¡Nos volvemos a encontrar mis queridas lectoras! Siento haber tardado tanto en subir capítulo, pero he tenido muchos trabajos y la verdad es que me he estado leyendo el nuevo Fic de Promethea, que está buenísimo, ¿ya lo vieron?
Los personajes no me pertenecen.
La idea no es mía, pero la trama sí.
Bienvenidos a todos esos nuevos lectores que empiezan este viaje con nosotros.
Debo disculparme con Loults04, , ZGara, Andrea, Doristarazona, Marycielo Felton, Just Altais, Ledy-werempire, Aoemurillo, Ariazu Convenant, Vaale lagos, Lidiaalsabel, , Cat-Zetyblack, Sally , Ita Velasco, NaidaG, Jessie Mafoy, SALESIA, Rocio, Monstruitogg, Anny Di Angelo, PamExpelliarmus, Adalia Leon, Rubenchoellocoxd, Diva-akira por no poder contestar sus Review... la verdad es que ahorita estoy a ciegas (mi hermana esta durmiendo y la luz esta apagada) así que si también escribí mal sus nombres, mis disculpas más sinceras.
Creo que otra vez es un capítulo corto, pero quería darles algo en vez de dejarlas esperando más tiempo.
Sin más, pueden empezar.
Sus orbes grises tan fríos como el hielo recorrían la túnica verde que portaba Salazar Slytherin en aquel retrato muggle. Se fijaron en su fiero y aristócrata rostro, su dura mirada cayó sobre la del fundador de Slytherin antes de desviarla al guardapelo que reposaba sobre su pecho. Ignorando teatralmente al resto de los fundadores de Hogwarts.
-Siento la demora, joven Malfoy - el susodicho hizo una mueca despectiva ante el recién llegado antes de girarse hacia el director de Hogwarts.
-Señor Malfoy, no lo olvide, director... -siseo, arrastrando las palabras con pedantería. Albus Dumbledore ni se inmutó mientras se dejaba caer con cierta fatiga sobre su silla, mostrando un rictus de abatimiento.
-Debo pedirle una última cosa, señor Malfoy, pero no tuve la oportunidad de hablar con usted antes y menos a solas -murmuró Dumbledore, quitándose los lentes de media luna del rostro y frotándose el puente de la nariz, cerrando sus ojos. Una migraña se estaba acercando.
-Debo suponer que no debo mencionarse nada al profesor Snape -dijo Draco, sin mostrar signo de preocupación alguna hacia la actitud cansada del director. Parecía más entretenido analizando el pequeño despecho que en la salud de Dumbledore.
-En efecto, señor Malfoy -suspiró Dumbledore volviendo a colocarse sus lentes antes de entrelazar sus dedos y posar sus ojos en Draco- Es de suma importancia que Severus no se enteré sobre lo que debo decirle...
-¿Qué es...? -preguntó Draco, girando la muñeca con un ademán para incitar al viejo a hablar.
-Tiene una misión más importante que introducir a sus amigos al círculo interno de Voldemort -ante aquello Draco pareció entender que el asunto al que fue llamado era demasiado importante para el viejo director, lo que le provocó un mal disimulado escalofrío... Nada bueno podía venir de que viejo manipulador.
-No pensé que hubiera algo peor que llevar a mis mejores amigos a la boca de la serpiente -espetó Draco, tratando de parecer más fuerte de lo que sentía. Al ver la mirada de simpatía que le dirigía el director, su corazón dio un vuelco.
-Lo siento, Draco... sé que es injusto, pero no tengo más opción que pedírselo -exhalo con fuerza y desvió la mirada hacia Fawkes, su viejo amigo...- Para qué Harry se enfrente a Voldemort y está guerra que se aproxima llegué a su fin... todos lo horrocruxes deben ser eliminados...
-Eso lo sé, pero no entiendo que quiere pedirme... -Draco calló al ver la mirada de disculpa que le dirigía Dumbledore e inconscientemente retrocedió dos pasos. Antes de que el director pronunciará aquellas palabras que sellarían su destino, el Slytherin supo con seguridad lo que estaban a punto de pedirle.
-Necesito que mates a Nagini.
Agosto, 5. 1997
Malfoy Manor.
Mazmorras.
El platinado pegó un bote en donde se encontraba parado cuando una mano apretó con suavidad su hombro para llamar su atención. Draco giró el rostro hacia su compañero mientras los estridentes gritos hacían eco en las mazmorras de Malfoy Manor.
-¿Qué sucede? -preguntó, tratando de ignorar los feos gritos provocados por varios Crucios... o torturas muggles.
-¿Todo está bien? -preguntó Theo, que parecía más pálido de lo normal y con una mirada llena de preocupación. Draco le disparó una mirada dura justo cuando la reja que fungía como una puerta de una de las celdas de las mazmorras se abría mientras los gritos cesaban.
Antonin Dolohov, mortífago recién liberado, salió de la celda con una sonrisa macabra en los labios antes de posar sus oscuros ojos en Draco y Theo. Pareció sufrir un escalofrío antes de dirigirle un asentimiento de cabeza y apurar sus pasos hacia la salida de las mazmorras.
Ambos jóvenes siguieron los pasos del mortífago hasta que desapareció por las escaleras.
-Vamos -instó Draco caminado hacia la celda con la puerta abierta. Una vez pasaron ambos chicos, cerraron la reja a cal y canto y detuvieron sus pasos al reparar en el crudo olor a muerto y el cuerpo desparramado de Peregrine Derrick sobre el sucio suelo, con los ojos y mejillas manchados de sangre mientras miraba el vacío, sin poder ver nada.
-Miren quién se apareció -murmuró Adrian antes de atragantarse con su propia sangre acumulada en su boca. Con un gesto de asco, el ex Slytherin gorgojeo antes de soltar un escupitajo a un par de metros de él.
A pesar de sólo llevar cinco días encerrado, la falta de luz y agua eran evidentes en su cuerpo. Su rostro tenía varios cortes provocados por una daga, las mejillas manchadas de sangre y suciedad. Su cara ropa muggle estaba arrugada, sucia y rota, no llevaba zapatos... y sus manos, que estaban encadenadas por sobre su cabeza, estaban repletas de sangre y lo que parecía tierra. Tenía un ojo tan morado e hinchado que no podía ni abrirlo.
-Te ves bien -murmuró Theo mientras Draco aplicaba un Muffliato no verbal hacia la entrada de la celda. El castaño se acunclilló a un metro del ex cazador del equipo de las serpientes y sacó su varita, blandiéndola en el aire.
-Me veo mejor que Peregrine -se mofó Adrian, tratando de regalarle una sonrisa ladina al castaño pero era más una mueca que parecía dolorosa.
-Todos se ven mejor que él -murmuró Draco, recargándose contra la pared de ladrillos y disparandole una mirada al cuerpo del Slytherin. Su mirada se ensombreció.
- No sufrió mucho, eso es bueno... -dijo Adrian, también mirando el cadáver de su amigo- ¿Han venido a acabar con esto...?
-Tu cuerpo será usado como Inferi para Voldemort -contestó Theo, con una mirada de disculpa- Al igual que el de Peregrine... lo siento -Adrian negó.
-Hicimos un trato, lo único que deberían lamentar es no haberme matado durante el enfrentamiento como a Marcus... como a Lucian -espetó Adrian sin poder ocultar el resentimiento en su mirada y en su tono. Draco desvió la mirada al igual que Theo.
-Lo de Marcus y Lucian...
-Esta bien -cortó a Draco, viendo como el platinado se tensaba- Todos sabíamos los pros y los contras de sacrificarnos por los Slytherin.
-Nadie debería sacrificarse -dijo Theo.
-Lo dice quién se ofreció al merced del chiflado para protegernos al resto de nosotros -se rió Adrian, ronco- No pensaban en serio que les dejaríamos el protagonismo.
-Lo dice quién se ofreció como carnada para proteger a Blaise, Hermione y Greg... -murmuró Draco. Adrian intentó reír de nuevo.
-Por cierto... -dijo, después de un corto silencio- ¿Cómo está Blaise? -preguntó. Draco se encogió de hombros y Theo suspiró.
-Dormido, le administramos un filtro de muertos en vida -contestó Theo- Vincent está cuidándolo, se encuentra en un departamento muggle... hasta que veamos qué hacer con él.
-Lo siento -volvió a disculparse Adrian- Debe ser horrible que uno de tus mejores amigos desapareciera sin hacerlo... -soltó un suspiro- No alarguemos esto más, sólo prométanme que una vez termine la guerra... entregarán mi cuerpo a mis padres... y el de Peregrine también...
-Adrian...
-¡Prometanmelo! -gritó. Ambos mortífagos se dedicaron una larga mirada antes de asentir a Adrian. Esto pareció tranquilizarlo un poco antes de dirigir una mirada a Draco- Hiciste bien...
-Hermione...
-Ella lo entenderá... lo hará, así que perdonate Draco, si tú no te perdonas nadie lo hará... -miró fijamente al rubio antes de que este desviara la mirada. Asintió, decidido ante sí mismo para mirar a Theo, que tenía la varita flácida en su mano- Bien, hazlo... -soltó un suspiro y cerró ambos ojos, soltando una lágrima del único ojo sano que tenía- Gracias...
-¡Avada Kedavra!
El oscuro y desolado callejón apestaba a orines y mierda de perro. La escasa luz proveniente de la farola fuera del callejón le daba un aire más sombrío, pues no dejaba de parpadear como una mala película de terror.
El joven hombre que se encontraba parado a la mitad del callejón fue tomado por sorpresa cuando una figura encapuchada con máscara plateada lo tomaba por el cuello, ejerciendo presión y arrinconandolo contra la pared de ladrillos roídos y húmedos por la reciente lluvia antes de clavarle su varita mágica en el pómulo, provocandole un gruñido bajo de dolor al joven hombre.
Pocos segundos después otras tres figuras, igualmente armadas por varitas mágicas y encapuchadas con máscaras plateadas aparecieron detrás de la primera figura, apuntando al hombre con sus varitas.
-Estoy desarmado -murmuro, alzando los brazos para demostrar que no iba armado. El enmascarado lo escudriño con su mirada antes de soltarlo y alejarse dos pasos, viendo como el joven se sacudía el impoluto traje negro de diseñador y se pasaba las manos por su desordenado cabello negro.
-Pansy, coloca los hechizos -dijo una de las figuras, apartándose su máscara plateada con un movimiento de varita. Sus fríos ojos grises le provocaron un escalofrío al otro hombre- Vincent, apártate -el figura encapuchada que le había apresado la garganta retrocedió otros tres pasos mientras la mortífaga caminaba hacia la entrada del callejón.
-¿Estas bien? -preguntó la última figura, despojándose de su mascara y de la capucha de su túnica. Era joven, inclusive más que el pelinegro, y una visible cicatriz surcaba una de sus cejas que quedaba medio oculta por el largo de su cabello.
-Me duele la cabeza -aceptó, masajeandose el cuello- Tu troll la aplasto contra esos asquerosos ladrillos.
-Jódete -espetó Vincent, quitándose la mascara y cruzando sus gruesos brazos en actitud desafiante. El pelinegro soltó una mueca que pretendía ser una sonrisa.
-¿Nos dirás la razón por la cual nos has convocado? -preguntó el platinado, quitándose la capucha de su túnica y disparandole una mirada a la mortífaga que ya venia caminando de vuelta a ellos.
-Y que sea buena -espetó Vincent- A menos que quieras que te cruce con un Avada, Flint.
-Tú siempre tan brusco -murmuró Marcus, negando con la cabeza.
-Tic, tac -dijo Pansy Parkinson, colocándose al lado de Vincent- El reloj sigue contando...
-Mañana transportaremos a la última familia de Slytherin fuera de Londres... habremos acabado con tu estúpida misión.
-No es estúpida -siseo Draco, arrastrando las palabras- Menos hijos de familias sangre puras, menos armas que puede usar Voldemort para manipular a los Slytherin.
-Sigue siendo estúpida -dijo Marcus, chasqueando la lengua.
-Nadie te pidió que ayudaras -habló Theo, deteniendo a Draco por el brazo. Últimamente el platinado estaba con los humos tensos- No era tu misión.
-Claro que no -se burló Marcus- Se la dejaron a Mione.
-Hermione no es ninguna damisela en peligro -gruñó Vincent- Y fue Gregory quien se ofreció, simplemente Blaise y Hermione entraron en el paquete.
-Las paredes hablan -dijo Marcus, casi con derrota- Es bastante posible que Voldemort se entere quién ayudo a los Slytherin a escapar.
-Un problema a la vez -murmuro Draco, haciendo un ademán de volver a colocarse la mascara.
-Cuando los encuentre, y lo hará, los usara como ejemplo para demostrar lo que les pasa a aquellos que lo traicionen... porque sabes que lo considera como una traición -continuo Marcus, viendo como los cuatro Slytherin se tensaban.
-¿Qué es lo que planeas que hagamos? -preguntó Theo, enarcando una ceja- Blaise, Gregory y Hermione se niegan a abandonar Londres.
-Un sacrificio -murmuró Marcus, tragando el miedo que empezaba a apresarle la garganta.
-¿Un sacrificio? -preguntó Pansy, frunciendo el ceño- No planeamos entregarle a Voldemort a alguno de nuestros amigos y si piensas que alguno de nosotros se entregará, estas mal. Tenemos una misión que cumplir.
-Si alguien se entrega... si ustedes dan el chivatazo tendrán a Voldemort confiando en ustedes -continuo como si Pansy no hubiera hablado- No buscará más... todos los Slytherin estarán a salvo, inclusive Hermione, Blaise y Greg...
-¿De qué demonios estas hablando? -indago Vincent, con un ligero malestar. No le gustaba a donde llevaba esa conversación.
-He hablado con Adrian, Lucian y Peregrine... todos están de acuerdo...
-¿Están de acuerdo? ¿Con qué cosa están de acuerdo? -preguntó Pansy, con un amargo sabor en la lengua. Draco maldijo por debajo mientras Theo veía a Marcus con cierta pizca de admiración e incredulidad.
-Estaremos en el callejón Diagon aproximadamente como a eso de las cinco de la tarde...
-Si los atrapan vivos...
-Por esa razón deben asegurarse de matarnos en la cacería.
-¿Estas loco? -espetó Draco, perdiendo su máscara de indiferencia- ¡Matarlos! Marcus, estas jodiéndome... Hermione...
-Ella estará a salvo si haces exactamente lo que les pedí -cortó Marcus, mirándolos con una fría determinación.
-Lo que nos estas pidiendo, Marcus...
-Lo que les estoy pidiendo es que mantengan a mis Slytherin a salvo... es que protejan a mi familia... Eso es lo que les estoy pidiendo... -soltó un suspiro de cansancio- Y, que cuando todo pase, le entreguen nuestros cuerpos a nuestras familias... No dejen que el loco bastardo nos convierta en Inferis.
-Marcus...
-Draco, por favor... -Marcus negó, sonriendo- Es mejor morir habiendo hecho una acción valerosa que vivir siendo un cobarde chivato... -posó sus oscuros ojos en los grises de Draco, asegurándose que escuchara cada palabra- Es mejor cuatro muertos... que toda la prestigiosa casa de Slytherin.
Agosto, 7. 1997
Zabini Manor.
Jardines.
Hermione nunca olvidaría el funeral de Albus Dumbledore, había sido simplemente hipnótico y demasiado emocional. Las clases habían sido suspendidas y todos fueron guiados por sus jefes de casa a excepción de los Slytherin, quiénes fueron llevados por Horace Slughonr, haciendo más visible la falta de Severus Snape y los cuatro estudiantes que se habían marchado con él.
Durante las últimas semanas de clase los Slytherin habían sido repudiados hasta el cansancio, nadie quería estar relacionado con la casa de las serpientes... ni ellas mismas, ninguno podía creerse realmente que su mentor, Snape, había matado a Albus Dumbledore... ninguno quería creer que la guerra había comenzado.
El funeral había sido cerca del lago negro, y habían estado presentes los miembros de la Orden del fénix. Madame Maxime; Tom, el dueño del Caldero Chorreante; Arabella Figg, Ernie Prang... demasiada gente. También había ido la gente del lago... todo había sido simplemente magnifico... pero Hermione no había llorado como muchos otros, solo se había aferrado a la mano de Blaise y había descansado su cabeza contra el hombro de Greg.
No tenía ningún sentimiento hacía la muerte de Albus Dumbledore, ni siquiera rencor... Después del funeral de la madre de Gregory, nunca pensó que volvería a asistir a uno, pero ni un año después, había sido la muerte de Dumbledore.
Tampoco pensó que volvería a llorar la perdida de un ser querido, y ahí estaba, viendo como los elfos domésticos lanzaban montículos de tierra a los ataúdes de sus amigos, de su padrino... Podía ver como los ataúdes de Marcus y Lucian estaban siendo enterrados, como se perdía la madera y los emblemas de sus respectivas casas.
Sus ojos estaban rojos de tanto llorar y su cabello caía completamente alborotado sobre sus hombros. Olivia y Noah Flint estaban grabando los epitafios de ambos Slytherin sobre sus lápidas mientras que Graham Montague ayudaba a Mirthy y a los otros elfos a enterrar a sus amigos bajo el manzano que Hermione había plantado junto con Pansy en el prado de Zabini Manor durante las vacaciones de Navidad.
Gregory, a un lado suyo veía también como los padres de Marcus, entre lágrimas, se despedían de su hijo. Ellos habían venido en representación de los padres de Lucian Bole, Peregrine Derrick y Adrian Pucey; Hermione aún podía escuchar los gritos de dolor de las madres de sus amigos y la pérdida de luz en los ojos de sus padres... todos habían querido ir para buscar y enterrar a sus hijos, pero todos eran considerados traidores por parte de los mortífagos y al final ella había logrado convencerlos de que solo se presentaran los padres de Marcus... nunca olvidaría la devastación y el dolor que albergaban las familias de sus amigos al enterarse de sus perdidas.
-Deberíamos plantar flores, se vería más hermoso -murmuró Olivia Flint, con voz temblorosa. Noah, su esposo, tomo su pálida mano entre las suyas mientras veía como los elfos y Graham terminaban de enterrar a su hijo.
-Sí, flores rojas, eran las favoritas de Lucian -apoyo Graham, agachado en cuclillas. Había sido miembro honorario de la casa de Slytherin y bateador del equipo de las serpientes, amigo cercano de Marcus y mejor amigo de Lucian.
-¿Tulipanes, tal vez? -preguntó Hermione, distraída. Mirthy se había acercado a ella, arrastrando los pies y con la cabeza gacha, antes de aferrarse a la mano de Hermione con la suya, podía escuchar los suaves gimoteos de la elfina.
No habían encontrado los cuerpos de Adrian ni de Peregrine... tampoco de Blaise.
Otro nudo obstaculizó su garganta. Carraspeo con fuerza y se giró hacia Gregory.
-¿Los aurores seguirán buscando a Adrian, Peregrine y Blaise...? -preguntó, con voz trémula. Gregory soltó un suspiro derrotado antes de negar con la cabeza.
-Planean cancelar la búsqueda mañana, si no hay más pistas... no son las únicas personas desaparecidas en estos tiempos... Tenemos suerte de que nos hayan entregado los cuerpos de Marcus y Adrian... -dijo en voz baja. Hermione volvió a suspirar y miró el enorme manzano, era momento de empezar ella misma la búsqueda de sus amigos... si es que aún estaba vivos...
Agosto, 7. 1997
Castillo Nott.
-Todo esta listo mi señor... dentro de dos días podremos tomar el Ministerio en nuestras manos, inclusive podremos hacernos con el control del ministro muggle -dijo Yaxley, agachando la cabeza en una reverencia sin despegar los ojos de los pies descalzos de su amo, que se encontraba sentado en una especie de trono, acariciando con su pálida mano a la enorme serpiente que descansaba en su regazo.
Los mortífagos más allegados a Voldemort se encontraban en aquella última reunión para aclarar los últimos detalles del próximo ataque en el mundo mágico.
Mortífagos como Yaxley, que tenía un puesto cercano al ministro, como Dolohov, que estaba completamente loco. Claro que no podía fallar los Lestrange, mucho menos los Carrow, Travers y sobre todo Severus Snape, acompañado de los nuevos favoritos de Lord Voldemort: Draco Malfoy, Vincent Crabble y Theodore Nott. Pansy Parkinson se había excusado, con permiso del mismo Voldemort, pues ella estaba al pendiente de los movimientos de ministro muggle, muy a su pesar.
Incluso Peter Pettigrew se encontraba presente, pues no era más que un sirviente para Lord Tenebroso y sus mortífagos.
-Me complace mucho escuchar eso, Yaxley... -susurró Voldemort, con ese tono tan aterrador que provocaba varios escalofríos en sus sirvientes. Sus ojos, rojos como la sangre, se posaron en Severus Snape- Después de que me haga con el control de Ministerio, quiero, Severus, que seas el nuevo director de Hogwarts... tengo muchos planeas para la prestigiosa escuela de magia...
-Como desee, mi señor -murmuró Snape, haciendo una reverencia.
-Draco, querido, acércate... -ordenó Voldemort, haciendo un ademán con la mano. Draco, con un gesto tan tranquilo como el de su mentor, se acerco con grandes zancadas al trono de Voldemort. Como todo mortífago, cuando llego a lo que consideraba un espacio... neutral, se arrodilló ante Voldemort, con la reverencia que cualquier soldado le mostraría a su rey.
-Mi señor... -murmuró el Slytherin, arrastrando las palabras con cierto toque de aburrimiento, lo que provocó una sonrisa en los labios de Voldemort, para descontento de muchos mortífagos, que habían estado ahí mucho más tiempo que el hijo de Lucius.
-¿Cómo esta nuestro pequeño... experimento? -preguntó, con toda la burla posible en su hablar. Draco sonrió de lado.
-Podría decirse que se encuentra muy desconcertado, sobre todo cuando varias maldiciones caen sobre él... no parece entender el por qué esta siendo... castigado... -respondió el platinado.
-Mi señor, si me lo permite -murmuró Travers, haciendo una pomposa reverencia- No entiendo por qué le ha perdonado la vida a aquel bastardo traidor.
-Por qué aquel bastardo traidor ni siquiera recuerda quién cojones es -espetó Theo, sin poder contenerse. Al reparar en su error, imitó a Travers recitándole su propia reverencia a Voldemort- Disculpe, mi señor, no era mi intención interrumpirlo... lo lamento mucho...
Voldemort sonrió confiado, aun acariciando el lomo de Nagini y dirigió sus fríos ojos a Amycus.
-Theodore tiene razón, Travers... -dijo Voldemort, regodeándose del escalofrío que había provocado al mortífago- El joven Zabini ni siquiera recuerda quien es, ni qué hizo exactamente... Su mente esta lista para ser moldeada y podría servirnos como otro espía en Hogwarts, una carta que podré usar en su momento... aunque sé que Severus, Alecto y Amycus podrán controlar muy bien a los estudiantes del castillo... no faltará uno que otro Gryffindor que querrá... volverse un héroe... -se mofó.
-Sí, entiendo, mi señor... -respondió de inmediato Travers. Voldemort volvió a sonreír.
-Ahora que hemos aclarado todos estos... detalles... pueden retirarse... los estaré esperando dentro de dos días.
Enero 8, 1997.
Londres muggle.
Locación desconocida.
-¿Cómo está él? -preguntó Pansy, entrando a la pequeña habitación con una bandeja de plata que cargaba con las manos. Encima de ella habían tres cuencos de diferentes sopas, uno de crema de zanahoria y dos vasos de zumo de calabaza. Los orbes de la chica recorrieron el cuerpo de Blaise al completo, el chico estaba completamente inconsciente... casi en estado de coma. Vestía la misma ropa que traía puesta el día de la falsa emboscada. Su cabello había crecido y le tapaba ligeramente los ojos mientras que su pecho subía y bajaba con una respiración constante.
Con un suspiro, la Slytherin dejó la bandeja de plata sobre la mesita de noche, empujando ligeramente la varita de Blaise partida a la mitad. Volvió a posar su mirada en su amigo y después en la mano de la mujer que acariciaba la frente del moreno, con ternura.
-¿Narcissa? -preguntó, atrayendo su atención. La ex Slytherin levantó la mirada del joven, para posarla en Pansy, que la escrutaba de arriba a bajo. Narcissa carraspeó, incomoda antes de sentarse recta en la silla y cruzar las manos sobre su regazo. Pansy puso los ojos en blanco- Por favor, aquí no hay nadie para reprenderte por tu comportamiento.
-Una dama siempre...
-Siempre tiene que mantener sus modales, inclusive en la soledad de sus aposentos -escupió Pansy, rodando los ojos- Sí, lo sé... también soy una sangre pura de la alta sociedad -negó con la cabeza, antes de acercarse a la rubia y estudiarla con la mirada- ¿Cómo está él?
-Bien... supongo, la poción funciona -respondió Narcissa, soltando un bajo suspiro- No ha despertado, ni hablado en sueños y mucho menos ha movido algún miembro... está, literalmente, en coma...
-Los muggles creen que una persona en coma puede escuchar a las personas a su alrededor -murmuró Pansy, viendo a Blaise- Oíste eso, Zabini... los muggles creen que puedes oírnos. Así que déjame decirte que eres un imbécil total, maldito egoísta de mierda.
-¡Pansy! -reprendió Narcissa, escandalizada.
-Estúpido cobarde -siseo la pelinegra- ¿Creíste que borrándote la memoria podrías protegernos? O fue más bien tu estúpido egoísmo, por querer olvidar a la maldita comadreja... -se agachó hasta rozar el oído de Blaise con sus labios- Así que escúchame bien, Blaise -murmuró en voz muy baja, inclusive para Narcissa- No protegiste a nadie, solo a ti mismos... te odio... -un inmenso nudo bajo por su garganta- Te odio por olvidarme, por olvidarnos... por ser tan cobarde como para borrar los recuerdos de toda tu vida, los recuerdos de las personas que te aman simplemente porque querías olvidarte de Ginevra Weasley -con un pesado suspiro, se alejó de Blaise, ocultando las lágrima que inundaban sus ojos.
-Pansy...
-Oh, Narcissa, tú no eres nadie para criticarme ni reprenderme -dijo Pansy, fulminandola con la mirada- Vendiste a tu propio hijo para protegerte a ti y al borracho de tu marido -siseo- Tienes suerte de que Snape haya decidido que tu vida valía muy poco como para manchar las manos de Theo con sangre...
-Por lo que escuché, sus manos ya están manchadas -dijo Narcissa, con lágrimas en los ojos mientras apretaba sus manos con furia.
-Todos somos asesinos, Narcissa... -Pansy caminó hasta llegar a la puerta, sin dirigirle otra mirada a la madre de Draco- Vincent con aquel guardia, Theo con Adrian... Draco con Marcus... -murmuró, agachando la cabeza- Tú también tienes la manos manchadas de sangre gracias a tu marido, no lo olvides. De todos los monstruos que conoces, puede que tú seas la peor... al haber permitido tantas muertes...
Malfoy Manor.
6:25 p.m
"Blaise está bien. No salgan mañana."
Miró fijamente aquellas seis palabras antes de lanzar el libro contra la leña en llamas. Vio como poco a poco el diario de páginas de plata se iba consumiendo bajo el fuego, sin despegar sus ojos de él.
Podía sentir el frío detrás de su espalda, la enorme soledad que clamaba la mansión y los balbuceos de su padre en la cocina, donde de seguro debería estar tan ebrio que ni siquiera podría pararse.
Se quedó ahí durante lo que le parecieron horas hasta que la última página desapareció, llevándose consigo la seguridad de sus amigos. Nunca podría saber uno cuando la magia negra podría traicionarte.
Giró el anillo de la familia Malfoy en su dedo corazón.
La noche auguraba una gran espera.
Zabini Manor.
8:15 p.m
Hermione veía fijamente las llamas que bailaban dentro de la chimenea, provocando sombras en su rostro que la hacían ver como un viejo cuadro de la época victoriana. Estaba acurrucada contra un sofá rojo, con una manta cubriéndola de pies a cabeza, debajo de ella podía verse una camisa negra de seda y unos pantalones de algodón. Su cabello estaba sujeto en una coleta floja.
Los lloriqueos de Mirthy se escuchaban por toda la sala, como una horrible canción de cuna. La elfina lloraba desconsoladamente, con sus manos aferrándose a una vieja camisa de Blaise, tan arrugada gracias a todas las veces que la elfina la había apretado contra sí.
Gregory veía fijamente, al igual que Hermione, las llamas en la chimenea. Él estaba parado contra ella, tan cerca que podía sentir el calor golpeando contra su rostro. El cabello le había crecido muy poco pero lo suficiente para que pudiera pasarse las manos por él. No llevaba camisa puesta, mostrando sus perfectos músculos con el pantalón de seda rojo cayendo sobre sus caderas.
-Déjate en paz ese cabello, Greg -murmuró Hermione, sin desviar la vista de las llamas- Creo que ya debería cortártelo.
-Tienes razón -Gregory se restregó el rostro con las manos antes de meterlas en los bolsillos de su pantalón.
-¿Rezaras esta noche?
-No creo en el Dios muggle, ¿lo sabes verdad? -Hermione asintió aunque el castaño no pudo verla- Blaise esta bien... -los berreos de la elfina sonaron más fuerte con aquella aclaración.
-Lo sé, pero algo me hace creer que no todo está tan bien con él... -se lamentó la Slytherin, acurrucándose más en el sofá, como si buscara el calor de alguien- Algo le ocurrió...
-¿Crees que lo estén torturando?
-¡Oh! ¡Amo Blaise! ¡No, amo! -sollozó Mirthy. Hermione hizo una mueca.
-Lo dudo, pero debe ser algo importante para que ellos lo mantengan oculto -musitó la chica, volviendo a corroborar que los diarios de plata se hayan consumido bajo las llamas- No habló de Adrian... ni de Peregrine...
-Es probable que estén muertos...
-Alguien tuvo que haberlos traicionado, Voldemort no pudo haberse enterado así como así... -un fuerte malestar le oprimió el pecho. Podía recordar las miradas de tristeza y devastación en los rostros de los Flint cuando los despidió en el aeropuerto, la mirada de sed de venganza de Graham...
-No creerás que Draco...
-No -sentenció Hermione, fulminando al Slytherin con la mirada. Ambos guardaron silencio, solo con los lamentos de Mirthy como fondo. Hermione no era tonta, tampoco Gregory...- El día anterior a... a la masacre... -murmuró- ... Marcus salió.
-Lo recuerdo.
-Él era un estúpido con complejos de protagonista.
-Lo era -concordó Gregory. Hermione sintió como las lágrimas golpeaban sus ojos, sin querer salir.
-Ellos eran buenos...
-Lo eran...
-Espero que Adrian y Peregrine no hayan sufrido mucho.
-Estoy seguro de que Draco, Theo, Vincent y Pansy los cuidaron... lo más que pudieron... -ambos volvieron a guardar silencio, sin despegar la mirada de las llamas que bailaban el la chimenea.
Ottery St. Catchpole, Devon, Inglaterra.
Colina Lovegood.
10:30 p.m
Luna Lovegood, acostada sobre el frío y húmedo pasto, miraba el cielo infinito. Admiraba cada estrella, cada constelación sin perder detalle alguno. Podía escuchar a las sientas de criaturas mágicas que salían por las noches de sus escondites, las escuchaba divertirse por toda la colina. Pero ella estaba más entretenida sintiendo la yerba entre sus dedos, completamente tranquila con su entorno.
No supo en qué momento se quedo cerró los ojos, disfrutando el olor a tierra mojada y cerveza de mantequilla que inundaba el aire gracias a su collar. Un repentino sentimiento de necesidad la embriago, casi ahogándola... algo parecido al placer que siente uno al probar chocolate pero mil veces mayor provocó que la Ravenclaw frotara con fuerza sus muslos antes de soltar un bajo gemido.
Segundos después, la colina quedo en completo silencio... y Luna no necesitó abrir los ojos para saber el por qué, ni siquiera se alteró cuando unos dedos se entrelazaron con los suyos y una fría nariz se restregó contra su cuello, como si buscara calor antes de inhalar con fuerza. Sonrió, inhalando con fuerza el característico aroma a lluvia que su enamorado siempre traía consigo.
-Pensé que habíamos quedado conque no me buscarías más... no hasta terminar la guerra -murmuró con cierta satisfacción en la voz. Un segundo después, sintió los labios de Theo deslizarse por su cuello hasta posarse en su hombro desnudo y rasparlo con sus colmillos, sin lastimarla.
-Pronto será luna llena...
-En diez días, eso no es una excusa, Theo... -Luna escuchó el gruñido de Theo contra su piel, provocandole un ligero escalofrío.
-Mucho tiempo... la luna llena, el final de la guerra... tanto tiempo...
-Prometiste esperar...
-No puedo esperar -volvió a escuchar su gruñido. Luna suspiró, abriendo los ojos y girándose de costado para quedar cara a cara con Theodore Nott. El muchacho tenía el cabello tan largo que ahora estaba siendo sostenido por una especie de diadema, que mantenía su cabello hacia atrás para no taparle la vista. Su fiel cicatriz sobre su ceja y su mandíbula cuadrada lo hacia parecer tan maduro...
-Lindo... -murmuró la rubia, trazando la cicatriz del castaño con sus dedos, acariciándolo- ... te has dejado el cabello largo...
-Hermione era quién solía cortarlo... -respondió el castaño, con la mirada ensombreciéndose por los recuerdos. Luna frunció ligeramente los labios, con un extraño malestar surgiendo en su pecho, ¿qué era ese dolor?
-Supongo que Hermione hacia mucho por ti... por ustedes... -dijo Luna, sin poder reprimir el malestar en su voz. Theo frunció el ceño, antes de sonreír de lado al ver el malestar en los ojos de la rubia.
-Estas celosa... -murmuró, sin dejar de sonreír. Luna boqueo, confundida antes de que la vergüenza la invadiera al descubrir que Theo tenía razón... estaba celosa... nunca lo había estado. Que sentimiento tan... horrible.
-Yo.. eh... -balbuceo, con las mejillas rojas. Theo negó ligeramente, tomando a la rubia por la cintura, arrastrándola con él cuando se tumbó de espalda. El delicado cuerpo de la Ravenclaw quedó encima del suyo, nariz sobre nariz. Theo inspiró con más fuerza, saber que podía tocarla... olerla sin parecer un depravado... era el cielo, al que los muggles solían referirse.
-Hermione es novia de Draco, para empezar... -dijo Theo, encogiéndose para volver a esconder su rostro en el delicado cuello de la chica.
-Pero él la llamó sangre sucia... -dijo Luna, confundida. Su mirada estaba clavada en el pasto, sin poder confrontarse a Theo, que parecía más entretenido con su cuello.
-Sí, eso era parte del plan... -murmuró Theo- Todos debían creer que Hermione, Blaise y Gregory realmente nos odiaban... y nosotros a ellos...
-¿Por qué me cuentas esto? -preguntó Luna- Si alguien intentara adentrarse en mi cabeza...
-No lo conseguirían... -dijo Theo, alejándose del cuello de la chica para volver a mirarla- Descubrí que como tu pareja puedo enlazar varias cosas contigo... al ser la hembra de un hombre lobo, como yo, posees ciertos atributos míos... si no estoy equivocado... -sin despegar los ojos de la rubia, intentó adentrarse en su mente antes que una muralla, muy conocida para él, lo empujara lejos.
-¡Oh! ¿¡Qué fue eso!? -preguntó Luna, empujándose del pecho de Theo y sentándose a horcajadas sobre su abdomen. Se veía ligeramente confundida y asombrada.
-Entonces la teoría muggle estaba en lo correcto -murmuró Theo, recargándose en sus antebrazos y mirando fijamente a Luna- Los chicos y yo habíamos descubierto varias cosas sobre los hombres lobo como yo, de la mitología muggle y de las viejas leyendas del mundo mágico. Puedo olerte y sentirte a la distancia, como tú puedes hacerlo conmigo... pero no sé con exactitud donde te encuentras... solo podría saberlo después de que nos enlazáramos...
-Algo así como compartir un alma... -dijo Luna, fascinada. Theo asintió.
-Tienes el don de la Oclumancia, como yo... y no dudo que puedas Aparecerte sin ningún problema, mucho menos tomar el Estado Niebla... -continuo Theo- Pero algunas otras cosas, como mi control sobre la magia, la agudeza de mis sentidos y lo fuerte que me vuelvo al acercarse la luna llena solo lo adquirirías después de el enlazamiento...
-¿También podré transformarme? -preguntó Luna. Theo se encogió de hombros, tratando de parecer menos inquieto de lo que se sentía ante ese hecho.
-No lo sé, la verdad... -dijo, recordando las palabras de Pansy-: "Antes la licantropía se heredaba, no contagiaba... Así que no era un problema.. Pero ya que los hombres lobo no pasan toda su vida buscando a una pareja, la mayoría prefieren vivir solos, entonces no hay ningún problema en contagiar a nadie..." ¿Entonces sí podía contagiarla? ¿Qué era él? ¿Un hombre lobo o un licántropo? Los licantropos eran como enormes lobos, casi de dos metros... y él, cuando decidía jugar con su transformación, seguía siendo un hombre lobo... el mismo que el del principio.
-No tengo ningún problema con volverme una mujer lobo -dijo Luna, como si hubiera entendido el pesar en la mirada de Theo.
-Luna, no deberías...
-Te amo, Theo... inclusive antes de que fueras un hombre lobo... -volvió a acariciar la mandíbula de Theo, con tranquilidad- Pasaré el resto de mi vida contigo, si tú quieres... realmente no me importa ser como tú... -Theo se quedó estupefacto unos segundos antes de sonreír a Luna con gratitud y recargar su mejilla contra la mano de la chica.
-Hermione... -empezó Theo, viendo el sutil cambio en el cuerpo de Luna, pues tensó los hombros- Hermione es mi Hermana.
-¿¡Qué!? -aulló Luna, casi perforándole un tímpano a Theo, que solo entrecerró los ojos.
-Sí... mi padre y su madre se casaron cuando estábamos en cuarto año -dijo Theo, soltando un suspiro- Se conocieron cuando íbamos en segundo y en tercero nos mudamos todos juntos. Tuvieron una niña...
-¿Una niña? ¡Oh, Theo! ¿Donde está? -preguntó, conmovida por una extraña tristeza. Era como si pudiera sentir lo que Theo sentía.
-Con Jane, la madre de Hermione... -contestó Theo, volviendo a costarse en el pasto y tomando la cintura de Luna entre sus manos- Hermione le aplicó un Obliviate a Jane para que nos olvidara... y Tatum es demasiado chica como para recordarnos...
-Lo siento, Theo -suspiró Luna, volviendo a acostarse sobre el pecho del rubio. Se quedaron en silencio un par de segundos antes de que el castaño volviera a hablar.
-¿Qué harás mañana? -preguntó, tomando un mechón rubio y enrrollandolo en su dedo.
-Es la boda de Bill y Fleur...
-No puedes ir, tampoco tu padre...
-¿Por qué...?
-No puedo decirte, lo siento...
-...
-Y Luna...
-¿Sí?
-Yo maté a Adrian...
-¿Adrian Pucey? -Theo asintió- Eran cercanos, ¿cierto? -Theo volvió a asentir.
-Él estaba sufriendo, mucho...
-Lo siento, Theo... -murmuró Luna, dejando un ligero beso contra el cuello del castaño. Theo suspiró, cerrando los ojos.
-Yo también lo siento... él solo era un año mayor que yo... y era muchísimo más valiente que cualquier Gryffindor que haya conocido...
-¿Él está en paz?
-Aún no -Theo negó.
-Asegúrate de ayudarlo a descansar.
-Lo haré -prometió, enterrando su nariz contra el cabello de Luna, tratando de alejar los demonios que él mismo había convocado.
Enero 9, 1997.
La Madriguera.
¿Qué tantas veces debes golpear a un hombre para que esté considere que ya es necesario regresar el golpe? ¿Cuantas veces debes lastimarlo para que diga: ya basta?
Pensarías que encerrarlo en prisión lograría que el hombre abriera los ojos y se diera cuenta que para su amo él no valía nada.
Pensarías que tomar a su hijo, torturarlo, enviarlo a Hogwarts en una misión suicida como venganza por su incompetencia y después tatuarle la marca tenebrosa lograría que se diera cuenta que es momento de hacer un cambio.
Pensarías que asesinar a su esposa a sangre fría, dejar su cuerpo tirado en el suelo haría que se de cuenta que todo lo que ha hecho para llegar ahí estaba mal.
Pero lo único que habían logrado era ridiculizarlo, torturarlo, despogarlo de su dignidad, apellido, casa y posición hasta dejarlo en una patética excusa de ser humano. Pero al final todos llegan a su límite, por ejemplo el de Lucius Malfoy era escuchar, sin querer, como su hijo -a quién él mismo había llevado a ser un asesino- se burlaba de como su madre -su propia madre- había suplicado para que le perdonara la vida.
Entonces que claro, uno se rompería... uno llegaría a su límite... y ese fue el límite de Lucius Malfoy. Escuchar que su propio hijo había matado al amor de su vida, escuchar que se burlaba de aquello... escuchar la propia risa de su cuñada que felicitaba a su hijo por aquella "gran hazaña".
Lucius había llorado desconsoladamente, con la botella apretada contra su pecho, casi como si fuera un hijo... el hijo que había perdido por su propia estupidez. Lloró hasta que no escuchó ruido alguno en la mansión y recordó las palabras que su hijo había dicho... una y otra y otra vez: "Hubieras visto su cara, cuan patética sonaba tu hermana pidiendo misericordia. Maldita rata, tuvo lo que se merecía..."
El Malfoy mayor ni siquiera había recordado como es que salió de aquella habitación, ni de como se Apareció fuera de Malfoy Manor y llegó a esa patética estructura a la que llamaban: casa. Solo recordaría, por siempre, el inmenso odio y rencor que le provocó su propio hijo, sangre de su sangre... Nunca olvidaría las veces que se imaginó matarlo con sus propias manos.
Ni siquiera le había importado cuando Arthur Weasley lo había desarmado, ni cuando James Potter y Sirius Black lo habían atado a una silla en la cocina. Mucho menos le había importado que Alastor Moody le abriera la boca a base de fuerza y le hubiera hecho tragar Veritaserum... No le importaba ser el centro de atención de la familia Weasley al completo, amistades incluidas... solo había visto el vacío y se había aferrado al odio que arraigaba su corazón para hacer lo que debía... lo que debía hacer para conseguir venganza.
-Linda fiesta... -murmuró, inclinando la cabeza ligeramente hacia Bill Weasley, a quien conocía del banco de Gringotts. El Weasley lo fulminó con la mirada.
-¿Cómo lograste llegar aquí? -cuestionó Remus Lupin, sin dejar de apuntarlo con su varita, como el resto de los invitados. Las palabras se precipitaron por los labios del rubio antes de que se fijara en Andromeda Tonks.
-Vaya, pero si es la traidora de la sangre -murmuró, viendo con desdén a la pareja Tonks. Andromeda, tan parecida a Bellatrix, lo fulminó con la mirada. Tedd Tonks se colocó en frente de su mujer, tratando de taparle la vista al rubio. Lucius soltó una risa ebria, sacudió ligeramente su cabeza haciendo volar su melena platinada, que estaba tan sucia como la de Xenophillus Lovegood, inclusive su barbilla mostraba una gran barba platinada. Se veía completamente destruido- No tienes de qué preocuparte sangre sucia, justo ahora soy... tu menor mal -desvió la mirada al resto de la Orden del Fénix- La de todos, ¿ya empezó la boda?
-¿Qué haces aquí? -preguntó Sirius, tratando de matarlo con la mirada. Lucius hizo un vano intento de chasquear la lengua.
-Vengo a pedirle ayuda a la Orden del Fénix, protección más bien...
-¿Tú? -se burló uno de los gemelos Weasley, que había aparecido junto a su hermano gemelo y las dos comadrejas menores. Los ojos de Lucius brillaron con diversión al ver a Harry Potter franqueado por el hijo menor de Arthur, la sobrina de Amelia Bones y el único hijo de Frank Longbottom.
-Señor Potter... -murmuró, haciendo que todos se tensaran. Arthur Weasley, su hijo Bill y otro pelirrojo que no conocía pero era muy fornido... como Vincent Crabble (Lucius sufrió un escalofrío al recordar la mirada de aquel chico), Sirius Black, James Potter, Remus Lupin, Alastor Moody, Andromeda y su esposo se giraban para enfrentar a los recién llegados.
-¿Qué esta pasando aquí...? ¡Oh, por Merlín! -chilló la mujer de Arthur Weasley, palideciendo de inmediato. Su mirada cayó en las cuerdas que inmovilizaban a Lucius.
-Molly, querida... -James Potter sonrió a la mujer de Arthur- ¿Por qué no regresas con los invitados? Tú también, Bill, es tu fiesta... -Bill Weasley parecía estar listo para quejarse cuando percibió la mirada de advertencia de su padre. Con una última mirada de rencor hacia Lucius, se giró para salir de la pequeña cocina junto a el otro Weasley, llevándose consigo a su madre.
-No deberían estar ellos aquí -gruñó Moody, señalando a los adolescentes antes de girarse a Adromeda y Tedd Tonks- Ustedes tampoco...
-Lo vi llegar, y tengo derecho -espetó Andromeda, fulminando al viejo auror con la mirada antes de ver a Lucius de nuevo- Mi hermana esta muerta por su culpa...
-¡Ella no esta muerta por mi culpa! -gritó Lucius, tomando por sorpresa a todos los que se encontraban en la cocina. Todos quedaron con la mandíbula colgando al reparar en las lágrimas que caían por las mejillas de Lucius- ¡Yo la cuide como debía! ¡Se suponía que Draco debía cuidarla también! ¡Y ese maldito... ese...! -su respiración agitada e escuchaba en toda la cocina. Intentó tranquilizarse tratando de regular su respiración hasta controlar sus emociones.
-Danos una razón para no regresarte a Azkban y que te den el beso del dementor -escupió Sirius, olvidándose momentáneamente de su ahijado.
-Oí lo de La Masacre del Callejón Diagon -contestó Lucius, dejando que las palabras fluyeran- Veintisiete muertos, cinco de ellos mortífagos...
-¿Por fin te has dado cuenta del daño que causa Voldemort? -preguntó Harry Potter, apretando sus manos en puños. Lucius sufrió un escalofrío al escuchar el nombre y miró paranoicamente a todos lados antes de volver a tranquilizarse y mirar a niño Potter.
-Esa gente no podría importarme menos -lo cual era verdad.
-¡Bastardo! -aulló el hijo menor de Arthur. Lucius se encogió de hombros, todo lo que las cuardas le dejaron.
-Oí que todas esas muertes fueron porque iban detrás de cuatro Slytherin amantes de lo impuro -su mirada cayó en Ted Tonks- Marcus Flin, Peregrine Derrick, Adrian Pucey y Lucian Bole, los dos primeros eran los últimos descendientes de sus respectivas casas... los últimos dos tenían hermanos mayores, si no mal recuerdo... -murmuró, perdido en sus pensamientos.
-Blaise Zabini -Lucius alzó la mirada, posandola en la única hija de Arthur, que parecía confundida con su propia respuesta.
-¿Qué? -preguntó Arthur.
-Blaise Zabini también estaba ahí -dijo la niña, mirando ferozmente a Lucius, que asintió.
-Viejo amigo de Draco... lo conocía desde niño... Su madre intentó matarlo -respondió, negando con la cabeza- Es el único vivo... según lo que he escuchado.
-¿Lo qué has escuchado? -preguntó Remus Lupin, entrecerrando los ojos.
-Uno te toma menos importancia cuando te considera una cucaracha... -murmuró Lucius, desviando la mirada con cierta vergüenza- No poseo mi anterior puesto si eso es lo que piensan.
-¿A no? -preguntó Arthur, desconfiado.
-No, Snape es la nueva mano derecha del Señor Oscuro -dijo, viendo como todos se estremecían y sus miradas se volvían llenas de odio hacia el ex profesor de Pociones- Escuché que la sangre sucia de Granger y el traidor a la sangre de Gregory Goyle le hicieron un funeral a Marcus Flint y Lucian Bole -Lucius retomo su explicación- Pucey y Derrick fueron torturados durante días en Malfoy Manor...
-Eran sólo unos niños... -dijo Remus, quién los recordaba como sus alumnos, Slytherin respetuosos, como muchos.
-Dieciocho y veintiún años, creo... -dijo Lucius- Sus cuerpos fueron usados como Inferis, no sé donde están... tampoco quién los mató -admitió.
-Deja de dar vueltas, Malfoy, ¿qué haces aquí? -preguntó Moody, tratando de reprimir las ganas de matar al platinado. Lucius suspiró dramáticamente.
-Antes que nada quiero un trato...
-Trato que conseguirás si tu información nos funciona -gruñó Moody.
-Entonces creo que la información solo será a medias... -dijo Lucius, mirando el reloj de la cocina- Ahora mismo el Señor Oscuro y sus mortífagos se están haciendo con el control del Ministerio de Magia...
-¿¡Qué!? -chillaron los hijos de Arthur, Harry Potter, el chico Longbottom y la niña Bones.
-Posiblemente ya no puedan hacer nada... supongo que tarde mucho en llegar -frunció el ceño- Supongo que una vez logren conquistar el Ministerio vendrán aquí en su búsqueda -señaló a Potter menor con la mandíbula- Después de que también consigan al ministro muggle...
-¡Yo lo mató! -gruñó Black, tratando de lanzarse a él pero siendo detenido por sus dos amigos. Lucius ni se inmutó.
-Fred, George, vengan conmigo -ordenó Arthur- Debemos avisarle a los demás en la fiesta -dijo, dispuesto a salir de la cocina.
-¡No deberíamos creerle! ¡Podría estar mintiendo! -gritó su hijo menor. Lucius rodó los ojos.
-No lo hago, Veritaserum, niño... ¿recuerdas? -el chico tuvo la decencia de luciar avergonzado mientras su padre y sus hermanos mayores salían de la cocina.
-¿Por qué hace esto? -preguntó la sobrina de Amelia, frunciendo el ceño con confusión- ¿Qué gana usted? Y no diga que nada, conozco a varios Slytherin...
-Tienes razón, los Slytherin siempre buscamos algo -bufó Lucius, posando su mirada en Andromeda Black, quien se aferraba a su esposo- Venganza... -Andromeda le dirigió su más fría mirada.
-¿Contra quién? ¿Contra quién la haya matado? -preguntó, temblando de pies a cabeza. Su esposo, Ted Tonks, la abrazó con fuerza. Lucius desvió la mirada, otra vez viendo hacia el vacío.
-Sí... quiero ver muerto a ese bastardo... -dijo, con la voz tan llena de odio y rencor que le provocó un escalofrío a muchos. Un par de lágrimas se escaparon por sus mejillas.
-¿Quién... quién fue...? -preguntó Adromeda, temerosa. Sus ojos volvieron a chocar con los grises de Lucius, pero estos no la veían... es como si viera algo más... como si recordara algo...
-Draco... Draco la mató.
¿Y bien? ¿Qué les ha parecido?
Como ya mencioné antes, no se hará el uso de ningún giratiempo para rescatar a los Slytherin así que la muerte de Marcus es cien por ciento cierta.
Me gustaría preguntarles varias cosas, para empezar: ¿Qué quisieran ver para el próximo capítulo? Alguna sugerencia, idea, todo siempre será bien recibido.
¿Qué piensan de las escenas lemon?
¿Cuál es su personaje favorito de este Fic?
¿Alguna cosa sobre la que tengan duda?
¿Algo sobre de lo que les gustaría hiciera más hincapié (además de más escenas Dramione, ovbiamente... mi enorme error, disculpas)?
Espero les haya gustado y no olviden dejarme sus Review, recuerden que siempre los leo. Y para aquellos que no conozcan mi otro Fanfic: "La libreta negra", ayer subí capítulo por si gustan leerla.
Nos leemos pronto.
-Nia.
