DISCLAIMER: Los personajes pertenecen en su totalidad a J.K Rowling y la idea original no es mía.
Párrafos de "Harry Potter y la Orden del Fénix" incluidos en la historia.
Agradezco su infinita paciencia y su amor por el fanfic.
*REEDICIÓN*
Noviembre, 17. 1995.
-¡Sectumsempra!
El flash blanquecino salió disparado de su varita mágica, moviéndose con una velocidad alarmante hacia el moreno frente a él. El hechizo golpeó a Blaise justo en el pecho, impulsándolo hacia el suelo.
Los gritos de dolor le perforaron los tímpanos.
No había palabras para explicar la escena que se desarrollaba frente a sus ojos, más que el hecho de que su mejor amigo se desangraba en el suelo con terribles gritos de dolor rebotando contra las enormes paredes que los enjaulaban.
Moría.
Eso hacía.
Y él no podía hacer nada para evitar el terrible fin que se acercaba.
Se levantó de golpe en su cama, el sudor recorría su frente, cuello y pecho. Respiraba agitadamente, su corazón galopaba con fuerza dentro de su pecho, las lágrimas caían por sus mejillas y su garganta estaba seca de tanto gritar.
Quitó las colchas de un jalón y bajó con velocidad de la cama, casi cayendo en el proceso. Caminó a tropezones hasta el baño, completamente desorientado hasta que logró llegar al baño. Se derrumbó sobre la puerta, pero logró abrirla después de sacudir la manija un par de veces.
Sus rodillas no pudieron aguantar más, cayó al suelo con pesadez y se arrastró hasta llegar al inodoro. Se recargó contra el váter y vomitó hasta que la garganta le ardió de dolor.
No supo cuánto tiempo estuvo sollozando sobre el inodoro, solo podía pensar en el horrible día en que las cosas se torcieron para siempre. Las pesadillas eran concurrentes y los gritos de Blaise tan conocidos…
Tomó largas respiraciones hasta que logró tranquilizarse lo suficiente para poder levantarse. Ya no se sacudía por los sollozos, pero aún se sentía demasiado débil para hacer cualquier otra cosa que no fuera acostarse, aunque en vez de hacer aquello, decidió tomar una ducha para limpiarse el sudor seco del cuerpo. El agua caliente recorrió su rostro, limpiando sus mejillas, sus hombros, su pecho, espalda y piernas… todo excepto sus manos, sus manos que siempre estarían manchadas de sangre.
Una vez limpió y habiendo arreglado su desastre, salió al oscuro y frio cuarto. Los chicos habían ido a Hogsmeade junto a Hermione y Pansy. Se habían marchado en la mañana, pero él les había dicho que prefería quedarse en la biblioteca un rato. Sabía que nadie le había creído en lo absoluto, pero nadie dijo nada.
Se apresuró a su cómoda, sacó su ropa muggle y se vistió con rapidez, queriendo salir de ese oscuro hoyo lo más rápido posible. Su mente estaba tan dispersa que ni siquiera se tomó la molestia de cerrar la puerta tras de sí, a fin de cuentas, nadie se atrevería a entrar en la habitación del príncipe de Slytherin.
Estaba siendo ridículo, lo sabía. Ellos estaban al tanto de las implicaciones que provocaba manejar hechizos oscuros y lo peligroso que era, lo inestable que era. La magia negra consumía el alma, aun cuando la usabas para bien, nada bueno salía de ello.
Ni siquiera su perfecto Fuego Maligno.
Tenía la sospecha de que aquel encantamiento podía ser un hechizo oscuro, que podía haber sido creado con el fin de lastimar a alguien, que nada bueno saldría de ello y aun así jugó con su suerte, jugó con la magia negra y puso la vida de Blaise en peligro.
Su mano se apretó con fuerza alrededor de la varita mágica, aquella que llevaba a todos lados, aunque llevara semanas sin poder usarla, un intenso odio por sí mismo se propagó por todo su cuerpo. ¿Qué habría pasado si Draco no hubiera actuado? ¿Si el hechizo se hubiera desviado? ¿Y si alguien más hubiera salido herido? ¿Vincent? ¿Gregory? ¿Hermione?
Theo tragó saliva con pesadez, tratando de alejar los incontables finales para ese día de su cabeza. Las lágrimas amenazaban con salir.
-¿Qué hacer aquí, Nott?
El Slytherin alzó la vista del piso, encontrándose a Potter, Longbottom, la familia Weasley, dos chicas de Hufflepuff y dos de Ravenclaw, entre ellas Luna. Miró detrás de ellos, la puerta de la Sala de los Menesteres desaparecía lentamente. Había estado tan perdido en sus pensamientos que no se había dado cuenta todo el trayecto que recorrió, llegando a aquel lugar de sus incontables pesadillas.
-No es de tu incumbencia, Potter -escupió Theo con desprecio.
Solo el día anterior habían tenido su pelea. Aunque lamentablemente no había podido llegar a Potter, aun cuando lo quería con todo su ser, pudo desquitarse con Fred Weasley.
No habían recibido castigo alguno, el profesor Snape había entendido la gravedad del asunto cuando Blaise entró en su despacho hecho una furia, arroyando a todos en su camino. Gregory, en cambio, había sido suspendido del siguiente partido, pero aparte de ello habían salido ilesos. Inclusive se les había permitido curarse con magia.
Y por las muecas de odio en el rostro de Potter y los Weasley, incluyendo a Ginevra, sabía que para ellos no había sido tan simple. Si los hematomas en sus rostros eran alguna indicación.
Traidores, la familia Weasley estaba llena de traidores, aunque Blaise no quisiera verlo.
Los ojos de Theo pasaron entre el grupo formado hasta llegar, una vez más, a los orbes claros de Luna. Su mirada era intensa, como si pudiera entrever todo lo que pasaba por su mente, todos los horribles pensamientos.
Theo negó, Luna era excepcional, pero no una Legeremente.
Fue el primero en apartar la mirada, dispuesto a seguir su camino lejos de Potter y su pandilla.
-Supongo que a ustedes no los expulsaron del equipo como a nosotros cuatro -escupió Ronald Weasley, las puntas de sus orejas rojas. Theo ocultó su sorpresa con una mueca de desprecio.
-Tienes suerte, Weasley -siseo el castaño-. Deberías haber sido expulsado de Hogwarts por llamar sangre sucia a Hermione -acusó.
Pudo ver como las mejillas del pelirrojo se sonrojaban, ya sea por la culpa o la ira, no le importaba. Atisbó como Ginevra abría los ojos con sorpresa, enfocando su mirada en su hermano. Las chicas de Hufflepuff se sonrojaron violentamente, Cho Chang, la otra chica de Ravenclaw, jadeo imperceptiblemente. Luna inclinó ligeramente la cabeza, sin reparar en la seriedad del asunto.
-Ella le pidió al estúpido de Goyle que golpeara a Harry con una bludger -se defendió Weasley.
Theo se encogió de hombros con desdén.
-Habrá tenido sus razones -respondió con aburrimiento, aun cuando sabía que la bludger era para las hermanas Greengrass, Astoria en realidad, no tenía por qué proporcionar aquel dato-. Y Gregory no es ningún estúpido, Weasley. Tiene Extraordinario en casi todas las asignaturas, a excepción de Pociones y Runas Antiguas donde tiene Supera las expectativas -la comisura de su boca se levantó con burla al ver la mirada de sorpresa en el rostro de Weasley-. Considérame benevolente, Ronald -escupió-. Ya que la única razón por la que te digo esto, es como un favor. Búscate otros insultos, algo más al nivel de Gregory, quien nunca ha sacado un Troll en su vida, como tú, idiota.
Sabía que Ronald Weasley era quien peor temperamento tenía de su familia, así que no fue ninguna sorpresa cuando el pelirrojo sacó con velocidad su varita del bolsillo de su pantalón, y Theo, que ya la tenía en la mano, lo apuntó con la misma velocidad. Varios encantamientos de magia negra fueron saboreados por la punta de su lengua, listos para ser lanzados cuando Theo los requiriera. Pero en cambio, se quedó estático, viendo a Weasley con una confianza que no sentía.
Había sido incapaz de recitar hechizo alguno desde el incidente con Blaise, y dudaba que fuera ese momento cuando por fin el entumecimiento en el que se mantenía su magia por fin se levantara.
-Ron, no por favor -pidió una de las chicas de Hufflepuff, la rubia en realidad. Pero Weasley fingió no escucharla, todo su rostro rojo de furia.
-Baja la varita, Ronald -atrapó la "d" entre sus dientes. Pudo ver a Potter ponerse en posición de ataque, dispuesto a respaldar a su amigo si era necesario. Longbottom ya tenía la varita en su mano.
Maldijo entre dientes al percibir como los labios de Weasley se movían, recitando un encantamiento. Que no importaba cual fuera, Theo ya podía verse en el suelo.
-¡Expelliarmus!
Como no, pensó.
El destello rojo golpeó con fuerza su pecho, haciéndolo saltar por los aires y perdiendo su varita en el proceso. El duro golpe que recibió al chocar con el suelo lo noqueo por unos segundos, su cabeza estalló en dolor.
Se quedó tendido en el suelo, con los ojos cerrados mientras escuchaba los gritos de Ginny retumbar en el pasillo. Gritos que rápidamente se confundieron en su mente dispersa, trayendo de nuevo los gritos de dolor de Blaise a su cabeza.
El dolor… tuvo que haber sentido mucho dolor. Dolor que él había infringido.
-¡Por Merlín, Ron! ¿¡Qué demonios!? -el estallido de Ginny volvió a tomar fuerza sobre los ecos de su mente, pero Theo siguió sin moverse. Si lo creían inconsciente tal vez se fueran corriendo y lo dejaran solo en su propia autocompasión.
No tuvo suerte.
-¿Theodore?
Los pasos retumbaron por el pasillo, casi imperceptibles entre el enredo de su mente y los gritos de cólera de Ginny.
-¿Theodore? -la cantarina voz de Luna hizo que abriera los ojos, la mirada borrosa hasta que se enfocó en el perfecto rostro de la rubia. Sus ojos claros lo miraban con una preocupación que no debería ser para él.
No cuando sus manos estaban manchadas de sangre.
Se levantó con dificultad, sus rodillas temblaron y su espalda crujió de dolor. El mundo se tambaleo bajo sus pies, obligándolo a recargarse contra la pared de ladrillos que tenía a su lado. Su visión volvió a ponerse borrosa por unos segundos mientras trataba de ubicar su varita mágica. Cuando la encontró, se tambaleo hasta ella como si estuviera bajo los efectos de la maldición Imperius que Crouch había practicado en ellos el año pasado.
Ignoró los llamados de Luna, aun sosteniéndose con una mano sobre la pared hasta que logró inclinarse sin caerse y tomar su varita. Al enderezarse, se giró hacia donde se encontraba Weasley, listo para regresarle el favor, pero solo un hechizo flotaba en su mente.
¡Sectumsempra!
El flash.
El cuerpo de Blaise tumbado en el suelo.
La sangre.
Su varita en su mano.
Su culpa.
Gruñó en voz alta y con una furia recién contenida, tomó su varita mágica con ambas manos y la partió a la mitad. Lanzó los dos pedazos contra la pared, su pecho subiendo y bajando con dificultad.
Se dio la vuelta, ignorando los gritos de sorpresa, metió las manos en los bolsillos de su pantalón de mezclilla aun cuando quería golpear algo y caminó apresurado por donde había llegado. Queriendo escapar de allí.
Queriendo escapar de él.
Diciembre, 20. 1995.
Biblioteca de Hogwarts.
17:35 p.m.
-¡Reacciona!
El grito de Blaise fue lanzado sobre su oído, haciendo que Gregory pegara un brinco en su lugar y se llevara la mano contra el oído lastimado.
Estaban en la biblioteca, sentados en la mesa más apartada de la estancia. Hermione los había convencido de terminar todos los deberes de Transformaciones antes de Navidad.
McGonagall se había ensañado con ellos desde el partido de quidditch, viendo con odio apenas contenido a los Slytherin. Les había dejado una cantidad ridícula de deberes a todos los Slytherin, incluyendo a los pequeños de primero. Como si de esa manera pudiera recibir cierta satisfacción ahora que los Gryffindor estaban prácticamente descalificados de la Copa de quidditch, gracias a la expulsión de su buscador experto.
Gregory desvió la mirada de la mesa donde estaba sentada Susan Bones, la pelirroja de Hufflepuff que había estado robándole el sueño, para poder mirar a Blaise con furia por el oído lastimado. Solo duró unos segundos, ya que se vio forzado a regresar su atención a la lectura de Transformaciones, solo dejando desviar su mirada a Susan Bones entre párrafos.
Blaise, a un lado suyo, negó con diversión.
Se recargó contra el respaldo de la silla y entrelazó sus manos detrás de su cabeza. Draco y Hermione estaban sumidos en su propio mundo, con sus frentes rozándose mientras murmuraban en voz baja y leían el libro entre ellos. Vincent dormía sobre sus pergaminos mientras Pansy copiaba distraídamente los deberes de Encantamientos que aún no había terminado. Theo no se encontraba por ningún lado.
Blaise no era ningún estúpido, sabía que Theo había estado evitándolo, sabía que sentía culpa por lo sucedido. Pero él no lo culpaba, él fue quien había insistido.
Se negaba a presentarse a clases, y cuando lo hacía, procuraba sentarse lejos de Blaise. No acudía a los entrenamientos de quidditch y tampoco a las comidas. Siempre llegaba al dormitorio después de que se quedaran dormidos y salía antes de que se despertaran. Había estado tentado a usar el mapa del merodeador para interceptar al castaño, pero Draco lo había convencido en que necesitaba tiempo.
Soltó un suspiro abatido y se restregó con fuerza los parpados, intentando ahuyentar el repentino cansancio. Habían estado sentados ahí desde la mañana, aprovechando ese hermoso sábado y ya eran más de las cinco de la tarde. Bufó con fuerza y se levantó del asiento, tomó su mochila y salió de la biblioteca sin decir nada.
Caminó, al principio, debatiendo en si debiese buscar a Theo, pero al final sus pies terminaron llevándolo a la sala de los Menesteres. El lugar de sus pesadillas.
Theo no era el único que no podía dormir debido al incidente de aquel día. En sus sueños podía recordar el dolor del hechizo, el deseo de morir para dejar de sentir. Se le ponía la piel de gallina de solo pensarlo.
De recordar la sangre… de recordar que su cuerpo parecía un mapa del tesoro gracias a las cicatrices casi imperceptibles que brillaban ahora en su cuerpo. Gracias a Morgana por el hechizo de ocultamiento.
Sacudió la cabeza con brusquedad, no queriendo recordar cómo había terminado su cuerpo. Masculló molesto, listo para regresar por donde había llegado cuando la puerta de la sala de los Menesteres apareció en la pared. Blaise se pegó con fuerza detrás de una columna, ocultándose entre las sombras.
Primero vio aparecer a Longbottom-squib y Weasel, luego a los gemelos Weasley. Blaise apretó con fuerza los puños.
-Sucios traidores -susurró.
Cuando las matas pelirrojas desaparecieron, otra estudiante salió. Vagamente la reconoció como una de las gemelas Patil, aquella que estaba en Ravenclaw.
¡Por Slytherin! Eran tan obvios. Su ridículo grupo de defensa donde Potter fungía de maestro.
¿Cómo dijo Draco que lo llamaron? ¿El Ejercito de Dumbledore? Ridículo.
Se disponía a alejarse cuando una última figura apareció. Ginny Weasley salía por la puerta, con las mejillas rojas, las manos enroscadas en puños y la mirada baja. Llevaba la camisa arremangada, el cabello suelto y una lágrima solitaria se escurría por su barbilla.
Su diosa pelirroja derrotada.
Blaise soltó un suspiro abatido, sabiendo que no podía ignorar aquello. Se separó de la pared con lentitud y caminó a ella, tomando su mano para arrastrarla por los pasillos, lejos de la sala de los Menesteres. Ginny ni siquiera se resistió, no emitió palabra alguna.
Caminó por distintos pasillos hasta llegar a un aula abandonada, muy lejos de la sala maldita. Entró y cerró la puerta después de que Ginny lograra entrar. Al darse la vuelta, vio a Ginny caminar hacia un rincón de la sala y dejarse caer, haciéndose un ovillo para poder llorar.
Sintió algo dentro de él romperse. La pelirroja parecía tan sola e indefensa mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas, su cuerpo sacudiéndose por los sollozos.
Blaise caminó hasta ella y se dejó caer a su lado, pasando un brazo por sobre sus hombros y atrayéndola hacia su pecho. Ginny se acurrucó contra él, sin dejar de llorar.
Trató de ignorar la advertencia de Draco, pero aquellas malditas palabras brillaron sobre su cabeza como árbol de Navidad: ¿Quieres ser el premio de consolación, Blaise? ¿Quieres ser la herramienta que la ayude a llegar a Potter? Anda, adelante. Se la pondrás muy fácil.
-¿Fue Potter? -se atrevió a preguntar, su voz sonando demasiado alta para su gusto.
Ginny asintió.
-Algunos… algunos nos quedamos después de… -su voz se perdió, pero Blaise sabía que se refería al Ejercito de Dumbledore-… Lo vi… lo vi besar a Cho Chang.
Blaise inhaló con fuerza, sintiendo el dolor como propio. Recordando la vez que vio a Ginny besarse con Michael Corner, el intenso dolor en el pecho.
-¿Te gusta Potter? -se atrevió a preguntar, su mirada fija sobre el suelo de piedra. Sintió a Ginny tensarse bajo su brazo, la verdad es que nunca habían hablado con sinceridad sobre el asunto. Fuera de todas las burlas y bromas-: ¿O es que acaso lo amas?
Los latidos de su corazón retumbaban contra sus oídos, como si estuviera listo para salir disparado de su pecho. Intentó controlar su respiración, tratando de tranquilizarse, pero Ginny habló antes de que pudiera pensar alguna otra cosa.
-Sí, lo amo… ¿es que es tan obvio? -preguntó Ginny, girando su rostro hacia Blaise y mirándolo con sus enormes ojos acuosos-. ¿Por qué no me ama? ¿No soy suficiente?
-Ginny…
-¡Lo intento! ¡De verdad que lo hago! -exclamó Ginny, empujando el brazo de Blaise fuera de su cuerpo antes de levantarse de golpe. Caminó de un lado a otro, las manos envueltas en sus mechones pelirrojos-. ¡Para él no soy más que la hermana menor de su mejor amigo!
-Tal vez lo seas… -mascullo Blaise en voz baja, pero Ginny detuvo su andar para poder mirarlo.
-¿Qué dijiste? -preguntó, frunciendo el ceño.
-Que lo eres -suspiró Blaise, hablando más alto-. Solo eres la hermanita menor de su mejor amigo.
-¿Cómo…?
-No estoy tratando de molestarte, Ginny -dijo Blaise, levantándose con facilidad del suelo y caminando hasta llegar a ella.
-¿Entonces qué estas tratando de hacer? -preguntó Ginny, inhalando con fuerza-. ¿Recordándome una vez más que el gran Harry Potter nunca se fijara en una niña como yo?
-Ginny… -Blaise intentó tomarla por el codo, pero la pelirroja se soltó de un jalón-. Maldición… -escupió, pasando una mano por sus rizos-. Me equivoqué, ¿vale? No debería haberte dicho eso, estuvo mal.
-¿Lo lamentas? -los brillantes ojos de Ginny parecían traspasarlo.
-Bueno, yo…
-¿Lo lamentas?
-No, ¡claro que no! -escupió, molesto-. Pero eso no significa que estuviera bien habértelo dicho.
-¿Por qué? -jadeo Ginny-. ¡Pensé que eras mi amigo! -gritó, empujándolo con fuerza en el pecho. Blaise retrocedió dos pasos.
-¡Soy tu amigo! -se defendió Blaise, la ira empezando a bullir en su sangre.
-¡No, no lo eres! -gritó-. ¡Un amigo no le hace eso a otro! ¡Un amigo no…!
Las palabras de Ginny quedaron atascadas contra la boca de Blaise, que la había tomado de los brazos y estrellado sus labios con los de ella. Ginny gimió por la sorpresa, pero Blaise no la dejó ir. En cambio, la besó con fuerza, intentando que la pelirroja le regresara el beso. Pero, o estaba muy sorprendida, o en verdad no lo quería.
Y eso, más que nada, lo hizo sentir tan sucio que se apartó de un tirón, limpiándose los labios con la manga del suéter. Sus ojos fijos en lo de Ginny, que lo miraba atónita, demasiado sorprendida como para hacer otra cosa.
-Blaise, yo no…
-¡A la mierda! -la interrumpió Blaise una vez más. Se dio la vuelta, tomó su mochila del suelo y salió furioso del salón, azotando la puerta con fuerza. Había sido estúpido, de mil maneras distintas. ¿Cómo se le había ocurrido hacer aquello? Forzarla a… forzarla…-. ¡Maldición!
Eso era todo. Había acabado con Ginny Weasley.
Ella y el imbécil de Harry Potter podían irse por el caño.
Sala común de Slytherin.
22:30 p.m.
Draco dejó con cuidado a Hermione sobre el sofá; su indomable cabello le había hecho cosquillas todo el camino desde la biblioteca, donde había caído rendida poco después de que Madame Pince les diera una última advertencia para retirarse.
-Al menos logramos terminar los deberes de Transformaciones -murmuró Pansy, dejándose caer sobre el sofá de una sola plaza.
Draco asintió distraídamente, estirando sus brazos tratando de alejar el entumecimiento, preguntándose si debería fortalecer sus músculos.
-Iré a preparar la cama para ustedes -murmuró, inclinándose sobre el cuerpo inconsciente de Hermione. Una gran parte de su rostro estaba oculto por los rizos, sus pestañas se destacaban dulcemente y sus labios estaban ligeramente entreabiertos.
Se alejó de Hermione, mirando de reojo a Pansy que ya dormitaba sobre el sillón cuando una sombra salió del pasillo de la entrada a la sala común. El rostro pálido y ojeroso de Theo hizo que soltara un suspiro silencioso.
-Estas demasiado delgado -masculló el rubio.
-No es asunto tuyo -escupió Theo, frunciendo el ceño. Draco se encogió de hombros.
-Como quieras -espetó, girándose hacia el pasillo de los dormitorios-. Iré a preparar la cama para Hermione y Pansy antes de que se despierten.
No esperó a comprobar que Theo lo seguía, sabía que lo hacía. Lo que más temía el castaño, era enfrentar a Hermione, así que lo que menos quería era confrontarla junto a Pansy. Caminaron un par de pasos en silencio, antes de que Draco abriera la puerta de su dormitorio.
La escena que se desarrollaba adentro provocó que se desencajara la quijada del platinado. Theo, detrás suyo, elevó sus cejas hasta el nacimiento del cabello.
Blaise tenía una botella de whisky de fuego en cada mano, y gritaba a los cuatro vientos su decepción amorosa. Theo cerró la puerta en seguida.
-Pusimos un encantamiento silenciador -explicó Vincent, que masticaba una manzana con desinterés total.
-Ya me estaba preguntando donde demonios estaban -espetó Draco, recuperándose del shock. Vincent y Gregory habían salido de la biblioteca una hora antes, y no habían regresado, al igual que Blaise a quien nunca vio irse.
El moreno no llevaba su camisa ni el encantamiento de ocultación, ya que las cicatrices del Sectumsempra se notaban con facilidad. Daba tumbos por el cuarto, tomando tragos cada poco de ambas bebidas.
-¿Blaise? -llamó Draco, mirando de reojo a Theo que no podía despegar los ojos de las cicatrices de Blaise.
-¡Draco! -gritó Blaise, girándose hacia el rubio. Trastabilló un par de pasos hasta llegar a su amigo y le echó el brazo sobre los hombros-. ¡Lo hice! -le gritó al oído, provocando que el rubio se estremeciera.
Le disparó una mirada a Vincent y Gregory, que se encogieron de hombros.
-Nosotros lo encontramos en las cocinas de Hogwarts, y para entonces ya estaba bastante ebrio -explicó Gregory-. Lo trajimos sin que nadie se diera cuenta.
-¿No vas a preguntarme que hice? -susurró Blaise contra el oído de Draco. El Slytherin se estremeció una segunda vez, tratando de alejarse del moreno, pero el brazo que lo sostenía era como una garra de acero.
-¿Qué hiciste, Blaise? -preguntó Draco, mientras se cuestionaba cuánto había estado bebiendo el moreno y si debería hablar con los de séptimo, o con el profesor Snape.
-¡Me le declaré a Ginny! -gritó, sonriendo como gato. Una sonrisa que rápidamente se disipó-. Bueno… no me le declaré, declaré… más bien la besé.
-La besaste -repitió Draco, aquello no se lo había esperado.
-Sí, pero ella me mandó a la mierda por Potter -continuó Blaise-. Aunque no me mandó a la mierda por Potter correctamente, si no que era un hecho. Ella estaba llorando porque Gafas besó a Cho Chang, y yo la besé a ella… Soy un asco, ¿cierto?
-¿No salía con Michael Corner? -preguntó Theo en voz muy baja, desviando la mirada cuando Blaise lo miró a él.
-¿Y? -preguntó Blaise, llevándose la boquilla de la botella una vez más a los labios provocando que el abrazo que mantenía en Draco se hiciera más estrecho-. Eso no evita que Ginny ame a Potter -dijo, limpiándose la bebida en los labios con la otra mano-. ¡Joder! Hasta el maldito nombre del bastardo hace que me duela aquí -dijo, señalándose el pecho y tirando un poco del alcohol sobre su pecho-. ¡Ups! -dijo, mirándose el pecho.
-Blaise…
-¿Acabaste? -preguntó Blaise, interrumpiendo a Draco.
-¿Disculpa? -el rubio enarcó una ceja, confundido.
-No, contigo no, cariño -dijo Blaise, negando con la cabeza para después mirar a Theo-. Le preguntaba a él si acabó -continuo, señalando con su mano al castaño.
-¿Perdón? -preguntó Theo, tan confundido como Draco.
-¿Qué si acabaste con la maldita culpa?
Theo se tensó.
-Basta, Blaise -ordenó Draco, quitándole una de las botellas con cierta dificultad-. Estas ebrio y buscas pelea.
-¡Claro que busco pelea! ¡Cazzo! ¡Fui yo quien recibió ese maldito Sectumsempra! ¡No tú! -gritó, lanzando la otra botella contra Theo. El castaño se estremeció cuando el whisky de fuego se estrelló contra la puerta detrás suyo, rompiéndose en mil pedazos.
-Casi te mato… -dijo Theo, sin moverse de su lugar.
-¡Pero estoy malditamente vivo! -gritó Blaise, estirando los brazos en todo su esplendor. Draco aprovechó la oportunidad para apartarse del moreno-. ¡Tengo el puto corazón roto, pero estoy vivo! -escupió, trastabillando hacia el castaño y empujándolo con fuerza, haciéndolo tropezar hacia atrás-. ¡Vivo!
-¡Casi te mato! -gritó Theo en respuesta, perdiendo la compostura.
-¡Pero no me mataste! -gritó Blaise, volviéndolo a empujar y esta vez haciendo que chocara contra la puerta manchada de alcohol.
-¡No lo entiendes! -exclamó Theo, regresándole el empujón.
-¡Eres tú quien no entiende! ¡Así que deja de llorar como una bebé y hazte cargo de tus acciones! ¡maldito cobarde de mierda! -aulló, empujándolo una última vez antes de que Theo soltara un gruñido y lo golpeara con el puño en el rostro.
Blaise retrocedió dos pasos, llevándose la mano al ojo que estaba empezando a palpitarse. Estaba atónito, no había esperado aquello.
-¡No soy un cobarde! -bufó Theo, con las manos enroscadas en puños.
-¡Entonces deja de actuar como uno! –siseo el moreno, estrellando su puño contra la nariz de Theo. Sintió tanto como escuchó el crujido, pero el castaño no se detuvo a pensar, se le fue encima y ambos terminaron rodando por el suelo.
Vincent y Gregory se levantaron, listos para separarlos, pero Draco los detuvo.
-Déjenlos -ordenó el Slytherin, suspirando con cansancio antes de dejar la botella sobre su baúl-. Necesitan arreglarlo ellos mismos -dijo, sentándose en la cama mientras cruzaba los brazos. Sus ojos fijos en las dos figuras que se revolcaban en el suelo, soltando puñetazos y maldiciones.
Diciembre, 22. 1995
Londres Muggle.
Rawstorne Street, #2656.
10:42 a.m.
-Durante todo el séptimo mes de embarazo, el bebé completará un extenso programa de ejercicios: al principio, el espacio en el vientre de la madre es suficiente para ello, pero poco a poco se va estrechando. Durante los períodos de descanso, a menudo permanece en la llamada posición fetal con las rodillas encogidas, la cabeza inclinada hacia el pecho y los brazos cruzados…
-Vale, vale… Lo hemos entendido, erudito -se burló Hermione, poniendo los ojos en blanco. Theo interrumpió su lectura, disparándole una mirada molesta por encima del hombro de Jane Nott, que descansaba cómodamente sobre una de las sillas de la cocina, con sus pies sobre otra. Su mano sobaba con cariño su gran vientre.
Había estado bastante sorprendida después de ver el rostro golpeado de Theo, pero había estado más que furiosa cuando se enteró de las clases privadas sobre artes oscuras que sus dos hijos mantenían. Por lo visto, ambos adolescentes habían sentido la necesidad de contar con todo lujo de detalles sus actividades semanales dentro de Hogwarts.
-Al menos yo me estoy informando sobre la evolución de nuestro hermano -espetó Theo, sentándose recto sobre la silla.
-Es una ella -alardeó Hermione, revolviendo los huevos sobre la sartén con un par de palillos de madera.
-Prefiero que sea un él -corrigió Theo, cerrando el libro que había estado leyendo y colocándolo sobre la mesa de la cocina.
-Y yo prefiero que este sano -interrumpió Jane, frunciendo el ceño con dolor y sin dejar de sobar su gran vientre.
-¿A qué hora volverá Nicholas? -preguntó Hermione, sonriendo junto a Theo.
-La reunión… -Jane se mordió la lengua.
-Todos aquí sabemos en qué anda papá -dijo Theo encogiéndose de hombros.
Jane suspiró abatida.
-Hermione, cariño, apaga eso y ven acá -pidió, haciendo un ademán con la mano para atraerla. Hermione apagó el quemador y rápidamente se sentó junto a Theo-. Nicholas no quiere que se enteren…
-¿Enterarnos de qué? -preguntó Theo con falso desinterés.
Jane se mordió la lengua, preguntándose si lo que estaba a punto de decir era lo correcto, pero sabía que los próximos meses serían definitivos para su familia.
-Es sobre Azkaban…
-¿Azkaban? -jadeo Hermione, abriendo los ojos desmesuradamente. Theo, en cambio, sintió como la piel se le ponía de gallina.
-Por lo visto, el jefe de Nicholas…
-Su amo diría yo -corrigió Theo, pero se calló en seguida al ver la mirada de Hermione.
-¿Qué pasa con Azkaban? -preguntó Hermione.
-Creo que más bien, quería referirme a los mortífagos ahí encerrados -murmuró Jane, sin dejar de acariciar su vientre hinchado. Supo que sus palabras habían tenido un gran impacto al escuchar los jadeos ahogados de ambos adolescentes, junto a sus rostros volviéndose pálidos.
Nicholas tendría mucho que explicar cuando regresara a casa.
Londres mágico.
San Mungo.
13:07 p.m.
Unos magos y algunas brujas, ataviadas con túnicas de color verde lima, se paseaban por las hileras de pacientes haciendo preguntas y tomando notas en pergaminos que llevaban agarrados por unos sujetapapeles, como los de la profesora Umbridge. Sus emblemas, con una varita mágica y un hueso cruzados, eran los que llamaban la atención.
No recordaba, ni una sola vez, en la que hubiera estado dentro de aquel hospital.
Caminó hacia la bruja rubia y regordeta que estaba sentada detrás del mostrador donde un letrero decía: información. La pared que había detrás de la bruja estaba cubierta de anuncios y avisos donde se leían cosas como: "UN CALDERO LIMPIO IMPIDE QUE LAS POCIONES SE CONVIERTAN EN VENENOS" y "LOS ANTIDOTOS PUEDEN SER PELIGROSOS SI NO ESTÁN APROBADOS POR UN SANADOR CALIFICADO". También había un gran retrato de una bruja con tirabuzones plateados, con el rótulo:
Dilys Derwent.
Sanadora de San Mungo 1722-1741
Directora del Colegio de Hogwarts de Magia y Hechicería
1741-1768
Dilys miraba con atención al grupo que estaba frente a él. Blaise masculló por debajo cuando las motas pelirrojas se hicieron evidentes.
Había estado ocultándose dentro de su sala común los últimos dos días de clases para no ver a Ginevra Weasley, con resaca incluida. Y ahora tenía a toda la tribu Weasley a unos pasos, escoltados por Potter y Longbottom.
La señora Weasley intentaba hacerse oír con la rubia regordeta, pero estaba más ensimismada en "Corazón de Bruja". Blaise maldijo su suerte.
El Slytherin carraspeó con fuerza, llamando la atención del trio dorado y Ginny Weasley. Sus miradas desconfiadas no se hicieron esperar. Sabía cómo se veía su rostro: el ojo morado, el labio partido y el hematoma en la mejilla estaba empezando a tornarse verdoso.
Theo y él habían optado por sanar a la manera muggle, cerrando por fin el ciclo de interminable culpa sobre el incidente en la Sala de los Menesteres.
El moreno los ignoró para poder pasar entre ellos, empujando con los codos a los gemelos en el proceso y dándole un pisotón a Bill Weasley y otro al pelirrojo de brazos musculosos. Se plantó a un lado de Molly Weasley.
-Señora Weasley… -saludó, tomando por sorpresa a la matriarca de la tribu.
-Uhm… Blaise -tartamudeo la señora Weasley, girándose ligeramente para mirar a sus hijos detrás suyo.
La joven serpiente soltó un carraspeo combinada con una tos para hacerse oír. La rubia regordeta levantó la mirada de la revista; le disparó una mirada molesta al moreno junto a un ceño fruncido.
-Buenas tardes. Blaise Zabini, signora -se presentó el moreno, una gran sonrisa deslumbrante en su rostro. El ceño de la mujer se relajó un poco-. Mis disculpas, pero he recibido una carta de mi madre, Casiopea Zabini, anunciándome que mi padrastro estaba en pésimo estado. Por lo visto, una bestia lo atacó -dijo, con suficiente preocupación en su voz junto a una mirada de tristeza. La mirada de molestia de la bruja se transformó en una de lastima-. Y quería saber, si le es posible, decirme en qué ala se encuentran los heridos por criaturas mágicas.
La bruja le sonrió antes de ver sus notas.
-¿Será Arthur Weasley? -preguntó, mirándolo brevemente.
Blaise enmudeció. Ni de chiste.
-Ese es mi marido -exclamó Molly Weasley con angustia. La rubia regordeta la miró con cierta molestia.
-Antonio Malpica, signora -se apresuró a decir Blaise, regalándole una tensa sonrisa a la bruja.
-Llegó ayer por la noche -dijo la bruja-. Las heridas provocadas por criaturas están en la primera planta -le indicó-. Primera planta, segunda puerta a la derecha, Sala Dai Llewellyn -sonrió hacia Blaise antes de mirar con molestia a la señora Weasley-. Junto a Arthur Weasley -regresó su mirada a Blaise-. Espero que se recupere.
-Igual yo, bella donna -dijo Blaise, provocando que las mejillas de la rubia enrojecieran. Se despidió con una inclinación, dio la vuelta e ignorando a los Weasley caminó hacia donde le había indicado la mujer.
La tribu de los Weasley no tardó en caminar detrás suyo. Lo siguieron de cerca a través de las puertas dobles por un estrecho pasillo que había a continuación, en cuyas paredes colgaban más retratos de sanadores famosos, iluminado mediante globos de cristal llenos de velas que flotaban en el techo y parecían gigantescas pompas de jabón. Por las puertas por las que iba pasando entraban y salían constantemente brujas y magos ataviados con túnicas de color verde lima; un apestoso gas amarillo llegó hasta el pasillo cuando pasaba por delante de aquellas puertas, y de vez en cuando oía gemidos lejanos. Subió por una escalera y llegó al pasillo de Heridas Provocadas por Criaturas.
En la segunda puerta de derecha había un letrero que rezaba: "Peligro. Sala Dai Llewellyn: mordeduras graves." Debajo había una tarjeta con un soporte metálico en el que había escrito a mano: "Sanador responsable: Hipócrates Smethwyck. Sanador de prácticas: Augustus Pye."
-Nosotros esperaremos a fuera, Molly.
Blaise miró de reojo, dándose cuenta de que había dos aurores acompañando a la familia Weasley. Ojoloco Moody, con su ojo mágico fijo en él y provocándole un estremecimiento, y una bruja de cabello rosado, la que había hablado.
Miró la puerta cerrada, inhaló con fuerza mordiéndose el interior de la mejilla y procedió a abrirla de un empujón.
Se trataba de una sala pequeña y muy sombría, pues la única ventana que había era estrecha y estaba en lo alto de la pared opuesta de la puerta. La luz procedía de aquellas relucientes burbujas de cristal, que estaban agrupadas en el centro del techo. Las paredes estaban recubiertas de paneles de roble y en una de ellas había colgado un retrato de un mago con aspecto de malo que llevaba el rótulo: "Urquhart Rackharrow, 1612-1697. Inventor de la maldición de expulsión de arañas."
Solo había tres pacientes, así que el moreno no pudo evitar ver al pelirrojo que ocupaba la cama del fondo, junto a la pequeña ventana. Leía "El Profeta" aprovechando el único rayo de sol que caía sobre su cama, apoyado en varios almohadones y con vendas cubriendo su nuca y brazos.
-¡Blaise, il mio tesoro! –llamó Casiopea Zabini, su despampanante madre. La bruja se levantó de la silla que se encontraba enfrente de la cama, al otro lado de la sala. Su hermoso rostro estaba cubierto de lágrimas, vestía de negro como si estuviera lista para un funeral. Su magnífica figura le robo el aliento al trio dorado y a los gemelos Weasley, que habían entrado detrás suyo.
Su madre se lanzó, sollozante, a los brazos de Blaise, esperando que la reconfortara.
-Andrá tutto bene, mamma -calmó el moreno, pasando una mano por la larga cabellera de hermosos rizos. Hermoso cabello ónix, piel oscura y brillantes orbes morados. La razón por la que su padre se había enamorado.
-Niente andra´bene, tesoro -sollozó su madre, dejándose reconfortar por su hijo, que ahora era más alto que ella.
Blaise reprimió un suspiro, pasó al brazo por la delgada cintura de su madre y la encaminó hacia la silla donde había estado sentada segundos antes, depositándola con cuidado mientras miraba al mago sobre la cama.
Una momia, todo lleno de vendas.
Al Slytherin le recorrió un escalofrío, ¿qué demonios le había pasado al pobre hombre? ¿Qué bestia era capaz de causar tal daño a un ser humano?
-¿Qué bestia pudo…? -las palabras de Blaise quedaron atascadas en su garganta al reparar en la mirada devastada que su madre le enviaba. Evitó poner los ojos en blanco antes de tomar otra silla y sentarse a un lado de la mujer.
Esto era solo una muestra más de lo peligrosa que era su madre, algo que no debería olvidar jamás.
Malfoy Manor.
19:00 p.m.
Hacía un frio descomunal en el comedor principal, y estaba tomando todo de si para no ponerse a temblar. Su madre, sentada frente a él, sorbia elegantemente de su cuchara con crema de zanahoria. Como si ignorara totalmente a los mortífagos sentados alrededor de la mesa. O el hecho de que el mismísimo señor Oscuro había estado ocupando su casa solo una hora antes.
Por no mencionar del descabellado plan de liberar al resto de los seguidores del Innombrable de la prisión más protegida y aterradora del mundo: Azkaban.
-¿No te ha gustado la sopa, hijo? -la voz de Narcissa Malfoy se coló por los oídos de Draco, haciendo que levantara la vista.
Miró de reojo, solo unos breves segundos, a Nicholas Nott que había interrumpido su conversación con Lionel Crabbe, el padre de Vincent y Kurt Parkinson, el padre de Pansy. Fue un segundo, lo suficiente para que sintiera la mirada de su padre caer en él.
El joven Malfoy carraspeo ligeramente y tomó la pequeña cuchara sobre la mesa, antes de posar los ojos en su madre bajo la atenta mirada de su padre.
-Está exquisita, madre -respondió, arrastrando la voz con poca altanería antes de meter la cuchara en la sopa.
Parecía que Malfoy Manor sería la nueva cede de los mortífagos de ahora en adelante.
Diciembre, 23. 1995
San Mungo.
17:34 p.m.
-¡BLAISE!
El moreno pegó un brinco en su lugar, poniéndose alerta inmediatamente mientras miraba a todos lados. Su mano hizo un rápido recorrido a su bolsillo, donde guardaba su varita mágica.
Su respiración era frenética, su pecho subía y bajaba con pesadez. Por un momento, solo por unos segundos, no reconoció donde se encontraba hasta que sus ojos golpearon con la tribu de pelirrojos que aún estaba al fondo del cuarto.
La mirada del trio dorado, la pequeña Weasley y el resto de sus hermanos era una combinación entre curiosidad y desconfianza. Los señores Weasley, en cambio, lo veían con cierta preocupación. Alejó rápidamente su mirada antes de dejarla caer sobre su madre.
El día anterior se había marchado a su mansión para cambiarse de ropa y darse un baño. Había regresado en la mañana después de desayunar para pedirle a su madre que se tomara un breve descanso, ya que parecía estar decidida a continuar con su papel de esposa desolada.
Después de lograr convencerla, se había quedado vigilando al pobre bastardo y al final el sueño le había ganado.
-¿Mamma? -preguntó con voz ronca. Se pasó la lengua entre los labios secos para humedecerlos mientras retiraba la mano del bolsillo del pantalón.
-Il mio piccolo Blaise -susurró su madre, pero estaba seguro de que la familia al otro lado de la sala estaba al pendiente de la conversación-. ¿Estás bien?
-Sí, por supuesto mamma -le respondió, mirando brevemente a la momia sobre la camilla antes de volver a mirar los brillantes orbes morados de su madre y después a la mano que lo tomaba con ligereza de su hombro-. ¿Por qué la pregunta?
Su madre frunció el ceño y alejó su mano para sentarse en la silla de a un lado.
-Estabas gritando -explicó.
Blaise maldijo a Theodore Nott por debajo, cerró los ojos y también maldijo a los Weasley que lo habían escuchado.
-Oh, il mio bambino -murmuró su madre, tocando con sus nudillos la tersa piel de su mejilla, provocándole un ligero malestar por todas las veces que la había llamado: Viuda negra-. No quería invadir tu privacidad, pero… ¿quién te dejó el rostro así? ¿Por qué tienes cicatrices en los brazos? -suspiró-. ¿Quién fue?
Blaise resopló y bajó las mangas de su camisa con descuido, maldiciendo esta vez el estatuto de prohibición en la magia para los menores que le negaba aplicar el encantamiento de ocultación durante vacaciones.
-No es nada, mamma -respondió, alejando la mano de su rostro y acunándola entre las suyas-. Fue un encantamiento que salió mal durante las clases de Defensa -dijo-. El rostro… fue una pequeña pelea, nada importante.
-¡Blaise! -regañó su madre con suficiente fuerza y sin gritar-. Soy tu madre, no me mientas.
-No lo hago, mamma…
-¿Qué fue lo qué pasó, Blaise? ¿Necesito pedir una cita con el profesor Snape? ¿Con Dumbledore? -sus ojos se agrandaron-. ¿Alguien te amenazó? ¿Fue esa asquerosa sangre sucia? -siseo, aunque su voz hizo eco en la sala.
Blaise se tensó de hombros y apartó las manos, metiéndolas a los bolsillos de su pantalón.
-No necesitas pedir cita con nadie del profesorado, madre -siseo de vuelta, frunciendo el ceño-. Nadie me amenazó, tampoco. Y no tiene nada que ver con esa asquerosa sangre sucia -dijo en voz alta, haciéndose escuchar para los chismosos de aquellos pelirrojos-. Fue Theo, tuvimos una discusión.
-¿El joven Nott? ¿El heredero de Nicholas? -preguntó su madre sin convicción.
-El mismo -respondió Blaise-. Pero ya está arreglado; zanjamos el asunto antes de partir de Hogwarts -continuo, relajando su postura. Odiaba cuando su madre llamaba de esa manera a Hermione, y odiaba aún más cuando él tenía que seguirle la corriente, lo hacía sentir un imbécil total.
-¿Y no tiene nada que ver con la sangre sucia? -continuo indagando su madre.
Blaise puso los ojos en blanco.
-Que no, mamma -respondió, chasqueando la legua-. Draco la tiene bien controlada… lo que sea -sacudió la cabeza antes de levantarse-. Iré a buscar algo de café y un poco de comida, que aún no he almorzado nada. Regreso en una hora -sentenció y salió del cuarto a grandes zancadas.
¿Se había sentido mal por llamarla viuda negra? Pues bien, ahora ya no sentía nada. Una vez que cumpliera la mayoría y saliera de Hogwarts, podría hacerse con la herencia de su padre y se largaría lejos de esa arpía. No necesitaba absolutamente nada de ella.
Caminó por todo el hospital buscando alguna cafetería y al encontrarla, pudo pedir un trozo de tarta de chocolate y una café cargado. Se sentó lo más alejado posible de la barra, justo en una esquina y mastico con desdén el pastel. Aunque se tomó su tiempo, haciendo todo lo posible para no regresar hasta que fuera pasadas las siete y pudiera marcharse con Mirthy. Inclusive leyó "El Profeta" por segunda vez ese día antes de que una gran lechuza negra como la noche sin luna.
Era Inferno, la lechuza de Draco Malfoy.
Frunció el ceño con desconfianza, pero tomó la carta que tenía entre sus patas, y ates de poder abrirla, Inferno se marchó. Nadie dentro de la cafetería hizo ademan de prestarle atención, bastante familiarizados con aquel medio de mensajería.
Caldero Chorreante.
En quince.
Blaise leyó la carta dos veces antes de hacerla bola y meterla en su bolsillo. Se debatió en si debía anunciarle su salida a su madre, pero decidió que sería lo mejor para no causar sospecha.
Tiró los restos de su comida y salió a paso apresurado de la cafetería, recorriendo con velocidad los pasillos y evitando por poco el vómito de uno de los pacientes antes de llegar a la sala donde estaba ingresado su padrastro. Entro apresuradamente.
En el fondo, donde siempre, Molly Weasley aún era acompañada por su hijo Bill Weasley y el pelirrojo de brazos fornidos. En cambio, Casiopea Zabini, estaba dormida con los brazos recargados sobre las piernas de la momia.
¿Cuánto tiempo había estado llorándole hasta que supo que era suficiente?
Bueno, eso le daba igual.
-¿Ginny no había dicho que el chico era amigo de la primer nacida de muggles en Slytherin? -escuchó preguntar en voz baja al pelirrojo sin nombre, pero Blaise se negó a demostrar que lo había escuchado. Estaba a punto de despertar a su madre cuando su varita mágica pareció brillar entre los pliegues de su túnica.
La tomo antes de arrepentirse.
-¿A dónde vas con esa varita? -preguntó Bill Weasley, cruzado de brazos y mirándolo con censura.
-No es asunto tuyo, Weasley -siseo con desprecio-. Como tampoco lo es inmiscuirte en asuntos ajenos -replicó, arrugando la nariz con petulancia. Se dio la vuelta y volvió a salir del cuarto sin mirar atrás.
Caminó en un desenfreno de medimagos ocupados y pacientes irritantes. Escuchó más maldiciones de las que Marcus solía nombrar en un sábado por la tarde con los chicos mayores de Slytherin. Inclusive tuvo que mirar un par de veces por encima de su hombro para comprobar que Bill Weasley no lo seguía en un intento de demostrar su valentía Gryffindoriana.
El frío aire de la temprana noche le golpeo el rostro, enfriándole la nariz de inmediato. Se colocó los guantes de piel de dragón para no enfriarse las manos y se encaminó, esquivando a los muggles, hacia el callejón abandonado que había visto el día anterior cuando decidió que sería divertido ingresar por la entrada muggle.
Se preguntó durante unos segundos si Draco sabía algún hechizo de limpieza para sus carísimos zapatos cuando entró en el oscuro y maloliente callejón. Estaba tenuemente alumbrado por una sola farola, y los botes de basura estaban a reventar, con quien sabe qué cosas esparcidas por todo el suelo. Se preparó mentalmente para pasar unos cuantos segundos en aquel horrible callejón antes de tomar el Estado Niebla y volar hasta el Caldero Chorreante cuando unas figuras al fondo del camino sin salida lo hicieron ponerse en guardia.
Durante unos breves instantes se preguntó si eran algunos muggles haciendo un negocio sucio cuando reparó en la vestimenta de sus acompañantes y, en seguida, en sus rostros alumbrados por la farola.
Fue fácil identificar al convicto más famoso de Azkaban; Sirius Black. Su rostro había figurado en El Profeta durante semanas, por no mencionar que había estado presente cuando lo llevaron a la enfermería de Hogwarts y, posteriormente, fue encerrado en una de sus torres para después escapar.
Junto a él, el famoso James Potter tenía un brazo por encima de los hombros de su hijo, la cabecilla del trío dorado. Ronald Weasley y Longbottom parecían estar atentos a los diálogos intercambiados entre aquellos dos hombres.
A un par de pasos, Ginny Weasley hacia gestos exagerados de manos frente a Remus Lupin, que a pesar de que parecía cansado, tenía una sonrisa en el rostro. Los gemelos Weasley, detrás suyo, parecían imitar la postura del ex profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. Por último, "vigilando" el callejón, estaban Ojoloco Moody, la aurora del día anterior de cabello rosado y nada más ni nada menos que Emma Vanity, la (ya no) prometida de Marcus Flint, ex integrante de la casa de Slytherin y antigua prefecta y premio anual de Hogwarts.
Que maldita suerte tenía, ¿por qué siempre tenía que ser él quién se metía en problemas?
-Tenemos un visitante -el gruñido de Moody no solo advirtió al grupito, sino también a Blaise que rápidamente metió la mano dentro de su abrigo, donde guardó la varita mágica de su madre.
Ni dos segundos después, todas las miradas estaban puestas en él.
-Blaise -jadeo Emma, sorprendida. El casi imperceptible movimiento que hizo la ex Slytherin le puso el cabello de punta al moreno-. ¿Qué haces aquí…? ¡Obliviate!
-¡Protego! -se defendió Blaise con velocidad. El encantamiento de olvido golpeo la barrera, y la sorpresa en el rostro de Emma se agravó.
-Eso ameritará una carta del Ministerio -apremió James Potter, que se había colocado ligeramente frente a su hijo.
Blaise sonrió, la mano temblándole alrededor de la varita.
-Es prestada -dijo con la voz trémula. Ni siquiera podía decir que eran seis contra uno, solo bastaría con que Moody sacará su varita para ganar el duelo-. Si me disculpan, debo retirarme… Se me hace tarde para ir… a una cita -continuo, lo más calmado que pudo mientras retrocedía un paso.
El siguiente hechizo vino de la aurora de cabello rosa.
-¡Expelliarmus!
-¡Protego! ¡Bombarda! -gritó. El segundo encantamiento golpeo por encima de las cabezas de los Gryffindor, provocando que los adultos se lanzaran sobre los adolescentes para protegerlos de los escombros. Blaise no se quedó a verificar si alguien había salido lastimado, se dio la vuelta y echó a correr.
Al salir del callejón chocó de frente con un muggle, tirándole el maletín al suelo.
-¡Joder! ¡Lo siento! -se disculpó, girándose para ayudarlo a levantarse cuando su visión periférica captó el momento en que Sirius Black se transformaba en un enorme y gran perro negro-. ¡Joooooder! -aulló, y siguió corriendo. El muggle lo entendería. A este punto, parecía que un gran perro rabioso perseguía a un pobre adolescente que lo había molestado, así que nadie interferiría en una posible mordida con rabia… ¿Tendría rabia?- ¡Quítate! -gruñó al muggle que llevaba un aparato contra el oído y que había salido de la nada antes de empujarlo con ambas manos en el pecho.
El muggle salió disparado al suelo, pero Blaise siguió corriendo en el frío aire nocturno mientras esquivaba o empujaba muggles en su gran y glamurosa huida. Escuchó los gritos de los muggles maldiciéndolo antes de gritar de horror cuando reparaban en el perro. Escuchó los jadeos y los gruñidos del animago mientras intentaba buscar algún otro callejón para salir volando de ahí.
Cuando logró salir de la avenida repleta de muggles, se aterró unos segundos preguntándose si Black se transformaría de nuevo a su forma humana antes de lanzarle un maleficio. El corazón le latía velozmente, y su pésima condición física empezó a notarse cuando la adrenalina empezó a disminuir.
Por suerte, un gran parque cercado de rejas negras pareció brillar bajó la luz de la luna. Las puertas estaban cerradas y encadenadas, pero Blaise pegó un brinco y se agarró de ellas para tratar de brincarlas.
Los colmillos se incrustaron en su pantorrilla antes de que pudiera subir mucho.
-¡Mierda! ¡Mierda! ¡Eso no cuenta! -le gruñó con voz agitada al animago antes de soltarle una patada en el hocico con el otro pie. El animal chilló, y Blaise resbaló un poco, pero no perdió el agarre. Rápidamente trepó al otro lado y se lanzó al otro lado de la reja.
Se golpeó el rostro contra el pasto húmedo, y las costillas contra una roca. Expulso el aire de un jadeo, antes de levantarse adolorido. Se giró, quedando frente a frente con Sirius Black y solo separados por una reja. Mas allá de él, el resto de la comitiva ya estaba arribando, con James Potter como líder.
-No hagas esto más difícil, niño -le advirtió el mago. Blaise, en vez de responder, solo se dedicó a mostrarle ambos dedos corazón al animago antes de salir trotando, pues la mordida lo estaba reteniendo-. ¡Vuelve aquí!
Las cruces aparecieron por todos lados, antes de darse cuenta de que había entrado en un cementerio. Era un lugar tan bueno como los otros, ahora lo único que necesitaba era esconderse detrás de una tumba y tomar el Estado Niebla.
Se tomó el costado lastimado, tratando de buscar un escondite con la mirada cuando el sonido de la cadena al resbalarse lo alertó. Idiota, él también podría haber utilizado aquel hechizo. Echó a correr, a trotar, a alejarse lo más que podía.
-¡Petrificus Totalus!
El encantamiento golpeo a la tumba que pasaba, despertando de nuevo su adrenalina. Metió la mano en su bolsillo y sacó varios galeones. Los apuntó con la varita y masculló:
-¡Gemino!
Dio una vuelta y lanzó los galeones al rostro de Emma, que era quien lo perseguía de cerca. La chica gritó.
-¡Maldición! -chilló Ema cuando los galeones empezaron a duplicarse a una velocidad inhumana. Intentó quitárselos de encima, perdiendo la vista del camino y tropezando con una de las tumbas. En menos de un minuto quedó enterrada en una montaña de galeones falsos.
Si salía vivo y con la mente completa después de aquella travesura, Marcus se enteraría de su pequeña y traidora exnovia.
-¡Expulso!
El hechizo hizo un hueco en la lápida a su derecha. Echó el brazo hacia atrás.
-¡Confringo!
El maleficio golpeo la lápida del lado izquierdo de James Potter, haciéndola volar en mil pedazos. El mago frenó su persecución, mirando con sorpresa la lápida que estaba destrozada a su lado. Remus, que corría por el otro sendero, también se había detenido.
-¿Desde cuándo les enseñan magia oscura? -le preguntó con asombro.
-¿¡Pero qué esperan!? -les gritó Black, rebasándolos como un borrón y apuntando con su varita al moreno-. ¡Expulso!
-¡Protego! -se defendió Blaise, y en seguida susurró-: ¡Verdimillious!
El haz de luz verde tomó por sorpresa a los adultos, quienes no habían escuchado bien a Blaise. El maleficio golpeó a Black en el pecho.
-¡SIRIUS! -gritaron Lupin y Potter al unísono, corriendo hacia su amigo que había caído de espaldas. Estaba convulsionándose y tenía los ojos en blanco.
-Maldito -jadeo Sirius. La corriente eléctrica atravesó cada nervio de su cuerpo, aunque no fue demasiado dolorosa.
Remus suspiró de alivió antes de mirar hacia donde Blaise, que acababa de esconderse detrás de una capilla de mármol. Hizo un gesto con la cabeza a James, que asintió en silencio y juntos, caminando con cautela, acorralaron al adolescente.
James a la derecha, y Remus a la izquierda. Dieron la vuelta a la capilla y apuntaron con su varita al pasto, donde supuestamente debería haber estado Blaise Zabini.
-¿¡Qué demonios!? -gritó James Potter.
-¡Papá!
Harry venía corriendo junto a Ron, Neville, Ginny y los gemelos Weasley. Alastor, cojeando, se inclinó sobre Sirius analizándolo con la mirada. Remus y James se dedicaron una mirada antes de acercarse al grupo.
Harry rápidamente le dio un abrazo a James.
-¿Dónde está? -preguntó Ron, con las mejillas coloradas y el ceño fruncido. Neville resoplaba con fuerza a un lado suyo.
-¿Estas bien? -preguntó Harry antes de que James pudiera responder. El mago miró durante un largo minuto los brillantes ojos de Lily, provocando que una sonrisa nostálgica se deslizara por sus labios.
Sirius tenía razón, Harry se parecía más a Lily de lo que había esperado. No le guardaba rencor alguno, aun cuando lo había abandonado en la casa de Petunia. Había estado tan desolado después de la muerte de Lily, que no pudo soportar mirar a Harry a la cara.
Siempre estaría en deuda con Petunia, por todo lo que había hecho por Harry, aun cuando eso le había costado su matrimonio. Algo de lo que no había estado enterado hasta que Sirius Black apareció en su puerta hace un año y medio.
Le costó mucho, mucho entender lo que pasó de verdad. Y aún estaba en proceso de perdonar a Lily por mentirle sobre su decisión por Peter, que al final había llevado a su muerte.
Sirius se esforzó, lo sacó de su eterno sufrimiento y lo obligó a ir a rehabilitación para poder ser por fin un ejemplo de vida para Harry. Un año, un año entero en el que se vio forzado a dejar la bebida de golpe, pero no lo lamentaría.
Estaba recuperando su vida poco a poco.
-Se esfumó -respondió Remus, sacando a James de su ensimismamiento.
-Ese maldito usó magia oscura -escupió Sirius con enojo, sentándose sobre la tierra húmeda-. ¿Cuántos años tiene ese mocoso?
-Va en nuestro año -le respondió Neville, tomándose el costado por la falta de oxígeno-. Es un Slytherin -continuo con voz jadeante.
-¿Quince años? ¿Ahora los entrenan a esa edad? -preguntó Tonks, llegando con Emma. Su cabello ahora era de un rojo furioso. Una clara muestra de que estaba enojada.
Y no era de menos si había logrado sacar a Emma de la montaña de galeones falsos.
-Blaise Zabini -informó Emma-. Era uno de los protegidos de Marcus… -su voz salió temblorosa. Había terminado su compromiso con Marcus. Ahora era una aurora, y pertenecía a la Orden del fénix, lo que era peligroso para sus seres queridos-. La elite de Slytherin, aunque no pertenece a los sagrados veintiocho, es amigo de varios herederos de grandes familias. Malfoy, Nott, Crabbe, Goyle… y Hermione Granger, nuestra primera nacida de muggles.
-Todos mortífagos -gruñó Moody-. ¿Por qué serían amigos de la niña muggle?
-Hermione no es ninguna niña muggle -Ginny salió en su defensa, alzando la barbilla con desafío-. Es una bruja, como yo. Como cualquier otra.
-Si tiene quince años y no puede aparecerse; ¿cómo huyó? -preguntó Tonks en un intento de apartar la atención de Moody sobre Ginny. La joven Gryffindor no se amedrentó bajo la mirada de Moody, aunque trató de colocar sus pensamientos en blanco para no pensar en cómo huyó Blaise.
-No tengo idea -respondió Remus, ahora más cansado que antes-. Lo perdimos de vista solo unos segundos.
-Pero pueden arrestarlo, ¿no? -dijo Ron-. Usó magia oscura, por no mencionar que atacó a un auror -y señaló a Emma.
-No podemos hacer eso -dijo James-. Nos vio con Sirius. Ahora mismo podría estar de camino al Ministerio para delatarnos.
-No lo creo -respondió Emma, sacando una bola de papel del bolsillo. Algo que había salido a luz cuando Tonks contrarresto el maleficio. Moody le arrebató el papel.
-Caldero Chorreante. En quince -leyó en un gruñido, dejando que su ojo mágico vagará frenéticamente por todo el cementerio-. Pudo haber cambiado de opinión.
-Es la letra de Draco -dijo Emma-. Blaise no es un genio que digamos, pero sabe que debe ir ante Draco antes de hacer una locura. E ir al ministerio es lo que se clasifica como una locura.
-Emma tiene razón -concordó George-. Blaise no hace nada a menos que Draco lo indique.
-Si Malfoy está ahí, también lo están todos -dijo Fred encogiéndose de hombros.
-Iré yo -dijo Emma-. No podemos arriesgarnos a que Draco se lo diga a su padre.
-Que Merlín nos ampare si eso ocurre -masculló Remus.
-Tengan cuidado -dijo Moody cuando Tonks se ofreció a ir-. Si el niño tiene una varita prestada, ¿qué nos asegura que el resto no tenga una también?
Emma asintió con seriedad y Tonks soltó un largo suspiro.
-Que problemas está por causarnos este niño -se quejó.
Caldero Chorreante.
20:03 p.m.
La puerta rebotó contra la pared debido a la fuerza que Blaise empleó para abrirla. Su mirada frenética recorrió la destartalada taberna, y a pesar de la gran multitud de ebrios que había, pudo percibir con facilidad la cabellera rubia de Draco al fondo de la sala.
Se escabulló entre los magos para poder llegar a la mesa donde estaban sus amigos.
-Tenemos que irnos -dijo el moreno una vez llegó a ellos. Sin perder el tiempo, tomó a Hermione por el codo y la forzó a levantarse. Draco enarcó una ceja y Theo frunció el ceño con confusión, Gregory y Vincent se miraron entre ellos.
-¿Y se puede saber por qué? -preguntó Draco con paciencia. Blaise no lo miró, pues estaba ocupado recorriendo la taberna con la mirada.
-Vi a Sirius Black -dijo en tono muy bajo-. Y… -negó con la cabeza-. Ya se los contaré una vez salgamos de aquí. La carta que me enviaste se me cayó del bolsillo -explicó-. Ellos la tienen, estoy seguro.
-¿Quiénes son ellos? -preguntó Theo.
Hermione bufó.
-Chicos, vamos -pidió-. Es obvio que Blaise está un poco irritado y… ¿qué te pasó en la pierna? -jadeo cuando reparó en la tela del pantalón rasgada y la sangre que se escurría por ella.
-Black -siseo Blaise con dolor, recordando de golpe la mordida-. El jodido me mordió…
-Él… ¿qué? –espetó Draco, incrédulo.
-Es un animago… ¡no importa! ¡Vámonos antes de que los aurores que estaban con él lleguen por nosotros! -rogó.
-Vamos por la salida muggle -ordenó el rubio, levantándose mientras dejaba caer unos cuantos galeones sobre la mesa-. Busquemos un callejón y usemos el Estado Niebla.
-Joder… eso me suena a dejá vu… -masculló Blaise, pero aun así siguió a los chicos hacia la salida muggle, sin separarse de Hermione un segundo.
No tardaron mucho en encontrar un oscuro y abandonado callejón, que tal vez no estaba tan sucio y mal oliente como el otro, pero que aun así le provocó nauseas al moreno. Theo y Hermione fueron los primeros en tomar el Estado Niebla, para guiarlos por la oscura noche. Draco lo siguió de cerca y Vincent y Gregory se dedicaron a custodiar a Blaise, cada uno tomándolo del brazo mientras seguían la niebla que Draco dejaba a su paso.
No fue un viaje largo, pero tampoco corto. Descendieron detrás de un gran roble, en el centro de un enorme parque muggle. Vincent y Gregory siguieron cargando con Blaise mientras cruzaban el área verde hasta que llegaron a una zona llena de columpios y procedieron a sentarse en unas bancas blancas de metal roído.
Hermione tomó la varita que Blaise le ofreció para poder empezar a aplicar los debidos encantamientos curativos que se le daban tan bien.
-Creo que tengo un par de costillas rotas -dijo el moreno con voz ronca y rota-. Me golpeo contra unas lápidas en mi huida.
-¿Lápidas? -cuestionó Theo, enarcando la ceja correspondiente a su ojo morado-. Blaise, no hemos estado ni dos días fuera de Hogwarts y ya te metiste en problemas. ¿A quién carajos provocaste esta vez?
-Recriminar no nos servirá de nada, Theo -bufó Draco, que estaba parado a un lado del castaño y tenía los brazos cruzados mientras miraba a Hermione inspeccionar la pierna de Blaise.
-Mi padrastro está en San Mungo -narró Blaise, y gracias a las miradas sombrías de cada uno de sus amigos supo que no tenía sentido explicar el por qué. Todos sabían la verdadera naturaleza de su madre gracias al boggart al que Remus Lupin hizo enfrentarles en tercer año, por no mencionar que habían indagado en su mente el año pasado para aprender Oclumancia-. Por lo visto, una bestia irreconocible lo atacó y ahora comparte habitación con Arthur Weasley.
-¿Arthur Weasley? -preguntó Vincent recordando la edición de "El Profeta" que habló sobre el ataque-. ¿No fue atacado dentro del Ministerio?
-Sí -Blaise asintió-. Pero la cosa aquí es que he tenido que compartir oxigeno con la tribu Weasley.
-¡Blaise! -lo riñó Hermione mientras reparaba la costura del pantalón antes de trasladarse a las costillas rotas.
-El problema empieza después de tu nota -continuo Blaise, silbando de dolor cuando Hermione empezó a palpar sus costillas-. Tuve que buscar un callejón muggle para tomar el Estado Niebla y llegar a nuestra cita, pero resultó estar ocupado.
-Que maldita suerte la tuya -se mofó Gregory, rodando los ojos con burla.
-Jódete, Goyle -espetó Blaise.
-Continua -dijo Draco con exasperación. Era como tratar con un niño de dos años.
-Me encontré de frente con Ojoloco Moody, los dos Potter, el profesor Lupin, los cuatro Weasley que conocemos, Longbottom, una aurora de cabello rosado, Sirius Black y… -suspiró con desgana-… y Emma Vanity.
Los jadeos no se hicieron esperar.
-He de suponer que Vanity no te defendió -gruñó Vincent, tronándose los nudillos en un intento de relajar la tensión, pero no hacia falta ver la mirada de traición que Blaise cargaba, con las heridas que portaba ya era más que suficiente.
-Estas en lo correcto, fratello -siseo Blaise con dolor-. Me lanzó un Obliviate, pero logré bloquearlo a tiempo. Lo siguió un Expelliarmus y me defendí con un Bombarda antes de salir pitando de ahí… -se mordió el interior de la mejilla, saboreando la sangre que no sabía palpaba su boca-. Aunque alcance a ver el momento en que Black se convertía en un animago mientras yo intentaba huir entre los muggles presentes… ¿los animagos pueden contagiarte la rabia…?
-No lo creo -concedió Hermione, sabiendo que si seguía las bromas de Blaise lo haría relajarse un poco.
Blaise le sonrió como recompensa antes de jadear de dolor cuando la castaña presionó la punta de la varita contra las costillas del moreno y las reparó con un conjuro.
-Me… mordió… -continuó Blaise soltando el aire retenido-… mientras intentaba me escabullía en un cementerio. Empezó una… batalla -dijo sin estar convencido-. Pero al final logré quitármelos de encima. Aunque digamos que la nota que me enviaste se me cayó en el camino -dijo Blaise antes de fruncir el ceño-. Por cierto, ¿para qué era el llamado?
-¿Además del hecho de informarte que nuestros padres van invadir Azkaban para liberar a los mortífagos encarcelados? -peguntó Draco con desdén, y esta vez Blaise fue el único en jadear de sorpresa-. Quería darles esto -dijo, sacando unos libros negros en miniatura.
-¿Libros…? ¿¡Libros!? -jadeo Blaise, recomponiéndose del shock de la primera parte de la información-. ¿¡Para eso puso mi vida en peligro!? -gritó con un chillido.
-Pusiste tu vida en peligro por no ver más allá de dos pasos frente a ti -se quejó Hermione provocando un bufido de Blaise.
-Por supuesto que sí -masculló entrecerrando los ojos hacia la castaña-. Siempre poniéndote del lado de tu prometido.
Hermione enarcó una ceja mientras Draco sonreía, mostrando todos los dientes.
-Sigue mirándome así y permitiré que mi prometido te suelte una patada en esa pierna recién curada -le espetó Hermione, frunciendo la nariz con petulancia.
Draco no cabía en sí.
-Joder -resopló Theo rodando los ojos-. Solo suéltalo Malfoy, antes de que tu ego nos engulla a todos.
-Lo que digas, fratello -murmuró Draco encogiéndose de hombros-. El asunto con estos libros es que no son simples libros. Los encontré en la biblioteca de Malfoy Manor mientras nuestros queridos padres se reunían con su amo -explicó.
-La biblioteca que está llena de libros de magia negra -le reprochó Theo.
-Supéralo, Theo -resopló Draco-. No todo ahí es magia oscura… y estos en definitiva no lo son -continuo-. Digamos que Vincent decide escribir algún recado sobre su copia y el aviso llegará al resto de ellas.
-Así nadie podrá interferir en nuestros asuntos. Ni siquiera necesitaremos comunicarnos mediante lechuzas -Vincent sonreía como un loco-. Eres un puto genio, fratello.
Draco seguía sonriendo mientras Hermione retiraba uno de los libros miniatura de sus manos y los apuntaba con la varita mágica.
-¡Engorgio!
El libro regresó a su tamaño original, el de un pequeño y discreto diario. Era de cuero negro, con las esquinas cubiertas de oro blanco. El broche, igualmente de oro, contenía una letra "M" en verde esmeralda. Abriéndolo, encontró las páginas completamente en blanco.
-Pacto de sangre, he de suponer -dijo Hermione admirando las páginas de plata.
-Sí -concedió Draco con un asentimiento de cabeza mientras sacaba la varita de su madre que había hurtado hace no más de una hora y apuntó al resto de los diarios-: ¡Engorgio!
Los libros tomaron una vez más su estado original y cada uno de los Slytherin tomo una copia mientras Draco sacaba una daga de plata del bolsillo del pantalón. Aquella, también, tenía la insignia de los Malfoy tallada en el mango.
Theo retrocedió dos pasos, sin soltar el diario.
-No puedo… todavía no -admitió con cierna vergüenza.
Draco asintió, entendiéndolo, antes de hacerse un corte en la misma mano donde mantenía la cicatriz de su primer hechizo de sangre. Justo sobre ella y dejó caer unas gotas del liquido escarlata sobre una de las páginas de plata.
La sangre inmediatamente se expandió, llenando toda la página de rojo antes de que el diario se cerrara de golpe. En la portada, antes lisa, empezó a formarse una gran "D" intrincada junto a una "M" igualmente llamativa.
-Lindo -dijo Blaise, tomando la daga de las manos de Draco e imitando el procedimiento. Los pasos se repitieron, con la excepción que en vez de una "D" y un "M" entrelazadas, las letras "B" y "Z" se marcaron al centro del diario. Y el broche de oro, que antes contenía una "M", se retorció hasta que la letra se transformó en una "Z" esmeralda.
-Divertido -se jactó Gregory, tomando la daga con la misma mano donde la cicatriz "Debo respetar a mis mayores" brillaba con crueldad. Su diario mostró dos "G" entrelazadas al centro, y al igual que con Blaise, la "M" esmeralda se transformó en una "G", haciendo una referencia a su apellido.
-Los dueños de los diarios son los únicos que pueden escribir sobre los mismos -explicó Draco, al mismo tiempo que Hermione y Vincent hacían funcionar sus diarios-. Y solo nosotros podremos leerlos mientras que el resto del mundo solo verá páginas de plata vacías.
-Por lo tanto, Hermione tendrá que leerme como a un crío -se burló Theo con pesadez.
-Al menos estás enterado -dijo Vincent-. No quiero ni imaginarme como actuará Pansy cuando se entere sobre esto.
-Pansy aún no está lista -dijo Draco, mirando con desconfianza a Vincent-. Así que ni se te ocurra abrir la boca con ella.
-También es hija de mortífagos -la defendió Vincent.
-Lo que la hace presa fácil ya que aún no ha sido entrenada en el arte de la Oclumancia.
Vincent bufó, pero no volvió a sacar el tema a la luz.
Enero, 02. 1996.
Plataforma 9 ¾.
10:19 a.m.
-Voy a extrañarte muchísimo -las palabras salieron ahogadas debido a la presión con la que Hermione enterraba el rostro contra el duro pecho de Marcus Flint, quien la mantenía en un apretado abrazo.
-Y yo que ya me había acostumbrado a tenerlos revoloteando a mi alrededor -se burló Marcus, con una sonrisa ligeramente ladina, pero con los ojos tristes.
El reciente matrimonio Nott había accedido a dejar a sus hijos pasar el año nuevo en la casa de la familia Flint. Su madre había estado tan contenta con la invitación aceptada que ella misma horneo la cena, aunque al final habían tenido que acudir a los elfos cuando la señora Flint estuvo a punto de quemar toda la cocina. Con más suerte que nada, la cena ya estaba preparada cuando Draco, Vincent y Gregory arribaron solo unas horas antes del fin de año.
-Revoloteando -bufó Theo, poniendo los ojos en blanco-. Lo dices como si fuéramos unos críos.
-En lo que a mí respecta, lo son -dijo Marcus, su sonrisa aumentando.
Hermione resopló contra su cara túnica antes de separarse del cálido abrazo.
-Otra vez, siento mucho lo de Emma… -murmuró en voz baja, provocando que el cazador de los Appleby Arrow se tensara.
-Soy yo quien debería sentirlo -negó el ex Slytherin-. Emma cruzó la línea al atacar a Blaise, y estoy bastante seguro de que ella lo sabe -masculló, desviando la mirada para no captar los atisbos de lástima que brillaban en los ojos de ambos jóvenes.
A pesar de llevar tanto tiempo separado de Emma, y aun cuando ella rompió su compromiso con él… seguía amándola. Era muy difícil encontrar un compromiso basado en amor en vez de negocios entre familias de sangre pura, y él había tenido la suerte de encontrarlo. Lastimosamente, Emma no sentía lo mismo. Así se lo dio a entender la última vez que la vio.
Y ahora, ahora viene y ataca a sus Slytherin… ¿en qué mierda se había metido Emma? Definitivamente, no era la chica que recordaba.
10:31 a.m.
Los baúles dentro del carrito de carga brincaban y se golpeaban unos contra otros debido a la fuerza con que eran empujados. Su propietario, el legítimo heredero de la familia Zabini, estaba llegando tarde al vagón.
Y no era el único.
-Va a matarnos -escuchó mascullar a Vincent con pesadez-. Hermione definitivamente va a matarnos -dijo, antes de disparar una mirada envenenada a la nuca llena de risos de Blaise-. Por tu maldita culpa estamos llegando tarde.
-Cierra la boca, Vincent -escupió Blaise, girándose para mirarlo por sobre el hombro sin detener su carrera-. Que no fui yo el único en quedarse dormido. Además, la plataforma aun esta bastante llena… -la parte frontera de su carrito de carga se estrello contra otro carrito, volcando los baúles en el proceso, provocando tal ajetreo que algunas brujas y magos redujeron su caminar para tratar de buscar la fuente del golpe.
-Joder -espetó Gregory cuando las cabelleras pelirrojas se hicieron demasiado llamativas.
-¡Fíjate por donde andas, Zabini! -siseo Ronald Weasley, disparando una mirada de alarma a sus prendas esparcidas por el suelo. Con el golpe, el broche de su baúl se había abierto y había tirado todo su contenido.
Blaise se mordió la lengua para no soltarle un improperio, antes de captar la mirada de Emma Vanity. Estaba parada en medio de los gemelos Weasley, acompañada por la misma aurora de cabello rosado que ya conocía tan bien. Igualmente, acompañando a los Weasley, estaba el señor Potter, la abuela moribunda de Longbottom y Sirius Black en su forma de animago.
-Blaise -saludó Emma con cierta timidez cuando la mirada del joven Slytherin se detuvo en ella. No era el único enojado, pudo captar, ya que Gregory y Vincent se habían tensado y la miraban como si quisieran arrancarle el corazón.
-Vanity… -escupió Blaise con enojo, agachándose para empezar a recoger sus baúles. Vincent y Gregory lo imitaron en seguida, tratando de hacer un trabajo más rápido entre todos para largarse de una vez.
-Blaise -llamó de nuevo Emma-. Me gustaría hablar contigo sobre lo ocurrido en el callejón el otro día…
-¿Qué demonios? -siseo Draco Malfoy, llegando a la escena con el uniforme de Hogwarts ya puesto. Tenía el entrecejo fruncido por la molestia y una mueca de inconformidad en sus labios, mostrando solo ligeramente un atisbo de dientes.
Había bajado del tren para buscar a sus amigos desaparecidos. Después de la cena de fin de año, Theodore y Hermione se habían quedado con la familia de Marcus, mientras Gregory y Blaise se habían marchado a casa de Vincent, en un intento de relajarse del reciente fiasco que eran sus vidas. Draco, en cambio, había tenido que regresar a Malfoy Manor para no causar más sospecha por parte de su progenitor.
Estaban llegando tarde, algo que no era normal en ninguno de ellos, pero cuando escucho el golpe y después capto a los magos amontonados alrededor de la familia de los pelirrojos temió encontrarse lo peor. Y así fue, si sus amigos arrodillados levantando baúles era alguna clase de ejemplo.
-¡Malfoy! -soltaron los tres al mismo tiempo, en distintos tonos de agudeza. Vincent, Gregory y Blaise se levantaron de golpe, dejando caer lo que ya habían recogido mientras miraban avergonzados al rubio.
Draco enarcó una ceja, mirando brevemente el desastre en el suelo antes de que Vincent y Gregory se apresuraran uno al otro para recoger las cosas mientras Blaise se quedaba tan quieto como si lo hubieran petrificado. El rubio dejo salir un breve suspiro de fastidio antes de mirar hacia Emma Vanity, ignorando a todos los presentes.
-Vanity -murmuró, haciéndole un asentimiento de cabeza muy rígido.
-Antes era Emma, Draco -respondió Emma, cruzándose de brazos y dándole lo que esperaba fuera su mejor mirada de reprimenda.
-Eso fue antes de que atacaras a uno de los nuestros, traidora -espetó frunciendo aún más el ceño-. Y es Malfoy para ti, aunque te cueste más.
-¿Nunca te enseñaron a respetar a tus mayores? -saltó la chica parada a un lado de Emma, su cabello rosado cambiando a uno azul.
-No estaba hablando contigo, metamorfa -siseo Draco con desprecio.
-Ignóralo, Tonks -masculló Ronald Weasley antes de que la chica, Tonks, pudiera decir otra cosa-. Definitivamente a Malfoy no le enseñaron modales.
Vincent y Gregory, que ya habían terminado de recoger sus pertenencias, miraron a Weasley con desprecio y empezaron a tronar sus nudillos, avanzando dos pasos mientras mostraban su mejor pose de matones. Lo que no era difícil de imitar, ya que solo eran superados en altura por los gemelos Weasley, pero tenían mas masa muscular que cualquiera allí presente.
Draco los detuvo colocando los dorsos de sus manos contra los musculosos pechos, sin despegar la mirada del pelirrojo. Una sonrisa de maldad pura brillando en sus labios mientras Blaise se recargaba contra el carrito, cruzándose de brazos.
-¿Modales, Weasel? -se burló Draco, captando de inmediato como los pelirrojos saltaba ante el mote, pero eran rápidamente detenidos por Vanity, Tonks y el señor Potter. Sirius Black, en cambio, le gruñó empezando a pararse en sus cuatro patas-. Si no mal recuerdo, es a ti a quien no educaron en casa –resopló, mirando con desprecio a Molly Weasley, provocando que el ambiente se volviera aun mas tenso-. Ya que fuiste tú quien llamó sangre sucia a Hermione, mi prometida, por cierto.
La señora Weasley ahogo un grito, y distintos grados de sorpresa se marcaron en los rostros de todos los presentes. Aunque, si era sincero, no estaba seguro si era por el hecho de que Weasley-Weasel usó aquel mote o por como llamó a Hermione.
-Draco… -llamó Emma, igual de sorprendida que el resto-. Creo que deberías…
-Tú no deberías completar esa frase, Vanity -amenazó Draco, entrecerrando los ojos-. A menos que quieras que anuncie ante toda la plataforma que el famoso Sirius Black -escupió- se encuentra entre nosotros. Y considerando que ahora mismo ninguno de ustedes es bien recibido ante la sociedad, pues…
-Draco.
El joven Slytherin se tensó sin quererlo, al sentir la mano de Marcus Flint sobre su hombro. Y por el rostro que puso Emma, era obvio que estaba recibiendo una mirada mortal por parte del ex Slytherin.
-Espero que no estés incordiando al señor Potter -murmuró Marcus, desviando la mirada al héroe de guerra-. Ya es suficiente con que su hijo haya perdido la razón -dijo, ahora mirando a Harry Potter que lo fulminó con la mirada.
-Marcus…
-No deberías hablar con mis Slytherin, lo sabes Emma -la interrumpió antes de que pudiera decir nada-. Harás molestar a sus padres, y es lo que menos quieres en estos tiempos.
La amenaza quedó flotando entre ellos.
-Ni siquiera sabes de qué estábamos hablando -murmuró Emma, frunciendo el ceño sin dejarse aplastar por su (ex) prometido.
Marcus bufó, rodando los ojos.
-Escuché los comentarios venenosos de Draco hasta donde estaba -dijo, inclinando ligeramente el rostro mientras miraba a cada Weasley presente: la madre, los gemelos, Ronald y la chica maldita. Luego miró a Sirius Black en su forma animal (algo de lo que se había enterado durante la cena), para después mirar a James Potter, su hijo y terminar posando sus ojos en Longbottom y la abuela de este, quien lo evaluaba con la mirada. Ignoró deliberadamente a Nymphadora Tonks-. Te lo advierto, mantente lejos de mis Slytherin -masculló, antes de mirar a Draco-. Suban al tren, llegan tarde.
Draco asintió justo cuando Hermione entrelazaba su brazo con el suyo, su mirada puesta en Ginny Weasley.
-Ginny -la saludó todo lo educadamente que pudo, provocando la sorpresa en los rasgos de la pelirroja.
-Hermione… -dudo.
Hermione le sonrió despampanante, empezando a caminar junto a Draco. Detrás de ella, Vincent ya estaba empujando el carrito con los baúles de Theo y Hermione, Gregory, en cambio, empujaba el que traían desde un inicio.
-Nos vemos, Marcus -se despidió Theo, asintiendo hacia el ex Slytherin mientras Blaise caminaba por delante suyo, con las manos en los bolsillos y sin despegar la mirada del frente. Tratando de no reconocer a los Weasley a su alrededor.
-Cuida a los tuyos -le recordó Marcus antes de darse le vuelta y perderse en la multitud. En cuestión de segundos, los miembros de la luz volvieron a quedar solos, con las cosas de Ron aun tiradas en el suelo.
-Él me odia -se lamentó Emma, sin despegar la mirada del camino que Marcus había tomado.
-Tiene el orgullo herido que es distinto -se quejó Tonks, cruzándose de brazos-. Ya regresará a ti cuando vea por lo que estas luchando…
-Eso espero… -murmuró Emma, parpadeando las lágrimas que amenazaban con derramarse.
Expreso de Hogwarts.
13:45 p.m.
-¿Crees que estén listos para avanzar a la práctica de la magia no verbal? -preguntó Vincent con una sonrisa de malicia en el rostro, su mirada puesta en los alumnos de primero a cuarto de las tres casas hermanas que se aventaban uno al otro para salir de su camino. El ser considerados los matones de Draco Malfoy tenía sus ventajas.
Gregory se encogió de hombros a su lado, bastante distraído de la plática mientras pensaba si había comprado todos los dulces que Blaise había pedido.
-¿Por qué tu necedad de aprender magia no verbal? -preguntó Gregory, decidiendo que sí, que los dulces que llevaba en los bolsillos eran suficientes.
-Mi padre dice que aquel mago diestro en la magia sin varita es un mago poderoso -respondió a la pregunta con desinterés-. Y el primer paso a conjurar hechizos sin la varita es la magia no verbal.
-¿Crees que…? -Gregory pensó en sus palabras-. ¿Crees que somos lo suficientemente diestros para manejar la magia sin…? –sus palabras fueron cortadas por la sorpresa del choque. Había un cuerpo, definitivamente femenino, pegado contra su pecho. Su enmarañado cabello rojizo se escurría entre los gruesos brazos de Gregory, quien le llevaba fácilmente una cabeza y media de ventaja al infractor-. ¿Estás bien? -preguntó, tomándola por los hombros cuando la sintió resbalarse en su agarre. La chica rápidamente giró la cabeza, topándose con los ojos castaños de Gregory, su boca se abrió soltando un jadeo de sorpresa mientras Gregory enarcaba las cejas.
Era Susan Bones de Hufflepuff, la chica que había estado robándole el sueño. No pudo evitar inhalar con fuerza, llevándose el intenso aroma a café negro que rodeaba a la chica. Sus ojos vagaban con vehemencia por su rostro, tratando de imprimir aquella imagen en su mente. Sus largas pestañas, sus labios rellenos y las pecas que se alzaban por su nariz y mejillas.
Esa chica fácilmente pudo haber pasado por una de los Weasley.
Un codo se incrustó contra sus costillas, haciendo que Gregory saliera de su estupefacción. Su mirada chocó con los ojos azules de Vincent, que trataba de reprimir su diversión mientras se mordía el labio con fuerza para no reírse. Le hizo un pequeño asentimiento de cabeza hacia al frente.
Hannah Abbott, de Hufflepuff también, estaba parada frente a ellos. A su lado, Lavender Brown lo veía con los brazos cruzados, rodeada por las gemelas Patil. Una de ellas, parecía bastante irritada con la situación, la otra, lo veía con desconfianza. Gregory rápidamente empujó con delicadeza a Susan Bones para sacarla de su espacio personal y la sostuvo hasta que pudo parase sobre sus dos pies sin tambalearse.
-¿Estas bien? -volvió a preguntar, con la voz ligeramente más ronca.
La chica se había girado para mirarlo, con la boca abierta. La cerró de golpe, y volvió a abrirla, como si tratara de buscar las palabras que quería soltar, pero no pudiera encontrarlas. Hannah Abbott rápidamente se colocó a su lado y le soltó un pellizco para sacarla de su estupefacción, susurrándole algunas palabras al oído.
Las mejillas y nariz de Susan Bones se volvieron casi tan rojas como su cabello.
-¡Sí! –soltó con un chillido agudo.
Vincent, a un lado suyo, se tapó un oído mientras hacia un gesto de dolor. El sonrojo de Susan Bones empeoró.
-Estupendo -soltó con brusquedad, dispuesto a seguir caminado, pero el parloteo de Bones lo detuvo.
-… Lo siento, no quería incordiarlos, es solo que Lavender no me creyó que podía caminar de espaldas por todo el pasillo sin caerme o, en este caso, chocar con alguien. Y luego Hannah la apoyó y al final tuve que salir a dar la cara para demostrarles que, si podía, pero bueno, choqué contigo, ¿no? Así que al final resultó que no podía caminar sin chocar con alguien y…
-Loro, es el loro Su -se burló Abbott, sonriendo ante el nerviosismo de su amiga. Aunque no era de menos, la chica estaba enamorada de Gregory Goyle desde que se topo con él hacía unos meses.
Como le encantaba decir a la pelirroja, era amor a primera vista.
-Uy, lo siento -se disculpó Bones una vez más, enrojeciendo en un tono casi imposible-… Siempre termino hablando más de lo que debería. Por esa razón insisten en llamarme loro Su. Aunque si te soy sincera no siempre es así…
-¡Susan! -gritaron tres de las cuatro chicas que la acompañaban. La gemela Patil perteneciente a la casa de los cuervos resopló con exasperación.
-Uhm… está bien… -dijo Gregory, un poco temeroso de que la chica se desmayara debido a la cantidad de sangre que parecía haberle subido a la cabeza-… Susan…
-¡Bones! -chilló y enseguida tragó-. Es Susan Bones de Hufflepuff… -murmuró en tono más bajo.
Vincent resopló, rodando los ojos. Eso era bastante obvio, debido a su túnica.
-Supongo que no hay problema, Susan Bones de Hufflepuff… -dijo Gregory, metiendo las manos en los bolsillos del pantalón-. Por cierto, soy Gregory Goyle… -murmuró, como pensamiento tardío.
-¡Lo sé! -jadeo Bones, y el sonrojo que había empezado a atenuarse brilló con más intensidad al caer en cuenta de sus palabras. Sobre todo, al percibir que Vincent Crabbe estaba a punto de soltar una carcajada-. Me refiero a que te conozco… ¡a los dos! -añadió en seguida-… Son amigos de Draco Malfoy… -dijo en un susurro final.
Hannah, parada a su lado, parecía compartir su vergüenza.
-Seguro que sí -se burló Vincent, un brillo malicioso en su mirada-. Vamos, Greg, se nos hace tarde -le dijo al chico, empezando a avanzar hacia donde se dirigían. Las cinco chicas rápidamente salieron de su camino.
-Nos vemos, Bones… -le dijo Gregory con un asentimiento de cabeza, siguiendo a su amigo.
Las cinco chicas se quedaron paradas en sus lugares, viéndolos desparecer por el pasillo, los niños moviéndose de su camino para dejarlos pasar.
-¿Alguien pondría en mi lápida que morí de vergüenza? -preguntó Susan en un chillido bajo. Hannah, tan sonrojada como ella, asintió.
-Tienes suerte de que carezcan de inteligencia -dijo Lavender, aun cruzada de brazos y con la mirada perdida en el pasillo-. Si fuera otro, se había dado cuenta que estás coladita por él.
-Solo un estúpido no se daría cuenta que Susan está colada por él -se burló Parvati-. Estaba hiperventilando delante suyo, por no mencionar que admitió que sabía su nombre como alguna clase de acosadora.
-Todo mundo conoce a Crabbe y Goyle –le cortó Padma, preguntándose por qué razón aceptó ir en el mismo vagón que su hermana y las amigas de esta-. Son los golpeadores del equipo de quidditch de Slytherin, además del hecho de que, como dijo Susan, siempre acompañan a Draco Malfoy a todos lados -se disponía a regresar a su vagón cuando recordó otra cosa-. Oh, y para tu información, Lavender, no carecen de inteligencia -dijo-. Son de los chicos más inteligentes dentro de Slytherin, están solo por detrás de Theodore Nott. Según las notas que nos mostraron en Ravenclaw... -y dicho esto, se marchó.
Lavender resopló con desdén.
-Como odio a tu hermana -espetó, fulminando a la chica con la mirada.
Parvati se encogió de hombros, ahora era su turno de estar avergonzada.
Enero, 03. 1996.
Lindero del Bosque Prohibido.
12:07 p.m.
Hagrid los esperaba cerca de su cabaña, aun en la nieve de enero y no presentaba una imagen muy tranquilizadora: los cardenales que tenía debajo de los ojos eran de un color verde y amarillo, y algunos cortes que tenía todavía sangraban. Para completar aquel lamentable cuadro, Hagrid llevaba sobre el hombro un bulto que parecía la mitad de una vaca muerta.
-Genial -masculló Draco, su mano envuelta alrededor de la de Hermione-. Y yo que pensaba que nunca regresaría -se lamentó.
-¡Hoy vamos a trabajar aquí! -anunció alegremente a los alumnos que se iban acercando, señalando con la cabeza a los árboles que tenía a su espalda-. ¡Estaremos un poco más resguardados! Además, ellos prefieren la oscuridad.
-¿Quién prefiere la oscuridad? -inquirió Draco ásperamente, deteniendo su andar. Hermione le enarcó la ceja y trato de hacerlo avanzar, pero el platinado se plantó con fuerza en el suelo-. ¿Quién ha dicho que prefiere la oscuridad? ¿Lo han oído?
-Camina, Malfoy -se burló Vincent, ignorando la nota de pánico que alteró la voz de Draco mientras lo empujaba por los hombros para hacerlo caminar.
-¿Listos? -preguntó Hagrid festivamente mirando a sus estudiantes- Muy bien, he preparado una excursión al bosque para los de quinto año. He pensado que sería interesante que observaran a esas criaturas en su hábitat natural. Verán, las criaturas que vamos a estudiar hoy son muy raras, creo que soy el único en toda Gran Bretaña que ha conseguido domesticarlas.
-¿Seguro que están domesticadas? -preguntó Draco, y el dejo de pánico de su voz se hizo más profundo- Porque no sería la primera vez que nos trae bestias salvajes a la clase.
-Concuerdo -asintió Theo, cruzándose de brazos.
-Claro que están domesticadas -contestó Hagrid frunciendo el entrecejo y colocándose bien la vaca muerta sobre el hombro.
-Entonces, ¿qué le ha pasado en la cara? -inquirió Blaise, preguntándose si era buena idea seguirlo dentro del Bosque Prohibido con un rostro como aquel.
-¡Eso no es asunto tuyo! -respondió Hagrid con enojo- Y ahora, si ya han acabado de hacerme preguntas estúpidas, ¡síganme!
-¿Puedo fingir una fractura? -preguntó Theo apesadumbrado mientras veía como Potter, Longbottom y Weasley lo seguían dentro del bosque. Rápidamente negó con la cabeza- No, olvídenlo. Vincent, rómpeme un hueso.
El Slytherin enarcó una ceja antes de sonreír con maldad.
-Vincent, ni lo intentes -advirtió Hermione cuando lo vio dar un paso hacia el castaño. El musculoso chico resopló con desdén.
-Le quitas lo divertido a la vida -se quejó, y en reprimenda empujó a Draco para adentrarlo al bosque. Y ya que el platinado tenía una mano envuelta en la de Hermione, la chica trastabilló por el impulso, fulminando a Vincent con la mirada.
Él solo siguió sonriendo.
Caminaron unos diez minutos hasta llegar a un sitio donde los árboles estaban tan pegados que no había ni una gota de nieve en el suelo y parecía que había caído la tarde. Hagrid, con un gruñido, depositó la media vaca en el suelo, retrocedió y se volvió para mirar a los alumnos, la mayoría de los cuales pasaban sigilosamente de un árbol hacia donde estaba él, escudriñando nerviosos los alrededores como si fueran a atacarlos en cualquier momento.
-Agrúpense, agrúpense -les aconsejo Hagrid-. Bueno, el olor de la carne los atraerá, pero de todos modos voy a llamarlos porque les gusta saber que soy yo.
Se dio la vuelta, movió la desgreñada cabeza para apartarse el cabello de la cara y dio un extraño y estridente grito que resonó entre los oscuros árboles como el reclamo de un pájaro monstruoso. Hermione pegó un brinco por la sorpresa y Draco rápidamente se colocó detrás de Vincent y Gregory, dejándola a su suerte. Blaise perdió el color del rostro y Theo rio incómodamente.
Hagrid volvió a pegar aquel chillido. Luego pasó un minuto, durante el cual los alumnos, inquietos, siguieron escudriñando los alrededores por si veían acercarse algo. Y entonces, cuando Hagrid se echó el cabello hacia atrás por tercera vez e infló su enorme pecho, Theo dio un codazo a Blaise y señaló un espacio que había entre los dos retorcidos tejos.
Un par de ojos blancos y relucientes empezaron a distinguirse en la penumbra, poco después la cara y el cuello de un dragón, y luego el esquelético cuerpo de un enorme y negro cabello alado surgió de la oscuridad. El animal se quedó mirando a los estudiantes mientras agitaba su larga y negra cola; a continuación, agachó la cabeza y empezó a arrancar carne de la vaca muerta con sus afilados colmillos.
-¿Qué cosa? -inquirió Blaise, frunciendo el ceño con confusión.
-Mierda, cierto -Theo se golpeó la frente con la mano-. No puedes verlos.
-¿Ver qué? -preguntó el moreno, su ceño profundizándose.
Ignorándolo, Theo recorrió con la mirada al resto de los estudiantes que ponían la misma cara de aturdimiento y de nerviosa excitación que Blaise y miraban en todas direcciones menos al caballo que tenían delante. Al parecer, sólo había otras dos personas que podían verlo: Potter que los miraba interesado y Longbottom que seguía con la mirada los movimientos oscilantes de la larga cola negra del animal.
-¡Ah, aquí llega otro! -exclamó Hagrid con orgullo cuando otro caballo negro salió entre los oscuros árboles. El animal plegó sus coriáceas alas, las pegó al cuerpo, agachó la cabeza y también se puso a comer- A ver, que levanten la mano lo que pueden verlos.
Theo levantó la mano reticente mientras que Longbottom la levantaba con timidez y Potter con alegría.
-Sí, claro, ya sabía que tú los verías, Harry -dijo Hagrid con seriedad- Y tú también, ¿eh, Neville? Y...
-Nott -soltó Theo al darse cuenta de que Hagrid no sabía su nombre.
-Perdone -dijo Blaise con voz socarrona-, pero ¿qué es exactamente eso que se supone que tendríamos que ver? -preguntó, ya harto de que Theo no le respondiese.
Por toda respuesta, Hagrid señaló el cuerpo de la vaca muerta que yacía en el suelo. Los alumnos la contemplaron unos segundos; entonces varios de ellos ahogaron un grito y Patil se puso a chillar. Theo entendió por qué: lo único que veían eran trozos de carne que se separaban solos de los huesos y desaparecían, y era lógico que lo encontraran extraño.
-¿Quién lo hace? -preguntó Patil, aterrada, retirándose hacia el árbol más cercano- ¿Quién se está comiendo esa carne?
-Son Thestrals -respondió Hagrid con orgullo- Hay una manada en Hogwarts. Veamos, ¿quién sabe...?
-Pero ¡si traen muy mala suerte! -lo interrumpió Patil, alarmada- Dicen que causan todo tipo de desgracias a quien los ve. Una vez la profesora Trelawney me contó...
-Eso es mentira -soltó Hermione antes de que Hagrid pudiera contestarle- Esas no son más que supersticiones. Además, ¿cómo puedes creerle a esa charlatana loca? -Patil y Brown ahogaron un grito mientras los demás alumnos reían por lo dicho.
Dos caballos más salieron despacio de entre los árboles; uno de ellos pasó muy cerca de Patil, que se estremeció y se pegó más al árbol, diciendo:
-¡Me parece que noto algo! ¡Creo que está cerca de mí!
-No te preocupes, no te hará ningún daño -le aseguró Hagrid con paciencia- Bueno, ¿quién puede decirme por qué algunos de ustedes los ven y otros no?
Hermione levantó la mano de inmediato, notando que Draco se apartaba de detrás de Vincent y Gregory y volvía a colocarse a su lado.
-Adelante -dijo Hagrid sonriéndole por primera vez desde que la conocía.
-Los únicos que pueden ver a los Thestrals -explicó Hermione- son los que han visto la muerte.
-Exacto -confirmó Hagrid solemnemente- Diez puntos para Slytherin. Verán, tenemos una manda. Empezamos con un macho y cinco hembras. Este -le dio una palmada al caballo que había aparecido en primer lugar- se llama Tenebrus y es mi favorito. Fue el primero que nació aquí, en el bosque...
-¿Lovegood no había dicho que ella también los veía? -preguntó Blaise, perdiendo el interés en la explicación.
-Su madre murió en una explosión cuando era niña -dijo Gregory, asintiendo con la cabeza.
-¿Cómo sabes eso? -indagó Hermione enarcando una ceja.
-Todos saben todo de todos en el mundo mágico -respondió Draco antes de que Gregory pudiera hacerlo-. Ya deberías saberlo, Herms.
-¿Supongo que tú también los ves por tu madre? -le preguntó Vincent a Theo, que asintió distraído. No era algo de lo que hablaran, pero ya que los otros cinco chicos habían invadido su mente durante las clases de Oclumancia, estaban al tanto sobre la terrible enfermedad que había acabado con la vida de su madre.
-Entonces Potter los ha de ver por Diggory -masculló Hermione, mirando hacia donde el Gryffindor.
-Le habrán causado una gran impresión al verlos tirando del carruaje durante el regreso a Hogwarts -coincidió Theo, también mirando al Gryffindor.
Enero 07, 1996.
Gran Comedor.
06:48 a.m.
-Estas tan blanca como el fantasma del Barón Sanguinario -se burló Pansy, sentándose a un lado de su mejor amiga. La miró soltar un suspiro tembloroso antes de que le pusiera la copia de "El Profeta" que acababa de llegarle, mientras que ella se disponía a tomar una tostada francesa, pero cuando reparo en las diez fotografías en blanco y negro que ocupaban la primera plana, dejó caer la tostada sobre la mesa.
Nueve eran de magos, la décima era de una bruja. Algunas de las personas fotografiadas se burlaban en silencio; otras tamborileaban con los dedos en el borde inferior de la fotografía, con aire insolente. Cada fotografía llevaba un pie de foto con el nombre de la persona y el delito por el que había sido enviado a Azkaban.
"Antonin Dolohov, condenado por el brutal asesinato de Gideon y Fabian Prewett", rezaba el pie de foto de un mago con la cara larga, pálida y contrahecha, que miraba burlonamente a Pansy.
"Augustus Rookwood, condenado por filtrar secretos del Ministerio de Magia a Aquel-que-no-debe-ser-nombrado", rezaba el pie de foto de un individuo con la cara picada de viruela y el cabello grasiento, que estaba apoyado en el borde de su fotografía con pinta de aburrido.
Pero la fotografía que más llamó la atención de Pansy fue la de la bruja, cuya cara había destacado entre las demás en cuento ella miró la página. Llevaba el cabello largo y era castaño, pero en la fotografía tenía aspecto de desgreñado y sucio. La bruja miraba a Pansy fijamente con ojos de párpados caídos y una arrogante y desdeñosa sonrisa en los delgados labios.
"Bellatrix Lestrange, condenada por torturar a Frank y Alice Longbottom hasta causarles una incapacidad permanente."
FUGA EN MASA DE AZKABAN.
EL MINISTERIO TEME QUE BLACK SEA EL "PUNTO DE REUNIÓN" DE ANTIGUOS MORTÍFAGOS.
-¿Black? -dijo Pansy en voz alta-. Es coña…
El Ministerio de Magia anunció ayer entrada la noche que se había producido una fuga en masa de Azkaban.
Cornelius Fudge, ministro de Magia, fue entrevistado en su despacho y confirmó que diez prisioneros de la sección de alta seguridad escaparon a primera hora de la noche pasada, y que ya han informado al Primer Ministro muggle del carácter peligroso de esos individuos.
"Desgraciadamente, nos encontramos en la misma situación en que estábamos hace dos años y medio, cuando huyó el asesino Sirius Black -declaró Fudge ayer por la noche-. Y creemos que las dos fugas están relacionadas. Una huida de esta magnitud sugiere que los fugitivos contaron con ayuda del exterior, y hemos de recordar que Black, el primer preso que logró huir de Azkaban, sería la persona idónea para ayudar a otros a seguir sus pasos. Creemos también que esos individuos, entre los que se encuentra la prima de Black, Bellatrix Lestrange, han acudido a ofrecer apoyo a Black, al que han erigido líder. Sin embargo, estamos haciendo todo lo posible para capturar a los delincuentes, y pedimos a la comunidad mágica que permanezca alerta y actúe con prudencia. No hay que abordar a ninguno de estos individuos bajo ningún concepto."
-Así que era esta razón por la cual mi papá tenía tantas reuniones con… sus amigos -murmuró Pansy con desagrado, mirando hacia Hermione, pero ella estaba mirando a Helena de cuarto año. La única hija de Antonin Dolohov-. Mierda -espetó Pansy.
-Herbert tampoco se ve bien -murmuró Hermione, captando al pequeño niño de primer año que estaba bastante apartado del resto de los estudiantes. Apuñalaba con su tenedor la tartaleta de manzana que tenía al frente.
-¿Rookwood, no? -preguntó Pansy, dándole la vuelta a "El profeta", sin querer ver más los rostros mostrados.
-Le diré a Draco que hable con él, mientras tanto iré a ver cómo se encuentra Helena -dijo, levantándose de la mesa y marchando hacia la joven Slytherin justo cuando Ginny Weasley se dejaba caer en el asiento de enfrente.
-Parkinson -saludó, mirando la espalda de Hermione mientras se marchaba.
-Ginevra -asintió Pansy, tomando la tetera frente a ella-. Hermione tardará, así que sírvete -ofreció mientras ella se servía té en su taza de porcelana, sin desviar la mirada de la pelirroja-. Y disculpa que no use tu apellido, ya que, con tantos hermanos, se ha desgastado.
Weasley hizo una mueca antes de que un destello rubio se sentara a su lado, provocando que Pansy enarcara una ceja.
-Lovegood… -saludó Pansy, bastante sorprendida por la astucia de la chica.
-Pansy Parkinson -dijo la rubia, tomando la tetera que Pansy acababa de dejar para servirse en su propia taza.
-¡Woah! -silbo Pansy-. Una leona y un cuervo en nuestra mesa… ¿cuándo se nos unirán los tejones? -preguntó justo cuando Vincent aparecía para sentarse a su lado. Tenía cara de ensueño-. Vince…
-Pans -saludó, tomando la taza con té que Pansy se había servido y la bebió de un trago, posando su mirada en ambas chicas-. Ginny, Luna…
-Hola -saludó Luna, que había estado untando mermelada de uva en una tostada y procedió a ofrecérsela a Vincent, que la tomó con agradecimiento y le dio una mordida.
-Toma, a ti que tanto te gusta la lectura matutina -murmuró Pansy, tendiéndole la copia de "El Profeta" que ella misma había leído. Vincent vio la portada, pero no hizo ningún ademán de sorpresa mientras Pansy daba toda su atención a las dos chicas frente a ella-. Entonces… ¿por qué parece como si te hubieran dado una patada en los ovarios?
-No me han… -Ginny se mordió la lengua al reparar en la mirada incrédula de la Slytherin-. Sinceramente, me caes mal.
-Y tú a mí, heredera de Slytherin -bufó Pansy, provocando que las mejillas de la chica enrojecieran.
-Pans… -reprendió Vincent, dándole la copia de "El profeta" a Gregory que acababa de aparecer para tomar su desayuno. Miró confuso a su amigo, pero su ceño se frunció cuando leyó el encabezado.
-Lo que sea -Pansy rodó los ojos con burla-. ¿Me dirás o esperaremos a Hermione?
Ginny se mordió el interior de la mejilla.
-Harry Potter invitó a Cho Chang a Hogsmeade para una cita -dijo Luna, ignorante de la mirada alucinada que Ginny le envió.
-Uf… ¿eso no es hasta febrero? -preguntó Pansy, entrecerrando los ojos mientras intentaba pensar qué día se suponía que era su salida a Hogsmeade.
-Aunque en realidad, Ginny está enojada porque ayer atrapó a Blaise Zabini coqueteando con una chica de Hufflepuff, de sexto -continuo Luna, dándole un sorbo a su té. Uhm, dulce…
-Así que ahora estas por Blaise -se burló Pansy, tomando la taza que Vincent se acababa de servir con café y le dio un gran trago. Hizo una mueca debido a lo amargo e ignoró la risita del chico-… Me sorprende, te tomaste tu tiempo, lo admito.
-Yo no…
-¿O es por que ahora ya no te presta atención como antes? -Pansy enarcó una ceja, volviendo a darle un trago al café para demostrarle a Vincent que no se echaría atrás. El chico solo resopló.
-Pansy -advirtió Gregory, dejando la copia de "El Profeta" sobre la mesa. Había captado lo último de la conversación.
-Oh, vamos -se burló la Slytherin-. Todos en Slytherin, no, disculpa, todos en Hogwarts saben que Blaise está enamorado de la pequeña princesita Weasley. ¡Como si fuera un secreto! -resopló.
-¡Bueno! ¡Pues lo era! -se quejó Ginny, frunciéndole el ceño a Pansy-. Dices que todos, ¡yo nunca me di cuenta! ¡Jamás me dio una pista! -espetó, reparando en la mirada sorprendida de Pansy y el rostro divertido de Vincent-. ¡Un día simplemente me besó y esperó a que yo sintiera lo mismo! ¿Qué clase de cortejo es ese?
-Uhm, Ginny… -murmuró Gregory, incomodo.
-¡Y luego prácticamente me mando a la mierda! -gritó Ginny, sin darse cuenta que el Gran Comedor se había quedado en silencio-. ¡No soy adivina! Qué le costaba decirme: Estoy enamorado de ti, Ginny, dame una oportunidad para que por fin olvides al idiota de Potter que solo está detrás de la inepta y llorosa de Cho Chang -dijo, haciendo la voz un tono más bajo para imitar a Blaise-. ¡Hubiera saltado a sus brazos! ¡Digo! ¡Cualquiera lo hubiera hecho! ¡Solo míralo! Blaise es caliente como el demonio, es el mejor buscador de Hogwarts y me hace reír… ¿qué más se puede pedir?
-Uy, Ginevra… -dijo Pansy, empezando a perder la diversión del rostro para ser aplastada por la vergüenza ajena.
-¡Pero no lo hizo! ¡Solo me besó y me dejó ahí sola! Lidiando con mis estúpidos pensamientos y mis tontos sentimientos… ¡todas las malditas vacaciones! ¿¡Tienes una clase de idea de los escenarios que me imaginaba!? -le espetó Ginny, golpeando con fuerza la mesa de madera-. ¡Nadie nunca me había besado así! -se quejó, reparando por primera vez en las mejillas sonrojadas de la muñeca de porcelana, como se refería a Pansy. Vincent estaba a un paso de un ataque y Gregory parecía querer desaparecer de la faz de la tierra.
No tardó en darse cuenta de que el resto de la mesa de los Slytherin -que eran prácticamente todos los Slytherin- la veían fijamente. Inclusive Theo y Draco, que estaban sentados más allá, entre los alumnos de primer año.
Ups.
-¿Era tan difícil decirme eso a la cara, pelirroja? -el cálido aliento de Blaise contra su oído la hizo estremecerse.
-Ay… -se lamentó Ginny, el sonrojo elevándose a niveles astrológicos. ¿Cuántos más dentro del Gran Comedor la habían escuchado?
-¿Estoy suponiendo que realmente quieres salir conmigo? -preguntó el moreno, sentándose a su lado y provocando que Luna se recorriera un asiento. Que, a diferencia de los demás, seguía ensimismada en su desayuno.
-Uhm… depende… -murmuró Ginny, recobrándose un poco. Solo un poquito.
-¿De qué? -preguntó Blaise, sonriendo como si hubiera ganado la Copa de quidditch.
-De si estas totalmente dispuesto a ser exclusivo -respondió Ginny, palpando sus mejillas en un intento de reducir su sonrojo.
-Totalmente… -dijo Blaise, sin dejar de sonreír.
-Bien -dijo Ginny, levantándose con piernas temblorosas-. Quiero que salgamos durante la próxima visita a Hogsmeade -le avisó.
-Cuenta conmigo.
-No llegues tarde -le advirtió, dándose la vuelta y dirigiéndose derechito a la salida del Gran Comedor, sin querer mirar quién más había sido espectador del numerito que acababa de montarse.
-¡NUNCA LLEGARÍA TARDE POR TI, BELLISIMA! -aulló Blaise.
Ginny se estremeció con fuerza, y justo cuando salió del gran comedor, echó a correr, con la risa retumbante de Blaise como acompañante.
