DISCLAIMER: Los personajes pertenecen en su totalidad a J.K Rowling y la idea original no es mía.

Párrafos de "Harry Potter y el príncipe mestizo" incluidos en la historia. Agradezco su infinita paciencia y su amor al fanfic.


*REEDICIÓN*

Diciembre, 24. 1996

La Madriguera.

16:02 p.m.

-¿Qué fueron ellos tres quiénes hechizaron a Katie? ¿Estás seguro? -preguntó Ron.

-Si me lo preguntas una vez más, te meto esta col por el... -amenazó Harry.

-¡Sólo quiero asegurarme! -se defendió Ron. Estaban los tres junto al fregadero de la cocina de La Madriguera pelando una montaña de coles de Bruselas para la señora Weasley. Tras la ventana que tenían delante caía una intensa nevada.

-¡Pues sí! ¡Granger dijo que no podían relacionarlos con el ataque! -repitió Harry-. Dijo que no había pruebas, pero que no volverían a intentarlo y Snape dijo que eso esperaba, porque sino tendría que llevar a cabo el Juramento Inquebrantable que pronunció ante la madre de Malfoy.

-¿Un Juramento Inquebrantable? -se extrañó Neville-. No, eso es imposible. ¿Estás seguro?

-Sí, lo estoy. ¿Por qué? ¿Qué significa?

-¡Hombre, un Juramento Inquebrantable no se puede romper! -intervino Ron.

-Aunque no lo creas, eso ya lo había deducido yo solito. Pero díganme, ¿qué pasa si lo rompes?

-Que te mueres -contestó Neville con llanamente. Ron asintió exageradamente y Harry soltó un largo suspiro, no estaban llegando a nada con esto.

-Snape también mencionó algo sobre arreglar un armario -prosiguió Harry-. Y Malfoy dijo que estaba en ello, pero que tampoco había ningún avance como con el entrenamiento de Herbert, Nomi, Helena y Corvinus. Dijo que Crabbe llevaba tres meses intentándolo.

-¿Herbert, Nomi, Helena y Corvinus? -repitió Neville, tratando de hacer memoria-. No me suena ninguno de esos nombres.

-Los investigué antes de salir de Hogwarts -dijo Harry, quien no había querido hablar de lo que descubrió hasta que estuvieran en terreno seguro-. Herbert Rookwood, Nomi Mulciber, Helena Dolohov y Corvinus Rowle, todos ellos son…

-¡Hijos de mortífagos! -interrumpió Ron, mirando alucinado a Harry-. ¿Y dices que Crabbe los está entrenando? -Harry asintió-. ¡Hombre! ¿Solo a ellos?

-No mencionó otro nombre… bueno, el de Nott -hizo memoria Harry-. Pero de él solo hablaron sobre su maldición.

-La magia negra siempre deja los peores efectos secundarios -dijo Neville, recordando brevemente a sus padres-. Y viendo a Nott durante estos meses, él parecía realmente enfermo. Tuvo uno de los mejores resultados en las pruebas de los TIMOS y aun así dejó muchas clases.

-Por no mencionar que hay ocasiones en que se ausenta por días -agregó Ron.

-¿Quién se ausenta por días? -preguntó Fred. Los gemelos acababan de entrar en la cocina-. Mira esto, George. Están usando cuchillos y todo. ¡Qué escena tan conmovedora!

-¡Dentro de poco más de dos meses cumpliré diecisiete años! -gruñó Ron-, y entonces podré hacerlo mediante magia.

-Pero mientras tanto -dijo George al tiempo que se sentaba a la mesa de la cocina y apoyaba los pies encima- podemos disfrutar con tu exhibición de uso correcto de un... ¡Ojo!

-¡Mira lo que me he hecho por tu culpa! -protestó Ron chupándose el corte del dedo- Espera a que tenga diecisiete años...

-Estoy convencido de que nos deslumbrarás con habilidades mágicas hasta ahora insospechadas -replicó Fred dando un bostezo.

-Y hablado de habilidades mágicas insospechadas, Ronald -intervino George-, ¿es cierto lo que nos ha contado Ginny? ¿Sales con una tal Lavender Brown?

Ron se sonrojo un poco, pero no pareció molesto. Siguió pelando coles de Bruselas.

-Métete en tus asuntos.

-Una respuesta muy original -dijo Fred- Francamente, no sé cómo se te ocurren. No, lo que queremos saber es cómo pasó.

-¿Qué quieres decir?

-¿Tuvo Lavender un accidente o algo así?

-¿Qué?

-¿Cómo sufrió semejante lesión cerebral?

La señora Weasley entró en la cocina justo cuando Ron le lanzaba el cuchillo para pelar coles de Bruselas a Fred, que lo convirtió en un avión de papel con una perezosa sacudida de varita.

-¡Ron! -gritó ella- ¡Que no vuelta a verte lanzando cuchillos!

-Sí, mamá -dijo Ron, y por debajo añadió-: Procuraré que no me veas hacerlo -y siguió con su tarea.

-Fred, George, lo siento, queridos, pero Bill tendrá que dormir con ustedes para que Remus, Sirius y James puedan dormir en el mismo cuarto.

-No importa -dijo George.

-Así pues, como Charlie no va a venir, sólo quedan Harry, Ron y Neville, que dormirán en el desván; y si Fleur comparte habitación con Ginny…

-Van a ser las Navidades más felices de Ginny -murmuró Fred.

-… creo que estarán cómodos. Bueno, al menos todos tendrán una cama -dijo la señora Weasley, que parecía un tanto nerviosa.

-Entonces ¿está confirmado que no vamos a verle el pelo al idiota de Percy? -preguntó Fred.

Su madre se dio la vuelta antes de contestar:

-No, supongo que tiene trabajo con el ministerio. -Y se marchó de la cocina.

-O es el tipo más imbécil del mundo. Una de dos -dijo Fred-. Bueno, vamos, George.

-¿Qué están tramando? -preguntó Ron- ¿No pueden echarnos una mano con las coles? Si usan la varita nos veremos libres de esta lata.

-No, no puedo hacerlo -dijo Fred con seriedad- Aprender a pelear coles de Bruselas sin utilizar la magia fortalece el carácter y te ayuda a valorar lo crudo que lo tienen los muggles y los squibs.

-Y cuando quieras que alguien te eche una mano, Ron -añadió George lanzándose el avión de papel-, más vale que no le lances cuchillos. Te daré una pista, nos vamos al pueblo. Quedamos de vernos con Blaise Zabini para una gran venta, ya que por lo visto quiere darle una sorpresa de Navidad a su antiguo prefecto: Marcus Flint.

-Imbéciles -refunfuñó Ron, viendo cómo los gemelos cruzaban el nevado jardín- Sólo habrían tardado diez segundos y nosotros también podríamos habernos ido.

-Yo no. Le prometí a Dumbledore que no me pasearía por ahí durante mi estancia en La Madriguera -dijo Harry.

-Bueno. -Neville peló unas coles más y preguntó- ¿Piensas contarle a Dumbledore lo que le oíste decir a Snape, Malfoy y Granger?

-Sí. Se lo contaré a cualquiera que pueda ponerles un alto, y Dumbledore es la persona indicada. Quizá hable también con el padre de Ron, el mío y Sirius.

-Es una lástima que no te enteraras del plan de Malfoy. -dijo Ron.

-No es como si fuera a revelarlo cuando cualquiera pudo haberlo escuchado -dijo Neville-. Lo que me sorprende es que, hablando de no cometer más errores, se hayan dejado escuchar.

Hubo un silencio, y luego Ron opinó:

-Aunque ya sabes qué dirán todos, ¿no? Mi padre, tu padre, Dumbledore y los demás. Dirán que no es que Snape intente ayudar a Malfoy de verdad, sino que sólo pretende averiguar qué se trae entre manos.

-Mas bien parecía como si ya supiera qué se traen entre manos y aun así intentara ayudarlos -dijo Harry-. Sobre todo, cuando dijo que los estaba entrenando con la pócima para Nott.

-Eso no cuenta -dijo Neville-. Eso fue un efecto secundario de la maldición que recibió el año pasado.

-¡Pero nadie sabe qué maldición recibió! -exclamó Harry-. Dumbledore dijo que no debía preocuparme por Nott y McGonagall dice que tiene permiso a faltar por enfermedad, ¡pero nunca lo he visto en la enfermería! ¡La única persona que lo sabe con seguridad es Snape!

-Porque confían en él, siempre ha sido así -asintió Neville con seriedad-. Tienes razón, es muy probable que Snape sepa cuál es el plan de Malfoy.

-Así que me creen -dijo Harry sintiéndose aliviado.

-Pues claro -se apresuró a afirmar Ron-. ¡Te creemos! Pero todos dan por hecho que Snape está de parte de la Orden, ¿no?


Hasta el día de Nochebuena Harry, Ron y Neville no tuvieron ocasión de hablar con su padre, Sirius y el señor Weasley ya que el señor Weasley siempre regresaba muy tarde del ministerio y no quería tener que repetir su descubrimiento más de lo necesario. Los Weasley y sus invitados estaban sentados en el salón, que Ginny había decorado tan magníficamente que parecía una exposición de cadenetas de papel. Fred, George, Harry, Ron y Neville eran los únicos que sabían que el ángel que había en lo alto del árbol navideño era en realidad un gnomo de jardín que había mordido para la cena de Navidad. Lo habían colgado allí tras hacerle un encantamiento aturdidor, pintarlo de dorado, embutirlo en un diminuto tutú y pegarle unas pequeñas alas en la espalda; el pobre miraba a todos con rabia desde lo alto. Era el ángel más feo que Harry había visto jamás: su cabezota calva parecía una papa y tenía los pies muy peludos.

Se suponía que estaban escuchando un programa navideño por la cantante favorita de la señora Weasley, Celestina Warbeck, cuyos gorgoritos salían de la gran radio de madera. Fleur, que al parecer encontraba muy aburrida a Celestina, se hallaba en un rincón hablando en voz muy alta, y la señora Weasley, ceñuda, no paraba de subir el volumen con la varita, de modo que Celestina cada vez cantaba más fuerte. Amparados por un tema jazzístico particularmente animado, que se titulaba "Un caldero de amor caliente e intenso", Fred y George se pusieron a jugar a los naipes explosivos con Ginny. Entretanto, Remus Lupin, más delgado y andrajoso que nunca, estaba sentado al lado de la chimenea contemplando las llamas como si no prestara atención a la platica que mantenían su padre, Sirius y el señor Weasley a su alrededor.

-Señor Weasley -llamó Harry, interrumpiendo la charla-, ¿se acuerda de lo que le conté en la estación el día que nos marchamos al colegio?

-Sí, Harry, y lo comprobé. Fui a registrar la casa de los Malfoy. No había nada, ni roto ni entero, que no debiera estar allí.

-Sí, ya lo sé, leí lo del registro en "El Profeta". Pero esto es diferente... Quiero decir que hay algo más...

Y le explicó la conversación entre Malfoy, Snape y Granger. Mientras hablaba, Harry vislumbró los rostros sombríos de su padre y Sirius junto al hecho de que Remus volvía un poco la cabeza para intentar escuchar. Cuando terminó, hubo un silencio y se oyó a Celestina canturreando:

¿Qué has hecho con mi pobre corazón?

Se fue detrás de tu hechizo...

-¿No se te ha ocurrido pensar, Harry -preguntó el señor Weasley- que a lo mejor Snape sólo estaba fingiendo...?

-¿Fingiendo estar de su lado para saber de su próximo paso? Sí, ya pensé que me dirían eso. Pero ¿cómo saberlo?

-No nos corresponde a nosotros saberlo -intervino Remus. Se había puesto de espaldas al fuego y miraba a Harry por encima del hombro del señor Weasley- Es asunto de Dumbledore. Él confía en Severus, y eso debería ser suficiente garantía para todos.

-Pero supongamos... -objetó James alzando las manos- Supongamos que Dumbledore se equivoca respecto a Quejicus...

Harry sonrió aliviado al ver que su padre le creía.

-Ya no estamos para rencores de niños del colegio, James -susurró Remus rodando los ojos con fastidio- Yo mismo vi como Severus protegía a esos niños…

-Con más razón -dijo Sirius con desprecio- Quejicus podría intentar darnos la espalda por ayudarlos, aún cuando sea a favor de Voldemort.

-Voldemort no acepará a una nacida de muggles en sus filas -negó Remus-. Por muy inteligente que esta chica sea, no hay manera de que Voldemort traicione sus ideales sobre la pureza de la sangre -suspiró-. Tal vez Severus trata de guiarlos hacia Dumbledore.

-Si hubiera querido guiarlos hacia Dumbledore ya lo hubiera hecho -se quejó James cruzándose de brazos.

-No creo que ellos quieran ayuda alguna del profesor Dumbledore -opinó Neville-. Los Slytherin lo desprecian.

-Además están entrenando a los hijos de mortífagos -les recordó Ron.

-En Oclumancia, Ron –le dijo su padre-. No les vendría mal, a ninguno, aprender a defender su mente.

-No sabemos si eso es todo lo que les están enseñando -refunfuñó Ron-. Crabbe es el matón predilecto de Malfoy, ¡y su padre es uno de los mortífagos más letales de… de él! ¡Tú mismo me lo dijiste!

-Así es -aceptó su padre-. Pero no todos los hijos siguen el mismo camino de los padres.

-Recuerdo a ese otro chico, Gregory Goyle -intervino Remus-. También iba con el hijo de Lucius a todos lados, ¿aún lo hace?

-Sí -afirmó Neville-. Aunque ahora se junta mucho con Susan Bones de Hufflepuff, pero sigue siendo cercano a Malfoy.

-Los mortífagos mataron a sus padres este verano -les recordó Remus-. Ustedes llegaron a detener las llamas -le dijo a James y a Sirius-. ¿Por qué querría seguir juntándose con Malfoy si él planea algo para Voldemort?

-Por que Goyle no tiene más de dos neuronas en su cerebro y es incapaz de pensar sin Malfoy cerca -espetó Ron.

-Ronald -regañó el señor Weasley.

-Y no olvidemos la maldición de Nott -dijo Harry, sin querer desviarse del tema-. Snape los está instruyendo para que aprendan la pócima.

-Es porque Theodore Nott es un hombre lobo, Harry -suspiró Remus, tomando por sorpresa a todos.

-¿Qué? -jadearon Harry, Ron y Neville al unísono.

-Tú mismo lo has dicho -murmuró Remus, preguntándose cómo ese chico pudo ser atacado-. Está cansado todo el tiempo, dejó la mayoría de las clases y desaparece durante días enteros. Severus es un gran Pocionista y era él quien preparaba la poción Matalobos para mí, es muy probable que sea esa la que está enseñando a sus alumnos. La poción Matalobos solo funciona para mantener la conciencia durante las transformaciones, no detiene el dolor.

-No es posible -dijo Harry, aunque así lo parecía-. Fueron los Slytherin quienes maldijeron a Nott con magia oscura. No hay ningún hechizo que provoque una transformación a hombre lobo, ¿cierto?

-No, no la hay -respondió el señor Weasley-. La única manera en convertirte en hombre lobo es haber sido mordido.

-Entonces… entonces…

-Entonces Severus mintió -dijo James, girándose hacia Remus-. Aquel día, cuando ese chico llegó llorando a la enfermería, Severus abrió su mente y dijo que el chico Nott había sido lastimado por un hechizo oscuro. No dijo nada de una mordida.

-¿Cómo pudo haber sido mordido en los terrenos de Hogwarts? -se preguntó Sirius-. No hay manera de que ningún hombre lobo llegue tan cerca del castillo, por no mencionar que ese día no era luna llena.

-No, no lo era -dijo Remus-. La enfermedad no pudo haber sido transmitida fuera de luna llena. A menos que…

-¿A menos que qué? -preguntó Sirius.

-A menos que Fenrir Greyback haya sido el atacante.

-¿Fenrir Greyback? -gruñó James con odio en su voz; Sirius inclusive soltó una maldición.

-¿Fenrir Greyback? -preguntó Harry- ¿Quién es Fenrir Greyback? -quiso saber.

-Fenrir Greyback es el hombre lobo más salvaje que existe actualmente -respondió Lupin-. Considera que su misión en esta vida es morder y contaminar a tanta gente como sea posible; quiere crear suficientes hombres lobo para derrotar a los magos. Voldemort le prometió presas a cambio de sus servicios. Greyback es especialista en niños… Dice que hay que morderlos cuando son pequeños y criarlos lejos de sus padres para enseñarles a odiar a los magos normales. Voldemort amenazó con darle carta blanca para que desate su violencia sobre los niños; es una amenaza que solía dar un buen resultado. -Hizo una pausa, y agregó-.: A mí me mordió el propio Greyback.

-Ese hijo de puta -escupió Sirius. Harry se estremeció, aquel sujeto sonaba como un monstruo.

-Solo hay un problema -dijo Remus.

-¿Uno? -jadeo Ron-. Él ha amenazado con soltar a ese… ese monstruo contra niños y ¿solo hay un problema?

-Sí -asintió Remus, ignorando el chillido de Ron.

-¿Y sería…? -preguntó Neville, su tono de piel un nivel más pálido.

-Que Greyback está muerto.

-¿Qué? -preguntaron James y Sirius al mismo tiempo-. ¿Por qué no nos lo dijiste? -agregó James.

-Saben que había estado viviendo entre los hombres lobo -les recordó, antes de mirar hacia Harry-. Casi todos estaban del lado de Voldemort. Dumbledore quería infiltrar a un espía y yo le venía como anillo al dedo -. Lo dijo con cierta amargura y quizá se dio cuenta, porque suavizó el tono cuando prosiguió-: No me quejo; es un trabajo importante, ¿y quién iba a hacerlo mejor que yo? Sin embargo, me costó ganarme su confianza. No puedo disimular que he vivido entre los magos, ¿comprenden? En cambio, los hombres lobo han rechazado la sociedad normal y viven marginados, roban y a veces incluso matan para comer. Greyback era el alfa de la manada, algo así como…

-… un líder -agregó Neville. Remus asintió.

-Sí -dijo-. Y no era solo el hecho de que Greyback era el más letal, si no por su peculiar… condición.

-¿Cuál? -preguntó el señor Weasley, quien no había escuchado hasta el momento sobre la vida de Remus entre los hombres lobo.

-Él es… distinto -dijo Remus a falta de mejor termino-. No es un hombre, ni una bestia… es algo entremedio. Se dejó llevar por los instintos más básicos hasta volverse el monstruo que era. Algo capaz de transmitir la enfermedad de los hombres lobo inclusive fuera de luna llena, por esa razón la amenaza de Voldemort sobre usarlo contra los niños era tan efectiva.

-Pero dijiste que estaba muerto -dijo Harry.

-Sí, por las mismas fechas que la batalla en el ministerio -recordó Remus-. Yo no estuve durante su desaparición, pero cuando regresé con los hombres lobo, Titilus Amster -su segundo- afirmaba que estaba muerto. Que podía sentirlo, y ya que ha pasado más de medio año sin señales de vida…

-Eso es bueno, ¿no? -preguntó Ron.

-Lo es -dijo James, pero no se veía tan seguro.

-No temería admitir que Theodore Nott podría haber sido su última víctima -dedujo Remus.

-¿Y qué? ¿Estiró la pata después? -preguntó Ron-. Así como así.

-Obviamente no, Ron -dijo Neville poniendo los ojos en blanco-. Alguien tuvo que haberlo matado.

-Y me dirás que crees que fue alguno de los Slytherin -dijo Ron, frunciendo el ceño.

-¿Ahora los estás defendiendo? -se extrañó Harry, quien había llegado a la misma conclusión que Neville.

-¡Por supuesto que no! -exclamó Ron, las orejas rojas-. Es solo que… la maldición asesina es una de las más poderosas y ninguno de los Slytherin es tan poderoso como para emplearla, ni siquiera Granger seria capaz.

-Ron tiene razón -dijo el señor Weasley-. Ningún chico de quince años es tan diestro o alberga tanto odio en su corazón como para ejecutar la maldición asesina.

-La pregunta no es quién lo haya matado -negó Sirius, mirando a James con seriedad- Sino, ¿por qué Greyback atacaría al hijo de uno de los mortífagos más allegados a Voldemort?


Diciembre, 27. 1996

Callejón Diagon.

17:06 p.m.

-Me siento ridículo -se quejó Ron, jalando el cuello de su suéter tejido para aliviar un poco la picazón. Era de un color rojo con una gran "R" naranja al centro y con algunos hilillos sueltos.

El padre de Harry creyó que era una buena idea salir a dar una vuelta, e inclusive lo había llevado a visitar a la tía Petunia durante un par de horas. La hermana mayor de su madre estuvo contentísima de recibirlo, a pesar de que no miró con buenos ojos al padre de Harry.

Al joven Gryffindor por fin se le hizo que sus mejores amigos conocieran a su primo Dudley, quien aún tenía un par de secuelas del ataque de los Dementores, pero aún así recibió con gusto a su primo. Después de una comida algo incomoda, los tres adolescentes -acompañados por los tres ex Gryffindor- se dirigieron al Callejón Diagon por petición de Harry, quien quería comprarse unos nuevos guantes de buscador.

-Protegen del frío -dijo Neville con un encogimiento de hombros, abriendo la puerta de la tienda de Artículos de Quidditch. Él llevaba un suéter de color café con una "N" amarilla al centro y ni se inmutó cuando una ráfaga helada los golpeo en rostro.

-Yo me estoy muriendo del frío -se quejó Ron justo cuando la mirada de Harry se posaba en la intersección que llevaba al Callejón Knockturn encontrándose a tres Slytherin de su curso.

Draco Malfoy ataviado con un traje negro sin corbata y con una gabardina del mismo color en vez del saco. Blaise Zabini parecía estar en mitad del verano, ya que solo llevaba una simple playera muggle de manga larga color azul y unos pantalones de mezclilla de color negro. Theodore Nott, también con vestimenta muggle, llevaba un suéter grueso de lana color blanco y unos pantalones de mezclilla con una rotura en la rodilla derecha. Un gorro tejido de color gris ocultaba parte de su cabellera castaña.

-¿No son ellos de quienes hablábamos el otro día? -preguntó James detrás de Harry, tomándolo por sorpresa. El chico se giro para encontrarse con su padre, que al igual que los tres adolescentes y los otros dos adultos llevaba un incómodo suéter con la letra inicial de su nombre cosida en el centro.

Se habían separado solo unos minutos, pero tenerlo de vuelta le daba una sensación de tranquilidad.

-Sí -asintió Neville, también girándose para mirar de frente al padre de su amigo-. El moreno, como bien sabrás, es Blaise Zabini. El rubio, Draco Malfoy y el castaño es Theodore Nott…

-El hombre lobo -aportó Sirius, mirando entre las cabezas de Ron y Harry-. Recuerdo a Zabini, de aquel día en la enfermería de Hogwarts y del cementerio muggle. Lo mordí.

-Vienen para acá -anunció Remus guardando sus manos dentro de los bolsillos de su pantalón-. No hagan nada estúpido.

-Nosotros no… -empezó a defenderse Harry, pero Remus lo calló con una sonrisa divertida.

-Le decía a Sirius y a James.

-No nos menosprecies ante los niños, Lunático -se quejó Sirius, disparándole una mirada de molestia al hombre lobo.

-Potter -saludó Malfoy con voz silbante y altiva, sus ojos grises brillando con malicia. Se veía un poco menos enfermo que en la fiesta de Slughorn y sus ojeras habían desaparecido-. Estas a mitad del camino. Estorbas.

-¡El Callejón es lo suficientemente grande para todos, Malfoy! -saltó Ron, fulminándolo con la mirada. Los ojos de Malfoy se desviaron un segundo al pelirrojo, pero lo desestimo en seguida como si no valiera su tiempo lo que molestó aún más a Ron.

-Hemos venido a la tienda -aportó Nott en tono apaciguador y el cansancio destiló por su voz. Estaba ojeroso, sumamente pálido y más delgado que nunca. Viéndolo tan de cerca por primera vez, pudo percibir una vieja cicatriz que cruzaba su ceja derecha.

-¿A qué? -preguntó Harry, recibiendo una mirada de burla por parte de Malfoy mientras que Zabini sonreía con malicia y Nott soltaba un suspiro abatido.

-Blaise, no…

-A comprar una escoba -interrumpió Zabini a Nott, recibiendo una mirada desconfiada del castaño-. Ya sabes, como la mía se partió a la mitad durante nuestro partido… -dijo, disparándole una mirada envenenada a Harry-. Como bien recordarás.

El Gryffindor no pudo evitar sentirse avergonzado. No sabía qué lo había poseído aquel día, pero no pudo dejar que Zabini tomara la snitch, aunque fue cruel el comentario que lanzó. Sobre todo, ahora que sabía que la verdadera maldición de Theo era consecuencia de la mordida de un hombre lobo.

-¿Cómo demonios tu madre te permite comprarte una segunda Saeta de Fuego con lo que vale? -espetó Ron, sin poder ocultar la pizca de envidia en su tono.

Blaise se rio con maldad.

-Bueno, es porque yo sí tengo dinero para permitirme eso y cien escobas más -se burló con desdén-. A diferencia de tu familia.

El rostro pecoso de Ron enrojeció a una velocidad nunca emitida y las protestas entre los tres adultos no se hicieron de esperar. Pero antes de que cualquier pudiera decir palabra alguna, Ron sacó su varita mágica del bolsillo de su pantalón y apuntó con ella al rostro divertido de Zabini.

-¡Retráctate! -exigió Ron.

-¿Por qué? No estoy mintiendo -se mofó Zabini.

-Tranquilízate, Weasley -siseo Malfoy colocando un brazo sobre el pecho de Zabini para hacerlo retroceder, interponiéndose entre ambos adolescentes-. Usa tu cerebro por una vez. Aún eres menor de edad, así que si atacas a Blaise tendremos a los aurores del ministerio rodeándonos en menos de diez segundos y lo que menos quiero es desperdiciar un minuto más de mi vida compartiendo aire con ustedes.

-¿¡Esa es tu forma de tranquilizarme!? -escupió Ron, su varita mágica sacudiéndose por la ira-. ¿¡Insultándome!?

-No es mi deber tranquilizarte -dijo Malfoy arrastrando las palabras con desprecio-. Eres lo suficientemente maduro como para controlar tus impulsos, o al menos eso espero.

-Draco, Draco, Draco… -cantó una nueva voz, acercándose hacia ellos a paso lento. Marcus Flint, el antiguo prefecto de Slytherin miraba a Harry con desprecio total. El joven adulto había cambiado mucho desde su salida de Hogwarts: su melena oscura era del mismo largo, pero la llevaba hacia atrás con un poco de gel. Se había operado la dentadura, aunque su nariz ahora estaba ligeramente torcida; era más alto que los otros tres Slytherin y de mucha más musculatura, pero no tanto como la de Crabbe y Goyle.

Hermione Granger caminaba a su lado, su brazo entrelazado con el del ex Slytherin mientras que con el otro sostenía un grueso libro contra su pecho. Con el paso de los años, Granger se iba haciendo cada vez más hermosa, que era algo que Harry no podía negar. Su larga y rizada cabellera estaba recogida en una coleta alta y su rostro estaba ligeramente maquillado. Vestía un suéter negro de cuello alto con una bufanda de Slytherin sobre sus hombros y su pantalón de mezclilla resaltaba sus piernas torneadas.

-¿Por qué siempre que volteo estás insultando a un pobre Gryffindor? -preguntó Flint parándose detrás de los otros tres Slytherin, pero tenía una sonrisa divertida en rostro-. Señores Potter, señor Black, profesor Lupin; les pido disculpas. Hay veces que Draco olvida que, si no tiene algo inteligente que decir, debería mantener la boca cerrada -dijo, mirando con reprimenda al rubio que se encogió ante el regaño-. Marcus Flint -se presentó-. Nos hemos encontrado antes.

-El ex prometido de Emma Vanity -dijo James con gesto distraído sin perderse la manera en cómo se endureció la mirada del chico.

-El mismo -masculló Flint, palmeando la espalda de Malfoy. El rubio formó una desagradable mueca con sus labios-. Si nos permiten, le prometí a Blaise que le compraría una nueva escoba ya que la anterior sufrió un desafortunado destino.

-Eso oímos -dijo Remus, mirando brevemente el libro que Granger aferraba a su pecho antes de dirigirle una última mirada a Theo mientras Harry y sus amigos se retiraban del paso-. Cuídate, Theo.

El Slytherin le disparó una mirada confundida a Remus antes de desviar la mirada. Marcus Flint les sonrió con desprecio una última vez antes de abrir la puerta de la tienda para permitirle a Granger que entrara primero. Nott, Zabini y Malfoy no tardaron en seguirla y Flint se despidió con un gesto de mano antes de que la puerta se cerrara detrás de él.

-Vaya manera de sacar a luz el asunto, Lunático -se quejó Sirius, quien había recibido constantes miradas molestas por parte de Remus para obligarlo a mantener la boca cerrada.

-Sería totalmente estúpido de mi parte no notar el deterioro de Theodore -dijo Remus empezado a caminar al Caldero Chorreante, haciéndolos caminar con él-. Si Severus está proporcionándole la poción Matalobos, entonces el chico no es un peligro -dirigiéndole una mirada a Harry que no supo interpretar, agregó-: Te agradecería, Harry, que mantuvieras la condición de Theodore Nott en secreto.

-¿Qué? ¿Por qué? -preguntó Harry, frunciendo el ceño.

-Sabrás que los hombres lobo no somos bien recibidos en la comunidad mágica -respondió Remus-. Recordarás que tuve que retirarme de Hogwarts por esa misma razón. Nadie merece ser despreciado de esa manera, mucho menos un niño de dieciséis años.

Harry suspiró, metiendo las manos dentro de los bolsillos de su pantalón y encorvado los hombros hacia delante.

-No diremos nada –murmuró Harry. Ron y Neville asintieron en acuerdo.


Enero, 01. 1997

La Madriguera.

18:01 p.m.

Esa tarde, poco después de Año Nuevo, Harry, Ron, Neville y Ginny se pusieron en fila junto a la chimenea de la cocina para regresar a Hogwarts. El ministerio había organizado esa conexión excepcional a la Red Flu para que los estudiantes pudieran volver de manera rápida y segura al colegio. La señora Weasley era la única presente en La Madriguera para despedir a los muchachos; su marido, Fed, George, Bill y Fleur ya se habían marchado al trabajo mientras que Remus, James y Sirius habían partido a la mansión Black. Se deshizo en lágrimas en el momento de la partida. Hay que decir que últimamente estaba muy sensible: le afloraban las lágrimas con facilidad desde que el día de la Navidad, Percy saliera precipitadamente de la casa con una pastinaca apachurrada en las gafas (de lo cual Fred, George y Ginny se declaraban responsables).

-No llores, mamá -la consoló Ginny, y le dio palmaditas en la espalda mientras la señora Weasley sollozaba con la cabeza apoyaba en el hombro de su hija- No pasa nada...

-Sí, no te preocupes por nosotros -agregó Ron, y permitió que su madre le plantara un beso en la mejilla-, ni por Percy. Es un imbécil, no se merece que sufras por él.

Ella lloró aún con más ganas cuando abrazó a Harry y Neville.

-Prométanme que tendrán cuidado... y Harry, cariño, prométeme que no te meterás en líos...

-Pero si yo nunca me meto en líos, señora Weasley. Usted ya me conoce, me gusta la tranquilidad...

La mujer soltó una risita llorosa y se separó de Neville y Harry.

Harry se metió en las llamas verde esmeralda y gritó: "¡A Hogwarts!". Tuvo una última y fugaz visión de la cocina y del lloroso rostro de la señora Weasley antes de que las llamas se lo tragaran. Mientras giraba vertiginosamente sobre sí mismo, atisbó imágenes borrosas de otras habitaciones de magos, pero no logró observarlas bien. Luego empezó a reducir de velocidad y finalmente se detuvo en seco en la chimenea del despacho de la profesora McGonagall. Ésta apenas levantó la vista de su trabajo cuando él salió arrastrándose de la chimenea.

-Buenas noches, Potter. Procura no ensuciarme la alfombra con ceniza.

-Descuide, profesora.

Harry ajustó las gafas y se alisó el cabello mientras Ron llegó girando como un trompo en la chimenea. Después llegó Ginny con Neville cerrando la marcha, y los cuatro salieron del despacho de la profesora rumbo a la torre de Gryffindor. Mientras recorrían los pasillos, Harry miraba por las ventanas; el sol ya se estaba poniendo detrás de los jardines, recubiertos de una capa de nieve aún más gruesa que la del jardín de La Madriguera. A lo lejos vio a Hagrid dando de comer a Buckbeak delante de su cabaña.

-Ve adelantándote, Ginny -dijo Harry hablando de la nada-. Neville, Ron y yo iremos con Hagrid.

-Muy bien, nos vemos -anunció Ginny despidiéndose de ellos con un brazo en alto.

-¿A qué iremos con Hagrid? -preguntó Ron cuando su hermana se perdió de vista.

-No iremos con Hagrid -dijo Harry empezando a caminar por otro pasillo que lo llevaría hacia una parte del castillo muy peculiar-. Estuve pensándolo toda la noche.

-¿Qué cosa? -preguntó Neville colocándose a la derecha de Harry.

-Sobre el armario del que habló Snape –respondió Harry-. ¿Recuerdan que el año pasado Fed y George encerraron a Adrian Pucey en el armario evanescente del último piso?

-Sí -dijo Ron.

-¿Crees que es ese del que hablaba Snape? -preguntó Neville.

-Podría ser -dijo Harry encogiéndose de hombros-. No estoy muy seguro, pero es una buena pista. ¿No?

-Creo que estamos yendo en la dirección equivocada -agregó Ron mientras subían por las escaleras movedizas.

-Es poco probable que el armario esté en el mismo lugar si Malfoy lo está usando para sus planes -dijo Harry pasando hacía la siguiente escalera.

-¿Entonces…?

-¿Dónde guardarías algo que no quieres que nadie más encuentre? -dijo Harry interrumpiendo la pregunta de Ron.

-En la Sala de los Menesteres -respondió Neville, siguiendo el hilo de los pensamientos de Harry. El chico de gafas asintió como respuesta.

No volvieron a hablar entre ellos hasta que llegaron al pasillo de la Sala de los Menesteres, y tampoco dijeron nada mientras miraban a Harry caminando de un lado a otro frente a la pared para que les permitiera la entrada. No tardó en inmiscuirse en la sala cuando una enorme puerta negra apareció sobre ella.

La sala era más grande y extensa que nunca, donde probablemente cabrían más de diez veces el Gran Comedor. Mostraba montañas y montañas de objetos apilados descuidadamente, pero aún así se mantenían en equilibrio.

-No me esperaba esto -admitió Neville mirando con gesto decaído el desastre que era aquel lugar-. ¿Cómo demonios vamos a encontrar un armario evanescente?

-¿Cómo demonios se ve un armario evanescente? -preguntó Ron, su mirada recorriendo su alrededor-. ¿Cómo un armario normal?

-Separémonos -ordenó Harry-. Griten si encuentran algo.

Tomando caminos distintos, Harry escudriño con la mirada las enormes montañas de objetos obsoletos. Había pilas de sillas destrozadas, muebles astillados y escobas mágicas olvidadas. Esferas de cristal esparcidas por doquier y cuadros destrozados, inclusive creyó ver un pequeño Doxy escabulléndose entre cortinas mohosas.

No sabía qué quería Malfoy con el armario, pero tal vez si lo encontraba descubriría el plan del mortífago y por fin podría mostrarle una prueba concreta a Dumbledore. Malfoy sería expulsado en seguida y Snape por fin mostraría su verdadero rostro.

Un enorme estruendo sonó al otro lado de la enorme montaña que atravesaba en ese momento, provocando que el alma de Harry saliera de su cuerpo. Sacando su varita mágica, se dio la vuelta y adoptó una postura de lucha, pero al no percibir a nadie acercándose echó a correr hacía donde vino el ruido.

Dándole la vuelta a la montaña se preparó mentalmente para encontrarse alguna otra criatura mágica, pero no encontró nada más que objetos inservibles tirados por doquier, entre ellos una tiara vieja y descolorida. ¿Quién demonios guardaba todo eso ahí?

-¡Harry! -llamó Neville apareciendo del otro lado de la montaña, con las mejillas sonrojadas por el esfuerzo. Ron no tardó en llegar, su varita mágica en mano imitando a los otros dos.

-¿Qué fue…?

Un sonido como de disparo sonó sobre sus cabezas, callando la pregunta de Ron. Alzando la mirada, encontraron una nube de polvo que al disiparse mostró una parvada de aves.

-¿Pero qué carajos? -escupió Harry desviando su varita mágica del suelo hacia las aves, pero antes de que pudiera articular un hechizo la parvada de aves se lanzó sobre ellos con crueldad. Empezando a picotear sus rostros y manos, asaltando cualquier trozo de carne a la vista.

-¡Demonios! -aulló Neville, sacudiendo los brazos a su alrededor antes de echar a correr hacía la salida de la sala. Ron y Harry no tardaron en darle alcance, pero las despiadadas aves no dejaron de picotear alrededor de los adolescentes y no se detuvieron hasta que estuvieron fuera de la sala, lejos del pasillo de la Sala de los Menesteres.