¡Hola mis lectores!
He regresado más rápido de lo usual pero debo decirles que estoy super-mega inspirada. Empecé el capítulo poco después de subir el otro y escribí más de la mitad en menos de dos días, ¡fue intenso! Tantas cosas.
Debo decirles que de éste capítulo en adelante, veremos las perspectivas de los Gryffindor más seguido, pues el tema de los Horrocrux, la inminente guerra y el papel de Potter en ésta es necesaria para darle la trama a los Slytherin y ver como parte de hoy en adelante.
He leído los Review de todos y cada uno de ustedes y espero no molestarlos por no haber contestado, pero estoy un porquitín apurada por publicar este capítulo y he tenido muchas tareas, pero recuerden que siempre los leo.
Espero poder contestar sus reviews en los siguientes capítulos.
Los personajes no me pertenecen.
La idea no es mía pero la trama al completo sí lo es.
Les doy la bienvenida a todos aquellos que acaban de empezar este viaje conmigo.
Espero les guste este capítulo, que por fin es tan largo como los otros.
Sin más, los invito a continuar.
Agosto, 9. 1997.
La Madriguera.
A las tres en punto de la tarde, Harry, Ron, Neville, Fred y George se plantaron frente a la gran carpa blanca, montada en el huerto de árboles, esperando a que llegaran los invitados de la boda. Harry había tomado una abundante poción de multijugos y se había convertido en el doble de un muggle pelirrojo del pueblo más cercano, Ottery St. Catchpole, a quien Fred había arrancado unos pelos utilizando un encantamiento convocador. El plan consistía en presentar a Harry como "el primo Barny" y confiar en que los numerosos parientes de la familia Weasley lo camuflajearan.
Los cinco chicos tenían en la mano un plano de la disposición de los asientos, para ayudar a los invitados a encontrar su sitio. Hacía una hora que habían llegado una cuadrilla de camareros ataviados con túnicas blancas, y una orquesta cuyos miembros vestían chaquetas doradas; y ahora todos esos magos se hallaban sentados bajo un árbol cercano, envueltos en una nube azulada de humo de pipa.
Desde la entrada de la carpa se veían en su interior hileras de frágiles sillas, asimismo doradas, colocadas a ambos lados de una larga alfombra morada; y los postes que sostenían la carpa estaban adornados con flores blancas y doradas. Fred y George habían atado un enorme ramo de globos también sobre el punto exacto donde Bill y Fleur se convertirían en marido y mujer. En el exterior, las mariposas y abejas revoloteaban perezosamete sobre la hierba y el seto. Como hacía un radiante día estival, Harry se sentía muy incómodo, pues la túnica de gala que llevaba puesta le apretaba y le daba calor; el chico muggle cuyo aspecto había adoptado estaba un poco más gordo que él...
-Cuando yo me case -dijo Fred tirando del cuello de su túnica-, no armaré tanto lío. Podrán vestirse como deseen, y le haré una maldición de inmovilidad total a nuestra madre hasta que haya terminado todo.
-Esta mañana no se ha portado demasiado mal, a fin de cuentas -la defendió George- Ha llorado un poco por la ausencia de Percy, pero, bah, ¿para qué lo necesitamos? ¡Vaya, prepárense! ¡Ya vienen!
Unos personajes vestidos con llamativas ropas multicolores iban apareciendo, uno a uno, por el fondo del patio. Pasados unos minutos, ya se había formado una procesión que serpenteó por el jardín en dirección a la carpa. En los sombreros de las brujas revoloteaban flores exóticas y pájaros embrujados, mientras que preciosas gemas destellaban en las corbatas de muchos magos. A medida que se aproximaban, el murmullo de voces emocionadas fue intensificándose, hasta ahogar el zumbido de las abejas.
-Estupendo; me ha parecido ver algunas primas veelas -comentó George estirando el cuello para ver mejor- Necesitarán ayuda para entender nuestras costumbres inglesas; yo me ocuparé de ellas.
-No corras tanto -replicó Fred y, pasando rápidamente junto a un grupo de brujas de mediana edad que encabezaban la procesión, indicó a un par de guapas francesas-: Por aquí, Pemettez-oi assister vous. -Las chicas rieron y se dejaron acompañar al interior de la carpa.
George se quedó atendiendo, pues, a las brujas de mediana edad, y Ron se encargó de Perkins, el antiguo colega del ministerio del señor Weasley, mientras que a Neville le tocó una pareja de ancianos bastante sordos.
-Eh, ¿qué hay? -dijo una voz conocida cuando Harry volvió a salir de la carpa: Lupin, Tonks, que se había teñido el cabello de rubio para la ocasión, y Emma, presidían la cola- James nos pasó la voz de que eras el del pelo rizado. Perdona lo del... otro día -murmuró echando una mirada a Emma que se encogió un poco- Últimamente, el ministerio no se muestra muy amable con los hombres lobo, y creíamos que nuestra presencia no te beneficiaría...
-Sentimos como terminó todo -dijo Remus, mostrando un poco de simpatía al muchacho. Harry se encogió de hombros mirando a Emma.
-¿Qué pasó con el cuerpo... de Flint? -preguntó Harry, recordando que Goyle había salido apresurado aquel día, seguido a los pocos segundos por Emma, Sirius, Arthur y su padre. Habían regresado poco después de media hora, todos con semblantes ensombrecidos... recordaba los ojos rojos de Emma... también como Goyle había tomado a Granger en brazos y se había Aparecido lejos de La Madriguera. Emma fue quién lo contó lo qué paso, aunque "El Profeta" no hizo mención alguna de qué buscaban los mortífagos en el Callejón Diagon.
-Fue entregado a Hermione Granger hace poco... -respondió Emma, con una sonrisa apagada- No se si sus padres se presentaron... no fui invitada al funeral, pero escuché que un amigo de Marcus y Lucian..., Graham Montague, estuvo presente...
-Lo siento mucho, tú hacías esto por él y... -Harry calló al ver los ojos de Emma brillar por las lágrimas antes de que negara.
-No, esta bien... todos sabíamos que habrían bajas... pero nunca pensé que ellos se involucrarían directamente en la guerra... -Harry asintió. Se despidieron poco después de ello, cuando regresó, Hargrid estaba provocando un buen alboroto: el guardabosques había entendido mal las indicaciones de Fred, y en lugar de instalarse en el asiento reforzado y agrandado mediante magia que le habían preparado en la última fila, se había sentado en cinco sillas normales que se habían convertido en un gran montón de palillos dorados.
Mientras el señor Weasley y Sirius trataban de arreglar el estropicio y Hagrid se disculpaba a gritos con todo el mundo, Harry regresó a toda prisa a la entrada y encontró a Ron hablando con una mujer de avanzada edad. Muchos invitados más tarde, para sorpresa del trío de oro y de los gemelos Weasley, un joven moreno de gran nariz curva y pobladas cejas entregó su invitación a Ron.
-Viktor Krum -murmuró Fred, sorprendido. A Ron se le habían puesto coloradas las orejas. Tras leer la invitación de Krum como si no creyeran ni una sola palabra de lo que ponía, preguntó en voz demasiado alta-:
-¿Cómo es que has venido?
-Me ha invitado Fleur -respondió Krum arqueando las cejas.
Harry y Neville rieron, eran obvios los celos que Ron profesaba al chico,hacía los mismos morros que cuando veía a Draco Malfoy de cerca. El castaño le estrechó la mano; luego, creyendo que sería prudente apartarlo de Ron, se ofreció para indicarle cuál era su asiento.
-Tu amigo no se ha alegrado mucho de verme -comentó Victor cuando entró con Harry en la carpa, ya abarrotada- ¿O son parientes? -preguntó fijándose en el cabello rojizo y rizado de Harry.
-Somos primos -masculló Harry, pero Krum ya no le prestaba atención. Su aparición estaba causando un gran revuelo, sobre todo entre las primas veelas; al fin y al cabo, era un famoso jugador de quidditch.
Mientras la gente todavía estiraba el cuello para verlo mejor, Ron, Neville, Fred y George avanzaron apresuradamente por el pasillo.
-Tenemos que sentarnos -le dijo Fred a Harry-, o nos va a atropellar la novia.
Harry, Ron y Neville ocuparon sus asientos en la segunda fila, detrás de Fred y George. Neville aún sonreía y Ron tenía la orejas escarlatas. Pasando unos momentos, éste murmuró a sus amigos.
-¿Has visto qué barbita tan ridícula se ha dejado?
Harry emitió un gruñido evasivo.
-No exageres Ron, no es como si Granger estuviera aquí para verlo -se mofó Neville- Además, por lo que escuché en Hogwarts, ella no hablaba con Krum ni por cartas. Por lo visto realmente pensaba que había torturado a Fleur completamente consciente... creo que nunca se enteró que fue bajo la maldición Imperius.
-Eso fue, de seguro, por que Malfoy nunca le dijo -masculló Harry, apretando las manos en puños- Tenía bien controlada a Granger.
En la carpa, muy caldeada, reinaba una atmósfera de expectación y de vez en cuando una risotada nerviosa romía el murmullo general. Los Weasley aparecieron por el pasillo, desfilando sonrientes y saludando con la mano a sus parientes; Molly llevaba una túnica nueva de color amatista con el sobrero que hacía juego.
Unos instantes después, Bill y Charlie se pusieron en pie en la parte delantera de la carpa; ambos vestían túnicas de gala, con sendas rosas blancas en ojal; Fred soltó un silbido de admiración y se oyeron unas risitas ahogadas de las primas veelas. Entonces sonó una música que al parecer salía de los globos dorados, y todos callaron.
-¡Oooh! -Harry escuchó la exclamación de Susan Bones, en la fila de adelante al lado de los gemelos Weasley.
Los magos y las brujas emitieron un gran suspiro colectivo cuando monsieur Delacour y su hija enfilaron el pasillo; ella caminaba como si se deslizara y él iba brincando, muy sonriente. Fleur llevaba un sencillo vestido blanco que irradiaba un resplandor plateado. Normalmente, su hermosura eclipsaba a cuantos la rodearan, pero ese día, su belleza contagiaba. Ginny y Grabielle, ataviadas con sendos vestidos dorados, parecían incluso más hermosas de lo habitual, y cuando Fleur llegó junto a Bill, parecían la pareja perfecta.
-Damas y caballeros... -dijo una voz cantarina, y Harry se llevó una ligera impresión al ver al mismo mago bajito y de cabello ralo que había presidió el funeral de Dumbledore, de pie frente a Bill y Fleur- Hoy nos hemos reunido para celebrar la unión de dos almas nobles...
-Te ves un poco perdido, Harry... ¿sucede algo? -preguntó Neville, sentándose en la silla a un lado suyo con dos vasos llenos de vino de elfo. Le tendió una a Ron, que tomo pequeños sorbos y miraba fijamente a Harry esperando su respuesta.
La fiesta había empezado, algunos bailaban al ritmo de alguna pegajosa canción y muchos otros hablaban entre sí sobre distintas cosas.
-No es nada, sólo... Emma se ve bastante deprimida -murmuró, señalando con la cabeza hacia donde la ex Slytherin estaba parada, mirando con una pizca de envidia a Tonks y Remus, que bailaban en la pista de baile improvisada.
-Es normal, perdió a... su... ¿novio? -preguntó Ron, un poco confundido.
-Dicen que no han encontrado los cuerpos de Pucey y Derrick -dijo Neville, sorbiendo un poco de vino- ¿Creen que sigan vivos?
-Eso espero, Pucey solo tiene un año más que nosotros -argumentó Harry, deprimiéndose un poco... Todos esos Slytherin... a quienes siempre había considerado como los villanos estaban muertos por protegerse unos a otros de Voldemort, pues creyó que necesitaran ayuda... que ingenuo había sido.
-Luna no se presentó -dijo Ginny, dejándose caer en la silla al frente de Harry. El azabache se removió incomodo en su lugar, evadiendo la mirada de Ginny mientras Susan se sentaba a un lado de la pelirroja.
-Tampoco su padre... que extraño -opinó la Hufflepuff, frunciendo los labios.
-¿Qué es extraño? -preguntó Fred, tomando asiento también.
-Los Lovegood no se presentaron, ¿por qué será? -dijo Ginny, cruzándose de brazos.
-Saben que ellos de por sí son extraños, habrán encontrado una nueva criatura mágica de camino aquí y terminaron perdiéndose -se burló George, codeando a su hermano y riendo a la par de Ron, Neville y Harry. Ginny y Susan se removieron incomodas antes de soltar un par de risitas divertidas antes de que Ginny se incorporará de golpe y mirara con ojos alucinados fuera de la carpa.
-¿Pero qué...? -todos voltearon hacia donde veía. Un viejo, sucio y deteriorado Lucius Malfoy, era arrastrado por James Potter y Sirius Black dentro de La Madriguera. El padre de Ron, junto a Bill (que en algún momento se había acercado a ellos), Charlie, Remus, Ojoloco y una pareja que no reconocieron a simple vista los seguían de cerca. Los seis Gryffindor y la Hufflepuff se miraron fijamente durante un par de segundos antes de levantarse, empujándose unos a los otros, y correr a tropezones hacia donde llevaban al viejo Lucius.
-¿Cómo lograste llegar aquí...? -escucharon la voz de Remus dentro de la cocina. Con pasos silenciosos, se colaron sin ser vistos. Lucius Malfoy, mortífago y prófugo de Azkaban, estaba sentado en una destartalada silla de la cocina, con cuerdas atándolo a ella. Su largo cabello platinado ya no era tan brilloso, ni liso. Estaba enmarañado, sucio y se veía rasposo. Estaba muchísimo más pálido que su tono normal, tenía las mejillas hundidas por su delgadez y sus grisáceos ojos habían perdido brillo, una espesa barba cubría su mandíbula y parecía estar en una especie de neblina ebria.
-Vaya, pero si es la traidora a la sangre -dijo Lucius Malfoy, arrastrando las palabras con ebriadez. Miraba fijamente a la pareja que Harry no había reconocido, y un ligero malestar lo invadió al darse cuenta que aquella mujer se parecía, sólo que más hermosa, a Bellatrix Lestrange. Su esposo se acercó a ella, cubriéndola a simple vista de Lucius Malfoy que soltó una risa ebria, sacudiendo su desgreñada cabellera- No tienes de qué preocuparte, sangre sucia, justo ahora... soy tu menor mal -desvió la vista hacia el padre de Harry- La de todos, ¿ya empezó la boda?
-¿Qué haces aquí? -preguntó Sirius, tratando de matarlo con la mirada. Lucius gorgojeo un poco.
-Vengo a pedirle ayuda a la Orden del Fénix, protección más bien...
-¿Tú? -se burló Fred, tomando por sorpresa a los adultos presentes. James pareció perder el color del rostro al igual que Remus y Sirius, mirando fijamente a Harry. El chico frunció ligeramente el ceño al ver la mirada brillosa de Lucius Malfoy.
-Señor Potter... -murmuró, haciendo que todos se tensaran. Harry maldijo por debajo, la poción había dejado de surtir efecto.
-¿Qué esta pasando aquí...? ¡Oh, por Merlín! -chilló Molly, que acababa de entrar en la cocina en busca de Bill. Perdió el color del rostro mientras sus ojos caían en las cuerdas que inmovilizaban a Lucius.
-Molly, querida... -su padre sonrió a Molly- ¿Por qué no regresas con los invitados? Tú también, Bill, es tu fiesta... -Bill parecía estar listo para quejarse cuando percibió la mirada de advertencia de su padre. Con una última mirada de rencor hacia el señor Malfoy, se giró para salir de la pequeña cocina junto a Charlie, llevándose consigo a su madre.
-No deberían estar ellos aquí -gruñó Moody, señalando a los adolescentes antes de girarse a la vieja pareja- Ustedes tampoco...
-Lo vi llegar, y tengo derecho -espetó la mujer, fulminando al viejo auror con la mirada antes de ver a Malfoy de nuevo- Mi hermana esta muerta por su culpa... -Harry parpadeo, asombrado... ¿ella era hermana de Narcissa Malfoy? Había leído lo de su muerte en El Profeta...
-¡Ella no esta muerta por mi culpa! -gritó Malfoy, tomando por sorpresa a todos los que se encontraban en la cocina. Todos quedaron con la mandíbula colgando al reparar en las lágrimas que caían por las mejillas de Malfoy- ¡Yo la cuide como debía! ¡Se suponía que Draco debía cuidarla también! ¡Y ese maldito... ese...! -su respiración agitada se escuchaba en toda la cocina. Inhaló y exhaló con fuerza un par de veces hasta calmarse.
-Danos una razón para no regresarte a Azkban y que te den el beso del dementor -escupió Sirius, olvidándose momentáneamente de Harry.
-Oí lo de La Masacre del Callejón Diagon -contestó Malfy, con expresión más tranquila- Veintisiete muertos, cinco de ellos mortífagos...
-¿Por fin te has dado cuenta del daño que causa Voldemort? -preguntó Harry, apretando sus manos en puños. Malfoy sufrió un escalofrío al escuchar el nombre y miró paranoicamente a todos lados antes de volver a tranquilizarse y mirar a Harry.
-Esa gente no podría importarme menos -respondió Malfoy, y Harry no pudo decir si estaba sorprendido o asqueado.
-¡Bastardo! -Ron, mirándolo, como todos los demás, con asco. Malfoy se encogió de hombros, todo lo que las cuerdas le dejaron.
-Oí que todas esas muertes fueron porque iban detrás de cuatro Slytherin amantes de lo impuro -su mirada cayó en el esposo de hermana de Narcissa Malfoy- Marcus Flint, Peregrine Derrick, Adrian Pucey y Lucian Bole, los dos primeros eran los últimos descendientes de sus respectivas casas... los últimos dos tenían hermanos mayores, si no mal recuerdo... -murmuró, perdido en sus pensamientos.
-Blaise Zabini -Harry se tensó, disparandole una mirada a Ginny. ¿En serio estaba pensando en él? ¿Después de todo lo que le hizo?
-¿Qué? -preguntó Arthur.
-Blaise Zabini también estaba ahí -dijo Ginny, mirando ferozmente a Lucius, que asintió.
-Viejo amigo de Draco... lo conocía desde niño... Su madre intentó matarlo -respondió, negando con la cabeza- Es el único vivo... según lo que he escuchado.
-¿Lo qué has escuchado? -preguntó Remus, entrecerrando los ojos.
-Uno te toma menos importancia cuando te considera una cucaracha... -murmuró Malfoy, desviando la mirada con cierta vergüenza- No poseo mi anterior puesto si eso es lo que piensan.
-¿A no? -preguntó Arthur, desconfiado.
-No, Snape es la nueva mano derecha del Señor Oscuro -dijo. Harry se estremeció... era de esperarse, maldito traidor- Escuché que la sangre sucia de Granger y el traidor a la sangre de Gregory Goyle le hicieron un funeral a Marcus Flint y Lucian Bole -Lucius retomo su explicación- Pucey y Derrick fueron torturados durante días en Malfoy Manor...
-Eran sólo unos niños... -dijo Remus, Harry estuvo de acuerdo con él.
-Dieciocho y veintiún años, creo... -dijo Malfoy- Sus cuerpos fueron usados como Inferi, no sé donde están... tampoco quién los mató -admitió.
-Deja de dar vueltas, Malfoy, ¿qué haces aquí? -preguntó Ojoloco, tratando de reprimir las ganas de matar al platinado. Malfoy suspiró dramáticamente.
-Antes que nada quiero un trato...
-Trato que conseguirás si tu información nos funciona -gruñó Moody.
-Entonces creo que la información solo será a medias... -dijo Malfoy, mirando el reloj de la cocina- Ahora mismo el Señor Oscuro y sus mortífagos se están haciendo con el control del Ministerio de Magia... -Harry sintió que se quedaba sin aliento.
-¿¡Qué!? -chillaron los Fred, George, Ginny, Ron, Neville, Luna y él.
-Posiblemente ya no puedan hacer nada... supongo que tarde mucho en llegar -dijo, frunciendo el ceño- Supongo que una vez logren conquistar el Ministerio vendrán aquí en su búsqueda -señaló a Harry con la mandíbula- Después de que también consigan al ministro muggle...
-¡Yo lo mató! -gruñó Sirius, tratando de lanzarse a él pero siendo detenido por su padre y por Remus. Malfoy ni se inmutó.
-Fred, George, vengan conmigo -ordenó Arthur- Debemos avisarle a los demás en la fiesta -dijo, dispuesto a salir de la cocina.
-¡No deberíamos creerle! ¡Podría estar mintiendo! -gritó Ron, indignado. Malfoy rodó los ojos.
-No lo hago, Veritaserum, niño... ¿recuerdas? -Ron se sonrojó furiosamente mientras su padre y sus hermanos mayores salían de la cocina.
-¿Por qué hace esto? -preguntó la sobrina de Susan, frunciendo el ceño con confusión- ¿Qué gana usted? Y no diga que nada, conozco a varios Slytherin...
-Tienes razón, los Slytherin siempre buscamos algo -bufó Malfoy, posando su mirada en su cuñada, quien se aferraba a su esposo- Venganza... -la mujer le dirigió su más fría mirada.
-¿Contra quién? ¿Contra quién la haya matado? -preguntó, temblando de pies a cabeza. Su esposo la abrazó con fuerza. Malfoy desvió la mirada, otra vez viendo hacia el vacío.
-Sí... quiero ver muerto a ese bastardo... -dijo, con la voz tan llena de odio y rencor que le provocó un escalofrío a muchos. Un par de lágrimas se escaparon por sus mejillas.
-¿Quién... quién fue...? -preguntó la mujer, temerosa. Sus ojos volvieron a chocar con los grises de Malfoy, ante la atenta mirada del resto de los presentes.
-Draco... Draco la mató.
Un tenso silencio se propagó en la cocina, todos parecían petrificados inclusive Harry... Malfoy hijo no sería capaz de matar a su madre, ¿o sí? Él la amaba, ¿o no?
-¿Qué...? ¿Qué...? -preguntó ella, con el rostro pálido. Los ojos del señor Malfoy refulgían de enojo.
-Dejo su cuerpo tirado en el suelo para que los elfos la encontraran... me hizo creer que había sido Bellatrix... y al final... y al final él... -dijo, escupiendo las palabras- Se burló de ello... la mató sin remordimientos...
-Esas son serias acusaciones Malfoy -dijo Remus, con mirada sombría- Tu hijo...
-Ya no es más mi hijo -espetó Malfoy- Mi hijo no hubiera hecho aquella monstruosidad para mantenerme a raya... -siseo- No hubiera vendido a su propia Casa para acercarse al Señor Oscuro -Harry miró sorprendido al ex Slytherin... ¿Draco Malfoy fue quién dio el chivatazo?- Y mucho menos hubiera encerrado a uno de sus amigos de toda la vida en un calabozo, lo hubiera torturado día tras día después de borrarle la memoria para que fuera usado como espía...
-¿De qué está hablando...? -las palabras de Ginny se perdieron. Una figura enorme y plateada descendió desde el techo. Grácil y brillante, el lince se posó con suavidad en medio de los miembros de la Orden, justo al lado de Lucius Malfoy. Entonces el patronus abrió las fauces y habló con la fuerte, grave y pausada voz de Kingsley Shacklebolt:
-El ministerio ha caído. Scrimegeour ha muerto. Ya vienen... ya vienen...
Cuando Harry escuchó los gritos desde la carpa, supo que no habían sido los únicos en recibir el patronus.
Fue un tenso segundo en el que Harry no supo que hacer hasta que su padre, lanzando un encantamiento a Lucius Malfoy, desató sus cuerdas y lo llevó consigo hacia Harry. El viejo Malfoy trastabilló medio borracho hasta el muchacho, con los ojos brillando de temor.
-Nos vamos y tú vienes con nosotros -sentenció, tomando a Harry del hombro, que respectivamente tomó a Ron, él a Neville y el chico a Susan y Ginny antes de que sintiera el característico sentimiento de succión que provocaba una Aparición. Cuando sus pies volvieron a tocar el piso, estaban fuera de Grimmauld Place, 12.
-Hace mucho que no veía este lugar -murmuró Lucius, mirando fascinado la vieja construcción.
-Bienvenido a tu nuevo hogar -espetó James, empujando a Malfoy por el hombre e incitandolo entrar a la ancestral casa de los Black.
Agosto, 10. 1997
Malfoy Manor.
Empezó su nueva vida de pie, en medio de la fría oscuridad y del aire viciado y polvoriento. No sabía donde estaba, no tenía idea de la hora y mucho menos como llegó ahí.
Un putrefacto olor a muerto inundó sus sentidos, provocándole náuseas y una fuerte arcada. Sus rodillas le fallaron y terminó de bruces en el sinuoso suelo, con las palmas de sus manos deteniendo su caída.
Se arrastró por el suelo hasta llegar al final de lo que suponía era un pequeño cubículo donde lo mantenían encerrado. Sosteniéndose en sus rodillas, palpó la pared intentando encontrar algo que le revelara donde estaba, pero no halló nada.
Después de lo que pareció una eternidad decidió rendirse, recargando su espalda contra una de las paredes. Quería llorar, pero no tenía lágrimas; no le quedaba más que permanecer sentado allí, solo, esperando.
"Mi nombre es Blaise", pensó. Blaise Zabini.
Eso era lo único que recordaba acerca de su vida.
No podía entender lo que estaba ocurriendo. Su cerebro trabajaba perfectamente, tratando de evaluar donde se hallaba y cual era su situación. Toda la información que tenía invadió su mente: Hechos e ideas, recuerdos y detalles del mundo y su funcionamiento. Sabia el significado de la palabra muggle y lo que era él, un mago. Se imaginó los árboles cubiertos de nieve, montando una escoba, admirando a los elfos, nadando en un lago, el reflejo pálido de la luna llena y las criaturas que salían con ella, el bullicio de una plaza de cuidad. Sin embargo, no sabía de donde venía, como había terminado dentro de esa sombría habitación sin salida ni quienes eran sus padres.
Imágenes de individuos pasaron fugazmente por su cabeza, pero no reconoció a nadie, y sus caras fueron reemplazadas con siniestras manchas de color. No guardaba en su memoria ningún rostro conocido ni recordaba una sola conversación.
Pasó un largo rato. Los minutos se convirtieron en horas, aunque era imposible saber con certeza el tiempo transcurrido, pues cada segundo parecía una eternidad. No. Él era inteligente. Sus instintos le decían que había estado en esa habitación durante casi media hora.
Con sorpresa, sintió que el miedo desaparecía volando como un enjambre de Billywigs atrapados por el viento, y era reemplazado por una profunda curiosidad. Quería saber dónde estaba y qué estaba ocurriendo.
Repentinamente un horripilante sonido, como el de una reja baja abriéndose, inundó la estancia. El muchacho se levantó de golpe, tratando de encontrar de donde provenía ese ruido. El sonido se apagó y volvió el silencio. Gritó, pidió ayuda, golpeó las paredes con los puños.
Nada.
Retrocedió nuevamente hacia el rincón, cruzó los brazos y se estremeció. El miedo había regresado. Sintió un temblor inquietante en el pecho, como si el corazón quisiera escapar del cuerpo.
El suelo tembló repentinamente, moviendo a Blaise de un lado a otro hasta que las paredes quedaron transformadas en rejas, dejando entrever un poco de luz. El moreno se tapó los ojos, intentando bloquear la luz y que le diera directamente en los ojos.
-Blaise, querido... -Blaise tembló ligeramente, retirando las manos de sus ojos para poder ver a la dueña de aquella pastosa voz. Una mujer, bastante delgada, con las mejillas hundidas al igual que las cuencas de los ojos, que miraban con cierta demencia al muchacho. Sus ojos eran grises y su larga melena alborotado de rulos caía hasta su cintura. La mujer llevaba puesto un viejo vestido de época, con una varita mágica en la mando donde portaba -sobre su antebrazo- una marca. El cráneo de una calavera, con una serpiente saliendo del agujero que fungía como boca. Se movía ligeramente.
-¿Quién eres tú? -espetó Blaise, estremeciéndose un poco con su propia voz. ¿Cuantos años tenía?
-Blaise, querido, soy yo... La linda tía Bella -murmuró la mujer, sonriendo y mostrando sus amarillentos dientes. Blaise reprimido otra arcada antes de que la mujer moviera ligeramente la varita alumbrado el lugar donde estaba. Una mazmorra, húmeda, deteriorada y con más celdas además de la suya...- Siento todo esto, cariño -se disculpó Bella- Pero no sabíamos como reaccionarias, teníamos miedo de que provocaras un estallido de magia accidental, y sabiendo que eres un mago poderoso... no queríamos bajas, lo siento mi niño -segundos después, aquella desquiciada bruja atrajo a Blaise en un apretado abrazo, provocando que el rostro del muchacho terminará pegado a su alborotada melena de risos.
-¿Qué...? ¿Qué es todo esto? ¿Por qué no recuerdo nada? ¿Qué está pasando? ¿Qué es este lugar? -las preguntas salían una detrás de otras, sin dar tiempo a la bruja de contestar. Bella se apartó de él, sonriendo y retirando un mechón del rostro del moreno.
-Te lo explicaré arriba, cariño -dijo- Debemos sacarte de este horrible lugar... sígueme -ordenó, dándose la vuelta y saliendo de la celda. Blaise, con miedo a quedarse atrapado de nuevo allí, salió con pasos presurosos detrás de la mujer. Atravesaron un largo pasillo, varias celdas y antorchas que iluminaban el lugar hasta subir por unas escaleras de piedra.
Blaise, nuevamente, se cubrió los ojos con los brazos ante esa nueva luz, aunque no parecía ser luz de día.
-Es la casa de mi hermana, que en los brazos de Merlín descanse... - murmuró Bella antes de que Blaise pudiera preguntar- Nos hospedaremos aquí unos días antes de que vuelvas con tus amigos para que te pongas al corriente con ellos y juntos vayan a Hogwarts...
-¿Hogwarts? ¿Tengo amigos? ¿Y mis padres? ¿Por qué no estoy con ellos?
-Una pregunta a la vez, Blaise... podrías confundirte... -escuchó su suspiro derrotado- Hogwarts es la escuela de magia en Inglaterra donde estudias... y sí, tienes amigos... sobre tus padres... ya hablaremos de ello luego -dijo, conduciéndolo por la gran sala, atravesando otras escaleras, aunque está vez de mármol, antes de dejarlo en una enorme habitación.
Sus paredes al igual que el piso era de mármol, con estilo entre barroco y victoriano. Una enorme cama blanca con dorsal en el centro, un armario y otra puerta que de seguro conducía al baño... esa habitación parecía muy... vacía.
-Debes descansar -anunció Bella- Por ahora tu cerebro se encuentra en un extraño limbo, y no sabemos como funciona exactamente el encantamiento que te golpeó... por el momento descansa... hablaremos al rato...
-¡Pero yo...!
-¡Sin peros! -cortó Bella, lanzándose una fría mirada. Blaise retrocedió inconscientemente dos pasos- Es por tu bien -sentenció, girando sobre sus talones antes de cerrar la puerta detrás suyo. Blaise se quedó quieto con un extraño sentimiento de ansiedad y claustrofobia antes de caminar hacia la puerta y comprobar lo que bailaba en su cabeza.
La puerta estaba cerrada con llave.
El miedo volvió a golpearlo... lo mismo que antes, sólo que con una celda más bonita...
Blaise era un prisionero.
Estaba seguro.
Agosto, 11. 1997
Malfoy Manor.
Dicen que la única forma de conjurar un Avada Kedavra es juntando todo tu odio hacia la persona que quieres asesinar, pues aquella maldición imperdonable es la más oscura de todas... fragmentas tu alma con la seguridad de que nunca volverás a ser el mismo que eras antes de usarla.
Blaise había usado aquella maldición sólo una vez en su vida. Había matado a Fenrir Greyback cuando éste estaba dispuesto a matar a Theodore Nott... o tal vez no lo haría, pero era un hecho -en ese momento- que la vida de Theo había cambiado para siempre, como la de sus amigos... como la de él. Su odio hacia aquel hombre lobo había sido tan inmenso que ni siquiera lo dudo, no pensó en otra maldición... era él o ellos... y los escogió a ellos. Nunca volvió a usar la maldición y a pesar de no recordar nada de aquel incidente su alma siempre estaría fragmentada.
Como Gregory Goyle, cuando salía del Sauce Boxeador con sus amigos por detrás de él. Había visto la sed de sangre de aquellos mortífagos cuando sus ojos chocaron... había visto los cuerpos de dos aurores en el suelo, sin vida. Y posiblemente ellos hubieran sido los siguientes si no hubiera actuado rápido, al menos eso suponía él... nunca lo sabrían. Gregory lanzó un Avada con todas sus fuerzas, con todo el odio acumulado por el asesinato de su madre... también su alma se fragmentó ese día, como la de Blaise... como la de muchos otros.
Pero analizándolo bien, no todo mundo usaba un Avada con un fin malévolo, tal vez lo usaban de manera benevolente hacia alguien que lo necesitaba... o como protección.
Vincent Crabble había usado la maldición asesina contra un guardia, a quien ni siquiera conocía. No sabía si tenía familia o si había alguien esperándolo la mañana siguiente... ¿era necesario matarlo? Se preguntarán... tal vez no lo era... pero hay veces que debes tomar decisiones que están en contra de la buena moral para protegerte a ti y a quienes te importan.
Está Theodore Nott, quien usó un Avada de forma benevolente, podría decirse. Detuvo el sufrimiento de Adrian, dándole final a todas las torturas que habían sido empleadas en él. Le había agradecido y tal vez muchos pensarán que podría haberse evitado... pero posiblemente más gente hubiera muerto.
Pero no se equivoquen, la maldición asesina seguía necesitando ese sentimiento de odio profundo para matar a alguien. Posiblemente Vincent estuviera pensando en alguien más cuando la empleó, y tal vez Theo estuviera pensando en Voldemort, quien lo había acorralado hasta tal punto que era necesario matar a su propia gente.
Sea cual fuera la razón, nunca volverían a ser los mismos.
Como Draco Malfoy, que noche tras noche recordaba la mirada de superioridad que le había dirigido Marcus Flint desde el otro extremo de su varita. Nunca olvidaría la forma en como él mismos asfixiaba su varita, apretándola tan fuerte que sus nudillos terminaron blanco. Ni tampoco olvidaría el profundo odio que sintió en ese momento hacia su persona... ni la última palabra que Marcus le había regalado.
Soñaría con aquel momento toda su vida, como probablemente los asesinos soñaban con sus víctimas. Recordaría ese momento una y otra vez, sin perderse detalle alguno. Por que él tenía que recordar, recordar como mató a aquel hombre que era muchísimo mejor persona de lo que algún día Draco lo sería. Siempre tendría la culpa del sobreviviente y llevaría esa pesada carga en su consciencia, por que era un cobarde y estaba tremendamente agradecido con Marcus, que se había sacrificado para salvarlos a todos ellos.
Por que un Slytherin también podía ser valiente, aunque todos opinarán lo contrario.
Sus ojos miraron fijamente el bulto envuelto en cobijas sobre la cama matrimonial del cuarto principal de Malfoy Manor donde se suponía debería estar Lucius, completamente ebrio y sollozando por debajo.
Ahora no tenía idea de donde se encontraba su padre, pero fuera donde estuviera, le había dado un nuevo problema a Draco, ahora no sólo debía ocultar su huida y su traición, si no que debería cuidarse la espalda aún más de lo que ya hacía.
No todos los Slytherin eran astutos o ambiciosos... algunos eran inclusive más vengativos de lo que se esperaba, y Draco no dudaba de que su padre buscara venganza... Sólo faltaba esperar como lo haría.
Agosto, 12. 1997
Zabini Manor.
El Profeta.
HARRY JAMES POTTER.
SE BUSCA PARA INTERROGARLO SOBRE LA MUERTE DE ALBUS DUMBLEDORE.
-Lo hizo... -murmuró Hermione, viendo la enorme fotografía de Potter en primera plana de El Profeta- ... Voldemort ahora es dueño del Ministerio de magia... -Gregory, aun lado suyo, tomando una taza de té con la mirada perdida en el ventanal de la cocina, asintió distraídamente- Después de la muerte de Scrimegour sabríamos que nada volvería a la normalidad...
-Sabíamos que aquello pasaría... -dijo, como si fuera tal cosa.
-¡Oh, mierda! -gruñó Hermione, perdiendo el color del rostro. Empujó El Profeta lejos de ella mientras enterraba el rostro en sus manos. Gregory frunció el ceño antes de tomar el periódico.
Registro de "Hijos de muggles": el Ministerio de Magia está llevando a cabo un estudio sobre los que atienden a esa denominación para entender mejor cómo llegaron a poseer secretos mágicos.
Una investigación reciente realizada por el Departamento de Misterios revela que la magia sólo puede transmitirse entre magos mediante la reproducción. Por lo tanto, si no existen antepasados mágicos comprobados, es posible que los llamados "hijos de muggles" hayan obtenido sus poderes mágicos por medios ilícitos, como el robo o el empleo de la fuerza.
El Ministerio está decidido, pues, a acabar con esos usurpadores de los poderes mágicos, y a tal fin han invitado a todos ellos a presentarse para ser interrogados por la Comisión de Registro de Hijos de Muggles, reciente creación.
-Hijos de perra -espetó el castaño, dirigiendo una mirada a Hermione, que parecía más devastada que en los últimos días. Ninguno había tenido tranquilidad desde la muerte y desaparición de sus amigos... sobre todo la de Blaise, por no mencionar a Mirthy, que no paraba de sollozar en el cuarto de su amo.
-¿Dice algo sobre Hogwarts? -preguntó Hermione, desviando el rostro para que Gregory no pudiera vérselo. Escuchó su suspiró y el pasar de las hojas.
-Asistencia obligatoria... quien no acuda...
-Será detenido... mierda, eso no me lo esperaba -siseo la Slytherin, hundiéndose cada vez más en su asiento- Estamos jodidos...
Agosto, 15. 1997
Parkinson Manor.
Pansy ya no llevaba la cuenta de todas las veces que se había levantado de entre los sueños debido a los gritos. La primera vez había sido iniciando sexto, cuando había empezado a vivir en los dormitorios de los chicos de Slytherin. Aún recordaba el miedo sofocante que sintió cuando Blaise la había levantado en la noche debido a sus incesantes gritos, gritos de una persona que estaba siendo torturada a muerte.
Recordaba que había empezado a temblar en la cama que el profesor Snape les había permitido llevar desde la habitación que había compartido con Daphne, Millicent, Flora y Hermione. Las cortinas habían estado cerradas, pero eso no impedía que escuchará los gritos... Al principio no había entendido porque nadie se había levantado a tratar de averiguar que le pasaba a Blaise... ella ni siquiera lo había intentado, había estado tan asustada que al final las lágrimas se habían escapado por su rostro al reparar que el chico gritaba en sueños.
Los dorsales se habían sacudido cuando una mano los apartó con cierto cuidado. Pansy se había arrastrado hasta quedar con la espalda pegada a la pared, temerosa de lo que podría pasar... sobre todo ya que el miedo de haber pasado un verano en el mismo lugar que el Señor Oscuro la había dejado siempre atenta. Cuando el rostro de Vincent se introdujo y el fornido muchacho se arrastró sobre la cama para quedar tenido al lado de Pansy, ella sintió el alivio surcar por todo su cuerpo.
Nunca se lo dijo a nadie, y también dudaba de que Vincent le hubiera platicado a alguien. Terminó dormida sobre el pecho del chico, completamente aferrada a su brazo mientras este lanzaba un Muffliato no verbal hacia las cortinas, acallando los gritos del moreno.
Luego había sido Gregory, quien lloraba y gritaba por varias noches la pérdida de su madre, lamentándose debido a las últimas palabras que le había dedicado a la mujer que más amaba en el mundo. También Theo la había despertado más de una noche, gritando y gruñendo como una bestia.
Ella había aprendido a colocar el encantamiento silenciador, pero había veces que lo olvidaba y despertaba por los gritos de sus amigos, otras veces era porque el encantamiento había durado poco o algo por el estilo. Al final, se había aferrado tanto a aquel encantamiento para ignorar los gritos de sus amigos que no había noche en qué no lo aplicará, sin importar si se encontraba sola.
Pero después ya no eran sólo gritos.
Llegaron las pesadillas.
La misma, una y otra, y otra vez. Podía ver a su mentora, a su modelo a seguir... La profesora Charity siendo devorada por aquella bestia, por ese monstruo. Podía escuchar el sonido de succión de la serpiente, el desagradable olor que había inundado el aire mientras ella era devorada... Vincent no había podido hacer mucho para evitarle ver lo que sucedió con el cadáver de su profesora.
Despertaba gritando, sollozando y pataleando. Con el corazón casi saliendo por su pecho, el miedo apresado en su garganta y las uñas de sus dedos enterradas en sus palmas. El sudor en su rostro, las lágrimas en sus mejillas, los gritos en sus labios...
Pansy ni siquiera se había dado cuenta que se fue apagando poco a poco. Demasiadas muertes, demasiados fantasmas... eso nunca era bueno...
Sólo pudo ser consciente hasta que fue demasiado tarde. Hasta que se dio cuenta que su padre se había vuelto a hacer con el poder de su familia y la había subastado como un pedazo de carne a un montón de mortífagos. Nunca olvidaría el inmenso miedo que la golpeó al darse cuenta que su padre se había aprovechado de su miedo constante y su mirada perdida, sólo obedeciendo a las órdenes dadas por Draco.
-Pansy... tu padre quiere hablar contigo - murmuró su madre, mirándola por el espejo. Pansy se encontraba sentada sobre un banco blanco, mirándose al espejo. Estaba más pálida que nunca, inclusive más que cuando Voldemort había vivido en su mansión. Tenía una terribles ojeras y las mejillas un poco hundidas, no importaba cuanto maquillaje usara... nunca podría ocultar la mirada de inmensa miseria que brillaba en sus orbes azules. Tomo con cuidado la varita de sobre el tocador, viendo como su madre se tensaba... al menos ella había aprendido a temerle.
Se levantó con tranquilidad, caminando sin prisa al encuentro con su padre... y su futuro marido. Aún era menor de edad, cumpliría la mayoría hasta Octubre y debido a que Voldemort se había hecho con el poder del Ministerio de Magia, su familia había sido perdonará y Kurt Parkinson podía hacer lo que se le pegara la gana con su hija.
Su mirada recorrió su vestimenta muggle y sonrió al saber que eso provocaría a su padre.
La puerta del despacho de su padre se encontraba abierta, mostrando la enorme habitación. Los muebles llenos de libros llegaban hasta el techo, cubriendo tres de las cuatro paredes, la última mostraba un horrible tapiz café oscuro, dándole un aire más sombrío al despacho. Sobre éste, varios cuadros de diferentes patriarcas de la familia Parkinson miraban con atención al escritorio de su padre, donde éste se encontraba sentado.
Delante del escritorio de madera oscura, había dos sofás de respaldo alto y negros, donde de seguro se encontraba su reciente mortífago prometido, pues su padre sonreía como si los hijos de muggles y muggles hubieran sido exterminados mientras le servía en un vaso de vidrio con whiskey de fuego.
Los orbes oscuros de Kurt cayeron en Pansy, la recorrieron con una mirada de molestia antes de volver a sonreír.
-Pansy, hija mía... -siseo, haciendo un gesto con la cabeza para que tomará asiento. Pansy tenso los hombros, fulminando con la mirada a su padre antes de caminar, sin prisa alguna y bajo la atenta mirada de los cuadros, hacia su padre y su acompañante. Inclinó la cabeza a modo de saludo a su padre y se sentó en el sofá libre, girando hacia el mortífago.
-Hola, Pans... - la chica boqueo, mirando con ojos alucinados a su acompañante. Vincent le regaló una sonrisa torcida, con los ojos ensombrecidos y los hombros tensos al igual que ella. Pansy cerró los labios inmediatamente, tendiéndole su mano a Vincent. El muchacho la toma entre las suyas y le dio un casto beso en el dorso.
-El joven Crabble es alguien... importante entre nuestras filas, y estuve complacido cuando pidió tu mano en matrimonio mientras Alecto Carrow y yo hacíamos los últimos... acuerdos... -Kurt Parkinson sonrió- No me dijiste que ya se habían comprometido...
-Estaba ocupada con las órdenes de Draco... -vio claramente como su padre se estremeció de miedo, haciendo que sonriera disimuladamente- ... Y Vincent estaba ocupado cumpliendo su deber junto a Theo, sabes que sin ellos no podríamos habernos hecho con el control del Ministerio -le recordó.
-Por supuesto -concordó su padre, sonriendo hacia Vincent- Brillante hazaña con aquellos cinco Aurores...
-Precisa, mejor dicho... -dijo Vincent, girando el líquido ámbar dentro del vaso de vidrio con un movimiento de muñeca- Sí esos Aurores hubieran escapado para proteger al Ministro muggle, Pansy no podría haber... cumplido su misión con aquel hombre -se giró a Pansy- Espero no haberte incordiado, Pans... pero debido a que tu padre estaba por cerrar el contrato de matrimonio con Carrow...
-Esta bien, Vincent... -murmuró Pansy, interrumpiendo al chico y mirando a su padre- ¿Cuando se llevará acabo la ceremonia?
-Lo más antes posible, Crabble y yo hemos llegado a un convenio sobre Hogwarts... -anunció- Ahora que tu prometido ha decidido no volver al colegio...
-Ya le he aclarado a tu padre que Draco te ordenó vigilar a Zabini y a los demás Slytherin para evitar otra... insurrección -Pansy asintió, eternamente agradecida con Vincent y Draco... una vez ella se casará con Vincent, tendría a la ancestral casa de los Crabble protegiéndola y sabía que Draco ya no la quería más dentro de las filas, sobretodo después de la muerte de su profesora... ellos le estaban dando una salida. Reprimiendo las lágrimas de alivio que querían salir, llevó su mano hacia la de Vincent y se aferró a ella.
-Deberán casarse antes de que regreses a Hogwarts, para que no haya ningún inconveniente -Pansy evitó rodar los ojos, si tan sólo supiera que ella no era tan... casta- Crabble ha aceptado que se lleve acabo la ceremonia en cinco días -Pansy suspiró.
-Entonces, ¿qué estamos esperando?
Agosto, 17. 1997
Ministerio de Magia.
Hermione siempre se preguntaría, ¿por qué Slytherin? ¿Por qué de entre todas las Casas tenía que terminar en aquella? Era ambiciosa, lo sabía. Y con el paso de los años aquello había perdurado mientras que muchos de sus otros sentidos, cínicos, habían florecido. Pero también era sumamente inteligente, la mejor bruja de su generación. Se consideraba una persona valiente cuando su vida peligraba, ¿o ese era el instinto de supervivencia? Por no hablar de que había ayudado a varios Slytherin a huir de Gran Bretaña... ¿eso la hacía una Hufflepuff?
No entendía, la verdad es que no lo hacía... pero tal vez, aquel Sombrero con mente propia hubiera podido visualizar lo que pasaría siete años después, justo en aquel momento. Por que haber terminado en Slytherin le había ayudado de sobremanera...
Mientras caminaba, de la mano de Gregory Goyle, por un pasillo de suelo de piedra iluminado con antorchas, muy diferentes a los corredores de los pisos superiores, revestidos con paneles de madera y alfombras, estuvo tan agradecida con aquel sombrero que se juro así misma hacerle un altar en su nueva habitación. Mientras bajaban los peldaños con sigilo, fue evaluando sus diversas posibilidades: salir viva, ser enviada a Azkaban como muchos otros... huir, aunque eso no fuera una opción. Su mano se tenso en la de Gregory, quien como consuelo, froto con cario su pulgar sobre el dorso de su mano.
Conforme avanzaban a "La Comisión de Registro de Hijos de Muggles" pudo percatarse del intenso frío que empezaba a envolverla, como si estuviera adentrándose en la niebla. A cada paso que daba hacía más frío que se le metía por la garganta y le lastimaba los pulmones. Y entonces sintió que una gradual sensación de desilusión y desesperanza se propagaba por su interior...
-Dementores -escupió Gregory, con su semblante ensombrecido.
Cuando llegaron al pie de la escalera y torcieron a la derecha, apareció ante ellos una escena espeluznante: el oscuro pasillo de las salas del tribunal estaba atestado de seres de elevada estatura, vestidos de negro y encapuchados, con los rostros ocultos por completo; su irregular respiración era lo único que se oía. Por su parte, a los aterrados hijos de muggles a los que iban a interrogar estaban sentados, apiñados y temblando en unos bancos de madera; la mayoría de ellos -unos solos y los otros acompañados por la familia- se tapaban la cara con las manos, quizá en un instintivo intento de protegerse de las ávidas bocas de los dementores. Mientras éstos se deslizaban una y otra vez ante ellos, el frío, la desilusión y la desesperanza reinantes se cernieron sobre Hermione como una maldición.
Caminar entre aquellos seres era aterrador: las caras sin ojos, ocultas bajo las capuchas, se giraban al pasar junto a ellos.
Se sentó junto a Gregory en un pequeño espacio que quedaba justo en la esquina de la sala. Gregory enterró su boca sobre los nudillos de su mano mientras Hermione enterraba su rostro en el grueso bíceps del Slytherin. Ambos se quedaron tan callados como fuera posible, tratando de ignorar a los dementores y a los demás presentes.
De repente, en medio de aquel silencio sepulcral, se abrió de par en par la puerta de una de las mazmorras que había a la izquierda del pasillo y que se utilizaban como salas de tribunal, y se oyeron unos gritos:
-¡No, no! ¡Yo soy un sangre mestiza, soy un sangre mestiza, de verdad! ¡Mi padre es mago, se lo aseguro, compruébenlo! ¡Se llamaba Arkie Alderton, célebre diseñador de escobas; verifiquenlo, les seguro que no miento! ¡Dígales que me quiten las manos de encima! ¡Que me quiten las manos...!
-Se lo advierto por última vez -dijo la melosa voz de Dolores Umbridge, amplificada mediante magia para que se oyera con claridad a pesar de los desgarradores gritos del acusado- Si opone resistencia, tendrá que someterse al beso de los dementores.
El hombre dejó de gritar, pero unos sollozos contenidos resonaron por el pasillo.
-Llévenselo -ordenó Umbridge.
Dos dementores salieron por la puerta de la sala del tribunal; sujetaban por los brazos a u mago, a punto de desmayarse, hincándole las manos podridas y costrosas. Lo condujeron por el pasillo, deslizándose por él, y se perdieron de vista envueltos en la oscuridad que dejaban a su paso.
-¡El siguiente! ¡Erika Castlemore! -anunció Umbridge.
Temblando de pies a cabeza, se levantó una mujer menuda, pálida como la cera, de cabello negro recogido en un moño y ataviada con una sencilla túnica larga. Hermione, de reojo, advirtió que la desdichada se estremecía al pasar por delante de los dementores.
Varias escenas, como la primera, se repitieron alrededor de un par de horas. Hombres, mujeres, ancianos y un joven eran arrastrados por los dementores una vez terminado su juicio. Muy pocos lograron librarse de aquel cruento final. Hermione, como pasaban las horas, empezaba a tomar una coloración más pálida, temblando de pies a cabeza intentando aplacar el incipiente frío. Después de que ella y Gregory llegaran, otros cinco nacidos de muggles aparecieron, todos con los mismos semblantes de los presentes en la sala.
Justo cuando los dementores empezaron a llevarse a una anciana, la voz de Umbridge, más fuerte que antes, anunciaba-:
-¡La siguiente! ¡Hermione Jane Granger!
Hermione brincó en su asiento, con el miedo atascado en su garganta y le disparó una mirada de absoluto terror a Gregory.
-No quiero ir a Azkaban, esa mujer me odia... -los ojos de Hermione se movieron hacia la salida de las mazmorras- Podemos...
-¡Hermione Jane Granger!
Hermione negó varias veces, mirando suplicante a Gregory, que le regresaba la misma mirada aterrada.
-Todo saldrá bien...
-¡Hermione Jane Granger!
Hermione suspiró, trastabillando un poco mientras se levantaba y soltaba la mano de Gregory para entrar por la puerta abierta. Podía escuchar su propia respiración, el sudor frío cayendo por su frente y cuello... las manos temblorosas. Unos pasos presurosos llegaron por detrás de ella justo cuando una pareja de magos aparecieron a su lado.
Una mujer de cabello rubio y con elegante porte, le sonrió a Hermione con tranquilidad mientras cruzaba su brazo con el suyo. El hombre, una cabeza más alta que ambas mujeres, de cabello castaño y ojos del mismo color, le sonrió a Hermione con lo que parecía agradecimiento. Hermione se giró para mirar a Gregory, que la veía con sorpresa grabada en el rostro y miraba con desconfianza a la pareja de magos.
La puerta se cerró detrás suyo cuando entraron a la sala del tribunal. Era pequeña, de techo muy alto, y producía una desagradable claustrofobia, pues se tenía la impresión de estar atrapado en el fondo de un profundo pozo.
Dentro había más dementores expandiendo su gélida aura por la estancia; se alzaban como centinelas sin rostro en los rincones más alejados de una tarima bastante elevada. En ésta, tras una barandilla, se hallaba Dolores Umbridge, sentada entre Yaxley (un mago que conocía gracias a Draco y Theo) y una bruja, la secretaría de Umbridge que la seguía a todos lados, Mafalda Hopkirk. Al pie de la tarima, un gato de pelaje largo y plateado se paseaba arriba y abajo; Hermione supuso que estaba allí para proteger a los interrogadores de la desesperanza que emanaban los dementores; eran los acusados, no lo acusadores, quienes tenían que sentir esa sensación.
El corazón de Hermione dio un vuelco cuando sus ojos chocaron contra unos grises. Draco estaba sentado dos asientos más arriba de Yaxley, junto a Theo, quien tenía el cabelo tan largo que era sostenido por una diadema para que el muchacho pudiera ver. Ambos, con una rápida mirada al cuerpo y rostro de la chica, sonrieron -discretamente- agradecidos. Hermione desvió la vista de ellos.
-Siéntese -ordenó Umbridge con su meliflua y sedosa voz.
Hermione fue tambaleándose, junto a aquella bruja rubia, hasta el único asiento que había en medio de la sala, bajo la tarima. En cuanto se hubo sentado, unas cadenas surgieron de los brazos de la silla y la sujetaron a ella. Tragó con fuerza, sintiendo la delicada mano de la bruja sobre su hombro y la presencia del mago detrás de a silla.
-¿Es usted Hermione Jane Granger? -preguntó Umbridge.
Evitando ver a su hermano y su novio, asintió.
-¿Es esta su varita? -preguntó Umbridge, elevando la varita mágica de Hermione con la suya propia. La Slytherin asintió, aliviada.
-Sí, profeso... -carraspeó- Sí, señora Umbridge... Me la han decomisado justo cuando entraba al Ministerio de magia hace un par de horas. Madera de Vid, núcleo de corazón de dragón de veintisiete coma tres centímetros.
-¿Y la adquirió en...?
-La tienda del señor Ollivanders en mi primer año de Hogwarts... -susurró, mirando los fríos ojos de la mujer.
-Tengo entendido que pertenece a la honorable Casa de Slytherin.
-Sí, el Sombrero Seleccionador me puso ahí en la selección de Casas que se lleva cada año en Hogwarts -murmuró.
-¿Es eso cierto, señor Malfoy? -Hermione pegó un bote en su asiento, tratando de vitar mirar hacia el rubio mientras la mano que posaba en su hombro le daba un leve apretón- Los señores Malfoy y Nott están presentes para corroborar cualquier historia de hijos de muggles que hayan cursado Hogwarts estos últimos años... -explicó, aunque parecía no importarle que Hermione lo supiera en absoluto.
-Una sorpresa para todos... -la voz del muchacho salió baja, arrastrando las palabras con altanería que provocaron un escalofrío a más de uno- Sobre todo sabiendo que no tiene parientes mágicos...
-Los tiene... -interrumpió el mago detrás suyo, avanzando un par de pasos- Mi nombre es Phillius Borgin, mi padre es co-dueño de Brogin & Burkes. Hermione Granger es hija de mi primo segundo, Caracactus Borgin, squib, quien lamentablemente falleció hace varios años, inclusive antes de conocer realmente a su hija.
-Mentir sobre la procedencia de un hijo de muggles... -empezó Umbridge antes de que Theodore Nott la interrumpiera.
-Ahora que lo dices... -murmuró el castaño, entrecerrando los ojos y frotándose la barbilla- Una vez Granger nos contó sobre que su padre, el verdadero, había dejado embarazada a su madre muggle y después se había largado... quien lo diría, que terminaría siendo un squib...
-Jason Granger me adoptó como su hija. Se divorció de mi madre antes de que entrara a Hogwarts... y antes de que ella... de que ella... -la voz de Hermione se rompió, como si estuviera a punto de llorar- ... de que ella falleciera hace un año... Gregory Goyle me ha ofrecido su casa antes de que accediera vivir con los Borgin, mi verdadera familia... -los ojos de Umbridge se entrecerraron con sospecha mientras Draco le guiñaba un ojo a la castaña, quien soltó un bufido abochornado... ¿a quién se le ocurría? ¿En plena corte...?
-Mentir sobre la procedencia... -volvió a intentar antes de que, por segunda vez, la interrumpieran.
-Usted conoce la magia que portan los tapices en nuestras respectivos hogares ancestrales -anunció Phillius Borgin- Cuando me casé con mi mujer, Albaa, ella automáticamente pasó a formar parte de mi familia... y del tapiz -murmuró con risa. Yaxley rió, como si entendiera la diversión de aquella aclaración- Al igual que mi hijo Alexander al nacer... El nombre de Hermione esta grabado en aquel tapiz, puede enviar a Aurores del Ministerio...
-Lo haré -siseo Umbridge, interrumpiéndolo. Su mirada viajo en la montaña de documentos que tenía en su atrio, haciendo una mueca despectiva antes de volver a posar sus ojos en Hermione- Puede retirarse por el momento, señorita Granger... y no lo olvide, la asistencia a Hogwarts es...
-Obligatoria, lo sé profesora Umbridge... a todos nos llegó el comunicado -anunció mientras las grilletes alrededor de sus tobillos y muñecas se abrían. Se levantó como impulsada por un resorte, y caminó con pasos presurosos a la salida, temiendo que al final cambiaran de opinión. Los señores Borgin rápidamente la alcanzaron, después de despedirse de todos los presentes.
-¡Nos vemos en Hogwarts, Granger! -gritó la voz de Theo, con malicia y burla. Hermione tensó los hombros, con las mejillas arreboladas y musitó "Imbécil" en voz baja que provocó una carcajada por parte del muchacho.
-¡El siguiente! ¡Brutus Millord!
Hermione suspiró un poco mientras cruzaba las mazmorras, con Gregory rápidamente incorporándose a su lado y tomándola de la mano. Cruzaron el largo pasillo, alejándose cada vez más del inmenso frío. Subieron al elevador sin pronunciar palabras hasta que éste traqueteó y los sacó del sótano del Ministerio. Hermione soltó otro suspiro tembloroso y se aferró al brazo de Gregory.
-Malfoy y Nott estaban a dentro... -murmuró. Gregory se tensó- Por cierto, muchas gracias... -se volteó a la pareja casada- Yo...
-Has cuidado a nuestro hijo, Alexander, en Hogwarts... y a todas aquellas familias... -murmuró Albaa Borgin, sonriendo a Hermione con cariño- Eres una Slytherin, y los Slytherin siempre protegemos a los nuestros...
-¡Oh, Salazar! Muchas gracias... muchísimas gracias...
Agosto, 18. 1997.
Zabini Manor.
El Profeta.
SEVERUS SNAPE, NUEVO DIRECTOR DE HOGWARTS.
-Al menos algo a salido bien de todo esto... -murmuró Gregory, lanzando El Profeta sobre la mesita del centro que contenía una fotografía en primera plana de su jefe de Casa.
-Al menos... -acepto Hermione, con sus manos envueltas alrededor de la snich dorada de Blaise. Ahora en su reluciente figura, podía leerse... justo al lado de la G.W dos letras más: B.Z- Será un año largo.
-Lo será... -admitió Gregory.
Agosto, 20. 1997
Lestrange Manor.
Blaise había aprendido un par de cosas mientras desde que lo habían mudado a la mansión de los Lestrange. La primera, es que no se le permitía deambular libremente por el lugar, su puerta siempre estaba cerrada a cal y canto y el muchacho no había podido hace mucho, pues no tenía una varita mágica así que estar encerrado dentro de cuatro paredes y un inmenso baño como regalo, no le había dejado muchas opciones.
Había inspeccionado su habitación de arriba a bajo. No había ni un sólo retrato, fotografías o algo que le perteneciera al moreno o le diera a entender que había ocupado ese cuarto antes. Todo era negro, el tapiz, el suelo de madera, la cama y sus cobertores, el baño, los muebles, las cortinas... todo daba un aspecto lúgubre así que Blaise no había podido hacer mucho más que abrir las cortinas y mostrar un poco la luz del día.
Lo peor eran las noches, eran terribles... Blaise siempre terminaba gritando y sollozando como si lo estuvieran matando, su cuerpo siempre estaba en constante alerta y su mente estaba tan revuelta que al menos tres veces al día tenía un dolor de cabello. Los elfos se encargaban de arreglar el cuarto cuando Blaise se bañaba y limpiar el baño cuando Blaise se cambiaba. Sólo los veía cuando le llevaban el desayuno y la cena, pues la comida era la única vez al día que podía ingerir alimentos fuera de su habitación.
Inclusive se había inspeccionado así mismo. Su tez era morena, su cabello era algo largo y rizado, tenía unos espectaculares orbes verdes y no tenía nada que envidiar a nadie, al menos él creía eso. Sobre su brazo derecho había dos palabras escritas a fuego: Blaise Zabini, como una cicatriz y no era la única en su cuerpo. Todo el pecho, brazos y parte de las piernas estaba lleno de finas cicatrices pálidas, a excepción de la que surcaba de su pectoral izquierdo al hueso de la cadera de su lado derecho... siempre se preguntaba que demonios le había sucedido para portar aquellas cicatrices. Del lado derecho de su pecho tenía un tatuaje muggle, los ojos de un leopardo que eran tan realistas que parecían mirarlo a todas horas.
Su cuerpo era una perfecta muestra de lo que la aptitud física podía lograr con la buena alimentación y ejercicios diarios, o eso pensaba Blaise, ya que todas las mañanas siempre parecía despertar con una energía insana aún cuando no dormía debido a las pesadillas invisibles. Tenía músculos en las piernas, brazos, muslos, abdomen, pecho... por todo el cuerpo y eso le había demostrado otra cosa. Era en extremo vanidoso; un orgullo inexplicable golpeaba su pecho siempre que se admiraba en un espejo y en cierta forma eso le daba un poco de vergüenza.
Fuera del cuarto también aprendió varias cosas, como que era un experto en las artes oscuras cuando Bellatrix se había empañado en entrenarlo para cuando regresara a Hogwarts. Otra cosa que aprendió fue que era bastante dotado en los hechizos que necesitaban gran destreza de la mente lo cual había provocado un sentimiento de sospecha dentro de él. Sabía que había sufrido un Obliviate tan potente durante una emboscada a la Orden del fénix que le había borrado la memoria al completo a excepción de las cosas básicas que sabía un ser humano, en su caso, cosas que había aprendido y se habían quedado marcadas a fuego en su memoria.
Si la Orden era tan mediocre como Bellatrix clamaba y él era un experto en esos encantamientos era imposible que alguien lo hubiera podido tomarlo desprevenido. Y con eso había llegado a una sola conclusión que lo llevó a intentar buscar respuestas.
Él mismo se había aplicado el Obliviate, por esa razón ningún medimago había logrado retirarlo y debido a que no tenía varita, Blaise suponía que se había deshecho de ella para no dejar rastro y que encontraran lo que buscaban.
Y gracias a esa conclusión que le había sacado cinco dolores de cabeza había averiguado otra cosa. Los encantamientos sin varita se le daban a la perfección, al igual que los silenciosos. Había logrado salir de su habitación sin permiso de Bellatrix gracias a su magia hacia dos días cuando había logrado enterarse de otra cosa.
La Orden del fénix, además de ser una panda de idiotas mediocres, había logrado esconder a Potter durante el ataque a la famosa "Madriguera", una casa de seguridad del lado de la luz. Harry Potter era el adversario de Lord Tenebroso, el jefe de los mortífagos y por ende, de él según Bellatrix. Por lo visto esos dos estaban en guerra para ver quién se hacía con el dominio del mundo mágico. El moreno no podía entender como se había visto envuelto en esa guerra cuando a él no le afectaba en lo absoluto, no tenía familia según Bellatrix y hasta hace poco se había mantenido en estado neutral y ni siquiera conocía a Potter. Así que no entendía como le había proclamado su fidelidad a el Señor Oscuro aún cuando no portaba la Marca Tenebrosa pues el amo y señor de todo -nótese el sarcasmo- le había permitido regresar a Hogwarts como espía para ganarse la confianza de los alumnos y tal vez conseguir el paradero de los traidores de la casa de Slytherin. Lo más importante de aquello, debía mantener un ojo en Hermione-la-sangre-sucia-Granger pues nadie confiaba en ella ni en el traidor a la sangre de Gregory Goyle, lo que -obviamente- había despertado la curiosidad de Blaise, quién descubrió que su grado de curiosidad rebasaba los límites de lo normal, hasta un punto que podía denominarse como curiosidad insana. Por alguna extraña razón, el nombre de aquella chica había despertado algo dentro de la mente de Blaise.
Mientras miles de pensamientos rondaban en su cabeza que el moreno siempre evitaba decir en voz alta por sentido de supervivencia, Bellatrix había pensado que logró su cometido, volver a Blaise un fanático de la sangre -lo cual estaba taaaan errado- pero el moreno no se encargó de corregirla.
Por primera vez, en todos esos días de encierro, le habían permitido salir de la mansión para asistir a la boda que daría un antes y un después entre las filas de mortífagos. Pansy Parkinson y Vincent Crabble, personas dentro del circulo interno del Señor Oscuro, se casaban por amor a sus cortos dieciséis y diecisiete años. Por lo visto había sido compañero de Casa de ambos y sería descortés faltar a su boda.
Así que se había puesto sus mejores túnicas -que ese mismo día una diseñadora francesa se había encargado de hacer- y había esperado a Belltrix y su esposo Rodolphus para que lo llevaran a la fiesta. Una vez llegaron mediante la Aparición conjunta, hecho que revolvió las entrañas a Blaise, quien quedó ligeramente sorprendido al observar esa obra de arte que trataba de hacerse pasar por la decoración de una boda. No recordaba haber asistido a bodas, así que no sabía como debían ser con exactitud o el protocolo a llevar pero parecía que no era la primera vez que pisaba una.
Había aprendido, al primer intento, a caminar entre los cientos de invitados con una soltura bastante diplomática y aristócrata. No había mostrado ni una sola mueca al saludar a los mortífagos, había sonreído con falsa maestría y demostrado unos modales propios de alguien que fue criado bajo el seno de una familia adinerada.
Alabó las vestimentas de las mujeres y mostró una sonrisa de complicidad a aquellos que portaran la misma aura de soberbia que llevaba él. Cuando saludó a la matriarca de los Parkinson, mostró su respeto y la felicitó por la boda y la decoración de la misma. En cambio, la conversación con Uxia Crabble fue tensa, la mujer, vestida con sus mejores galas, portaba una mueca de total desagrado y fruncía el ceño constantemente, mascullando maldiciones por debajo. Blaise se despidió con maestría, separándose momentáneamente de la pareja Lestrange para admirar el paisaje.
El gran jardín, con pasto tan verde que daba hasta pena pisarlo, se movía debido al viento que Blaise ni siquiera podía sentir debido a algún encantamiento. Había una gran carpa blanca flotando unos dos metros por encima de las cabezas de los invitados y las cuatro columnas de marfil, que trataban de aparentar sostener la carpa, estaban envueltas por una enredadera de diferentes tipos de flores, como una obra maestra. Anémonas, orquídeas y peonias de distintos tonos de blanco y rosa adornaban la carpa por doquier; todas con un lazo de oro envolviéndolas.
Las sillas de madera blanca estaban cubiertas por tela de encaje por sobre el respaldo, y el listón era unido por un broche de diamantes. Las sillas dejaban un pasillo justo en el medio, por donde pasaría la novia.
Este pequeño pasillo estaba cubierto por pétalos blancos y rosas, con un hechizo que los hacia elevarse de arriba hacia abajo sin tocar el piso, Blaise suponía que se quedarían en su posición aún cuando Pansy Parkinson y su padre pasarán por encima de ellas.
Al fondo, justo al terminar el pasillo de pétalos, estaba un piso rectangular de mármol, con una pequeña columna donde bailaba un fuego verde, que era lo único que no parecía contrastar con el lugar. Detrás del escenario donde se llevaría la boda había un pequeño lago donde los cisnes blancos se movían de un lado a otro, por encima de las aguas cristalinas.
Los elfos domésticos se paseaban alrededor de los invitados, que se encontraban fuera de la carpa charlando, y los invitaban a probar distintos aperitivos o copas de champán, todas portadas por bandejas de plata. El moreno no perdió tiempo para tomar un canapés de escalibada y una copa de champán cuando un grito hizo que sin querer tirara el canapés al suelo, que de inmediato desapareció.
-¡Blaise! -el susodicho se giró sobre sus talones, bebiendo de un sólo trago el champán y dejándolo en la bandeja de plata que iba pasando a su lado. Miró con atención al joven castaño que se acercaba a él, portaba un traje negro a su medida que parecía muggle, con una capa negra colgando de su cuello. Su largo cabello castaño lo llevaba hacia atrás con la ayuda de una diadema, igualmente mugue. Era atractivo, y Blaise se sorprendió al admitirlo con un asentimiento de cabeza: ¿era gay? El chico tenía unos orbes azul eléctrico y una cicatriz que surcaba una de sus cejas. A pesar de la larga capa, podía uno asimilar con rapidez la estructura atlética del muchacho mientras este se acercaba a él y le soltaba un puñetazo inofensivo en el hombro, arrugado la túnica del moreno- Bellatrix dijo algo sobre que te dejarían venir, pero realmente no me lo había creído -el chico sonrió, mostrando sus dientes tan blancos como las perlas- Venga, vamos -apuró, tomando a Blaise por el codo y arrastrándolo hacia la entrada de la magnífica mansión que se encontraba a varios metros de la carpa donde se llevaría acabo la boda.
Tropezó con los escalones de la entrada pero la fuerza que empleaba el castaño al llevarlo impidió que se cayera.
El lovvy había sido completamente alterado por la magia, o eso quería creer Blaise. El piso de mármol estaba tan limpio que el moreno podía ver su reflejo sin dificultad.
El enorme salón (pues eso era lo que parecía) estaba repleto, de una forma fría, de mesas circulares de cristal, con seis sillas alrededor de las mismas. Al centro de la mesa de cristal posaba un arreglo floral con orquídeas rosas o blancas y un candelabro de oro. Sobre las paredes blancas, que estaban limpias de cualquier retrato, colgaba tela blanca en forma de "u" larga hasta llegar a otro arreglo floral, ya sea de anémonas o peonias del mismo color que las de afuera. Al fondo, donde Blaise suponía cometían los futuros esposos y sus familiares, había una mesa larga de madera blanca con tres arreglos florales colocados de forma simétrica al igual que sus respectivos candelabros. Y, al centro de la mesa, estaba el pastel de bodas de color blanco y que parecía una obra maestra que Blaise tuvo pena de que fuera comido, debería ser conservado para la eternidad.
Era la perfecta boda de una princesa, pensó.
Sin detenerse en el salón donde se llevaría el banquete, el castaño lo guió hasta las escaleras que lo llevarían al segundo piso. Mientras subía por ellas, un pequeño mareo invadió al moreno mientras un terrible dolor de cabeza lo golpeaba.
Se tambaleo, tomando a duras penas la barandilla de la escaleras para evitar una caída. Frunciendo el ceño, se llevó las manos a la sien, al sentir un extraño cosquilleo... como si alguien intentará adentrarse en su cabeza.
-¿Estas bien? -preguntó su acompañante. Blaise negó, imaginando un gran muro blanco, cerrando sus memorias. El intruso se escurrió enseguida de su cabeza justo cuando el castaño a su lado reía en voz baja. Blaise lo fulminó con la mirada, ganándose una sonrisa maliciosa- Camina, llegaremos pronto -anunció antes de caminar dos pasos por delante de él y conducirlo por un largo pasillo de paredes blancas, con varios retratos colgados de diferentes cabecillas de la familia Crabble.
Al final del pasillo lo único que podía distinguirse eran unas enormes puertas blancas con dos elfos custodiando la entrada. El castaño asintió hacía los elfos antes de tomar la manija de la puerta y entrar por ella; lo esperó paciente hasta que Blaise, mascullando por debajo, imitó al castaño. La puerta se cerró detrás suyo mientras Blaise contemplaba, anonado, a los presentes.
Un joven de cabello rubio platinado, orbes grises y fríos como el hielo, con una piel tan pálida como el marfil, estaba cruzado de brazos recostado sobre la pared del fondo. Llevaba, al igual que el castaño, un traje negro muggle a su medida y su capa colgaba del perchero detrás suyo. Los ojos del rubio cayeron en Blaise, analizándolo de arriba a bajo. El moreno, molesto por el escrutinio, se enderezó altivo y fulminó al rubio con la mirada mientras le daba su mejor sonrisa socarrona.
-Vaya, sigues siendo el mismo... ¿quien lo diría? -su voz, un bajo susurro hizo que la piel de Blaise se volviera chinita. Ignorando el instinto de salir pitando del cuarto, miró al segundo chico ahí presente. Era, posiblemente, más alto que Blaise y con una musculatura asombrosa, tanto que su túnica le quedaba algo ajustada. Su piel era un poco menos bronceada que la del castaño pero tenía los mismos ojos azules, a diferencia de su cabello que era negro.
Y por último, estaba la novia. Pansy Parkinson, sentada en un banco de madera y mirando entre Blaise y el otro chico. Su vestido de novia era el indicado para una princesa, tanto, que parecía brillar como si llevará diamantes pulverizados en la falda. Digno de admirar, sobre el escote en forma de corazón con pedrería incrustada resaltaba el collar de diamantes que colgaba de su cuello. Tenía el cabello negro y corto, casi tocando sus hombros desnudos, pues el vestido no tenía mangas. Sobre la cima de su cabeza colgaba un broche de diamantes que sostenía el velo que por el momento caía hacia atrás.
Tenía unos espectaculares ojos azules que tenían cierto brillo de tranquilidad y alivio, lo que no era normal en alguien que se encontraba a punto de casarse con quien, según Blaise estaba enterado, era el amor de su vida.
Sus manos reposaba sobre la falda del vestido, envueltas alrededor de su ramo. Este, igual que los arreglos florales, era una mezcla de peonias, anémonas y orquídeas, con algunos diamantes brillando en los espacios y un ligero lazo de oro. Blaise chifló por debajo al admirar el diamante de compromiso de Pansy Parkinson, una argolla de oro con un grandidierite incrustado en el medio, una extraña piedra descubierta ese siglo que era infinitamente más cara que un diamante, era entre un color verdoso-azulado o azulado-verde que estaba flanqueado por dos esmeraldas que parecían custodiarlo.
-Blaise... -jadeo la chica, levantándose y dejando el ramo olvidado en el tocador que se encontraba detrás suyo. Su velo, que ahora levantada la muchacha, caía por toda su espalda hasta llegar al piso de mármol tapándole la espalda descubierta. Pansy Parkinson camino entre tropezones hasta el muchacho y lo atrajo en un apretado abrazo- Pensé que Bellatrix te había dañado y jugado con tu mente... -lo dejó ir, sin separarse mucho y tomando su rostro entre sus delicadas manos, Blaise era una cabeza más alta que ella- Intentamos detenerla, pero sí poníamos mucho empeño Vold... -se mordió la lengua- Maldito tabú -escupió- ... da igual, se daría cuenta que nosotros...
-Pans, ahora no -negó el fornido chico, mirando fijamente a Blaise desde donde se encontraba sentado- Él tiene muchas cosas en la cabeza como para que se la revolvamos más...
-¿Qué...?
-Vincent Crabble -se presentó el azabache, tomando por sorpresa a Blaise- Theodore Nott y Draco Malfoy -señaló al castaño y al rubio respectivamente- Sentimos haberte dejado con Bellatrix, pero las cosas se nos complicaron y ella se aprovechó de tener tu... custodia, durante la toma del Ministerio de magia...
-Tenemos que bajar... -les recordó Nott antes de que Blaise pudiera hablar. Pansy suspiro, separándose del moreno para ir por su ramo. Draco asintió, ausente.
-No podemos hablar mucho, pero toma esto en cuenta, fratello... -Malfoy se acercó a él, tomando descuidadamente su capa antes de abrazarlo con cierta fuerza y susurrarle al oído-: Bellatrix no es de fiar y lo sabes, mantente alerta... lo entenderás al regresar a Hogwarts... -Malfoy le palmeo la espalda antes de salir por las puertas por donde Blaise había entrado.
Nott pareció perdido en sus pensamientos unos segundo antes de abrazar presuroso a Blaise y seguir a Malfoy. Blaise, aún en su estupor, recibió un último abrazo de Vincent Crabble antes de que éste saliera por la puerta.
-Nos vemos abajo -murmuró hacia Pansy sin mirarla.
Blaise, confundido, miró fijamente a la chica antes de que está le sonriera con cierto cariño.
-Somos tu familia, Blaise... nosotros junto a Hermione y Greg... no lo olvides -una lágrima cayó por su mejilla- Salazar, agradezco no llevar maquillaje... ¿¡Qué haces todavía aquí!? Rápido, baja. La boda está por empezar -lo apuró, haciendo un movimiento despectivo con la mano. Blaise la miró durante unos segundos más antes de girarse y seguir el camino de los otros tres chicos.
Pansy se quedó sola en la habitación. No estaba lista para aquello, no quería convertirse en una esposa... pero era su única opción si no quería que su padre la vendiera a Carrow... al menos Vincent era alguien muy cercano a ella. Se asomó por el ventanal, mirando a los cientos de invitados antes de que un gran escalofrío la golpeara. Se giró en redondo.
-Señorita Parkinson...
-Mi señor... -soltó Pansy en un grito ahogado, dejando caer su ramo, haciendo una gran reverencia. Estaba empezando a temblar.
- No es necesario que te inclines, Pansy... -Pansy sufrió un escalofrío. Nunca había estado a solas con Voldemort y no esperaba que éste se presentará a su boda- Hoy debe ser el mejor día de tu vida -escuchó la burla en su voz, haciendo que la chica se mordiera el labio mientras levantaba su ramo y tomaba, ante la atenta mirada rojiza de Voldemort, su varita de sobre el tocador- Quiero ofrecerte un regalo...
-No es necesario, Mi señor... -apuró Pansy- Con su presencia me es suficiente...
-Toma lo que se te ofrece, Pansy -dijo Voldemort, caminando con pies descalzos hacia la joven chica, que se tenso disimuladamente- ... Nunca he ofrecido un regalo... estas de fortuna...
-Muchas gracias, Mi señor -dijo Pansy, haciendo una reverencia- Ahora que me lo ofrece, me gustaría pedirle dos cosas...
-¿La primera? -preguntó levemente sorprendido, no esperaba que la chica aceptará tan fácilmente. Aquella boda representaba una nueva era en el mundo mágico.
-Me gustaría que usted fuera quien me uniera en matrimonio a Vincent - murmuró, temerosa de su respuesta- Nosotros siempre quisimos formar parte de sus filas, creemos firmemente en los ideales que usted nos ofrece... Sería un gran regalo para Vincent... -y un punto a su favor. Sabía que nadie se metería con Vincent entre las filas cuando vieran que Voldemort sería quien les diera su bendición...
-¿Y la otra? -preguntó, confundido con el hilo de los pensamientos de la chica. No se esperaba aquello.
-Es sobre mi padre...
Pansy caminaba con la mirada sobre el piso de mármol mientras llegaba hacia las escaleras. Mil pensamientos se arremolinaban en su cabeza al reparar en lo que estaba a punto de hacer.
Vincent... se casaría con Vincent.
Uno de sus mejores amigos, alguien que era casi como un hermano... y éste había aceptado para protegerla. ¿Estaba mal aquello? ¿Debería negarse? ¿Podría hacerlo? No quería sonar egoísta, pero prefería mil veces que Vincent hubiera sacrificado su felicidad a largo plazo para casarse con ella y no dejarla a merced de Alecto Carrow.
Tal vez, si se esforzaba... podía hacer que Vincent la amará, como Blaise amaba a Ginny, como Theo a Luna, como Greg a Susan... como Draco a Hermione. Ella siempre había querido un amor de ese grado, siempre quiso que un hombre la mirará como si fuera su mundo... Tal vez... Tal vez hasta ella podría llegar a amar a Vincent.
Suspiró con fuerza, evitando soltar otra lágrima cuando llegó a la cima de las escaleras. Su mirada se posó en el mago que la esperaba al final de las escaleras y Pansy sonrió, le hubiera encantado ver la mirada de envidia de Hermione en ese momento... al menos ella había sido la primera en tenerlo a él para que la entregara. Caminó, aferrada a la barandilla, por las escaleras hasta llegar a él, quien le tendió el brazo para que Pansy lo entrelazara con el suyo.
-¿Lista? -su voz, como siempre baja y aún así podía escucharse por todo el lugar. Fijo su mirada en los orbes oscuros de su mentor, analizando su pálido rostro, su nariz ganchuda... su cabello engrasado. Se sentía en paz.
-Sí, profesor... - murmuró, aferrándose con fuerza al brazo de Snape y apretando con fuerza los tallos de las flores de su ramo. Caminaron con tranquilidad hacia la salida de la mansión, con el velo cayendo detrás de ellos hasta por unos tres o cuatro metros. Exagerado, pensó Pansy.
-¿Estas segura de esto, Pansy? -preguntó, mirando fijamente a una de sus alumnas más cercanas. Pansy asintió, enterrando con más fuerza las uñas en el brazo de Snape.
-Puedo llegar a amarlo... y sé que él no me hará daño... -confesó- Aunque me hubiera gustado casarme por amor, esto es mejor de lo que aspiraba cuando me uní a las filas -su mirada se posó discretamente en la Marca tenebrosa de su brazo izquierdo- Tal vez él pueda llegar a amarme.
-Eres una gran mujer, Pansy -dijo Snape- Eres tan valiente como cualquier estúpido Gryffindor -Pansy rió al escuchar el rencor en las palabras de Snape- Y estoy orgulloso de ser yo quien te entregue a Vincent.
-Lo quiero como nunca quise a mi padre, profesor -admitió Pansy justo cuando llegaban al inicio de la carpa. La música de boda sonó repentinamente, atrayendo la atención de todos los presentes en sus respectivos asientos para que fijarán sus miradas en Pansy y Snape- Gracias por aceptar llevarme... -sonrió, temerosa, llevando su mirada al final del pasillo de pétalos. Vincent, completamente tenso, la esperaba delante de Voldemort, con Draco parado a un lado suyo como su padrino. Sin quererlo, poso su mirada en los invitados al frente de todos.
Su padre la miraba con furia en los ojos, su madre asentía con orgullo y Uxia Crabble no quitaba la mirada de encima de su hijo, completamente asqueada con todo ese espectáculo.
Theodore le sonreía, guiñándole discretamente un ojo mientras codeaba a Blaise, quien rodó los ojos y asintió hacía Pansy. La chica se lamentó internamente, Blaise era uno de sus mejores amigos, y él no podía compartir su pena y alegría en ese día, pues no la recordaba.
La mirada de Pansy chocó con la de Vincent, sus orbes estaba teñidos de angustia, precaución, alivio... ¿alegría? ¿Por qué estaría alegre de casarse con ella? Inclusive pareció que su mente le jugó una mala pasada, pues por un segundo pareció que Vincent la miraba de la misma forma que ella esperaba que le miraran. Con amor.
- Yo también te quiero, Pansy -murmuró Snape, tomando por sorpresa a a la chica, que con ojos vidriosos se giró a su mentor justo cuando llegaban a los pies de la tarima de mármol. Pansy soltó un gritito de felicidad, abrazando a Snape con fuerza. Los gritos y exclamaciones de sorpresa no se hicieron de esperar cuando Snape le regresó el abrazo. Pansy sollozó por debajo, aliviada de escuchar aquello mientras una fuerte mano la apuraba a separarse de Snape. Con la mirada avergonzada se disculpó de su Jefe de Casa mientras enredaba sus dedos con los de Vincent- Cuídala - la amenaza implícita hizo que el corazón de Pansy diera un vuelco, aún más agradecida con Snape mientras Vincent asentía, sonriendo torcidamente a su profesor de Pociones mientras subía a Pansy para que ésta se parará a su lado para empezar la ceremonia.
-Hoy nos hemos reunido para celebrar la unión de dos almas nobles... - la voz baja y silbante de Voldemort causó escalofrío a todos los presentes. El mago tenebroso más poderoso de esos tiempos parecía divertirse con aquella escena. Una estúpida reunión entre dos jóvenes amantes que se miraban como si quisieran aferrarse al otro. Nunca habría pensado que la joven muchacha le pidiera unirla a uno de los protegidos de Snape, pero ahí estaba, diciendo las típicas palabras de una unión mágica mientras sus orbes rojizos recorrían la carpa. El nuevo Ministro de magia, quien estaba bajo un Imperius, sonreía ante la escena. Bellatrix, al igual que él, parecía exasperada con todo que embrollo mientras que la diversión bailaba en los ojos del joven Nott... había algo en él, algo que era lo suficientemente macabro como para despertarle la curiosidad. Parecía algo trastornado y algunas veces parecía respetar más a Malfoy y Snape que a él, eso no le gustaba, en lo absoluto- Vincent Crabble, ¿aceptas a Pansy Parkinson como tu futura esposa?
-Acepto -dijo el chico, decidido.
-Pansy Parkinson, ¿aceptas a Vincent Crabble como tu futuro esposo?
-Acepto -dijo la chica, con voz temblorosa.
-... Así, pues, los declaró unidos de por vida -Voldemort alzó su varita por encima de las cabezas de los novios y, acto seguido, una lluvia de estrellas plateadas descendió sobre ellos trazando una espiral alrededor de sus entrelazadas figuras- Un aplauso para los recientes Sr. y Sra. Crabble -ordenó. Los magos y brujas sangre pura se apresuraron a obedecer la orden de Voldemort mientras éste sonreía con maldad. Se sentía como un niño en Navidad.
Pansy miraba fijamente un punto cualquiera dentro del oscuro cuarto. La fiesta había terminado hace poco y ella y Vincent tenían que quedarse hasta que el ultimo de los invitados se marchase.
Theo y Draco se habían despedido con un asentimiento de cabeza y un par de bromas tratando de aligerar la tensión. Hasta había intentado ser amable al despedirse de Uxia Crabble cuando Vincent y ella se dirigían a sus aposentos. La mujer sólo le dedicó una fría mirada.
-Ambas sabemos que las bóvedas de la familia Crabble son tan grandes que pueden comprar un matrimonio -había comentado, destilando desprecio- Al menos sacaste algo bueno de esto, aunque ni mil millones de galeones serían suficientes como para que alguien amara a ese bastardo. Nadie puede caer tan bajo.
Pansy se había adelantado dos pasos para posiblemente atacar a Uxia Crabble a la manera muggle pero Vincent la había detenido por el codo.
-No vale la pena -habían sido las últimas palabras que le había dedicado a su madre antes de llevarla a la habitación que compartirían. Y desde entonces no habían pronunciado palabra alguna mientras Vincent de deshacía de sus túnicas y Pansy, aún con el vestido puesto y el ramo en la mano, había caminado hasta sentarse en la enorme cama.
A pesar de estar oscuro, la Slytherin podía percibir los objetos dentro del cuarto. Como cualquier otra habitación, estaba la cama al centro del lugar, con un mueble de noche a cada lado de la cama. Dos enormes armarios en lados opuestos del cuarto. Un tocador, un sofá al frente de la chimenea y una mesita entre ambas. Otra mesa circular con dos sillas en la esquina del cuarto, la puerta que llevaba al baño y la que llevaba al balcón de la pareja.
-¿Por qué Voldy? -Pansy pegó un brinco en la cama, tratando de mirar a Vincent por sobre la oscuridad. Podía hasta adivinar que estaba sonriendo. La chica rodó los ojos, lanzándole su ramo con una precisión asombrosa, si no fuera por que Vincent había sido golpeador del equipo de quidditch y tenía experiencia en esquivar las cosas que le lanzaban podría haberlo golpeado.
-No lo llames así, da escalofríos, idiota - siseo, quitándose el broche de diamantes para dejar caer el velo- Su magia ahora protege nuestro matrimonio de cierta manera. Aún que sea un mago oscuro sigue siendo poderoso... además del hecho que todos quedaron sorprendidos de que él haya llevado acabo nuestra unión. Todos pensarán que eres más cercano de lo que demuestras, tú, Theo y Draco...
-Vaya, entonces nuestra pequeña serpiente si piensa -se burló, ahora esquivando el broche de diamantes que Pansy le lanzaba.
-Tú si que sabes como sacarme de mis casillas -espetó.
-No, sólo quiero que no estés nerviosa...
-Lo sé -suspiró- Pero debemos consumar nuestro matrimonio aunque no queramos. Soy virgen, Vincent... no harás que se me quiten los nervios con burlas al Señor Oscuro.
-Y tú sólo harás que me den más escalofríos si sigues mencionándolo - murmuró Vincent, quitándose la camisa. Pudo percibir la mirada de Pansy sobre su torso ahora descubierto- ¿Estas segura?
-Mas de lo que puedo estar -respondió- Además me gustaría poder sacar a tu madre por cuenta propia de nuestra mansión mañana por la mañana. Y una vez nos hayamos unido en cuerpo será más fácil.
-Ahora yo me siento como un pedazo de carne siendo utilizado -se burló. Pansy rodó los ojos.
-No seas idiota y termina de desvestirte de una maldita vez.
-¿Tanto me deseas, Pans? -las mejillas de Pansy se encendieron.
-¡Deja de avergonzarme más de lo que estoy! -chilló, sintiendo el calor recorriendo hasta su cuello. Escuchó la risa ronca de Vincent mientras se terminaba de quitar la ropa con una velocidad alarmante y caminaba hacia ella.
-¿Por qué sigues vestida? -se quejó.
-Por que no todo el mundo es tan hábil en desnudarse como tú -masculló Pansy, sintiéndose temblar sobre la cama.
-Te ayudo... -murmuró Vincent justo cuando llegaba hasta donde se encontraba ella. Pansy se estremeció ligeramente cuando Vincent la tomó de la cintura y la levantó para poder ayudarla a quitarse el vestido. Siendo un conjunto de dos piezas, la ayudó primero a deshacerse del corsé con pedrería, desatando el listón que se escondía por debajo de la falda y dejándolo caer al suelo. Las yemas ásperas de sus dedos rasparon sin cierto cuidado la cadera de Pansy, haciéndola estremecerse más mientras se sostenía de sus abultados antebrazos para no caer.
El pecho desnudo de Vincent rozó el suyo al inclinarse para deshacerse de la falda del vestido. El sonido del vestido al caer el suelo es lo único que se escuchó sobre sus respiraciones.
-¿Estas bien?
-Estoy desnuda -espetó avergonzada- Así que no, me siento completamente descubierta...
-Lo estas.
-¡Vincent! -chilló- ¿Podrías dejar de intentar avergonzarse más?
-No era mi intención -murmuró el chico, tomándola por la cintura y alzándola. Pansy soltó un gritito de sorpresa, sin ser consiente, sus piernas se enrollaron alrededor de la cintura de Vincent para evitar caer- Realmente solo trato de que te sientas más cómoda y olvides que estamos en esto por culpa de Voldy, Draco y tu padre... sé que siempre quisiste que tu primero te tomará por amor, no simplemente por lujuria -dijo, mientras los subía a ambos a la enorme cama, dejándolos caer con un ruido seco sobre las colchas y quedando frente a frente.
-La verdad es que eso ya no me importa más -susurró Pansy en voz baja al ver el disgusto plasmado en el rostro de Vincent- Me basta con saber que no me harás daño y que me quieres tanto como yo a ti... me basta con que me conozcas
-¿Hablas en serio? -preguntó, como si quisiera asegurarse por última vez. Pansy asintió repetidas veces.
-Lo digo en serio. De verdad. Me basta con que seas tú, Vincent -aprovechándose del repentino sentimiento de valentía lo agarró de la nuca y tiró de él hacia abajo para darle un beso. Después de eso, todo se volvió borroso para ambos. Sus manos y labios estaban por todas partes, y una ola de placer los arrastró a ignorar todas las cosas que seguramente pronto saldrían mal, negándose a arrepentirse sobre aquello la mañana siguiente. Olvidando que no había sido una opción pero había sido la mejor que habían tomado en ese mundo de guerra.
Septiembre, 1. 1997
Plataforma 9 3/4.
Hermione caminaba por el andén arrastrando su baúl detrás suyo con un Wingardium Leviosa. Gregory iba a su lado, con el mismo encantamiento mientras daba ciertos empujones a los estudiantes que no se movieran.
El ambiente era tenso, demasiado tenso. Había aurores por doquier y no era ningún secreto a quienes buscaban. Todos tenían sus respectivas varitas en las manos y miraban fijamente a cada uno de los estudiantes que pasaban delante suyo.
En las entradas del tren estaban personas del Ministerio de magia con pergaminos en las manos y preguntando sus nombres para dejarlos pasar. Los padres se despedían con miedo de sus hijos, aterrados de lo que pudiera pasarles en Hogwarts. Aunque el andén nunca se había visto tan vació como aquel día, era evidente la falta de estudiantes a pesar de que fuera obligatoria la asistencia.
-Nombre...
-Hermione Jane Granger -respondió la Slytherin, mirando fijamente al hombre de túnicas azules, éste, con varita en mano, apuntó hacia Hermione. Gregory a un lado suyo se tensó, temeroso de lo que pudiera pasar.
-¡Revelio! -Hermione frunció ligeramente la nariz. ¿En serió creían que Potter sería tan estúpido como para volver a Hogwarts? Bola de imbéciles. Esperó paciente hasta que el hombre escribió su nombre sobre el pergamino y la dejó pasar al pasillo del tren. Mirando a ambos lados esperó a que el mismo procedimiento se llevara a cabo con Gregory antes de seguir caminando hacia su vagón.
A comparación de los demás años, no había ningún solo estudiante caminando por los pasillos, todos estaban encerrados en sus respectivos vagones con las persianas bajadas. Con una mueca de incomodidad, Hermione y Gregory lograron llegar a su vagón. Entraron en silencio y colocaron sus baúles sobre las repisas antes de mirar por la ventana. Los estudiantes se despedían de sus padres, los aurores estaban alerta, estaba muy segura de que había mortífagos en el andén.
-Hay demasiada seguridad -murmuró Gregory en voz baja. Hermione asintió en acuerdo.
-Una exageración -respondió- Dudo que Potter regrese a Hogwarts, o alguno Longbottom y Weasley, serían realmente estúpidos si lo hicieran.
-Son Gryffindor -Hermione rió ante el comentario.
-No creo... -la puerta del compartimento se abrió. Luna Lovegood con ropa muggle los veía fijamente desde la entrada, sus extrañas gafas reposaban sobre su cabeza- ¡Luna! -dijo, asombrada.
-Hermione... hola -murmuró con repentino avergonzamiento antes de mirar a Gregory- Greg...
-Luna... -él estaba igual de sorprendido que Hermione. Se incorporó en seguida- Pasa, pasa... -la instó, tomando su baúl y enviándolo sobre la repisa. Luna cerró la puerta detrás suyo y se sentó al lado de Hermione.
-Hablé con Theo... durante el verano -dijo, evitando la mirada de ambos- Me contó todo... realmente lo siento... sobre... sobre...
-Esta bien -interrumpió Hermione, tomando la mano de Luna para darle un ligero apretón- Alguien tenía que tomar esos riesgos -Luna asintió. Volvieron a quedarse en silencio hasta que el tren empezó a avanzar, traqueteando ligeramente primero antes de llevar un ritmo fijo.
-¿Creen que la señora de los dulces venga? -preguntó Gregory, ligeramente molesto por no haber desayunado esa mañana. Luna asintió repetidas veces mientras Hermione sonreía de lado. Y antes de que alguna de las dos pudiera decir algo, las puertas volvieron a abrirse.
-Granger... Goyle... Lovegood -masculló Pansy Parkinson, entrando en el vagón y cerrando la puerta detrás suyo. Las persianas se bajaron con un movimiento de varita y un Muffliato no verbal golpeo las puertas y ventanas.
Hermione se levantó de un brinco, atrayendo a Pansy en un fuerte abrazo.
-¡Oh, por Salazar! ¡Te extrañé tanto! -sollozó, aferrándose con todas sus fuerzas al pequeño cuerpo de Pansy que le regresaba el abrazo con la misma intensidad.
-Yo también, no tienes ni dea de cuanto... -berreó, enterrando su rostro distorsionado por las lágrimas en el cuello de Hermione- Fueron tantas cosas... Marcus, él nos pidió...
-Lo sé, lo sé... -la cortó Hermione justo cuando los brazos de Gregory se unían al abrazo. Se quedaron varios minutos abrazados antes de soltarse y que Hermione ayudara a Pansy a limpiarse las lágrimas. Sus orbes castaños cayeron sobre los anillos en su mano izquierda- ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Qué? ¿Quién?
-Una a la vez, Herms... -pidió Pansy, riéndose entre sollozos. Se sentó juntó a Gregory para mirar a Hermione y Luna de frente- El veinte de agosto Vincent y yo nos casamos...
-¡Jódeme! -gruñó Gregory, mirando a Pansy asombrado- ¿Entonces por fin él...?
-Fue un acuerdo con tu padre, ¿no? -interrumpió Hermione, fulminando con la mirada a Gregory. Éste se encogió en su asiento, avergonzado de haber podido delatar a su amigo. Pansy miró con confusión el intercambio de miradas entre Gregory y Hermione y sobre todo al ver la sonrisa de Luna, que parecía estar al tanto... bueno, ella siempre parecía estar al tanto de todo y todos.
-Eh... sí -dijo, terminando de limpiarse las lágrimas- Por un momento pensé que me casaría con Alecto Carrow, pero Vincent se ofreció para protegerme. Nos casamos antes de que yo regresara a Hogwarts... él y Draco no lo harán -miró ligeramente avergonzada a Hermione, que evitando la mirada de los otros tres presentes, se giró para mirar por la ventana.
No había podido ver ni una sola vez ese verano a Draco más que cuando fue al registro de hijos de muggles, y no había podido mirarlo como habría querido. A veces pensaba que se terminaría marchitando de esperar poder tenerlo otra vez entre sus brazos y poder besarle como no lo hacía desde su despedida. Se sentía egoísta y envidiosa de Pansy, Theo y Vincent que lo tenían siempre cerca suyo.
-¿Tu padre te entregó a Vincent? -preguntó Luna, tratando de aligerar el ambiente. Hermione parpadeo un par de veces, alejando las lágrimas para mirar a Pansy y esperar su respuesta. Al ver la sonrisa maliciosa de la Slytherin, entrecerró los ojos con desconfianza.
-Snape me entregó.
-¿¡Qué!? -gritó Gregory.
-¡Maldita! -aulló Hermione.
La puerta del compartimento se abrió por tercera vez para mostrar al último invitado del día o al menos eso esperaban. Blaise Zabini, con la mirada llena de preocupación, miraba fijamente a los cuatro presentes. Con pasos inseguros, se adentró en el vagón y cerró la puerta detrás suyo, mirando a Pansy.
-Nott me dijo que te encontraría en este vagón... -murmuró, antes de posar su mirada en Hermione, que lo miraba con ojos llorosos. Un poco avergonzado y con un sentimiento que no podía entender, se acercó a ella y la abrazó. La chica se aferró a él con fuerza.
-Por un momento pensamos que estabas muerto... no tienes ni idea de cuanto te lloramos -murmuró contra su camisa.
-Yo... yo no...
-Lo sé -dijo, removiéndose en sus brazos y mirándolo fijamente- Siento mucho que todo haya terminado así, pero tienes que confiar en nosotros... tú eres de los buenos. No eres fanático de la sangre, no crees en la supremacía de lo sangre puras y odias al Señor Oscuro -le sonrió, dejándolo ir antes de que alguien más lo abrazara. Gregory lo estrujaba entre sus brazos.
-Jodido idiota -masculló, separándose de él y dándole un empujón- Mirthy estaba muy preocupada, pensó que estabas muerto... la pobre casi se mata de la preocupación...
-¿Mirthy?
-Tu elfina doméstica -dijo Luna, tomando por sorpresa a Blaise- Es como tu familia, no te agrada que la insulten... ella trabaja en Hogwarts desde el año pasado solo para protegerte de cerca.
-No lo olvides, cuando lleguemos tienes que invocarla... realmente te extrañó -opinó Hermione, volviendo a sentarse. Blaise, ligeramente apenado por lo que creía era un regaño, se sentó al lado de Pansy. Ésta se revolvió en su asiento antes de sacar algo de su bolsillo del pantalón y tendérselo a Blaise.
-¿Qué...? -su garganta se cerró al ver lo que se encontraba entre sus manos. Supo identificarla de inmediato, su varita, la verdadera, partida en dos.
-Tú lo hiciste... no supimos como arreglarla -se disculpó Pansy. Blaise negó ferviente, guardando los dos pedazos de su varita dentro de su pantalón.
-No importa, me han dado otra... -Pansy asintió en comprensión antes de girarse y seguir hablando con Hermione y Gregory. Luna parecía más oyente que participe en la platica mientras el tren avanzaba hacia Hogwarts.
Después de lo que parecieron horas y antes de siquiera llegar a Hogwarts el tren fue bajando de velocidad hasta detenerse. Los cinco se dedicaron una mirada de entendimiento antes de que Pansy tomará a Blaise del codo y salieran rápidamente del compartimento. La puerta se cerró detrás suyo, dejándolos a los tres sumidos en un tenso silencio.
-Mantén tu varita cerca -dijo Gregory a Luna, que asintió aferrándose a su varita mágica, esperando algún tipo de ataque. Se escuchaban pasos fuera del compartimento aunque ellos no pudieran escucharlos a ellos, preguntas, gritos y risas formaron parte del revoltijo que se estaba haciendo afuera antes de que las puertas del compartimento se abrieran y mostraran a dos mortífagos.
Hermione se pegó instintivamente a su asiento, bajando la cabeza y esperando que Gregory se hiciera cargo de la situación.
-Potter no se encuentra aquí, si eso es lo que buscan -masculló, fulminándolo con la mirada. Los mortífagos, molestos por el tono empleado por Gregory, parecían dispuestos a molerlo a base de maldiciones cuando una voz los detuvo.
-No deberían buscar en el vagón de Slytherin, nadie ocultaría a Potter... los únicos traidores de nuestra casa o huyeron o murieron -murmuró una voz demasiado familiar. Los mortífagos se dedicaron una mirada antes de encogerse de hombros y marcharse sin cerrar la puerta. Esperaron pacientes hasta que el tren volvió a moverse justo cuando Pansy y Blaise volvían a entrar al vagón acompañados por una tercera persona.
La puerta se cerró detrás suyo, esta vez con magia antes de que Hermione se lanzara al cuello del nuevo integrante del grupo.
-Theo... -murmuró, sintiendo los fuertes brazos de su hermano aferrarse a su cintura. Hasta podía jurar que el castaño acababa de olerla.
-Hermione... -dijo con alivio, sin querer separarse de su hermana- Yo... Adrian...
-Esta bien, Theo... todo va a estar bien -susurró, separándose de él antes de darle un beso en la mejilla- Hicimos lo que debíamos -Theo asintió, antes de estrellarse en un abrazo contra Gregory.
-Joder, chucho... uno ya extrañaba tu mal humor...
-Y pensar que dejé a mi hermana a tu cuidado -masculló Theo en respuesta, dándole un ligero puñetazo a Gregory en el pecho. Se dejó caer en el espacio que dejaban Hermione y Luna, levantando a esta última entre sus brazos y sentándola en su regazo. Las mejillas de Luna enrojecieron ante las burlas maliciosas de los Slytherin, incluidos Blaise, mientras sentía como Theo canalizaba su magia con la suya y la olía discretamente.
-¿Listos para regresar a Hogwarts? -preguntó Pansy. Hermione asintió, decidida.
-Todos tenemos roles a seguir, es hora de cumplir con los nuestros.
-Entonces... -dijo Blaise, carraspeando para atraer la atención de todos- ¿Quién es ella? -preguntó, señalando a Luna con la mirada. La carcajada compartida no se hizo de esperar, tomando por sorpresa a Blaise, pues él estaba haciendo una pregunta seria- ¡Ey! ¡No se rían! ¡Que estoy hablando en serio! -masculló, sin querer, alentando más las risas. Repentinamente indignado, se cruzó de brazos y fulminó con la mirada a quiénes suponían eran sus amigos.
Tome partes prestadas de "Harry Potter y las reliquias de la muerte" como también de "Correr o Morir" de James Dashner.
Ya sé, no hubo lemon pero deben disculparme... lo intenté, de verdad que sí, pero no soy buena con ese tipo de narraciones. Así que dudo subir capítulos con contenido lemon a menos de que alguien se apiade de mí y ofrezca sus servicios para llevar acabo aquellas descripciones.
¿Qué tal les pareció?
Nuestros Sly por fin vuelven a Hogwarts. Debo admitir que al principio no planeaba hacer que Theo o Pansy volvieran pero conforme se dio dando el capítulo me pareció algo necesario, aunque no lo olviden, Theo seguirá apareciendo en misiones importantes en las filas de Voldemort aunque sobre Pansy no estoy segura, tengo un desvió totalmente sorpresa para ella, estuve pensándolo durante mucho tiempo así que no estoy segura.
¡ALERTA SPOILER!
LEER BAJO SU PROPIO RIESGO.
Les invito a votar: ¿Les gustaría que Pansy quedará embarazada?
Espero que les haya gustado y no olviden dejarme sus Review, siempre los leo.
-NiaMalfoy.
