DISCLAIMER: Los personajes pertenecen en su totalidad a J.K Rowling y la idea original no es mía.

Párrafos de "Harry Potter y la Orden del Fénix" incluidos en la historia. Agradezco su infinita paciencia y su amor al Fic.


*REEDICIÓN*

Septiembre, 20. 1995

Sala común de Slytherin.

09:13 a.m.

-Te ves bien para haber tomado todo ese vino de elfo ayer -dijo Hermione. Estaba sentada sobre su cama, cepillando su largo cabello después de aplicar las pócimas para aplacarlo. Era un largo ritual de belleza, pero estaba dispuesta a tomarlo, todo con tal de que no se viera como lo tenía cuando iba en primer año.

-Yo siempre me veo bien -bufó Pansy con cierta acidez, caminando hacia su cama mientras secaba su larga cabellera negra con una toalla blanca. Había una más envuelta alrededor de su cuerpo.

El día anterior había sido el cumpleaños de Hermione. Un día conmemorativo desde que la joven nacida de muggles había sido sorteada a Slytherin donde las jóvenes serpientes podían festejar a la cumpleañera y el regreso a Hogwarts.

-¿Todo bien? -preguntó Hermione, su agarre flaqueo un poco alrededor del mango del cepillo.

-Por supuesto, ¿por qué no lo estaría? -masculló Pansy, abriendo su baúl con una sola mano mientras buscaba la ropa que se pondría aquel día.

-Dímelo tú -pidió Hermione, volviendo a su cepillado matutino mientras miraba de reojo a su amiga.

Pansy soltó un largo suspiro.

-¿Conoces a la profesora Charity? -preguntó Pansy después de unos segundos de silencio.

-¿La maestra Burbage? ¿De Estudios Muggles? -cuestionó a su vez Hermione- No sabía que eran tan cercanas, si la llamas por su nombre. Me pregunto qué haría el profesor Snape si lo llamásemos Severus. Lo que sea -Hermione sacudió la cabeza-. ¿Qué ocurre con ella?

-Me preguntó, si después de su retiro, querría ser la próxima maestra de Estudios Muggles.

-¿Disculpa? -jadeo Hermione, frunciendo el ceño con confusión.

Pansy volvió a suspirar. Dejó la toalla mojada con la cual se secaba el cabello sobre la tapa de su baúl y se encaminó a Hermione, para después sentarse al lado de la castaña.

-La profesora Charity me preguntó si quiero ocupar su puesto una vez se jubile -murmuró Pansy, fijando sus orbes azules en los castaños de Hermione-. Sería dos años después de que me gradué de Hogwarts, tiempo en que podría… conocer el mundo muggle.

-¿Es eso lo que quieres? -preguntó Hermione, dejando el cepillo sobre su mesita de noche.

-No lo sé… ¿tal vez? -dijo Pansy, llevándose el pulgar a los labios en un gesto totalmente vulgar. En seguida lo retiró y puso sus manos entrecruzadas sobre su regazo-. No tengo voz en esto.

-¡Claro que lo tienes! -jadeo Hermione, reprendiéndola con la mirada-. Es tu vida, no la de tus padres.

-Sabes que no es así -bufó Pansy-. A diferencia de Draco o Theo… inclusive Blaise, a mí sí me espera un acuerdo marital saliendo de Hogwarts. Es probable que mi padre ya esté buscando un buen marido -hizo una mueca-. Si sus deberes como mortífago lo dejan.

-Pans…

-No, no quiero hablar de ello -negó la Slytherin-. Solo… solo quería decírselo a alguien.

-Estoy aquí para ello -dijo Hermione, colocando una de sus manos sobre el agarre de Pansy y dándole un ligero apretón-. Aunque ya sabes, si lo que realmente quieres es lanzar tus millones de galeones por la ventana y vivir como una simple muggle entre ellos. También estoy aquí para ti.

Pansy le regaló una gran sonrisa antes de echarle los brazos alrededor del cuello dándole un fuertísimo abrazo.


Septiembre, 25. 1995

Prado de Hogwarts.

14:00 p.m.

El día se había puesto frío y ventoso, y mientras descendían por el empinado jardín hacia la cabaña de Hagrid (quien no se había presentado en ningún momento en Hogwarts), situada al borde del Bosque Prohibido, notaron que algunas gotas de lluvia les caían en la cara. La profesora Grubbly-Plank esperaba de pie a los alumnos a unos diez metros de la puerta de la cabaña de Hagrid, detrás de una larga mesa de caballete cubierta de ramitas.

-Por fin pasaremos Cuidado de Criaturas Mágicas sin morir en el intento -dijo Draco, haciendo reír a Blaise, Vincent y Gregory, lo que rápidamente atrajo la atención del trío dorado.

-¿Ya están todos? -gritó la profesora Grubbly-Plank cuando llegaron- Entonces manos a la obra. ¿Quién puede decirme cómo se llaman estas cosas?

Hermione alzo la mano de inmediato, provocando risas despectivas por parte de Brown y Patil. Risas que casi de inmediato se convirtieron en gritos, pues las ramitas que habían encima de la mesa brincaron y resultaron algo así como diminutos duendecillos hechos de madera, con huesudos brazos y piernas de color marrón, dos delgados dedos en los extremos de cada mano y una curiosa cara plana, que parecía de corteza de árbol, en la que relucían un par de ojos de color marrón oscuro.

-¡Ooooh! -exclamaron Patil y Brown, lo cual molestó aún más a Hermione. Ese día no tenía paciencia para ninguna de las dos.

-¿Sí, señorita Granger? -preguntó la profesora Grubbly-Plank, mirando severamente a ambas estudiantes de Gryffindor.

-Bowtruckles -dijo Hermione, tratando de no dejar ver su enojo- Son guardianes de árboles; generalmente viven en los que sirven para hacer varitas.

-Cinco puntos para Slytherin -replicó la profesora Grubbly-Plank- Efectivamente, son Bowtruckles, y como muy bien dice la señorita Granger, generalmente viven en árboles cuya madera se emplea para la fabricación de varitas. ¿Alguien sabría decirme de qué se alimentan?

-De cochinillas -contestó Hermione de inmediato- Pero también de huevos de hada, si los encuentran.

-Muy bien, anótate cinco puntos más. Bien, siempre que necesiten hojas o madera de un árbol habitado por un Bowtruckles, es recomendable tener a mano un puñado de cochinillas para distraerlo o apaciguarlo. Quizá no parezcan peligrosos, pero si los molestan intentarán sacarles los ojos con los dedos, que, como pueden ver, son muy afilados; por lo tanto, no conviene que se acerquen a nuestros globos oculares. De modo que si quieren aproximarse un poco... Tomen un puñado de cochinillas y un Bowtruckles, hay uno para cada tres, y así podrán examinarlos mejor. Antes de que termine la clase quiero que cada uno de ustedes me entregue un dibujo con todas las partes del cuerpo señaladas.

Los alumnos se acercaron a la mesa del caballete. Hermione, parada al lado de Draco, analizó brevemente con la mirada a las criaturas, preguntándose cuál era la mejor opción hasta que una sombra se alzó a su lado.

-El de tu lado derecho parece ser el más dócil -murmuró Ronald Weasley. Hermione alzó la cabeza de golpe, encontrándose con los ojos azules del pelirrojo. Se miraron unos segundos hasta que las puntas de las orejas del Gryffindor se pusieron tan rojas como su cabello-. Yo… solo digo -masculló con brusquedad, encogiéndose de hombros.

-Por supuesto -dijo Hermione, entrecerrando los ojos hacía el pelirrojo.

-Éste estará bien -dijo Draco, apareciendo de repente al lado de Hermione. Tomó el mismo Bowtruckle que Weasley había señalado y tomando a Hermione de la mano la alejó de la mesa-. ¿Qué tanto decía Weasley? -preguntó cuando se acercaron al círculo que sus amigos ya habían formado.

-¿No escuchaste? -respondió Hermione, sentándose a un lado de Gregory.

-No -negó Draco con una sonrisa maliciosa-. Estaba molestando a Potter.

-Como siempre -Hermione rodó los ojos.

-¿Qué ocurre con Weasel y San Potter? -preguntó Blaise, que ya estaba dibujando sobre su pergamino.

-Nada -dijo Draco-. Me llegó una carta de padre -continuo, cambiando la conversación.

-¿Qué te dijo? -preguntó Theo, inclinándose hacia al frente para escuchar. Él no había recibido carta alguna desde su entrada a Hogwarts.

-Teníamos razón sobre Umbridge -respondió al castaño-, mi padre habló con el ministro hace un par de días, y según parece el Ministerio está decidido a tomar enérgicas medidas contra la escasa calidad de la educación en este colegio.

-¡Por fin! -bufó Vincent.

-De modo que, aunque ese tarado gigantesco vuelva a presentarse por aquí, seguramente lo pondrán de patitas a la calle en el acto -se burló Draco, refiriéndose al semi gigante.

-¡AY!

El grito de Potter llamó su atención. El Bowtruckle en la mano del chico dorado lo había arañado, haciéndole sangrar; en su otra mano, en cambio, tenía un par de orejas extensibles propiedad de Sortilegios Weasley.

-Eso le pasa por metiche -se burló Gregory, cruzando de brazos mientras mantenía la mirada en el trío de Gryffindor.

-¿Los gemelos ya están vendiendo sus productos a los estudiantes? -preguntó Hermione.

-Puede ser -respondió Blaise, evasivo.

-Blaise…

-No lo sé -dijo el moreno, sin dejar de dibujar-. No he hablado con ellos, así que no me distraigas. Necesito una calificación excelente.

-¿Por fin vas a empezar a prestar atención a clases? -se burló Draco, volviendo a dibujar sobre el pergamino.

-¿Qué he dicho sobre distraerme? -preguntó Blaise, mirando brevemente al rubio antes de volver a su dibujo.

Los Slytherin se mantuvieron en silencio el resto de la clase y al terminar la misma, juntos fueron a entregar sus retratos. Subieron el sendero a Hogwarts detrás de los de Gryffindor mientras se burlaban del reciente interés de Blaise en sus clases, cuando la puerta del Invernadero más cercano se abrió y por ella desfilaron unos cuantos alumnos de cuarto curso, entre ellos, Ginny.

-¡Hola! -los saludó de lejos, ignorando la mirada de desdén que le enviaron varios alumnos de Gryffindor.

-¡Pelirroja! -llamó Blaise con una sonrisa maliciosa. Ginny rodó los ojos y se encaminó hacia su siguiente clase.

-¿Desde cuando tu hermana habla con los Slytherin, Ron? -preguntó Lavender Brown en voz chillonamente alta.

-Ella no es mi hermana -se lamentó el pelirrojo, disparando miradas envenenadas a los Slytherin.

Segundos después Luna salió del invernadero, un tanto rezagada del resto de la clase, con la nariz manchada de tierra y el cabello recogido en un moño en lo alto de la cabeza. Al ver a Potter, los saltones ojos de Luna se desorbitaron aún más por la emoción y fue derechita hacia él.

-¡Oh, te han desplazado, fratello! -se burló Blaise en voz baja.

-Que te jodan, Zabini -siseo Theo, disparándole una fría mirada y volvió a encaminarse hacia a la entrada del castillo cuando las palabras de Luna lo frenaron en seco.

-Yo sí creo que El-que-no-debe-ser-nombrado ha regresado y que tú peleaste con él y lograste escapar.

-Maldita sea -escuchó maldecir a Vincent unos pasos detrás de él, pero al igual que el resto de las serpientes, no pudo dar un paso más.

-Ss-sí -balbuceo Potter. Luna llevaba unos pendientes que parecían rábanos de color naranja, un detalle en que ellos ya se habían dado cuenta. Al parecer, al igual que Patil y Brown, pues ambas se reían por lo bajo y le señalaban las orejas.

-Pueden reírse -prosiguió Luna elevando la voz, al parecer, pensaba que Patil y Brown se reían de lo que acababa de decir y no de los pendientes que llevaba. Theo apretó los puños, ¿cómo podía ser tan inocente?-, pero antes la gente tampoco creía que existieran ni los blibbers maravillosos ni los snorkacks cuernos arrugados.

-Ya, y tenían razón, ¿no? -dijo Weasley, impaciente- Los bibbers maravillosos y los snorkacks de cuernos arrugados no existen.

Luna le lanzó una mirada fulminante y se alejó indignada, mientras los rabanitos oscilaban con energía en sus orejas. Patil y Brown ya no eran las únicas que se desatornillaban de risa.

Eso enfureció por completo a Theo, que rápidamente sacó la varita.

-Ni lo intentes, Nott -le siseo Draco, dando pasos presurosos para llegar a él-. Ya fue suficiente con el espectáculo que has protagonizado junto a Potter.

-¡Theo! -el grito de Luna llamó su atención y el del resto de los Gryffindor que aún estaban ahí. Luna acababa de reparar en ellos, y sonreía con un brillo inusual en sus saltones ojos- ¡Hermione!

-¡Eh! – se quejó Blaise con fingido enojo, su postura muy tensa- ¿Qué hay de mí?

Luna rio completamente divertida.

-Blaise, Vincent, Gregory, Draco -los saludó, sonriente.

-¿Qué tal tu clase, Luna? -preguntó Hermione, sacando un pañuelo y tendiéndoselo a Luna. Luna la miró extrañada- Tu nariz.

La rubia asintió, tomando el pañuelo y limpiándose la tierra de la nariz.

-Divertida, aunque los nargles no dejaban de molestarme -respondió Luna, ignorante de las risas despectivas de Brown y Patil.

-¿Sabes, Luna? -llamó Draco, volviendo los pasos que había dado y tomando la mano de Hermione-. Lo estuvimos pensando. Queremos suscribirnos a tu revista.

-¿Qué? -jadeo Vincent detrás de él.

-¿En serio? -preguntó Luna, entusiasta.

-Sí, por supuesto -sonrió Draco-. Estoy seguro de que hay datos interesantísimos en sus páginas.

-¡Oh, papá estará tan contento! -gritó la rubia para después salir corriendo hacia la lechuzería.

-¿Qué fue eso? -preguntó Gregory frunciendo el ceño.

Draco se encogió de hombros.

-Creo que deberíamos mantenernos cerca de Luna -dijo Draco, empezando a caminar de nuevo. Hermione fue forzada a seguirlo por el agarre que el rubio mantenía en su mano, pero el resto de sus amigos rápidamente les dieron alcance.

-¿Y eso por qué? -preguntó Theo con sospecha.

Draco se encogió de hombros.

-Lovegood podría ser una gran ayuda con Potter.

-¿De qué hablas? -preguntó Blaise.

-Ya sabes, ella cree en él -respondió Draco cuando entraron al vestíbulo.

-Sí, y Potter piensa que Luna está loca -dijo Vincent.

-Por ahora -aceptó Draco.

-Pero ya tenemos a Ginny para ayudarnos con Potter -les recordó Blaise.

-Sí, seguro -se burló Hermione-. No te equivoques, me cae bien Ginny -dijo Hermione al escuchar el jadeo de Blaise, mirándolo por sobre el hombro-. Pero ella sigue siendo una Weasley y está enamorada de Potter.

Blaise resopló.

-Sí, claro. Recuérdamelo -masculló, metiendo las manos en sus bolsillos. Estaba muy seguro de que aquel sería su peor año en Hogwarts.


Octubre, 02. 1995.

Campo de quidditch.

16:34 p.m.

Hermione sentía el viento golpearle el rostro con fuerza, entumeciéndoselo y dejándoselo tan frío como las mazmorras de Slytherin. Una mano se mantenía firmemente envuelta alrededor del mango de la Nimbus 2001 que Blaise le había regalado en segundo año mientras su brazo izquierdo abrazaba la quaffle. Su mirada fija en el aro del equipo contrario.

Stuart Craggy, de sexto año, se dirigía a ella. Una mirada de feroz determinación en su rostro. Justo cuando estaba por toparse de frente con ella, Hermione frenó en seco mientras dejaba caer la quaffle. Stuart la miró atónito durante unos breves momentos antes de que Theo se elevara desde debajo de ellos con la quaffle fuertemente retenida en su agarre.

Antes de que el guardián del equipo contrario pudiera retenerlo (Neil Lament de cuarto año), Theo anotó unos magníficos diez puntos.

-¡Diez puntos para el grupo A! -gritó Millicent desde la tribuna de Slytherin, donde hacía de comentarista.

Hermione le sonrió con superioridad a Stuart antes de que Theo regresara a su lado y juntos volvieran a su lado del campo.

-¡Parece que Blaise ha visto la snitch dorada! -la voz de Millicent coló sobre sus oídos cinco minutos después.

Blaise había bajado en picada junto a Joe King de sexto que lo seguía de cerca. El moreno montaba su vieja Nimbus 2001 en igualdad de condiciones.

Adrian, sobrevolando a la misma altura del resto de los Slytherin, pareció no reparar en el asunto mientras se precipitaba hacia los aros, donde Pansy hacía de guardiana. Hermione y Theo rápidamente le dieron alcance. Los codazos y patadas no se hicieron de esperar, pero Adrian no se dejó amedrentar y lanzó la quaffle cuando lo sintió seguro.

La pelinegra logró atraparla con ambas manos, acunándola con su cuerpo. Había quedado de cabeza en un intento de atrapar la quaffle, sus torneadas piernas se aferraban con fuerza a la Nimbus 2001 y su largo cabello le cubría el rostro. Los otros tres Slytherin miraron estupefactos a Pansy, que rápidamente empujó su cuerpo hacia delante, dando una vuelta de ciento ochenta grados y quedando de espaldas a ellos, lanzó la quaffle por sobre su cabeza y Theo voló hacia ella, aprovechando la distracción dada, aunque él mismo se sentía gratamente confundido.

-¡Blaise Zabini ha atrapado la snitch! -gritó Millicent, aplaudiendo junto a Flora, Daphne y Astoria-. ¡El equipo A gana! -Vincent y Gregory chiflaron con fuerza.

Los Slytherin descendieron al mismo tiempo, dándose cuenta de que los leones ya se encontraban en la entrada del campo. Draco fue el último en aterrizar, había hecho de árbitro, aunque no se había necesitado su intervención para nada.

-¿Y bien? -preguntó Adrian, sonriendo mientras mostraba sus relucientes dientes blancos.

Draco enarcó una ceja.

-Blaise atrapó la snitch, es obvio que se queda como buscador -respondió el platinado-. Pansy no dejó pasar ni una sola quaffle y todos los cazadores que anotaron un gol están en el equipo. Y es obvio que Vincent y Gregory van a ser mis golpeadores, aunque no les haya hecho una prueba.

-¿Por qué estás aquí si ni siquiera ibas a estar en el equipo este año? -preguntó Blaise, dándole la snitch dorada a Joe King, que había sido designado para guardar las pelotas.

-Quería asegurarme que Draco escogiera bien a los nuevos integrantes, y no se dejara llevar por sus lindas amistades -se bufó el Slytherin, guiñándole un ojo a Pansy a quién pareció que le dieron un golpe en el rostro por el gesto que hizo-. Sé que dije que iba a estar ocupado este año preparándome para los EXTASIS del próximo año, pero aun así quiero que los Slytherin ganen la copa.

-Eso haremos -sonrió Hermione justo cuando los Gryffindor se pararon frente a ellos.

-Es nuestro turno de entrenar, Pucey -dijo Angelina Johnson, la nueva capitana de Gryffindor. Los Gryffindor que estaban presentando las pruebas miraban con furia a los Slytherin.

-No te estamos estorbando, Johnson -se burló Pucey, antes de despedirse de Draco y marcharse junto con sus amigos, Stuart y Joe. Johnson los miró confundida unos segundos antes de regresar su mirada a Draco.

-¿Quién es el nuevo capitán? -le preguntó al platinado.

-Lo estas viendo -siseo Draco, arrastrando las palabras con altanería.

-Vamos, que me duele todo el cuerpo -dijo Theo antes de que Johnson pudiera decir algo. Los Slytherin pasaron entre los Gryffindor hacia las duchas del campo de quidditch, haciendo un ligero y discreto asentimiento de cabeza a los gemelos Weasley, pero se esforzaron mucho en no reparar en Potter.

-Los esperamos aquí -dijo Hermione cuando Blaise entró a las duchas junto a Neil, que escuchaba maravillado todo lo que su mayor decía-. Nos bañaremos en nuestro dormitorio.

Draco asintió y se adentró en las duchas.

-Eso fue intenso -dijo Pansy, reprimiendo su felicidad en un falso gesto de aburrimiento. Hermione rio mientras se estiraba, haciendo tronar un par de huesos-. Tus técnicas son parecidas a las de Marcus.

-Él me enseñó todo lo que sé del quidditch -dijo Hermione justo cuando sus tres amigas llegaron franqueadas por Vincent y Gregory.

-Weasel apesta como guardián -se mofó Daphne haciendo que la felicidad se esfumara del rostro de Pansy y rodara los ojos.

-No lo vieron actuar ni cinco minutos -dijo Pansy.

-Con lo que vimos fue suficiente -se burló Astoria-. Johnson estaba como: ¿¡Viste jugar a Parkinson!? ¿¡Sí!? ¡Tienes que ser mejor que ella si quieres entrar al equipo! ¿¡Me has entendido!? -imitó, haciendo una falsa voz.

Vincent, Gregory y Millicent se rieron.

-Vaya -se burló Hermione, pero no se perdió como el cuerpo de Pansy se tensaba.

-Déjalo en paz, Astoria -masculló Pansy en voz baja, un ligero y casi imperceptible rubor se extendió por sus mejillas.

Las risas se detuvieron de golpe.

-Joder -escucharon carraspear a Gregory, pero Vincent le soltó un codazo que lo mandó a callar.

-No sabía que te gustara el pobretón de Weasley -se mofó Astoria una vez se recuperó de la sorpresa. Pansy la fulminó con la mirada, pero el sonrojo iba en aumento.

-No me…

-Que lindo -prosiguió Astoria con falsedad, haciendo que Millicent, Daphne y Flora soltaran una risita despectiva. Hermione se tensó y Vincent y Gregory parecían no saber donde meter la cabeza-. Me refiero en el lado bueno, claro. Tienes suerte de que los Parkinson tengan un gran patrimonio, porque así podrás mantenerlo. Por que si esperas que tenga alguna clase de futuro en el quidditch… -su voz se fue apagando, provocando que Millicent, Daphne y Flora estallaran en carcajadas.

-Basta Astoria -siseo Pansy, sus uñas se enterraron con fuerza sobre la madera de la escoba mágica que aún sostenía.

-¡Oh! -prosiguió Astoria-. Defendiendo a tu comadreja, algo que necesitaras cuando las críticas caigan sobre ustedes.

Pansy inspiró con fuerza, fulminó con la mirada a sus amigas y dándose la vuelta, se dirigió hecha una furia al castillo.

-¡Además! -gritó Astoria con una sonrisa burlona en los labios-. ¡A ambos les gustan muchos los muggles! ¡Si lo que dicen sobre su familia es cierto! -y se empezó a reír junto a su hermana y las amigas de esta.

Hermione frunció el ceño mientas le daba una mirada de desaprobación a Astoria. Vincent y Gregory ya estaban caminando hacia ella para colocarse detrás de la castaña.

-Es suficiente -siseo la castaña, acallando las carcajadas del resto de las Slytherin-. No había necesidad de burlarse de ella aún si es cierto que le gusta Weasley -masculló, preguntándose momentáneamente dónde había quedado su amor por Adrian-. Ya que al menos ella tiene oportunidad de llamar su atención.

-¿De qué hablas? -preguntó Astoria, el sonrojo en su rostro bajando por su cuello.

-Sabes de qué hablo -dijo Hermione, dándole su escoba a Vincent y empezando a caminar por el mismo camino que Pansy. Vincent y Gregory rápidamente la alcanzaron-. Así que aléjate de Draco -siseo, disparándole una mirada envenenada. No se había perdido ninguna de las miradas ensoñadoras que la rubia le enviaba a su mejor amigo, ni de las charlas inocentes donde Daphne hablaba junto a Pansy sobre el enamoramiento de su hermanita con el heredero de los Malfoy.

Sí, eso nunca iba a pasar.

Miró brevemente a Daphne, Flora y Millicent antes de decidirse ir al baño de prefectos, donde de seguro podría calmar un poco su ansiedad.

Vincent y Gregory, caminando detrás de ella, se miraron brevemente entre sí ligeramente confundidos, pero sin decir nada. Ya lo arreglarían Draco y Hermione…. si es que había algo que arreglar.


Octubre, 05. 1995.

Sala común de Slytherin.

22:00 p.m.

-¿Eso no se considera como robo? -preguntó Vincent al inspeccionar el cuaderno de Pociones avanzadas de sexto curso que Blaise le había mostrado. Estaban reunidos en una esquina, alrededor de una elegante mesa de madera a pesar de que no había alma alguna en la sala común además de ellos.

-Considéralo un préstamo -dijo Blaise con un brillo perverso en los ojos. El moreno se había marchado a la mitad de la cena, alegando un dolor de estómago. Había tomado el mapa del merodeador de entre las cosas de Draco, y luego había entrado ilegalmente al aula de Pociones. Estaba buscando algún libro que pudiera servirle para pasar con facilidad la materia y no ser como el trío de idiotas de Gryffindor; cuando entre todos los libros viejos, encontró un libro de Pociones avanzadas. Era viejo y estaba desgastado, con las paginas amarillentas y arrugadas.

Pero fijándose bien en el libro uno podía darse cuenta de que, en cada capítulo, había anotaciones específicas de como cortar, rebanar y cuantas vueltas exactas se debían dar a las pociones. Rápidamente había guardado el libro entre los pliegues de su túnica y se había marchado hacia la sala común, donde se encontró a sus amigos esperándolo.

Les había mostrado el libro, ignorando la advertencia que Vincent leyó en voz alta, algo en que él ya había reparado:

"Propiedad del Príncipe Mestizo"

No tocar.

-No sabemos quién sea él, ¿y si tiene alguna maldición? -preguntó Gregory con desconfianza provocando que Blaise rodara los ojos.

-Greg, este libro tiene más de quince años -dijo Blaise al azar- Sólo ve las páginas, dudo que ese "Príncipe Mestizo" siga por aquí. Además, lo tomaré prestado unos días, que no es para tanto.

-Pudiste haberlo copiado y dejarlo en su lugar, idiota -dijo Theo, viendo como Vincent le regresaba el libro a Blaise. El moreno se tensó en su lugar-. El profesor Snape se va a dar cuenta si algo llegase a faltarle.

-Mierda, tienes razón –escupió Blaise, sacando el mapa del bolsillo interior de su túnica. Lo había dejado abierto, por cualquier cosa, así que rápidamente buscó el nombre deseado.

-¿Qué haces? -preguntó Hermione, cruzándose de brazos. Nada de esto le gustaba en lo más mínimo.

-Iré a regresarlo, ¿quién me acompaña? – preguntó Blaise, alzando la vista del mapa. Theo soltó un largo suspiro.

-Iré contigo, no quiero que el profesor Snape te atrape -dijo Theo empezando a levantarse de su butaca.

-O peor aún... -dijo Vincent, mirando cada par de ojos- …Umbridge.

Los chicos se miraron entre ellos y fingieron un escalofrío. Hermione rodo los ojos, molesta.

-Yo no formaré parte de esto. Si quieren ser expulsados, allá ustedes -sentenció Hermione parándose y caminando hacia los pasillos que llevaban a los dormitorios. Draco resopló y se levantó del sillón con elegancia.

-Yo tampoco formaré parte de esto -dijo Draco, siguiendo a Hermione.

Theo le arrebató el mapa y el libro de Pociones a Blaise mientras éste miraba las espaldas de sus amigos mientras se marchaban.

-Iremos Gregory y yo -dijo Theo, inspeccionando el mapa en busca de Filch- El profesor Snape está de guardia. Distráelo, Vincent.

El chico asintió y se levantó a la par de Gregory, soltando mil insultos mentalmente al moreno.

-Esperen, ¿y qué hay de mí? -cuestionó Blaise molesto, dándose cuenta de que lo dejaron fuera de la ecuación. Theo le dedicó una mirada de advertencia.

-Tú te quedas o terminaras metiéndonos en problemas a todos -sentencio Theo, saliendo de la sala común junto a Vicent y Gregory. Blaise se levantó molesto y camino a grandes zancadas hacía su habitación. Al llegar, Draco iba saliendo del baño solo con los pantalones del pijama puestos.

-Eso fue rápido -bufó el moreno, empezando a desabrochar su camisa y retirándose la corbata de un tirón.

-¿No ibas a regresar el libro? -preguntó Draco, acomodando su uniforme pulcramente sobre su baúl a los pies de la cama.

-Theo me lo prohibió -espetó el moreno, quitándose la camisa y dejándola caer sin más miramientos sobre su cama.

-¿Y desde cuando haces lo que Theo te dice? -se mofó Draco, provocando que Blaise se quedara quieto en su lugar. El moreno abrió la boca, una ingeniosa respuesta en la punta de su lengua cuando unos gritos provinieron del otro lado de la pared, aquella que daba con el dormitorio de las féminas de quinto año.

Se miraron unos segundos antes de que Draco le enarcara una ceja al Slytherin.

-No me mires así -se defendió Blaise, desabrochando el botón de su pantalón- No he vuelto a meterme con Daphne. Ni le hablo.

-¡Fuera de aquí, Astoria! -el grito era de Pansy, y pareció retumbar en toda las mazmorras de Slytherin.

-El eco es tremendo, ¿no? -se burló Blaise, pero rápidamente cerró la boca ante la mirada de advertencia de Draco.

-¡Esa no es decisión tuya! -aquella era la pequeña Greengrass, suponía Draco. ¿Qué habría hecho para enojar a Pansy?

-¡Es mi cuarto! ¡Mi decisión! ¡Así que fuera antes de que te lance un imperdonable! -la voz de Pansy guardaba una amenaza velada.

-Creo que tu pequeña fan ha molestado alla nostra amada Pansy -dijo Blaise, caminando hacia la pared que estaba contra la cabecera de su cama. Presionó la oreja contra los ladrillos para tratar de escuchar mejor, pero un Insonorus fue conjurado.

-No sé de qué me hablas -dijo Draco, aunque sí lo sabía. Había declarado su amor por Hermione prácticamente desde el primer día, ¿por qué nadie le hacía caso?- Déjalo, Blaise. No escucharás nada.

Blaise le sonrió con malicia y sacó su varita mágica del pantalón del uniforme. Colocó la punta sobre un viejo ladrilló y dijo-:

-¡Defodio!

Un pequeño hueco se fue formando ante los ojos del platinado. En seguida admiró como Blaise sacaba unas orejas extensibles (patrocinadas por Sortilegios Weasley) del otro bolsillo del pantalón, viendo como las iba colocando con discreto cuidado dentro del hueco formado.

-Soy un genio, ¿no es cierto? -se burló Blaise, invitando a Draco a acercarse.

-Cotilla, más bien -pero aun así caminó hacia su amigo y se dispuso a escuchar.

-Creo que será mejor que te marches, Astoria -dijo Hermione mientras guardaba su varita. No necesitaban a toda la población de Slytherin como espectadores- Estas molestando a Pansy.

-Tú no mandas aquí -espetó Astoria, que aún estaba molesta por el comentario sobre Draco que Hermione le dijo el otro día.

-De hecho, lo hago -dijo Hermione viendo como Pansy, en su cama, asentía fervientemente y se cruzaba de brazos. Lágrimas de ira eran retenidas a duras penas por la pelinegra- Y si no te vas, voy a quitarte puntos.

-No puedes hacer eso -siseo Astoria, cruzando sus brazos alrededor de su estómago. La valentía que sentía antes se había esfumado.

-Hermione… -intentó defender Daphne. Las cosas se estaban saliendo de control.

-Puedo y lo haré, así que vete -dijo Hermione señalando hacía la puerta de la habitación. Astoria no se movió ni una pulgada.

-No es justo -se quejó Astoria-. La habitación pertenece también a Daphne y ella me quiere aquí.

-Yo creo… -empezó Flora, parándose de la cama de Millicent donde había estado acurrucada unos segundos antes. La otra Slytherin estaba igual de tensa que ella.

-Me importa un knut que Daphne te quiera aquí -siseo Hermione, frunciendo el ceño-. Vete antes de que te saque a la manera muggle, Astoria.

-No lo harías -espetó la rubia retrocediendo un paso.

-Claro que lo haría -dijo la castaña empezando a molestarse de verdad. Sabía que a ese punto Pansy lo único que quería hacer era llorar hasta quedarse dormida, y Astoria no hacía más que alterarla.

-Hermione… -advirtió Daphne, frunciendo el ceño.

-Esto es por Draco, ¿no es cierto? -dijo Astoria.

-Yo… ¿disculpa? -jadeo Hermione, sacudiéndose.

-Lo dijiste el otro día, que me mantuviera alejada de él -bufó Astoria.

-Algo que espero hagas -dijo Hermione-. Pero esto no es sobre él.

-Es claro que estas celosa -sentenció Astoria.

-¿Disculpa? -volvió a jadear Hermione, frunciendo el ceño-. ¿Celosa? ¿De quién? ¿De ti? -se burló.

-Yo…

-Todos sabemos que te gusta Draco, pero eso no va a pasar -negó Hermione-. No le gustas, supéralo.

-Es suficiente, Granger -defendió Daphne, cruzándose de brazos. No iba a dejar que nadie le hablara así a su hermana menor.

-¡Él solo bromea! -gritó Astoria dolida antes de que Hermione pudiera responderle a su hermana-. Todas esas declaraciones de matrimonio y noviazgo… ¡No le gustas! ¿¡Cómo podrías!? ¿Tú realmente crees que dejará todo el legado Malfoy por ti? ¿Por una sangre sucia?

-¡Esa fue tu carta! -advirtió Hermione, caminando rápidamente hacia Astoria antes de voltearle el rostro de una bofetada. Tres de las otras cuatro chicas jadearon con sorpresa mientras Astoria se llevaba una mano a la mejilla lastimada y Pansy se levantaba de su cama, las manos vueltas puños por si Daphne se metía-. Vuelve a llamarme sangre sucia y voy a hacer algo más que golpearte el rostro.

-San-gre su-cia -siseo Astoria con los dientes fuertemente apretados, sus palabras saliendo en un silbido furioso.

Lo siguiente que ocurrió pasó tan rápido que ninguna de las Slytherin lo vio venir. Hermione había empujado a Astoria con fuerza, haciéndola caer. Se le había montado encima y había empezado a propinarle golpes.

-¡BASTA! -chilló Daphne, lanzándose hacia delante, pero Pansy rápidamente la detuvo plantándose frente a ella y apuntándola con su varita.

-Sabes que esa palabra está prohibida -siseo la pelinegra.

-¡Detenlas Millicent! -pidió Flora, sin alejar la mirada de las dos Slytherin que rodaban en el suelo. Astoria había logrado darle la vuelta a Hermione y ahora le propinaba sus propios golpes y jalones de cabello.

Millicent trató de desenredarse de sus cobijas, soltando patadas, pero se enredaron alrededor de sus piernas y evitaron que se levantara. Cayó con un golpe al suelo, aún intentando deshacer el agarre de sus sábanas.

-Sangre sucia… Saaangre sucia… -recitó Astoria, aferrándose con fuerza a la cabellera de Hermione. Hermione gritó con fuerza, sacudiéndose de un lado a otro hasta que logró que Astoria perdiera el equilibrio, mandándola de vuelta al suelo. Volvió a colocarse sobre ella a horcajadas.

Su pecho subía y bajaba y la cabeza le dolía de tantos jalones.

-¡Niña malcriada! -le gritó al rostro, soltando dos bofetadas. Una dio al objetivo, pero la otra fue bloqueada por el brazo de Astoria con el que se cubrió el rostro.

Antes de que pudiera volver a soltarle otro golpe, unos fuertes brazos se enroscaron alrededor de su cintura y la levantaron como si no pesara nada. Pataleo un par de veces, pero aún así dejo que la apartaran de la joven rubia que se sostenía la mejilla con fuerza, como si fuera a caérsele.

-Pans, vamos… -ordenó Blaise desde la puerta, mirando de reojo como en el resto de las habitaciones varias cabezas se asomaban. Pansy esperó en su lugar hasta que Draco sacó a una furibunda Hermione del cuarto antes de correr hacia el moreno y marcharse juntos hacía la habitación de los chicos.

-¡Es una zorra! -espetó Hermione cuando Draco la dejó sobre sus dos pies dentro de la otra habitación. No había dicho palabra alguna mientras era arrastrada por los pasillos, no necesitaba más Slytherin pendientes de su furia. Pero ahí sí que podía maldecir. La castaña se giró para encararlo-. Si te acercas a ella, voy a castrarte.

-Nunca ocurrirá -juró Draco levantando ambas manos en señal de rendición. Escuchó a Blaise cerrar la puerta detrás de él y a Pansy correr hacia una cama cualquiera antes de empezar a sollozar.

-¿¡Cómo se atreve!? ¡Llamarme sangre sucia! -gritó Hermione, dando vueltas alrededor del cuarto- ¡Yo pensé…! -su voz fue desvaneciéndose cuando reparó en una de las paredes. Exactamente la que estaba detrás de la cama de Blaise.

-¿Hermione? -cuestionó Draco.

-¿Qué es eso de ahí? -preguntó Hermione, señalando hacia el hueco en la pared.

-Oh… bueno, eso es… -balbuceo Blaise, riendo incómodamente mientras se rascaba la cabeza.

-¿Estaban espiándonos? -Hermione entrecerró los ojos con sospecha.

-Uhm… bueno…

-Eres un pervertido -siseo la castaña.

-Oh, pues… ¿algo de ayuda, Malfoy? -preguntó Blaise, mirando hacia el platinado.

-No me metas -pidió Draco dirigiéndose hacia su cama en lo que esperaba fuera una huida discreta.

-¡Tú también escuchaste! -lo acusó Blaise.

-Después de que tú abriste el hueco -se defendió Draco.

-¡Voy a molerlos a base de Crucios! -les gritó Hermione, provocando que ambos se encogieran en sus lugares. Si no pudo desquitarse con Astoria, al menos lo haría con ese par de metiches.


Octubre, 15. 1995.

Gran Comedor.

7:59 a.m.

-¿Todo bien con Marcus? -preguntó Theo mientras se servía una taza de café, para después echar dentro cinco cubos de azúcar. Tenía un sueño terrible después de quedarse despierto hasta tarde, así que necesitaba aquello para mantenerse despierto durante clases.

-Sí, solo se queja sobre esta tal Nymphadora Tonks -respondió Hermione dejando la carta a un lado de su taza de té.

-No puedo creer que haya terminado su compromiso con Emma -dijo Blaise, dándole un gran mordisco a su tostada con mermelada de fresa. Sacudió las migajas que cayeron sobre el libro de Pociones avanzadas con gesto distraído.

-Técnicamente, fue Emma quien rompió el compromiso. Marcus está bastante devastado, y sus padres… -negó Hermione dejando la frase al aire mientras tomaba un bollo de la charola frente a ella. Pansy daba pequeños sorbos a su propio té a la vez que miraba con fingido interés el artículo de "El Quisquilloso" que Gregory y Vincent le estaban mostrando.

-Joder… -masculló Draco a un lado de Hermione. Theo y Hermione se giraron hacia él cuando les mostró la portada de "El Profeta", donde una gran fotografía de Dolores Umbridge que lucía una amplia sonrisa en los labios y pestañeaba lentamente brillaba bajo el siguiente titular:

EL MINISTRO EMPRENDE LA REFORMA EDUCATIVA Y NOMBRA A DOLORES UMBRIDGE PRIMERA SUMA INQUISIDORA.

-¿Umbridge, "Suma Inquisidora"? -repitió Blaise, desconcertado. La rebanada de pan tostado que estaba comiendo se le cayó de los dedos-. ¿Qué demonios significa eso?

Hermione le arrebató el ejemplar a Draco y leyó en voz alta:

Anoche el Ministro de Magia tomó una decisión inesperada y aprobó una nueva ley con la que alcanzará un nivel de control sin precedentes sobre el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

"Hace tiempo que el ministro está preocupado por los sucesos ocurridos en Hogwarts -explicó el asistente del ministro, Percy Weasley-. Y el paso que acaba de dar ha sido la respuesta a la preocupación manifestada por muchos padres angustiados respecto a la orientación que está tomando el colegio, una orientación con la que no están de acuerdo."

No es la primera vez en las últimas semanas que el ministro, Cornelius Fudge, utiliza nuevas leyes para introducir mejoras en el colegio de magos. Recientemente, el 30 de agosto, se aprobó el Decreto de Enseñanza n°22 para asegurar que, en caso de que el actual director no pudiera nombrar a un candidato para un puesto docente, el Ministerio tuviera derecho a elegir a la persona apropiada.

"Así fue como Dolores Umbridge ocupó su actual puesto como profesora de Hogwarts -explicó Weasley anoche-. Dumbledore no encontró a nadie para impartir la asignatura de Defensa Contra las Artes Oscuras... y por eso el ministerio nombró a Dolores Umbridge, lo que ha constituido, por supuesto, un éxito inmediato..."

-Seguro que sí -se mofó Gregory-. Como si dos estudiantes no se hubiesen batido en vuelo durante sus clases.

"... por supuesto, un éxito inmediato porque ha revolucionado por completo el sistema de enseñanza de dicha asignatura y porque así proporciona al ministro información de primera mano sobre lo que está pasando en Hogwarts."

El Ministerio ha formalizado esta última función con la aprobación del Decreto de Enseñanza n.°23, que crea el nuevo cargo de Sumo Inquisidora de Hogwarts.

"De este modo se inicia una emocionante nueva fase del plan del ministro para poner remedio a lo que algunos llaman el "descenso de nivel" de Hogwarts -explicó Weasley-. El Inquisidor tendrá poderes para supervisar a sus colegas, asegurarse de que su trabajo alcance el nivel requerido. El ministro ha ofrecido este cargo a la profesora Umbridge, además del puesto de docente, y estamos encantados de anunciar que ella lo ha aceptado".

Las nuevas medidas adoptadas por el Ministerio han recibido el entusiasta apoyo de los padres de los alumnos de Hogwarts.

"Estoy mucho más tranquilo desde que sé que Dumbledore estará sometido a una evaluación justa y objetiva -declaró el señor Lucius Malfoy de 41 años, en su mansión de Wiltshire...

-Por supuesto que haría algo así -masculló Draco, llevándose las manos al rostro.

...Muchos padres, que queremos lo mejor para nuestros hijos, estábamos preocupados por algunas de las descabelladas decisiones que ha tomado Dumbledore en los últimos años y nos alegra que el Ministerio controla la situación."

Entre estas "descabelladas decisiones" están sin duda los controvertidos nombramientos docentes, anteriormente descritos en este periódico, que incluyen al hombre lobo Remus Lupin, al semigigante Rubeus Hagrid y al engañoso ex auror Ojoloco Moody.

Abundan los rumores, desde luego, de que Albus Dumbledore, antiguo Jefe Supremo de la Confederación Internacional de Magos y el Jefe de Magos del Wizengamot, ya no está en condiciones de dirigir el prestigioso Colegio de Hogwarts.

"Creo que el nombramiento de la Inquisidora es un primer paso hacia la garantía de que Hogwarts tenga un director en quien todos podamos depositar nuestra confianza", afirmó una persona perteneciente al Ministerio.

Dos de los miembros de mayor antigüedad del Wizentgamot, Griselda Marchbanks y Tiberius Ogden, han dimitido como protesta ante la introducción del cargo de Inquisidor en Hogwarts.

"Hogwarts es un colegio, no un puesto de avanzada del despacho de Cornelius Fudge -afirmó la señora Marchbanks-. Esto no es más que otro lamentable intento de desacreditar a Albus Dumbledore."

(En la página diecisiete encontrarán una detallada descripción de las presuntas vinculaciones de la señora Marchbanks con grupos subversivos de duendes.)

-¿Es el fin? -preguntó Vincent, que a pesar de la oscura sombra que se cernía sobre Hogwarts, una gran noticia lo hacía sonreír.

-¿El fin de qué? -preguntó Theo mirándole con el ceño fruncido.

-De Dumbledore.

Los Slytherin guardaron silencio antes de que distintas sonrisas de victoria brillaran en sus rostros.


Octubre, 20. 1995.

Aula de Defensa Contra las Artes Oscuras.

17:00 p.m.

-Guarden las varitas -ordenó Umbridge al salir de su despacho sin dejar de sonreír, y Blaise, Vincent y Gregory, que las habían sacado, volvieron a guardarlas con pesar en sus mochilas-. En la última clase terminamos el capítulo uno, de modo que hoy quiero que abran el libro por la página diecinueve y empiecen a leer el capítulo dos, el cual hemos atrasado debido a ciertos inconvenientes con... los alumnos de Gryffindor. -Su mirada cayó brevemente sobre Theo-. El título del capítulo es "Teorías defensivas más comunes y su derivación". En silencio, por favor -añadió, y exhibiendo aquella amplia sonrisa de autosuficiencia, se sentó detrás de su mesa.

Los Slytherin suspiraron mientras todos abrían los libros por la página diecinueve. Hermione alzó la mano con velocidad, sin siquiera abrir su libro.

La profesora Umbridge se fijó en la mano de Hermione, al igual que el resto de Slytherin, y no sólo eso, sino que al parecer había diseñado una estrategia por si se presentaba aquella eventualidad. En lugar de fingir que no se había fijado en Hermione, se puso de pie y pasó por la primera hilera de pupitres hasta colocarse delante de ella y Draco; entonces se agachó y susurró para que el resto de la clase no pudiera oírla:

-¿Qué ocurre esta vez, señorita Granger? -preguntó.

-Ya he leído el capítulo dos -respondió Hermione.

-Muy bien, entonces vaya al capítulo tres.

-También lo he leído. He leído todo el libro.

La profesora Umbridge parpadeó, pero recuperó el aplomo casi de inmediato.

-Estupendo. En ese caso, podrá explicarme lo que dice Slinkhard sobre los contraembrujos en el capítulo quince.

-Dice que los contraembrujos no deberían llamarse así -contestó Hermione sin vacilar- Dice que "contraembrujo" no es más que un nombre que la gente utiliza para dominar sus embrujos cuando quieren que parezcan más aceptables -La profesora Umbridge arqueó las cejas y Draco se dio cuenta de que estaba impresionada, a su pesar- Pero yo no estoy de acuerdo -añadió Hermione.

Las cejas de Umbridge se arquearon un poco más, y su mirada adquirió una frialdad evidente.

-¿No está de acuerdo? -preguntó con falso interés.

-No -contestó Hermione, quien, a diferencia de Umbridge, no hablaba en voz baja, sino con una voz clara y potente que ya había atraído la atención del resto de la clase- Al señor Slinkhard no le gustan los embrujos, ¿verdad? En cambio, yo creo que pueden resultar muy útiles cuando se emplean para defenderse.

-¿¡Ah, sí!? -exclamó Umbridge olvidando bajar la voz y enderezándose- Pues me temo que es la opinión del señor Slinkhard, y no la suya, la que nos importa en esta clase, señorita Granger.

-Pero... -empezó a decir Hermione.

-Basta -la atajó Umbridge; a continuación, se dirigió a la parte delantera de la clase y se quedó de pie delante de sus alumnos; todo el garbo que había exhibido al principio de la clase había desaparecido- Señorita Granger, voy a restarle cinco puntos a la casa de Slytherin.

Sus palabras desencadenaron un arranque de murmullos.

-¿Por qué? -preguntó Draco, furioso.

Umbridge adopto una actitud más suave y humana ante Draco, lo que provocó en Draco un gesto de asco al ver el brillo que se expandía en los orbes de la bruja.

-La señorita Granger acaba de perturbar el desarrollo de mi clase con intenciones que no vienen al caso -contestó Umbridge suavemente- Y, aparte de los cinco puntos, estará castigada conmigo durante una semana.

-¡Pero...! -jadeo Theo antes de que Blaise le encajara el codo contra el abdomen. Theo, al igual que Potter, era indeseable para Umbridge.

-¿Si, señor Nott? -preguntó Umbridge con cierta amargura.

Theo se mordió la lengua.

-Nada, profesora -respondió y Umbridge sonrió.

-Bien, capítulo dos, por favor.


Octubre, 20. 1995.

Despacho de Dolores Umbridge.

20:30 p.m.

Hermione había visto aquel despacho brevemente en la época en que lo había utilizado uno de los tres anteriores profesores de Defensa Contra las Artes Oscuras. Cuando la ocupaba el profesor Lupin, para ser exactos, y ella y Draco habían robado el mapa del merodeador.

En ese momento, sin embargo, estaba completamente irreconocible. Todas las superficies estaban cubiertas con fundas o tapetes de encaje. Había varios jarrones llenos de flores secas sobre su correspondiente tapete, y en una de las paredes colgaba una colección de platos decorativos, en cada uno de los cuales había un gatito de color muy chillón con un lazo diferente en el cuello. Eran tan feos que Hermione se quedó mirándolos, petrificada, hasta que la profesora Umbridge le habló.

-Buenas noches, señorita Granger.

Hermione dio un respingo y miró nuevamente a su alrededor. Al principio no la había visto, ni tampoco a Potter que se encontraba sentado alrededor de una mesita, cerca de Umbridge. La veía con curiosidad.

-Buenas noches, profesora Umbridge -repuso con frialdad.

-Siéntese, por favor -dijo la profesora señalando una mesita cubierta con un mantel de encaje a la que había acercado una silla, al lado de la de Potter. Sobre la mesita había un trozo de pergamino en blanco que parecía esperarla. Hermione suspiró y caminó hasta sentarse al lado derecho de Potter. Su pergamino también estaba en blanco.

La profesora Umbridge la miraba con la cabeza un poco ladeada y seguía sonriendo abiertamente, como si supiera con exactitud lo que Hermione estaba pensado. Pero sabía que esa grotesca mujer no podía entrar a su mente, aunque lo quisiera.

-Bueno -continuo Umbridge con dulzura-, veo que ya estamos aprendiendo a controlar nuestro genio, ¿verdad? Y ahora quiero que copie un poco, señorita Granger. No, con su pluma no -añadió cuando Hermione se agachó para abrir su mochila. Pudo ver como Potter se tensaba- Copiará con una pluma especial que tengo yo. Tome -le entregó una larga, delgada y negra pluma con la plumilla extraordinariamente afilada. Era idéntica a la de Potter-. Quiero que escriba: "Debo respetar a mis mayores" -le indicó con voz melosa.

-¿Cuantas veces? -preguntó Hermione fingiendo educación lo mejor que pudo.

-Ah, no sé, las veces que haga falta para que se le grabe el mensaje -contestó Umbridge con ternura. Dirigió su cara de sapo a Potter- Usted ya sabe que es lo que debe de escribir. Empiecen.

Ella fue hacia su mesa, se sentó y se encorvó sobre un montón de hojas de pergamino que parecían trabajos para corregir. Hermione levantó la afilada pluma negra y entonces se dio cuenta de lo que le faltaba.

-No me ha dado tinta -observó.

-Sí, es que no la necesita -contestó Umbridge, y algo parecido a la risa se insinuó en su voz.

Hermione, inhalo y exhalo varias veces intentando calmarse, puso la plumilla en el pergamino, escribió: "Debo respetar a mis mayores", y soltó un grito de dolor.

Las palabras habían aparecido en el pergamino escritas con una reluciente tinta roja, y al mismo tiempo habían aparecido en el dorso de la mano derecha de Hermione. Quedaron grabadas en su piel como trazadas por un bisturí; sin embargo, mientras contemplaba aquel reluciente corte, la piel cicatrizó y quedó un poco más roja que antes, pero completamente lisa.

Hermione se dio la vuelta y miró la mano de Potter. En su dorso izquierdo, Potter era zurdo, las palabras: "No debo decir mentiras" estaban grabadas casi a fuego.

-¿Ocurre algo, señorita Granger?

Hermione se sobresaltó, mirando ahora a Umbridge que la observaba con la boca de sapo estirada forzando una sonrisa.

-Nada -respondió ella con un hilo de voz.

Hermione volvió a mirar el pergamino, puso la plumilla encima una vez más y escribió: "Debo respetar a mis mayores"; inmediatamente sintió otra vez aquel fuerte dolor en el dorso de la mano; una vez más las palabras se habían grabado en su piel; y una vez más, desaparecieron pasados unos segundos.

Hermione siguió escribiendo. Una y otra vez, trazaba las palabras en el pergamino y pronto comprendió que no era tinta, sino su propia sangre. Y una y otra vez, las palabras aparecían grabadas en el dorso de su mano, cicatrizaban y aparecían de nuevo cuando volvía a escribir con la pluma en el pergamino.

Los ojos se le llenaron de lágrimas mientras aprisionaba su labio inferior entre sus dientes, su garganta estaba obstruida con un grito de dolor que quería emerger. Apretó con fuerza los ojos, no queriendo que ni Umbridge ni Potter vieran su debilidad cuando sintió una mano callosa y cálida sobre la suya. Bajando la mirada se encontró con la mano de Potter, que apretaba la suya como si quisiera transmitirle su fuerza. Al alzar la mirada, Potter la tenía fija en el pergamino.

Hermione ahogó un sollozo, correspondió el apretón de manos de Potter y siguió escribiendo en el pergamino.

-Vengan aquí -les ordenó Umbridge al cabo de lo que a Hermione le parecieron horas.

Hermione se levantó al mismo tiempo que Potter. Le dolía la mano, y cuando se la miró vio que el corte se había curado, pero tenía la piel tierna.

-Las manos -pidió la profesora Umbridge.

Hermione y Potter se las tendieron y ella las tomó entre las suyas. Hermione contuvo un estremecimiento cuando Umbridge se la tocó con sus gruesos y regordetes dedos, en los que llevaba varios feos y viejos anillos.

-¡Ay, ay, ay! Veo que todavía no la he impresionado mucho -le comentó a ella, ignorando a Potter- Bueno, tendremos que intentarlo de nuevo mañana, ¿no? Ya pueden marcharse.

Hermione se marchó del despacho junto a Potter sin decir palabra alguna. El colegio estaba casi desierto; debía de ser más de media noche. Caminaron en silencio.

-¿Qué más castigo que compartir horas con Potter? -dijo Draco de forma maliciosa cuando dieron vuelta a una curva que daba hacia la intersección que llevaba a la sala común de Slytherin. Estaba recargado contra la pared, parado en medio de Theo y Blaise que sonrieron con burla.

Potter se tensó al lado de Hermione.

-¿Qué quieres Malfoy? -le respondió Potter con enojo.

-Ver tu cara a esta hora de la noche claramente no -respondió Draco haciendo reír a Blaise y que Theo bufara con desprecio.

-Déjalo en paz, Draco -dijo Hermione en voz baja provocando que la diversión se borrara del rostro de Draco. La risa de Blaise se apagó y Theo frunció el ceño.

-¿Estas bien? -preguntó Draco, apartándose de la pared y caminando hacia Hermione.

Hermione asintió sin ganas. Luego negó haciendo sacudir su cabello, volvió a asentir y se lanzó a los brazos de Draco, llorando contra su camisa. Theo y Blaise, alarmados, se acercaron a ellos antes de sacar sus varitas mágicas y apuntarlas contra Potter.

-¿¡Qué le hiciste!? -siseo Theo con furia. Potter le regresó la mirada con la misma intensidad.

-Él no... él no... -balbuceo Hermione, aferrándose a Draco. Blaise pudo notar la mano de Hermione, tenía el dorso rojo, como si lo hubieran tallado con fuerza. Blaise bajó su varita y colocó su mano sobre la de Theo, instalando a bajarla.

-¿Qué maldito castigo les dejo la cara de sapo? -preguntó Blaise cuando Hermione no pudo seguir su frase. Potter pareció dudar un segundo antes de contestar.

-Escribir varias veces sobre un pergamino -respondió. Blaise y Theo enarcaron las cejas y Draco miró con frialdad a Potter.

-Dilo de una vez, Potter -siseo con desprecio- No tengo tu tiempo.

Potter, reticente, les mostró su dorso. Las palabras: "No debo decir mentiras" estaban grabas ahí, como si se hubiera cortado varias veces.

-¡Esa perra! -mascullo Theo. Draco se tensó y los orbes verdes de Blaise se ensombrecieron.

-Eso está prohibido -dijo Blaise en voz baja.

-No -respondió Theo, apretando los dientes con enojo- Recuerda que se volvió la Suma Inquisidora, de seguro tendrá derecho para hacer la mierda que quiera.

-Hermione no volverá ahí -sentenció Draco. Blaise y Theo asintieron al mismo tiempo. Los engranes en las cabezas de cada uno parecían estar en funcionamiento.

-¿Qué tal la poción multijugos? Tienes una en tu baúl. -Le dijo Blaise a Draco. El platinado, sin dejar de abrazar a Hermione, le frunció el ceño.

-¿Has esculcado mis cosas? -inquirió.

-Podríamos turnarnos -ofreció Theo, asintiendo con la cabeza. El plan ya se estaba formando en su mente.

-No pueden hacer eso -dijo Potter con reticencia, aunque parecía que no quería inmiscuirse. Su mirada estaba fija en las manos de Draco que cepillaban con suavidad la larga cabellera de Hermione, en un gesto tranquilizante. Sin rasgo alguno de asco o desprecio.

-Ilústrame, Potter -escupió Theo, sus ojos refulgiendo de ira-. ¿Por qué no habríamos de proteger a Hermione?

Potter le dedicó la misma mirada de enojo, aunque había un deje de sabiondo en sus orbes verdes.

-Tiene que grabarse en la piel -respondió con obviedad. Blaise maldijo por debajo y Theo bufó con furia.

-Esa perra.

-No quiero volver ahí -susurró Hermione contra el pecho de Draco, su voz amortiguada por la ropa del rubio.

-Alguno de nosotros tiene que ir -dijo Draco, tragando con fuerza.

-Mi piel es demasiado perfecta para tener una cicatriz -dijo Blaise en un intento de apaciguar a sus amigos, pero la vista de Hermione llorosa en los brazos de Draco era demasiado para él- Pero puedo hacerlo. Entre nosotros tres aquí soy al que mejor le quedaría una cicatriz. -Y mirando a Potter de reojo, dijo con burla-: Sin ánimos de ofender, Potter.

El Gryffindor puso los ojos en blanco, pero no dijo nada. Se dio la vuelta y se dirigió hacia el pasillo que lo llevaría a las escaleras que daban para su torre. No quería tener nada que ver con hijos de mortífagos, ni mucho menos con Draco Malfoy.

Allá ellos si estaban dispuestos a meterse en problemas.


Octubre, 30. 1995.

Sala de los Menesteres.

15:39 p.m.

-Yo quería ir a Hogsmeade, no estar encerrado otro fin de semana dentro de Hogwarts -se quejó Gregory, restregándose una mano contra el rostro. Sobre el dorso de esta, la frase: "Debo respetar a mis mayores" brillaba en tonos rojizos debido a que aun no había cicatrizado. Había ganado la lotería de la desgracia, por encima de sus amigos.

La parte difícil había sido encontrar un hechizo que camuflara la piel de Hermione para que la cicatriz se mostrara durante las clases de Umbridge.

-No podemos estar en Hogsmeade hoy, Gregory -le recordó Theo, cruzado de brazos en la espera de aquello tan importante que Blaise quería mostrarles-. Potter está tramando algo, y no quiero que envié alguno de sus lamebotas a vigilarnos mientras muestra su importantísimo plan.

-No deberían haberse metido en la mente de Ginny -reprendió Hermione, sentada sobre un escritorio de madera.

-Y ella no debería habernos ocultado nada -dijo Draco, recargado contra la mesa a un lado de ella-. ¿Creía que no íbamos a enterarnos?

Hermione rodó los ojos.

Potter estaba tramando algo y había corrido la voz, entre los "elegidos", que los esperaba en el pub "Cabeza de Puerco" en Hogsmeade. Estaban al tanto de que algunos Hufflepuff y Ravenclaw también estarían en la reunión, así que la verdadera pregunta era: ¿qué era aquello tan importante que ignoraba las barreras entre casas? Claro, a excepción de Slytherin.

-Si lo que tanto quieres es un par de dulces, mañana nos colamos a Honeydukes con el mapa -murmuró Blaise ignorando teatralmente la supuesta traición de Ginny Weasley mientras hojeaba el libro de Pociones avanzadas que ahora era su fiel confidente-. Estaba por aquí… lo que quería mostrarles…

-Te he dicho mil veces que no aprenderemos a crear Infeirus -dijo Theo con verdadero desinterés.

Blaise puso los ojos en blanco. Por lo visto, aprender magia negra estaba permitida en casos como los hechizos Fractorum (aquel que rompía todos los huesos de la víctima. Uno por uno.) y Fulgari (las cuerdas malignas). Pero crear zombis no entraba en la lista.

-Ya superé el tema, así que no te preocupes -dijo sin desviar la mirada de las páginas que pasaba-. Cuando mueras, usaré tu cadáver como experimento.

-Pediré cremación -dijo Theo rodando los ojos con cierto fastidio.

-¿Por qué no invitamos a Pansy? -cuestionó Vincent, rodando la varita entre sus dedos-. Ha estado con nosotros todo el tiempo, pensará que hacemos algo ilegal.

-Es ilegal la magia oscura -contraatacó Hermione.

-Pansy no está preparada para esto -concedió Draco.

-Su padre es un mortífago -dijo Vincent.

-Eso no le da un pase a nuestras clases extras de defensa -dijo Draco.

-La magia oscura no se usa como defensa -opinó Gregory.

-Cuando tratas con mortífagos sí lo es -opinó Blaise.

-¿Qué? ¿Vamos a entrelazar las manos con Potter y luchar contra nuestros padres? -Vincent enarcó una ceja.

-Bueno… -murmuró Theo.

-Nadie va a pelear contra nadie –negó Draco.

-Potter peleará -dijo Gregory.

-Porque Potter es el maldito salvador del mundo mágico -dijo Blaise con una sonrisa de burla-. No tiene opción. Es un jodido blanco andante… lo encontré -exclamó triunfante.

-¿Qué cosa? -preguntó Hermione con curiosidad. Blaise no les había dado pista alguna.

-El hechizo que había visto el otro día -respondió Blaise, mostrándole la página a Theo cuando se acercó a él. El castaño frunció el ceño.

-Sectumsempra –leyó con un mal sabor en la boca-. No sé, Blaise… no sabemos que pueda hacer este… hechizo.

-Por eso lo probaran conmigo -se ofreció Blaise mostrando sus inmaculados dientes blancos-. Dispara.

Draco negó con la cabeza, un silencioso suspiro saliendo de sus labios mientras se apartaba de Hermione y se acercaba a los dos chicos.

-Theo tiene razón, Blaise -concordó con el castaño-. No sabemos si es un maleficio oscuro.

-Eso es lo que vamos a averiguar, Draco -se mofó Blaise-. Sólo hazlo.

-¿Estas seguro? -preguntó Draco.

-Draco… -llamó Hermione.

-Sí -dijo Blaise ignorando a la castaña.

-¿Completamente? -preguntó Draco para asegurarse.

-Como no lo hagan ustedes, lo haré yo -se quejó Blaise con un fingido puchero. Theo rodó los ojos.

-Como quieras -dijo el castaño medio exasperado mientras sacaba su varita mágica, para apuntar hacia Blaise que empezó a retroceder para darle espacio.

Hermione resopló con molestia mientras los veía. De un segundo a otro, frente a sus ojos que admiraban la escena que protagonizaban esos tres, un frasco de Esencia de Díctamo apareció flotando. Parpadeó repetidas veces, preguntándose momentáneamente si era alguna jugarreta de su mente, pero el frasco seguía ahí.

Lo tomó entre sus manos, frunciendo el ceño mientras se preguntaba por qué razón había aparecido frente a ella. La Sala de los Menesteres se destacaba por su capacidad de mostrar la verdadera necesidad de la bruja o el mago, pero Hermione no había pedido aquel frasco. No lo necesitaba, a menos que…

-¡THEO! ¡NO! -aulló con voz desgarrada mientras se lanzaba de un salto de la mesa, pero la advertencia llegó muy tarde.

-¡Sectumsempra!

Un pequeño flash de luz salió de la punta de la varita mágica de Theo y golpeó contra el pecho de Blaise, lanzándolo un par de metros hacia atrás. La sala quedó sumergida en un terrible silencio un par de segundos antes de que los gritos de dolor estallaran en la estancia.

El joven Slytherin gritaba como si lo estuviesen matando.

-¡BLAISE!

Hermione, recuperándose del shock, echó a correr todo lo que sus piernas le permitían. Empujó en el proceso a Theo y Draco, quietos como estatuas, y se lanzó sobre el chico que moría en el suelo. Blaise lloraba y gritaba por el dolor, su rostro se descomponía por el horror absoluto que estaba sufriendo; a la vez que su camisa, que mostraba distintos cortes, se manchaba de sangre.

-Por Slytherin, por Slytherin -sollozó Hermione, dejándose caer de rodillas al suelo, provocando que un desagradable sonido de chapoteo retumbara en sus oídos. Sintió la sangre caliente, que ya estaba formando un charco alrededor del cuerpo, manchar sus rodillas. Su mirada histérica se concentró en la de Blaise antes de que los ojos del chico se pusieran en blanco y cayera en la inconciencia.

Los gritos seguían retumbando contra sus tímpanos mientras abría el frasco de Díctamo con manos temblorosas. Soltaba dos o tres gotas sobre las heridas, pero cuando creía que iban a cerrarse, volvían a abrirse y más sangre se escurría.

-No está cerrando… no se están cerrando… -murmuró para si misma, sin dejar de aplicar la pócima. Las manos le temblaban con una fuerza monstruosa y mil pensamientos oscuros se arremolinaban en su cabeza.

Sintió a Draco más que verlo, el roce fantasma de sus piernas contra su espalda. Alzó la vista, encontrándose con el pálido rostro del platinado y una mueca de profundo horror plasmada en su rostro.

-No funciona, Draco. No está funcionando -le dijo, pero su voz salió en un sollozo histérico. Fue ahí cuando pudo probar sus lagrimas saladas. Draco, en cambio, no se había movido ni un centímetro, parecía que no la había escuchado-. ¡DRACO! -chilló Hermione al borde de perder la cordura.

Fue eso lo que lo hizo reaccionar.

-El libro… -masculló Draco, viendo como la sangre se escurría por los cortes en el pecho del moreno-. ¡JODER! ¡THEO! ¡EL PUTO LIBRO! -aulló hacia el castaño, pero el Slytherin parecía haber entrado en un trance. Y Vincent y Gregory parecían compartirlo-. Maldición -espetó, no tenía tiempo para ello. Sacó su varita mágica de su bolsillo y ladró-: ¡Accio libro de Pociones!

El libro salió volando de la mano de Theo y se estrelló contra el pecho del rubio por la fuerza conjurada. Con una velocidad asombrosa, empezó a pasar las páginas en busca del hechizo que Theo había conjurado. Sectumsempra… Sectumsempra… Sectumsempra… debajo de aquellas letras malvadas y torcidas, se encontraba un contrahechizo.

Dejó caer el libro y se arrodilló a un lado de Hermione, que había llevado la cabeza de Blaise a su regazo y le acariciaba las mejillas con cuidado. Draco apuntó su varita contra el pecho de Blaise, sintiendo el suyo subir y bajar como si hubiera corrido un maratón.

-Vulnera sanentur -conjuró, con voz ahogada.

Los cortes empezaron a cicatrizar poco a poco, y Draco se vio obligado a repetir el hechizo varias veces más hasta que todas las heridas dejaron de sangrar. Blaise estaba mortalmente pálido y aún seguía inconsciente, pero su pecho subía y bajaba con lentitud. Así que aquello ya era una ventaja.

-¿Deberíamos despertarlo? -preguntó Hermione con un sollozo, pasando sus manos entre los rizos del moreno.

-No… no creo… -respondió Draco con voz ronca. Los dos se quedaron en silencio durante un tiempo eterno hasta que Draco volvió a hablar con un carraspeo.

-No podemos llevarlo a la enfermería -dijo Hermione.

-No, no podemos…

-Es mucha sangre, Draco… hay mucha sangre -sollozó Hermione, su cuerpo sacudiéndose debido a los sollozos. Podía sentir el liquido caliente contra sus rodillas y aquello la hacía querer vomitar.

-Nece… -se le rompió la voz a Draco. Guardó silencio unos segundos-. Necesita una pócima regenerativa -dijo sin titubear-. Tengo un par de esas en mi baúl…

-Bien, muy bien -asintió Hermione, pasándose las manos por el rostro y tratando de limpiar las lágrimas derramabas-. Bien, vas a estar bien, Blaise. Ya verás…

-Voy por ellas… -carraspeó Draco, desviando la mirada para no ver a Hermione tratar de juntar los pedazos de compostura.

-Lleva a Theo.

-Él no debería…

-Él no debería estar aquí –negó Hermione, con la mirada fija en el pálido rostro de Blaise-. Llévatelo.

Draco asintió y se levantó con dificultad, sus rodillas entumecidas por todo el tiempo que pasó arrodillado. Soltó un largo suspiro y dirigió la mirada hacia sus otros tres amigos, que aún seguían mirando hacia Blaise con distintos gestos de dolor y miedo.

Sería un largo día.


Octubre, 31. 1995.

Sala común de Slytherin.

06:40 a.m.

-¡Noche de brujas! -gritó Blaise, tomando a Theo y Draco por los hombros y arrastrándolos hacia la salida. Theo se estremeció y desvió la mirada, evitando por completo al moreno. Se sentía bastante culpable debido al ataque del día anterior.

Draco había sentenciado que sería la última vez que verían magia oscura después de que Blaise despertó. Hermione había insistido en que el moreno se deshiciera del libro de Pociones, pero Blaise se negó argumentando que no volvería a intentar ningún hechizo oscuro que encontrara, pero que lo necesitaba para sacar un Extraordinario en los TIMOS.

Habían salido bastante tarde de la sala de los Menesteres y vuelto a su sala común esquivando al resto de los prefectos que vigilaban esa noche. No hubo conversación alguna sobre el incidente después de que salieron de la sala, y posiblemente sería una conversación que nunca tendrían.

-Eres tan infantil -bufó Draco, sus ojos fijos en el tumulto de serpientes congregadas alrededor del tablón de anuncios de Slytherin-. ¿Qué es todo este ajetreo? -preguntó arrastrando las palabras con altanería. Los alumnos frente a él de inmediato se movieron, dándole paso.

Draco se separó del abrazo de Blaise y caminó hacia el tablón. Habían colgado un enorme letrero tan grande que tapaba casi todos los demás carteles: los habituales recordatorios de Argus Filch sobre el colegio, el horario de entrenamiento del equipo de quidditch (aquel que Pansy se había encargado de hacer), las fechas de excursiones a Hogsmeade, la lista de los castigados de esa semana. El nuevo letrero estaba escrito con grandes letras negras, y al final había un sello oficial junto a una pulcra firma cargada de florituras.

POR ORDEN DE LA SUMA INQUISIDORA DE HOGWARTS.

De ahora en adelante quedan disueltas todas las organizaciones y sociedades, y todos los equipos, grupos y clubes.

Se considerará organización, sociedad, grupo o club cualquier reunión asidua de tres o más estudiantes.

Para volver a formar cualquier organización, sociedad, grupo o club será necesario un permiso de la Suma Inquisidora (profesora Umbridge).

No podrá existir ninguna organización o sociedad, ni ningún equipo, grupo o club, o bien haya pertenecido a alguna entidad de este tipo, que no haya sido aprobada por la Suma Inquisidora, será expulsado del colegio.

Esta medida está en conformidad con el Decreto de Enseñanza n.° 24.

Firmado:

Dolores Jane Umbridge

Suma Inquisidora.

-Mierda -siseo Blaise con el ceño fruncido-. ¿Eso significa que tenemos que volver a formar el equipo de quidditch?

-Eso significa que sospecha sobre la reunión de Potter ayer en Cabeza de Puerco -respondió Draco con una sonrisa ladina y un brillo maligno en su mirada. Theo resopló con desprecio y Blaise imitó la sonrisa de Draco, pero cuando los tres se dieron la vuelta para dirigirse a la salida de la sala común, se toparon de frente con Astoria Greengrass.

-¿Cuál reunión? -preguntó Astoria con forzosa tranquilidad.

La sonrisa de Draco se transformó en una mueca de desprecio, disparándole una mirada gélida a Astoria, provocando que se encogiera en su lugar. Los Slytherin que aún se encontraban ahí salieron corriendo en distintas direcciones, todos estaban al tanto del comportamiento de la pequeña de las Greengrass.

-Piérdete, Greengrass -siseo Draco al pasar a su lado.

-Draco, yo…

-Guárdate las excusas -la interrumpió el rubio mirándola por sobre el hombro-. Tienes suerte de que Hermione se las haya cobrado en ese momento, o estarías en serios problemas por haberla llamado impura -siseo antes de continuar su camino.

Blaise frenó su andar por unos segundos, mirando con total indiferencia a Astoria que miraba la espalda de Draco mientras se marchaba junto a Theo. Espero con las manos dentro de los bolsillos del pantalón hasta que la mirada de Astoria se posó en él.

-¿Qué? -espetó Astoria con desconfianza.

-El día que aprendas que no hay tal cosa como la sangre sucia o limpia, entonces, posiblemente, Hermione acepte una disculpa -respondió.

-Yo no quiero el perdón de Hermione -siseo Astoria, cuadrando los hombros. Blaise le sonrió con crueldad.

-Amore -dijo-. El perdón de Hermione es el único que conseguirás. -Y dicho esto, se dirigió hacia la salida de la sala común.


Gran Comedor.

07:02 a.m.

-Se ven bastante sospechosos, a mi parecer -se burló Hermione al sentarse a un lado de Theo. Su taza de té Vintage Narcissus ya la estaba esperando, junto a un perfecto trozo de panqué de naranja.

-Con toda razón Umbridge puso aquel anuncio -bufó Theo, sus ojos fijos en la mesa de Gryffindor mientras se llevaba su taza con café a los labios. Los Weasley rodeaban a Potter junto a dos chicos de Hufflepuff y dos de Ravenclaw.

-¿Dónde se metió Draco? -preguntó Pansy, untando una generosa porción de mermelada de frambuesa en su pan francés.

-Está con Umbridge, solicitando el permiso para el equipo de quidditch -respondió Blaise, el dorso de su mano cubriendo su boca mientras le respondía a Pansy.

-¿Quién no? -se burló Vincent, dándole un gran mordisco a su tercera manzana de desayuno.

-¿Qué creen que trame Potter? -preguntó Gregory, doblando su copia de El Profeta de esa semana antes de lanzarla al lado de la charola con quesos.

-No tengo idea, y realmente no me interesa -respondió Blaise encogiendo los hombros-. Mientras mantenga la boca cerrada el resto de año y deje de gritar a los cuatro vientos que el Señor Tenebroso ha vuelto.

-No creo que vaya a mantener la boca cerrada -dijo Theo, sin despegar la mirada de los dos Ravenclaw que se despedían de Potter y cuchicheaban en voz baja mientras se dirigían a su mesa-. Ahora que tiene alguien quién le cree.


Mazmorras de Hogwarts.

10:10 a.m.

-¿Por qué demonios te tardaste tanto? -preguntó Hermione en el momento que sintió el brazo de Draco sobre sus hombros y su característico aroma inundar sus sentidos. Alzó la mirada para encontrarse con los orbes grises del rubio y su sonrisa petulante.

-¿Me extrañaste? -preguntó Draco en un susurro bajo, solo para ser oído por Hermione. La castaña rodó los ojos mientras un imperceptible sonrojo cubriera sus mejillas.

-¿Hubo un problema con Umbridge, Romeo? -llamó Blaise unos pasos detrás de la pareja. Draco lo miró de reojo.

-No, solo no quería entrar a Historia de la magia -respondió el rubio, ganándose un codazo por parte de Hermione. Draco jadeo, fingiendo quedarse sin aire.

-Eres un idiota -siseo Hermione rodando los ojos con fingido fastidio.

-Aún así te casaras conmigo -sentenció Draco.

-Yo no…

-¿Podrían parar? -preguntó Theo frunciendo el ceño-. Me están provocando indigestión.

-Sí, solo dinos qué pasó –pidió Pansy caminando en medio de Gregory y Vincent.

-Umbridge ha concedido el permiso al equipo de quidditch de Slytherin para seguir jugando -respondió Draco-. Bueno, ha sido prácticamente automático -admitió sin detener su andar-, ya que Umbridge, por lo visto, conoce muy bien a mi padre -una mueca de desprecio brilló en sus labios-. Aunque será interesante saber si el equipo de Gryffindor también recibe permiso para seguir jugando.

-¿Por qué no habría de ser así? -cuestionó Gregory antes de chocar con una estudiante. La sostuvo rápidamente por los brazos, evitado su caída. Por un segundo creyó que era Ginny Weasley, pero su cabello rojo era un tono más oscuro, sus ojos eran marrones y su piel un poco más bronceada.

No pudo apartar la mirada de la pelirroja, aunque ella tampoco lo hizo. No la soltó, no se apartó… se sentía como si le hubieran dado un golpe en la cara y todo se viera más nítido ahora, más radiante.

Blaise, que se había detenido junto a Gregory cuando vio el golpe, sonrió con malicia. Esperó unos segundos más a qué su amigo soltara a la pelirroja, pero cuando la rubia (que también llevaba un uniforme de Hufflepuff) miró hacía Gregory con desconfianza decidió intervenir.

-Uhm, Greg -llamó en un carraspeó, tratando de ocultar su diversión.

La pareja pareció salir de su estupefacción, y Gregory rápidamente la soltó. La chica tambaleó dos pasos, pero su amiga la sostuvo de inmediato.

-¡Zabini! ¡Goyle! -gritó Draco varios pasos por delante. Se había detenido junto al resto de sus amigos cuando repararon en el hecho de que Gregory y Blaise se habían quedado atrás. Tenía el ceño fruncido, no le gustaba estar rodeado de Hufflepuff, mucho menos de Gryffindor. Y ahora que ambas casas estaban esperando en fila para entrar al aula de Pociones, lo único que quería hacer era irse a su sala común junto a sus amigos.

-Lo siento -se disculpó Gregory con brusquedad, desviando la mirada rápidamente antes de trotar hacía sus amigos. Blaise sonrió a ambas chicas antes de continuar su andar, mirando brevemente de reojo al trío de oro que lo miraban con desconfianza.

-¿Qué fue eso? -preguntó con malicia cuando alcanzó a Gregory y el resto.

-Cierra la boca -espetó Gregory y antes de que cualquiera de sus amigos pudiera preguntar algo, miró a Draco-. ¿Qué decías?

-Draco decía que, si es cuestión de influencias en el Ministerio, los Gryffindor no tienen muchas posibilidades -respondió Vincent en su lugar-. Por lo visto, el señor Malfoy dice que hace años que buscan un pretexto para despedir a Arthur Weasley.

-Y en cuanto a Potter -dijo Theo, empezando a caminar de nuevo-… No me sorprendería que en cualquier momento lo enviaran al Hospital San Mungo… El ministro no está para nada contento con sus insinuaciones del Innombrable -se encogió de hombros con desinterés, fingiendo que no se había dado cuenta que estaba rodeado de Gryffindor-. Pero bueno, al menos la sala de los trastornados en San Mungo es muy bonita. Aunque están tan zafados que ni siquiera lo notan…

-¡No, Neville!

El grito de Potter los alertó: Longbottom se dirigía hacia ellos, agitando los puños. El chico dorado rápidamente lo tomó por la túnica, forcejeando con Longbottom que intentaba soltarse y abalanzarse sobre Theo, que durante un momento se quedó completamente perplejo.

-¡Ayúdame! -gritó Potter.

Consiguió rodear el cuello de Longbottom con un brazo, tiró de él hacia atrás y lo alejó de ellos. Gregory y Vincent flexionaron los brazos, listos para atacar. Weasley agarró a Longbottom por los brazos, y Potter y él lograron volver a colocarlo en la fila de alumnos de Gryffindor. Longbottom estaba rojo como un tomate; la presión que Potter ejercía sobre su cuello hacía que apenas se le entendiera, pero seguía farfullando.

-No tiene… gracia… San Mungo… ya verá…

Entonces se abrió la puerta de la mazmorra y el profesor Snape apareció en el umbral. Recorrió con sus ojos negros a los alumnos de Gryffindor hasta llegar a donde estaban Potter y Weasley intentando sujetar a Longbottom. Los Hufflepuff, que estaban reunidos allí como el resto de los Gryffindor, veían la escena perplejos.

-¿Peleando, Potter, Weasley, Longbottom? -preguntó el profesor Snape con su fría y socarrona voz- Diez puntos menos para Gryffindor. Suelta a Longbottom, Potter, o serás castigado. -ordenó, desviando su mirada a los Slytherin-. ¿Qué hacen ustedes aquí?

-Nosotros… -masculló Hermione, reaccionando de repente-. Íbamos a nuestra sala común, profesor.

El profesor Snape los miró detenidamente unos segundos, antes de apartarse de la puerta.

-Todos adentro -ordenó, dándose la vuelta y entrando al aula.

-Vamos -siseo Draco, separándose de Hermione y empujando a Theo. El castaño sacudió la cabeza, un poco sorprendido por la actitud de Longbottom, pero era de esperarse que sus padres fueran un punto débil.

Nadie dijo palabra alguna mientras recorrían las mazmorras en busca de su sala común.


Noviembre, 15. 1995.

Vestuarios de Slytherin.

16:00 p.m.

Era un pésimo día para salir de la cama.

Estaba preparándose para su primer partido como integrante del equipo de quidditch de Slytherin, y se enfrentaría a los leones en el primer juego de la temporada y todo estaba yendo de mal en peor.

Pansy estaba deprimida. Había perdido a sus amigas de toda la vida por un estúpido comentario de Astoria Greengrass, por no mencionar que su futuro auguraba oscuridad y maldad. Theo se negaba a mirar a Blaise a los ojos y trataba de evadirlo lo más posible. Blaise no dormía, sufría de horribles pesadillas que mantenía a los chicos despiertos hasta muy tarde en la noche, por no mencionar de las extensas tareas que los profesores les dejaban para prepararse ante la venida de los TIMOS.

La amistad con Ginny y Luna parecía colgar de un lazo muy fino, y los gemelos Weasley se ponían muy nerviosos cada vez que Draco y ella se quedaban más tarde de lo que usualmente procuraban estar en la Sala de los Menesteres. Todos ocultaban algo, pero tampoco era como que le importase mucho.

Quería un respiro, y ese partido no parecía serlo.

-Oí que Luna está apoyando a los Gryffindor -dijo Vincent, colocándose el peto sobre el musculoso pecho. Su mirada cayó brevemente en Theo, pero rápidamente la desvío, tratando de hacer su comentario demasiado… sutil.

-¿En serio? -preguntó Theo indiferente. Mantenía su Nimbus 2001 en el regazo y su mirada estaba fija en sus manos, que cerraba y abría.

-Sí -respondió Pansy, levantándose de su banco y caminando hacia Vincent. Se colocó detrás de él y empezó a ayudarlo con los broches-. Llevaba una cabeza de león.

-Y rugía -concordó Gregory, sacudiendo su bate de madera una y otra vez en el aire.

-Bien por ella -murmuró Theo. Soltó un largo suspiro y se llevo las manos al cabello, alborotándoselo.

-Ya es la hora -anunció Draco, acercándose hacía sus amigos. Se había apartado de ellos cuando empezó a explicarle el plan de atrapada a Blaise, que llevaba su Saeta de Fuego sobre el hombro derecho.

-¿Qué? -preguntó Blaise con fingida inocencia-. ¿No hay discurso?

Draco resopló, posando su mirada grisácea en el moreno.

-No se rompan ningún hueso -ordenó en un siseo-. Por que no solo será el del partido, si no que yo mismo les daré uno.

-Lindo -se burló Hermione rodando los ojos.

Draco le sonrió con suficiencia, antes de tomar su Nimbus 2001 que estaba a un lado de la de Hermione, y dirigirse hacia la salida del vestuario. Los demás lo imitaron en seguida, todos demasiado tensos para tomarse la advertencia en broma.

Los recibió un fuerte estallido de gritos y silbidos, entre los cuales se escuchó el cántico que Astoria y Daphne Greengrass habían empezado dentro de la sala común. Pansy maldijo en voz baja, enterrando sus uñas en la madera de la escoba mágica.

-Tuvieron que haberles dicho algo -espetó la pelinegra hacía los dos prefectos de Slytherin.

-Pansy, que a ti te guste Weasley no significa que al resto de nosotros nos agrade -respondió Draco sin girarse-. Si quieren joderlo, bien por mí.

Los jugadores del equipo de Gryffindor los esperaban de pie en el campo. Angelina Johnson, la nueva capitana, los veía con reprimido enojo. Fred y George tenían una sonrisa en el rostro, pero no llegaba a sus ojos. Ron Weasley parecía fuera de contexto; Potter estaba furioso. Alicia Spinnet los veía con frialdad, y Katie Bell tenía una sonrisa de superioridad.

-Dense la mano, capitanes -ordenó la señora Hooch, que hacía de árbitro, cuando Draco y Johnson se encontraron. Draco estrechó su mano con Johnson y la retiró con premura, evitando por poco el ademán de limpiársela con la túnica- Monten sus escobas...

La señora Hooch se puso el silbato en la boca y pitó.

A continuación, soltaron las pelotas y los catorce jugadores emprendieron vuelo. Hermione vio con el rabillo del ojo cómo Pansy salía como un rayo hacia los aros de gol. La castaña subió un poco más y esquivó la primera bludger; luego dio una amplia vuelta por el terreno de juego mirando a su alrededor en espera de Theo y Draco.

-Y es Johnson, Johnson con la quaffle, cómo juega esta chica, llevo años diciéndolo, pero ella sigue sin querer salir conmigo...

-¡JORDAN! -gritó McGonagall.

-Sólo era un comentario gracioso, profesora, para añadir un poco más de interés... -anunció Jordan desde la tribuna del profesorado, donde hacía de comentarista-. Ahora, esquivando a Nott, ha superado a Malfoy, ¡ay! Granger le roba la quaffle mientras la bludger de Crabbe la golpea por detrás... Granger sube de nuevo por el campo, siendo flanqueada por Malfoy y Nott y... La bludger que George Weasley le envía ha sido interceptada por Goyle, que se la regresa con mayor fuerza. Granger supera a Katie Bell, Alicia Spinnet se dirige hacia ella con una velocidad asombrosa y... ¡Granger deja caer la quaffle! ¿Qué tiene esa serpiente por cerebro?

-¡JORDAN!

-Lo siento profesora... ¡Malfoy tiene la quaffle! ¿En qué momento dejo de flanquearla? Malfoy le pasa la quaffle a Nott y Nott está listo para anotar, esquiva una bludger y lanza la quaffle de vuelta a Granger que la toma con una mano y Ron Weasley intenta detenerla, pero va muy rápida... ¡anota! ¡Diez puntos para Slytherin!

La tribuna de Slytherin aplaudió y aulló, cantando con más fuerza.

-Aunque me cueste admitirlo, esos tres juegan muy bien juntos... -masculló Lee Jordan mientras los Gryffindor abucheaban.

-... Alicia Spinnet se hace de la quaffle y sale disparada... regatea a Nott, esquiva una bludger, y el público está entusiasta, escúchenlo, ¿qué es lo que canta?

Jordan hizo una pausa para escuchar, y la canción se elevó con fuerza, desde el mar verde y plateado de los Slytherin que se hallaban en las gradas.

Weasley no atrapa las pelotas

y, por el aro se le cuelan todas.

Por eso los de Slytherin debemos cantar:

a Weasley vamos a coronar.

Weasley nació en un vertedero

y se le va la quaffle por el agujero.

Gracias a Weasley hemos de ganar,

a Weasley vamos a coronar.

-...¡Y Alicia vuelve a la pasársela a Angelina! -gritó Jordan. Hermione hizo un viraje brusco, mirando con cierto odio a Astoria. Esa maldita chica. Si seguía así, Pansy terminaría explotando- ¡Vamos, Angelina! ¡Ya sólo tiene que superar al guardián!... LANZA ¡AAAYYY!

Pansy había parado la pelota; luego le lanzó la quaffle a Draco, que salió como un rayo con ella zigzagueando entre Johnson y Bell; los cánticos que ascendían desde las tribunas se acercaban más y más a Weasley. Hermione y Theo se colocaron detrás de Draco, como una flecha.

A Weasley vamos a coronar.

Y por el aro se le cuelan todas.

A Weasley vamos a coronar.

Hermione trató de ignorar la canción mientras se dirigían a Weasley, que era una figura solitaria en el fondo, cada vez haciéndose más grande mientras ellos tres se acercaban. Estaba suspendido ante los tres aros de gol mientras que Draco iba como un bólido hacia él.

-... Malfoy tiene la quaffle, Malfoy va hacia la portería flanqueado por Granger y Nott, están fuera del alcance de las bludgers y sólo tiene al guardián delante...

De las gradas de Slytherin ascendió otra vez aquella canción:

Weasley no atrapa las pelotas

y por el aro se le cuelan todas...

-... Va a ser la segunda prueba para Weasley, el nuevo guardián de Gryffindor, hermano de los golpeadores Fred y George, y una nueva promesa en el equipo... ¡Animo, Ron! -animó Jordan. Hermione y Theo frenaron en el aire dejando que Draco se alejara de ellos. Un grito colectivo de alegría surgió de Slytherin: Weasley se había lanzado a la desesperada, con los brazos en alto, y la quaffle había pasado volando entre ellos, había entrado limpiamente por el aro de la portería de Weasley- ¡Slytherin ha marcado! -sonó la voz de Jordan entre los vítores y los silbidos del público- Veinte a cero para Slytherin... Mala suerte, Ron.

WEASLEY NACIÓ EN UN VERTEDERO

Y SE LE VA LA QUAFFLE POR EL AGUJERO...

-Gryffindor vuelve a estar en posesión de la quaffle, y ahora es Katie Bell quien recorre el campo... -gritó Jordan con valor, aunque los cantos eran ensordecedores que apenas se oía.

GRACIAS A WEASLEY HEMOS DE GANAR,

A WEASLEY VAMOS A CORONAR.

-Están distrayendo a Pansy -masculló Blaise, deteniéndose brevemente a un lado de Hermione. La chica resopló con brusquedad-. Está roja de furia.

-¿Y qué quieres que haga? -preguntó Hermione mirando hacia donde Pansy flotaba frente a los aros. Era un poco difícil verle el rostro, pero lo tenía vuelto en dirección a la grada de los Slytherin, ignorando por completo el partido.

-Sei la loro principessa, fermali -sentenció Blaise con seriedad, su lado juguetón fuera de escena. Hizo un asentimiento de cabeza a Hermione y salió volando hacia la tribuna de Hufflepuff.

A WEASLEY VAMOS A CORONAR.

A WEASLEY VAMOS A CORONAR.

-... Ahí va Malfoy otra vez -bramó Jordan-, se la pasa a Nott, Nott deja atrás a Alicia, vamos Angelina, tú puedes alcanzarlo... Pues no, no ha podido... Pero Fred Weasley golpea una bonita bludger, no, ha sido George Weasley, bueno, qué más da, uno de los dos, y Nott suelta la quaffle y Katie Bell... también la deja caer... Granger se hace con ella: Granger, con unos movimientos idénticos a los de Marcus Flint, anterior capitán de Slytherin. Entra en el campo, ¡vamos, Gryffindor, bloquéenlo!

Sentía la sangre zumbarle en los oídos, las manos frías por el viento y el rostro entumecido. Pero el nerviosismo que la había invadido al inicio del juego había desaparecido.

-... Granger ha vuelto a regatear a Alicia y se dirige hacia los postes de gol... ¡Párala, Ron!

Hermione anotó con facilidad. Hubo un terrible gemido en el extremo de Gryffindor, acompañado de los nuevos gritos y aplausos de los de Slytherin. Mientras volvía a su terreno de juego, pudo ver claramente a Astoria y Daphne, dirigiendo a los de Slytherin, que cantaban:

POR ESO LOS DE SLYTHERIN DEBEMOS CANTAR:

A WEASLEY VAMOS A CORONAR.

Hermione, con helada furia, voló hacia donde Gregory mientras Draco volvía a hacerse de la quaffle.

-¿Herms? -preguntó Gregory, dando vueltas al bate. Después de cinco minutos de juego, lanzarle bludgers a los Gryffindor había perdido atractivo. Estaban demasiado dispersos para siquiera ser un desafío.

-¿Alcanzas a ver nuestra tribuna? -preguntó Hermione, soltando el mango de la escoba y llevándose las manos a su cabello recogido en una coleta alta.

-Seguro -asintió Gregory, encogiéndose de hombros.

-¿Y ves a las hermanas Greengrass? -Hermione enarcó una ceja, ajustándose con mas fuerza el nudo que sostenía su cabello. Más allá, Theo había anotado otros diez puntos para Slytherin.

-Sí, por supuesto.

-Quiero que les lances una quaffle -ordenó, abriendo y cerrando sus manos para darles más movilidad.

-¿Qué? -Gregory frunció el ceño, confundido.

-¿Eres sordo, Greg?

-No, yo no…

-Entonces hazlo -siseo con furia. No esperó respuesta alguna del musculoso chico, agarró de nuevo el control de su escoba y salió volando lejos de él.

-... Katie Bell de Gryffindor regatea a Nott, elude a Malfoy, buen viraje Katie, y le lanza la quaffle a Johnson. Angelina Johnson con la quaffle, ha superado a Granger, va hacía la portería, vamos Angelina, ¡GRYFFINDOR HA MARCADO! Cuarenta a diez en el marcador y, Nott con la quaffle...

Hermione lo alcanzó velozmente, cayendo en el alcance de visión de Theo.

-... Nott se lanza a Granger, Granger a Malfoy, Malfoy se la devuelve a Nott... Interviene Johnson, Johnson atrapa la quaffle, se la pasa a Bell, buena pasada, no, mala: Bell ha recibido una bludger de Crabbe, de Slytherin, y Nott vuelve a estar en posesión...

WEASLEY NACIÓ EN UN VERTEDERO

Y SE LE VA LA QUAFFLE POR EL AGUJERO.

GRACIAS A WEASLEY HEMOS DE GANAR...

-¡HARRY, QUE ZABINI VA POR LA SNITCH!

Hermione giró con brusquedad su cabeza, viendo como Blaise volaba en picada hacía la tribuna de Ravenclaw, Potter lo siguió con rapidez. Blaise hizo una vuelta detrás de la tribuna de Ravenclaw y Potter lo siguió, justo cuando Potter daba la vuelta Blaise salía como un rayo de ahí, volando con velocidad inhumana hacía la tribuna de Slytherin, dejando a Potter, desconcertado, detrás de suyo- ¡ZABINI HA ENGAÑADO A HARRY! ¡ZABINI VA POR LA SNITCH! ¡HARRY ATRAPALO!

Pero fue demasiado tarde, justo cuando Potter se acercaba a Blaise, el moreno se había elevado en el aire, con una sonrisa de superioridad y alzaba la mano. La snitch dorada batía sus alas despacio.

-¡CARAJO!

-¡JORDAN!

-Lo siento, profesora -se disculpó Jordan sin mucha culpa- Zabini, con una sucia y desagradable artimaña por segunda vez…

-¡JORDAN!

-¡SE LLAMA ASTUCIA, JORDAN! -se mofó Blaise desde lo alto mientras Potter llegaba a su lado con cara enojada y los de Slytherin, a pocos metros de él, gritaban de satisfacción.

-¡SLYTHERIN GANA EL PARTIDO! -gritó Hooch.

Blaise sonrió con astucia hacia el ceño fruncido de Potter. Alcanzó a ver de reojo como una bludger se dirigía hacía ellos-:

-¡POTTER!

¡PUM!

Una bludger golpeo con fuerza a Potter en la parte baja de la espalda, tirándolo de la escoba. Blaise masculló molesto y voló hacia Potter, logrando atraparlo de la manga de la túnica de Gryffindor, pero debido a la velocidad de la caída, Blaise no pudo detenerlos y ambos terminaron cayendo al pasto, afortunadamente sólo estaban a dos metros. Enseguida se oyó el estridente silbato de la señora Hooch, un rugido en las gradas formado por silbidos, gritos furiosos y abucheos, un ruido sordo y luego la desesperada voz de Johnson y Hermione.

-¿Estas bien?

Ambas se dedicaron una mirada de molestia, antes de inclinarse sobre Blaise y Potter.

-De maravilla -contestó Blaise con seriedad, pero tomó la mano ofrecida y dejo que Hermione lo ayudara a levantarse. Potter se había puesto en pie con la ayuda de Johnson.

La señora Hooch volaba hacia uno de los jugadores de Slytherin.

-Es Gregory -dijo Hermione, mordiéndose el labio con enojo. Ese no era el plan.

Blaise frunció el ceño, confundido mientras miraba hacia Gregory.

-Ha sido el matón de Goyle -dijo Johnson, furiosa-, te ha lanzado la bludger en cuanto terminó el partido.

-¡Greg no es un matón! -defendió Hermione, lista para lanzarse a Johnson. Blaise rápidamente la tomó por la cintura, pero sintió el cuerpo de su amiga temblar de enojo.

-Claro que lo es, le ha lanzado a Harry la bludger con intención de derribarlo -le reprendió Johnson cuando Weasley, los gemelos y el resto del equipo de Gryffindor ya había bajado. Draco, Pansy, Vincent y Theo aterrizaron detrás de ellos.

-Ha sido culpa mía -dijo Hermione, tratando de soltarse del agarre de Blaise. Draco chifló por debajo-. Yo se lo pedí.

-Maldita sea -escuchó decir a Vincent dos pasos detrás.

-Fue una jugada sucia -escupió Weasley, saliendo detrás de Johnson- Fue trampa.

-El partido ya había acabado -defendió Hermione haciendo una mueca. ¿Quién les mandaba a colocarse delante de Astoria?

Las orejas de Weasley enrojecieron.

-Vamos, Hermione -dijo Draco, tomando a Hermione del codo, dándole luz verde a Blaise para que la soltara.

-Bueno, era de esperarse -siseo Weasley-. Una vez sucia, siempre estarás sucia.

Draco se tensó en su lugar.

-Jódete, Weasley -siseo, colocándose frente a Hermione- Que, si hablamos de suciedad, nada se compara del basurero de donde provienes -dijo con desprecio. Un segundo después, Fred, George y Ron Weasley eran detenidos por Johnson, Potter, Bell y Spinnet.

-Todos tenemos suciedad, ¿no, Malfoy? -Weasley chirrió sus dientes, con el rostro rojo de enojo- Al menos la mía no está parada a mi lado.

El rostro de Draco se descompuso de furia, avanzó dos pasos, pero rápidamente Hermione y Blaise lo retuvieron por la túnica, impidiendo que golpeara a Weasley.

-¡Retráctate! -siseo Draco con advertencia.

Vincent, detrás del trío, sostenía a Theo con fuerza. El castaño estaba listo para lanzarse sobre el pelirrojo.

-Basta, Draco... -ordenó Hermione, dejando caer su escoba para agarrar con ambas manos a Draco-. Todos estamos alterados… Solo respira, por favor.

Draco inhaló con fuerza, tensando la mandíbula, pero aun así retrocedió el paso dado.

-¿Qué? ¿La sangre sucia te controla? -gritó Weasley, que parecía querer pelear de verdad.

Hermione ya no pudo sostener más al rubio, porque justo en ese momento Blaise lo soltó y salió corriendo hacía Weasley. Draco se soltó de su agarre. Theo y Vincent pasaron volando a su lado, y en cuestión de segundos Pansy y Hermione estaban solas, mirando con fascinado horror como Blaise se abalanzaba sobre Weasley.

-¡NO, BLAISE! –gritó Pansy, tratando de ir hacía ellos, pero las escobas mágicas tiradas en el suelo la hicieron trastabillar y caer al suelo-. ¡VINCENT, PARA!

Hermione rebuscó con velocidad entre sus ropas, sin apartar la mirada de sus amigos. Draco se acercaba a los Gryffindor, George se soltó del agarre de Potter y ambos recibieron al rubio. Golpes, gritos de dolor, maldiciones, un silbato y el bramido del público alrededor. La encontró solo instantes después de que Vincent y Theo entraron en la campaña.

-¡IMPEDIMENTA! -el grito desgarró su garganta, pero logró su cometido: Potter, Weasley, Theo, Vincent, Draco, Blaise, Fred y George salieron volando en distintas direcciones.

Corrió hacia Draco en ese momento, sabiendo que Pansy no tardaría en seguirla. Se tiró al suelo a un lado del rubio, que tenía el labio partido, el inicio de un ojo morado y los puños ensangrentados. El cabello estaba manchado de tierra.

Potter tenía la nariz rota y George una ceja partida, pero en su mayoría parecían estar bien. Blaise, unos pasos más allá, tenía un hilillo de sangre saliendo de la nariz. Weasley tenía el labio partido, la nariz rota, el ojo hinchado al igual que una mejilla. Vincent se había ensañado con él, que fue a donde se lanzó en vez de ir en ayuda de Draco.

Theo estaba en las mismas que Fred, un poco más que manchas rojizas en el rostro.

-¿Estas bien? -preguntó Hermione, acunando el rostro de Draco entre sus manos. El rubio asintió, pero su mirada de furia estaba puesta en Potter y George, que le impidieron la llegada a Weasley.

-Levántate -escuchó a Pansy, que intentaba ayudar a Vincent a pararse, aunque no necesitara ayuda alguna. No tenía un solo golpe, pero sus nudillos estaban magullados.

-¿Qué demonios les pasa? -gritó la señora Hooch cuando llegó a ellos; Gregory venía con ella. Draco resopló como toda respuesta, pero se levantó con ayuda de Hermione.

-Joder -siseo en voz baja, presionándose el costado.

-¡Nunca he visto un comportamiento como éste! -bramó la señora Hooch.

Blaise levantó su escoba del suelo mientras veía a Ginny y Longbottom correr hacia ellos. Se dio la vuelta, dispuesto a irse.

-¿A dónde cree que va, señor Zabini? -cuestiono la señora Hooch. Blaise la miró con indiferencia.

-A desinfectarme. Toque mierda -escupió con desprecio, lanzando la snitch dorada al suelo mientras caminaba hacia la salida del campo.

La señora Hooch parecía perpleja por su respuesta.

-... ¡Al castillo! -intentó ordenar a Blaise, pero el moreno la ignoró- ¡Y directamente con sus jefes de casa! ¡Ahora mismo!

Los Slytherin recogieron sus escobas mágicas del suelo.

-¿Qué fue…?

-Cuando estemos con el profesor Snape -dijo Hermione. Gregory asintió, tomando las escobas de Draco y Hermione, quién rápidamente colocó el brazo alrededor de la cintura del rubio y lo ayudó a salir del campo.