¡Hola mis criaturas! ¿Alguien ya fue a ver "Animales Fantásticos: los Crímenes de Grindelwald"? ¿No? ¡Yo sí, y ya van dos veces!

Sé que a muchas les llegó la notificación el día de ayer, pero hubo un problema con el capítulo. Me equivoque y subí el capítulo erroneo. Lo eliminé en seguida pero por lo visto algunas alcanzaron a leerlo.

Quiero decirles que ese capítulo, en la mayoría de las cosas, concuerda con éste pero no es el capítulo correcto. Así que a las que alcanzaron a leerlo, lo siento mucho.

No subí el capítulo, si no hasta ahorita, porque la computadora que uso es una porquería. Ya llevó más de una hora intentando corregir el capítulo.

La idea no es mía, pero la trama si.

Los personajes no me pertenecen.

Bienvenidos a todos aquellos que empiezan este viaje con nosotras.

Sin más, (con mis sinceras disculpas) los invito a leer el capítulo.


Septiembre, 15. 1997

12:43 a.m

Luna llena.

Bosque Prohibido.

Los pasos sonaban amortiguados en la húmeda tierra. Hacía solo unas horas que la lluvia había terminado pero aún así ningún estudiante de Hogwarts se había atrevido a salir a los alrededores de Hogwarts.

Dos semanas demasiado duras para la mayoría de los estudiantes. Con dementores merodeando fuera del colegio y con dos mortífagos como maestros la mayoría prefería pasar tiempo en sus respectivas Salas Comunes. Los Slytherin mantenían todas las salidas vigiladas, lo que había provocado un distanciamiento aún más grande entre las cuatro casas.

Hogwarts nunca antes había estado tan... rota.

-¿Estamos seguros de esto? -la voz de Gregory sonó demasiado fuerte para el silencio que sumía al bosque prohibido. Pansy sufrió un escalofrío y se acomodó con más fuerza la bufanda, casi hasta asfixiarse. Sólo ella y Hermione alumbraban el sinuoso camino con un Lumos.

-Yo creo que deberíamos haber esperado a Blaise unos minutos más -opinó Hermione con cierta culpabilidad y deteniendo su andar. Gregory hizo una mueca mientras le dedicaba una imperceptible mirada a Pansy, que asintió ligeramente y enredó su brazo con el de su amiga.

-De seguro se habrá quedado dormido -murmuró, instándola a continuar- Últimamente ha estado despierto hasta tarde en la biblioteca...

-¿No será que habrás olvidado decirle? -preguntó en tono acusatorio Theo, que ayudaba a Luna a esquivar un tronco caído. Pansy lo fulminó con la mirada.

-No olvidé nada -siseo- Le dije que nos reuniéramos en el lindero del bosque. No apareció, fin de la historia.

-¿Por qué siempre tienes que ser tan perra? -escupió Theo. Pansy se tensó mientras Gregory maldecía por debajo.

-¡Theo! -susurraron en grito Hermione y Luna. El susodicho se encogió de hombros con ligereza.

-Yo sólo digo la verdad.

-Dices lo que crees, que es distinto -la hosca voz tomó por sorpresa a los Slytherin, que rápidamente alzaron sus varitas hacía el intruso. Vincent Crabble y Draco Malfoy los esperaban a poco más de dos metros. Draco estaba en cunclillas, raspando la tierra con su varita mientras Vincent se recargaba contra el grueso tronco de un árbol- Vuelve a llamarla perra, y te cruzare a base de maldiciones -espetó, haciendo tronar su cuello. Theo sonrió con malicia.

-Inténtalo. Ambos sabemos quién ganaría el duelo -se mofó. Vincent gruñó por debajo y levantó la mano que sostenía su varita.

-¿Quieres una ventaja?

-Si ya dejaron de medir sus egos -siseo Draco, arrastrando las palabras con advertencia- Me gustaría saber por qué nos hemos reunido -su fría mirada recorrió a todos los presentes y reparó en la ausencia de Blaise. Frunció ligeramente el ceño pero no hizo pregunta alguna.

-Quiero que Theo me marque -soltó Luna con la misma tranquilidad con que anunciaría que ya era muy noche. Draco miró ligeramente sorprendido a Hermione que tenía los labios en una línea tensa. Ella asintió y Draco volvió a posar su mirada en Theo y Luna.

-Sin ofender, Luna -musitó y vio como Theo se tensaba- No entiendo qué tiene que ver eso con nosotros...

-Theo trata de convencerme de que no lo haga... pero creo que todos queremos saber como funciona la... licantropía que tiene Theo -murmuró la rubia- Ustedes están aquí para protegernos y que no nos pase nada.

-Quieres que seamos los centinelas mientras tú y Theo se lían en el bosque -rió Vincent, provocando que los orbes azules de Theo se tornaran amarillos.

-En efecto -soltó la rubia. Gregory soltó una risa nerviosa mientras Pansy y Hermione continuaban su caminó hacia Vincent y Draco. El platinado se levantó y recibió a la castaña con un fuerte abrazo, recargando su barbilla en la cabeza de la Slytherin.

-Podemos colocar unas barreras... si realmente están seguros de ésto -murmuró. Vincent miró a Draco como si hubiera perdido la razón pero no objetó nada. En cambio, se aferró con cierta firmeza a la mano de Pansy, que sonrió con cierta gratitud por la muestra de apoyo.

-Estamos seguros -dijo Luna por ambos, entrelazando su brazo con el de Theo. Las mejillas de Theo parecieron enrojecer un poco, aunque gracias a la falta de luz y a las sombras que provocaban las varitas no podía apresiarse mucho sus facciones.

-Bien -masculló el rubio- Formaremos un cuadrado y armaremos una barrera a prueba de sonido y visibilidad... nadie podrá entrar y salir hasta que ustedes lo decidan...

-Aún puedes echarte hacia atrás -se mofó Vincent. Theo lo fulminó con la mirada pero no hizo nada ya que Luna lo estaba arrastrando hacia la oscuridad del bosque. Caminaron entre ramas caídas y charchos de lodo hasta llegar a un pequeño claro sin melaza ni arboles. Theo apuntó su varita al cielo, lanzando chispas verdes. Poco más de diez minutos, de cuatro direcciones distintas, chispas similares irrumpieron la noche.

-Supongo que esta hecho... -murmuró con voz temblorosa. Luna asintió en acuerdo y se apuntó a sí misma con la varita, conjuro un hechizo de temperatura antes de soltar la varita y empezar a desvestirse. Theo carraspeo con cierta incomodidad, no por tener a Luna prácticamente en bragas y sostén si no porque sus amigos estaban fuera de esas paredes mágicas, sabiendo lo que estaba a punto de pasar.

Imitó a Luna al colocarse un hechizo de temperatura para no empezar a temblar de frío y arruinar el momento. Dejó su varita al lado de la de Luna y empezó a desvestirse.

La capa del colegio quedó a la par de la rubia, y sin ver la necesidad de acomodarlas, sólo dejó caer las prendas como fueran saliendo. Cuando terminó completamente desnudo, al igual que su compañera, tragó con cierta dificultad y miró a su alrededor, que mala pasada si alguna criatura se había quedado atrapada en... aquel ritual.

-No estés nervioso -Theo se sobresaltó y no por la tranquilidad en la voz de Luna, si no por su cercanía. A diferencia de él, y sin pudor alguno, se había acercado hasta donde estaba parado, dejando caer su mano con delicadeza sobre su pecho desnudo.

-No estoy nervioso -mintió, con voz temblorosa. Podía oler la humedad de la rubia, casi como jazmines y se sintió avergonzado cuando la proximidad de la chica empezó a afectarlo anatómicamente.

-Solo somos tú y yo... -murmuró Luna, deslizando sus manos por el pecho de Theo hasta llegar a su cuello. Lo atrajo hacia ella con firmeza, casi como si lo obligara a verla. El Slytherin desvió la mirada del oscuro bosque y la posó sobre Luna; ella no se exaltó al ver sus orbes de color amarillo.

Tú, yo y aquel animal que se haya quedado atrapado dentro... pensó Theo, aunque cuando los labios de Luna rozaron los suyos, cualquier racionalidad se perdió. Sus labios eran tan suaves, delicados y tibios.

Luna tenía razón, sólo eran ella y él.


En algún otro lado del Bosque Prohibido.

-Posiblemente ahora yo soy el único virgen en el grupo -soltó Gregory para bochorno de Pansy. La Slytherin fulminó con la mirada el chico sentado delante de ella, provocando que soltara una estruendosa risa.

Después de haber alzado las barreras de protección, se habían reunido justo donde se habían encontrado la primera vez. Igualmente convocaron una barrera alrededor de ellos para que nadie pudiera verlos ni escucharlos, después se habían colocado en circulo. Hermione sentada entre las piernas de Draco; ella recargada contra el costado de Vincent y Gregory el frente en medio de ambos... más bien eran un triángulo.

-¿Por qué Blaise no vino? -preguntó Vincent, salvando a Pansy. La chica carraspeo, palpando sus mejillas para eliminar el rubor y le dedicó otra mirada significativa a Gregory, que Vincent no se perdió.

-Se habrá quedado dormido -respondió el chico con simpleza.

-Blaise nunca se dormía antes de las dos de la mañana -recordó Draco, con los brazos envueltos alrededor de la cintura de Hermione.

-Ése era el anterior Blaise. Ahora realmente puede dormirse temprano... tiene terrores nocturnos aunque no sepa la razón, pero normalmente duerme bien -habló Hermione. Draco soltó una risa ronca.

-Bueno, al menos algo salió bien de todo esto -se burló. Una mirada más entre Gregory y Pansy y Vincent probablemente perdería los estribos.

-¿Y que pasó con Susan? Ya nunca nos enteramos qué fue de ella -soltó Vincent. Gregory se tensó.

-Las cosas en Hogwarts son difíciles para todos -defendió Pansy para tormento de Vincent- No vemos a nadie de otras casas fuera de los horarios de clase y, aún así, no podemos acercarnos mucho. Todos nos ven como si fuéramos los villanos.

-Según ellos lo somos -siseo Draco. Hermione suspiró.

-No hay de qué preocuparse -soltó con un bostezo la castaña- Cuando la guerra termine, todos se tragaran sus palabras.

-Si es que Potter gana la guerra -intervino Gregory. Hermione se encogió de hombros.

-Sea quien sea que gane la guerra, nosotros no perdemos nada -dijo con sencillez para sorpresa de todos- No actúen así -dijo, al ver las miradas estupefactas de sus amigos y al sentir la tensión en el cuerpo de Draco- Podemos inventarme una excusa si ganan los mortífagos.

-Mione tiene un punto -opinó Pansy, volviendo a recargar su cuerpo contra el de Vincent- Sin importar quien gane, ganamos.


Biblioteca de Hogwarts.

1:27 a.m

-Lo que yo voy a decir, Alberto, se dice: el dinero, el tiempo y la fatiga son nada, cuando se trata de la reputación intereses de una familia. Se dice: es necesario más que probabilidades, es menester certezas...

-... para aceptar un duelo a muerte con un amigo -Padma pegó un grito agudo e intento sacar su varita de entre los bolsillos de su túnica pero ésta se atoró con la esquina del bolsillo y no pudo sacar ni siquiera la punta. La morena mano de su "captor" apareció en su campo de visión mientras el dueño de la misma pasaba una pierna sobre el banco antes de dejarse caer sobre él, mirando a Padma de frente. La chica soltó un suspiro tembloroso- El Conde de Montecristo, Alexander Dumas...

-¿Cómo entraste? -preguntó con voz aguda. Blaise rió con diversión y descansó su codo sobre la mesa, a escasos centímetros del libro abierto y acercó su rostro al de la Ravenclaw.

-De la misma manera que tú -respondió con verdadera diversión- Mis amigos y yo solíamos hacer esto seguido. Sobre todo para intentar entrar a la sección prohibida... -el moreno frunció el ceño con confusión, un destello de dolor brillo en sus ojos aunque Padma no pudo identificar por qué. Blaise se talló con fuerza la frente, intentando despejar sus pensamientos y mirando de reojo a la hindú- ¿Por qué insistes tanto en ser atrapada?

-Pensé que ya todos estaban dormidos... no vi a nadie haciendo guardia -repuso. Blaise negó.

-Que no los veas no significa que no están ahí -dijo, desviando la mirada al libro sobre la mesa- Pensé que la escritura muggle estaba en la sección prohibida... -Padma hizo un sonido de gorgoje que confirmó las sospechas de Blaise- ¿Cómo entraste?

-De la misma manera que tú -repitió, sacando una sonrisa a Blaise. Padma, con valentía, imitó su sonrisa. Los chicos no solían acercarse a ella, la consideraban una empollona así que no podía entender porqué Blaise parecía divertirse junto a ella.

-Nosotros teníamos la llave de Snape -dijo, volviendo a fruncir el ceño.

-A mi me la prestó el profesor Flitwick -contestó Padma.

-Seguro que sí -volvió a sonreír, posando sus orbes verdes en los negros de la Padma- No te vi durante la cena -soltó, sin querer decirlo. Últimamente Weasley no era su única atracción, había empezado a notar a Padma cada vez que entraba al lugar. Tal vez fuera por que la había salvado una vez de los hermanos Carrow, no quería saber lo que esos mortífagos eran capaz por que un alumno rompiera una regla.

-Me quede haciendo mis deberes -respondió Padma, anotando mentalmente el número de la página y cerró el libro- Alguien tomó los míos y mañana es el día de entrega.

-He de suponer que ya los terminaste -Padma asintió. Blaise suspiró a sabiendas, ella parecía ser una obsesa del deber- Vamos, estoy seguro de que los elfos podrían prepararnos algo de cenar -dijo, levantándose y estirando sus brazos. Padma se perdió momentáneamente en el espacio de piel que había dejado su camisa antes de carraspear e imitar a Blaise al levantarse.

-No creo que los elfos nos quieran a estas horas de la mañana en sus cocinas -opinó la chica, pero aún así siguió a Blaise hacia la salida de la biblioteca.

-Mi elfina sí -dijo, apuntando con su varita a la cubierta del libro que cargaba Padma, colocando una ilusión de un libro de Pociones- Trabaja en Hogwarts -esperó a que la chica cerrara las puertas de la biblioteca y caminaron a la par, en un cómodo silencio, hacia las cocinas de Hogwarts.

Padma podía sentir la tensión saliendo a borbotones de Blaise mientras más se acercaban a las cocinas de Hogwarts. Admiró como el moreno adoptaba una pose casa... temerosa, cerraba las manos en puños y las volvía a abrir y como disparaba su mirada a diferentes lados del pasillo, como si buscara una excusa para no llegar a las cocinas. Cuando llegaron al frente del cuadro de las frutas, Padma espero a que Blaise supiera como entrar, pero el chico se había quedado estático.

-¿Zabini...?

-Sólo un segundo -su voz salió más baja que un susurro y fue casi imposible para Padma escucharlo. El chico restregó su palma con fuerza sobre su pecho, como si intentara tranquilizar a su desembocado corazón.

Blaise se quedó de piedra cuando sintió los delgados brazos de la Ravenclaw aprisionarlo en un abrazo; su delicada cabeza reposo justo sobre su palma y corazón. Se quedaron unos segundos así hasta que la chica se separo de él, con mejillas sonrojadas y carraspeando.

-Las muestras de afecto en situaciones difíciles pueden ser de mucho ayuda -dijo, como si repitiera el artículo de alguna revista. Las mejillas de la chica enrojecieron más el ver el escrutinio con que Blaise parecía analizarla, antes de que una gran sonrisa llegara a sus labios.

-Seguro que sí -negó con diversión y estiró el brazo, haciendo cosquillas a las peras. El cuadro se abrió dejando pasar a ambos chicos. Blaise entró seguido de Padma.

La estancia estaba completamente vacía. No había elfo alguno moviéndose alrededor de la cocina en busca de algo que hacer. La chimenea seguía prendida, pero para el resto del lugar todo parecía apagado. Las mesas vacías, los hornos apagados, los platos guardados...

-Te dije que no habría nadie a esta hora...

-¡Mirthy! -Padma pegó un bote ante el grito del moreno. Un segundo después un fuerte y sonoro ¡crack! resonó en la pequeña cocina y una elfina apareció delante de ellos, haciendo una pronunciada reverencia. La elfina era inclusive más pequeña que cualquier otro elfo que haya visto, tenía unas enormes orejas y unos ojos verdes, brillosos de lágrimas. Portaba una funda de almohada más blanca que la camisa del uniforme de Padma y el escudo de la familia Zabini cocido con hilos de oro sobre la funda; también pudo admirar los hilos de oro blanco bordados en los dobleces de la funda.

-Amo Blaise... -la voz de la elfina sonó llena de alabanza, como si hubiera esperado ese encuentro hace años. Padma podía sentir que se le estaba partiendo el corazón- Mi amo...

-Mirthy... -carraspeo Blaise, sin saber donde meterse. La Ravenclaw volvió a acercarse al chico, entrelazó su mano con la de él y le dio un apretón en poyo- Quería... yo... quería saber si podrías hacernos algo de cenar.

-Como usted desee, amo Blaise -chilló la elfina, sonriendo de oreja a oreja y corrió alrededor de las mesas en busca de trastes para preparar la cena. Blaise miró de reojo a Padma, como si buscara algún tipo de aceptación, la chica sonrió y soltó la mano de Blaise para caminar a una pequeña mesa apartada del resto.

-Me sorprende no verte con tus amigos -dijo una vez ambos tomaron asientos- Siempre van a todos lados unidos.

-Son casi las dos de la mañana. Ellos están dormidos -murmuró, sin contar que él había vuelto a salir para dar su reporte semanal a su tía Bellatrix. No había logrado regresar siquiera a la Sala Común, pues había visto el nombre de Padma en el mapa.

-¿Y por qué tú no lo estas? -preguntó. Blaise se encogió de hombros.

-Me quede hasta tarde haciendo mis tareas -soltó. Padma aceptó aquello sin disputa y ambos esperaron a que Mirthy terminara de preparar su cena. No más de diez minutos después, ya habían diferentes platillos en la mesa junto a una tetera y una jarra con jugo de manzana.

-Gracias, Mirthy -agradecieron al unisono. La elfina hizo una enorme reverencia y se quedó plantada al lado de Blaise, mirándolo como si de un dios se tratara. El muchacho volvió a carraspear- Puedes retirarte... -las palabras le sabían amargas y al ver los ojos de Mirthy volverse a impregnar de lágrimas supo que había obrado mal. La elfina volvió a hacer otra reverencia más y desapareció con un estruendoso ¡crac!

-Se ve que te quiere mucho -opinó la chica, tomando un tazón de cereal sobre el pan recién orneado- No muchos elfos idolatran a sus amos de esa manera.

-Mirthy me ha criado desde que mi padre murió. Es mi única familia... -las palabras salieron como puñaladas en el corazón de Blaise. El hambre había desaparecido de golpe y lo único que quería era esconderse debajo de sus colchas y llorar- Estoy cansado -espetó, levantándose. Padma, con la cucharada a medio camino, vio como el chico sacaba un pergamino doblado del bolsillo de su túnica. Lo dejó al lado de Padma y lo apuntó con su varita- Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas -manchas rojizas empezaron a formarse en el pergamino hasta mostrar la frase:

"Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta traen a ustedes: El Mapa del Merodeador"

-¿Qué es esto? -preguntó, al ver como Blaise lo abría y los nombres de ambos aparecían en la sección que decía "Cocinas".

-Es un mapa en tiempo real que te muestra todo y a todos en Hogwarts -murmuró- Travesura realizada -las manchas rojas empezaron a desaparecer- Mantenlo cerca, así evitaras que alguien te atrape -y con ello, el chico se giró y se dirigió a la salida de las cocinas. Dejando a Padma con un amargo sabor en la boca.


Sala Común de Slytherin.

2:30 a.m

Después de batallar al menos diez minutos contra los hechizos de protección; Blaise logró entrar a la sala. Caminó con pasos cansados hacia el sillón del centro, escuchando como las barreras volvían a alzarse, nunca le había preguntado a Hermione como eso era posible.

Se dejó caer sobre el sofá, sintiendo el peso de mil problemas encima de él. No debería haber ido a ver a Bellatrix ese día, tampoco debería haberle contado que Draco, Theodore, Vincent y Pansy eran espías y mucho menos debería haberle dicho que seguían en contacto con Gregory y Hermione... pero ella era su familia. Podía ser un poco desequilibrada al igual que Rebastan y Rodolphus, pero era lo único que tenía.

Al menos ellos no pretendían que todo volviera a la normalidad, como si borrarse la memoria no hubiera ocurrido. Mentían, eso era certero, pero sus supuestos amigos también le mentían todo el tiempo... No recordaba a ninguna Daphne Greengrass pero sí sentía su corazón brincar con fuerza cada vez que veía a Ginny Weasley. Tampoco creía eso de que sus padres estaban muertos sin más, ¿qué les había sucedido? ¿Por qué tenía esas cicatrices en el cuerpo? ¿Por qué su mente estaba tan jodida?

Las barreras volvieron a sonar mientras hechizo eran lanzados para abrirlas.

Blaise se incorporó y restregó con fuerza sus ojos, rogando porque no mostraran las dudas que lo mantenían tan confundido. Pudo escuchar las risas, y deseo poder reírse de verdad con ellos. Escuchó sus voces, y rezó porque algún día dejaran de causarle tanto dolor sin saber el porqué.

Se sentía solo y desechado, como si ellos esperaran al anterior Blaise... ése que nunca iba a regresar, hicieran lo que hicieran.

-¡Blaise! -jadeo Hermione, colgada del brazo de Pansy. Ambas chicas iban vestidas con ropa muggle y las túnicas de la escuela. Detrás de ellas, Gregory se abría paso.

-Pensé que estaban arriba -murmuró, sin querer sentir aquella necesidad de preguntar donde estaban.

-¿Qué haces despierto? -preguntó Pansy antes de que Hermione pudiera preguntar algo. Blaise se encogió de hombros con desinterés.

-Vengo de las cocinas... -y deseo, sobre todas las cosas, que su voz no hubiera sonado tan rota.

-¡Oh, Blaise! -se lamentó Hermione, soltándose de Pansy y caminando hacia él. Y fue ahí, justo ahí, que se rompió.

-Oh, Blaise, ¿¡qué!? ¡Eh! -espetó, logrando detener el andar de Hermione- Pobre tipo que no recuerda siquiera si Blaise es su verdadero nombre.

-Fratello...

-¡Deja de llamarme así! -gritó, levantándose del sofá con gesto hosco- ¡No soy tu hermano! ¡Joder¡ ¡Ni siquiera te recuerdo! O alguno de ustedes -su respiración se volvió errática- ¡Estoy harto que todo el tiempo intenten recordarme quién demonios era! ¡No soy ese Blaise del que hablan!

-Blaise... -jadeo Hermione.

-Solo piensas que en algún momento mi fragmentada mente volverá a ser lo que era, Hermione -escupió- Déjame decirte que un Obliviate de por si daña la mente de una persona, pero lanzarselo uno mismo... la jode.

-Nosotros no tratamos de hacerte recordar -siseo Pansy- Tú fuiste quien decidió olvidarnos ¡y todo por culpa de esa maldita zorra!

-¡Pansy! -reprendió Hermione.

-¡No! ¡Si él está harto yo lo estoy aún más! -chilló, caminando con decisión hacia el chico y plantándose delante de él- No fuiste más que un cobarde. No te borraste la mente para protegernos, o para proteger a aquella familia de magos si no para poder olvidarte de ella sin remordimiento alguno.

-¿De qué estas hablando?

-¡Tú sabes de qué hablo! -exclamó- ¡Fue por Weasley! ¡Todo siempre es por Weasley! ¡Lo hiciste porque no podías soportar que ella no te recordara! ¡Por que no tuviste los huevos para dejarla ir cuando debías! ¡Por qué creíste poder superar al gran Harry Potter!

-¡Pansy ya basta! -intentó detenerla Hermione, pero Gregory la sostuvo del codo, impidiendolo.

-¡Pero eso nunca iba a pasar porque Weasley es un princesa y no sabe por lo que has tenido que pasar! ¡No sabe lo que has tenido que hacer para llegar a ser quien realmente eres! ¿Quieres apartarnos? ¡Bien, hazlo! -lo empujó con fuerza, pero Blaise no retrocedió ni un paso- A fin y acabo, ya ni siquiera eres más uno de nosotros...

-Pans, no lo hagas -suplicó Hermione.

-No eres más que una sombra de lo que realmente eras... El gran Blaise Zabini, reducido a una copia barata de si mismo -escupió. Blaise retrocedió como si le hubiera dado un golpe. Se miraron fijamente a los ojos antes de que Pansy negara con la cabeza y siguiera su paso a las escaleras que la llevarían a los dormitorios.

-Blaise...

-Ella tiene razón -la cortó el susodicho- Me cansé de intentar ser quien era, Hermione...

-Blaise, por favor...

-Ese chico no va a regresar, entiéndelo -siseo, caminando con paso presuroso hacia la salida de la Sala Común. Gregory y Hermione se quedaron estáticos mientras lo escuchaban marcharse.

-Deberíamos ir tras él -susurró, viendo a Gregory con lágrimas en los ojos. El chico negó.

-No, ahora es turno de él de volver a encontrarse... -masculló, haciéndola caminar hacia las escaleras. Hermione se negó un par de veces pero al final siguió a Gregory, sintiendo que estaba mal al no ir detrás de Blaise.


Septiembre, 16. 1997

Grimmauld Place, 12.

7:30 a.m

Quince días, quince días en los que debería haber estado vagando por los pasillos de Hogwarts, divirtiéndose con los demás Gryffindor pero había estado encerrado en esa horrible casa. Quince días en que había intentado buscar algún significado para el guardapelo: ¿quién lo tenía? ¿Dónde podía estar? ¿Cómo lograría destruirlo una vez lo tuviera entre sus manos?

Harry se removió en la cama, jalando con fuerza el cobertor para no escuchar los ensordecedores ronquidos de Ron. Dio vueltas en la cama, tratando de encontrar una posición donde los ronquidos no sonaran tan fuertes. Soltó un grito de frustración y salió de la comodidad que le brindaban las cobijas.

Su padre había insistido en que todos durmieran juntos, por que no se fiaba al cien por ciento de Lucius Malfoy. Aunque el mortífago se la había pasado recluido en la habitación designada, sin dar pista alguna de que siguiera vivo.

Tomó sus gafas de la mesita de noche, su varita de debajo de la almohada y salió de la habitación arrastrando los pies con frustración. Cada día estaba más harto de la situación, en un principio había creído que encontraría los Horrocruxes faltantes en una serie de maravillosas aventuras, en cambio, había estado oculto en Grimmauld Place como un preso.

Ahora entendía el tormento de su padrino cuando había tenido que estar encerrado, sin posibilidad alguna de salir de es horrible casa.

Estaba seguro de que su padre y padrino aún estarían dormidos así que no se molestó en llamarlos mientras bajaba y se dirigía a la cocina. Al llegar a ella quedó momentáneamente estático a reparar en la otra persona sentada en la vieja mesa de madera negra, desayunando mientras leía un grueso tomo.

Harry maldijo su suerte y se arrastró dentro de la cocina, sentándose delante de su concubino y mirando su extenso desayuno. Huevos estrellados, tocino, café, jugo, tostadas francesas, cereal, diferentes tipos de frutas...

-Dudo que hayas preparado todo esto tú solo -espetó el Gryffindor mirando con desconfianza a Lucius, que enarcó una ceja sin dejar de leer el libro.

-El elfo lo de Sirius hizo -respondió con su típica forma de arrastrar las palabras. Llevaba el largo cabello platinado alzado en una coleta, ya no estaba tan flaco como antes y sus orbes grises ya no demostraban aquella mirada desquiciada. Su barba había desaparecido y el inconfundible aroma a alcohol ya no llenaba su espacio.

Llevaba un traje que le quedaba exacto, y Harry no dudaba que lo hubiera encontrado en el armario de la habitación donde se había recluido, aunque dudaba que hubiera sido él quien lo hubiera confeccionado a su medida.

-Kreacher no haría algo como esto -se quejó.

-Para ti, Potter -dijo- Eres un mestizo, y yo un sangre pura. Ahí tienes tu respuesta.

-Eres despreciable -escupió Harry- ¿Siempre tienes que traer a colisión el estatus de la sangre?

-Es para que recuerdes tu lugar -dijo, tomando un sorbo de su taza de café. Harry soltó un gruñido. Con un despertar más arruinado que antes, tomó una tostada francesa sin perder detalle alguno del mortífago.

-¿Qué lees? -preguntó.

-Ocultamientos mágicos, mil y un encantamientos de sangre -respondió sin más. Harry frunció el ceño, dio una mordida a su tostada y la mastico. Los sonidos de la tostada al ser triturada dentro de su boca llamaron la atención de Lucius, que posó sus orbes grises en los verdes de Harry- ¿No puedes ser más bárbaro al comer?

-¿Por qué lees eso? -preguntó, ignorando su pregunta y escupiendo, con cierta satisfacción, pedazos de la tostada sobre la mesa. Lucius hizo un gesto desdeñoso, mirando a Harry con asco.

-No hables cuando tengas comida en la boca -reprendió- Y, a tu pregunta, no debo por que responderla.

-Te estamos ocultando de Voldemort -sonrió al ver como el viejo mortífago se estremecía- Así que yo creo que si debes responderla -Lucius lo fulminó con la mirada.

-Admito... que cuando huí de... Malfoy Manor, tuve la certeza (entre nebulosas de alcohol) de tomar algunos... accesorios de Draco -Harry enarcó una ceja, curioso.

-Me sorprende que Malfoy no haya colocado encantamientos de protección -soltó, dejando la tostada sobre la mesa y estirándose para tomar la jarra con jugo y un vaso de vidrio- Aprendí a colocar encantamientos de protección desde niño para que mi papá no entrara en mi habitación.

-Malfoy Manor aún me pertenece -siseo con cierto grado de indignación- Así que no importa cuantos hechizos de bloqueo Draco pusiera, pude entrar sin problema alguno.

-¿Y qué encontraste? -preguntó, dando un gran sorbo al líquido. Lucius suspiró.

-Frascos con diferentes pócimas, ropa muggle -Harry se mostró sorprendido ante aquello y por la expresión de Lucius, él también estaba sorprendido- Algunos artefactos muggles... -siseo- ... y un diario negro.

-¿Un diario?

-Sí, el problema es que tiene una protección de sangre y a menos que logra averiguar como deshacerla -señaló el libro- No lograré ver qué hay dentro.

-¿Tan importante es? -Lucius bufo sin gracia ante la pregunta de Harry.

-Si alguien guarda algo detrás de una protección de sangre, que prácticamente es magia negra, entonces sí. Es importante -Harry rodó los ojos ante el tono de obviedad que Lucius había usado.

-Ya entendí, no era necesario hablarme como si fuera un retrasado -escupió.

-Por cierto, ¿a que tanto misterio con aquella baratija que guardan tú, el hijo de Arthur y el chico Longbottom? -preguntó. Harry pegó un bote en su lugar.

-¿Cómo...?

-Soy un Slytherin -interrumpió, rodando los ojos- Nos fijamos en hasta en el más pequeño detalle y tú siempre traes aquel guardapelo en ese horrible monedero -dijo- Bueno, al menos las veces que te he visto... supongo que lo traes ahora, ¿puedo verlo? - preguntó, cerrando el libro. Harry lo miró con sospecha antes de meter la mano en el monedero que Hagrid le había regalado. No confiaba en Lucius, eso era seguro, pero él le había confiado aquella verdad sobre el diario negro. Además, no había logrado encontrar nada detrás del Horrocurx.

Se debatió internamente el tiempo necesario para que los ojos de Lucius brillaran con curiosidad antes de que sacara el guardapelo de mala gana y lo dejara caer en la palma del mortífago.

El rubio miró con detenimiento el guardapelo, lo abrió y examinó la reliquia con cuidado.

-Esto es falso, obviamente -dijo- Es imposible que esto sea el Guardapelo de Salazar Slytherin -frunció el ceño- ¿Donde lo encontraste? ¿Por qué es tan importante?

-No me fío de ti, Lucius -Lucius resopló con poca gracia.

-Estas mal de la cabeza si realmente crees que iré corriendo a Lord Tenebroso para contarle que me has escondido durante semanas, y a parte, te haya mencionado algunas cosas que sucedieron en Malfoy Manor. Como el que se hospeda ahí.

-Sí, pero podrías ir corriendo y decirle lo que hago a cambio de que te deje matar a tu hijo -espetó Harry. Lucius rodó los ojos.

-Él confía más en Draco de lo que alguna vez confió en mí -siseo- Además, ¿qué te hace creer que no sabe lo que estás haciendo? -preguntó- ¿Sabes Oclumancia?

-¿Lo sabes tú?

-Claro que sí -bufó Lucius- Si no has estado protegiéndote es obvio que Lord Tenebroso sabe lo que haces -dijo- Podría enseñarte Oclumancia, a cambio de éste pequeño secretito -se mofó. Harry rodó los ojos, arrebatandole el guardapelo y volviendo a guardarlo.

-Bien -aceptó el chico para sorpresa de Lucius- Si tú me enseñas Oclumancia, mejor de lo que lo hizo Snape, te diré lo que este guardapelo significa.

Lucius lo miró con sospecha unos segundos.

-De acuerdo -dijo- Acepto tu trato, Potter.


9:00 a.m

-¿Estas seguro de esto, Harry? -preguntó Ron mirando con desconfianza hacia las escaleras que daban hacia la cocina, como si de pronto pudiera aparecérsele Lucius Malfoy.

-No, no lo estoy -respondió el chico, recargado contra la pared- Pero Malfoy tiene razón -aceptó a regañadientes- Voldemort podría enterarse de lo que hago si llegara a adentrarse en mi mente de nuevo. Que haya cerrado la conexión no significa que no pueda volver a abrirla.

-Tal vez... deberíamos contarles a Sirius y James sobre los Horrocruxes -sugirió Neville. Harry y Ron lo miraron estupefactos- Sé lo que dijo Dumbledore, pero ve lo que los secretos han costado a la Orden del Fénix.

-Neville tiene un punto -opinó Ron para infortunio de Harry- Además... podríamos no lograrlo y alguien más deberá seguir donde nos quedamos. Justo como Dumbledore te cedió el trabajo a ti.

-Es mi lucha, no voy a pedir que nadie más muera por mi culpa -espeto Harry. La puerta continua a ellos se abrió, arrastrándose en el suelo y las cabezas de James y Sirius se asomaron.

-¿Por qué hacen tanto ruido? -murmuró Sirius, tallándose los ojos- Tratamos de dormir.

-Son más de las ocho, Sirius -reprochó Harry. James rió.

-Bueno, nos quedamos despiertos hasta tarde. Se suponía que Lunático vendría a vernos, pero -James se encogió de hombros- no ha aparecido... ¿qué tanto cuchichean? -preguntó al reparar en lo tensos y alerta que se veían.

-Harry dejará que Malfoy le enseñe Oclumancia -soltó Ron.

-¡Ron!

-¡Harry! -exclamaron ambos adultos- ¿Como se te ocurre confiar en ese mortífago? -masculló James.

-¡Es un mortífago! -se quejó Sirius. Harry fulminó con la mirada a Ron.

-Malfoy sabe Oclumancia y si quiero mantener la misión que Dumbledore me dejo en secreto, no puedo dejar que Voldemort se entere de lo que estamos haciendo.

-No podemos fiarnos de él -volvió a repetir Sirius.

-Ya entendimos tu renuencia, Black -la silbante voz de Lucius puso a todos en alerta. De uno en uno, las varitas se alzaron para apuntar al platinado que venía subiendo las escaleras. Lucius alzo las manos mostrando que estaba desarmado (nunca le habían regresado su varita) y se paró en el último escalón- Pero si Potter quiere ganar la guerra, tendrá que proteger su mente por sobre todo. Si llegaran a atraparlo -Salazar no quiera- tendrá que mantener sus secretos ocultos.

-¿Cuales secretos? -preguntó James. Lucius resopló.

-El que abarca la baratija que siempre trae en ese horrible monedero -siseo. James y Sirius miraron fijamente a Harry.

-¿De qué habla? -preguntaron a la par.

-¿Me estas diciendo que dentro de las filas de mortífagos hay expertos en Oclumancia? -preguntó Nevile. Lucius se encogió de hombros y bajó las manos.

-Oclumancia es el arte para mantener tus pensamientos ocultos -respondió Lucius- Es bastante obvio que la mayoría de los servidores de Lord Tenebroso saben hacer eso aunque sea brevemente, sobre todo por si los Aurores los atrapan. El problema es aquellos que saben Legeremancia.

-El arte de leer las mentes -murmuró Neville. Lucius asintió.

-Bellatrix Lestranger y Severus Snape son expertos maestros en el tema... y, aunque me pese decirlo... -su voz tomó un filo peligroso- Draco supera a Bellatrix, al igual que Theodore Nott y Vincent Crabble... tuve serios problemas para evitar que ellos... jugaran con mi mente -desvió su mirada con cierta vergüenza- Fui su juguete favorito. Fue como si proyectaran el odio y resentimiento que tenían a sus padres en mí.

-¿Qué? ¿Los otros no se dejaban tan fácilmente? -se mofó Sirius.

-No -Lucius pareció perderse un poco en sus recuerdos- Nicholas Nott se borró a sí mismo los últimos seis años de su vida. Por lo visto sabía un secreto muy importante de Lord y quería evitar que alguien se enterara... -Harry, Ron y Neville se dedicaron una mirada- Theodore lo encerró en su castillo, nadie ha vuelto a saber nada de él. Y Lionel Crabble perdió la cabeza en Azkaban, su hijo lo encerró en un calabozo...

-¿Sus hijos en serio hicieron eso? -preguntó Neville, sin poder creerse que alguien fuera capaz de torturar a sus padres de esa manera.

-El chico Nott y Crabble hacían todo lo que Draco les pedía -respondió Lucius- Y Draco hacia todo lo que Severus le pedía. Una vez los escuché hablando, con Nicholas y Lionel fuera, ambos chicos ocuparían sus puestos entre el círculo interno de Lord Tenebroso sin necesidad de ser más los allegados de Draco o los discípulos de Snape.

-Tendrían un puesto importante entre los mortífagos -escupió Ron- Les dije que sólo usaban a Granger como cortina. Todo el tiempo planearon esto.

-¿Granger? ¿La sangre sucia? -preguntó Lucius, los tres Gryffindor asintieron- Creo que se les está escapando la verdadera razón detrás de las actitudes de Draco.

-¿De qué hablas? -preguntó James. Lucius se encogió de hombros.

-Granger es una pieza más en el tablero, no lo dudo -murmuró- Una vez, posiblemente la razón por la que Draco aprendió Oclumancia, me adentré en su mente... todo está conectado... todo -frunció el ceño. Un destello peligroso brillo en sus orbes grises- Tengo que comprobar algo -masculló, dejando a la otros en la incertidumbre mientras lo veían caminar con premura hacia el fondo del pasillo, donde se encontraba su habitación.

-Creo que perdió la razón -Sirius negó con la cabeza antes de volver a entrar a la habitación.

-No estén con él a solas - advirtió James, siguiendo a su amigo dentro del dormitorio.

-¡Bah! Lo que sea -masculló Ron de mal humor- Iré a la cocina a buscar algo de desayunar.

-Yo igual estoy hambriento -concordó Neville. Harry suspiro abatido. Él ya había desayunado pero no estaría mal buscar algo tranquilo para merendar. Siguió a sus amigos hasta el rellano pasando por delante de la segunda puerta de ese piso, en la que se apreciaban unos profundos arañazos debajo de un letrerito en el que no había reparado; se detuvo para leerlo. Era una nota pomposa, escrita con letra muy pulcra; la clase de aviso que Percy Weasley habría colgado en la puerta de su dormitorio:

Prohibido pasar sin el permiso expreso de Regulus Arcturus Black

Harry sintió un cosquilleo de emoción, pero al principio no se dio cuenta del motivo. Entonces volvió a leer el letrero. Sus amigos ya bajaban por la escalera.

-Neville. Ron -los llamó, y se sorprendió la serenidad de su propia voz-. Suban un momento.

-Harry, ya me muero de hambre -se quejó Ron volviendo sobre sus pasos.

-¿Qué ocurre? -preguntó Neville, subiendo por delante de Ron.

-R.A.B. ¿Recuerdan? Creo que lo he encontrado.

Neville jadeo y Ron enfocó una mirada alucinada en el letrero cuando llegaron a la par de Harry.

-¿Quién es exactamente? -preguntó Ron.

-El hermano de Sirius -respondió Harry- Era un mortífago. Sirius una vez me habló de él. Por lo visto se unió a los seguidores de Voldemort cuando todavía era muy joven; luego tuvo miedo e intentó echarse atrás, y lo mataron.

-Eso encaja con lo que nos contó Malfoy - Harry y Ron miraron confundidos a su amigo- Sí, él dijo que Nicholas Nott sabia un secreto muy importante de Voldemort y se borró el recuerdo para que nadie se enterara. Regulus, en cambio, intentó salirse en vez de ser venerado.

-¿Y si realmente encontró el guardapelo? -preguntó Ron.

-Vamos a averiguarlo -decidió Harry. Empujó la puerta, pero estaba cerrada con llave.

Ron apuntó la manija con la varita y dijo: ¡Alohomora!. Se oyó un chasquido y la puerta se abrió.

Cruzaron el umbral, mirando a diestra y siniestra. El dormitorio de Regulus era más pequeño que el que ocupaban ellos, aunque en él reinaba la misma atmósfera de antiguo esplendor. Los colores esmeralda y plateado de Slytherin se veían por todas partes, tanto en el cubrecama y las cortinas de las ventanas como en la tela que cortaba mas paredes; el emblema de l familia Black estaba esmeradamente pintado encima de la cama, junto con su lema "Toujours pur", y debajo había una serie de recortes de periódico amarillentos que componían un irregular collage.

Ron cruzó la habitación para examinarnos.

-Todos hablan sobre Voldemort -dijo-. Por lo visto, Regulus ya era admirador suyo unos años antes de unirse a los mortífagos.

Ron se sentó en la cama para leer los recortes y la colcha desprendió una nube de polvo. Harry, entretanto, había reparado en otra fotografía de un equipo de quidditch de Hogwarts que sonreía a la cámara y saludaba con la mano. Se acercó más y vio a las serpientes de Slytherin estampadas en el pecho de los jugadores. A Regulus lo reconoció al instante: era el chico sentado en medio de la fila delantera; tenía el mismo pelo castaño oscuro y el mismo aire ligeramente altivo que su hermano, aunque era más bajo, más delgado y bastante menos atractivo que Sirius.

-Era buscador -comentó Harry.

-¿Qué dices? -preguntó Ron, todavía enfrascado en la lectura de los recortes de prensa referentes a Voldemort.

-Está sentado en medio de la fila delantera; ahí es donde de coloca el... Nada, da lo mismo -dijo al percatarse de que nadie lo escuchaba, puesto que Neville estaba a cuatro patas buscando bajo el armario.

Echó un vistazo a la habitación en busca de escondrijo y se acercó a la mesa. Comprobó que alguien la había registrado antes que él. Habían revuelto los cajones recientemente, porque el polvo no estaba repartido de maners uniforme. Tampoco encontró nada de calor en ellos, pues sólo quedaban plumas viejas, antiguos libros de texto maltratados y un tintero roto hacia poco tiempo, cuyo pegajoso residuo manchada el contenido del cajón.

-Hay otra manera más fácil de buscarlo... -sugirió Ron mientras Harry se limpiara los dedos pringados de tinta en los pantalones vaqueros. Levantó la varita y exclamó-: ¡Accio guardapelo!

Pero no pasó nada. Neville, que revisaba entre los pliegues de las descoloridas cortinas, pareció decepcionado.

-Bueno, entonces, ¿está aquí?

-Podría estar, pero bajo contrasortilegios -repuso Harry, recordando lo que le había contado Dumbledore- Como los que Voldemort puso en la vasija de piedra de la cueva.

-Entonces, ¿cómo vamos a encontrarlos? -preguntó Ron.

-Tendremos que buscar a mano -respondió Neville.

-Buena idea -respondió Ron poniendo los ojos en blanco, y se levantó de la cama para empezar a buscar.

Rastrearon cada centímetro de la habitación más de una hora, pero al final se vieron obligados a admitir que el guardapelo no estaba allí.

El sol empezó a deslumbrar con más fuerza a través de las sucias ventanas del rellano.

-Sin embargo, tal vez esté en otro sitio de la casa -insistió Neville cuando volvían a bajar por la escalera. Harry y Ron se habían desanimado, pero él parecía más decidido que nunca a seguir buscando- Tanto si Regulus logró destruirlo como si no, seguro que no quería que Voldemort lo encontrará, ¿verdad? ¿No se acuerdan de todas las cosas horribles de las que tuvimos que deshacernos en la última vez que estuvimos aquí, como aquel reloj de pie que le daba puñetazo a a todo el mundo, o aquellas túnicas viejas que intentaban estrangular a Ron? Quizá Regulus los dejó aquí para proteger el escondrijo del guardapelo, aunque entonces nosotros no... no nos diéramos...

Harry y Ron lo miraron. Neville se había quedado inmóvil con un pie en el aire, con el gesto de estupefacción de alguien a quien acaban de practicar un hechizo desmemorizador; hasta se le notaba la mirada desenfocada.

-... cuenta -terminó con un hilo de voz.

-¿Te encuentras mal? -preguntó Ron.

-Había un guardapelo.

-¿Quéee? -soltaron al unísono Harry y Ron.

-Sí, sí... en el armario del salón. Nadie consigo abrirlo. Y nosotros... nosotros...

Harry tuvo la sensación de que un ladrillo le bajaba hasta el estómago. Y entonces se acordó: incluso lo había tenido en mas manos cuando se lo pasaban unos a otros y todos intentaban abrirlo. Finalmente lo arrojaron a un saco de basura, junto con la caja de esté de polvos verrugosos y la caja de música que les daba somnolencia.

-Kreacher nos robó un montón de cosas -recordó Harry. Era la última oportunidad, la única esperanza que les quedaba, y el chico pensaba aferrarse a ella hasta que lo obligaran a soltarla-. Tenía un alijo enorme guardado en su armario de la cocina. ¡Vamos!

Harry cruzó la estancia corriendo y se detuvo con un derrame ante el armario de Kreacher, que abrió de golpe. Allí estaba el nido de mantas sucias y traídas en que antes dormía el elfo doméstico, pero las alhajas que éste había rescatado ya no reducían entre ellas. Lo único que quedaba a la vista era un ejemplar de La nobleza de la naturaleza: una genealogía mágica. Harry, que se negaba a darse por vencido, tiró de las mantas y las sacudió. Cayó un ratón muerto y rodó por el suelo. Ron soltó un gruñido y se subió a una silla; Neville cerró los ojos.

-Todavía no hemos terminado -murmuró Harry, y llamó-: ¡Kreacher!

Se oyó un fuerte ¡crac!, y el elfo doméstico que Harry tanto despreciaba apareció de la nada ante la fría y vacía chimenea. Era muy pequeño -les llegaba por la cintura-, le colgaban pliegues de piel blancuzca por todas partes, y unos mechones de pelo blanco le salían por las orejas de murciélago. Todavía llevaba puesto el trapo nutriente con que lo habían conocido. La mirada de desdén que le dirigió a Harry demostró que su actitud no había variado más que su atuendo.

- Harry Potter -dijo Kreacher con su voz ronca de sapo, e hizo una reverencia murmurando como si hablara con sus rodillas-... ha llamado a Kreacher. Kreacher sólo lo atiende por que el amo traidor Black se lo ha ordenado...

-Quiero hacerte una pregunta -continuó, mirándolo fijamente y con el corazón acelerado-, y te ordenó que contestes con sinceridad. ¿Me has entendido?

-Sí, Harry Potter -respondió Kreacher, y de nuevo hizo una reverencia.

Harry observó que movía los labios sin articular sonido, sin duda formando insultos que le habían prohibido pronunciar.

-Hace dos años -dijo con el corazón palpitándole- tiramos un gran guardapelo de oro que había en el salón. ¿Lo recuperaste tú?

Hubo un momento de silencio Kreacher se enderezó y miró a Harry a los ojos.

-Sí -dijo.

-¿Y donde lo metiste? -preguntó Harry, eufórico. Ron y Neville también parecían muy contentos.

Kreacher cerró los ojos como si no quisiera ver la reacción a su respuesta.

-Ya no está aquí.

-¿Qué ya no está aquí? -repitió Sirius, quien había aparecido junto a James por la puerta de la cocina. Inspeccionaron la manta tirada en el suelo, al elfo y los tres muchachos con las mandíbulas caídas.

-¿Qué sucede? -preguntó James.

-¿Qué quieres decir con que no está aquí? - El elfo se estremeció y se balanceó un poco-. Sirius -añadió Harry con fiereza, sin dejar de ver al elfo- ordenale que te diga...

-Mundungus Fletcher -gruñó el elfo con los párpados apretados-. Mundungus Fletcher lo robó todo: las fotografías de la señora Bella y la señorita Cissy, los guantes de mi ama, la Orden de Merlín, Primera Clase, los valores con el emblema de la familia y... y... -bloqueo mientras su hundido pecho se agitaba y acto seguido abrió los ojos y soltó un gritó desgarrador-: ¡y el guardapelo, el guardapelo del amo Regulus! ¡Kreacher obró mal, Kreacher no cumplió con las órdenes que había recibido!

Harry reaccionó de manera instintiva: cuando el elfo de lanzó hacia el agitador de la chimenea, el chico se precipitó sobre él y lo derribó. Ron pegó un brinco y también gritó por el susto, pero Sirus gritó más fuerte que los dos:

-¡Kreacher, te ordenó que te estés quieto!

Cuando Harry noto que se quedaba inmóvil, lo soltó. La criatura permaneció tumbada en el frío suelo de piedra, los hundidos ojos anegados en lágrimas.

-¿Por qué tanto ruido? -preguntó Lucius, apareciendo en escena. Tenía un diario negro en su mano, con bordes plateados y una gran "M" en el centro- No dejan que uno se concentre.

-Ordenale que te diga que sucedió -ordeno Harry, ignorando al ex mortífago. Sirius y James se miraron confundidos un segundo antes de que Sirius se girara al elfo.

-Kreacher, quiero que me digas la verdad: ¿cómo sabes que Mundungus Fletcher robó el guardapelo? -preguntó.

-¡Kreacher vio como lo robaba! -respondió el elfo resollando, y las lágrimas le resbalaron por el hocico y se le perdieron en la boca de dientes grisáceos.- Kreacher lo vio salir del armario de Kreacher cargado con los tesoros de Kreacher. Kreacher le dijo al muy ratero que se detuviera, pero Mundungus Fletcher rió y... y echó a correr.

-Has dicho que el guardapelo era del amo Regulus -observó Harry, tomando por sorpresa tanto a Sirius como a Lucius- ¿Por qué? ¿De donde había salido? ¿Qué tenía que ver Regulus con él?

-¡Kreacher, levántate y cuéntame todo lo que sepas sobre ese guardapelo, y qué relación tiene mi hermano con él! -ordenó Sirius, tomando camino por delante de Harry. El chico no quería decirles la importancia del guardapelo, él obtendría las respuestas por sí solo.

El elfo se incorporó, se hizo ovillo ocultando la cara entre las rodillas y se meció adelante y atrás. Cuando se decidió a hablar, lo hizo con voz amortiguada, pero se le entendió muy buen en la silenciosa y resonante cocina.

-El amo Sirius huyó (¡de buena nos libramos!), porque era muy malvado y le destrozó el corazón a mi ama con sus maneras anárquicas. Pero el amo Regulus tenía dignidad; él sabía cuánto le debía al apellido Black y estaba orgulloso de su sangre limpia. Durante años habló del Señor Tenebroso, que iba a sacar a los magos de su escondite para que dominaran a los muggles y a los hijos de los muggles... y cuando tenía dieciséis años, el amo Regulus se unió al Señor Tenebroso. ¡Kreacher estaba tan orgulloso de él, tan orgulloso, se alegraba tanto de servirlo!

-Creo que sé a donde va esto... -murmuró James, apretando el hombro de Sirius en apoyo.

-Y un día, un año después de haberse unido a él, el amo Regulus bajó a la cocina a ver a Kreacher. El amo Regulus siempre había tratado bien a Kreacher. Y el amo Regulus dijo... dijo... -el anciano elfo se meció más de prisa que antes- que el señor Tenebroso necesitaba un elfo.

-Creo que recuerdo aquel día, Regulus se ofreció ante todos -recordó Lucius, aunque el resto de los presentes se veían bastante desconcertados.

-¿Qué Voldemort necesitaba un elfo? -se extrañó Harry.

-¡Ay, sí! -se lamentó Kreacher-. Y el amo Regulus le ofreció a Kreacher. Era un gran honor, dijo el amo Regulus, un gran honor para él y para Kreacher, que tenía que hacer cuanto el Señor Tenebroso le ordenara y luego volver a ca... casa. - El elfo doméstico se meció aún más depresiva y sollozó-. Así que Kreacher se marchó con el Señor Tenebroso. El Señor Tenebroso no le dijo a Kreacher que quería que hiciera, pero se llevó a Kreacher a una cueva junto al mar. Y dentro de la cueva había una caverna, y en la caverna había un lago, negro e inmenso...

A Harry se le erizó el vello de la nuca. Era como si la ronca voz de Kreacher le llegara desde el otro extremo de aquel oscuro lago. Veía lo que había pasado con tanta claridad como si hubiera estado presente.

-... había una barca...

Claro que había una barca; Harry vio esa barca, muy pequeña, de un verde espectral, encantada para transportar a un mago y una víctima hasta la isla del centro del lago. De modo que así era como Voldemort comprobó la eficacia de las defensas que rodeaban el Horrocrux: pidiendo en préstamo a una criatura desechable, a un elfo doméstico...

-En la isla había una va... vasija llena de poción y el Se... Señor Tenebroso obligó a Kreacher a bebérsela... -Temblaba de pies a cabeza-. Kreacher bebió, y mientras bebía vio cosas terribles... A Kreacher le ardían las entrañas... Kreacher le suplicó al amo Regulus que lo salvara, le suplicó a su ama Black, pero el Señor Tenebroso sólo reía... Obligó a Kreacher a beberse toda la poción... dejó un guardapelo en la vasija vacía... y volvió a llenarla de poción.

-Demonios -se lamentó Ron, recordando lo que Harry les había contado.

-Y entonces el Señor Tenebroso se marchó en la barca, dejando a Kreacher en la isla...

Harry se imaginó la escena: vio cómo el blanco y repentino rostro de Voldemort se perdía en la oscuridad mientras sus ojos rojos se clavaban sin piedad en el atormentado elfo, que sólo tardaría unos minutos en morir cuando sucumbiera a la insoportable sed que la abrasadora poción causaba a su víctima... Pero la imaginación de Harry no pudo ir más allá, porque no entendía cómo Kreacher había logrado escapar.

-Kreacher necesitaba agua, se arrastró hasta la orilla de la isla y bebió del negro lago... y unas manos, unas manos cadavéricas, salieron de él y arrastraron a Kreacher hacia el fondo...

-¿Cómo saliste de allí? -preguntó Harry, y no le sorprendió que su voz fuera un susurró.

Kreacher levantó la fea cabeza y miró a Harry con sus enormes ojos inyectados en sangre.

-El amo Regulus ordenó a Kreacher que volviera -respondió.

-Ya lo sé, pero ¿cómo huiste den los Inferi?

Kreacher lo miró sin comprender.

-El amo Regulus ordenó a Kreacher que volviera -repitió.

-Sí, eso ya lo has dicho, pero...

-Vaya, Harry, es evidente, ¿no? -intervino Ron-. ¡Se desapareció!

-Pero en esa cueva no podías aparecerte ni desaparecerte -razonó Harry-, porque si no Dumbledore...

-La magia de los elfos no es como la de los magos -dijo Ron-. Quiero decir que en Hogwarts, por ejemplo, ellos pueden aparecerse y desaparecerse, y nosotros no.

Guardaron silencio mientras Harry asimilada esa idea. ¿Cómo había cometido Voldemort semejante error? Y mientras el chico caminaba, James afirmó con frialdad:

-Claro, Voldemort debía considerar que la magia de los elfos domésticos estaba muy por debajo de la suya, como la mayoría de los sangre limpia, que los tratan como si fueran animales -nadie perdió la fulminante mirada que le dedicó a Lucius, quien rodó los ojos-. Seguro nunca de le ocurrió pensar que los elfos poseyeran poderes que no estuvieran a su alcance.

-La primera ley de un elfo doméstico es cumplir las órdenes de su amo -entonó Kreacher-. A Kreacher le ordenaron volver, y Kreacher volvió.

-En ese caso, hiciste lo que te habían ordenado -dijo Neville- No desobedeciste ninguna orden.

Kreacher negó con la cabeza y se meció aún más rápido que antes.

-¿Y qué pasó cuando llegaste aquí? -preguntó Sirius con voz jadeante- ¿Qué dijo mi hermano al explicarle lo sucedido?

-El amo Regulus estaba muy preocupado, muy preocupado. El amo Regulus le ordenó a Kreacher que se escondiera y no saliera de la cada. Y entonces poco después... una noche, el amo Regulus fue a buscar a Kreacher a su armario, y el amo Regulus estaba raro, no era el mismo de siempre, parecía trastornado; Kreacher lo notó... Y me pidió a Kreacher que lo llevará a la cueva, a la cueva a la que Kreacher había ido con el Señor Tenebroso...

Y allí fueron. Harry también los visualizó con claridad: el asustado y anciano elfo y el delgado y moreno buscador que tanto se parecía Sirius... Miró de reojo a Sirius, con sus ojos brillando por las lágrimas retenidas...

Kreacher sabía como abrir la entrada oculta de la caverna subterránea y cómo alzar la diminuta barca; esa vez fue su adorado Regulus quien zarpó con él a la isla donde se hallaba la vasija de veneno...

-¿Y te obligó a beber la poción? -Lucius hizo la pregunta que nadie más se atrevía a hacer.

Pero Kreacher negó con la cabeza y rompió a llorar. James se tapó la boca con más manos, como si de pronto hubiera comprendido lo que había ocurrido. Sirius soltó un puñetazo contra la pared.

-El a... amo Regulus se sacó del bolsillo un guardapelo como el que tenía el Señor Tenebroso -explicó Kreacher mientras las lágrimas se resbalaban por ambos lados de su hocico-. Y le dijo a Kreacher que lo tomará y que, cuando la vasija estuviera vacía, cambiará un guardapelo por el otro.

Los sollozos de Kreacher eran cada vez más desgarradores.

-Y ordenó... a Kreacher... que se marchara sin él. Y ordenó... a Kreacher que regresará a casa... Y que nunca le contara a mi ama... lo que él había hecho... y que destruyera... el primer guardapelo. Y entonces... se bebió... toda la poción... Y Kreacher cambió los guardapelos... y vio cómo... al amo Regulus... lo arrastraban al fondo del lago... y...

-¡Joder! -explotó Sirius.

El elfo se tumbó al suelo resollando y estremeciéndose. Unos mocos verdes brillaban en el hocico y tenía los ojos llorosos, hinchados y sanguinolentos. Harry nunca había visto nada tan lastimoso.

-Así que trajiste el guardapelo aquí -continuó interrogándolo, implacable, decidido a sonsacarle el relato completo de lo ocurrido.-. ¿Qué hiciste con él? ¿Intentaste destruirlo?

-Nada de lo que probó Kreacher le hizo ningún daño -se lamentó el elfo-. Kreacher lo intentó rodó, todo lo que sabía, pero nada, nada daba resultado... La cubierta tenía hechizos muy poderosos, Kreacher estaba seguro de que había que abrirlo para destruirlo, pero no se abría... Kreacher se castigó, volvió a intentarlo, se castigó, volvió a intentarlo. ¡Kreacher no había obedecido las órdenes, Kreacher no conseguía destruir el guardapelo! Y su ama estaba enferma de dolor, porque el amor Regulus había desaparecido, y Kreacher no podía contarle que había pasado, no podía, porque el amo Regulus le había pro... prohibido decirle a nadie de la fa... familia qué había pa... pasado en la cueva...

Y se puso a sollozos tan fuerte que ya no logró articular ni una palabra coherente. Neville y Ron parecían preocupados. Lucius veía con ojos criticó al elfo, como si estuviera tratando de llenar los espacios en blanco y James intentaba consolar a Sirius, que se había derrumbado en el suelo y negaba con enojo y tristeza. Harry se puso en cuclillas y movió la cabeza intentando aclararse las ideas.

- No entiendo, Kreacher -dijo al fin-. Voldemort intentó matarte, Regulus murió para hacer caer a Voldemort, y sin embargo a ti no te importó traicionarnos e intentar entregar a Sirius al Señor Tenebroso. No tuviste ningún inconveniente en ir y hablar con Narcissa y Bellatrix y pasarle información a Voldemort a través de ellas...

-Un elfo siempre le será fiel a sus amos y para él Sirius no es más que un traidor - siseo Lucius- Sin ofender a nadie -continuo, cuando vio que James lo fulminaba con la mirada- Así es como piensan los elfos. La tortura que implementó el Señor Tenebroso no era algo fuera de lo común. Y para él... Cissy y Bellatrix seguían siendo sus amas por sobre Sirius, que renegó su buen apellido.

Harry se quedó sin réplica.

-Kreacher -dijo Harry al cabo de un rato-, cuando estés más recuperado... siéntate, por favor.

El elfo tardó unos minutos en dejar de llorar e hipar. Entonces volvió a sentarse, frotándose los ojos con los nudillos como un niño pequeño.

-Voy a pedirte una cosa, Kreacher -musitó Harry, y miró a Sirius solicitándole ayuda.

-Haz todo lo que Harry te ordene -espetó el mago sin mirar a Kreacher.

-Kreacher, por favor, quiero que vayas a buscar a Mundungus Fletcher. Necesitamos averiguar dónde está el guardapelo del amo Regulus. Es muy importante. Queremos terminar el trabajo que empezó el amo Regulus, queremos... asegurarnos de que él no murió en vano.

Kreacher dejó de restregarse los ojos, apartó las manos de la cara y, mirando a Harry, dijo con voz ronca:

-¿Qué vaya a buscar a Mundungus Fletcher?

-Sí, y que lo traigas aquí, a Grimmauld Place. ¿Crees que podrías hacer eso por nosotros?

Kreacher asintió y se levantó. Entonces Harry tuvo una inspiración: tomó el monedero que le había regalado Hagrid y sacó el guardapelo falso, aquel en el que Regulus había guardado la nota para Voldemort.

-Mira, Kreacher, me gustaría... regalarte esto. -Y le pudo el guardapelo en la mano-. Pertenecía a Regulus, y estoy seguro de que a él le había gustado que lo tuvieras tú como muestra de agradecimiento por lo que...

-Buena la has hecho, colega -masculló Ron cuando el elfo miró el guardapelo, soltó un aullido de sorpresa y congoja y se lanzó de nuevo al suelo.

Tardaron casi media hora en volver a calmarlo; el elfo estaba tan emocionado por el hecho de que le regalaran un recuerdo de la familia Black que las piernas no lo sostenían. Cuando por fin consiguió dar unos pasos, los tres jóvenes lo acompañaron hasta su armario. Lo vieron guardar el guardapelo entre las sucias mantas y aseguraron que, durante su ausencia, la protección de aquel tesoro tendría para ellos la máxima prioridad. Entonces Kreacher dedicó sendas reverencias al trío de oro, en inclusive pareció venerar menos a Lucius Malfoy que los anteriores días, y a continuación se desapareció con el acostumbrado y fuerte ¡crac!.

-Tienes mucho que explicarnos, Harry. Y no me importa lo que haya hecho para respetar la decisión de Dumbledore -dijo James. Harry suspiró, sabía que esto vendría más temprano que tarde.

-Esta bien, pero primero tendré una sesión de Oclumancia con Lucius -miró al mortífago y luego al diario negro en su brazo. Recordó lo que Lucius le contó y supo que el mortífago estaba más cerca de revelar los secretos de su hijo que él del Horrocurx- ¿Empezamos?


Septiembre 17. 1997

Prado, Hogwarts.

-¿Crees que Luna y Theo estén bien? -preguntó Hermione, desviando la mirada de los pergaminos esparcidos alrededor de ella. Gregory se encogió de hombros.

-Tal vez, no sabemos como funcione a conexión entre un hombre lobo y su pareja -dijo, distraído- Podrían necesitar más tiempo para acoplarse...

-¿Y Blaise? ¿Crees que este bien? -preguntó después de un rato. Gregory bufo, alzado la mirada y viendo a su alrededor. Nomi, junto a Alexander y Herbert venían caminando hacia ellos. A parte de los mismos Slytherin, no había alma viviente fuera del colegio, como si todos los alumnos y el mismo profesorado temieran tener un encuentro no deseado con los dementores que a todas horas custodiaban Hogwarts. El sol bañaba los terrenos del colegio, a excepción del bosque prohibido que siempre se veía... aterrador.

Los dementores tenían órdenes expresas de no acercarse a Hogwarts a menos que sintieran la presencia de Potter, aunque no tenían la más mínima idea de como sentirían al chico de oro. Gregory aveces temía que los estudiantes quisieran hacer una toma del castillo en algún momento... los dementores los destrozarían, estaba seguro.

-Esta confundido, Mione -respondió después de medir sus palabras- Dale tiempo, estoy seguro de que cuando encuentre quién es verdaderamente... sabrá escoger un bando.

-Temo que escoja el bando equivocado -susurró justo cuando Alexander, Herbert y Nomi se dejaban caer al frente de ellos.

-McGonagall quiere matarnos -se quejó Alexander, dejando caer al menos tres tomos gruesos- Nos ha dejado tantas deberes que podríamos terminarlos hasta Navidad.

-Nos odia -masculló Nomi- Como todos los profesores, como si nosotros tuviéramos la culpa de lo que sucede a nuestro alrededor.

-Prácticamente controlamos Hogwarts -dijo Hermione- Es normal que nos desprecien, no es como si aquello hubiera cambiado. Sólo... son mas directos.

-Herms tiene razón -concordó Herbert- Si otro imbécil vuelve a llamarme mortífago lo moleré a Crucios, a fin y a cabo, nadie va a castigarnos.

Los Slytherin rieron ante los reproches de Herbert. Después de haber despotricado un pco contra todo que no fuera una serpiente, decidieron continuar con sus deberes. Hacia un asombroso día fuera, inclusive el lago negro estaba tranquilo y no había rastro alguno de peligro.

-Me deje algo olvidado en las mazmorras -dijo Gregory con voz tensa. Con un movimiento de varita ordenó todos sus pergaminos, libros y plumas, reduciéndolas para que entraran en su bolsillo. Antes de levantarse dejó casto beso en la mejilla de Hermione.

-Con cuidado -pidió la chica. Gregory asintió y continuo su andar hacia el castillo. Debía hablar con Snape, le había dado demasiada chance a Blaise y estaba seguro de que su amigo le era más fiel a Bellatrix que a ellos. Él no era idiota, sabía que Blaise era un traidor, en todo el sentido de la palabra. Lo conocía desde que eran críos y no dejaba de creer que el moreno hablaba de mas con Lestrange.

Era obvio que su amigo e encontraba demasiado trastornado para ver el panorama completo. Blaise tenía razón, posiblemente todos al inicio esperaban que el chico recuperara la memoria... pero no importaba si recordaba o no. Blaise era su familia y ahora no podía confiar en que no fuera a venderlos, a pesar de las dudas hacia Bellatrix que seguro tenía, debía vigilarlo para que no hiciera daño a Hermione o a algún otro Slytherin.

Tenía que hablar con Draco y no podía permitirse el lujo de perder el tiempo. Iría con Snape y pediría permiso para hablar con su amigo; era probable que su antiguo Jefe de Casa también supiera sobre la inminente traición de Blaise. A menos que también estuviera cegado por su sentimientos hacia el moreno.

-¡Gregory! - el grito lo tomó por sorpresa al igual que el acercamiento que había logrado su nuevo acompañante al retenerlo del antebrazo. Gregory giró su mano en un movimiento que había aprendió de las artes de pelea muggle y logró invertir la situación al ser él quien sostuviera a su atacante por la muñeca junto a su varita incrustada sobre su garganta.

Con intimidación y fuerza calculada hizo que la bruja retrocediera varios pasos hasta golpear su espalda contra la pared y quedar prisionera entre los ladrillos y el Slytherin. Fue ahí cuando se dio cuenta que se encontraba en el vestíbulo de Hogwarts, y que habían estado esperándolo.

La Hufflepuff jadeo con fuerza y miró con ojos desmesurados a Gregory.

-¡Susan! -gritaron sus dos amigas. Ginny Weasley y Hannah Abbott sacaron con velocidad sus varitas y apuntaron a Gregory con ellas.

-Esta bien, esta bien -advirtió Bones, temblando con cierto nerviosismo- Esta bien, chicas... -susurro con voz aguda. Gregory la inspeccionó de pies a cabeza antes de soltarla y alejarse varios pasos.

-No debes sorprender a un Slytherin así -recriminó Gregory, volviendo a guardar su varita en un gesto de confianza aunque las tres chicas sospechaban que el Slytherin no se fiaba de ellas. Weasley estaba segura de que al igual que Zabini, el chico sabía manejar magia sin varita- ¿Qué necesitan?

-¿Qué te hace creer que necesitamos algo? -espetó Weasley. Gregory rodó los ojos.

-He de suponer que no me hablaron sólo para saludar. Nadie quiera a un Slytherin cerca en estos días -se mofo-... si es que alguna vez nos quisieron... -murmuró. Susan posó sus ojos en él con cierta lastima, lo que provocó que Gregory se tensara de inmediato- Sí no necesitan nada, entonces he de retirarme. Tengo asuntos pendientes en mi nómina -masculló con enojo reprimido. Lo último que necesitaba era la lastima de un Hufflepuff.

-¡No! -exclamó Bones cuando Gregory se disponía a marcharse- Quiero decir... eh... No quería gritarte...-susurro abochornada- ... Es sólo que... nosotras... queríamos hablar contigo desde que regresamos a Hogwarts pero con todo lo que ha sucedido: las familias de Slytherin buscadas por supuesta traición, los profesores Carrow, el problema con Dennis...

-Entiendo tu punto, Bones -interrumpió Gregory- Pero como te he dicho antes, tengo asuntos pendientes así que si esto no es importante...

-Debes acompañarnos -dijo Abbott- Esto es de vida o muerte... y con los sucesos de esta semana lo mejor sería contartelo de una vez.

-Claro, si quieres acompañarnos -siseo Weasley. Gregory las miró con ojos entrecerrados. Cualquiera pensaría que estaba analizando si confiar en ellas o no, pero Gregory había tenido suficientes clases con Snape y Draco para aprender a conseguir las respuestas por si mismo.

A pesar de no ser un experto en Legeremancia, Gregory podía introducirse en la mente de alguien que no supiera ocultar sus pensamientos, como aquellas tres y la mayoría de los estudiantes de Hogwarts.

Sin detenerse y sabiendo que aquellas chicas no estaban preparadas para él; lanzó su mente hacia las de ellas, comenzando por Weasley.

Entre pensamientos confusos hacia Blaise hasta cierta tristeza por Potter, con nebulosas en su ubicación gracias al encantamiento Fidelio. Gregory descubrió algo que nunca espero encontrar en la mente de alguien como Ginny Weasley.

En un suceso de escurridizos pensamientos, logró ver desde el primer momento la boda tan planeada y esperada entre los defensores de la Orden del Fénix, la caída del Ministerio y la huida a alguna casa de seguridad que no sabía dónde quedaba pero sí lograba ver quien se encontraba ahí: Sirius Black, James Potter, dos de las tres chicas que se encontraba frente a él... el trío de oro... pero algo mucho más importante...

El paradero de Lucius Malfoy y con aquel cabo suelto, todo lo que había revelado a Potter y aliados.

Todos aquellos planes que fueron llevados a cabo desde el inicio.

Con un terrible dolor de cabeza y el sudor frío de lo que pareció un recorrido de horas sólo llevado en segundos, Gregory salió de la mente de Weasley sin que ella entendiera con seguridad que había pasado.

-Ahora no tengo tiempo -espetó, girándose en redondo y caminando con más determinamiento hacia el despacho del director.

-¡Es sobre tu amigo Zabini! -siseo Weasley. El Slytherin no detuvo su caminar.

-Sea lo que sea que crees, estas equivocada, Weasley -masculló, mirando sobre su hombro a las tres chicas, en particular a Bones. Sacudió ligeramente la cabeza y siguió su caminó. Al dar la vuelta en el recodo, no espero ni un segundo más y echó a correr.

Tenía que advertirle a Snape y a Draco antes de que fuera demasiado tarde. Potter nunca había sido un buen maestro al ocultar su mente de Lord Oscuro según Snape y Dumbledore y ahora que sabía dónde se escondía Malfoy (no con exactitud) lo último que necesitaban era que Lord se enterara antes que ellos.

Su mente fue cuerpo fue disolviéndose en un humo espeso y negro, parpadeo entre lo invisible y lo visible. Sus pies se elevaban del suelo y volvían a tocarlo.

Su mente estaba demasiado dispersa para que él pudiera tomar el Estado Niebla. Dejó de intentar transformarse y trastabillo hasta una pared, deteniendo su andar mientras sentía como la bilis subía por su garganta.

Conjuró un cubo de metal y vomito dentro de él lo poco que había desayunado esa mañana. Los sonidos de arcadas sonaron en el pasillo.

-Joder... -jadeo, adentrándose con fuerza al cubo. Sacudió su cabeza para despejar un poco sus pensamientos e hizo desaparecer el cubo- Esto apesta -masculló, dejándose caer contra la pared de ladrillos. Sudaba a chorros y sentía una inmensa presión sobre su mente, envolvió su pequeño dije de cruz entre sus dedos y espero paciente a que el dolor de cabeza y cansancio desaparecieran.

No quería terminar chocando por ahí si no lograba mantener el Estado Niebla.

Cuando las terribles náuseas y el insoportable dolor de cabeza habían pasado, Gregory volvió a incorporarse, tomó el Estado Niebla y sobrevoló los pasillos de Hogwarts en completo anonimato e invisibilidad. Esquivando a cualquiera que se encontrara en el camino, inclusive vio a McGonagall castigando a un estudiante de Gryffindor.

Después de años de prácticas, hizo un perfecto aterrizaje frente a la gárgola de piedra.

-Lily Evans -anunció. La gárgola giró sobre si misma hasta mostrar unos escalones de piedra que Gregory subió con rapidez.

Al llegar frente a la puerta de madera, tocó dos veces seguidas anunciando su llegada y se adentró en el despacho del director.

Sólo había estado una vez antes dentro de aquel lugar y podía fácilmente reconocer lo que había cambiado dentro. Los libreros aún ocupaban la mayor parte del lugar, los cuadros con sus respectivos directores durmiendo aún descansaban sobre las paredes. La chimenea prendida en un fuego verde y los sofás que antes eran de un rojo con bordes dorados ahora brillaban de color negro.

Las cortinas bloqueaban el único ventanal y el ave fénix que una vez vio en el escritorio ya no estaba más ahí.

-Gregory -la pastosa voz de Snape se abrió paso por el despacho. Su antiguo Jefe de Casa, su mentor y a quién consideraba un padre, estaba sentado sobre la silla del director, analizando unos pergaminos.

-Profesor Snape -saludó Gregory dejando entrever lo cansado que estaba. No había necesidad de ocultarse con Snape.

Snape enarcó una ceja con curiosidad y con un movimiento de mano invitó a Gregory a sentarse en la silla frente a él. El Slytherin se dejó caer fe golpe sobre ella y se llevó los dedos a la sien, intentando detener las punzadas de dolor.

-¿Qué sucedió? -la voz de Snape adquirió un tono de preocupación. Gregory negó, soltando un quejido por debajo.

-Nada grave, sólo yo inmiscuyendome en las mentes ajenas -se burló- Sucede que.. ah... -suspiró, posando sus orbes castaños en los oscuros de Snape- Sé donde está Lucius Malfoy.

-¿Donde? -los ojos de Snape brillaron. Él también estaba al tanto de que Draco accidentalmente había descuidado a su padre, alguien que de seguro sabía más de lo que debería.

-Creo... que mejor dicho sé con quién está Malfoy...

-¿Con quién? -Snape frunció el ceño y Gregory soltó el aire que ni siquiera sabía que detenía.

-Con Potter.


Malfoy Manor.

4:12 p.m

-¿A donde van? -Vincent y Draco se giraron sobre sus lugares, apuntando a la bruja con sus respectivas varitas. Bellatrix dejo salir una risa divertida- ¿Por qué tan tensos?

-A comparación de ti, tía Bella, Lord Tenebroso si nos encomienda misiones importantes -se mofó Draco, viendo como los ojos de Bellatix refulgían con enojo antes de que sonriera con malicia, provocando un escalofrío en ambos.

-¿No será que irán a ver a alguna sangre sucia? -preguntó con sorna. Draco se tenso imperceptiblemente y vio de reojo como Vincent se tragaba una respiración.

-No a todos nos gusta divertirnos torturando a simples muggles -siseo el rubio- Y a donde vayamos, no es asunto tuyo, Bella -escupió, bajando su varita y volviendo a su andar. Rezando porque Bellatrix no estuviera tan loca como para maldecirlos en pleno pasillo.

-¡Espero se diviertan! -rió.

-¿Qué demonios fue eso? -espetó Vincent cuando dieron vuelta al recodo. Draco se veía más pálido que nunca.

-No tengo idea.


Castillo Nott.

4:30 p.m

-¿No deberíamos al menos colocar una barrera para que no escuche ni vea nada? -preguntó Vincent sin dejar de ver a Nicholas Nott sentado sobre un taburete de madera, con el rostro pegado a la ventana y con la mirada perdida.

-Su mente está muy jodida, no creo que realmente repare en nosotros -masculló Draco, con un ligero malestar en el pecho. Hacia mucho que no sentía lastima por nadie, ni siquiera su propia madre... pero aquel hombre... a quién sin que nadie más que Hermione supiera realmente el rencor que le guardaba debido a la maldición de Theo, lograba despertar algo en Draco... tal vez fuera porque se asemejaba demasiado a la situación de Blaise.

¿El también se sentiría así de perdido? ¿Qué lo llevo a tal extremo para borrarse la memoria? ¿Por qué pensó que necesitaba sacrificarse por ellos?

-Vamos -susurró Vincent, cerrando la puerta con sigilo y colocando un bloqueo en la manija. Junto a Draco recorrió los desolados y tenebrosos pasillos del castillo Nott hasta llegar a las mazmorras, donde ya los esperaba su anfitrión.

-Gran barrera -felicitó Draco con burla en su voz- Tuvimos que dar al menos cinco vueltas para lograr encontrar una entrada sin caer en una maldición de sangre.

-Felicita a Hermione -se mofó Gregory, sentado en el suelo y con la espalda apoyada en una columna de piedra- Ella es quien colocó la maldición en nuestra Sala Común.

-Seguro que sí -sonrió Vincent con añoranza, recordando sus tiempos en Hogwarts. Lo fácil que era todo en aquellos días.

-Tengo algo importante que contarles y le pedí a Snape que fuera yo quien se los contara -soltó Gregory. Vincent y Draco se dedicaron una mirada curiosa antes de sentarse en frente de su viejo amigo y formar un círculo de secretos- Pero antes de ello, debemos hablar de otra cosa.

-¿Qué es tan importante que te haya hecho salir de los terrenos de Hogwarts?-preguntó Draco, dejando descansar un poco su postura.

-Blaise -al ver la mirada de desconfianza en los ojos de Vincent y Draco, Gregory supo que lo sabían- ¿Cómo...?

-Bellatrix... ella... ah... -Vincent se trabó con sus palabras, rascando con nerviosismo su barbilla.

-Antes de que viniéramos acá, ella soltó un comentario... impropio- siseo Draco- Ella sabe que nosotros hablamos, y con nosotros me refiero a Hermione.

-Joder -maldijo Gregory- Lo sabía, no podemos fiarnos de Blaise.

-Está confundido -negó Draco.

-Su confusión matará a alguien -escupió Vincent- No podemos darnos el lujo de confiar en él si realmente le es leal a Bellatrix.

-¿Y qué quieres que haga? ¿Darle la espalda? -Draco los miró furioso- Blaise es nuestro amigo y si Bellatrix realmente ha logrado manipularlo entonces deberíamos ayudarlo.

-Suenas a Hermione -se mofaron los otros dos.

-¿Ella lo sabe? -indagó el rubio. Gregory negó.

- No, pero ayer Blaise hizo una tremenda rabieta después de que regresamos del bosque prohibido. Dándonos a entender que no entiende quién es él -la mirada de Draco y Vincent se ensombreció- Pansy lo encaró. No creo que ella confíe en Blaise.

-Debes hablar con ella, Vincent -dijo Draco- Sin decirle nada a Theo y Hermione, debemos hacer que Blaise crea que confiamos plenamente en él. Y si Pansy tiene renuencia...

-Mañana hablaré con ella - lo cortó Vincent.

-No vayas a decirle nada sobre que desconfiamos de Blaise -advirtió Gregory. Vincent asintió tosco, dando por terminado la mención de Pansy.

-Debemos encontrar una forma de manipular a Bellatrix sin que ella se entere -murmuró Draco, desviando la mirada al fondo del calabozo- Ella cree que confiamos en Blaise plenamente y debe seguir creyéndolo.

-¿Y si le dice a Lord? -preguntó Gregory. Vincent negó.

-Ella ahora mismo no es la... favorita de Lord Tenebroso -se burló- Con el fiasco de la Profecía en la batalla del Ministerio, lo que ahora ella querrá será asegurarse de que tiene todas las piezas antes de soltarlas.

-Esta desquiciada, pero sigue siendo demasiado inteligente -aceptó Draco- No la subestimemos como ella de seguro nos está subestimado.

-¿Qué quieres que haga? -preguntó Gregory.

-Mirthy... -Draco suspiro- ¿Él habla con ella?

-Ayer, justo fue por eso que explotó -admitió el chico.

-Esto sonará horrendo, pero si haces creer a Mirthy que Blaise está en peligro... -tanteo.

-Si ella cree que Bellatrix está moldeado la mente de Blaise a su disposición...

-Y lo está...

-Entonces ella hará cualquier cosa para proteger a su amo -concluyó Vincent. Draco asintió y Gregory soltó un suspiro derrotado.

-Cuando Blaise recupere su memoria va a matarnos -se lamentó.

-Mejor que nos mate por confundir un poco a su elfina que él envié a alguien a una muerte segura -dijo Draco sobando ligeramente su cuello, volvió a tomar atención de Gregory- ¿Además de Blaise hay algún asunto del que debamos hablar?

-Sí -asintió el Slytherin- Es sobre Lucius...

-¿Qué sucede con él? -preguntó con un suspiro derrotado- No sabemos donde está y no podemos darnos el lujo de pensar que está haciendo. Deberemos confiar en que está ocultando su apestoso trasero alcohólico en algún lugar y que saldrá cuando se sienta seguro, mientras tanto él no es problema suyo, si no mío...

-Sé que se esconde con Potter -cortó Gregory. Draco pegó un brinco al igual que Vincent.

-¿Qué? -preguntaron ambos mortífagos.

-Susan Bones, Ginevra Weasley y Hannah Abbott me abordaron hoy... Ellas intentaban contarme algo importante pero yo debía hablar con ustedes sobre Blaise -relató- No tenía tiempo para sus misterios y sé que tanto Weasley como dos amigas son terribles en proteger su mente.

-Ve al punto -siseo Draco con voz tensa. Si Gregory tenía razón, había una remota posibilidad de que Lord... de que supiera lo de su padre y que había estado ocultando su huida.

- Me adentré en la mente de Weasley -continuó Gregory- Ella sabía que Blaise fue enviado a Hogwarts con motivos oscuros, que es un espía de Lord Tenebroso y sabía que fuiste tú quien dio el chivatazo del Callejón Diagon...

-Greg, yo... -murmuró avergonzado. Gregory negó.

-Habrán tenido sus razones - lo interrumpió- Lucius Malfoy llegó durante la boda de uno de los Weasley todo desorientado y desaliñado. Les contó todo... todo.

-¡Joder! -espetó Vincent.

-La mente de Weasley se volvió borrosa, por lo que supongo la ubicación está protegida por el Encantamiento Fidelio -explicó- Ahora Lucius quiere matarte por Narcissa y también es algo como un... informante para la Orden del Fénix. Sé oculta junto a Sirius Black, James Potter y el trío de oro.

Sé extendió un tenso silencio entre ellos.

-Arreglaré esto -suspiró Draco- Ahora con la ubicación de Lucius tenemos un nuevo cabo que atar -poso su mirada en Vincent- Hay que adelantar a Parkinson y los suyos...

-¡Joder!

-¡Carajo!

Ambos chicos se aferraron con fuerza a sus ante brazos izquierdos. Con el rostro distorsionado de dolor, se levantaron con dificultad.

-Lord convoca una reunión -masculló Draco. Gregory asintió en comprensión- Haz lo que te dije con Mirthy... Y mantén vigiladas a esas chicas, no nos conviene que sepan más.

-De acuerdo... -Gregory vio como sus dos amigos se colocaban sus máscaras plateadas y caminaban con velocidad hacia la salida de los calabozos.


Torre de Premios Anuales.

7:30 p.m

-Se ve tranquila -murmuró Hermione, tocando ligeramente la fría mejilla de Luna. La Ravenclaw había esta sumida en un profundo sueño desde que el ritual había terminado, y no había nada malo en aquella imagen de la doncella dormida en su cama... a excepción de la rojiza marca en forma de mordida sobre su cuello, justo donde conectaba con los hombros.

-No ha despertado en todo el día, Hermione -espetó Theo, caminando en círculos- Se desmayo justo después de que la marqué. Ni siquiera sabemos si le causo daño el veneno de mis colmillos.

-Estas actuando como un cobarde -siseo Pansy, sentada junto a Gregory a los pies de la cama.

-¿Yo soy el cobarde? -soltó Theo con una risa sardónica y deteniendo su andar- Yo no salí corriendo en la primera oportunidad que tuve -siseo Theo, desviando la mirada hacia el rostro durmiente de Luna.

No podía sacarse la mala espina de que se había equivocado, tuvo que haber frenado sus impulsos. Pero Luna se había sentido y olido tan bien que había perdido la compostura, cuando menos sintió, ya la había marcado.

-¡Yo no salí corriendo! -gritó Pansy, levantándose y caminando hacia Theo. Tomó al Slytherin por sorpresa al apresar su corbata con una mano y jalarlo hacia ella. El castaño se tambaleo un momento antes de que Pansy colocara su otra mano contra su hombro y lo obligara a ver sus orbes azules impregnados de enojo- Draco me lo pidió -dijo, arrastrando las palabras con el característico tono amenazante del rubio- Me lo ordenó -rectificó- A comparación de ti, que saliste corriendo como si el mismo Lord Oscuro te persiguiera en persona. ¿O es qué acaso Draco también te lo ordenó? "Regresa a Hogwarts y follate a Lovegood mientras Vincent y yo nos jugamos el pellejo" -dijo, aun imitando la voz de Draco. Los ojos azules de Theo refulgieron un segundo en un tono amarillento antes de que tomara la tela de la camisa de Pansy entre sus manos, rasgándola con sus uñas que habían salido y la atrajera a él, colocandola aún más cerca de lo que estaban antes.

-Repite eso, princesa -sus orbes perdieron el color azul para volverse amarillos- Vamos, estoy seguro que tienes más que escupir. Todos estamos dispuestos a escuchar tus lloriqueos por que a Vincent le dio asco ponerte la mano encima -sonrió con maldad. Pansy jadeo.

-¡Basta! -ordenó Hermione, con la mano envuelta alrededor de la muñeca de Gregory que apuntaba con su varita a Theo, con el rostro blanco de emociones. Parecía listo para maldecirlo si se acercaba más a Pansy- ¡He dicho basta! -siseo de nuevo. Pansy y Theo, ambos con la mandíbula tensa, se dedicaron una última mirada de furia antes de soltarse, dando un ligero empujón al otro como advertencia.

-Imbécil...

-Perra...

-Dejen de actuar como críos -masculló Hermione, fulminándolo con la mirada- Y bájale a tus humos, hermano -pidió. Theo resopló, llevándose las manos a los ojos y tallandoselos con fuerza; todos vieron como sus uñas desaparecían- Si Draco no detuvo a Theo, habrá tenido sus razones -dijo, viendo a Pansy que rodó los ojos y volvió a cruzarse de brazos. La castaña miró a Theo- Y la vida privada de Vincent y Pansy es eso, privada.

-Vincent no tuvo asco de tocarla, pero es un gran paso tenerla como mejor amiga a volverse su esposa -murmuró Gregory, zafándose del agarre de la castaña y mirando con enojo a Theo.

-Lo que sea, no es asunto nuestro -volvió a decir Hermione- Así que eso, en cualquier momento, esta fuera de discusión. ¿Estamos? -preguntó con una sonrisa falsa, recibiendo una mirada furiosa de Theo que asintió reticente.

Un patronus en forma de mapache atravesó las paredes hechas de ladrillos y se plantó de delante de Theo, casi golpeándole el rostro.

-Draco exige tu presencia -era obvio que Vincent aún no lo había perdonado por llamar a Pansy de aquella manera. Su voz había sonado como si le ordenara a un perro que diera la pata.

El patronus se desintegró delante de ellos.

-Ya oíste, ve como buen nundú rastrero con tu amo -se mofó Pansy, cruzándose de brazos. Theo la fulminó con la mirada, tomó su capa negra del respaldo del sofá y caminó hacia la salida de la habitación de Luna.

-Todos sabemos que eres una perra egoísta. No hace falta que nos lo recuerdes.

-¡Theodore! -pero la reprimenda de Hermione había llegado demasiado tarde, Theo ya había desaparecido por la puerta.


Callejón Nockturn.

8:10 p.m

El sonido de Aparición sonó en el desolado callejón. Nadie que no fuera mortífago o parte del Ministerio se atrevía a entrar en aquel horrible lugar, menos a esa hora de la noche.

Theo se sacudió la túnica antes de buscar con la mirada a su amigo. El mortífago lo esperaba recargado contra el marco de la ventana rota de alguna tienda abandonada. Tenía las manos ocultas dentro de los bolsillos del pantalón, miraba hacia el cielo y parecía tener una pose despreocupada aunque a Theodore Nott no le convencía.

Conocía a su amigo, estaba seguro de que había puesto barreras inclusive antes de que lo mandara a llamar.

-¿Por qué me has hecho salir de Hogwarts? -preguntó a penas y estuvo a un metro del mortífago.

-Tienes la marca en el brazo, que te haya dejado regresar a Hogwarts no significa que tu trabajo haya terminado -siseo en advertencia, posando sus grisáceo orbes en los azules de Theo- Tu estancia en Hogwarts en lo que resta del mes será disculpada por Snape.

-¿A dónde iremos? -preguntó, desviando la mirada de Draco.

-Irás -corrigió- Yo iré a las montañas rocosas en busca de McNair -dijo.

-¿Qué trabajo excusa a Vincent? -preguntó en un tono acusatorio. Draco soltó una risa despectiva.

-Vincent tiene que corregir el error que dejé escapar -dijo- Gregory, a diferencia de ti, logró descubrir donde se oculta Lucius.

-¿Cómo demonios iba a saber yo eso? -preguntó a la defensiva.

-Investigando. Se suponía que para eso regresaba a Hogwarts -escupió- Vigilaras a la familia de Potter. Parkinson y sus estúpidos seguidores irán por ellos en siete días si las cifras son correctas.

-¿Por qué no los sacamos ahora?

-Por que necesitamos deshacernos de Parkinson y la mejor manera es que sea el mismo Lord en persona quien lo haga. Con Parkinson fuera, Vincent tendrá su lugar en la mesa y ya seríamos tres entre los más allegados a Lord Oscuro -respondió- Sácalos cuando veas que Parkinson lanza la marca el cielo, será su llamado para Lord y si haces bien tu trabajo, Parkinson quedará fuera; Potter nos deberá un gran favor y mi madre no perderá la razón estando sola en aquel edificio.

-¿Es todo? -su mirada se desvió al callejón donde habían encontrado a Blaise desmemorizado.

-¿No es suficiente? -se mofó. Theo tensó los hombros ante la burla en la voz de Draco- Una vez logres dejar a los muggles junto a Narcissa, regresa a Hogwarts.

-¿Cómo me excusaras ante Lord?

-Él piensa que irás conmigo. Habrá un problema en el camino hacia McNair y regresará bajo mi mandato -explicó- Ahora ve con los muggles. No los pierdas de vista.

Theo asintió y desapareció con un silencioso "crack".


Septiembre, 18. 1997

Taberna Tres cuernos.

2:30 p.m

-No puedo creer que Gregory en serio haya ido de chismoso con ustedes -siseo Pansy, cruzándose de brazos. Cuando Snape le había dicho que tenía el día libre porque Vincent quería visitarla, nunca se imaginó aquello. Pensó que hablarían sobre sus problemas maritales pero era obvio que a su "esposo" eso no le interesaba.

-Blaise debe creer que confiamos en él, Pans... entiéndelo -pidió el chico, inclinando su cuerpo sobre la mesa pero Pansy, renuente a dejarse tocar, pegó su cuerpo al respaldo de la silla. Tenía los labios en un mohín furioso y la mirada dolida posada en el espantoso y destartalado bar- Si Blaise cree que algo anda mal...

-Se lo dira a Bellatrix. Lo sé, no soy estúpida, Vincent -espetó, fulminando al chico con la mirada.

-Nunca dije que lo fueras -soltó un largo suspiro- Estaré fuera unos días...

-Ya lo había deducido -se mofó. Vincent se restregó el rostro con fuerza, se estaba hartando de la actitud de Pansy- Theo no regresó después de recibir el patronus, ni siquiera par a ver a Luna. He de suponer que Draco trae algo entre manos y no quiere contarnos.

-Ya no estas entre las filas, Pans.. -le recordó. Pansy bufó.

-¡Yo no pedí regresar a Hogwarts! ¡Draco me lo ordenó! -siseo.

-¡Ya basta, Pansy! -ordenó Vincent, golpeando con ambas manos la mesa de madera. La Slytherin pegó un chillido de sorpresa, pegándose aún más hacia el respaldo de su silla- Estoy harto de esta actitud de princesa mimada. Ya no tienes doce años, compórtate como alguien de tu edad -siseo. Pansy lo miró con ojos enfurecidos.

-Discúlpame si no me comporto como la típica esposa sangre pura -escupió para sorpresa de Vincent.

-No estamos hablando de eso, Pans -susurró Vincent, perdiendo el enojo para dar paso a la frustración.

-¿Sabes qué? ¡Jodete! -chilló- Estoy harta de ti. De Draco, de Theo, de Blaise e inclusive de Hermione... Estoy harta de que siempre me digan lo que tengo que hacer, como si yo no pudiera pensar por mi misma. Como si no fuera más que una carga para todos ustedes -podía sentir la bilis subiendo por su garganta- Yo no le pedí a Draco que me enviara a Hogwarts. No le pedí a Theo mantenerme en su compañía. No le pedí a Hermione mirarme como si fuera una bomba de tiempo, tampoco le pedí a Blaise tratarme como si yo fuera la enemiga y mucho menos te pedí a ti que te casaras conmigo -una desolada lágrima cayó por su mejilla, pero Pansy la limpió en seguida- Se suponía que haríamos esto juntos. No que cada quién tendría sus propios secretos -se levantó, como impulsada por un resorte y se dirigió a la salida de la taberna.

Necesitaba aire, empezaba a sentirse atrapada justo como cuando vivía con sus padres. Como si todos esperaran algo de ella, algo que no podía darlas.

Empujó la puerta de la taberna y salió al nubloso día que le daba la bienvenida. Realmente pensó que podía convencer a Vincent de intentar actuar como un matrimonio para no hacer sus vidas tan miserables, pero parecía que él se empeñaba en desechar sus intentos. ¿Qué necesitaba para que Vincent la viera como una mujer?

Caminó con pasos temblorosos por el callejón hasta que sintió como la detenían por el codo. Se soltó con brusquedad y apuntó su varita contra el pecho de Vincent.

-Vuelve a tocarme, y te moleré a Crucios -espetó, con las lágrimas resbalando por sus mejillas.

-Pansy... -el chico levantó sus brazos, tratando de tranquilizarla.

-Si tanto asco les doy, ¿por que insisten en quedarse conmigo? -chilló- ¿Por qué si dicen que soy una perra egoísta aún quieren estar a mi lado? -presionó su vairta con fuerza sobre la camisa de Vincent- Solo quiero que me dejen en paz si solo buscan su propia salvación.

-¿De qué demonios hablas? -preguntó Vincent. Pansy soltó un grito estrangulado, se giro sobre sus talones y siguió su camino. Pudo ver de reojo a un vendedor ambulante que hacia algún tipo de trato con un mago de dudable legalidad cuando una reliquia llamó su atención. Se frenó de golpe y el pecho de Vincent golpeó contra su espalda- ¿Pans?

-El guardapelo de Salazar Slytherin -chilló, guardando su varita con nerviosismo y limpiándose las lágrima con manos temblorosas. Se sacudió la túnica negra que llevaba encima del uniforma y se aferró al brazo de Vincent, obligandolo a caminar con ella- Blaise dijo, antes de borrarse la memoria, que el guardapelo estaba en manos de Potter...

-Tal vez sea falso -masculló Vincent, sintiéndose en un espiral de emociones. Ya no podía seguirle el paso a Pansy.

-No esta de más comprobarlo -murmuró justo cuando llegaban al mago. Pansy soltó una sonrisa deslumbrante- ¿Ese es un guardapelo? -preguntó, y sin esperar respuestas se puso en cunclillas y tomó la reliquia entre sus dedos. Como si estuviera inspeccionan dolo cuidadosamente, lo acercó a su rostro y escuchó los inexistentes siseo de saliendo de él. Miró a Vincent y asintió. El mortífago se tensó.

-¿Cuanto por el guardapelo? -el mago sonrió, sabiendo que había ganado unos excelentes clientes. Podía ver el enorme pedrusco que portaba la chica en su dedo anular.

-Verá, es una reliquia realmente peculiar. Pasada de generación en generación...

-Corta tus charadas, tío. ¿Cuanto por él? -volvió a preguntar y al ver que el mago tenía intención de estafarlos, se arremangó ambas mangas, mostrando sus brazos. Los ojos del mago cayeron sobre la marca tenebrosa tatuada en su ante brazo izquierdo y tragó con fuerza.

-Considérenlo un regalo... -dijo con voz temblorosa- Estoy seguro de que sabrán apreciarlo más que yo... -hizo una reverencia y con un movimiento de varita empezó a recoger sus cosas. Pansy se incorporó y entrelazo su brazo con el de Vincent después de colocarse el guardapelo.

Sin perder detalle alguno, vieron como el mago volvía a sonreírles y desaparecía con un fuerte sonido de succión. Pansy perdió la sonrisa.

-Si nosotros tenemos el guardapelo original, ¿qué ha estado haciendo Potter todas estas semanas? -preguntó, indignada. Vincent gruñó.

-Siendo una carga, eso ha estado haciendo -escupió, enredo su brazo alrededor de la cintura de Pansy.

-¿A donde? -preguntó, a sabiendas que estaba apunto de llevar una aparición conjunta. Los orbes azules de Vincent cayeron sobre los verdes de Pansy.

-Con Draco - y con un sonido de succión, ambos desaparecieron del callejón Nockturn.


Septiembre 19, 1997.

Grimmauld Place, 12.

Si Kreacher había sido capaz de escapar de un lago lleno de Inferi, Harry tenía la seguridad de que la captura de Mundungus le llevaría unas horas a lo mucho, pero aún así pasó toda la tarde (en los descansos que le permitía Malfoy) rondando impaciente por la casa. Al anochecer, Harry estaba desanimado y nervioso, y la cena, que consistió en un pan mohoso al que Sirius intentó sin éxito hacer diversas transformaciones, no logró mejorar su estado de ánimo.

Kreacher tampoco regresó al día siguiente, ni al otro. Lucius se esforzaba por mantener a Harry en un solo plano, y sólo aquellas dolorosas sesiones con el ex mortífago lograban sacarlo de sus cavilaciones.

Ese día no había sido diferente a ningún otro. Pero había sido cuando Malfoy le dio un descanso que vio a dos hombres ataviados con capa apareciendo en la plaza frente al número 12, y allí se quedaron hasta el anochecer, sin apartar la mirada de la fachada que no veían.

-Mortífagos, seguro -dictaminó Sirius, enviando una mirada envenenada a Lucius que no se dio por aludido.

-¿Creen que saben que estamos aquí? -preguntó Ron.

-Lo dudo -respondió James, aunque parecía preocupado- Si lo supieran, habrían enviado a Quejicus a capturarnos.

-¿Creen acaso que Snape entró a la casa y la maldición de Sirius le ató la lengua? -preguntó Neville.

-Ya lo creo que sí -escupió Sirius-; de lo contrario, habría podido decirles a sus compinches cómo se entra.

-Seguro están vigilando por si aparecemos -opinó Ron- Tanto Sirius como James están siendo buscados por ser tu familia y nosotros por no asistir a Hogwarts.

La presencia de aquellos mortífagos incrementó la atmósfera de amenaza en la casa. Además, ninguno había tenido noticias de nadie que estuviera fuera de Grimmauld Place desde la boda, y la tensión empezaba a notarse. Ron, inquieto e irritable, se dedicó al fastidioso ejercicio de jugar con el desiluminador que llevaba en el bolsillo; eso enfureció sobre todo a Neville, que intentaba adivinar que había escrito en el diario negro de Malfoy mientras el platinado no daba chance alguno a Harry de descansar la mente.

-¿Quieres estarte quieto? -gritó la tercera noche de aquella larga espera cuando, por enésima vez, se apagaron las luces del salón.

-¡Perdón! ¡Perdón! -se disculpó Ron, y volvió a encenderlas-. ¡Lo hago sin darme cuenta!

-¿Y no se te ocurre nada más útil con que entretenerte?

-¿Cómo que?

-Concéntrate, Potter -ordenó Lucius sin bajar su varita (le habían regresado durante las clases con Harry)- Una distracción y un habilidoso maestro de Legeremancia podría desarmarte con facilidad.

-¿Cómo tu hijo? -preguntó Harry, con la frente perlada de sudor y la camisa húmeda por el mismo. Lucius frunció el ceño con enojo.

-¡Legerement!

Harry volvió a ver toda su vida pasar frente a sus ojos, y cuando Lucius llegó, como muchas otras veces, al secreto que Dumbledore le había encargado, cerró su mente a cal y canto, tanto como el viejo director y Snape le habían enseñado. Lucius no se ensañó tanto como Snape, intentó respetar sus parámetros pero aún así forzó a Harry a bloquearlo.

-¡No te muevas!

Harry salió de su letargo mientras Lucius se giraba y apuntaba con su varita hacia la salida del salón. Neville y Ron también estaban en guardia.

James y Sirius estaban fuera, con sus varitas apuntando al recién llegado. Harry, tan cansado como los días anteriores, tembló mientras alzaba su varita. Caminó junto al resto hasta llegar al pasillo de la casa, donde el retrato de la vieja bruja ya estaba chillando.

-¡No disparen! ¡Soy yo, Remus!

-¡Ay, menos mal! -dijo Sirius con un hilo de voz al tiempo que desviaba su varita hacia la señora Black. Con un estallido, las cortinas volvieron a cerrarse y se produjo silencio.

Ron y Neville también bajaron sus varitas pero Lucius, James y Harry no.

-¡Ponte donde podamos verte! -ordenó.

Lupin se acercó a la lámpara, todavía con más manos en alto.

-Soy Remus John Lupin, hombre lobo, apodado Lunático, uno de los cuatro creadores del mapa del Merodeador, casado con Nymphadora (también conocida como Tonks), y yo te enseñe a hacer un patronus que adopta la forma de un ciervo.

-Uf, bueno -masculló Harry, y bajo la varita al igual que Lucius y James-, pero tenía que comprobarlo, ¿no?

-Como tu ex profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, estoy de acuerdo en que tenías que hacerlo -poso sus ojos en Lucius y James antes de fijarse en Sirius- ¿Enserio, Canuto? ¿Así, nada más?

Sirius de encogió de hombros como respuesta.

Caminaron hasta el vestíbulo; Lupin, envuelto en una gruesa capa de viaje negra, parecía agotado pero contento de verlos.

-Así pues, ¿no hay señales de Severus? -preguntó.

-No, ninguna -contestó Harry- ¿Qué ha sucedido? ¿Están todos bien?

-Sí, sí -asintió Lupin-, pero nos vigilan. Ahí fuera, en la plaza, hay un par de mortífagos.

-Ya lo sabemos... -cortó Lucius.

-He tenido que aparecerme justo en el escalón de la puerta para que no me vieran. No deben de saber que están aquí, ya que si lo supieran habrían venido más compinches. Mantienen vigilados todos los lugares que guardan alguna relación contigo, Harry. Vamos abajo. Tengo mucuhas cosas que contarles y quiero sabes que ocurrió cuando se marcharon de La Madriguera.

Bajaron, pues, a la cocina, y James apuntó la varita hacia la chimenea. El fuego prendió al instante y su luz suavizó la austeridad de las paredes de piedra y se reflejó en la larga mesa de madera. Lupin sacó varias cervezas de mantequilla de su capa y todos se sentaron.

-¿Es seguro? -se refirió a Lucius.

-Lo soy -siseo el platinado. Lupin miro a James y Sirius que aceptaron a regañadientes.

-Habrá llegado hace tres días, pero tuve que deshacerme del mortífago que me seguía la pista -explicó Lupin- Bueno, díganme, ¿vinieron directamente aquí después de la boda?

-Sí -respondió James- Fue seguro.

-Dinos qué pasó cuando nos marchamos. No hemos sabido nada desde que Arthur envío un patronus diciendo que Susan y Ginny podían regresar -dijo Sirius.

-Bueno, Malfoy nos salvó -explicó Lupin, agradeciendo con la mirada al ex mortífago- Gracias a su aviso, la mayoría de los invitados de la boda pudieron desaparecerse antes de que llegar el patronus de Kingsley. Ya cuando llegaron ellos, no había casi nadie.

-¿Eran mortífagos o gente del Ministerio? -preguntó Harry.

-Un poco de todo, pero a efectos prácticos ahora son la misma cosa. Eran aproximadamente una docena, aunque no sabían que estabas allí, Harry. Arthur oyó el rumor de que habían torturado a Scrimgeour antes de matarlo para que les revelará tu paradero; si eso es cierto, el Ministerio no te delató.

Harry miró a sus amigos y vio en sus rostros la mezcla de conmoción y gratitud que él mismo sintió. James, Sirius y Lucius parecían más objetivos.

-Los mortífagos registraron La Madriguera de arriba abajo -prosiguió Lupin-. Encontraron al ghoul, pero no se atrevieron a acercarsele mucho. Y luego interrogaron a los que quedábamos durante horas; trataban de obtener información sobre ti, Harry, pero naturalmente sólo los miembros de la Orden sabíamos que habías estado en la casa.

-Al mismo tiempo que arruinaban la boda, otros mortífagos allanaban todas las casas relacionadas con la Orden. No hubo víctimas mortales -se apresuró a precisar anticipándose a la pregunta-, pero emplearon métodos muy crueles -parpadeo un poco hacia Lucius, que se tensó- ... quemaron la casa de Dedulus Diggle, aunque, como ya saben, él no estaba allí, y utilizaron la maldición Cruciatus contra la familia de Tonks...

-¿Quien? ¿Quién los torturó? -exigió Lucius. Lupin suspiró.

-Tu hijo y sus compinches -Lucius se tensó- Fue algo horrible de ver. Estaban todos muy impresionados al ver a un grupo de jóvenes hacer aquello, pero por lo demás, bien.

-¿Y los dejaron hacer? -preguntó Harry.

-Considera, Harry, que ahora cuentan con toda la potencia del Ministerio -aclaró Lupin-, y tienen permiso para realizar hechizos brutales sin temor a que los identifiquen ni los detengan. A si lograron traspasar los hechizos defensivos que habíamos puesto para protegernos de ellos, y una vez dentro no ocultaron a qué habían ido.

-¿Y al menos se han molestado en ofrecer una excusa para torturar a quienquiera que se haya acercado alguna vez a Harry? -preguntó James, indignado.

-Bueno... -repuso Lupin. Vaciló un momento y sacó un ejemplar de El Profeta que llevaba doblado-. Miren esto. -Y empujó el periódico sobre la mesa hacia Harry-. Tarde o temprano te ibas a enterar. Ése es su prefecto para perseguirme.

Harry alisó el periódico, cuya primera plana incluía una gran fotografía de su cara, y leyó el titular:

SE BUSCA PARA INTERRIGARLO SOBRE LA MUERTE DE ALBUS DUMBLEDORE.

Ron, Neville, Sirius y James propurrieron en exclamaciones, ofendidos, pero Harry no dijo nada y apartó el periódico; no quería seguir leyendo, porque ya se imaginaba lo que diría.

-Lo siento, Harry -murmuró Lupin.

-Era bastante obvio que harían algo como ésto -dijo Lucius, refiriéndose al encabezado del periódico. Ojeo un poco pero no encontró lo que buscaba hasta que llegó a las últimas paginas- Familias de Slytherin buscadas por romper el Estatuto Internacional del Secreto... esto sí es nuevo.

-Por lo visto, una vez se apoderaron del Ministerio fue mas fácil saber a que familias debían buscar -repuso Lupin.

-Muchas de esas familias tienen hijos menores de edad, ¿cómo no las han encontrado? -preguntó Neville.

-El anterior Jefe del Departamento de Transportes Mágicos era Montague -respondió Lucius- Fue uno de los que huyó, aunque al principio se creyó que había salido de vacaciones... me sorprende que no haya nada mío en este periódico -repuso. Lupin se encogió de hombros.

-Nadie sabe nada de los Malfoy. De seguro no quieren que nadie se entere sobre otra familia traidora a la sangre...

-¿La gente no sabe lo que está pasando? -preguntó Neville.

-El golpe ha sido discreto y prácticamente silencioso -repuso Lupin-. La versión oficial del asesinato de Scrimgeur es que ha dimitido; lo ha sustituido Puis Thicknesse, que está bajo la maldición Imperio.

-¿Y por qué Voldemort no se ha proclamado ministro de Magia? -preguntó Ron.

Lupin se echó a reír antes de contestar.

-Porque no lo necesita, Ron. De hecho, él es el ministro, pero ¿por qué iba a ocupar una mesa en el despacho del Ministerio? Su títere, Thicknesse, se encarga de los asuntos cotidianos, y así él tiene libertad para extender su poder por donde me venga en gana.

- Como es lógico, la gente ha deducido lo que ha pasado, ¿no? -preguntó Sirius.

-Sí, la política del Ministerio ha experimentado un cambio drástico en las últimas semanas, y muchas personas sospechan que Voldemort debe de ser el responsable de tal cambio. Sin embargo, ésa es la clave: sólo lo sospechan. Pero no se atreven a confiar en Nadie, porque no saben de quienes pueden fiarse y les da miedo expresar sus opiniones, por su sus conjeturas son ciertas y el Ministerio toma represalias contra sus familias. Sí, Voldemort juega un juego muy inteligente. Si se hubiera proclamado ministro, había podido provocar una rebelión; en cambio, permaneciendo enmascarado, ha logrado sembrar más confusión, la incertidumbre y el temor.

-Y ese cambio drástico de la política del ministerio -terció Harry- ¿implica prevenir al mundo mágico contra mí en lugar de contra Voldemort?

-Tiene sentido -razonó Lucius-, y es un golpe maestro ahora que reparo en ello... Con Dumbledore muerto, tú, el niño que sobrevivió, podrías convertirte en en símbolo y el aglutinante del movimiento anti... anti...

-Voldemort -ofreció Neville. Lucius carraspeo.

-Pero indicando que participaste en la muerte del antiguo héroe, el Señor Tenebroso no sólo le ha puesto precio a tu cabeza, sino que además ha sembrado la duda y el miedo entre mucha gente que te habría defendido.

-Entretanto, el Ministerio ha empezado a actuar contra los hijos de muggles -Lupin señaló El Profeta y añadió-: Es noticia vieja, pero suponiendo que no han visto el periódico en estas semanas... ahora hay un Registro para nacidos de muggles.

-¿Para qué necesitan un registro de nacidos de muggles? -preguntó Sirius.

-Para detenerlos -respondió con simpleza Remus- A menos que demuestres que tienes, como mínimo, un pariente cercano mágico, se considera que has obtenido tus poderes mágicos de forma ilegal y debes ser castigado.

-A parte de Hogwarts obligatorio, Snape director y yo siendo un traidor. ¿Quieren encerrar a los nacidos de muggles? - se indignó Harry.

-Me temo que ningún niño hijo de muggles entre a Hogwarts este año... sólo los que ya han sido aceptados en años anteriores... y eso, si Umbridge les permitió regresar.

- Es... es... -masculló, buscando las palabras para expresar el horror de sus pensamientos, pero Lupin dijo en voz baja:

- Lo sé, muchacho, lo sé. -Vacilo un momento y agregó- Sí no puedes confirmármelo, Harry, lo entenderé, pero la Orden tienen la impresión de que Dumbledore te encomendó una misión.

- Es verdad, y Ron y Neville también están implicados y me acompañarán.

-¿Puedes decirme en qué consiste esa misión?

Harry escrutó el rostro, plagado de arrugas prematuras y enmarcado por una mata de pelo tupido pero canoso. Fijo su mirada en su padre y padrino, ambos mirándolo con determinación y luego poso su mirada en Ron y Neville, que pasara lo que pasara, lo apoyarían.

-Yo...

Un terrible y sonoro ¡crac! resonó en la cocina. Por primera vez en tres días, Harry se había olvidado por completo de Kreacher.

Una maraña fe agotadas extremidades que habían aparecido de la nada justo al lado de su silla llamaron la atención de todos. Se puso rápidamente de pie al mismo tiempo que Kreacher se desenredaba y, haciendo una reverencia a Sirius, anunciaba con su ronca voz.

-Kreacher ha vuelto con el ladrón Mundungus Fletcher, mi amo.

Mundungus se levantó con dificultad y sacó su varita; pero Remus fue mas rápido que él y gritó:

-¡Expelliarmus!

La varita de Mundungus saltó por los aires y él la atrapó. Mundungus, despavorido, echo a correr hacia la escalera; sin embargo, Ron le hizo un placaje y lo derribó sobre el suelo de piedra con un amortiguador crujido.

-Pero, ¿qué pasa aquí? -bramó retorciéndose para soltarse de los brazos de Ron- ¿Qué he hecho? ¿Para qué enviaron a un maldito elfo doméstico a buscarme? ¿A qué juegan? ¿Qué he hecho? ¡Suéltame! ¡Suéltame o...!

-No estas en posición de amenazarla -dijo Sirius. Apartó el periódico, cruzó la cocina y en pocas zancadas y se arrodilló al lado de Mundungus, que dejó de forcejar y lo miró aterrado.

Ron se levantó jadeando y observó como Sirius apuntaba su varita a la nariz de Mundungus. Éste apestaba a sudor y humo de tabaco, tenía el pelo enmarañado y la túnica manchada.

-Kreacher pide disculpas por el retraso al traer al ladrón, mi amo. Fletcher sabe como evitar que lo capturas, tiene muchos escondrijos y muchos cómplices. Sin embargo, al fin Kreacher consiguió acorralar al ladrón.

-Lo has hecho muy bien -lo felicitó Sirius, y el elfo hizo una reverencia-. Bien, tenemos varias preguntas que hacerte -le dijo a Mundungus, que se apresuró a farfullar:

-Juro que pensé no había nada de valor. Sólo tome algunas chatarras que...

Hubo un correteo, un destello de cobre, un resonante golpazo y una chillido de dolor: Kreacher se había abalanzado sobre Mundungus para golpearle la cabeza con una sartén.

-¡Quítenmelo de encima! ¡Quítenmelo! ¡Este bicho tendría que estar encerrado! -consideró Mundungus cubriéndose la cabeza con ambos brazos al ver que el elfo volví a a levantar la enorme sartén.

-¡Kreacher, no lo hagas! -ordenó Sirius.

Los delgados brazos de Kreacher temblaban bajo el peso de la sartén que sostenía en alto.

-Una vez más, amo Sirius, por si acaso.

James se echó a reír.

-Nos interesa que esté consciente, Kreacher, pero si necesita que se le persuada un poco, podrás hacer los honores -prometió Sirius.

-Gracias, amo -replicó el elfo inclinando la cabeza; se retiró un poco y se quedó a escasa distancia vigilando a Mundungus con sus enormes y pálidos ojos, cargados de odio.

-Cuando te llevaste de esta casa todos los objetos de valor que encontraste -intervino Harry, colocándose al lado de su padrino-, tomaste unas cosas que estaban en el armario de la cocina. Entre ellas había un guardapelo... -De pronto se le secó la boca y también noto la tensión y la emoción de Neville y Ron-. ¿Qué hiciste con él?

-¿Por qué lo preguntas? ¿Tiene algún valor?

-¡Todavía lo tienes! -acusó Ron.

-No, ya no lo tiene -dijo Lucius con astucia- Se está preguntando si habría podido pedir más dinero por él.

-¿Más dinero? -se extrañó Mundungus- Eso no habría sido difícil, porque puede decirse que lo regalé. No tuve alternativa.

-¿Qué quieres decir?

-Estaba vendiendo en el callejón Nockturn cuando una tipa se me acercó, muy bonita por cierto, colgada del brazo de un tipo corpulento y amenazador.

-¿De qué está hablando? -intervino Lupin.

-¿Quién era? -preguntó Harry, temblando de emoción.

-No lo sé, pero el tipo parecía ser alguien importante... y aterrador -admitió- A la chica le gustó el guardapelo. Llevaba un uniforme de Hogwarts, de Slytherin... el tipo tenía la marca tenebrosa en el brazo... así que no tuve más opción que regalárselo.

-Imposible, todos los alumnos de Hogwarts están encerrados en el castillo. Sin posibilidad de salir -repuso Lupin- Son las órdenes ahora.

-¡Legerement! -el ataque de Lucius tomó pro sorpresa a todos, inclusive a Mundungus. Escudriño su mente de rincón a rincón hasta encontrar lo que buscaba, y una vez lo hubo hallado, borró su paso y la visita a Grimmauld Place, el elfo y lo noqueó con un Desmaius- Pansy Parkinson.

-¿Qué? -jadeo Neville. Lucius miró fijamente a Harry.

-Pansy Parkinson junto a Vincent Crabble. Ellos tienen el guardapelo.

-¿Qué está pasando? -volvió a preguntar Lupin.

-Sobre la misión de Dumbledore...-soltó Harry para sorpresa de todos- ... hablaré con la Orden sobre ello -fijo su vista en Lupin- Quiero que organices una reunión pero antes de eso... debemos encontrar a Parkinson, Crabble y ese guardapelo.


Mis disculpas si hubo alguna falta de ortografía.

Tomé prestados algunos párrafos de "Harry Potter y las reliquias de la muerte"

¿Qué tal les pareció el capítulo? ¿Que creen que vaya a suceder con Lucius o con nuestras queridas serpientes? ¿Qué les gustaría ver en el siguiente capítulo?

Recuerden que leo todos sus Review y siento no haberlos podido contestar de nuevo.

¡Espero leerlos pronto!

-Nia.