DISCLAIMER: Los personajes pertenecen en su totalidad a J.K Rowling y la idea original no es mía.
Párrafos de "Harry Potter y el príncipe mestizo" incluidos en la historia. Agradezco su infinita paciencia y su amor al fanfic.
*REEDICIÓN*
Septiembre, 22. 1996
Gran Comedor.
Luna llena.
19:00 p.m.
Las horas libres de los alumnos de sexto año no eran periodos de dicha y tranquilidad como se esperaba, sino ratos para intentar ponerse al día con la cantidad de deberes que les mandaban. Los Slytherin estudiaban como si tuvieran exámenes todos los días, y por si fuera poco las clases exigían más concentración que nunca. La única ventaja era su "innata" habilidad para manejar hechizos no verbales como se los pedían ahora en la mayoría de sus clases.
Eso les dejaba el tiempo suficiente para encerrarse en la biblioteca en busca de más información para poder arreglar el armario evanescente que Draco tenía planeado reparar para crear un pasadizo con su gemelo que se encontraba en Malfoy Manor. La puerta de los mortífagos a Hogwarts. No habían tenido muchos avances en esa asignatura, pero habían logrado atraer a los hijos de mortífagos para practicar el arte de la "Oclumancia".
Excluyéndolos a ellos cinco, solo había otras cuatro personas con ese honorífico: Herbert Rookwood de segundo año, único heredero de Augustus Rookwood, condenado por filtrar secretos del Ministerio de Magia a Lord Oscuro. Nomi Mulciber de cuarto año, única heredera de Everard Mulciber, condenado por asesinato. Corvinus Rowle y Helena Dolohov ambos de quinto año, únicos herederos de Thorfinn Rowle y Antonin Dolohov respectivamente. La única diferencia es que mientras Dolohov fue enjuiciado y enviado a Azkaban por el brutal asesinato de Gideon y Fabian Prewett, Rowle nunca fue encarcelado por su participación en la primera guerra.
Los cuatro chicos habían estado emocionados por aprender un nuevo hechizo, aunque su primera clase no había resultado ser lo que esperaban en lo absoluto. Draco les había dado una paliza magistral y al día siguiente, Herbert había tenido que quedarse acostado en su cama con un terrible dolor de cabeza como acompañante. No fue mejor para Nomi ni Helena o Corvinus, pero estaban decididos a continuar con las clases, sobre todo si ello les daba otra ventaja contra lo que se avecinaba.
El verdadero problema para los Slytherin eran los estudiantes de primero y segundo año de su casa, a quienes tenían que supervisar constantemente debido a la creciente brecha entre la casa de las serpientes y el resto de Hogwarts. Claro, hasta el momento nadie se había metido con los Slytherin más pequeños, pero las noticias provenientes de "El Profeta" no eran un buen augurio para nadie. Cada vez había más ataques a muggles, y a mediados de septiembre, lamentablemente la noticia había sido acompañada por una fotografía muy explícita.
Durante casi una semana Hermione y Draco habían tenido que jugar a las pijamadas con los alumnos de primero a tercero en la Sala Común, quienes habían tenido demasiadas pesadillas para ser solo niños de once, doce y trece años. A pesar de lo mal que estaba el escenario para todos, los Slytherin parecían estar más unidos que nunca. Con los de séptimo año ayudando a Gregory a tratar de continuar con su vida, y a los de quinto estudiando por su cuenta para los TIMOS, sin querer cargar con más estrés a los dos prefectos de Slytherin.
-¿Ya oyeron? -preguntó Adrian sentándose a un lado de Pansy, que en ese momento estaba bebiendo el café sumamente cargado de Vincent. Esa noche era la primera transformación de Theo a hombre lobo en Hogwarts, y Vincent, Blaise y ella tenían la misión de vigilar los alrededores mientras Gregory, Hermione y Draco continuaban con la reparación del armario evanescente.
-Hemos oído muchas cosas últimamente -masculló la azabache, disparando miradas a Theo, quien trataba de ingerir unas galletas de mantequilla con muchísima dificultad. El joven castaño estaba sentado entre Draco y Hermione, quienes ajenos a la cena de aquel día, tenían abiertos grandes libros que habían extraído de la biblioteca ese día
-Ronald Weasley es, una vez más, el guardián de Gryffindor -dijo Milton, sentándose al otro lado de la mesa, junto a Hermione y frente a Adrian.
-Es broma, ¿verdad? -preguntó Blaise enarcando una ceja mientras agregaba otro cubo de azúcar a su taza de té-. Weasley es pésimo para atrapar el balón, ¿cómo pudo…?
-No tengo idea -cortó Adrian negando con la cabeza-. Solo sé que logró mantener su puesto como guardián y que la niña Weasley también entró al equipo -esto último lo dijo acompañado por una mueca, recordando el gran enamoramiento que el moreno tenía con ella.
-¡Joder! -siseo Blaise frunciendo el ceño con enojo-. Lo que me faltaba… -masculló en voz baja, pero aun así alcanzaron a escucharlo.
-Supérala, Blaise -espetó Vincent, una taza de café a medio camino de su boca-. No vas a poder evitarla para siempre…
-Oye, ¿estás bien? -preguntó Adrian, disparándole una mirada a Theo que se veía ridículamente enfermo-. Estas extremadamente pálido, deberías ir con Madame Pomfrey.
Los otros cinco Slytherin desviaron su atención a Theo, rápidamente intercambiando miradas de preocupación. Theo, en cambio, soltó un gemido lastimero.
-La verdad es que no me siento nada bien -admitió, mirando hacia Draco. Las ojeras, las mejillas hundidas y la palidez de su piel eran extremadamente visibles para todos-. Adrian tiene razón, debería…
-Te acompañamos -ofreció Pansy, codeando a Vincent mientras Blaise se levantaba de un salto. Theo, poniéndose de pie con muchísima dificultad, empezó su salida del Gran Comedor, su figura tremendamente frágil para el resto de los Slytherin que lo vieron marchar.
-¿Él…? -empezó Milton, mirando a Draco y Hermione.
-Está bien -cortó Draco en seguida, pero también miraba con muchísima preocupación a Theo, a quien Vincent y Blaise tuvieron que tomar por la cintura para ayudarlo a salir. Pansy revoloteaba alrededor de ellos tres.
-¿Qué le ocurre? -preguntó Adrian, atrayendo la atención de Draco, Hermione y Gregory. La pareja se miró entre ellos, como si debatieran entre si decir la verdad o no, pero Gregory se les adelantó con un suspiro de lamento.
-Es un efecto secundario de -dudó-… la maldición que rebotó en él el año pasado -respondió, encorvándose sobre su cena mientras una mirada de profundo remordimiento cruzaba su rostro.
Los dos Slytherin de séptimo año se miraron entre ellos. Aún era un gran misterio lo que aquel grupo de Slytherin habían hecho exactamente la misma noche en que sus padres fueron arrestados, y para exaltar la curiosidad, el profesor Snape se había negado a hablar del suceso, aunque Brutus Bagshot, quien fungió como prefecto durante las últimas semanas de clase, lo encaró sobre el asunto.
Y mirando como Hermione, Draco y Gregory evadían sus miradas, era bastante obvio que los sucesos de esa noche seguirían siendo un misterio.
Octubre, 15. 1996
¿Dónde estaba Dumbledore y qué hacía? Durante las semanas siguientes, los Slytherin sólo vieron al director de Hogwarts en dos ocasiones. Ya casi nunca se presentaba a las horas de las comidas, y Hermione había empezado a sospechar que el viejo director se asuntaba del colegio durante varios días seguidos. La que dificultaba con creces una de las obligaciones de Draco para con Lord Oscuro.
A mediados de octubre tuvo la primera excursión del curso a Hogsmeade. Hermione inclusive había puesto en duda que esas excursiones continuaran realizándose, dado que las medidas de seguridad se habían endurecido mucho, pero le reconfortó saber que no se habían suspendido, era el escenario perfecto para llevar a cabo su primera prueba.
El día de la excursión se despertaron temprano por la mañana, que amaneció tormentosa y aprovecharon para planear su día. Con Harry Potter inmiscuyéndose en el vagón de Slytherin a principios del curso escolar, y con la insana curiosidad que siempre lo llevaba a meterse en problemas, era obvio de que, en cierta manera, sospechaba de ellos.
Bueno, no de ellos. De Draco para ser exactos.
Así que el heredero de los Malfoy había logrado adjuntarse un castigo para perderse la excursión a Hogsmeade, y lo mejor del asunto, es que McGonagall era quien lo supervisaría. Gregory, Vincent y Theo se asegurarían de dejarse ver durante el momento del "ataque" por los alumnos que habían decidido quedarse en Hogwarts mientras que Hermione, Pansy y Blaise llevarían a cabo el plan.
-Recuerden que no deben tocarlo -espetó Draco mientras Blaise guardaba el paquete dentro de su túnica-. Y asegúrense de borrarle la memoria a…
-Lo sabemos, lo sabemos -chistó Blaise rodando los ojos-. Fratello, no se te olvide que Hermione y yo somos los mejores en hechizos de memoria. No hay manera en que nos vinculen con esto.
-Eso espero -murmuró Vincent, cruzándose de brazos mientras veía a Pansy y a Hermione colocarse sus bufandas-. Porque de lo contrario tendremos serios problemas.
-Cálmense -ordenó Hermione colocando los ojos en blanco-. Lo hemos planeado desde principios del mes. Todo saldrá bien -les recordó, envolviendo rápidamente a Draco en un corto abrazo antes de besarlo en los labios. El rubio, aún tenso, le dedico una sonrisa vacilante antes de que los tres salieran de la habitación.
El paseo hasta Hogsmeade no fue nada placentero, Hermione se tapó la nariz con la bufanda, pero la parte de la cara expuesta no tardo en entumecérsele. Pansy no parecía estar mejor que ella y Blaise se veía como si estuviera en un día de playa, no literalmente, pero a diferencia de las gruesas capas que prácticamente engullían a ambas chichas, el moreno solo vestía un simple suéter de color turquesa.
El camino que llevaba hasta el pueblo estaba lleno de alumnos que se doblaban por la cintura para resistir el fuerte viento. Llegó un punto en que tuvo que usar su varita mágica para lanzar sobre ella y sus amigos un hechizo climatizador, lo que fue una gran mejora. Una vez llegaron al pueblo rápidamente se trasladaron a Las Tres Escobas y esperaron el momento adecuado para llevar a cabo su plan.
-Iré a por las bebidas -anunció Blaise, quitándose los guantes de las manos y dejándolos en la mesa. Las otras dos Slytherin asintieron distraídamente mientras miraban a su alrededor.
-¿Qué tal un Hufflepuff? -preguntó Pansy en voz baja, prácticamente inclinándose sobre Hermione. Ambas demasiado juntas, como si trataran de mantener el calor a su alrededor-. Nadie sospecharía de un Hufflepuff.
-Por supuesto que no lo harían -aceptó Hermione-. Pero ¿crees que Gregory no se alteraría después de darse cuenta de que tiramos muy cerca de su chica? -preguntó enarcando una ceja.
-Tienes un punto -asintió Pansy aflojando un poco su bufanda-. ¿Un Ravenclaw?
-Demasiado curiosos -negó Hermione justo cuando Blaise regresaba a la mesa con tres tarros de cerveza de mantequilla.
-Debe ser un Gryffindor -murmuró el moreno, tomando asiento al otro lado de Pansy-. No hay manera de que alguien en su sano juicio sospeche de un Gryffindor. No en estas épocas.
-¿Estas épocas? -preguntó Pansy, enarcando ambas cejas mientras daba un sorbo a su bebida.
-La de los héroes y los villanos, Pans -masculló el Slytherin, poniendo los ojos en blanco-. Si nosotros somos de quienes siempre sospechan, los villanos -ya sabes- entonces los Gryffindor obviamente son los héroes.
-¿Pero qué Gryffindor? -preguntó Hermione, limpiándose las comisuras de la boca con una servilleta de papel-. Tampoco es como que podamos tirar demasiado cerca del trío de oro.
-Eso significa que la niña Weasley está fuera de discusión -añadió Pansy.
-Joder, Pansy, ¿podemos olvidarla? -siseo Blaise, fulminando con la mirada a la azabache-. Ya entendí la lección, no necesito que me lo restriegues en el rostro cada dos minutos.
-¿De verdad lo has entendido? -encaró Pansy.
-Chicos… -intervino Hermione, frunciendo ligeramente el ceño-. No tenemos tiempo para estúpidas discusiones sobre la niña Weasley -escupió con desdén-. Debemos… -sus lindos labios se fruncieron en una mueca de desprecio cuando el trío de oro entró en el establecimiento, con las narices rojas y los ceños fruncidos-… genial.
-No podemos hacer esto en frente de ellos… -masculló Pansy con una mueca que rivalizaba con la de Hermione. Su mirada ónix recorrió el lugar, reparado en los distintos rostros presentes-. Aunque… creo que tengo a alguien… -dijo, inclinando ligeramente la cabeza hacia dos chicas de Gryffindor, sentadas cerca de las escaleras que llevaban al segundo piso.
La decisión quedó tomada en ese momento.
Cada pocos minutos lanzaban miradas discretas hacia el duo, esperando el momento para continuar con el siguiente paso, mientras que Blaise mantenía su mirada fija en el trío de oro, quienes parecían estar discutiendo algo sumamente desagradable, por las miradas enojadas en sus rostros. Cuando una de las chicas se levantó para ir al baño, Blaise le pasó el paquete a Hermione.
-Asegúrate que su amiga no me note -instruyó a Pansy, quien ya había sacado su varita y apuntaba con ella a la Gryffindor que quedó sola en la mesa. Le lanzó un Confundus no verbal justo en el momento en que Hermione pasaba frente a la mesa para entrar al baño. Blaise, en cambio, se dirigió al mostrador una vez más en busca de bebidas al mismo tiempo en que Ronald Weasley lo hacía.
Observó brevemente como el pelirrojo tartamudeaba y se sonrojaba estúpidamente frente a Madame Rosmerta, la dueña de Las Tres Escobas. Sus ojos, brillantes de anhelo, observaron fijamente a la mujer mientras preparaba sus bebidas.
-¿No estas disparando demasiado alto, pobretón? -se burló Blaise con malicia, atrayendo la atención del pelirrojo. Weasley enseguida lo fulminó con la mirada.
-No veo como eso puede ser asunto tuyo, Blaise -espetó una voz detrás de él, y el moreno se vio obligado a darse la vuelta para encarar a Ginny Weasley, que iba tomada de la mano de Dean Thomas. No los había visto llegar.
-Y no veo como es asunto tuyo inmiscuirte en conversaciones ajenas, niña Weasley -siseo el moreno frunciendo ligeramente el ceño-. Y es Zabini para ti, comadreja -escupió.
Los ojos de Ginny Weasley refulgieron con enojo a la par de que Dean Thomas fulminaba al moreno con la mirada.
-Pobretón, comadreja, ¿es que ya no tienes apodos más inteligentes? -preguntó Ronald Weasley, cruzándose de brazos y sonriendo con altanería.
Blaise resopló.
-Por supuesto que los tengo, pobretón –resaltó, sonriendo enormemente cuando los labios de Ronald Weasley se fruncieron con enojo-. El asunto aquí es si serías capaz de entenderlos, con ese diminuto cerebro de troll con el que cargas.
Las orejas de Weasley empezaron a teñirse de un furioso rojo.
-Vete al carajo -escupió.
-Después de ti -rebatió.
-Por favor, Blaise. Esa no es manera de hablar con nuestros compañeros de clases -murmuró una nueva voz y el cuerpo de Hermione Granger se interpuso entre él y Ronald Weasley-. No querrás estar en el lado equivocado de la historia, ¿cierto? -preguntó, girando la cabeza y disparándole una breve mirada por encima del hombro.
-Creo que ya es demasiado tarde para eso -refunfuñó Blaise, pero retrocedió un paso mientras se cruzaba de brazos.
Hermione, una vez más, se giró hacia Ronald Weasley y le dedicó su sonrisa más inocente que pudo darle sin parecer que estaba actuando.
-¿Te importa si me llevo estas? Es que la verdad tengo mucha sed -dijo, mirando entre Weasley y los tres tarros de cerveza de mantequilla sobre el mostrador. Madame Rosmerta, al otro lado de la barra, tenía las manos plantadas en las caderas y miraba de un muchacho a otro.
-Oh, yo, uhm… -balbuceo Weasley, sonrojándose profusamente ante la mirada de Hermione.
-Gracias, eres muy lindo -dijo la Slytherin sin dejar de sonreír, tomando las cervezas con maestría y girándose a Blaise con elegancia-. Paga -ordenó y salió del circulo inamistoso, sin mirar o reconocer una sola vez a Ginny Weasley o a Dean Thomas.
Blaise se apresuró a soltar uno cuantos galeones sobre el mostrador, más de lo que posiblemente valían las tres cervezas juntas y se retiró, siguiendo a su amiga de vuelta a la mesa.
Los tres Slytherin no dijeron palabra alguna mientras bebían en un silencio expectante entre ellos, mirando de vez en cuando hacia Katie Bell. Tan pronto como la vieron salir del lugar, apuraron sus cervezas para seguirla hasta el castillo, pero al final terminaron siguiendo al trío de oro, quienes salieron antes que ellos de la taberna.
Potter y Longbottom discutían algo en voz baja, mientras que Ronald Weasley les lanzaba miradas por encima del hombro. Solo dejó de mirar una vez que sus ojos se encontraron con los de Hermione, que sonrió levemente provocando que se sonrojara y volviera a mirar hacia el sendero que tenía por delante.
-¿Qué fue eso? -siseo Pansy, entrelazando su mano con la de Hermione mientras miraba con desprecio a la cabeza pelirroja frente a ella.
-Solo fui amable. Me abro camino -respondió la castaña encogiéndose de hombros.
-Creo que acabas de flecharlo -se burló Pansy con malicia.
Hermione puso los ojos en blanco.
-Lo que sea -chasqueo la lengua.
-¡No es asunto tuyo, Leanne! -exclamó Katie Bell muy por delante de ellos, antes de que ella y su amiga desaparecieran tras un recodo del camino.
Los tres Slytherin se miraron entre ellos, una pizca de incertidumbre nublando sus miradas. Al doblar el recodo, unos pasos detrás del trío de oro vieron el momento justo en que Katie Bell se elevaba por los aires, con los brazos extendidos como si estuviera a punto de echarse a volar. Su postura, sin duda, era algo extraña, estremecedora… La ventisca le alborotaba el cabello y tenía los ojos cerrados y el rostro inexpresivo. Todos se detuvieron en seco, estupefactos.
Entonces, cuando estaba a dos metros del suelo, Bell soltó un chillido aterrador y abrió los ojos. Sin duda lo que veía o sentía le estaba produciendo una terrible angustia. No paraba de chillar. La amiga de Bell empezó a gritar también, y la agarró por los tobillos intentando bajarla al suelo. El trío de oro se precipitó a ayudarla, y cuando lograron tomarla por las piernas Bell se les vino encima. Potter y Weasley consiguieron atraparla, pero Bell se retorcía violentamente y apenas podían sujetarla. La tumbaron en el suelo, donde la muchacha siguió revolcándose y chillando, como si no reconociera a nadie.
Potter miró a su alrededor, y enseguida sus ojos cocharon con los de ellos. Debieron haber mostrado plenamente el terror que sentían, pues en vez de mirarlos con desprecio como siempre lo hacía, se levantó de un saltó sin mirarlos dos veces.
-¡No se muevan de aquí! -ordenó en medio del viento huracanado-. ¡Voy a pedir ayuda! -y arrancó hacia el colegio.
Hermione lo vio marchar con un nudo en la garganta, y la mano de Pansy se deslizó de su agarre. Caminó hacia la chica poseída en el suelo, sus gritos le perforaban los tímpanos.
-En vez de buscar ayuda deberíamos llevarla a la enfermería -dijo la azabache, sacado su varita mágica de la túnica antes de que Blaise la detuviese.
-No -negó, mirando de reojo a la chica en el suelo-. Está poseída, podríamos lastimarla si le lanzamos un hechizo.
La amiga de Bell lloró con más fuerza y contra todo pronóstico, Hermione se adelantó hacia ella y la envolvió en sus brazos, tratando de reconfortarla. Durante unos momentos nadie dijo nada, los gritos de Bell eran los únicos sonidos que se alzaban sobre la ventisca antes de que Potter regresara al lugar, acompañado por Hagrid, el guardabosques de Hogwarts.
-¡Apártense! -ordenó el guardabosques-. ¡Déjenme verla!
-¡Le ha pasado algo! -sollozó la amiga de Bell, aun aferrándose a Hermione como si su vida dependiera de ello-. No sé qué…
Hagrid miró a Bell y luego, sin decir palabra, se agachó, la levantó y echó acorrer hacia el castillo. A los pocos segundos, los desgarradores gritos de Bell se habían apagado y sólo se oía el bramido del viento.
Longbottom se acercó hacia Hermione y la chica a la que estaba abrazando.
-Te llamas Leanne, ¿verdad?
La chica asintió con la cabeza, sus manos enroscadas con fuerza en la capa de Hermione.
-¿Ha pasado de repente o…? -preguntó Longbottom, mirando con cierta desconfianza a la castaña, que le regresó la misma mirada.
-Ha ocurrido cuando se abrió el paquete -gimoteó Leanne, y señaló el empapado envoltorio de papel marrón que había caído al suelo; se había abierto un poco y dejaba entrever un destello verdoso.
Weasley se agachó a tocarlo, pero Blaise lo sujetó por el brazo.
-¿Qué demonios, Weasley? -escupió, mirándolo alucinado-. ¿Eres estúpido? ¡Acaba de decirnos que eso provocó la maldición en Bell!
-Zabini tiene razón -dijo Potter a la vez que Weasley se sacudía del agarre de Blaise. Se agachó junto al paquete: un ornamentado collar de ópalos asomaba por el envoltorio-. Lo he visto antes -comentó-. Fue expuesto en Borgin y Burkes hace mucho tiempo y la etiqueta ponía que estaba maldito. Katie debe haberlo tocado. -Miró a Leanne, que temblaba fuertemente en los brazos de Hermione-. ¿Cómo llegó a manos de Katie?
-Por eso discutíamos. Volvió del baño de Las Tres Escobas trayendo consigo el paquete y dijo que era una sorpresa. Cuando lo dijo estaba muy rara… ¡Oh, no! ¡Ahora lo entiendo! ¡Le han echado la maldición imperius, y no me di cuenta! -Rompió a sollozar de nuevo.
Hermione le empezó a sobar la espalda, tratando de tranquilizarla.
-¿No dijo quién se lo había dado, Leanne? -preguntó, y su voz sonó mucho más segura de lo que se sentía.
-No… no quiso contármelo… Y yo le dije que no fuera estúpida y que no lo llevara al colegio, pero ella se negaba a escucharme y… y entonces intenté quitárselo… y… y… -Emitió un gemido de desesperación.
-Será mejor que vayamos a Hogwarts -propuso Hermione sin dejar de abrazar a la desdichada chica-. Así sabremos cómo se encuentra Bell. Vamos…
Potter vaciló un momento, se quitó la bufanda del cuello e, ignorando la exclamación de asombro de Weasley y Pansy, envolvió con ella el collar y lo levantó con mucho cuidado.
-Se lo enseñaremos a madame Pomfrey -dijo y siguió a los Slytherin hacia Hogwarts.
Octubre, 16. 1996
Mazmorras de Slytherin.
13:45 p.m.
Al día siguiente trasladaron a Bell al Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas. A esas alturas la noticia de que le habían echado una maldición se había extendido por todo el colegio, aunque los detalles eran confusos, excepto el trío de oro, la amiga de Bell, y los Slytherin en todo su esplendor (ya que Blaise se había encargado de correr la noticia entre las serpientes), se había enterado de que Katie Bell no era la destinataria del ataque.
-Bien, fue un pésimo plan. Hay que admitirlo -aceptó Vincent en voz baja, disparando miradas a su alrededor cada pocos segundos, pero nadie más a parte de ellos estaba en el pasillo.
-¡Oh! ¿Tenías uno mejor? -se quejó Gregory, quien había sido la mente maestra detrás del primer ataque. Una buena excusa para mantenerlo alejado de los depresivos pensamientos que rondaban su cabeza.
Vincent lo miró con altanería, pero no dijo nada.
-Como sea -siseo Draco, rodando los ojos-. Ahora tenemos cosas más importantes que hacer. No hemos avanzado nada en la preparación de la poción "Matalobos" y las clases de Oclumancia no van en la dirección en que me gustaría, por no mencionar que el armario sigue siendo igual de inútil que el primer día.
-Tiempo al tiempo -murmuró Vincent, sabiamente.
-No tenemos tiempo, imbécil -le espetó Draco, disparándole dagas con la mirada, pero Vincent solo se dedicó a reír.
-Creo que deberíamos dividir las tareas y enfocarnos solo en la que nos toca -propuso Gregory, dando la vuelta al recodo y mirando brevemente hacia delante. Habían llegado a la zona transitada del colegio-. Hemos estado intercambiando deberes, a excepción de la pócima que solo Blaise, Theo y tú se dedican a aprender -dijo en voz baja-. Debemos anclarnos a algo.
-Greg tiene razón -asintió Vincent-. Yo puedo encargarme de Helena, Corvinus, Nomi y Herbert, ya que tú estás ocupado con la pócima y Hermione, Pansy y Gregory pueden enfocarse plenamente en el armario… Creo que tu chica te está llamando -se interrumpió Vincent, disparando una mirada hacia Susan Bones, que caminaba junto a Hanna Abbott y saludaba a Gregory con un brazo en alto y una sonrisa enorme en el rostro.
-Ella no es mi chica -mascullo Gregory, pero su mirada brilló un poco y sus mejillas se pintaron ligeramente de rojo.
Draco se rio entre dientes.
-Por supuesto que no -negó el rubio y a diferencia de Gregory, su mirada no cayó en un lugar agradable. Harry Potter frente a la entrada del Gran Comedor lo veía con desconfianza clara-. Ve con ella Greg, te esperamos en la mesa -animó y en seguida, los tres Slytherin tomaron caminos distintos. Vincent y Draco se dirigieron al Gran Comedor y Gregory a Susan, quien rápidamente fue abandonada por su amiga.
-¡Ey! -jadeo Susan, sus mejillas sonrojadas con fuerza. Gregory le sonrió muy levemente.
-Hola -saludó, metiendo las manos dentro de los bolsillos de su pantalón-. ¿Qué tal vas con los deberes?
-¡Oh! ¡Ya sabes! Super atrasada -respondió con exagerada indiferencia, provocando una pequeña risa en Gregory. La sonrisa de Susan se ensanchó-. ¿Y usted, señor perfecto? Estoy segura de que a ustedes los Slytherin no les va nada mal, a diferencia de nosotros los simples mortales.
-¿Qué puedo decir? -Gregory se encogió de hombros con falsa soberbia-. Los hechizos no verbales los manejamos a la perfección y los deberes son entregados con antelación. Tengo tanto tiempo de sobra que hasta ayudo a los de séptimo año con sus prácticas para los EXTASIS.
-¿¡De verdad!? -jadeo Susan, sus ojos abriéndose desmesuradamente.
La sonrisa de Gregory creció solo un poco.
-No -se rio.
-¡Eres malo! -se quejó Susan, dándole una palmada juguetona en el brazo.
-Apenas podemos con nuestras horas libres -admitió-. Los hechizos verbales nos dan una cierta ventaja, pero los deberes son tantos que inclusive Hermione tiene un problema con ellos. Aunque lo de ayudar a los de séptimo año es cierto, por lo visto creen que soy su nueva mascota a la que pueden hechizar cuando se les venga en gana -se quejó, malhumorado.
Susan volvió a reírse.
-Ve el lado bueno -dijo-. Tienes una ventaja sobre el resto de nosotros. Ya sabes lo que nos pedirán los profesores para los EXTASIS.
-Supongo -dijo Gregory, volviendo a encogerse de hombros-. ¿Qué tal vas con Encantamientos? -preguntó-. Hermione dice que viene en el programa de medimagos.
-¡Por la tanga de Merlín! -jadeo Susan-. ¿Granger tiene el programa de Newcastle? ¿Cómo lo consiguió? Mi tía Amelia dice que no se puede conseguir, a menos que tengas asegurada una plaza.
-Eleanor Branstone, la anterior prefecta de Slytherin -respondió Gregory-. Ella consiguió una plaza al salir de Hogwarts, y ha estado enviando cartas regularmente con Hermione y Draco para saber que todo esté bien en Slytherin. Así que cuando se enteró de que Hermione también quiere estudiar para medimago, le envió el programa y las calificaciones que necesita para entrar.
-Qué suerte -suspiró Susan desanimada-. Ya me gustaría tener alguien que me ayudara de esa forma.
-Estoy seguro de que puedo conseguirte el programa –dijo Gregory, las mariposas revoloteando en su estómago cuando Susan le dedicó una mirada de anhelo total-. Se lo pediré a Hermione, si eso quieres…
-¡Sí, sí quiero! ¡Me encantaría! ¡Muchísimas gracias, Gregory! -chilló Susan, brincando sobre las puntas de sus pies antes de echarle los brazos al Slytherin, en un intento de abrazo. Gregory se quedó completamente tenso unos segundos, pero logró abrazarla ligeramente antes de que ella se apartara de él, con el rostro más rojo de lo que nunca lo había visto-. Gracias, de verdad gracias.
Gregory volvió a sonreír, antes de que ambos chicos decidieran que ya era hora para entrar en el Gran Comedor.
No se dio cuenta hasta después, mientras escuchaba a Vincent y Pansy reñirse uno al otro, en que no había pensado durante un solo momento en la muerte de sus padres.
Octubre, 31. 1996
Pasillos de Hogwarts.
21:50 p.m.
-Ay, sí… toma un poco más de vino de elfo, Cormac… ¿quieres otro trozo de tarta tatín? -murmuró Blaise en voz muy baja, su voz ligeramente aguda en un intento de imitar al tono de voz del profesor Slughorn-. Cuéntame, ¿qué tal está el ministro? ¿cómo está tu padre?... jodido adulador de mierda -se quejó, soltando un largo suspiro de cansancio.
Hermione lo había traicionado. Lo había traicionado de la peor manera posible.
La pequeña arpía lo había mandado por delante, anunciándole que lo seguiría en corto para que ambos asistieran a la cena que el profesor Slughorn había preparado para los miembros del "Club de las Eminencias" en festejo de Halloween. Al final lo había dejado solo, durante la cena que duró más de dos horas, la pequeña bruja no había mostrado señales de vida.
¡Y él tuvo que inventarse una estúpida excusa para perdonar su ausencia!
-Traidora -escupió-. Esta maldita escuela esta llena de traidoras -lanzó justo cuando daba vuelta en la intersección que lo llevaría hacia las mazmorras de Slytherin cuando se topo de frente con Ginny Weasley-. ¡Perfecto! ¡Y yo que creí que mi noche no podía ir peor!
Ginny lo fulminó con la mirada.
-Zabini -espetó.
-Heredera de Slytherin -saludó Blaise, sonriendo con malicia cuando la pelirroja se estremeció.
-Serpiente traicionera -lanzó Weasley.
Blaise soltó una risa demasiado oscura para el gusto de la pelirroja.
-Creo que te has confundido -siseo-. Aquí la única traicionera eres tú.
-¿Yo? -jadeo Ginny, sus ojos brillando de enojo-. Que yo recuerde, nunca lancé un hechizo a traición a ninguno de mis "supuestos" amigos.
-¿Ah, no? -preguntó Blaise, fingiéndose sorprendido-. ¿Y el maleficio moco-murciélago de cuarto año? ¿Eso no fue un hechizo a traición? ¿O solo se considera traición cuando eres tú la atacada? -dijo, y no pudo reprimir el escalofrío de satisfacción que lo recorrió cuando las mejillas de Ginny se enrojecieron por la vergüenza.
-Es diferente -se defendió-. Tú habías dicho esas cosas desagradables sobre el papá de Harry y…
-… y Potter-San Gafas-Potty Popoti -interrumpió Blaise, haciendo un ademán despectivo con la mano, como si estuviera restándole importancia al asunto-. Porque todo se resume a Potter, ¿no es verdad? -se burló-. ¿Qué importamos los demás mientras "el Elegido" salga victorioso?
-Yo no me refería a…
-Por supuesto que lo hacías, Weasley -cortó Blaise una vez más-. Tu patética vida gira alrededor de El-niño-que-vivió… -negó con la cabeza-. No sé cómo pude venir a fijarme en alguien tan patética y ridícula como tú, que lo único en lo que eres buena es en besar el suelo por el que Potter camina -dijo, y el ardor que siguió a esas palabras fue una sorpresa para Blaise, aunque sabía que se lo había ganado a pulso.
Su mirada ya no estaba enfocada en el rostro de Ginny, si no en la pared de ladrillos de su lado izquierdo. Y un extraño deja vú lo asaltó al recordar esa misma escena, solo que con Vincent y su madre como protagonistas.
Se llevó tentativamente una mano al rostro, tocando con la punta de los dedos la mejilla golpeada antes de mirar una vez más a Ginny Weasley, que parecía más enojada que nunca, a pesar de que gruesas lágrimas se escurrían por sus mejillas.
-Nunca más -escupió la pelirroja, las manos apretadas en puños-. Nunca más vuelvas a humillarme de esa manera, nunca más… -sus palabras fueron cortadas por un grito ahogado, antes de que su espalda se estrellara con fuerza contra el muro de ladrillos y una mano se enroscara en su hombro, con la punta de la varita mágica de Blaise enterrada en su cuello, justo donde la vena que iba directo al corazón pulsaba con fuerza.
La mirada de Blaise, ¡oh!, era mortífera.
-Nunca… óyeme bien, Weasley, nunca… -soltó en un silbido bajo, con los dientes fuertemente apretados-… vuelvas a ponerme una de tus sucias y asquerosas manos encima. O me aseguraré de que esas sean tus últimas acciones sobre la tierra, ¿me has entendido?
Ginny apretó con fuerza los labios, negándose a contestar mientras lo fulminaba con la mirada. La mano sobre su hombro y la varita contra su cuello se apretaron con más fuerza, pero la pelirroja, sin dejarse amedrentar, empezó a buscar su varita que había guardado dentro del bolsillo de su falda.
El Slytherin sonrió con maldad pura, sus ojos brillando peligrosamente.
-Si así lo quieres… -murmuró-. ¡Petrificus totalus tria! -la luz roja fue expulsada de la punta de su varita y enseguida hizo resplandecer el cuerpo de Ginny al completo. Un extraño entumecimiento recorrió a la pelirroja de pies a cabeza y antes de que pudiera terminar de completar sus pensamientos, Blaise la soltó y cayó de golpe al suelo, su cabeza rebotó con fuerza contra el piso, pero no hubo dolor alguno-. Bueno, es una lástima que no vayas a recordar esto -dijo el moreno, arrodillándose a un lado de Ginny para darle la vuelta, sus ojos abiertos desmesuradamente-. Madame Pomfrey no va a poder deshacer el maleficio, y estarás así… ¿qué? ¿Unos cuatro o cinco días? -se encogió de hombros-. Una pequeña dosis de lo ocurrido en segundo año cabe aclarar -sonrió, blandiendo su varita mágica sobre el rostro de Ginny-. Y ya que estamos aquí, me aseguraré de borrar nuestros bonitos encuentros en la Sala de los Menesteres, ya sabes, aquellos dónde nos ves practicando magia oscura… -negó con la cabeza-. Una lástima que nunca se lo hayas dicho a nadie, Weasley… -dijo con falso lamento-. Por cierto, te dejaré aquí… ya veremos cuanto tardan en encontrarte, ¿te parece bien? ¿Sí? Muy bien… ¡Obliviate!
Noviembre, 01. 1996
Invernaderos.
09:00 a.m.
-Imbécil, completamente imbécil -masculló Draco en voz baja mientras se sentaban alrededor de una de las retorcidas cepas de snargaluff, el objeto de estudio de ese trimestre, y se enfundaban los guantes protectores-. Solo a ti se te ocurriría atacar a la niña Weasley a plena vista de todos.
-Por favor, Malfoy… Nadie se dio cuenta -se defendió Blaise en seguida.
-Nadie se dio cuenta -repitió Draco, disparándole una mirada de enojo al moreno-. El profesor Snape te mandó a llamar durante el desayuno por el ataque, ¿o vas a decirme que no?
-Bueno…
-Era más que obvio que serías el primero en quién desconfiarían después de haberla atacado el año anterior -dijo Hermione frunciendo ligeramente el ceño-. ¿En qué estabas pensando?
-Venga ya -gimió Blaise-. Les hice un favor. Borré los recuerdos de nuestros entrenamientos en la cabeza de Weasley.
-Eso solo lo hiciste como un extra -negó Pansy con burla-. ¿Qué demonios hizo la pequeña pelirroja para hacerte enojar tanto? Tengo entendido que tendrán que dejar que los efectos del hechizo desaparezcan por si solos.
-Me golpeo el rostro -admitió Blaise.
-¿Es todo? -preguntó Vincent enarcando una ceja.
-¡Oh, tú no hables! -siseo Blaise-. No vengas a ponerte todo maduro conmigo cuando te tatuaste el brazo por sumo capricho.
-¿Tienes un tatuaje? -jadeo Pansy, mirando con ojos alucinados a Vincent.
-¡Él también tiene uno! -se defendió el azabache.
-No voy a negar ni confirmar nada -dijo Blaise cuando la mirada de Pansy recayó en él.
-Fantástico, simplemente fantástico -negó Pansy, sacudiendo la cabeza con falso pesar.
-Hablando de ser fantásticos…, ¿por qué demonios me dejaste morir solo en la cena de Slughorn? -recriminó Blaise a Hermione, recordando su malestar de la noche anterior.
Hermione suspiró con fuerza, lanzándole una mirada de profunda pena al Slytherin mientras se mordía el labio inferior con cierta timidez.
-Bueno…
-¡Basta de plática! -los reprendió la profesora Sprout, que se había acercado y los miraba con gesto adusto-. Se están retrasando. Sus compañeros ya han empezado y Neville ha conseguido extraer la primera vaina.
Los Slytherin miraron a su alrededor. Era verdad: Longbottom, con un labio ensangrentado y varios arañazos en la mejilla, aferraba un objeto verde del tamaño de una toronja que latía de forma repugnante. Weasley y Potter, a sus lados, miraban con gestos de dolor en sus rostros a su amigo.
-Uh, estamos en ello… -dijo Blaise, y cuando la profesora se dio la vuelta, añadió en voz baja-: Tendría que haber dejado la materia como lo hicieron Theo y Gregory.
-Es muy tarde para echarte hacia atrás -dijo Pansy poniéndose el protector de dentadura al mismo tiempo que el resto de sus amigos.
Todos respiraron hondo y se abalanzaron sobre la retorcida cepa con que les había tocado lidiar.
La cepa cobró vida al instante y de su parte superior brotaron unos tallos largos y espinosos como de zarza. Uno de ellos se enredó en el cabello de Hermione, pero Draco lo rechazó con unas tijeras de podar. Blaise consiguió atrapar un par y les hizo un nudo. Entonces se abrió un agujero en medio de las ramas con aspecto de tentáculos. Demostrando un gran valor, Vincent metió un brazo en el agujero, que se cerró como una trampa y se lo aprisionó hasta el codo. Pansy y Hermione tiraron de los tallos y los retorcieron, obligando al agujero a abrirse otra vez, de modo que Vincent logró sacar una vaina al igual que la de Longbottom. De inmediato los espinosos tallos volvieron a replegarse y la nudosa cepa quedó quieta como si fuera un inocente trozo de madera muerta.
-Pásame un tazón -pidió Vincent, sujetando la palpitante vaina con una mano tomó su daga de plata con la otra y pinchó la vaina para tratar de abrirla mientras Pansy dejaba el recipiente frente a él.
-Slughorn va a organizar una fiesta de Navidad, y aunque muy bien podríamos faltar, tengo entendido que Potter asistirá -dijo Blaise, atrayendo la completa atención de Draco.
-¿De verdad? -preguntó, mostrando más entusiasmo de lo que había expresado desde el ataque a Katie Bell-. ¿Estás completamente seguro?
-Sí -asintió Blaise-. Me pareció que sería una buena distracción… ya sabes…. -murmuró, disparando miradas a su alrededor-… para volver a intentarlo… Hasta se me ocurrió una idea fantástica.
Draco enarcó las cejas con escepticismo.
-¿Ah, sí?
-Uhm, creo que podríamos…
Un grito agudo resonó en el invernadero, interrumpiendo la charla entre los Slytherin. El brazo de Millicent había quedado atrapado dentro de la cepa, y Daphne y Flora, horrorizadas, habían retrocedido un par de pasos en vez de ayudarla a soltarse.
Vincent dejó caer la vaina dentro del tazón mientras Draco, Blaise y él se lanzaban en la ayuda de Millicent, tirando de los tallos para liberarla.
-¿Llevarás vestido? -preguntó Pansy, continuando con la labor de Vincent-. Por qué tengo un vestido que te quedaría fantástico.
-Supongo -dijo Hermione, encogiéndose de hombros-. Buscar un vestido y asistir a una estúpida fiesta es la última de mis preocupaciones.
-Lo sé -admitió Pansy justo cuando consiguió abrir la vaina. El tazón se lleno en seguida de tubérculos de un verde pálido que se retorcían como gusanos. Ambas chicas hicieron muecas de desagrado-, pero creo que todos merecemos un poco de paz… -añadió, apartando el tazón de ella con repugnancia.
-Tal vez, ya lo veremos más adelante -murmuró Hermione mientras Draco, Blaise y Vincent regresaban a su mesa, quejándose de lo estúpida que era esa clase.
Noviembre, 12. 1996
Gran Comedor.
07:56 a.m.
Como era habitual en esas ocasiones, a la hora del desayuno reinaba un ambiente de gran agitación: los alumnos de Slytherin silbaban y abucheaban ruidosamente cada vez que un jugador del equipo de Gryffindor entraba en el Gran Comedor mientras que los Gryffindor hacían lo mismo cuando un alumno del equipo de Slytherin entraba en escena.
Era el primer partido de temporada y Theo había dejado en claro desde el primer momento en que no jugaría aquel año, lo que había llevado a Draco en busca de otro cazador y había sido más difícil de lo que pensó en un inicio. Los de séptimo año estaban demasiado ocupados con sus deberes de los EXTASIS, y los de quinto año en alguna clase de rivalidad en la que no habían pensado antes, habían anunciado (con Helena Dolohov como representante) que superarían las notas que el grupo de sexto había sacado el año anterior, razón por la que se habían negado a jugar ese año.
Lo que solo lo había dejado con una opción: Ansel Montague, el hermano pequeño de Graham y estudiante de segundo año de la casa de Slytherin.
Lo más difícil había sido encontrar tiempo en sus apretadas agendas para los entrenamientos de quidditch, y lograr que el niño se sintiera a gusto jugando junto a ellos. Al final, la únicas que pudieron ayudar a Ansel con su entrenamiento fueron Pansy y Hermione, con un algo de ayuda de Adrian, quien les otorgó un poco de su tiempo para capacitar al niño lo más que pudo.
Al final, no habían tenido ni un solo entrenamiento en conjunto, así que definitivamente estaban rezando a todos los dioses muggles para no ser vencidos en el primer partido por Gryffindor.
-¿Quieres algo de té? -ofreció Hermione al pequeño rubio que estaba sentado en medio de Vincent y Gregory-. ¿Café? ¿Jugo de arándanos?
-¿Puede tomar café? -preguntó Draco, enarcando una ceja con curiosidad. Hermione rodó los ojos.
-Estoy bastante segura de que a los doce años bebías café, Malfoy.
-Si usted lo dice, señora Malfoy.
-Creo que voy a vomitar -dijo Ansel en voz baja, su rostro extremadamente pálido mientras miraba fijamente su plato de oro vacío.
-Sí, yo también -dijo Theo, pero su mirada estaba puesta en la sonrisa coqueta que Draco le dedicaba a Hermione.
-Come -ordenó Blaise cambiando su plato por el plato vacío de Ansel. El joven Slytherin, con manos temblorosas, tomó una de las tres tostadas francesas untadas con mermelada de fresa y se la llevó a la boca, masticando con muchísima dificultad-. Trata de tranquilizarte, todos estábamos nerviosos en nuestro primer partido.
-¿De verdad? -preguntó Ansel, su voz temblando mientras miraba con ojos brillosos a Blaise.
-Por supuesto –asintió Draco, tratando de animar al niño-. La diferencia es que en ese entonces Marcus Flint era el capitán.
-Graham dice que Marcus era aterrador durante los entrenamientos -murmuró Ansel, recordando las palabras de su hermano.
-Completamente -acepto Draco.
-Definitivamente -se rio Hermione.
-Sin lugar a duda -añadió Blaise, negando con diversión-. El asunto aquí, Ansel, es que no puedes dejar que nadie vea lo aterrado que estas. Eres un Slytherin.
-Soy un Slytherin -asintió Ansel, repitiendo aquella frase como si fuera un mantra durante el resto del desayuno, de camino al campo de quidditch y dentro de los vestidores.
-Al menos hace un buen día -opinó Pansy mientras se colocaba los protectores de las piernas.
-Al menos -se burló Vincent lanzando su bastón de golpeador de una mano a la otra-. Escuché que Dean Thomas estará jugando como cazador en el lugar de Katie Bell.
-Maldita sea -masculló Blaise calzándose la botas-. Hazme el favor de lanzarle una bludger.
-Con gusto lo haré -aceptó Vincent sonriendo con maldad.
-¿Van a evitar que las bludger me den, verdad? -preguntó Ansel, un nuevo miedo desbloqueado.
-Por supuesto -dijo Gregory sacudiendo el cabello rubio del niño con una de sus gruesas manos-. Nos aseguraremos de que nada te ocurra.
Salieron del campo en medio de apoteósicos gritos de ánimo y abucheos. Uno de los extremos del estadio era una masa verde y plateado; el otro roja y dorada. Muchos alumnos de Hufflepuff y Ravenclaw habían tomado también partido: en medio de los gritos y aplausos, pudieron distinguir con claridad el rugido del célebre sombrero con cabeza de león de Luna Lovegood.
-¿Ella no fue quien entrevistó a Harry Potter el año pasado? -preguntó Ansel, caminando en medio de Vincent y Gregory, que se veían mucho más imponentes que nunca.
-No te distraigas -ordenó Blaise mientras Draco se dirigía hacia madame Hooch, que hacía de árbitro y ya estaba preparada para soltar las pelotas de la caja.
-Estréchense la mano, capitanes -indicó, y Potter lo miró con suma desconfianza mientras acataban la orden- Monten sus escobas. Atentos al silbato. Tres... dos... uno...
Tan pronto sonó el silbato, Draco y los demás se impulsaron con una fuerte patada en el helado suelo y echaron a volar.
Hermione no tardó en apoderarse de la quaffle, siendo flanqueada en seguida por Draco y Ansel, quien ere el jugador más joven en el campo. Desde la tribuna del profesorado, una voz muy diferente de la del comentarista de siempre se alzó por encima de los vítores.
-Bueno, allá van, y creo que a todos nos ha sorprendido el equipo que ha formado Potter este año. Muchos creían que Ronald Weasley, después de su irregular actuación el año pasado, quedaría descartado, pero claro, siempre ayuda tener una buena amistad con el capitán...
Esas palabras fueron recibidas con burlas y aplausos en las gradas ocupadas por los simpatizantes de Slytherin. Hermione miró de reojo hacia el estrado del comentarista y vio a un chico rubio, alto, delgaducho y de nariz respingona, hablando por el megáfono mágico que hasta entonces siempre utilizaba Lee Jordan; reconociendo enseguida a Zacharias Smith, un jugador de Hufflepuff con el que Vincent había tenido un altercado el año pasado: le había roto la nariz al amigo de Smith, Ernie Macmillan.
-Ahí va el primer ataque de Slytherin. Granger cruza el campo como una centella y... ¡paradón de Weasley! Bueno, supongo que todos tenemos suerte alguna vez...
-Ya lo supongo -se quejó Draco y regresó a la contienda.
A media hora de partido Gryffindor estaba ganando por diez puntos, Weasley había hecho paradas espectaculares, algunas por un pelito y Ginny Weasley había marcado cuatro de los seis tantos de Gryffindor. Eso obligó a Smith a dejar de preguntarse en voz alta si los hermanos Weasley sólo estaban en el equipo porque le caían bien a Potter, y empezó a meterse con Peakes y Coote, los nuevos golpeadores de los leones.
-Ya se habrán fijado en que Coote no tiene la planta del típico golpeador -comentó Smith con altivez-; por lo general suelen tener un poco más de músculo...
-Hay que golpearlo, ¿puedo golpearlo? -preguntó Vincent a Hermione justo cuando desviaba una bludger que iba hacia ellos, lanzándola en dirección de Harry Potter.
El partido no iba tan mal como lo esperaban, e inclusive Ansel había logrado anotar una vez a pesar de que Weasley parecía tener una suerte tremenda ese día. El problema es que Gryffindor ya les llevaba cincuenta puntos de ventaja y Potter estaba tan contento ya que desde lo alto simuló dirigir a la tribuna de Gryffindor con una batuta imaginaria mientras ellos entonaban el viejo teman "A Weasley vamos a coronar" cuando el pelirrojo detuvo otra perfecta lanzada de Draco.
-Siento que estoy en una dimensión desconocida -se lamentó Hermione en voz baja, la quaffle metida debajo de su brazo. Ginny Weasley la alcanzó en ese momento, y los empujones que la castaña empleó contra la pelirroja tenían más fuerza de la que nunca había empleado durante un partido.
Mientras ambas chicas se peleaban por la quaffle, una bludger pasó zumbando detrás de ellas y antes de que Hermione pudiera gritarle a Vincent o a Gregory por no detener la pelota, un grito de dolor puro se escuchó muy cerca de ellas.
-¡ANSEL! -gritó Hermione dejando caer la quaffle para salir volando hacia el joven Slytherin. El niño estaba tratando de mantenerse flotando en el aire, con sus manos envueltas alrededor de su nariz mientras la sangre se escurría por sus dedos.
Draco y Gregory no tardaron en darle alcance, con el castaño tratando de sacar a Ansel de su escoba para subirlo a la de él y bajarlo al campo.
-Deberíamos pedir tiempo fuera…
-¡Me parece que Zabini, de Slytherin, ha encontrado la snitch! -anunció Zacharias Smith por el megáfono-. ¡Sí, ha descubierto algo que Potter no ha visto!
Los tres Slytherin, aún sobrevolando en un circulo alrededor de Ansel, se giraron para encontrar a Blaise subiendo en picada, dirigiéndose hacía la snitch dorada que volaba a toda velocidad por encima de ellos despidiendo destellos que destacaban contra el cielo.
Potter, que había estado más al pendiente de Draco que del partido, aceleró de golpe en la misma dirección que Blaise. Lo vieron, expectantes, tratar de alcanzar a Blaise y cuando el moreno por fin parecía estar rosando con sus dedos las alas de la snitch dorada, la voz de Potter distorsionada por la distancia se mezcló con el viento.
El buscador de Slytherin perdió la concentración en un segundo, y al tratar de atrapar la snitch, la pelota se le escapó entre los dedos y pasó de largo. Entonces Potter estiró el brazo y atrapó la diminuta pelota alada.
-¡SÍ! -aulló Potter, con la snitch en la mano y el brazo en alto. Mientras que Potter festejaba su victoria, el Slytherin de tez morena parecía haber entrado en alguna clase limbo, porque se quedó plasmado detrás de Harry Potter, con la mano aún estirada y la mirada desenfocada.
Lo siguiente que vieron es que estaba cayendo.
-¡BLAISE! -el aullido desgarrador de Hermione le provocó un escalofrío a más de uno. Y en seguida, cuatro borrones distintos se precipitaron a Blaise que caía en picada.
Completamente distinto a lo que se creía, Blaise Zabini no gritaba mientras caía con su túnica revoloteando en el aire, sus extremidades sacudiéndose por la fuerza de la caída y la Saeta de Fuego muy lejos de su cuerpo para poder alcanzarla. No fue hasta que estuvieron muy cerca de él, que percibieron la mirada horrorizada en el rostro de Blaise.
Draco fue quien atajó la caída, tratando de reducir la velocidad con la que iban, aunque no fue suficiente ya que terminaron estrellándose en el suelo, sus cuerpos deslizándose por el campo. Hermione fue la primera en tocar el pasto con sus pies, dejó caer la escoba mágica y en vez de correr hacia Draco se lanzó hacia el cuerpo de Blaise.
-¿Blaise? -jadeo sin aliento, girando el cuerpo del chico para mirarlo de frente. La mirada perdida en el rostro del moreno le recordó muchísimo a los días siguientes del ataque de Theo-. Blaise, ¿qué…?
-Potter me ha preguntado de quien fue la culpa que Theo casi muriera… -respondió Blaise con voz ausente, justo cuando eran rodeados por Vincent, Pansy y un adolorido Draco. Los orbes verdes chocaron con los castaños-… Fue mía… si yo no hubiera ido a por Ginny… entonces Theo…
-No vayas ahí -ordenó Hermione, su semblante ensombrecido-. No fue culpa tuya, Blaise… Recuerda ese día.
-Siempre lo hago -murmuró Blaise, su voz rompiéndose al final de la frase mientras sus ojos empezaban a humedecerse.
-¿Entonces cómo no te has dado cuenta? -preguntó Hermione, inclinándose sobre Blaise y tomando sus mejillas entre sus manos cubiertas por guantes-. Tú le salvaste la vida a Theo, evitaste que Greyback lo matara y nunca voy a poder agradecerte lo suficiente por haber llegado en ese momento y haber hecho lo que ninguno de nosotros pudo hacer.
-Pero…
-Nos salvaste a todos, Blaise. A todos.
Las lágrimas se desbordaron, su cuerpo se sacudió con fuerza y un desgarrado llanto se escapó de sus labios secos. Retirando las manos, Hermione permitió que Blaise ocultara con las suyas el dolor que por fin estaba dejando escapar.
-¿¡Qué ha pasado!? -el grito de madame Hooch se elevó por encima de los lamentos del moreno. Y Vincent, Pansy y Draco se giraron en seguida, ocultando con sus cuerpos la maraña de lamentos que era Blaise en ese momento.
Pisándole los talones, el equipo de Gryffindor con rostros confundidos trató de echarle una mirada al buscador de Slytherin, pero la barrera que Vincent, Pansy y Draco crearon les impidió ver. Aunque pudieron escuchar el llanto.
-Blaise se desmayó -siseo Draco, arrastrando las palabras con enojo y con una mirada de furia helada brillando en su rostro, puesta sobre el buscador de Gryffindor.
Madame Hooch frunció el ceño y rodeando a los Slytherin, se arrodilló al otro lado de Hermione.
-¿Estas bien, niño? –preguntó en voz baja.
-Sí, yo solo… solo necesito un momento… -murmuró Blaise, la voz amortiguada por la tela de los guantes-… Solo deme un momento… por favor…. -sollozó.
Los orbes ambarinos de madame Hooch se cruzaron con los de Hermione, pero la castaña evadió su mirada.
-Eh… bien… -carraspeó, levantándose-. Será mejor que lleven al niño a la enfermería -dijo, mirando hacia donde Gregory estaba arrastrando a Ansel Montague, con sus manos aun envueltas alrededor de su nariz y con la parte delantera del uniforme manchada de sangre.
-No es necesario, yo puedo arreglarlo -dijo Hermione, su mirada puesta en la entrada y salida del túnel que entrelazaba las tribunas, por donde Minerva McGonagall y el profesor Severus Snape estaban saliendo.
Levantándose, se dirigió a Gregory y Ansel. Sacando su varita de su bota lanzó un hechizo para repararle la nariz y en seguida otro para limpiar toda la sangre. Murmurándole en voz baja que en su dormitorio tenían una pócima para aliviar el dolor, Ansel solo se dedicó a asentir sin dejar de mirar a Blaise, pero sin decir palabra alguna.
Su jefe de casa no tardó en llegar donde ellos, y al escuchar el lamento desesperado de Blaise, se arrodilló a su lado.
-Ven, vamos… hay que sacarte de aquí -murmuró en voz baja, tomándolo por el codo para obligarlo a pararse. Con su cuerpo aun sacudiéndose por el llanto, el profesor Snape lo sacó del campo sin mirar a nadie más.
Aula de Defensa Contras las Artes Oscuras.
Despacho del Profesor Snape.
13:04 a.m.
-Ten, toma un poco -ordenó el profesor Snape con voz tranquila, colocando entre las manos de Blaise una taza de té.
El moreno miró brevemente el líquido ambarino antes de darle un sorbo, dejando que lo caliente de la bebida lo relajara un poco. Recordando las instrucciones de Mirthy, inhaló y exhaló largamente durante varios minutos antes de tranquilizarse por completo.
-Yo… -murmuró Blaise después de un largo tiempo, su mirada parpadeando entre el profesor Snape y la taza de té-… No estoy bien.
-De acuerdo -murmuró el profesor Snape, bebiendo un poco de su propia taza de té. Sabía que el joven Slytherin no estaba bien, él mismo había visto el suceso de eventos que desencadenó el ataque a Theo-. ¿Quieres hablar de ello? -preguntó, debatiendo mentalmente lo que haría si Blaise llegaba a responder negativamente.
-Creo… creo que sí -respondió el moreno, su voz ligeramente temblorosa-… Yo… -soltó un largo y pesado suspiro-… Yo maté a Greyback -miró a su mentor y tutor legal, pero el profesor Snape no hizo ademan de interrumpirlo-. Usted lo vio… aquel… aquel día… Nos llegó un mensaje del señor Nott… dijo… dijo que teníamos que detener a Potter. Que era una trampa, que no podíamos…
-Está bien, muy bien. Respira, Blaise, respira… -ordenó el profesor Snape cuando Blaise empezó a hiperventilar una vez más. El Slytherin lo miró con una ligera nota de pánico en sus ojos antes de hacer lo pedido, tratando de controlar su respiración. Su pecho subía y bajaba lentamente, las manos se enroscaron con más fuerza alrededor de la taza.
El profesor Snape, en cambio, parecía imperturbable mientras le daba otro sorbo a su bebida caliente, con la mirada puesta en él.
-Recordé que con el Mapa del Merodeador podíamos encontrar a cualquiera dentro de los terrenos de Hogwarts… -continúo explicando Blaise después de calmarse un poco-… Enseguida encontré el nombre de Potter... y el de Ginevra Weasley -murmuró mirando una vez más al líquido dentro de su taza, perdiéndose la mueca de desprecio total que iluminó el rostro del profesor Snape-… Iba con otros más, salían del despacho de Umbridge… de aquí. Sabía que irían a buscar a Potter… debía detenerlos…, pero solo pude detener a Ginny… solo me importó detener a Ginny -gimió con pesar, cerrando los ojos con fuerza mientras se encogía sobre sí mismo por la vergüenza de su acción.
-Lo entiendo, Blaise… créeme. Lo entiendo mejor que nadie -aportó el profesor Snape con calma. El moreno miró hacia su mentor una vez más, encontrándose con su semblante tranquilo, dándole un poco de valor para continuar.
-La dejé inconsciente y luego corría a ayudar a Hermione y los demás a detener a Potter -prosiguió, tragando con fuerza-. Yo… llegué tarde… llegué muy tarde. Escuché el grito de Theo… nunca… yo no… nunca había escuchado a alguien gritar de esa manera -tartamudeo, erizándose por el recuerdo-. Y luego lo vi… a Greyback encorvado sobre Theo, con un brazo en alto como si quisiera atacar una vez más… y su boca… su boca estaba llena de sangre. Se le escurría por la barbilla y el cuello… Y Theo, Theo gritaba… no paraba de gritar… Él, Greyback, lo había condenado con su mordida… -susurró con dolor, el remordimiento brillando en sus ojos-. Sabía, sabía que Theo, que él… -su voz se rompió, recordando el corrosivo sentimiento que lo embargó cuando vio aquel monstruo tratando de matar a su amigo.
-¿Blaise?
-Lo odie -escupió el moreno, alzando la mirada y colocándola sobre el profesor Snape. Su cuerpo temblaba de enojo-. Yo lo odie. El miedo, el horror que sentía fue remplazado en un segundo. Estaba tan enojado, tan furioso… tan… -la taza apresada por sus manos se rompió haciendo saltar el líquido, salpicándole el uniforme de quidditch. El profesor Snape miró brevemente las manos del moreno que por suerte aún estaban envueltas por sus guantes de buscador. Blaise, en cambio, parecía haberse sumergido una vez más en su horrible pesadilla personal -. Alcé la varita y lo maté. El hechizo salió de mi boca sin siquiera pensar… el destello verde lo golpeó en el pecho… y murió… -susurró, respirando con fuerza una vez más-. Nunca creí que sería capaz de matar a alguien… y ahí estaba él, muerto.
Los dos magos se quedaron callados, ambos sumergidos en sus propios pensamientos.
-Hiciste lo correcto -dijo el profesor Snape después de unos minutos, dejando la taza sobre el escritorio mientras Blaise era expulsado de sus recuerdos al escuchar la voz de su profesor y tutor-. Era vivir o morir, y tú decidiste salvar a Theo. A todos.
-Es lo que dijo Hermione…
-Es la verdad -cortó el profesor Snape-. Si no hubieras actuado en ese segundo, Greyback podría haber matado a Theo y luego haber escapado… podría haber informado al Señor Oscuro de su traición… y luego, habrían muerto –dijo, la mandíbula fuertemente apretada. Una mirada de furia iluminó sus ojos, pero la preocupación de lo que pudo haber sido lo molesto un poco-. Hiciste lo correcto, aunque lo correcto haya sido acosta de la vida de alguien más. Matar no es un sentimiento placentero, al menos no para la mayoría, y nunca lo será. Estamos a pie de guerra, Blaise, y lamentablemente ustedes ya estaban envueltos en ella.
-¿Profesor? -preguntó Blaise después de que el profesor Snape pareció perderse en sus pensamientos.
-Escúchame bien, Blaise -ordenó el Pocionista, enfocando su mirada ónix en el moreno-. De hoy en adelante no importa cuantas vidas se pierdan, no importa quien muera ni a quien tengas que matar. Tu único deber, tu única preocupación deben ser tus amigos… tus hermanos, ¿me has entendido?
-Sí -respondió Blaise sin vacilar.
-Haré todo lo que este en mi poder para evitar llevarte a ese extremo… a cualquiera de ustedes, pero me temo que no podré estar al lado de ustedes en cada paso -se lamentó.
-¿Eso significa que Draco…? -Blaise dudó-. Que Draco no tendrá que… -suspiró, bajando la mirada hacia las manchas húmedas de su pantalón-. Lo escuché aquella noche cuando Bellatrix Lestrange y Narcissa Malfoy…
-Lo sé -respondió el profesor Snape para sorpresa de Blaise-. Y no, Draco no tendrá que hacerlo. Te lo prometo, Blaise. Draco no tendrá que matar a Dumbledore.
-Entonces, ¿por qué…?
-Es posible que el Señor Oscuro vea las memorias de Draco después de que Dumbledore muera -respondió-. Y en vez de implantar recuerdos falsos, verá los atentados fallidos de Draco contra Dumbledore. Verá que lo intentó.
-¿Cuándo Dumbledore muera? -preguntó Blaise, un escalofrío recorriendo su columna vertebral-. ¿Usted…?
-Mi lealtad es hacía ustedes, y eso es todo lo que debes saber en este momento, Blaise -respondió su mentor-. Asegúrate de decirle a Draco que la misión contra Dumbledore aun está en marcha, pero que es más importante reparar el armario y entrenar a Nomi, Herbert, Helena y Corvinus… ¿me has entendido?
-Sí, profesor Snape.
-Bien -aceptó el profesor, abriendo un cajón de su escritorio antes de sacar tres frascos y dárselos a Blaise-. Es poción para dormir sin sueños, divídelos a la mitad y te duraran seis días. Y si después de que se acaben las pesadillas siguen, entonces volveremos a hablar de ello. ¿Está claro?
-Sí, profesor Snape -repitió Blaise una vez más, tomando los frascos mientras el profesor Snape sacaba su varita de su túnica y hacía desaparecer los fragmentos de la taza rota con un movimiento de varita. Con otro, secó su uniforme.
-Dile a Gregory que estaré aquí en el momento en que decida hablar, ¿de cuerdo? -preguntó cuando el Slytherin se puso en pie.
-Sí -dijo Blaise, sonriendo brevemente a su mentor-. Gracias.
-Estoy aquí para ustedes. No lo olvides.
-No lo haré.
Noviembre, 17. 1996
Sala de los Menesteres.
Luna llena.
17:09 p.m.
-¡Legeremens! -un rayo azul salió disparado de la varita mágica de Vincent Crabbe cegando por completo a Helena Dolohov segundos antes de sumergirla en un torrente de imágenes y recuerdos de su infancia. No, no de su infancia: de su época en Hogwarts.
Breves y poderosos destellos de su primer encuentro con Marcus Flint y del primer pensamiento que nadó en su mente al conocer a Hermione Granger, la nacida de muggles de Slytherin: poderosa. Solo un nacido de muggles realmente poderoso podría pertenecer a la imponente casa de Salazar Slytherin.
Solo alguien tan inteligente, habilidosa, poderosa y… ¡tenía que salir de ahí!
Trató de bloquear los pensamientos, lanzando adjetivos denigrantes hacia la nacida de muggles, hacía la sangre sucia. La sangre sucia. Una sangre sucia. Intentó borrar los recuerdos, intentó alzar barreras, pero todas se rompían como si de cristal frágil se tratase. Intentó obligar al intruso a salir de su mente, pero el mago era muy poderoso. La estaba exprimiendo mentalmente, sacando cada pequeño pensamiento destinado a Hermione Granger.
Sus recuerdos se repitieron constantemente, aún cuando el mago salió de su cabeza por decisión propia.
Estaba arrodillada en el suelo, no se había sentido caer, pero sus rodillas y sus palmas estaban fuertemente pegadas a la piedra. Había dejado caer su varita mágica y su larga melena oscura ocultaba su sudoroso rostro del intruso. De Vincent Crabbe.
-No todos los magos o brujas tienen habilidad para la Oclumancia -anunció Vincent después de unos segundos, su voz elevándose en el aula vacía-. Y los magos verdaderamente diestros en el arte de la Legeremancia son capaces tanto de implantar recuerdos falsos como de borrar tus recuerdos mejor guardados. Si para las vacaciones de navidad, ninguno de ustedes ha logrado repelerme por más de cinco minutos, borraré sus recuerdos…
-¡Cállate! -aulló Helena, su pecho subiendo y bajando con dificultad-. ¡Podemos hacerlo! ¡Puedo hacerlo! ¡Sólo necesito más clases y un poco de horas extras! ¡Y entonces… entonces lo tendré! ¡Yo…! -jadeo, apartando su cabello del rostro mientras intentaba incorporarse, pero sus piernas se negaban a moverse-. Yo lo haré, yo… yo… -inhaló y exhaló con fuerza, dirigiendo su ambarina mirada al rostro indiferente de Vincent Crabbe-… Lo siento, no quería gritarte.
Vincent se encogió de hombros con indiferencia, pero a diferencia de otros días hoy mantenía una postura rígida y un gesto hosco en su rostro, así que Helena no pudo describir si al Slytherin realmente no le importó su falta de respeto.
-Las cosas empezaran a ponerse realmente tensas demasiado pronto -dijo Vincent, cruzándose de brazos mientras miraba a los cuatro chicos sentados sobre el suelo, todos con gestos abatidos-. Y si no son capaces de seguir el ritmo, esto será una completa pérdida de tiempo.
-¡Lo haremos! –gimió Corvinus, presionando su cráneo con ambas manos como si intentara detener su dolor de cabeza-. Oíste a Helena, lo lograremos… solo… solo necesitamos más tiempo.
Vincent los escrutó con la mirada antes de soltar un suspiro de cansancio y ordenarles que se levantaran. Cuando los cuatro chicos lograron ponerse en pie, aun con piernas temblorosas, Vincent empezó a caminar hacia ellos, mirando de uno a otro.
-Están conscientes de que, si Draco no confiara en ustedes, ninguno estaría tomando estas sesiones, ¿verdad? -preguntó, mirando brevemente a Herbert que se tensó completamente cuando sus orbes azules se posaron en él.
-Lo sabemos -dijo Nomi, estrujando las mangas de su suéter con dedos nerviosos-. Estoy segura de que nos evaluó antes de presentarnos la idea de proteger nuestra mente.
-No solo proteger su mente -dijo Vincent, caminando en círculos alrededor de ellos-. También quiere que aprendan a pelear.
-¿De verdad? -preguntó Corvinus con una sonrisa en los labios, girándose hacia Vincent.
-De verdad -respondió Vincent, golpeando la punta de su varita mágica contra la tela de su pantalón-. Hay varios planes a futuro, y como hijos de mortífagos ustedes se verán más envueltos que el resto de los Slytherin.
-¿Planes? ¿Qué planes? -preguntó Helena, ansiosa por saber.
-Lo sabrán cuando Draco y Hermione lo crean necesario -dijo, parándose una vez más frente a ellos-. Los hechizos que les enseñaré no son hechizos que usualmente les enseñarían en Defensa Contra las Artes Oscuras o en Encantamientos.
-¿Aprenderemos magia negra? -preguntó Herbert, tratando de reprimir una sonrisa de satisfacción. Cuando sus amigos se enteren…
-Nadie fuera de esta sala puede saber que les enseñaré magia negra -dijo Vincent, disparándole una mirada a Herbert que se desinflo rápidamente.
-¿Es por lo que le ocurrió a Theodore? -tartamudeo Nomi.
-El profesor Snape está al tanto de que los instruiré en magia oscura -respondió Vincent-. Lo que le ocurrió a Theo no tiene nada que ver, y les prometo que ninguno de ustedes saldrá lastimado.
-¿Qué aprenderemos? -preguntó Corvinus, sabiendo que el tema sobre Theodore Nott no los llevaría a ningún lado. Si ni siquiera los de séptimo año lo sabían, entonces no había manera en que ellos lo supieran.
-Mutatio skullus -anunció Vincent, sacando una caja de cerillas del bolsillo de su pantalón la apuntó con su varita y la transformó en un ratón-. Es uno de los primeros encantamientos oscuros que mi padre me enseñó. El hechizo deforma el esqueleto de la víctima, causando horribles deformaciones.
-Mutatio skullus -repitió Helena, como si estuviera saboreando el horrible hechizo-. Suena doloroso.
-Lo es -asintió Vincent, percibiendo las miradas de angustia que Nomi le lanzaba al ratón-. Tienen que recordar que la magia oscura se basa en emociones, negativas en su mayoría: el odio, la envidia, el enojo… Si tu emoción no es lo suficientemente poderosa entonces el hechizo no funcionará.
-¿Eso significa que tenemos que odiar al ratón para hechizarlo? -preguntó Herbert-. ¿O el odio puede ir dirigido a cualquier persona?
-A cualquiera -dijo Vincent-. No importa a quién lo dirijas, si no que sea lo suficientemente poderoso como para poder llevar a cabo el encantamiento… algo así como un Patronus, solo que con emociones negativas.
-¿Vamos aprender a conjurar un Patronus? -preguntó Nomi, emocionada con la nueva perspectiva.
-No -se burló Vincent, negando con la cabeza-. No son siquiera capaces de detener mi ataque mental, muchísimo menos podrán llevar acabo un encantamiento tan poderoso como el Patronus -los cuatro adolescentes le enviaron miradas de rencor-. Ahora bien, ¡ahí está el enojo! -dijo, aun riéndose-. Pero si cualquiera de ustedes me roza con su hechizo, tengan en cuenta que se los regresaré -amenazó-. Y el mío dolerá infinitamente más.
-Ya no me esta gustando esta clase -se quejó Corvinus, tragando saliva ruidosamente. Vincent les sonrió con malicia, sus ojos brillando con maldad pura.
-Helena, vas primero.
La joven Slytherin inhaló con fuerza y alzando su varita mágica en dirección del ratón, el bello rostro de su madre se alzó frente a ella.
-¡Mutatio skullus!
Biblioteca de Hogwarts.
18:09 p.m.
La larga mesa de madera estaba rebosante de enormes tomos pesados y extensos pergaminos repletos de oraciones con tinta negra. En varios de esos pergaminos, que aun se encontraban en blanco, plumas mágicas escribían sendos resúmenes de los libros expuestos a sus lados. Un embrujo las mantenía en movimiento, bajo las órdenes de escribir lo esencial del tema que Hermione Granger estaba investigando.
La chica en cuestión se encontraba con la nariz prácticamente pegada a un grueso libro de origen desconocido. El profesor Snape le había dado un permiso para sacar el libro de la sección prohibida, aunque solo le había dado un tiempo limitado por lo que la castaña estaba engullendo el libro en tiempo récord.
En las otras mesas, los estudiantes de séptimo año de las cuatro casas estaban sumergidos en sus propias búsquedas, tratando de disminuir un poco los deberes solicitados para sus ÉXTASIS.
-¡Lo tengo! ¡Lo tengo! ¡Lo tengo! -jadeo Hermione cuando estaba a dos capítulos de terminar el libro, con un brillo extasiado en su mirada que iluminaba todo su rostro.
-¿Qué tienes?
Hermione pegó un brinco en su silla, cerrando el libro de golpe y echándosele encima para ocultar el título del tomo de los ojos de la dueña de aquella cantarina voz. No la había escuchado llegar.
-Luna, hola -saludó con un toque de nerviosismo, mirando por sobre su hombro a la rubia que se alzaba detrás suyo. La extraña Ravenclaw la miraba con enormes ojos claros, con su largo cabello casi blanco completamente alborotado y una copia de "El Quisquilloso" envuelta en sus brazos.
-Hola Hermione Granger -saludó Luna, inclinando ligeramente la cabeza hacia su izquierda-. ¿Qué encontraste?
-Uhm… un… un hechizo -respondió Hermione-. Y con solo Hermione está bien.
-¡Oh! ¿Seguimos siendo amigas? -preguntó Luna parpadeando tantas veces que la castaña se vio obligada a parpadear en simpatía.
-Por supuesto -dijo Hermione, sonriéndole antes de indicarle que se sentara. La extraña rubia siguió su consejo, mirando momentáneamente a los libros que ocultaban a Hermione de la vista del resto de los estudiantes ahí presentes.
-Supuse que después del artículo de Harry no era grata para ninguno de ustedes -reveló la rubia-. Lo siento.
-¿Por el artículo? -preguntó Hermione recibiendo un asentimiento como respuesta-. Oh, no te preocupes. Es agua pasada.
Se miraron fijamente durante largos segundos antes de que Luna sonriera con verdadera calidez.
-Gracias.
-Hiciste lo correcto -dijo Hermione, encogiéndose de hombros con dificultad ya que aún trataba de ocultar el título de libro-. Aún cuando los hijos de mortífagos se vieron afectados… Hiciste lo correcto -repitió-. El mundo mágico necesitaba saber que Aquel-que-no-debe-ser-nombrado estaba de vuelta.
-Gracias por habernos salvado en el bosque prohibido -dijo Luna cambiando el tema por completo y tomando por sorpresa a la Slytherin.
-¿Disculpa? -se atragantó, mirando a la Ravenclaw como si hubiese perdido la cabeza.
-Ginny mencionó que Blaise la atacó antes de que pudiera llegar al bosque -dijo Luna, analizando cada rasgo de Hermione, pero la chica era un papel en blanco-. Y luego apareció junto al resto de nosotros en la enfermería… por esa razón Theodore salió lastimado, ¿no es cierto? -preguntó la rubia.
Los orbes marrones de Hermione se enfocaron en la mirada cristalina de Luna, captando la tristeza y el dolor que ocultaba la pequeña rubia.
La Slytherin soltó la respiración que ni siquiera sabía estaba sosteniendo.
-Nadie puede saberlo, Luna -susurró Hermione, olvidando por completo el libro sobre la mesa para inclinarse hacia la rubia-. Si alguien llega a enterarse, ellos estarán en graves problemas con sus padres… ¿entiendes?
-Entiendo -asintió Luna con un brillo determinado en su mirada. La Slytherin sonrió.
-Theo… él está bien -dijo Hermione, desviando la mirada hacia las plumas que continuaban escribiendo-. Estará bien -se corrigió.
-… ¿lo prometes? -preguntó la Ravenclaw con un tono ridículamente… indefenso.
Una vez más, la castaña recorrió cada rasgo del rostro de Luna antes de emparejar su mirada con la de ella.
-Lo prometo.
Diciembre, 17. 1996
Aula de Transformaciones.
12:45 p.m.
Una vez más la nieve formaba remolinos tras las heladas ventanas; se acercaba la Navidad. Como todos los años y sin ayuda alguna, Hagrid ya había llevado los doce árboles navideños al Gran Comedor; había guirnaldas de acebo y espumillones enroscados en los pasamanos de las escaleras; dentro de los cascos de las armaduras ardían velas perennes, y del techo de los pasillos colgaban a intervalos regulares grandes ramos de muérdago, bajo los cuales se besaban Hermione y Draco -para molestia de Theo- cada vez que pasaban por allí.
A pesar de por fin haber encontrado el hechizo para reparar el armario evanescente los Slytherin no estaban para nada cerca de poder repararlo. Y las largas noches sin dormir estaban empezando a hacer efecto en varios de ellos, principalmente en Draco.
Gracias a la platica que el profesor Snape había mantenido con Blaise, los terrores nocturnos del moreno eran cada vez menos y muy espaciados entre sí, aunque no podía decirse lo mismo de Gregory, Theo e inclusive Draco. No fue hasta que el Slytherin de tez pálida y cabello rubio platinado despertó a la mitad de la noche aferrándose a su varita mágica como si su vida dependiera de ello, que Hermione reparo en el daño que Bellatrix Lestrange había ocasionado en su novio.
Algo que le haría pagar con su vida.
-Esto es sumamente estúpido -escupió Draco durante la clase de Transformaciones. Acababan de empezar con el complicado tema de la transformación humana; trabajan delante de espejos y se suponía que tenían que cambiar el color de sus cejas.
-Estúpido y ridículo -aportó Blaise, analizando sus cejas de un tono rojizo frente al espejo-. Rojo, ¿rojo de verdad? ¿Estúpido rojo? -masculló en voz baja, cruzándose de brazos mientras disparaba miradas fulminantes a la espalda de Minerva McGonagall.
-¡Mierda! -escupió Draco con desprecio, atrayendo la atención de Hermione. La castaña había logrado cambiar el color de sus cejas a un tono más oscuro, casi negro, pero Draco ahora las tenía de un color azul.
-Déjame arreglar eso por ti -se rio Hermione en voz baja, tomando su mejilla con delicadeza para obligarle a mirarla. El Slytherin estaba más pálido que nunca y unas enormes ojeras oscurecían sus rasgos. La piel de sus labios estaba seca y sus pómulos resaltaban más que nunca-. Ya está -murmuró después de tres intentos, rozando sus labios con los agrietados del rubio.
-¿Por qué demonios no deje esta clase? -se quejó Gregory en voz baja, contorneando con sus dedos índice y pulgar el espectacular bigote que le había brotado. Blaise, sentado a su lado, se rio con malicia.
-Te ves ridículo -se burló.
-Lo dice la comadreja -se mofó Gregory, su sonrisa deslizándose con malicia por sus labios mientras recibía una mirada mortal por parte del moreno.
-Vete al infierno, fratello -escupió Blaise con desprecio justo cuando sonaba el timbre.
Los cuatro Slytherin recogieron sus útiles después de que Hermione hizo desaparecer los efectos del hechizo y salieron al pasillo. Los dos prefectos de Slytherin iban por delante, tomados de la mano mientras Hermione tarareaba una melodía en voz baja para placer del rubio.
-¿Ya sabes a quién llevarás a la fiesta del profesor Slughorn? -preguntó Gregory bostezando largamente. El profesor Snape le había decomisado todos los frascos de pócima para dormir sin sueños que el castaño guardaba en el dormitorio, provocando que el chico durmiera menos de lo necesario, despertándose continuamente por las terribles pesadillas.
-Planeaba invitar a Pansy, pero fue luna llena fue hace dos días y ella decidió quedarse a cuidar a Theo junto con Vincent -respondió el moreno-. Hermione llevará a Draco así que muy bien podría ir solo.
-O podrías ir con Padma Patil -dijo Hermione, echándole una mirada por sobre el hombro-. Es una de las Ravenclaw más practicas que conozco, y te aseguro que, si le explicas que no hay nada de por medio más que una invitación, la aceptara.
Blaise pareció sopesar la idea durante unos momentos, antes de que la recién nombrada pasara junto a él, con la mirada enfocada en su libro de Transformaciones Avanzadas. No pareció reparar en su presencia.
-Eh, Patil -llamó, alcanzándola rápidamente ya que había rebasado a Draco y Hermione con su veloz caminar. La Ravenclaw elevó la mirada del libro con cierta molestia.
-¿Sí?
-¿Quieres ir conmigo a la fiesta del profesor Slughorn? -preguntó sin más.
Patil frunció ligeramente el entrecejo, debatiendo mentalmente su respuesta. Después de lo que a Blaise le parecía una eternidad para responder a una simple pregunta, la Ravenclaw se encogió de hombros con indiferencia.
-Iré contigo -respondió, devolviendo su mirada al libro y rodeando a Blaise para seguir su camino.
-¡Nos vemos a las ocho en el vestíbulo! -le gritó antes de que desapareciera por el recodo.
A las ocho en punto, cuando Blaise llegó al vestíbulo, había más chicas de lo habitual merodeando por allí, y al dirigirse hacia Padma Patil tuvo la impresión de que el grupo de féminas miraba con rencor a Luna Lovegood que iba vestida con una túnica plateada de lentejuelas.
Saludó a la rubia con la mano, recibiendo el mismo saludo afectuoso.
-¿Estás lista? -preguntó Blaise, girándose hacia Patil y enseguida se le entrecortó la respiración. Nunca había reparado mucho en la chica, pero admirándola en ese momento se preguntó cómo demonios no la registró antes.
La Ravenclaw se había arreglado para la ocasión, ataviada en un vestido verde oscuro de tul con escote en forma de "v" sostenido por unos finos tirantes, la pieza llegaba hasta los tobillos y lo combinaba a la perfección con unas zapatillas plateadas. Pero no era el vestido lo impresionante en Patil.
Su larga cabellera oscura era inclusive más larga que la de Daphne Greengrass, llegándole por debajo de los glúteos. Su color de piel era un par de tonos más claros que la de Blaise; de gruesas cejas y labios rellenos.
-Son de distinto color -jadeo sin aliento, enfocando su mirada en la de Padma Patil. Su ojo derecho era de un color azul glaciar, casi pegándole al gris con manchas doradas; el ojo izquierdo era de color marrón con una gran mancha verde.
-Uso un hechizo para hacerlos parecer del mismo color -respondió Padma, sin inmutarse ante el escrutinio del moreno-. Pero con las prisas para arreglarme, se me olvidó.
-¿Por qué? -siseo Blaise con indignación-. Son hermosos, ¿por qué los ocultas?
Padma parpadeo repetidas veces, sorprendida por la declaración del Slytherin.
-Mi hermana dice que parezco un fenómeno.
-Tu hermana es un fenómeno -escupió Blaise con desprecio-. Al igual Brown, tal para cual -negando, le ofreció el brazo a Padma, que enseguida colocó su mano en el antebrazo oculto por la tela del saco-. Por cierto, estás hermosa.
-Gracias, tú también te ves hermoso.
-Soy hermoso -sonrió el moreno con picardía, sin perderse la forma en como Padma rodó los ojos.
No tardaron en llegar al despacho del profesor Slughorn y el rumor de risas música y conversaciones iba creciendo.
El despacho era mucho más amplio que los de los otros profesores, bien porque lo habían construido así, bien porque Slughorn lo había ampliado mediante algún truco mágico. Tanto el techo como las paredes estaban adornados con colgaduras verde esmeralda, carmesí y dorado, lo que daba la impresión de estar en una tienda. La habitación, abarrotada y con un ambiente muy cargado, estaba bañada por la luz rojiza que proyectaba una barroca lámpara dorada, colgada del centro del techo, en la que aleteaban hadas de verdad que, vistas desde abajo, parecían relucientes motas de luz. Desde un rincón apartado llegaban cánticos acompañados por instrumentos que recordaban las mandolinas; una nube de humo de pipa flotaba suspendida sobre las cabezas de unos magos ancianos que conversaban animadamente, y, dando chillidos, varios elfos domésticos intentaban abrirse paso entre un bosque de rodillas, pero como quedaban ocultos por las pesadas bandejas de plata llenas de comida que transportaban, tenían el aspecto de mesitas móviles.
-Por fin llegas -dijo Hermione Granger a modo de saludo antes de dirigir su mirada a Padma-. Patil, estas hermosa.
-Gracias, igualmente.
-No es culpa mía que hayas querido llegar antes –se burló Blaise, sabiendo que los dos Slytherin habían llegado antes para llevar a cabo el plan que el moreno propuso. Y viendo que Draco no estaba por ningún lado…
-Llegar a tiempo es la regla indiscutible de nuestra casa, Blaise -dijo Hermione, mirándolo con desaprobación.
-Ahora dices eso, pero siempre llegábamos tarde a las clases de Hagrid.
-No necesitábamos pasar más tiempo del debido junto a las extrañas criaturas que nos presentaba el semigigante -espetó Hermione con malicia, tomando una copa de hidromiel de la bandeja que algún pobre elfo cargaba.
Blaise imitó su acción, ofreciéndole una copa a Padma que la aceptó con agradecimiento.
-Pasar las clases de Hagrid era como practicar un reto de supervivencia -admitió Padma después de darle un sorbo a su bebida. Blaise se rio brevemente y Hermione se mordió el labio, tratando de reprimir una sonrisa.
-¿También la dejaste? -preguntó.
Padma asintió justo cuando la profesora Trelawney se unía a su plática.
-Buenas noches, profesora -saludó Padma, mientras los dos Slytherin se miraban entre ellos con malicia.
-Buenas noches, querida -repuso ella, enfocándola con cierta dificultad. Los cuatro adolescentes percibieron olor a jerez para cocinar-. Hace tiempo que no te veo en mis clases.
-No, este año tengo a Firenze -explicó Padma, y Hermione recordó que ante el despido de la profesora Trelawney, el centauro empezó a dar las clases de Adivinación.
-¡Ah, claro! -dijo la profesora con una risita que delataba su embriaguez-. O Borrico, como yo prefiero llamarlo. Lo lógico habría sido que, ya que he vuelto al colegio, el profesor Dumbledore se hubiera liberado de ese caballo, ¿no te parece? Pues no. Ahora nos repartimos las clases. Es un insulto, francamente. Un insulto. ¿Sabías que...?
Por lo visto Trelawney estaba tan borracha que no podía distinguirlos bien, así que, aprovechando las furibundas críticas a Firenze, él se acercó más a Hermione y le dijo:
-¿Dónde está Draco?
-Lo perdí -respondió, encogiéndose de hombros con indiferencia-. Un momento estaba aquí y al siguiente, ¡puff! Desapareció.
-¿Te dejó plantada? -preguntó Padma, sin haber querido escuchar, pero aún así las palabras habían llegado a ella.
Hermione se rio.
-No, solo bromeo -dijo-. Fue al baño, pero ya tardó…
-¡Harry Potter! -exclamó la profesora Trelawney, cortando la conversación entre los dos chicas.
El Gryffindor había llegado hasta ellos acompañado por Luna Lovegood.
-Ah, con razón las miradas -murmuró Blaise en voz baja, recordando la popularidad que Potter había adquirido aquel año.
-¡Ah, hola! -dijo Potter, mirando brevemente entre Blaise y Hermione. La única razón por la que el pelinegro había ido a la fiesta, es porque sabía que Hermione Granger asistiría y con ella, Draco Malfoy.
-¡Querido! -prosiguió ella con un elocuente susurro-. ¡Qué rumores! ¡Qué historias! ¡El Elegido! Yo lo sé desde hace mucho tiempo, por supuesto… Los presagios nunca fueron buenos, Harry… Pero ¿por qué no has vuelto a Adivinación? ¡Para ti, más que nadie, esa asignatura es sumamente importante!
-¡Ah, Sybill, todos creemos que nuestra asignatura es la más importante! -intervino una potente voz, y Slughorn apareció junto a la profesora Trelawney, con las mejillas coloradas y el sombrero de terciopelo un poco torcido, sostenía un vaso de hidromiel con una mano y un pastelillo de frutos secos con la otra-. ¡Pero creo que jamás he conocido a nadie con semejante talento para las pociones! -afirmó contemplando a Potter con afecto, aunque con los ojos enrojecidos-. Lo suyo es instintivo, ¿me explico? ¡Igual que su madre! Te aseguro, Sybill, que he tenido muy pocos alumnos con tanta habilidad; mira, ni siquiera Severus…
E, intrigados, los Slytherin vieron como el profesor tendía un brazo hacía atrás y llamaba a su jefe de casa, que unos instantes antes no estaba allí, como Potter y Luna.
-¡Alegra esa cara y ven con nosotros, Severus! -exclamó Slughorn, ignorante de las miradas despiadadas de los dos Slytherin-. ¡Estaba hablando de las extraordinarias dotes de Harry para la elaboración de pociones! ¡Hay que reconocerte parte del mérito, desde luego, porque tú fuiste su maestro durante cinco años!
El profesor Snape miró a Potter entornando los ojos.
-Es curioso, pero siempre tuve la impresión de que no conseguiría enseñarle nada a Potter.
-¡Se trata de una capacidad innata! -graznó Slughorn-. Deberías haber visto lo que me presentó el primer día de clase, ¡el Filtro de Muertos en Vida! Jamás un alumno había obtenido un resultado mejor al primer intento, creo que ni siquiera tú, Severus…
-Los Slytherin consiguieron completar la pócima antes que Potter -interrumpió Padma-. Inclusive Malfoy tuvo que esperar a que sus amigos terminaran para alzar la mano.
-Tú te acercaste tanto como Potter -dijo Blaise, sorprendido por la defensa de Padma.
-No me esperaría menos de cualquiera de mis Slytherin, señorita Patil -dijo el profesor Snape igual de sorprendido que Blaise, pero sin demostrarlo-. Y usted es una de las mejores de mi clase, aunque Potter… -dijo, mirando ceñudo al Gryffindor.
-Recuérdame qué otras asignaturas estudias este año, Harry -pidió Slughorn.
-Defensa Contra las Artes Oscuras, Encantamientos, Transformaciones, Herbología…
-Resumiendo, todas las requeridas para ser auror –terció el profesor Snape con sarcasmo.
-Sí, es que eso es lo que quiero ser -replicó Potter, desafiante.
-¡Y serás un auror excelente! -opinó Slughorn.
-Pues yo opino que no deberías serlo, Harry -intervino Luna y todos la miraron-. Los aurores participan en la Conspiración Rotfang, creía que lo sabía todo el mundo. Trabajan infiltrados en el Ministerio de Magia para derrocarlo combinando la magia oscura con cierta enfermedad de las encías.
Potter no pudo evitar reírse y se atragantó con un sorbo de hidromiel. Padma miró fijamente a la rubia, intrigada como siempre. Blaise reprimió la sonrisa que amenazaba con salir debido al gesto de estupefacción del profesor Snape mientras que Hermione desviaba la vista divertida hasta que vio algo que le calo los huesos: Argus Filch iba hacia ellos arrastrando a Draco por una oreja.
-¡Suéltalo! -ordenó enseguida, dispuesta a sacar a Draco del agarre del squib, pero fue rápidamente detenida por el profesor Snape, que miraba furioso al conserje.
-Profesor Slughorn -dijo Filch con su jadeante voz e ignorando a Hermione; le temblaban los carrillos y en sus ojos saltones brillaba la obsesión por detectar travesuras-, he descubierto a este chico merodeando por un pasillo de los pisos superiores. Dice que venía a su fiesta pero que se ha extraviado. ¿Es verdad que está invitado?
Draco se soltó de un tirón.
-¡Por supuesto que lo estoy, squib! -siseo con desprecio-. Fui al baño y en mi camino de vuelta me perdí -escupió, con las mejillas sonrojadas por la vergüenza.
-¡Al baño, por supuesto! -se burló Filch-. ¡Te has metido en un buen lío, te lo garantizo! ¿Acaso no dijo el director que estaba prohibido pasearse por el castillo de noche, a menos que uno tuviera permiso especial? ¿Eh, eh?
-Que lo tiene, ¿no nos escuchas? -dijo Hermione, soltándose del agarre del profesor Snape para tomar la mano de Draco-. Es mi cita.
-Ya los has oído, Argus -apaciguó Slughorn agitando la mano-. Han venido juntos.
La decepción de Filch fue predecible y dándose la vuelta se marchó murmurando por debajo.
-¿Cómo demonios te dejaste ver? -susurró Hermione en voz muy baja mientras Draco la envolvía en sus brazos y ella fingía echarle una mirada a su oreja lastimada-. ¿En qué estabas pensando?
-Me gustaría hablar un momento con ustedes, Draco… Hermione -dijo el profesor Snape, provocando que los dos adolescentes se tensaran en su pequeño mundo-. Síganme.
Caminando por detrás del profesor Snape, Hermione le agitó una mano a modo de despedida a Blaise, que miraba con preocupación a sus dos amigos. Draco le echó un brazo por encima de los hombros, besando la cima de su cabeza.
Sin decir nada, siguieron a su mentor fuera de la fiesta y por todo el largo pasillo hasta que los guio dentro del ultima aula del corredor.
-Sé que mencione a Blaise que no había de que preocuparse ante la misión sobre Dumbledore -dijo el profesor Snape con su voz baja y tranquila-. Pero no recuerdo haber mencionado que sean estúpidos y se dejen atrapar.
-Fue un error, ¿vale? -siseo Draco, apartándose de Hermione y cruzando los brazos-. No logré colocarme el hechizo a tiempo.
-No puedes cometer errores, Draco, porque si te expulsan…
-Nadie va a expulsarme -cortó el rubio, mirando con enojo al profesor Snape-. No volveré a cometer el mismo error, se lo aseguro.
-Eso espero, porque ya sospechan que estuviste involucrado en el ataque a Katie Bell.
-¿Quién sospecha de mí? -preguntó Draco con burla-. ¿Potter? -se mofó-. Es un imbécil paranoico y nadie va a creerle, por no mencionar que ni siquiera estuve cerca de Katie Bell aquel día.
-Pero Hermione, Blaise y Pansy sí lo estuvieron.
Hermione se estremeció, recordando la imagen de Katie Bell flotando en el aire.
-¿Es que acaso Potter los denunció a ellos? -inquirió el rubio-. Por supuesto que no lo hizo; nadie en su sano juicio sospecharía de Hermione sin importar que tan Slytherin sea.
-¿Es lo que crees? -preguntó el profesor Snape enarcando una ceja. Draco se mordió la lengua, disparándole una mirada de preocupación total a la castaña.
-Nadie puede relacionarnos con lo que le ocurrió a Katie Bell, profesor -dijo Hermione, estirando la mano y tomando la de Draco, tratando de tranquilizarlo-. No hay pruebas, no hay hilos sueltos.
-Eso espero -dijo el profesor Snape-. Sé que saben sobre el Juramente Inquebrantable que pronuncié ante Narcissa, y si esto se sale de control tendré que llevarlo a cabo más temprano de lo que me gustaría.
-No volveremos a intentarlo -dijo Hermione con cierto pesar en su voz. Ella no quería que Draco se viera obligado a matar a Dumbledore, pero tampoco quería que su mentor lo hiciera-. Tenemos cosas más importantes en las que pensar.
-He de suponer que no hay ningún avance con el armario -dijo el profesor Snape después de unos segundos.
-No -negó Draco-. Ni con Herbert, Nomi, Helena ni Corvinus… la Oclumancia simplemente no es para ellos -se quejó con cansancio-. Vincent lleva más de tres meses intentando enseñarles, pero no ha logrado nada. Como tampoco hemos llegado a ningún lado con la maldición de Theo.
-No hay ningún lado al que llegar respecto a Theo, Draco -dijo el profesor Snape-. Los estoy instruyendo para que aprendan a realizar la pócima ya que no siempre podré estar con ustedes, pero además de mantener su consciencia no hay nada que puedan hacer.
-Debe haber una manera de detener el dolor -intentó Draco, por primera vez reflejando en su mirada el remordimiento que profesaba-. Está tan enfermo y todo el tiempo esta lleno de dolor, tan cansado…
-Así es como funciona la maldición, Draco -dijo el profesor Snape, avanzando unos pasos hacia el rubio y descansando una mano sobre su hombro-. No hay salida de ella.
