¡Días sin leernos! Bueno, yo a ustedes sí porque siempre leo cada uno de sus Review, hay veces que hasta dos veces.

Bueno, me surgió un problema (de los gordos). Verán, yo no tengo computadora ni laptop donde escribir mis historias pero mi hermana me ha prestado su laptop desde el inicio y de ahí es donde publicó los capitulos.

El problema aquí es... que estaba escribiendo este capítulo (que se va a dividir en dos así que será doble actualización, nada más que la segunda parte la subo en la tarde noche) y la laptop se quedó sin pila. Total, busque el cargador y me lleve el susto de mi vida ¡La pitbull de mi mamá (una cría de dos meses) destruyó el cargador de la laptop! Y no he podido ir a comprar otro.

¡Fue desastroso!

Así que tuve que volver a usar mi IPad pero no es lo mismo y al final, como no sé en que formato lo escribí, tuve que volver a pasarlo a mi celular y de aquí es donde estoy publicando.

Eso se concluye que por el momento sólo podré contestar sus Review, ya sea por mensaje (si aprendo a hacerlo) a los que tienen un perfil. Pero no duden que realmente leo todo lo que me comentan y estoy agradecida de que amen está historia tanto como yo.

Siento no poder contestarlos por el momento, pero cuando tenga la oportunidad de comprar un nuevo cargador (Porque para mí es muy difícil escribir los caps en el celular) volveré a contestar sus Review en los capitulos.

Los personajes no me pertenesen, son de J.K Rowling.

La idea no es mía pero lo trama sí.

Gracias a todos aquellos que están empezando está travesía con los aquí ya presentes.

¡Los amo!


Julio, 30. 1997

Kennington, Londres muggle.

Al sur del río Támesis.

Hermione introducía las plumas de Jobberknoll en la poción desmemorizante ajena a su alrededor, sin reparar en la presencia de cierto Slytherin que se introdujo al cuarto con sigilo. Siguió moviendo la poción en contra de las manecillas del reloj.

El Slytherin vio como removía la poción por sobre la cabeza de la chica, que resultaba ser más baja que él.

-¿Ya has terminado? -preguntó al oído de la chica, que sin inmutarse, vio como las plumas del Jobberknoll se desintegraban en la poción azul que empezaba a burbujear a pesar de la baja temperatura de la flema.

-No -contestó llanamente, escuchando el escuálido suspiro del chico que golpeó con ligereza su oído.

-¿Qué piensas? -preguntó después de un breve momento, pues él mismo se había perdido en sus recuerdos.

-En Greg.

-Demonios, ¿quieres ponerme celoso? -indagó, fingiéndose ofendido. Hermione rodó los ojos, con una sonrisa tirando de su boca.

-Imposible -dijo con demasiado énfasis- El gigoló de Hogwarts no puede sentirse ofendido... Es como si Gryffindor ganara la Copa de las Casas sin romper las reglas.

-¡Oye! -gritó, llevándose una mano al pecho y retrocediendo dos pasos, ganándose una mirada de soslayo de su mejor amiga, con sus orbes castaños brillando de alegría- ¡A mí nunca me pagaron por mis servicios! Aunque puedo decirte que las deje completamente satisfechas -eso ultimo lo dijo en voz baja, como si contara un gran secreto. Hermione negó, riendo.

-Vaya, el gran Zabini hablando de sus conquistas... me siento honrada... -chasqueo la lengua- Olvídalo... creo que el término adecuado es: ofendida.

-Auch -se quejó Blaise- Deberías estar halagada que un caballero como yo te cuente sus proezas sexuales -rectifico. Hermione puso los ojos en blanco antes de posarlos de nuevo en la poción.

-El corazón de Greg es demasiado puro para la vida que nos toco -murmuro Hermione, perdiendo todo rastro de calidez- El de todos ustedes...

-Greg piensa que puede salvarnos si reza a los Dioses muggles -dijo Blaise con un suspiro, ignorando deliberadamente lo que Hermione acababa de decir. Él hace mucho había perdido su corazón puro... ahora no era más que la sombra de lo que fue... sobreviviendo en una guerra que no es suya, peleando por un bando que lo desprecia... Deseando vivir de verdad- Tal vez teme por nuestras almas... después de que los dementores nos den el beso...

-Eso no pasará -corto Hermione, tensando los hombros- Ninguno terminara en Azkaban... Dumbledore nos lo prometió...

-Yo te recuerdo que está muerto -siseo Blaise, cruzándose de brazos.

-Y yo te recuerdo que aún tenemos un Horrocrux en nuestro poder... si es necesario amenazad a Potter lo haré -espetó la castaña- No lo dudes.

Blaise soltó un largo suspiro.

-Mañana llevaremos a la última familia de Slytherin fuera de Londres... después de eso tenemos que borrarnos las memorias...

-Dime algo nuevo...

-Quiero que cuando me borres la memoria... borres todo rastro de Ginevra Weasley de mi cabeza.


Julio, 31. 1997

La Madriguera.

-¿Estás bien, Harry? -preguntó James Potter a su hijo en voz baja, viendo de reojo como su mejor amigo, Sirius Black, platicaba ameno con Ron Weasley y Neville Longbottom. Su hijo, sentado a un lado suyo, asintió.

-No es nada, papá -aseguró, frotándose con fuerza la cicatriz, que no paraba de arder- Es solo que Voldemort parece... furioso...

-¿Tiene algo que ver con la misión secreta que te dejo? ¿O el tal Gregorovitch? -preguntó con un toque de rencor. Desde la muerte de Albus Dumbledore, a manos de los traidor de Severus Snape, su hijo se había encerrado en su cuarto sin una segunda mirada a su padre. Habían pasado varios días hasta que Harry había decidido salir de la sombras, pero lo único que le había dicho era que necesitaba hablar con Ron y Neville, sus mejores amigos.

Hace justo más de una semana que se alojaban en La Madriguera junto a Sirius y Neville, que había llegado por Red Flu desde la casa de su abuela. Junto a Canuto, James había descubierto (a escondidas, claro está) que Dumbledore le había dejado una misión ultra secreta a Harry, quien había decidido contárselo a sus mejores amigo, pero no a su padre.

-No -Harry hizo una mueca, incomodo por no poder contarle la verdad a su padre, pero el profesor Dumbledore le había pedido no contárselo a nadie más que a sus amigos- Por lo visto alguien ha estado ayudando a los... -cayó cuando vio entrar a Susan Bones junto a Ginny a la pequeña sala, haciendo que su corazón se estrujara. Ginny pareció no reparar en él, mientras Susan (quien había decidido quedarse con la familia Weasley en vez de marchar con su madre) le dedicaba una sonrisa. Esa mañana, ambas chicas, lo habían felicitado por su cumpleaños... pero Ginny no había vuelto a hablarle desde entonces...

-¿Harry? -James giró hacia dónde los ojos de su hijo apuntaban, encontrándose con la menor de la familia Weasley. Sabía que su hijo y Ginny habían terminado, pues él estaba presente cuando la carta de la pelirroja llegó a Harry, que se había sumido en tristeza al leerla.

-No es nada -negó su hijo, sumiéndose otra vez en sus pensamientos antes de volver a llevar, inconsciente, su mano a la dichosa cicatriz.

La llegada de Charlie Weasley supuso un gran alivio para Harry; al menos lo distrajo ver cómo la señora Weasley lo abrigaba a sentarse en una silla, cómo levantaba admonitoriamente su varita mágica y anunciaba que se disponía a hacerle un corte de pelo apropiado a su hijo.

Como en la cocina de La Madriguera no había espacio suficiente para celebrar la cena de completamos de Harry -y aún faltaban por llegar Lupin, Tonks, Vanity y Hagrid-, juntaron varias mesas en el jardín. Fred y George hechizaron unos farolillos morados, todos con un gran diecisiete estampado, y los suspendieron sobre las mesas.

Sirius hizo aparecer unas serpientes doradas de la punta de su varita mágica y las colgó con mucho arte encima de árboles y arbustos mientras su padre teñía de dorado las hojas del Manzano silvestre.

-¡Apártense, apártense! -vociferó la señora Weasley, y entró por la verja con una snitch del tamaño de una pelota de playa flotando delante de ella.

Segundos más tarde, Harry comprendió que la snitch era su pastel de cumpleaños, y que la señora Weasley la hacía flotar con la varita mágica para no arriesgarse a llevarla con las manos por aquel terreno irregular. Cuando el pastel se hubo posado por fin en medio de la mesa, Harry exclamó:

-¡Es increíble señora Weasley!

-Bah, no es nada, cielo -repuso ella con cariño. Ron asomó la cabeza por detrás de su madre, le hizo una seña de aprobación con el pulgar a Harry y articuló con los labios: ¡Bien!

A las siete en punto ya habían llegado todos los invitados; Fred y George fueron a separarlos al final del camino y los acompañaron a la casa. Para tan señalada ocasión, Hagrid se había puesto su mejor traje -marrón, peludo y horrible-. Lupin sonrió al abrazarlo, pero Harry le pareció que no se veía muy contento, su padre y padrino que parecieron darse cuenta, lo arrastraron lejos antes de acribillarlo con preguntas. Tonks estaba radiante y Emma parecía un poco... triste, lo cual alarmó a Harry.

-¡Feliz cumpleaños, Harry! -lo felicito la bruja abrazándolo con fuerza, justo antes de que Emma repitiera el abrazo.

-Felicidades, Harry -sonrío la ex Slytherin, en la cual antes Harry no confiaba.

-Gracias Tonks, Emma -sonrío antes de posar sus orbes verdes en Emma- ¿Todo bien? ¿Mi tía y Dudley?

-Estab bien -contestó la aurora en seguida, dándole una sonrisa tranquilizadora al muchacho- Ojoloco y Shacklebolt fueron los encargados de ocultarlos... no pasa nada -aseguró, pero aún podía ver la mirada de tristeza de la Slytherin.

-Diecisiete, ¿eh? -interrumpió Hagrid mientras tomaba la copa de vino, del tamaño de un balde, que le ofrecía Fred-. Ya han pasado seis años desde el día que nos conocimos, ¿te acuerdas, Harry?

-Vagamente -sonrío, recordando lo feliz que estuvo al recibir su carta de Hogwarts y saber que no vería más tiempo a su padre del necesario.

-Ron, Neville, ¿va todo bien?

-Muy bien, Hagrid -respondió Neville-. Y tú, ¿cómo estás?

-No puedo quejarme. Un poco atareado, porque tengo unos unicornios recién nacidos; ya les mostraré cuando vuelvan -Harry evitó la mirada de sus dos amigos mientras Hagrid rebuscaba en un bolsillo-. Toma, Harry. No sabía qué regalarte, pero entonces me acordé de esto -sacó un monedero ligeramente peludo que se cerraba de un largo cordón que también servía para colgárselo del cuello-. Es de piel de moke. Esconde lo que quieras dentro, porque solo puede sacarlo su propietario. No se ven muchos, la verdad.

-¡Gracias, Hagrid!

-De nada, de nada -replicó el hombretón haciendo un ademán con una mano tan grande como la tapa de un cubo de basura- ¡Mira, así está Charlie! Siempre me cayó bien ese chico. ¡Eh, Charlie!

El aludido se acercó, compungido, pasándose una mano por la recién rapada de cabeza. Era más bajo que Ron, más fornido, y tenía los musculosos brazos cubiertos de arañazos y quemaduras.

-Hola, Hagrid. ¿Qué tal?

Ambos hombres entablaron una charla mientras Harry se retiraba junto a Ron y Neville a un lugar de la mesa, un poco apartado del resto.

-Has estado todo el día tocando la cicatriz -dijo Ron antes de que Harry hablara- ¿Otra vez Quién-tú-sabes? -Harry asintió, serio.

-Esta molesto... demasiado -admitió, viendo cómo ambos chicos sufrían un escalofrío, nadie quería ser el receptor de la furia del mago tenebroso.

-¿Por qué? -preguntó Neville, nervioso.

-Por lo visto los Slytherin lo traicionaron -ambos chicos miraron asombrados e incrédulos al Elegido, que asintió, igual de asombrado- Hoy descubrí, por medio de Voldemort, que hay alguien que está ayudando a escapar a los Slytherin del país... solo quedan las familias de mortífagos y una que otra familia sangre pura... la mayoría a huido.

-¡Menudos cobardes! -farfulló Ron, molesto- ¡Nosotros jugándonos el pellejo para salvarlos y ellos corren como ratas con la cola entre las patas! -Harry y Neville asintieron en acuerdo.

-No entiendes, Ron -interrumpió Susan Bones tomando por sorpresa a los tres Gryffindor, que no la oyeron llegar. Una ligera sonrisa cruzo los labios de la chica, los tres tenían caras de miedo.

-Que tú seas amiguita del troll de Goyle y pienses que puede pasar como un ser humano, no significa que nosotros también tengamos que pensarlo -se defendió el pelirrojo. Susan negó con la cabeza, un poco decepcionada por la tozudez del chico.

-Ellos no están huyendo porque quieran -dijo, tomando asiento al lado de Neville- Están huyendo porque saben que, para ellos, es lo correcto...

-Si lo correcto es huir y dejarnos a nosotros el trabajo sucio entonces...

-Es lo correcto porque ellos no son valientes como ustedes -corto Susan, con una ligera molestia- No son valientes como mi tía -su mirada se perdió en el inmenso jardín- Como la Orden... -suspiró- No tienen la osadía de un Gryffindor, o la amabilidad que tenemos los Hufflepuff para pelear una guerra en apoyo a nuestros amigos... Ni la inteligencia de los Ravenclaw para buscar una alternativa a sus problemas...

-No entiendo... -murmuro Neville.

-Ellos son astutos, no pelean por el bien ni el mal... Ellos solo quieren estar a salvo y proteger a sus familias -aclaró Susan- Se apoyan unos a otros pero están dispuestos a sacrificar a los demás en pos de salvarse ellos...

-¡Egoístas!

-Honestos -corrigió Susan- No son hipócritas y dicen todo de frente... Mienten y manipulan, pero se apoyan unos a otros cuando lo necesitan... No dejan a nadie atrás pero su irá es algo que debes temer -Ron sufrió un escalofrío al recordar aquel hechizo oscuro del año pasado- No saben quién ganará la guerra... no están seguros y no quieren verse envueltos en fango si el bando que escogen sale perdiendo... No quieren ser manipulados ni usados en un propósito que no consideran... propio.

-En pocas palabras -masculló Ron, molesto porque aquella Hufflepuff los defendiera con tanto ahínco.

-Nadie de las demás casas ayudaría a un Slytherin... -Susan los miró fervientemente- No los Ravenclaw... ni un Hufflepuff... mucho menos un Gryffindor después de tantas rivalidades -se aseguró de mirar fijamente a cada uno- Solo un Slytherin ayudaría a otro, porque los demás no confían en su honestidad... solo un Slytherin sería lo suficientemente valiente para dar su vida a cambio de las de sus amigos... Solo un Slytherin es capaz de enfrentar al mago más poderoso y tenebroso de todos los tiempos con tal de salvar a su familia... -Susan bullía en emociones encontradas, tanto tiempo pensando el por qué de los actos de los Slytherin que ahora lo entendía con claridad- Solo un Slytherin sacaría al resto del país para que Quién-ustedes-saben no gane la guerra y mate a todo nacido de muggle del mundo mágico...

-Porque eso conllevaría a que mataran a la princesa de Slytherin -dijo Neville, entendiendo con claridad- Y los Slytherin aprecian a Hermione Granger como una de ellos...

-Creo que es mejor que empecemos sin Arthur -anunció Molly interrumpiendo las charlas a su alrededor- Deben haberlo entretenido en... ¡Oh!

Todo el mundo lo vio al mismo tiempo: un rayo de luz cruzó y fue a parar sobre la mesa, donde se descompuso y formó una comadreja plateada que se sentó sobre las patas traseras y habló con la voz del señor Weasley:

-"El ministro de Magia me acompaña."

Acto seguido, el patronus se esfumó.

-No quiero que nos encuentre aquí -dijo de inmediato Lupin, alejándose de James y Sirius- Lo siento, James... Sirius, les explicaré en otro momento -Tomó a Tonks por la muñeca y se la llevó de allí, llegaron a la valla, la saltaron y en seguida se perdieron de vista. Emma, que escuchaba antes escuchaba el parloteo de Charlie Weasley y Hagrid, se escabulló del jardín, caminando con premura dentro de la casa.

-¿Qué el ministro viene...? -balbuceó la señora Weasley, desconcertada- Pero... ¿por qué? No lo entiendo.

Pero no había tiempo para conjeturas; un segundo más tarde, Arthur Weasley apareció de la nada junto a la verja, en compañía de Rufus Scrimegour, a quien fácil reconocieron por su melena entrecana. Aunque algo más tomó por sorpresa a los ahí presentes fue que Hermione Granger y Gregory Goyle acompañaban al ministro y al señor Weasley.

Los ojos de Harry no pudieron evitar recorrer a ambos Slytherin. Granger, como en los últimos dos años, ya no llevaba esa horripilante mata de cabello y su rostro se había vuelto fino, perdiendo todo rastro de niñez. Llevaba ropa muggle: blusa verde de manga larga, jeans negros y unas botas del mismo color. Aunque Harry no puedo evitar admirar su rostro, la Slytherin era hermosa (hasta él lo admitía regañadientes), pero ahora poseía ojeras y tenía gesto cansado a pesar de que parecía haber intentado cubrirlo con un poco de maquillaje.

Tal vez la traición de Malfoy la había afectado más de lo que dejaba entrever.

Goyle, al igual que su acompañante, vestía ropa muggle: suéter negro, jeans y botas del mismo color. El pegado suéter lo hacía ver más musculoso de lo que Harry en un principio había creído y una pequeña chispa de envidia lo invadió. Tenía el ceño fruncido y su cuerpo se inclinaba hacia su amiga, como si tratará de protegerla de algún tipo de mal. Su cabello iba rapado al ras como siempre.

Los recién llegados atravesaron el patio y se encaminaron hacia el jardín, donde se hallaba la mesa iluminada por los farolillos. Cuando la luz alcanzo a Scrimegour, Harry comprobó que el ministró estaba flaco, ceñudo y mucho más viejo que la última vez que se habían visto... cuando intento usarlo contra Dumbledore.

Granger, con gesto indiferente, veía el decorado del lugar y una pequeña sonrisa socarrona cruzo sus labios, haciendo que Ginny apretara con fuerza sus puños, aquella Slytherin le caía muy mal. Goyle, en cambio, desvío la mirada a Susan Bones antes de repararla en Sirius Black y James Potter, mirándolos con cierto enojo.

-Lamento esta intromisión -se disculpó Scrimegour al detenerse cojeando junto a la mesa- Y ahora que veo que me he colado en una fiesta -clavó la vista en el enorme pastel con forma de snitch y musitó-: Muchas felicidades -Granger entornó los ojos y Goyle masculló por debajo.

-Gracias -dijo Harry.

-Quiero hablar en privado contigo -añadió el ministro, ignorando como Sirius detenía a James y susurraba por debajo- Y también con Ronald Weasley y Neville Longbottom.

-¿Con nosotros? -se extrañó Ron- ¿Por qué?

-Les explicaré todo cuando estemos en un sitio menos concurrido. ¿Algún lugar para conversar a solas? -le preguntó al señor Weasley.

-Sí, por supuesto -respondió Arthur, que parecía nervioso- Pueden ir al salón.

-Condúcenos, por favor -pidió el ministro a Ron- No es necesario que nos acompañes, Arthur. Señorita Granger... Señor Goyle, vengan.

Harry advirtió que Arthur le dirigía una mirada de preocupación a su esposa cuando Ron, Neville y él se levantaron de la mesa. Y mientras guiaban en silencio a Scrimegour hacia la casa, intuyó que sus amigos estaban pensando lo mismo que él: de algún modo, el ministro debía haberse enterado de que planeaban no asistir a Hogwarts ese año. Aunque no entendía que hacían esas dos serpientes con el ministro.

Scrimegour no dijo nada, al igual que Granger y Goyle, mientras cruzaban la desordenada cocina y entraban en el salón. Aunque la débil y dorada luz del crepúsculo todavía bañaba el jardín, allí dentro ya estaba oscuro. Al entrar, Harry apuntó con su varita hacia las lámparas de aceite, que iluminaron la acogedora aunque deslucida estancia. El ministro se acomodó en la hundida butaca que solía ocupar el señor Weasley y los tres jóvenes se apretujaron en el sofá. Goyle rodó los ojos y conjuro una silla, dejando que Granger tomara asiento. Una vez que los cinco se hubieron sentado y Goyle se recargara contra la pared, Scrimegour tomó la palabra.

-Quiero hacerles unas preguntas, y creo que será mejor que lo haga individualmente. Ustedes -señaló a Harry, Neville, Granger y Goyle- pueden esperar arriba. Empezaré con Ronald.

-No pensamos ir a ninguna parte -le espetó Harry mientras Neville lo apoyaba asintiendo enérgicamente con la cabeza- Pueden interrogarnos a los tres juntos, o a ninguno.

-Usted nos trajo casi a rastras de nuestra casa -siseo Granger, cruzándose de brazos y sacudiendo su melena- Y no tenemos ninguna obligación de contestar aquellas preguntas, tómelo o déjelo...

Scrimegour le lanzó una fría mirada. Harry tuvo la impresión que el ministro trataba de decidir si valía la pena iniciar tan pronto las hostilidades.

-Está bien. Los todos a la vez, pues -concedió, y carraspeó antes de proseguir-: Como seguramente suponen, estoy aquí para habas con ustedes sobre el testamento de Albus Dumbledore -los chicos lo miraron perplejos- ¡Vaya, les he dado una sorpresa! ¿He de deducir, entonces, que no sabían que Dumbledore les ha dejado algo de herencia?

-¿A todos? -preguntó Ron- ¿A Neville y a mí también? -sus mejillas enrojecieron de repente- ¿Al igual que Granger y Goyle?

-A todos excepto al señor Goyle, pero él insistió en acompañar a la señorita Granger.

-Dumbledore murió hace más de un mes. ¿Por qué han tardado tanto en entregarnos lo que nos legó? -interrumpió Harry.

-Eso es obvio, Potter -intervino Goyle- Querían examinarlo.

-Pero no tenían ningún derecho -dijo Granger, enarcando una fina ceja al ministro.

-Tengo todo el derecho del mundo -se defendió Scrimegour con menosprecio. Goyle gruñó por debajo, tronando los nudillos y retrocedió los dos pasos que había avanzado cuando Granger le lanzó una mirada de advertencia- El Decreto para la confiscación justificable concede al ministerio poderes para incautar el contenido de un testamento...

-Esa ley se creó para impedir que los magos dejaran en herencia artilugios tenebrosos -espetó Goyle de mala gana. Harry, Neville y Ron lo vieron asombrado, como semejante troll podía saber aquello-, y el ministerio ha de tener pruebas sólidas de que las pertenencias del difunto son ilegales antes de decomisarlas. ¿Insinúa que creyó que el viejo intentaba dejarle a Hermione un objeto maldito?

-¿Tiene intención de cursar la carrera de Derecho Mágico, señor Goyle? -ironizó Scrimegour.

-Lo que Greg haga con su vida no es asunto suyo, ministro -defendió Granger.

Ron se echó a reír y Scrimegour le lanzó un vistazo rápido, pero volvió a prestar atención a Harry, que el preguntaba:

-¿Y por qué ahora ha decidido darnos lo que nos pertenece? ¿Ya no se les ocurre ningún pretexto para retenerlo?

-Han pasado los treinta y un días que marca la ley -murmuro Goyle- No es lícito detener los objetos más días, a menos que el ministerio logre demostrar que son peligrosos -Goyle sonrío disimuladamente mientras veía las ceños fruncidos de Harry, Ron y Neville.

-¿Opinas que tenías una estrecha relación con Dumbledore, Ronald? -preguntó Scrimegour, ignorando lo dicho por Goyle.

Ron se sorprendió.

-¿Yo? No... Bueno, no mucho...

-Si no tenías una relación muy estrecha con él, ¿cómo explicas que te recordara en su testamento? Hizo poquísimos legados personales, ya que la mayoría de sus posesiones (la biblioteca privada, los instrumentos mágicos y otros efectos personales) se las legó a Hogwarts. ¿Por qué crees que te eligió a ti?

-Creo que eso tampoco le incumbe a usted -dijo Granger, arrastrando las palabras con altanería y mirando con superioridad al ministro- Lo que Dumbledore haya dejado y el porque no es asunto del ministerio... -Scrimegour volvió a lanzarle una fría mirada a la Slytherin, que se la regresó con la misma intensidad sin amedrentarse.

Mascullando por debajo y evitando la mirada de la Slytherin, que sonrío con malicia; metió una mano en su capa y sacó una bolsita no mucho más grande que el monedero de Hagrid. Extrajo un rollo de pergamino y leyó en voz alta:

- "Última voluntad y testamento de Albus Percibal Wulfric Brian Dunbledore..." Sí, aquí está: "... a Ronald Bilius Weasley le lego mi desiluminador, con la esperanza de que me recuerde cuando lo utilice".

El ministro sacó de la bolsa un objeto que Harry ya conocía; era parecido a un encendedor plateado, pero poseía el poder de absorber la luz de un lugar, y el de devolverla mediante un simple clic. Inclinándose hacia delante, el ministro le entregó el desiluminador a Ron, que lo tomó y lo hizo girar entre los dedos, atónito.

-Es un objeto muy valioso -comentó Scrimegour sin dejar de observar al muchacho-, y es posible que sea único. Lo diseñó el propio Dumbledore, desde luego. ¿Por qué crees que te dejó este artículo tan exclusivo?

-Para apagar luces, supongo -musitó Ron- ¿Qué otra cosa podría hacer con él?

-Si no le importa, ministro -interrumpió Goyle, sacando a Harry de su ensimismamiento. El Slytherin estaba de brazos cruzados, con sus gruesos músculos (posiblemente más anchos que los de Charlie Weasley) tensados. Tenía una fina cicatriz en la mano que Harry pudo reconocer, pues estuvo presente cuando la cara de sapo de Umbridge castigaba a Goyle, creyendo que era Granger... nunca lo vio hacer una mueca de dolor o quejarse por llevar aquella cicatriz de por vida... Harry, inconsciente, pasó su mano por su dorso, donde tenía una cicatriz similar- Hermione y yo debemos marcharnos lo más pronto posible...

-¿Por qué tanta prisa? -intervino Neville antes de que alguien más pudiera. Goyle entornó los ojos y Granger sonrío con disimulo.

-No es asunto tuyo, Longbottom-squib -respondió Goyle, ganándose una mirada fulminante de los tres Gryffindor.

-"A la señorita Hermione Jane Granger le lego mi ejemplar de los Cuentos de Beddle el Bardo, con la esperanza, que lo encuentre ameno e instructivo."

Scrimegour sacó de la bolsa un librito que parecía demasiado antiguo, la tapa estaba manchada y en algunos puntos despegada. Granger lo tomó sin decir nada, se lo puso en el regazo y se quedó observando. Harry se fijó que el titulo estaba escrito con runas, pero él nunca había aprendido a leerlas.

-¿Por qué crees que te dejó Dumbledore este libro, Granger? -Era más o menos la misma pregunta que le había hecho a Ron.

-No lo sé -admitió Granger, sin dejar ver algún atisbo de emoción en su impertérrito semblante- Nunca tuve una conversación con Dumbledore o estuve en su despacho... Nunca habló a solas con ningún Slytherin y...

-Mentira -cortó Harry, ganándose una mirada de interrogación de Scrimegour- En quinto año Nott se encontraba en el despacho de Dumbledore cuando Umbridge...

-Nott es un maldito mortífago por si no lo recuerdas -espetó Goyle, con los ojos brillando de enojo- Dudo que le haya tenido aprecio si estaba dispuesto a matarlo junto con Malfoy.

-El punto es -carraspeo Granger, evitando que Goyle se lanzará a golpes contra Harry, que lo miraba igual de molesto- Que nunca tuve relación alguna con Dumbledore, jamás hable con él a solas o cualquier otro profesor que no fuera... que no fuera el profesor Snape -por una milésima de segundo la máscara de indiferencia de Granger pareció quebrarse, pues su voz tembló al nombrar a su antiguo jefe de casa antes de que volviera a su inalterable actitud.

Scrimegour pareció sopesar la respuesta de Granger mientras Harry veía con intenso enojo a la Slytherin... ¿Cómo es que podía tenerle afectó al asesino de Dumbledore? ¿Cómo aún parecía respetar a Snape? Aquel que sin temblarle la mano mató al único mago que podía detener a Voldemort... quien quería limpiar el mundo de personas... personas como ella.

-"A Harry James Potter -dijo, y a Harry la emoción le cerró de golpe el estómago- le lego la sntich que atrapó en su primer partido de quidditch en Hogwarts, como recordatorio de las recompensas que se obtienen mediante la perseverancia y la pericia."

Cuando el mostró extrajo la diminuta bola dorada, del tamaño de una nuez y cuyas alas plateadas se agitaban débilmente, Harry no pudo evitar sentirse decepcionado.

-¿Por qué te dejaría Dumbledore esta snitch, Potter?

-Ni idea. Por las razones que usted acaba de leer, imagino: para recordarme lo que puedes conseguir si... perseveras y no sé qué más.

Granger rodó los ojos y Goyle parecía exasperado.

-"Al señor Neville Frank Longbottom le dejó la espada de Godric Gryffindor, sabiendo que sabrá usarla en el momento adecuado y cuando la situación así lo preside."

Harry y Ron se pusieron en tensión, mientras Granger y Goyle se dedicaban una discreta mirada. Neville miró alrededor en busca de la empuñadura con rubíes incrustados, pero Scrimegour no sacó la espada de la bolsita de piel que, de cualquier forma, era demasiado pequeña para contenerla.

-¿Dónde está? -preguntó Neville con recelo.

-Por desgracia -replicó Scrimegour- Dumbledore no podía disponer de esa espada a su gusto, puesto que es una importante joya histórica, y como tal, pertenece...

-¡Pertenece a Neville! -saltó Harry, aunque por dentro bullía de envidia- La espada lo eligió, él fue quien la encontró, salió del Sombrero Seleccionador cuando yo peleaba con el recuerdo de Voldemort y fue...

-Según fuentes fidedignas, la espada puede presentarse ante cualquier miembro respetable de Gryffindor -aclaró Scrimegour- Pero eso no la convierte en propiedad exclusiva de Longbottom, independientemente de lo que pidiera Dumbledore -Se rasco la mal afeitada mejilla escudriñando el rostro de Neville- ¿Por qué crees que...?

-¿... que Dumbledore quería regalarle la espada a Neville? -completó Harry, esforzándose por controlar su genio-. No sé, igual imagino que quedaría bien colgada en la pared de su habitación.

-¡Te estás pasando, chico! -gritó Scrimegour levantándose de la butaca.

Harry también se puso de pie. El ministro se le aproximó cojeando y, al hincarle la punta de la varita en el pecho, le hizo un agujero en la camisa, como quemada con un cigarrillo encendido.

-¡Eh! -exclamó Ron, pero antes de que pudiera levantarse, Granger (sentada cerca suyo) lo sostuvo de su antebrazo, logrando evitar que hiciera algo estupido. De reojo, puedo ver cómo Goyle sacaba su varita a una velocidad asombrosa.

-¡Quieto, Greg! No le des una excusa para detenernos -siseo la Slytherin, fulminando con la mirada a Scrimegour. Harry asintió, casi imperceptible y disparó una mirada de advertencia a Neville, que apenas también parecía tener intenciones de levantarse.

-Ya no estás en el colegio -le espetó Scrimegour, resollando y con la cara muy próxima a la de Harry- Yo no soy Dumbledore, que siempre perdonaba tu insolencia e insubordinación, ¡Quizá lleves esa cicatriz como si fuera una corona, Potter, pero ningún bribonzuelo de diecisiete años me dirá cómo tengo que trabajar! ¡Ya va siendo hora de que aprendas a tener un poco de respeto!

-Ya va siendo hora de que usted haga algo para merecerlo -repuso Harry.

De repente, el suelo tembló, se notó que alguien corría por la casa, y la puerta del salón se abrió de par en pad. Eran los Weasley junto a su padre y padrino, estos últimos al ver la amenaza que orquestaba Scrimegour, se dispusieron a sacar sus varitas pero un destello blanco golpeó a ambos en el pecho, petrificandolos.

La señora Wealsey ahogo un grito y Harry le disparo una mirada de enojo a Goyle, que miraba los cuerpos de su padre y padrino.

-No queremos ningún inconveniente -aclaró Granger, sin notar como su cercanía alteraba a Ron, que cada vez se ponía más rojo que un tomate- Señor ministro, usted podrá ser la mayor figura de autoridad en el mundo mágico, pero eso no le da derecho de acusar al resto de nosotros sin fundamento alguno -continuó con fría calma.

-Esta molestando a la familia Weasley -prosiguió Goyle, igual de calmado que Granger- Y, ya que ellos amablemente lo invitaron al que consideran su hogar, usted debería tener la misma amabilidad de irse...

-Las alianzas no se hacen con la cabeza caliente y creo que Potter ahora no se encuentra... dispuesto para confiar en el ministerio... sobre todo después de quinto año, cuando decidieron colocar a Dolores Umbrdige como Suma Inquisidora -dijo Granger. Espero atenta y con los nervios en punta al igual que el resto de los presentes. El semblante de Scrimegour se endureció y, tras darse la vuelta sin decir palabra, salió cojeando de la habitación. La señora Weasley lo siguió; Harry la oyó detenerse en la puerta trasera. Al cabo de un minuto, ella anunció:

-¡Ya se ha ido!

-¿Qué quería? -preguntó el padre de Ron. Granger soltó un silencioso suspiro y soltó a Weasley; Goyle, en cambio, agito su varita y dejo libres de encantamiento a ambos Gryffindor, que le dirigieron una dura mirada.

-¿¡Por qué nos has petrificado!? -preguntó Sirius, rojo de enojo.

-Por qué como todo buen Gryffindor, siempre actúan antes de pensar -espetó Goyle- Pudieron habernos detenido a todos por culpa suya y nosotros justo ahora tenemos mejores cosas que hacer...

-¡Ag! -Harry se llevó de inmediato la mano a la cicatriz, aullando de dolor. Sus rodillas flaquearon y termino tirado en el suelo, sintiendo el inmenso dolor que le producía aquella cicatriz. Por un momento... solo unos escasos minutos... los gritos de preocupación de su padre fueron acallados para ser remplazados con el áspero tacto de las escamas al tocarlas... El frío de un abandonado bosque... Casi una decena de mortífagos delante de él...

-¡Harry! ¡Harry! -los gritos empezaron a tomar forma. Harry, que ahora se encontraba envuelto por los brazos de su padre, miro con profundo miedo a las personas que ya se habían congregado a su alrededor.

Ron y Neville lo veían asustados al igual que los señores Weasley y Sirius. Granger y Goyle parecían tensos, los gemelos Weasley serios, Ginny y Susan impresionados; Charlie, Hagrid y Emma estaban en estado de alerta... como si esperaran que algo malo ocurriera...

-¿Qué ha pasado, Harry? ¿Volviste a abrir tu mente a Voldemort? -preguntó su padre, temeroso. Harry asintió, mirándolo con una pizca de miedo y culpa antes de posar su mirada en Emma y rápidamente dirigirla a Goyle y Granger.

-¿Qué? -espetó Goyle, tomando la muñeca de Granger y colocándola detrás de él. Harry negó, avergonzado.

-Voldemort está feliz... demasiado feliz -trago el nudo que tenía en la garganta y empezó a sentir el sudor escurrirse por su cuello- Por fin encontró a quienes osaron traicionarlo...

-¿De qué hablas? -preguntó Neville.

-Ya sabe quienes ayudaron a los Slytherin a huir...

-¡Oh bendito Salazar! -gritó Granger, espantando a quienes la rodeaban. Había perdido el color del rostro al igual que Goyle, que por primera vez delante de los Gryffindor, mostró una mirada de terror.

-Acaba de enviar a sus mortífagos a buscarlos -su mirada se posó en Emma, quien sufrió un escalofrío. Ella le había contado a Harry porque razón se unió a la Orden... para proteger a quien más amaba... Harry, tembloroso, se deshizo del abrazo de su padre- Lucian Bole, Peregrine Derrick, Adrián Pucey... Marcus Flint -Emma se tambaleó, Hagrid pudo sostenerla a duras penas- ... y Blaise Zabini... exmiembros del equipo de quidditch de Slytherin -un inexplicable dolor se instaló en el pecho de Ginny, que frunció el entrecejo, confundida- ... Todos ellos están en peligro... van a matarlos...


¡Espero que les haya gustado el capítulo y recuerden que habrá doble actualización!

La segunda parte del capítulo será por la tarde noche.

Tome partes de: "Harry Potter y las Reliquias de la muerte".

¡Espero sus Review con ansias!

Nos leemos más tarde.