Bien, me tardé más de lo esperado pero tuve un pequeño problema con el capítulo, planeaba dividirlo en dos pero al final lo dejé en uno solo.

Los personajes no me pertenecen.

La idea tampoco pero la trama es cien por ciento mía.

He leído los Review que todas me han enviado, y déjenme decirles que las extrañé demasiado pero tuve un estilo de bloqueo de escritor y no se me ocurría que escribir. Siento no poder contestar sus Review, otra vez, pero si quiero subir este capítulo ahora mismo debo hacerlo de inmediato porque se me esta acabando la pila de la laptop.

Agradezco a todas y cada una de ustedes por sus Review y espero poder contestarlos esta vez, discúlpenme.

Monstruitogg, AdaliaLeon, sonrias777, Katherin Rosales, Pam Expelliarmus, lorenmac, SALECIA (linda, gracias por tus siempre tan largos y dedicados comentarios), Danny, rubenchoelloxd (sabes que me encantan tus alocadas ideas, ya no me has platicado sobre tu idea del Slytherin campeón, ¿te parece un trabajo en conjunto?), Anis24, Nina, Sakidi... muchas, muchísimas gracias por sus Review, los leí todos y siento tardar tanto.

Dorsitarazona, muchas gracias por empezar esta aventura conmigo, me he leído todos tus comentarios y agradezco que te tomes el tiempo de dejarme comentario en cada uno de los capítulos. Muchísimas gracias.

Sin más, les dejo el capítulo.


Febrero 23, 1997.

-¿Es cierto que la profesora Merrythought se retira, señor? -preguntó un adolescente que pertenecía a la media docena de estudiantes sentados alrededor de la mesa. Slughorn, mucho más joven, con su tupido y brillante cabello rubio oscuro y bigote rizado, sentado en un cómodo sillón de orejas, con los pies apoyados en un puf de terciopelo y una copita de vino en una mano mientras con la otra rebuscaba en una caja de piña confitada.

-¡Ay, Tom! Aunque lo supiera no podría decírtelo -contestó Slughorn, e hizo un gesto reprobatorio con el dedo índice, aunque al mismo tiempo le guiñó un ojo-. Desde luego, me gustaría saber de donde obtienes la información, chico; estás más enterado que la mitad del profesorado, te lo aseguro.

Tom Ryddle, el joven señor Oscuro, sonrió y los otros muchachos rieron y le lanzaron miradas de admiración.

-Claro, con tu asombrosa habilidad para saber cosas que no deberías saber y con tus meticulosos halagos a la gente importante... Por cierto, gracias por la piña; has acertado, es mi golosina favorita -Varios alumnos rieron disimuladamente- No me extrañaría nada que dentro de veinte años fueras ministro de Magia. O más bien quince, si sigues enviándome piña. Tengo excelentes contactos en el ministerio.

Tom Ryddle se limitó a sonreír de nuevo mientras sus compañeros reían otra vez. Pese a que Ryddle no era el mayor de grupo, los demás se lo miraban como si fuera el líder.

-No creo que sirva para la política, señor -dijo cuando las risitas cesaron- Para empezar, no tengo los orígenes adecuados.

Un par de muchachos le lanzaron miradas de complicidad; al parecer daban por sentado, o al menos creían, que el cabecilla de su grupo tenía un antepasado famoso, y por eso interpretaban las palabras de Ryddle como un chiste.

-No digas tonterías -dijo Slughorn con brío-, está más claro que el agua que procedes de una estirpe de magos decente; de lo contrario no tendrías esas habilidades. No, Tom, tú llegarás lejos. ¡Y nunca me he equivocado con ningún alumno!

El pequeño reloj dorado que había encima de la mesa dio las once, y el profesor se volvió para mirarlo.

-Madre mía, ¿ya es tan tarde? Será mejor que se marchen, chicos, o tendrán problemas. Lestrange, si no me entregas tu redacción mañana, no me quedará más remedio que castigarte. Y lo mismo te digo a ti, Avery.

Los muchachos salieron uno a uno de la habitación, Slughorn se levantó con dificultad del sillón y llevó su copa, ya vacía, a la mesa. Entonces notó que algo se movía detrás de él y se giró: Ryddle seguía allí plantado.

-Date prisa, Tom. No conviene que te sorprendan levantado a estas horas porque, además, eres prefecto...

-Quería preguntarle una cosa, señor.

-Pregunta lo que quieras, muchacho, pregunta...

-¿Sabe usted algo acerca de los Horrocruxes, señor?

Slughorn lo miró con fijeza mientras, distraídamente, acariciaba con sus gruesos dedos la piel de la copa de vino.

-Es para un trabajo de Defensa Contra las Artes Oscuras, ¿no?

Los Slytherin advirtieron que Slughorn sabía muy bien que aquella cuestión no tenía nada que ver con un trabajo escolar.

-No exactamente, señor -respondió Ryddle- Encontré ese término mientras leía y no lo entendí del todo.

-Sí, claro... Es que no creo que sea fácil hallar en Hogwarts ningún libro que ofrezca detalles sobre los Horrocruxes, Tom. Eso es magia muy, pero muy oscura -explicó Slughorn.

-Pero estoy seguro de que usted sabe todo lo que hay que saber de ellos, ¿verdad, señor? Sin duda alguna, un mago como usted... Disculpe, si no puede contarme nada es evidente que... En fin, estaban convencido de que si alguien podía hablarme de ellos, ése era usted, y por eso se me ocurrió preguntárselo.

Como todo Slytherin, de pies a cabeza, el chico Ryddle supo como leer sus cartas y conseguir el resultado que quería. El titubeo, el tono despreocupado, el prudente halago, todo en la dosis adecuada. Todos ellos habían usado esa táctica, y habían aprendido a darle forma a su antojo. Además, Ryddle daba mucha importancia a la información que pretendía obtener; quizá llevara semanas preparando ese momento.

-Bueno -murmuró Slughorn sin dirigirle la mirada y jugueteando con el lazo de la caja de la piña confitada-, no va a pasar nada si te doy una idea general, desde luego. Sólo para que entiendas el significado de esa palabra. Horrocrux es la palabra designada a un objeto en el que una persona ha escondido parte de su alma.

La terminología lo sabían a la perfección, y al darse cuenta hacia donde iba la conversación, los Slytherin maldijeron por debajo... ¡claro! ¿Cómo no se habían dado cuenta? Todo ese tiempo estuvo delante de sus narices, inclusive antes de toparse con uno...

-Sí, pero no acabo de entender bien el proceso, señor -insistió Ryddle; aunque controlaba rigurosamente su voz... Pero una serpiente sabía reconocer a los suyos, estaba emocionado...

-Pues mira, divides tu alma y escondes una parte de ella en un objeto externo a tu cuerpo. De ese modo, aunque tu cuerpo sea atacado o destruido, no puedes morir porque parte de tu alma sigue en este mundo, ilesa. Pero, como es lógico, una existencia así...

El rostro de Slughorn se contrajo.

Entonces nunca estuvo muerto...

-... pocos la desearían, Tom, muy pocos. Sería preferible la muerte.

Pero Ryddle no quedó satisfecho, su expresión era de avidez, ya no podía seguir ocultando sus vehementes ansias.

-¿Qué hay que hacer para dividir el alma?

-Verás -dijo Slughorn, incómodo-, has de tener en cuenta que el alma debe permanecer intacta y entera. Dividirla es una violación, algo antinatural.

-Sí, pero ¿cómo se hace?

-Mediante un acto maligno. El acto maligno por excelencia: matar. Cuando uno mata, el alma se desgarra. El mago que pretende crear un Horrocrux aprovecha esa rotura y encierra la parte desgarrada...

-¿La encierra? Pero ¿cómo?

-Hay un hechizo... ¡Pero no me preguntes cuál es porque no lo sé! -Slughorn negó con la cabeza, parecía un elefante viejo acosado por una nube de mosquitos- ¿Acaso tengo aspecto de haberlo intentado? ¿Tengo aspecto de asesino?

-No, señor, por supuesto que no -se apresuró Ryddle- Lo siento, no era mi intención ofenderle...

-Descuida, no me has ofendido -repuso Slughorn con brusquedad- Es natural sentir curiosidad acerca de estas cosas. Los magos de cierta categoría siempre se han sentido atraídos por ese aspecto de la magia...

-Sí, señor. Pero lo que no entiendo... Se lo pregunto sólo por curiosidad... No veo demasiada utilidad en utilizar un Horrocrux. ¿Sólo se puede dividir el alma una vez? ¿No sería mejor, no fortalecería más, dividir el lama en más partes? Por ejemplo, si el siete es el número mágico más poderoso, ¿no convendría...?

-¡Por las barbas de Merlín, Tom! ¡Siete! ¿No es bastante grave matar a una persona? Además... Dividir el alma una vez ya resultaba pernicioso, pero fragmentarla en siete partes... -Slughorn parecía muy preocupado y contemplaba a Ryddle como si nunca se hubiera fijado bien en él. Comprendieron que Slughorn lamentaba haber entablado aquella conversación-. Claro que todo esto -masculló- es puramente hipotético, ¿no? Puramente teórico...

-Sí, señor, por supuesto -dijo Ryddle con presteza.

-Pero de cualquier modo, Tom, no le digas a nadie lo que te he contado, o mejor dicho, no lo hemos hablado. A nadie le gustaría saber que hemos estado charlando sobre Horrocruxes. Mira, es un tema prohibido en Hogwarts. Dumbledore es muy estricto con este punto...

-No diré ni una palabra, señor -le aseguró Ryddle y se marchó.

Pudieron ver el rostro del joven Señor Oscuro al marcharse, reflejaba una intensa felicidad que no realzaba sus hermosas facciones, sino que, en cierto modo, las volvía menos humanas...

Cuando volvieron a pisar el suelo el frío suelo, trastabillaron varios pasos hacia atrás, impactados por lo recién descubierto. Los jadeos y maldiciones se quedaron atascados en sus gargantas, demasiados abrumados con aquel recuerdo.

-¿Y? ¿Lo han entendido? -cuestiono Blaise detrás suyo, recargado contra un librero y con una botella de Whisky de fuego en la mano. Era el único que no había viajado por el pensadero hacia el pasado, cuidándoles las espaldas... ya que a fin de cuentas, él lo había visitado... Una noche atrás...

-Le agradecería, señor Zabini, que no beba en mi oficina -ese fue el saludo de Dumbledore al aparecerse por las escaleras, seguido muy de cerca por Snape que los miraba con seriedad.

Draco mascullo una maldición dejándose caer en el sillón más cercano, sus piernas y manos temblaban ante aquella revelación.

-¿Cuantos...? No... ¿realmente logró dividir su alma en siete? -cuestiono Pansy, aterrada. Los ojos de los seis Slytherin se dirigieron a Blaise, que hizo una mueca antes de darle un largo trago al whisky de fuego, ante el gesto reprobatorio de Dumbledore y Snape.

-Eso... cara famiglia es la parte más interesante y aterradora del recuerdo, a mi parecer -admitió Blaise pasandole la botella a Theo, que también le dio un largo trago.

-Tengo entendido que han buscado al profesor Dumbledore por un trato... -siseo Snape viendo con disimulado interés a sus alumnos. No paso por alto la mirada que Draco y Hermione se dieron.

-Sí, queremos hacer un trato -respondió Hermione con voz impasible, a pesar de lo recién descubierto- Pero queremos tener todas las cartas sobre la mesa...

-¡Ah! -exclamó Dumbledore dejándose caer en el sillón delante de los siete Slytherin- Los dichos muggles... -alabó, moviendo la mano y haciendo que el pensadero se retirara. Se cruzo de piernas y miró a los jóvenes con calma- Quieren saber si Voldemort... -una sonrisa se extendió en sus labios al ver que no temblaban ante el nombre-... logró crear los siete Horrocruxes... Suponía que el joven Zabini les había contado toda la historia.

-Blaise prefirió dejarle los temas trascendentales a usted, profesor -dijo Vincent, dejando la botella vacía de whisky sobre la pequeña mesa de madera que reposaba en medio de los sofás- Así es Blaise, o dice todo con y lujo de detalles o no dice nada...

-¿Lo consiguió? -preguntó Gregory- ¿Consiguió dividir su alma en siete partes...?

-Lo curioso, señor Goyle... es que, ustedes, a diferencia de Harry, me han preguntado si logró hacerlos todos... No si logró dividir su alma...

-Blaise nos ha contado que parte del trato es conseguirle la copa de Helga Hufflpuff, que Ryddle, por el momento, guarda en Malfoy Manor -dijo Draco, inexpresivo- No sabíamos qué eran... pero ya conocíamos la existencia de los Horrucruxes debido a un paseo a altas horas de la noche... -aclaró el Slytherin, relajando su postura y sonriendo de lado- Lo hizo, ¿no es cierto? La dividió en siete partes...

-Sabían de la existencia de los Horrocruxes, pero no sabían lo que representaba la copa de Helga Hufflepuff, ¿como hicieron la conexión?

-Debido a que de la copa salen murmullos en pársel, la lengua, que por excelencia, domina el heredero de Slytherin, que es uno de los logros que más se adjudica el señor Oscuro -dijo Theo con un suspiro- ... ¿cuando descubrió que Ryddle había logrado fracturar su alma?

-Hace cuatro años, aunque no estaba tan seguro -contestó el anciano- Cuando Harry derrotó al basilisco de Tom, me dio su diario, el que daba las instrucciones sobre como volver a abrir la Cámara de los Secretos.

-El que contenía el recuerdo de Ryddle -susurró Pansy, recordando su segundo año.

-Un simple recuerdo que actuaba y pensaba de forma autónoma es algo realmente siniestro: un fragmento de alma. El diario era un Horrocurx.

-Entonces, tengo entendido... Que el Innombrable busca la inmortalidad -dijo Hermione, frunciendo el ceño- En primer año, había intentado robar la piedra filosofal, el Elixir de la vida. Pero, al final de cierto tiempo, terminaría dependiendo por completo de ella, casi como un enfermo terminal y eso sería impensable para alguien que quiere demostrar ser invencible.

-Así que, como todo buen Slytherin, decidió buscar otra forma en la magia oscura -dijo Gregory con una sonrisa torcida- Que gracioso.

-El siete es el número mágico más poderoso, así que esa sería su meta. Al final del día, solo necesita descubrir donde están los otros cinco, profesor -se burló Vincent con una mueca petulante.

-Me satisface comprobar que saben valorar la magnitud del problema -repuso Dumbledore con serenidad.- Pero, antes que nada, permítanme que los corrija, no creó siete Horrocruxes, sino seis. La séptima parte de su alma, aunque mutilada, reside en su regenerado cuerpo. Esa fue la parte de su ser que lo llevó a una existencia espectral durante sus largos años de exilio; sin ella, Voldemort no es nada. Esa séptima parte del alma, la parte que vivie en su cuerpo, es la última que cualquiera que desee matar a Voldemort debe atacar.

-Su conversación con Potter me dio a conocer que ya habían destruido dos Horrocruxes: El diario y un anillo -dijo Blaise.

-El anillo de Sorvolo Gaunt -dijo Dumbledore, asintiendo.

-Los últimos descendientes de Slytherin, lo sabemos -dijo Pansy.

-¿Cómo es qué lo encontró? -preguntó Theo con disimulado interés.

-Supongo que se habrán dado cuenta de mis escapadas, a tempranas horas del día, fuera de Hogwarts -contestó Dumbledore- Llevo muchos años dedicando a recabar información acerca del pasado de Voldemort. He viajado y he visitado los lugares donde él estuvo. El anillo lo encontré entre las ruinas de la casa de los Gaunt. Al parecer, tras conseguir encerrar una parte de su alma en el interior del anillo, ya no quiso llevarlo puesto. Así que lo escondió, protegido mediante diversos y poderosos sortilegios, en la casucha donde habían vivido sus antepasados, y no se le ocurrió que un día yo me tomaría la molestia de visitar las ruinas, ni que me mantendría atento por si detectaba algún rastro de ocultación mágica.

-Entonces, ya tiene tres... el anillo, el diario y la copa -contó Pansy, mirando a sus amigos que asintieron. Poso de nuevo su mirada en el viejo director- ¿Cuales faltan?

-Deben entender que esta información en ningún momento debe compartirse con nadie -empezó Dumbledore- Estoy seguro de que sus intensiones son buenas pero nadie a parte de Harry, Severus y yo estamos al tanto de esta información.

-Aja... -lo cortó Draco recibiendo una mirad de reproche de Snape- ¿Cuales faltan? -repitió. Dumbledore suspiro, recargándose contra el respaldo del sofá y pareciendo varios años mayor.

-La diadema de Rowena Ravenclaw, el guardapelo de Salazar Slytherin y, ya que nunca logró poner sus manos sobre la espada de Godric Gryffindor, he pensado que el último Horrocrux es su serpiente, Nagini.

-Así que la cosa tiene nombre -dijo Gregory, sufriendo un escalofrío.

-En efecto, lo tiene -respondió Dumbledore.

-Bueno, ya que estamos al corriente -dijo Blaise, dejándose caer al lado de Pansy- Queremos tres cosas a cambio del Horrocrux. Y, ya que es demasiado importante para usted lograr conseguirlo, cumplirá con nuestras exigencias.

-He de suponer que querrán inmunidad total -supuso Dumbledore, viendo como Hermione asentía.

-Sí, usted nos firmará un pergamino donde dirá que se nos perdona de cualquier cosa que... nos atrapen... haciendo en los próximos años -dijo Hermione.

-¿No confía en mi palabra, señorita Granger? -cuestiono Dumbledore, enarcando una ceja.

-Confío, director -respondió Hermione- Pero la maldición que posee su mano me hace dudar que pueda darme su palabra... sobre todo al finalizar este año...

-Tus alumnos son bastante perceptivos, Severus -halagó Dumbledore, sin dejar de mirar a los Slytherin. Hizo aparecer un pergamino, y con un rápido movimiento de mano, dejo todo por escrito antes de firmar- ¿Cuales son esos crímenes, señorita Granger?

-Como usted sabrá, envenenar a Ronald Weasley y darle el collar de ópalo maldito a Katie Bell... juntó con lanzarle un Imperio a Madame Rosmerta... -enumeró Vincent- Abrirle las puertas a los mortífagos a Hogwarts e intentar asesinarlo, creo que eso compensa todo...

-Estaba al tanto de la misión del joven Malfoy -admitió Dumbledore- Pero me temo... que están pasando por alto un punto... La transformación del señor Nott -los siete Slytherin se tensaron, mirando asombrados y asustados al directo. Sus manos rápidamente se dirigieron a sus bolsillos, buscando sus respectivas varitas.

-¿La transformación de Theo? -inquirió Draco, mirando fijamente al director.

-Sí, el hecho de que Greyback haya desaparecido de la faz de la tierra -dijo Dumbledore con tranquilidad. Draco le dirigió una rápida mirada a Hermione, que trago con dificultad. Eso era aún peor que se enterará sobre la maldición ya rota.

-Hicimos lo que teníamos que hacer, él iba a matar a Theo y luego intentaría matarnos a nosotros. Al final, saldría huyendo para contarle al señor Oscuro y seríamos nosotros los que no tendrían futuro -siseo Gregory. La mirada de Dumbledore se volvió dura.

-Si me permite, profesor... -empezó Snape.

-Yo lo hice -cortó Blaise, ganándose una mirada de advertencia de sus amigos- Yo lo maté, así que si va a castigarme, adelante. Envíeme a Azkaban, pero el trato sigue con mis amigos... Ellos saldrán impunes de esto, no tuvieron nada que ver.

-Yo deje que eso pasara, así que también es mi carga -interrumpió Draco.

-No enviaré a nadie a Azkaban, señores -dijo Dumbledore, evitando un confrontamiento entre Blaise y Draco- Es estos tiempos llenos de oscuridad, tendrán que hacer cosas que los demás consideran inaceptables. Se salvaron a si mismos, y eso es todo lo que importa... Sí eso es todo lo que quieren acordar...

-También queremos que Nicholas Nott sea perdonado por el Wizengamot -dijo Hermione- El nombre de la madre de Gregory será limpiado, usted se asegurará de que esos tres puntos se cumplan, director.

-Estoy seguro de que muchos tendrán problemas con soltar a un mortífago de Azkaban... Pero haré todo lo posible, señorita Granger.

-Nott, es una Nott desde hace dos años -corrigió Theo, entrelazando su mano con la de Hermione. Dumbledore asintió, sin perturbarse un poco.

Los siete Slytherin se dedicaron una larga mirada antes de que Pansy se estirará sobre el sofá y sacará un pañuelo de seda, bordado con el escudo de Slytherin, de su túnica. La morena dejo con cuidado el pañuelo sobre la pequeña mesa de madera, al lado de la botella de whisky vacía. Vincent, al lado suyo, retiró el pañuelo con un movimiento de varita.

La copa de Helga Hufflepuff descansaba sobre el pañuelo, emitiendo suaves murmullos en un idioma ininteligible, al menos, para los Slytherin.

-Todo este tiempo la tuvieron sobre su poder, me impresionan -dijo Dumbledore, con tono asombrado- Han jugado bien sus cartas.

-Es nuestra única salida, profesor Dumbledore -dijo Gregory- Al final de cuentas, no fue más que una extraña coincidencia.


Febrero, 26. 1997

Aula vacía en Hogwarts.

-¿Era necesario tanto suspenso, Mirthy? -preguntó Blaise cuando sus pies tocaron suelo firme. Su pequeña elfina se había aparecido a la mitad de una cálida ducha y ahora sus músculos estaban tensos por no recibir la atención necesaria.

-Un placer conocerlo, joven Zabini -un viejo elfo, con una cortina gris como vestimenta hizo una reverencia hasta casi tocar el suelo. Blaise hizo un gesto de repugnancia al ver el deterioro del elfo.

-Señor Zabini, elfo -escupió Blaise, viendo con cierto regocijo como el viejo elfo asentía varias veces en acuerdo.

-Sí, sí... disculpe, señor Zabini... Kreacher se disculpa con usted, señor Zabini...

-Corta las disculpas, elfo -cortó Blaise con desprecio- ¿Has mandado a mi elfina a llamarme? Ha de ser una situación de vida o muerte para hacerme perder mi tiempo.

-¡Disculpe, señor Zabini! Pero lo que Kreacher tiene que decir es de suma importancia, su excelencia... -Blaise sonrió con arrogancia al elfo, que miraba con cuidado a su alrededor- Kreacher le sirve a la familia Black desde hace tiempo...

-¿Black? ¿Qué quiere el elfo de los Black conmigo? -cuestionó Blaise haciendo ademán de sentarse para que Mirthy conjurara una silla de inmediato- No tengo amistades con Sirius Black, o su ahijado... Potter -escupió Blaise una vez se sentó.

-¡Oh, no! Señor Zabini... A Kreacher le han prohibido comunicarse con el sobrino nieto sangre pura de mi antigua ama... No puedo avisarle, o explicarle cual es mi misión, o hablar con él, o escribirle mensajes... o comunicarme... Pero nunca se dijo sobre hablar con un amigo suyo...

-Así que tú eres el elfo que aviso a Narcissa Malfoy que Potter iba en camino al Ministerio -se quejó Blaise, recordando la conversación que habían tenido con Draco. Se giró a Mirthy- ¿Para qué me has traído este sucio elfo, Mirthy? -cuestionó.

-¡Oh, amo Blaise! Kreacher se ha comunicado con Mirthy al enterarse que era elfina suya, amo... Y dijo que tenía un importante mensaje para usted... Que lo están espiando...

-Espera, ¿qué? -volteó para mirar a Kreacher que asentía repetidas veces- ¿Quién me está espiando?

-A usted no, Señor Zabini... al joven Malfoy...

-Señor...

-Al señor Malfoy -corrigió de inmediato- El amo Potter -escupió con desprecio-... junto al amo traidor Black, le han ordenado a Kreacher y a un elfo llamado Dobby espiar al Señor Malfoy... Los hemos estado siguiendo por días, pero he logrado distraer al elfo Dobby cada vez que el Señor Malfoy y sus amigos salían de Hogwarts...

-¡Vaya, Kreacher! Me has hecho un enorme favor -dijo Blaise sonriendo como gato- Por lo visto Potter ha logrado encontrar otra manera de seguirnos... Muchas gracias, Kreacher...

-Oh, el Señor Zabini no debe dar las gracias... Es un honor para Kreacher haber podido darle aviso a usted sobre la situación...


Marzo, 8. 1997.

Pasillos de Hogwarts.

Theo caminaba sumido en sus pensamientos, acababa de terminar otra sesión de Aparición y, a parte de los Slytherin, muy pocos habían logrado avanzar dentro del aro. En cambio, ellos, ya habían logrado aparecerse a varios metros de distancia, lo que los favorecería cuando necesitaran escapar con premura.

El Slytherin se detuvo de golpe, sus instintos aún estaban al tope debido a la reciente luna llena, que había conformado sus sospechas. La magia de Theo, junto a sus sentidos, se hacían más fuerte en los días próximos a la luna llena, y ese día en especifico, estaban en pleno apogeo.

El exquisito aroma inundo sus fosas nasales mientras Theo intentaba inhalar más de ese preciado elixir. Sus otros sentidos se pusieron alerta, podía escuchar a la perfección a Luna Lovegood tararear una dulce melodía. Tenía unas inmensas ganas de salir en busca de ella y marcarla de una buena vez, sus pies empezaron a moverse pero Theo logró sacar sus garras y enterrarlas contra la palma de sus manos, remplazando el ansia con dolor.

Temiendo que sus heridas pudieran cerrarse, dejo las garras enterradas dentro de su piel, tratando de contenerse aunque el ansia empezaba a propagarse de nuevo por su sangre. Theo cerró con fuerza sus ojos e intento concentrarse en otros olores y sonidos que no fueran los de su pareja... los de Luna, se corrigió de inmediato.

Estaba tan concentrado tratando de percibir otras sensaciones que la vocecilla de Luna, más cercana que nunca, hizo que pegara un bote en su lugar.

-¡Theo! -exclamó con sorpresa Luna al encontrarse con el Slytherin. Theo suspiró con fuerza y abrió los ojos, rezando por que estuvieran en su forma normal.

-Hola, Luna... -inhaló sin querer el aroma de la rubia. Theo hizo una arcada, tratando de retener su respiración.

-¿Cómo... estas? -preguntó Luna, titubeante. Theo parecía perder la sangre del rostro con cada segundo que pasaba.

-Bien... -soltó en un graznido, estaba empezando a marearse por intentar retener su respiración. Empezó el proceso de respiración de nuevo, tratando de sobreponer otros aromas sobre los de Luna- ¿Y tú...? -su voz salió más ronca, casi como un gruñido. Se maldijo mentalmente.

-Bien...

-Oí que Pansy habló contigo, espero que no haya sido muy brusca... -el ansia volvió a apoderarse de él, haciendo que Theo, como contra medida, extendiera más sus garras, casi atravesando la piel del dorso.

-Esta bien, ella es tu amiga y quiere protegerte... ¡Theo, estas sangrando! -gritó Luna haciendo ademán de acercarse, pues la sangre del castaño se escurría por sus nudillos y goteaba para caer al suelo.

-¡No te acerques! -gritó Theo extendiendo sus brazos, haciendo un ademán para que se detenga. Al extender sus manos y dejar de hacer presión con sus garras en sus palmas, las heridas empezaron a cerrarse ante los atentos ojos de la rubia.

-Nunca... nunca había visto a un hombre lobo sanar -dijo Luna sin poder ocultar su asombro. Theo sonrió de lado, tembloroso.

-Un gran recurso en una pelea física, o contra magia oscura... -admitió Theo.

-¿Duele mucho? -Luna frunció el ceño- ¡Pero que tonta! ¡Claro que duele! -se quejó consigo misma.

-Tranquila, Luna... No hay nada de que preocuparse... Siento haberte asustado, hoy... y aquella noche -se disculpó Theo- Y siento no haber pedido disculpas antes, Draco me ha prohibido... Draco ha dicho que era mejor darte tiempo para superar el trauma -se corrigió Theo, dándose un golpe mental. ¡Ya solo dile que rompiste la maldición!

-Siento mucho no haberme ido cuando me lo pediste -se disculpó Luna. Se mordió el labio antes de mirar apenada a Theo- ¿Alguna... alguna vez has atacado a alguien?

-No -respondió de inmediato. Hizo una mueca al recordar el enfrentamiento con Draco y Blaise- Bueno, nunca he llegado a lastimar a nadie.

-Theo... aquella noche, tú... tú no me atacaste... a pesar de que esa era tu naturaleza... ¿por qué? -preguntó Luna, dando otro paso.

-Porque tú... -Theo se cortó de golpe cuando la rubia dio otro paso, haciendo su aroma más denso y profundo. El Slytherin jadeo con fuerza, antes de cerrar sus ojos e inhalar contra su voluntad.

-¿Theo...? -preguntó Luna, dando otro paso. Jadeo, llevándose las manos a los labios y retrocediendo los pasos que había dado. Theo había abierto los parpados, mostrando los mismos ojos que aquella luna llena.

Los ojos de un hombre lobo.

-Theo... tus ojos... -susurró Luna, con voz trémula.

-Yo... creo que debería irme... -siseo Theo, casi con dolor. Su cuerpo empezó a difuminarse hasta parecer una nube negra y luego desapareció, dejando a una Luna completamente atónita.


Marzo 17, 1997.

Dormitorio de Slytherin.

-Malditos y estúpidos elfos de mierda -masculló Draco con odio, dando un portazo. Su cuerpo exhumaba tensión. Su camisa colgaba acierta de sus hombros y su pantalón estaba desabrochado, su cabello completamente alborotado.

-Blaise te lo advirtió y decidiste tomártelo como un juego -se burló Hermione, abrochándose los botones de su camisa, buscando su falda entre el baúl de Draco y su cama, justo donde había caído- Debes dejar de subestimar a Potter.

-No pensé que realmente se escabulleran dentro del armario... Malditos pervertidos... - se quejó al llegar al lado de Hermione y con un movimiento de mano, atrayendo su falda a ella.

-Aveces se me olvida que puedes usar la magia para todo -se recriminó Hermione, quitándole la falda a Draco para poder ponérsela- Además, dudo que ellos supieran lo que estábamos haciendo.

-Me da igual, voy a malditamente quemarlos en un hoguera -dijo, exasperado. Una vez Hermione terminó de colocarse la falda, pareciendo decente, se volteó a él.

-Que tácticas tan muggles -se mofó Hermione ayudando a Draco a abrocharse la camisa, tenían Aritmancia en veinte minutos.

-Tengo mis momentos -se burló Draco, dándole un ligero beso a Hermione antes de buscar sus corbatas.

-Dijiste que Dumbledore quería hablar contigo cuando regresara... ¿por qué? -preguntó la castaña aplicándose un encantamiento en el cabello para amarrarlo y anudándose la corbata a la par de Draco.

-No me dijo, simplemente me contó que necesitaba... un favor... -dijo con un suspiro, buscando sus zapatos.

-No me confío de ese viejo -se quejó Hermione, calzándose sus zapatos.

-Ninguno de nosotros lo hace, Hermione -concordó Draco, tomando sus útiles y tendiéndole la mano a Hermione. La castaña suspiro mientras Draco la llevaba fuera del dormitorio.

-Al menos evitaron que llegáramos tarde a Aritmancia -se rió Hermione, haciendo que Draco frunciera el ceño.

-Malditos y estúpidos elfos.


Marzo, 22. 1997

Despacho del director.

-Déjeme ver si entendí bien lo que me esta pidiendo -dijo Draco, arrastrando la voz, pasando su mirada de Dumbledore a Snape y de vuelta- ¿Quiere qué continué con mi misión?

-Sí, joven Malfoy...

-Señor... -corrigió no pasando por alto la mirada que Snape le envió- Pero, usted sabe en qué consiste mi misión... ¿realmente quiere qué lo mate?

-Pensé que estaban al tanto de la maldición que reposa en mi mano, señor Malfoy -dijo Dumbledore. Draco suspiro, hastiado y restregándose las manos en el rostro.

-¿Y luego qué? Infiltrarme en las líneas de los mortífagos, tomar la marca tenebrosa... -Draco soltó una risa despectiva- Eso me lo esperaba desde inicios de año, pero no conforme con mandarme a la linea de fuego... ¿quiere que lleve un equipo?

-Sí, señor Malfoy, eso quiero. Con Voldemort no confiando completamente en Snape necesito tener a alguien que ayude a Harry desde adentro -admitió Dumbledore, viendo como la sonrisa de Draco se volvía altanera.

-Claro, Potter el salvador del mundo mágico... se me había olvidado -se quejó, levantándose de la silla- Delo por hecho, viejo... Pero usted se asegurará de mantener a Hermione a salvo, o sino yo mismo mataré a Potter... -pudo ver como los hombros de Dumbledore se tensaban.

-Tienes mi palabra, Draco...

-Sí, más le vale -espetó Draco, dirigiéndose a la salida- Porque su palabra es lo único que puede ofrecernos ya que al final del año, estará muerto... ya sea por mi mano, o por la suya.


Abril, 5. 1997.

Prado de Hogwarts.

-Basta, Vincent. Intento leer... -se quejó Pansy entre risas, Vincent había tratado todo el rato en distraer su atención del libro, y lo estaba logrando a creces. Por fin podían salir a tomar el sol debajo de su árbol predilecto, en las cercanías del lago oscuro.

-Es tan aburrido... vamos, Pans, no tenemos exámenes hasta junio, déjalo estar. Ya pareces Hermione -se burló Vincent tendiéndole un pequeño panqué con moras. Pansy sonrió.

-Bueno... sólo porque me has traído mi panqué preferido -rió Pansy, cerrando su libro de Runas Antiguas para poder tomar el panqué. Ambos guardaron silencio, comiendo con tranquilidad su merienda... uno debía aprender a apreciar esos momentos.

-¿Aún sigues coladita por Weasley? Por que he escuchado que Brown lo ha botado -Vincent soltó una carcajada cuando Pansy lo fulminó con la mirada antes de soltarle un puñetazo en el brazo.

-Vete al infierno, Vincent -dijo Pansy, enfurruñada al sentir como sus mejillas se tornaban rojas por la burla- Y Weasley me dejó de gustar cuando llamó a Hermione sangre sucia, sé donde están mis lealtades... Vinny.

-Ese es un apodo de mierda, Pans. Admítelo -se mofó Vincent, pasando uno de sus gruesos brazos por los hombros de la morena, atrayéndola a él- También me he enterado que tenías un ligero interés en Potter...

-Mis gustos son una mierda, eso sí lo admito -dijo Pansy, suspirando derrotada, descansando su cabeza contra el fuerte pecho de Vincent- Weasel, Potter, Adrian... Blaise... -la carcajada que Vincent soltó corto de golpe a Pansy, que lo miró ofendida- ¡No te rías! ¡Tenía algo por Blaise!

-Eso no me lo esperaba -se burló Vincent, negando con la cabeza- Siempre pensé que lo veías algo así como un hermano, ya sabes... como a todos nosotros -dijo, algo incomodo. Pansy rodó los ojos.

-Ahora lo veo así, desde que me di cuenta que estaba domado por la comadreja... Durante un tiempo le tuve envidia, ¿sabes? Qué un chico te ame con tanta intensidad, sin importar que le rompas el corazón una y otra vez... una debería sentirse halagada... Yo me sentiría halagada.

-Tienes a muchos chicos a tus pies, Pans -le recordó Vincent- Sólo tienes que mirar a tu alrededor, y olvidarte de los idiotas -alentó Vincent. Pansy negó, sonriendo.

-Tal vez... venga, vamos... -dijo Pansy, separándose de Vincent- Necesito ir a los invernaderos, ya sabes como amo los plantas.

-Aún no sé como no terminaste en Hufflepuff -Vincent le dio una sonrisa torcida, levantándose para ayudar a Pansy- Siempre terminas manchada de tierra...

-¿Qué quieres qué te diga? Me gusta la sensación de la tierra humedad sobre mis manos -admitió Pansy con una sonrisa descarada. Vincent negó con la cabeza, antes de emprender su camino junto a Pansy hacia los invernaderos.


Abril, 27. 1997

Baños de Myrthle.

La fría agua del grifo logró despejar un poco la mente del Slytherin, últimamente las cosas iban de mal en peor, con el nuevo encargo del viejo y con Theo tratando de apagar sus instintos lobunos ya ni siquiera podía disfrutar de un día tranquilo, menos con los dos elfos de Potter pisándole los talones.

-Tal vez... deberíamos decirle a Snape -la petición de Hermione hizo que los hombros de Draco se tensaran, soltando un suspiro por debajo.

-Ya habíamos hablado de ello, Hermione -aclaró Draco, cerrando el grifo y recargando su cadera contra los lavabos para poder ver a Hermione, que estaba sentada en el lavabo contiguo. Se veía igual de cansada que él.

-Lo sé... -susurró, mordiéndose el labio y viendo a Draco con un poco de culpa- Pero no podemos más con esto, Draco. Theo cada día se pone peor, ¿y si en algún momento intenta tomar a Luna por la fuerza?

-Theo puede controlarse.

-Le das mucho crédito -se burló Hermione, negando con la cabeza y soltando una risita despectiva. Draco resopló con fuerza, frunciendole el ceño.

-Hermione... no podemos confiar en Snape, no podemos confiar en nadie...

-¿Por qué? -preguntó Hermione, viéndolo con una pizca de miedo que su indiferente gesto no logró enmascarar- Snape siempre ha estado allí para nosotros.

-Y eso lo sé, Hermione... pero nadie es tan leal a alguien...

-¿Eso también aplica para nosotros? -cuestiono, mirándolo con enojo- ¿Tampoco somos de fiar?

-Hemos vivido los últimos seis años de nuestras vidas juntos, Hermione. Hemos mentido, chantajeado, manipulado, controlado y matado a cualquiera que fuese un enemigo potencial... Creo que sobrepasamos el límite de confianza cuando destruimos todo rastro de Greyback...

-Esto es estúpido -se quejó la castaña, resoplando- Esta guerra no debería habernos alcanzado.

-Pero lo hizo, y ya no hay vuelta atrás... Al menos no para ninguno de nosotros -le recordó Draco- Si tenemos que seguir manipulando para poder salir de esta guerra intactos, lo haremos.

-¡Es qué no estamos intactos, Draco! -le gritó Hermione, mirándolo dolida- Dejamos de estarlo hace mucho tiempo... Dejamos de ser niños y ni siquiera hemos cumplido la mayoría... Tal vez nuestro error fue no confiar en nadie... -le recriminó.

-¿¡Y qué cambiaría, eh!? ¡Dime! ¿Qué lo haría!? -siseo Draco, apenas conteniendo su voz- ¡Confiamos en Nicholas Nott y Theo esta maldito por su culpa, lo aceptes o no! ¡Confíe en mi madre y me dejo al merced de la loca de su hermana! ¡Confiamos en Emma y nos cambió por la Orden del Fénix! Inclusive confiamos en Ginny Weasley y nos despreció para poder estar con Potter -se mofó Draco, sonriendo despectivo- Dime, Hermione, ¿no hemos confiado lo suficiente en otras personas que al final nos traicionaron?

-Tal vez Dumbledore... -intentó Hermione.

-El viejo sólo quiere que Potter viva para poder derrotar a Voldemort... No somos más que peones en su juego, tú muy bien sabes que hay una remota posibilidad de salir vivo de las filas de Voldemort... Y es aún más difícil ser perdonado por el Wizengamot una vez tienes la marca tenebrosa marcada en tu brazo... Dumbledore nos vendió desde el primer momento -dijo Draco- Y Snape se lo permitió...

-¡Pero podemos intentarlo! ¡Tal vez Snape haga que Dumbledore cambié de opinión!

-¡No, no podemos! ¡Snape no hará nada!

-¡Pero no quiero que mueras! -gritó Hermione, al borde del colapso. Su pecho subía y bajaba frenéticamente, sus manos se aferraban con fuerza del lavamanos- ¡No quiero que ninguno de ustedes lo haga! ¡No por Dumbledore! ¡No por el mundo mágico! ¡Ni mucho menos por Potter! -Hermione empezó a temblar, intentando frenar las lágrimas.

Draco suspiro abatido, acercándose a Hermione, que giró la cabeza para evitar mirarlo. El rubio la tomó del mentón con suavidad, girándolo para que lo mirara. Hermione apretaba los labios con fuerza, aún evitando su mirada.

-No puedes desmoronarte ahora, Hermione... -susurró Draco, deslizando la otra mano a la cintura de Hermione mientras se acomodaba entre sus piernas- Necesitas ser fuerte... ambos lo necesitamos si no queremos que los demás sucumban al pánico...

-Me cansé de ser quien lleva las cuerdas, Draco... No se suponía que esto fuera otra cosa que un juego de niños, no se suponía que estuviéramos en la linea de fuego -susurró Hermione con voz temblorosa, Draco negó con la cabeza antes de entrelazar sus labios con los de ella. El beso no fue largo, ni tampoco corto, simplemente se entregaron al otro como otras veces, callando y compartiendo al mismo tiempo sus miedos y esperanzas, sus pesadillas y sus sueños. Al terminar el beso, Draco recargó su frente con la de Hermione, sonriendole de lado.

-¿Ya te he dicho lo hermosa que eres? -Hermione resoplo, rodando los ojos y dejando que una sonrisa empezara a surcar sus labios.

-¿Ya te he dicho lo idiota que puedes ser aveces? -se quejó Hermione, volviendo a posar sus ojos en Draco antes de que un movimiento detrás de él llamara su atención. Potter estaba a la entrada del baño, mirándolos con desconfianza. Su mandíbula se abrió unos milímetros, demostrando su sorpresa.

-¿Es Potter, no? -preguntó Draco en un susurró, que si no fuera por su cercanía, no podría haberlo escuchado. Hermione asintió casi imperceptiblemente antes de que Draco alejara la mano de su mejilla y con una agilidad digna de un Cazador, sacará su varita, se girará y lanzara un Expulso no verbal a Potter, que lo esquivo por los pelos- ¿Ya no tocas, Potter?

Un destello azul salió de la varita de Potter, directo hacia ellos pero Hermione logró colocar una rápida barrera mágica.

-¿Dos contra uno, Potter? -Hermione sonrió con sorna- Eso te deja en mucha desventaja...

-No cuando peleas con dos Slytherin cobardes.

-¡No! ¡No! ¡Basta! -gritó Myrtle la Llorona y su voz resonó en las paredes revestidas de azulejos- ¡Basta! ¡Basta! -acababa de aparecer, o siempre estuvo ahí y no la notaron. Estaba en su cubo de siempre y miraba aterrada la confrontación.

Hubo un fuerte estallido y el cubo que había detrás de Potter exploto antes de incendiarse en llamas.

-Deberías empezar a dejar de espiarnos, es desagradable estar siempre al pendiente de ti -siseo Draco con desprecio cuando un maleficio de piernas de gelatina reboto a unos metro de ellos, pues Hermione lo había esquivado con maestría- ¿En serio, Potter? ¿Un maleficio de piernas de gelatina? ¿Eso harás cuando tengas que atacar a Lord Oscuro? ¿Le lanzaras maleficios de niños de segundo año? Me das pena, Potter.

-incendio! -Hermione y Draco lograron moverse a tiempo, por lados distintos, lejos del encantamiento. El hechizo logró golpear justo donde estaban, provocando que el lavamanos empezara a prender en llamas.

-¡NO! ¡Deténganse! -volvió a pedir Myrthle la llorona, tratando de hacerse oír.

-¡Incarcerous! -el encantamiento fue esquivado por Potter, que se lanzó al suelo y miró asombrado a Draco.

-Tenía razón, eres un mortífago.

-Que use magia negra no me hace un mortífago, Potter -se burló Draco, desviando un segundo la mirada hacia Hermione.

-¡Atabraquim! -unas cuerdas se enrollaron alrededor de las manos de Draco, pues Potter había aprovechado su descuido- ¡Desmaius! -Hermione rodó por el suelo, logrando esconderse dentro de un cubo.

-Por lo visto has aprendido algo que no sea ¡Expelliarmus! -Potter se lanzó detrás de una pared, dándole tiempo a Draco para desatarse las manos y mirar a su alrededor. Hermione lo veía con el ceño fruncido, haciendo que Draco rodara los ojos... eso era un claro gesto: Termina la pelea, ahora.

-¡Confundo!

-¡Confringo! -Draco maldijo por debajo cuando el encantamiento lo golpeo en el hombro, haciéndolo perder momentaneamente el sentido y logrando que su encantamiento golpeara un cubo, que explotó en mil pedazos provocando que la tubería se rompiera y el agua saliera a borbotones- Bien hecho, mata a Potter -masculló Draco intentando mantener el equilibro, ya que el suelo había terminado lleno de agua.

-¡Sectumsempra! -bramó Potter desde el suelo agitando la varita como un desaforado. Lamentablemente Draco estaba demasiado confundido para practicar un contra hechizo... lamentablemente Draco sabía lo que ese encantamiento provocaba y no pudo hacer otra cosa más que esperar su cruel final.

-¡NOOOO! -gritó Hermione, tratando de alcanzar a Draco pero el agua esparcida en el suelo le dificultaba su tarea.

Un jadeo lastimero salió de los labios del rubio al sentir miles de cuchillas perforando su piel, si es que era posible, peor que un Crucio. De su rostro y pecho empezó a salir sangre a chorros, se tambaleó unos pasos y terminó desplomándose en el suelo con un fuerte chapoteo. La varita se le cayó de la mano derecha, flácida.

Draco empezó a sollozar del dolor.

-No... -jadeo Potter, mirando atónito como Hermione intentaba llegar al rubio.

-No, Salazar... Draco, no... -sollozo Hermione cuando logró llegar a su lado. Su varia temblaba en sus manos.

-Her... mio... ne... -dijo antes de caer inconsciente, pues el dolor era demasiado y la perdida de sangre empezaba a ser demasiada.

Myrtle soltó un aullido ensordecedor:

-¡Asesinato! ¡Asesinato en el baño! ¡Asesinato!

-Shhh, shhh... Estoy aquí -dijo Hermione, empezando a sentir las lagrimas amenazar con salir. Colocó una mano contra la fría mejilla de Draco, moviendo su varita alrededor de su pecho- ¡Vulnera sanentur! ¡Vulnera sanentur! -la hemorragia se redujo al momento. Limpió la sangre de la cara del rubio y repitió el hechizo. Las heridas empezaron a cerrarse... cuando todo hubo cerrado, se giró hacia Potter. El Gryffindor retrocedió varios pasos al ver la mirada de odio puro de la Slytherin, y sus mejillas manchadas de lágrimas furiosas mientras intentaba acunar el cuerpo de Draco inconsciente.

Harry Potter nunca antes había recibido una mirada así, tan llena de odio y rencor. Y por primera vez en sus seis años en Hogwarts, le tenía miedo a Hermione Granger.

-Yo... lo sien...

-¡Crucio!

El encantamiento golpeo con una barrera mágica antes de lograr llegar al Gryffindor. Hermione miró a su alrededor, Snape acababa de aparecer por la entrada del baño, ni siquiera lo había escuchado llegar.

-Despierta a Draco y llévalo a la enfermería -ordenó Snape, bajando su varita y mirando como el agua mezclada con la sangre de Draco caía por las cloacas alrededor de los lavabos. Hermione se negó a moverse, viéndolo con furia- Draco necesita atención inmediata... Yo lidiaré con el señor Potter... -Hermione se giró y le lanzo un hechizo a Draco para hacerlo reaccionar, el Slytherin parpadeo con dificultad, tratando de posar sus ojos grises en Hermione.

-Tengo que llevarte a la enfermería, Draco... -dijo con voz temblorosa, ya sea por la rabia, el miedo o la impotencia que sentía. Draco asintió, levantando una mano y tratando de limpiar las lágrimas de Hermione, que aún se escurrían por sus mejillas- Vamos... -pidió la castaña. Ayudó a Draco a levantarse, pasando el brazo del rubio por sobre sus hombros, haciendo que cediera un poco de su peso sobre ella mientras caminaban fuera del baño, sin mirar a Potter o Snape.


Mayo,2. 1997.

Hay varias cosas que los Slytherin saben hacer desde muy pequeños. Manipular a las personas a su antojo, mentir como si ese fuera su segundo nombre, mantener su rostro indiferente aunque por dentro bulleran cientas de emociones frenéticas y sin control alguno, mirar a los demás como si fueran inferiores a uno... vengarse de quienes les hicieran daño.

Los rumores sobre lo ocurrido el día anterior en los baños de Myrthle la llorona se esparcieron como pólvora por Hogwarts, sobre todo ya que la fantasma repetía los acontecimientos a cualquier chica que entrara a los baños, dando la primicia del momento. Aunque todos los Gryffindor consideraran un acto heroico lo que Harry Potter había hecho con Draco Malfoy, aunque los Hufflepuff lo consideraran un acto oscuro y los Ravenclaw dividieran sus opiniones... los Slytherin estaban heridos, avergonzados, indignados pero sobre todo... estaban furiosos.

Harry Potter se había salido con la suya, pues no había recibido más que otra cosa que un castigo hasta finales del año con Snape... Había recibido un regaño de McGonagall que se había escuchado hasta las mazmorras y una baja de puntos... pero eso no había satisfecho la sed de venganza de los Slytherin... pues no solo había atacado y casi matado al príncipe de las serpientes, si no que también había tenido el descaro de arremeter contra Hermione, la princesa de Slytherin, casi llevándola a una expulsión.

Hermione había utilizado una maldición imperdonable contra el Elegido, que le había costado todos los puntos de la casa de Slytherin hasta dejarlos en ceros y eso que el maleficio ni siquiera lo había rozada, en cambio, Draco yacía aún en la enfermería, con su cuerpo lleno de cicatrices para toda la vida.

Era tanta la furia e indignación de los Slytherin que habían llenado la enfermería de Gryffindor debido a diferentes maleficios y encantamientos, al final de cuentas, ya no tenían nada que perder. Cuando un Slytherin visualizaba a un Gryffindor por los pasillos, era de ley que mínimo debían dejarlo colgado en el aire, cambiarle el color de la piel o cabello... eh inclusive, algunos Slytherin habían llegado a lanzar el famoso maleficio Mocomurciélago de Ginevra Weasley, que nunca pensó que sería usado contra los suyos.

Varios Gryffindor habían llegado a la enfermería expulsando murciélagos de la nariz, todos gritando de dolor... pero quien se había llevado el premio mayor había sido Ronald Weasley, a quien Vincent y Gregory se lo habían encontrado, fuera del Gran Comedor. No contentos con el trato que Potter había merecido, y temiendo ser los siguientes en detención, habían atacado al Gryffindor desde las sombras.

Weasley había estado tan ocupado fanfarroneando con Dean Thomas y Semus Finnigan que nunca percibió a los Slytherin, más grito de dolor cuando un encantamiento oscuro lo golpeo por la espalda. Sus huesos habían crujido de uno en uno, se habían roto como si se prepararan para una transformación a hombre lobo pero sin llevarla acabo. Vincent y Gregory habían roto todos y cada uno de los huesos de Ronald Weasley con un encantamiento que solo habían usado una vez: Fractorum.

A pesar de los intentos de McGonagall de encontrar al culpable de que Weasley aún siguiera en la enfermería, reponiéndose, no logró hallarlo. Snape había negado que fuera uno de sus alumnos, pero todos en Hogwarts sabían que los Slytherin estaban furiosos y eran capaces de hacer cualquier cosa por vengarse de los Gryffindor.


Mayo, 7. 1997

Campo de Quidditch.

-Allá va Borgin, de Slytherin, con la quaffle -informó una voz suave por los altavoces- Borgin es tan solo un estudiante de segundo curso en la casa de las serpientes... un niño muy dulce de hecho, he tenido la oportunidad de hablar un par de veces con él -Luna Lovegood, como siempre sumida en sus pensamientos, narraba el partido de Ravenclaw contra Slytherin- ... ¡Oh, miren, Chambers le ha quitado la quaffle...! ¡Esperen! -gritó Luna, provocando varios gritos de dolor en la tribuna del profesorado- ¡Vincent Crabble le ha estampado una bludger con toda la fuerza que tiene, que hay que admitir que es mucha, y ha sacado volando a Chambers de su escoba! Parece que los Slytherin aún siguen molestos por lo ocurrido con su líder, Draco Malfoy... que aún sigue en enfermería y no ha podido jugar este partido... -toda la grada de Slytherin aulló y vitoreo el golpe de Vincent.

-¡Vincent! -gritó Blaise a pocos metros detrás de él. El Slytherin giró un poco el cuello, dándole a entender que lo estaba escuchando- ¡Asegúrate de hacer eso con todos! -apoyó con una sonrisa maliciosa antes de volver a escudriñar el campo de quidditch. La quaffle había pasado a manos de Theo, iba franqueado por Alexander Borgin y Neil Lament ya que Hermione había sido expulsada del equipo aún con las renuencias de Snape. Pero McGonogall, Sprout y Flitwick habían votado que debería hacerse.

Cho Chang era la buscadora de Ravenclaw, pero Blaise no estaba muy al pendiente de ella, ya que Gregory no paraba de lanzare bludgers (como orden de Blaise) para no darle tiempo de localizar la snitch.

-¡Theo ha logrado pasar a Bradley, sorteado a Roger Davies y va directo a Gran Page! ¡Theo le pasa la quaffle a Borgin... Borgin se la da a Lament... de regreso a Theo...! ¡Y, oh! ¡Mentira, fue a Borgin! ¡Slytherin ha anotado! ¡Diez puntos para Slytherin! -el marcador, que reposaba debajo del micrófono del comentarista, cambió otro número- ¡Ciento veinte a cincuenta favor Slytherin! -la masa plateada y verde gritaba con más fuerza.

Blaise miraba alrededor del campo, tomándose su tiempo ya que Chang no podía quitarse a Gregory de encima... el sonido de una bludger dirigiéndose a él ni siquiera lo perturbo, ya que Vincent llegó con velocidad y se la regreso a su lanzador, Jason Samuels, quien logró esquivarla por poco.

Un destello dorado llamó la atención de Blaise, que se dirigió como una flecha hacia la snitch. Nadie pareció reparar en él hasta que estuvo a pocos metros de la sntich, pues sintió la fuerza de un hombro impactándose contra el de él, de soslayo pudo ver a Cho Chang, con actitud decidida a atrapar la snitch.

-¡Parece que Blaise Zabini y Cho Chang han encontrado la snitch dorada!

Blaise le regaló una sonrisa torcida a Chang.

-¿Dividiéndote, Chang? ¿O es qué aún no logras superar a Diggory? -se burló Blaise, bloqueándola con el brazo el camino y haciendo que Chang se desviara un poco. Los Ravenclaw aullaron, lo que consideraban una falta, mientras los Slytherin alentaban a Blaise para que tirará a Chang de su escoba. La pura verdad era que ese partido es el más limpio que habían tenido.

-Me alegro que Harry le haya dado a Malfoy su merecido -escupió Chang cuando volvió a colocarse a su lado. Blaise la fulminó con la mirada mientras giraban antes de golpear la tribuna de Hufflepuff, virando un poco hacia la derecha y aún detrás de la snitch.

-Claro, ¡aún sigues pillada por el Elegido! -soltó Blaise con brusquedad, estirando el brazo pero siendo golpeando por Chang, que también trataba de atrapar la snitch. Blaise le regresó el empujón con fuerza- ¡Superalo, Chang! Potter tiene los ojos puestos en la pobretona...

-Me sorprende que aún no te canses de esperar que Weasley te dirigía una mirada -se burló Chang haciendo que Blaise tensara la mandíbula.

-Te equivocas, ya conseguí lo que quería de ella -siseo Blaise. El moreno soltó el mango de su escoba, cayendo un metro abajo de Chang, quien lo miraba frunciendo el ceño, totalmente confundida, creyendo que le había dejado la victoria.

Que equivocada estaba.

-¡Cho cuidado! -Chang no tuvo tiempo de detenerse, una bludger se impacto contra su costado, Blaise subió de golpe, atrapando la snitch dorada, a milímetros de los dedos de Chang y deteniendo la caída de Chang con la otra. Logró subirla a su escoba, mostrando la snitch en alto con una sonrisa petulante- ¡Blaise ha detenido la caída de Cho! ¡Blaise Zabini ha atrapado la snitch dorada! ¡Ciento cincuenta puntos para Slytherin! ¡Slytherin gana el partido! ¡Han ganado la Copa de quidditch! -el bullicio que armó Slytherin era digno de retratar, ya que parecía que hacían temblar su tribuna de lo fuerte que gritaban. Varios soltaron chispas verdes y plateadas al aire, mientras un alumno de séptimo hacia aparecer una serpiente entre los fuegos artificiales.

Blaise hizo un giro brusco, volando a una asombrosa velocidad hasta las gradas de Gryffindor, donde sobresalía el color azul, debido a que estaban apoyando a Ravenclaw.

-¡Y así, valientes...! ¡Es como se atrapa la snitch! -se burló Blaise, sonriendo con maldad al rostro rojo de Potter y mostrandole la snitch. Se dio la vuelta, bajando poco a poco, aún con la mano en alto y la otra alrededor de la cintura de Chang. Una vez tocaron el suelo, le dio un ligero empujón para alejarla de sí.

-Me has distraído -le reprochó.

-No te he obligado a prestarme atención, tú sola me la has dado -sonrió Blaise con maldad antes de que Pansy se impactara contra él. La abrazo por la cintura y la hizo girar... lo que usualmente era el rito de victoria de Draco y Hermione.

-¡Hemos ganado la Copa! -chilló Pansy, soltándose de Blaise y tomando la snitch de entre sus dedos. Su sonrisa era tan brillante que podía encender esas bombillas muggles de las que Hermione hablaba.

Vincent, Gregory, Theo, Lament y Borgin no tardaron en unirseles a la celebración.

-¡Fiesta en la Sala Común! -gritó Lament, frotándole el cabello a Borgin, que lo fulminó con la mirada, apartándolo.

-¡Ganamos!

-¡Ganamos!

Los aplausos, abrazos, felicitaciones y regocijos no se habían hecho de esperar.

Esa noche Draco fue dado de alta, siendo recibido, junto a Hermione que se había quedado con él durante todo el partido, por una oleada de Slytherin que vitoreaban y cantaban su victoria. La mayoría demasiado embriagados como para recordarlo al día siguiente.

Draco fue el que tuvo el honor de regresarle la Copa de quidditch a Snape, que los había ido a callar por tanto griterío... al final, decidió darles unas horas más de felicidad, pues por primera vez en todo el año, habían olvidado el desprecio y el odio recibido por las demás casas.


Mayo, 8. 1997

Gran Comedor.

-Blaise... -llamó Hermione, viendo con cierta pena a su amigo, que no paraba de mirar con furia la mesa de Gryffindor, pero ella podía ver debajo de toda esa furia, Blaise estaba más dolido que nada.

Ginevra Weasley y Harry Potter habían empezado a salir... que ridículo, ni siquiera se había dado cuenta cuando cortó con Dean Thomas.

Al final resultó que Ginny Weasley no estaba cansada de esperarlo... ¿es qué cuantas humillaciones y rechazos debía recibir para entender lo obvio? Era imposible que Blaise le llegara a los talones a Potter, él, que toda su vida se había vanagloriado por su descendencia, dinero y apariencia... por los visto, nada de eso importaba al final... no a Ginevra Weasley.

-¿Necesitas la visión de rayos láser de superman? -preguntó Theo, deslizándose en el banco y bloqueándole la vista a Blaise. El moreno lo fulminó con la mirada.

-¿Sabes qué eso sonó muy raro? -Theo se encogió de hombros, haciendo a Blaise soltar un resoplido- Friki...

-Te escuché -siseo Theo, blandiendo su tenedor como arma. Blaise sonrió, negando con la cabeza. Su mirada se poso en Pansy y Hermione, que lo veían preocupadas.

-Estoy bien -les regaló su mejor sonrisa. Pansy rodó los ojos, cruzándose de brazos.

-Te conocemos, Blaise... con nosotras no funcionan esas sonrisas falsas -le espetó la morena.

-Gané la copa, ¿me dan un momento de paz? -se quejó Blaise, cruzándose de brazos, enfurruñado. Hermione sonrió, por un momento le pareció ver el mismo Blaise de tercer año.

-Tienes razón, eres el campeón -ofreció Draco, sacandole una sonrisa al moreno que se descruzó de brazos y volvió a su desayuno. Pasaron varios minutos antes de que un alumno de Gryffindor, recién salido de la enfermería, entrara al Gran Comedor con la piel completamente azul.

Las risas no se hicieron de esperar en la mesa de Slytherin, que miraban divertidos al recién llegado.

-Aquí es cuando les pides que paren -dijo Draco con una sonrisa torcida, viendo el gesto indiferente de Hermione.

-Tú eres su príncipe, díselos tú -contraatacó Hermione, regresando a su lectura. Ya había terminado de desayunar.

-Tú eres la voz de la razón -le recordó Draco, su sonrisa creciendo al ver como Hermione ponía los ojos en blanco, sin apartar la mirada de su libro.

-Eso fue antes de que Potter intentara matarte... así que los dejaré disfrutar un poco más el espectáculo... -susurró, dirigiendo brevemente su mirada a la fina cicatriz en el pómulo de Draco.

-¡Oh, no! ¡Potter y compañía a las doce en punto! -gruñó Theo, del otro lado de Blaise. Pansy, Vincent y Gregory tensaron sus hombros, mirando como Theo, Blaise, Hermione y Theo se ponían en guardia.

Pansy dirigió su mirada a los aurores, que por orden de Dumbledore, ahora debían vigilar los desayunos, comidas y cenas de los alumnos... tratando de evitar otro accidente.

-Malfoy... -oyó a sus espaldas.

-Potter... -escupió Draco, mirándolo con indiferencia. La mesa de Slytherin se había sumido en silencio... todo el Gran Comedor se había sumido en un tenso silencio.

-He venido a pedirte perdón -dijo Potter, a regañadientes. Draco enarcó una ceja, pasando su mirada por Longbottom y Weasley, antes de regresarla a Potter.

-¿Y eso se debe a...? -hizo un ademán con la mano, incitándolo a hablar.

-A que lo siento... -casi escupió- Así que dile a tus Slytherin que paren de maldecir a los Gryffindor...

-¡Ya oyeron a Potter! -dijo Draco, alzando la voz y atrayendo por completo la atención a su persona- ¡Dejen de maldecir a los Gryffindor! -la mesa de Slytherin rió por debajo mientras la sonrisa en los labios de Draco se volvió gélida- Sorpresa, Potter... nadie en Slytherin tiene la obligación de obedecerte... No nos gustan las ordenes... -susurró, arrastrando las palabras.

-¡No seas estúpido, Malfoy! -gritó Potter- Todos sabemos que fue un Slytherin quien atacó a Ron...

-¿Nos estas acusando de usar magia oscura cuando fuiste tú quien la uso con Draco? -preguntó Blaise, indignado.

-¡Harry no fue quien lanzó una maldición imperdonable! -graznó Weasley, rojo como su cabello. Hermione se paró, como impulsada por un resorte, y golpeo la mesa con ambas manos haciendo tintinear los cubiertos de oro. Parecía una banshee.

-¡Fue porque el imbécil de tu amigo casi mata a mi novio! -gritó Hermione, completamente furiosa. De reojo pudo ver como los aurores parecían sacar sus varitas, una sonrisa ronca y maliciosa se escapó de sus labios- Pero, claro... Es el Elegido, debemos respetarlo y venerarlo... -escupió Hermione.

-No sabía que los nacidos de muggles ahora pueden ser prospectos a mortífagos -siseo Weasley. Un pequeño revuelto se armo en la mesa de Slytherin, Vincent y Gregory se habían girado con agilidad y se habían levantado de su banco. Dos montañas de puro musculo se plantó enfrente de los tres Gryffindor.

Pansy pegó un bote en su lugar, los aurores habían empezado a moverse. Se levantó con toda la gracia y calma que tuvo y tomo el grueso brazo de Vincent.

-No queremos un confrontamiento con los aurores... -susurró para que ambos pudieran oírla.

-Lárgate, Potter... -siseo Draco lo suficientemente alto para que lo oyeran todos- A nadie aquí le importa lo que piensas, así que guárdate tus disculpas y sal de mi vista, si no quieres que realmente sea yo quien esta vez te deje las cicatrices a ti...

-Uy, en eso llegas tarde -siseo Blaise, sonriendo con maldad. La mesa de Slytherin estalló en una carcajada, dando por terminado el enfrentamiento aunque Potter, Weasley y Longbottom no se movieron.

-Vamos, Harry... -pidió Longbottom, tomando el brazo de Potter pero esté se zafó con enojo.

-No me moveré hasta que Malfoy le diga a sus serpientes que paren de atacarnos...

-Pues buena suerte con ello... -dijo Hermione, haciendo una mueca y apartándose de la mesa. Draco, Theo y Blaise la siguieron. Potter se disponía a hacer lo mismo pero Vincent y Gregory se interpusieron en su camino.

-Muévanse, trols -espetó Weasley.

-Mejor muévete tú, pobretón -siseo Pansy, fulminándolo con la mirada. Pudo ver la impotencia en los ojos de Potter, lo que significaba que Draco, Hermione, Theo y Blaise habían salido del comedor- Vamos... -dijo Pansy, tomando el brazo de Vincent y lo obligó a moverse. Aún reticente, los dos Slytherin salieron del Gran Comedor por ordenes de Pansy.

Poco a poco las serpientes fueron levantándose y saliendo del lugar.


Mayo 17, 1997.

Unas semanas después de la final de quidditch, los Slytherin dejaron de maldecir a los Gryffindor por orden de Draco, pues Snape les había avisado que Dumbledore dio la orden de expulsar a quien siguiera utilizando magia oscura en sus demás compañeros, pues Theo había utilizado el encantamiento Flagarate contra Neville Longbottom aunque lo que el director de Hogwarts no sabía es que Neville había tenido mucha suerte, pues Theo había querido usar el Fuego Maligno contra él... no por una simple venganza, era el hecho de que el chico estaba demasiado cerca de Luna Lovegood. Por suerte, Draco había actuado con velocidad y, encadenando a Theo con un hechizo, se alejó lo más rápido posible de la rubia.

Excluyendo ese pequeño incidente, las cosas en Hogwarts estaban volviendo a la normalidad... si con normal nos referimos a que los Slytherin era más temidos que nunca por los demás estudiantes, pues con ese último accidente, provocando que Neville Longbottom aún estuviera en la enfermería por quemaduras graves, los demás estudiantes de Hogwarts habían entendido que los Slytherin eran capaces de cualquier cosa.

Pero a pesar del corto periodo de tiempo, ningún Slytherin se había esforzado en ganar puntos para su casa, Hermione se había vuelto tan silenciosa como una tumba y Theo no se aparecía casi nunca en sus clases, a la única que solía acudir era a: Cuidado de Criaturas Mágicas, pues Hagrid era un experto en controlarlas.

Con forme los días iban pasando, la tabla de puntajes de las demás casas subían con tranquilidad mientras que la de Slytherin aún marcaba tres ceros. Las libertades que los Sytherin se tomaban con el pasar de los días iba aumentando mientras la enemistad que tenía con las demás casas se volvía cada vez más oscura.

Los ataques constantes de mortífagos, las desapariciones de familiares de nacidos de muggles en Hogwarts eran todas las noticias que se escuchaban en el castillos. Los murmullos siempre seguían a los Slytherin a cualquier lugar que fueran.

Aunque hubo un solo acontecimiento que marcó Hogwarts con más fuerza que la recién estrenada relación de Ginevra Weasley y Harry Potter, pues la chica Weasley llevaba años enamorada del Elegido, algo de lo que todos estaban al tanto, inclusive había especulaciones de que la menor de los Weasley había usado un filtro de amor.

Fue el hecho de que la relación Hermione Granger y Draco Malfoy llegó a su fin.

Habían terminado ante las atentas miradas de todo el profesorado, incluido Dumbledore, y los alumnos de las cuatro casas durante una cena, pues de un momento a otro, Hermione se había parado, gritando y recriminando a Malfoy sobre demasiadas cosas, todo el enfrentamiento terminó cuando Draco Malfoy llamó sangre sucia a Hermione, que con lágrimas en los ojos, había salido corriendo del Gran Comedor, seguida a los pocos minutos por Blaise Zabini y Gregory Goyle, que fulminaban a Draco Malfoy con la mirada.

Y eso fue justamente lo que rompió a la casa de los Slytherin.


Mayo 22, 1997.

Pasillos de Hogwarts.

Blaise iba caminando por los pasillos acompañado de Gregory con las manos llenas de diferentes panecillos. El moreno soltaba bocanadas de humo cada dos por tres ante el gesto reprobatorio de Gregory, que no paraba de recriminarle, diciendo que terminaría con los pulmones tan negros como el lago negro.

Al dar la vuelta al recodo, se toparon con Ginny Weasley y Potter, montando una escena similar a las que se montaban Draco y Hermione cuando salían en público. Se besaban como si necesitaran del otro para sobrevivir, con Weasel y Longbottom-squib como espectadores.

Blaise hizo una mueca de desagrado, expulsando el humo del cigarrillo por la nariz y sintiendo la intensidad de mil Sectumsempra acuchillando y desgarrando su corazón; tantos años había evitado encontrarse a Ginevra con sus anteriores novios a solas para encontrar tremendo espectáculo con Potter.

-¡Eh! ¡Basta Ginny! -exclamó Weasel, con el rostro tan rojo como su cabello, Longbottom, en cambio, parecía avergonzado. Ginny se separó de Potter, con sus brazos aún envueltos alrededor de su cuello y los de él alrededor de su cintura, veía a su hermano con gesto victorioso y desafiante.

-Tú empezaste...

-Mierda... -susurró Gregory, disparando una mirada preocupada a Blaise que parecía no saber donde esconderse, su rostro reflejaba el dolor interno del moreno. El cigarrillo se le escapó de entre los dedos y Gregory se apresuró a aplastarlo con su bota, sin querer, llamando la atención de los Gryffindor.

-Joder... -masculló Blaise colocando su mascara de indiferencia y metiendo las manos a los bolsillos de su pantalón muggle- ¡Pero miren! ¡Si son la comadreja mujer y el Elegido montandosela en pleno pasillo! -rió Blaise, mostrando una mueca que pretendía ser graciosa pero era más escalofriante que la mismísima sonrisa del Innombrable.

-Piérdete, Zabini -escupió Ron Weasley, con sus orejas más rojas que el resto de su rostro, sus ojos se desviaron hacia la comida que llevaba Gregory en sus brazos- ¿Los han corrido de su mesa? -preguntó con verdadera curiosidad. Blaise rodó los ojos.

-A algunas personas no nos gusta relacionarnos con... serpientes -siseo Blaise, chasqueando la lengua.

-¿Granger está bien? -preguntó Longbottom, pareciendo ligeramente preocupado.

-Hermione esta bien, Dra-Malfoy no es la primera persona que la llama sangre sucia y definitivamente no será la última -les recordó Gregory. Weasley tuvo la decencia de sonrojarse aún más.

-Sentimos interrumpir su muestra de voyeurismo, pero ya nos vamos marchando -repuso Blaise, sus ojos fríos como el hielo al ver como Ginny lo fulminaba con la mirada y Potter lo miraba con enojo.

-¡Tal vez con eso por fin aprendas a abrir los ojos, Zabini! -Blaise trabó la mandíbula, sonriendo sin gracia y girando levemente su cabeza.

-Busca tus propios asuntos, Parkinson. No me apetece escuchar tu voz tan chillona -escupió Blaise, fulminando con la mirada a Pansy cuando llegó a su lado, acompañada de Vincent.

-Lo siento... -dijo sin sentirlo realmente- ¿He tocado algún nervio? -preguntó con falsa preocupación, apretando los labios con fuerza cuando Blaise sacó su varita y apuntó hacia ella. Segundos después, Gregory dejó caer toda la comida y sacó su varita al mismo tiempo que Vincent, ambos fulminándose con la mirada.

-Cierra la boca, Parkinson... que realmente he querido practicar un nuevo encantamiento y bueno, ya que Malfoy no viene contigo... -la risa despectiva de Blaise se escuchó por todo el pasillo- Me sorprende que no este contigo, su nueva perrita faldera, besando el suelo que pisa.

El rostro de Pansy igualó el de Weasley por lo rojo que se puso.

-Al menos no voy por ahí besandole los pies a una sangre sucia...

-¡Cuida tus palabras, Parkinson! -siseo Blaise, avanzando un paso.

-Nuestras disculpas, traidor a la sangre... ¿prefiere el término nacida de muggles? -preguntó Vincent, sonriendo de lado.

-¿Ustedes prefieren el término hijos de mortífagos o mortífagos? -preguntó Gregory, su turno de sonreír mientras Vincent fruncía el ceño.

-Vamos, Greg... tenemos mejores cosas que hacer que jugar con los prospectos de mortífagos -siseo Blaise, sin bajar su varita y caminando hacia los Gryffindor. Gregory lo siguió de inmediato, vigilando que Vincent y Pansy no los atacaran a penas y dieran la vuelta.

Al llegar a los Gryffindor, bajaron sus varitas y se apresuraron a alejarse del pasillo.

-¡Maldito traidor! -aulló Pansy, furiosa. Se dio la vuelta y regresó por donde vino- ¡Vamos, Vincent! -gritó, siendo seguida por el muchacho de inmediato. Una vez los Gryffindor estuvieron solos en el pasillo, se miraron confundidos.

-Por lo visto, teníamos razón... -dijo Potter, sonriendo.

-Sí, sólo usaban a Granger como distracción... ¡te lo dije! -exclamó Weasley, eufórico.

Los ceños de Ginny y Longbottom se profundizaron.


Sala de los Menesteres.

Las grandes puertas de la sala se abrieron tan silenciosas como plumas, dándoles la bienvenida a una sala idéntica a la Casa de los Gritos.

Hermione estaba sentada entre las piernas de Draco, quien sonreía de lado y susurraba por debajo, muy cerca de oído de Hermione, haciendola ruborizarse. Theo estaba sentado en el sillón contiguo, mascullando maldiciones por debajo y tomando de su vaso medio lleno de Whisky de fuego.

Los ojos de Theo chocaron con los de Blaise cuando la puerta se hubo cerrado detrás de él y Gregory.

-¿Por qué mierda tardaron tanto? -preguntó hosco y malhumorado. La luna llena había sido el día anterior, lo que tenía con los nervios de punta a todos los Slytherin.

-Nos encontramos con Potter y Weasley besuqueándose en los pasillos -las risas de Hermione frenaron de golpe, la sonrisa de Draco se volvió oscura y el ceño de Theo se suavizo.

-Blaise...

-Esta bien, Hermione... no es nada del otro mundo -susurró, caminando hacia el mini bar y tomando un vaso. Se disponía a servir el Whisky dentro del vaso pero con un encogimiento de hombros, tomó de la boquilla de la botella. Ya ni siquiera sentía el ardor, temía estar entumido pero conforme iba bebiendo, el ardor apareció. Bajó la botella y miró a sus amigos, que lo observaban con cierta lástima; chasqueo la lengua- Estoy bien... -soltó tan hosco como Theo.

-¿Y la comida? -preguntó Draco, tratando de cambiar el tema de conversación.

-Se la ha caído a Greg -se mofó Blaise, escurriendo el bulto. Gregory lo miró de mala manera.

-Ha sido culpa tuya -le recriminó, cruzándose de brazos.

-¡Fue culpa de Pansy!

-¡Fue culpa tuya, pequeño rufián! -escupió Pansy, que había aparecido por otra puerta junto a Vincent, que sonreía de lado- Me has llamado perra...

-¡Y tú me hiciste ver como un pequeño niño rechazado!

-A ver si así por fin abres los ojos -se quejó Pansy, caminando hasta sentarse al lado de Theo.

-Mejor hubiera ido yo.. -objeto el castaño.

-Dos palabras: Luna Lovegood -le recordó Hermione.

-Preferiría ese martirio a que verlos a ustedes tan... acaramelados -se quejó el Slytherin, frunciendo más el ceño mientras veía el rostro sonriente de Draco, que empezaba a introducir las manos debajo de la camisa blanca de Hermione- inténtalo y te cortaré las manos...

-¿Podrías parar de amenazarlo? -preguntó Hermione, cruzándose de brazos y girando levemente la cabeza para mirar a Draco- Y tú deja de provocarlo -la sonrisa de Draco se ensancho y se inclinó, besando a Hermione en los labios.

Por Salazar, sáquenme los ojos! -pidió Theo, girándose y tratando de no reparar en su hermana besando a uno de sus mejores amigos.

-Iré a por Mirthy, que realmente me muero de hambre -dijo Blaise, riéndose en voz baja.

-¡Voy contigo! -exclamó Theo, haciendo ademán de levantarse.

-Ah, ah, fratello... -negó el moreno, divertido- Estamos peleados, vamos Greg.

-Corriendo -se mofó Gregory, sonriendo divertido al ver el rostro de Theo ensombrecerse.

-¡Jódanse! -gritó el castaño cuando ambos salían por las puertas de la sala. Se cruzó de brazos y refunfuñó por debajo, tratando de no ver como Hermione y Draco se besaban en el sillón de al lado.

-Voy a extrañar estos momentos -murmuró Pansy, mirando con una sonrisa a Theo. El grueso brazo de Vincent paso sobre sus hombros, atrayendola. Le dio un suave beso en la coronilla.

-Aún hay tiempo para crear recuerdos...

-Sí, pero no mucho... -las lágrimas amenazaron con salir, se tragó el nudo y se acurrucó contra Vincent.


Junio, 20. 1997.

Luna llena.

Casa de los gritos.

11:30 p.m

Los exámenes habían pasado con tanta velocidad que ni siquiera habían tenido tiempo para reparar que su último año juntos había llegado a su fin.

Su último día juntos había tenido un toque de incertidumbre por el futuro y melancolía por el pasado. Ya no eran niños y debían afrontar las decisiones que los habían llevado a ese día; las sonrisas, los abrazos, las risas y las palabras de consuelo se habían quedado cortas. Cenaban entre risas, recordando sus mejores días en Hogwarts.

-¡Cuando la bludger tiró a Blaise en segundo! ¡Eso fue lo mejor del año! -rió Pansy, casi soltando lágrimas por la intensidad de la risa. Theo la acompañaba mientras Blaise rodaba los ojos y tomaba un trago de su copa.

-Les dije que algún día lo veríamos con burla -se mofó Blaise, sonriendo de lado.

-Lo hemos visto con burla desde ese momento... -dijo Gregory.

-Aunque nos hayas hecho perder el partido -rió Vincent, ambos chicos rieron al ver el ceño fruncido de Blaise y chocaron los puños.

-Que mierda... -masculló el Slytherin, cruzándose de brazos.

-Oh... ¿el nene esta molesto? -rió Theo, una carcajada se escapo de entre sus labios al ver como Blaise le fruncía el ceño. La carcajada se volvió un grito cuando el moreno se levanto, dispuesto a golpearlo. Theo se movió con maestría, rodeo la mesa que habían montado y salió corriendo del cuarto, Blaise lo siguió de cerca lanzando maleficios inofensivos.

Pansy los siguió, acompañada de Vincent y Gregory, dispuestos a detener al moreno o a apoyarlo.

La estancia se sumió en silencio, solo dejando a Hermione y Draco sumidos en sus propios pensamientos. Pasados unos segundos, la castaña se levantó y empezó a recoger la mesa, siendo ayudada poco después por Draco, ninguno dijo una sola palabra.

Cuando terminaron de recoger, se dejaron caer en el sillón que tenían enfrente de la pequeña chimenea que habían hecho; Hermione se había sentado sobre el regazo de Draco, que cepillaba su cabello con sus manos y le daba suaves besos a Hermione en el cuello.

-Aún... aún podemos dejar todo esto atrás... -pidió la castaña, aunque sabía que Draco no le haría caso. Había intentado que el rubio cambiara de parecer, pero nada de lo que dijera lograría hacerlo.

-Lo siento... -Draco suspiró del suave aroma de Hermione, inundándose de él, aunque sabía que no duraría toda la noche. Las suaves caricias se volvieron más ardientes, los besos, bruscos y las palabras quedaron olvidadas. Las ropas salieron disparadas por todo el suelo hasta que ambos terminaron completamente desnudos. Una suave y amarga lágrima resbalo por la mejilla de Hermione, que trató de sonreír con todo el coraje que pudo reunir.

-Te amo... -murmuró contra los labios del chico, con su mano puesta sobre la pálida cicatriz del rubio. Draco sonrió de lado.

-Yo también te amo, Hermione... -murmuró Draco de vuelta, cerrando los ojos y dejándose llevar. Se besaron hasta que no supieron donde empezaba uno y donde terminaba el otro, los sentimientos explotaban con cada gemido, las sonrisas eran remplazadas por los jadeos mientras sus ojos trataban de decirle al otro todo lo que sentían. Se amaron hasta que fue el momento de despedirse.

Draco se levantó de sobre Hermione, transfiguró una almohada en una cobija y la poso sobre el cuerpo de la castaña, que trataba de mantener su sonrisa en alto. El rubio le sonrió, vistiéndose con toda la lentitud que pudo.

-Regresaré a ti... -prometió Draco, dandole un último beso a Hermione, que rápido envolvió sus brazos alrededor del cuello del rubio, intentando aplazar el momento.

-Cuídalos... tráelos a todos a casa -pidió Hermione. Draco enterró su rostro en el cabello alborotado de Hermione.

-Los traeré de vuelta, lo prometo -acordó, dejando un suave beso en el cuello de Hermione, su lugar favorito del mundo. Justo ahí podía sentir el latir del corazón de ella. Se quedaron abrazados un largo rato, hasta que ya no podían aplazarlo más.

Draco se alejo, reticente.

Salió por la puerta, cerrándola detrás de si y sin darle un último vistazo a la chica, pues temía soltar todo el dolor que empezaba a acumularse dentro de él. Se recargó contra la puerta hasta que escuchó los sollozos de Hermione atravesar a puerta, cerró con fuerza los ojos; necesitaba ser fuerte si quería regresar a ella. Soltó la manija y bajo por las viejas escaleras que Theo se había esforzado en reparar, con cada paso que daba sentía su corazón romperse, sentía el miedo apresarle la garganta.

Una vez llegó abajo, todos lo esperaban con miradas asustadas. Draco sonrió, o lo intento, soltó un largo suspiro.

-Debemos irnos...

-Podemos irnos al mundo muggle, nadie nos buscará ahí -dijo Blaise, temblando de pies a cabeza. Draco negó con la cabeza- Vamos, Draco... ambos sabemos que si matas a Dumbledore tendrás a todo el Wizengamot detrás de ti, te enviaran a Azkaban y te darán el beso del dementor... -la voz de Blaise se rompió, las lágrimas se precipitaron con fuerza y se escurrieron por sus mejillas.

-Blaise... -los brazos del moreno se envolvieron alrededor del rubio, sollozando sin parar.

-Tengo miedo... -admitió con voz rota. Draco se mordió el labio, sintiendo otra vez el nudo en la garganta. Theo giró el rostro, Pansy cerró con fuerza los ojos, Vincent miró a sus pies y Gregory se abrazó a si mismo, cada uno intentando detener sus propias lágrimas.

-Todos lo tenemos... -le recordó Draco, regresandole el abrazo a Blaise- Siento dejarte al mando, Blaise... pero tú eres el más fuerte de todos nosotros, lo sabes... -Blaise negó, aferrándose con más fuerza. Draco tragó duro- Será rápido, ni siquiera te darás cuenta que nos fuimos, en menos de lo que crees estaremos todos juntos, jugando un partido de quidditch... -Blaise rió entre sollozos, soltó a Draco, y sorbió un par de veces.

-Tengan cuidado... -Draco asintió, regalandole un sonrisa temblorosa y revolviendo su cabello.

-Cuídalos... -ahora fue el turno de Blaise de asentir. Draco le dio un asentimiento a Gregory, que trataba de retener las lágrimas. Le dio una última mirada a Blaise y se introdujo en el oscuro túnel que lo llevaría de vuelta a Hogwarts. Una vez la oscuridad envolvió su espalda, Theo fue detrás de él sin poder despedirse de su hermana y amigos con miedo de arrepentirse y no seguir al rubio, Vincent tomó la mano de Pansy y juntos cruzaron la tenebrosa oscuridad.

Un gélido silencio acompañó los sollozos de Blaise.

-Ya noté que se fueron... -susurró, dándose la vuelta y caminando con calma hacia las escaleras, se sentía como un preso a punto de recibir el beso del dementor. Sabía que Hermione estaba igual de devastada que él, temía ser él quien diera la cara de ese día en adelante. No se giro para saber que Gregory lo seguía ya que podía escuchar sus pesadas pisadas detrás suyo.

Su mano tembló al envolverse alrededor de la manija, abriendo la puerta de su guarida. Hermione lloraba acurrucada en el sofá, llevaba su uniforme de Slytherin completamente arrugado, y se tapaba los labios con ambas manos, intentando acallar los sollozos ya que sus lágrimas se escurrían sin cuidado alguno por sus mejillas, humedeciendo sus risos alborotados y pegándolos a su rostro.. Gregory se rompió en ese momento, camino a trompincones hacia Hermione, como un niño que busca a su madre después de un sueño horrible. Se arrodillo ante la castaña, se aferró con fuerza a sus piernas, enterrando su rostro en su regazo y llorando como el día que perdió a su madre pues ahora perdía a la mitad de su familia.

-¡Oh, Greg! -sollozó Hermione, tratando de limpiar su rostro y acariciando el cabello de Gregory, que se sacudía por los sollozos. Alzó la mirada, encontrándose con el rostro lloroso de Blaise que parecía tan perdido como Gregory... tan perdido como ella, un nuevo nudo se formo en la garganta de Hermione, que estiró el brazo esperando a que Blaise le tomara la mano.

Los suaves sollozos de Blaise se volvieron berreos, casi como los de un recién nacido, parecía tan asustado como aquel día cuando había matado a Greyback. Blaise casi corrió hacia ella, dejándose caer a su lado en el sofá y enterrando su rostro contra el cuello de la castaña, aferrándose con fuerza a su cintura, como si quisiera esconderse del mundo entero y desaparecer... parecía haber tenido una pesadilla. Pero la verdad es que esa era la realidad y no había una madre que los despertara para alejarlos de los monstruos...

Los tres lloraron la perdida de sus amigos... de sus hermanos.


Torre de Astronomía.

Luna llena.

1:00 a.m

-¿Listos? -preguntó Draco, recibiendo asentimientos temblorosos de sus amigos, que se aferraban con fuerza a sus varitas. Draco exhaló con fuerza y apuntó el cielo cubierto de estrellas, ese mismo que había visto desde la ventana de la Casa de los Gritos- ¡Morsmordre!

-¡MOSRMORDRE! -los destellos verdes volaron en el aire, formando poco a poco la Marca Tenebrosa. Un reluciente cráneo verde con lengua de serpiente se burlaba en sus rostros.

Se habían topado con varios miembros de la orden del fénix en el camino y unos cuantos aurores, el viejo se había preparado. Gracias al Mapa del Merodeador pudieron esquivar a los mortífagos que ya habían ingresado en el castillo, se aplicaron encantamientos desilucionadores sobre si mismos para no ser vistos por los magos, pasaron justo enfrente de las narices de la orden y ninguno se dio cuenta.

Esperaron unos minutos, ocultos entre las sombras, temblando de expectación y miedo. Los mortífagos subirían en corto,esperaban con todo su ser que fueran detenidos por los miembros de la orden, aunque ellos siendo unos críos de dieciséis años habían logrado pasarlos sin lanzar un solo maleficio. Al pasar los minutos escucharon las voces de Dumbledore y Potter dentro de la torre... sus respiraciones temblorosas se silenciaron y esperaron la señal de Dumbledore para poder entrar.

-¿Qué significa esto? -escucharon la voz de Potter amortiguada. Draco soltó el aire, aferrándose con fuerza a su varita- ¿Es una Marca Tenebrosa de verdad? Profesor, ¿es cierto que han...?

-Ve a despertar a Severus -la voz de Dumbledore era baja y clara- Cuéntale lo que ha pasado y tráelo aquí. No hagas nada más, no hables con nadie más y no te quites la capa. Te espero aquí.

-Esperen a fuera -la orden mental de Draco hizo que Theo, Vincent y Pansy se tensaran en sus lugares, habían olvidado alzar sus barreras mentales, estaban tan concentrados en llegar a Dumbledore que no repararon en nada más.

-Pero...

-Juraste obedecerme, Harry. ¡Márchate! -esa era la señal. Escuchó los pasos de Potter y avanzó tres pasos, procurando hacer todo el ruido posible. Esperó un segundo y abrió la puerta con un Aberto no verbal, e irrumpió gritando:

-¡Expelliarmus! -vio en cámara lenta como la varita de Dumbledore saltaba de su mano y describía un arco por encima del borde del parapeto, con el suave resplandor verdoso como fondo. Draco sabía que Dumbledore había inmovilizado a Potter, a simple vista pareciendo que gracias a ello no había logrado defenderse pero Draco no era estúpido, él mismo podía invocar un Petrificus Totalos no verbal y un Protego al mismo tiempo, Dumbledore estaba interpretando su papel, como él debía interpretar el suyo.

-Buenas noches, Draco.

Draco avanzó unos pasos, fingiendo comprobar que Dumbledore estaba solo. Sus ojos se posaron en ambas escobas, una al lado de otra.

-¿Hay alguien más aquí?

-Yo también podría hacerte esa pregunta. ¿O has venido solo?

Draco volvió a centrar la mirada en Dumbledore, aunque ya había reparado en la figura de Potter, parecía como una mancha borrosa si uno se fijaba con atención.

-No. No estoy solo. Por si no lo sabía, esta noche hay mortífagos en su colegio.

-Vaya, vaya -repuso Dumbledore como si le estuvieran presentando un ambicioso trabajo escolar-. Muy astuto. Has encontrado una forma de introducirlos, ¿no?

-Sí -respondió Draco, viendo el halo verdoso en la figura de Dumbledore- En sus propias narices, viejo... y usted no se ha enterado de nada -se mofó, sin bajar ni un segundo su brazo. Sabía que Dumbledore no intentaría nada pero ambos debían aparentar para Potter.

-Muy ingenioso. Sin embargo... Perdóname, pero... ¿dónde están? No veo que traigas refuerzos.

-No los necesito, tengo los míos propios... -con pasos presurosos: Theo, Pansy y Vincent aparecieron a sus lados, apuntando a Dumbledore con sus varitas, mirándolo fijamente- Tengo un trabajo que hacer...

-En ese caso, debes hacerlo, muchacho.

Guardaron silencio, podía escuchar las pesadas respiraciones de sus amigos... aún podía escuchar los sollozos de Hermione, justo en ese momento Dumbledore sonrió.

-Draco, Draco... tú no eres ningún asesino.

-Usted no sabe de lo que soy capaz -miró de soslayo a sus amigos, cada uno resplandecía gracias a la luz verdosa de la Marca Tenebrosa que habían convocado-, ¡ni sabe lo que ya he hecho! -siseo, tratando de parecer más fuerte de lo que se sentía.

-Sí, sí lo sé -repuso Dumbledore con suavidad- Estuviste a punto de matar a Katie Bell y a Ronald Weasley y llevas todo el curso intentando matarme; ya no sabías que hacer. Perdóname, Draco, pero han sido unas pobres tentativas -Dumbledore trataba de hacerlo parecer un niño indefenso, eso lo enfureció. El viejo quería que lo matara y decía estupideces sin sentido- Tan pobres, a decir verdad, que me pregunto si realmente ponías interés en ello...

-¡Claro que ponía interés! -escupió Draco, su mirada volviéndose gélida- Pero usted no tenía a una inmunda sangre sucia pisandole los talones todo el tiempo... -un grito amortiguado procedente del castillo hizo que Draco se tensara.

-Hay alguien que está defendiéndose con uñas y dientes -observó Dumbledore con tono despreocupado- Pero dices... ah, sí, que tenías a cierta chica pisándote los talones, vigilandote todo el tiempo...

Draco pareció no oírlo, ya que miraba detrás suyo, ¿Hermione seguía en la casa de los gritos?

-¡Draco! -siseo Theo, mirandolo de reojo. Draco suspiró y volteo de nuevo a Dumbledore.

-¿Decía? -preguntó con el mismo tono despreocupado de Dumbledore. El viejo sonrió.

-Me preguntaba, ¿como has logrado introducirlos al castillo?

-Tuve que arreglar el armario evanescente roto que nadie utilizaba desde hacía años. Ese en el que el año pasado se perdió Pucey... -Theo lo miró confundido, se había adjudicado todo el logro de reparar el armario... se había echado la culpa.

-¡Ahhh! -la exclamación de Dumbledore fue casi un quejido. Cerró los ojos un momento y dijo-: Muy inteligente... Supongo que debe tener una pareja, ¿no?

-El otro está en Borgin y Burkes -reveló Draco- y entre ellos se forma una especie de pasadizo. Adrian Pucey me contó que cuando los gemelos Weasley lo metieron en el de Hogwarts, quedó atrapado como en un limbo, pero algunas veces oía lo que estaba pasando en el colegio y otras lo que ocurría en la tienda, como si el armario viajara entre los dos sitios, aunque él no lograba hacerse oír por nadie... puede que después le haya lanzado un Oblivate para que no recordara habérmelo contado -admitió Draco, aunque esto último fue con el permiso de Adrian, cuando Hermione le había explicado que era por seguridad suya- Fue ahí cuando comprendí que mediante esos armarios podría lograr introducir a los mortífagos...

-¡Vaya astucias! Y así es como han venido los mortífagos para ayudarte, desde Borgin y Burkes...

-¡Basta de habladurías! -siseo Theo, avanzando dos pasos. Su duro semblante se tambaleo un poco cuando Dumbledore pareció resbalar un poco por el parapeto, como si las piernas ya no pudieran sostenerlo en pie.

-Todo este tiempo supe que eras tú, Draco... aunque llegué a creer que la señorita Granger te ayudaba en tus planes.

-Granger es tan estúpida como cualquier chica enamoradiza -se mofó Pansy- Ha estado enamorada de Draco desde que tengo memoria, con un poco de esfuerzo, Granger quedo fuera de línea...

-Entonces, ¿por qué no me lo impidió? -preguntó Draco, fingiendo estar interesado en la charla e ignorando a Pansy, la sola mención de Hermione hacia que su corazón se estrujara.

-Lo intenté, Draco. El profesor Snape tenía órdenes de vigilarte.

-Snape no obedecía sus órdenes. Le juró a mi madre...

-Sí, claro, eso fue lo que te dijo a ti, pero...

-¿No se da cuenta, viejo estúpido, de que Snape es un espía doble? ¡No trabaja para usted, como usted cree!

-En este punto es lógico que discrepemos, Draco. Resulta que yo confío en el profesor Snape.

-¡Si confía en él es que está perdiendo la chaveta!

-¡Sólo acabemos con esto y ya! -exclamó Vincent, dando dos pasos- ¡Nos esta haciendo perder el tiempo!

-Crabble tiene razón; Granger, Zabini y Goyle pronto reaccionaran e irán por ayuda -les recordó Theo, empezando a temblar.

-Entonces nos queda poco tiempo -dijo Dumbledore- Es hora de que hablemos de nuestras opciones.

-¿Opciones? ¿Qué opciones? -gritó Pansy, idignada- Usted esta desarmado y apunto de ser despojado de todo rastro de vida...

-Hemos llegado hasta aquí -siseo Draco- Ellos pensaron que no lo lograía y en cambio logré hacerme de mi propio equipo... Somos nosotros quienes tienen las varitas... Su suerte está en nuestras manos...

-No, Draco -corrigió Dumbledore- Soy yo el que tiene tu suerte en las manos... soy yo quien puede regresarte eso que has alejado -Draco hizo una mueca, era hora de acabar con eso... Las palabras de Blaise lo golpearon con fuerza, recibiría el beso del dementor mil veces si con eso Hermione y los demás estaban a salvo. Él había ido por ayuda con el viejo, y solo logró una confesión firmada para el resto de sus amigos y la libertad de Hermione... al principio estaba molesto... ahora le bastaba.

En ese momento se oyeron unos pasos que subían atropelladamente la escalera, y un segundo más cuatro personas ataviadas con túnicas negras irrumpieron por la puerta de la azotea y apartaron a Theo, Pansy y Vincent de en medio.

Rebastan Lestrange miró alrededor, soltando risitas espasmódicas.

-¡Ha acorralado a Dumbledore! -exclamó Amycus y se volvió a su hermana- ¡Lo ha desarmado! ¡Dumbledore está solo! ¡Te felicito, Draco, te felicito!

-Buenas noches, Amycus -lo saludó Dumbledore- Veo que también has traído a Alecto, Rebastan y Rodolphus...

-¿Acaso crees que tus estúpidas bromitas te van a ayudar en tu lecho de muerte? -preguntó Alecto, sonriendo como loca.

-¿Bromitas? Esto no son bromitas, son buenos modales -replicó Dumbledore. Draco soltó una risa ronca, siendo fulminado con la mirada por la mujer.

-¿Te diviertes, Draco?

-Bastante -admitió- Pero si me disculpan, estaba en medio de algo -hizo un gesto desdeñoso como si los despachara. Ambos hermanos Carrow se dispusieron a apuntarlo con sus varitas pero Theo y Vincent fueron más rápidos, colocados a las espaldas de cada uno y enterrando sus respectivas varitas.

-Alto ahí, preciosa -sonrió Theo.

-No te muevas -siseo Vincent. Pansy apuntó con su varita a Rodolphus y con una mano a Rebastan, mirándolos con seriedad. Los cuatro mortífagos guardaron silencio.

-Bueno, si ya terminamos con las presentaciones... -murmuró Draco.

-¡Han bloqueado la escalera! ¡Reducto! ¡Reducto!

-¡Bola de imbéciles! -gritó Draco, rugiendo de furia- ¡Se suponía que debían derribar a los refuerzos, no jugar a las escondidas! -ambos hermanos Carrow lo miraron encolerizados, dispuestos a atacarlo pero Theo y Vincent, una casi tan alto como ellos y el otro una montaña de puro musculo, apresaron sus gargantas con sus brazos y enterraron sus varitas en sus cuellos.

-Tch, tch, bonita -siseo Theo con una sonrisa sádica, identica a la de Blaise- No quieres meterte en problemas con nosotros.

-Entonces hazlo de una vez y vamonos -espetó Rebastan temblando de emoción, sin apartar su mirada de Pansy, quien tratando de balancear las cosas a su favor, había lanzado un un Confundo no verbal a Rodolphus. El hombre tambaleo y se tomó de parapeto, tratando de estabilizarse.

-No me des ordenes -siseo Draco, posando su mirada en Dumbledore. Ese era el fin, ahora verdaderamente no había vuelta atrás, hubiera preferido quedarse con Hermione, fuera de todo eso...- Lo siento, viejo... -dijo Draco, aunque la pura verdad solo quería gritarle por su falta de palabra, al final lo dejó solo en el nido de serpientes. Levantó su varita, que sin querer había bajado y apuntó a Dumbledore, que le sonreía tranquilo- ¡Avada...! -pero en ese preciso instante la puerta de la azotea se abrió una vez más y apareció Snape, varita en mano; recorrió la escena con sus negros ojos paseando la mirada desde Dumbledore, desplomado contra el parapeto, hasta el grupo formado por los cuatro mortífagos, dos de ellos retenidos por dos de sus alumnos, un mortífago confundido y Rebastan mirando fijamente a Pansy y por último, poso su mirada en Draco, a quien había interrumpido.

-Tenemos un problema, Snape -dijo Amycus con voz ronca, pues Vincent casi lo dejaba sin oxigeno- Los chicos se han alzado en armas...

-Severus...

Por primera vez, Dumbledore hablaba con tono suplicante.

La piel se le erizó a Draco, viendo la débil sonrisa de Dumbledore y la mirada que le daba a él antes de posarla en Snape, el alivio invadió a Draco por unos segundos.

Dumbledore le había mentido.

Snape no dijo nada, pero avanzó unos pasos y apartó con brusquedad a Draco del camino. Theo y Vincent soltaron a ambos mortífagos y corrieron hacia Draco, seguidos de cerca por Pansy, todos tan estupefactos como el rubio. Todos los mortífagos miraban intimidados al profesor de Pociones.

Snape, cuyas afiladas facciones mostraban repulsión y odio, le lanzó una mirada al anciano.

-Por favor... Severus...

Snape levantó su varita y apuntó directamente a Dumbledore.

-¡Avada Kedavra!

Un rayo de luz verde salió de la punta de la varita y golpeó al director en medio del pecho. Draco, Theo, Vincent y Pansy soltaron un grito ahogado al ver como Dumbledore saltaba por los aires. El anciano quedó suspendido una milésima de segundo bajo la reluciente Marca Tenebrosa; luego se precipitó lentamente, como un gran muñeco de trapo, cayó al otro lado de las almenas y se perdió de vista.

Un tenso silencio se propago por la torre.

-Fuera de aquí, rápido -ordenó Snape.

Agarró a Draco por la nuca y lo empujó por la puerta. Bajaron por las escaleras con rapidez.

-Gracias... -susurró Draco con voz trémula.

-No agradezcas hasta que todo esto termine -susurró Snape escuchando los encantamientos golpear por todo lados.

-¡Bombarda maxima! -gritó Vincent, apuntando hacia el techo y logrando que las rocas cayeran sobre una bola de aurores que no lograron moverse a tiempo. Tomó del brazo a Pansy y se apresuró con rapidez detrás de Snape, con Theo como retaguardia.

Cuando salieron al pasillo encontraron a varios alumnos y profesores montando una barrera para impedir que los mortífagos pasaran. Snape tomó un atajo, siendo seguido de cerca por los tres Slytherin ya que no había soltado a Draco en ningún momento.

Se toparon de frente con Ronald Weasley y Neville Longbottom que miraban sorprendidos a los Slytherin.

-¡Profesor Snape!

-¡Confundo!

-¡Desmaius!

Ambos hechizos, limpios, impactaron contra los dos Gryffindor. Weasley cayó al suelo inconsciente y Neville trastabillo hasta caer sentado, mirando confundido por el hechizo a los cinco Slytherin que no se detuvieron en ningún momento. Lograron salir del castillo sin mucho esfuerzo.

Corrieron por el prado de Hogwarts.

-¡Desmaius! -Theo lanzó un Protego no verbal, Potter los había alcanzado.

-Váyanse, ahora -siseo Snape, empujando a Draco. Los cuatro Slytherin corrieron todo lo que sus piernas les dejaban pero terminaron derrapando al encontrarse con Luna Lovegood, Ginevra Weasley, Susan Bones, Hannah Abott, Cho Chang, Dean Thomas y Seamus Finnigan, acompañadas de Hagrid que portaba una vallesta. Todas parecían haber salido de una batalla, pues llevaban la ropa hecha girones.

-¡Están atacando la escuela! ¿Donde estaban? -exclamó Ginevra con enojo.

-¡Impedimenta!

-¡Protego! -Ginevra y Luna se voltearon, dispuestas a atacar a quien había lanzado hechizos hacia los cuatro Slytherin cuando se encontraron con Blaise Zabini, Hermione Granger y Gregory Goyle, todos llenos de tierra, sin corbatas y con manchas de sangre en sus camisas.

-¿Granger? -preguntó Finnigan.

-¡Desmaius! -el encantamiento salió de la varita de Hermione pero fue repelido con maestría por Draco.

-¡Diffindo!

-¡Confringo! -Theo rechazó el encantamiento de Blaise en seguida, haciendo que un pequeño espacio de tierra volara al lado suyo. Los siete Slytherin se atacaban con maestría ante las atentas miradas de Lovegood, Weasley, Bones, Abbott, Chang, Thomas, Finnigan y Hagrid que parecían no entender nada.

-¡Avada Kedavra! -un grito salió de la garganta de Cho al ver como Hermione esquivaba por los pelos la maldición asesina.

-¡Mejora tu puntería, Nott! -escupió Hermione- ¡Crucio!

-¡Reducto!

-¡Fulgari! -las cuerdas se envolvieron alrededor de Blaise, empezando a ahorcarlo.

-¡Blaise! -gritó Hermione.

-¡Fuego Malgino! -Gregory y Hermione se tiraron al suelo, viendo la gran serpiente de fuego salir de la varita de Draco y pasar por encima de ellos, golpeando la cabaña de Hagrid- ¡Vamonos! -la orden salió amortiguada debido al ruido de la cabaña al crujir bajo el fuego maligno. Pansy, Theo, Vincent y Draco se transformaron en niebla negra antes de surcar los aires.

-¡Blaise! -volvió a gritar Hermione, corriendo hacia el moreno que con cada segundo parecía más azul debido a la falta de oxigeno, lo apuntó con su varita- ¡Finite! -Blaise soltó una gran bocanada de aire, tomándose la garganta y tosiendo con fuerza- ¡Gregory, detén el fuego! -Gregory corrió hacia la cabaña, que empezaba a contagiar el bosque prohibido.

-Hijo de puta -siseo Blaise, tratando de enderezarse. Hermione se colocó detrás de él, haciendo que el moreno recargara su espalda contra el pecho de Hermione.

-¿Estas bien?

-Vivo -contestó Blaise, fulminando con la mirada a los alumnos que aún lo veían, pues Hagrid había corrido hacia Gregory, haciendo de espectador y soltando órdenes para que extinguiera el fuego- ¡No gracias a ustedes, imbéciles! ¡Casi nos matan! -les gritó, furioso- ¡Se supone que son miembros del ED! ¿¡Qué mierda hacían ahí parados!? -empezó a toser con más fuerza. Hermione empezó a golpearle la espalda.

-¿Por qué... por qué los atacaron? -preguntó Susan completamente confundida y aterrada.

-Porque son mortífagos -siseo Hermione, invocando un chorro de agua de su varita y una copa en la otra, llenó la copa y se la dio de tomar a Blaise, el agua se escurría por las comisuras de sus labios, mojando su camisa desgarrada.

-Son sus amigos.

-Son los enemigos -espetó Gregory, quien ya había extinguido el fuego.

-Goyle tiene razón -dijo Potter, que apareció de la nada. Hermione miró alrededor, ya no había ni un solo mortífago en el patio- Snape... él y Malfoy... ellos han...

-¿Ellos han qué, Potter? -escupió Blaise, tratando de pararse.

-Snape ha matado a Dumbledore... -el silencio se hizo en el patio, ni sonidos ahogados salieron de los labios de los miembros de la ED. Todos parecían no creer las palabras de Potter.

-¿¡Y los has dejado ir!? -gritó Blaise, logrando ponerse de pie- ¡Han matado a Dumbledore y los has dejado ir!

-¡Ustedes dejaron escapar a Malfoy y sus alimañas! -gritó Potter de vuelta.

-¡Me lanzaron una cuerda maligna, casi matan a Hermione y pretendían quemar a Greg con Fuego Malgino! ¡Mientras tus seguidores veían como nos daban una paliza! -le espetó Blaise, su pecho subía y bajaba con fuerza.

-No es momento de empezar una pelea... -dijo Hermione, temblando- Vamos dentro del castillo, necesitamos organizarnos...

Nadie dijo nada, inclusive Hagrid parecía en estado de shock. Mientras dirigían sus pasos hacia el castillo, Hermione observó que se habían iluminado muchas ventanas y no le costó imaginar las escenas que estarían desarrollándose dentro del edificio: la gente yendo y viniendo de una habitación a otra, contándose unos a otros que habían entrado mortífagos en el colegio, que la Marca Tenebrosa brillaba sobre Hogwarts, que debían de haber matado a alguien... justo como Blaise, Gregory y ella habían hecho.

-Hicimos lo que teníamos que hacer -le recordó Blaise, tomándola de la mano. Al salir del Sauce Boxeador se encontraron con tres mortífagos, tres mortífagos que no habían tenido oportunidad alguna... ellos habían lanzado tres encantamientos oscuros: Avada Kedravra, Confringo y Sectumsempra sin reparar en las consecuencias, eran ellos o los mortífagos y Hermione prefería seguir viva hasta el final de la guerra.

Las puertas de roble de la entrada estaban abiertas y la luz del interior iluminaba el sendero y la extensión de césped. Poco a poco, con vacilación, empezaron a salir los profesores y alumnos en pijama; bajaron los escalones y miraron alrededor, nerviosos, en busca de alguna señal de los mortífagos que habían huido en plena noche. Sin embargo, los ojos de Hermione estaban fijos en el pie de la torre más alta. Le pareció distinguir un bulto negro acurrucado sobre la hierba, aunque en realidad estaban demasiado lejos para ver nada. Pero mientras contemplaba el sitio donde calculaba que debía yacer el cadáver de Dumbledore, reparó en que la gente empezaba a dirigirse hacia allí.

-¿Qué miran? -escuchó preguntar a Hagrid- ¿Qué es eso que hay en la hierba? -añadió de repente.

Se abrieron paso como sonámbulos entre los murmullos de la muchedumbre hasta la primera fila, donde los estupefactos estudiantes y profesores habían dejado un hueco. Hermione se estremeció, haciéndose a un lado y dejando pasar a Potter, que, ignorando al resto de la muchedumbre, se acercó al cadáver de Dumbledore.

Dumbledore tenía los ojos cerrados, y por la curiosa posición en que le habían quedado los brazos y piernas podía parecer que estaba dormido. Vio a Potter alargar un brazo, enderezandole las gafas de media luna sobre la torcida nariz y le limpió con la manga de su propia túnica un hilo de sangre que se le escapaba por la boca.

-¿Que fue lo que dijo Potter? -preguntó Hermione en voz baja, viendo como el Elegido tomaba el guardapelo de Salazar Slytherin entre sus dedos.

-¿Qué cosa? -preguntó Blaise, blanco como la nieve.

-¿Quien dijo que mató a Dumbledore? -preguntó en voz baja.

-Snape... -respondió Gregory. Hermione fue la primera en llorar en ese momento, aunque muchos creían que los sollozos que soltó la castaña eran debido al cuerpo inerte de Dumbledore sobre la tierra, no era más que sollozos de alivio...

Draco no había matado a Dumbledore.


Okey, ahora si nos lleva el diablo: tengo diez por ciento de batería.

Como ya saben, he tomado partes de "Harry Potter y el misterio del Príncipe Mestizo" (algo que se me olvido mencionar en el capítulo anterior).

Fue largo, exhausto y doloroso pero espero que les haya gustado.

Aún no estoy segura si estamos llegando al final de la recta pero creo que llegaremos muy pronto. No se olviden de dejarme sus Review, esta vez prometo responderle a todos (saben que aún no capto muy bien eso de regresar el mensaje).

Los quiero mucho, nos vemos la próxima.

No me maten.