Bueno, esta vez fui rápida... Pero es que la verdad, he tenido un montón de ideas rondando en mi cabeza desde que intente sobrellevar mi nueva adicción a los vampiros, (me compré un libro. Se llama: Crónicas de sangre y dolor). Así que como verán, he estado un poco... emocionada sobre la nueva perspectiva de mi historia.

Empecé a escribir el capítulo el sábado, creo... El domingo me aventuré en el Sotano, una librería en México. Me aventé tres libros en tres días, uno sobre ángeles, otro sobre los hermanos Maddox y el último sobre Dean Di-Laurentis... posiblemente no entiendan ni pío de lo que estoy hablando pero ni modo, he aquí la introducción.

Así que entre escuela, libros y tareas logré organizar mi tiempo para escupir todas mis ideas sobre el fanfic y es por esa razón que me ha tomado menos tiempo del que esperaba.

Los personajes no me pertencen (como es obvio).

La idea tampoco pero la trama es por completa mía.

Agradecimientos.

Les dio la bienvenida a Dreiana, .9, La Destructora, Chio Lannister y KarlMalfoy. Gracias por empezar este viaje conmigo, espero no defraudarlos.

Review´s:

ivicab98: Lo sé, cualquier fan del Klaroline debe saber de la historia amorosa del Steroline, creeme. Sobre todo de las gemelas, estoy al tanto... tuve muchos spoilers antes de poder ver la serie. Siento si llegué a insultarte o ofenderte, no era mi intención. Y sobre Fanfic´s sobre mi hermoso Klaus, hay muy pocos en Fanfiction pero hay algunos buenos en Whattpadd. Yo también espero el momento en qué se den cuenta de todo, pero recuerda que los leones sobre todas las cosas, son tercos. No les gustara para nada saber que siempre estuvieron dos pasos detrás.

Cignus Black: ¡Gracias! Esta vez lo traje rápido. Y sí, siguen siendo igual de impulsivos y zoquetes que antes. Nos leemos pronto.

Rocio: Aquí la otra parte.

andrea: ¡No tarde! ¡Yupi! Aplausos para mí.

PamExpelliarmus: ¡Aquí la actualización! Y verdaderamente pronto, nos leemos.

diva-akira: Sí... a Ronald le gusta la princesa de Slytherin. Y sí, Draco pegará el grito en el cielo cuando Ron intenté meterse con su princesa, ¡oh! Quiero una escena así, ya te me has metido a la cabeza. Sí, nuestra Gryffindor extraña a los Slytherin pero no se la dejare tan fácil. Gracias por tu Review, nos leemos pronto.


Este capítulo esta dedicado a rubenchoellocoxd.

Sin ti no abría podido continuar con esta idea. Gracias por todos tus aportes a mi Fanfic.

Quiero aclarar, que fue tuya (la idea) por completo.

Espero que te guste lo que hice con ella.


Diciembre 24, 1996.

Castillo Nott.

-¡He llegado! -anunció Blaise mientras su cuerpo terminaba de materializarse en el vestíbulo del Castillo Nott. Los cuatro cuadros de los primeros Nott conocidos de la historia, lo miraron con desagrado mientras las botas del moreno retumbaban en el pasillo.

-Escoria... -Blaise sonrió socarrón al ver la mueca de desagrado de Nymphullus Nott, el primer cabecilla de los Nott. Había sido retratado ya de viejo.

-Vamos, muertito... -se mofó Blaise mirando con diversión al anciano- Me tienes envidia, es todo. Yo estoy vivo y bueno, tú no.

-¡Alimañas! -siseo el cuadro en la pared contraria. Shirley Nott, la mujer de Nymphullus, también retratada de vieja, lo miraba con desprecio- ¡Una bestia! -chilló indignada recordando los aullidos del último heredero de los Nott cada luna llena- ¡Traer a una sangre sucia a nuestra casa!

-Estas muerta, vieja. Ya no es más tu casa -rió Blaise un poco más aburrido. Siempre era lo mismo al entrar por el vestíbulo del pasillo. Los cuadros mirándolos con rencor y odio.

-¡Estas es mi casa y me debes respeto! ¡Muchacho insolente!

-¡Insonorus! -apuntó Blaise sacando la varita de Cassiopea, que Hermione le había dado por si era necesario, apagando de inmediato los insultos de los cuatro cuadros, que juntos, ya habían empezado a alzar la voz. Los cuadros fueron silenciados de inmediato, todos mirándolo con más odio, si es que era posible. Blaise sonrió jocoso antes de que con un movimiento de mano, los cuadros se separaran de las paredes, dieran la vuelta y estamparan el retrato contra el muro, sólo mostrando ahora un cuadro vacío.

Lamentablemente, Blaise no podía correr a los ancestros de Theo del Castillo, y desde que habían llegado esa mañana, Theo se encerró en su cuarto y no había salido desde entonces. Blaise comprendía, ayer había sido luna llena y Theo estaría más que cansado.

Dejando a los cuadros silenciados por un momento, Blaise camino con gallardía al salón principal, como si tuviera todo el tiempo del mundo a sus pies. El Gran Salón estaba decorado con adornos navideños muggles, que de seguro Hermione había conseguido con ayuda de Pansy. Ambas habían salido al mismo tiempo que él, sólo que con la diferencia que ellas iban al mundo muggle y él iría a la calle de la Hilandera donde Snape vivía para poder armar una reunión con los gemelos, ya que Hermione, Draco y Vincent se habían encargado de ocultar el Castillo con cientos de hechizos.

El moreno acababa de regresar de una reunión con los Weasley para encontrarse a Hermione, Pansy, Vincent, Draco y Gregory decorando un enorme árbol a la manera muggle.

-¿Qué es esto? -cuestiono el Slytherin mientras se acercaba a las cajas de cartón al lado de Vincent. Dentro habían pequeñas esferas de cristal, de varios colores y de diferentes diseños.

-Estamos decorando el árbol -respondió Hermione colocando una pequeño bastón de dulce en una de las ramas del árbol.

-Pueden usar magia -recordó Blaise con una sonrisa burlesca por los rostros abatidos de Draco, Vincent y Gregory.

-Hermione no nos dejo -respondió Pansy con una sonrisa cariñosa mientras colocaba esferas en el árbol, parecía... feliz.

-Además, nos hemos gastado todas nuestras energías cargando ese árbol hasta la colina -se quejo Vincent mientras le pasaba un ángel de cristal a Hermione.

-Justo cuando llegamos al sendero principal, el árbol se desplomo ante nosotros... Tuvimos que traerlo jalando entre los tres -le recriminó Gregory con enojo, hasta ese momento, Blaise no se había dado cuenta que las manos de Vincent, Gregory y Draco estaban rojas y con rasguños.

Blaise trato de reprimir su sonrisa lo mejor que pudo.

-¿Necesitas ayuda? -preguntó Blaise con una sonrisa llena de inocencia hacia Hermione, sintiendo las dagas que Vincent, Draco y Gregory le lanzaban con la mirada. Hermione negó ante los reproches por parte de los otros tres Slytherin.

-Ayuda a Mirthy a preparar la cena -le ordenó Hermione. Mirthy había partido con ellos hacia el Castillo Nott esa mañana, con el reticente permiso de McGonagall. Blaise sonrió triunfante ante los otros tres Slytherin, el moreno había aprendido a cocinar en tercer año, así que no sería nada difícil preparar la cena.

Salió del Gran Salón con altanería hacia la cocina.

-Idiota -se quejó Draco una vez Blaise salió de la estancia.


Gran Salón.

10:00 p.m

-Les ha quedado espectacular -admitió Theo con una sonrisa cansada. El Gran Salón estaba decorado por completo, el árbol que Draco, Vincent y Gregory habían cortado alumbraba la estancia con las luces que Hermione había encantado, sin tomar en cuenta la estrella en la punta del árbol, que giraba y lanzaba destellos de luces.

En la chimenea colgaban calcetines hechos a mano, una tradición muggle que Hermione había insistido en usar. Inclusive Pansy había colocado un encantamiento de clima en el Gran Salón y, con ayuda de la chimenea, no era necesario usar demasiados suéteres para mantener el calor corporal.

Ignorando los cientos de protocolos de las familias sangre pura, los Slytherin habían bajado a cenar con sus ropas de dormir, todos sintiéndose cómodos. Incluso, con sonrisas en los rostros y siendo niños otra vez, habían decidido quedarse descalzos a fin de cuenta, el suelo tenía una temperatura normal.

La antes enorme mesa, ya que Blaise la había reducido a un tamaño normal, estaba repleta de diferentes platillos, con un pavo justo en el centro. Habían solo siete velas alumbrando la comida, dando un sentimiento acogedor para los Slytherin.

Pansy, Hermione, Draco, Vincent, Gregory y Blaise, aunque el último sólo cocinó, sonrieron ante el alago de Theo. El Slytherin parecía más cansado de lo usual, se podía ver el esfuerzo que usaba para mantenerse despierto. Mirthy, la pequeña elfina de Blaise, ayudó a Theo a sentarse en una de las ocho sillas, una vez el castaño se hubo sentado, los demás Slytherin se apresuraron a tomar asiento.

-¿Te sientes muy cansado? -preguntó Pansy intentando iniciar una charla.

-Podemos posponer la cena para mañana -apoyo Hermione de inmediato- Cuando te sientas un poco mejor.

-No, estoy bien -repuso Theo mirándolos un poco cansado- Es sólo que el torso me ha estado doliendo un poco -ante aquella declaración Hermione se puso de pie con rapidez para llegar a su lado. Le ordenó levantarse la camisa ignorando las quejas de Theo, una vez se hubo levantado la camisa, Hermione ahogo un grito.

Justo por encima de sus costillas, Theo tenía un enorme hematoma casi cruzando todo su pecho. Frunció el ceño, no se había dado cuenta de aquello pero Hermione no le dio tiempo de analizar como es qué se había hecho aquel golpe ya que presiono justo por encima del hematoma haciendo que soltara un alarido de dolor.

-Tienes varias costillas rotas -Hermione volvió a presionar y Theo hizo su mejor esfuerzo para evitar que otro grito se escapara por sus labios- Creo que son cuatro...

-Gracias por avisar -siseo con enojo. Hermione lo fulmino con la mirada antes de pedirle la varita de Cassiopea a Blaise, que se la entrego con torpeza sin quitar la mirada del hematoma de Theo.

-¿No tomaste la poción? -indago Draco con tono acusatorio. Theo exhalo con fuerza antes de gritarle al rubio.

-Lo hice -soltó entre dientes- Pero ahora que me lo recuerdan con tanta sutileza, mientras me transformaba termine estampandome contra un mueble y rompiéndolo en cientos de pedazos -escupió en un siseo al sentir la punta de la varita contra su piel.

-¡Brackium emendo! -Theo escuchó sus huesos crujir de la misma manera que cuando se transformaba sólo que el dolor era mil veces menor, aunque no pasable. Se aferró con sus dos manos a la mesa y soltó un gruñido al sentir el ultimo hueso crujir, el dolor se esfumo de inmediato dejandole una sensación de enorme alivio.

Una sonrisa agradecida cubrió su rostro mientras miraba a Hermione.

-Gracias -suspiro. Hermione asintió y regreso a tomar su lugar, un pequeño frasco se deslizo por la mesa hasta quedar en frente de Theo.

-Bebe -ordenó Draco mirándolo con reprobación. Theo poso sus orbes azules en el contenido del frasco. El liquido era espeso, entre un tono parecido al negro pero semejante al rojo, era sangre.

-¿Qué es eso? -preguntó Vincent con curiosidad mientras Theo hacia una mueca de disgusto.

-Sangre de dragón -respondió Draco recostándose contra la silla.

-Es mil veces mejor que las lágrimas de un ave fénix -recordó Blaise de inmediato- Te curara en seguida.

-Es adictiva -repuso Pansy mirando a Draco con censura. Hermione negó, cruzándose de brazos.

-Sólo si la hiervas e inhalas el humo que expulsa -recordó Hermione- Bebiéndola sólo lo ayudara a reponerse de inmediato, ¿donde la conseguiste? -preguntó Hermione mirando a Draco fijamente.

-En el despacho de mi padre -admitió Draco- Antes de que regresáramos a Hogwarts.

-Prefiero usar esta sangre en algo más productivo que curar mi cansancio -se quejo Theo- Podría servirnos para muchas cosas más.

-Es fácil de conseguir en el callejón Knockturn si sabes donde buscar -repuso Draco sin dar chance a quejas. Theo, derrotado, bebió la sangre de dragón con una mueca de asco. El denso y frió liquido bajo por su garganta, curando de inmediato su cansancio. Theo, por primera vez desde que Fenrir Greyback lo mordió se sintió normal, como él mismo.

-Necesitamos más de esto -admitió Theo mirando fascinado el frasco vació. Blaise asintió en acuerdo.

-Es peligroso -reparo Pansy otra vez.

-Pero necesario -recordó Gregory mirándola severo- La sangre de dragón tiene muchas cualidades.

-Y cara -volvió a interserir Pansy, ahora sintiéndose derrotada.

-Tenemos el dinero para pagar varios frascos de sangre de dragón, linda -rió Vincent- No hay nada de que preocuparnos, y con una cantidad minúsculas podría servir para que Theo se cure de inmediato y aliviar su cansancio, así no irá como Inferi caminando por los pasillos de Hogwarts.

-No sabemos si le sirva para todo el mes -dijo Blaise posando sus ojos en Mirthy que parecía asustada sobre donde llevaría esa conversación- Experimentemos, podemos mezclar sangre de dragón con la poción matalobos para ver como funciona y si evita que Theo se provoque heridas mientras se transforma.

-Primero veamos cuanto dura el efecto de la sangre de dragón -cortó Hermione empezando a servirse patatas horneadas en su plato, dando por terminada la platica. Los seis Slytherin y la elfina doméstica la imitaron y empezaron a cenar en un cómodo silencio.

-¿Creen... que la sangre de dragón pueda evitar que me transforme? -preguntó Theo algo indeciso una vez hubo terminado de comer su cena. Vincent y Gregory, que comían una rebanada de pastel de chocolate, dejaron su cuchara a medio camino, mirándolo con sorpresa. Blaise, al lado suyo, hizo una mueca incomoda mientras Draco negaba con la cabeza. Hermione y Pansy parecían las únicas dispuestas a reparar en aquella opción.

-Tal vez si...

-No hay que crearnos falsas esperanzas, Theo -interrumpió Draco al instante, ganándose una mirada fulminante de Pansy.

-Podemos intentar -dijo Hermione mirando a Draco fijamente.

-Podríamos provocar efectos secundarios no deseados -prosiguió Draco bebiendo de su copa de vino muggle, conseguida por Hermione y Pansy esa tarde.

-O podríamos conseguir el efecto secundario que deseamos -recapacito Hermione ahora posando sus ojos en Mirthy- Mirthy, ¿podrías traerme mi libro de: "Animales fantásticos y dónde encontrarlos de mi baúl"? Por favor -pidió Hermione a la elfina, que sintió de inmediato y desapareció con un "Plop".

-Hermione...

-Draco -corto Hermione- Podemos intentarlo.

-Y podríamos provocar algo peor -los ojos grises de Draco se posaron en Theo- ¿Estas seguro de querer eso?

-Estoy maldito para el resto de mi vida, Draco. Creo que no esta de más intentar -pidió el castaño con un toque de esperanza en su voz.

-Yo... -empezó Blaise, algo reticente- ... el día que mate a Greyback, cuando te transformo...

-No quiero saber nada de eso, Blaise -se quejo Theo mirando al moreno con un toque de enojo. Blaise negó con la cabeza pero sin hacerle caso.

-Ese día no era luna llena -recordó el moreno- Y Greyback... él... parecía una combinación entre hombre lobo y humano.

Draco suspiro con fuerza, recordando aquella noche.

-Blaise tiene razón -apoyo Vincent frunciendo el ceño- Yo lo vi, esa cosa parecía una cruza entre humano y bestia, tomando en cuenta que te mordió y logro maldecirte a pesar de que no era luna llena... tal vez él...

-Podía controlar su licantropía -interrumpió Draco mirando con estupefacción a Hermione. Parecieron comunicarse con la mirada ya que Hermione se tapo con ambas manos los labios, mirando sorprendida al rubio.

-¡Por esa razón el Innombrable esta tan molesto! -gritó- ¡Greyback era su carta sorpresa para la guerra! Greyback murió sin contarle como es que logró controlar su licantropía -dijo esto último posando sus ojos en Theo, que miraba alucinado a ambos.

-Eso es imposible -susurró Theo, incrédulo.

-Ya no más, fratello -dijo Blaise colocando una mano sobre el hombro del castaño. El Gran Salón quedo sumido en un extraño silencio mientras los Slytherin pensaban en lo recién descubierto, de fondo podía escucharse las llamas crujir dentro de la chimenea.

Un "Plop" los sacó de su ensimismamiento. Mirthy apareció enfrente de Hermione con una pequeño libro entre sus manos. Hermione agradeció con una sonrisa a la elfina.

-Nos quedaremos un rato más, Mirthy -dijo Blaise con cariño a la elfina- Puedes retirarte, nosotros nos encargaremos de limpiar, sólo lleva estos platos a la cocina -pidió Blaise. La elfina asintió y con un chasquido de dedos desapareció todo rastro de cubiertos y comida de encima de la mensa.

-Buenas noches, amo Blaise... -dijo la elfina abrazando a Blaise antes de despedirse de los demás Slytherin y desaparecer con un "Plop" de la estancia.

-¿Para qué necesitamos el libro de Newt Scamander? -preguntó Gregory con sutil interés.

-Vienen algunas cosas que podrían servirnos -respondió Hermione, escueta.


Diciembre 27, 1996.

Callejón Knockturn.

Draco, Theo y Blaise caminaban por los distintos pasillos del callejón, mirando los escaparates de las diferentes tiendas en busca de los ingredientes que estaban escritos en la lista que Hermione había hecho.

Vincent, Pansy y Gregory se habían dedicado a buscar libros en el mundo muggle sobre hombres lobo, si es que había siquiera algo similar entre las leyendas y mitos que contaban los muggles. El día anterior habían pasado un gran parte de su tiempo en diferentes librerías y bibliotecas buscando información de los hijos de la luna. Hasta que al final Hermione les había dado chance de recorrer las calles muggles.

Theo había conseguido un aparato muggle que funcionaba para reproducir música muggle mediante unos cables que colgaban de los oídos mientras Blaise había conseguido un nuevo tatuaje y varias cajetillas de cigarrillos, inclusive algún que otro ron muggle.

Hermione y Draco se dedicaron a pasear como una pareja, completamente ajenos de las actividades de sus amigos. Pansy había descubierto el maquillaje muggle y había quedado fascinada, mientras Vincent y Gregory descubrieron los deportes muggles.

Mientras los tres Slytherin recorrían las calles del callejón Knockturn, Pansy, Vincent y Gregory las calles muggles, Hermione investigaba en Flourish & Blotts en busca de algún libro que pudiera servirles.

-Miren -anunció Blaise apuntando a una tienda apartada, al fondo de un retorcido callejón. La tienda, de lejos, parecía abandonada con el letrero colgando de la esquina: "Ingredientes". Una lámpara dentro de la tienda le daba inclusive un aspecto más aterrador. Los tres Slytherin caminaron con tranquilidad hacia la extraña tienda.

Una ventisca helada estampo contra los rostros de los tres adolescentes que ni se inmutaron ante la ráfaga de viento, todos se habían aplicado un encantamiento de clima antes de salir del Castillo. Caminaban con petulancia sabiendo que a pesar de los constantes ataques mortífagos ninguno saldría herido aunque la preocupación los tenía tensos, ya que habían dejado sola a Hermione en el callejón Diagon.

Blaise fue el primero en entrar a la extraña tienda, sus botas de inmediato hicieron ruido al golpear el suelo roído de madera, Draco entro detrás de él y hasta el final Theo, que cerro la puerta provocando un estridente chirrido, las bisagras de la puerta estaban oxidadas.

Los tres adolescentes se dedicaron a mirar los distintos frascos llenos de extrañezas en los enormes estantes. Esa mañana el efecto de la sangre de dragón había desaparecido, dejando de nuevo a Theo con un enorme cansancio en su cuerpo, por eso había insistido tanto en ir a buscar más sangre de dragón.

Blaise, ajeno a la preocupación de Draco y la excitación de Theo por encontrar lo que buscaban, poso sus orbes verdes en la esquina del estante. Una banda dorada con la palabra: "ERUMPENT" llamó su atención. Los Erumpent eran extrañas bestias grises, de gran tamaño y poder, nativas de África. El cuerno, la cola y el fluido que secretaba la bestia gris eran vendidas en sólo pocos lugares, ninguno cerca de Londres... mínimo no legal. Eran de clasificación cuatro "X" según el Ministerio.

Delante de él, habían tres cuernos largos y puntiagudos, diez frascos de un extraño fluido color verdoso y una caja de cristal, donde se podían apreciar mínimo siete colas de Erumpent. Nada de eso venía en la lista que Hermione les había escrito, pero nunca estaba de más tener un poco de todo.

Cuando Blaise tomo uno de los tres cuernos una caja de madera apareció al lado de él, el moreno inspecciono la caja hasta ver el nombre grabado: Blaise Zabini. Suponiendo que era algún tipo de encantamiento para cargar los materiales, el moreno introdujo los tres cuernos dentro de la caja y cinco frascos después se dispuso a mirar los demás estantes, con la caja de madera flotando detrás suyo.

Draco caminaba mirando las distintas etiquetas que marcaban los estantes con aire indiferente, cualquier otro día podría hasta estar interesado en lo allí vendido pero en ese momento solo podía pensar en que había dejado sola a Hermione en el callejón Diagon en busca de algún libro estúpido. El rubio poso sus ojos en una bandeja de plata entre dos cajas, sobre ella, varias plumas de color azul moteado llamaron su atención, al leer la etiqueta dorada: "JOBBERKNOLL" sonrió con interés.

Las plumas de los Jobberknoll son utilizadas en sueros de la verdad y pociones desmemorizantes, Draco las había preparado una que otra vez pero nunca estaba de más tener reservas. Tomo un puñado de plumas, quince, cuando un cajón de madera con su nombre apareció flotando al lado suyo, con un encogimiento de hombros, dejo caer las plumas dentro del cajón y continuo con su recorrido. En su camino también tomo cuatro frascos de sangre de Salamandra, tiene prodigiosas propiedades curativas y restauradoras.

Después de un intenso escrutinio y haber comprobado que todo lo que tomaron fuera cien por ciento real se acercaron a la barra que de seguro servía como caja.

-Me he encontrado quince frascos de sangre de dragón -anunció Theo mientras su caja de madera se colocaba entre las de Draco y Blaise. Al echar un vistaso se dio cuenta que era el único que había buscado los ingredientes de la poción matalobos (la lista de Hermione) y la sangre de dragón, inclusive llevaba dos frascos de lágrimas de Fénix.

-Y yo he encontrado esto -anunció Blaise enseñándoles dos frascos que contenían un extraño líquido plateado. Theo miró confundido el frasco mientras Draco analizaba el líquido plateado, al darse cuenta de lo que era miró a Blaise con reproche.

-Devuelve eso donde lo encontraste -siseo Draco.

-¿Qué es...? ¡Joder, Blaise! Ve a dejar eso -exclamó Theo al caer en cuenta que la sustancia dentro de los frascos era sangre de unicornio. Blaise sonrió con malicia al ver los rostros asustados de Theo y Draco.

-¡Oh! Vamos, todos sabemos que la sangre de unicornio puede servir para muchas cosas...

-Sí, como solía usarla el Innombrable cuando era la cabeza adherida de Quirrell -siseo Draco con enojo. Theo y Blaise sufrieron un escalofrío al imaginar extraña situación antes de que el moreno dejara con una mueca de desagrado los frascos fuera de su caja.

-Buenas tardes -los tres adolescentes miraron a la vieja que acababa de aparecer detrás de la barra de madera. Su cabello canoso y sucio, caía sobre sus hombros y sus huesudas manos inspeccionaban los ingredientes que cada uno había tomado. Al final, los tres Slytherin salieron de la tienda habiendo gastado una cantidad de galeones casi excesiva y ridícula.

Todos guardaron sus compras en sus bolsillos, en los que habían aplicado una encantamiento de extención indetectable, así no había necesidad de cargar pesadas bolsas. Salieron hacia el callejón Diagon hablando sobre lo que habían comprado y anunciando que ese lugar sería perfecto para volver si fuese necesario.

-¿Deberíamos buscar a Hermione? -preguntó Blaise echando un vistazo a a la Tienda de Animales Mágicos, frunció el ceño al ver una enorme rata negra saltarina y chasqueo la lengua con desagrado al reparar en los caracoles venenosos naranjas.

-No, es mejor que se tome su tiempo, o si no nos mirara mal pensando que la estamos apurando -dijo Theo dando un gran bostezo, Draco asintió en acuerdo antes de mirar a su alrededor, una sonrisa socarrona surco su rostro.

-Pero miren, si es Potter y compañía -siseo el rubio llamando la atención de Blaise y Theo. Fuera de la tienda de Artículos de Quidditch; Potter hijo y padre, Longbottom, Weasley, Black y Lupin charlaban amenamente. Todos con unos ridículos suéteres tejidos a mano.

Blaise se dispuso a caminar hacia los seis Gryffindor, no queriendo perderse semejante espectáculo para poder burlarse de Potter. Draco y Theo caminaron a su lado, el primero mirando divertido a los Gryffindor y el segundo con chasco, realmente no quería meterse en una pelea pero estaba para evitar que Draco y Blaise lo hicieran.

Theo se dispuso a tratar de convencerlos de regresar a buscar a Hermione cuando Draco dio el primer paso a la guerra.

-Pero miren, si es el "Elegido" con sus súbditos -la voz de Draco salió en un silbido bajo, justo como entonaba sus palabras cuando se burlaba de los demás o intentaba intimidar a alguien. Los seis Gryffindor se tensaron ante la burla de Draco. James Potter, Sirius Black y Remus Lupin posaron sus ojos en los tres Slytherin con desconfianza mientras Gafas, Weasel y Longbottom-squib se giraban para confrontarlos.

Theo maldijo mentalmente, realmente no había posibilidad alguna de terminar el año sin insultos esparcidos por doquier. Pudo ver como Potter hijo los evaluaba con la mirada, pasando su mirada desde el logotipo de Nirvana bordado en su playera hasta el nuevo tatuaje de Blaise en su bíceps izquierdo.

-¿Ya los dejan salir solos, Malfoy? -preguntó Weasley mirando a Draco con superioridad- Veo que ya no llevabas a esos pobres elfos domésticos besando el suelo que pisan.

Theo bufo, Weasley no aprendía nunca.

-Te preguntaría por los tuyos, Weasel -siseo Draco con una sonrisa socarrona- Pero dudo que tu familia tenga dinero para conseguir alguno -se mofo. Potter y Longbottom soltaron las bolsas que cargaban antes de aferrarse a las mangas del horrendo suéter que portaba Weasley, deteniéndolo de atacar a Draco a la manera muggle. Theo rodó los ojos, Weasley nunca le ganaría en una pelea física a Draco, ya que el rubio al igual que Blaise y Theo a veces entrenaban con Vincent y Gregory... sí, nunca les ganarían a ellos dos en una pelea pero sabrían defenderse de los tres Gryffindor a la perfección.

Theo pudo ver como el rostro de Weasley empezaba a tornarse rojo.

-Eso fue muy descortés de tu parte, Draco -defendió Lupin de inmediato. Draco poso sus ojos en su antiguo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, uno de los pocos profesores a los que les había tenido respeto. Pudo ver el cansado rostro del adulto y la fina cicatriz que cruzaba una de sus mejillas... era tan parecido a Theo.

La mirada de Draco se endureció, Theo no terminaría como Lupin, ellos romperían la maldición. Chasqueo la lengua mientras adoptaba una actitud más indiferente.

-Señor Malfoy para usted, profesor -siseo Draco con altanería, tratando de provocar al adulto lo mejor posible.

-Esa no es forma de hablarle a tus mayores, chico -saltó Black, idéntico a Weasley. Draco recorrió al ex prófugo con su mirada, era insultante saber que eran parientes.

-El respeto se gana, Black -escupió Blaise con una sonrisa maliciosa, viendo como el animago lo miraba con desagrado y avanzaba dos pasos, listo para atacarlo pero siendo detenido por sus dos amigos. La sonrisa de Blaise se ensanchó, justo en el clavo... Black era demasiado impulsivo, no pensaba, atacaba... Sería fácil de vencer en un duelo. James Potter era un alcohólico en recuperación y Remus Lupin estaba demasiado cansado por la reciente luna llena. Potter, Longbottom y Weasel no podía usar sus varitas, la pelea estaba ganada.

-¿No tienen algo mejor que hacer que meterse en la vida de otros? -preguntó Potter aún deteniendo con fuerza a Weasley.

-Claramente, Potter. No somos ustedes... es sólo que te has metido en nuestro camino y pues... -Draco suspiró, dramático-... No me gusta pisar mierda.

Potter y Longbottom soltaron a Weasley al instante, sacando sus varitas y apuntando a los tres Slytherin con ellas. Weasley los imitó aún mirando con enojo a Draco. Blaise rió de buena gana... eso si que había sido tan... fácil. Los Gryffindor siempre actuaban, nunca pensaban.

Draco, al lado suyo metió las manos dentro de los bolsillos de su pantalón hecho a mano, cualquiera pensaría que adoptaba una actitud petulante pero Blaise sabia que la mano de Draco ya estaba en busca de la varita de Casiopea, que ese día el rubio había tomado. Podían contra Potter, Weasley y Longbottom sin varita fácilmente pero los tres adultos siempre podían sorprenderlos. Theo, al lado de Draco, sólo se dedico a rodar los ojos.

-Vamos, Potter... No quieren hacer esto -dijo Theo, tratando de hacerlos razonar- Por dos obvias razones, el Ministerio rastrea sus varitas y no creo que quieras una audiencia con el Wizengamot... otra vez... -Potter, Longbottom y Weasley apretaron con más fuerzas sus varitas, mirando a los tres Slytherin con desafío. Theo suspiro, cansado- Y todos aquí sabemos que les ganaríamos en un duelo, así que déjenlo de una vez.

-Déjalos, Theo -rió Blaise mirando con diversión a Potter, provocandolo- Si quieren que les pateemos el trasero, estoy dispuesto a cumplirles sus caprichos... -incitó.

-¡Expelli...! -Blaise dio una voltereta internamente, Potter había caído con tanta facilidad. Conjuró un Accio no verbal mientras movía su mano, atrayendo la varita de Potter. La varita mágica saltó de inmediato de la mano de Potter a la suya ante los rostros sorprendidos de los tres adultos y el de Potter.

-Tch* Tch* Tch* -Blaise negó moviendo la varita de Potter de un lado a otro y mirándolos divertidos- El encantamiento Expelliarmus es demasiado simple... Prueba con una Reducto, ese es aún más divertido... -sugirió- Tal vez un Atabraquium para evitar que tomara mi varita... inclusive una Confundus, podrías haber ganado tiempo... ¿pero un Expelliarmus? -preguntó, incrédulo- ¿En qué año estas? ¿Segundo?

-Devuélveme mi varita, Zabini -siseo Potter apretando las manos en puños y fulminándolo con la mirada.

-Si esto fuera una batalla ya estarías muerto, ¿no qué eras el "Elegido"? -se mofo Blaise con malicia.

-¡Expul...!

-¡Epoximise! -cortó Blaise a Weasley, moviendo su mano libre hacia el pelirrojo y Longbottom, las varitas de ambos se pegaron entre sí, antes de saltar hacia la mano libre de Blaise que los veía con superioridad. Theo rodó los ojos, a Blaise sí que le gustaba molestar a ese trío de idiotas. Draco miró divertido como los tres adultos miraban confundidos a Blaise, como si no se pudieran creer que alguien tan joven pudiera controlar la magia con tal destreza.

-¡BLAISE! -el estridente grito tomo por sorpresa a los tres Slytherin que se tensaron en sus lugares. Draco adopto una actitud desinteresada sacando con sigilo sus manos de los bolsillos mientras la sonrisa en el rostro de Blaise moría y soltaba las tres varitas, no quería una riña con Hermione. Theo, en cambio, miró al suelo con cierta pizca de vergüenza, estaba seguro de que Hermione lo regañaría por no haber detenido a Draco y Blaise en su momento.

Cuando Hermione llegó al lado suyo pudieron ver sus mejillas sonrojadas por el frío, tal vez había olvidado colocarse un encantamiento para el clima. La bufanda de Draco estaba enrollada alrededor de su cuello, ya que ella había perdido la suya, y se aferraba a un gran tomo con fuerza, Theo dedujo que había encontrado lo que buscaba. La castaña les soltó una mirada mortal antes de voltear hacia los seis Gryffindor y dedicarles su mejor mirada de disculpa, esa que solía usar con Snape para sacarlos de problemas.

-Profesor Lupin, señor Black, señor Potter -saludó de inmediato antes de posar sus ojos en los tres adolescentes, mirando con desconfianza sus posturas desafiantes. Giró de inmediato su rostro hacia Draco, Blaise y Theo, viéndolos con reproche- ¿Qué hicieron? -imitó a la perfección el tonito de Draco.

Sí, estaban en problemas.

-Ellos nos atacaron -exclamó Blaise en un débil intento de defenderse. Tal vez si lograba tergiversar las cosas pudieran salir bien amparados.

-¡Ustedes empezaron! -se defendió Weasley de inmediato.

-¡Eso no es cierto! -chilló Blaise, indignado- ¡Él me atacó! -gritó con más fuerza, ahora señalando a Potter que lo fulminaba con la mirada- ¡Yo sólo me defendí!

-¡Deja de mentir! -gritó Weasley con el rostro rojo.

-¡No miento!

-¡Basta, Blaise! -gritó Hermione haciendo que Blaise dejara de gritar. Cuando sus ojos se chocaron, Blaise casi sonrió con triunfo, podía ver que Hermione le había creído... la sonrisa murió antes de nacer ya que la Slytherin bajo la mirada, topándose con las tres varitas de los Gryffindor al lado de sus botas. Blaise maldijo mentalmente antes de girar su rostro hacía el escaparate de la tienda de al lado, fingiendo total atención en los productos ahí mostrados.

Tal vez había logrado que Hermione le creyera pero ahora que encontró las varitas sabía que había usado magia sin varita, lo cual estrictamente les había prohibido esa mañana antes de salir del castillo. Esa noche le tocaría dormir en el sofá, estaba seguro.

Hermione resoplo con fuerza antes de atraer las varitas de los Gryffindor hacia su mano, aferrando el pesado tomo contra su pecho. La castaña los miró con advertencia antes de avanzar hacia Potter y amistades.

Los ojos de la castaña recorrieron con cierta diversión los suéteres que vestían los seis Gryffindor antes de que una destello de nostalgia cruzara su mirada. La chica se recupero adoptando una actitud tranquila y entregándole las varitas de los tres adolescentes a Potter.

-Gracias...

-No me agradezcas, simplemente no quiero problemas con el "Elegido" -Potter frunció en ceño mientras Hermione volvía a recorrer con su mirada los suéteres de los tres adultos- Debes tener cuidado, Potter... que Blaise te haya vencido con tal facilidad es simplemente... ridículo y vergonzoso. Sobre todo, sabiendo que eres tú él que debe vencer al Innombrable -le reprocho Hermione. Las risas de Draco y Blaise llegaron hasta ella, que una vez hubo dejado en claro lo que pensaba sobre ese "pequeño héroe", se dispuso a dar la vuelta para regresar con sus amigos pero el resoplido de Potter llamó su atención, poco antes de que la mirara con enojo reprimido.

-¿Podrías? -preguntó, enseñando las tres varitas pegadas, cortesía de Hermione que mientras caminaba hacia ellos había pegado la última varita con un Epoximise a las otras dos ya juntas. La castaña le regaló una sonrisa falsa, ¿realmente esperaba que lo ayudara después de tantos años de insultos y prejuicios hacia su casa?

-Haz las cosas por ti mismo, Potter. No soy tu elfo domestico -siseo Hermione antes de darse la vuelta con finura y caminar hacia Draco, Blaise y Theo, al toparse con las miradas divertidas de los tres Slytherin, decidió lanzar un último comentario- Por cierto, lindos suéteres... les van -se mofó mientras le entregaba el enorme tomo a Draco y tomaba su mano. Las risas de Draco y Blaise aumentaron mientras Theo se unía a la diversión colectiva.

Esperaron a que el muro que daba a la parte trasera del Caldero Chorreante se abriera para poder tomar el Estado Niebla una vez el muro se cerrara y pudieran dirigirse al Castillo Nott, donde se encontrarían con Vincent, Gregory y Pansy.


Enero 2, 1997.

Plataforma 9 3/4.

-¿Pero qué...?

-Ni lo digas -siseo Hermione con enojo al ex Slytherin delante de ella. Marcus Flint, vestido con sus mejores túnicas, miraba asombrado a los siete Slytherin delante de él. Esas vacaciones no había podido pasarla con ellos ya que sus padres habían decidido dejar Inglaterra ante la inminente guerra.

Había viajado con ellos hasta América y los ayudo a establecerse, perdiendo la oportunidad de ver a Hermione, su casi hermana. Había regresado justo ese día en la mañana, decidiendo recibirlos en la plataforma antes de que tomaran el expreso a Hogwarts, llevándose la sorpresa de su vida.

Sus ojos recorrieron con fervor la vestimenta de sus protegidos, todos llenos de hollín, desde los pies hasta la punta de la cabeza. Hermione llevaba el cabello atado, completamente sucio. Pansy se salvaba, ya que lo llevaba corto... aunque chamuscado. El cabello platinado de Draco ahora era gris, mientras que Vincent y Gregory parecían haberse revolcado en una pila de cenizas. Theo llevaba una gran mancha de hollín en la mejilla izquierda y Blaise tenía la camisa blanca, medio abotonada y arremangada hasta los codos completamente sucia pero, a diferencia de los demás, era el único que parecía contento ante la situación.

Las miradas y los murmullos a lo ancho y largo de la plataforma solo lograron que los recién llegados se tensaran más y la sonrisa de Blaise se ensanchara.

-¿Qué paso? -preguntó Marcus mirando atónito a los siete muchachos, las miradas de todos cayeron de inmediato en Blaise, que no parecía afectado en lo absoluto.

-Pregúntaselo a ese idiota -siseo Pansy con las manos apretadas en puños.

-Blaise... -pidió Marcus mostrando una sonrisa, sabiendo que Blaise nunca había sido de los que callara una travesura. Estando en lo correcto, el moreno sonrió mostrando todos sus dientes.

-Fue un accidente -dijo con fingida inocencia, ganándose las miradas fulminante de los demás.

-¡Accidente fue que tu madre y padre se acostaran para tenerte a ti! -gritó Pansy lista para lanzarse al moreno pero siendo detenida de inmediato por Vincent, que rodeo con su brazo la cintura de Pansy, deteniendo con éxito que golpeara a Blaise aunque se lo mereciera. Eso sólo lograría aún más revuelo del que ya había en el Anden, sobre todo ahora que habían escuchado el grito de la furiosa Slytherin.

La risa de Blaise retumbo dentro de los oídos de los siete Slytherin que estaban a nada de perder la paciencia, excluyendo a Pansy, que ya estaba lista para matarlo.

-No fue mi culpa -rió Blaise mirando con diversión a Marcus- Era nuestra última noche fuera de Hogwarts y decidimos quedarnos un rato más despiertos mientras recordábamos los viejos tiempos. Estábamos todos alrededor de la mesa en el Gran Salón, ya que a penas habíamos terminado nuestra cena y no tuvimos ningún problema en quedarnos allí en vez de pasar a la sala de al lado.

-Gran error -siseo Hermione haciendo chirrear sus dientes mientras un mechón suelto caía sobre su rostro, dándole un aspecto más desaliñado y salvaje.

-Y bueno, tenía esos Magifuegos que los gemelos Weasley tan amablemente me habían dado -recordó Blaise con una sonrisa de ensueño, como si viera delante de él su mayor sueño cumpliéndose- Así que dije, ¿por qué no? Los gemelos Weasley los usaron para hacer su gran salida memorativa...

-Uno, Blaise... Sólo usaron uno y fue en el Gran Comedor -escupió Draco en un tono bajo- Que es definitivamente más grande que el Gran Salón...

-Lo que sea -debatió Blaise haciendo un gesto despectivo con la mano hacia el rubio-no-tan-rubio.

-Continua -pidió Marcus ahora realmente divertido.

-Entonces saque los siete paquetes que me regalaron -sonrió el moreno- Y los encendí al mismo tiempo -la carcajada de Marcus interrumpió el relato de Blaise, que de inmediato se unió a ella, recordando lo divertido que había sido. Los seis Slytherin restantes parecían ya estar listos para moler a base de Crucios a Blaise, sólo que ahora se les había unido Marcus.

-¡Eso... -chilló Marcus limpiándose las lágrimas que caían por sus mejillas debido a la carcajada que había soltado- ... tuvo que ser grandioso!

-¡Eso mismo digo yo! -se quejó Blaise imitando a Marcus.

-Pero eso no explica porqué razón vienen así -prosiguió Marcus una vez se hubo recuperado del ataque de risa.

-Nos quedamos atrapados en el Gran Salón, no tuvimos tiempo para salir -dijo Theo cruzándose de brazos y mirando mal al ex Slytherin y a el, más temprano que tarde, cadáver de Blaise Zabini.

-Tuvimos que refugiarnos debajo de la mesa -musito Vincent- Mirthy, que había partido ya para preparar la comida para el Gran Banquete de este día, fue la única que logro salvarse de los cientos de fuegos artificiales que explotaron en la estancia.

-Dormimos en el puto suelo -dijo Draco entre dientes- ¿Sabes la mierda que es quedarse dormido en el puto suelo? ¡Como pordioseros! -exclamó Draco, indignado- No podíamos salir de debajo de la mesa y ni siquiera había espacio suficiente para todos nosotros.

-Las cosas alrededor empezaron a explotar por la intensidad de los fuegos -se quejo Gregory viendo con total enojo a Blaise- Y de tanto esperar que se apagaran, terminamos quedándonos dormidos... por suerte logramos despertarnos a tiempo para tomar el tren.

-No tuvimos tiempo ni de cambiarnos o limpiar, a penas y logramos arrastrar nuestras cosas al baúl y lograr llegar aquí en Estado niebla, que no nos facilitó las cosas para nada -siseo Hermione- ¿Tienes idea de las miradas que recibimos en todo el camino desde el sucio y apestoso callejón donde paramos hasta acá?

-¡Inclusive los muggles nos repudiaron! -chilló Pansy tratando de atrapar a Blaise, que logró esquivar sus garras a tiempo. El tiempo apremia, y ya que no tenían mucho, se despidieron de Marcus a la fuerza, ya que el ex Slytherin no quería terminar ensuciándose de hollín. Después de un par de quejas más y unas cuantas maldiciones y amenas hacia Blaise y Marcus, los siete Slytherin subieron al tren con toda la dignidad que les quedaba y caminaron por el estrecho pasillo con las barbillas en alto y con actitud soberbia.

Cuando hubieron llegado a su compartimente y cerrado la puerta con un encantamiento, insonorizado el lugar y haber bajado las persianas, le dedicaron una última mirada de advertencia a Blaise y se sumieron en un tenso silencio, que sólo fue roto por el chirrido del tren para anunciar que estaba por partir.

Diez minutos después de que el tren hubo avanzado, Blaise rompió el silencio.

-Vamos, no sean cascarrabias -se quejó el moreno- fue divertido.

-Vete a la mierda -se quejo Pansy sin dejar de mirar por la ventana. Blaise resoplo con fuerza.

-Me aman.

-Debatible -siseo Hermione. Blaise sonrió al ver como una sonrisa tiraba de las comisuras de la castaña, de seguro ya había caído en cuenta de lo ridículo y bizarro que era aquella situación. Blaise ya no pudo reprimir más su diversión al ver la fuerza que Hermione ejercía para evitar que una sonrisa surcara su rosto.

La carcajada de Blaise rompió el estúpido silencio haciendo que el resto de los Slytherin lo miraran con odio, pero cuando la risa de Hermione se unió a la suya, ya no pudieron sostener más sus actitudes enojadas y se unieron a la risa del moreno y de la castaña, inclusive Pansy y Theo, imitando a Marcus hace un momento, terminaron soltando un par de lágrimas por la fuerza de la carcajada pero la diversión que inundaba el compartimento se apagó de golpe al ver como Blaise sacaba un pequeño tubo de cartón del bolsillo de su chaqueta de cuero aún entre risas.

-¿¡Pero qué haces!? -chilló Draco con una voz demasiado aguda, que en otra situación, hubiera hecho reír a lo Slytherin ahí presentes. Blaise lo miró confundido mientras acercaba la mecha del tubo de cartón al encendedor muggle que había sacado de su otro bolsillo.

-¿Tú qué crees? -preguntó realmente confuso de que Draco preguntar aquella estupidez sabiendo lo que estaba a punto de pasar. Los rostros de los demás Slytherin se descompusieron con horror.

-¡Dijiste que eran siete! -berreó Pansy pasando sus ojos entre Blaise y la puerta del compartimento, lista para salir corriendo.

-¿Dije que eran siete? -preguntó Blaise con sorpresa, mirando como los seis asentían acongojados. Una sonrisa macabra surco el rostro de Blaise justo cuando encendía la mecha del Magifuego marca Weasley- Ups, quise decir: Ocho.

El primer estallido retumbo en el pequeño compartimento justo cuando Theo, atropellando a Hermione y Pansy en su camino a la salida, levantaba el encantamiento de sobre la puerta del compartimento y salía como un petardo del lugar, estampándose de inmediato con un Auror que vigilaba el pasillo.

Que resultaba ser no más que otra persona que la mismísima Emma Vanity.

-Theo -jadeo con sorpresa pero el castaño no aminoró su marcha y corrió lo más lejos del compartimento, con Draco, Hermione, Pansy, Vincent, Gregory y la risa desquiciada de Blaise pisandole los talones.

Perdieron ochenta puntos antes de siquiera pisar el vestíbulo de Hogwarts.


Pasillos de Hogwarts.

Blaise maldecía por debajo mientras caminaba de vuelta a la Sala Común de Slytherin, se había llevado una detención por parte de McGonagall a pesar de que Snape había intercedido a su favor y había pedido sólo una baja de puntos...

¡Pero claro! Si fuera el idiota de Potter le habrían puesto un puto santuario y se hubiera llevado la Copa de las Casas desde un inicio. Odiaba a McGonagall, maldita vieja. El moreno recorría los, casi oscuros, pasillos de Hogwarts sumido en sus pensamientos.

-Ve adelantándote, Ginny. Neville, Ron y yo iremos con Hagrid -la voz de Potter en el pasillo contiguo hizo que Blaise retrocediera sobre sus pasos y pegara su cuerpo contra el muro, ocultándose entre las sombras. Lo que menos necesitaba ahora era una confrontación y sobre todo teniendo una detención para ese viernes y ochenta puntos menos para su casa, lo cual realmente no le interesaba, ya que no ganaría la Copa. No mientras Potter estudiara en Hogwarts.

El moreno se asomó con discreción posando sus ojos verdes sobre la pelirroja. Ginny Weasley nunca sería tan hermosa como una Slytherin, pero caminaba con su propia belleza.

No necesitaba facciones finas y aristócratas que llamarán la atención de los chicos, o una inalcanzable sabiduría que deslumbrara a uno que otro. Ni si quiera era amable, era el simple hecho de que la Gryffindor tenía una actitud desafiante y divertida, eso siempre fue lo que llamo la atención de Blaise.

Su larga cabellera, sus pecas diminutas y sus hipnotizantes ojos azules, sin contar el cuerpo de ensueño, gracias al Quidditch, que la chica poseía, sólo fueron puntos extras para ella. Y, como la primera vez que la vio, Blaise volvió a sentirse como un niño en Navidad.

Lamentablemente ese regalo no llevaba su nombre y nunca lo llevaría.

Blaise observó la figura de la pelirroja hasta perderla de vista, completamente ajeno al mundo. Fue la voz del hermano de la Weasley lo que lo trajo de vuelta a la realidad.

-Hagrid no nos habla -comentó Weasel una vez Ginny desapareció del escenario. Potter negó con la cabeza antes de sacar una capa, realmente horrenda, de la mochila que colgaba de su hombro. El Slytherin miro con desagrado el objeto, no usaría esa horripilante capa ni aunque le regalarán toda la fortuna de los Malfoy duplicada.

-¿A donde iremos? -cuestiono Longbottom mientras Potter sacudía la capa. Y fue justo en ese momento, que la capa siendo sacudida incontables veces, reveló su secreto: Era una capa de invisibilidad y tomando en cuenta lo vieja y horrenda que era, aún funcionando a la perfección, se podría considerar como una de las: "Reliquias de la muerte".

Llamenlo devoto, inclusive estúpido, pero Blaise creía al cien por ciento en la fábula de los tres hermanos, una de las historias de Beedle el Bardo. Y al solo ver lo arcaico de la capa, la creencia de Blaise se multiplicaba. Sabía que Dumbledore tenía la varita de saúco, la más poderosa del mundo, ya que el viejo había logrado reparar la varita de Theo y el moreno no conocía otra varita con una fuente de poder tan poderosa como aquella. Nunca le había contado sus sospechas a sus amigos, ya que sabia que lo considerarían un idiota por aún creer en cuentos para niños...

Pero inclusive su padre, Alessio Zabini, era fiel devoto de las Reliquias de la Muerte. A demás de su fortuna, la creencia de aquella historia era el único legado que su padre le había dejado.

-Iré solo -aclaró Potter con seriedad- No todos cabemos dentro de la capa ahora...

Punto para Blaise Zabini.

-No necesitamos la capa -refutó Weasley- No creo que a alguien le importe que recorramos los pasillos a esta hora, tomando en cuenta también que si nos atrapan, nos dejaran ir de inmediato -Jodidos suertudos...

Potter pareció meditarlo unos segundos antes de guardar de nuevo su capa dentro de la mochila y se dispuso a caminar.

-Entonces... ¿a donde iremos? -volvió a preguntar Longbottom.

-A la Sala de los Menesteres, Malfoy oculta algo ahí. Estoy seguro -la mandíbula de Blaise cayó al suelo ante aquella afirmación, ¿cómo carajos se había enterado de la Sala?- Y según lo que los escuche decir cuando Snape los abordó, eso se encuentra dentro de la sala.

Y Potter lleva la delantera, maldito chismoso de mierda. El jodido de Potter resultó ser un cotilla de lo peor.

-¿Y cómo esperas que la Sala nos lo muestre? -indagó Weasley, pensativo.

-Fácil, sólo pensamos en ello con extrema necesidad -respondió Potter mientras se encogía de hombros. Los tres Gryffindor caminaron con tranquilidad hacia la Sala de los Menesteres, tratando de ocultarse en las sombras. Blaise, sacando su varita, se colocó el encantamiento desilucionador con un toque en la cima de su cabeza.

Su cuerpo empezó a difuminarse ante sus ojos hasta volverse invisible. Se retiró sus botas con cuidado, ya que la suela sonaban demasiado, entrelazó las cordones y se las colgó de los hombros antes de seguir al trío dorado de cerca. Hubieron varias veces en las que el moreno estuvo a punto de gritarles por su estúpida imitación de una misión en cubierto.

Potter fue el encargado de pasearse en frente de la Sala de los Menesteres para que esta les mostrará sus secretos. Hubo un leve instante en el que Blaise creyó que la Sala les negaría la entrada cuando una enorme puerta, tan conocida para él, se mostró ante sus ojos. La sala los había delatado pero no se los dejaría tan fácil. Ya que cuando los tres Gryffindor entraron pudieron jadear asombrados al ver las enormes pilas de basura y cosas inservibles puestas unas sobre otras, lo que dificultaría su búsqueda... a menos que supieran que estaban buscando.

Y Blaise no recordaba haber admitido ante Snape aquella noche del baile con Slughorn que habían encontrado la forma de introducir a los mortífagos a Hogwarts.

-¿No pudiste haber sido más especifico? -riñó Weasley cuando la puerta se convirtió en muro detrás de Blaise.

-Malfoy habrá pedido un lugar donde sea fácil ocultar algo -dijo Longbottom viendo con interés la sala. Al menos uno de ellos tenía algo de cerebro- ¿Qué buscamos?

-Algo que parezca sospechoso -respondió Potter. ¡Y el premio para el idiota más grande del mundo se lo lleva... HARRY JAMES POTTER, alias: El Elegido!- Dividamonos, griten si encuentran algo -no espero una respuesta, ya que se adentró con rapidez en uno de los senderos que dejaban las montañas a la vista, exactamente el que llevaba al armario evanescente.

El pasillo al final se dividía en dos, y justo cuando Potter y Blaise llegaron a la bifurcación, el moreno le rezó a todos los magos y brujos oscuros de la historia para que Potter tomara el pasillo equivocado... pero al final sus plegarias no sirvieron de nada ya que Potter tomo el camino correcto. Blaise se introdujo en el camino equivocado para atacar a Potter si fuera necesario, pero justo cuando estaban a punto de llegar al armario, cada uno de su lado, el pie de Blaise se atoró con la pata de una mesita de noche, volcandola por completo y haciéndolo caer con brusquedad.

El estruendo que provoco no era nada comparado con el dolor que le recorrió el cerebro, ya que al caer, se había golpeado contra la esquina de un mueble al lado de la mesita. Entre quejidos, el moreno se llevo la mano hacia la frente, sintiendo el liquido espeso y caliente brotar de la herida que se había provocado. Maldijo entre dientes al escuchar los pasos de Potter venir corriendo, ya de su lado del camino.

Blaise empezó a palpar el suelo con los ojos cerrados, ya que trataba de parar el mareo que de seguro conllevaría a unas nauseas terribles. Su varita se había escapado de su mano y ya no llevaba sus botas colgando del cuello.

-¿Quién anda ahí? -preguntó Potter una vez llegó a unos escasos tres metros de él. Blaise jadeo por lo bajo, la cabeza empezaba a dolerle horrendamente cuando unos pequeños murmullos llamaron su atención. Abrió los parpados con pesadas para encontrarse justo delante de sus ojos una pequeña corona, casi como una tiara.

Era de plata, con una gran esmeralda al centro y una figura en forma de ave a su alrededor, con las alas abiertas. Los murmullos casi inexistentes provenían de ahí, así que el moreno estiró su brazo hasta tomar la pequeña tiara entre sus dedos, estaba fría... demasiado fría. Sin reparar en lo que estaba haciendo, Blaise introdujo la tiara dentro de su bolsillo antes de empezar a incorporarse aún en busca de su varita.

-¡Muéstrate! -gritó Potter con un dejo de desesperación que colo en los nervios de Blaise. La cabeza le palpitaba intensamente y los gritos de Potter no hacían otra cosa que empeorar su situación. Se arrastró por el suelo en busca de su varita, ignorando ya los murmullos y la necesidad de salir pitando de ahí...

-¿¡HARRY!? -Longbottom y Weasley llegaron corriendo al encuentro justo cuando Blaise tomaba la punta de la varita con los dedos. Sonrió con desgana antes de girarse hacía los tres Gryffindor y conjurar un Avis no verbal. Un sonido como disparo retumbo dentro de la sala, de la punta de su varita una nube de humo se expandió y se disipo en unos escasos segundos antes de mostrar una parvada de aves en medio del Slytherin y los tres Gryffindor.

-¡Muéstrate! -volvió a rugir Potter, ahora su mano temblaba alrededor de la varita. Blaise jadeo en voz baja por el dolor persistente en su cráneo antes de conjurar un Oppugno y lanzar la parvada de aves a los tres Gryffindor. Potter, Weasley y Longbottom soltaron un estridente grito, que casi noquea a Blaise, antes de salir corriendo de la sala de los Menesteres, intentando que la parvada de aves no les sacara los ojos.

El moreno se levantó con dificultad, trastabillando y tomándose a duras penas de pila de escobas, pero al final termino sucumbiendo ante el mareo y cayó de golpe contra el suelo, llevándose otro terrible golpe. Justo antes de perder el sentido, reunió sus ultimas fuerzas para mandar un mensaje de ayuda.

-¡Mirthy! -soltó en un grito ahogado. Un fuerte "Plop" y la sonrisa acogedora de su fiel elfina domestica fue lo último que percibió antes de perder el conocimiento.


Enero, 3. 1997.

Dormitorios de Slytherin.

-Lo único que necesita es reposo, ha gastado demasiada energía en hechizos no verbales y encantamientos sin varita -anunció Snape examinando por segunda vez a Blaise, que descansaba dormido sobre su cama.

Mirthy se había aparecido a la mitad de la noche el día anterior, completamente histérica y jalonenado a un inconsciente Blaise entre sus pequeñas manos. El moreno tenía una enorme herida en la frente que no dejaba de sangrar y la sangre ya había manchado la mayor parte de su camisa. Tardaron casi una hora en tranquilizar a la elfina mientras Hermione curaba la herida de Blaise.

Mirthy les contó que lo encontró en la Sala de los Menesteres, en su actual estado pues el encantamiento desilucionador había acabado justo cuando el moreno cayó inconsciente. Mirthy no se había separado en toda la noche de Blaise ya que Hermione se había negado a despertarlo, diciendo que tenía que descansar.

Pero esa mañana, cuando Blaise no había despertado en sus usuales gritos matutinos y su paranoia momentánea habían decidido llamar a Snape, temiendo que algún hechizo provocara daño al Slytherin.

-Ustedes aún no son expertos en ese tipo de encantamientos, así que les sugiero tener cuidado -pidió Snape mirando a cada uno de los Slytherin- Gastan mucha energía...

-Pero... va a estar bien, ¿verdad? -preguntó Hermione viendo la mano de Blaise que estaba envuelta por la de Mirthy, que sollozaba en silencio. Un horrible nudo se instalo en su garganta de solo pensar que Blaise pudiera tener una peor suerte... tomando en cuenta todo lo que ya había sucedido.

-Lo estará -dijo Snape con seguridad. Después de una corta charla sobre sus vacaciones, ya que se reportaban todos los días con el pocionista, se dirigieron a tomar el desayuno de esa mañana, ya que el día anterior no había probado bocado alguno debido al regaño por parte de Snape.

Snape se adelantó mientras los seis Slytherin miraban el nuevo anuncio en la pizarra que colgaba en el muro.

CLASES DE APARICIÓN.

Si tienes diecisiete años o vas a cumplirlos antes del 31 de agosto, puedes apuntarte a un cursillo de Aparición de doce semanas dirigido por un instructor de Aparición del Ministerio de Magia.

Se ruega a los interesados que anoten su nombre en la lista.

Precio: 12 galeones.

-¿Necesitamos clases de aparición? -preguntó Gregory mirando por segunda vez el anuncio. Él cumpliría los diecisiete en escasos días y Hermione y Theo ya los habían cumplido. Vincent cumpliría en marzo y Pansy mayo, Draco en junio y Blaise en julio así que podrían tomar las clases todos juntos pero con su habilidad de tomar el Estado Niebla no le veía ningún chiste a la clase de Aparición.

-Nos ahorraría tiempo en una situación complicada o peligrosa -Hermione sopeso la idea. No estarían seguros en ningún sitio una vez ese año escolar terminara, y todos lo sabían.

-Hay que tomarla -sentenció Draco, apoyando a Hermione. Entrelazó sus dedos con cuidado antes de arrastrarla fuera de la Sala Común para ir al Gran Comedor.


Enero, 22. 1997.

11:30

Sala de los Menesteres

-No creo que sea una buena idea, Draco -susurró Blaise en voz baja, revisando cada dos por tres sobre su hombro, en busca de algún movimiento inesperado que pudiera complicarles las cosas. Sus manos se aferraban con fuerza al Mapa del Merodeador, mostrando cada nombre en su sitio, ninguno fuera de lugar más que los nombres de Dumbledore y Potter, al cual habían estad evitando desde que se enteraron de que los espiaba, que cada cierto periodo de tiempo demoraban más de un par de horas en la oficina del viejo.

-Es la única idea, Blaise -le contestó Draco mientras terminaba de colocarse la capa de invisibilidad que Hermione había hecho esa misma mañana. La varita de Cassiopea Zabini estaba oculta entre los pliegues antes de que el rubio se colocara la mascara plateada, que sólo dejaba a la vista su cabello platinado, su mandíbula y sus ojos grisáceos- ¿Y bien?

-Pareces tu jodido padre -susurró el moreno mientras un escalofrío inundaba su cuerpo. Todos sus sentidos alerta, repitiendo la misma oración una y otra vez: Zona de peligro.

Había pasado casi un mes desde que los Slytherin habían empezado con su búsqueda de una posible cura para la licantropía, poniéndose cada vez más bruscos unos con otros debido a que la Luna llena se acercaba sin que hayan logrado un avance en la poción... más que haber agregado sangre de dragón, lágrimas de fénix y sangre de Salamandra a la ecuación, pidiendo que no provocara daños irreparables en Theodore.

Y la atmósfera tampoco había mejorado debido a la diadema de Rowena Ravenclaw, cuando Blaise se la había mostrado a sus amigos, lo primero que cualquier Slytherin hubiera sentido llegó a ellos: Fascinación. Pero el sentimiento fue opacandose cuando la diadema empezó a provocar cambios abruptos en el comportamiento de cualquiera que la llevara por más de una hora, como Blaise al principio cuando había despertado aquel día con aquella diadema aún en su bolsillo.

Al final, la habían envuelto en un pañuelo de seda, cerrado con magia en un pequeño cofre y enterrado a los pies del árbol "Richard", tratando de alejar lo que sea que aquel objeto maligno poseyera. Las cosas habían mejorado un poco después de eso, pero la duda había carcomido a Hermione desde que se deshicieron de la diadema, la castaña se había encerrado dentro de la biblioteca en busca de una explicación... una a la que no había encontrado respuesta.

Habían dado todo su esfuerzo en mantenerse alejados de la atención de Potter, que ya antes les había pisado los talones y lo que menos necesitaban era que el Gryffindor se enterara de sus actividades extracurriculares.

La luna llena cayó sobre ellos. Theo había partido hace poco menos de diez minutos a la casa de los gritos, donde llevaría acabo su transformación, como las otras lunas llenas, mientras Draco partía a Malfoy Manor, en busca de algún tipo de explicación sobre la diadema. Todos se habían negado rotundamente, pero al final la curiosidad había terminado ganando.

Draco, vestido como cualquier mortífago se despidió con un asentimiento de cabeza de Blaise mientras se introducía dentro del armario evanescente, cerrando la puerta detrás de él, dejando a un neurótico Slytherin cuidando sus espaldas.


Malfoy Manor.

11:30 p.m

Draco se descolgó la capa de invisibilidad con elegancia, colocandola sobre una percha al inicio del vestíbulo mientras que con un movimiento de varita se deshacía de la máscara de su padre. No había tardado en llegar desde Borgin & Burkes, el lugar donde el gemelo del armario evanescente se ocultaba, a plena vista de todos. Tomando el Estado Niebla llegó a su destino sin atrapar atención indeseada.

Atravesó el vestíbulo con pasos firmes, escuchando el eco de sus pisadas al retumbar con las paredes mientras una sonrisa petulante cruzaba su rostro. Se disponía a seguir derecho a la biblioteca de la mansión para ver si lograba apaciguar de una vez la curiosidad de Hermione cuando capto un destello dorado que provenía de la Sala Principal.

Con un encogimiento de hombros, cambio su dirección hacia el destello y se quedo parado, congelado, cuando descubrió su origen. Sobre el fino suelo de mármol, la fortuna de alguna bóveda de Gringotts, una gran fortuna, se esparcía sobre el suelo. Cientos de galeones, objetos de oro, pinturas y tomos viejos desparramados cerca de la chimenea hasta la entrada de la estancia, ni un sólo mueble había logrado salvarse de la inundación.

Con cierta curiosidad, Draco se acercó a las pequeñas montañas de galeones, inspeccionando de cerca cuando un retrato llamó su atención. Era un hombre joven, de no más de quince años y bastante apuesto. Llevaba el uniforme de Hogwarts y sobre su pecho, el escudo de Slytherin brillaba.

Draco ya había visto ese rostro antes, en un sueño quizá... o en un recuerdo... un recuerdo de Potter.

-Viejos recuerdos de mis años en Hogwarts -la voz silbante... susurrada... arrastrada como un silbido de serpiente hizo que un escalofrío recorriera el cuerpo de Draco. Desde la punta de sus pies hasta la cima de su cabeza, tensandolo por completo mientras sentía como la temperatura del cuarto descendía.

El susurro no era nada comparado con el suyo. Draco solía hablar de esa forma tan cortante y petulante, haciendo sentir a las demás personas inferiores a él cuando se dignaba a hablar con ellas... pero aquel ronco silbido era más bien una amenaza en todo el sentido de la oración.

La Sala Principal empezó a moverse poco a poco ante los ojos de Draco y fue justo en ese momento que se dio cuenta que estaba reteniendo el oxigeno. Exhalo con cuidado, tratando de que no se viera lo aterrado que se encontraba. La presión en su pie hizo que el rubio bajara la mirada para encontrarse una enorme serpiente arrastrándose cerca de él.

La bilis subió hasta su boca, lista para ser expulsada mientras Draco daba media vuelta, agachando la cabeza como un fiel elfo domestico que se posaba ante su amo... Pero esa no era un actitud sumisa, en lo absoluto. Era un instinto de supervivencia, porque Draco sabía que si alzaba la mirada y veía al hombre delante de él, terminaría vomitando en sus lujosos y lustrados zapatos.

-Mi señor... -su voz no salió titubeante, en lo más mínimo. Salió justo con el mismo tono de condescendencia que usaba para dirigirse a cualquiera que no era digno de su atención.

Se maldijo internamente por esa estupidez mientras comprobaba que sus barreras estuvieran bien colocadas.

-Draco Malfoy, por fin tengo el placer de conocerte -su voz, aunque silbante, esta vez salió burlona... como si Draco no fuera más que una simple mancha en su túnica. Y eso lo enfureció.

Tomando toda la fuerza de voluntad con la que contaba, el rubio alzó la mirada hasta toparse con los ojos rojos del Innombrable, rojos como la sangre y tan parecidos a los de una serpiente, y el que su nariz no fuera más que dos rendijas parecidas a las del reptil no ayudaba en nada. La sangre dejo el rostro de Draco, que agradecía internamente que su piel fuera un poco pálida, para ocultar aquel movimiento.

-El placer es mío... mi señor -siseo el Slytherin tratando con todas sus fuerzas de reprimir el instinto que le decía que saliera corriendo de allí.

Voldemort sonrió con soberbia mientras pasaba a Draco, caminando con sus pies descalzos alrededor de las pequeñas montañas de galeones, mirando de reojo como el rubio seguía sus pasos con la mirada, nunca bajando la guardia.

-¿Qué te trae por aquí a esta hora de la noche, Draco? -preguntó Voldemort sonriendo con malicia al ver como el rubio temblaba ante su pregunta- ¿Cómo lograste salir de Hogwarts sin ser detectado?

-El armario evanescente -susurró Draco tratando de que su voz sonara lo más estable posible- He logrado arreglarlo... mi señor.

-Muy bien, muy bien -le felicitó Voldemort mientras miraba con sus extraños ojos a su serpiente, que se arrastraba y silbaba alrededor de él- Una de tus dos misiones ha sido cumplida con éxito...

-Mi señor... -empezó Draco ahora posando sus ojos en la serpiente, tratando de mantenerse lo más apartado de su camino- Dumbledore no suele encontrarse mucho en el castillo, hay rumores de que...

-¿De que qué? -siseo de pronto Voldemort, cauteloso. Un imperceptible brillo cruzo por los ojos grisáceos de Draco, viendo como Voldemort parecía temer a las acciones del viejo.

-... deja el castillo por varios días... en busca de algo -mintió Draco, analizando el rostro de Voldemort, que pareció abrumado de repente, como si fuera un niño al que acababan de atrapar haciendo alguna travesura.

-¿Cómo es posible que el viejo...? -se interrumpió de inmediato al darse cuenta de que Draco aún se encontraba ahí. Su rostro volvió a deslindarse de cualquier emoción, ya que el rubio lo había atrapado con la guardia baja. Pensó por un segundo en matar al muchacho, había visto más de lo debido pero la satisfacción de tener a los Malfoy, la familia sangre pura más poderosa de los sagrados veintiocho, como esclavos era más placentera... Entonces, recordó algo- La sangre sucia...

Draco se tensó en su lugar, dándose cuenta que las circunstancias habían cambiado. Voldemort lo veía con una sonrisa engreída, como si hubiera descubierto su más oscuro secreto... y es que lo había hecho.

-Recuerdo cuando fue seleccionada para Slytherin... que gran... sorpresa -anunció Voldemort mirando como el rubio lo miraba impertérrito, tan parecido a Snape. Aún tenía sus dudas sobre aquel Slytherin.

-Para todos, mi señor -contestó Draco ahora mirando alrededor, como si la presencia de Voldemort no le importara en lo absoluto.

-Eran muy amigos en aquel entonces -prosiguió Voldemort, tratando de ver cual era el juego de aquel chico.

-Una pantalla perfecta -corrigió Draco al instante, con una furia aplastante y una mirada venenosa, tomando por sorpresa a Voldemort- Padre -escupió con asco- Me obligó a juntarme con aquella sangre sucia, diciendo que así nadie repararía en nosotros... mostrando amistades como ellas. Como si fuéramos unos... sucios traidores a la sangre -dijo, completamente indignado.

-Sorprendente -canturreo Voldemort mirando divertido como el Slytherin temblaba de furia- Nunca pensé que... aborrecieras a tu padre.

-Un ser débil, eso es lo que es -siseo Draco antes de dar unas largos suspiros cargados de odio. La sonrisa en el rostro de Voldemort se ensanchó.

-La sangre sucia... ¿ha servido de algo?

-Como dije antes, mi señor. Es una buena pantalla.

Voldemort asintió complacido antes de volver a caminar a la salida de la Sala Principal.

-Después de todo... no eres un desperdicio como creí, Draco -anunció Voldemort antes de hablar en una lengua extraña, pársel. Segundos después, la enorme serpiente se apresuró a su amo, que la acarició con delicadeza antes de desaparecer, seguido de un sonido de succión.

Draco espero unos cuando segundos antes de resoplar con fuerza y recargarse contra una mesita de noche, temblando de pies a cabeza. Unos leves murmullos, idénticos a la lengua en la que hablaba Voldemort llamaron la atención de Draco, haciéndolo enderezarse y ponerse a la defensiva. Pero nadie apreció, cuando el rubio decidió regresar a Hogwarts, sin completar su estúpida búsqueda, los leves murmullos volvieron a llamarle.

Se adentró en la inmensa fortuna con el corazón bombeando sin parar, demasiado rápido. Se encontró una pequeña copa de oro. Mirando detrás suyo, vigilando las entradas, tomó la copa entre sus manos. Era una pequeña copa de dos asas con un tejón grabado. El rubio frunció el ceño, conocía aquella copa.

-La copa de Helga Hufflepuff -susurró tan bajo, que si no fuera porque sintió sus cuerdas al hablar, hubiera creído que sólo lo pensó. Los murmullos provenían de aquella copa, como habían provenido de la diadema y segundos antes de Voldemort.

Sacó la varita de Cassiopea Zabini, y antes de arrepentirse de su decisión, conjuro un Gemino no verbal. La copa se multiplico ante sus ojos, guardando la verdadera en su bolsillo y dejando la copia de donde la había tomado, sabiendo que duraría varios meses ya cuando hayan regresado esa fortuna, fuera de quien fuera, a Gringotts, así que nadie se daría cuenta...

Por el momento.


Luna llena.

Bosque prohibido.

12:00 p.m

Luna Lovegood caminaba con parsimonia por los senderos del bosque prohibido, en busca de Snorkack de cuerno arrugado, sin darse cuenta que la noche ya había caído. Al darse cuenta de la oscuridad que la rodeaba, decidió volver al castillo, un poco decepcionada debido al no encontrar nada sobre aquellas criaturas tan fascinantes de las que le había hablado su padre, las cuales adoraba su madre antes de morir.

Emprendió su camino hacia el castillo de Hogwarts, bastante alicaída, decepcionada de sí misma. La mente de Luna divagaba, recordando que no había podido charlar con Theo desde finales del año pasado, aún no lograba entender como es que aquel chico la tenía tan fascinada. Luna sabía que Theo no creía nada de lo que ella le decía, pero aún así, la escuchaba con tanto fervor, como si todo lo que saliera de sus labios fuera digno de ser escuchado.

Ella sabía lo que se decía de ellos, sobre todo desde el artículo que su padre había publicado sobre Harry, lo cual aún la tenía bastante avergonzada, debido a que Theo y sus amigos habían sido repudiados por ellos. Nadie fuera de Slytherin los quería como amigos y, a pesar de que fue ella quién publicó aquello, ellos la recibieron como una de los suyos. Estaba acostumbrada a que los alumnos de su propia casa, y aquellos fuera de esta, la trataran de a loca, la excluyeran y susurraran a su espalda. Pero desde el día del partido, los Slytherin que se cruzaban con ella en los pasillos la saludaban con una sonrisa en la cara, la saludaban con respeto. Las clases que compartía con Slytherin, las serpientes la obligaban a sentarse con ellos y, por primera vez desde que llegó a Hogwarts, se sentía parte de algo más grande que ella misma, se sentía mucho mejor de lo que alguna vez se sintió al pertenecer al Ejercito de Dumbledore.

Las divagaciones de la rubia se detuvieron abruptamente al darse cuenta de su alrededor, había salido del sendero principal, y si no se equivocaba, se había adentrado aún más en el bosque; sin embargo, algo pareció perturbar a las criaturas mágicas que se encontraban en él. Luna se extrañó del comportamiento de las criaturas, que temerosas, se escondían observando hacia un lugar en especifico. Las más pequeñas se escondían, asustados... las más grandes, huían despavoridas. Luna, asustada, sacó su varita... observando hacia donde las criaturas miraban, escuchando un fuerte gemido de dolor.

Angustiada, se acercó pensando que algún estudiante había sido herido en el bosque, y a esas horas de la noche, sería prácticamente imposible que saliera bien de él. Aunque, muy dentro de ella, supo que eso no era probable... su mente le jugaba malas pasadas, ya que podía presentir que algo malo pasaría si se seguía acercado, ese sentimiento de desconcierto y miedo se apoderaban cada vez más y más de ella... pero Rowena tenía que seleccionar a aquellos con una insana curiosidad...

Su corazón martillaba con fuerza, su frente empezaba a perlarse de sudor... sus manos temblaban alrededor de su varita, sus piernas empezaban a flaquearse mientras más se acercaba hacia los gemidos, mientras su curiosidad ganaba la pelea contra su sentimiento de supervivencia.

Los gemidos y gritos de dolor se escuchaban cada vez más fuerte... conocía esa voz, la había escuchado antes. Su corazón ganó la batalla, sus piernas se movieron con rapidez, pidiendo silenciosamente que nada malo le ocurriera, que ambos pudieran salir a salvo de esa situación.

Una silueta tirada en el suelo, aferrada a un árbol, hizo que las sospechas de Luna se aclararan.

-¿Theo? -el aludido pegó un bote, o toda la fuerza que pudo emplear en ello. Se giró con una lentitud casi dolorosa, sus ojos se posaron en la rubia con temor- ¿Theo? -chilló la rubia al darse cuenta de la palidez del castaño, la agonía que se escapaba entre sus labios disfrazada de gemidos.

-Luna... -jadeo el castaño- ¡Maldición! -gruñó al sentir otra sacudida de dolor. Habían estado tan enfrascado en buscar una solución en su problema que se le olvido tomar su frasco de poción matalobos, mejorada, antes de salir. Al darse cuenta que podía regresar aún por él, volvió por el pasadizo del sauce boxeador, dejando atrás la casa de los gritos. Pero un inmenso dolor hizo que se retorciera a penas y salió del túnel, no tuvo más opción que correr al bosque prohibido a refugiarse, rezando porque nadie lo viera.

Que estúpido había sido.

Un nuevo grito salió de entre sus labios, el inmenso calor empezó a propagarse en su sangre. Ya no llevaba su camisa, la había perdido en el camino. Se dejó caer por completo en la nieve que aún perduraba ese día, tratando de buscar un soplo de frío.

-¡Theo! -gritó Luna, haciendo un ademán de llegar a él.

-¡Cave Inimicum!

La barrera mágica se alzó a una velocidad asombrosa, impidiendo que Luna diera otro paso hacia él. Las manos de Theo temblaban, no podría mantener la barrera por mucho tiempo, menos sin utilizar su varita... mal momento para dejarla en su cuarto.

Un nuevo grito de dolor rasgo su garganta mientras la metamorfosis empezaba.

-¡Theo!

-¡Aléjate, Luna! ¡Vete! -gruñó Theo con fuerza, completamente aterrado.

-¡No voy a dejarte! -gritó Luna, con voz temblorosa. Se acercó a la barrera, empezando a golpearla con los puños, histérica. El grito de dolor de Theo hizo que Luna empezara a lanzar encantamientos varios contra la barrera.

-Vete... -siseo Theo por debajo, sin más fuerza para detenerse. Los huesos de sus pies empezaron a alargarse hasta tomar el doble de su longitud habitual. La metamorfosis ocurrió con más velocidad de la que esperaba. Sus manos y torso se alargaron al mismo tiempo, administrando el doble de dolor habitual... Theo acababa de descubrir que no estaba bien resistirse a la maldición.

-¿Theo? -la voz de Luna salió titubeante, viendo como Theo empezaba a transformarse delante suyo. La realidad la golpeo con fuerza al ver como el cuerpo de Theo era sustituido por el de un hombre lobo.

-¿Luna? -la voz de Theo la atrajo a su rostro, era más un gruñido que una pregunta. Luna, aterrada, vio como el último rastro de humanidad desaparecía de los ojos del Slytherin- Corre... -segundos después, sus ojos tomaron un color amarillento, antes de que la bestia delante suyo soltara un aullido, dando por terminada su transformación, jurándole a la luna fidelidad.

Los pies de Luna parecían estar atrapados en el suelo, viendo como la bestia olfatea el aire, antes de que sus ojos cayeran en ella. Sus patas se movieron con velocidad y un grito agudo salió de los labios de Luna, que rápidamente se cubrió el rostro con los brazos, dejando caer la varita y esperando el ataque.

Un extraño sonido hizo que Luna mirara por la abertura que dejaban sus brazos, dándose cuenta que la bestia se estampaba con fuerza contra la barrera mágica, una y otra vez. La barrera empezó a tambalearse, mostrando su debilidad. La rubia no lo pensó dos veces, ni siquiera lo pensó, su instinto de supervivencia hizo que sus piernas se movieran por voluntad propia y saliera corriendo, lejos de esa bestia.

Un nuevo aullido hizo que Luna soltara una lágrima, la barrera se había roto. Los gruñidos y las pisadas del hombre lobo empezaron a perseguirla, no podría escapar. Pero que tonta había sido al no haberse ido cuando Theo se lo pidió... al no haberse ido cuando tuvo oportunidad. Jadeaba con fuerza, los latidos de su corazón retumbaban en sus oídos.

La raíz de un árbol la hizo tropezar, cayó con fuerza y un horrible ardor se propago por su rostro al ser estampado contra la tierra, húmeda por la nieve. Los sollozos se escaparon por sus labios mientras intentaba levantarse, enterrando sus manos en la fría nieve, cayó de golpe al estar casi parada, giro su cabeza, dándose cuenta de inmediato que su pie había quedado atrapado debajo de la raíz del árbol.

Jaló con fuerza, intentando soltarse. Los gruñidos se acercaron a una velocidad asombrosa, Luna alzó el rostro, temerosa, encontrándose con los inmensos ojos amarillentos de la bestia. Jadeo con fuerza, las lágrimas caían por sus mejillas... el miedo se instaló en cada rincón de su pequeño cuerpo, no había salida. Así terminaría...

No separó en ningún momento sus ojos de aquella bestia.

-No te culpes por esto, Theo... -pidió con suavidad, antes de cerrar los ojos con tranquilidad. Esperando su fin a manos de aquel chico que tanto amaba... la verdad la golpeo. Estaba enamorada de Theodore Nott, que cruel final. Pudo escuchar el aire ser cortado por las garras de la bestia, listo para darle fin... un fin que nunca llegó.

Las garras del hombre lobo se posaron con una inusitada calma en la mejilla de Luna, acariciando esa tersa piel, suave como porcelana. Luna entreabrió los ojos, mirando la figura borrosa, debido a las lágrimas, del hombre lobo. Sus ojos amarillentos parecían impregnados con curiosidad mientras pasaba sus inmensas garras por el rostro de la rubia, limpiando sus lágrimas.

-Luna -gruñó la bestia para sorpresa de la rubia. Separó sus garras de la chica, para encorvarse y tomar la raíz de árbol con ambas garras y arrancarla del suelo, liberando la pierna de Luna. La bestia acerco su gigantesco hocico al rostro de Luna, inhalando con fuerza el olor que desprendía su melena.

Un estridente aullido retumbo por el bosque prohibido, antes de que la bestia se alejara de la chica y se perdiera en la oscuridad de la noche. Dejando a una estupefacta rubia.


Sala de los Menesteres.

12:50. p.m

-¿Por qué mierda tardaste tanto...? -la reprimenda de Blaise quedó cortada a la mitad al ver el rostro pálido de Draco. El rubio lo empujo sin delicadeza alguna, cerró el armario con fuerza detrás de él y, tomando un pequeño cesto que vio cerca, volcó toda su cena en él.

Blaise, atónito, veía sin comprender como su amigo se desmoronaba. Decidió darle su tiempo antes de preguntar. Una vez Draco hubo terminado, y limpiado su desastre con un movimiento de varita, se giró a Blaise. El moreno retrocedió un paso instintivamente, Draco se veía aún peor que cuando se habían encontrado con Greyback en el bosque prohibido.

El color había dejado por completo su rostro, sus ojos estaban impregnados con terror puro y su cuerpo temblaba como si sufriera una nevada dentro de sí.

-Lo vi -susurró tan bajo que Blaise tuvo que acercarse para entenderle.

-¿Qué? -preguntó con un mal presentimiento gritando dentro de él.

-Lo vi -volvió a susurrar un poco más alto. Blaise miró un poco asustado a su amigo.

-¿Viste a quién? -preguntó sin querer saber la respuesta. El miedo bailaba dentro de sus ojos y sus pies gritaban por salir pitando de ahí en ese preciso momento. Y al ver la devastación en la mirada del rubio, quiso ponerse a llorar en algún rincón y llamar a Mirthy para que lo consolara.

-A Lord Voldemort.


Luna llena.

Bosque Prohibido.

1:00 a.m

El grito de Theo retumbo por el bosque prohibido mientras sus piernas cedían por el peso, cayó al suelo, siendo detenido de inmediato por sus brazo, que no era otros más que los suyos, no los de la bestia.

Jadeo con fuerza, sorprendido al sentir la fría ráfaga de viento golpear su torso desnudo. Sorprendido, se sostuvo en sus rodillas mientras restregaba sus manos por su pecho, sintiendo los músculos del mismo. Bajo la mirada, viendo su cuerpo completamente desnudo.

-¡Joder! -siseo estupefacto, alzando las manos y dejando que la luz de la luna se reflejara en sus brazos- ¿Cómo...? -una sonrisa se escapó de sus labios, mientras la risa retumbaba dentro de su garganta. Su mente estaba confusa, antes de perder todo rastro de conciencia recordaba haber visto a Luna, pero al ver su cuerpo y no distinguir manchas de sangre, supo que la rubia no había sufrido ataque alguno.

Sacudió su cabeza con fuerza, pensando en su siguiente movida. No podía ir así a Hogwarts, ni siquiera sabía en qué parte del bosque prohibido estaba. Necesitaba ayuda, y pronto, antes de que se muriera de hipotermia.

Se concentró en todas sus fuerzas, acumulando toda la energía que le quedaba en su encantamiento, reproduciendo todo lo que había sucedido en esos últimos segundos en su cabeza, una sonrisa aliviada tironeo sus labios.

-¡Expecto patronum! -un lobo plateado salió de entre sus manos desnudas, posándose delante de su dueño con una reverencia. Theo rió, con fuerza- Increíble, tal vez la luna me de fuerza ya que es necesaria mucha magia para conjurar un patronus... pero sin varita es mucho más difícil... -Theo poso sus ojos en lobo plateado- Busca a Blaise, trae ayuda... -el cansancio empezó hacer mella en él- Rápido...


Pasillos de Hogwarts.

1:10 a.m

Draco y Blaise caminaban sumidos en un doloroso silencio. Cada uno sumido en sus propios pensamientos, cada uno pensando en sus terribles miedos. Blaise no había pronunciado palabra alguna desde que Draco le contó como se encontró con el Innombrable, ni siquiera repara un segundo en la copa que le había extendido y que ahora reposaba en las profundidades de su pantalón, que tenía aún el encantamiento de extensión indetectable.

Habían salido de la Sala de los Menesteres en silencio y así se habían quedado, ajenos al mundo. El rostro de Draco había recuperado un poco de su color y el de Blaise había perdido el suyo, pensando en lo horrible que sería encontrarse con aquel monstruo, aún temblaba debido a la descripción del Innombrable que Draco le había proporcionado.

Caminaron un par de metros más antes de que un lobo plateado, un patronus, se apareciera delante de ellos, brincando.

-¿Pero qué...? -formuló Blaise.

-... Busca a Blaise, trae ayuda -era la voz de Theo, sonaba asustado- ... rápido...

-Es luna llena -recordó Blaise, con pavor. No hizo falta más que una mirada de parte de Draco antes de que ambos salieran detrás del Patronus de Theo. Corrieron con la maestría de jugadores de quidditch, casi volando por las escaleras al bajarlas, completamente aterrados por lo que iban a encontrar.

Al dar la vuelta en el pasillo del Gran Comedor, Blaise chocó contra otro cuerpo, precipitándose al suelo con un fuerte golpe. Draco frenó en seco, deslizándose un poco debido a sus zapatos y mirando hacia el ruido.

Blaise estaba tirado en el suelo, al lado de Ginny Weasley que ya iba en ropa de dormir. Paradas contra la pared estaban Susan Bones y Hannah Abbott, con Luna Lovegood pegada contra el muro de piedra, en cuclillas y llorosa. Las cuatro intercambiaban sus miradas entre Blaise, Draco y el Patronus de Theo.

-¿Estas bien? -preguntó el moreno mirando a Ginny con preocupación. La pelirroja parecía sorprendida con el trato de Blaise, ya que no pudo emitir palabra alguna.

-¡Blaise! -gruñó Draco, viendo como el lobo salía por la puerta del vestíbulo. Donde no había auror alguno.

Blaise maldijo por debajo, olvidándose por completo de Ginny Weasley y salió corriendo detrás del rubio. Sus botas hicieron un sonido pastoso al golpear el pasto húmedo por la nieve, sintiendo por primera vez en su vida el frío del invierno. Rápidamente alcanzó a Draco, igualando su paso y adentrándose en el bosque prohibido, con varitas en mano.

Se alejaron del sendero principal, perdiéndose entre los cientos de arbustos y árboles, siguiendo la luz que dejaba el Patronus de Theo. Saltaron con agilidad las raíces de los árboles, eludiendo con facilidad las ramas salidas.

-¡La ropa de Theo! -gritó Blaise señalando hacia un pantalón en el suelo, algo desgarrado. Sin reducir el paso, Draco tomo el pantalón con una mano y siguió el lobo plateado. Blaise, aún entre la oscuridad, pudo distinguir una varita en el suelo. La tomó con agilidad y la guardo dentro de su bolsillo, no era la varita de Theo.

Pareció una eternidad lo que corrieron, ignorando por completo el cansancio de sus músculos cuando encontraron el cuerpo de Theo, acurrucado contra un árbol. El Patronus rondo alrededor de él antes de desaparecer. Ambos Slytherin se detuvieron poco a poco, jadeando con fuerza mientras intentaban obtener oxigeno.

Pasaron dos largos minutos antes de que Draco se cerniera sobre Theo y le colocará la capa de invisibilidad, desapareciendo al instante la mitad del cuerpo del castaño. La tela del pantalón de Theo golpeo con fuerza el rostro de Blaise.

-¿Pero qué...? -aulló el moreno, quitándose el pantalón de la cara.

-Yo no se lo pondré -se burló Draco mientras se cruzaba de brazos. Blaise lo fulminó con la mirada, con un movimiento de varita arregló el pantalón de Theo antes de tener que agacharse y colocarlo él mismo. Una vez logró colocarle el pantalón, tomaron a Theo entre sus hombros y empezaron a caminar de vuelta a la entrada del bosque prohibido, con la varita de Draco como brújula.

Después de caminar viente minutos en silencio, Theo empezó a emitir sonidos como gorgoteos por debajo. Los dos Slytherin se detuvieron mientras esperaban que Theo recuperara la consciencia, después de un par de minutos, la cabeza del castaño se levantó.

-¿Donde...? -jadeo, con dolor. Blaise y Draco se dieron una mirada antes de regresar la vista al castaño.

-En el Bosque prohibido, aún... -respondió Blaise mientras ayudaba a Draco a colocar al castaño contra una rama que Draco acababa de transfigurar en una banca. Dejaron que el castaño se acostara y lo miraron desde su altura.

-Luna... -jadeo cerrando los ojos- Luna me vio.

Blaise y Draco se miraron con miedo, habían visto a la rubia antes de salir del castillo, completamente acompañada.

Estaban jodidos.

-Ahora no es momento de... -pero la frase de Draco fue interrumpida cuando un grito de dolor se escapó de la garganta del castaño. Blasie y Draco dieron un paso hacia atrás por inercia, sacando sus varitas mientras veían como Theo caía del banco a la tierra húmeda, gritando de dolor.

Con fascinación morbosa observaron como Theo empezaba a transformarse, por segunda vez en un día, a un hombre lobo. Se retorcía, sus huesos crujían, empezaba a salirle un bello grueso. Miraron con los labios abiertos la transformación, congelados en sus lugares hasta que Theo, ahora siendo un lobo, aullaba ante la luna llena.

-Corre... -susurró Blaise, girándose hacia Draco, pero el rubio miraba con terror, temblando, a la bestia en que se había convertido su amigo. Maldijo internamente al recordar que Draco le tenía pavor a los hombres lobo, jalándolo de la camisa empezó una carrera hacia la salida del bosque.

Los jadeos de Theo llegaban muy cerca de ellos, no lograría escapar. Se giró, embarrando por completo sus botas de lodo, dejó caer a Draco contra el suelo y apuntó su varita hacia la bestia que venía corriendo despavorida.

-¡Incarcerous! -las violentas cuerdas salieron disparadas de su varita para amarrarse alrededor del hombre lobo, haciéndolo car a escasos centímetros de él. Las cuerdas se aferraron a sus tobillos, muñecas, pecho y hocico, retorciéndose, estrangulando...- Lo siento, fratello -susurró Blaise viendo como las cuerdas se amarraban con peligrosa fuerza alrededor de Theo, deteniéndolo.

Blaise se giró hacia Draco, que temblaba y sollozaba en el suelo, mirando aterrado la figura de Theo, y el hecho de que la bestia chillara no hacía las cosas aún más fáciles. El moreno se inclinó ante Draco, le sonrió con cariño antes de golpearle el rostro con todas sus fuerzas, con la palma abierta.

El picor en la palma lo hizo sentir bien al ver como Draco giraba su rostro, frunciendo el ceño y mirándolo con enojo, antes de colocar su mano contra su mejilla.

-¿Acabas de soltarme un tortazo? -siseo el Slytherin, incrédulo.

-¡No es el puto momento para miedos de niño chiquito! -le reclamó Blaise- Acabas de ver al maldito de Voldemort y ni te inmutaste, bueno, vomitaste un poco... pero eso no quita que el loco es más tenebroso que un hombre lobo, que por cierto, es tu amigo.

Draco lo fulmino con la mirada antes de tomar su varita de entre la tierra húmeda y levantarse con dificultad, viendo como el hombre lobo se retorcía, chillaba y aullaba con dolor.

-¿Qué haremos? -preguntó Blaise una vez vio que Draco recuperaba la postura, tomando la situación en sus manos. Odiaba ser el que llevara las riendas.

-Gilderoy Lockhart -susurró el rubio después de unos segundos. Blaise lo miró como si se hubiera vuelto loco.

-¿Disculpa? -preguntó, confuso- ¿Qué tiene que ver el embaucador con todo esto?

-En uno de sus libros -empezó Draco- había un encantamiento... extraño -dijo, escueto- Suelta a Theo.

-¿Estas chalado? -exclamó el moreno- ¿Soltaré a Theo, chucho loco, solo por que el maniático tenía un encantamiento extraño? -preguntó sin poder creérselo. Draco le soltó una mirada envenenada.

-Ahora.

-Como quieras -dijo, encogiéndose de hombros y apuntando su varita a Theo. Confiaba por completo en Draco, aunque acabara de perder la cabeza- ¡Emancipare!

Las cuerdas dejaron de moverse, volviéndose frágiles e inútiles. Un par de minutos después de que le hombre lobo dejara de retorcerse y aullar de dolor, se levantó con dificultad, quitándose las inmóviles cuerdas de encima, listo para lanzarse contra sus captores.

-¡Homorphus! -la luz amarilla impacto contra el pecho de la bestia. El hombre lobo, Blaise y Draco se quedaron un momento sosegados en la espera de que algo ocurriera. Instantes después, el hombre lobo, reaccionando por su naturaleza, se lanzó contra los dos Slytherin listo para atacar cuando un extremo dolor lo paralizo.

Ante la atenta mirada de Draco y Blaise, el hombre lobo cayó al suelo, retorciéndose con más violencia que antes, jadeando de dolor con más intensidad, revolcándose en la tierra con fuerza. Ambos retrocedieron ante el cambio de escenario, viendo como la bestia chillaba de dolor, antes de que empezara a dejar esa forma peluda y empezara a tomar una forma más humana...

Blaise, reaccionando ante tal locura, introdujo su mano en el bolsillo y sacó un frasco de poción matalobos, mejorada, mirando a Draco. Con los chillidos inhumanos de fondo, ambos Slytherin caminaron hacia la bestia, intentando acercarse, esquivando sus garras.

-¡Impedimenta! -exclamó Draco, apuntando por segunda vez a Theo. La bestia, más humano que hombre lobo, se quedo suspendido el tiempo necesario para que Blaise pudiera verter todo el contenido del frasco en los labios de Theo, se apartaron con rapidez justo cuando el encantamiento terminaba. Segundos después, Theo, completamente embarrado de tierra húmeda, miraba con horror a su alrededor.

Draco y Blaise, dándole su espacio, dejaron que el castaño, desnudo, se levantara por si solo. Esperaron atentos alguna señal de debilidad, cansancio o abatimiento mientras Theo giraba, mirando con temor a su alrededor.

-Pudieron usar un Atabraquim -dijo el castaño tomando por sorpresa a sus amigos. Recordaba...

-Eras más fuerte, los hubieras roto en el instante... lo siento -añadió por último Blaise, mirado como el castaño empezaba a moverse.

-¿Te sientes...?

-¿Cansado? -interrumpió Theo a Draco- ¿Confundido? ¿Aterrado? ... ¿Extraño? -Draco asintió como respuesta. Theo pareció meditarlo un rato antes de contestar: No... bueno, sí a lo último. Me siento... bien. Me siento completamente bien.

-Eso es estupendo, fratello -anunció Blaise con una sonrisa, aliviado- Porque por un momento pensé que... -Blaise soltó un grito agudo al mismo tiempo que Draco, dieron dos pasos hacia atrás y cayeron de sentón al suelo, mirando como Theo volvía a transformarse en una bestia en menos de un segundo. De humano a bestia y devuelta a humano en menos de cuatro pasos y tres segundos.

Los tres adolescentes se miraron, espantados.

-¿Qué cojones fue eso? -exclamó Draco, mirando fascinado al castaño. Theo, aturdido, miró sus manos con detenimiento.

-No lo sé, sólo... pasó -respondió- Yo pensé en mi como... -antes de que terminara la oración, volvió a transformarse en una bestia, dio dos pasos hacia los chicos tirados en el suelo y su cuerpo volvió a transfigurarse en un humano, como cualquier animago. Los tres se miraron, ahora completamente sorprendidos-... pensé en mí como lobo -concluyó.

-Deberíamos ir a la casa de los gritos, por precaución -probó Blaise después de unos momentos de silencio. Draco y Theo asintieron, cada uno perdido en sus pensamientos.


Enero, 23. 1997.

Sala de los Menesteres.

-¿Podrías explicarnos porqué tanta prisa? -siseo Hermione mientras deshacía el encantamiento desilucionador de sobre su cuerpo. Pansy, Draco, Blaise, Vincent y Gregory la imitarion mientras una pequeña puerta de madera desaparecía detrás de ellos para dar paso a un muro de piedra, completamente sólidos.

La sala estaba vacía, a excepción de una enorme jaula de vidrio en una esquina, tres camas y Theodore Nott, que miraba impaciente a los recién llegados.

-Tenemos clase de Transformación -les recordó Vincent- No tenemos todo el tiempo, menos con McGonogall landrandonos como perro sarnoso.

-No hablemos de perros sarnosos, ¿sí? -pidió Blaise dejándose caer sobre una de las camas, exhausto.

-Deberías estar en la enfermería -dijo Pansy a Theo, que los miraba una distancia corta. Theo negó con la cabeza antes de mirar fijamente a sus amigos.

Habían estado ahí encerrados desde que el cielo empezó a aclararse, habían dejado atrás la casa de los gritos en busca de Snape, pero el final habían decidido no contar nada, hasta que estuvieran seguros. Se habían escondido en la Sala de los Menesteres hasta que Draco se levantó para ir por los demás y contar la nueva información.

-Tenemos dos problemas.

-Me jodes -se quejó Gregory dejándose caer al lado de Blaise. El moreno rebotó un poco en el colchón pero no hizo ademán de moverse. Hermione se cruzó de brazos, mirando con sospecha a los tres adolescentes.

-Escupanlo -siseo, más hacia Draco que a cualquier otro.

Draco suspiro, abatido.

-Luna me vio transformarme -dijo Theo antes de que Draco tuviera oportunidad de hablar. Hermione, Gregory, Pansy y Vincent se tensaron en sus respectivos lugares, antes de posar sus ojos en el castaño con preocupación.

-Usemos un Obliviate y listo -anunció Pansy, tensa.

-Bueno, primer problema resuelto -proclamo Hermione, mirando con seriedad a su hermano- ¿Cuál es el segundo?

Theo, Blaise y Draco se dieron una intensa y larga mirada antes de Theo mirara a Hermione con temor. El corazón de Hermione dio un vuelco, Theo parecía tan indefenso y perdido como aquel día cuando se enteró que había enviado lejos a su madre y hermana. Quiso ir hacia él y abrazarlo con fuerza para decirle que no estaba solo, cualquiera que fuese el problema.

Pero antes de que pudiera dar un solo paso, Theo, delante de ellos, hizo algo inimaginable. El Slytherin se transformó a una velocidad asombrosa en un hombre lobo, sacando varios gritos de sorpresa de sus amigos y hermana. Segundos después, Theo volvió a tomar su forma humana y con un rápido movimiento de varita, se colocó el uniforme encima, tapando su desnudez.

La pequeña sala quedo sumida en un tenso silencio.

Hermione inhalo, temerosa.

-Lo hiciste -susurró en voz baja, como si tuviera miedo de que sus palabras se esfumaran ante ella- Rompiste la maldición...

Theo negó, mirando entre apenado y aliviado a los seis Slytherin delante de él.

-No... todos lo hicimos.


Woah, gracias por seguir conmigo.

Espero que les haya gustado el capítulo y sepan que aún tengo muchisimas ideas de lo que se viene.

¿Alguna propuesta? ¿Alguna escena que les gustaría contemplar en el proximo capítulo?

Créanme, por el momento estoy al cien en esta historia, y a los que siguen mis otras dos historias: No desesperen, pronto habrá actualización, que sepan que no las he dejado.

¡Espero sus Review!

Nos leemos pronto.