¡Hola mis bellezas! ¡Lo sé! ¡Lo sé! Quieren lincharme, y les diría que tengo una excelente excusa para no haber actualizado en -déjenme ver mi celular...- Exactamente dos meses (ayer). Lo siento tanto, he estado un poco estresada con la escuela y con unos terribles exámenes pero ya me tienen aquí, y tal vez haga una actualización durante esta semana (¡Estoy inspirada!) y también actualice: Magic World y La Libreta Negra (para quiénes sigan esas historias)

Bueno, no tomo mucho de su tiempo.

¡He leído todos sus Review's! ¡Lo juro! Y desearía responderlos pero sé que están más pendientes de la actualización que de mis comentarios.

Sin más, los dejo leer. *Guiño* *Guiño*


Septiembre, 1. 1997

Expreso de Hogwarts.

La frustración de Blaise aumentaba con cada palabra que salía de los labios de Hermione, Gregory, Pansy, Theo e inclusive Luna. Las cosas de las que hablaban, los recuerdos que compartían, las sonrisas dadas no hacían más que molestar a Blaise a un nivel elevado.

Se sentía como un completo idiota cada vez que Hermione salía en su defensa cuando Pansy empezaba a atacarlo con comentarios hirientes sobre su decisión de borrarse la memoria. La molestia lo embriagaba cada vez que Gregory lo miraba con gesto preocupado y cada vez que Theo le sonreía como si compartieran algún tipo de secreto mutuo. Harto de tantos ataques sin sentido, había salido echando humo del compartimento que compartía con ellos con la excusa de buscar un lugar donde pudiera cambiarse.

Saliendo del vagón que pertenecía exclusivamente a los estudiantes de Slytherin, había caminado sin rumbo alguno hasta encontrar un compartimento vacío lejos de sus compañeros de casa.

Bloqueando la puerta con encantamientos oscuros que Bellatrix Lestrange le había enseñado durante su entrenamiento en sus vacaciones, se dispuso a mirar los dos pequeños baúles en sus dos manos. Ninguno sobrepasaba los cinco centímetros y ambos le pertenecían, o al menos eso habían mencionado aquellos que se los dieron. Del lado derecho estaba el baúl que Gregory Goyle le había dado y del izquierdo el que había traído desde Lestrange Manor.

Con un bufido de exasperación, guardo el baúl de su mano izquierda y lanzo un Engorgio al otro para poder inspeccionarlo. Diferentes tipos de vestimentas, libros nuevos, zapatos y accesorios en un baúl sin fondo fueron revueltos para que el moreno pudiera encontrar lo que buscaba. El uniforme de Slytherin sin una sola arruga molestó a Blaise más de lo que esperaba, no entendía porque una simple prenda podía hacerlo enojar.

Desvistiéndose, se colocó el uniforme con molestia hasta quedar listo para Hogwarts. No duro más de unos segundos con el uniforme puesto, pues sintiéndose un impostor con aquellos trapos encima de él, se los quitó con un gruñido de enojo y se dedicó a buscar el uniforme que Bellatrix había comprado para él la semana pasada. Después de agrandar el otro baúl y repetir los mismos pasos que con el primero, optó solo por colocarse la camisa blanca del uniforme, la corbata y la túnica. Disparando una mirada a su antiguo baúl, sacó unos pantalones que se le antojaron muggles y unas botas de combate similares a las de los aurores.

Admirándose en el ventanal para poder anudar la corbata, miró de reojo como su antiguo uniforme reposaba, tirado con maestría sobre el asiento, sin moverse. Tratando de ignorar la punzada de molestia que volvía a embriagarlo, anudó con más fuerza de la necesaria el nudo de la corbata hasta casi asfixiarse, sin poder dejar de disparar miradas hacía el uniforme.

-¡Deja de juzgarme! -gruñó con exasperación, tomando su varita del alféizar de la ventana, se giró para poder dar la cara a su antiguo uniforme-: ¡Incendio! -un ráfaga ligera de fuego golpeó con maestría el viejo uniforme mientras Blaise aplicaba una barrera de protección para que el fuego no se expandiera.

Se quedo parado, sin mover un músculo, mirando como el viejo uniforme se reducía a cenizas poco a poco. La molestia fue remplazada por una sonrisa de victoria antes de que la vergüenza empezara a subir por su garganta hasta hacerlo sentir incomodo. Temiendo estar perdiendo la poco cordura que le quedaba, y desatando un poco el nudo de su corbata junto a los tres primeros botones de su camisa blanca para poder tomar más oxígeno, lanzó varios hechizos alrededor del compartimento. Los baúles empezaron a reducir de tamaño mientras las pertenencias de Blaise se iban acomodando dentro de ellos, justo cuando el fuego se extinguía y las cenizas se barrían con una ráfaga de viento. Ambos baúles volaron a los bolsillos del moreno mientras éste deshacía los encantamientos de protección del compartimento y salía de él con un supiro de alivio, pues se había sentido repentinamente claustrofobia.

Inhalando aire fresco -sin olor a humo- caminó de vuelta a su vagón mientras terminaba de deshacer el nudo de su corbata y jalaba con cierta fuerza los rizos de su cabellera, en un intento de detener la frustración. Empezaban a molestarlo todos aquellos sentimientos tan contradictorios, no podía entender el disgusto que se instaló en su paladar al mirar sus viejas pertenencias y la vergüenza que lo golpeaba cada vez que veía a Gregory Goyle y Hermione Granger, como si los hubiera... traicionado.

Un bufido molesto escapó de sus labios justo cuando la puerta del compartimento que estaba a punto de pasar se abrió de golpe, sonando con fuerza por todo el pasillo. Un fuerte olor a tulipanes mezclado con pasta de dientes golpeó el rostro de Blaise. Disparando una mirada condescendiente hacía el lugar de donde provenía ese olor, se encontró casi de frente con una hermosa diosa pelirroja. Blaise se quedó prácticamente pegado al suelo cuando sus ojos chocaron con los de ella.

Su largo cabello liso y rojizo caía por detrás de sus hombros y el Slytherin podría jurar que le llegaba justo por encima de la cadera. Parecía brillar y eso hacía resaltar su pálido rostro lleno de pecas. Orbes azules enmarcados por unas largas pestañas rojizas al igual que sus, poco, delicadas cejas y una nariz ligeramente puntiaguda, pómulos algo altos y el rostro un poco redondo aunque a Blaise se le hacía perfecto.

La pelirroja portaba una túnica roja y una corbata del mismo color con franjas doradas que representaba a los estudiantes de la Casa de Gryffindor. Aunque su corbata estaba floja sobre su pecho y los tres primeros botones desabrochados como los de él mostraban con facilidad el inicio de la cima de sus senos. La falda quedaba varias pulgadas por encima de sus rodillas sin parecer vulgar.

-¡Zabini! -Blaise levantó la mirada de golpe, agradeciendo internamente que el color de su piel evitara ver su ligero sonrojo tan fácilmente aunque para la pelirroja no fue así. Su pálido rostro tomó un color rojizo que bajaba por el cuello y se perdía gracias a la camisa.

-Uh... -el moreno se atragantó con sus propias palabras mientras las puertas de los demás compartimentos se iban abriendo una por una. Diferentes rostros llenos de curiosidad se asomaron para ver el porque del escándalo, al reparar en los colores de la túnica de Blaise, la confusión pasó a desprecio de inmediato- Ah... -las palabras no salían y Blaise empezaba a sentirse incómodo e inseguro de sí.

-¿Por qué has salido tan rápido...? ¡Zabini! -gritó otra voz al lado de la pelirroja. Al igual que la primera, tenía el cabello rojizo aunque de un tono más apagado, la piel un poco más bronceada y muchas menos pecas en el rostro, sus ojos eran de un inconfundible color marrón nada especial, o al menos eso le pareció a él. Su túnica era amarilla y su corbata del mismo color con franjas negras, una Hufflepuff.

-Las serpientes no son bienvenidas en nuestro vagón, Zabini -escupió una voz dos compartimentos más al frente. Un chico de tez morena, desgarbado y más alto que Blaise, lo miraba con profundo odio. El estandarte en el pecho de chico era un león.

-Solo iba de paso -siseo el moreno, disparandole una mirada desinteresada antes de reparar en los demás estudiantes. Muchos eran de Gryffindor.

-Pues solo quédate de paso en el vagón de Slytherin -dijo una voz al fondo del vagón, siendo coreada por varios murmullos de aceptación de sus demás compañeros. Blaise bufó.

-¡Vuelve al agujero de donde saliste! -gritó alguien más entre la multitud de estudiantes que empezaban a salir de sus compartimentos para ver mejor el confrontamiento entre Blaise y el otro chico del que desconocía su nombre.

-Que valiente se es uno cuando se ocultan entre la marea de gente -escupió una voz un par de metros delante del moreno. Hermione Granger se encontraba parada justo en medio del pasillo sin que nadie la hubiera escuchado venir. Sus risos caían con elegancia sobre su pecho, sus obres miel miraban con superioridad a los estudiantes de Gryffindor. Vestía el uniforme de Slytherin y la insignia de "Prefecto" brillaba entre sus risos junto a la de "Premio Anual" en su túnica.

-La nacida de muggles de Slytherin ha hablado -se burló alguien de Gryffindor. Hermione rodó los ojos con cierto aburrimiento mientras se cruzaba de brazos, resaltando más su presencia.

-Y el cobarde de Gryffindor también lo hizo -masculló- ¿Por qué no vuelven a sus compartimentos? No los vi tan valientes cuando se enfrentaban a los mortífagos... ¿o es que les tienen miedo? -se mofó. Blaise negó con diversión antes de ir a su encuentro.

-¡No hay un solo Gryffindor que sea cobarde! -espetó el moreno que había increpado a Blaise la primera vez. Hermione sonrió con arrogancia, tomando la mano de Blaise con la suya y girándose en redondo, arrastrado al Slytherin consigo.

-¡Peter Pettigrew! -dijo Hermione como toda explicación mientras caminaba, con Blaise detrás suyo, de vuelta al vagón de Slytherin. Caminaron en silencio varios minutos antes de que Blaise desenlazara sus dedos de los de Hermione y le disparara un mirada curiosa- ¿Qué...?

-¿Quién es...?

-¿Peter Pettigrew? -Blaise no necesito asentir, pues la Slytherin siguió hablando- Una rata. Fue quién entregó a los Potter a Lord Vold... -se mordió la lengua- A Lord Tenebroso. Era uno de los mejores amigos de James Potter y Sirius Black, y por ende Gryffindor -Blaise asintió como si lo comprendiera antes de continuar caminando hacia su compartimento junto a la chica- Un consejo, Blaise... -dijo la castaña, mirando de reojo al moreno- Los Gryffindor no son de fiar.

-¿Ninguno? -Hermione frunció el ceño.

-Ninguno... nadie en esta maldita escuela lo es... -masculló- Todos entregarían a un Slytherin en bandeja de plata para salvarse el trasero, no lo dudes.


Expreso de Hogwarts.

7:50 p.m

-El tren... el tren se detuvo -gimió Luna en voz baja, su pecho subía y bajaba con fuerza a pesar de casi no tener espacio para hacerlo. La falda del uniforme caía sobre su cintura, mostrando a simple vista sus pantys de algodón blanco y sus medias negras del uniforme estaban arrugadas sobre sus tobillos, sin vista alguna de sus tennis muggles, unos Chuck Taylor blancos.

Todos los botones de su camisa blanca estaban desabrochados y tampoco había rastro alguno de su corbata. Su largo cabello casi blanco estaba más alborotado de lo usual y algunos mechones estaban atorados en su collar de corchos de cerveza de mantequilla.

-Aún tenemos unos quince minutos antes de que vuelca a partir -gruñó Theodore, restregándose con más fuerza contra el cuerpo de Luna debajo del suyo. No llevaba la camisa de su uniforme y el pantalón lo llevaba desabrochado, al igual que con los zapatos de Luna, no había rastro alguno de los suyos. Su cabello castaño caía sobre su cuello de lo húmedo que estaba.

-No creo... no creo que sea buena idea -murmuró Luna entre suspiros, deslizando sus manos del cuello y cabello de Theo hacía su pecho desnudo para poder aplicar un poco de fuerza, aunque sabía que con todas sus fuerzas nunca podría parar a Theo a menos de que él lo permitiera. Theo gruñó por debajo antes de alejar sus labios del cuello de Luna e incorporarse para ayudar a la rubia a sentarse y buscar sus cosas.

Luna rió por debajo al ver el ceño fruncido de Theo y el puchero que estaba haciendo, mascullando cosas sobre "estúpido tren" y "¿porqué tenía que regresar a Hogwarts?" mientras buscaba su camisa, antes de volver a quejarse y conjurarla con un Accio. La rubia empezó a abrocharse la corbata que Theo le tendía y sus tennis.

Jalando un poco su cabello, desprendió con cierta fuerza los mechones del collar antes de que Theo terminara de vestirse y desbloqueara la puerta.

-No necesitabas poner tantas barreras de protección -murmuró Luna, palpando sus bolsillos en busca de sus baúles, al encontrarlos, se levantó y tomó la mano de Theo que la miraba atento desde la puerta.

-Siempre debes colocar protección en tus puertas, Luna... sobre todo en estos tiempos -dijo, colocando una mano contra la mejilla de Luna antes de atraerla hacia él para darle un beso.

-Theo... -suspiró Luna contra los labios del castaño, sintiendo la respiración de Theo sobre los suyos.

-Ten cuidado -pidió. Luna asintió, sin despegar la mirada del rostro de Theo. Se alzó de puntitas y volvió a besar al castaño antes de salir del compartimento. El Slytherin se quedó parado contra la puerta, viendo a la rubia marcharse.

Theo quedó sumido en sus pensamientos. Sabía que no podría estar tan cerca de Luna como hubiera querido y que la bestia dentro de él aún reclamara un alma que no era suya, por el momento, no era de gran ayuda. Se sentía realmente molesto, su debilidad por ver a Luna y a Hermione le había jugado una mala pasada y ahora ya no podía marcharse de Hogwarts... mejor dicho, ya no quería hacerlo. Draco había tenido razón, verlas solo había provocado que su fuerza para llevar acabo la misión de espía dentro de las filas de Voldemort menguaran por completo.

Se pasó una mano por su largo cabello, que caía hacia la mitad de su cuello y lo tironeó con exasperación.

No debería haber vuelto.

No debería haber sucumbido.

No debería estar ahí, aún oliendo el frágil aroma de Luna

Debería estar entre las filas, junto a Vincent y Draco.

Los había dejado solos.

Él no era el único que estaba luchando contra sus demonios, había sido estúpido por creerlo de esa manera.

-¿Nos vamos? -preguntó Pansy sacando al Slytherin de su ensimismamiento, no la había escuchado llegar. La pelinegra tenía una diadema muggle, negra y delgada, entre sus finas manos. Theo soltó un suspiro pesado, tomando el accesorio y colocándoselo en la cabeza, arrastrando su cabello hacia atrás- Deberías cortarte esas greñas -se quejó, viendo como el cabello de Theo caía hacia atrás, dejando despejada su frente y haciendo más visible aquella cicatriz en su ceja.

-¿Y Hermione? -preguntó Theo, ignorando lo dicho por Pansy. La morena negó con la cabeza, cruzándose de brazos.

-Se fue con Gregory y Blaise al carruaje, te espero... pero bueno, no llegaste.

-Bien -dijo, antes de seguir el mismo camino que Luna. Pansy suspiró derrotada, mirando con cierto pesar la espalda de su amigo antes de caminar detrás de él.


Hogwarts.

8:05 p.m

-Hermione, lo estas dejando sin oxigeno -se mofó Gregory detrás suyo. Hermione, reticente, dejo ir al Slytherin de entre sus brazos. Alexander Borgin inhaló oxigeno con fingida exageración, ganándose un golpe en el abdomen por parte de Hermione que de inmediato le robo el oxigeno que acababa de conseguir y logró que se doblara por la mitad, gruñendo por debajo. Su cabello castaño cayó sobre sus ojos, ocultando un poco su rostro a pesar de estar mirando hacia el suelo.

-Joder -soltó con voz ahogada, dando unos cuantos traspiés hasta lograr tomar la muñeca de Herbert Rookwood, su mejor amigo y primo lejano, para poder tomar (ahora sí) el oxigeno que Hermione le había sacado con el golpe- Para tener la mano pequeña, tienes una fuerza increíble -se quejó.

Hermione rodó los ojos, cruzándose de brazos y mirando con fingido enojo a ambos adolescentes. Alexander Borgin y Herbert Rookwood estaban a punto de cursar su tercer año en Hogwarts y ya eran casi tan altos como ella, aunque no podía valerse de los siete centímetros con que los superaba. Los dos tenían el cabello castaño, orbes del mismo color y su tez era un poco bronceada, aunque Alexander tenía el rostro un poco más puntiagudo mientras que la mandíbula de Herbert empezaba a mostrar un toque cuadricular.

-Eres tan exagerado -se burló Herbert, aun frotándose el cuello que estaba un poco adolorido por el fuerte abrazo que Hermione le había regalado. Rió al soltarse de Alexander mientras éste lo fulminaba con la mirada antes de que ambos voltearan a ver a Blaise, que parecía un poco incomodo parado ahí, a un lado de Gregory- Entonces es cierto... -murmuró, ganándose la atención del moreno.

-¿Qué cosa? -preguntó a la defensiva, tensando todo el cuerpo.

-No sabes quien eres... -respondió Herbert.

-Al menos, no con seguridad -opinó Alexander, también analizando con la mirada al moreno. Blaise los miró con irritación.

-¿Y ustedes como demonios saben eso? -espeto.

-El padre de Herbert es mortífago -respondió Hermione. Al ver la mirada desafiante de Herbert y Alexander hacia Blaise, miró al segundo- Por cierto, tus padres me salvaron aquel día en el juzgado... estoy inmensamente agradecida.

-No hay de qué, Mione -negó Alexander- Era lo mínimo que podíamos hacer por ti... por Marcus... -dijo, incomodo. Él nunca había conocido a Marcus, al menos no en persona, pero había escuchado las historias de grandeza en las mazmorras y sabía que el cazador de los Appleby Arrows había sido el padrino de Hermione cuando ella entró a Hogwarts. La chica, como toda respuesta, se le empañaron los ojos y le dio un ligero apretón de manos antes de girarse hacia la entrada del vestíbulo.

-Deberíamos entrar -murmuró con voz queda. Gregory le pasó un brazo por sobre los hombros y le dio un ligero beso en la cabeza antes de murmurar algo en voz baja. Después se dispusieron a caminar hacia el castillo, con Herbert y Alexander acribillando con preguntas a Blaise, que no parecía nada contento con ser el centro de la atención de ambos adolescentes. Caminaron en silencio el poco recorrido que era cruzar el vestíbulo del castillo antes de que Hermione soltara un grito ahogado y se detuviera delante de las puertas del Gran Comedor.

-¿Qué sucede? -preguntó Gregory al sentir los hombros tensos de la chica debajo de su brazo.

-Creo que iré a ver a Mirthy -dijo en voz baja- Deberíamos calmarla antes de que vea a Blaise... podría hacer un espectáculo -balbuceo, disparando miradas nerviosas al pasillo que llevaba a las cocinas de Hogwarts. Gregory frunció el ceño.

-Puedo ir contigo cuando termine el banquete -dijo- Sería peligroso caminar por el castillo con los dementores rondándolo.

-Están fuera, Greg -dijo Hermione- No entrarán, y no hay mortífagos. Snape no lo permitiría.

-¿Entran o qué? -preguntó Blaise casi cruzando la entrada del Gran Comedor con el ceño fruncido, había escuchado sus murmullos hasta donde estaba pero no escuchó de lo que hablaban. Alexander y Herbert parecían más chicos al lado de Blaise, que fácil le sacaba una cabeza.

-Ve, Greg. No tardo -instó Hermione, quitándose el brazo de Gregory de encima, dándole un beso en la mejilla y caminando apresurada hacia las cocinas de Hogwarts.

Gregory soltó un suspiro exasperado antes de disponerse a ir detrás de ella antes de que Blaise volviera a hablarle. Se debatió un instante sobre acompañar a la castaña pero al final terminó siguiendo a los otros tres chicos con reticencia.

El Gran Comedor era igual que como lo recordaba. Velas flotando por encima de sus cabezas, el gran ventanal de vidrio detrás de la mesa del profesorado que ya se encontraba completa.

Las cuatro mesas de las cuatro distintas casas descansaban una al lado de la otra, abarrotadas de platos, copas, tenedores y cucharas de oro, todas relucientes.

Tanto las mesas de Hufflepuff como las de Ravenclaw y Gryffindor empezaban a mostrar varios alumnos con gestos sombríos, al igual que el profesorado. Todos parecían tensos en sus asientos y disparaban miradas nerviosas a Snape cada dos por tres.

Severus Snape, jefe de la Casa de Slytherin y actual director de Hogwarts parecía más imponente sentado al centro de la mesa, flanqueado por dos mortífagos, uno de cada lado.

-Los hermanos Carrow -dijo Herbert con voz ahogada, había quedado repentinamente quieto a la entrada del Gran Comedor.

Amycus y Alecto Carrow pasaban su mirada por las mesas de Gryffindor, Hufflepuff y Ravenclaw con una sonrisa divertida mientras sus ojos brillaban con malicia.

-Vamos, caminen -apuró Blaise, dando un ligero empujón a ambos Slytherin para que continuarán su camino hacia la mesa vacía de las serpientes. Trastabillando un poco, ambos adolescentes se dirigieron a su desolada mesa.

-¿Serán un problema? -preguntó Gregory caminado a la par de Blaise, dirigiéndose a la cabecera de la mesa más cercana a la mesa del profesorado.

-No estoy seguro, no tuve el placer de conocerlos -admitió Blaise- Pero, según sé, Alecto era con quien Pansy se casaría antes de que Cra... Vincent -se corrigió- ... pidiera su mano.

-Entonces sí serán un problema -siseo Gregory tomando asiento de forma que daba la espalda a la selección que se llevaría acabo, Blaise se sentó a un lado suyo mientras Herbert y Alexander se sentaban delante de ellos. El Slytherin se giró levemente, analizando a ambos mortífagos con la mirada.

Sabía que Alecto y Amycus eran los tíos de Flora, su antigua compañera de Slytherin. Habían estado presos en Azkaban y sabía que estuvieron durante el atentado contra Dumbledore. Ambos tenían rostro duro, cabello castaño y ojos azules, complexión musculosa y espalda ancha, sí no fuera porque Amycus llevaba el cabello trenzado en una coleta, nunca se hubiera entrado que era mujer.

-¿Adonde fue Hermione? -preguntó Blaise, sacando a Gregory de sus divagaciones. El Slytherin se sentó recto y descanso su barbilla sobre su puño.

-A las cocinas -dijo sin más. Blaise abrió los labios, listo para preguntar más a fondo antes de que Alexander se inclinará sobre la mesa para acercarse a ellos.

-Nomi Mulciber acaba de cruzar la entrada -dijo Alexander llamando la atención de los otros tres. Sus ojos rápidamente cayeron sobre la Slytherin de quinto año que acababa de entrar al Gran Comedor. Llevaba puesta la túnica de Slytherin y parecía recorrer la gran mesa con la mirada, de una punta a otra.

Sus hombros cayeron, liberando la tensión y no faltaron segundos para que casi corriera hacia donde estaban ellos. Su larga cabellera castaña rebotaba contra su espalda y sus orbes azules parecían resaltar gracias al tono moreno de su piel, que siempre cuidaba como si fuera porcelana.

-Por fin los encuentro -jadeo la Slytherin dejándose caer a un lado de Herbert. Soltó un suspiro agitado y se llevó la palma de la mano al pecho, sintiendo su corazón latir con fuerza- Los busqué cuando bajamos del tren. Después de que mi... después de que los mortios entrarán al tren, literalmente me quedé pegada a mi asiento -dijo con voz apenada.

-Tranquila, lo entendemos... -dijo Gregory, estirando su brazo y envolviendo la pequeña mano de Nomi entre la suya, mucho más grande. Las mejillas de Nomi encendieron con fuerza mientras Blaise la miraba con sospecha.

-¿Quién demonios eres? -espetó Blaise. Nomi lo miró entre sorprendida e incrédula al mismo tiempo que Gregory lo fulminaba con la y Alexander y Herbert se reían por debajo.

-Nomi Mulciber -respondió la chica.

-Eso lo sé -Blaise puso los ojos en blanco mientras chasqueaba la lengua- Rookwood te anunció cuando entraste.

-Hija de mortífagos, ¿por qué demonios crees que estoy aquí? -preguntó la morena, ahora a la defensiva. Gregory suspiro, dio un ligero apretón y le soltó la mano.

-Pudiste haberte ido con los King, estaban dispuestos a correr el riesgo -le recordó Gregory.

-Y yo no estaba dispuesta a que mi padre los cazara por mi culpa -respondió con enojo- Son prácticamente mi familia, no quería arrastrarlos en esto.

-Ellos están hasta la mierda en el cuello sólo por haberse ido -opinó Herbert, ganándose una mirada furiosa de Nomi. El chico se encogió de hombros- Son traidores a la sangre para El-que-no-debe-ser-nombrado. Eso, simplemente, es peor que ser un hijo de muggles.

-Si él los encuentra, les irá peor de lo que les fue a Adrian y a Peregrine -concordó Alexander. Blaise soltó un gritito ahogado, llamando la atención de todos.

-Ten respeto, imbécil -dijo con voz ronca. Había escuchado la historia sobre cómo sus amigos suponían que se había borrado la memoria durante el trayecto del carruaje desde Hogsmeade hasta Hogwarts. Le contaron que regresaba de una entrega -lo que suponía era ocultar a una familia de Slytherin- cuando los mortios aparecieron en el Callejón Diagon de un momento a otro y empezaron a lanzar maldiciones asesinas de diestra a siniestra, sin importarles que hubieran niños en el Callejón.

No sabía cómo había logrado escapar el tiempo suficiente para borrarse los recuerdos, pues de seguro había perdido la pócima para borrar el paradero de la última familia Slytherin durante el primer ataque (eso creía Gregory).

No había sido el único, habían ido otros cuatro chicos con él que no tuvieron la misma suerte que el moreno. Marcus Flint, antiguo prefecto de Slytherin y ex capital del equipo de quidditch de la serpientes había sido el líder de la expedición... los testigos dicen que murió al último, que prácticamente el mortífago lo ejecutó sin más.

Lucian Bole había sido el primero en morir, el primer rayo verde le dio justo en el pecho. Hermione le había contado que Graham Montague se había encargado de enterrar a los dos Slytherin, los únicos cuerpos que habían podido recuperar. Peregrine Derrick y Adrian Pucey fueron los otros dos que salieron con vida de aquella masacre, aunque ahora fueran cadáveres andantes después de haber sido torturados durante días.

Todos ellos habían muerto por una muestra de valentía poco común en los Slytherin, y ahora no eran considerados más que traidores a la sangre por las familias puras que se quedaron en Londres a favor de Lord Tenebroso.

Nadie sabría que habían arriesgado su vida por la Casa de Slytherin, nadie nunca sabría que murieron como héroes.

-Insinuar que les fue mal después de "La masacre del Callejón Diagon" -dijo Alexander, haciendo un ademán de comillas con los dedos- No es faltarles al respeto.

-Hablar con tan poca consideración sí lo es -siseo Blaise, mirándolo furioso- Ellos fueron héroes.

-Nadie está diciendo lo contrario -contraataco Alexander.

-¡Basta! -masculló Gregory, tratando de no perder los nervios. Ahora entendía a Hermione cuando miraba enojada a Draco por siempre contestar a las pullas de Potter- Nadie le faltó el respeto a nadie -dijo, viendo a Blaise- Y mencionar a Adrian y Peregrine sin saber donde están sus cuerpos, no es agradable, Alexander -continuo, mirando al susodicho.

Todos guardaron silencio en el tenso ambiente.


Carruaje a Hogwarts.

8:20 p.m

La mirada de Pansy se perdía en el oscuro y desolado paisaje. Sentada en un incómodo carruaje y mirando por la ventana, muchas dudas molestaban a la chica.

Al salir del tren había descubierto a los dementores inclusive antes de verlos, el enorme desasosiego y desesperanza podía sentirse en el gélido ambiente. El enfado no había hecho más que aumentar cuando había visto a esos horribles seres acercarse a un indefenso niño.

Con toda la indiferencia que pudo enmascaras y la altanería destilando de su voz, había despachado al dementor antes de apurar al pequeño hacia Hagrid, quien la fulminó con la mirada antes de llevarse a los niños hacia los botes, mascullando palabras como "mortífaga" y "Harry dijo..." por debajo hacía los pequeños de primer año. Se había quedado parada, viendo la enorme espalda de Hagrid marcharse por más tiempo de lo correctamente escrito.

Sabía que con aquella marca que tenía tatuada en el brazo mucha gente la despreciaría con solo verla... con solo ver el color verde en su uniforme... con eso era suficiente para ellos, como si solo por ser de Slytherin tuvieran el derecho a despreciarlos. Que un hombre... un monstruo haya cursado sus estudios bajo el estandarte de la serpiente y ahora quisiera conquistar el mundo, no hacía a los Slytherin malos. Pero claro, si un Gryffindor vendía a sus propios amigos y a un pequeño bebé por salvar su vida, solo contaba como una excepción... una pequeña mancha en e honorable historial de la Casa de los leones.

Las personas eran realmente hipócritas.

En cambio ella nunca podría hacer algo para cambiar la decisión que había tenido que tomar. Nunca podría borrar esa marca en su brazo, nunca podría quitarse ese letrero que la tachaba como mortífaga... nunca podría romper el contrato que la unía a Vincent.

El enorme grandidierite con esas dos esmeraldas en la argolla de oro blanco pesaba más de lo que aparentaba, figuratuvamente hablando. Sabía que no podría hacer nada para cambiar su destino, estaría siempre entrelazada a Vincent sin poder alejarse lo suficiente.

Y no es que estuviera triste o decepcionada, pero claramente no sentía amor como hubiera querido. Tal vez era un poco estúpido querer que alguien la amara en tiempos como aquellos, querer tener una verdadera boda de cuentos de hadas y no frialdad pura como la que había tenido... pero si Hermione y Luna podían tenerlo... ¿por qué ella no? ¿Por qué ella no podía estar perdidamente enamorada de Vincent? ¿Por qué Vincent no podía estar perdidamente enamorado de ella?

Los pocos momentos que habían estado juntos después de su boda... y su incómoda noche de bodas, no habían sido muy... apreciados como hubiera querido ella. De ser uno de sus mejores amigos, Vincent había pasado a ser un completo desconocido para ella, como si se hubiera arrepentido de tomarla aquella noche y eso no había hecho más que provocar un repentino sentimiento de vergüenza a Pansy. Así que para olvidar la repentina frialdad con la que Vincent la trataba, había decidido poner fin a la tiranía de Uxia Crabble en la mansión de Vincent y ella.

Con ayuda de los elfos domésticos había trasladado las pertenencias de Uxia, bajo los aullidos indignados de la bruja y la satisfacción que sentía al oírlos, hacía la pequeña choza en una de las hectáreas de la mansión Crabble que hasta ese momento servía para los elfos domésticos, quienes habían tomado lugar en una de las habitaciones de la casa principal, específicamente, la que había pertenecido a los padres de Vincent.

Uxia no podía pisar la casa principal a menos de que Pansy o Vincent lo permitieran y en cuanto a Lionel Crabble, aún seguía recluido en las mazmorras de la mansión.

Pansy había quitado todos y casa unos de los cuadros de la mansión, todos los antepasados de Vincent la habían maldecido antes de pedir clemencia cuando se dieron cuenta de adónde los llevaban los elfos. La enorme hoguera había ardido por dos días seguidos, mientras Pansy se deshacía de cualquier rastro de algún antepasado de Vincent, solo dejando chance para el futuro... si es que sobrevivían a aquella cruenta guerra.

Los siete elfos de la familia Crabble estaban tan agradecidos con Pansy, que habían cumplido cualquier capricho que ella les pedía. Desde una pequeña tarta de chocolate con arándanos hasta una nueva Saeta de fuego. Inclusive acompañarla en esa desolada mansión cuando Vincent salía en alguna misión de estilo secreto que Draco le había pedido y se negaba a compartir con ella.

Hasta el día que partió hacía Hogwarts, Vincent no había hecho otra cosa más que darle un fuerte abrazo y un beso en la frente pidiéndole que se cuidara. Luego la había dejado sola en el Hall de la mansión, sin esperar a que un elfo se apareciera y la llevara al andén 9 3/4.

Una fuerte sacudida hizo que la cabeza de Pansy se impactara contra la ventanilla del carruaje, recibiendo un duro golpe.

-¡Joder! -siseo, llevándose ambas manos a la frente.

-Mierda, Pans... ¿estas bien? -preguntó Theo en seguida, acercándose a la chica y palpando su frente en busca de una hichazón.

-Sí, solo me tomó por sorpresa -masculló la Slytherin justo cuando el carruaje se detenía. Echando un vistazo por la ventana pudo divisar el enorme castillo que conformaba Hogwarts- Hemos llegado.

-Hogar, dulce hogar -se mofó Theo, inclinándose para poder abrir la puerta y salir del viejo carruaje. Se sacudió con parsimonia el pantalón el uniforme antes de ayudar a Pansy a salir del carruaje.

-Que horrendas criaturas -dijo Pansy con un estremecimiento. Los thestrals que jalaban el carruaje se mantenían estáticos, con sus horrendas y esqueléticas alas moviéndose con el frágil viento.

-Bienvenida a mi mundo -rió Theo, tendiéndole el codo a Pansy para que ésta pudiera tomarlo. La Slytherin entrelazó su brazo con el de Theo y caminó hacia la entrada de Hogwarts, viendo de reojo los carruajes y thestrals junto a los alumnos de distintas casas. Rojos, amarillos y azules entremezclados como una gran familia.

-No hay ningún Slytherin a la vista.

-En efecto -asintió Theo- Marcus, Peregrine, Lucian y... Adrian lograron esto. Slytherin está a salvo y lejos de las garras de Lord tenebroso -Pansy asintió en acuerdo mientras cruzaban la entrada del castillo y caminaban por el vestíbulo para llegar al Gran Comedor.

La familiaridad y emoción que siempre la embriagaba cuando llegaba a Hogwarts no estaba presente aquel año. El ver las mesas de las demás casas prácticamente llenas hizo que la chica frunciera la nariz con desagrado. ¿Es que nadie sacó a los hijos de muggle fuera de Londres? ¿Dónde se supone que estaba la Orden del Fénix? ¡Era su deber protegerlos!

Caminó a paso lento hasta la cabecera de la mesa de Slytherin que quedaba más lejos de la mesa del profesorado. Se sentó justo al lado de Theo y disparó una mirada a los únicos Slytherin presentes. Blaise y Gregory estaban sentado del lado contrario a Theo y ella, dándole la espalada a la selección y sentados hasta la otra cabecera de la mesa. Delante de ellos, Alexander Borgin, Herbert Rookwood, ambos de tercer año, miraban con desconfianza plasmada en sus orbes castaños al resto de las mesas. Y por último, Nomi Mulciber de quinto año se sentaba al lado de Alexander, mirando (como siempre) embelesada a Gregory.

-¿Donde esta Hermione? -preguntó Theo con un timbre de pánico en su voz que no pudo ocultar.

-No tengo idea... -respondió Pansy- Pero si Greg y Blaise se ven tan tranquilos es porque ella está bien, ¿no? -preguntó, pero Theo aún miraba con terror hacia la entrada del Gran Comedor, como si con verla pudiera hacer que Hermione apareciera. Pero por más minutos que pasaban, ningún estudiante de Slytherin hacia acto de presencia.

La mirada de Theo recorría todo el Gran Comedor, mientras su nariz se fruncía en un acto de querer oler a más distancia de la que un ser humano normal podía oler. Aún faltaban quince días para la llegada de la luna llena y su poderío sobre la intensidad de sus sentidos todavía no llegaba a él, tal ves si la luna llena se acercara en cinco días en vez de quince... aunque... había un olor en el aire...

-Basta, Theo. Sólo logras ponerme el cabello de punta -se quejó Pansy, poniendo los ojos en blanco mientras se cruzaba se brazos, sacándolo de sus pensamientos por segunda vez en menos de una hora.

-No estoy haciendo nada -murmuró Theo sin despegar la mirada de donde estaban sentados los otros cinco Slytherin.

-Si que lo estas -dijo Pansy con voz cantarina- Tienes esa mirada que solías tener cuando pasaba luna llena e intentabas no oler a Lovegood en el ambiente -se mofó, haciendo rodar su anillo de compromiso con su pulgar, de forma que el pedrusco quedará hacia su palma- Mione está bien, de seguro habrá ido a ver a Mirthy para avisarle de Blaise...

-No -Theo negó con gesto tenso- Puedo oler a ...

-Esto es una mierda -exclamó Helena Dolohov dejándose caer con elegancia al frente de Pansy mientras sacudía su larga melena oscura. Sus espectaculares orbes eran de un color dorado, similar al de los hombres lobo durante luna llena, y sus cejas a pesar de ser un poco gruesas, la hacían ver como una super modelo sin importar que las frunciera con cierto enojo- Los malditos dementores quisieron robarnos nuestros recuerdos mientras salíamos del tren, hijos de...

-Sé una dama... -cortó Corvinus Rowle dejándose caer con desgana al frente de Theo, prácticamente desplomándose sobre la mesa de madera. Su cabello rubio le cubrió ligeramente los ojos azules, que miraban con cierta tristeza un punto fijo en la pared de ladrillos detrás de Helena.

-Lo que sea -Helena chasqueo la lengua, sacudiendo con una mano su cabello para enviarlo detrás de su hombro.

Ambos chicos estaban por cursar su sexto año en Hogwarts y ambos eran hijos de mortífagos reconocidos. A pesar de haber cursado cinco años juntos hasta ese momento, no habían cruzado más que un par de palabras durante todo ese tiempo. Mientras que Corvinus prefería pasearse por los pasillos del castillo pavoneándose como mago por su casa mientras molestaba a los Gryffindor de su mismo año, siempre metiéndose en problemas con McGonagall; Helena prefería llamar la atención en la Sala Común de Slytherin con una extensa charla sobre la igualdad de genero, negando sus raíces sumisas que su madre le había enseñado y logrando ser la representante de su año.

Mientras Helena tenía la piel bronceada y con algunas pecas esparcidas en la nariz, Corvinus era un poco más pálido, pues la falta de luz en las mazmorras y pasillos, más su falta de atención hacia las áreas verdes fuera de Hogwarts no habían hecho más que hacerle perder un poco de color durante el paso de los años.

Ese verano habían convivido más de lo sanamente correcto para ambos, pues sus padres los habían unido en matrimonio. Lo que Helena siempre había temido, ser convertida en una esposa trofeo mientras tenía a los críos de su marido y lo esperaba como toda buena esposa en su casa mientras él salía a divertirse por el mundo había llegado más pronto de lo esperado y sin contar que no conocía a Corvinus más que de vista hasta que su padre los presentó, no había ayudado de mucho. Sobre todo con su actitud de bastardo ególatra.

-¿Estas bien? -preguntó Pansy, mirando como Corvinus tenía más palidez de la normal en su piel.

-Está bien, solo es un exagerado -Helena rodó los ojos- Los dementores lograron absorberle un poco de su felicidad -dijo- Prácticamente nada, logré sacarlo antes de que fuera más allá, pero ya sabes lo exagerado que puede ser Rowle.

-No soy exagerado, princesa -espetó el Slytherin, sentándose recto mientras la miraba con chasco- Tu no tuviste su boca prácticamente sobre la tuya -Helena se encogió de hombros.

-Entonces no hubieras gritado a los cuatro vientos que estabas feliz de regresar a Hogwarts -le recriminó la chica- Te hubieras mordido la lengua y hubieras pasado desapercibido como los últimos días del año pasado, idiota.

-Lenguaje... cuida tu lenguaje -siseo Corvinus, tomando la fina nariz de Helena entre su dedo indice y corazón, apretando un poco la punta de ésta. La Slytherin soltó un quejido bajo y le propinó un manotazo, logrando que el chico quitara la mano de su rostro mientras reía por debajo.

-Imbécil -masculló por debajo, sin dejar de fulminar con la mirada al chico.

-Divertido... -rió Theo, olvidando momentáneamente a su hermana desaparecida.

-¿Qué es divertido? -preguntó Pansy, sin poder ocultar la sonrisa ladeada que tenía en el rostro al ver como ambos chicos de sexto discutían sobre la importancia de los modales y como Helena prácticamente mandaba al demonio a Corvinus.

-Me recuerdan a Vincent y a ti -dijo Theo- Siempre peleándose por estupideces, nunca entendí como no se mataron entre sí -Pansy rió con el comentario, sintiendo un nudo de emociones en la garganta al recordar la seca despedida de Vincent en la mansión.

-Supongo que era porque Hermione y Draco siempre detenían las discusiones en el momento correcto... -dijo en voz baja, desviando la mirada hacia la entrada del Gran Comedor, esperando verse a sí misma discutiendo con Vincent mientras Hermione y Draco se susurraban ridiculeces al oído con Blaise, Theo y Gregory analizando en voz baja sus últimas clases de maleficios... como extrañaba aquella normalidad.


Pasillos de Hogwarts.

Quince minutos atrás.

Las pisadas de la castaña se escuchaban con parsimonia mientras se alejaba de sus amigos, tarareaba una melodía en voz baja con su falda moviéndose al ritmo que sus piernas llevaban, dejando ver por momentos más piel que cuando estaba parada aún con la túnica cubriéndole una parte de las piernas. Al dar la vuelta en el recodo del pasillo y mirando de reojo como varios Hufflepuff entraban al Gran Comedor sin rastro alguno de sus amigos, echó a correr con cierta desesperación.

Su túnica empezó a deslizarse por sus brazos, pues no la llevaba abrochada. La falda empezó a moverse con más fuerza, mostrando aún más que antes mientras sus bucles castaños rebotaban con fuerza contra su espalda y pecho. Sus labios estaban entreabiertos y sus ojos brillaban con cierta pizca de esperanza.

No estaba loca, podría jurar bajo Veritaserum que lo había visto dando vuelta en aquel recodo. No se estaba dejando llevar por el anhelo de verlo otra vez ni mucho menos. Era él.

Tenía que ser él.

Justo cuando estaba por llegar al final del pasillo, una mano salió despedida desde detrás de una estatua y conectó contra el codo de la Slytherin. Antes de que pudiera siquiera reaccionar, fue atraída hacía detrás de la estatua, siendo ocultada por las sombras y por el cuerpo de su atacante. Sus labios se cerraron con fuerza antes de que soltara un ridículo gritito ahogado y miró con fascinación al chico delante de ella.

Vestido con una túnica negra y aun portando su máscara plateada, Hermione podía distinguir con facilidad aquellos ojos grises tan conocidos para ella. Fríos como un témpano de hielo, los orbes grisáceos parecieron perder dureza mientras la miraban con cariño y los nudillos pálidos del mortífago se deslizaban con cuidado sobre la mejilla de Hermione.

Con manos temblorosas, la chica fue recorriendo el solido pecho del mortífago hasta llegar a su quijada, que parecía más dura desde la última vez que la había tocado. Sin dejar de temblar, deslizo las yemas de sus dedos sobre las esquinas de la máscara plateada y la retiro con cuidado, mostrando el resto del rostro del mortífago.

La fina cicatriz sobre el pómulo izquierdo de Draco Malfoy fue lo primero en lo que Hermione reparó. La piel era un poco más pálida y ella sabía que no podía admirarse desde lejos, a menos que supieras que estabas buscando... al menos, así era para ella. Sus dedos se deslizaron sobre la pequeña cicatriz. Varios mechones platinados caían sobre su frente y le daban un aire más juvenil a pesar de que su mirada representara la madurez que había adquirido esos últimos dos años.

-Realmente odio a Potter... -murmuró en una voz tan baja que, si no fuera por la cercanía de ambos cuerpos, no podría haberse oído.

-Dicen que las cicatrices son sexys en un chico, ¿no? -Hermione sufrió un escalofrío, no había escuchado su voz desde la audiencia con Umbridge y definitivamente no se había escuchado de esa manera, que a pesar de arrastrar la palabras como siempre, tenía un tono ronco y malicia impregnadas en ellas.

-Tienes razón -Hermione sonrió, retirando sus manos del rostro de Draco y dejándolas caer hasta su cuello, entrelazándolas por detrás de él. Se levantó de puntitas y ejerciendo un poco de fuerza, instó al chico a inclinarse un poco. Plantó un casto beso sobre la cicatriz- Potter es ¡tan! sexy -rió al sentir la tensión de platinado.

-Eso no es gracioso. En lo absoluto -siseo Draco, dejando caer su voz en un tono amenazador como solía usarlo con los mortífagos en las filas de Voldemort. Pudo sentir a Hermione temblando de bajo de él, pues los senos de la chica se frotaban contra el pecho de Draco de lo pegados que estaban.

-Tu voz de Malfoy no funciona conmigo, Draco -rió la chica- No pudiste atormentarme el primer día de escuela, no podrás ahora.

-Nunca intenté atormentarte.

-Tienes razón -ronroneó la Slytherin, deslizando su nariz por la mandíbula del mortífago- Así que no lo intentes ahora -Draco rió por primera vez en mucho tiempo. La había extrañado a rabiar durante esos meses y el verla durante la audiencia sabiendo que no podría tocarla no había hecho más que aumentar las ganas de echar todo por la borda, tomar a su chica y largarse al mundo muggle.

Se quedaron en silencio unos minutos. El rostro de Hermione había terminado oculto en el cuello de Draco mientras sus brazos habían caídos y se habían deslizado alrededor de la cintura del mortio. Draco, en cambio, descansaba su mejilla contra la cabeza de Hermione, oliendo discretamente de vez en cuando con sus manos aferradas a los costados de la cadera de la chica, que estaba prácticamente pegada a su cuerpo y acorralada contra la pared detrás de la estatua.

-Deberías ir a la Selección de Casas...

-Y tú deberías estar en alguna misión suicida -suspiró Hermione, alzando su rostro para poder mirar a Draco- Tengo tantas ganas de besarte...

-¡Joder! -maldijo Draco, dejando caer su frente contra la de Hermione, haciendo que sus alientos se entremezclaran. Tenía los parpados fuertemente cerrados, mostrando lo molesto y dolido que estaba- Si haces eso... no podré irme...

-Entonces no te vayas... -rogó Hermione, tomando el rostro de Draco entre sus manos- Por favor...

-No hagas esto, Mione... -pidió el platinado, abriendo ligeramente los parpados mientras miraba con anhelo los labios de la castaña- Si te beso entonces no podré parar hasta volver a tenerte gimiendo mi nombre como aquella noche... Y no puedo Hermione, no puedo hacerte esto...

-Draco...

-No -soltó con enojo, separándose por completo de la chica. Un repentino frío los golpeo a ambos- Tú no sabes lo que he hecho...

-Claro que lo sé -dijo, tratando de volver a tomar a Draco entre sus brazos. El chico retrocedió dos pasos hasta quedar pegado a la pared.

-Hermione... -Draco cerró los ojos, golpeando ligeramente la pared de ladrillos con su cabeza. Ella no podía saberlo, porque si lo sabía, la perdería... y si la perdía, nada de esto tendría sentido... pero no podía mentirle, ella no merecía que él la engañara. Ella se merecía más, y él la había arrastrado consigo hacia las fauces de la serpiente, esperando que estuviera con él hasta el final- Yo... -ella se iría y él se quedaría sólo- ... yo lo maté... -dijo, sin atreverse a abrir los ojos y ver como el amor que Hermione sentía por él moría poco a poco- ... Lo siento... -podía sentir el miedo volver a apresarle la garganta y las lágrimas queriendo salir en liberación.

-Está bien, Draco... todo está bien -escuchó la voz de Hermione más cerca de lo que esperaba. Sintió sus cálidas manos volver a tomar su rostro entre ellas y la calidez de su cuerpo calentar el suyo, que estaba tan frío como un cadáver.

La primera lágrima cayó.

-Marcus... él... -las palabras quedaron amortiguadas por los labios de Hermione, que se apoderaron de los suyos con desesperación. Sus manos cayeron por los costados de la chica hasta llegar a su trasero y tomarlo con fuerza, levantándola y atrayendola hacia él, obligandola a que enredara sus torneadas piernas alrededor de su cadera mientras terminaban golpeando la otra esquina.

Sus lenguas parecían luchar dentro de la boca de Draco en busca de un ganador. La desesperación, el anhelo y las lágrimas saldas se mezclaban junto a su saliva. Al separarse por la falta de oxigeno, un ligero hilo de saliva unía aún sus bocas mientras ambos admiraban al otro con ojos húmedos por las lágrimas.

-Te amo -juró Hermione, antes de atraer a Draco hacia ella otra vez con más fuerza y volver a besarlo con ímpetu, queriendo recuperar el tiempo perdido.


Gran Comedor.

9:10 p.m

Hermione agradeció internamente que todo mundo pareciera estar encerrado en su propio mundo. Al cruzar la entrada del Gran Comedor con sigilo pudo admirar a Snape hablando en murmullos con los hermanos Carrow (de los que Draco le había informado) y vio como los profesores en su propia mesa parecían estar enfocados, con cierta tristeza y tensión, en sus platillos sin tocar. Y no eran los únicos. En la mesa de Gryffindor había un silencio sepulcral mientras se miraban unos a los otros como si quisieran contarse algo, a los Hufflepuff mirando con cierto recelo a Hannah Abbott, lo que le pareció sospechoso a la Slytherin, y al final estaban los Ravenclaw, ajenos a sus propios problemas, donde Luna Lovegood era la única que probaba los alimentos en su plato de oro, sonriendo con ligereza a la revista de "El Quisquilloso" que descansaba abierta -y de cabeza- al lado de su copa de oro.

Sin poder evitarlo sus pies quedaron pegados al suelo al reparar en lo vacía -y deprimente- que se veía la mesa de Slytherin. A comparación del resto de las casas, y profesorado, comían con total tranquilidad en la mesa, sirviéndose de aquellos platos extravagantes que les habían puesto para el banquete, aunque parecían ya estar listos para terminar su cena, pues Nomi Mulciber, de quinto, dobló su servilleta de tela y la dejó al lado de su plato vació, con el tenedor y cuchillo de oro cruzados sobre el plato antes de tomar su copa de oro entre sus delicadas manos y beber de ella.

Al lado de ella estaban Alexander y Herbert, hablando en cuchicheos demasiado bajos y disparando miradas a los hermanos Carrow. Delante de ellos, Gregory también leía "El Quiquilloso" con atención y Blaise ayudaba a servir un soufflé de chocolate a tres pequeños Slytherin que nunca antes había visto en su vida, todos sentados en la cabecera de la mesa más cercana al profesorado. Era un niño de cabello rubio y dos niñas pelirrojas, suponía, gemelas.

Del otro lado de la mesa -dejando una gran extensión entre ellos- y más cercanos a donde ella se había quedado estática, estaban Theodore, Pansy, Helena Dolohov y Corvinus Rowle enfrascados en una conversación silenciosa, o al menos eso pareció, pues a pesar del gran silencio en el Gran Comedor donde se podía escuchar el tintineo de sus cubiertos, no se lograba entender o escuchar sus cuchicheos.

-¡Señorita Granger! -Hermione pegó un bote en su lugar al saberse descubierta, se había quedado demasiado tiempo admirando lo solitaria, triste y vacía que se veía su mesa. Girando la mirada al frente del Gran Comedor, ignorando con maestría las decenas de cabezas que se voltearon hacia ellas, vio a Minerva McGonagall, jefa de la Casa de Gryffindor, que se había parado de su asiento y la miraba con cierta censura.

Hermione repasó mentalmente su vestimenta, su túnica colgaba doblada de su brazo derecho, tenía la camisa dentro del dobladillo de su falda y era posible que ésta estuviera unos centímetros más corta que hace una hora, pues por las prisas, solo se la había colocado encima. No llevaba la corbata anudada y tenía los primeros botones desabrochados; estaba segura de que sus medias estaba bien puestas por encima de sus rodillas y al menos traía los tacones negros que Pansy le había regalado, que casi se le olvidaban detrás de la estatua cuando Draco y ella se habían despedido. Sin contar su cabello alborotado, los labios un poco hinchados y tal vez un chupetón que estaba segura no podía verse... estaba decente.

-Profesora McGonagall... -saludó, inclinándose ligeramente hacia la derecha y tomando su cuello del lado donde Draco le había dejado una marca, intentando taparla en un intento de demostrar que parecía dolerle el cuello.

-Señorita Granger... -habló Snape acallando los murmullos que habían empezado a sonar y provocando que McGonagall se dejara caer sobre su asiento, mirando entre atónita y enojada a Snape, sin atreverse a decir nada.

-Buenas noches, director Snape -Hermione pudo escuchar claramente las risitas de superioridad -aunque pocas- desde la mesa de Slytherin, provocando que Snape sonriera imperceptiblemente- Disculpe la demora, director... Me he sentido un poco mal, los dementores han logrado atraparme cuando bajaba del tren y necesitaba despejarme un poco... me sentía muy mareada...

-Tome asiento, señorita Granger.

-Gracias, director -agradeció la Slytherin, caminando con tranquilidad hacia donde estaban sentados Blaise y Gregory, solo que tomando el pequeño espacio que dejaba la mesa de las serpientes junto a la pared de ladrillos y jalando discretamente el cabello de Pansy al pasar a su lado en modo de broma.

-¿Donde estabas? -siseo Blaise con voz tensa justo cuando la Slytherin se sentaba entre Herbert y Alexander, que se separaron para dejarle un asiento. Hermione, tomándose todo el tiempo del mundo, cruzo sus piernas y empezó a abotonarse la camisa blanca antes de anudar su corbata y colocarse de nuevo la túnica de Slytherin.

-En las cocinas -murmuró en voz muy baja mientras deslizaba una liga verde de su muñeca y se ataba los risos desordenados en una coleta baja. La Slytherin se giró con delicadeza hacia los tres nuevos integrantes de Slytherin, a quienes de seguro Gregory les había transfigurado algo para volverlo una banca y los tres niños pudieran sentarse, quedando en medio y en protección de todos los Slytherin, dándole la espalda a la mesa del profesorado para que no pudieran ver a los hermanos Carrow- Mucho gusto, soy Hermione Granger, Prefecta de Slytherin y Premio Anual -se presentó la chica, señalando con un toque de su uña los broches de Prefecto y Premio Anual sobre el escudo de Slytherin en su túnica.

-Steve Abbott -se presentó el pequeño rubio. Hermione sonrió con calidez al niño, entendiendo porque todos los tejones veían con recelo a Hannah Abbott. El pequeño era su hermano.

-Yo soy Belvina Gormsson, y ella es mi hermana Elizabeth -se presentó una de las gemelas pelirrojas. Su rostro estaba lleno de pecas, aunque tenía mucho menos que su hermana gemela y ambas tenían los ojos azules- Toda nuestra familia a ido a Gryffindor -pareció disculparse, mientras le sonreía con malicia. Hermione soltó una risa cantarina mientras un plato con uvas se deslizaba al frente suyo, la chica le agredecio a Gregory mientras escuchaba a Steve.

-Y toda la mía a ido a Hufflepuff -dijo el chico, apenado. Blaise soltó una carcajada que se escuchó en todo el Gran Comedor, que si no fuera porque todos parecían prestarles atención (incluidos algunos maestros) hubiera provocado que varias cabezas se voltearan a verlos.

-Hubieras visto, Mione... -rió Blaise, haciendo que algo cálido se asentara en el estomago de Hermione. Hacía mucho que no lo veía tan despreocupado y sonriente- Todos los tejones estaban aplaudiendo mientras Steve era seleccionado por el sombrero... Casi se caen sobre sus culos cuando el sombrero gritó "Slytherin", todo el mundo quedo petrificado, como si un basilisco... -el chico perdió el hilo de sus pensamientos mientras fruncía el ceño con dolor y se llevaba las manos a la sien.

-¿Blaise? -inquirió Hermione, preocupada. El chico negó ligeramente.

-No es nada... -se disculpó. Hermione se disponía a acribillarle con preguntas cuando toda la comida sobre los platos de oro desaparecía y volvía a dejarlos limpios con un gruñido nada femenino de parte de Hermione, que fulminaba con la mirada el lugar donde deberían estar sus uvas.

-Eso te pasa por llegar tarde -rió Alexander justo cuando Snape se levantaba de su asiento. Todo mundo guardo silencio.

-Bienvenidos a un nuevo año en Hogwarts -la voz de Snape, como siempre, podía escucharse con facilidad por todo el Gran Comedor. Todos los estudiantes de Hogwarts y los maestros miraban con atención al nuevo director de Hogwarts, quien hasta finales del año pasado, era el asesino de Albus Dumbledore- Tengo varios anuncios importantes que dar esta noche... -anunció- Como se habrán dado cuenta, los dementores han vuelto a custodiar las entradas de Hogwarts y el pueblo de Hogsmeade... Por su seguridad, mientras el señor Harry Potter sea buscado por el atentado contra el antiguo director de Hogwarts, Albus Dumbledore, las salidas a Hogsmeade serán canceladas -las miradas de odio y furia desde la mesa de Gryffindor era bastantes notorias, sus puños apretados debajo de la mesa y la mandíbula tensa solo hacían el silencio más notorio- De ahora en adelante, las rondas de seguridad que antes eran realizadas por los Prefectos y los Jefes de las distintas Casas ahora serán realizadas por los estudiantes de Slytherin de quinto, sexto y séptimo año -los gritos de indignación en la mesa de Gryffindor ya no pudieron ser acallados. Las miradas de odio y enojo ahora se dirigieron a la mesa de Slytherin, donde las serpientes asentían en acuerdo a lo dicho por Snape- Los nuevos Premios Anuales -continuo Snape, dirigiendo su dura mirada a la mesa de los leones que rápidamente se sumió en silencio- Hermione Granger y Theodore Nott serán los encargados de rotar a sus compañeros -fuertes, aunque pocos, aplausos sonaron en el Gran Comedor mientras las serpientes felicitaban a ambos chicos.

-¿Lista para poner a los Gryffindor en su lugar? -preguntó Herbert con una sonrisa maligna. Hermione rodó los ojos divertida.

-La clase de Estudios Muggles ahora serán obligatorias y debido a la baja de la antigua profesora, Charity Burbage, la profesora Amycus Carrow tomará su lugar -dijo Snape- Y referente al nuevo profesor de Artes Oscuras, les presentó a Alecto Carrow...

-¡Artes Oscuras!

-¿Ha dicho Artes Oscura?

-¿Estudios Muggles obligatorios?

-¡Silencio! -la voz de Snape retumbo con fuerza contra las paredes, pues parecía que el nuevo director empezaba a perder los nervios. Los distintos Jefes de Casa empezaron a lanzar miradas tranquilizadoras a sus estudiantes. El silencio volvió a propagarse por el Gran Comedor- Como iba diciendo...

-¿Profesor Snape? -interrumpió una voz desde la mesa de Gryffindor. Lavander Brown tenía la mano alzada y mirada con fiereza al director de Hogwarts.

-Oh, mierda... -siseo Gregory con diversión.

-Los Gryffindor realmente no tienen instinto de supervivencia -se mofó Herbert, negando ligeramente con la cabeza.

-Cállense -instó Hermione mirando como Snape hacia una mueca de hastío hacia la mesa de Gryffindor mientras McGonagall intentaba detener a su alumna, disparandole miradas de advertencia.

-¿Sí, señorita Brown?

-¿Por qué hay tan pocos Slytherin éste año? -preguntó, haciendo que los murmullos volvieran a resonar en el Gran Comedor. Todos se giraron hacia la mesa de los Slytherin, quienes parecieron tensarse en sus lugares, tratando de ocultar la incomodidad que sentían al ser el centro de atención... de mala manera.

-Sí, ¿qué ha pasado con ellos? ¿Por qué no han venido? -preguntó alguien en Ravenclaw sobre los murmullos.

-Se supone que es obligatorio venir a Hogwarts -dijo alguien en Hufflepuff.

-¿Qué privilegios tienen ellos que nosotros no? -escupió un Gryffindor.

-¡El Ministerio ha dicho...!

-¡Silencio! -volvió a ordenar Snape, acallando de nuevo a los murmullos. Todos parecieron mirar a Snape con cierta exigencia, pidiendo silenciosamente una explicación al porqué los Slytherin no estaban presentes. Muy pocas personas, como Susan Bones, Hannah Abbott, Luna Lovegood y Ginny Weasley estaban serias sobre sus asientos, ajenas a tanto alboroto. Snape se giró a Alecto Carrow, que se levantó de su asiento y le tendió un pergamino a Snape, éste carraspeo antes de volver a hablar- El nuevo Ministro me ha pedido personalmente junto al jefe del Departemento de Seguridad Mágica que ante la mención de cualquiera de estos nombres, si alguno de ustedes tiene información sobre ellos, hagamelo saber o alguno de los profesores Carrow -siseo- Winickus, Davies, Clearwater, Fancour, Dawlish, Burrow, Wildsmith, Greengrass, Montague... Flint -Hermione jadeo- ... Bole, Derrick, Pucey, Graham, King, Higgs, Malcom, Statham, Branstone, Cauldwell, Craggy, Talkalot, Jacknife, Murton, Farley, Bulstrode, Lament, Shafiq, Selwyn, Bletchley, Goshawk, Graves, Lima, MacGuff, Midgen, Rabnott... -bajó el pergamino- Todos estas familias estan siendo buscadas por traición al Estatuto Internacional del Secreto. Quien tenga información sobre cualquier familia de Slytherin no presente, no olvide mencionárselo a sus Jefes de Casa... Pueden retirarse...

Todo el Gran Comedor se quedó en silencio, enviando miradas incrédulas a la mesa de Slytherin. Hermione se levantó, seguida de inmediato por sus amigos y compañeros de Slytherin y se dirigió hacia la salida del Gran Comedor.

Después de unos minutos, varios pasos resonaron con fuerza detrás de ellos antes de que alguien empujara a Gregory con fuerza, alejándolo del lado de Hermione y casi haciéndolo caer. La risa de Blaise sonó con fuerza mientras Theo dejaba caer su brazo sobre los hombros de su hermana.

-Hola, hermanita... -saludó sonriente.

-¡Idiota! -escupió Gregory, fulminándolo con la mirada. Pansy, que al igual que Helena y Corvinus ya los habían alcanzado, rieron por debajo.

-¿Donde demonios estabas? -preguntó Theo con ligereza. Hermione carraspeo, incomoda.

-Yo...

-Era él, ¿no es cierto? -preguntó. Los Slytherin se detuvieron de inmediato, volteando a ver a Hermione con curiosidad.

-¿Quien él? -preguntó Steve, mirando con desconfianza a Corvinus, antes de que el chico lo mirara con interés y le revolviera el cabello. Steve se quejo indignado.

-Cosas de adulto, enano -se mofó el chico. Helena rodó los ojos.

-¿Entonces porqué tú estas enterado? -preguntó. Corvinus sonrió de lado.

-Calla, mujer -rió al ver el semblante furioso de la chica- Yo tengo más derecho que...

-No te atrevas, imbécil -siseo- O juro que te dejaré sin hijos, literalmente... -dijo entre dientes.

-Sí, era él... -las discusiones se detuvieron en seco y las miradas a penadas y de lastima cayeron sobre la chica. Hermione suspiró con pesar- ¿Podemos continuar? No quiero vagar por los pasillos con los hermanos Carrow vigilando cada paso.

Caminaron en un triste silencio hacia las mazmorras de Slytherin.

-¿Tienes la contraseña? -preguntó Theo cuando llegaron a la entrada de la Sala Común de Slytherin. Hermione asintió separándose del abrazo de Theo y parándose con firmeza al frente de la entrada.

-Marcus Flint... -la puerta se abrió en silencio.

-Lo hiciste... -susurró Gregory. Hermione le sonrió de lado mientras se introducía en la Sala Común. Los demás Slytherin la siguieron en seguida.

La Sala Común de Slytherin estaba más silenciosa, vacía y fría de lo que ellos recordaban. Estaban acostumbrados a estar rodeados de serpientes y aveces mirar por el gran ventanal que daba al lago oscuro, a pesar de no poder ver nada, pero ahora con la falta de estudiantes y solo siendo trece Slytherin, tres de ellos nuevos, no sería lo mismo que los otros años.

Alexander se dejó caer sobre el sofá negro al centro de la Sala Común, dejando salir un suspiro aliviado mientras Nomi caminaba a la chimenea y lanzaba una ronda de fuego, tratando de prenderla. Herbert se ofreció para ayudarla mientras Helena y Corvinus empezaban a quitar los cuadros colgados en las paredes y aplicaban hechizos para prohibir la entrada de algún ante pasado. Steve, Belvina y Elizabeth se dedicaron a curiosear la Sala Común mientras Hermione, Blaise, Theo, Gregory y Pansy aplicaban barreras de protección a la entrada de la Sala Común.

-Tienen prohibido intentar salir de la Sala Común a menos que nos pidan permiso -anunció Hermione terminando de lanzar encantamientos de protección- Esta barrera está hecha con magia oscura y cualquiera que intente traspasarla... -negó con la cabeza-... bueno, sufrirá -Steve, Elizabeth y Belvina sufrieron un escalofrío mientras Alexander, Herbert, Corvinus, Helena y Nomi asentían.

-He decidido que será una buena idea que todos durmamos en la misma habitación... como protección, por si acaso -dijo Theo sin dar lugar a replicas, aunque nadie dijo nada. Subieron las escaleras que los llevarían a los dormitorios de sexto año. Al entrar a su antiguo dormitorio, Gregory dejó salir una sonrisa nostálgica.

-¡Joder! -Corvinus chifló viendo el gran dormitorio- Tenían el mejor dormitorio de Slytherin... ¡Y mira eso! ¡Tienen su propia chimenea y baño! -se quejó el chico. Hermione rió con diversión.

Su antiguo dormitorio era el más grande de todos los dormitorios de Slytherin, pues ellos mismos con ayuda de Snape lo habían agrandado. Tenían una gran chimenea y el ventanal que mostraba todo el lago oscuro estaba tapado con una cortinas de seda plateada, aunque si la movías, podías ver una pared de humo negra que Draco había implementado por si alguien intentaba verlos desde el otro lado.

Tenían grandes armarios y siete camas en voz de cinco, pues ahí era donde dormían Hermione y Pansy a pesar de tener su propio dormitorio. Además de un segundo baño, que había pertenecido a ambas Slytherin. Un mini bar, una pequeña sala (regalo de Lucius Malfoy) y por último una mesa de madera de caoba negra, donde realizaban sus tareas cuando no querían acudir a la biblioteca, pues tenían una pequeña propia.

-Les tengo tanta envidia... -se quejó Nomi, viendo con fascinación la gran chimenea. Usualmente en invierno hacía un frió infernal, tanto que aveces terminabas con las puntas de los dedos azules, por eso uno tenía que levantarse temprano los fines de semana para poder tomar un lugar al frente de la chimenea.

-¿No deberían estar en la torre de Premios Anuales? -preguntó Helena mientras veía como Gregory y Blaise derribaban la pared de ladrillos que conectaba al dormitorio de las chicas de sexto año, haciendo el dormitorio aún más grande.

-No vamos a separarnos -decidió Hermione- A menos que claro, Theo quiera compartir con Lovegood -las sonrisas sugerentes y las risas tontas hicieron que Theo bufara por debajo mientras acompañaba a Alexander y a Herbert a traer tres camas más al igual que armarios mientras Hermione, Helena y Pansy acomodaban la habitación.

Cuando todo estuvo listo y el cansancio empezó a hacer mella en ellos, pues también habían tenido que traer los baúles de sus compañeros que no habían podido sacarlos de los carruajes, aplicaron una capa de barreras extra en las dos puertas de entrada y cayeron rendidos en sus propias camas.

La noche pasó tranquila hasta que los gritos de Blaise los despertaron a todos, provocando que Theo y Helena casi lo molieran con maleficios. Tratando de calmar los ánimos, Pansy aplicó un Muffliato a los doseles de la cama de Blaise, quién después de disculparse indefinidas veces, volvió a caer dormido al igual que la mayoría.

Después de un par de horas más, el resto volvió a caer en los brazos de Morfeo.


Septiembre 2, 1997

Aula de Artes Oscuras.

8:00 a.m

Blaise fácilmente podría pasar como un acosador; completamente recto contra la entrada del aula de Artes Oscuras y mirando casi sin parpadear a la pelirroja de Gryffindor.

Casi al fondo del aula la Diosa pelirroja que había conocido ayer estaba sentada junto a una Ravenclaw de aspecto Hindú. Ambas charlaban amenas junto a las dos Hufflepuff que se sentaban delante de ellas, la misma pelirroja del día anterior y una rubia.

Claro que habían más personas dentro del aula, pero Blaise no parecía reparar en nadie más que en la Gryffindor.

-Y pensar que yo era el único que veía a los demás como un trozo de carne -se mofó una voz detrás suyo. Blaise frunció el ceño y se cruzó de brazos, molesto.

-¿Qué quieres Nott? -preguntó el moreno. Escucho un suspiro fingido mientras se colocaba a su lado.

-Saber porque no estabas en la reunión de esta mañana -dijo- Pero ahora sé porque -sus orbes azules cayeron sobre Ginny Weasley. Blaise se tensó.

-¿La conoces? -Theo asintió.

-Al igual que tú -dijo- No eres gran fan de ella, ninguno de nosotros, por cierto... -Blaise lo miró interrogante. Theo volvió a suspirar fingidamente- Había un rumor de que estabas colado por ella.

-¿En serio? -preguntó Blaise, ahora su fijación en la chica empezaba a tener sentido. Theo chasqueo la lengua.

-Seh... -carraspeo- Te caía fatal, sobre todo después del moco-murciélago que te lanzó en cuarto año -Blaise frunció la nariz como si recordara el dolor.

-Eso suena doloroso.

-Y lo fue -Theo asintió- Después de eso tú te vengaste molestando al chico que le gustaba y todo mundo pensó que tenías algo por ella... Además de siempre incordiarla en los pasillos...

-¿Y lo tenía? -Theo lo miró confundido- Digo, ¿tenía algo por ella? -pudo sentir como se sonrojaba, pero Theo parecía ajeno a ello.

-No -el Slytherin se rasco la mandíbula con desinterés- La verdad es que estabas enamorado de Daphne Greengrass, salieron durante una eternidad -admitió con un encogimiento de hombros- No te dejes llevar por la apariencia de una persona -sus ojos volvieron a caer en Ginny Weasley- Weasley es una perra.

-¿Algún tipo de rencor? -preguntó con ligereza, tratando de calmar a su amigo.

-La verdad sí -dijo- Ser amiga cercana de Potter le facilitaba mucho para meternos en problemas, sobre todo a Hermione... -tenso la mandíbula.

-Sobre la reunión... -tanteo Blaise, queriendo cambiar de tema, empezaba a incomodarse.

-Cierto -trono los dedos, como si recordará por que hablaba con él- Herms dijo que tendríamos Artes Oscuras y Estudios Muggles con sexto grado -miró de nuevo a la pelirroja- Y la primera ronda será está noche. Corvinus y Nomi vigilarán los territorios de los leones -se mofó- Helena y Gregory darán la vuelta cerca de la Torre de Ravenclaw mientras tú y Pansy revisan a los Hufflepuff y Hermione y yo vigilamos la entrada de Hogwarts...

-¿Es todo? -Theo negó.

-También deberemos revisar por si acaso los atajos que aparecen en el Mapa del Merodeador, aunque fueron cerrados -se encogió de hombros- Lord Oscuro está paranoico, cree que Potter regresará a Hogwarts en algún momento.

-¿Y lo hará? -preguntó con interés. Theo lo miró fijamente un segundo antes de negar.

-No, al menos no por el momento -aclaro.

-Están tapando la entrada, idiotas -Theo rodó los ojos mientras Blaise miraba a la recién llegada por sobre su hombro. Pansy los miraba con diversión- Somos casi los últimos en llegar, ¿dónde quedó la disciplina?

-Con tu sueño reparador de belleza -se mofó Theo. Pansy lo fulminó con la mirada.

- Eso fue en primer año, superalo -dijo con fastidio- Entonces, ¿que? ¿No me dejaran pasar? -Theo y Blaise se adentraron en el aula a la par e hicieron una exagerada reverencia hacia la Slytherin, como si anunciarán su entrada- Gracias -dijo con petulancia mientras caminaba dentro del Aula y desviaba la mirada imperceptiblemente a los estudiantes de Gryffindor, que la veían con enojo.

La chica sacudió su corta melena negra y se dejó caer con elegancia sobre su asiento (al frente de la mesa del profesor), colocando su codo sobre la mesa y fingiendo ver su manicura.

-Nos vemos al rato, fratello -murmuró Theo cuando las cabezas se volvieron hacia ellos. Siguiendo el mismo andar que Pansy, se sentó a un lado de la chica.

-Igual... -dijo, algo incómodo por la cercanía con que Theo había pronunciado aquella palabra. Negó ligeramente con la cabeza, alejando los pensamientos negativos que lo inundaban cada vez que alguien le hablaba con familiaridad y caminó hacia los últimos asientos que se encontrarán al final del aula, que lamentablemente, resultaron ser detrás de la chica Weasley.

Eso le pasaba por llegar tarde.

Obviamente nadie quería quedar al frente de Carrow, sobre todo sabiendo que había sido un prófugo de la justicia, dos veces, y que estuvo en el atentado contra Dumbledore, según Hermione.

Blaise se dejó caer con extrema soltura y depósito su mirada en la chica Hindú, quien lo veía con curiosidad.

-¿Puedo ayudarte en algo, preciosa? -preguntó, enarcando una ceja. La chica rodó los ojos con fastidio y se giró en su asiento, no sin antes, dispararle una mirada de 'te lo dije' a la pelirroja.

Blaise soltó un suspiro abatido y se cruzó de brazos, desperdigándose por completo en el asiento. Quería restregarse el rostro con fuerza, eso de levantarse temprano no era lo suyo.

-Uh, se me había olvidado la flojera que me invadía cuando te miraba en las primeras horas de clase -masculló Hermione dejándose caer detrás de él. Gregory se sentó a su lado y Blaise se giró en su asiento para mirarlos- Sobre todo si no has desayunado -dijo, tendiéndole una servilleta de seda blanca con el escudo de Slytherin e hilo de oro blanco. Blaise la tomó y al desenvolverla encontró profiteroles cubiertos con chocolate, habían ocho al menos.

-Te amo -soltó, llevándose uno a la boca mientras Gregory le tendía una botella de agua. La aceptó gustoso y siguió comiendo.

-No deberías haberte tardado tanto en despertar, deberías empezar a poner alarmas. Te he dicho mil veces que lo hagas desde una semana antes para que el primer día no apeste despertarse de un segundo al otro, sobre todo a eso de las seis de la mañana y...

-Un descanso, mamá -dijeron Gregory y Blaise a la par antes de soltar unas risitas, como si encontrarán divertido el asunto mientras Hermione los fulminaba con la mirada.

-Los Torposoplos hoy se encuentran contentos-aseguró Luna Lovegood dejándose caer a un lado de Blaise y sonriendo con alegría a los tres Slytherin antes de girarse hacia las chicas del frente- Buenos días, Ginny, Padma, Susan, Hannah... ¿ustedes también vieron la felicidad con que se movían los Torposoplos? -preguntó, las chicas, que se habían girado con rapidez a la mención de sus nombres, la miraron confundida.

-He... bueno... -balbuceo Patil.

-¿Quieres un profiterol, bella pazzo? -preguntó Blaise, salvando a Padma de contestar- Son de naranja pero están cubiertos de chocolate, creo... ¿estas bien? -preguntó al ver la mirada sorprendida de la chica en él- ¿Dije algo malo?

-Tú... ah...

-Ya sabes lo mucho que a Blaise le encantan los apodos, Luna -dijo Hermione, interrumpiéndola sobre cualquier respuesta. Blaise las miró confundido mientras ambas chicas se daban una mirada significativa y Gregory lo veía como un enigma complejo.

Los últimos estudiantes entraron al aula a la par de Helena y Corvinus, que discutían fervientemente en voz baja antes de sentarse detrás de Theo y Pansy. Saludaron a ambos chicos y volvieron con su discusión, ahora con Theo y Pansy como mediadores.

-Me cae bien Helena, fue una de las Slytherin que se sentaba conmigo durante las clases del año pasado y no me llamaba Lunática -anunció Luna con voz soñadora y tomando un profiterol que Blaise le tendía.

-Olvídalos, son hijos de mortífagos. Ella y Rowle -dijo Gregory con voz tensa. Una risa despectiva se escuchó al lado de Hermione, donde se sentaban Lavander Brown y Parvati Patil.

-Tú también lo eres, ambos -señaló con la mandíbula a Blaise que ahora bebía de su botella de agua. Hermione rápidamente reparó en que los Gryffindor, Hufflepuff y Ravenclaw sentados cerca de ellos los escuchaban con atención.

-Ja -Blaise se limpió los labios con el pulgar y dejó la botella medio vacía en su mesa antes de girarse hacia Brown y mirarla con malicia- Mis padres no son mortífagos -se mofó el chico, disparando una mirada imperceptible a Gregory que se inclinó sobre Hermione y miró con firmeza a Brown.

-El padre de Blaise murió cuando él era un niño, nunca estuvo en las filas de Lord Oscuro ni tampoco su madre, a quien por cierto, mataron durante la fuga que permitió el Ministerio -Blaise soltó un suspiro tembloroso... No sabía nada de ello- Y mis padres fueron asesinados por mortífagos antes de entrar a sexto, por si no lo recuerdas, Brown... fue un gran articulo el que publicó Rita Skeeter.

-Y ya que Greg tuvo la decencia de contestarte-dijo Hermione, sonriendo con sorna- Te pediré que tengas la misma al no inmiscuirte en conversaciones pri-va-das -resaltó.

-¡Soy Perfecta y...!

-El que seas Perfecta no te da derecho a escuchar conversaciones ajenas -siseo Blaise- Así que deja de actuar como si hubiésemos sido nosotros quienes te faltaron al respeto.

-¡Eres un completo asno! -chilló Brown.

-¡Diez puntos menos para Gryffindor! - la voz retumbo dentro del aula mientras la puerta se cerraba con fuerza y Alecto Carrow caminaba hacia el pizarron. Hermione pareció encogerse en su asiento mientras Gregory se inclinaba hacia el frente, tratando de hacerse más visible que Hermione y Blaise se erguía derecho, ocultando a la Slytherin.

Alecto Carrow era bastante alto, robusto y tenía un par de cicatrices en el rostro. Los dientes podridos y esa particular mirada desquiciada que todo mortífago que haya estado en Azkaban tenía. Vestía una túnica negra, debajo de ella llevaba una camisa y pantalón del mismo color. Tenía la mano izquierda aferrada a su varita y con la otra escribía sobre el pizarron con una tiza blanca.

Al dársela vuelta, se sentó sobre la esquina de su escritorio y dejó vagar sus ojos por todo el salón. Las torcidas letras de las palabras "Artes Oscuras", parecían más amenazadoras de lo que una simple frase podía parecer.

-Durante estos seis años o en caso de algunos, cinco, han aprendido de diferentes profesores a como defenderse de los encantamientos oscuros... pero nunca han aprendido a como manejar estos encantamientos -su sonrisa se volvió tan torcida como aquellas letras blancas- Aprenderán a ejercer fuerza y llevar a práctica todos aquellos maleficio de los que les han enseñado a defenderse.

-¿Cómo la maldición Imperio? -preguntó Anthony Goldstein, prefecto de Ravenclaw. Pansy soltó una risa ahogada.

- La maldición Imperio -dijo Carrow, pronunciando las palabras como si las saboreara- No, por el momento las maldiciones imperdonables siguen siendo... -sonrió- ... imperdonables -sus ojos cayeron sobre los cuatro estudiantes de Slytherin sentados delante de él. La tensión fue palpable al ver la forma lasciva con la que Carrow miraba a Pansy, que estaba tan tiesa en su asiento como si hubiera sido petrificada.

-¿Sucede algo, profesor? -dijo entredientes, mirando con falso entusiasmo a Carrow.

-Señorita Parkinson...

-Crabble, mi apellido es Crabble -siseo la Slytherin sacando varios sonidos de sorpresa en los estudiantes de Hogwarts- Le agradecería que me llamase por mi apellido de casada. Mi esposo -remarcó la palabra- se pondría furioso si supiera que me ha llamado Parkinson, y usted no quiere que Vincent se ponga furioso, ¿cierto? -la satisfacción en las palabras de Pansy fue recibida con asombroso -de nuevo- y sobre todo al ver como Carrow parecía tratar de reprimir un escalofrío. Alecto Carrow carraspeo y se giró sobre su asiento, ignorando deliberadamente a los cuatro Slytherin delante de él y vagando la mirada por todo el salón.

-Ful-ga-ri -murmuró Carrow mirando de estudiante en estudiante, de color en color. Algunos estudiantes se miraron entre ellos, frunciendo el ceño y tratando de analizar en qué consistía aquel encantamiento, que suponían era oscuro. En cambio, muy pocos -sobre todo los estudiantes de Slytherin y algunos Ravenclaw que por la curiosidad sabían que era- se quedaron tan tensos como una estatua, sin tener planes de moverse- Será el primer encantamiento oscuro que aprenderemos en clase, ¿alguien sabe de qué va? -muchos negaron y muy pocos evadieron su mirada- Señorita Dolohov...

-¿Si profesor? -preguntó Helena con ingenuidad. Carrow sonrió.

-Estoy seguro de que tu padre te habrá dado alguna... demostración.

-No que yo recuerde, profesor -dijo, haciendo un mohín con los labios y dándose unos toquecitos con el dedo en ellos. Carrow estrecho los ojos.

-¿Está segura? -Helena asintió- Entonces no tendrás ningún problema en pasar al frente de la clase y ser el... conejillo de indias -se burló. Helena se tensó en su asiento, adentrándose con las uñas a su mesa y mirando con cierto pánico a Carrow.

-El encantamiento fulgari, es un embrujo oscuro que invoca cuerdas perversas que asfixian a su víctima -recitó Corvinus, inclinándose sobre su mesa y mirando con malicia a Carrow- Un gran hechizo si quieres evitar que alguien... huya.

-En efecto... -su mirada volvió a recorrer el aula y cayó sobre la masa de alumnos con túnicas amarillas y el estandarte de un tejón- Señorita Hannah Abbott - la susodicha pegó un bote en su asiento, mirando con pánico al profesor y suplicando en voz baja que todo aquello fuera una broma- Venga al frente, por favor.

-Pero, profesor...

-¡Ahora! -Hannah soltó un sollozo lastimero mientras se levantaba, temblando de pies a cabeza.

-¡No puede obligarla! -gritó un Gryffindor, levantándose de su asiento y golpeando su mesa con ambas manos. Colin Creevey de sexto año, rubio y de orbes verdes miraba con rencor al mortífago, que sonrió como si esperará aquella acción.

-Usted también, joven Creevey...

-Oh, Salazar -murmuró Hermione en voz baja. Gregory se volteó a verla, viendo el dolor brillando en sus ojos castaños- Es hijo de muggles... -Gregory tenso la mandíbula y apretó con fuerza los labios.

Todo el salón vio como, en cámara lenta, ambos chicos pasaban al frente del salón... o como, prácticamente, Abbott era arrastrada por Creevey, que le murmuraba cosas al oído y le sonreía con confianza. Los estudiantes de Gryffindor veían con impotencia como eran colocados en frente del pizarron, a la vista de todos mientras que los Hufflepuff miraban con lastima el enfrentamiento, algunos Ravenclaw con curiosidad y los Slytherin con indiferencia.

-Señorita Abbott, si nos hace el favor de hacer una demostración con su compañero -Hannah negó ferviente, mirando con lágrimas en los ojos al profesor y rogando que no la obligara. Estaba casi tan pálida como un fantasma.

-Esta bien, Hannah -dijo Creevey, extendiendo los brazos- Te aseguro que no me dolerá - la alentó.

-¡Por favor! -escupió Blaise con desprecio en vos sugerentemente alta. Las cabezas se giraron hacia él mientras el chico maldecía mentalmente. Sus ojos chocaron contra los de Carrow.

-¿Quiere usted pasar al frente del salón, señor Zabini? -Blaise abrió los labios, de seguro para decir alguna incongruencia, pero una patada en su silla lo calló. Se mordió la lengua.

-No, profesor. Estoy bien -siseo, sonriendo con arrogancia. Carrow asintió complaciente sin ver como el Slytherin apretaba los puños con fuerza.

-No tenemos todo el tiempo, jovencita -dijo Carrow. Abbott volvió a soltar gimoteos mientras miraba con miedo a Creevey- ¡Ahora! -algunos pegaron un bote en sus asientos por el susto.

-Hannah, en serio, no importa... -intentó de nuevo Creevey, ganándose una mirada de lastima y disculpa por parte de la Hufflepuff antes de que ésta alzara su varita con mano temblorosa y con ese mismo temblor pronunciara-:

-¡Fu... fulgari!

El hechizo oscuro fue casi un susurro. Unas cuerdas negras salieron volando de la punta de su varita. A poco más de medio metro, cayeron sin fuerza al suelo donde se retorcieron antes de quedar reducidas en polvo.

-¡No! ¡No! ¡Y no! -negó Carrow con falso lamento. El brillo en su mirada hizo temblar a más de uno mientras se acercaba a Hannah y se paraba a un lado de ella- ¡Tienes que sentir con fuerza para poder invocar un encantamiento oscuro! Lo principal en las Artes Oscuras es saber controlar tus emociones... dime, señor Nott, ¿qué siente al conjurar un Crucio? -Theo maldito en voz baja antes de ver con furia a Carrow.

-Lo mismo que usted -escupió- Odio -la mirada conque veía a Carrow era bastante obvia sobre con quien parecía querer usar la maldición imperdonable en ese momento. Carrow sonrió.

-Odio. Venganza. Arrogancia. Envidia -pronuncio, alzando su varita que aún tenía en la mano y apunto al Gryffindor- Deseo. ¡Fulgari! -las cuerdas malignas salieron disparadas de su varita, enroscándose alrededor del Gryffindor y empezando a apretar con fuerza alrededor de su cuello, hombros, brazos, abdomen, piernas...

El grito de dolor sonó en toda el aula para después ser reemplazado por sonidos ahogados y sollozos. Carrow veía con alegría como el chico se retorcía en el suelo, sin poder hacer nada para quitarse las cuerdas maligna. Podía escuchar los sollozos de la Hufflepuff a un lado suyo, y no sólo los suyos, también los de otros estudiantes.

-¡Basta! -gritó Ginny Weasley, levantándose de su asiento- ¡Va a matarlo! ¡Suéltelo ya! -ordenó, mirando con furia al mortífago.

-¡Era una demostración! ¡No una ejecución! -chilló Lavander Brown, imitando a Weasley al ponerse de pie. Demás Gryffindor empezaron a pararse de sus asientos, los Hufflepuff les siguieron y al final, sólo los Slytherin y Luna Lovegood guardaban silencio y se mantenían estoicos en sus asientos.

Los gritos indignados, de furia y miedo sonaron en toda el aula. Carrow los veía con una sonrisa plasmada en el rostro antes de que un destello dorado golpeara a Creevey en el pecho y éste dejará de retorcerse en el suelo, tomando una gran bocanada de aire, pues las cuerdas habían desaparecido.

Todos se quedaron quietos, mirándose unos a otros para ver quien había lanzado el hechizo mientras Carrow miraba con furia a los estudiantes.

-¡Cincuenta puntos menos! ¡Para cada una de sus casas! ¡Con excepción de Slytherin! -a está ultima frase, vinieron las miradas de desaprobación de los demás alumnos para con las serpientes y Luna, que se mantenían sin mover de sus asientos. Blaise, inclusive, mordía un profiterol cubierto de chocolate.

-¡Cómo puedes...! -las palabras salían con dificultad de la boca de Weasley, que miraba furibunda a Blaise, quien sólo le regresó la mirada con indiferencia. La chica le soltó un manazo al chico, haciéndole tirar el profiterol que salió volando de su mano, cayó al suelo y rodó hasta perderse detrás de los asientos de Brown y Patil.

Blaise se levantó de un salto y con una velocidad asombrosa ya tenía su varita apretando la garganta de Weasley, que ni siquiera pudo parpadear.

-No vuelvas a tocarme, Weasley -escupió el Slytherin- Como vuelvas a ponerme la mano encima, te muelo a Crucios -amenazó, mirando con profundo enojo a la pelirroja, que en vez de acobardarse, lo miró con desafío.

-¡Siéntense! ¡Ahora mismo! -ordenó Carrow- Si no quieren tener un castigo fuera del colegio -algunos sufrieron un escalofrío, fuera del colegio significaba: dementores- ¡YA! -varios se sentaron de un tirón mientras que otros, como los Gryffindor's, se tomaron su tiempo. Ahora, los únicos de pie, eran Abbott, Carrow, Weasley y Blaise. Estos últimos dos fulminándose con la mirada- Los estudiantes de Slytherin pueden retirarse al igual que la señorita Lovegood. Los demás cumplirán su castigo ahora mismo por falta de respeto a su profesor -sentenció. Blaise entrecerró los ojos y se apartó de la Gryffindor, bajando su varita. El sonido de las sillas al moverse fue lo único que se escuchó mientras los siete Slytherin salían del aula.

Al llegar al final del pasillo, Theo golpeó con fuerza la pared.

-¡Ése imbécil! -escupió, sus orbes, repentinamente amarillos, miraron al fondo del pasillo. Gregory se colocó estratégicamente al frente de él para que Corvinus ni Helena pudieran ver ése cambio. Luna se acercó a él y tomándolo del brazo, empezó a susurrarle palabras al oído.

-Al menos no hay dementores custodiando las clases -dijo Hermione- Pudo haber sido peor.

-¿Qué puede ser peor? -preguntó Helena, al ver la mirada ensombrecida de Hermione, retrocedió un paso y tomo con fuerza la mano de Corvinus, que la miró interrogante.

-Inferis.


Callejón Knockturn.

The White Wyvern.

12: 15 p.m

La sucia y deteriorada taberna parecía estar a punto de caerseles encima. Las ventanas tenían algún tipo de encantamiento que las hacía ver negras desde fuera, aunque uno pudiera ver el torcido callejón desde sus asientos. Las velas colgaban encima de cada uno de los pequeños cubículos y parecían parpadear como si una ráfaga de viento las golpeara, aunque debido a la hermética puerta y las ventanas que nunca antes habían sido abiertas no dejaran entrar nada a menos que fueran los mortífagos que solían ir a reunirse ahí.

-Maldita sea -maldijo Vincent al casi caer por un tablón separado del suelo. Soltó otras maldiciones más mientras golpeaba el talón de su bota contra una banca de madera antes de seguir a su compañero e instalarse en un cubículo alejado de la barra.

El mortífago desplazo su azulada mirada por todo el pub, deteniéndose más tiempo del necesario en los mortífagos sentados cerca de donde estaban ellos. No llevaban capas, mucho menos máscaras pero Vincent reconocía sus rostros, y al ver la tensión en sus hombros pudo ver que ellos también los reconocían.

-¿Te despediste de Pansy? -el mortífago hizo una mueca al saber a donde llevaba esa conversación y, sinceramente, no quería tenerla en ese momento. Poso sus obres azules en los grises de su amigo y chasqueo con desinteres la lengua.

-Seguro -admitió, aunque claramente no le contó que solo la había abrazado y después la dejo tirada en la sala principal de la mansión, sabiendo que los elfos la llevarían a el andén.

-A veces siento que eres más idiota de lo que aparentas -masculló con fastidio el platinado. Vincent le frunció el ceño mientras se cruzaba de brazos sobre su musculoso pecho y lo miraba con molestia.

-Tú tardaste cinco años en admitirlo enfrente de ella. No entiendo porque me vienes con esa estupidez de: Hazlo, idiota -siseo. Draco negó con la cabeza, echándose hacia atrás en el asiento y estirando sus piernas por debajo de la mesa de madera.

-Sí, pero yo no estaba casado -se mofó- No hay forma de que salga de está unión, no entiendo porque demonios no te aprovechas de aquello -dijo, pasando una mano por su platinado cabello y alborotandolo un poco.

-Estoy seguro de que no pediste esta reunión porque quieras que te comparta mi vida marital -tanteó Vincent, mirando fijamente a Draco- Escúpelo, Malfoy -Draco mostró una mueca divertida mientras sus ojos brillaban con malicia. Vincent era el único mortífago a quién el permitía hablarle de esa forma, sin recibir maleficios por su falta de respeto.

-Tienes razón -admitió con un encogimiento de hombros. Haciendo todo un teatro al acercarse de nuevo a la mesa, inclinarse sobre ella y cruzar las manos debajo de su mentón, logrando atraer la atención de Vincent... y de los mortios a su alrededor. El ex Slytherin lo vio con sospecha al inicio antes de inclinarse de la misma manera y quedar a escasos centímetros- El Señor Oscuro me encargó una misión de suma importancia -murmuró.

-Debo suponer que ya no volaremos más pueblos muggles, porque la verdad empezaba a asquearme -dijo Vincent. Draco asintió.

-Cuando todo mundo cuidaba a Potter los meses antes de la caída del Ministerio... -prosiguió- ... la seguridad para con sus familiares no fue la gran hazaña. Shacklebolt y Ojoloco Moody fueron los encargados de esconderlos... justo el día de la "Masacre en el Callejón Diagon".

-Supongo que regresaron en seguida al saber que estábamos atacando el Callejón -dedujo. Draco asintió, inclinando ligeramente la cabeza y disparando una mirada imperceptible a los mortífagos sentados cerca de ellos, que tenían la cabeza inclinada hacia ellos. Draco sonrió con malicia.

-Fue ahí donde envié a Pansy aquel día -dijo Draco. Vincent se rascó la mandíbula con tranquilidad. Pansy no le había contado adonde había ido aquel día, pero ahora empezaba a tener algo de sentido- Petunia Evans y su hijo, Duddley -la tía y el primo de Potter respectivamente- están ocultos en un pequeño pueblo a las afueras de Mánchester. En el Condado de Cheshiere para ser más específicos.

-Un pueblo muggle, he de suponer... ¡Maldita sea! -exclamó, sorprendiendo a los mortífagos de la mesa conjunta que estaban escuchando la conversación- Por esa razón Lord Tenebroso nos pedía atacar pueblos, para encontrar a la familia...

-Exactamente -sonrió Draco- Lord Oscuro perdió la paciencia referente a la búsqueda de la familia de Potter y me pidió, nos pidió, buscarla nosotros mismos -dijo- ¿Sabes lo contento que le pondrá saber que tenemos a la familia de Potter, una de sus debilidades? -preguntó. Vincent sonrió en acuerdo.

-Posiblemente pasaríamos por encima de Snape y lograríamos acercarnos más en su circulo interno, no solo como los estudiantes de Severus -soltó una risa seca- Joder, Malfoy... que te lo tenías bien guardado... ¿dónde están exactamente? -Malfoy sonrió con malicia y se inclinó hacia el oído del muchacho para recitarle la ubicación de la morada de los familiares de Potter. Volvió a inclinarse hacia atrás en el asiento y soltó una sonrisa extasiada.

Pocos minutos después los mortífagos que escuchaban su conversación salieron de la taberna, susurrándose unos a los otros y desapareciendo por una de las desviaciones del torcido Callejón Knockturn.

-Bola de idiotas -masculló Vincent, poniendo los ojos en blanco. Los orbes grises de Draco brillaron con malicia.

-Ey, ve el lado bueno -rió- Con Parkinson fuera de la balanza, ocuparás un lugar más en la mesa y las franquicias de los Parkinson caeran sobre Pansy de nuevo. Ya no tendremos que preocuparnos de esa maldita rata -chasqueó la lengua con hastío. Vincent rodó los ojos.

-Ahora entiendo porque no terminaron en Ravenclaw -siseo- Si ellos nos reconocieron, ¿porqué no habríamos de haberlos reconocido también? -preguntó con obviedad. Draco se encogió de hombros.

-Porque Parkinson sólo escoge a idiotas como marionetas.

-¿Vas a querer un whisky de fuego? -preguntó Vincent, cambiando de tema. Draco lo miro como si se hubiese quedado loco.

-¿Estas loco? -expreso- ¿Y coger viruela de dragón? -preguntó con asco- Aún tengo mucho por lo cual vivir, gracias -Vincent se rió en voz alta.


Aula de Transformaciones.

1:14 p.m

Gregory terminó de recoger sus libros con toda la tranquilidad del mundo mientras veía de reojo como Hermione platicaba con Luna, ambas esperándolo en la entrada del aula. También estaba consciente de las miradas que los estudiantes de las demás Casas le enviaban y del aura despectiva que emanaba desde Minerva McGonagall, sentada en su pupitre sin quitarle los ojos de encima, pues Theo, Pansy ni Blaise habían sido lo suficientemente bondadosos como para tomar clases con la vieja.

Se mordió el labio al escuchar como un estudiante de Ravenclaw, al pasar a su lado, llamaba a Hermione: "La sangre sucia de Slytherin", ¡Morgana! Había escuchado ese insulto tantas veces en el día que ya lo tenía harto, y todavía faltaba una hora para terminar las clases.

Al terminar de recoger sus libros, pudo percibir como un cuerpo se disponía a caer encima de él. Con una velocidad adquirida con los años, pudo detener la caída de la chica antes de que esta terminara llevándose un buen golpe contra la mesa y luego contra él.

El aroma a café lo embriago con fuerza y repentinamente se sintió trasladado a aquella clase con Snape a altas horas de la noche, con sus amigos a su lado. Soltó un suspiro tembloroso y estabilizó a Susan Bones mientras se apartaba ligeramente, sin parecer grosero, para que el aroma a café no se sintiera mucho.

-Oh, disculpa -las mejillas de Susan enrojecieron con fuerza, adquiriendo el mismo tono de su cabello mientras Padma Patil y Hannah Abbott reían a unos pasos de ellos. Gregory se encogió de hombros, con desinterés.

-No te preocupes -soltó, colocando los libros y pergaminos debajo de su axila para pasar a Susan y caminar hacia Hermione.

-¡Gregory! -graznó la Hufflepuff antes de que el Slytherin pudiera avanzar mucho. Gregory logró reprimir un suspiro de frustración antes de girarse a la chica; enarcó una ceja- Uh, ah... -los ojos de Susan se desviaron a la delgada cadena de oro que caía sobre su pecho- ¿Esa es una cruz? ¿Cómo de Cristo? -preguntó. Sus amigas, que se encontraban cerca y escuchando la conversación, fruncieron el ceño con confusión.

Gregory asintió.

-Sí -dijo- La conseguí este verano... -se disponía a continuar su camino antes de que recordara algo- Por cierto, siento mucho lo de tu tía -murmuró. Susan asintió, parpadeando las repentinas lágrimas.

-Sí... era una buena mujer -Gregory asintió en acuerdo, la miró una última vez y avanzó hacia Hermione y Luna. Al llegar a ellas, llevó un brazo encima de los hombros de Hermione y la acerco en un disimulado abrazo; se había sentido repentinamente necesitado de demostraciones afectuosas.

-Le estaba diciendo a Luna que deberíamos visitar La Casa de los Gritos. Así podría ver como la arreglamos -dijo Hermione, enredando su brazo alrededor de la cintura de Gregory y dando un ligero apretón. A veces esa chica lo conocía más que él.

-Sí -Luna asintió- Tal vez podamos ver SnorKack de cuernos arrugados -dijo la Ravenclaw, caminando a la par de ellos mientras salían del aula. Gregory resopló.

-Lo dudo -dijo el chico- Las criaturas mágicas le temen a esa Casa, demos las gracias a Theo -se burló, recibiendo un golpe en el estómago por parte de ambas chicas. Gregory soltó una carcajada.

-¿Mejor...? -preguntó Hermione con una sonrisa. Gregory se la regreso.

-Sí, mucho.

-Deberías dejar de alejarla -murmuró la Slytherin, girando ligeramente la cabeza y tratando de ver por encima del hombro de Gregory. Las dos Hufflepuff y la Ravenclaw venían caminando detrás de ellos, sin dejar de ver el grueso brazo de Gregory aferrado a los hombros de la chica o el suyo envuelto en la cintura del chico- Es una buena chica...

-Una que podría salir lastimada si alguien llegara a enterarse de lo que siento por ella -masculló. Hermione rodó los ojos.

-Estas paranoico -destapo Luna, tomando por sorpresa a ambos Slytherin. La chica se encogió de hombros- Nadie se atrevería meterse contigo, creo que te tienen más miedo a ti que a Blaise y eso ya es mucho, he visto lo que hace cuando se enoja... o peor -fingió sufrir un escalofrío- Cuando tiene curiosidad.

-¡Oh por Cirse! -rió Hermione- Te estas juntando mucho con Theo.

Los tres volvieron a reír.


Hogwarts.

Baños de Mirthy la Llorona.

2:37 p.m

-Está bien, Belvina... ¿por que no sales y me muestras? -preguntó Hermione, tratando de tranquilizar a la pequeña Slytherin. Había estado comiendo en la mesa de las serpientes junto a Nomi, Gregory y Vincent cuando Elizabeth y Steve llegaron corriendo a ellos, balbuceando algo sobre "Belvina llorando en el baño" y "estúpidos Gryffindo's".

Después de haber tranquilizado a ambos chicos, había salido hacia el baño del segundo piso acompañada por Nomi y en el camino se había encontrado a Pansy y Helena. Las cuatro juntas llegaron al baño y lo primero que habían escuchado fueron los sollozos de la pequeña niña, encerrada en uno de los cubículos.

Hermione no había entrado en aquel baño desde lo sucedido con Draco y Potter, inclusive se había quedado estática viendo el lugar exacto donde Draco había estado a punto de desangrarse hasta que Pansy la sacó de su trance.

-¡No! -aulló la Slytherin- ¡Se van a reír!

-No vamos a hacerlo -juró Pansy- Si nunca me burlé de Hermione por su mata de cabello en primer año hasta tercero, no lo haré contigo.

-¡Oye! -exclamó Hermione, fingiéndose ofendida- ¡Nadie ha traído a colisión tu cara de cerdo de segundo año!

-¡Oye! -ahora gritó Pansy, poniéndose roja de la vergüenza. Nomi rió divertida mientras Helena rodaba los ojos y se acercaba más a la puerta del cubículo, con los labios casi pegados a ella.

-Todos alguna vez se han reído de nosotras -dijo la chica- De Hermione en primero por ser una nacida de muggles en Slytherin, de Pansy por ser una zorra desde cuarto. De Nomi también.

-Muy cierto -concordó la morena- Solían burlarse de mi sobrepeso, decían que era una bombón de chocolate... -gorgojeo- De mala manera.

-Inclusive de mi -admitió Helena- Decían que era una mujer loba por el color de mis ojos, pero... ¿sabes qué? -preguntó, esperando que la chica contestara.

-¿Qué...? -preguntó después de unos momentos.

-Que nos tienen envidia, a que sí -las otras tres Slytherin asintieron en acuerdo- Nos tienen envidia porque somos la mejor Casa de Hogwarts y los que mejor nos adaptamos a los cambios -dijo- ¿Sabes cual es una regla importante de nuestra Casa? Algo que siempre nos decían los prefectos... sobre todo Emma, y después Hermione, claro...

-Nunca demuestres que te afectaron -dijo Nomi- Guárdate las lágrimas y demuéstrales que eres mejores que ellos, que sus feas palabras no te interesan. Porque eres una Slytherin y nadie puede humillar a un Slytherin, a menos que éste te lo permita... y los Slytherin no nos humillamos. Ante nadie.

Las cuatro Slytherin se dieron una mirada significativa, esperando que sus palabras hayan golpeado a Belvina. Con los nervios a la expectativa, se quedaron pegadas al cubículo hasta que la chica retiro el pestillo y ellas se retiraron con traspiés, evitando que la puerta las golpeara.

La pequeña pelirroja con el cabello algo rizado y algunas pecas en el rostro, miraba con pánico y los ojos azules llenos de lágrimas a sus compañeras de Slytherin. Las mandíbulas de todas cayeron por la sorpresa y sus ojos rápidamente brillaron por el enojo y la indignación.

-¡Esa bola de críos bastardos! -bramó Nomi, mirando completamente indignada a la pequeña pelirroja, quien volvió a soltar más lágrimas.

Hermione se acercó a la pelirroja, la tomo de las regordetas mejillas y volvió a leer la palabra negra que tenía pintada en la frente.

-Mortífaga -susurró, tragándose el nudo de enojo. Atrajo a la chica hacia ella y empezó a acariciarle el cabello, tratando de calmarla- Shh, shh... todo va a estar bien, nos encargaremos de borrar esa fea palabra -murmuró a Belvina, que asintió contra el estómago de Hermione y se aferró con más fuerza a su cintura.

-¿Me dejas ver, cariño? -preguntó Pansy, recargándose contra sus mejillas y bajando a la altura de la niña. Belvina negó temblorosa antes de soltar un sonido ahogado y girarse hacia Pansy, sin separarse de Hermione. Pansy le retiró el cabello húmedo del rostro y rozó con sus dedos la marca de su frente; tensó la mandíbula antes de soltar a la chica y erguirse para mirar a Hermione- Lo hicieron con magia -dijo.

-Imbéciles -escupió Helena.

-¿Puedes decirme quién te hizo esto, Belvina? -preguntó Hermione con su voz maternal- Prometo que si me lo dices, nadie nunca volverá a tratarte mal. Promesa de Slytherin -prometió. Belvina pareció pensar aquello antes de volver a hablar.

-Fueron unos Gryffindor de tercer año -su voz salió amortiguada- Tres chicas y un chico. Dijeron que había humillado a mi familia por quedar en Slytherin... el chico era rubio y me detuvo por los brazos mientras la castaña hacia el tatuaje... -sollozó- Luego, las otras dos, cortaron cachos de mi cabello... -chilló. Helena y Nomi gritaron sorprendidas mientras Pansy se apuraba a inspeccionar el cabello de Belvina y tanteaba los mechones de cabello hasta encontrar los pedazos faltantes.

-Imbéciles -ahora fue Pansy quién escupió la palabra.

-Está bien, cariño -dijo Hermione- Nomi y Helena te acompañaran a la Sala Común mientras Pansy y yo vamos por una Poción crece-pelo y hablamos con Slughorn, el nuevo Jefe de Slytherin -sintió los pequeños brazos de Belvina aferrarse con más fuerza a su cintura- Todo va a salir bien, Bel... sólo nos encargaremos de arreglar esto, ¿vale?

-Vale... -gimoteo, separandose de Hermione. La castaña sonrió dándole un beso sobre el tatuaje mágico y acercó a la chica hacia Helena y Nomi- Que nadie la vea, no salgan de la Sala Común -ordenó- Si alguien las ve, como Theo o Gregory... díganles que es asunto nuestro -ambas asintieron mientras Hermione y Pansy se dirigían a la salida.

-¿Y si es alguien fuera de Slytherin burlándose? -preguntó Nomi. Pansy la miró sobre el hombro, sonriendo con maldad.

-Pues, ahora tienen permiso usar encantamientos oscuros. Sobre todo Helena -les guiñó el ojo y salió del lugar, acompañada por Pansy- ¿Iremos con Slughorn? -preguntó cuando salieron del pasillo del baño. Hermione negó.

-Por favor, es un viejo santurrón -se mofó- Nos dirá algo como, "son niños" y "así se llevan" -escupió- No, encontraremos a esas ratas y las haremos pagar. Luego, iremos por la poción con Madame Pomfrey -Pansy sonrió con sadismo.

-Así se habla, cariño.


Sala Común de Slytherin.

-¡POR SALAZAR! ¡CÚBRETE! -el grito de Helena hizo que Corvinus brincara en su asiento, llevándose una mano al pecho desnudo justo donde su corazón brincaba con fuerza. El Slytherin se había tirado sobre el sofá de la Sala, lo más cerca posible de la chimenea para sentir el calor, pues las mazmorras estaban heladas... aunque el prefería sentir la calidez de la flama sobre su pecho desnudo.

Miró fijamente a Helena. Sus mejillas estaban tan rojas como el cabello de Belvina Gormsson, quien estaba parada enfrente de la chica, con los ojos tapados al igual que Nomi, quien reía por debajo, pues Helena prácticamente las tenía cegadas.

-¿Todo bien? -preguntó, indiferente de su desnudez.

-¡Ponte algo, idiota! -chilló Helena.

-Sé una dama -recitó el Slytherin, soltando un suspiro abatido mientras tomaba su camisa blanca que reposaba sobre el respaldo de sofá y se la colocó encima, abrochando los botones. Al terminar de abotonarlos, Helena soltó a Belvina y Nomi, fulminando a Corvinus con la mirada. El Slytherin dirigió su mirada a Belvina, quien tenía puesta la capucha de su túnica, pero al verla de frente, pudo ver la palabra grabada en su frente. Hizo una mueca- Pensé que habían aprendido a respetarnos, sobre todo después de la venganza por lo de Malfoy -escupió.

Belvina empezó a llorar de nuevo y salió corriendo hacia el Slytherin, lanzándose a sus brazos y enterrando su rostro contra el pecho del chico, que miraba atónito a la pelirroja antes de mirar con pánico a Helena. La Slytherin rió, divertida.

-Le caes bien -dijo.

-Bipolar -masculló el chico, pasando sus manos -torpemente- sobre la cabellera pelirroja de la chica cuando repararon en la desigualdad de la misma- ¿Tu cabello...?

-Se lo cortaron -interrumpió Nomi, sentándose en el sofá de la lado junto a Helena- Unos Gryffindor de tercero.

-Hijos de pu...

-¡Una dama! ¡Por Salazar, Helena! -le siseó Corvinus a la Slytherin, tomando un cojín del sofá y lanzándoselos a la chica. El cojín paso sobre su cabeza, pues obviamente el chico había errado apropósito. Helena rodó los ojos- ¿Donde están los demás? -preguntó.

-Creo que Gregory -la voz de Nomi tembló- y Blaise siguen en el Gran Comedor, acompañados de Elizabeth y Steve. Sobre Theo, no tengo idea -admitió.

-De seguro está con Luna -dijo Helena, sacudiendo su melena- Sabes que está pillado por ella y además ahora tienen la Torre de Premios Anuales.

-Hermione y Pansy, bueno, ojo por ojo -dijo Nomi como explicación. Corvinus asintió en entendimiento mientras seguía consolando a la pequeña Slytherin.

-Granger da miedo cuando se enojo, yo que ellos empezaría a planear mi funeral -dijo. Helena y Nomi asintieron en acuerdo.


Torre de Premios Anuales.

9:12 p.m

-¡Este lugar es asombroso, Theo! -dijo Luna, mirando con ojos brillosos la Sala Común delante de ella.

Era igual de grande que la de su Casa, pero los colores eran completamente distintos.

El estandarte de la Casa de Slytherin se alzaba por encima de la gran chimenea blanca. Al frente de esta, había un juego de sofás de color negro con una mesita de cristal al centro sobre una alfombra verde oscuro con bordes plateados.

En una esquina de la Sala Común había una pequeña cocina con casi todo incluido. Por último, a cada lado de la chimenea había unas escaleras de piedra que de seguro dirigían a los dos únicos dormitorios de la Sala Común, cada una con baño propio.

Estaba segura que a diferencia de la Sala Común de Ravenclaw, arriba en los dormitorios brillarían los colores verdes y plateados en todo su esplendor, pues la Sala sólo le pertenecía a Slytherin. Como en la entrada de la Sala, con un cuadro de una mujer vestida en togas con una serpiente bailando en su cuello y brazos.

-Sí, es como nuestra Sala Común pero sin tanto frío y un ventanal que te muestre el lago oscuro -rió Theo, sin despegar sus ojos del cuerpo de Luna- Es tuya.

-¿...Qué? -preguntó la rubia sorprendida, no se había esperado aquello para nada. Theo avanzó los pasos que le separaban de ella y la tomó de los hombros, antes de tomar su mandíbula con suavidad y hacerla verlo.

-Es tuya -dijo con firmeza- Después de lo sucedido hoy en la clase de Artes Oscuras estoy seguro de que has tenido problemas con los de tu Casa - la mueca de Luna hizo que los orbes de Theo se oscurecieran- Por tu seguridad, y la de ellos, lo mejor sería que te hospedaras aquí -dijo- No podré contenerme si alguien te hace algo, y Draco me mataría si revelo mi... identidad.

-Pero Theo...

-Entiéndeme, Luna -susurró, bajando de tono de voz- Si alguien llegara a hacerte algo, yo... -cerró con fuerza los párpados- Terminaría lastimandolos, y no habría vuelta atrás.

Luna lo miró con ternura y lastima antes de abrazarlo con fuerza y enterrar su rostro contra pecho del muchacho. Pudo sentir a Theo olisquearla disimuladamente.

-Esta bien... -murmuró contra la camisa del chico- Pero no quiero estar aquí sola, y estoy segura de que no te quedarás conmigo... -dijo con dolor- Aún tienes que aparentar que no te intereso- Theo soltó un suspiro abatido.

-No se me ocurre quien podría acompañarte -dijo- Tal vez si Hermione...

-¡No! -negó Luna- Al menos tienes la seguridad de que tu hermana esta bien, no quiero que seamos el doble de tu preocupación -se quejó. Se quedaron unos momentos en silencio, balanceándose a un son de música que ninguno escuchaba- Tal vez -tanteo- Blaise podría acompañarme...

-Luna... -gruñó Theo. Luna río, separándose del castaño para poder verlo al rostro.

-Blaise no me hará nada -rodó los ojos- Y es uno de tus mejores amigos.

-Sí, antes de que perdiera la memoria.

-Pero sigue siendo tu familia -dijo- Tal vez no sepa que eres un hombre lobo que controla su transformación, pero sabe que te gusto y nunca intentaría nada conmigo porque para él, muy profundo en sus recuerdos, sabe que eres su amigo... -rió- Y que podría pasarle algo horrible si lo intentara.

-No estoy seguro -suspiró Theo.

-Pues Blaise es nuestra única opción -sentenció la rubia- Greg no se separará de Hermione ni por un segundo, creo que siente que es su deber protegerla ya que no pudo proteger a Blaise. Pansy también es el enemigo al igual que Helena y Corvinus, así que... -se encogió de hombros. Theo volvió a gruñir.

-¡Esta bien! -gruñó- Hablaré con él.

Luna sonrió, parándose de puntitas y dándole un beso en la mandíbula.

-Deja de gruñir, Theo. Alguien podría sospechar algo, realmente gruñes como un lobo.

Theo rió. Luna sí que sabía cómo quitarle peso al asunto.


Pasillo de Hogwarts.

2:45 a.m

Un suspiro cansino salió de los labios de Blaise al saberse libre de obligaciones por ese día. A pesar de lo malo que había empezado ese año escolar, con las miradas de odio y las palabras envenenadas de los demás estudiantes de Hogwarts, todo había salido plenamente bien. Bueno, si con salido plenamente bien se refería a que Belvina Gormsson de primero había sido marcada con la palabra "mortífaga" en la frente y le habían cortado trozos de su cabello... por no contar que Hermione y Pansy lanzaron a los cuatro infractores al Bosque Prohibido y el guardabosques tuvo que ir a buscarlos, pues los centauros casi se los atraviesan con sus lanzas... si, todo había salido plenamente bien.

En cambio, durante las rondas no tuvo ningún problema, hasta había tenido tiempo de ir a informar a su tía Bella sobre cómo iban las cosas en Hogwarts y la reciente confianza depositada de Goyle y Granger a él.

Después de bloquear de nuevo el atajo que llevaba a la Honeydukes en Hogsmeade caminó hacia las escaleras que lo llevarían a las mazmorras de Slytherin.

Se escabulló como serpiente por las sombras que dejaba entrever los pasillos, sin escuchar sus propios pasos y a penas siendo consciente de su respiración. Rodolphus le había enseñado a moverse con sigilo lo la mansión, diciendo que le serviría cuando regresara a Hogwarts y no se había equivocado.

Justo cuando llegaba al pasillo de la biblioteca, el cual tenía que atravesar para llegar a su Sala Común, oyó un ruido. Blaise se pegó a la pared, sacando su varita y se puso alerta.

El sonido era semejante al de una puerta al cerrarse antes de ser reemplazados por unos pasos que iban directos a él. Espero paciente, con la respiración algo temblorosa y contó hasta cinco para tomar por sorpresa al intruso.

Cuando los pasos estuvieron justo a su lado, tomó a la individuo por la quijada y lo estrelló contra la pared de ladrillos, enterrándole la varita contra el cuello. La sorpresa cruzó el rostro de Blaise al verse una cabeza más grande que el intruso.

Los orbes negros de la chica cayeron sobre Blaise con miedo mientras su grito era silenciado por el moreno, que la miraba de hito en hito. Era la misma chica con quien Weasley había compartido asiento.

Su tez era más clara que la de Blaise pero seguí siendo trigueña, sus rasgos hindúes eran perfectamente visibles en la forma de su nariz y de sus ojos, dándole una belleza exótica. Su largo cabello estaba atrapado por la mano de Blaise y aún así, parte de él, caía sobre su pecho.

El Slytherin soltó un gruñido furioso antes de soltar a la Ravenclaw y alejarse dos pasos.

-Casi te cruzo con un Avada -le espetó, mirandola con enojo- No deberías estar fuera de tu torre, preciosa -sus orbes verdes recorrieron el rostro de la chica por segunda vez mientras esperaba a que se tranquilizara. Su respiración era errática y estaba algo pálida, también temblaba de pies a cabeza. Parecía estar a punto de sufrir un ataque de pánico- ¿Preciosa? -frunció el ceño al ver como temblaba con mas fuerza. Soltó un suspiro de fastidio mientras guardaba su varita y tomaba los hombros de la Ravenclaw- Vamos, respira conmigo... -Blaise empezó a inhalar y exhalar con exageración, y al tercer intento, la chica empezó a imitarlo- Eso, sigue así -y siguió alentándola hasta que empezó a recuperar un poco de su color.

-Gracias... -dijo avergonzada, con las mejillas ligeramente calientes mientras miraba a otro lado. Blaise sonrió de lado antes de separarse de ella una segunda vez.

-¿Qué hacías vagando por los pasillos después del toque de queda? -preguntó, enarcando una ceja. La Ravenclaw soltó un resoplido nervioso mientras se cruzaba de brazos.

-Puede que haya estado en la biblioteca - al escuchar la risa sardónica de Blaise, sus mejillas enrojecieron con mas fuerza.

-Estabas dispuesta a quedar castigada por un libro -dijo, algo incrédulo- Sabes que Flich tiene permiso para castigar a los estudiantes, ¿cierto? -la chica sufrió un escalofrío antes de negar con la cabeza- Mira...

-Padma Patil -murmuró.

-Patil -saboreó Blaise- Si fuera realmente una persona terrible, ahora mismo te delataría con los Carrow, pero como soy buen... - el chico enmudeció al escuchar pasos acercándose a ellos. Tomando a Patil por la muñeca, la arrastró consigo hacia un pasadizo que los llevaría a la torre de Ravenclaw.

Después de haber girado en varios recordos y haberse -prácticamente- frotado contra un muro debido a lo delgado del pasillo, llegaron sin más contratiempo a la torre de Ravenclaw

-No sabía que existía algo como esto -murmuró Patil, mirando con cierto respeto y un toque de curiosidad a Blaise, que se encogió de hombros.

-Lo que uno aprende con los años -respondió. No sabría como decirle que encontró aquellos pasadizos, si en sus recuerdos nunca había pisado Hogwarts. Pero por lo visto, los recordaba tan bien como a los hechizos que Bellatrix le había querido enseñar- Un consejo, Patil -dijo, retirándole un mechón del rostro y colocándose detrás de la oreja- No dejes que te atrapen -dándose la vuelta, se alejó de la Ravenclaw.

-No lo haré... -el susurro le llegó a Blaise perfectamente, aunque de seguro la Ravenclaw pensaría que no la escucho.

Volvió a tomar el mismo recorrido de antes para regresar a las mazmorras. Con la misma facilidad y precisión que siempre, logró llegar sin demora alguna al cuadro de la entrada a su Sala Común y después de unos diez minutos -fácilmente- logró des-habilitar los encantamientos de protección de la puerta.

No se sorprendió al ver a Gregory, Theo, Hermione y Pansy esperándolo con la varita en ristre, apuntándolo. Blaise rodó los ojos con burla y volvió a colocar los encantamientos, está vez con ayuda de los allí presentes y no tomando tanto tiempo.

-¿Dónde estabas? -preguntó Pansy, cruzándose de brazos y mirándolo con molestia.

-Tenía una reunión con Bellatrix, le dije a Hermione -dijo el moreno.

-Tardaste -los ojos de Hermione chocaron con los suyos.

-Bueno, la mitad de ese tiempo Bellatrix intentó introducirse en mi cabeza para ver que no haya cambiado de lealtad -dijo con burla- Y después de eso, tuve un encuentro con Padma Patil.

-Lo sabemos -anunció Gregory, tendiéndole un pergamino con manchas rojas- Carrow por poco los ve, tuviste suerte.

Blaise miró fijamente el pergamino, viendo unas pequeñas huellas con motas donde venía su nombre, al lado del suyo, estaba el de Pansy, Theo, Gregory y Hermione, todos alrededor de él en un espacio que decía: Sala Común de Slytherin. Hizo una mueca.

-¿Esto es en tiempo real?

-El Mapa del Merodeador -pronunció Theo- Te dice donde están todos, a cada hora en cada momento -Blaise asintió, asombrado- Es una copia, la hicimos en tercer año. Potter tiene la original.

-Es de esto de lo que hablabas en la mañana, he de suponer -dijo, sin dejar de ver el Mapa. Theo de llevó una mano al rostro, dándose una palmada en la frente.

-Demonios, se me olvidó que no recuerdas nada -dijo.

-Sutil -se mofó Gregory. Theo lo fulminó con la mirada.

-Entonces Harry Potter tiene el original -murmuró Blaise- Por eso debemos vigilar estos pasadizos y... ¡Oigan! -exclamó, tomando por sorpresa a sus amigos- ¡Me vieron venir y dejaron que batallara con las protecciones yo sólo! -se quejó. Hermione soltó una risa divertida.

-Lo que sea -rodó los ojos al ver el brillo divertido en la mirada de Theo, Pansy y Gregory- Como nadie sabe que tenemos esto, debemos aparentar vigilar los pasillos...

-Sería una buena idea que cada quien tuviera uno, por si acaso -opinó Blaise. Los otros cuatro chicos se miraron con aire sorprendido; Blaise bufó- No se vean así, como si nunca tuviera ideas asombrosas. A puesto a que eso de copiar el Mapa fue mi idea.

-De hecho fue de Draco, pero que va. Blaise tiene razón -concordó Pansy. Hermione asintió.

-Mañana iremos a la biblioteca y haremos nuestras copas -anunció, dándose la vuelta para regresar a su cuarto.

-¿¡Nada sobre tener cuidado!? -preguntó Theo divertido.

-¡Son lo suficientemente responsables como para saber eso! ¡O al menos eso espero! -gritó, ganándose varios queridos de reproche por parte de sus amigos. La risa de Hermione se escuchó aún después de que la chica desapareciera.


¡Espero que les haya gustado mucho! Vienen más cosas en el próximo capítulo, como los puntos de vista de los leones (Potter, Weasley y Longbottom), lo que está sucediendo con ellos y tal vez algunos avances con nuestra Pansy y Vincent... Esto es más bien relleno, un cap ligero a pesar de lo largo que se nota.

¡También más Dramione y Nottgood! Me he dado cuenta que casi no hay eso en mi fanfic, que poco romance hay en esto. Debemos mejorarlo.

Otra cosa, mis amores.

Quería preguntarles: ¿Qué opinan sobre el Blinny en este fanfic? Yo amo el Blinny, son una de mis parejas preferidas pero mi hermana dice que tal vez yo halla torcido un poco la relación entre estos dos y no funcione muy bien la cosa... Bueno, ya ustedes me dirán.

¡Nos leemos pronto! No olviden dejar sus Review's.