DISCLAIMER: Los personajes pertenecen en su totalidad a J.K Rowling y la idea original no es mía.
Párrafos de "Harry Potter y la Orden del Fénix" incluidos en la historia.
Agradezco su infinita paciencia y su amor por el fanfic.
*REEDICIÓN*
Febrero, 05. 1996.
Mazmorras de Hogwarts.
22:03 p.m.
-¿Por qué demonios nos necesita el profesor Snape a esta hora de la noche? -preguntó Blaise, ligeramente amargado. Había estado cenando con Ginny Weasley en las cocinas de Hogwarts cuando Gregory apareció anunciándole que su mentor estaba solicitando su presencia.
-¿Qué más da? -preguntó Vincent encogiéndose de hombros con indiferencia-. Es el profesor Snape, y debemos hacer lo que nos pida.
-¿Es lo que te pide papi? -inquirió Blaise, enarcando una ceja-. Que hagas lo que el profesor Snape ordena.
-Me pide que haga lo que el heredero Malfoy ordena -rectificó el muchacho sin caer en la burla.
-Lindo -se burló Hermione, rodando los ojos mientras se aferraba con fuerza al brazo de su mejor amigo. Draco sonreía con malicia, disparando miradas entre sus dos amigos.
-Cierra la boca, Blaise -Theo chasqueo la lengua-. Solo estas molesto porque te robaron tu precioso tiempo con la niña Weasley.
-Y tú estas celoso porque la niña Lovegood ni enterada está de ti -le espetó Blaise con veneno. Theo frunció el ceño con enojo, pero no dijo palabra alguna.
Justo cuando estaban a punto de dar la vuelta al recodo, escucharon un bullicio que iba en aumento. Curiosos, se asomaron con discreción.
Ronald Weasley, Neville Longbottom, los gemelos Weasley, Lee Jordan, Cho Chang, Anthony Goldstein, Dean Thomas, Seamos Finnigan, Susan Bones, Hannah Abbott, Lavender Brown, Angelina Johnson, Ernie Macmillan, Justin Finch-Fletchley, Luna Lovegood y las gemelas Patil estaban acribillando a Harry Potter con mil preguntas a la vez.
-¿Así es como tienen sus reuniones del "ED"? -se burló Blaise con malicia-. ¿Cómo es que Umbridge no los ha atrapado?
-Por que hoy Macmillan y Goldstein están de guardia -masculló Draco, entrecerrando los ojos.
-Debemos pasarlos para llegar al despacho del profesor Snape -se quejó Hermione.
-Eso mismo -murmuró Gregory, con la vista fija en Susan Bones-. Pero si aparecemos de la nada, nos tacharan de chismosos.
-Estamos de chismosos -dijo Vincent, cruzado de brazos y recargado contra la pared. Theo, con una sonrisa maliciosa, empujó a Blaise y Gregory con fuerza. Los dos chicos trastabillaron con sus propios pies mientras Draco y Hermione rápidamente se retiraban.
El golpe hizo eco en el pasillo.
-¡Puta! -jadeo Blaise cuando el codo de Gregory le dio en su preciada anatomía-. Nunca tendré hijos… -se ahogo con sus propias palabras.
-Mierda, Theo -masculló Gregory, que por suerte había logrado frenar su caía con el cuerpo de Blaise.
-Por Salazar, ¿es qué no saben caminar? -preguntó Theo con fingida inocencia mientras Vincent se reía. El castaño negó como si los estuviera regañando antes de pasarlos para fingirse sorprendido cuando los ojos de todos los presentes cayeron en ellos-. ¡Oh! ¿Interrumpimos?
-¿Van a empezar a santificar a Potty Popoti? -se burló Draco con malicia, mirando a cada chico presente con soberbia.
-Esfúmate, Malfoy -gruñó Potter, su mano presionando con fuerza sobre su famosa cicatriz. Su rostro estaba descompuesto por el dolor.
-Me temo que carezco de semejante atributo -admitió Draco con falsa tristeza-. Ahora si nos permiten…
-¿Qué demonios hacen aquí? -espetó Weasley Weasel.
Draco puso los ojos en blanco.
-Como si fuera a decírtelo a ti, comadreja -escupió Draco con desprecio. Potter, tomando por sorpresa a los Slytherin, saltó frente a sus "amigos" y empuñó su varita hacia el rubio. El Slytherin parpadeo repetidas veces, mientras Hermione levantaba sus cejas con incredulidad.
Potter no era de aquellos que atacaban sin más.
Vincent ya había sacado su varita, y tanto Blaise como Gregory se apresuraron a imitarlo con torpeza, uno aun adolorido por la caída. El resto de los estudiantes presentes empezaron a sacar sus varitas, mirando con desconfianza a los hijos de mortífagos. En menos de diez segundos, solo Hermione, Draco, Theo, Luna y una de las gemelas Patil seguían sin varitas en las manos.
-¿Ahora jugamos sucio? -siseo Draco, arrastrando las palabras con arrogancia-. ¿Qué te está enseñando Dumbledore, Potter…?
-¡Legerements!
El joven Slytherin abrió los ojos con sorpresa, pero el endeble ataque de Potter se rompió contra sus fuertes barreras mentales. El Gryffindor se tambaleo hacia atrás, como si alguien lo hubiera empujado con fuerza. Draco retiró el brazo del agarre de Hermione y sacó rápidamente su varita de la túnica.
-Lo has pedido, Potter -espetó Draco, entrecerrando los ojos con advertencia mientras apuntaba con su varita al chico con gafas-. ¿No te han dicho que es de pésima educación invadir las mentes ajenas? -y dicho esto, atacó.
A diferencia de San Potter, él no necesitaba pronunciar el hechizo. Era terriblemente fácil para él, quien había resultado ser un as para la Legeremancia y la Oclumancia. Aunque claro, nunca había sido tan fácil adentrarse en la mente de alguien.
Había jugado con Potter antes, tomando pequeños pensamientos perdidos, pero sin llegar a más. Nunca le había apetecido indagar, ya que en su parecer Potter carecía de pensamientos inteligentes en su mayoría. Pero aquello, demonios, ¡aquello fue demasiado fácil!
Harry… Harry… te amamos, mami te ama… papi te ama…
La imagen de una mujer pelirroja con ojos color verde anegados de lagrimas lo veían con una tristeza infinita. Aquella mujer que plagaba los recuerdos del profesor Snape hacía ya tanto tiempo…
El destello verde lo tomó por sorpresa, y en seguida estaba frente a un hombre de cabello oscuro y gafas bebiendo hasta el cansancio… Había otra mujer, con un parecido alarmante a la pelirroja del inicio… Un chico gordito compartiéndole un trozo de pastel de chocolate… El dolor punzante de un brazo roto provocado por un hombre gordo y altivo… Petunia, era la tía Petunia quien discutía con su esposo antes de echarlo de casa por golpear a su precioso sobrino, lo único que le quedaba de su difunta hermana…
Estaba de nuevo frente a James Potter, que parecía estar perdido en sus propios recuerdos con otra botella de alcohol en la mano, ignorante del niño pequeño que acababa de regresar de su primer año en Hogwarts… Vio a Sirius Black… a Peter Pettigrew escapando… Estaba en un remolino que se movía constantemente después de los eventos del Torneo de los tres magos…
Estaba en un parque, acompañado por su primo Dursley… y había dementores por todos lados… Cedric estaba muerto, Colagusano acababa de matarlo… Un hombre delgado acababa de salir de un caldero… Era más blanco que una calavera, con los ojos de un rojo amoratado, y la nariz tan aplastada como la de una serpiente, con pequeñas rayas en ella en vez de orificios… Las manos eran como grandes arañas blancas, con largos dedos acariciando su propio pecho…
Malfoy… Crabbe… Nott… un cementerio… Una voz susurrante…
Salió corriendo, no quería verlo más, no quería verlo nunca más. Su trasero rebotó contra el suelo y la varita se le escapo de entre las manos. El rostro asustado de Hermione apareció delante suyo, sus cálidas manos empezaron a recorrerle las pálidas mejillas… Su boca se movía, estaba diciendo algo… pero no lograba escucharla… no podía…
-¡Draco! -le gritó con más fuerza, sus ojos alucinados y las cejas fruncidas por la preocupación. Estaba empezando a sudar frío, y definitivamente estaba temblando del pavor-. ¿Draco? -susurró Hermione, pegando su frente a la suya-. ¿Qué viste? ¿Qué viste que te asustó tanto…? -preguntó con voz rota, como si estuviera a punto de ponerse a llorar.
-¿¡Qué le hiciste a Draco!? -gritó Theo, que había tomado la varita de Draco cuando Hermione se arrodilló entre las piernas del rubio-. ¿¡Qué demonios has hecho, Potter!? -su mano temblaba con fuerza alrededor de la varita, pero esta vez, sí que atacaría.
-Yo no… -jadeo Potter, su pecho subiendo y bajando con fuerza.
-¿Draco? ¿Draco? -murmuró Hermione en voz muy baja, sin apartarse un centímetro del chico-. Estas empezando a asustarme, cariño…
-¿Qué es todo este ajetreo? -el profesor Snape acababa de aparecer por el pasillo contrario, ligeramente molesto por el retraso de sus alumnos. Capto cuando el grupito de Potter bajó las varitas con premura.
-¡Malfoy atacó a Harry! -se defendió Weasley Weasel en seguida, aunque su voz salió lo suficientemente confusa como para alertar al profesor Snape.
El jefe de la casa de Slytherin frunció el ceño hacia sus alumnos, que aun mantenían las varitas en alto. No tardó en vislumbrar el cuerpo tembloroso de Draco, que estaba siendo cuidado por Hermione, quien parecía estar a punto de un ataque de pánico.
Rápidamente paso a los alumnos para llegar a sus estudiantes, su capa volando detrás suyo como el batir de un murciélago maligno. Se arrodilló a un lado de ambos Slytherin, encontrando la mirada aterrorizada de Draco.
-¿Qué pasó? -preguntó, mirando hacia Hermione.
-Potter intentó adentrarse en la mente de Draco, señor -respondió Vincent, que había escuchado la pregunta. Su mirada puesta con desconfianza sobre los miembros del trío dorado-. Pero Draco lo detuvo, y en cambio, entró en la suya…
La mirada del profesor Snape se ensombreció.
-¡Fuera de aquí! -ordenó, haciendo que los miembros del "ED" pegaran un bote en sus lugares-. ¡Diez puntos menos por cada uno de ustedes! -dijo, levantándose. Rápidamente los estudiantes empezaron a moverse como hipogrifos sin cabeza en un intento de salir pitando del pasillo. Potter, en cambio, se quedó estático en su lugar junto a Weasley y Longbottom-. ¿No me escuchaste, Potter? -escupió el profesor Snape-. ¿O necesito bajarte otros diez más?
Harry Potter hizo una mueca, pero se dejó llevar por Weasley y Longbottom. Cuando desaparecieron del pasillo, el profesor Snape tomó a Draco por el codo y lo obligó a levantarse.
-Vamos -les ordenó.
Hermione ya estaba caminando detrás de ellos, tratando de buscar una explicación en el rostro de su mentor. Los otros cuatro chicos no tardaron en seguirlos.
Ni cinco minutos después, estaban dentro del salón de Pociones, mirando a Draco que había vuelto a sentarse sobre el suelo, con la mirada perdida mientras esperaban a que el profesor Snape volviera con una pócima tranquilizante. Hermione estaba a su lado, pasando las manos por la rubia cabellera, sus labios presionados contra el hombro del chico mientras lo miraban con confusión.
Vincent estaba tronándose cada hueso del cuerpo que pudiera tronar, mientras Theo caminaba de un lado a otro. Blaise se había dejado caer sobre un banco de madera, tallando con la punta de su varita la mesa frente a él.
-¿Draco? -probó Gregory, provocándole un escalofrío a sus amigos por la repentina voz. Para sorpresa del resto, el susodicho desvió la mirada de la pared y posó sus grisáceos ojos sobre el musculoso chico-. ¿Qué paso? -preguntó, tragando con fuerza y cruzándose de brazos.
-Yo… -parpadeo hacía Hermione, mirando cada pequeña mota dentro de sus orbes marrones-. Lo vi…
-¿Lo viste? -susurró la Slytherin en voz baja, sin querer romper la concentración que parecía haber invadido a su mejor amigo.
-Vi a Lord Oscuro…
Febrero, 10. 1996.
Sala común de Slytherin.
06:42 a.m.
POR ORDEN DE LA SUMA INQUISIDORA DE HOGWARTS.
AQUELLOS QUE DESEEN UNIRSE A LA ESCUADRA INQUISITORIAL PARA OBTENER UN CRÉDITO EXTRA PUEDEN ACUDIR A LA OFICINA DE LA SUMA INQUISIDORA.
Esta norma se ajusta al Decreto de Enseñanza n. 26.
Firmado: Dolores Jane Umbridge Suma Inquisidora.
-¿Qué demonios es la escuadra inquisitorial? -preguntó Draco frunciendo el ceño con desprecio. Estaba empezando a recuperarse del susto que Potter le había causado.
-¿Uhm? -los ojos de Hermione parpadearon sobre el tablón de anuncios-. ¿Una nueva forma de controlar Hogwarts mediante los alumnos dispuestos? -preguntó, su mano envuelta por la de Draco.
El rubio resopló.
-De todas formas, ¿quién se uniría? -se burló-. No es como si alguien realmente quisiera verla más horas de lo normal, digo, ¡joder! ¿Has visto su cara?
-¡Draco! -riñó Hermione, frunciendo ligeramente el ceño de forma juguetona.
-Sabes que preferiría ver tu rostro mil veces más -dijo el Slytherin, sonriendo con picardía. Hermione rodo los ojos.
-Una parte de mi teme que debería tomarse esa declaración como una ofensa -se quejó.
-¿Te he ofendido? -cuestionó enarcando una ceja.
-Draco…
-No, no, dímelo… mejoraré…
-Lo dices como si estuvieras practicando para alguna clase de ritual -se mofó Hermione.
-Bueno, ya has pensado en tus votos, ¿no? -preguntó, soltándole la mano y echándole el brazo encima de los hombros, acercándola más contra su costado.
-¿Votos? ¿Cuáles votos? -su entrecejo se frunció con confusión, provocando que Draco quisiera besarlo. Así que lo hizo.
-Los de nuestro casamiento -respondió a la pregunta, con una sonrisa de satisfacción cuando la realización golpeo a Hermione.
-¿Los magos dicen votos en su casamiento?
-No, pero supuse que te gustaría incluir algunas costumbres muggles -dijo Draco.
-¡Oh! -volvió a sorprenderse Hermione-. ¿Has investigado sobre los matrimonios muggles?
-¡Por supuesto! -Draco se fingió ofendido-. Tus padres son muggles, es parte de tu cultura. Así que obviamente nuestra boda tiene que mantener ambas costumbres. Mágicas y muggles…
-Ugg… -se ahogó Pansy, disparando una mirada envenenada a ambos Slytherin que habían olvidado que ella estaba ahí-. Es muy temprano para oírlos hablar sobre conductas maritales, así que será mejor que mantengan la charla sobre la luna de miel lejos de mis castos oídos -les advirtió.
Draco puso los ojos en blanco mientras Hermione se reía, sonrojándose un poco.
-Obviamente no te hablaría sobre lo que haremos en nuestra noche…
-¡Draco! ¡Por Salazar! -la abochornada adolescente le echó ambas manos sobre la boca, evitando que dijera alguna otra cosa.
-¡Ah! Y por cierto a tu pregunta original sobre quién se uniría a la escuadra inquisitorial… -les recordó Pansy, antes de que volvieran a perderse en su mundo de fantasía-. Nuestras compañeras de dormitorio -soltó con veneno- se unieron ayer por la noche. Justo a esa zorra de Astoria… y el idiota de Pucey -dijo, rodando los ojos con fastidio antes de apartarse de los dos amantes. Necesitaba una tasa de café ultra amargo para pasarse aquel episodio que rebosaba dulzura.
Febrero, 11. 1996.
Prado de Hogwarts (a las orillas del lago negro).
16:09 p.m.
Un suspiro de alegría salió de sus labios, sus manos trenzando algunos mechones del cabello rubio. La cabeza de Draco reposaba sobre su regazo, se había quedado dormido hacia unos veinte minutos.
A pesar de que no había mucho sol, su árbol (bautizado Richard por el mismísimo Blaise Zabini) les proporcionaba la sombra deseada. Habían lanzado un hechizo para derretir la nieve que aun perduraba en el prado, y al final habían aplicado otro para mantener una temperatura agradable. Hacía muchísimo menos frío en las afueras de Hogwarts que en las mazmorras de Slytherin.
Theo, con la cabeza recostada sobre el estomago de Draco, leía un libro de literatura muggle. Stephen King, para variar. Gregory, quien también estaba dormitando, descansaba su cabeza sobre una de las piernas de Theo.
-He traído aperitivos -anunció Blaise en un susurro, tomando por sorpresa a Hermione. Se dejó caer a su lado, y de inmediato Vincent se sentó frente al moreno.
-Gracias -dijo Hermione, aceptando un eclair de chocolate con relleno de crema. Blaise le lanzó una dona de azúcar a Theo al rostro, que lo fulminó con la mirada mientras se sacudía la azúcar derrochada.
-Nos hemos inscrito a la escuadra inquisitorial -anunció el moreno con una mirada victoriosa. Hermione frunció el ceño y la mirada de enojo de Theo cambio a una de estupefacción.
-¿Qué mierda, fratello? -le espetó-. ¿Estas tan desesperado por esos créditos extras que estas dispuesto a joder con Umbridge?
-No uses la palabra joder en la misma oración en la que nombras a Umbridge, por favor -le advirtió Blaise, sin reprimir el escalofrío que lo recorrió-. Y no, es mi brillante plan.
-¿Tu brillante plan? -preguntó Hermione, dándole una mordida al eclair.
-Resulta que la escuadra inquisitorial es el nuevo despertar de los prefectos -respondió Vincent, dándole un gran mordisco a su panqué de naranja.
-¿Disculpa? -jadeo Hermione.
-Sí, Mione, verás… -dijo Blaise, rascándose la mandíbula con nerviosismo-. Umbridge aun no lo ha anunciado, pero los prefectos perderán su poderío sobre los estudiantes de Hogwarts.
-¿Disculpa una vez más? -siseo Hermione.
-Los prefectos ya no tiene derecho a bajar puntos ni otorgarlos -respondió Blaise, encogiéndose de hombros-. Y las rondas… ahora la escuadra inquisitorial estará encargada de ellas… ¡oh! Y también podremos otorgar castigos.
-¿Qué? -espetó Hermione, frunciendo el ceño-. ¿Me estas diciendo que todo mi duro trabajo para volverme prefecta más el hecho de que Eleanor y Oliver me hayan escogido no funcionaron de nada? -preguntó con rencor.
-Uhm… -tragó Vincent, pasándose el dorso de la mano por los labios en caso de que le haya quedado alguna migaja-. Estoy seguro de que el profesor Snape podrá hablar con Umbridge y…
-¿Estás realmente seguro? -Theo enarcó una ceja con burla.
-Bueno, no… -admitió Vincent-. Pero aún tienes el año que entra, y el que le sigue a eso.
-Solo si Umbridge se retira de la escuela -masculló Hermione.
-Lo hará, Herms, no hay de qué preocuparse -cortó Blaise-. Recuerda que el puesto de DCAO está maldito.
-Sí, claro -se mofó la Slytherin, rodando los ojos.
Torre de Hogwarts.
15:58 p.m.
-Malditas traidoras -susurró Pansy, aunque su áspera voz retumbo por todo el pasillo. Desde que Hermione había peleado con Astoria y ella decidió tomar partido por la castaña, Daphne se había negado a hablarle. Y, a su vez, Flora y Millicent tomaron el lado las hermanas Greengrass.
Lo que, de cierta manera, no la sorprendió en lo absoluto.
Inclusive en las discusiones sin sentido, Flora y Millicent siempre se ponían de parte de Daphne. ¿Cómo es que no lo había visto venir? ¿El problema? Durante sus clases de Estudios Muggles y Adivinación era prácticamente una paria social. Arrumbada en una esquina mientras recibía miradas envenenadas por parte de Daphne y sus compinches.
Estaba empezando a hartarse, ¿qué tan mal lo tomaría el profesor Snape si dejara las clases de Adivinación como mínimo? Ni de broma renunciaría a Estudios Muggles, pero tal vez la dejara salirse de Adivinación. Total, se lo había permitido a Hermione.
Volvió a resoplar con rencor mientras volvía a pensar la oferta de la profesora Charity, que la había retenido después de clase para preguntarle su opinión al respecto. Pobre profesora Charity, realmente creía que su padre le permitiría enseñar en Hogwarts, peor, su próximo esposo. Lo que le vendría totalmente mal si resultaba ser algún viejo perdedor.
-Parkinson.
La susodicha pegó un bote, trastabillando con sus propios pies a un paso de caer al suelo. Su largo cabello negro pareció brincar por la torpeza y sus mejillas se sonrojaron con fuerza cuando reparó en las personas que presenciaron aquel desliz.
Había sido Potter quien habló, y a su lado estaba aquella rarita de Cho Chang. Ginevra Weasley estaba parada entre su hermano Ron, y el amigo de este, Neville Longbottom. También percibió a los gemelos Weasley, y detrás suyo, una puerta estaba desvaneciéndose a un paso demasiado lento.
-¿Aquella es la Sala de los Menesteres? -boqueo con incredulidad. ¿Aquellos Gryffindor habían encontrado la famosa Sala de los Menesteres?
-No -espetó Ron Weasley, provocando que el resto lo mirara como si le faltara un tornillo.
-Oh, seguro -graznó Pansy-. ¿Realmente esperas que me crea aquello?
-Puedo explicarlo -dijo Ginny, antes de que su hermano siguiera arruinando las cosas. Pansy puso los ojos en blanco y se llevó una mano a la cadera, dándole su mejor pose de "no me digas".
-Seguro que sí, Ginevra -siseo la azabache-. ¿Blaise lo sabe? ¿Hermione? -le entrecerró los ojos cuando Ginny desvió la mirada-. Seguro que no, ¿qué es todo esto?
-Como si fuéramos a decírtelo -reprochó Ron Weasley, rodando los ojos.
-Ya lo veremos cuando le avise al profesor Snape -amenazó Pansy, y en seguida continuo su camino. Tuvo suerte de no haber apartado la mirada del grupo, ya que Potter había sacado su varita mientras recitaba un hechizo:
-¡Obliviate!
Pansy soltó un grito agudo mientras se tiraba al suelo, evitando por poco el hechizo. No se quedó tumbada, si no que se levantó con la misma velocidad y echo a correr.
-¡Estas loco, Potter! -le gritó mientras huía, sus útiles olvidados a los pies del grupo. El corazón le latía con fuerza contra el pecho, sus muslos se rozaban uno con otro y su falda rebotaba a su alrededor, posiblemente mostrando más pierna de la que le gustaría mostrar.
El Profeta tenía razón, Potter estaba loco, pero no por las razones que creían. ¿En qué estaba pensando? ¿El hechizo Obliviate? Dudaba que el chico supiera aplicarlo de verdad, ¡pudo dejarla en estado comatoso! ¡Maldito chico loco!
-¡PANSY DETENTE!
Mirando por sobre su hombro, Ginny Weasley la estaba siguiendo de cerca. Se giró, apartándose el cabello del rostro mientras bajaba corriendo las escaleras, rezando a todos los magos que pasaron por Slytherin para no caerse. El problema llegó cuando se detuvieron en las escaleras movedizas.
-Pansy, por favor, tienes que escucharme -pidió la pelirroja, aferrándose al barandal de piedra en lo alto de las escaleras. Pansy le disparó una mirada envenenada.
-No tienes ni idea de las veces que le he dicho aquello a Blaise -siseó-. Tratando de que se de cuenta de la rata traidora que eres. -Las escaleras se detuvieron y Pansy salió disparada una vez más. Hubo un momento de duda cuando llegó al vestíbulo, preguntándose hacia donde debería dirigirse cuando recordó que Vincent mencionó algo sobre salir a tomar el poco sol de principios de febrero.
Justo cuando se daba la vuelta para salir del castillo, chocó con otra persona y ambas cayeron al suelo. Su trasero ardió por el golpe y entre las hebras negras, divisó a una pelirroja con el uniforme de Hufflepuff.
-¡Auch! -se lamentó la pelirroja, sobándose el trasero mientras miraba a la chica frente a ella. Era Pansy Parkinson, una de las amigas de Goyle.
-Por Merlín, ¿estás bien? -preguntó Hannah a su lado, arrodillándose junto a ella.
-Fíjate por donde caminas, tejona -siseo Pansy, levantándose con toda la dignidad que pudo reunir. Hannah le frunció el ceño mientras Susan enrojecía.
-Fuiste tú quien le saltó encima -defendió Hannah.
-¡Pansy! ¡Basta ya! -gritó Ginny, que venía bajando las escaleras. Los estudiantes que pasaban por ahí se giraron para buscar la fuente del grito mientras Pansy empujaba a la Hufflepuff de cabello dorado para seguir su carrera fuera del castillo.
Al bajar los escalones de piedra, su talón se doblo un poco al sumergirse en la nieve provocándole una mueca de dolor.
-Ay, ay, ay -masculló Pansy, saltando sobre su otro pie mientras recorría el prado con la mirada. Encontró en seguida a su objetivo, y dando tumbos se dirigió hacia ellos. Para este punto, era obvio que Ginny Weasley también los había visto y de seguro estaba preguntándose si era buena idea seguirla o no.
Pansy no se detuvo a esperar su decisión.
-¿Pans? -preguntó Vincent cuando llegó a ellos, y su mirada alegre rápidamente cambio a una de preocupación cuando captó la mueca de dolor en los labios de Pansy y su andar quejumbroso-. ¿Qué ha pasado? -se dispuso a levantarse, pero la pelinegra se tiró a sus brazos y por poco la perdió-. ¡Joder!
Pansy se acurrucó en el regazo de Vincent y disparó una mirada por donde había llegado. Ginny Weasley era franqueada por aquellas dos chicas de Hufflepuff, y el trío dorado ya la había alcanzado. Y, aunque no podía ver sus miradas, era obvio que no se atreverían a sacarla del agarre de Vincent.
-¿Pansy? -llamó Hermione, desviando su mirada hacía el punto que había llamado la atención de la chica. Frunció el ceño con sospecha-. ¿Te han hecho algo?
-¿Quién te hizo qué? -gruñó Vincent, dispuesto a levantarse, pero para eso debía quitarse a Pansy de encima. La chica se estremeció, provocando que el Slytherin se quedara quieto.
-Potter intentó hechizarme -se quejó la Slytherin.
-Está muerto -advirtió Vincent, arrancando la hierba bajo sus manos.
-¿Qué demonios? -masculló Blaise, mirando hacia su alrededor mientras Theo bajaba su libro, sentándose rápidamente.
-¿Qué ha pasado? -preguntó el castaño, queriendo que Pansy aclarara el asunto antes de que alguno de sus amigos cometiera asesinato.
-Atrape a Potter saliendo de la Sala de los Menesteres junto a los Weasley, Neville Longbottom y Cho Chang -relató Pansy, inclinándose hacia delante para palpar su tobillo-. Y luego, el loco ese, me lanzó una Obliviate. Tiene suerte de que mis reflejos sean buenos, o si no me hubiera fracturado la mente y esta vez sí que lo enviarían a Azkaban -bufó.
-Habrá creído que era fácil de aplicarlo -opinó Blaise, encogiéndose de hombros-. Vio a Emma lanzarlo contra mí, tal vez quería…
-Espera, espera, espera… -lo cortó Pansy en seguida-. ¿Emma? ¿Nuestra Emma? -el moreno hizo una mueca ante la pregunta-. ¿Qué demonios…? ¿Qué no me están contando?
-Yo les dije…
-¡Vincent! -espetó Theo, pero al reparar en la mirada que le envió Pansy soltó un largo suspiro-. Es una historia complicada.
-Tengo tiempo -siseo la Slytherin.
-Por supuesto -asintió Theo-. Aquellos a quienes viste son los miembros del "ED".
-Ejército de Dumbledore -aportó Blaise.
-Algunos cuantos estudiantes de las tres casas distintas para aprender hechizos de defensa -contó Theo-. Sobre todo, aquellos que realmente creen que Lord Tenebroso ha regresado.
-¿Cómo…? ¿Se los dijo la chica comadreja? -Pansy entrecerró los ojos con desconfianza-. Porque cuando la encaré…
-No -negó Vincent, chocando su pecho contra el brazo de Pansy mientras se estiraba para envolver su mano en el tobillo que la chica tenía agarrado. Lo sintió un poco inflamado, pero dudaba que fuera un esquince-. Draco entró en su mente…
-¿Disculpa? -jadeo Pansy cuando el Slytherin apretó un poco su agarre.
-Legeremancia…
-¿Draco sabe Legeremancia? -indagó la chica. Hermione asintió.
-Y Oclumancia, aunque en ese departamento nos defendemos todos…
-¿Cómo? -la cortó Pansy-. ¿Cuándo? Ustedes…
-El profesor Snape -respondió Theo con un encogimiento de hombros.
-Yo también quiero aprender.
-Pans…
-No, no me… "Panseés" -siseo, provocando que sus amigos enarcaran una ceja y un pequeño gruñido proviniera de donde Gregory dormía-… ¡Me ocultaron cosas durante demasiado tiempo! -les riñó-. Me lo deben…
-Draco…
-Me importa un carajo lo que piense el rubiecito de tu prometido -siseo Pansy, cruzándose de brazos-. Ustedes no son los únicos que temen volver a casa… no son los únicos con un asesino como padre -les recordó.
Vincent soltó un suspiro tembloroso.
-Les dije.
-Vincent -siseo Hermione, también de brazos cruzados-. Cállate.
Febrero, 13. 1996.
Aula de Pociones.
23:22 p.m.
-Y aquí estamos, en otra clase extra de Pociones -dijo Blaise, reprimiendo un bostezo por poco-. Una clase extra de Pociones a las once de la noche -aclaró, ignorando la mirada de reprimenda que le lanzo su mentor.
-Cierra la boca, Blaise -le advirtió Theo mientras el profesor Snape sacudía su varita, haciendo que seis calderos distintos flotaran hasta dos mesas distintas. A continuación, con otra floritura, varios frascos llegaron volando desde el armario de ingredientes.
-Ya he clasificado lo que necesitan -dijo el profesor Snape, esperando a que los seis chicos tomaran sus lugares habituales. Hermione se colocó en medio de su hermano y de Draco, Blaise quedó entre los dos musculosos chicos.
-¿Qué prepararemos esta noche? -preguntó Hermione, tomando uno de los frascos etiquetado como "semillas de anís verde". Frente a ella, sobre la pizarra, una tiza blanca escribía instrucciones en ella.
-Cuando hayan terminado el brebaje, me llaman -ordenó el profesor Snape sin responder a la pregunta de Hermione. Se dirigía con paso cansado hacia otra puerta dentro del aula, aquella que ya sabían pertenecía a su dormitorio.
-Espere, ¿a dónde va? -cuestionó Gregory, aunque se sintió un poco estúpido cuando recibió una ceja enarcada por parte de su mentor.
-A dormir -respondió como si fuera obvio, abrió la puerta y se encerró dentro de su dormitorio.
-¿Qué mierda? -siseo Blaise confundido.
Draco resopló con diversión.
-¿Qué se le puede hacer? -se burló el Slytherin, con la túnica del uniforme puesta sobre su pijama de seda. Un ligero escalofrío le recorrió el cuerpo cuando prendió el fuego bajo su caldero.
Siguiendo las instrucciones de la pizarra, Draco empezó a cortar el Asfódelo en pequeños pedazos de un centímetro cada uno. Cortes que había perfeccionado con el pasar de los años. Prosiguió a cortar la Tisana, aplastó las semillas de anís verde y cuando estas estuvieron listas las vertió sobre el caldero.
-¿Alguien sabe lo que estamos preparando? -preguntó Vincent desde su mesa, que también estaba esperando el transcurso de los quince minutos de espera para poder empezar a revolver la poción.
-En lo absoluto -admitió Theo con un encogimiento de hombros.
Pasados los quince minutos empezaron a mover la pócima en dirección contraria a las manecillas del reloj. Draco fue el primero en colocar el ultimo ingrediente, Acónito. Ahora solo tenía que esperar a que hirviera.
Empezó a limpiar la mesa de trabajo mientras Theo recogía los frascos y los llevaba hacia el escritorio del profesor Snape. Vincent estaba ayudando a Blaise para bajar un poco la flama de su fuego mientras Gregory limpiaba la mesa de los tres.
-Está bien, no sabemos qué poción sea -dijo Hermione rodando los ojos-. Pero ¿al menos tienen una idea de por qué lo hacemos hoy a esta hora de la noche? -miró el reloj, que ya marcaba pasada la una-. O de la mañana…
-Tal vez la necesita para mañana -dijo Draco, encogiéndose de hombros con desinterés. Hermione suspiró abatida, definitivamente no le gustaba no conocer la respuesta. El rubio sonrió, y colocándose entre sus piernas, la empujó con delicadeza hasta que la parte baja de su espalda chocó con la mesa. Sus manos se aferraban a las curvas de sus caderas-. Piensa que ahora somos alguna clase de esclavos expertos en pociones -se burló, su sonrisa ensanchándose cuando Hermione sonrió, rodando sus bonitos ojos marrones. Su cabello se había rizado debido al vapor soltado por las pociones, pero lo tenía bien sujeto en un moño bajo. Sus mejillas estaban ligeramente sonrojadas por el calor del aula.
Salazar, era hermosa.
-No se la vayan a montar aquí, que me darán pesadillas -les gritó Blaise, fingiendo un escalofrío. Theo, que hasta el momento no se había dado cuenta de lo que Draco hacía, puso los ojos en blanco con fastidio. De cuatro grandes zancadas regreso con la pareja y soltándole un golpe en la nuca a Draco, apartó a Hermione de un jalón de su agarre.
Gregory y Vincent soltaron una carcajada estridente.
-Algún día definitivamente te ahogare con tu propia almohada -amenazó Draco, chasqueando la lengua con desdén.
-Y yo regresaré para seguirte atormentando -advirtió Theo cruzándose de brazos-. Solo que, como fantasma, podré atravesar las paredes y no podrás detenerme.
-Jódete -siseo Draco.
-¿Terminaron? -preguntó el profesor Snape, que había escuchado las carcajadas de Vincent y Gregory. Se acercó a las dos mesas y percibió la pócima hirviendo-. La poción debe hervir quince días seguidos y enfriar los seis días posteriores.
-¿Qué es exactamente? -preguntó Blaise, olvidando el drama reciente. El profesor Snape le sonrió y le ordenó que se acercara.
-Verás, Blaise -empezó el profesor Snape mientras el moreno se acercaba a un más a su caldero-. La pócima solo es completamente efectiva en el momento justo en que está lista. Mientras más tiempo pasa, los efectos se vuelven más débiles.
-De acuerdo… -dijo Theo, acercándose también-. ¿Cómo la usaremos?
-No vamos a usarla -respondió el profesor Snape para estupefacción de los seis Slytherin-. Vamos a tirarla.
-¿¡Qué!? -gritaron todos a la par-. ¿Para eso nos sacó de la cama? -añadió Vincent.
-Sí -respondió el profesor Snape sin inmutarse, desviando su mirada hacía la poción. Tenía un brillo nacarado y el vapor ascendía formando unas espirales. Una sonrisa nostálgica rompió su rostro cuando el fuerte olor a lluvia, humo y lirios se introducía por su nariz. Se acercó a cada uno de los calderos, percibiendo el mismo olor en todos ellos.
-¿Qué…?
Hermione le soltó un codazo a Draco, haciéndole cerrar la boca. Era obvio que el profesor Snape estaba recorriendo el pasillo de los recuerdos, lo que menos necesitaba ahora era a un exasperante adolescente.
-Blaise -llamó el profesor Snape, sacando al moreno de su ensimismamiento-… ¿qué olor percibes saliendo del caldero? -preguntó.
El moreno hizo una mueca, pero aún así se inclinó sobre el caldero e inhaló con fuerza.
-Chocolate… -arrugó la nariz, una mirada confusa en el rostro-. ¿Limones…? ¿Son limones? -le preguntó al profesor Snape, pero su mentor no respondió-. Creo que sí -murmuró cuando no recibió respuesta-. A Mirthy se le da genial la limonada, por lo que siempre huele a limones la cocina y… ¡Oh! ¡Salazar! -gritó tomando por sorpresa a sus amigos. Él, en cambio, miraba alucinado al profesor Snape-. ¡Es amortentia! ¡Es amortentia! ¡Joder! -exclamó el moreno, trastabillando unos pasos hacia atrás.
Draco y Hermione, ajenos al otro, se inclinaron ligeramente hacia al frente como si quisieran olerla. Theo frunció el ceño con desprecio, Gregory miró con curiosidad al profesor Snape y Vincent miraba con malicia a Blaise.
-Tulipanes… -masculló el moreno.
-¿Qué? -preguntó Theo, relajando su postura.
-Tulipanes -repitió-. Ginevra huele a tulipanes.
-Sí, señor Zabini, es amortentia -dijo el profesor Snape, ignorando deliberadamente la última declaración del muchacho-. Tiene un aroma diferente para cada uno, recordándonos las cosas que más nos atraen, incluso si no conocemos la verdadera fuente de dicho olor -explicó-. Por supuesto, la Amortentia no crea amor. Es imposible crear o imitar el amor. Sólo produce un intenso encaprichamiento, una obsesión.
Theo, que se había inclinado sobre su propio caldero, inspiró con fuerza.
-Huele a acónito… -murmuró-… pasto recién cortado y cerveza de mantequilla.
-¿Cerveza de mantequilla? -se mofó Vincent, inclinándose sobre su caldero-. A mí me huele a whiskey de fuego… ¿humedad? -inquirió-. No sé, huele como a las mazmorras… con un poco a naranja…
-¿Naranja? -preguntó Hermione enarcando una ceja-. ¿Cómo perfume o como cítrico?
-¿Hay alguna diferencia? -preguntó Vincent a la defensiva.
-Tierra mojada… -dijo Gregory, oliendo la poción en un intento de detener la discusión-… vainilla… y a café… ¡maldición! -gruño en voz baja-. Definitivamente es café, americano. Café americano.
-Déjame adivinar, ¿Bones? -se burló Blaise con malicia. Al menos no era el único en admitir que…
-Huele a ti -dijo Draco, cortando el hilo de los pensamientos de Blaise. Los cuatro chicos se giraron hacia su amigo rubio, que miraba fijamente a Hermione-. Huele a ti.
-Uy… -murmuró muy bajito Blaise, captando por completo como las mejillas de Hermione enrojecían hasta rivalizar con las de Ginny aquel día donde confesó su atracción por él a todo el Gran Comedor.
-Uhm -tragó Hermione, sintiendo como sus piernas le temblaban. Todas las burlas pasadas sobre compromisos y matrimonios se esfumaron de la mente de la castaña, cayendo en la cuenta de que Draco estaba siendo mortalmente serio sobre darle la espalda al linaje de los Malfoy por ella.
Solo por ella.
-Por nada del mundo vayan a aceptar chocolates o bebidas que les ofrezcan durante la salida a Hogsmeade -dijo el profesor Snape, cortando la tensión en el ambiente. Como si realmente no estuviera siendo afectado por lo que estaba ocurriendo entre aquellos dos-. Están en la edad donde a las chicas, y los chicos, les encanta preparar amortentia.
Se dio la vuelta para regresar a su dormitorio cuando la pregunta de Gregory lo detuvo.
-¿Qué huele usted, profesor Snape?
El profesor Snape, de espaldas a ellos, sonrió volviendo a caminar.
-A Lily Evans, huele a ella -susurró poco antes de cerrar la puerta, dejando a los chicos estupefactos en el aula.
-Mierda -espetó Vincent, con la mandíbula caída-. Solo… mierda.
Febrero, 14. 1996.
Dormitorios de quinto año de Slytherin. (Masculino).
05:09 a.m.
-Draco…
El susodicho suspiró con cansancio, sabía que no debería haberse movido. Se quedó extremadamente quieto, esperado a que Blaise abriera los doseles de su cama. Su moreno rostro se asomó y rápidamente se tumbó al lado derecho del rubio.
Se quedaron en silencio unos segundos, con la vista fija en el techo.
-¿No puedes dormir? -preguntó Blaise, aunque ya sabía la respuesta.
Draco volvió a suspirar.
-Creo, que esta vez, sí la cague -dijo, con voz cansada. Sintió a Blaise removerse a su lado, pero no se giró a mirarlo.
-¿De qué hablas? -preguntó en voz baja.
-Sobre la amortentia…
-No, fratello -negó Blaise-. Creo que era lo que necesitabas decir. Poniendo por fin punto final a las bromas.
-Nunca bromee -masculló el rubio, frunciendo el ceño-. Le di un anillo, la estoy cortejando…
-¿En serio? -se burló Blaise-. Por qué lo único que haces es hablar sobre lo mucho que tu padre te maldecirá cuando se entere.
-Bueno, lo hará -respondió Draco-. Pero eso no significa que no fuera enserio... siempre fui serio con ella.
Se quedaron en silencio.
-Mañana llevaré a Ginny a Las Tres Escobas -dijo Blaise, sacando un frasco del bolsillo de su túnica. Draco, que lo miró de reojo, se tensó.
-¿Qué mierda, Blaise? -siseo.
-No es lo que parece -se defendió el moreno-. Solo… solo quiero saber qué percibe ella… es todo, lo juro.
Un silencio más pesado siguió ante aquella declaración.
-Hermione y yo también iremos a Las Tres Escobas -aportó Draco, sacando a Blaise de su estupor.
-Lo sé -admitió el moreno-. Tal vez deberías, ya sabes, encararla. Hablar de frente sin rodeos.
-Yo siempre…
-Con sinceridad, Malfoy -lo cortó-. Deja el tema del matrimonio y los bebés por el momento, dile lo que sientes. Antes de que alguien más lo haga…
-¿De qué mierda hablas ahora? -gruñó Draco-. Nadie en Slytherin se atrevería a cortejar a Hermione, ellos saben…
-No somos los únicos en este castillo, fratello. Recuérdalo.
-Fuera de aquí, Zabini -siseo el rubio, un malestar subiendo por su garganta. No podía, no quería imaginarse a Hermione con alguien más. Krum ya había hecho el suficiente daño.
-Como gustes, Malfoy -dijo Blaise, rodando los ojos mientras se levantaba-. Solo recuerda que Hermione no te esperara eternamente. Ya da el maldito paso -dijo para después salir del escondite. Draco suspiró una vez más, rodando sobre su costado mientras se aferraba a las cobijas.
Hogsmeade.
Las Tres Escobas.
15:08 p.m.
-¿Ya te he dicho lo hermosa que te ves en ese vestido? -preguntó Blaise con una sonrisa de picardía en el rostro. Ginny rodó los ojos con diversión, dándole un ligero sorbo a la cerveza de mantequilla.
-Esta es la tercera vez que lo dices -respondió Ginny con un falso suspiro, su mano tratando de bajar un poco el bordillo del vestido. Era un simple vestido negro, pero debido a que era muy viejo (y el único que tenía) le quedaba muy corto para su gusto.
Aunque Blaise, claro, parecía encantado.
-Me alegra que lleves la cuenta -dijo el moreno, recargándose contra el respaldo de la silla y pasado el brazo por sobre los hombros de la pelirroja. Ginny rodo los ojos, sonrojándose.
-¿Estas coqueteando conmigo, Zabini? -indagó divertida.
Blaise hizo un gesto ofendido, llevándose una mano al corazón.
-Me ofendes, pelirroja -murmuró con una mueca-. Siempre estoy coqueteando contigo.
Ginny soltó una carcajada, rápidamente llevándose las manos a la boca cuando reparó en lo poco femenina que era aquella acción. Se sonrojó aún más. ¿Qué demonios le pasaba? Prácticamente comía todos los días con ese chico, ¿por qué estaba tan nerviosa?
-No, no -negó Blaise, retirándole las manos del rostro-. Me encanta como te ríes…
-Blaise -saludó una despampanante rubia sentándose frente a la pareja. Su largo cabello dorado caía en bucles suaves y perfectos, y poseía unos magníficos ojos verdes. Su nariz estaba ligeramente respingona, sus labios gruesos en la medida perfecta y de pómulos altos. Todo en ella rezumaba elegancia y dinero.
Ginny se encogió en su asiento, disparando una breve mirada a su vestimenta.
-No te invite a sentarte, Greengrass -espetó Blaise con veneno, sus ojos tan fríos como el hielo.
-No te lo pedí -respondió la rubia, mirando hacia donde Ginny estaba sentada. No se perdió en lo absoluto la mirada de desprecio total que le mando-. Weasley…
-¿Uhm? ¿Nos conocemos? -tartamudeo Ginny. La rubia parpadeo como si la hubieran golpeado antes de arrugar la nariz con desdén.
-Los sangre pura no tartamudean, ¿no se lo has dicho, Blaise? -preguntó al moreno. Blaise bufó con desprecio.
-Esas son reglas de Draco, no mías -espetó, mirándola con sospecha-. ¿Qué es lo que quieres, Daphne?
-Necesitaba hablar contigo -respondió recatadamente.
-Yo no quiero hablar contigo –respondió de inmediato el moreno. Ginny se tragó una maldición cuando la chica puso los ojos en blanco, inclusive con aquella reacción era demasiado hermosa.
-No es si quieres -contraatacó con cierta burla-. ¿Has visto a Draco?
Ginny sintió a Blaise tensarse.
-¿Ahora estas detrás de Draco? -preguntó con enojo-. No te creí tan estúpida como para ir detrás suyo cuando todos en Slytherin saben de su enamoramiento por Hermione.
-Ambos sabemos que algunos enamoramientos nunca funcionan -respondió Daphne, disparándole una mirada a Ginny-. Pero no estoy detrás suyo. Es sobre Astoria.
Blaise resopló.
-Estas yendo por el camino equivocado, blondie -se burló-. Malfoy definitivamente no quiere tener nada que ver con tu hermana, o con tu familia para el caso.
-¿Eso es lo que piensan los Malfoy? -preguntó Daphne, inclinando ligeramente la cabeza y haciendo saltar algunos mechones rubios. Blaise apartó el brazo de encima de Ginny, y se inclinó hacia delante sobre la mesa, mirando con furia a penas contenida a la rubia.
-Espero que eso no sea una amenaza, Greengrass -murmuró, letal-. Porque no te gustará como responderé a ella.
Un tenso silencio se deslizó entre los dos, y Ginny se sintió ligeramente avergonzada al admitir que le encantó como la rubia retrocedió en su asiento, con una mirada de miedo en el rostro.
-Lo que sea -bufó Daphne, echándose el cabello por detrás del hombro antes de mirar una ultima vez a Ginny-. A los Slytherin les encanta divertirse, muchísimo -le dijo-. Pero cuando llega la hora de escoger, jamás tomaran a la muñeca deseada -Ginny frunció el ceño con confusión-. Escogerán a la princesa, por que así es como funciona.
-Daphne… -advirtió Blaise.
-Eres bonita, de manera simple, claro está -continuó Daphne, levantándose del asiento-. Estoy segura de que a su prometida no le importara mantenerte. Todas somos conscientes del afecto que nuestros maridos tienen por sus putas -soltó con veneno. Se dio la vuelta y se marchó.
-Joder -escupió Blaise, frotándose la nuca con fuerza.
-¿Tu prometida? -preguntó Ginny, girándose hacia Blaise. Sabía que la mayoría de los sangre pura aun mantenían las viejas costumbres de comprometer a sus vástagos a corta edad a cambio de tratos comerciales, pero no…
-No tengo ninguna prometida -respondió Blaise-. Daphne solo está molesta porque pensó que obtendría el titulo cuando nunca se lo ofrecí.
-Si tú lo dices… -murmuró Ginny, sintiéndose repentinamente fría.
-Ginny…
-¡Ginny!
-Joder -repitió Blaise, poniendo los ojos en blanco hacia Luna Lovegood que tomaba el asiento que Daphne acababa de dejar libre. Otras dos chicas más, Abbott y Bones de Hufflepuff, tomaron los otros asientos.
-Hola chicas -saludó la pelirroja, tratando de apartar los pensamientos pesimistas.
-Sentimos interrumpir, pero Susan y Hannah insistieron que querían conocer al famoso Blaise Zabini, quien, según tu opinión, está caliente como el demonio -dijo Luna, sonriendo con calidez.
Tanto Ginny como Susan y Hannah enrojecieron inmediatamente mientras Blaise soltaba una risita ronca.
-Joder, bella pazzo… -murmuró Blaise, divertidísimo-. Estaba empezando a olvidar lo divertido que es pasar el tiempo contigo.
Luna le sonrió en respuesta.
-A mí también me divierte pasar tiempo contigo, Blaise -contó la Ravenclaw, girándose hacia las dos Hufflepuff-. Que, por cierto, Blaise Zabini es amigo mío. También lo son Draco Malfoy, Hermione Granger, Theodore Nott, Vincent Crabbe y Gregory Goyle.
-Deberías ir agregando a Pansy Parkinson en aquella lista -aportó Blaise-. Está empezando a juntarse con nosotros más tiempo del que usualmente acaparaba.
-¡Oh! Estaré encantada -admitió la rubia, sonriendo aun más. Esta vez, Blaise no pasó desapercibido el destello que se asomó alrededor de su cuello. Un collar de corchos de cerveza de mantequilla.
-Me gusta tu collar -anunció el moreno-. Nunca lo había visto.
-¿De verdad? -Luna inclinó la cabeza-. Siempre lo traigo puesto -sacudió la cabeza, como si de repente se acordara de algo-. Por cierto, estas son Susan Bones y Hannah Abbott, nos conocimos por Ginny.
-Un placer -dijo Blaise, su mirada deteniéndose un poco más de tiempo en Bones-. ¿Ya nos habíamos visto antes? -preguntó, como si realmente estuviera tratando de ubicar su rostro. La chica parpadeo por la sorpresa.
-No sabía que los Slytherin tenían clases con los Hufflepuff -dijo Ginny, con un poco de amargura en la voz. Había notado el interés brillando en los ojos del moreno.
-No las tenemos -concordó-. Pero creo que Greg casi la aplasta una vez, hace un par de meses si no me equivoco.
La pelirroja abrió los labios, dispuesta a soltar una perorata digna de admiración cuando Neville Longbottom se sentó a su lado. Rápidamente Ronald Weasley y Harry Potter aparecieron juntos, arrastrando sillas con ellos y sentándose alrededor de la mesa.
El Slytherin parpadeo repetidas veces.
-¿Qué demonios hacen? -les espetó.
-Pensé que tardarías más en llegar -dijo Luna hacia Potter. El chico de las gafas se encogió de hombros.
-Cho se enfadó cuando le dije que tenía que verte, y me dejó varado después de eso -murmuró el Gryffindor.
Blaise puso los ojos en blanco.
-Seguro que sí…
-¿Pero está todo bien entre ustedes, no? -preguntó Ginny, a un lado de Blaise. El moreno se tensó, pero la pelirroja no pareció captarlo.
-No lo sé, ¿creo…?
-Eso aun no responde por qué están interrumpiendo nuestra cita -dijo Blaise antes de que Ginny pudiera hablar.
-¿Cita? ¿Estas en una cita con esta serpiente? -acusó Weasley, fulminando a su hermana con la mirada.
-¿No lo sabían? -preguntó Luna, sin reparar en la tensión que envolvía a los presentes-. Lo declararon ante todo el Gran Comedor y…
-No creo que quieran escuchar eso… -cortó Ginny, enrojeciendo. Cuando los ojos del trío dorado cayeron sobre ella, la pelirroja fingió que su completa atención había sido robada por el tarro con cerveza de mantequilla frente a ella.
Blaise hizo una mueca.
-¿Entonces haremos lo de "El Quisquilloso" o no? -preguntó Longbottom, dirigiéndose a Luna. La rubia sonrió brillante.
-Por supuesto -respondió, mirando hacia Blaise-. ¿Quiere escuchar mi entrevista a Harry…?
-Mejor me voy -cortó Blaise con desdén antes de que la rubia pudiera continuar con su pregunta. Que lo condenaran si tenía que compartir aire con el trío dorado por más de cinco minutos.
-Blaise… -murmuró Ginny, pero cuando sus ojos se cruzaron con los del moreno era obvio que no sabía qué decir.
-Lo que sea -bufó, levantándose de la silla. Metió la mano dentro del bolsillo de su pantalón y procedió a sacar unos galeones, que tiró sobre la mesa sin miramientos-. Disfruten su reunión -soltó con veneno y se alejó de la mesa. Antes de que siquiera llegara a la salida, alcanzó a ver un destello rubio inusual.
Tomó la salida fácil, así que rápidamente se acercó a sus amigos.
-¿Interrumpo? -preguntó, aunque no espero respuesta mientras se tiraba en la silla frente a ellos. Draco tenía un brazo envuelto alrededor de los hombros de Hermione y lo veía con enfado, Hermione, en cambio, le sonrió radiante.
-Sí -soltó Draco antes de que Hermione pudiera hablar.
-Draco -riño la castaña.
-Lastima -se mofó Blaise, tomando el tarro con cerveza de mantequilla frente al rubio y se lo tomó de un gran trago. Rápidamente se limpió los labios con la servilleta desechable y miró a ambos adolescentes-. ¿Y bien? ¿Ya están saliendo?
-¿Cómo?
-Blaise, cierra la boca -interrumpió Draco.
-Eso es un no -asintió el moreno-. Entonces no te importará que tome prestada a Hermione unos minutos.
-¿Qué? -gruñó Draco.
-Digo, si no están saliendo no te importará que venga conmigo unos minutos…
-Estamos saliendo -siseo el rubio, las palabras siendo arrastradas en advertencia-. Así que lárgate y déjanos en paz.
-Nosotros no estamos saliendo -dijo Hermione, ligeramente sonrojada-. ¿Qué es lo que necesitas, Blaise?
-Es obvio que él no necesita nada, solo está jodiendo con nosotros porque su cita se arruinó -espetó Draco, con los hombros tensos. Blaise lo fulminó con la mirada.
-Mi cita no se arruinó.
-¿Ah, no? -se mofó Draco-. Entonces estás aquí interrumpiéndonos solo porque se te vino en gana -continuó-. Dime, ¿fuiste tú o fue Potter?
-¿Disculpa? -se sacudió Blaise.
-Quien arruinó la cita. ¿Tú o Potter? -indagó, enarcando una ceja-. ¿O fue Ginevra? Quien obviamente sigue enamorada de Potter.
-¡Draco! -regañó Hermione, quitándose el brazo del rubio de encima. Draco hizo una mueca ante el gesto, pero no se giró a mirarla.
-Al menos yo di el paso y no me quede esperando -espetó el moreno. Un musculo se trabó en la mandíbula del rubio.
-Yo no estoy esperando nada -siseo Draco-. Les he dicho mil veces que estoy cortejando a Hermione.
-Sí, claro -resopló el moreno-. Por que ella está tan metida en tu cortejo…
-¡Dejen de hablar de mí como si no estuviera aquí! -regañó Hermione, mirando con enojo a ambos adolescentes-. Y no hay ningún cortejo…
-¡Y a la mierda que no lo hay! –siseo Draco, girándose hacia una muy sorprendida Hermione. No se había esperado el arrebato del rubio-. ¿Cuántas veces tengo que repetir que no es una maldita broma?
-Draco…
-No. Es. Una. Maldita. Broma. -dijo Draco, con los dientes fuertemente apretados-. No estoy jugando. Hablo totalmente en serio, Hermione. Desde el primer momento.
La castaña parpadeo repetidas veces, antes de fruncir el ceño.
-Tendrías que habérmelo preguntado.
-¡Eso hice! -llamó Draco, alzando la voz.
-¡No, no lo hiciste! ¡Solo asumes como siempre! -le gritó Hermione-. No soy un capricho, Draco. No soy algo que puedes poseer y después tirar cuando no te sirve. ¡No funciona así!
-¡No es eso lo que estoy haciendo, maldición! -le gritó Draco en respuesta.
-¡Entonces demuéstralo y deja de jugar, maldita sea! -sollozó Hermione, respirando con fuerza. Sus ojos estaban ligeramente acuosos y sus mejillas sonrojadas. Antes de que Draco pudiera hacer algo, la castaña se levantó como impulsada por un resorte y salió corriendo de la taberna.
Un silencio sepulcral siguió su huida.
-Joder, fratello -silbó el Slytherin de tez oscura. La mirada grisácea de Draco se apartó de la puerta y se enfocó en su amigo-. ¿A qué estas esperando? -preguntó, señalando hacia la salida.
Draco maldijo por debajo antes de salir corriendo del lugar. Blaise soltó un chiflido impresionado mientras recogía la cerveza de mantequilla que Hermione había dejado, su mirada desviándose a la mesa que había ocupado antes. Todos lo miraban, y no solo los estudiantes de aquella mesa.
El moreno les sonrió con soberbia, levantó el tarro en señal de brindis ante las miradas sorprendidas de Potter y compañía y se bebió la cerveza. En seguida se lamió los labios.
Bueno, al final no todo se fue por el caño. Ahora solo tenía que buscar a sus amigos para informarles del avance que creó.
Se restregó con fuerza los brazos contra el rostro, tratando de apartar las lágrimas de furia. Un nudo difícil de tragar estaba alojado en su garganta y, aunque se le fuera la vida en ello, no podía recordar lo que le había gritado a Draco. ¡Oh, por Cirse! ¡Ella nunca le había gritado a Draco de esa manera! ¡Nunca se habían peleado de esa manera!
Gritándose como críos de nuevo ingreso… ¿en qué estaba pensando? Sacudió la cabeza, haciendo saltar sus rizos castaños. ¡Oh, Salazar! ¡Oh, Salazar! ¿Qué había hecho?
Draco no podía estar hablando en serio, ella no podía ser el verdadero olor de su amortentia, no tenía sentido. A Draco le gustaba bromear, era su mejor amigo, lo conocía mejor que nadie. ¿Pero realmente estaba tan dispuesto a renunciar a todo por ella? No había manera, no podía haberla. Él no lo haría…
-¡Hermione!
La mano del Slytherin se enroscó alrededor de su muñeca, girándola con brusquedad y haciéndola caer contra el pecho del rubio. Antes de que siquiera pudiera reparar en lo que estaba pasando, los labios de Draco estaban encima de los suyos. Ásperos, los movía con torpeza.
Era su primer beso, de ambos.
El joven heredero de los Malfoy se apartó en seguida, pero tomó el rostro de la castaña con delicadeza entre sus manos.
-He estado enamorado de ti desde la primera vez que entraste en nuestro compartimento buscando el estúpido sapo de Neville Longbottom -soltó de carrerilla, como si le faltara el aire-. Con tu tonito de sabionda mientras le ordenabas a Blaise para que aplicará algún hechizo estúpido sobre el libro que Theo estaba leyendo.
-Draco… -jadeo Hermione.
-Estaba asustado, tan jodidamente asustado cuando reparé en el hecho de que tus padres eran muggles -susurró el rubio, trazando con su pulgar el labio inferior de Hermione-. Toda mi vida me habían enseñado que los nacidos de muggles eran inferiores a nosotros, los sangre pura. Toda mi maldita vida… estaba tan jodidamente decepcionado -murmuró-. Y luego el sombrero te seleccionó para Slytherin y yo estaba tan sorprendido. Una nacida de muggles en nuestra casa… no había manera -dijo con asombro, como si volviera a recordar esa época de su vida-. Eras más, definitivamente tenías que ser más si te tocaba vestir de plata y esmeralda.
-No soy más, Draco… -contradijo Hermione-. No sé por qué el sombrero me seleccionó a Slytherin, pero definitivamente no soy más. Podré vestir de plata y esmeralda -dijo-, pero sigo siendo una nacida de muggles.
-Y eso me da totalmente igual, Hermione… ¿qué no lo entiendes? -jadeo-. No es un maldito capricho ni una manera de demostrarle a alguien que tengo a la única nacida de muggles de la historia en ser seleccionada a Slytherin como mi pareja… -negó-. Te quiero a ti, Hermione. Solo a ti. Ahora, mañana, siempre… Quiero que cuando salgamos de Hogwarts anunciemos ante el mundo mágico que estamos comprometidos, y quiero casarme contigo y formar una familia… envejecer juntos…
-Draco… -sollozó Hermione, sin poder decir nada más.
-No eres un capricho -repitió con vehemencia-. Eres mi mejor amiga, Hermione… eres mi mundo entero…
La boca de Hermione se estrelló contra la de Draco, torpemente. Le echó los brazos alrededor del cuello, lo besó. Fue un poco brusco, pero bastante dulce a la vez.
Cuando volvieron a separarse, Hermione inhaló con fuerza.
-Eres tú… -murmuró, sin perderse ningún atisbo de alegría que el rubio estaba destellando-. Tú eres mi amortentia.
La sonrisa de Draco se ensanchó y, de repente, alguien la arrancó de un tirón de entre los brazos del rubio. Parpadeo repetidas veces, completamente confundida mientras reparaba en el chico parado frente a ella.
-Esto es todo, ¡te reto a un duelo! -siseo Theo, enterrando un dedo contra el pecho del rubio-. ¡Has cruzado la línea!
-Theo…
-Como si pudieras ganarme en un duelo -bufó Draco, mirándole con enojo.
-Manchaste su honor -encaró el castaño.
-Theo… -intentó una vez más Hermione.
-¿Me disculpas, Hermione? -le espetó el chico-. Estoy tratando de salvarte de la desgracia…
-¡Por Salazar, Theo! -le gruñó, dándole un golpe en la espalda-. Draco ha estado cortejándome desde primer año, prácticamente. Por no mencionar que no soy una Nott de sangre, no hay honor que manchar.
-Hermione.
-Y es tu mejor amigo, así que más te vale no decir algo de lo que después te arrepentirás -le reprochó la castaña, pasando por su lado y lanzándose a los brazos del rubio. Draco le sonrió con petulancia al castaño que lo fulminó con la mirada.
-Uno que está aquí tratando de defenderte y tú -se quejó el castaño.
-¿Y por qué tendrías que defenderla? -preguntó Pansy, que había llegado junto al castaño, Vincent, Gregory y Blaise para ver aquel segundo beso bastante desastroso. Sintió más que verlo cuando los chicos se tensaron-… Oh, así que me están ocultando algo más… -siseo, su nariz arrugándose por el enojo.
-¡Es un día para celebrar! -cantó Blaise, echándosele a Theo sobre los hombros-. La regalità dei serpenti è finalmente fidanzata! -brincó, arrastrando a Theo consigo. El castaño tropezó con una roca y ambos terminaron tirados en el suelo.
-¡Quítate de encima, burro! ¡Ahora! ¡Ya mismo! -aulló, soltando palmadas, pero el moreno no soltó su agarre.
Gregory y Vincent rieron mientras Pansy rodaba los ojos, fingiendo que no alcanzó a ver como Draco y Hermione volvieron a besarse.
-Sigan riéndose todo lo que quieran -susurró a los dos musculosos chicos-. Aun estoy esperando una explicación –los amenazó. Las risas de los dos chicos se volvieron un poco amargas, pero siguieron fingiendo que no la habían escuchado.
Febrero, 15. 1996.
Hogsmeade.
Casa de los gritos.
19:07 p.m.
-Estoy esperando una explicación lo suficientemente aceptable para explicar esta escena -murmuró el profesor Snape, su mirada paseando por cada rostro de los siete chicos delante suyo.
La habitación que había visitado hace dos años estaba vacía, así que era más fácil percibir la madera roída y las ventanas estrelladas. El tapiz de las paredes cayendo a pedazos.
-¿Cómo nos encontró? -preguntó Gregory, tenía un mohín en los labios.
-Los vi mientras se dirigían al Sauce Boxeador -respondió el profesor Snape-. Y aun requiero de mi explicación.
-Supongo que sabe sobre las reuniones del "ED" -dijo Hermione, cuando era obvio que nadie más lo haría. El profesor Snape asintió-. Solíamos entrenar en la Sala de los Menesteres, pero ya que ellos la usan… -se encogió de hombros-… necesitábamos encontrar una nueva sala para…
-¿Practicar magia negra? -preguntó, enarcando una ceja.
Theo pegó un bote, y Draco hizo una mueca de incomodidad. Vincent no parecía afectado, pero Gregory, Blaise y Hermione estaban ligeramente avergonzados. Pansy, en cambio, los veía ofendidas.
-¿Estaban practicando magia negra? -chilló en un tono muy agudo.
-Uhm -Vincent hizo una mueca de incomodidad.
-¿Cómo…? -empezó Draco, ignorando a ambos chicos.
-He visto las cicatrices en los brazos de Blaise -respondió el profesor Snape, también ajeno a la rabieta que Pansy estaba a punto de montar, pero en seguida se sorprendió más.
-¿Qué cicatrices? -espetó la chica.
-¡Ah! Así que tampoco sabía sobre eso -dijo el profesor Snape con aire distraído-. Supondré que tampoco sabe sobre la carencia de varita mágica por parte del señor Nott.
-¿Qué? -graznó Theo mientras Pansy no paraba de boquear-. ¿Cómo lo…?
-Conozco las varitas de cada uno, Theo -respondió el profesor Snape antes de enfocar su mirada en Blaise-. Señor Zabini, si vuelve a entrar en mi despacho sin mi permiso… voy a maldecirlo.
-Uy.
-Y quiero mi copia de vuelta.
-Se la daré mañana -masculló Blaise como niño castigado.
-¿Entonces se acabo la etapa de magia negra? -preguntó el profesor enarcando una ceja.
-Como los odio -siseo Pansy en voz baja.
-De hecho, ahora estamos practicando magia no verbal -corrigió Vincent, con cierto orgullo en su voz e ignorando a la Slytherin-. Estamos con el hechizo Expelliarmus…
-¿Y usted que encantamientos está aprendiendo señorita Parkinson? -preguntó su mentor.
Pansy infló las mejillas y soltó el aire en seguida.
-Expulso y Confringo -respondió con cierto rencor.
El profesor Snape se quedó mirando un largo tiempo a los chicos sentados sobre el suelo delante suyo antes de volver a hablar-:
-Supondré que están al corriente del hecho de que no solo hay mortífagos en el lado del Señor Tenebroso, si no también Dementores…
-Bueno, sí, pero…
-Levántense -ordenó el profesor de Pociones, cortando la respuesta de Gregory. Los siete adolescentes se levantaron con cierta dificultad, el cansancio brillando en sus jóvenes rostros-. Esto será muchísimo más difícil para usted, señor Nott -continuo-. Ya que carece de su propia varita mágica, manejar la de otro es una tarea ardua…
-Lo sé -respondió Theo con un asentimiento de cabeza.
-Estamos intercambiando nuestras varitas -dijo Hermione antes de que el profesor Snape pudiera hablar-. Así el nivel de dificultad es igual para todos.
Algo parecido al orgullo brilló en los ojos de su profesor, haciendo que unas cautas sonrisas empezaran a surcar los rostros de los Slytherin.
-El hechizo que tratare de enseñarles es magia muy avanzada -explicó el profesor Snape, sacando su varita mágica del bolsillo de su túnica-. El patronus es una especie de fuerza positiva, una proyección de las mismas cosas de las que el dementor se alimenta: esperanza, alegría, deseo de vivir... y no puede sentir desesperación como los seres humanos, de forma que los dementores no lo pueden herir… ¡Especto Patronum! -el mago hizo una floritura en el aire y de la punta de su varita surgió un animal plateado, deslumbrante y cegador. Los Slytherin se cubrieron los ojos unos segundos antes de tratar de adivinar qué estaban viendo.
-Es un ciervo -exclamó Hermione, maravillada con el hechizo. El profesor Snape asintió.
-¿Cómo…? -Draco se atragantó con las palabras, sin saber exactamente qué preguntar.
-El encantamiento solo funcionará si se concentran con todas sus fuerzas en un solo recuerdo de mucha alegría -respondió el profesor Snape a la pregunta no realizada. El ciervo de luz estaba perfectamente quieto al centro de la habitación, dejándose admirar-. Este es un patronus corpóreo.
-¿Todos tienen la misma forma? -preguntó Pansy.
-Es según el mago que lo invoque -Hermione fue quien respondió a la pregunta de su amiga-. ¿Tengo entendido que Potter es capaz de realizar un patronus corpóreo? -dijo Hermione, recordando la discusión que había tenido su jefe de casa con Dumbledore a finales de su tercer curso.
-¿Qué? -jadeo la azabache.
-Sí -asintió el profesor Snape con una mueca de malestar en la boca.
-Bueno, si Potter es capaz de conjurarlo entonces nosotros también -masculló Blaise, y antes de que alguien más pudiera hablar alzó la varita mágica (que pertenecía a Vincent) y gritó-: ¡Especto Patronum!
Febrero, 16. 1996.
Gran Comedor.
07:02 a.m.
El lunes por la mañana entraron en el Gran Comedor para desayunar en el preciso instante en que llegaban las lechuzas. Se sirvieron de desayunar con movimientos robóticos, estaban bastantes cansados después de semejante entrenamiento, para al final no haber logrado nada más que un vago patronus incorpóreo. Y solo dos de ellos.
Hermione alejó sus copias de "El Quisquilloso" y de "El Profeta" que recibía cada semana sin dar más miramientos. No estaba de humor para leer sobre otro ataque, o sobre las locuras irritantes que escribía el padre de Luna, en cambio, se dedicó a dar un sorbo a su té Vintage Narcissus habitual.
Draco, a su lado, estaba untando una proporción considerable de mermelada de manzana a su pan tostado y Blaise estaba agregando casi cuatro cubos de azúcar a su café. Pansy, sin una pizca de hambre, había recostado su cabeza contra la mesa de madera.
Su habitual calma fue interrumpida cuando Vincent y Gregory escupieron sus respectivas bebidas sobre el rostro desprevenido de Blaise, quien solo pudo cerrar los ojos ante semejante ofensa. Algunos Slytherin se giraron en sus asientos para admirar el húmedo rostro del moreno y la mandíbula desencajada de Theodore Nott, más las miradas de espanto por parte de Gregory y Vincent.
-Figli di puttana -siseo Blaise, palpando a ciegas sobre la mesa para buscar una servilleta. Cuando sus manos encontraron la tela, rápidamente se limpió la cara.
Hermione frunció el ceño, desconcertada por el comportamiento de su hermano y amigos. Pero aquellos tres chicos ni siquiera parecieron captar semejante agresión, sus ojos estaban fijamente puestos sobre sus copias de "El Quisquilloso". Con cierta reticencia (temerosa de lo que se encontraría), tomó su propia copia de la revista y ahogo un grito a duras penas cuando sus ojos se enfocaron en el papel.
Era Harry Potter con una sonrisa tímida plasmada en toda la portada de la revista. Sobre la fotografía de Potter había unas grandes letras rojas que rezaban:
HARRY POTTER HABLA POR FIN:
"TODA LA VERDAD SOBRE EL-QUE-NO-DEBE-SER-NOMBRADO Y LA NOCHE QUE LO VI REGRESAR."
-Mierda, mierda, mierda, mierda -escuchó sisear a Draco como si de un manto se tratara. El joven Slytherin se había inclinado contra su costado para mirar lo que tanto había asustado a sus amigos, y con manos temblorosas, le arrebato la revista de su agarre, olvidando que tenía la suya propia-. No, no, no… -murmuró, abriendo la copia para buscar el artículo.
-¿Por qué parece que Draco vio un fantasma? -preguntó Pansy, que se había enderezado cuando escuchó al rubio. Nadie le respondió, todos tenían la misma expresión de susto en sus rostros mientras leían la estúpida revista de Lovegood, que tenía el rostro de…- ¡Salazar! -aulló, llamando más la atención.
-¿Qué ocurre? -preguntó Adrian Pucey, acompañado de su mejor amigo, Milton Statham que acababan de aparecer para tomar su desayuno.
-¿Una entrevista? -la aguda voz de Umbridge resonó por todo el Gran Comedor. La Suma Inquisidora se cernía sobre la mesa de Gryffindor, justo delante de Potter-. ¿Qué quieres decir con eso?
El estruendo que provocó Gregory llamó más la atención que la propia Umbridge, cuando de un violento golpe mandó a volar su copa de oro junto a su plato y una charola por lo largo de la gran mesa de las serpientes. Algunos Slytherin soltaron gritos de sorpresa y molestia cuando la comida les salpico el rostro o las túnicas, pero antes de que alguien pudiera quejarse Gregory ya se había levantado y caminaba con furia fuera del Gran Comedor.
Faltó tiempo para que los estudiantes que apenas iban entrando se apartaran de su camino.
-¿Malfoy? -cuestionó Ambrose, de séptimo año. Sus largas trenzas africanas se sacudieron cuando una copia de la revista fue lanzada hacia él. Vincent no tardó en seguir a su amigo fuera del Gran Comedor.
Ni siquiera había terminado el desayuno cuando todos los Slytherin ya estaban enterados del artículo.
A media mañana aparecieron colgados enormes letreros por todo el colegio, no solo en los tablones de anuncios, sino también en los pasillos y en las aulas.
POR ORDEN DE LA SUMA INQUISIDORA DE HOGWARTS.
Cualquier estudiante al que se sorprenda en posesión de la revista "El Quisquilloso" será expulsado del colegio.
Esta norma se ajusta al Decreto de Enseñanza n°27.
Firmado: Dolores Jane Umbridge. Suma Inquisidora.
Hermione suspiró frustrada mientras leía el anuncio, su brazo envuelto alrededor del de Draco, que miraba con furia asesina la nueva norma.
-Esto solo hará que más personas lean el estúpido artículo -siseo el rubio, sus manos temblando de rabia.
-Nos jodió -masculló Theo, el color no había regresado a su rostro desde esa mañana-. Umbridge nos jodió con esta estúpida norma -dijo, tallándose con fuerza la frente.
-¿Umbridge? -escupió Gregory, sus hombros tensos mientras miraba a muerte a cada estudiante que pasaba y lo miraba. Vincent, a su lado, blandía la varita mágica con ademán distraído-. Lovegood fue quien nos jodió -dijo, recordándole lo que Blaise les había contado.
Theo giró el cuello tan rápido que Hermione temió que se lo hubiera lastimado.
-Luna no…
-No la defiendas, fratello -cortó Blaise, que estaba al otro lado del pasillo con las manos dentro de los bolsillos de su pantalón. Pansy rebotaba con nerviosismo a su lado-. Ella fue quien entrevistó a Potter.
-Si no mal recuerdo, la niña Weasley también estaba ahí -siseo Theo, mirando hacía el moreno.
-Ella no orquestó esto -espetó Blaise de vuelta, saltando fuera de la pared.
-No, pero estaba al tanto -la voz de Pansy temblaba de rabia-. Te lo he dicho, Blaise, y te lo repito. La familia Weasley está llena de traidores.
-Concuerdo con Pansy -asintió Vincent, su rostro neutral. Blaise hizo una mueca, listo para soltar más veneno.
-¡Basta! -ordenó Hermione en un susurro-. Basta -repitió-. Ya tenemos suficiente con el estúpido artículo, no necesito que discutan por ello -dijo, para dar la vuelta y alejarse por el pasillo. Draco, que aún la sostenía del brazo, les lanzó una mirada de advertencia.
Con los dos Slytherin fuera, la discusión quedo estancada.
Febrero, 22. 1996.
Vestíbulo de Hogwarts.
17:01 p.m.
-¡No! -gritó la profesora Trelawney- ¡NO! ¡Esto no puede ser! ¡No puede ser! ¡Me niego a aceptarlo!
Hermione tenía una sonrisa de malicia en el rostro, envuelta en el cálido abrazo de Draco Malfoy, su novio, estaba totalmente al pendiente del escandalo que la profesora Trelawney estaba armando. Definitivamente las cosas estaban mejorando: solo el día anterior había ganado su partido contra Hufflepuff y dos días atrás había logrado conjurar un Protego no verbal.
El estruendo causado por la entrevista a Potter por fin estaba pasando de moda y ahora, aquella charlatana de Trelawney, por fin estaba siendo despedida. No es que realmente tuviera una vena malvada, era solo el hecho de que si Hogwarts era tan magnifico como decían no deberían tener profesores no certificados en su nómina.
La profesora (exprofesora realmente) Trelawney se encontraba de pie en medio del vestíbulo, sosteniendo la varita en una mano y una botella vacía de jerez en la otra, completamente enloquecida. Tenía el pelo parado, las gafas se le habían torcido, de modo que uno de los ojos aparecía más grande que el otro, y sus innumerables chales y bufandas le colgaban desordenadamente de los hombros causando la impresión de que se le habían descosido las costuras. En el suelo, junto a ella, había dos grandes baúles, uno de ellos volcado, como si se lo hubieran lanzado desde la escalera. La profesora Trelawney miraba fijamente, con gesto de terror hacía Umbridge, que estaba parada al pie de la escalera.
Los estudiantes, abarrotados, presenciaban la escena.
-¿No se imaginaba que iba a pasar esto? -preguntó Umbridge con su asquerosa voz aguda e infantil- Pese a que es usted incapaz de predecir ni siquiera el tiempo que hará mañana, debió darse cuenta de que su lamentable actuación durante mis supervisiones, y sus nulos progresos, provocarían su despido.
-¡N-no p-puede! -bramó la profesora Trelawney, a quien las lágrimas le resbalaban por las mejillas por detrás de sus enormes gafas- ¡No p-puede despedirme! ¡Llevo d-dieciséis años aquí! ¡Hogwarts es m-mi hogar!
-Era su hogar hasta hace una hora, en el momento en que el ministro de Magia firmó su orden de despido -la corrigió Umbridge. Y la sonrisa de malicia de Hermione desapareció al ver que el placer le ensanchaba aún más la cara de sapo mientras contemplaba cómo la profesora Trelawney, que lloraba desconsoladamente, se desplomaba sobre uno de sus baúles- Así que haga el favor de salir de este vestíbulo. Nos está molestando.
Sin embargo, Umbridge se quedó dónde estaba, regodeándose con la imagen de la profesora Trelawney, que gemía, se estremecía y se mecía hacía delante y hacía atrás sobre su baúl en el paroxismo de su dolor.
-Okey, está siendo un poco perra -siseo Hermione, perdiendo toda la diversión del rostro. Se disponía a avanzar hacia ellas, pero el brazo de Draco que se enroscaba en su cintura se hizo más apretado.
-Ni lo pienses, Granger -le susurró al oído, sus labios tocando su oreja-. De por si la cara de sapo ya te tiene fichada, no necesitas ser expulsada de Hogwarts por defender a alguien como Trelawney.
La réplica de Hermione se atascó en su garganta cuando McGonagall salió de entre los espectadores, yendo directamente hacía la profesora Trelawney para darle firmes palmadas en la espalda al mismo tiempo que se sacaba un gran pañuelo de la túnica.
-Toma, Sybill, toma... Tranquilízate... Suénate con esto... No es tan grave como parece... No tendrás que marcharte de Hogwarts...
-¿Ah, no, profesora McGonagall? -dijo Umbridge con una voz impasible, y dio unos pasos hacia delante- ¿Y se puede saber quién la ha autorizado para hacer esa afirmación?
-Yo -contestó una voz grave.
Las puertas de roble se habían abierto de par en par.
Draco enarcó ambas cejas hacia el poderoso mago que acababa de aparecer.
Dumbledore dejó las puertas abiertas y avanzó, dando grandes zancadas a través del coro de curiosos, hacia la profesora Trelawney, quién seguía temblando y llorando sobre su baúl, con McGonagall a su lado.
-¿Usted, profesor Dumbledore? -se extrañó Umbridge con una risita particularmente desagradable- Me temo que no ha comprendido bien la situación. Aquí tengo -dijo, y sacó un rollo de pergamino de la túnica- una orden de despido firmada por mí y por el ministro de Magia. Según el Decreto de Enseñanza número veintitrés, la Suma Inquisidora de Hogwarts tiene el poder para supervisar, poner en periodo de prueba y despedir a cualquier profesor que, en su opinión, es decir, la mía, no esté al nivel exigido por el Ministerio de Magia. He decidido que la profesora Trelawney no da el ancho, y la he despedido.
Hermione frunció el ceño cuando Dumbledore siguió sonriendo. Miró a la profesora Trelawney, que no dejaba de sollozar e hipar sobre su baúl, y dijo:
-Tiene usted razón, desde luego, profesora Umbridge. Como Suma Inquisidora, está en perfecto derecho de despedir a mis profesores. Sin embargo, no tiene autoridad para echarlos del castillo. Me temo que la autoridad para eso todavía la ostenta el director -dijo, e hizo una pequeña reverencia-, y yo deseo que la profesora Trelawney siga viviendo en Hogwarts.
Al escuchar las palabras de Dumbledore, la profesora Trelawney soltó una risita que no logró disimular su hipido.
-¡No, no! ¡M-me m-marcharé, Dumbledore! M-me iré de Ho-Hogwarts y b-buscaré fortuna en otro lugar...
-No -dijo Dumbledore, tajante- Yo deseo que usted permanezca aquí, Sybill -Se volvió hacia McGonagall y añadió-: ¿Le importaría acompañar a Sybill arriba, profesora McGonagall?
-En absoluto -repuso ésta- Vamos, Sybill, levántate...
Draco suspiró con fastidio, arrastrando a Hermione consigo hacia las mazmorras de Slytherin.
-Y yo que me estaba divirtiendo tanto -resopló con exageración.
-Oye -siseo Hermione, clavándole el codo contra las costillas. Draco sonrió altivo y rápidamente la beso, haciendo que la castaña inmediatamente se relajara.
-Vamos, Herms… -murmuró cuando se alejó unos centímetros de sus labios, admirando el rostro sonrojado de la castaña-. Si no fuera porque odias a Umbridge, también te estarías divirtiendo con la fortuna que le depara a Trelawney.
-Lo que sea –dijo, rodando los ojos ante la mirada victoriosa del rubio.
Marzo, 15. 1996.
Pasillos de Hogwarts.
19:18 p.m.
El castaño soltó un largo suspiro, con las manos dentro de los bolsillos de su pantalón mientras esperaba que la razón por la que Dumbledore le hacía llamar fuera insignificante. Su ceño no se había relajado desde que el profesor Snape lo buscó en la sala común de Slytherin para decirle que el director de Hogwarts lo buscaba. ¡A él! ¡Quien nunca había entrado en el radar del viejo!
Maldijo por debajo cuando por fin llegó frente a la gárgola de piedra, la penúltima instrucción que le había dado su mentor.
-Meigas fritas -dijo, repitiendo las palabras que su jefe de casa le confió unos minutos atrás. La gárgola de piedra se apartó de un brinco, la pared que había detrás se abrió y el joven Slytherin se aventuró por la escalera móvil de piedra. Rápidamente llegó a la brillante puerta con la aldaba en forma de grito y llamó a la puerta.
-Adelante -anunció una voz desde adentro.
Theo entró mientras reprimía otro suspiro, sin dejar de preguntarse la razón de la inminente reunión.
El despacho estaba llenó de gente y el estómago de Theo dio un vuelco, ¿qué demonios había pasado?
Dumbledore se encontraba sentado detrás de su mesa, con expresión serena y con las yemas de los largos dedos juntas. McGonagall estaba de pie, inmóvil, a su lado, con un aspecto muy tenso. Cornelius Fudge, ministro de Magia, se balanceaba hacia delante y hacia atrás sobre las puntas de los pies, junto al fuego, inmensamente complacido, al parecer, con la situación; Kingsley Shacklebolt (un auror que conocía a su padre) y otro mago de aspecto severo con pelo canoso, áspero y muy corto, al que Theo no reconoció, estaban situados a ambos lados de la puerta, como dos guardianes, y Percy Weasley, pecoso y con gafas, como siempre, andaba nerviosos de un lado para otro junto a la pared con una pluma y un grueso rollo de pergamino en las manos, preparado para tomar notas.
Los retratos de antiguos directores y directoras colgando sobre las altas paredes observaban muy serios lo que ocurría frente a sus narices.
-Profesor Dumbledore –saludó Theo, mirando impasible a los adultos. Una rápida inspección le dijo que sus barreras mentales estaban puestas-. El profesor Snape mencionó que estaba buscándome.
-En efecto, joven Nott -dijo Dumbledore con una sonrisa cansada-. Pero me ha surgido, digamos, un imprevisto.
Theo asintió, relajándose un poco ante la admisión del viejo director.
-Puedo volver luego, si así lo prefiere -dijo, ya dando un paso hacia atrás.
-Oh, eso no será necesario -el anciano director lo miró fijamente-. Acérquese, señor Nott. Tengo algo que le pertenece.
Theo, completamente consciente de que ahora era el centro de atención, caminó con paso tenso hasta el escritorio. Su mirada recorrió brevemente el fénix ahí posado antes de que la varita mágica que reposaba sobre la madera acaparara toda su atención.
-¡Mi varita! -se sorprendió el joven, levantándola con rapidez. Inspeccionó el trozo de madera en busca de la partidura que él había creado, pero no había nada. Era exactamente como cuando la recogió en la tienda de Ollivanders-. Muchas gracias, profesor Dumbledore.
-No hay molestia alguna, señor Nott -dijo Dumbledore con una sonrisa complacida antes de tenderle un sobre blanco-. Me ha llegado esto, a mi correo personal -añadió, cuando el chico reparó en el sello desprendido.
Theo frunció el ceño, pero tomó el sobre ofrecido y extrajo la carta.
Tu madre ha dado a luz.
Humildemente te anuncio que es una niña.
Nicholas Nott.
Theo ahogó un grito, leyendo una vez más las líneas frente a él antes de parpadear hacia Dumbledore, que lo miraba atento.
-Esto… ha… -intentó explicar Theo, pero no sabía cómo hacerlo. ¿Por qué razón su padre había mandado la carta a Dumbledore?-. Uhm… -carraspeo-. Gracias, director -dijo con el rostro en blanco.
-Una vez más, no hay molestia –los ojos de Dumbledore brillaron-. Solo le pido atentamente que no vuelva a romper su varita… y mucho menos que la use para encantar a sus compañeros.
El color se drenó del rostro de Theo, que se tambaleo casi imperceptiblemente ante aquella declaración.
-Yo… sí, por supuesto -susurró, listo para salir corriendo cuando la puerta detrás de él se abrió de golpe. Umbridge entró por ella, jalando a Potter consigo.
El castaño enarcó las cejas con sorpresa, pero rápidamente se apartó del escritorio y se colocó al lado de McGonagall. Potter se soltó de Umbridge en cuanto la puerta se cerró detrás de ellos.
Cornelius Fudge lo fulminó con la mirada; la expresión de su rostro transmitía una especie de cruel satisfacción.
-Vaya, vaya -dijo.
Potter le respondió con la mirada más mortal de la que fue capaz.
-Potter volvía a la torre de Gryffindor -explicó Umbridge. Había un dejo de indecente emoción en su voz, el mismo placer cruel que Theo había detectado cuando la bruja despidió a la profesora Trelawney- Malfoy lo ha acorralado.
Theo se tensó al sentir la mirada de Dumbledore y McGonagall sobre él, pero no apartó la mirada de Umbridge.
-¿Ah, sí? -dijo Fudge, agradecido- Que no se me olvide de decírselo a Lucius. Bueno, Potter... Supongo que ya sabes por qué estás aquí.
Potter dudo:
-S.. No.
-¿Cómo dices? -preguntó Fudge.
-No -repitió Potter con fuerza.
-¿No sabes por qué estás aquí?
-No, no lo sé -declaró Potter.
Fudge miró con incredulidad a Umbridge mientras Theo se preguntaba en qué momento lo despedirían para que pudiera marcharse a anunciar sobre su encuentro con Dumbledore. Sorprendería a más de uno, estaba seguro.
-De modo que no tienes ni idea de por qué la profesora Umbridge te ha traído a este despacho -prosiguió Fudge con una voz cargada de sarcasmo- ¿No eres consciente de haber violado ninguna norma del colegio?
-¿Norma del colegio? -se extrañó Potter- No.
-¿Ni ningún decreto ministerial? -puntualizo Fudge con enojo.
-Que yo sepa, no -contestó Potter con suavidad.
Theo se tragó una risa al mirar la cara de estupefacción de Fudge y la mirada de estúpido de Percy Weasley.
-¿Entonces no sabes que hemos descubierto una organización ilegal en este colegio? -continuó Fudge con una voz cargada de profunda ira.
-No, no lo sabía -aseguro Potter fingiendo inocencia y sorpresa-. ¿Es por esa razón que Nott está aquí también? ¿Estamos siendo acusados de algo?
Theo soltó un respingo cuando los ojos de todos cayeron sobre él.
-¿Eh? -se atragantó-. Yo no he hecho nada -dijo en seguida antes de entrecerrar los ojos hacia Potter-. ¿Qué insinúas, Potter? -escupió con desprecio.
-Bueno, el ministro acaba de anunciar que descubrieron una organización ilegal -dijo Potter, con el mismo desprecio en su voz-. Y tengo entendido que tu padre…
-No cruces esa línea, Potter -siseo el castaño en advertencia, su mano dando un espasmo para buscar la varita que había guardado en su túnica-. ¿Qué mierda crees que hago en mi tiempo libre? ¿Entrenar para prospecto de mortífago?
-¡Señor Nott! -se escandalizó McGonagall.
-Creo, señor ministro -intervino Umbridge con voz melosa-, que ahorraríamos tiempo si fuera a buscar a nuestra informadora.
-Sí, sí, claro -afirmó Fudge, y miró maliciosamente a Dumbledore mientras la bruja salía del despacho- No hay nada como un buen testigo, ¿verdad, Dumbledore?
-Nada, Cornelius -replicó el director con gravedad e inclinó la cabeza.
Theo y Potter aún seguían mirándose con rencor cuando la atención de Fudge cayó en el Slytherin.
-Joven Nott -saludó, como si apenas hubiera reparado en su presencia.
-Señor ministro -dijo Theo, tenso como una cuerda de guitarra mientras le hacía un asentimiento de cabeza al mago.
-¿Cómo ha estado tu padre? -preguntó gratamente curioso- No lo he visto en mucho tiempo, y he escuchado rumores muy desagradables que cierta revista risible soltó sobre él.
-Esta en perfecto estado de salud -respondió Theo con brusquedad, su ceño frunciéndose-. Y no sabía que prestaba atención a chismes infundados, señor ministro. Mi padre estaría seriamente decepcionado -advirtió-. Y no quiero imaginarme como se lo tomaría el señor Malfoy.
-No, por supuesto que no -dijo Fudge en seguida, tragando con nerviosismo-. Solo era simple observación…
-Claro, señor ministro -dijo Theo sin desviar la vista del mago. La puerta volvió a abrirse detrás de Potter. Umbridge entró al despacho y pasó a su lado, sujetando por el hombro a Marietta Edgecombe, la amiga de pelo rizado de Cho Chang, que se tapaba la cara con las manos.
-No tengas miedo, querida, no pasa nada -le aseguro Umbridge con ternura, dándole unas palmaditas en la espalda- Tranquila, tranquila. Has hecho lo que tenías que hacer. El ministro está muy contento contigo. Le dirá a tu madre de lo bien que te has portado. La madre de Marietta, señor ministro -añadió dirigiéndose a Fudge -, es Madame Edgecombe, del Departamento de Transportes Mágicos, Oficina de la Red Flu. Ha sido ella quien nos ha ayudado a vigilar las chimeneas de Hogwarts.
-¡Estupendo, estupendo! -exclamó Fudge, entusiasmado- De tal palo, tal astilla, ¿eh? Bueno, querida, mírame, no seas tímida. Cuéntanos qué es lo que... ¡Gárgolas galopantes!
Cuando Edgecombe levantó la cabeza, Fudge pegó un salto hacia atrás, horrorizado, y estuvo a punto de caer al fuego de la chimenea. Maldijo en voz alta y le tuvo que dar un pisotón al dobladillo de su capa, que había empezado a humear. Edgecombe soltó un gemido y se levantó el cuello de la túnica a la altura de los ojos, pero todos la habían visto yo que tenía la cara completamente desfigurada por una apretada franja de pústulas moradas que le cubrían la nariz y mejillas formando la palabra: SOPLONA.
Theo se atragantó con la carcajada que soltó cuando la mirada furiosa de McGonagall volvió a él.
-Lo siento, lo siento… -se disculpó, ligeramente avergonzado por su comportamiento, pero cuando volvió a mirar a Edgecombe no pudo reprimir su siguiente carcajada. Empezó a toser descontroladamente y tuvo que enterrar su rostro contra el librero a su espalda para tratar de sofocar su ataque.
-Ahora no te preocupes por los granos, querida -dijo Umbridge con impaciencia, disparando miradas de furia a la espalda del castaño, que se sacudía por la risa- Quítate la túnica de la boca y cuéntale al ministro... -Pero Edgecombe emitió otro amortiguado gemido y movió con energía la cabeza haciendo un gesto negativo- Está bien, boba, ya se lo contaré yo -le espetó Umbridge, quién volvió a dibujar su repugnante sonrisa y dijo-: Verá, señor ministro, la señorita Edgecombe ha venido a mi despacho esta noche, poco después de la cena, y me ha comunicado que tenía que contarme una cosa. Me ha dicho que, si iba a una sala secreta que hay en el séptimo piso, conocida como la Sala de los Menesteres, descubriría algo que me convenía saber. Le he formulado unas cuantas preguntas y ella ha reconocido que allí iba a celebrarse una especie de reunión. Desgraciadamente, en ese preciso instante ha entrado en funcionamiento este maleficio -señalo con desdén la cara de Edgecombe- y al verse la cara en mi espejo, la niña se ha alterado tanto que no ha podido explicarme nada más.
-Y como no… -jadeo Theo-… si se ha puesto tan fea como… -y volvió a tragarse sus palabras cuando cayó en cuenta del silencio sepulcral en el despacho, y que, por lo tanto, podía escucharse su voz-. Lo siento… -volvió a disculparse, sin voltearse.
-Muy bien -carraspeó Fudge ignorando a Theo y dirigió a Edgecombe una mirada que pretendía ser amable y paternal-; has sido muy valiente, querida, yendo a contárselo a la profesora Umbridge. Has hecho precisamente lo que tenías que hacer. Y ahora, ¿quieres explicarme qué ha pasado en esa reunión? ¿Quién participaba en ella? -Pero Edgecombe, que tenía la vista fija en la espalda del Slytherin se negó a hablar y se limitó a negar de nuevo con la cabeza- ¿No tenemos un contraembrujo para esto? -le preguntó Fudge a Umbridge, impaciente, señalando el rostro de Edgecombe- ¿Para que podamos hablar con libertad?
-Todavía no lo he encontrado -admitió de mala gana Umbridge- Pero no importa que la niña quiera hablar. Yo puedo relatar el resto de la historia. Como recordará, señor ministro, en octubre le envié un informe en que explicaba que Potter se había reunido con unos cuantos compañeros suyos en el pub Cabeza de Puerco de Hogsmeade...
-¿Y qué pruebas tiene de eso? -interrumpió McGonagall.
-Tengo el testimonio de Willy Widdershins, Minerva, que casualmente se encontraba en el pub en ese momento. Iba vendado de pies a cabeza, no lo niego, pero eso no le impedía oír -respondió Umbridge con petulancia- Oyó todo lo que dijo Potter y se apresuró a venir conmigo al colegio para contarme...
-¡Ah, de modo que por eso no lo procesaron por poner los inodoros regurgitantes! -se indignó McGonagall arqueando las cejas- ¡Qué gran ejemplo del funcionamiento de nuestro sistema judicial!
-¡Escándalo! ¡Corrupción! -bramó el retrato del mago corpulento de nariz roja que colgaba en la pared sobre donde Theo estaba parado, provocándole un susto tremendo y deteniendo su ataque de risa en ese momento-. ¡En mis tiempos el Ministerio no hacía tratos con pequeños delincuentes, no, señor!
-Gracias, Fortescue, ya basta -dijo Dumbledore con voz queda.
-El propósito de la reunión de Potter con esos estudiantes -continuó la Profesora Umbridge- era persuadirlos para unirse en una sociedad ilegal, cuya meta era aprender hechizos y maldiciones que el Ministerio considera son inapropiados para la edad escolar.
-Creo que te encontrarás con que estás equivocada en eso, Dolores –señaló Dumbledore tranquilamente, mirándola fijamente sobre sus gafas de medialuna colocadas a mitad de camino sobre su nariz torcida.
Theo disparó una mirada a la puerta, preguntándose en ese momento que tan rápido podía llegar a ella sin que lo vieran. Las cosas se estaban poniendo muy serias ahí mismo, y aun seguía sin entender por qué razón no le habían pedido que se retirara.
-¡Ajá! -explotó Fudge, balanceándose sobre sus pies arriba y abajo nuevamente - ¡Sí, Dumbledore, déjenos oír el último cuento chino diseñado para sacar a Potter de un problema! Adelante, Dumbledore. Adelante… Willy Widdershins estaba mintiendo, ¿verdad? ¿O quizás Potter tenía un gemelo idéntico en Cabeza de Puerco ese día? ¿O es la habitual explicación simple que involucra un cambio en el sentido del tiempo, un muerto que regresa a la vida o una pareja de dementores invisibles?
Percy Weasley dejó escapar una fuerte carcajada.
-¡Muy bueno, señor ministro, muy bueno!
-Lameculos -escupió Theo en voz lo suficientemente alta para hacerse oír, pero sin interrumpir la conversación. Potter, por primera vez desde que lo conocía, se rio por la ofensa de un Slytherin a un Gryffindor.
-Cornelius, no te voy a mentir… y tampoco, estoy seguro, lo hará Harry. Él estuvo en Cabeza de Puerco ese día, y es cierto que estaba tratando de reclutar estudiantes para su grupo de Defensa Contra las Artes Oscuras -habló Dumbledore-. Sólo quiero puntualizar que Dolores está muy equivocada al sugerir que tal grupo era, para ese momento, ilegal. Si recuerdas, el Decreto del Ministerio prohibiendo todas las sociedades estudiantiles no entró en efecto hasta dos días después que Harry se reuniera en Hogsmeade, así que él no rompió ninguna regla en Cabeza de Puerco.
Percy Weasley lo miró como si le hubieran golpeado el rostro con algo muy pesado. Fudge permaneció inmóvil en mitad de su balanceo, con la boca abierta. Theo contuvo un bufido, que manera de salirse por la tangente, lo admitía.
Umbridge fue la primera en recuperarse.
-Todo eso está bien, director -aceptó ella, sonriendo dulcemente-, pero hace casi seis meses de la implantación del Decreto Educacional Número Veinticuatro. Si la primera reunión no era ilegal, todas las que han ocurrido desde entonces ciertamente sí lo son.
-Bueno -dijo Dumbledore, examinándola con cortes interés desde la parte superior de sus dedos entrecruzados – definitivamente lo serían, si hubieran continuado después que el Decreto entró en efecto. Tú no tienes evidencia de que esas reuniones continuaran, ¿verdad?
Mientras Dumbledore hablaba, Theo se había girado una vez más hacia la puerta con el anhelo grabado en el rostro cuando vio como Shacklebolt sacudía su varita en dirección de Edgecombe y un destello blanquecino y casi desapercibido le rosaba el brazo a la chica, pero cuando el auror recorrió el despacho para ver si alguien lo había visto, Theo ya estaba mirando con demasiada fascinación sus lustrosos zapatos.
-¿Evidencia? – repitió Umbridge, con esa horriblemente ancha sonrisa de sapo - ¿Acaso no me escuchó, Dumbledore? ¿Por qué cree que está aquí la señorita Edgecombe?
-¿Oh, ella nos puede contar acerca de seis meses de reuniones? -preguntó Dumbledore, elevando sus cejas-. Yo tenía la impresión de que solo estaba reportando la reunión de esta noche.
-La señorita Edgecombe -replicó Umbridge de inmediato- nos dijo cuanto tiempo llevaban efectuándose estas reuniones. Querida, basta con que asientes o niegues con la cabeza, estoy segura de que eso no empeorara las pústulas. ¿Esto ha venido ocurriendo regularmente durante los últimos seis meses?
¿De verdad sería el fin de Potter? ¿Por fin lo expulsarían? ¿Realmente podría estar ocurriendo? Pero, aunque aquellas preguntas rondaban la cabeza de Theo, un malestar le removió el estómago. Eso era desear demasiado, y lo sabía.
-Sólo asiente o niega con tu cabeza, querida – animó Umbridge persuasiva-. Vamos, no se reactivará el maleficio.
Todos en la habitación miraban la parte superior del rostro de Edgecombe. Únicamente sus ojos eran visibles entre las ropas elevadas y su flequillo rizado. Quizás fuera un truco de la luz que originaba el fuego, pero sus ojos se veían extrañamente vacíos. Theo no necesitó reparar en que negaba con la cabeza, sabía que Shacklebolt la había hechizado.
Umbridge miró rápidamente a Fudge, luego regresó a Edgecombe.
-No creo que hayas entendido la pregunta, ¿verdad, querida? -insistió Umbridge- Te pregunté si has estado yendo a esas reuniones durante los últimos seis meses. Lo has hecho, ¿verdad? -Edgecombe volvió a negar con la cabeza-. ¿Qué quieres decir con ese gesto? -preguntó Umbridge con voz irritada.
-Yo pensaría que su significado está suficientemente claro -intervino McGonagall severamente-, no ha habido reuniones secretas durante en los seis últimos meses. ¿Es eso correcto, señorita Edgecombe?
La Ravenclaw asintió.
-Pero ¡esta noche ha habido una reunión! -gritó furiosa Umbridge-. ¡Ha habido una reunión en la Sala de los Menesteres, tú misma me lo has dicho, Edgecombe! Y Potter era el jefe, ¿no? Potter la organizó, Potter… ¿Por qué sigues negando con la cabeza, niña?
-Bueno, normalmente, cuando alguien mueve la cabeza de un lado a otro significa no -apuntó Theo, sin darse cuenta realmente de que había hablado-. Digo, inclusive al burro de Blaise le sería facilísimo entender aquel gesto…
Umbridge, para sorpresa de Theo, agarró a Edgecombe por los hombros, la hizo girar para colocarla frente a ella y empezó a zarandearla con brusquedad. Dumbledore se puso en pie de inmediato con la varita levantada; Kingsley dio un paso adelante y Umbridge soltó a la chica y se apartó de ella agitando las manos, como si se las hubiera quemado.
-No puedo permitir que maltrate a mis alumnos, Dolores -afirmó Dumbledore, que, por primera vez, parecía enfadado.
-Haga el favor de calmarse, Madame Umbridge -pidió Shacklebolt con su lenta y grave voz- Supongo que no querrá meterse en problemas, ¿no?
-Sí -respondió Umbridge jadeante y levantó la cabeza hacia la altísima figura de Kingsley-. Es decir, no... Tiene razón, Shacklebolt, es que... he perdido el control.
Edgecombe se había quedado exactamente donde Umbridge la había soltado. No parecía alterada por el repentino ataque de la profesora ni aliviada porque la hubiera soltado; seguía sujetando el cuello de su túnica bajo sus ojos ausentes, y miraba fijamente hacia delante.
¿Qué clase de hechizo le han lanzado? Se cuestionó Theo.
-Dolores -dijo Fudge, como si intentara zanjar definitivamente el asunto-, la reunión de esta noche, la que se ha celebrado...
-Sí -repuso Umbridge serenándose-, sí... Bueno, la señorita Edgecombe me avisó y yo me dirigí inmediatamente al séptimo piso, acompañada por ciertos alumnos dignos de confianza, para sorprender a los que participaban en la reunión. Sin embargo, al parecer se les previno de mi visita, porque, cuando llegamos al séptimo piso, los vimos correr por los pasillos en todas direcciones. Pero no importa. Tenemos sus nombres, pues pedí a la señorita Greengrass que entrara en la Sala de los Menesteres para ver si se habían dejado de algo allí. Necesitábamos pruebas, y la sala nos las ha proporcionado -Theo vio, sorprendido, como Umbridge sacaba del bolsillo una lista de nombres y se lo entregaba a Fudge- En cuando vi el nombre de Potter en la lista comprendí cuál era el asunto -añadió con voz queda.
¿Esa bola de estúpidos habían sido tan estúpidos cómo para dejar colgando una lista con sus nombres dentro de la Sala de los Menesteres? Theo estaba horrorizado de aquella imbecilidad que parecía cargar sobre las cabezas de los amigos de Potter.
-Excelente -dijo Fudge, y exhibió una sonrisa de oreja a oreja- Excelente, Dolores. Y... ¡rayos y truenos! -Miró a Dumbledore, que seguía junto a Edgecombe, con la varita en la mano, aunque sin apretarla- ¿Ha visto como se llaman? -comentó Fudge en voz baja- Ejército de Dumbledore.
El director estiró el brazo y tomó el trozo de pergamino de las manos de Fudge. Dio un vistazo al título y levantó la cabeza con una sonrisa en los labios.
-Bueno, el juego ha terminado -afirmó con sencillez- ¿Quiere una confesión firmada, Cornelius, o bastará con una declaración ante los testigos?
-¿Qué? -chistó Theo en voz baja sin perderse la miradita que McGonagall y Shacklebolt se lanzaban. El miedo reflejado en sus caras. Potter, completamente horrorizado.
-¿Una declaración? -repitió el ministro lentamente- Pero ¿qué...?
-Ejército de Dumbledore, Cornelius -dijo el director sin dejar de sonreír mientras agitaba la lista de nombres ante la cara de Fudge- Ejército de Potter no. Ejército de Dumbledore.
-Pero..., pero... -De pronto el rostro de Fudge se iluminó. Dio un paso hacia atrás, horrorizado, gritó y volvió a apartarse de un brinco del fuego- ¿Usted? -susurró mientras volvía a patear su chamuscada capa.
-Exacto -afirmo Dumbledore con tono amable.
-¿Usted organizó esto?
-Así es -confirmó Dumbledore.
-¿Reclutó a estos alumnos para... para su ejército?
-Esta noche teníamos que celebrar la primera reunión -afirmó Dumbledore asintiendo con la cabeza- Únicamente para preguntarles si les interesaría unirse a mí. Ahora me doy cuenta de que cometí un error al invitar a la señorita Edgecombe, por supuesto
Edgecombe asintió. Fudge la miró, y luego volvió a mirar a Dumbledore inspirando profundamente.
-¡Entonces es cierto que ha estado conspirando contra mí! -chilló.
-En efecto -admitió Dumbledore con desenfado.
-¡NO! -gritó Potter-. ¡No, profesor Dumbledore!
-Cállate, Harry, o me temo que tendré que hacerte salir de mi despacho -le advirtió el director sin alterarse.
-Joder… desearía tener unas grageas ahora mismos -susurró Theo impresionado. Solo, impresionado. Qué manera de sacar a Potter de problemas (una vez más).
-¡Sí, cállate, Potter! -rugió Fudge, que todavía se comía a Dumbledore con los ojos con una mezcla de deleite y horror-. Vaya, vaya, he venido a Hogwarts creyendo que iba a expulsar a Potter, y resulta que…
-Resulta que me tiene a mí -acabó la frase Dumbledore, sonriente-. Es como perder un knut y encontrar un galeón, ¿verdad?
-¡Weasley! -gritó Fudge, temblando de placer-. Weasley, ¿lo ha apuntado, todo, todo lo que Dumbledore ha dicho, su confesión? ¿Lo tiene todo?
-¡Sí, señor, creo que sí, señor! -contestó Weasley con ímpetu. Tenía la nariz salpicada de tinta de lo rápido que había tomado las notas.
-¿Lo de que intentaba formar un ejército contra el Ministerio y que se proponía desestabilizarme?
-¡Sí, señor, lo tengo, sí! -confirmó Weasley, y revisó sus notas con regocijo.
-Muy bien -dijo Fudge, radiante de alegría-, entonces haga una copia de sus notas, Weasley, y mándela cuanto antes a "El Profeta". ¡Si enviamos una lechuza rápida podrán publicarla en la edición de la mañana! -Weasley salió a toda prisa del despacho y cerró la puerta tras él. Entonces el ministro se volvió hacia Dumbledore-. ¡Ahora lo escoltarán hasta el Ministerio, donde será formalmente acusado, y luego lo enviarán a Azkaban, donde permanecerá hasta el día del juicio!
Theo se ahogó con las grageas imaginarias mientras Potter se ponía tan pálido como un fantasma.
-¡Ah, sí! -repuso el director sin alterarse-. Sí. Ya pensé que podíamos tropezarnos con ese problema.
-¿Problema? -se extrañó Fudge, cuya voz todavía vibraba de alegría-. ¡Yo no veo ningún problema, Dumbledore!
-Pues bien -prosiguió éste como si se disculpara-, me temo que yo sí.
-¿Ah, sí?
-Verá, se trata únicamente de que parece engañarse usted pensando que voy a…, ¿cuál es la expresión?..., entregarme sin oponer resistencia. Eso es, me temo que no voy a entregarme sin oponer resistencia, Cornelius. No tengo ninguna intención de ser enviado a Azkaban. Podría fugarme de allí, por supuesto, pero qué pérdida de tiempo, y francamente, se me ocurren un montón de cosas que preferiría hacer en lugar de eso.
-Ay, Salazar -jadeo Theo, poniéndose pálido. El rostro de Umbridge cada vez estaba más colorido; era como si se estuviera llenando de agua hirviendo. Fudge miró a Dumbledore con cara de tonto, como si acabaran de asestarle un porrazo y no pudiera creer del todo lo que había pasado. Emitió un ruidito ahogado y se volvió hacia Kingsley y hacia el individuo de pelo canoso, áspero y corto que era el único de los que se hallaban en el despacho que había permanecido callado hasta entonces; este hombre le dedicó un gesto tranquilizador a Fudge y dio un paso adelante separándose de la pared. Theo vio que se llevaba disimuladamente una mano hacía el bolsillo.
Sí, definitivamente, iba a vomitar. ¿En qué mierda se había quedado estancado?
-No seas necio, Dawlish -dijo Dumbledore con cordialidad-. Estoy seguro de que eres un excelente auror, pues creo recordar que sacaste "Extraordinario" en todos tus ÉXTASIS, pero si intentas… llevarme por la fuerza, tendré que hacerte daño.
El hombre que se llamaba Dawlish parpadeó como un tonto y volvió a mirar a Fudge, pero esta vez en busca de una señal sobre lo que debía hacer a continuación.
-Así que pretende enfrentarse a Dawlish, a Shacklebolt, a Dolores y a mí sin ayuda de nadie -dijo Fudge con desdén tras recuperarse, pero Theo no contaría con Shacklebolt en esa conjunción-, ¿no es eso, Dumbledore?
-¡No, por las barbas de Merlín! -repuso el director, sonriente-. A menos que sea usted lo bastante estúpido, para obligarme a hacerlo.
-Uy, golpe bajo -y dicho esto, Theo empezó a moverse sigilosamente hacía la puerta.
-¡No se enfrentará a ustedes sin ayuda de nadie! -intervino McGonagall en voz alta, y metió la mano dentro de su túnica.
-¡Ya lo creo, Minerva! -exclamó Dumbledore con vehemencia-. ¡Hogwarts la necesita!
-¡Basta de tonterías! -gritó Fudge, y sacó también su varita-. ¡Dawlish! ¡Shacklebolt! ¡Aprésenlo!
Un rayo de luz plateada recorrió la sala; se oyó una explosión, parecida a un disparo, y el suelo tembló; y Theo se tiró al suelo al mismo tiempo que estallaba un segundo destello de luz plateada; varios retratos gritaron, el graznido del fénix sonó y una nube de polvo llenó el despacho.
-Cuando una batalla está perdida, solo los que huyen pueden combatir en otra -recordó haberlo leído en algún libro sobre filosofía muggle. Repitió aquellas palabras una y otra vez en su cabeza mientras se arrastraba hasta la puerta, detuvo su retirada cuando la mirada de Potter cayó sobre él, reprochándolo. Él no debería reprocharle nada, era bastante obvio que McGonagall lo estaba protegiendo en ese punto y… un cuerpo salió volando por encima suyo-. ¡A la mierda! -aulló, se levantó de un salto y abriendo la puerta de un girón, bajó corriendo las escaleras de mármol sin esperar a que éstas lo bajaran.
Dumbledore tenía afecto por los Gryffindor, eso era seguro, y en lo que a Theo respectaba, su túnica seguía siendo plateada y esmeralda.
Allá Potter si quería jugar al héroe, se dijo mientras corría por los pasillos hacia las mazmorras de Slytherin. Donde estaría cien por ciento seguro entre las varitas de sus amigos.
Sala común de Slytherin.
21:09 p.m.
Blaise tenía una sonrisa insanamente grande en su moreno rostro mientras veía a Theo, quien estaba sumamente pálido sobre unos de los sillones al centro de la sala común. Prácticamente toda la comitiva de las serpientes estaba alrededor de la misma, escuchando con distintos grados de diversión, interés y curiosidad el relato que Theo acababa de recitar.
-¿Entonces Dumbledore se fugó? -preguntó James Steward, de séptimo año.
Theo, por tercera vez, volvió a asentir ante la misma pregunta del pelirrojo.
-Joder con el viejo -silbó Malcom Baddok, también de séptimo año. Brutus estaba sentado a su lado, con una sonrisa maliciosa en el rostro.
-No puedo creer que Fudge haya sido tan estúpido para enfrentarse a Dumbledore -opinó Isobel, negando con la cabeza-. Digo, el director está un poco zafado de la cabeza, pero sigue siendo el mago más poderoso de todos los tiempos.
-No puedes culpar a Fudge -dijo Stuart Craggy, de sexto-. Ha estado tratando de callar las insinuaciones de Potter sobre cierto mago oscuro, por no mencionar que busca desacreditar a Dumbledore bajo cualquier prospecto. Esta era su oportunidad, lastima que se les escapó.
-¿Cómo saben que se escapó? -preguntó Ansel Graham, que a diferencia del resto de los estudiantes de primer año, le habían permitido escuchar el relato de primera mano-. Nott no se quedó para averiguarlo.
-¡Por favor, pequeño Graham! -se burló Adrian, rodando los ojos con falso hastío-. ¿No acabas de escuchar lo que dijo Isobel, renacuajo?
-¡Eh! -reprendió Brutus-. ¿Cuántas veces tengo que repetirte que no te metas con los de nuevo ingreso?
-¿Atrapaste a Potter? -le preguntó Theo a Draco, que estaba sentado a su lado mientras Brutus y Adrian discutían. Hermione, sentada sobre el brazo del sofá, se rio.
-Ups -el platinado se encogió de hombros sin sentirlo realmente-. Solo admitiré que fue culpa suya en todo sentido.
-¿Y cómo sería culpa suya? -bufó Theo, recuperando un poco de color.
-Bueno… -dijo Draco, con su brazo rodeando el respaldo del sofá-. Estábamos regresando de la torre de Astronomía cuando Potter apareció de la nada y empujó a Hermione.
Theo se giró a Hermione, quien se encogió de hombros e hizo un gesto con su cabeza hacia sus rodillas desnudas, ligeramente raspadas.
-Ese imbécil -negó Theo.
-No sabía que lo estaban siguiendo -aceptó Draco-. Pero como si mi importara una mierda, fratello. Le lance el encantamiento Carpe Retractum para atraparlo y obligarle a pedir disculpas cuando Umbridge apareció acompañada por Vincent y la niña Greengrass… -ese último nombre lo dijo con desdén.
Vincent, parado a dos pasos, se rio.
-Por cierto -dijo Pansy, sacudiendo su larga cabellera-. ¿Por qué razón te buscaba Dumbledore? Ya no lo anunciaste.
-Oh, cierto -dijo, sacando su varita mágica mientras le tendía la carta a Draco, que la aceptó con el ceño fruncido-. Dumbledore arregló mi varita.
-¿¡De verdad!? -preguntó Gregory, ajeno a la sorpresa en el rostro de Draco, quien le tendía el sobre a Hermione-. ¿Cómo lo hizo?
-No tengo idea -dijo el castaño, escuchando claramente el grito ahogado de su hermana-. Pero me dijo que no volviera a usarla para maldecir a un compañero.
-¿¡Qué!? -siseo Blaise, la mandíbula colgando-. ¿Lo sabe?
-Oh, claro que lo sabe -respondió Theo-. Lo que me lleva a preguntarme, ¿por qué nunca nos detuvo?
Los Slytherin guardaron silencio ante aquella pregunta.
Marzo. 16. 1996.
Pasillos de Hogwarts.
14:12 p.m.
POR ORDEN DEL MINISTERIO DE MAGIA.
Dolores Jane Umbridge (Suma Inquisidora) sustituye a Albus Dumbledore como director del Colegio de Hogwarts de Magia y Hechicería.
Esta orden se ajusta al Decreto de Enseñanza n°28.
Firmado: Cornelius Oswald Fudge, ministro de Magia.
Los letreros estaban pegados por todo el castillo, pero eso no explicaba cómo era posible que todo el mundo, sin exceptuar a nadie en el castillo, supiera que Dumbledore había burlado a dos aurores, a la Suma Inquisidora, al ministro de Magia y su asistente junior, y había escapado.
-¡Zabini!
El susodicho se detuvo en su caminar al Gran Comedor, con los hombros tensos y las manos en puños. Ese definitivamente no estaba siendo un gran día.
Había dormido hasta tarde el día anterior ya que en las mazmorras de Slytherin se festejó el despido (o renuncia) de Dumbledore. Tuvo dos horas seguidas de Historia de la Magia y DCAO. A parte del hecho de que Umbridge les había indicado que debían supervisar todos los malditos pisos del castillo a quien incumpliera los Decretos de Enseñanza, la razón por la que estaba llegando tarde a la comida.
Los Slytherin nunca llegaban tarde.
Jamás.
Delante suyo, a las puertas del Gran Comedor, estaban Fred y George Weasley, junto a Lee Jordan, Angelina Johnson, Katie Bell y Michael Corner. Un gruñido retumbo en la garganta del joven moreno mientras, con pasos desconfiados, se acercaba a los Gryffindor de mayor edad.
-¿Qué quieres? -les gruñó, de mal humor.
-¿Alguien se levantó del lado equivocado de la cama? -se burló George Weasley. Un musculo se trabó en la mandíbula de Blaise.
-Si eso es todo, me voy -siseo, listo para entrar al Gran Comedor.
-Espera -dijo Fred Weasley, poniendo el gesto más serio que pudo reunir en su rostro. Aunque si los veía bien, todos los Gryffindor estaba muy serios-. Gracias por habernos salvado ayer.
El moreno hizo una mueca, su incomodidad dándose a notar. Ayer su debilidad le había ganado, y había defendido a los seis chicos de Adrian, Milton, Joe y Stuart que los habían atrapado. La misma razón por la cual los Slytherin de sexto año lo veían mal.
-No necesito tu agradecimiento, Weasley -dijo Blaise, encogiéndose de hombros con rigidez-. Solo no vayas repitiéndolo por ahí.
-No lo haremos -sonrió George, pero la sonrisa no llegó a sus ojos-. Por cierto, hemos metido a Pucey dentro del armario evanescente del último piso.
-Genial -se quejó Blaise-. Ahora debo informar al profesor Snape -dijo, mirando con anhelo dentro del Gran Comedor. A este punto, sabía que no debía presentarse, había roto la regla principal de su casa.
Los Gryffindor se rieron de Blaise, pero no había malicia alguna en su risa.
-Ten, toma -dijo Lee Jordan, tendiéndole tres envolturas cerradas de ranas de chocolate. Blaise miró con desconfianza el gesto, pero terminó por aceptarlo.
-Bueno…. -murmuró el chico, retrocediendo un paso para dirigirse ahora hacia el despacho de su jefe de casa.
-Hemos intentado disculparnos con Hermione sobre lo que ocurrió en el partido -habló George una vez más antes de que Blaise pudiera retirarse-. Pero Malfoy…
-No los perdonará -dijo, asintiendo con la cabeza. Los gemelos Weasley bajaron los hombros en derrota.
-Nos lo suponíamos… -dijo Fred.
-¡Por cualquier cosa, Blaise, no vayas al pasillo del segundo piso! -le gritó George cuando Blaise ya iba de vuelta hacía las mazmorras. El chico les frunció el ceño, pero se encogió de hombros sin más.
Dos horas después, los gemelos Weasley partieron de Hogwarts montados en sus escobas mágicas mientras la mayoría de la escuadra inquisitorial se sumergía hasta las pantorrillas en un pantano apestoso que se había formado mágicamente dentro de uno de los pasillos de Hogwarts.
No hacía falta decir que Umbridge estaba furibunda.
Marzo, 20. 1996.
Mazmorras de Slytherin.
21:22 p.m.
-Creía que al armario no funcionaba, pero la realidad es que solo no funciona como debería -dijo Draco, acompañando a su mentor de vuelta hacia su despacho. Iban en busca de una pócima para tranquilizar los nervios de Adrian Pucey, que había aparecido cuatro días después en los baños del cuarto piso.
El chico tenía una mirada de confusión total en el rostro, pero cuando le contaron que llevaba más de tres días desaparecido cayó en un ataque de pánico masivo.
-Si no fuera porque esos gemelos Weasley se largaron del colegio, yo mismo los hubiera maldecido -gruñó el profesor Snape, abriendo la puerta de su despacho. Draco, que iba caminando detrás suyo, se golpeo contra la espalda de su mentor cuando este se detuvo.
El joven frunció el ceño, con una pregunta en los labios, pero el profesor Snape no le dio tiempo de hacerla. Furioso, atravesó la estancia en dos grandes zancadas, y tomó a Harry Potter del brazo con un agarre mortal, que hasta ese momento sumergía su cabeza dentro del pensadero.
El Gryffindor giró la cabeza para ver quién lo estaba sujetando, y su rostro se descompuso con horro cuando vio al profesor Snape detrás de él, lívido de rabia.
-¿Te diviertes?
Draco tragó con fuerza ante la furia escrita en el rostro de su mentor.
-¿Y bien? -preguntó el profesor Snape; que cada segundo apretaba con más fuerza el brazo de Potter-. ¿Te lo has pasado bien, Potter?
-N-no -contestó Potter al mismo tiempo que intentaba liberar su brazo.
El profesor Snape daba miedo: le temblaban los labios, estaba blanco como el papel y enseñaba los dientes.
-Tu padre era un tipo muy gracioso, ¿verdad? -dijo el profesor, y zarandeó a Potter hasta que le resbalaron las gafas por la nariz.
-Yo… no…
El profesor Snape empujó a Potter con todas sus fuerzas y éste cayó estrepitosamente contra el suelo de la mazmorra.
-¡Señor! -jadeo Draco, llamando la atención de los dos. Por lo visto, se les había olvidado que estaba ahí con ellos.
-¡No le cuentes a nadie lo que has visto! -bramó el profesor Snape, volviendo su atención una vez más a Potter.
-No -repuso Potter y se levantó tan lejos como pudo del profeso Snape-. No, claro que no…
-¡Largo de aquí! ¡No quiero volver a verte jamás en este despacho!
Y cuando Potter salía disparado hacia la puerta, un tarro de cucarachas muertas se estrelló sobre su cabeza, haciendo que Draco se estremeciera. El Gryffindor abrió la puerta de un tirón, y echó a correr por el pasillo.
El despacho del profesor Snape quedó sumergido en un silencio sepulcral. Draco no pudo apartar su mirada el cuerpo tembloroso de su mentor, que miraba fijamente el pensadero que había encima de la mesa.
No tenía ni idea de qué estaba pasando ya que cuando había buscado a su mentor una media hora atrás él le aseguró que Potter solo estaba tomando una clase extra de Pociones, pero ahora que veía el pensadero, todo era un poco confuso. El profesor Snape solo usaba el pensadero cuando les daba clase de Oclumancia, guardando ahí los recuerdos que no quería que ninguno de ellos viera y que, por lo visto, Potter había presenciado.
Sin decir palabra alguna, caminó hasta el armario y buscó la pócima tranquilizante. En menos de tres minutos, salió del despacho mientras cerraba la puerta detrás de sí. Dejando que el profesor Snape lidiara en soledad con las emociones que parecían embriagarlo.
Abril, 07. 1996.
Torre de Astronomía.
23:00 p.m.
Los TIMO´s había empezado sorprendentemente bien para los Slytherin. A diferencia de los demás alumnos, ellos no habían tenido que pasar horas extras en la biblioteca repasando Pociones, Transformaciones o Encantamientos. Inclusive habían tenido tiempo de ayudar a Pansy con sus estudios, tomar sus clases de magia no verbal y sin varita, la cuales iban progresando demasiado bien.
Lo único que hasta el momento seguía costándoles problemas era el encantamiento Patronus. Casi todos ellos estaban a la mitad de conjurar uno incorpóreo cuando Vincent, para sorpresa de todos, hizo danzar un patronus corpóreo fuera de su varita mágica en forma de mapache.
-¿Cómo…? -había preguntado Gregory, fascinado.
-Solo tienes que repetir tu recuerdo más hermoso una y otra vez hasta que lo tengas -había respondido Vincent con una orgullosa sonrisa mientras su mapache de luz brincaba a su alrededor.
Eso había ocurrido el día anterior a tomar su TIMO de Pociones, donde fueron elogiados por el aplicador gracias a su velocidad y eficacia en el manejo de las pociones. Había sido más de los mismo en el resto de las asignaturas, incluso durante el de DCAO, donde Potter miró sorprendido el hecho de que Vincent lo había imitado al conjurar un patronus.
-Se le subirá a la cabeza -se había burlado Blaise, negando con la cabeza mientras conjuraba un Protego bastante poderoso, con la vista fija en el patronus de Vincent que corría entre las patas del venado plateado de Potter.
Así que habían salido vivos y con la frente en alto hasta el TIMO final, que resultó ser el de Astronomía. Eran las once de la noche, y el cielo estaba despejado para que los astros se dejaran admirar. La plateada luz de la luna bañaba los jardines y soplaba una fresca brisa.
Como siempre, fueron los primeros en llegar, así que tuvieron que esperar pacientes a que el resto de los estudiantes de quinto grado aparecieran. Que, siendo sinceros, no fue demasiado tiempo. Ya habían montado su telescopio cuando la profesora Marchbanks dio la orden para iniciar el examen.
El profesor Tofty y la profesora Marchbanks se paseaban entre los alumnos, vigilando mientras éstos anotaban la posición exacta de las estrellas y de los planetas que observaban. Solo se oía el susurro del pergamino al cambiarlo de posición, el ocasional chirrido de un telescopio al ajustarlo sobre su trípode, y el rasgueo de las plumas. Al cabo de una hora y media, los rectángulos de luz dorada que se proyectaban sobre los jardines fueron desapareciendo conforme se apagaban las luces en el castillo.
Pero cuando Hermione estaba completando la constelación de Orión en su mapa celeste, las puertas del castillo se abrieron, justo debajo del parapeto donde se encontraba ella, y la luz se esparció por los escalones de piedra hasta alcanzar el césped. Hermione miró hacia abajo, fingiendo que ajustaba un poco la posición de su telescopio, y vio cinco o seis alargadas siluetas que avanzaban por la hierba iluminada; entonces se cerraron las puertas y el césped se convirtió de nuevo en un mar de oscuridad.
Hermione volvió a pegar el ojo al telescopio y lo enfocó para examinar Venus. Luego dirigió la vista hacia su mapa para anotar la posición del planeta, pero algo la distrajo; se quedó quieta, con la pluma suspendida sobre la hoja de pergamino, miró hacia los oscuros jardines entrecerrando los ojos, y vio a media docena de personas que caminaban por ellos. Si aquellas figuras no hubieran estado en movimiento, y si la luz de la luna no hubiera hecho que les brillara la coronilla, Hermione no habría podido distinguirlas del oscuro suelo por el que andaban. Incluso desde aquella distancia, a la chica le pareció reconocer los andares de la figura más baja, que al parecer era la que guiaba al grupo.
No se le ocurría ninguna razón para que la Umbridge hubiera salido a pasear a los jardines pasada la media noche, y menos aún acompañada de otras cinco personas. Alguien le soltó un ligero golpe en el brazo, y al girar reparó en que Draco fingía estar anotando algo antes de hacer un gesto al profesor Tofty que recorría la estancia con la mirada. La castaña se mordió el labio, recordando que estaba a la mitad de un examen. Se le había olvidado por completo la posición de Venus. Pegó el ojo al telescopio, la encontró de nuevo e iba a anotar su posición en el mapa cuando, atenta a cualquier ruido extraño, oyó golpecitos lejanos que resonaron por los desiertos jardines, seguidos inmediatamente por los amortiguados ladridos de un perro.
-Joder, Hermione, concéntrate -le masculló Draco en voz tan baja que temió haberlo imaginado.
-Lo siento, es que… -se oyó un rugido procedente de la lejana cabaña que resonó en la oscuridad y llegó hasta lo alto de la torre de astronomía, cortando la disculpa de Hermione. Varios alumnos que los Slytherin tenían cerca, como el trío dorado, se separaron de sus telescopios y miraron hacia la cabaña de Hagrid.
El profesor Tofty carraspeo.
-Chicos, chicas, intenten concentrarse -dijo en voz baja. Casi todos los alumnos siguieron escudriñando el cielo con sus telescopios. Hermione echó un vistazo a la izquierda. Potter miraba, petrificado, hacia la cabaña de Hagrid-. Ejem…, veinte minutos… -anunció el profesor Tofty.
Hermione pegó un brinco y volvió a concentrarse de inmediato en su mapa celeste. Entonces se oyó un fuerte ¡PUM! que procedía de los jardines, y varios estudiantes exclamaron: ¡AY! al golpearse la cara contra el extremo de la mira de sus telescopios cuando se apresuraron a observar lo que estaba pasando.
La puerta de la cabaña de Hagrid se había abierto, y la luz que salía de dentro les permitió verlo con bastante claridad: una figura de gran tamaño rugía y enarbolaba los puños, rodeada de seis personas, las cuales intentaban aturdirlo a juzgar por los finos rayos de luz roja que proyectaban hacia él.
-No -gritó Parvati Patil.
-¡Señorita! -exclamó escandalizado el profesor Tofty-. ¡Esto es un examen!
Pero ya nadie prestaba atención a los mapas celestes. Todavía se veían haces de luz roja junto a la cabaña de Hagrid, aunque rebotaban en él; el semigigante aún estaba en pie y a Hermione le pareció que no había dejado de defenderse. Por los jardines resonaban gritos y un hombre bramó: ¡Se razonable, Hagrid!
-¿Razonable? -rugió él- ¡Maldita sea, Dawlish, no me llevarán así!
Hermione vio la silueta de Fang, que intentaba defender a su amo y saltaba repetidamente sobre los magos que rodeaban a Hagrid, hasta que el rayo de un hechizo aturdidor alcanzó al animal, que cayó al suelo. Hagrid soltó un furioso aullido, agarró al culpable y lo lanzó por los aires; el hombre recorrió unos tres metros volando y no volvió a levantarse.
-Da un demone! -gritó Blaise al mismo tiempo que Hermione soltaba un grito de horror, tapándose la boca con ambas manos. Draco, a su lado, estaba mortalmente pálido. Vincent y Gregory se asomaban con morbosa curiosidad en los rostros mientras Theo y Pansy retrocedían un paso.
-¡Miren! -gritó Patil, que se había apoyado en el parapeto y señala las puertas del castillo, que habían vuelto a abrirse; la luz iluminaba de nuevo el oscuro jardín, y una silueta cruzaba la extensión del césped.
-¡Por favor, chicos! -exclamó el profesor Tofty, muy alterado- ¡Sólo les quedan dieciséis minutos!
Pero nadie le hizo caso: todos observaban a la persona que en ese momento corría hacia la cabaña de Hagrid, donde se estaba librando la batalla.
-¿Cómo se atreven? -gritaba la solitaria figura mientras corría- ¿¡Cómo se atreven!?
-¡Es McGonagall! -susurró Pansy.
-¡Déjenlo en paz! ¡He dicho que lo dejen en paz! -repetía McGonagall en la oscuridad- ¿Con qué derecho lo atacan? Él no ha hecho nada, nada que justifique este...
Hermione, Pansy, Parvati, Lavender y hasta Daphne gritaron a la vez, pues las figuras que había junto a la cabaña de Hagrid lanzaron al menos cuatro rayos aturdidores contra McGonagall. A medio camino entre la cabaña y el castillo, la profesora se iluminó y desprendió un brillo de un extraño color rojo; luego se despegó del suelo, cayó con fuerza sobre la espalda y no volvió a moverse.
-¡Gárgolas galopantes! -gritó el profesor Tofty, que también parecía haber olvidado por completo el examen- ¡Eso no es una advertencia! ¡Es un comportamiento vergonzante!
-¡COBARDES! -bramó Hagrid; su voz llegó con claridad hasta lo alto de la torre, y varias luces volvieron a encenderse dentro del castillo- ¡MALDITOS COBARDES! ¡TOMEN ESTO! ¡Y ESTO!
-Joder -siseo Draco, bastante asombrado.
Hagrid intentó dar un par de fuertes golpes a los agresores que tenía más cerca, a quienes, a juzgar por cómo se derrumbaron, dejó inconscientes. Pero luego Hermione vio que Hagrid se doblaba por la cintura, como si finalmente el hechizo lo hubiera vencido. Sin embargo, se equivocaba: al cabo de un instante, Hagrid volvió a estar de pie y lleva algo que parecía un saco a la espalda. Entonces, Hermione se dio cuenta de que se había colocado sobre los hombros el cuerpo inerte de Fang.
- Sì, scappa, mezzo gigante! -aulló Blaise, golpeando a un ritmo de guerra las manos contra la pared.
-¡Blaise, cierra la boca! -le espetó Theo, soltándole un golpe contra la nuca.
-¡Deténganlo! ¡Sujétenlo! -gritaba Umbridge, pero el único ayudante que le quedaba se mostraba muy reacio a ponerse al alcance de los puños de Hagrid; empezó a retroceder, tan aprisa que tropezó con uno de sus inconscientes colegas y también cayó al suelo.
Hagrid, mientras tanto, se había dado la vuelta y había echado a correr con Fang sobre los hombros. Umbridge le echó un último hechizo aturdidor, pero no dio en el blanco; y Hagrid, corriendo a toda velocidad hacia las lejanas verjas, desapareció en la oscuridad.
Hubo un largo minuto de silencio; los alumnos, temblorosos y boquiabiertos, contemplaban los jardines. Entonces la débil voz del profesor Tofty anunció:
-Humm…, cinco minutos, chicos.
-Nunca volveré a subestimar al semigigante, fratello -se escuchó decir a Blaise una última vez mientras volvía a concentrarse en su examen.
Abril, 23. 1996.
Parkinson Manor.
22:00 p.m.
-¿Buscando alguna clase de inspiración en el fuego, Nott? -la ronca voz de Lionel Crabbe le provocó un escalofrío al hombre de larga cabellera castaña. Soltó un largo suspiro y se levantó, dándose la vuelta y ocultando con su figura los restos del diario mágico que aún ardían dentro de las llamas.
-Me gusta el calor -respondió Nicholas como toda afirmación.
Lionel le regaló una sonrisa maniaca, su ojo blanquecino dándole un aspecto más aterrador.
-A mi muchacho también le gusta el fuego -dijo Lionel, el orgullo rebosando en su voz. Nicholas asintió en respuesta.
-¿De qué tanto están hablando? -siseo Bellatrix entrando al vestíbulo, la locura escapándose en ondas por sus poros-. Eh, ¿de qué tanto hablan? ¿Otra vez planean traicionar a mi señor?
-Nadie traicionó a nuestro señor -dijo Kurt Parkinson, su pálido rostro mostraba un ceño fruncido-. ¿Piensas que porque fuiste lo suficientemente estúpida para dejarte atrapar mientras torturabas a los Longbottom te hace más fiel que nosotros?
Bellatrix, amenazante, dio un paso al frente.
-Es suficiente -siseo Lucius, ajustándose con elegancia la mascara sobre sus rasgos aristocráticos-. Si Killian no llega en cinco minutos, nos marcharemos sin él -anunció, cambiando el tema totalmente.
Lionel resopló divertido, sus imponentes músculos moviéndose debajo de su túnica.
-Killian no vendrá -masculló-. El imbécil ni siquiera se puede mantenerse en pie -Lucius enarcó una ceja ante la declaración, y Lionel rodó los ojos-. No te olvides, Lucius, que el chico de Killian es muy cercano a mi hijo, y mi hijo me cuenta todo -declaró, una vez más, con orgullo.
-Estoy seguro de que lo hace -murmuró Nicholas en voz baja, pero nadie reparó en él.
-Enlístense -ordenó Lucius, colocándose la capucha de la túnica-. Avancen cuando Potter tenga la profecía entre sus manos -dirigió una mirada a Bellatrix-. Y ni se te ocurra matarlo, ese privilegio le pertenece a nuestro señor.
Bellatrix farfulló furiosa, pero de todas maneras se colocó su mascara sobre sus estropeados rasgos y asintió.
Hogwarts.
Dormitorios de Slytherin (masculinos).
22:30 p.m.
La risita de Hermione retumbó contra las paredes del dormitorio. Draco se mantenía trazando con su nariz la mandíbula de la chica, que estaba sentada en su regazo, antes de empezar a recorrer su cuello, causándole otra risita.
-Ya deja eso, Blaise -siseo Theo, tratando de ignorar a los enamorados sobre el sofá, con su vista fija en la snitch dorada que su amigo hacia revolotear entre sus manos. La había comprado en su última salida a Hogsmeade, y la había tallado con las iniciales de Ginny Weasley.
-Mañana se lo pediré -dijo Blaise, ignorando al adolescente malhumorado mientras la snitch dorada se escapaba de entre sus dedos.
-¿Qué le pedirás? -preguntó Vincent, conjurando un Wingardium Leviosa sin varita, haciendo levitar su diario de sangre a varios centímetros sobre su cama.
-Le pediré que sea mi novia -respondió Blaise, sonriente-. Hemos estado yendo a citas… -hizo una mueca-… bueno, no citas como tal, pero nos reunimos mucho.
-¿Pensé que ya no nos caía bien? -dijo Gregory en tono confuso, saliendo del baño. Una ventisca de vapor salió detrás suyo.
Blaise le frunció el ceño.
-¿Quién dijo eso? -preguntó.
Gregory se encogió de hombros, amarrando los cordones de su pijama de franela a cuadros grises.
-Bueno, ella estaba al tanto de la entrevista de Potter con Lovegood…
-Y Bones también estaba ahí -le recordó Blaise justo cuando Vincent soltaba una maldición estrepitosa. El hechizo se le había escapado cuando un destello negro surgió desde dentro del diario de sangre, haciéndolo caer sobre la cama. Se mantuvo abierto, a la espera de que Vincent lo leyera.
Potter no puede salir del castillo.
Es una trampa.
Deténganlo.
N. N.
El musculoso muchacho parpadeo ante las palabras ahí escritas.
-¡Eh! ¡Chicos! -les llamó, cortando la discusión que empezaba a armarse entre Gregory y Blaise, ambos intentando dar la cara por sus intereses románticos.
-¿Qué? -se quejó Theo, disparando una mirada envenenada hacia donde Hermione se seguía riendo. El diario de sangre lo golpeo con fuerza en el pecho, volviendo su atención a Vincent-. ¿Qué demonios?
-Léelo -ordenó, mientras se levantaba y empezaba a colocarse las botas que Hermione le había regalado las Navidades pasadas.
-Es la letra de Nicholas -dijo Hermione cuando Theo le puso el diario ante sus ojos, bloqueando el rostro de Draco que había estado a punto de besarla. El rubio le disparó una mirada de enojo a Theo que sonrió hasta que Hermione soltó un grito.
-¿Qué está pasando? -preguntó Gregory, mientras Blaise abría su propio diario y soltaba un chiflido bajo.
-Joder con tu padre -espetó Blaise hacia Theo mientras Gregory, arrebatándole el diario, lo leía en voz alta.
-Vamos -ordenó Hermione después de que Gregory terminara de leer, brincando fuera del agarre de Draco.
-¡Espera! -la retuvo Draco-. ¿Qué se supone que haces? -la encaró.
-Deteniendo a Potter -respondió Hermione como si fuera obvio.
-No creo que deberíamos…
-Si Nicholas nos lo pidió, es porque es grave -lo cortó Hermione, y Draco no tuvo el valor para contradecirla. Los seis adolescentes salieron corriendo del dormitorio, agradecidos de que no hubiera nadie en la Sala Común, se apresuraron hacia las frías mazmorras.
-¡Alto! ¡Alto! -los detuvo Blaise, quien había tomado el mapa del merodeador mientras salían del dormitorio. Apuntó con su varita mágica al trozo de pergamino viejo y conjuró-: Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas… -las manchas escarlatas fueron expandiéndose sobre el mapa hasta que Blaise pudo encontrar el nombre de Potter sobre ellas-. Oh, merda! -jadeo, empalideciendo.
-¿Qué? -preguntó Hermione, sus mejillas sonrojadas de vergüenza. Si no hubiera sido por Blaise, hubieran estado corriendo como hipogrifos sin cabeza por todo Hogwarts en busca de Potter.
-Potter está en el bosque prohibido… -murmuró, su voz temblorosa mientras sus orbes verdes caían sobre Theo-. Y está acompañado por Luna.
-¡Mierda! -espetó Theo, apretando su varita mágica dentro de su puño. Blaise maldijo una vez más, sus ojos fijos en el mapa antes de lanzárselo al castaño al rostro. Theo lo agarró por poco mientras Blaise empezaba a correr por un pasillo distinto-. ¿¡A dónde vas!?
-¡Los veré en el bosque prohibido! ¡Luna y Potter no se marcharán solos! -les gritó al dar la vuelta en el recodo. No tardó en encontrar el estrecho pasillo junto a una vieja pintura que lo llevaría muchísimo más rápido hacia el aula de Defensa Contra las Artes Oscuras, donde estaba el despacho que Umbridge usaba para fungir como directora, ya que la gárgola de piedra que ocultaba el despacho del director le había prohibido la entrada.
Se llevó las manos a la corbata, aflojándola y en el proceso arrancando algunos botones de su camisa blanca. Sus antebrazos se rasparon un poco contra las piedras del pasillo, y Blaise trató de recordarse que no era claustrofóbico, solo estaba alterado.
Justo cuando salió del estrecho pasillo, chocó de golpe con Ginny Weasley.
-¡Blaise! -jadeo la pelirroja, haciendo que Ron Weasley, Neville Longbottom, Susan Bones y Hannah Abbott se detuvieran de golpe, girándose para mirar a Blaise que empezaba a levantarse. Ginny se mordió el labio con incertidumbre y les hizo un ademán con la mano a sus amigos para que se marcharan-. ¡Ahora los alcanzo! -gritó. Longbottom asintió, y tomando a Weasley del brazo, lo arrastró hacia delante. Las otras dos chicas no tardaron en seguirlos.
Ginny se apresuró a levantarse, sin perderse como se oscurecía el semblante de Blaise. La pelirroja de inmediato se puso en guardia, temiendo que el chico supiera a donde se dirigía, empezó a pensar en cosas al azar.
-¿Dónde están Astoria, Daphne, Adrian y Milton? -preguntó Blaise, mirando por encima del hombro de la pelirroja como si esperara que los susodichos aparecieran por arte de magia.
-Tomaron unas golosinas propiedad de Sortilegios Weasley -respondió Ginny, una punzada de celos cuando Blaise nombró a la preciosa rubia que hasta hace unos minutos atrás casi le arranca la cabellera rojiza de la cabeza.
-¿Irás con Potter? -preguntó Blaise, su voz carente de emoción. Ginny se tensó, apretando los labios con fuerza, negándose a mirarlo-. Ginny…
-Necesita nuestra ayuda -respondió Ginny, sabiendo que no servía de nada mentir. Blaise la conocía demasiado bien-. Tienen a Sirius.
Blaise negó con la cabeza.
-No deberías ir… podría ser una trampa.
-¡Eso no importa! -gritó Ginny-. Harry es mi amigo y necesita mi…
-¡Él no es tu amigo, Ginny! ¡Es el amigo de tu hermano! -despotricó Blaise, furioso-. Es el mejor amigo de tu hermano, de quien, por cierto, aún estas enamorada.
Ginny trabó la mandíbula, negándose a mirarlo mientras lo pasaba de largo. Ya había perdido demasiado tiempo, y no podía perder más tratando de expresar sus sentimientos a Blaise para tranquilizarlo.
-Hablaremos luego -le dijo, empezando a correr hacia donde debería estar.
Blaise soltó un suspiro abatido, sacando su varita del bolsillo de su pantalón, la vista fija en la espalda de Ginny que se alejaba con cada paso que daba.
-Me temo que no lo haremos… -murmuró Blaise, haciendo una floritura en el aire con su varita mágica. Un destello de luz roja salió de ella y golpeo la espalda de Ginny, que con un sonido ahogado cayó al suelo como peso muerto.
Con pasos temblorosos se acercó al cuerpo inconsciente de la pelirroja y tomó la varita mágica que aún mantenía en su mano derecha.
Bosque prohibido.
22:57 p.m.
-Deberíamos probar con un ataque sorpresa -susurró Draco, mirando con aprehensión a su alrededor. Vincent, dos pasos al frente, mantenía la vista fija en el mapa del merodeador mientras que con su varita alumbraba tenuemente su camino.
Estaban tan adentro del bosque prohibido como nunca habían estado, inclusive contando aquella vez en primer grado cuando fueron castigados.
-Es la primera vez que podemos enfrentarnos al Ejercito de Dumbledore y ¿tú quieres ir con un ataque sorpresa? -se burló Gregory, pero su sonrisa se borró al ver el rostro pálido del rubio.
-Nadie sabe con seguridad que hay dentro del bosque prohibido -murmuró Draco, su voz temblorosa-. Y preferiría no averiguarlo.
-Vamos, Draco, no hay luna llena -dijo Theo, mirando por sobre su hombro-. No hay hombres lobo en el prado.
-Cállate -le espeto Draco, fulminándolo con la mirada.
-¡Chist! -los mandó a callar Vincent-. Estamos llegando…. -dijo en voz muy baja, girándose para encararlos-. ¿Cuál es el plan?
-Draco tiene razón -concordó Hermione-. Deberíamos hacerlo lo más rápido posible…
-Herms…
-No, Theo -negó Hermione-. Estamos a salvo dentro de Hogwarts, pero ahora mismo estamos dentro del bosque y preferiría no toparme con una bestia… o con Aragog -murmuró con un escalofrío, recordando cuando Hagrid los llevó a conocer al monstruo de ocho patas. Los otros cuatro chicos asintieron en acuerdo.
-Hay que rodearlos… -dijo Vincent-. Con magia no verbal… un simple Desmaius bastará.
-Potter es mío -dijo Draco mientras los demás asentía.
-Vamos… -murmuró Theo, agazapándose detrás de los troncos gruesos y de los altos arbustos cuidando su caminar, con temor de pisar una rama seca y que se escuchara por todo el bosque. Apretó los labios con fuerza, cuando la voz de Luna empezó a tornarse cada vez más alta.
-… pero esos sí, y Hagrid dice que siempre se encuentran en el lugar al que quiere ir la persona que los monta -Theo se apretó contra un arbusto, moviéndolo muy poco con la mano para mirar hacia el grupo de estudiantes, admirando a Luna en el momento justo cuando acariciaba un thestral con la mano derecha.
-¡Claro! -susurró Potter, y se acercó a las criaturas.
Los Thestrals movieron la cabeza con forma de dragón y agitaron las largas y negras crines; Potter estiró un brazo y acarició al reluciente cuello del que tenía más cerca.
-¿Qué son, esa especie de caballos? -preguntó Weasley con aire vacilante, dirigiendo la mano hacia un punto situado más o menos a la izquierda del thestral que Potter estaba acariciando- ¿Esos que no puedes ver a menos que hayas presenciado cómo alguien estira la pata?
Sutil, pensó Theo.
-Sí -contestó Potter.
-¿Cuantos hay?
-Sólo dos.
-Pues necesitamos tres -sentenció Longbottom que parecía agitado- Ginny está tardando mucho... -murmuró, mirando a su alrededor. ¿Fue su imaginación o el arbusto más allá estaba moviéndose?
-¿Ginny? -preguntó Potter.
-Sí, nos encontramos con Zabini cuando veníamos para acá. Ginny nos pidió que nos adelantáramos, pero ya ha tardado mucho -dijo Susan Bones asustada, dirigiendo sus ojos alrededor del bosque. Theo se agazapó aun más entre el arbusto y el gran roble.
-Creo que en todo caso necesitamos siete -corrigió Hannah Abbott a Longbottom.
-¡No digan tonterías, no podemos ir todos! -gritó Potter- Miren, ustedes tres -señaló a Luna, Bones y Abbott- no tienen nada que ver con esto, Ginny no esta y ustedes no...
-Calla, Harry -espetó Susan Bones, enojada-. Que no se te olvide que no eres el único al que El-que-no-debe-ser-nombrado le a arrebatado algo. Recuerda que Dolohov mató a mi tía y su familia bajó sus órdenes.
-Está bien -murmuró Potter, con aspereza-. Como quieras. Pero si no encontramos más Thestrals no podremos…
-Tranquilo, vendrán más -sentenció Longbottom, que notaba la agitación de su amigo- Y en lo que llegan podemos esperar a Ginny...
-¿Por qué piensas que vendrán más?
-Porque, por si no te habías dado cuenta, Luna y tú están cubiertos de sangre -explicó Longbottom y hasta ese momento Theo vio la ropa de los susodichos. Ambos estaban manchados de sangre- y Hagrid utiliza carne cruda para atraer a los thestrals. Supongo que por ese motivo han venido esos dos.
-De acuerdo -dijo Potter, que de repente parecía habérsele ocurrido la mejor idea- Ron y yo tomaremos estos dos e iremos por delante...
-¡Yo no pienso quedarme atrás! -chilló Longbottom, furioso.
-No hará falta -afirmó Luna, sonriente- Mira, ya llegan más... Debemos de apestar...
Potter miró alrededor en el bosque y Theo se preparó para atacar, sus ojos fijos en Luna.
-Está bien -aceptó Potter a regañadientes- Elijan uno cada uno y móntenlos...
El destello rojo salió de algún punto a su derecha y el Desmaius silencioso golpeo el pecho de Potter y Theo maldijo en silencio. Que jodidamente impaciente podía ser Draco a veces…
-¡HARRY! -gritó Weasley corriendo hacía Potter, pero un segundo destello salió por donde Vincent se escondía y le dio a Weasley en la espalda, quien cayó con un sonido seco sobre el cuerpo inconsciente de Potter.
Longbottom rápidamente miró a su alrededor, apuntando con su varita mágica hacia donde había visto moverse el arbusto. Detrás suyo, Luna, Bones y Abbott se colocaron espalda con espalda y apuntaron hacia distintos puntos en el bosque.
-¡Da la cara! -exclamó Longbottom justo cuando otro destello rojo salía por detrás de él y le daba a Abbott en pleno rostro.
-¡Hannah! -gritó Bones, dando un paso hacia su amiga.
-¡Muéstrate! -ordenó Longbottom, y esta vez dos destellos rojos fueron disparados hacia él-. ¡Protego! -se defendió, pero cuando el pensamiento de que tal vez fuera más de una persona quien los estaba atacando surcó su cabeza, un Desmaius no verbal le golpeo la espalda, noqueándolo.
Las otras dos chicas ni siquiera tuvieron tiempo para preocuparse por el Gryffindor caído. El Desmaius de Theo golpeo a Luna en la pierna y el de Hermione golpeo a Bones en el estómago, rápidamente cayeron inconscientes una sobre la otra.
-Ahora hay que llevarlos de vuelta a Hogwarts -anunció Hermione, trastabillando por una rama torcida en el suelo que la hizo caer.
-¡Joder! ¿Estas bien? -le preguntó Draco en seguida, acuclillándose a su lado dispuesto a ayudarla a levantarse.
-¡Ah, mierda! -gritó Vincent, saltando una larga distancia cuando su brazo rozó con un punto invisible a su derecha.
Theo le sonrió.
-Cuidado, los Thestrals aún están entre nosotros -se mofó, mientras se agachaba para retirarle la varita a Potter de entre las manos.
Ministerio de magia británica.
Departamento de misterios.
23:13 p.m.
-¿No deberían estar ya aquí esos niños? -preguntó Dolohov, mirando distraídamente una de las profecías delante de sus ojos. Era del año 1700.
-Llegarán -sentenció Bellatrix con una sonrisa maniaca en sus rasgos puntiagudos.
-¿Cómo lo sabes? -Nicholas enarcó una ceja-. Potter ya escapó una vez, no me sorprendería que se diera cuenta que es una trampa.
-No desesperes, Nott -respondió Lucius, mirando con gesto distraído al fondo del pasillo-. Tenemos a alguien vigilando Hogwarts. Si Potter no viene por voluntad propia, él lo traerá a rastras si es requerido.
-¿Él? -resopló Lionel-. No creo que Snape…
-No estoy hablando de Snape -respondió Lucius, mirando directamente la cicatriz en el rostro de Lionel, quien se había retirado la máscara, harto de esperar.
-¿Entonces de quién estamos hablando? -preguntó Nicholas, fingiendo no estar muy interesado en la plática. El resto de los mortífagos que los acompañaban ya estaban demasiado excitados como para alterarlos aún más con un desliz en su actuación.
Necesitaba salir vivo de ahí…
-Fenrir Greyback –respondió Lucius con maldad pura, haciendo que el resto de los mortífagos se rieran mientras Nicholas reprimía un escalofrío. El horro recorriendo su sangre.
¿En qué había metido a su hijo?
Bosque prohibido.
23:17 p.m.
-¡Especto Patronum! -un mapache de luz plateada se deslizo de la varita mágica de Vincent Crabbe, sonriendo malicioso a sus amigos que rodaron los ojos-. Avisa al profesor Snape que tenemos a Potter y compañía -le dijo al animal, que salió corriendo entre los gruesos robles hacia el castillo.
-Tenemos un problema -anunció Theo, dando puntapiés al cuerpo inconsciente de Potter-. Somos cinco y ellos seis, no podemos manejar dos cuerpos a la vez… ¿deberíamos esperar a Blaise? -preguntó justo cuando un sonido en un arbusto cercano hizo que los Thestrals, que aun se encontraban ahí, relincharan y salieran corriendo.
Theo frunció el ceño, su postura tensándose sin despegar la mirada del arbusto.
-¿Theo? -preguntó Hermione.
-¡Shh! -la mandó a callar el castaño, levantando su varita mágica mientras caminaba hacia el arbusto. Mejor comprobar de una vez qué era antes de darle la espalda y que los atacara por detrás, razonó.
-¿Qué ocurre? -preguntó ahora Gregory, pero Theo no se dignó a responderle. Había llegado al arbusto, y lo estaba moviendo con su mano libre. Un grito quedó atrapado en su garganta cuando su mirada quedó enganchada con los dos ojos negros, oscuros como la noche, que lo miraban entre el follaje.
-Traidores -acusó la criatura.
El joven Slytherin ni siquiera tuvo tiempo de gritar, de asustarse, o de escapar ante la visión de la bestia delante suyo. Se limitó a cerrar los ojos con fuerza, mientras sufría un escalofrío garrafal al momento en que el espantoso aullido hizo eco en la noche sin luna. Solo tuvo tiempo de retirar la mano antes de que la bestia se abalanzara sobre él.
Su cuerpo golpeo la dura tierra húmeda, las piedras y ramas encajándose contra su espalda cuando las fauces del hombre lobo se enterraron en la unión de su hombro izquierdo y cuello, desgarrando la piel y el músculo. Un grito desgarrador salió de la garganta de Theodore Nott mientras el fuego se disparaba por todo su torrente sanguíneo.
-¡THEO! -el grito de Hermione se mezcló con el de su hermano, danzando juntos en la negra noche.
El veneno de la mordida del hombre lobo no tardó en propagarse, el dolor era tan inmenso que ni siquiera se dio cuenta que algunas lagrimas se escaparon de sus ojos. O de que seguía gritando. Fue cuestión de segundos. La fiera se había apartado, acaso para asestarle una última mordida mortal, acaso para contemplarlo y regocijarse en su agonía cuando un rugido rasgó el aire unos metros más allá.
-¡AVADA KEDAVRA!
El destello verde golpeo el pecho desnudo del hombre lobo, que salió impulsado varios metros hacía atrás por el terrible hechizo. Su cuerpo rebotó contra el tronco del grueso roble, cayó en una posición sentada y sus negros ojos sin vida se enfocaron sin ver en el cielo oscuro oculto por las altas copas de los árboles.
Un silencio sepulcral se alzó entre los adolescentes, que, olvidándose momentáneamente de Theodore, se giraron para mirar al recién llegado.
Blaise se sacudía de pies a cabeza, la varita mágica en su mano rebotaba por los espasmos que recorrían el cuerpo del joven Slytherin. La boca le temblaba con fuerza y sus ojos miraban alucinados a la criatura a quién le había arrebatado la vida.
A quien había matado.
Como saliendo de un fugaz letargo, los gritos de agonía que soltaba Theo volvieron a retumbar contra los oídos de los Slytherin.
-¡Theo! -volvió a gritar Hermione, corriendo hacia su hermano que se aferraba con fuerza a la herida de su hombro. Sus gritos eran insoportables y su cuerpo se sacudía sobre el suelo, las lagrimas caían por sus mejillas y la sangre se escurría por la herida abierta, manchando las manos del castaño.
Hermione se dejó caer de rodillas a su lado, sus manos inquietas sin saber qué hacer con ellas. Todo esto la estaba superando.
-Oh, Dios -masculló Hermione, sin dejar de temblar-. Oh, Dios… -sollozó. Theo volvió a gritar con más fuerza, sus ojos enfocándose en la castaña.
-Por favor… por favor -rogó el Slytherin, sus dientes haciendo sangrar sus labios. Las uñas de sus manos enterrándose en la herida que soltaba sangre caliente-. Por favor…
-Yo… yo no sé… -se lamentó Hermione, empezando a llorar.
Theo negó, cerrando los ojos mientras golpeaba repetidas veces su cabeza contra el suelo. Le dolía mucho, le dolía terriblemente. El dolor era tan poderoso que no podía pensar en nada más que en el veneno que recorría su cuerpo.
Sus gritos siguieron alzándose por todo el bosque hasta que un destello rojo le golpeo el pecho. Hermione rápidamente se giró, encontrándose con unas piernas enfundadas por el pantalón del uniforme. Inhalando con fuerza, alzó la cabeza y se encontró a Draco.
-Tenemos que llevarlo a la enfermería…. -murmuró el rubio, que al igual que Hermione, temblaba de pies a cabeza-. Tenemos que… tenemos… -se atragantó, parpadeando hacia el cuerpo sin vida de Fenrir Greyback. Se llevó las manos a la cabeza-. Esto no tenía que haber pasado, ¡joder!, esto no tenía que haber pasado…
-Lo maté -el susurró de Blaise le provocó un escalofrío a más de uno. Su mirada no se había apartado del hombre lobo-. L'ho ucciso… -sollozó, se dejó caer de rodillas y vomitó.
A pesar de que Theo ya no gritaba, Draco aún podía sentir los ecos del dolor. Dudo un momento sobre lo que tenía que hacer, su mirada parpadeando entre Hermione que había empezado a acunar a su hermano en brazos y Blaise, que estaba meciéndose hacia delante y hacía atrás.
-Blaise…. -lo llamó, pero el moreno pareció no escucharlo-. ¡Blaise! -gritó. El moreno, sin dejar de temblar, giró el rostro hacia Draco. Las comisuras de sus labios estaban manchadas por el vomito y sus mejillas estaban humadas por las lágrimas… sus ojos desesperados-. Ne… -tartamudeo. Draco inspiró largo y tendido antes de volver a hablar. Si él no daba un paso adelante, nadie más lo haría-. Necesitas limpiar tu varita… ahora.
El moreno lo miró unos segundos, la desesperación en sus ojos cambiando a confusión antes de que las palabras de Draco fueran absorbidas de verdad por su cerebro. El Slytherin asintió y sacudió su varita en el aire.
-Deletrius… -La punta de la varita mágica brilló un segundo antes de que un fino hilo verde saliera de ella, rápidamente volviéndose humo y desapareciendo en la noche.
-¿Qué haremos con Greyback? -susurró Vincent caminando hacia el cuerpo de Fenrir Greyback, doblándose por la mitad para admirar a la criatura. Una mezcla grotesca entre un humano y un hombre lobo. Sus labios estaban rojos por la sangre de Theo, que se le escurría por la barbilla…-. Lo mordió… -dijo para sí, antes de erguirse y girarse hacia donde Hermione acunaba a Theo-. Lo mordió…
Draco pareció como si le hubieran dado un golpe, la realidad de la situación abriéndole los ojos de forma desmesurada. Los sollozos de Hermione aumentaron y Gregory, unos pasos más atrás, echó a correr hacia un arbusto cercano y vomitó su cena. Blaise aun parecía estar sumergido en su propia pesadilla personal.
Las arcadas de Gregory zumbaron en los oídos de Draco, mientras el platinado miraba los cuerpos inconscientes de Potter y compañía. Se acercó a ellos y conjurando unas cuerdas, ató un brazo de Weasley al de Longbottom, el de Longbottom al de Potter y el de Potter a Luna y así sucesivamente hasta que tuvo a todos los chicos sujetos por cuerdas.
-Greg -llamó al Slytherin cuando lo escuchó dejar de vomitar-. ¿Crees que puedas llevar a Potter y sus amigos de vuelta a Hogwarts? -preguntó.
Gregory dudó unos segundos, pero asintió.
-Lo intentaré…
-Ginevra Weasley está cerca de las cocinas de Hogwarts -dijo Blaise, con la mirada ida.
-Vincent, acompaña a Hermione y a Theo a la Sala de los Menesteres -ordenó al otro musculoso chico-. Que nadie los vea.
Vincent asintió y caminó hacia Hermione. La castaña lo miró unos momentos con la mirada perdida y rebosante de lágrimas antes de que Vincent tomara a Theo y se lo echara por sobre el hombro con un gruñido por el esfuerzo. Gregory, mientras tanto, se había acercado a los cuerpos inconscientes en el suelo con una mirada de puro rencor en el rostro.
Todo esto era culpa suya. Toda suya.
-¡Mobilicorpus! -conjuró, apuntando con su varita hacia el conjunto de cuerpos. Por unos segundos no se movieron, pero poco a poco empezaron a levantarse hasta que Ronald Weasley, el último de ellos quedó suspendido en el aire a un nivel muchísimo mas bajo que el resto, casi tocando el suelo. Dirigiendo una última mirada al cuerpo de Fenrir Greyback, se alejó de vuelta hacia el colegio.
En cuestión de segundos, Draco y Blaise se quedaron solos en el bosque prohibido. El rubio caminó hasta pararse a un lado de donde Blaise se mecía en el suelo, e ignorando el vomito frente a su amigo, tomó su hombro con delicadeza. El moreno se quedó quieto unos segundos antes de alzar la cabeza y enfocar su mirada en su amigo.
El rubio sufrió un escalofrío ante la visión del Slytherin, que parecía un cachorro perdido.
-Blaise… -dijo con suavidad-. Necesito que busques al profesor Snape… ¿me has entendido?
El chico asintió, levantándose con piernas temblorosas. Era un poco más alto que Draco, pero en ese momento se sentía como un niño pequeño, limpiándose la boca con las mangas de su camisa arrugada y manchada.
Draco esperó hasta que perdió a Blaise de vista para girarse al hombre lobo muerto en el suelo. El heredero Malfoy estaba entumecido, negándose a sentir miedo o nunca saldría de ahí. Un aliento tembloroso salió de sus labios mientras se apartaba aún más de la bestia. Alzó su varita con resolución y la apuntó en dirección del monstruo.
-¡Reducto! -el maleficio golpeó el pecho desnudo y antinatural de Greyback, quien estalló en mil pedazos hasta quedar reducido a nada más que cenizas. El Slytherin volvió a tomar aire y alzó la varita en alto-: ¡Fuego maligno!
El siniestro fuego fue expulsado de su varita mágica en ráfagas hasta que tomó la forma de un basilisco, que empezó a destruir todo a su paso. Árboles, arbustos, ramas, troncos, tierra… cenizas.
Enfermería de Hogwarts.
00:15 a.m.
Dumbledore entró por las puertas abiertas de la enfermería, seguido de cerca por Sirius Black en su forma humana, James Potter, Remus Lupin, Nymphadora Tonks, Emma Vanity, Alastor Moody, Kingsley Shacklebolt y Molly y Arthur Weasley, quienes habían sido invitados por el director y eran los únicos que no parecían haber salido de una batalla.
Dentro de la enfermería, sentados en diferentes camillas estaban Ginny y Ron Weasley, Harry Potter, Neville Longbottom, Susan Bones, Hannah Abbott y Luna Lovegood. Todos, a excepción de Ginny, estaban cubiertos de tierra. Y sangre, en el caso de Harry y Luna. Miraron unos segundos con confusión a los recién llegados antes de que Harry se levantara de un salto de la camilla y corriera hacia su padrino, a quien envolvió en un apretado abrazo.
Severus Snape puso los ojos en blanco ante la escena, mientras Minerva McGonagall y madame Pomfrey miraban al director con nerviosismo.
-Albus... -dijo McGonagall mirando preocupada al director- ¿Qué ha pasado?
-Voldemort estaba en el Ministerio de Magia -explicó el viejo director con calma- Tuvimos una pelea, huyó justo en el momento en que el Cornelius irrumpió en el Ministerio, acompañado por varios aurores. Creo que mañana temprano saldrá en primera plana -dirigió su mirada a Severus-. Varios mortífagos fueron apresados, aunque me temo que Bellatrix escapó.
-Mi linda prima -dijo Sirius con sorna, mientras Harry se apartaba para abrazar a su padre.
-¿Qué quería? -preguntó McGonagall.
-Una profecía, pero no pudo conseguirla -respondió Dumbledore viendo como los Weasley abrazaban a sus hijos- Era una trampa -sus ojos ahora puestos en Harry-. Por suerte los estudiantes no cayeron en ella.
-Por suerte -dijo James, su voz temblando de ira mientras miraba a Severus-. Dijiste que mi hijo estaba en camino al ministerio, quejicus.
Severus hizo una mueca de desprecio total, la ira inundando sus orbes oscuros.
-Nos atacaron -explicó Susan con rapidez- Estábamos en el bosque prohibido, a punto de montar los Thestrals para… bueno, ir al ministerio cuando alguien nos atacó -explicó bastante confundida-. Despertamos aquí.
-Se escondía detrás de los árboles -añadió Neville, sus piernas colgando de la camilla.
-Alguien llamó a la puerta -dijo madame Pomfrey, hablando antes de que las preguntas continuaran-. Cuando la abrí me encontré a los chicos sobre el suelo -mostró un frasco de vidrio con varias varitas mágicas dentro de él-. Estaban amarrados con cuerdas unos a otros, y este frasco estaba sobre el pecho de Potter…, pero no había nadie más.
-Severus… -pidió Dumbledore. El patronus del profesor de Pociones había llegado a él dos veces esa noche: la primera vez para avisarle que Potter se dirigía al ministerio de magia en busca de su padrino y la segunda vez, cuando hablaba con Cornelius para decirle que los chicos estaban en Hogwarts, a salvo.
-Me han avisa… -la explicación que Severus estaba a punto de dar quedó en segundo plano cuando Blaise Zabini entró corriendo a la enfermería. La camisa de su uniforme estaba arrugada y manchada de tierra, su corbata colgaba flácida sobre la misma. Sus ojos, desesperados, recorrían la enfermería mientras se aferraba a su varita mágica, como si temiera que alguien fuera a atacarlo.
Había estado buscando al profesor Snape durante casi media hora, recorriendo su despacho, las mazmorras y la sala de los profesores. La enfermería había sido su última parada.
McGonagall ahogó un grito ante la visión del joven Slytherin mientras Alastor Moody, Nymphadora Tonks y Emma Vanity se ponían en guardia, esperando que alguien entrara a la enfermería detrás del muchacho.
-¡Tú! ¡Maldito imbécil de mierda! -aulló Ginny, zafándose del abrazo de su madre-. ¡Me atacaste por la espalda, cobarde!
-¡CIERRA LA BOCA! -le aulló Blaise de vuelta, desplazando su mirada maniaca a Ginny que se quedó estática en su lugar. Y luego, para sorpresa de todos, echó a correr en dirección del profesor Snape.
-Blaise… -Severus abrió los ojos con conmoción cuando Blaise se lanzó a su pecho, abrazándolo con fuerza. Podía sentirlo sacudirse violentamente antes de que los sollozos empezaran a sonar dentro de la enfermería.
-Lo siento, lo siento mucho, señor…. -se ahogó, su varita escapándosele de entre los dedos.
-Señor Zabini… -habló Dumbledore en el momento en que Severus envolvía los brazos alrededor de su estudiante en un abrazo paternal, ignorando los jadeos de los otros miembros dentro de la enfermería-… le pido se calme y nos explique…
-¡No intente meterse en mi cabeza! -le gritó Blaise, apartando el rostro del pecho de su mentor, pero sin alejarse del abrazo. Su rostro estaba manchado de lágrimas-. ¡No lo intente! ¡No lo haga nunca más! -escupió, pensando una y otra vez en enormes muros de piedra para ocultar sus pensamientos.
-¡Señor Zabini! -reprendió McGonagall, pero Blaise ya había vuelto a enterrar su rostro en el pecho de Severus, sin dejar de temblar.
-Blaise… necesitas decirme qué esta pasando para que pueda arreglarlo… -dijo Severus, pasando una mano por la espalda del joven para tratar de tranquilizarlo.
-No puede… -sollozó-… No puede arreglarlo esta vez, señor… Non può, non può...
-Blaise -dijo Severus, soltando al muchacho y colocando sus manos en las mejillas llenas de lágrimas del moreno-… ¿Qué pasó?
-Es Theo… -berreó, ignorante del espectáculo que estaba creando, apretando sus brazos con más fuerza alrededor de la cintura de su mentor-… Lo jodimos, señor. Lo jodimos… Mi dispiace, mi dispiace tanto...-repitió una y otra vez, una y otra vez.
-Vamos, Blaise. Necesito que respires -le pidió Severus-. Vamos, inhala y exhala conmigo… -inhaló y exhaló hasta que Blaise empezó a imitarlo, sus labios temblando incontrolablemente-. Déjame ver… -ordenó con suavidad y el chico, asintiendo, bajó sus barreras mentales.
El profesor de Pociones quedó paralizado ante lo que vio, parpadeo conmocionado mientras Blaise volvía a enterrar su rostro contra su pecho, llorando a pulmón abierto. Severus recorrió la enfermería con la mirada, ignorando las miradas que Sirius, Remus y James le enviaban para enfocar su atención en Dumbledore.
-¿Severus?
Y, sabiendo que Dumbledore no podía entrar en su mente sin su permiso, mintió.
-Los chicos estaban jugando con magia oscura, y las cosas se salieron de control -susurró, haciendo oídos sordos ante los jadeos conmocionados de los miembros de la Orden del fénix y de los estudiantes de Hogwarts-. Theodore Nott ha salido lastimado, y necesita atención inmediata. Así que, si me permite, voy a retirarme -explicó, tomando a Blaise del codo y arrastrándolo consigo hacia la salida de la enfermería.
-Espera, Severus, Poppy te acompañará -dijo Dumbledore, pero Severus negó en seguida.
-No es necesario, yo me encargo -dijo, sin girarse mientras el joven Slytherin aún seguía llorando a su lado-. Sé lo que debe hacerse.
Severus, con el rostro pétreo, guío a Blaise quien no paraba de llorar hacía la Sala de los Menesteres, donde había visto que el resto de los Slytherin estarían.
-Lo hiciste bien, Blaise -le murmuró, sin despegar la vista del camino-. Lo hiciste bien -repitió-. Salvaron a Potter y a sus amigos, hicieron lo que Nicholas ordenó. Hicieron bien…
-¿A qué costo, señor? -lloró Blaise, ignorando el hecho de que había dejado caer su varita mágica en la enfermería-. ¿A qué costo, señor?
Severus tragó el nudo que se formó en su garganta con cierta dificultad, sin poder murmurar palabras de consuelo a su alumno, que se derrumbaba por dentro con cada segundo de silencio que seguía ante su pregunta.
Abril, 26. 1996.
Dormitorios de Slytherin (masculinos).
09:13 a.m.
REGRESA EL-QUE-NO-DEBE-SER-NOMBRADO.
El viernes por la noche, Cornelius Fuge, ministro de Magia, corroboró que El-que-no-debe-ser-nombrado ha vuelto a este país y está otra vez en activo, según dijo en una breve declaración.
"Lamento mucho tener que confirmar que el mago que se hace llamar lord…, bueno, ya saben ustedes a quién me refiero, está vivo y anda de nuevo entre nosotros -anunció Fudge, que parecía muy cansado y nervioso en el momento de dirigirse a los periodistas-. Instamos a la población mágica a permanecer alerta. El Ministerio ya ha empezado a publicar guías elementales de defensa personal y del hogar, que serán distribuidas gratuitamente por todas las viviendas de magos durante el próximo mes."
La comunidad mágica ha recibido con consternación y alarma la declaración del ministro, pues precisamente el miércoles pasado el Ministerio garantizaba que no había "ni pizca de verdad en los persistentes rumores de que Quien-ustedes-saben esté operando de nuevo entre nosotros".
Los detalles de los sucesos que han provocado el cambio de opinión del Ministerio todavía son confusos, aunque se cree que El-que-no-debe-ser-nombrado y una banda de selectos seguidores (conocidos como mortífagos) consiguieron entrar en el Ministerio de Magia el jueves por la noche.
De momento, este periódico no ha podido entrevistar a Albus Dumbledore, recientemente rehabilitado en el cargo de director del Colegio de Hogwarts de Magia y Hechicería, miembro restituido de la Confederación Internacional de Magos y, de nuevo, Jefe de Magos del Wizengamot. Durante el año pasado, Dumbledore había insistido en que Quienes-ustedes-saben no estaba muerto, como todos creían y esperaban, sino que estaba reclutando seguidores para intentar tomar el poder de una vez más. Mientras tanto, "El-niño-que-vivió"…
Pansy dejó de leer en ese punto, desviando su mirada hacia el rostro pálido de Theo. El joven Slytherin seguía inconsciente desde el ataque de Fenrir Greyback hacía ya más de tres días. El cabello castaño se le pegaba al rostro por el sudor, y de vez en cuando, empezaba a sacudirse hasta que Draco volvía a hacerle beber la pócima que el profesor Snape les había dejado.
Recorrió, con sus orbes azules, el resto de la habitación. Vincent estaba sentado, de piernas cruzadas, frente a la chimenea con una copia de "El Profeta" en su regazo, justo en la página donde mostraban los rostros de los mortífagos apresados durante "La batalla del Departamento de Misterios". Gregory estaba sentado sobre el sofá negro, con la mirada perdida sobre un libro que de seguro no estaba leyendo.
Draco, acostado en su cama, abrazaba a Hermione que dormía profundamente. El pálido brazo del rubio estaba enroscado alrededor de la cintura de su novia y con su otra mano, en un gesto distraído, tomaba algunos rizos del cabello de la chica y los estiraba hasta alisarlos antes de dejarlos ir, admirando como rebotaban para después regresar a su forma original. Hermione, en cambio, tenía las piernas envueltas con las del chico, y su mano se aferraba con fuerza a la playera del pijama de Draco.
La Slytherin se había negado a separarse durante los primeros dos días de la cama de Theo, sin dormir o comer mientras lloraba, sin despegar la vista de la herida ya cicatrizada en el cuello del castaño. Había sido una conmoción total cuando el profesor Snape entró a la sala común de Slytherin, con el cuerpo inconsciente de Theo flotando detrás suyo gracias a la magia.
Las serpientes de séptimo año saltaron sobre sus pies con mil preguntas a su jefe de casa, asustados por la aparición de este. El profesor Snape confesó que Theo y sus amigos habían estado aprendiendo a manejar magia negra, pero que se les salió de las manos (un rumor que recorrió como la pólvora todo Hogwarts). Algo que no solo le costó casi la vida a Theodore, si no que se les fue retirado trecientos puntos al reloj de las serpientes, la copa de quidditch y la suspensión de Hogwarts hasta el próximo año. Tendrían que marcharse una vez que Theodore despertara.
No fue hasta esa mañana donde Hermione, llorando, le confesó toda la verdad a Pansy. Toda: el ataque de Greyback, su intervención en la fuga de Potter, sus incursiones a la Sala de los Menesteres, la relación de su madre muggle con el padre de Theo y el hermoso resultado de esta, una bebé mestiza.
Pansy sacudió la cabeza, dirigiendo esta vez la mirada hacia donde Blaise se ocultaba con los doseles de su cama cerrados.
La joven Slytherin soltó un suspiro tembloroso mientras se levantaba de la cama de Vincent.
-Iré por algo de comer -anunció la Slytherin hacia Draco, que asintió con gesto distraído.
-Iré contigo -dijo Vincent, levantándose y lanzando "El Profeta" hacia la chimenea encendida.
Salieron juntos del dormitorio, ignorando las miradas de lástima que recibieron de los Slytherin que estaban dentro de la sala común. Ya sea por el destino fatal de Theo, o por el hecho de que sus padres fueron arrestados y enviados a Azkaban.
Mientras recorrían los pasillos casi vacíos de Hogwarts hacia las cocinas, Pansy tomó la mano de su amigo en busca de consuelo. Vincent apretó la mano ligeramente, pero no dijo nada.
Con solo dos pasillos de separación de las cocinas, se toparon de frente con varios miembros del Ejercito de Dumbledore, entre ellos el trío dorado. Pansy dudo unos segundos, sobre si debían darse la vuelta o pasar en medio de ellos, pero Vincent tomó la decisión por ella. Tenso de pies a cabeza, la arrastró hacia delante.
Sintió que se ahogaba, el oxigeno era tan pesado que le costaba respirar mientras caminaba entre los alumnos, rezando por que ninguno de ellos dijera algo que rompiera a Vincent de una vez por todas. Que, a diferencia de ella, adoraba a su padre sin importar la clase de monstruo que fuera.
-Pero mira qué tenemos aquí -exclamó Ernie Macmillan, sosteniendo su copia de "El Profeta" dominical, abierta justo en la página que mostraba los rostros de los mortífagos arrestados el jueves pasado-. Si son Crabbe y Parkinson… bueno, hijo e hija. ¿Crees que acepten visitas en Azkaban, Zacharias? -preguntó con sarcasmo. Unos cuantos soltaron unas risitas burlescas.
-Estoy seguro de que harán una excepción, Ernie -respondió Smith, también de Hufflepuff-. Escuche que Crabbe hijo sacó Extraordinario en todos sus TIMOS, papi ha de estar ¡tan orgulloso!
-Oh, ¡sí! ¡muy orgulloso! -rio Macmillan, codeándolo-. Estoy seguro de que eso les dará de comer a los dementores por un par de semanas.
-¡Vincent, no! -gritó Pansy al sentir que el chico soltaba su mano. De un largo paso, tomó a Macmillan por la solapa de su camisa y le soltó tal puñetazo que lo lanzó al suelo.
En seguida se vieron rodeados por varitas mágicas apuntadas en su dirección, y Pansy, estúpidamente, alzó las manos en rendición. Vincent, resoplando como toro, no apartó la mirada del Hufflepuff que se retorcía en el suelo, lloriqueando y agarrándose la nariz rota mientras la sangre se le escurría por las manos. La copia de "El Profeta" se había deslizado de su agarre, y ahora se encontraba a unos metros del chico.
-Retrocede, Crabbe -espetó Weasley, entrecerrando la mirada hacia el Slytherin-. Ya te suspendieron, no creo que quieras ser expulsado.
-Sí, a papi no le gustaría -aportó Smith, mirándolo con soberbia. Vincent giró su grueso cuello hacia el Hufflepuff, quien tembló ante la mirada del azabache. El Slytherin caminó hasta Smith, dejando que la punta de su varita, que se sacudía, se apretara contra su musculoso pecho. Era dos cabezas más grandes que Smith, así que tuvo que inclinarse para encontrarse con la mirada del chico.
-Vuelve a hablar de mi padre, mestizo, y te mataré -amenazó, mortal-. Vamos, hazlo -siseo-. Y te demostraré que tan hijo de mi padre soy.
Smith inhaló con fuerza, sus ojos abiertos desmesuradamente.
Pansy avanzó un paso, provocando que varias varitas cambiaran de objetivo. Hasta ese momento casi todas estaban puestas en Vincent, pero cuando ella se movió, atrajo la atención de algunos chicos.
Vincent se tensó aun más si era posible, y retrocedió un paso, cubriendo con su gran cuerpo a Pansy, que rápidamente envolvió sus manos sobre su grueso bíceps.
-Vince, vámonos -pidió, tratando de sofocar los escalofríos que la recorrían. Miró de reojo como Susan Bones y Hannah Abbott ayudaban a Macmillan a levantarse, que seguía lloriqueando-. Solo…. Vámonos…
La mirada de Vincent recorrió al trío de oro unos segundos antes de asentir con rudeza, dejándose arrastrar por Pansy. Regresaron por los pasillos que habían recorrido, de vuelta a las mazmorras de Slytherin cuando Vincent se soltó bruscamente del agarre de su amiga. La adrenalina bullía por su sangre y sus manos estaban enroscadas en sendos puños, puños que estampó una y otra vez contra uno de los muros de piedra ignorando el grito ahogado que Pansy soltó.
Los nudillos le ardían, le dolían, y la sangre rápidamente manchó las paredes. Sangre preciosa que su padre insistía tenía más valor que nada en el mundo, líquido escarlata que más de una vez se mezcló con la sangre de Hermione, cuando usaban la misma daga para cortar sus palmas.
Sangre que, para él, no valía nada.
Ni siquiera se dio cuenta que estaba llorando hasta que Pansy envolvió sus brazos alrededor de su cintura, acariciando con su mejilla la espalda del chico. Murmurando en voz baja palabras de consuelo.
Vincent soltó un rugido de furia, dejando caer su frente contra el muro, sus antebrazos por encima de su cabeza con los puños sangrantes y pulsantes rozando la piedra. Su cuerpo se sacudía por los sollozos, llorando como no lo hacía desde que su mamá lo golpeo por tomarle la mano, lo que provocó la furia de su padre. No vio a Uxia, como empezó a llamarla desde ese momento, por tres días.
Un año después se enteró, gracias a los elfos, que su padre la había encadenado en las catacumbas de Crabbe Ville, azotándola día tras día como castigo por haber tocado a su heredero.
-Es mi padre, Pansy… -lloró, sus labios temblando-… Es mi padre y lo amo.
-Está bien, Vincent, está bien -dijo Pansy, abrazándolo con más fuerza.
-Tenía seis años la primera vez que encontré muggles encadenados en las mazmorras de nuestra casa -sollozó-. Ocho la primera vez que lo vi asesinar a alguien.
-Lo siento…
-Crecí escuchando historias sobre sus aventuras como seguidor de Lord Oscuro -dijo Vincent, cerrando los ojos con fuerza-. Solía sentarme en sus piernas después de que me encontrara llorado, una vez más, por que Uxia no me amaba.
-Vince… -jadeo Pansy.
-Me abrazaba hasta que dejaba de llorar y después me llevaba cargando hasta el prado que rodeaba nuestra casa -contó-. Me hacía mirar las estrellas mientras me relataba su época de oro, como la llamaba… No supe lo mal que estaba hasta que conocí a Hermione…
-Lo siento muchísimo, cariño -murmuró Pansy, besando la espalda de Vincent.
-Papá tortura a muggles, nunca ha dejado de hacerlo -continuó el Slytherin-… Muggles, seres como la madre de Hermione… Y yo, yo no puedo dejar de amarlo, Pansy… No puedo. Sé que es un monstruo, sé de lo que es capaz, sé que si tuviera la oportunidad mataría a Hermione… -sorbió con fuerza, las lágrimas calientes escurriéndose por sus mejillas-. No se lo he dicho, jamás le he dicho que realmente quiero a Hermione, que no es una actuación porque… No quiero que me odie, Pans… no quiero que deje de amarme.
-Él jamás haría eso, Vince -negó Pansy, su largo cabello sacudiéndose-. Tu padre está orgulloso de ti, no hay nadie en el mundo mágico que no sepa lo mucho que tu padre te ama. Eres su hijo, su orgullo…
-Joder… joder… -lloró, deslizándose por la pared hasta que quedó arrodillado en el suelo. Pansy lo había soltado cuando lo sintió caer, y lo miró mientras el chico se volteaba hasta quedar en una posición sentada, con la espalda contra la pared y el rostro ocultó entre sus manos. Sin dejar de sacudirse.
La Slytherin se arrodilló entre sus piernas, quitándole las manos del rostro y llevándolo hasta su pecho. Vincent rápidamente envolvió sus brazos alrededor de su cintura, y ella envolvió los suyos alrededor de sus gruesos hombros, descansando su mejilla, esta vez, sobre la cima de la cabeza de su amigo. Lo dejó llorar hasta que no hubo más lágrimas, hasta que su blusa estaba húmeda por las mismas, hasta que Vincent no tuvo más por lo que llorar.
Mayo, 05. 1996.
Expreso de Hogwarts.
13:09 p.m.
Había un silencio sepulcral rodeando a los seis Slytherin que viajaban solos en el tren de vuelta a sus casas. Cada uno parecía estar sumido en sus propios problemas.
Hermione no tenía idea de cómo le explicaría a su madre que Nicholas había sido arrestado y no solo eso, si no que -según el profesor Snape- se había borrado la memoria antes de partir su varita a la mitad. No sabía cómo explicarle que, aunque saliera de Azkaban, nunca sería el mismo.
Draco, mirando por la ventana, no podía dejar de pensar en su padre. Encerrado en Azkaban, donde seguro lo dejaría Lord Oscuro hasta que creyera que había cumplido con el castigo por fallar en capturar a Potter… no podía dejar de pensar qué sería de él ahora que no solo su madre lo esperaba en Malfoy Manor, si no también Bellatrix Lestrange. Estaba seguro.
Vincent miraba los resultados de sus TIMOS que el profesor Snape le había entregado antes de despedirlos esa mañana. La hoja tan arrugada que fácilmente podía guardarla dentro de su bolsillo. Gregory, sentado a su lado, hacía temblar su rodilla, preguntándose qué demonios había pasado realmente.
"El Profeta" mostró las caras de todos los mortífagos arrestados y su padre no estaba entre ellos… ¿había dimitido? ¿O había estado tan ebrio que ni siquiera se acordó que debía ir al Ministerio de magia aquel día? El chico empalideció, nadie desobedece al Señor Oscuro, eso sí que lo sabía.
Blaise estaba dormido en el compartimento frente al que estaban ocupando. Desde donde Theo estaba sentado, podía ver al moreno acostado en una posición incómoda sobre el sillón.
Tenía entendido que había estado durmiendo, como él, desde el incidente con Greyback. ¿Se sentía culpable? ¿O estaba tan cansado como Theo se sentía? Había necesitado la ayuda de Gregory para salir de Hogwarts, prácticamente lo había cargado mientras los Slytherin se despedían de ellos, deseándole pronta recuperación.
Theo sufrió un escalofrío, sobándose inconscientemente la marca sobre su hombro. Jamás se recuperaría de esto.
-¿Lo hiciste bien? -preguntó en voz baja, sacando a sus amigos de sus pensamientos.
-¿Disculpa? -preguntó Draco, frunciendo el ceño. Al igual que el resto de sus amigos, tenía ojeras en el rostro debido al cansancio y parecía tan cansado como el propio Theo.
-Lo siento -se disculpó el castaño, enderezándose hasta que su espalda descanso contra el respaldo del asiento-. Le preguntaba a Hermione.
-¿A mí? -dijo la castaña, girando el rostro hacía su hermano.
-Me estaba preguntando si aplicaste bien el Obliviate que conjuraste contra Pansy -se explicó.
Vincent resopló.
-¿En serio, Nott? -se burló-. Estás hablando con la gran Hermione Granger, la mejor bruja de nuestra generación. Obviamente lo hizo a la perfección.
Hermione sonrió hacia Vincent, aunque su sonrisa estaba teñida de tristeza.
-Sí -asintió, recostándose contra el costado de Draco, que rápidamente le echó el brazo por encima de los hombros-. Borré todo.
-Me sorprende que haya dejado que lo hicieras -admitió Gregory. Hermione se encogió de hombros.
-Sabe que era necesario… -disparó una mirada hacia Vincent-. Además, quería protegernos a su manera, por no mencionar que sabe que le regresaré sus recuerdos cuando regresemos a Hogwarts -ahora se giró hacia Draco-. Que, por cierto, debes entrenarla en Oclumancia.
El rubio sonrió, se inclinó hacia ella y beso su nariz.
-Eso haré -dijo.
-Las cosas se van a poner más feas de lo que son ahora -dijo Vincent, sin querer sacar el tema a la luz, pero alguien debía hacerlo-. Nuestros padres fueron arrestados, y eso no va a gustarle en lo absoluto a Lord Oscuro. No me sorprendería que…
-¿Se la cobre con nosotros? -preguntó Theo, ahogando un bostezo mientras se tallaba un ojo. El cansancio empezaba a aumentar con cada minuto.
-Sí -asintió Vincent, sin darse cuenta de que Gregory se congelaba a su lado.
-Nos enfrentaremos a eso conforme venga a nosotros -dijo Draco como toda explicación. Los chicos asintieron.
-Bueno… -Theo se levantó, estirándose mientras dejaba escapar un bostezo-. Estoy muy cansado… así que… -señaló hacia el pasillo.
-¿Aprovecharás que tenemos el tren para nosotros? -preguntó Draco, ignorando la verdadera razón del cansancio de su amigo mientras le sonreía. Theo asintió, con una sonrisa también en su rostro.
-En efecto -admitió-. Así que despiértenme cuando lleguemos -dijo antes de salir del compartimento.
Los Slytherin lo miraron marchar.
-Será luna llena en veinte días… -masculló Gregory, su mirada oscureciéndose.
-No es algo con lo que podamos ayudarle -respondió Draco, su mejilla contra la cabellera llena de rizos de Hermione-. Es algo que tendrá que enfrentar solo.
-¿Cómo Blaise tendrá que hacerlo? -preguntó Vincent, mirando hacia donde el moreno dormía-. Él…
-Él no quiere hablar de eso -cortó Draco-. Y nosotros no lo haremos tampoco… no hasta que esté listo. Así que no volveremos a tocar la conversación -ordenó.
Vincent asintió en seguida, volviendo a dirigir la mirada hacia las calificaciones de los TIMOS.
Tenía un largo verano por delante.
