pelea con Krum? -preguntó por milésima vez.

Draco rodó los ojos, Theo no se daba por vencido y el rubio no planeaba responder a la pregunta. Se había ganado un sermón por parte del profesor Snape, uno por Eleanor y una carta de parte de Marcus. Todos con gestos de preocupación por su salud mental y física, pero Draco ya estaba harto de tantas preguntas referentes a Hermione. Sobre todo, cuando la castaña se negaba a hablar con él, nada tenía que ver con que la estuviera evitando, según Blaise.

-No es asunto tuyo -dijo Draco, la misma respuesta de siempre cada vez que alguien se atrevía a preguntar sobre la pelea con Krum.

Theo lo miró con una ceja enarcada, pero decidió dejar el tema de lado, una vez más.

-¿Dónde está Hermione? -preguntó Vincent, ignorando la tensión en el cuerpo de Draco al escuchar el nombre-. No la he visto desde la comida de ayer, y Pansy mencionó que no la vieron llegar a dormir.

-Daphne dijo que el profesor Snape la mandó a llamar después de la comida -dijo Gregory, vagamente distraído-. Tal vez ya este con las chicas en las tribunas, podemos sentarnos al lado de ellas.

-Ve tú, fratello -siseo Blaise, mirando con el ceño fruncido al otro Slytherin-. Yo ni bajo la maldición Imperius me acerco a Greengrass -masculló, sus ojos cayendo en la pelirroja apartada del gentío.

-Blaise… -advirtió Theo al ver el reciente interés del moreno.

-¡Eh! ¡Ginevra!

La chica Weasley alzó la mirada de sus zapatos, sus ojos encontrándose con los de Blaise. El grito del moreno atrajo la atención de unos cuantos, pero al no ver algo de su interés, siguieron su camino. El Slytherin siguió su camino hasta quedar a unos cinco pasos de la pelirroja, con Draco y Theo parados detrás de él y Vincent y Gregory sacudiendo la cabeza con desagrado.

-¿Qué quieres, Zabini? -preguntó Weasley, mirándolo con los ojos entrecerrados.

-¿Principalmente? -preguntó Blaise, llevándose las manos a los bolsillos de su pantalón-. Restregarte en la cara que tenía razón -dijo, sonriendo con malicia ante la actitud desafiante de la pelirroja-. Potter te dejó una vez que Weasley-weasel y Longbottom-squib regresaron a lamerle los zapatos.

-Deja de insultarlos -defendió Ginny, enroscando las manos en puños.

-¡Y sigues defendiéndolos! -se burló Blaise, rodando los ojos con fastidio-. Hay un límite para venerar a alguien, Weasley. Ten poquita dignidad, pecas.

-Si serás…

-Piénsalo dos veces antes de sacar tu varita -advirtió Blaise cuando percibió que Ginny se llevaba la mano al interior del bolsillo de su túnica-. Entiendo que a ustedes los Weasley les guste vivir en la inmundicia, pero todos tenemos un límite para limpiar la suciedad de la sala de trofeos -la sonrisa de Blaise se ensanchó al ver las mejillas sonrojadas de Weasley-. Y estoy seguro de que lo sobrepasaste con creces después del castigo del profesor Snape.

-Eso fue cruel de tu parte -regañó una voz cantarina y ensoñadora.

Blaise se giró hacia el sonido, encontrándose con la chica del tren. Su cabello rubio, sucio y desgreñado hasta la cintura le cubría un poco el rostro; tenía unas cejas muy claras y unos ojos saltones -azules- que daban un aire de sorpresa permanente. La muchacha tenía un aire inconfundible de chiflada, quizás contribuyera a ello que había colocado su varita mágica detrás de la oreja izquierda, o que llevaba un collar hecho con corchos de cerveza de mantequilla, o su revista en la mano izquierda que estaba al revés.

Una vez más, no llevaba túnica que demostrara a que casa pertenecía.

-¿No sabes que es de mala educación inmiscuirse en conversaciones ajenas? -preguntó Blaise una vez salió de su estupefacción.

La rubia inclinó su cabeza hacia la derecha, como si estuviera evaluando a Blaise sin decir palabra alguna. Después de casi exactamente un minuto, el Slytherin dedujo que la rubia no iba a contestarle así que volvió su atención una vez más a Weasley.

-¡Oh! ¿Entonces estoy siendo grosera? -preguntó la rubia realmente contrariada, haciendo que Blaise frunciera el ceño y casi se torciera el cuello para poder verla-. Me disculpo si te he incordiado.

-¿Qué…?

-Solo quería advertir sobre los nargles sobre tu cabeza, pero después ofendiste a Ginny Weasley y me distraje -se disculpó, sus rasgos tiñéndose con tristeza.

Los cinco Slytherin levantaron la mirada al cielo, esperando ver algún extraño bicho revoloteando sobre sus cabezas, pero no había más que un cielo nebuloso.

-Jodida. -Soltó Draco a un lado de Blaise, pero antes de que el moreno pudiera despotricar contra la pequeña rubia, la carcajada de Theo lo cortó de tajo.

El Slytherin se reía como si un espectáculo digno de admiración se alzara frente a él, a tal grado que las lágrimas caían por sus mejillas y se apretaba el estómago con fuerza por el dolor que las carcajadas dejaban. La estupefacción en el rostro de Blaise, la mueca de confusión en los labios de Draco, el ceño fruncido de Vincent y la mirada asustada de Gregory, por no mencionar las mejillas sonrojadas por la vergüenza en Ginny Weasley; todo eso sumado a la inocencia pura que desbordaban de los ojos de la rubia provocaron que toda la tensión que el castaño cargaba desde la discusión de Draco y Hermione saliera en forma de risas desquiciadas.

Ninguno dijo palabra alguna mientras Theo trataba de recomponerse de su arrebato, jadeado en busca de aire mientras se limpiaba las lágrimas del rostro. Respiró con fuerza, unas últimas risas roncas dejando sus labios mientras pasaba ambos brazos por encima de los hombros de Draco y Blaise, agradeciendo que ellos no se hayan estirado como Vincent y Gregory lo hicieron.

-Creo… -Theo inhaló con fuerza, llevándose el aroma del pasto húmedo a sus cavidades nasales-… creo que le debes una disculpa a nuestra nueva amiga, Blaise -dijo, con una sonrisa divertida mientras el rostro del moreno se sumía aún más en la confusión.

-¿Por qué he de…? ¡Ah…! ¡Ah…! -jadeo Blaise, soltándole un manazo a Theo y sobando la zona pellizcada en su brazo-. Jodido… -masculló por debajo, tratando de apartarse del abrazo, pero el agarre se hizo más fuerte. Soltó un resoplido y miró a la rubia-. Mis disculpas, strano…

Draco ahogo una risa y Blaise ignoró magistralmente la mirada enojada de Theo, pero la rubia parada a unos pasos de ellos parpadeo dos veces como toda respuesta, sus cejas ligeramente fruncida como si encontrara fascinantes a los tres chicos.

-Luna… ¿qué haces aquí? -preguntó Ginny Weasley, llamando la atención de la rubia. No la había visto durante el desayuno, pensó que se había adelantado para tener un buen lugar durante el torneo.

-Se me hizo tarde -respondió la rubia-. Los nargles volvieron a esconder mis zapatos, pueden ser muy traviesos a veces -dijo, soltando las palabras con tanto aplomo que, si no fuera porque Theo conocía todos los nombres y cualidades de las criaturas mágicas en orden alfabético, se lo hubiera creído.

-Lo… ¿siento? -preguntó Ginny, haciendo una mueca como si cuestionara su respuesta.

-¡No lo sientas! -negó la rubia, los rábanos colgados de sus orejas brincando con el movimiento-. Ellos son así -sonrió, volviendo su atención a los Slytherin.

Theo le regresó la sonrisa, soltando los hombros de sus amigos y estiró la mano hacia la rubia.

-Theodore Nott -se presentó, y cuando los fríos dedos de la rubia tomaron su agarre, se inclinó hacia delante y llevó los nudillos hacia sus labios, dejad caer un casto beso-. Slytherin.

-Luna Lovegood -murmuró la chica cuando Theo dejó caer su agarre, sus mejillas ligeramente sonrojadas- Ravenclaw.

Draco alzó las cejas ante el intercambio, pero cuando la mirada de Theo se desvió momentáneamente a él relajó su expresión, tratando de aparentar indiferencia, aunque sus ojos reflejaban miles de preguntas.

-Draco Malfoy -dijo, asintiendo con la cabeza hacia la chica-. Ellos son Gregory Goyle y Vincent Crabbe -presentó a los otros dos chicos que, si abrían la boca, de seguro dejaban en ridículo a Theo.

-Blaise Zabini -dijo el moreno, la cabeza empezando a zumbar con tanta confusión.

-Deberíamos ir a los botes -dijo Theo, dándose cuenta de que ya no había nadie más en la explanada. Hizo un ademán de manos para que ambas chicas pasaran primero, y él las siguió dos pasos atrás lanzando miradas de advertencia al moreno y al rubio. Una vez los siete chicos se sentaron, el bote empezó a moverse. Todos sumidos en un tenso silencio a excepción de Lovegood que disparaba miradas nerviosas a Theo y luego al agua.

-¿Y Hermione? -preguntó Weasley, intentando una charla amigable a pesar de los rencores.

-Nadie la ha visto desde ayer en la tarde -respondió Draco, cruzado de brazos y mirando hacia la tribuna donde se preparaban los campeones-. Tal vez está con Krum -siseo, enterrando sus uñas en sus antebrazos.

El ambiente, si era posible, pareció sumirse aún más en la terrible tensión.

El bote se detuvo dos veces antes de dejar a los Slytherin en su tribuna. Primero, en la tribuna de Ravenclaw donde bajó Lovegood (no sin antes advertir una vez más sobre los nargles) y una segunda vez en la tribuna de Gryffindor donde Weasley había salido casi corriendo. Al llegar a su tribuna, subieron una inestable y peligrosas escaleras (según Gregory) para después colocarse al frente de la tribuna, donde estaban sus asientos designados. Blaise prácticamente se restregó contra Vincent y Draco para evitar quedar muy cerca de las hermanas Greengrass y sus amigas que le lanzaban maleficios con la mirada.

-Bien, todos los campeones… -la voz de Ludo Bagman, amplificada por un Sonorus, se expandió por todo el lago negro. Estaba parado junto a Percy Weasley (para sorpresa de los Slytherin), Albus Dumbledore, Igor Karkarov, Madame Maxime y los cuatro campeones con ropas para nadar. Potter con el escudo de Gryffindor, Diggory con el de Hufflepuff, Delacour con el de Beauxbatons y Krum con el de Durmstrang-… están listos para la segunda prueba, que comenzara cuando suene el silbato. Disponen exactamente de una hora para recuperar lo que se les ha quitado. Así que, cuando cuente tres: uno… dos… ¡tres!

El silbato sonó en el aire frío y calmado. Las tribunas se convirtieron en un hervidero de gritos y aplausos. Diggory, Delacour y Krum fueron los primeros en lanzarse al agua. Potter sacó algo del bolsillo, se lo metió a la boca y se lanzó al lago.

Cinco minutos después la emoción que habían sentido al inicio de la prueba se disolvió rápidamente.

-Aburrido -resopló Adrian-. ¿Es todo? ¿Tendremos que mirar el lago negro durante una hora?

-Eso creo, amigo -dijo Joe, con una mueca de desdén en los labios.

-Hermione no está por ningún lado -soltó Draco después de unos largos y tediosos minutos de intermedio. Sus ojos recorrían todas las tribunas, pero no había rastro alguno de la castaña.

-¿Qué? -preguntó Blaise, cabeceando-. ¿Se perdió la prueba?

-Hermione no se perdería ninguna prueba –se quejó Theo, también empezando a mirar a su alrededor en busca de su hermana, pero no encontró nada.

Los Slytherin empezaron a murmurar entre ellos, la inquietud zumbando en el ambiente y los rostros preocupados de Eleanor y Owen no eran una buena combinación.

-¿Se habrá quedado dormida? -se cuestionó Eleanor.

-Nunca -respondió Draco, un terrible presentimiento carcomiéndole.

-¿Seguro? -preguntó Owen-. Por qué últimamente…

-Corta tus palabras, Cauldwell -siseo Draco, fulminándolo con la mirada.

-¡Miren! ¡Ahí! -gritó Isolt Sayre de primer año, el hermano menor de William. Su delgado y pequeño dedo apuntaba a la superficie del lago negro.

Varias burbujas se formaron casi en la orilla de la tribuna del profesorado, ligeras ondas rompiendo la calma, segundos después Cedric Diggory y Cho Chang salieron a la superficie.

-¡Jódeme! -jadeo una voz bastante apartada de Draco.

-¡Cedric Diggory es el primero en salir! -gritó Ludo Bagman mientras las tribunas de Ravenclaw y Hufflepuff aplaudían.

-No, no, no, no… -gimió Draco, un terrible nudo en la garganta mientras Diggory nadaba junto a Chang hacia la orilla de la tribuna, donde la profesora Sprout y el profesor Flitwick los ayudaban a salir.

-¿Draco…? -preguntó Vincent, jalándolo de la túnica mientras una terrible pregunta se formaba en su cabeza-. ¿Y si…?

-¡Maldición! -escupió Draco cuando un terrible calor le quemó el dedo anular de su mano izquierda-. ¡Maldición! -repitió, quitando a los Slytherin de su camino mientras se apresuraba hacia las escaleras, con unos desconcertados Vincent y Gregory persiguiéndolo.

-¿Por qué a mí? -alcanzó a escuchar a Owen cuando las voces de las serpientes se alzaron con enojo, sumando dos más dos al encontrar la respuesta de la ausencia de Hermione-. ¡Marcus va a matarme! -el grito se alzó por encima de las voces.

Los pies de Draco dieron un golpe seco en la madera cuando se lanzó de los últimos tres escalones. Rápidamente se lanzó hacia el bote, sacando su varita para impulsarlo hacia la tribuna del profesorado (sin importarle si rompía algún tipo de regla). El barco ya había empezado a moverse, como si leyera sus pensamientos, cuando un golpe hizo que se balanceara bruscamente y en seguida alguien maldijo detrás suyo.

-¡Joder! ¡Quítate de encima, Vincent! -escuchó el gruñido de Blaise mientras el barco aumentaba su velocidad gracias al hechizo de Draco.

-¡Primero que se quite Greg! -gruñó Vincent.

-¡Ya voy! ¡Ya voy! -se quejó Gregory.

Draco los ignoró, sintiendo el calor empezar a apagarse alrededor de su dedo.

-Nos hemos dejado a Theo en la tribuna -dijo Vincent cuando se quito de encima de Blaise, agarrándose del costado del bote para no caer debido a la velocidad con que Draco los impulsó. Antes de que alguien pudiera responderle, llegaron a su destino y el rubio se bajó con asombrosa agilidad.

-¡Viktor Krum es el segundo en salir!

Draco, con el corazón acelerado, vio como la cabeza de Krum se transformaba de tiburón a una forma más humanoide y a Hermione tomar una larga bocanada de aire, sus rizos castaños pegados a las mejillas. A lo lejos, la tribuna de Slytherin aplaudía en alivio mientras maldiciones de desprecio volaban por encima de los aplausos.

El platinado corrió hacia los profesores, empujando con los codos a cualquiera que se metiera en su camino, inclusive al profesor Snape que ya estaba inclinándose y estirando la mano para recibir a Hermione. Tomó la mojada mano de la castaña entre las suyas secas y la atrapó en un abrazo, ambos cayendo al suelo de madera mientras la ropa del rubio empezaba a mojarse, su rostro sumergido entre los rizos mojados.

-Maldita sea, Hermione -le gruñó al oído, sintiéndola temblar de frío mientras una toalla era lanzada hacia ellos.

-¡Oh, Draco! -sollozó Hermione, un peso siendo retirado de su pecho.

-Déjame verte -ordenó el rubio, apartándose solo lo necesario para tomar ambas mejillas de la castaña entre sus manos, buscando alguna herida.

-Señor Malfoy no puede… -la reprimenda de McGonagall quedó amortiguada por la llegada de Theodore Nott, montando su Nimbus 2001. La dejó caer, y al igual que el resto de sus amigos, se puso de rodillas y rodeo a Draco y Hermione.

-¿Ella está bien? -preguntó Theo, apartando un poco a Draco para poder inspeccionar a Hermione.

-Ella lo está -rio Hermione, abrazando a Draco con mucha fuerza.

-Voy a cortarle las manos y luego los dedos, ¿o es al revés? -preguntó Blaise, refiriéndose a Krum. Arrodillado detrás de Hermione y frotando el cabello de la castaña con la toalla que el profesor Snape les había dado. Sacudiéndola con fuerza como si pudiera alejar el miedo que cayó sobre él cuando cayó en cuenta de donde se encontraba su mejor amiga.

-Herrrmión… -llamó Krum, seguido muy de cerca por Karkarov.

Vincent y Gregory se levantaron de un saltó, tronando sus nudillos y gruñéndole al campeón de Durmstrang como advertencia. Estaban a la misma altura del búlgaro, y sin capas extras, fácilmente podía verse la diferencia entra sus masas musculares.

-Aparta, Krum -gruñó Vincent, mirándole con los ojos entrecerrados.

-¿Cómo te atreves…? -saltó Karkarov, dando un paso al frente, pero rápidamente topándose con la figura del profesor Snape mirándolo con desprecio.

-Herrrmión… -intentó una vez más Krum, tratando de mirar a la chica siendo acunada por Draco.

-Estoy bien, gracias Viktor -dijo Hermione en voz alta para que el chico pudiera escucharla. La relación entre ellos (mayormente amistosa) había ido en caída desde que Hermione se enteró que el búlgaro había entrado en una pelea con Draco. Puede que el platinado estuviera evitándola, pero seguía siendo su mejor amigo y ningún as de quidditch podía venir e intimidarlo y salirse con la suya.

Y la única razón de por qué había aceptado sumergirse en el lago negro fue porque el profesor Snape le aseguró que nada malo le pasaría. Lo único que tenía que hacer era sumergirse en un sueño sin sueños hasta que Krum la rescatara.

Ella lo había usado para el baile y él para ganar su segunda prueba. Estaban en paz.

-¿Por qué lo hiciste? -espetó Draco, mirándola con el ceño fruncido-. ¿Desde cuando tienes tendencias suicidas?

-No iba a pasarme nada, Draco -negó Hermione, sintiendo los jalones que Blaise le daba en venganza-. El profesor Snape lo prometió.

-Sí, el profesor Snape… -masculló Theo, disparándole una mirada a su jefe de casa.

-Si me permiten -dijo, sacando su varita mágica y apuntando a Hermione con ella-. La señorita Granger necesita secarse, no que le arranquen la cabellera.

Blaise chasqueo la lengua mientras se apartaba, recibiendo ligeramente las ráfagas de calor que bañaron a Draco y Hermione.

-Gracias, profesor Snape -dijo Hermione, acurrucándose más cerca a Draco, mirando por sobre el hombro del rubio a Fleur Delacour. No la había escuchado salir, pero era obvio que no había llegado a su objetivo: lloraba desconsoladamente sobre Madame Maxime.

-¡Te ahogaré con mis propias manos si vuelves a hacernos esto! -se quejó Blaise, tomando a Hermione por los hombros y atrayéndola hacia él. La espalda de Hermione chocó con el pecho del moreno, que se encargó de abrazarla con fuerza desde atrás. Su alborotada cabellera fungiendo como almohada-. Luego te reviviré y volveré a ahogarte.

-No puedes revivirme, Blaise -rio Hermione, olvidando el malestar que su amigo le había provocado semanas antes.

-Con la piedra de la resurrección claro que puedo -dijo el Slytherin, como si fuera obvio. La mirada divertida de Hermione se encontró con el fastidio en los orbes grises de Draco.

-¡Harry Potter llega en tercer lugar! ¡Acompañado de dos rehenes! -rompió la voz de Ludo Bagman, atrayendo los aplausos de la tribuna de Gryffindor.

-¡Quítate comadreja! -la estridente voz de Pansy hizo que Blaise se pusiera en guardia.

-¡Ella también es mi amiga! -chilló Ginny en respuesta.

A los Slytherin les faltaron segundos para quitarse del camino antes de que cinco chicas se lanzaran a Hermione, todas con sendos abrazos y lágrimas cayendo por sus rostros.

-¡Como vuelvas a hacernos esto te ahogo con mis propias manos! -reprendió Pansy, sollozando contra los rizos de Hermione, ignorando que Ginny también se aferraba a su amiga. O que Millicent, Flora y Daphne las estaban aplastando.

-Blaise ya prometió eso… -se burló Hermione-. ¡Chicas, las amo con mi vida! ¡Pero me están aplastando!

-Sí, sí, ya… -bufó Theo, tomando a Flora por los hombros para quitarla de encima de su hermana. Gregory hizo lo mismo con Millicent, mientras Draco aparataba a Daphne, Vincent a Pansy y Blaise a Ginny.

-Lo siento mucho -sollozó Ginny, aún entre los brazos de Blaise.

-Ginny yo… -empezó Hermione.

-Te juro que no volveré a hacerlo -prometió Ginny, sorbiendo sin gracia alguna.

-Ya vale, pero deja de llorar -ordenó Blaise, su voluntad flaqueando cuando Ginny se giró dentro de su abrazo y lanzó sus delgados brazos al cuello de Blaise, mojándole la camisa con las lágrimas.

-Está empezando a perder la diversión este Torneo -se quejó Pansy, llorando sobre Vincent y abrazándolo con fuerza.

-¿En qué momento fue divertido? -se quejó Flora, abrazando a Daphne. Draco y Theo estaban de vuelta con Hermione.

-Cuando Potter podía morir en el proceso -respondió Pansy con un puchero.

Unas cuantas risas sin gracia envolvieron la atmosfera.

-Bueno, aun queda la última prueba -dijo Gregory, soltando palmaditas a una desconsolada Millicent-. Prometo que no te decepcionara.


Febrero, 19. 1995.

Aula de Pociones.

19:03 p.m.

-No, Blaise; muévelo más lento o nos harás explotar a todos -dijo Vincent, revolviendo su propia pócima con tranquilidad.

-Guárdate tus palabras -siseo Blaise, ligeramente molesto ante el avance de su amigo en Pociones.

-¿Cuánto tiene que reposar la poción? -preguntó Theo, pasándose un brazo por la frente perlada de sudor. Los húmedos mechones se pegaban como escregutos a su frente y cuello, aunque agradecía silenciosamente que su cabello no se esponjara como el de Hermione, que tenía dificultades para quitárselo del rostro.

-Tres semanas -dijo el profesor Snape, supervisando a Gregory que estaba demasiado concentrado en su brebaje para reparar en la mirada orgullosa de su mentor.

-¿Por qué estamos haciendo esto? -se quejó Blaise, revolviendo con más dureza la pócima.

-Porque queremos superarnos a nosotros mismos en todas las asignaturas -respondió Hermione, resoplando para apartar el mechón de su rostro-. El próximo año son los TIMOS, y no podemos sacar algo mejor que: Extraordinario.

-¡Pero esa es la calificación más alta! -bufó Blaise, mirando a Hermione como si hubiera perdido la cabeza.

-Exacto -respondió la castaña, mirándolo con obviedad.

-Si hubiera sabido que estaría encerrado en las mazmorras haciendo poción multijugos en vez de disfrutar el hermoso día, hubiera seguido evadiéndote como Draco lo hacía -dijo Blaise en voz lo suficientemente baja para que la Slytherin no lo escuchara, pero provocando una risa en Draco. Una risa que rápidamente se convirtió en una tos molesta cuando Hermione lo fulminó con la mirada.

-Profesor Snape, he terminado -dijo Vincent con una gran sonrisa en sus labios mientras su jefe de casa caminaba hacia él para poder ver el resultado.

Blaise chasqueo la lengua.

-La próxima vez que quieran tomar clases avanzadas de Pociones, no me tomen en cuenta –pidió el moreno, recargando su mentón sobre su puño sin dejar de revolver la poción con la otra mano.

Hermione rodó los ojos.

-Te estamos haciendo un favor -replicó-. Tómalo o déjalo.

-Lo dejo.

-Allá tú -dijo Hermione, volviendo una vez más su atención a las raíces de jengibre, partiéndolas en rodajas. Draco y ella, a diferencia de sus amigos, estaban practicando en el Veritaserum para satisfacción del platinado, que le lanzaba miradas altivas a Theo que solo se dedicaba a bufar por debajo y quejarse de que no se le diera una tarea más complicada, en vez de jugar a los cambios de formas con el multijugos.

Llamaron a la puerta de la mazmorra en ese momento.

-Pase -dijo el profesor Snape en su tono habitual.

Los Slytherin miraron hacia la puerta. Entró el profesor Karkarov y se dirigió a la mesa del profesor Snape, enroscándose el pelo de la barbilla en el dedo. Parecía nervioso.

-Tenemos que hablar -dijo Karkarov abruptamente, cuando hubo llegado hasta el profesor Snape. Parecía tan interesado en que ninguno más entendiera lo que decía, que apenas movía los labios: daba la impresión de ser un ventrílocuo de poca monta. Sin apartar los ojos de las raíces de jengibre, Hermione supo que al igual que ella sus amigos intentaban escuchar.

-Hablaremos después, Karkarov… -susurró el profesor Snape, pero Karkarov lo interrumpió.

-Quiero hablar ahora, no quiero que te escabullas, Severus. Me has estado evitando.

-Bien -siseo el profesor Snape, cruzándose de brazos delante de Vincent-. ¿Qué es eso tan urgente? -preguntó, sin hacer ademán de mantener la conversación privada.

Karkarov pareció dudar unos segundos, pero al final chasqueo la lengua.

-Esto -dijo Karkarov, subiendo la manga izquierda de la túnica y mostrándole al profesor Snape la parte interior del antebrazo.

Hermione ahogo un grito mientras Draco maldecía, tomándola de la muñeca y apartándola de ambos profesores. Los ojos fijos en la marca tenebrosa, completamente legible en la piel clara.

-¿Qué te parece? -añadió Karkarov, ignorando el ajetreo que había provocado entre los seis Slytherin-. ¿Ves? Nunca había estado tan clara, nunca desde…

-¡Tapa eso! -ordenó el profesor Snape, trabando la mandíbula.

-Pero tú también tienes que haber notado… -comentó Karkarov con voz agitada.

-Salgan de aquí, ¡ahora! -ordenó el profesor Snape.

No hizo falta ninguna instrucción extra, con una sacudida de varita limpiaron sus calderos, recogieron sus morrales y salieron corriendo del salón.

-Ni una palabra de esto -ordenó Draco mientras caminaban apresurados hacia las mazmorras de Slytherin. No necesitó que le respondieran, era obvio que todos estaban pensando en la marca tenebrosa y que el profesor Snape también poseía una.


Marzo, 01. 1995.

Mazmorras de Slytherin.

22:57 p.m.

-Estoy que reviento -dijo Gregory, una gran sonrisa complacida en sus labios-. Los elfos se han lucido.

-Uhm, me guardo mis comentarios -dijo Theo, con una sonrisa oculta al ver el ceño fruncido que su amigo le dirigía.

-Tienes que admitir que hacen mejor la comida cuando solo es para seis estudiantes que para toda la escuela -dijo Vincent, apuntándolo con el dedo.

-También los estamos haciendo trabajar de más -dijo Hermione, con una mueca de pena en los labios-. No deberíamos hacerlo.

-Los elfos están para servirnos, Hermione -dijo Draco, poniendo los ojos en blanco y pasando un brazo por encima de los hombros de la castaña-. Además, no puedes negarme que tenías hambre después del tren que nos arrolló cuando el profesor Snape duplicó sus intentos para entrar a nuestra mente.

-¡Ni digas, fratello! -gimió Blaise, avergonzado-. Vomité mi cena… ¡no viviré con la deshonra! ¿¡Cómo miraré al profesor Snape al rostro!?

Vincent rodó los ojos.

-Eres un maestro del drama -se bufó justo cuando Draco se detenía de golpe. Sus ojos estaban puestos en el mapa del merodeador que el profesor Snape les había regalado el año pasado y que siempre llevaba con él en todo momento. Tenía el ceño fruncido y miraba el viejo pergamino como si tratara de descubrir la respuesta de un enigma complicado.

-¿Draco? -preguntó Hermione, inclinando la cabeza.

-Mira -dijo el rubio, plantándole el mapa en el rostro y señalando con un dedo el tema de su interés. Las motas que habían captado la atención a Draco no correspondían a Filch ni a la Señora Norris que estaban quietas en la conserjería. A parte de Peeves, que saltaba en la sala de trofeos y en Potter unos pisos más abajo, había una mota que iba de un lado a otro en una habitación situada en la esquina izquierda: el despecho del profesor Snape. Pero la mota no llevaba la inscripción "Severus Snape", sino "Bartemius Crouch".

-¿Qué hace el señor Crouch en el despacho del profesor Snape? -inquirió, enarcando una fina ceja-. ¿No dijeron que estaba muy enfermo para presentarse a las pruebas del dichoso Torneo?

-No tengo idea -negó Draco-. Pero ya lo averiguaremos -dijo.

Los Slytherin se desviaron en su camino hacia la sala común y se encaminaron al aula donde habían pasado varias horas antes de decidirse ir a las cocinas de Hogwarts. Llegaron al pasillo del aula de Pociones para encontrarse al profesor Snape, mirando furibundo a Filch.

-Yo… Sí, profesor, pero…

-¿Profesor Snape? -preguntó Draco, encabezando la marcha mientras se acercaban a ellos. Le echó un último vistazo al mapa, revelando que Potter también estaba ahí.

Mientras lo guardaba dentro de su túnica, desvió la mirada hacía donde se suponía debía estar la figura de Potter, pero no había nada.

-¿Qué hacen en los pasillos a esta hora? -preguntó el profesor Snape.

-Venimos de las cocinas -respondió Gregory-. Teníamos hambre y ya que Blaise…

-¡BLAISE NADA! -aulló Blaise, las mejillas rojas de la vergüenza-. Blaise nada.

-Regresábamos a nuestra sala común cuando vimos…

Bum, bum, bum.

Theo se calló de repente. Tanto los Slytherin, como el profesor Snape y Filch miraron al pie de la escalera. A través del hueco que quedaba entre las cabezas, Hermione vio aparecer cojeando a Ojoloco Moody. Moody llevaba su vieja capa de viaje puesta sobre el camisón, y se apoyaba en el bastón como de costumbre.

Draco, a un lado suyo, se tensó de pies a cabeza.

-¿Qué es esto, una fiesta nocturna? -gruñó.

-El profesor Snape y yo hemos oído ruidos, profesor -se apresuró a contestar Filch, mirando con ojos entrecerrados a los Slytherin-. Creí que era Peeves el poltergeist, que ha estado tirando cosas como de costumbre. Y además el profesor Snape ha descubierto que alguien ha entrado en su despacho.

-¡Cállate! -le dijo el profesor Snape a Filch entre dientes.

-¿Nos estas acusando de algo? -preguntó Theo al mismo tiempo.

Moody dio un paso más hacia la escalera. Draco vio que el ojo mágico de Moody se fijaba en el profesor Snape, en Filch, en ellos y luego en un punto fijo en las escaleras. Estuvo mirando el tiempo suficiente el lugar en cuestión para hacerse cuestionar a Draco si Potter, de alguna manera, estaba realmente ahí.

-¿He oído bien, Snape? -preguntó-. ¿Ha entrado alguien a tu despacho?

-No tiene importancia -repuso el profesor Snape con frialdad.

-Al contrario -replicó Moody con brusquedad-, tiene mucha importancia. ¿Quién puede estar interesado en entrar en tu despacho? ¿Algún estudiante? -y desvió la mirada a los Slytherin.

-Mis estudiantes no rompen las reglas, Moody -defendió el profesor Snape.

-Pero están aquí parados -se fijó Moody.

-Con mi permiso -continuó el profesor Snape-. Además, esto ya ha ocurrido antes. Han estado desapareciendo de mi armario privado ingredientes de pociones… Sin duda, alumnos que tratan de probar mezclas prohibidas.

-Pero tus estudiantes no son -recalcó Moody.

-No -siseo el profesor Snape-. Los alumnos de Slytherin han tenido que ayudarme a replicar las pociones.

-Ya decía yo que por una razón nos estaba enseñando -murmuró Blaise.

-Calla -espetó Theo.

-¿Piensas que buscaban ingredientes de pociones? -dijo Moody, perdiendo interés en los Slytherin-. ¿No escondes nada más en tu despacho?

-¿¡Cómo se atreve!? -jadeo Hermione, furiosa.

-Sabes que no, Moody -respondió el profesor Snape en voz peligrosamente suave-, porque tú mismo lo has examinado exhaustivamente.

La cara de Moody se contorsionó en una terrible sonrisa.

-Privilegio de auror, Snape. Dumbledore me dijo que echara un ojo…

-Resulta que Dumbledore confía en mí -dijo el profesor Snape con los dientes apretados-. ¡Me niego a creer que él te diera órdenes de husmear en mi despacho!

-¡Por supuesto que Dumbledore confía en ti! -gruñó Moody-. Es un hombre confiado, ¿no? Cree que hay que dar una segunda oportunidad. Yo, en cambio, pienso que hay manchas que no se quitan. Manchas que no se quitan nunca, ¿me entiendes?

El profesor Snape se agarró convulsivamente el antebrazo izquierdo con la mano derecha, como si le doliera.

Los Slytherin se tensaron y Moody se rio.

-Vuelve a la cama, Snape.

-¡Tú no tienes autoridad para enviarme a ningún lado! -replicó el profesor Snape con furia contenida, soltando el brazo como enojado consigo mismo-. Tengo tanto derecho como tú a hacer la ronda nocturna de este colegio.

-Pues sigue haciendo la ronda -contestó Moody, pero su voz resultaba amenazante-. Me muero de ganas de pillarte alguna vez en algún oscuro corredor…

-¡La cruzó! -espetó Vincent, pero Theo se le encaramó enfrente, frenando su andar mientras Blaise se le subía a Gregory en la espalda. Echándole todo su peso encima.

Draco, a pesar de la implicación contra su mentor, parecía no tener deseos de ponerse en el punto de mira de Moody mientras que Hermione trataba de ayudarle a Theo para detener a Vincent.

-Se te ha caído algo, al parecer -prosiguió Moody, ignorando a los tres chicos que intentaban detener a sus amigos más fornidos.

Draco vio que Moody señalaba al Mapa del merodeador, tirado en el suelo. El Slytherin frunció el ceño, llevándose una mano a la túnica, pero el mapa seguía ahí…. ¿entonces?

Su mirada grisácea cayó sobre la figura del profesor Snape, inclinándose para recogerlo y por la expresión en su cara, parecía entender qué estaba sucediendo.

-¡Accio pergamino!

El mapa voló por el aire, se deslizó entre los dedos extendidos del profesor Snape hasta la mano de Moody.

-Disculpa -dijo Moody con calma-. Es mío, se me ha debido de caer antes.

Pero los ojos negros del profesor Snape estaban fijos en el pergamino, antes de disparar miradas a su alrededor en busca de algo.

-Potter -gruñó el profesor Snape-. Ese pergamino pertenece a Potter. Potter y su maldita capa invisible.

Moody frunció aún más el ceño.

-¡Profesor Snape! -cortó Draco, antes de que continuara la discusión-. Profesor Snape, necesito hablar con usted, señor -pidió.

El profesor Snape pareció dudar unos segundos, pero al final le envió una mirada desdeñosa a Moody y se encaminó hacia sus alumnos, guiándolos de vuelta hacia las mazmorras de Slytherin.

-¿Potter tiene una capa de invisibilidad? -preguntó Blaise después de unos minutos de silencio, la vergüenza de su cena vomitada se había esfumado con todo el ambiente. El profesor Snape asintió como toda respuesta-. ¡Vaya! Eso explica por qué siempre se sale con la suya.

-Profesor Snape…

-La marca en mi brazo -empezó el profesor Snape, interrumpiendo a Gregory-. Moody tiene razón, no puedo borrarla. Pero ya no soy aquel hombre.

-Lo sabemos, profesor Snape -dijo Hermione, rozando levemente sus dedos contra la mano de su mentor-. Confiamos en usted.

-Karkarov… -empezó Draco, haciendo una mueca-… su marca era muy visible… ¿qué significa?

Los orbes negros del profesor Snape cayeron en los grises de Draco.

-Me temo… que el señor Tenebroso está recuperando fuerzas -dijo, con voz seca-. Me temo, que quien lo está ayudando, sea quien puso el nombre de Potter en el cáliz.

-¿Por qué Lord Oscuro quiere muerto a Potter? -preguntó Theo, reprimiendo una mueca-. Papá nunca me lo dijo.

El profesor Snape soltó un largo suspiro, como si su vida fuera drenada.

-Hablaremos sobre ello en otra ocasión -evadió, sus ojos repentinamente apagados-. Mientras tanto, no los quiero volver a ver vagando por los pasillos a estas horas, ¿me han entendido?

-Sí, profesor Snape -respondieron al unísono.


Marzo, 25. 1995.

Explanada de Hogwarts.

18:03 p.m.

-Voy a dejar esta estúpida materia para el próximo año -siseo Draco, restregando la suela de sus zapatos contra una roca, quitándose el lodo acumulado-. Tenlo por seguro.

-Concuerdo contigo -suspiró Blaise, con el morral colgado del hombro mientras miraba hacia donde los cuatro campeones salían del estadio de quidditch. El resto de sus amigos ya se habían adelantado, presurosos por tomar su cena ligera para poder ir a su siguiente sesión de Oclumancia. Draco y él, en cambio, tuvieron que esperar hasta terminar de regresar las escregutos en sus cajas para poder retirarse.

Por lo visto, al grandulón de Hagrid le habían crecido un buen par después de que Moody convirtió a Draco en hurón, y cada vez que el rubio soltaba algún comentario mordaz (como lo hizo cinco minutos antes de terminar la clase) era amenazado con la promesa de volver a tomar la forma del animal. Aunque esa vez aprovechó para ordenarle que resguardara a las bestias mientras él se retiraba a su cabaña.

-No importa cuando me ruegue Hermione, no cederé -dijo, más para sí mismo.

Blaise bufó.

-Sí, seguro fratello -se burló, echando un brazo por sobre los hombros del rubio-. Mejor vamos a comer y olvidarnos de esta asquerosa clase.

-Te tomo la palabra.

-Malfoy.

-A la mierda –siseo el rubio, girándose levemente para encontrase con Viktor Krum acompañado por Potter. Diggory y Delacour los pasaron con leves asentimientos de cabeza y rápidamente los dejaron atrás.

-Krum -dijo Draco-. ¿Planeas estrellarme el puño de verdad esta vez? -preguntó, al ver que el buscador de Bulgaria tenía algo más que decir.

-Draco -chistó Blaise, lanzando miradas a su alrededor. No había nadie más que Potter y él para interferir en el altercado.

-Lo siento -se disculpó Krum, aunque su ceño estaba fruncido por la molestia-. Me deje llevarrr.

-Se nota.

-Está tratando de disculparse, ¿no puedes darle un respiro? -defendió Potter.

-Ah, vamos –dijo Blaise, dejando caer su brazo de sobre los hombros de Draco y mirando a Potter con una ceja arqueada-. Primero Diggory y ahora Krum, ¿a qué juegas Potter?

-¿De qué demonios hablas? -escupió Potter, confundido.

-Oh, no quieres hablar de ello -asintió Blaise-. Lo entiendo.

-¿Entiendes que cosa?

-Bueno, pues…

-Cierra la boca, Blaise -cortó Draco, cruzándose de brazos-. ¿Estás aquí para disculparte? ¿O para que interceda entre Hermione y tú? -preguntó Draco, enarcando una ceja hacia Krum.

Krum inhaló con brusquedad, enrolló las manos en puños y frunció el ceño.

-Ella me rrrechazó después de la segunda prrrueba… -gruñó.

-Obviamente -siseo Draco, regalándole una sonrisa ladina. Las cosas entre Hermione y él se habían arreglado por completo, así que volvía a estar en el punto de partida. No se rendiría solo porque escogió a Krum durante cinco minutos-. Ella está conmigo.

-Dijo que no estaban juntos -contraataco Krum, mirando a Draco como si lo hubiera ofendido.

-No por el momento -aceptó el Slytherin-. Pero, te lo mencione antes Krum, solo era necesario ver el anillo en su dedo.

-¿Están…? ¿Están… comprrrometidos?

-Sí.

-Draco… -advirtió Blaise-. No creo que a Hermione…

Pero algo se movió tras los árboles, y Potter que tenía la mirada fija en el mismo lugar, agarró a Krum instintivamente del brazo y tiró de él. Los Slytherin también retrocedieron dos pasos.

-¿Qué ha sido eso? -preguntó Draco, olvidando por completo la conversación anterior.

Potter negó con la cabeza, mirando al lugar en que algo se había movido, y metió la mano para tomar la varita. Al instante, de detrás de un alto roble salió tambaleándose un hombre. Tardaron un momento en darse cuenta de que se trataba del señor Crouch.

Por su aspecto se habría dicho que llevaba días de un lado para otro: a la altura de las rodillas, la túnica estaba desgarrada y ensangrentada; tenía la cara llena de arañazos, sin afeitar y con señales de agotamiento, y tanto el cabello como el bigote, habitualmente impecables, reclamaban un lavado y un corte. Su extraña apariencia, sin embargo, no era tan llamativa como la forma en que se comportaba: murmuraba y gesticulaba, como si hablara con alguien que sólo él veía.

-¿No es uno de los miembrrros del trrribunal? -preguntó Krum, mirando al señor Crouch-.¿No es del Ministerrio?

Potter asintió y, tras dudar un momento, caminó lentamente hacia el señor Crouch, que, sin mirarlo, siguió hablando con un árbol cercano.

-… y cuando haya acabado, Weatherby, envíale a Dumbledore una lechuza confirmándole el número de alumnos de Durmstrang que asistirán al Torneo. Karkarov acaba de comunicarme que serán doce…

-Señor Crouch… -dijo Potter con cautela.

-… y luego envíale otra lechuza a Madame Maxime, porque tal vez quiera traer a algún alumno más, dado que Karkarov ha completado una docena… Hazlo, Weatherby, ¿querrás? ¿Querrás? -El señor Crouch tenía los ojos desmesuradamente abiertos. Siguió allí de pie mirando al árbol, moviendo la boca sin pronunciar una palabra. Luego se tambaleó hacia un lado y cayó de rodillas.

-¡Señor Crouch! -exclamó Potter-, ¿se encuentra bien?

-Potter, mejor apártate de ahí -ordenó Draco, haciendo que el Gryffindor lo mirara. Sin querer, había imitado al chico y se había acercado al delirante Crouch.

-¿Qué le pasa? -preguntó Krum.

-Ni idea -susurró Potter, sin discutir por una vez con Draco-. Será mejor que alguno vaya a buscar a alguien…

-Yo voy -se ofreció Blaise en seguida.

-¡A Dumbledore! -dijo el señor Crouch con voz ahogada. Agarró a Potter de la tela de la túnica y lo atrajo hacia él, aunque los ojos miraban por encima de su cabeza.

-¡Eh! ¡Suéltalo! -siseo Draco, sacando su varita y apuntando al hombre, pero este no pareció escucharlo.

-Tengo… que ver… a Dumbledore…

-De acuerdo -contestó Potter, mirando seriamente a Draco antes de volver a mirar al señor Crouch-. Si se levanta usted, señor Crouch, podemos ir al…

-He hecho… idioteces… -musitó el señor Crouch. Parecía realmente trastornado: los ojos se le movían desorbitados, y un hilo de baba le caía de la barbilla. Cada palabra que pronunciaba parecía costarle un terrible esfuerzo-. Tienes que… decirle a Dumbledore…

-Levántese, señor Crouch -le indicó Potter en voz alta y clara-. ¡Levántese y lo llevaré hasta Dumbledore!

El señor Crouch dirigió los ojos hacia él.

-¿Quién… eres? -susurró.

-Soy alumno del colegio -contestó Potter, mirando a Draco en busca de ayuda. El rubio mascullo por debajo, guardó su varita y caminó hacia ellos, pero Blaise lo tomó por el brazo.

-¿Qué…?

-¿No eres de… él? -preguntó Crouch, interrumpiendo a Blaise y se quedó con la mandíbula caída.

-No -respondió Potter, aunque era obvio que no sabía quién era "él".

-¿De Dumbledore?

-Sí.

Crouch tiraba de él hacía sí. Potter trató de soltarse, pero lo agarraba con demasiada fuerza. Unas manos pálidas se sumaron al agarre, y luego el rostro enojado de Draco le mascullo maldiciones por debajo mientras trataba de ayudarlo a soltarse.

-Avisa a… Dumbledore…

-Traeré a Dumbledore si me suelta -le dijo Potter

-San… -Draco se mordió la lengua-. Potter irá a buscarlo, pero necesita soltarlo señor Crouch.

-Gracias, Weatherby. Y, cuando termines, me tomaría una taza de té. Mi mujer y mi hijo no tardarán en llegar. Vamos a ir esta noche a un concierto con Fudge y su señora. -Crouch hablaba otra vez contra el árbol, completamente ajeno de Potter y Draco, que se sorprendieron tanto que ni notaron que ya había soltado al azabache-. Sí, mi hijo acaba de sacar doce TIMOS, muy pero muy bien, sí, gracias, sí, sí que me siento orgulloso. Y ahora, si me puedes traer ese memorándum del ministro de Magia de Andorra, creo que tendré tiempo de redactar una respuesta…

-¡Quédate con él! -le dijo Potter a Draco-. Yo traeré a Dumbledore.

-¡Ah! ¡Sí! ¡Déjame con el loco! -espetó Draco, frunciéndole el ceño.

-Puedo hacerlo más rápido -siseo Potter-. Sé dónde está su despacho…

-Está loco -repuso Krum.

-Concuerdo con el búlgaro -dijo Blaise.

-Mejor quédate tú con él y yo busco al profesor Snape –dijo Draco comenzando a levantarse, pero su movimiento pareció desencadenar otro cambio repentino en el señor Crouch, que lo agarró fuertemente de las rodillas y lo tiró al suelo.

-¡No me… dejes! -susurró, con los ojos de nuevo desorbitados-. Me he escapado… Tengo que avisar… tengo que decir… ver a Dumbledore… Ha sido culpa mía, sólo mía… Bertha… muerta… sólo culpa mía… mi hijo… culpa mía… Tengo que decírselo a Dumbledore… Harry Potter… el señor Tenebroso… más fuerte… Harry Potter…

-¡Maldita sea! -escupió Draco, pataleando. Blaise se apresuró a él y trató de quitarle al loco de encima-. ¡Apura, Potter!

-Sí, sí… -dijo Potter, saliendo de su estupefacción-. Krum, ven conmigo… Que no se mueva de aquí, Malfoy. Volveré con Dumbledore.

-Solo date prisa -le gritó Draco mientras Blaise enterraba sus manos entre el agarre de Crouch y las piernas del rubio, mirando de reojo como Potter y Krum salían corriendo del bosque.

-¿Qué querrá decir con el señor Tenebroso? -preguntó Blaise, haciendo palanca.

-¡No lo sé! ¡Solo quítamelo de encima! –siseo Draco, colocando sus manos contra la mandíbula de Crouch y manchándoselas con baba-. ¡Qué asco! ¡Asco! -se quejó, empujándolo con fuerza. Después de casi diez minutos de forcejeo, gritos y maldiciones, Blaise por fin pudo quitarle al desvariado hombre de encima.

-Joder…

-¡Maldita sea! -escupió Draco, arrastrándose entre la húmeda tierra y manchándose los pantalones de lodo. Blaise jadeaba con fuerza, recargado sobre sus rodillas y mirando hacia el suelo, tratando de recuperar el aliento.

-¿Bertha? -preguntó Blaise después de unos segundos- ¿Bertha Jorkins? ¿La empleada del Ministerio desaparecida?

Draco se encogió de hombros, tratando de mantener la calma.

-No tengo idea… ¡Salazar! Espero que no -murmuró más para sí, restregándose el rostro con fuerza. Un grito ahogado hizo que se apartara las manos del rostro para ver a Blaise caer inconsciente al suelo, ni siquiera tuvo tiempo de mirar hacia Crouch cuando otra maldición rebotó contra él, noqueándolo.

No supo cuánto tiempo estuvo inconsciente hasta que algo lo forzó a abrir los ojos de nuevo. Parpadeo repetidas veces, mirando hacia el cielo oscuro completamente desorientado. Sacudió la cabeza, tratando de despejar su mente. Los últimos sucesos pasaron a velocidad vertiginosa.

-¡BLAISE! -gritó, incorporándose para mirar a su alrededor. Potter estaba parado a su lado y Dumbledore se encontraba inclinado sobre Blaise, apuntándolo con su varita y murmurando:

-¡Enervate!

Blaise abrió los ojos, parecía estar igual de confundido que Draco cuando despertó. Se incorporó de golpe, mirando a todos lados antes de posar sus orbes verdes en los grises de Draco.

-¡Ese…! ¿¡Ese loco me atacó!? -preguntó, como si no pudiera creérselo.

-¿Qué ha pasado? -preguntó Dumbledore.

-Yo… -Draco tragó, tratando de acomodar sus pensamientos-… creo que Crouch nos atacó -dijo, incrédulo-. Blaise había logrado quitármelo de encima, me distraje un segundo y él… luego… -parpadeo repetidas veces, mirando a Dumbledore completamente desorientado-… luego Blaise estaba inconsciente en el suelo. Ni siquiera tuve tiempo para reaccionar, me noqueo en seguida.

-No me di cuenta de que traía su varita -dijo Blaise, sacudiendo la cabeza para despejarse.

Oyeron un ruido de pisadas antes de ver llegar a Hagrid jadeando, seguido por Fang. Había tomado su ballesta.

-¡Profesor Dumbledore! -exclamó con los ojos muy abiertos-. ¡Harry!, ¿qué…?

-Han atacado a dos alumnos -dijo Dumbledore-. Necesito que vayas a buscar a Severus. Cuando lo hayas hecho, ten la bondad de traer al profesor Moody…

-No hará falta, Dumbledore -dijo una voz que era como un gruñido silbante, provocándole un escalofrío a Draco-. Estoy aquí.

Moody se acercaba cojeando, apoyándose en su bastón y con la varita encendida.

-Maldita pierna -protestó furioso-. Hubiera llegado antes… ¿Qué ha pasado? La profesora McGonagall dijo algo de Crouch…

-¿Crouch? -repitió Hagrid sin comprender.

-¡Hagrid, por favor, ve a buscar a Severus! -exclamó Dumbledore bruscamente.

-Ah, sí… ya voy, profesor -dijo Hagrid, y se volvió y desapareció entre los oscuros árboles. Fang fue trotando tras él.

-No sé dónde estará Barty Crouch -le dijo Dumbledore a Moody-, pero es necesario que lo encontremos.

-Me pondré a ello -gruñó Moody. Sacó la varita, y penetró en el bosque cojeando.

Ni Dumbledore ni Potter volvieron a decir nada mientras que los dos Slytherin maldecían repetidas veces hasta que los inconfundibles sonidos de Hagrid y Fang resonaron en el bosque. El profesor Snape iba muy aprisa tras ellos, parecía nervioso y pálido.

-¿Qué es esto? -siseo al ver a sus alumnos manchados de tierra y arrodillados en el suelo-. ¿Qué pasa?

-¡Nos ha atacado, señor! -dijo Blaise, levantándose de golpe. Draco lo hizo con más calma, aún confundido con el giro de los acontecimientos-. ¡Crouch me atacó! ¡Y luego hizo lo mismo con Draco, señor! ¡Está loco, profesor Snape! ¡Hablaba sobre el señor Tenebroso y Bertha Jorkins, señor! -lloriqueo.

El profesor Snape se tensó en su lugar, mirando entre ambos adolescentes. Podía ver que a pesar de que Blaise relatara lo sucedido, no estaba muy convencido de que eso hubiera ocurrido.

-¿Me necesitas aquí, Dumbledore? -preguntó el profesor Snape, inspeccionando con la mirada a sus estudiantes-. Necesito llevar al señor Zabini y al señor Malfoy a la enfermería.

-Adelante, Severus… -dijo Dumbledore-. Hagrid, por favor acompaña a Harry a la torre de Gryffindor.

El chico dorado empezó a quejarse, pero Draco estaba más enfocado en el profesor Snape y el rostro ensombrecido del hombre. Sus ojos chocaron con los de Blaise, brillando en una confusión total que provocó un mal presentimiento en Draco.

¿Cómo…? ¿Cómo es que logró noquearlos cuándo ni siquiera podía mantenerse de pie?


Marzo, 30. 1995

Sala común de Slytherin.

10:01 a.m.

¡Barty Crouch! ¡El maldito Barty Crouch! ¿¡En qué estabas pensando al dejar que ese imbécil atacara a Blaise y Draco! ¡En el bosque prohibido! ¿¡Es que tienes basura en el cerebro!?

¡Ojoloco Moody y el maldito hurón! ¡La niña Weasley una vez más! ¡Rita Skeeter! ¡Viktor Krum! ¡El lago negro! ¡Y ahora Crouch! ¿¡Qué demonios, Eleanor!? ¡No eres una niña de once años incapaz de solucionar problemas por ti misma! ¡Por una razón le pedí al profesor Snape que fueras la próxima prefecta de Slytherin!

¡Y tú, Owen! ¡No creas que me he olvidado de ti! ¡Eres inclusive más inútil que Eleanor! ¡Si vuelvo a enterarme de que algún Slytherin más vuelve a estar en peligro me encargare de solucionarlo por mi mano y no va a gustarte! ¡Ya le envíe una carta al profesor Snape solicitando mi presencia en la prueba final para evitar otro atentado contra nuestra casa! ¡Y como me entere que algo más pase durante mi ausencia me encargaré de molerte crucios! ¿¡Me han entendido!? ¡Crucios!

¡Y me importa una mierda que no…!

Los gritos de Marcus Flint, anterior capitán del equipo de Slytherin y ex prefecto se escuchaban hasta el dormitorio de los de séptimo año. Todos habían adquirido sabiduría a lo largo del año, así que cuando Eleanor entró corriendo como desaforada en la sala común con un vociferador entre sus delicadas manos, todos salieron apresurados del área. Dejando que la prefecta se encargara sola de la nueva queja de Marcus.

Bueno, ni tan sola, ya que Owen había sido arrastrado por sus amigos para recibir la crítica de ese día.

-¿Seguros que están bien? -preguntó Hermione, mirando como Crookshanks se acurrucaba contra el costado de Blaise, maullando en satisfacción. Su gato parecía apreciar más la presencia del moreno que la suya.

-Sí, Hermione -dijo Blaise, rascando las orejas del gato-. Madame Pomfrey nos revisó exhaustivamente, ¿recuerdas?

-No sé… -Hermione se mordió el labio, mirando ahora a Draco-. No me gusta.

-No puedo creer que Crouch realmente los haya atacado -dijo Theo, que aún estaba en negación.

-Bueno, ¿cómo va el dicho? -preguntó Vincent, masticando la punta del apio que tomó del almuerzo-. ¿De tal palo tal astilla?

-¿A qué te refieres? -preguntó Hermione, apartando la mirada de Blaise y enfocándola en Vincent. El chico se encogió de hombros.

-Te lo dije en el banquete de Halloween, sobre su despido del puesto como jefe del Departamento de Seguridad Mágica.

-No -Hermione negó-. Nunca terminaste de contármelo.

-Ah, ¿no? -bufó Vincent. Hermione sacudió su cabeza-. Todos pensaban que sería el siguiente ministro de Magia.

-Oí de eso -dijo Draco, sentado en la misma cama que Hermione, con un brazo por encima de los hombros de la castaña. Ambos recargados contra las cómodas almohadas-. A mi padre no le agradaba en lo absoluto.

-Barty Crouch es un gran mago sediento de poder, aunque nunca simpatizó con el Señor Oscuro -continuó Vincent-. No, mi padre decía que Crouch siempre fue un declarado enemigo del lado tenebroso. Pero, entonces, un montón de gente que estaba también contra el lado tenebroso…

-¿Vincent? -preguntó Gregory cuando el chico se sumió en sus pensamientos. A diferencia del padre de su mejor amigo, el suyo no era muy dado a mantener charlas fuera de los golpes o los balbuceos provocados por el alcohol. Y, notando los distintos niveles de curiosidad en los rostros de sus amigos, a ellos tampoco les habían contado mucho de la época oscura.

-Imagínense que Lord Oscuro está ahora mismo en su momento de máximo poder… -empezó Vincent, acomodando sus pensamientos.

-Sí, que gran pensamiento -se quejó Theo, con el rostro ensombrecido.

-No saben quiénes lo apoyan, no saben quién es de lo suyos y quién no -prosiguió Vincent, ignorando a su amigo-, pero saben que puede controlar gente para que haga cosas terribles sin poder evitarlo. Tienen miedo por ustedes mismos, por su familia y por sus amigos. Cada semana llegan noticias de nuevas muertes, nuevas desapariciones, nuevas torturas… El Ministerio de Magia está sumido en caos, no sabe qué hacer, intenta que los muggles no se den cuenta de nada, pero, entre tanto, también van muriendo muggles. El terror, el pánico y la confusión cunden por todas partes… Así estaban las cosas.

-¿Cómo es que sabes tanto? -indago Blaise-. Ni mi madre que es fanática de Lord Oscuro ha mencionado algo, por más leve que sea, del alzamiento de los mortífagos.

Vincent se encogió de hombros.

-Mi padre lo recuerda como si fuera su época de oro -respondió-. Y… y a mi madre nunca la ha interesado que un asesino sádico cuente sus hazañas letales a un niño de ocho años.

-Continua -pidió Draco, disparando una mirada envenenada a Blaise para que se callara.

-Esas situaciones sacan a la luz lo mejor de algunas personas y lo peor de otras –dijo Vincent, recordando un viejo sueño de su padre cargándolo a la luz de las estrellas, un anhelo olvidado ante la ausencia de su madre-…. Las intenciones de Crouch tal vez fueron buenas al principio, no lo sé -continuo, carraspeando para que su voz no le fallara en ese momento-. Mi padre dijo que Crouch ascendió rápidamente en el Ministerio y empezó a aplicar medidas muy duras contra los partidarios del Señor Tenebroso. Concedió nuevos poderes a los aurores: permiso para matar en vez de capturar. Pases a Azkaban sin derecho a juicio. Crouch empleó la violencia contra la violencia, y autorizó el uso de las maldiciones imperdonables contra los sospechosos.

-Llegó a ser tan cruel y despiadado como los que estaban del lado tenebroso -supuso Gregory.

Vincent asintió.

-Sí -dijo-. Tenía sus partidarios, por supuesto: mucha gente que pensaba que aquel era el mejor modo de hacer las cosas, y muchos magos y brujas pedían que asumiera el poder como nuevo ministro de Magia. Cuando desapareció el Innombrable, parecía que era sólo cuestión de tiempo que Crouch ocupara el cargo más alto del escalafón, pero entonces sucedió algo bastante importuno -Vincent hizo una mueca, revelando su incomodidad-. El propio hijo de Crouch fue descubierto con un grupo de mortífagos que se las habían arreglado para salir de Azkaban. Según parecía, buscaban a Lord Oscuro para reinstaurar su poder.

-¿Atraparon al hijo de Crouch? -preguntó Hermione con voz entrecortada.

-Sí -contestó Vincent-. Un golpe duro para Crouch, solía burlarse papá. Tal vez debería haber dedicado más tiempo a su familia, tal vez debería haber trabajado algo menos y vuelto a su casa antes, de vez en cuando, para conocer a su propio hijo.

Masticó lo último de su apio, sus ojos brillando con lágrimas retenidas.

-Vicent… -dijo Hermione, apartándose de Draco y bajando de la cama. Sus pies desnudos se deslizaron por el frío suelo antes de lanzarse a la cama del Slytherin y abrazarlo con fuerza-. Tú no eres él. Y Crouch, a pesar de todo, no es tu padre…

Sabía la clase de hombre que era el señor Crabbe, la clase de hombres que eran los padres de sus mejores amigos, pero hasta donde ella sabía, Vincent admiraba a su padre como si fuera alguna clase de super héroe, su corazón rompiéndose al saber que había torturado a personas como ella. Asesinado, inclusive.

-Entonces, ¿su hijo era un mortífago? -preguntó Blaise después de unos segundos, sin darse cuenta de que se aferraba a Crookshanks como si fuera alguna clase de protección contra fantasmas. El gato maullaba, feliz de tanta atención por parte del moreno.

-No lo sé realmente -repuso Vincent, sus brazos envueltos alrededor de la delgada cintura de Hermione-. Papá nunca me dijo con seguridad si lo era. Desde luego, el chico fue descubierto en compañía de gente que sí que eran mortífagos -murmuró, mirando brevemente a Draco-, pero tal vez sólo estuviera en el lugar equivocado en el momento equivocado.

-¿Intentó liberar a su hijo? -preguntó Hermione.

-¿Liberar a su hijo? -se mofó Vincent-. Quería apartar del camino todo lo que pudiera manchar su reputación; había dedicado su vida entera a escalar puestos para llegar a ministro de Magia. El amor paternal de Crouch se limitó a concederle un juicio, y según dijo papá, no fue más que una oportunidad para demostrar lo mucho que aborrecía a su hijo… Luego lo mandó derecho a Azkaban.

-¿Sabes de qué lo acusaron? -preguntó Theo, realmente interesado.

Vincent se tensó.

-Está bien si no quieres hablar de ello, Vincent -dijo Hermione, abrazándolo más fuerte-. Nos has contado lo suficiente…

-Fue acusado de haber capturado a un auror -murmuró Vincent, tragando con fuerza.

-No me digas que a Moody –Draco rodó los ojos.

Vincent negó.

-A Frank Longbottom -cinco jadeos se escucharon en el dormitorio-, y haberlo sometido a la maldición cruciatus. También se le acuso de usar la misma maldición contra la mujer de Longbottom, Alice.

-¡Joder! -se quejó Gregory, sintiéndose mal de verdad-. Y nosotros burlándonos de Longbottom.

-Papá dijo que los Longbottom están recluidos en el Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas.

-Pobre Longbottom -dijo Theo, una mirada de pena en su rostro.

-¿Y este tipo de historias te contaba tu padre antes de dormir, fratello? -indagó Blaise, mirando alucinado a su amigo-. Es de locos.

-¿Sabes quienes eran los mortífagos con quienes encontraron al hijo de Crouch? -preguntó Draco.

-No sé si realmente quieras saber sobre ello…

-¿De qué hablas? -preguntó Draco, enarcando una ceja-. ¿Por qué no querría saberlo?

-Draco…

-Suéltalo, Vincent -dijo, mirándolo con los ojos entrecerrados.

-Los hermanos Lestrange: Rodolphus y Rebastan -Vincent tragó, al ver como la claridad se abría paso en la mirada de Draco-. Junto a la mujer de Rodolphus… Bellatrix.

-¿Por qué siento que me estoy perdiendo un punto muy importante en nuestra historia? -inquirió Blaise, mirando con sospecha a Draco y Vincent-. ¿Quién es…?

-Bellatrix Lestrange, de soltera Black -dijo Draco, con voz ronca. Sus ojos puestos en Vincent.

-¿Es familia de Sirius Black? -preguntó Theo, sorprendido.

Draco asintió.

-Su prima -dijo, apretando las manos en puños-. Y la hermana mayor de madre. Mi tía, en realidad.


Abril, 07. 1995

Sala de Menesteres.

23:02 p.m.

-¿Por qué querían vernos tan repentinamente? -preguntó Draco, cruzado de brazos delante de los gemelos Weasley. Ambos pelirrojos se dedicaron una mirada, como si estuvieran pensando sus siguientes palabras.

-¿Y por qué solicitaron que Theodore viniera con nosotros? -preguntó Blaise, disparando una mirada al castaño que analizaba las muestras en los frascos de vidrio al otro lado de la sala-. ¿En qué problemas se metieron ahora?

-¡Nadie se metió en problemas! -se defendió Fred.

-Sí, ninguno lo hizo -aportó George.

-Sí, ajá… -dijo Blaise, arrastrando las palabras con sospecha.

-La cosa es… -empezó Fred.

-… alguien nos debe dinero -terminó George.

Draco y Blaise parpadearon repetidas veces, más confundidos que cuando Crouch los atacó.

-Alguien les debe dinero -repitió Draco.

-A ustedes -concluyó Blaise.

Los gemelos fruncieron el ceño, la molestia grabada en sus rostros.

-Que no seamos ricos como ustedes no significa que no…

-Espera, espera, espera -cortó Draco a Fred-. A diferencia del inútil de Ronald -escupió el nombre con desprecio-. He aprendido a respetarlos, Weasley… solo a ustedes -se corrigió de inmediato-. ¿Cuánto dinero y quién se los debe? -preguntó.

-Treinta y siete galeones, quince sickles y tres knuts -dijo George, sus orejas pintadas de rojo-. Eran nuestros ahorros de toda la vida.

-Joder… -masculló Blaise. Él poseía túnicas que valían más que eso; el dichoso té favorito de Hermione valía inclusive aún más… ¿y esos eran sus ahorros de una vida?-. Eso es… ¿qué paso? -preguntó, queriendo entender el panorama.

-Durante los mundiales de quidditch apostamos nuestros ahorros a que Irlanda ganaba, pero Krum atrapaba la snitch -respondió Fred, soltando un largo suspiro.

-El muy cretino nos pagó en oro leprechuan que tomó de las mascotas del equipo de Irlanda -siguió George.

Blaise soltó una carcajada que rápidamente se convirtió en un gruñido de dolor cuando Draco le encajó el codo en las costillas.

-Prosigan -instó Draco, haciendo un asentimiento de cabeza hacia los gemelos.

-Como sabrán, se desvaneció a la mañana siguiente -bufó Fred.

-¿No habrá sido alguna equivocación? -preguntó Theo, que a pesar de su interés en los experimentos de los gemelos Weasley había estado prestando atención. Tenía un frasco lleno de turrones sangranarices en sus manos; empezaba a entender aquella vez que Hermione y Draco se retiraron de la clase de Encantamientos después de un extraño sangrado de nariz.

George se rio con cierta amargura.

-Sí, eso fue lo que pensamos al principio. Creímos que si le escribíamos explicándole el error que había cometido, soltaría el dinero. Pero de eso nada. No hizo caso de nuestra carta. Hemos intentado hablar repetidas veces con él durante las pruebas, pero siempre tiene una excusa para marcharse.

-Se ha puesto bastante desagradable -explicó Fred-. Nos dijo que éramos demasiado jóvenes para apostar, y que no nos daría nada.

-¡Para tu coche ahí! -ordenó Blaise, apuntando con un dedo a George-. ¿Quién ese esta persona? ¿Algún profesor? ¿Un enviado del Ministerio…?

-Ludo Bagman -respondieron los gemelos al unísono.

-No jodan -dijo Draco, sorprendido-. ¿Bagman?

Los gemelos asintieron.

-¿Así como así? -preguntó Theo, caminando hacia ellos-. ¿Les dijo que no les daría nada?

-Sí -bufó Fred.

-El padre de Lee Jordan también ha tenido muchos problemas para que Bagman le pagara. Él también aposto durante los mundiales -dijo George-. Resulta que está metido en líos con los duendes. Le prestaron mucho dinero. Una banda de ellos lo acorraló en el bosque después de los Mundiales y le tomó todo el oro que llevaba con él, y aún no bastaba para pagar todo lo que debía. Lo han estado siguiendo para que no se escabulla.

-Lo ha perdido todo en el juego -continuo Fred-. No tiene dónde caerse muerto. Apostó que Harry ganaría el Torneo.

-¿Potter? -Blaise enarcó las cejas-. ¿Apostó a que Potty Popoti ganaría el Torneo? ¿De verdad?

-Sí -asintió George-. Ha estado intentando ayudarlo, cada que lo atrapamos esta tratando de convencer a Harry para dejarle ayudarlo.

Blaise chifló.

-¿Y están buscando nuestra ayuda? -preguntó Theo-. ¿O por qué nos lo están contando?

George se encogió de hombros.

-Nos hemos quedado sin ideas para confrontarlo -dijo-. Además, hemos dejado que Draco lidie con los gastos de los experimentos, y el dinero de las apuestas no es suficiente para poner ni la mitad de lo que ha pagado hasta el momento…

-Detente, Weasley -Draco chasqueo la lengua, haciendo un gesto desdeñoso con la mano-. Cuando acepté ser su socio, supuse que no tenían dinero en su nomina para empezar el proyecto -dijo-. Y no estoy tratando de ofenderlos -se defendió al ver la mueca de Fred-. Pero es lo que creí en un inicio. Ustedes mismos me le dijeron. Cuando abran "Sortilegios Weasley" y su carrera despegue, podrán pagarme los gastos de producción y empezaré a cobrarles el porcentaje del trato.

-¿Tienes acciones en "Sortilegios Weasley"? -preguntó Blaise a Draco.

Draco se encogió de hombros.

-El treinta porciento -admitió, posando sus ojos grises en los gemelos-. Un porcentaje que espero empezar a cobrar máximo un año después de concluir la escuela -les dijo-. Porque para ese entonces, ya estaré desheredado.

-¿Qué? -chilló Blaise-. ¿Cómo que desheredado?

-¿Cuántas veces tengo que repetirlo? -preguntó Draco, poniendo los ojos en blanco-. Una vez que deje en claro mis intenciones con Hermione a padre, (si no me mata en el proceso) va a desheredarme. Está más que claro.

-¿Has hablado de ello con Hermione? -preguntó Theo, cruzándose de brazos.

-Por su puesto -Draco lo miró ofendido-. Antes de que me traicionara con Krum.

-Ella no te traicionó con Krum.

-Lo hizo. Sabía de mis intenciones y aún así aceptó ir con él al baile de Navidad.

-Pues tal vez si le hubieras preguntado, ella te hubiera aceptado.

-No tenía por qué preguntarle.

-¡Claro que tenías! ¡No es una…!

-¡Quiero unirme! -espetó Blaise, alzando una mano al aire para detener el griterío entre Draco y Theo-. Invertiré, pero quiero el quince por ciento del negocio -dijo-. No necesito tantas acciones como el heredero Malfoy, pero nunca está de más apostar a un negocio que ganará millones -dijo, sonriendo con malicia.

-¿Y para qué necesitas más dinero? -preguntó Theo-. Es obvio que Draco lo quiere para sostener su vida una vez fuera de Hogwarts, ¿pero tú? -dijo-. Tú tienes la herencia de tu padre.

Blaise se encogió de hombros.

-Ya dije -respondió-. Nunca está de más tener dinero, y es una buena forma de empezar un patrimonio propio.

-Nosotros… nosotros no queremos más dinero -dijo Fred-. Bueno, sí -murmuró con una mueca-, pero queremos que Bagman nos pague.

-Podemos preguntarle a Gregory qué opina del asunto -aportó Draco después de unos segundos de silencio-. Tal vez él sepa qué hacer.

-¿Gregory? -preguntó George.

-Goyle -le recordó Draco.

-¿El troll?

-¡Eh! -resopló Blaise-. Nosotros los respetamos, ustedes respetan a nuestros amigos.

-Gregory quiere estudiar leyes mágicas -explicó Theo a unos confundidos gemelos-. Si alguien sabe cómo hacer frente a este asunto es él.

-Un abogado también cuesta dinero -dijo Fred, negando con la cabeza.

-Entonces podemos decirle a Vincent –dijo Draco-. Su padre puede encarar a Bagman para que pague su deuda.

-¿Y por qué el padre de Crabbe haría eso? -preguntó George.

-Porque al señor Crabbe le encanta intimidar gente -se burló Blaise-. Basta con que Vincent diga que apostó con ustedes y ustedes con Bagman.

-Alguien tiene que pagarle a Vincent, y ya que ustedes son menores de edad y los protege Dumbledore -prosiguió Draco-. Bagman tendrá que dar la cara.

Los gemelos se miraron, parecieron ligeramente inseguros, pero al final aceptaron.

-Una vez que Vincent reciba el dinero se los haremos llegar -explicó Draco, empezando a levantarse-. ¿Otro asunto del que necesiten zafarse?

Los gemelos negaron.

-Bueno… -titubeo Fred, posando sus ojos azules en los verdes de Blaise-. Si aún estas dispuesto, podemos ofrecerte el diez.

Blaise soltó un suspiro desganado.

-Si es todo lo que están dispuestos a ofrecer -murmuró-. Lo tomaré.

Los gemelos sonrieron. George se levantó para ir a buscar el contrato con Draco.

-¡Yo también quiero unirme! -dijo Theo, para sorpresa de todos-. ¿Qué? -se encogió de hombros-. Aún necesitan dinero. El local no saldrá barato si quieren buscar un lugar en el callejón Diagon.

-Nott tiene un punto -dijo Blaise, frotándose las manos y con un brillo malicioso en sus ojos-. Bien, ¿dónde firmamos?


Abril, 19. 1995

Biblioteca de Hogwarts.

01:41 a.m.

-¿Qué demonios estamos haciendo aquí? -preguntó Hermione, mirando por encima de su hombro como si esperara que alguien saliera de entre las sombras y los expulsara.

Draco y Theo caminaban por delante de ella, alumbrando las estanterías de la sección prohibida con la luz de sus varitas mágicas. Blaise se había quedado rezagado, parado delante de la puerta de la sección prohibida, la luz de su varita mágica apuntaba al Mapa del merodeador en su otra mano. Sus ojos nunca apartándose de él.

-Estamos buscando un libro de magia negra, ¿qué más haríamos en la sección prohibida, Hermione? -cuestionó Draco con obviedad, alzando su varita y alumbrando la estantería superior del mueble. Tomando expreso cuidado en no tocar ningún libro, algunos tenían maldiciones para proteger los secretos en su interior.

Hermione resopló, lanzando dagas con la mirada a la cabeza del rubio.

-Sé que buscamos un libro sobre magia negra, idiota -siseo, ganándose una risita de Draco-. Pero no entiendo por qué tenemos que hacerlo a escondidas. Estoy segura de que el profesor Snape nos daría un permiso si lo pidiéramos.

-Sí, seguro que sí -dijo Theo, rodando los ojos- Sobre todo con lo mal que nos ha ido este año. Nos lo daría hasta con un lazo dorado.

-Si yo se lo pidiera… -dijo Hermione, la implicación en la frase. Ellos no tendrían mucha suerte, pero estaba segura de que, si ella se lo pedía, el profesor Snape cedería-. De todas formas, ¿qué condenado libro vale la expulsión de Hogwarts?

-Nadie va a expulsarnos, Hermione –siseo Draco-. Blaise está vigilando el mapa, por no mencionar que eras tú quién quería saber cómo funcionaba el hechizo.

-¡Eso no significa que quiero que me expulsen! -gritó en un susurro-. Podrían haber enviado una carta a casa y preguntar. Estoy segura de que el señor Crabbe respondería a cualquiera de mis preguntas.

-Sólo por que cree que Vincent se las hace -se burló Theo.

-El señor Crabbe está ocupado cazando a Bagman -le recordó Draco-. ¿Quién diría que tenía asuntos pendientes con Bagman?

-Como si no lo supieras -bufó la castaña.

-A diferencia de Vincent -dijo Draco-. Mi padre no habla sobre su época dorada -se burló con desprecio-. No es como si pudiera preguntarle: Padre, ¿tú también puedes transformarte en humo y dejar un rastro negro tras de ti? Mi mejor amiga muggle (sí, aquella con la que no quieres que me relacione) quiere saber si los libros de historia sobre la primera guerra mágica son ciertos -recitó-. Por cierto, ¿me dejas ver tu marca? La de Karkarov está más clara que nunca, ¿el señor Oscuro ya mando a llamarte?

-Ya, vale, vale. Lo he captado -escupió Hermione con desprecio.

-Apuren -pidió Blaise-. Gregory ya está con el profesor Snape, y Vincent acaba de llegar donde Eleanor.

-¡Lo encontré! -dijo Theo, que había seguido buscando durante el discurso de Draco. Sacó un pesado libro de pasta blanca, todo cubierto de polvo. Golpeo la caratula con la punta de su varita provocando que el libro se alzara en forma vertical, flotando delante de los ojos del castaño-. Estado Niebla -ordenó. El libro se abrió con lentitud, pero las páginas cambiaron con velocidad hasta detenerse en seco, mostrando el tema de interés al Slytherin.

-El Estado Niebla -leyó Hermione, las ansias de sabiduría carcomiéndole- es un estado de agregación usado como ocultamiento. El mago o bruja es capaz de transformarse hasta el grado de desintegración en una niebla oscura, con el poder de volar sin escoba. Si el embrujo es bien programado, logra que el mago se oculte detrás de una capa invisible.

-Nebula status -recitó Draco, pasándose la lengua por sus labios resecos- Durante las primeras cinco transformaciones al Estado Niebla, en un periodo de cinco semanas de tiempo, es necesario un corte en la palma izquierda. Extrayendo cinco gotas de sangre y recitando el hechizo.

-Una vez terminadas las cinco semanas de prueba -continuo Theo, tragando con nerviosismo- el Estado Niebla formará parte de uno, en cuerpo y alma. El ritual habrá concluido.

-¡Joder! -dijo Blaise, asombrado-. Es un ritual de sangre.

-¡No me digas genio! -espetó Draco, nervioso.

-No deberíamos jugar con la magia de sangre -titubeo Theo.

Hermione negó.

-No estamos haciendo nada malo -dijo, aunque su voz salió temblorosa-. No le hacemos daño a nadie.

-Concuerdo con Hermione -dijo Draco, encogiéndose de hombros torpemente.

-Bueno, pues decídanse que McGonagall viene para acá -siseo Blaise, volviendo su atención al Mapa del merodeador.

Theo mascullo, nervioso, y levantó el hechizo del libro, tomándolo entre sus manos antes de que cayera al suelo. Se disponía a regresarlo del estante de donde lo tomo cuando tropezó con el pie de Draco, golpeando el estante y cayendo al suelo. El mueble se sacudió con fuerza y unos cuantos libros cayeron de él, golpeando a Theo en la cabeza, pecho y piernas.

-¡Si serás idiota! -siseo Draco, agachándose junto a Hermione para recoger los libros.

-¡Tu pie se metió en mi camino! -se quejó Theo, sobándose la cabeza mientras miraba como le quitaban los libros de encima.

-Sí, buena excusa para tu estupidez -se mofó Draco.

-¡Basta! -ordenó Hermione, las manos temblándole-. Todos estamos nerviosos, no necesitamos tus comentarios mordaces en este momento.

-¡No tenemos toda la maldita noche! -apuró Blaise, siguiendo con la mirada la mota escarlata con el nombre de "Minerva McGonagall".

Hermione negó, pasándole los libros a Draco para que los colocara de vuelta en su sitio mientras Theo se levantaba. Cuando solo le quedaba un tomo en las manos, le prestó verdadera atención. Se trataba de un gran volumen encuadernado en cuero negro desteñido; su curiosidad se volvió a escapar al mirar el titulo del libro: Secretos de las Artes más Oscuras.

Se mordió el labio, mirando de reojo a Theo que estaba acomodando el libro que tomó en un inicio. Le echó una hojeada rápida antes de que Draco pudiera quitárselo de las manos. Los dos últimos renglones en el índice le llamaron la atención.

-Hermione dame el libro -ordenó Draco, sin haber podido detenerla cuando vio sus intenciones para abrirlo.

-¿Qué es un Horrocrux? -preguntó, mirando a Draco.

-¿Qué cosa? -preguntó, frunciendo ligeramente el ceño.

-Aquí dice: Inferius y Horrocrux -dijo-. Sé que es un Inferius, pero no sé lo que es un Horrocrux.

-¡Vamos, Hermione! No tenemos tiempo para esto -apresuró Blaise, pero los tres Slytherin al otro lado del pasillo no le hicieron caso.

-No sé –admitió Draco-. Nunca había escuchado ese nombre, y créeme, la biblioteca de Malfoy Manor tiene libros sobre magia negra que te provocarían pesadillas.

Theo le retiró el pesado tomo a Hermione de entre las manos, y buscando el número de la página indicada en el índice, buscó para poder satisfacer la curiosidad de su hermana (y suya propia). Leyó:

Un Horrocrux es un objeto muy poderoso en el que un mago o bruja ha ocultado un fragmento de su alma con el propósito de alcanzar la inmortalidad. La creación de un único Horrocrux permite adquirir la capacidad de resucitarse a sí mismo si su cuerpo es destruido, sin embargo, la creación de Horrocruxes múltiples permite ser inmortal. La creación de varios Horrocruxes es "costosa" para el creador, tanto por la disminución de su humanidad e incluso por la desfiguración física que conlleva. Es posible reconstruir el alma, pero es muy doloroso. Crear un Horrocrux es un proceso complejo, ya que se debe matar a una persona cada vez que se decida crear uno. Cuando uno mata a una persona, el alma se desgarra y así, se introduce donde se haya decidido guardar cierta fracción de ella.

Para su creación, primero se asesina, ya que de esta forma se divide el alma; en el momento en que tienes ya un pedazo de tu alma, lo escondes en un objeto y/o ser vivo, aunque, lo segundo no es recomendable, ya que los seres vivos pueden pensar por sí mismos, un riesgo que no se correría si se escondiera el alma en un objeto inanimado….

Theo cerró el tomo con fuerza, el rostro demasiado pálido, casi fantasmal. Escuchó a Blaise hacer un sonido de arcadas, y no necesito mirar a Draco y Hermione para saber que ellos estaban igual de horrorizados.

-Eso… joder… regresa ese libro a su estantería y larguémonos de aquí -dijo Blaise, con un ligero estremecimiento.

Theo asintió con la cabeza, regresó el libro al estante y recogió su varita que se le había caído cuando tropezó. Esperaron en un tenso silencio hasta que Blaise les dijo que era seguro salir, prometiéndose que no hablarían del tema con nadie.

Nunca.


Mayo, 01. 1995.

Sala de Menesteres.

16:07 p.m.

-¿Estás seguro de que los gemelos no se aparecerán por aquí? -preguntó Theo, mirando a su alrededor.

En vez del laboratorio diseñado especialmente para los gemelos Weasley que había visto cuando Draco y Blaise le mostraron donde pasaban las tardes cuando evitaban a Hermione, se encontró con una sala totalmente equipada para el asunto a tratar. Había gruesas colchonetas azules cubriendo todo el suelo, enormes espejos que llegaban hasta el techo que se alzaba varios metros por encima de ellos.

En una esquina, había una mesa de madera con una daga de plata encima de ella. Sin sillas a la vista.

-Se los pedí para nuestros entrenamientos -dijo Draco, parado frente a la mesa de madera-. Bien, ¿quién empieza? -preguntó, tomando la daga y señalándolos con ella.

-¿Esto es seguro? -preguntó Ginny, mirando con desconfianza la daga de plata.

Draco puso los ojos en blanco, chasqueando la lengua con fastidio.

-Es magia negra, niña Weasley -le recordó-. Claro que es segura -dijo, con una sonrisa maliciosa y un brillo maligno en sus ojos grises.

Hermione rodó los ojos y le quitó la daga, apuntándolo esta vez a él.

-Deja de asustarla, Draco -le riñó.

Detrás de ella, el sonido de alguien lanzándose en clavada a las colchonetas se escuchó con un eco terrible en la sala. Vincent y Gregory estaban desparramados sobre las cómodas colchonetas.

-Me gustaría ser el primero -se ofreció Theo.

Hermione suspiró, pero le dio la daga. Draco, parado a un lado de ella, recargó la base de su espalda contra la mesa y se cruzó de brazos, mirando divertido al castaño. Theo sacó su varita, tomándola con los dientes para poder hacerse el corte en la palma izquierda, la sangre tiñendo rápidamente su mano. La cerró en un puño, una mueca de dolor en el rostro mientras mordía con fuerza su varita, contando las cinco gotas de sangre que golpearon el suelo antes de acunarse la mano contra el pecho.

Retiró la varita de su boca, inclinándose en cuclillas sobre la mancha escarlata en el suelo. La punta de su varita tocándola.

-¡Nebula status!

Una ligera quemazón empezó a encenderse en su corte haciendo que se mordiera con fuerza la lengua para no gritar. Luego, el fuego se convirtió en hielo, haciéndolo sentir como si se hubiera zambullido en un estanque helado. Un ardor distinto. Su mente empezó a desdibujarse, sus miembros empezaron a temblar de frío y se preguntó momentáneamente si valía la pena antes de que el frío se cortara de tajo. Su cuerpo se elevó como si estuviera flotando en agua y, segundos después, una niebla negra lo ocultó. No, no lo ocultó. Él era la niebla negra.

-¡Jódeme, fratello! -chifló Blaise, viendo el humo negro que antes era su mejor amigo.

Theo rio, aunque su risa pareció retumbar dentro de su cabeza. Alzó los brazos a sus lados, brazos que no eran extensiones de él más que pura niebla oscura; movió la pierna derecha y era más de lo mismo. Solo un destello de su cuerpo. Sabía que era él, pero no había brazos y piernas para mover.

-¿Puedes volar? -preguntó Hermione, caminando a su alrededor y la mandíbula entre sus dedos, admirando la niebla oscura. No podía distinguir la silueta de Theo, la figura fantasmal se elevaba al menos dos cabezas por encima de ella.

Theo le respondió que sí, pero de nuevo su voz se perdió entre el tumulto de niebla. Se preguntó cuál era el paso por seguir, aunque no se le ocurrió nada. Se imaginó a si mismo surcando los altos muros de la sala, sin embargo, no se movió. Probó saltando, y fue como si hubiera activado un interruptor.

Despegó con fuerza del suelo, elevándose a una velocidad asombrosa, como si montara su Nimbus 2001. No, más rápido, pensó. Extendió sus brazos a todo lo que daban, una vaga idea del superhéroe muggle que había visto en televisión.

-¡Genial! -escuchó gritar a Gregory mientras volaba alrededor de la habitación. Moviéndose como lo haría si estuviera volando su escoba mágica.

-¿¡Puedes volverte invisible!? -gritó Vicent, alzando los brazos todo lo que daban como si pudiera alcanzarlo.

Theo lo pensó, se pensó desvaneciéndose hasta volverse uno con la niebla.

-¡Sí, joder! -exclamó Blaise, extasiado.

Theo miró su cuerpo, volando de espaldas. La niebla había desaparecido, aunque aún podía sentirla. Una gran sonrisa brilló en su cara, aunque nadie pudiera verla. Sobrevoló el lugar durante unos tres minutos aproximadamente hasta que intentó aterrizar, algo que de plano no le salió bien.

Se golpeó con dureza contra la colchoneta, su brazo recibiendo todo el impacto. La niebla oscura volvió a envolverse alrededor de él, revelando a sus amigos desorientados donde había caído. Theo miró el alto techo, sintiendo como si el agua se escurriera de él hasta sentirse seco.

-¡Eso fue genial, fratello! -aulló Blaise, corriendo graciosamente sobre las colchonetas para llegar al castaño. Se dejó caer de rodillas y tomó los hombros de Theo-. ¡Estuvo de locos! ¡Desapareciste y luego no supimos donde estabas! ¡Al principio parecía como si te viéramos a través de un espejo borroso! ¡Y luego pff! ¡Desapareciste! -sus ojos brillaban con excitación.

-¿Cómo fue? -preguntó Hermione, también arrastrándose sobre sus rodillas. Sus demás amigos empezaron a rodearlo.

-Fue… -dijo Theo, que a pesar de todo el esfuerzo dado no sentía que le faltara la respiración-… No, no hay palabras -se rio, otra enorme sonrisa bailando en sus labios-. Lo sabrán cuando lo intenten.

-¡Mi turno! -gritó Blaise, girándose para regresar por la daga, pero fue aplastado magistralmente por Vincent. Soltó un gruñido de dolor-. ¡Quítate gordo! -se hago, probando el plástico de la colchoneta y pataleando, pero Vincent era más pesado que él.

-¡Perdiste Zabini! -escuchó la risa de Gregory, y por el sonido que hacia su cuerpo, supo que estaba llegando a donde habían dejado la daga de plata.

-¡Eso es trampa! -se quejó Blaise, retorciéndose bajo el pesado cuerpo de Vincent-. ¡Una vez te me quites de encima te moleré a crucios!

-Quédate quieto, cariño -dijo Vincent, meloso-. A menos que quieras ser el último -se burló. Blaise volvió a gruñir, pero detuvo su pataleta. Quedándose muy quieto esperando que Vincent se le quitara de encima, pero cuando por fin sintió que el chico empezaba a retirarse, cayó de golpe encima suyo una vez más. El peso multiplicándose mientras ambos soltaban un jadeo ahogado.

La risa cantarina de Ginny retumbó como un eco en la sala.

-¡Weasley! -gruñó Vincent, pero no tuvo tiempo para quitársela de encima cuando otro peso se sumó. La cabellera de rizos castaños de Hermione le taparon la vista, su risa entrelazada con la de Ginny.

Draco los miró, sentado a un lado de Theo mientras negaba con la cabeza, escuchando los lloriqueos de Blaise para que se quitaran de encima.

-Nunca viene de más un poco de paz, ¿no? -preguntó Theo, recargado sobre sus antebrazos y mirando el espectáculo que formaban sus amigos.

Draco se encogió de hombros.

-Supongo que no -admitió.


Mayo, 13. 1995.

Campo de quidditch.

Torneo de los tres magos (y Potter): Tercera prueba.

18:30 p.m.

-No puedo creer que en serio hayan permitido que Marcus viniera -dijo Vincent, sus ojos fijos donde el ex Slytherin estaba parado frente a los dos prefectos y su jefe de casa. Parecía que los cuatro estaban en una conversación muy seria, los ojos de Marcus escudriñando el lugar.

El campo de quidditch ya no era llano ni liso: parecía que alguien había levantado por todo él unos muros largos y bajos, que serpenteaban y se entrecruzaban en todos los sentidos. Mas de seis metros de altura.

-Me parece que será otra prueba donde no veremos ni mierda -se burló Gregory, cruzándose de brazos y con un gesto de abatimiento total en el rostro. Los exámenes estaban a un giro de luna, y necesitaba sacar las mejores notas para demostrar que no era solo el compinche de Draco, o un muro estúpido con el que hablar.

-¡No es justo! -abucheo Pansy, sus mejillas pintadas con tonos azules claros en su apoyo a Fleur Delacour-. La única prueba que pudimos ver fue la de los dragones -dijo, reprimiendo un escalofrío al recordar como el fuego se aferraba al brazo derecho de Krum.

-Además, hace demasiado frío -se quejó Millicent, aferrándose a su túnica-. Ni siquiera pudieron poner un hechizo de calefacción -murmuró, su bufanda con los colores de Hufflepuff.

Gregory se rio, pero aun así sacó su varita mágica y recitó el hechizo aprendido. De algo tenía que servir seguir a sus amigos a los campos helados de Hogwarts durante diciembre y enero. Millicent le sonrió en contribución, dejando escapar un suspiro complacido ante el calor adquirido.

-¡Mi turno! -pidió Flora, sacudiendo el sombrero con los colores de Durmstrang. La única entre los Slytherin que apoyaba al búlgaro.

Gregory estuvo aplicando hechizos de calefacción entre los interesados hasta que Marcus Flint se paró delante de ellos, acompañado por Eleanor y Owen. No los habían visto subir las gradas, pero la sonrisa que tenía en sus rostros hizo que los Slytherin sonrieran.

-¡Marcus! -gritaron entre varios, levantándose para estrechar su mano con el ex Slytherin. Fueron casi diez minutos completos de saludos, antes de que Eleanor presentara a los de primer año con el actual guardián de los Appleby Arrows.

Cuando por fin Marcus pudo apartarse de las presentaciones, tomó asiento a un lado de Hermione y le echó el brazo por encima de los hombros.

-¿Qué tal se encuentra la princesa de Slytherin? -preguntó, con una deslumbrante sonrisa. Hermione rodó los ojos.

-Igual que cuando te respondí en la carta de ayer -dijo.

Ella, posiblemente, era con quién más se enviaba cartas el ex Slytherin.

-¡Oí que Emma solicitó un puesto en la escuela de aurores! -dijo Blaise, inclinándose hacia delante para ver a Marcus.

-Sí -dijo-. La aceptaron hace un mes, de hecho. Empieza el entrenamiento dentro de una semana.

-¡Que genial! -dijo Pansy.

-¿Cómo lograste que Dumbledore aceptara tu petición? -preguntó Adrian, mirándolos desde dos escalones más arriba. Marcus lo miró de reojo.

-Solo le recordé todos los incidentes que ha habido contra mis Slytherin, y me dio el pase -sonrió con soberbia-. Aunque claro, McGonagall se quejó.

-McGonagall siempre se queja -se burló Joe cuando los Gryffindor empezaron a llegar, los últimos en ocupar sus lugares en las gradas.

Blaise, a pesar de prestar atención a la conversación que se alzaba entre Marcus y Adrian, no pudo evitar distinguir a Ginny Weasley en los brazos de Michael Corner. Se llevó las manos a los muslos, apretando la tela con fuerza mientras fulminaba al chico con la mirada.

-¿En serio, Blaise? -preguntó Marcus, llamando la atención del moreno.

-¿Qué? -desafió, fingiéndose ignorante.

-Zabini… -advirtió.

-Lo siento -se disculpó, cruzándose de brazos y desviando la mirada.

-¿Desde cuándo empezó esto? ¿Y por qué apenas vengo enterándome? -preguntó Marcus en voz baja a Eleanor que estaba sentada a su otro lado. La chica se encogió de hombros.

-No lo sé -admitió-. Pensé que con murciélagos saliendo de su nariz era imposible que sintiera algo por la niña Weasley.

-Por lo visto no es así.

-¿Podrían dejar de hablar de mi vida amorosa como si no estuviera aquí? -preguntó Blaise que los había escuchado.

-Los Weasley son un desperdicio, Blaise -negó Marcus-. Te mereces algo mejor.

-Tú crees que todos tus niños se merecen algo mejor -se bufó Owen sentado detrás suyo.

Las trompetas del grupo de música de Hogwarts empezaron a tocar en frente de la tribuna. Había llegado el resto del profesorado, las personas de Ministerio, la prensa de "El Profeta" y los padres de los campeones de Hogwarts, como también sus amistades si las cabezas pelirrojas pertenecían a los Weasley. Varios gritos ahogados y murmullos se extendieron entre las tres escuelas cuando James Potter entró caminando en medio de Cornelius Fudge y Albus Dumbledore.

-Tenías razón -dijo Gregory, admirando al mago-. Es idéntico a Potty Popoti -y aunque lo era, parecía más viejo de lo que había esperado, con un aspecto tan enfermizo como el de Remus Lupin. El cabello negro lo tenía enredado y sus gafas colgaban en su nariz.

-¡Hombre! Sí que se ve mal -se escuchó decir a William Sayre. Owen asintió a su lado, sin despegar la mirada del señor Potter.

-¡Ahí vienen los campeones! -se escuchó decir a un alumno de primero, señalando con el dedo por donde acababan de entrar los susodichos. Ludo Bagman subió a la tribuna y conjuro un Sonorus.

-¡Damas y caballeros, va a dar comienzo la tercera y última prueba del Torneo de los tres magos! -anunció-. Permítanme que les recuerde el estado de las puntuaciones: empatados en el primer puesto, con ochenta y cinco puntos cada uno… ¡el señor Cedric Diggory y el señor Harry Potter, ambos del colegio de Hogwarts! -Los aplausos y vítores provocaron que algunos pájaros salieran revoloteando del bosque prohibido y se perdieron en el cielo cada vez más oscuro-. En segundo lugar, con ochenta puntos, ¡el señor Viktor Krum, del instituto Durmstrang! -Más aplausos-. Y, en tercer lugar, ¡la señorita Fleur Delacour, de la Academia Beauxbatons!

Pudieron ver como Potter y Diggory se ponían en la línea de salida, sus varitas a la mano.

-¡Entonces… cuando suene el silbato, entrarán Harry y Cedric! -dijo Bagman-. Tres… dos… uno…

Dio un fuerte pitido y Potter y Diggory penetraron rápidamente al laberinto. Los altísimos setos se mecieron un poco, y cuando volvieron a quedarse quietos sonó otro fuerte pitido y Krum se adentró con la misma destreza al laberinto. Repitiendo la misma secuencia, Fleur Delacour fue la última en entrar al sonar el pitido final.

-Y ahí se fue toda la diversión -resopló Adrian.

-¿Qué tan cierto es que Bagman te debe dinero? -preguntó Marcus cuando apartó la mirada del laberinto, sus ojos puestos en Vincent.

-¿Eh? -preguntó, confuso. Theo le golpeo con ligereza la rodilla con la suya propia-. ¡Ah, sí! -dijo, rascándose la mandíbula-. No me debe a mí como tal… -explicó-… le debe a los gemelos Weasley y ellos a mí.

-¿Y por qué te deben? -preguntó Marcus, mirándolo con curiosidad.

-Uhm, bueno… -titubeo Vincent-. Por que hicimos una apuesta durante el Mundial de quidditch y les gané, y ellos a su vez a Bagman, pero por lo visto resultó ser un fanfarrón que les pagó con oro leprechuan.

-Aja… -dijo Marcus, cruzándose de brazos antes de inclinarse hacia Eleanor-. ¿Me dijiste también que hubo un problema entre Daphne Greengrass y Blaise?

Eleanor asintió.

-Sí -dijo-. Por lo visto se creyeron muy maduros como para dar… el siguiente paso -explicó, moviéndose incómodamente sobre el asiento de madera-. Hablé con ella, y luego con Blaise; por lo visto fue un problema de comunicación sobre la falta de trato marital entre ambos.

El ex Slytherin asintió con lentitud.

-¿Y qué hay de Karkarov? -preguntó Marcus-. Malfoy dijo algo sobre… ¿la marca? -dijo en un susurro.

-El profesor Snape me advirtió -respondió Eleanor-. Owen lo ha vigilado de cerca, pero por lo visto está mas nervioso por… El-que-no-debe-ser-nombrado que por causar estragos en Hogwarts.

-¿Ya tienes a tus elecciones sobre los prefectos del próximo año? -preguntó Marcus después de unos segundos de un oscuro silencio.

-Sí, Owen y yo concordamos en que Malfoy y Granger son la mejor opción -admitió Eleanor, atrapando un mechón de cabello detrás de su oreja-. A pesar de que solo estarán en quinto año, los Slytherin de mayor grado los respetan. Ya sabes que el nombre de Malfoy no pasa desapercibido.

-Lo noto.

-Aunque ambos se han ganado el respeto de nuestra casa bajo sus propios méritos -continuo Eleanor-. Será un poco tedioso con los estudiantes de primer año que, bueno, ya sabes… vienen con prejuicios propios -dijo, tensa-. Pero estoy seguro de que sabrán arreglarlo.

-¿Se lo has dicho al profesor Snape?

-Sí -asintió Eleanor-. También cree que es una buena idea, además… -agregó, mirando hacia donde Vincent y Gregory hablaban con Pansy y Flora-… Goyle y Crabbe son un gran peso a favor. Tienen la misma altura que cualquiera de séptimo año, y parecen haber adquirido un par de músculos extras. Nadie se atrevería a contrariarlos.

-En eso concuerdo -se rio Marcus, pensando brevemente en su encuentro de hacía unos minutos cuando miró de frente a ambos adolescentes-. ¿Entonces no ha habido incidentes sobre…?

-¿La sangre de Hermione? -murmuró muy bajito Eleanor, como si fuera un pecado capital. Marcus asintió-. No, todos la aceptan. Hiciste un buen trabajo.

Marcus rio.

-Tú también te has esforzado -sonrió, perdiéndose el sonrojo de la prefecta ya que las chispas rojas que salían del laberinto llamaron su atención.

-¿Qué carajos habrá en el laberinto? -se cuestionó Draco a la vez que dos aurores montaban escobas y se lanzaban hacia la señal de auxilio.

-Vi al guardián de las llaves esta mañana sacando unas criaturas repugnantes de enormes cajas -dijo Maia que había escuchado la charla, reprimiendo un escalofrío.

-Maldición -masculló el rubio, recordando el tamaño que tenían esas cosas solo tres días atrás-. Ya decía yo que por algo nos hizo criarlas.

-¿Alguien apostó? -preguntó Tracey Davies, de sexto año.

-¡Sí que sí! -se rio James Steward de sexto año también, su cabello rojizo bailando con la brisa que sacudió en ese momento-. Aposte a que Potter llegaba primero, Diggory en segundo lugar, Krum tercero y Delacour ultimo.

-¿Tal cual entraron? -se burló Zayra.

-¿Algún problema, Bellamy? -bufó James.

-Sí, ten un poco de imaginación -se quejó, cruzándose de brazos.

-Zayra -reprendió Maia.

-¿Apostaste? -preguntó Marcus justo cuando los aurores volvían a salir, cargando con Fleur Delacour inconsciente. Los alumnos de Beauxbatons corrieron hacia su campeona con Madame Maxime siguiéndolos de cerca.

-¡Por favor! -se quejó Zayra, palmeándose la cara-. ¡Aposte a que ella ganaba!

Algunos Slytherin rieron.

-¿Con quien eran las apuestas? -preguntó Marcus, volviendo su atención otra vez a Eleanor.

-Los gemelos Weasley -explicó-. Tus niños pasan mucho tiempo con ellos.

-¿Disculpa? –pidió, enarcando una ceja.

-Los he captado escabulléndose hacia la torre de Gryffindor -dijo Eleanor-. Aunque no estoy segura de que entren a la sala común de los leones.

-¿Por qué no sabía nada de eso? -dijo Marcus, enarcando una ceja.

Eleanor se encogió de hombros.

-Tal vez no están listos para decirte -respondió, y una vez más las chispas rojas se alzaron en el aire.

-Que sea Potter… que sea Potter… –recitó William, entrecruzando sus dedos-. Vamos, Potter…

Los aurores ya estaban descendiendo en el lugar donde las chispas rojas se habían encendido. Todo el gentío guardó silencio, tratando de adivinar a quién estaban cargando los aurores. Y no tardaron mucho en adivinarlo.

-¡No! -resopló William, viendo a Viktor Krum apareciendo entre los brazos de los aurores.

-¿Decías, Bellamy? -preguntó James sonriendo ampliamente.

-Aún no ganas -chirrió la Slytherin en cuestión-. Falta que Diggory pierda ante Potter, que lo veo muy difícil.

-Dirás lo que quieras -se burló James-. Pero hasta el momento ha sabido sobrellevar el asunto…

-¡TÚ! -el gritó el Fleur Delacour cortó las charlas que se alzaban entre los estudiantes de Hogwarts. Envuelta entre los brazos de Madame Maxime, señalaba a Viktor Krum a diez pasos de él. El búlgaro parecía aturdido, rodeado entre los suyos y con Karkarov alzándose detrás suyo-. ¡Me atacaste!

-Fleur, quegguida -dijo Madame Maxime, intentando retenerla. Su pequeña hermana: Gabrielle, a unos pasos de ellas-. De seguggo te has confundido…

-¡NO! -chilló Delacour, tratando de soltarse del férreo agarre que mantenía su directora-. ¡Me lanzó un Cgggucio!

Los jadeos de sorpresa no se hicieron esperar.

-¿Pero qué demonios? -jadeo Owen-. ¿Le lanzó un imperdonable?

-¡Niña insolente! -gritó Karkarov, mirando con desprecio a Fleur Delacour.

-¿¡Cómo se atggeve a hablaggle así a mi alumna? -defendió Madame Maxime, mirando ofendida a Karkarov. Dumbledore y Fudge se acercaron a los directores y sus respectivos campeones.

-Me parece que deberíamos tranquilizarlos -sugirió Dumbledore, una sonrisa en sus labios.

-¡Dígaselo a esa bestia! -gritó Karkarov, furibundo-. ¡Semigigante! ¡Inferior a mí! -escupió, su saliva volando-. ¡Tú le aconsejaste para que dijera tan vil mentira sobre Viktor!

Madame Maxime jadeo, perpleja.

-Por favor, directores… -intentó calmar Fudge.

-¡Tú…! ¡Tú…! -la mandíbula de Madame Maxime temblaba, soltando a su alumna para no lastimarla en su enojo-… ¡Mogggtífago!

-¡Ooohhh! ¡Justo en la marca! -aulló Blaise, parándose y aplaudiendo como desaforado-. ¡Alguien dele a la señora la copa de las casas! ¡Se la ha ganado a pulso!

-¡Blaise! -reprendió Eleanor, tratando de pasar por encima de Marcus para llegar al moreno. Owen, que no tenía la misma dificultad, se levantó de su asiento y tomando a Blaise de los hombros, lo sentó con fuerza de nuevo en su lugar.

-¡Como vuelvas a levantarte, Zabini, te coceré al asiento! -amenazó Owen en su oído, sonriendo amistosamente a McGonagall que los miraba asientos más abajo.

-Pero no he dicho nada que nadie de aquí no piense -se defendió el moreno, sin querer mirar hacia donde el aura demoniaca de Marcus se alzaba sobre su cabeza.

Un estruendoso "plop" sonó en el lugar, cortando las platicas de golpe. Potter y Diggory cayeron sobre el pasto verde, fuera del laberinto y en medio del tumulto; el cáliz de fuego en la mano del menor mientras se aferraba a Diggory como si la vida se le fuese en ello. Las trompetas sonaron poco después, reaccionando tarde al hecho de que Potter parecía haber ganado el Torneo de los tres magos. Los gritos de entusiasmo de los señores Diggory y los Weasley se escucharon por encima de los vítores de las casas de Hufflepuff y Gryffindor.

-¡En tú cara, Bellamy! -chifló James, alzando una bandera con el escudo de Gryffindor al aire. Nadie había visto de donde la sacó.

Zayra ni siquiera tuvo tiempo de responder cuando el grito histérico de Fleur Delacour se alzó en al aire, señalando hacia donde Potter y Diggory se encontraban, aún tendidos en el pasto. Fue justo en ese momento en que se dieron cuenta que Diggory tenía los ojos abiertos desmesuradamente, mirando hacia el cielo nocturno… sin rastro de vida en ellos.

-¡Por Dios! -jadeo Hermione, apartando la mirada y echándole los brazos a Draco. El rubio la abrazó en seguida, sin desviar la mirada del cuerpo sin vida del Hufflepuff-. Está muerto. Diggory está muerto -se lamentó, susurrando contra la túnica del Slytherin.

-¡Demonios! -masculló Marcus, levantándose al mismo tiempo que Eleanor-. Los niños…

-¡NOOOO! ¡MI NIÑO! ¡NOOOO! –gritó el señor Diggory, bajado los escalones a tropezones, pero siendo detenido con fuerza por James Potter y Arthur Weasley al llegar al campo.

-¡Ha vuelto! -gritó Potter, callando la histeria que empezaba a alzarse entre los presentes-. ¡Voldemort ha vuelto!

El campo de quidditch quedó reducido a nada, todos atónitos ante las palabras de Potter. Lo siguiente que sucedió pasó en cámara lenta: Alastor Moody tomó a Potter por la camisa y lo arrancó del cuerpo sin vida de Cedric Diggory, arrastrándolo hacia el castillo. Amos Diggory aulló de dolor, dejándose caer al suelo mientras el señor Weasley y el señor Potter intentaban contenerlo. Los sollozos de la señora Diggory se alzaron en la tribuna, aferrándose con sus últimas fuerzas al pecho de Molly Weasley. Los alumnos de Ravenclaw empezaron a rodear a Cho Chang, que lloraba devastada en su asiento.

Severus Snape apretaba con fuerza su antebrazo izquierdo, corriendo hacia Albus Dumbledore que murmuraba histéricamente junto a Cornelius Fudge mientras unos aurores sin nombre tomaban el cuerpo de Diggory y desaparecían en la noche.

-Hay que sacar a los niños, ¿me has entendido? -ordenó Marcus, volviendo en sí-. Llévalos a las mazmorras. Ahora -dijo.

Eleanor asintió, la piel pálida y la mirada desenfocada. Marcus se giró para repetir la orden a los estudiantes de séptimo y sexto año, queriendo desocupar las tribunas en seguida. Todos estaban demasiado impactados con la noticia… con el recordatorio del cuerpo sin vida de Cedric Diggory brillando en sus cabezas. Los Slytherin con más años empezaron a levantarse con torpeza, empezando a formar grupos de cinco para llevarlos de vuelta al castillo.

-Vamos –dijo Marcus, tomando a Hermione del codo y sacándola del agarre de Draco-. Hay que regresar al castillo -le dijo a Draco, que asintió distraído.

La marea verde esmeralda no fue la única moviéndose, los maestros empezaron a ordenar a los estudiantes calma mientras llamaban a sus prefectos. Marcus miró de reojo al profesor Snape mientras cruzaba el campo, recibiendo un asentimiento de su parte.

Vaya día para visitar Hogwarts.


Incluso un mes después, al rememorar los días que siguieron, Hermione se dio cuenta de que se acordaba de muy pocas cosas. Era como si hubiera pasado demasiado para añadir más. Las recapitulaciones que hacía resultaron muy confusas.

Alastor Moody no era el verdadero Ojoloco, si no que más bien era Barty Crouch junior, hijo del señor Crouch que resultaba estaba muerto. Su propio hijo lo había matado después de mantenerlo mucho tiempo bajo la maldición Imperius, por no mencionar que tenía el verdadero Moody cautivo. El mortífago no había podido responder a todos sus crímenes, ya que en un descuido de Fudge, el dementor designado para llevarlo de vuelta a Azkaban le dio el beso.

Tal vez si le hubieran avisado al profesor Snape de lo que encontraron aquel día en el mapa, todo se hubiera revelado más rápido, pero Marcus les había repetido infinitas veces que eso no era culpa suya. Otra cosa que agregar a la lista, era que el profesor Dumbledore había permitido que Marcus viniera a su gusto al colegio, tratando de animar a sus excompañeros.

Karkarov y Bagman estaban desaparecidos desde la prueba final y a Potter se le veía pocas veces durante eso días. Los exámenes habían sido cancelados, para sorpresa de nadie.

-Si Lord Tenebroso está realmente de vuelta… -dijo Owen, una noche que se habían quedado despiertos hasta tarde-… será un año oscuro para los nuestros.

-¿A qué te refieres? -preguntó Theo, su mirada puesta en el fuego de la chimenea.

-Hay demasiados hijos de mortífagos en Slytherin -respondió el prefecto-. Eso se volverá en nuestra contra.

Los Slytherin presentes guardaron silencio.

-Tal vez Potter solo se confundió y… ¡Ah! -Maia soltó un grito agudo cuando Vincent se levantó de un salto, golpeando con fuerza la mesita al centro y volcándola junto a las tazas de porcelana que sostenía. Las tazas se rompieron ante la furiosa mirada del joven Slytherin, que apretaba los puños a sus costados.

Ninguno de los presentes pronuncio palabra alguna mientras miraban al chico marcharse.

-¿Estarán bien? -preguntó Eleanor después de reparar el desastre hecho, la mirada sobre Hermione. La chica se encogió de hombros.

-Supongo… -murmuró-. Aún no sabemos qué ocurrirá a continuación.

-Asegúrense de mantener a los Slytherin unidos -dijo William, sosteniendo la boquilla de la bebida. Un whisky de fuego que había sobrevivido a las fiestas pasadas-. Durante el descanso de verano sabrán si Lord Oscuro regresó… al menos los hijos de mortífagos -prosiguió, desviando la mirada a Draco-. Van a necesitar mucha ayuda.

Gregory asintió, aunque no era a él a quién se dirigía.

-Eso haremos.

Volvieron a aguardar silencio, todos demasiado temerosos de lo que se avecinaba.


La noche antes del regreso a casa, Hermione preparó su baúl llena de pesadumbre. Sentía terror ante el banquete de fin de curso, que era motivo de alegría otros años, cuando se aprovechaba para anunciar el ganador de la Copa de las Casas.

Cuando Hermione, Draco, Theo, Blaise, Vincent y Gregory entraron en el Gran Comedor, vieron en seguida que faltaba la acostumbrada decoración para el banquete de fin de curso que solía lucir los colores de la casa ganadora. Aquella noche, sin embargo, había colgaduras negras en la pared de detrás de la mesa de los profesores. Hermione no tardó en comprender que era una señal de respeto por Diggory.

El auténtico Ojoloco Moody estaba allí sentado, con el ojo mágico y la pata de palo puestos en su sitio. Parecía extremadamente nervioso, y cada vez que alguien le hablaba daba un respingo. Hermione no se lo podía echar en cara: era lógico que el miedo de Moody a ser la víctima de un ataque se hubiera incrementado tras diez meses de secuestro en su propio baúl. La silla de Karkarov se encontraba vacía. Hermione se preguntó, al sentarse con sus compañeros de Slytherin, dónde estaría en aquel momento, y si Lord Oscuro lo habría atrapado.

Madame Maxime seguía allí. Se había sentado al lado de Hagrid. Hablaban en voz baja. Más allá, junto al profesor Snape, se hallaba Marcus. Sus ojos se demoraron un momento en Hermione, sonriéndole con calidez antes de continuar con la amena charla que mantenía con McGonagall, sentada a su otro lado.

-Si no fuera por que lo escuche maldecirla más de una vez, creería de verdad que le agrada -escuchó decir a Owen a William que se rio a un lado suyo. Una risa manchada con poca gracia.

-Espero que el próximo año no sea tan pesado como este -dijo Eleanor, apartándose un poco de la charla que mantenía con Zayra-. Tener a Marcus supervisando sobre tu hombro todo el tiempo te sacara un par de canas prematuras.

-¿Por qué me dices eso? -preguntó Hermione, frunciendo ligeramente el ceño.

Eleanor rio, tomando un mechón del cabello de Hermione y colocándolo detrás de su oreja, una sonrisa que usualmente usaba Emma ahora plantada en ella.

-Por que serás la próxima prefecta.

-¿¡Qué!? -siseo Hermione, blanca como el papel-. ¡No, no puedes hacerme eso!

-¿Hacerte qué? -preguntó Draco, sentado a su otro lado y enarcando una ceja.

Dumbledore se levantó de su asiento antes de que Eleanor pudiera responderle. El Gran Comedor, que sin duda había estado mucho menos bullanguero de lo habitual en un banquete de fin de curso, quedó en completo silencio.

-El fin de otro curso -dijo Dumbledore, mirándolos a todos.

Hizo una pausa, y posó sus ojos en la mesa de Hufflepuff. Aquélla había sido la mesa más silenciosa ya antes de que él se pusiera de pie, y seguían teniendo las caras más pálidas y tristes del Gran Comedor.

-Son muchas las cosas que quisiera decirles esta noche -dijo Dumbledore-, pero quiero antes que nada lamentar la pérdida de una gran persona que debería estar ahí sentada -señaló con un gesto hacia los de Hufflepuff-, disfrutando con nosotros este banquete. Ahora quiero pedirles, por favor, a todos, que se levanten y alcen sus copas para brindar por Cedric Diggory.

Así lo hicieron. Hubo un estruendo de bancos arrastrados por el suelo cuando se pusieron en pie, levantaron las copas y repitieron, con voz potente, grave y sorda:

-Por Cedric Diggory.

Hermione vislumbró a Chang a través de la multitud. Le caían por la cara unas lágrimas silencias. Cuando volvieron a sentarse, bajó la vista a la mesa.

-Cedric ejemplificaba muchas cualidades que distinguen a la casa de Hufflepuff -prosiguió Dumbledore-. Era un amigo bueno y leal, muy trabajador, y se comportaba con honradez. Su muerte los ha afligido a todos, lo conocieron bien o no. Creo, por eso, que tienen el derecho a saber qué fue exactamente lo que ocurrió.

Hermione levantó la cabeza y miró a Dumbledore.

-Cedric Diggory fue asesinado por lord Voldemort.

Un murmullo de terror recorrió el Gran Comedor. Los alumnos miraban a Dumbledore horrorizados, sin atreverse a creerle. El estaba muy tranquilo, viéndolos farfullar en voz baja.

-El Ministerio de Magia -continuó Dumbledore- no quería que se los dijera. Es posible que algunos de sus padres se horroricen de que lo haya hecho, ya sea porque no crean que Voldemort haya regresado realmente, o porque opinen que no se debe contar esas cosas a gente tan joven. Pero yo opino que la verdad siempre es preferible a las mentiras, y que cualquier intento de hacer pasar la muerte de Cedric por un accidente, o por el resultado de un grave error suyo, constituye un insulto a su memoria.

En aquel momento, todas las caras, aturdidas y asustadas, estaban vueltas hacia Dumbledore.

-¿Creen… creen que sea cierto? -la voz de Gregory temblaba-. Que él… que él… y nuestros padres… ¡Morgana! Mi padre…

-Hay alguien más a quien debo mencionar en relación con la muerte de Cedric Diggory -siguió Dumbledore-. Me refiero, claro está, a Harry Potter.

Un murmullo recorrió el Gran Comedor al tiempo que algunos volvían la cabeza en dirección de Potter antes de mirar otra vez a Dumbledore.

-Harry Potter logró escapar de Voldemort -dijo Dumbledore-. Arriesgó su vida para traer a Hogwarts el cuerpo de Cedric. Mostró, en todo punto, el tipo de valor que muy pocos magos han demostrado al encararse con lord Voldemort, y por eso quiero alzar la copa por él.

Dumbledore se volvió hacia Potter con aire solemne, y volvió a levantar la copa. Casi todos los presentes siguieron su ejemplo, murmurando su nombre como habían murmurado el de Diggory, y bebieron a su salud. En la mesa de Slytherin, no muchos se pararon, negándose a pronunciar un brindis en nombre de Potter.

-Maldita sea -siseo Draco, restregándose el rostro.

-Todo estará bien, ya verás… -trató de animar Hermione, tomando su mano con la suya y dándole un beso sobre la tela que cubría su hombro.

Cuando todos volvieron a sentarse, prosiguió:

-El propósito del Torneo de los tres magos fue el de promover el buen entendimiento entre la comunidad mágica. En vista de lo ocurrido, del retorno de lord Voldemort, tales lazos parecen ahora más importante que nunca.

Dumbledore pasó la vista de Hagrid a Madame Maxime a Fleur Delacour y sus compañeros de Beauxbatons, y de éstos a Viktor Krum y los alumnos de Durmstrang, que estaban sentados en un rincón apartado en la mesa de Slytherin.

-Todos nuestros invitados -continuó Dumbledore, y sus ojos se demoraron en los alumnos de Durmstrang- han de saber que serán bienvenidos en cualquier momento en que quieran volver. Les repito a todos que, ante el retorno de lord Voldemort, seremos más fuertes cuanto más unidos estemos, y más débiles cuanto más divididos.

Hermione no pudo evitar mirar a Marcus otra vez, que mantenía la mandíbula fuertemente apretada y miraba con seriedad a Dumbledore.

-La fuerza de lord Voldemort para extraer discordia y la enemistad entre nosotros es muy grande. Sólo podemos luchar contra ella presentando unos lazos de amistad y mutua confianza igualmente fuertes. Las diferencias de costumbres y lengua no son nada en absoluto si nuestros propósitos son los mismos y nos mostramos abiertos. Estoy convencido (y nunca he tenido tantos deseos de estar equivocado) de que nos esperan tiempos difíciles y directamente a manos de lord Voldemort. Muchas de sus familias quedaron deshechas por él.

Hermione parpadeo repetidas veces, tratando de alejar las lágrimas mientras pensaba en todo lo que eso conllevaba para su madre. Su madre muggle casada con un mortífago.

-Recuerden a Cedric -prosiguió Dumbledore, como si fuera ajenos a los estragos que estaba haciendo en las mentes de muchos Slytherin-. Recuérdenlo si en algún momento de su vida tiene que optar entre lo que está bien y lo que es cómodo, recuerden lo que le ocurrió a un muchacho que era bueno, amable y valiente, sólo porque se cruzó en el camino de lord Voldemort. Recuerden a Cedric Diggory.


El tiempo no pudo ser más diferente en el viaje de vuelta a King´s Cross de lo que había sido en septiembre. No había ni una sola nube en el cielo. Tenían un compartimento solo para ellos, como siempre, solo con el hecho de que Pansy había decidido acompañarlos en el viaje de vuelta.

No era ningún secreto del por qué parecía querer regresar con ellos. Crookshanks, como siempre, se mantenía enroscado sobre sí mismo en una esquina libre, lejos del ambiente sombrío que rodeaba a los Slytherin.

-Esto es una mierda -se quejó Draco, su frente recargada sobre el hombro de Hermione-. Todos miran a Potter como si hubiera estuviera a punto de perder la cabeza.

-Ya, bueno, pero al menos no nos miran a nosotros –dijo Vincent, chasqueando la lengua con amargura.

-Por ahora -concedió Theo, apretando su lista de calificaciones en un puño-…Papá ni siquiera respondió a mis cartas.

-No eres el único -reprochó Pansy, cruzada de brazos y mirando la punta de sus zapatos.

-Al menos Marcus se retiró después de la cena -murmuró Blaise, rascando inconscientemente el interior de su mano derecha, donde la cicatriz de su hechizo de sangre perduraba de un tono pálido-. Sin ofensa a nadie, me tenía hasta el límite con su preocupación permanente.

-No lo dudo -masculló Vincent-. Al menos Eleanor y Owen no volverán para el próximo año.

-No cantes victoria -dijo Gregory, con un amago de sonrisa-. No dudaría que, como Marcus, envíen cartas quincenales para supervisar el avance de los próximos prefectos.

La puerta del compartimento se abrió, revelando a Potter acompañado por Weasley-weasel y Longbottom.

-¿Se te perdió algo, Potter? -siseo Draco, alzando sus barreras mentales. Un hábito que había adquirido desde que el profesor Snape terminó de adiestrarlos sobre ello. Algo que le serviría muy bien una vez regresara a Malfoy Manor.

-¿Lo sabías? -preguntó Potter, sus ojos destellando con furia.

-Sé especifico -dijo Draco-. Sé muchas cosas.

-Que Lucius hizo todo ese espectáculo en el final de los Mundiales de quidditch -las palabras soltadas con dificultad entre los dientes fuertemente apretados- Que tu padre… sus padres -corrigió-… llegaron al cementerio para rogar el perdón de Voldemort la noche que Colagusano mató a Cedric.

Draco tragó con fuerza, sintiendo que el mundo se le venía encima.

-Y que luego, cuando los ecos de las últimas víctimas de Voldemort evitaron que me matara -continuo Potter, sin desviar la mirada-… tu padre… sus padres me atacaron para evitar que huyera. Gran acción, ¡eh! Atacar a un chico de catorce años, ¿qué diría de eso tu madre? A menos que claro, apoye a Lucius en todo.

-¡Fuera! -saltó Hermione, la varita mágica ya en su mano mientras apuntaba con ella a los Gryffindor-. ¡Váyanse ahora mismo! -ordenó.

-Voldemort nunca aceptara a una nacida de muggles -dijo Weasley, sacando también su varita.

-Gritaré tan fuerte que Owen pensará que alguien me está matando -amenazó Hermione, ignorando el miedo que causó las palabras de Weasley-. Tan fuerte que un tumulto de Slytherin aparecerá como una estampida y entonces sí que estarán en problemas.

-Crabbe, Goyle, Parkinson, Nott -recitó Potter, ahora sus ojos sobre la figura de Hermione-… Malfoy; me parece que ahora me conozco a sus padres. Aunque se me haría un poco difícil reconocerlos sin las túnicas y las máscaras.

-¡OWEN! ¡OWEN! -gritó Hermione, la mano temblándole alrededor de la varita.

-Venga, Harry… vámonos –pidió Longbottom, tomando a Potter por la gorra de la sudadera azul que traía. Las puertas de los compartimentos empezaron a abrirse, las cabezas asomándose en busca del infractor.

Owen salió corriendo de su compartimento, la varita en mano y con William y Eleanor detrás suyo.

-¿¡Qué demo…!? -se mordió la lengua, sabiendo que a esta altura no servía de nada amenazar con una baja de puntos, pero tampoco podía atacar a Potter. Estaría en serios problemas-. ¡Fuera de aquí, Potter! ¡Ya fue suficiente!

-Harry… -repitió Longbottom, jalándolo con más fuerza. Potter miró unos momentos más a los Slytherin dentro del compartimento, luego a Owen y después se alejó junto a sus amigos. Weasley aún con la varita en alto por si alguien los atacaba.

Una vez que salieron del vagón, Owen se asomó al compartimento de los chicos.

-¿Todos están enteros? -preguntó.

-Sí, gracias… -dijo Hermione, aun bastante alterada. Pansy, frente a ella, rompió en sendos sollozos. Vincent se apuró a abrazarla, tratando de calmarla.

-Estaré… estaré cerca si necesitan ayuda… -murmuró Owen, mirando con pena a la Slytherin antes de darle un asentimiento de cabeza a Hermione y apartándose. Cerró la puerta tras de sí, y la castaña pudo escuchar como hablaba en voz baja con Eleanor.

Hermione soltó un suspiro tembloroso, guardó su varita y volvió a acurrucarse en Draco, cerrando los ojos con fuerza al sentir como el rubio la abrazaba. Quería regresar a su casa de una maldita vez.


Londres muggle.

(Rawstorne Street, #2656)

19:02 p.m.

Los dos jóvenes Slytherin dejaron sus equipajes al otro lado de la puerta, siguiendo de cerca a Jane y Nicholas que se sentaron en el sillón de dos plazas. Habían estado muy callados desde que los recogieron en el andén, y dada la mirada preocupada en el rostro de Jane, era obvio que estaba enterada de lo que ocurría. Del problema en qué estaban metidos.

-¿De qué querían hablar? -preguntó Theo al sentarse junto a Hermione. Su padre había estado ignorando sus cartas y cuando por fin lo encaró a la salida de la estación de tren, se atrevió a negarle una respuesta para después decirle que había un asunto importante a tratar. ¡Como si hubiera algo más importante que el posible retorno de lord Voldemort!

-¿Mamá…?

-Les enseñaré a conjurar el encantamiento Fidelio -dijo Nicholas, tomando la mano de Jane y mirando fijamente a los dos chicos. Había círculos negros bajo sus ojos y su cabello estaba flojamente recogido en un moño caído-. También empezaré a adiestrarlos en encantamientos de defensa. Compré una casa a las afueras de Londres para tener más tranquilidad…

-¿Papá?

-Severus dijo que había estado enseñándoles a alzar barreras mentales, ¿tengo razón? -preguntó Nicholas, recibiendo asentimientos de cabeza por parte de ambos-. También, me temo, que la correspondencia está fuera de discusión durante estas vacaciones. No quiero que ni una sola carta salga de ustedes… ni siquiera a la niña Weasley con la que se juntan.

-¿Cómo…? -tragó Theo-… Papá… Jane, ¿qué pasa? -rogó por una respuesta.

Jane le sonrió, una sonrisa triste mientras sus ojos se teñían con lágrimas.

-Yo… -rio, mordiéndose el labio y tragando con fuerza.

-Mamá… Nicholas… por favor -dijo Hermione-… están asustándonos.

-Estoy embarazada -reveló Jane, llevándose las manos al estómago con gesto desesperado. Y Nicholas, para sorpresa de los dos Slytherin, soltó un llanto amargo.