¡Hola a todas! Tiempo sin leermos, discúlpeme. Estaba en época de peotñyevtos finales y exámenes... todo eso. ¡Pero por fin nuevo capítulo! Subiré un capítulo pronto de este fic y de los otros que tengo.
¡Espero les guste! ¿Alguna de ustedes sin buenas escribiendo romance? Envíenme mensaje por privado. ¡Necesito extrema ayuda en esa cuestión!
Los personajes no me pertenecen.
La idea tampoco pero la trama sí.
Septiembre, 25. 1997
Sala común de Slytherin.
8: 20 p.m
-¿Nomí aún no quiere salir de su habitación? -preguntó Hermione, sacudiendo su larga melena castaña antes de tomar asiento en el sofá negro de tres plazas. Había estado todo el día encerrada en la biblioteca buscando libros sobre runas pero hasta ahora no había tenido mucha mas suerte que en descifrar más que un par de palabras del libro que Dumbledore le legó.
-Su mejor amiga está muerta junto al resto de su familia. Yo creo que estará encerrada hasta que acabe el año escolar, como mínimo -bufó Corvinus, con sus pies estirados por encima de la mesita de centro. Helena lo fulminó con la mirada.
-No tienes porque ser tan cruel.
-¿En qué estoy siendo cruel? -se quejó- Yo solo aclaré un punto.
-¿Donde están lo pequeños? -preguntó Gregory, golpeando los pies de Corvinus fuera de la mesita y dejando caer los libros de Runas Antiguas sobre ella.
-Probablemente recorriendo el castillo -respondió Corvinus encogiéndose de hombros.
-Dejame entender, ¿los han dejado recorrer solos el castillo, a esta hora de la noche, con decenas de estudiantes furiosos con nuestra casa? -enarcó una ceja. Corvinus carraspeó y Helena perdió el color del rostro.
-Iremos por ellos -Helena se levantó del golpe, arrastrando a Corvinus con ella.
-Y de una vez buscan a Alexander y Herbert, no deben salir tan tarde de la Sala Común -dijo Hermione- Los veremos en el Gran Comedor.
-Me siento mal por Nomi -admitió Gregory una vez los otros Slytherin se marcharon. Hermione asintió en acuerdo, abriendo el libro más cercano a ella.
-Yo igual. No entiendo como es que lograron encontrarlos...
-Herms...
-Sabes a qué me refiero -lo cortó- Me esforcé mucho en esas pócimas de olvido para que... para que Blaide haya recordado aquello -su voz de rompió- Es mi culpa.
-Hermione, debes dejar de culparte cada vez que alguno de nosotros meta la pata -masculló Gregory- Blaise debe hacerse cargo de sus errores.
-No -negó- Debería haberlos protegido, debería haber insistido más ante Blaise.
-¿Estas diciendo que también es mi culpa por no haber insistido? -Gregory enarcó las cejas con incredulidad al ver la mueca de Hermione- ¡No puedo creerlo! Hermione, él fue quien nos traicionó, no nosotros a él. No es nuestro hermanito menor para limpiar sus desastres.
-Pero es nuestro amigo y lo dejamos solo -Hermione lo fulminó con la mirada, cambiando con rudeza las páginas sin mirarlas- Debimos haber insistido más -Gregory abrió los labios dispuesto a refutarla pero Hermione se giró hacia la lectura, dando por terminado la discusión.
-Como quieras... -bufó, cruzándose de brazos y mirando con enojo a Hermione que no se dio por aludida- ¿Donde está Pans?
-Aún trata de hablar con Snape -respondió, sin desviar la mirada del libro- Creo que teme decepcionarlo.
-¿Le dirás a Draco?
-Claro, después de que Pansy le diga a Vincent. Estoy segura de que ambos van a querer encerrarla hasta el fin de la guerra...
-Me refiero a lo de Blaise.
Hermione suspiró.
-Estoy segura de que Vincent ya lo sabe. Estoy segura de que todos ya sabían de Blaise y ninguno tuvo los malditos testículos como para decírmelo -lo fulminó con la mirada- Así que no, Greg. No le diré a Draco.
Se quedaron en silencio.
-¿Qué sucederá con Luna?
-No lo sé, Greg. No tengo las respuestas a todo -siseo, frunciendo el ceño. Resopló, cerró de golpe el libro que ya no estaba leyendo y se giró en el sillón para darle la cara a Gregory- ¿Qué es realmente lo que esta sucediendo, Greg?
-Nada...
-Te conozco. Tantas preguntas tienen un fin -dijo. Gregory tensó la mandíbula mirando fijamente a Hermione que le regresaba la mirada con la misma seriedad.
-Siento... siento como si estuviéramos esperando a que Draco resuelva todo.
-Te sientes inútil -Gregory asintió. Hermione desvió la mirada para recorrer la sala común de su casa antes de volver a poner sus orbes castaños en Gregory. Estiró la mano y fue recompensada con la de su amigo- Cuando llegue el momento, actuaremos.
-¿Crees que es así de simple? -resopló Gregory. Hermione negó.
-No, pero esto todavía no empieza. No realmente -dijo- Los Horrocruxes están en nuestro poder y eso es más importante que nada, ¿me oíste? -Greg asintió- Debemos entregarle la batuta a Potter y no despegarnos de él una vez que el final se desencadene.
Gregory suspiró.
-Podriamos morir, ¿sabes eso, cierto? -preguntó. Hermione hizo una mueca.
-Sí, pero tú querías acción, ¿no? -Gregory río sin gracia antes de dejar caer un beso en la frente de Hermione- Solo aguarda, Greg. Solo aguarda.
Septiembre 26, 1997.
Gran Comedor.
8:05 a.m
-Mira, hermanita. Que resultaste ser una paria social... mmm, bueno, más de lo que ya lo eras -se mofó Parvati detrás suyo. Padma colocó los ojos en blanco sin dar signos de haberla escuchado.
Con toda la paciencia del mundo Padma siguió su rutina de todos los años. Plato, leche y cereales. Aunque sonara muy extraño, ella siempre había tenido la manía de colocar primero al leche en el cuenco.
Colocó un panqueque de zarzamora en un pequeño plato y se sirvió una taza con café caliente. Con una servilleta de tela en el regazo, empezó a desayunar sin mayor problema.
-¿Vas a ignorarme? -preguntó su gemela detrás suyo con indignación.
-Siempre lo hago -respondió en un murmullo.
Esa mañana los profesores se habían ausentado. Por lo visto el nuevo director del colegio necesitaba un informe detallado de las rutinas diarias de todos los estudiantes.
Padma le daba mérito, no se fiaba de nada ni de nadie. Menos oportunidades para ser traicionado.
-Dejala, no vale la pena perder nuestro tiempo -la Ravenclaw puso los ojos en blanco al escuchar la chillona voz de Lavander Brown. Sin que ambas esperaran su respuesta, se marcharon con estruendosos pasos.
La castaña levantó la mirada, dirigiendo su atención alrededor de su mesa. Nunca había sido bien recibida, pero desde que se había visto en compañía de un Slytherin, la atención mal deseada fue a parar en ella.
Tenia buenas barreras de protección, razón por la que ni sus compañeras de habitación podían arruinar sus cosas. Pero las miradas rencorosas, los murmullos hirientes y los empujones demasiado fuertes se habían hecho frecuentes con el paso de los días.
Podía verse claramente en el espacio que dejaban entre ella y los demás alumnos.
-¿Rico el desayuno? -los hombros de Padma se tensaron, dirigiendo rápidamente su mirada a la recién llegada.
Ginevra Weasley en todo su esplendor. Con el nudo de la corbata colgando sobre su pecho, ese aire coqueto con los tres botones abiertos. Su largo cabello rojo y lacio ceyendo por detrás de sus hombros.
Ella, en cambio, siempre llevaba todos los botones abrochados, la corbata bien puesta y la falda por debajo de las rodillas. Su cabello largo y sin volúmenes.
Una punzada de envidia golpeó a Padma, que ni siquiera se había fijado en las otras dos chicas. Susan Bones y Hannah Abott se sentaron a cada lado suyo mientras Ginny se sentaba delante.
-Normal, el cereal no cambia de sabor en ningún momento -respondió, volviendo a llevarse una cucharada a la boca.
-¿Y el panqueque sí? -preguntó enmarcando una ceja. Padma se encogió de hombros.
-Pudieron haber añadido un gramo más de harina y el sabor varía -respondió sin mucho ánimo.
-Seguro que sí -respondió, mirándola con sospecha.
-No te hemos visto mucho últimamente -interfirio Susan. Padma hizo una mueca.
-Usualmente hablamos cuando está por terminar el curso y necesitan ayuda en algunas materias -pudo percibir la incomodidad que sus palabras provocaban en las tres chicas- Lo que no es un problema. Realmente no somos amigas, me dejan sentarme con ustedes pero eso no nos hace... cercanas.
-Pero si que lo eres de Zabini, ¿no? -preguntó Ginny.
-¿Qué soy qué?
-Amiga de Zabini... ¿o realmente te lo tiras como dicen todos? -preguntó con enojo. Padma frunció el ceño.
-Blaise y yo... -torció la boca con desagrado. Dirigió su mirada a la mesa de Slytherin, donde no había nadie más que los pequeños de primero en un esquina y los dos de sexto en la otra- Sí, somos amigos -respondió escueta justo cuando Blaise entraba por la puerta del Gran Comedor.
Algunas miradas se enfocaron en él, al igual que la suya. Los orbes verdes del Slytherin recorrieron la mesa de Gryffindor antes de reparar en la de Ravenclaw. Sus ojos chocaron con los de Padma antes de posarse en la cabellera rojiza delante suyo.
-No puedes fierte de él -dijo Hannah.
-Pensé que no podíamos fiarnos de nadie en general -Padma dirigió su atención a la Hufflepuff- ¿Por qué no podía fiarme de Blaise? Ha sido muy... atento conmigo.
-Claro, porque eres una de las más inteligentes de su curso. Y de seguro ha de querer algo -Ginny la miró fijamente.
-Ginny tiene razón, Padma -intercedió Susan- Blaise no es de fiar.
-¿Por qué lo dicen?
-Confia en nosotras.
-Confiar en ustedes pero no en Blaise -dedujo Padma. Susan, Ginny y Hannah se dedicaron una mirada preocupada, como si estuvieran preocupadas por su bienestar- ¿Tienes pruebas de que Blaise no es de fiar? ¿O solo lo dices porque ya no eres el centro de su atención?
-¡Padma! -reprendió Hannah.
-Vete a la mierda.
-¡Ginny! -resopló Susan.
-Lo que digas -masculló Padma.
-Buenos días -la atención de todas las chicas, y de algunos mirones recayó en el chico que acababa de llegar. Blaise Zabini vestido con las túnicas de Slytherin, se dejó caer con elegancia al lado de Ginny.
-Buenos días -saludó, empujando el plato donde se encontraba el panqueque de zarzamora hacia él. Blaise le sonrió con aprecio mientras se lo llevaba a la boca.
Un extraño silencio se propagó entre ellos mientras miraban a Blaise comer el panqueque.
-¿Qué quieres? -espetó Ginny, con las orejas rojas. Blaise la miró de reojo mientras tomaba un trago de la taza de Padma.
-Contigo nada, pobretona -respondió Blaise antes de poner su atención en Padma- ¿Has desayunado ya?
-Un par de cucharadas, el cereal se ha remojado -respondió, fijando su atención en la mirada fulminante que Ginny le dirigía al moreno.
-Pierdete, estamos en una conversación privada -dijo, rechinando los dientes.
-¿En eso estaban?
-No.
-Sí -bufó Hannah, mirando a Padma con reproche.
-Bueno, la belleza ha dicho que no -se mofó Blaise- Así que no importará que me la lleve.
-Sí lo hará -dijo Susan. El Slytherin las miró molesto, estaba empezando a perder los nervios. Pareció intentar tranquilizarse antes de fijar su atención solo a Padma.
-Tengo un permiso para ir a Hogsmeade, ¿vienes?
-¿Tienes un permiso? -jadeo Ginny.
-No te metas, comadreja -escupió Blaise- No hablaba contigo.
-¿A qué iremos?
-Tengo que recoger unas cosas pero después de ellos podemos pasar a La casa de las plumas.
-Esfumate, Zabini -escupió Ginny.
-Esfumate tú, pobretona.
-¿No tienes un mejor insulto, imbécil? -los ojos de Ginny refulgían de enojo.
-Muchos, comadreja. Pero hay una dama presente y chicas como ella no deberían escuchar barbaridades -se mofó con malicia antes de mirar fijamente a Padma- ¿Vamos? Prometo invitarte a comer.
-Esta bien -aceptó Padma poniéndose en pie. Susan jalo ligeramente la falda de su uniforme.
-Por favor, piensa en lo que te contamos -casi rogó. Padma frunció ligeramente la nariz antes de encaminarse a Blaise y salir juntos del Gran Comedor.
-¿Pensar en qué? -preguntó con cautela. Padma meditó sus palabras antes de admitir lo que le habían contado.
-Que no eres de fiar...
Se quedaron en silencio mientras salían de Hogwarts y caminaban por el verde follaje de los terrenos del castillo.
-¿Crees que lo sepan? -preguntó- Ya sabes, que soy un...
-¡Chst! -calló Padma, mirando por sobre su hombro y enrollando su mano alrededor del antebrazo de Blaise- Alguien podría escucharte. Esas cosas no se dicen en voz alta, Zabini.
-¡Auch! -Blaise se llevó una mano al pecho, retrocediendo dos pasos, prácticamente jalando a Padma hacia él- Eso dolió -dijo, fingiendo estar herido- No me has llamado Zabini desde que te atrapé escabullendote por los pasillos en la noche.
-¡Blaise! Que no es broma -se quejó- Hablo en serio, alguien podría escucharte y estarías en serios problemas.
-Belleza, nadie podría adivinar aquello más que tú -murmuró, pellizcando la nariz de la Ravenclaw- Bueno, Crabble estuvo ahí y de seguro le contó a Parkinson y ella a Nott. Pero bueno, todos son mortífagos así que... -se encogió de hombros.
-Oh, por Rowena -jadeo Padma, aún aferrada al brazo de Blaise mientras seguían caminando hacia Hogsmeade- Entonces son ciertos los rumores.
-Sí -murmuró- Todos terminamos tomando caminos equivocados.
Blaise pareció sumirse en un torbellino oscuro con Padma mirándolo como espectadora. Cada quien merecía su propio espacio.
Torre del director.
10:22 a.m
Snape muy pocas veces se había sentido verdaderamente aterrado en toda su vida. Sí, no había tenido la mejor infancia y definitivamente tuvo unos terribles padres pero nada de eso se comparaba con lo que su futuro le deparaba.
Ni en sus más terribles pesadillas creyó que existiera un monstruo como lo era Lord Voldemort. Pero con el paso del tiempo uno aprende a convivir con ellos.
Creyó que nunca más sentiría tanto miedo como el que tuvo cuando se enteró que Lily Evans, la mujer de su vida, corría peligro debido al bebé que crecía en su vientre. Ni siquiera le importó ir en contra de todo lo que era con tal de salvarla.
Pero no lo logró.
En cambio, terminó sumergiéndose en un espiral de dolor del que creyó que nunca saldría.
Y, once años después de aquel fatídico día, aparecieron ellos. Aquellos pequeños niños que terminarían siendo la luz de su vida.
Pero cinco años después de conocerlos como realmente eran, cometió un error. Los descuidó.
Los creyó más inteligentes y más astutos de lo que unos niños de quince años podrían ser. Creyó que habían entendido la lección después de lo que le había ocurrido a Blaise.
No lo entendieron. No realmente.
Se creyeron dioses en un juego de adultos y Theo fue quien terminó pagando los platos rotos. Ese día, para él, fue el principio del fin.
Recordaba el pavor correr por sus venas al ver a Blaise entrando por esas puertas. Con las lágrimas cayendo por su rostro y con la camisa llena de sangre. Y luego se enteró que Lucius había cometido una falla fatal. Entonces le vendió su alma a Dumbledore una vez más por tratar de salvar a su ahijado... pero no lo logró. No realmente.
Ellos ya habían quedado marcados de por vida. Y no importaba cuanto él lo intentara, no podría salvarlos.
Aunque daría su vida y su alma con tal de protegerlos una última vez más.
Creyó debía confiar en Dumbledore y se equivocó. Los había enviado a una misión suicida y él no había hecho nada para impedirlo.
Vivía constantemente aterrado desde la muerte de Dumbledore pero no porque creyera que el chico Potter podía perder la guerra. No, era por el hecho de que él podía perder a sus niños durante el camino.
Pero, ahí, parado. Mirando como su pequeña niña se quebraba después de tanto tiempo, sintió como su mundo se desmoronaba un poco más. Cada sollozo era un golpe en el estómago, una mano estrujando su corazón.
No importaba cuánto intentara protegerla entre sus brazos, el daño ya estaba hecho en lo mas profundo de ella.
-Lo siento tanto, profesor -lloró Pansy, temblando de pies a cabeza con sus brazos envueltos alrededor de él- Lo siento tanto -se disculpó.
El nudo era demasiado pesado en su garganta, tanto que le impedía hablar. Sin poder mediar palabras, la besó en la cima de la nuca y la estrujó con más fuerza.
Esperó a que Pansy se tranquilizara un poco antes de soltarla e instarla a sentarse sobre el sofá. Transformó una copa en manta y la tapó antes de empezar a preparar un té.
Sin palabra alguna, se sentó a un lado de ella y miró con tranquilidad como bebía el té entre sorbos y sollozos.
El silencio instalado fue interrumpido por el estruendo de unas llamas verdes que refugian dentro de la chimenea. Pansy se puso inmediatamente alerta, aferrando su varita por debajo de las cobijas.
-Tranquila, coloqué un fuerte encantamiento de protección, los únicos que pueden entrar son... -antes de que Snape terminara su explicación, Theodore Nott vestido con una túnica negra y con gesto cansado atravesó las llamas.
-¿Qué demonios te pasó en el cabello? -exclamó Pansy, mirando entre aterrada e incrédula la mata de cabello rojizo. Theo suspiró con resignación antes de caminar hacia los sillones y dejarse caer en el que estaba al frente de ellos dos.
-Tuve que hacerme pasar por Bill Weasley para que la familia de Potter no sospechara -masculló, frotándose el cabello- Pero se me olvidó la poción en algún lado -bostezo, mirando fijamente a Pansy- Siento lo de tu padre -la chica se encogió de hombros. Theo miró a Snape que aún mantenía su vista en Pansy.
Frunció el ceño y repasó de nuevo a la pelinegra. Sus ojos estaban rojos de tanto llorar y tenía ojeras (¡ojeras!). Estaba envuelta en una cobija y sostenía una taza entre sus manos con la mirada perdida en el líquido dentro de ella. Su cabello corto parecía haber sido frotado una y otra vez con desesperación.
Las alarmas saltaron.
-¿Estas bien? -preguntó con un toque de desesperación en su voz. Se había ido muchos días y había supuesto que ellos estarían a salvo dentro del castillo con Severus cuidándolos. Snape negó casi imperceptible al sentir la mirada de Theo- ¿Qué ocurrió? ¿Fueron los Carrow? ¡Mierda! Draco los había amenazado. Ellos no pueden ponerte la mano encima -Theo soltó un grito ahogado- ¿Es Herms? ¡Por Cirse! ¿Luna está bien? Pensé que Greg y... ¡Joder! ¡Es Greg? ¿Peleo con Blaise? ¿Él está bien?
-Tranquilo, lobito -masculló Pansy, dando un sorbo a su té y acurrucandose más contra el sillón- Todos estamos bien -hizo una mueca- Algo así.
-¿Algo así cómo? -preguntó, con sus ojos mirando alrededor del despacho. Ese lugar era prácticamente desconocido para el castaño... extrañaba los días en los que se encerraban en la aula de Pociones. Se frotó con fuerza los ojos, estaba tan cansado de todo.
-No he tenido mi periodo...
-Joder, Pans. No puedo ver cómo eso me interesa a mí, ¿Hermione y Luna están bien? -preguntó de nuevo, recibiendo una mirada fulminante de Pansy y una incrédula de Snape- ¿Qué?
-Que. No. Me. Ha. Bajado -siseo la Slytherin, apretando con fuerza la mandíbula. Theo le dio otra mirada confundida antes de que la revelación de esas palabras lo golpeara con fuerza.
-No me jodas.
-Theodore...
-¡Oh, mierda!
-Theodore...
-Lo siento, lo siento -masculló, levantándose del sillón y caminando hacia una vitrina de vidrio. Abrio ambas puertas y empezó a esculcar. Snape debía tener alguna botella, eso era seguro.
-¿Qué buscas? -preguntó Pansy, girandose junto a Snape para poder mirar la espalda del ex-Slytherin.
-Algo con que embriagarme -susurró lo suficientemente alto para que lo escuchara- Esto no formaba parte del plan; ¿no usaron protección? -exclamó, mirando sobre el hombro a Pansy. La chica frunció el ceño. Theo negó- Olvida eso, claro que no usaron.
-¡Theodore!
-¡Vete a la mierda!
-Whisky de fuego. Necesito whisky de fuego -dijo para sí, colocándose de cuclillas tratando de buscar en los estantes de abajo.
-No hay nada de alcohol en este despacho -dijo Snape con tranquilidad, estirándose para alargar la manta y que cubriera bien a Pansy.
-Por favor, director Snape -rió Theo- Ambos sabemos que eso no es cierto.
Un músculo saltó en la barbilla de Snape.
-En el gabinete inferior del lado izquierdo del escritorio -soltó. Theo le regaló una sonrisa de boca cerrada antes de dirigirse hacia el escritorio- Cierra las puertas que abras -Theo masculló por debajo y se regresó a cerrar las puertas de la vitrina.
-¿Qué haremos? -preguntó cuando sacó la botella y se sirvió en un vaso de vidrio que también estaba guardado.
-Esperar a que Draco regrese y contárselo -dijo Snape- Mientras tanto, Pansy seguirá la misma rutina de siempre hasta que no pueda ocultarse más.
-¿Y cuando no pueda ocultarse más? -Theo enarcó una ceja dando una trago a su vaso con whisky.
-Hay prioridades. Primero debemos encargarnos de Potter -dijo Pansy.
-Potter es un medio para un fin. Tú eres la prioridad -sentenció Snape- Cuando tu embarazo no pueda ocultarse más, tendremos que resguardar tu seguridad. Tal vez ocultarte para que nadie se entere.
-¿Y Vincent? -preguntó Theo. Pansy suspiró, volviendo a girarse para mirar la chimenea.
-Yo hablaré con él -Snape y Theo la miraron, dispuestos a debatir- A solas -sentenció. Theo resopló y volvió w servirse una porción de alcohol.
Snape suspiró.
Se había equivocado. A lo grande.
Nunca estuvieron realmente a salvo.
Él los había sentenciado. No fueron ellos quienes creyeron que su astucia los sacaría de problemas.
Fue él.
Dormitorios de Slytherin.
11:03 a.m
-Creo que deberías mencionarle a alguien... tu pequeño problema -la voz de Gregory detrás suyo lo exaltó un poco. Había estado tan a la defensiva los últimos días, por no mencionar que había estado muy solo. Sin nadie con quien hablar.
-Pansy está embarazada, creo que eso es más importante que mi... pequeño problema -soltó con sarcasmo, sin dejar de mirar su rostro cansado. Soltó un suspiro y se restregó con fuerza los ojos antes de mojarse el rostro.
Solo se podía escuchar el agua caer en el lavabo, dando un sentido de tranquilidad a toda la habitación.
-Luna... sus ojos... también son dorados -Theo jadeó, girándose y mirando con sorpresa a Gregory. El Slytherin no puedo evitar dar un paso atrás, las pocas veces que habia visto los orbes de Theo con ese color amarillento... las cosas no habían terminado bien.
-¿Qué dijiste?
-Lo que oíste -respondió Gregory, desviando su atención hacia el resto del año. La intensidad con que Theo lo veía le ponía los nervios de punta- Sus orbes son amarillos, como los de un hombre lobo... o como los de Helena... como quieras verlo -mencionó- Despertó hace dos días... debo admitir que no ha parado de llorar por el dolor. Inclusive las pócimas más fuertes no hacen efecto... y ahora que tú, bueno... ¿qué pasó?
-Hace dos días, miestras vigilaba a la familia de Potter... de un momento a otro -carraspeó- El color de mis ojos cambio y no han vuelto a la normalidad.
Ambos guardaron silencio. Theo volvió a suspirar y prosiguió a cerrar la llave... hizo un silencio fantasmal.
-Ve a ver a Luna -dijo Gregory- Luego...
-Esperaremos a Draco y le contaré todo... inclusive lo de Pansy -Gregory asintió.
-Ve, yo me encargo de distraer a Hermione hasta que tú y Luna... hablen. Luego veremos que hacer con tus... ojos.
Theo le agradeció con la mirada antes de murmurar unas palabras en voz baja y dirigir la varita hacia sus ojos. Su característico color azul eléctrico volvió a la vida, brillando con cierto nerviosismo.
Era hora de intentar aclarar algunas cosas... de tener a Luna de nuevo entre sus brazos.
Salio de los dormitorios de Slytherin sin más demoras. Sin dirigir una sola mirada a los críos de primer año que estudiaban en la Sala Común, sin siquiera dirigir una mirada desdeñosa a los estudiantes de las distintas casas.
Justo a dar la vuelta en el recodo que lo llevaría a las escaleras y en seguida a la torre de Premios Anuales se topó de frente con Minerva McGonagall y no se perdió el brillo de preocupación que tenía antes de ocultarlo con una mirada severa.
-Señor Nott, por lo visto nos ha honrado con su presencia -dijo, con ese tono lleno de censura que siempre le dirigía a los Slytherin. Theo evitó rodar los ojos.
-Tenía unos asuntos importantes que resolver, profesora McGonagall -dijo- Pensé que el Director Snape se lo había mencionado -agrego con cierta satisfacción al ver la ligera chispa de enojo que demostró en sus facciones la vieja bruja.
-Tal vez lo habrá mencionado -admitió- Eso no quita el hecho de que tiene muchos deberes y temas que estudiar, señor Nott.
-Sí, yo... -la excusa que estaba a punto de soltar murió en sus labios. Hermione había aparecido de la nada, bajando los escalones con su andar soberbio y elegante que había aprendido a lo largo de los años en Slytherin. Al ser un domingo soleado, vestía un pantalón muggle negro y una blusa de tirantes blanca. Parecía estar sumida en sus propios pensamientos antes de enfocar su mirada en él.
Se paró en seco.
McGonagall al darse cuenta que su atención había sido robada, se giró dando la cara a la recién llegada.
-Señorita Granger -anunció McGonagall, con un brillo de molestia y satisfacción iluminando su rostro por unos segundos. Hecho que no se perdió ninguno de los Slytherin
-Justo iba a su despacho, profesora McGonagall -soltó Hermione con voz suave antes de posar sus orbes color miel en los azules de Theo- Nott -escupió, con veneno.
-Sangre su... -se mordió la lengua al recibir una mirada de enojo por parte de McGonagall- Granger... -soltó con asco.
-¿Regresando de alguna misión que te haya encargado tu amo? -preguntó con falsa curiosidad, colocando una mano en su cadera y mirándolo con furia- Y me refiero a El-que-no-debe-der-nombrado, claro... no a Malfoy -soltó con burla cruda. Theo se mordió la lengua, evitando dar un paso atrás.
Hermione estaba enojada. No. Estaba furiosa. No había hecho bien al solo largarse sin más ahora lo entendía. Tan bien como que Draco no le había mencionado nada.
Estaba en serios problemas.
-Señorita Granger, hoy termina su castigo conmigo. No me haga darle otro -advirtió McGonagall.
-Ya oíste, sangre sucia -se mofó Theo, caminando hacia ella evitando tocarla. Hermione podía lanzar un maleficio tan rápido como él podía transformarse, no iba a cometer la estupidez de acercarse demasiado a ella y darle cancha libre- No hagas enojar a la maestra.
-¡Señor Nott! ¡Cien puntos menos para Slytherin! ¡Y tendrá que limpiar la sala de trofeos sin magia! -gritó con severidad McGonagall. Theo puso los ojos en blanco, dándole la espalda a la maestra mientras le sonreía a Hermione.
-Si, profesora -soltó con burla. Hermione reprimió una sonrisa antes de fingirse indignada.
-¡Pero yo también soy de Slytherin! -se quejó mientras Theo se alejaba de ellas. Escucho a McGonagall gritarle un par de palabras más antes de llegar lo suficientemente lejos como para perder de vista a ambas.
Hermione estaba castigada. Esperaba que el tiempo suficiente para hablar sin interrupciones con Luna.
Siguió caminando, mirando cada dos por tres detrás suyo por si Hermione había logrado zafarse de McGonagall. Traspaso la carrera encantada que Gregory había colocado en el pasillo para ahuyentar a cualquier estudiante que quisiera acercarse a la torre. Con un movimiento de varita la barrera se abrió dejándolo pasar, cerrándose detrás suyo una vez entró.
Los nervios lo traicionaron justo antes de llegar a la puerta, con sus piernas moviéndose tan rápido como podía empezó a sentirse aprisionado. Adolorido. Destrozado.
Como si su cuerpo estuviera cubierto en llamas.
Se sentía morir.
Ni siquiera pudo lograr llegar a las escaleras que llevaban al dormitorio de Luna. El dolor era tan intenso que ni siquiera podía expresarlo. Tan intenso que deseo sufrir una transformación ante la luna que sentir aquello.
Empezó a ahogarse, no podía respirar. Sus piernas no aguantaron más el peso y cedieron ante la presión, su cuerpo dolía de tal manera que no pudo poner las manos para no darse de golpe en la cara. Intentó rodar, pero no pudo.
Intentó levantar su varita, pero era imposible.
No podía ni pensar. Hablar o articular palabra. Látigos de dolor le recorrían todo el cuerpo. Su visión se volvió borrosa y el ligero aroma que había captado de su amada quedó enterrado en el penetrante olor de madera quemada.
Algo se estaba quemando. Algo bajo aquellos químicos y pociones. No entendía que sucedía, algo pasaba pero no podía entenderlo.
Debía levantarse, buscar ayuda. Sentía la varita en su mano pero la magia no fluía dentro de él. Como si se hubiera apagado.
Como si se hubiera esfumado.
Segundos después perdió el conocimiento.
Aula de Transformaciones.
12:13 p.m
Hermione era la bruja más inteligente de su generación, posiblemente la más inteligente de las últimas tres generaciones como mínimo. Era un pilar de confianza entre los suyos y su imagen a simple vista demostraba a una pequeña hija de muggles que quedó en el lado equivocado del colegio. Así que por ese simple hecho, la mayoría de los demás estudiantes llegaban a verla con cierta lástima.
La subestiman de sobre manera.
Los Hufflepuff la trataban con simpatía. Los Ravenclaw con curiosidad contenida por su gran cerebro y los Gryffindor, la mayoría de las veces en donde no la criticaban, con compasión. Hasta el año pasado cuando había lanzado una maldición imperdonable al Elegido.
Desde ese momento todos la trataron con cierta... desconfianza.
Pero los maestros nunca habían sido tan estúpidos como sus estudiantes. Habían logrado desentrañar a una chica astuta, ambiciosa y con ansias de grandeza. Siempre se esforzaba para demostrar que ella era la mejor entre los Slytherin.
La mejor entre todos.
Así que ellos siempre fueron más cuidadosos alrededor de ella. Manteniendo sus emociones al margen porque Hermione podía leerlas con facilidad.
Por lo tanto entendía que La Orden del Fenix estaba a punto de dar su primer paso. Algo que era suficientemente importante como para poner a McGonagall nerviosa y con sus barreras bajas.
Desde que se encontraron en el pasillo, McGonagall la había mirado con nuevos ojos. Como si quisiera dejar de lado su... desconfianza para con ella y tratará de encontrar algo que demostrara que Hermione no era como los demás Slytherin.
El problema es que lo era. Era una Slytherin hasta la médula. Y estaba a punto de anotar el primer punto para tener a Potter en sus manos.
-Señorita Granger -Hermione oculto una sonrisa ante el carraspeo nervioso de McGonagall. Levanto la mirada, retirando el cabello sobre su hombro para mirar con falsa confusión a la maestra.
-¿Sí, profesora McGonagall? -preguntó, golpeando con la goma de su lápiz muggle el pupitre. Justo en frente del escritorio de la profesora.
McGonagall no se perdió ese pequeño tic nervioso. Hermione volvió a ocultar una sonrisa.
-¿Nunca se ha preguntado porque razón el sombrero seleccionador la envió a Slytherin? -una grieta se abrió en la armadura de la castaña. Sus hombros se tensaron hasta tal punto que parecía un gato cuando se sentía amenazado.
¿Que si nunca se había hecho esa pregunta? ¡Claro que sí! ¡Cada día de cada semana!
-Sí -Hermione parpadeó para alejar su mirada aturdida pero McGonagall ya la había captado- Pero no es como si todos no se lo hubieran preguntado. Disculpe mi insensatez, ¿pero adónde quiere llegar, profesora? -preguntó con sospecha.
McGonagall soltó un suspiro cansado, miró los pergaminos en su mesa antes de levantarse. Camino con parsimonia, con la mirada perdida antes de pararse frente a ella.
-El sombre seleccionador es un artefacto mágico muy poderoso. Creado por los fundadores de Hogwarts -dijo, aunque ambas sabían aquello- Sabia que venían tiempos oscuros... tal vez fuiste elegida en Slytherin para poder luchar con el lado de la luz desde adentro.
-Se refiere... ¿cómo a una espía? -se mofó Hermione- No se ofenda, profesora. Pero esta guerra... no estoy dispuesta a luchar por unos ideales que no tomo como propios.
-¿Pero estas dispuesta a dejar que el lado oscuro gane cuando tú, entre muchos otros, saldrán lastimados? Recuerda que se esta luchando por la pureza de la sangre, o al menos así lo ven los mortífagos -dijo, con voz severa.
-¿Que quiere realmente, profesora? -espetó Hermione. McGonagall la miró con una ceja enmarcada provocando que Hermione soltara una risa desdeñosa- No soy estúpida. Yo no le agrado y, sinceramente, usted no me agrada a mí. Así que esta charla de valores de moral y ética no está funcionando.
Hermione no se perdió del destello de enojo que brilló en los ojos de McGonagall.
-Queremos que te unas a la orden.
Esa no se la esperaba.
Ni en un millón de años.
-¿Qué? -jadeo, mirando a todos lados como si estuvieran jugandole algún tipo de broma- ¿Disculpe? -miró anonadada a Mcgonagall. La vieja bruja suspiró.
-Los miembros de la Orden quieren que te unas a... nosotros -murmuró, moviendo su varita. El lápiz en las manos de Hermione se transfiguró en el famoso Guardapelo de Salazar Slytherin- Lo único que tienes que hacer es traerme esta reliquia.
A la castaña casi se le escapa una risa de entre los labios.
-¿Y que obtengo yo? -preguntó, tratando de reprimir su sonrisa y mirando con intensidad a McGonagall.
-¿Sobrevivir a la guerra no es suficiente?
-No -sacudió su melena y se cruzó de brazos mirando con soberbia a la bruja- Y, si están buscando... enlistarme en sus tropas -se le escapó una risa- Es por que necesitan realmente mi ayuda -miró el guardapelo- Y he de suponer que el guardapelo de Salazar Slytherin está en algún lugar al que ustedes, con sus infinitas conexiones, son incapaces de llegar.
-¿Qué es lo que quieres realmente, Hermione? -preguntó con reticencia. La Slytherin sonrió con sus ojos brillando con astucia.
-Todo -su sonrisa se ensanchó aún más al ver la mirada confundida de la profesora- Quiero que Potter, si gana esta guerra, diga ante las cámaras. Las revistas, los diarios, el mundo mágico entero que si no fuera por mí, no hubiera logrado ganar. Quiero que usted y la Orden entera firmen un indulto por los crímenes que Blaise a cometido.
-¿A que se...?
-Oh, por favor -Hermione resopló sin gracia mientras rodaba los ojos- Estoy segura de que están al tanto de que Blaise es un espía de Bellatrix Lestrange...
-Señorita Granger...
-No me interrumpa -cortó la castaña- Gregory y yo lograremos traerlo de vuelta. Le haremos recordar quién es realmente así que quiero que su Orden firme un indulto para él -McGonagall tenso la mandibuja- Quiero estar en las juntas y Gregory vendrá conmigo.
-¿Eso es todo? -preguntó con un toque de burla. Hermione bufó y con un movimiento de manos su pergamino y el guardapelo volaron dentro de del bolsillo de su falda. Se levantó con gracia y sonrió con recato a la profesora.
-Con su permiso -masculló, girándose sobre sus talones y caminando hacia la puerta del aula.
-Trae el guardapelo y tendrás todo lo que deseas -Hermione sonrio abiertamente sabiendo que McGongalla ya no podía verla.
-Nos vemos en clase, Minerva -dijo con voz burbujeante al salir de aula. Su cabello se movía de un lado al otro, al compás del balanceo de sus caderas.
Cualquiera que le viera pasar podría adivinar que la castaña había obtenido lo que más deseaba en la vida. Su sonrisa, tan altanera como la de Draco Malfoy. Su mirada, tan astuta como la de Theodore Nott y su andar tan coqueto como el de Blaise Zabini demostraban lo que realmente era.
La reina de Slytherin.
Si la Orden no fuera tan estupida y confiada, se habrían dado cuenta que dejaron entrar al cerebro de la operación. Y, qué si Hermione quisiera, ellos hubieran perdido antes de siquiera mover una pieza del ajedrez.
Pero, como sus últimos siete años de vida, Potter tenía una suerte inmensa. Hermione no quería que Lord Tenebroso ganará la guerra así que mientras la Orden pensaba que había movido a su primer peón, los Slytherin habían movido a su reina.
Y tanto Lord Oscuro como Harry Potter estaban en jaque.
Pasillos de Hogwarts.
12:34 p.m
Una especie de sentimiento de nostalgia invadió al mortífago mientras recorría los pasillos desiertos de Hogwarts en compañía de una muy silenciosa Pansy. Snape le había mandado a llamar hacia solo veinte minutos y su voz en el Patronus había sonado muy... recelosa, así que no tardo en salir de Malfoy Manor.
Ni cinco minutos después se encontró de frente a Severus Snape y una muy pálida Pansy pero ninguno dijo palabra alguna. Por más que pregunto que sucedía, la chica había negado con gesto tembloroso y le había pedido que la llevara a la Torre de Premios Anuales.
Por lo visto, era más cómodo hablar ahí donde de momento no había nadie. Así que la siguió sin dudar; disparando miradas cada dos por tres a la chica por miedo de que su tembloroso cuerpo se derrumbara.
-¿Segura estas bien? -preguntó, justo cuando llegaban a una barrera. La Slytherin asintió mientras hacia un movimiento de varita, la barrera se abrió dejándolos pasar- ¿Qué fue eso?
-Una protección extra para los mortífagos... los hermanos -se corrigió, rascando con aire ausente la marca tenebrosa en su brazo izquierdo- Y de algunos estupidos Gryffindor.
Vincent miró por sobre su hombro viendo como la barrera se cerraba detrás suyo. Se encogió de hombros y siguió caminando por el pasillo. A la puerta de entrada, enmarcada por gruesas baras de plata, mostraba a una mujer de casi treinta años con una manzana roja en la mano. Detrás de ella, en un árbol de tallo bajo, una serpiente bajaba por su coraza.
-Lindo... -masculló el mortífago, cruzándose de brazos.
-Argentum Daily... -la gruesa puerta se abrió, lanzando una ráfaga de neblina negra. Vincent se cubrió el rostro con sus antebrazos momentos antes de que Pansy se colocara delante suyo- Traigo invitados -la neblina negra, que empezaba a enrollarse alrededor de los pies de Vincent, haciendo presión, se esfumó de inmediato.
-¿Qué demonios fue eso? -preguntó el ex-Slytherin, viendo con una cantidad de respeto y horror el palido rostro de Pansy. La chica le sonrió.
-Un encantamiento de protección, te dije -murmuró- Hermione lo encontró en la Seccion Prohibida, si alguien es lo suficientemente inteligente para lograr abrir la primera barrera... -se encogió de hombros- Entonces, deberá ser aún más poderoso, o rápido, para poder librarse de ésta.
-Pensé que se quedaban en la Sala Común de Slytherin -dudo. Pansy asintió, ausente.
-Deberías estar loco o ser muy poderoso en encantamientos oscuros para entrar a nuestra Sala Común... -sentenció, entrando a la sala de los Premios Anuales. Vincent suspiró, entrando detrás suyo.
La estancia, diferencia de la de Slytherin, era más... soleada. Los rayos de la estrella de fuego entraban por el ventanal de fragmentos verduzcas y plateados de lado izquierdo del lugar. Una chimenea de mármol blanco abría paso a unas escaleras que suponía llevaban a las dos habitaciones de los Premios Anuales.
Una pequeña biblioteca del lado derecho y la pequeña cocina al frente del ventanal. Todo decorado por colores verdes o platas, algunos negros como los sillones que rodeaban la chimenea. Al final, el estandarte de las serpientes se alzaba por encima de la chimenea.
-Asombroso... -el grito de Pansy le puso el cabello de punta. Sacó la varita con velocidad, con mil y un encantamientos bailando en su lengua.
La pelinegra, ignorante de la sensación de asombro que la sala estaba presionando en su... pareja, se había dispuesto a sentarse en el sillón más grande cuando vio a Theo tirado en el suelo, envuelto en un brillo azul. Hilillos de sangre caían por su nariz y comisura de su boca con una gran mancha de sangre en su camisa, justo donde estaba la mordedura de Greyback.
No pudo reprimir el grito que salió de su garganta antes de correr a su amigo, con Vincent pisándole los talones cuando se dio cuenta de la fuente de su angustia.
La Slytherin se arrodilló a un lado del cuerpo inconsciente del hombre lobo, tratando de encontrar alguna herida fuera de la marca de maldición pero Vincent impidió que lo tocara.
-Espera -la tomo por la muñeca- Ese halo... -señaló con un movimiento de cabeza el brillo azul- ... es su magia.
-¿¡Qué!? -aulló la chica, mirando atónita a Vincent. El chico hizo una mueca.
-En cuarto grado, cuando acompañamos a Hermione a todos lados por culpa de Krum... y Draco; ella estaba investigando sobre la historia de la magia... -miró a Theo, envuelto por su magia- Vi una imagen, parecido a esto... Algo malo está ocurriendo... -Pansy jadeó- ¡Especto Patronum! -un mapache de luz salio de la varita del mortífago- Busca a Hermione, Gregory y Snape... diles que es urgente -el mapache dio un giro alrededor de ambos chicos antes de salir saltando por el vitral.
-Vincent, estas asustándome -se quejó la chica, disparando miradas entre ambos chicos. Vincent suspiró.
-Esa imagen... esto... -señaló a Theo- Su magia esta desapareciendo.
Pansy jadeo, echándose hacia atrás como si Theo tuviera algún tipo de enfermedad contagiosa. Se arrastró hasta quedar pegada a los pies de sofá y protegió su estómago plano con ambos brazos en un acto inconsciente. Miró asustada la magia que envolvía a Theo cuando otra imagen golpeó su cabeza.
-Luna... -murmuró.
-¿Qué? -Vincent se giró hacia ella, mirándola con el ceño fruncido.
-Luna... ¡Luna! -se levantó de un salto y subió corriendo las escaleras que daban a la habitación de la Ravenclaw. Abrió con fuerza la manija de la puerta y un grito ahogado salió de su garganta. La rubia estaba envuelta por el mismo tipo de brillo- ¡Oh, por Salazar! ¡VINCENT! -gritó, pero el chico ya se encontraba detrás suyo.
-¿Qué demonios? -exclamó, tomando del codo a Pansy y sacándola del dormitorio. Bajaron las escaleras con velocidad.
-¿Deberíamos enviarle un Patronus a Draco? -indagó Pansy, mirando temerosa el cuerpo de Theo. Vincent soltó un silbido.
-Draco está en una misión.
-Pero...
-Es demasiado importante para que regrese.
-¡Theo también es importante! -recriminó
-¿¡Crees que no lo sé!? -gritó, mirándola con enojo- ¡Cada quien tiene un libreto que seguir! ¡Apegate al tuyo Pansy y deja a los demás cumplir el suyo! Hermione y Snape pueden deducir lo que sucede, no necesitamos distraer a Draco.
-¿Por qué siempre tienes que cumplir al pie de la letra lo que te pide Draco? -se quejó Pansy, mirando con veneno al chico. Vincent le regresó la misma mirada.
-Alguien tiene que hacerlo -escupió- Ya que parece que ustedes están jugando al gato y el ratón con los Gryffindor.
-Tú no tienes ni idea de lo que hemos pasado aquí dentro -siseo. Vincent soltó una risa sin humor.
-Claro que no, Pans. No tengo idea -negó- Ha de ser muy difícil vivir protegidos por las barreras del castillo.
-¡Los hermanos Carrow...!
-¡Son un par de inútiles! -gritó Vincent- Por favor, si fueran mortífagos peligrosos Draco no hubiera permitido que entraran a Hogwarts.
-Vete al infierno -escupió Pansy, con lágrimas en los ojos- No sabes lo que hemos pasado. Las miradas, los murmullos, los empujones que hemos recibido. ¡Todos nos tratan como si fuéramos el enemigo!
-¡LO SOMOS! -Vincent soltó un puñetazo contra la chimenea- ¡Lo somos! ¡Carajo! ¿Qué no te has dado cuenta? ¡No luchamos por Potter! ¡Lo hacemos por nosotros, por Hermione, por Theo! Inclusive por el traidor de Blaise. Nada más, Pansy. No por Potter. No por la Orden. No por el mundo mágico. ¡Por nosotros!
-Entonces tal vez deberíamos dejar de ser egoístas -siseo la Slytherin, con las lágrimas cayendo por sus mejillas- No quiero vivir en un mundo donde Lord Oscuro sea el ganador. O donde los sangre pura se sientan más privilegiados que el resto... donde... donde solo habrá sufrimiento. No quiero vivir en un mundo donde mi hijo tenga miedo de hasta su propia sombra.
La respiración de Pansy era errática. La de Vincent no se quedaba atrás, pero debido a la reciente declaración de la mortífaga su respiración quedó atascada en su garganta.
-Por Cirse, Pans... -se restregó el rostro con fuerza- No creo que sea el momento para pensar en bebés. Hay cosas más importantes.
-Siempre hay cosas más importantes, ¿no? -Pansy tragó grueso- Entonces lo hubieras pensado antes de embarazarme.
-¿¡Qué!? -la cabeza de Vincent se giró tan rápido que Pansy temió por un segundo que se rompiera algún hueso. Los ojos del chico miraban atónito su rostro antes de desviar al mirada al estómago envuelto por los brazos de la chica. Ahora fue él quien tragó con fuerza.
-Hmm... ¿quieren que volvamos después? -la voz de Hermione los tomó por sorpresa a ambos. Pansy se giró sobre sus talones y la atención del chico cayó en la castaña, que era acompañada por Gregory y Snape. Ambos hombres miraban un poco avergonzados a la pareja.
-No.. uh. Esta bien -murmuró Pansy, limpiándose las lágrimas- Es Theo.
-¿Qué ocurre con él...? ¡Oh, Salazar! -gritó Hermione, corriendo el cuerpo inconsciente de su hermano. Había estado a punto de tocarlo antes de pensarlo mejor.
Snape y Gregory se apresuraron detrás suyo.
-¿Había visto algo como esto antes, profesor? -preguntó Pansy, disparando una mirada a Vincent. El mortífago aún mantenía su mirada en ella.
-No... había leído sobre ello pero...
-Lovegood está en la misma situación -concedió Vincent.
-Demonios -bufó Gregory.
-¿Deberiamos... colocarlos juntos? -preguntó Hermione- Tal vez podría ser un efecto secundario del enlace.
-¿Enlace? ¿Qué enlace? -los chicos se tensaron ante la engañosa quietud en la voz del director.
-Bueno... uh... -Gregory tragó- Es una larga historia.
-Seguro que sí -Snape negó- Les he dicho cientos de veces que antes de hacer algo me consulten.
-Pero Draco...
-Por Morgona -Snape suspiró- Ya hablaré con él cuando regrese -con un lento movimiento saco su varita mágica del bolsillo de su túnica negra y la sacudió con armonía. El cuerpo de Theo se levantó del suelo, levitando a poco menos de metro y medio- ¿Donde está Lovegood?
-En... la que se supone sería mi habitación -murmuró Hermione con las mejillas sonrojadas. Lo que menos que quería era otro regaño pero Snape solo tensó la mandíbula y apretó los labios en una fina línea como si se contuviera de decir algo.
Se adelantó al cuerpo de Theo y subió las escaleras, con el chico inconsciente flotando detrás de él, un estupefacto mortífago, una inestable mortífaga y dos chicos avergonzados por sus recientes acciones.
Entraron en un tenso silencio a la habitación de Luna, viendo con aprehensión el cuerpo de la rubia. Con otro movimiento de varita, Snape dejó el cuerpo de Theo a un lado del de la chica.
-¿¡Pero qué...!? -justo cuando el cuerpo del hombre lobo tocó la cama, se levantó de golpe junto al de su amada. El brillo mágico se alzó, como llamas violentas de una chimenea.
La magia que los envolvía los abandonó, dejándolos fríos sobre el colchón. Con completa atención, los cinco presentes vieron como la magia de ambos chicos bailaban algún tipo de melodía antes de dar un giro violento y volver a los cuerpos de Theo y Luna, con una excepción.
-La magia de Theo... -Gregory miraba atónito como un ligero resplandor hacia brillar a ambos chicos antes de apagarse por completo. Ninguno despertó.
-Se adentró en el cuerpo de Luna -jadeo Hermione, corriendo hacia su hermano y tomándole el pulso. Había.
-¿Podrían decirme qué está sucediendo? -preguntó Snape con furia contenida. Pansy sufrió un escalofrío.
-Nosotros... podríamos... uh...
-Dejamos que Luna y Theo se unieran -simplifico Vincent, sin dejar de mirar a Pansy con un extraño brillo en sus ojos- Durante la luna llena.
-¡Por Salazar! -bufó Snape, dejándose caer sobre los pies de la cama.
Ninguno mencionó nada hasta que Hermione rompió el silencio con un carraspeo.
-Supongo que este es un mal momento para comentar que los ojos de Luna son... dorados, como los de Theo cuando se transforma -Snape la vio de hito en hito- Y que no han vuelto a la normalidad.
Gregory se removió en su lugar, estrujó sus manos con fuerza y miró con cierto arrepentimiento a su mentor.
-Supongo que es aún peor momento mencionar qué... mmm -se mordió el labio cuando captó la atención de Snape- ... los ojos de Theo también son dorados. Dijo que no han vuelto a la normalidad desde hace dos días.
-Joder... -Snape suspiró.
-Por no hablar que la Orden del Fenix sabe que tenemos el Guardapelo de Salazar Slytherin -todas la cabezas se giraron a Hermione. La chica sonrió apenada- Además del hecho que me han invitado a unirme a sus filas. A Gregory y a mi.
Snape jadeó. Esto no podía ir peor.
Torre de Premios Anuales.
Sala Común.
1:20 p.m
Pansy veía con relativa calma como las llamas de la chimenea, que Vincent había encendido, bailaban con el aire. Tan azules como recordaba los ojos de Theo; una punzada la golpeó.
Sus manos se apretaron con fuerza alrededor de la taza con café. Un café tan frío como sentía su cuerpo a pesar del ambiente cálido que Vincent se había esforzado en cultivar para ella.
-¿Cómo te sientes? -Pansy resopló con la pregunta. El ex Slytherin soltó un suspiro bajo- Pansy... lo siento.
-¿Lo sientes? -soltó una risa sin gracia, limpiándose la lágrima que se había escapado y se negó a mirar al chico sentado a un lado suyo- ¿Qué sientes exactamente? ¿Dejarme todo este tiempo tirada en Hogwarts sin dignarte a una visita a menos que Draco te lo pida? ¿O haberme embarazado?
Vincent soltó un suspiro adolorido, recargo sus codos en sus piernas y se restregó el rostro con fuerza. Se sentía tan... cansado de la vida.
-Siento no haberte visitado a pesar de...
-¿De ser tu esposa? -se mofó Pansy. Vincent frunció el ceño.
-¿Me dejas hablar? -la ataco- No puedo formular una disculpa si no paras de atacarme, Pansy -se quejó el chico, por fin atrayendo la mirada furiosa de Pansy- ¡Lo siento! ¿Vale?
-No, no vale -siseo Pansy. Vincent se levantó de un tirón, colocándose en frente de ella.
-¡Cierra la maldita boca! -gritó, tomándola por sorpresa- ¡Lo siento! ¿Si? Siento mucho no haberte venido a ver por cuenta propia pero no siento que estés embarazada -siseo para asombro de la mortífaga- Siento no haber tenido el valor de enfrentarte después de haberte quitado la única opción que te quedaba. ¡Lo siento mucho, Pans!
-¿De qué hablas? -jadeo Pansy- Draco...
-Draco no me pidió nada -Vincent miró con gesto de derrota a Pansy- Yo fui solo. En contra de su palabra.
-Pero Carrow... él quería...
-Desposarte -el chico asintió- Pero, aún así, yo solo... -miró a otro lado- ... era la única oportunidad que tendrá en toda mi vida. Así que la tomé.
-¿Qué...?
-Toda la vida, Pansy... -Vincent rió sin gracia- Lo que parece toda una vida -admitió- Un año, dos... ¿qué más da? En tiempos como estos los días se hacen años y los meses décadas -murmuró- He esperado que mires más allá de Pucey, Weasley... inclusive de Potter -rió- Y luego, Adrián muere... Weasley, bueno, siempre fue un idiota y Potter parecía ser el demonio personal de Blaise. Yo solo... yo solo quería que fueras mía. Me equivoqué... no debería haberte encerrado en un matrimonio sin salida solo por mi... egoísmo.
Pansy miró atónita como Vincent parecía derrumbarse a pedazos. Secreto tras secreto. Mentira tras mentira. Su mejor amigo cuando las únicas que creyó de confianza le dieron la espalda. Su confidente y protector cuando vio lo que el mundo realmente era.
Vio como Vincent se dejaba caer sobre la mesa de cristal y ocultaba su rostro entre sus manos. Sus hombros empezaron a sacudirse. Podía ver las cicatrices de sus brazos, ese tatuaje muggle que se vislumbraba por debajo de la manga de su playera negra.
Él había mentido para tenerla. ¿No es eso lo que siempre había querido? ¿Que alguien la amara sin importar qué tan perra y caprichosa podría ser? Y ahí estaba él, disculpándose por todo excepto por darle un bebé que nadie esperaba.
Se levantó con piernas temblorosas y se arrodilló enfrente del chico, tomándolo de las muñecas y obligándola a verla. Había lagrimas en sus ojos y parecía tan cansado como se sentía ella. Tantos fantasmas opacando el brillo de sus orbes azules.
¿Qué había pasado para que perdieran todo rastro de infancia?
La guerra. Eso había pasado.
-¿Me amas...? -preguntó, realmente asustada por la respuesta. Vincent le regaló una sonrisa llorosa y rozó con ligereza su mejilla.
-Sí, lo hago... -Pansy tragó con fuerza, dejando caer las lágrimas que retenía.
-No se que hacer -confesó con voz llorosa- No lo sé -lloró- No quiero ser una mala madre y ni siquiera quiero ser una -confesó su horrible secreto- No sé como serlo y la guerra... la guerra está sobre nosotros.
-Hay clínicas muggles, Pansy -murmuro Vincent con cierto pesar- Donde pueden... donde ellos...
-Lo sé, pero... -miró aterrada a sus manos, en algún momento Vincent las había tomado y ahora estaban envueltas por aquellas manos llenas de cicatrices- ... No creo ser capaz de volver a tener un bebé, sabes como funciona. Sobre todo en familias de sangre pura.
Vincent suspiró.
-¿Qué es lo que quieres hacer? -preguntó en un murmullo- Dímelo, te apoyaré.
Pansy soltó un suspiro lloroso. Vincent se levantó, la tomó en brazos y la llevó al sofá, sentadola en su regazo. La pelinegra se acurrucó en su pecho, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello.
-Vamos a tenerlo -susurró después de lo que a Vincent se le hizo una eternidad. El miedo arraigado en su pecho hizo que apretara con fuerza a Pansy, como si quisiera protegerla de si mismo.
Se quedaron en silencio, envueltos en una nube de dudosa tranquilidad.
Hogsmeade.
3:47 p.m
La mirada de Blaise recorría con cierta parsimonia los movimientos de la hindú sin perderse detalle alguno de la pequeña rutina que tenía la chica y de la que Blaise ya se había hecho consciente.
Empezaba moviendo su mano sobre el pómulo, como si buscara la montura de unos lentes y al no encontrarlos seguía derecho hacia su cabello, metiendo un mechón detrás de su oreja. Segundos después se mordía el labio, mirando con completa concentración lo que sea que necesitara su atención.
En ese momento era una pluma de plata. De tinta inagotable.
Era sencilla y aún así demostraba elegancia y belleza. Justo como Padma.
-¿Va a comprarla? -preguntó el anciano, mirando ciertamente con cansancio a la chica que ya llevaba más de cinco minutos admirando la pluma. La concentración de Padma, ante las palabras del viejo mago, se rompió provocando un ligero gemido a Blaise.
Había visto como el brillo se apagaba en los ojos de Padma. Otra cosa que había aprendido de ella, era que siempre media los pros y los contras de una decisión.
Algo que no había hecho con él.
-Sí. Lo compraré -dijo. El anciano asintió.
-Tres galeones y cuatro Knuts -pidió el anciano.
-Eso es demasiado para una pluma de plata -se quejó la Ravenclaw. El anciano se encogió de hombros.
-Tomalo o déjalo -los labios de Padma se crisparon de indignación. Blaise volvió a suspirar, metiendo la mano en el bolsillo de su pantalón y sacando cuatro galeones. Los dejó caer con gesto aburrido en la barra de madera vieja y vio como el anciano, con un movimiento de varita, metía la pluma en su caja seguida de una bolsa blanca de asas de cuerda y se la tendía a Padma.
-Pero...
-Vamonos -apuro Blaise sin esperar cambio. Tomo la bolsa con sus propias manos y guió a Padma fuera de la tienda. Inspiró el aire otoñal de Septiembre y envolvió su brazo alrededor de los hombros de Padma.
La chica encajaba perfectamente contra su costado.
-¿Quieres una cerveza de mantequilla? -preguntó, girando su cabeza hacia ella. La atención de la Ravenclaw ya estaba puesta en él y el inconfundible ceño fruncido por el enojo brillaba en su rostro. Blaise sonrió con malicia- Vamos, no he comido en todo el día. El tipo del correo tardó mucho en encontrar mis paquetes, por no mencionar que tardaste una hora y media checando plumas -se mofó. Padma vaciló, miró a todos lados y Blaise pudo deducir que estaba midiendo su siguiente paso.
-Está bien, pero solo una -acepto. Blaise sonrió, triunfante. Siguieron su camino hacia Las Tres Escobas.
El acogedor lugar era muy distinto a la taberna de Cabeza de Puerco, el lugar que solía frecuentar para hablar con Bellatrix. Para delatar a Draco Malfoy y sus compinches.
Desechando aquellos pensamientos, instó a Padma para que escogiera una de las mesas, a fin de cuentas, el lugar estaba casi vacío. Sonrió a la rubia y le pidió dos tarros con cerveza de mantequilla; pagó y después ocupó un asiento al lado de Padma. Colocando ambas cervezas al centro de la mesa junto a la bolsa.
Bebió un corto trago, mirando con completa fascinación como Padma tomaba el suyo. Al igual que todo lo que hacia, tenía una rutina. Tomaba tiempo, meditaba sus opciones y después llevaba acabo su acción.
-¿Sabe rico, no? -preguntó Blaise, sin burlarse. Padma sonrió escueta, con las mejillas un poco sonrojadas.
-Sí, es el primero que tomo -murmuró y dio un segundo trago. Blaise sonrió, encantado con la vida. Podía ver como Padma se removía en su asiento, miraba por la ventana tratando de aparentar tranquilidad. Segundos después, sus oscuros ojos cayeron sobre él. Pareció recorrerlo con la mirada, como si quisiera grabar aquel momento en su memoria. Blaise hubiera dado su brazo derecho por saber que pensaba. Por adentrarse en su cabeza y conocer sus más profundos secretos.
¿Ahora qué digo? ¿Debería agradecerle por la pluma o decirle que no debería haberla comprado? ¿Se sentiría incómodo si le digo que no debería haberla comprado? ¡Rowena! Esta mirándome fijamente, debería estar diciendo algo... Di algo... di algo... ¿sería muy raro si le hablo de que el veneno de acromántula vale cien galeones por litro?
Blaise se atragantó con la cerveza. Jadeo, en busca de aire y se llevó la mano a la cabeza. El líquido se le escurría por las comisuras de los labios.
-¿Estas bien? -Padma miró un poco preocupada a Blaise. El Slytherin asintió, restregandose la barbilla con fuerza mientras tosía.
-Sí... -tosió con fuerza- Perfecto -se mofó, sacando un pañuelo de tela con sus iniciales grabadas en una esquina. Lo había encontrado esa mañana en su cómoda.
Uso el pañuelo para limpiar la cerveza derramada en la mesa.
-¿Seguro? -frunció con ligereza su ceño. Blaise sonrió con tranquilidad, dejando de lado su pequeña escena.
-Sí, preciosa -la miró divertido. Las mejillas de Padma se prendieron con un rojo fuerte mientras daba otro trago, tratando de ignorar la mirada del moreno- ¿Qué ocurre? ¿Te molesta que te llame así? -preguntó, viendo como la chica fruncía el ceño. Deseo poder volver a introducirse en su mente pero empezaba a notar como su cabeza palpitaba.
-Me incomoda -corrigió- Nadie me dice así.
-¿Ni tus padres? -enarcó una ceja. Padma negó.
-Ni mis padres -admitió.
-¿Tu hermana gemela? Digo, son gemelas.
-Parvati es más bien... -dudo.
-¿Una lindura artificial? -Padma frunció el ceño.
-¡Blaise! -reprendió. Blaise soltó una risotada.
-¿Qué? -rió- Linda, tú eres perfecta tal cual eres. Ella parece necesitar kilos de maquillaje. Podrían ser gemelas pero por lo visto tú has sacado el encanto.
-¿Por qué los Slytherin siempre son tan...?
-¿Perfectos? ¿Encantadores? ¿Cautivadores? ¿Asombrosos? ¿Tan hermosos como un diamante labrado? ¿Ya mencioné asombrosos? -indagó con una sonrisa maliciosa. Padma negó, perdiéndose del chiste que parecía tejer Blaise.
-Cínicos... -Blaise volvió a reír con fuerza.
-Ustedes los Ravenclaw siempre son tan... racionales -negó con la cabeza- Te di un cumplido, belleza. Tómalo y agradece.
-Gracias -asintió. Blaise volvió a negar, tomando un trago.
-Bueno, sin sonar tan forzada -Padma abrió los labios para disculparse pero el moreno dejo el tarro de cerveza en la mesa con un golpe seco- No tienes que disculparte, linda. Ya hablaremos después de tus cualidades sociales.
-¿Y que hay de tus habilidades?
-¿Cuales?
-¿Las de humildad?
-¿De qué me sirve la humildad? -preguntó Blaise- Tengo un envidiable rostro, un asombroso cuerpo y mucho dinero. Por no hablar de mi cautivadora personalidad, ¿qué más podría pedir una chica? -sonrió con encanto. Padma volvió a fruncir el ceño.
-A las personas no les agrada que les restriegues en la cara todo en lo que eres perfecto y...
-Padma, mío caro -negó con gracia- Era una broma. ¡Cirse, Padma! Debes socializar más -bebio un trago antes de fruncir el ceño- ¿Has dicho que soy perfecto? -preguntó, mirando con un brillo pícaro a la Ravenclaw. Padma asintió sin más.
-Lo eres -admitió- La proporción de tu rostro es perfecta según los estándares de belleza. Tienes una altura y peso ideal, prácticamente idéntica a la de un...
-Vale, vale -Blaise bufó, dando el último trago a su cerveza de mantequilla- Tú le quitas lo divertido a la vida -soltó un largo suspiro al ver el rostro confundido de la hindú- Venga, vamos. Deberiamos haber regresado ya. El director Snape se pondrá furioso si se da cuenta que me tome más tiempo del que esperaba.
-¿Le pediste permiso, cierto? -indagó. Blaise asintió serio.
-Sí -Padma se dio por satisfecha, tomo un último trago de su bebida casi llena y bajo del taburete. Blaise tomó la bolsa con la pluma dentro y acompañó a Padma fuera del lugar.
Caminaron en silencio por el sendero que los llevaría a Hogwarts. El sol aún estaba en pleno apogeo y a pesar de las nubes grises, tardaría un par de horas en volverse negras y empezar a llover.
-Será una armoniosa noche -dijo Padma. Blaise asintió, como si lo entendiera.
-Te gusta la lluvia -declaró.
-En las noches, cuando escuchaba a mis padres hablando con Parvati mientras yo leía. Me daba un sentimiento de... compañía. Me hacia sentir que no estaba sola.
-No sabría decirte si la lluvia me provocaba algo antes de la pérdida de memoria -Blaise se encogió de hombros- Pero, ahora... No logra provocarme nada. Mis sueños... ni siquiera logro recordarlos cuando despierto.
-Debe ser horrible. Tener el recuerdo en su cúspide y perderlo al segundo siguiente... como cuando buscas la palabra correcta.
Blaise asintió, ahora perdido en sus pensamientos.
-Sí, es horrible.
Septiembre, 28. 1997
Malfoy Manor.
1:43 p.m
Draco se dejó caer con gesto abatido sobre el sofá de terciopelo negro. Sus pies reposaban sobre la mesita del centro de marfil y un vaso medio lleno con whisky de fuego reposaba en su mano.
Soltó un suspiro cansado.
-Llegaste -no pudo evitar suprimir un escalofrío. Había estado rodeado de hombres lobo todo el camino de vuelta y ahora, que había logrado deshacerse de ellos, no le apetecía que lo tomaran por sorpresa.
Abrio los ojos, con la mirada fija en la lámpara de cristal y dio un sorbo a su bebida antes de disparar una mirada a Vincent, que estaba por sentarse en el sofá de a un lado.
Podía ver sus hombros tensos y la mirada cautelosa que portaba pero él había estado rodeado de mortífagos así que no le tomó demasiada importancia.
-Fue un largo camino -suspiró- Los chuchos son demasiados... sentimentales. Por cualquier cosa brincan.
-¿Donde están? -preguntó. Draco se encogió de hombros.
-Donde deberían... ¿y Lucius?
-Huyó -Vincent disparó una mirada a la puerta de cristal. Había colocado una barrera y nadie se atrevía a pisar Malfoy Manor a menos que Lord Tenebroso lo pidiera- Pettigrew esta muerto.
-Al igual que McNair -repuso Draco- Lord no se lo tomará para nada bien... Theo debería estar aquí -mencionó después de un rato. Vincent sufrió un escalofrío que no pasó desaparecido.
-Hablando de ello -se rascó la mandíbula- Él está... fuera de combate.
-¿Qué significa eso? -su mirada, fría como el hielo, recorrió el rostro de Vincent- Tengo a cinco hombres lobo esperando una respuesta... ¿qué pasó con Theo?
-No tenemos idea -respondió Vincent- Snape quiere hablar contigo y Hermione gritarte.
Draco volvió a suspirar, mirando una vez más la lámpara de cristal antes de lanzar el vaso de vidrio hacia la chimenea. Vincent no pudo evitar pegar un bote al escuchar el sonido del vaso al romperse en mil pedazos.
-¿¡Por qué demonios no estabas vigilando a Theo!? -gritó, levantándose del sillón y mirando con furia contenida a Vincent. El chico se encogió.
-No estaba al tanto, ni siquiera sabía que había regresado -se defendió- Me mandaron a llamar... poco después de que llegara.
-¿Para qué? -siseo- ¿Qué puede ser más importante que tener un ojo puesto en nuestro plan? ¿Tienes idea de lo furiosos que se pondrán los hombres lobo? ¡Podrían delatarnos!
-Lo siento.
-Sí, deberías -lo fulminó con la mirada. Vincent miró a otro lado, arrepentido- ¿Por qué te mandaron a llamar si no fue Theo quien lo hizo? -cuestiono. Vincent soltó un largo suspiro.
-Pansy está embarazada.
-¡Joder! -Draco se restregó el rostro con fuerza- ¿Donde está...?
-En Hogwarts...
-Quiero que la lleves con Narcissa y los muggles.
-No creo que ella esté de acuerdo.
-¡Me importa una mierda, Vincent! -escupió Draco- Llevala hoy mismo. Iré a ver a Theo -tomo su túnica de encima del respaldo del sofá y se dirigió a la chimenea- ¿Alguna otra cosa que debería saber?
-Tenemos el Guardapelo de Salazar Slytherin en nuestro poder -musitó- Creo que Potter tiene una reliquia falsa.
Draco pareció temblar.
-Al demonio con Potter -escupió Draco- Yo mismo me encargaré de deshacerme de esos artefactos -tomó polvos flu del cuenco de plata sobre la chimenea- ¡A Hogwarts! -las llamas lo devoraron.
Aterrizo con gracia mientras fingía no ver a Snape sentado en el escritorio, mirando hacia la ventana. La mirada de su padrino cayó sobre él pero Draco ya se estaba dirigiendo a la puerta de salida.
-Bienvenido -el ex Slytherin asintió pero no frenó su andar. Abrio la puerta y la cerró de un portazo, bajando las escaleras como si lo persiguiera el mismísimo Merlín.
Dejó atrás la gárgola de piedra y siguió derecho sin fijarse mucho si alguien lo veía. Lanzo un encantamiento desilusionador encima suyo y siguió su andar hacia las mazmorras.
Desde el inicio de curso que no se adentraba en el castillo pero había vivido ahí sus últimos seis años de vida. Lo conocía lo perfectamente bien como para tomar atajos y evitar a gente indeseable.
Justo cuando llegaba a los pasillos de las mazmorras vio salir a varios estudiantes del aula de Pociones. Todos de sexto y séptimo curso.
Pansy no estaba por ningún lado pero reconoció a Helena Dolohov y Corvinus Rowle. Sus padres eran unos dementes totales, sobre todo el de Helena.
Su grisácea mirada cayó sobre Hermione que iba saliendo junto a Gregory del aula. Camino hacia ellos, evitando ser tocado por alguno de los otros estudiantes hasta que casi se topó de frente con Blaise.
El chico sonreía, como solía hacerlo antes de Greyback. Acompañaba a la gemela de Parvati Patil, Padma, esa chica de Ravenclaw que nadie solía tomar en cuenta. Hablaban en voz baja ignorando por completo a dos chicas de Hufflepuff junto a Ginny Weasley que parecía querer hechizarla con la mirada.
Ignoró aquello y siguió derecho hasta estar a solo un paso de Hermione que ya se dirigía junto a Gregory hacia la Sala Común de Slytherin. Llevado por un impulso, tomó uno de los mechones de Hermione y tiró con ligereza.
Los hombros de la Slytherin se tensaron, giró la cabeza hacia él sin poder verlo. Vio su ceño fruncirse antes de sonreír con malicia y seguir su camino hacia las mazmorras.
-¿Qué fue eso? -preguntó Gregory a un lado suyo. Hermione se encogió de hombros.
-Eso fue alguien a quien estoy a punto de gritarle. No te pierdas el espectáculo -le guiñó un ojo a Gregory y caminó con más rapidez hacia la Sala Común, seguida de cerca por ambos chicos.
Cuando llegaron al pasillo de la sala, Draco retiró el encantamiento. Retrocedió un paso cuando sintió la reacción de Gregory, que ya se giraba sobre sus talones con la mano aferrando su varita. El mortífago levantó ambas manos y sonrió con burla.
-Un poco tarde, ¿no crees? -siseo. Gregory jadeó y bajó de inmediato la varita. Hermione rodó los ojos.
-Podrias haber esperado a que entráramos, no puedes fiarte de nadie aquí -lo fulminó con la mirada mientras bajaba las barreras de protección.
-¿Donde está Theo? -preguntó en un susurro bajo.
-Dije que tenía que gritarte -masculló la castaña- Después puedes ir a ver a tu mandadero.
-Me despido -se escabulló Gregory, mirando con un brillo burlesco a Draco. El mortífago le sostuvo la mirada pero la sonrisa maliciosa de Gregory no desapareció mientras se alejaba de ambos.
Las barreras cayeron a la par de que Hermione murmuraba la contraseña. Tres barreras mágicas más y Draco estaba de nuevo en el único lugar donde se había sentido como en casa.
-No ha cambiado nada...
-Obviamente -se mofó Hermione, cruzándose de brazos- Solo te has ido un mes, no una década.
-¿Vas a gritarme? -preguntó el rubio mientras se dejaba caer en uno de los sofás de la esquina. Justo en el que estaba cuando Blaise les había contado aquella... disparatada historia de Diggory y Potter. Hermione se plantó delante de él, con las manos en la cadera.
-Estoy a nada de hacerlo -siseo la Slytherin- ¿¡Cómo se te ocurre...!? ¡Draco! -chilló, al caer de horcajadas sobre el regazo del chico. Su mirada quedó atascada entre el nudo de la túnica negra y el cuello de la camisa blanca que usaba Draco. Levantó la mirada furiosa- ¿¡Qué demonios!? -exclamó, intentando levantarse pero los brazos del chico ya tenían envuelta su cintura, haciendo presión para que le fuera casi imposible levantarse. Se sacudió violentamente con el enojo haciendo enrojecer sus mejillas- ¡Voy a molerte a base de Crucios si no me sueltas ya mismo!
-¡Por Cirse! Cuanto te he extrañado -murmuró con un suspiro ilusionado. Acerco su rostro al de su novia y acarició con su nariz la mejilla de la chica, oliendo aquel perfume de fresas que tanto extrañaba- Salazar, hueles mejor que esos hombres lobos -se mofó. Hermione se calmó de golpe. Sus manos se habían quedado atrapadas entre ambos cuerpos así que al final las dejó ahí, apretando con fuerza la tela de la camisa.
-¿Hombres lobo? -Draco sufrió un escalofrío- Tuvo que haber sido horrible -susurró, descansando su barbilla sobre el hombro de Draco.
-Lo fue -murmuró, tan bajo que si no fuera por lo cerca que estaban no podría haberlo escuchado. Hermione sonrió amargamente y dejó caer un casto beso sobre la piel expuesta de Draco. Tan pálida como la recordaba- ¿Qué ocurre con Theo?
-No tenemos idea -Hermione se removió, sentándose recta pero sin apartarse del abrazo de Draco. Coloco ambas manos sobre sus hombros y lo miro fijamente- Lo único que sabemos es que está en alguna especie de coma y que su magia... ahora pertenece a Luna Lovegood.
Los ojos de Draco se agrandaron por la sorpresa.
-¿Es broma, no? -Hermione negó.
-Lo vimos -dijo- También esta el hecho de que sus ojos son de un dorado similar al de un hombre lobo. El de ambos.
Draco suspiro dejando caer su cabeza contra el respaldo del sillón. Sintió como Hermione desataba el nudo de la túnica negra y desabrochaba dos botones de su camisa.
-Vincent mencionó algo sobre Pansy... ¿es cierto? -Hermione asintió aunque Draco no pudo verla. Había cerrado los ojos con gesto cansado.
-Sí, es cierto... ¿qué haremos?
-La enviaré con Narcissa y los muggles -sentenció- No está en discusión. Es mejor desaparecerla un tiempo.
-¿Qué ocurrirá con Lord Oscuro? ¿Con Hogwarts? -preguntó Hermione, mirando nerviosa el rostro de Draco- La Orden sabe que ella tiene el Horrocrux -guardó silencio- Tenemos el...
-Lo sé, Vincent también lo mencionó pero no dijo como lo consiguió.
-Un vendedor ambulante -respondió- Él tenía el verdadero Guardapelo, creo que todo este tiempo Potter ha tenido una reliquia falsa. Dumbledore no encontró el Horrocrux, no realmente -Draco asintió, ausente- No podemos enviar lejos a Pansy y luego simplemente entregar el Horrocurx...
-¿De qué hablas? -sus orbes grises cayeron sobre los castaños tono miel de Hermione- ¿Entregar el Horrocrux?
-Me han invitado a unirme a la Orden.
-Por fin una buena noticia.
-A cambio de que les entregue el Guardapelo -dijo- Ellos no saben que conocemos la existencia de los Horrocurx. Supongo que piensan que no haré preguntas.
-¿Qué has pedido a cambio?
-Conexiones... un indulto para Blaise -vio a Draco suspirar- También lo sabias y no dijiste nada.
-No quería alterarte. Tienes demasiado encima: descubrir cómo destruir los Horrocrux ya que Potter, por lo visto, ni siquiera lo ha intentado. Tampoco olvides aquel libro de fábulas infantiles que te legó Dumbledore, no sabemos que quiso decir con ello.
-He investigado en libros de Runas Antiguas, en la Sección Prohibida... -murmuró- Hasta ahora no es más que eso, un libro de fábulas para niños.
-Dumbledore lo habrá dejado por alguna razón. Hay que averiguar cuál fue -Hermione asintió. Draco inhaló profundo, tratando de llenar sus pulmones con aquel sentimiento de acogida- ¿Cuál es nuestro siguiente paso?
-¿Qué te parece despertar a Theo y luego tomar una siesta? -preguntó con una sonrisita.
-¿Qué te parece primero la siesta y después Theo? -sonrió de lado- Eso suena inclusive mejor que esperar el regaño de Snape.
-¿Se quedó helado cuando lo ignoraste?
-Furia contenida -corrigió- Él si va a molerme a base de Crucios -fingió un escalofrío. Hermione rió, provocando mil y un cosas en Draco. Acercando su rostro al del rubio, rozó con su nariz la de él antes de besarlo- Esto suena inclusivemente mejor -Draco suspiró sobre los labios de Hermione antes de volver a besarla.
-Por cierto... -Hermione suspiro, casi ronroneando al sentir los labios de Draco empezar a recorrer su cuello- ... Blaise tiene nueva chica.
-Me alegro por él -besó su piel, dejando de envolver a Hermione entre sus brazos- Pero ahora realmente no me interesa -murmuró, quitándole el chaleco antes de empezar que desabrochar los botones de la camisa. Uno por uno. De abajo hacia arriba.
Sintió a Hermione reírse, pero no detuvo sus movimientos. Con cada botón que desabrochaba, rozaba ligeramente la piel expuesta de la castaña. No tardo mucho más en deslizar la camisa sobre sus hombros y mirarla fijamente.
La corbata de Slytherin caía justo en medio de sus senos cubiertos por un sostén de encaje negro.
-¡Demonios! -Draco jadeó como si sintiera dolor sin separar la vista del sostén de encaje negro- ¿Recuerdame por qué razón decidí unirme a las filas?
-¿Por qué lo necesitábamos? -sopló sobre el oído del rubio provocándole un escalofrío.
-¡Joder! -siseo, mirando hacia el techo mientras Hermione empezaba a desabrochar su camisa hasta poder quitársela por completo. Las finas cicatrices a las que ya estaba acostumbrada, la Marca Tenebrosa en su antebrazo izquierdo... todo le hacía recordar por qué razón no podían estar así todos los días. Por momentos odiaba a Potter, en otros, a Lord Oscuro... no importaba como terminara la guerra, ellos ya habían perdido.
Sintió la mano de Draco sobre su barbilla, obligándola a levantar la mirada. Sus orbes castaños chocaron con los grises del ex-Slytherin.
-Sin mirar atrás -Hermione sonrió, reprimiendo mil y un pensamientos oscuros.
-Sin mirar atrás -repitió, abalanzandose sobre los labios de Draco.
Torre de Premios Anuales.
2:57 p.m
La mirada grisácea del mortífago recorría ambos cuerpos sobre la cama. Ambos tan pálidos como si llevasen días sin ver el sol pero tan enteros como si solo estuviesen durmiendo.
-¿Y? ¿Qué crees? -preguntó Hermione, mordiendo la uña de su pulgar. Pansy estaba parada a un lado suya, disparando miradas nerviosas a Draco mientras Gregory a dos pasos detrás del mortífago, miraba con curiosidad al chico.
-¿Qué es lo qué crees tú? -preguntó de vuelta. Ambos se miraron por un corto tiempo, anhelando regresar a los dormitorios de Slytherin.
-Creo que están compartiendo.
-¿Qué? -ambos se giraron a Gregory; el chico se encogió de hombros.
-Sí -miró a Luna- Cuando Luna despertó, mencionó algo sobre... ya saben... aquella vez cuando Theo atacó a Blaise -Draco enarcó una ceja- Solo digo que Theo nunca le hubiera contado eso a Luna. Él estaba realmente destrozado cuando sucedió.
-Concuerdo -opinó Pansy. Gregory le agradeció con la mirada.
-Ademas, sabe cosas muy personales de Theo que antes nunca había mencionado -murmuró- Hemos visto que compartían magia antes, cuando estaban juntos. Tiene sentido que deban saber cada punto de la vida del otro para que nadie los tome por sorpresa.
-¿Y la magia? -preguntó Hermione. Pansy se giró a la chica.
-Cuando me casé con Vincent, parte de nuestra magia y la de nuestras familias pasaron al otro. Como vínculo de confianza y lealtad... solo que por lo visto, Theo y Luna fueron a los extremos. Literalmente, su magia le pertenece al otro.
-Lo único que me interesa saber es si Luna adquirirá algo de la maldición de Theo, además de el color de ojos -se mofó Draco- Y lo que haré con los hombres lobos que esperan una respuesta a lo que les prometí.
-Podemos intentar hacer la poción que alteramos -dijo Hermione- Tal vez si solo agregamos la sangre de Theo a ella... podría funcionar.
-¿Podría? -Gregory miró alterado a Hermione- Theo debería poder traspasar la maldición con una mordida, como los hombres lobo normales.
-Entonces que sea su saliva -bufó Pansy llamando la atención de los otros tres chicos- Solo que yo no meteré mi dedo en su boca.
-Paso -concordó Draco. Hermione miró sonriente a Pansy.
-¡Eres una genio! -le estampó un beso en la mejilla- Agreguemos su saliva y sangre a la poción, para que sea más potente -miró a Draco con brillo renovado en su mirada- Debemos intentarlo.
Draco suspiró.
-De acuerdo -admitió a regañadientes- ¿Cuanto tardarás en hacerla...?
-Ah... -Hermione se mordió el labio- Dime como hacerla y Gregory y yo nos dedicaremos a ello.
Draco asintió antes de mirar fijamente a Pansy que ya se estaba ocultando detrás de Hermione. Sus miradas se encontraron.
-Iras con Narcissa.
-Pero Draco...
-No hay peros, Pans -cortó el mortífago- Vincent vendrá por ti después de que Hermione le entregue el guardapelo a la Orden... -hizo una mueca de dolor, rápidamente apretando con fuerza su brazo izquierdo- Debo irme.
-Ten cuidado -pidió Hermione. Draco asintió antes de salir rápidamente de la habitación.
Octubre, 02. 1997
Grimmauld Place, 12.
2:57 p.m
La mirada de Hermione recorría el rostro de cada uno de los presentes sin perderse detalle alguno de las emociones que dejaban escapar. Había llegado junto a McGonagall y Gregory mediante transporte muggle y un traslador.
Primero fueron las miradas curiosas como las de la familia Weasley: Arthur, Molly, Bill y su esposa, Fleur a excepción de los gemelos Fred y George que la miraron con diversión pero Hermione sabía que no era porque compartieran algún recuerdo bonito.
Inmediatamente siguieron las miradas de curiosidad como las de Remus Lupin, Numphadora Tonks, Kingley Shacklebolt e inclusive las de Emma Vanity, su antigua mentora y perfecta de Slytherin. Luego fueron las miradas desconfiadas como las de Sirius Black, James Potter y Alastor "Ojo loco" Moody y, para sorpresa de Hermione, la de Lucius Lucius Malfoy. Y al final, la mirada de incredulidad fueron las que dieron ella y Gregory al ver al trío de Oro. A Hermione casi se le sale el corazón del pecho cuando los vio.
La Orden estaba realmente desesperada si los mostraba ante dos desconocidos y personas non gratas.
-¿Quieres un indulto para un mortífago? -preguntó Black con el ceño fruncido- Eso no sucederá.
James Potter asintió en acuerdo.
-Ya tienen a uno entre sus filas, ¿qué es otro más? -se mofó Gregory que estaba recargado contra la pared y miraba con desafío a Black.
-Malfoy dio información de gran beneficio para la Orden -intercedió Shacklebolt. Hermione asintió.
-Pero supongo que un Horrocrux es aún más importante que anunciar, demasiado tarde, la toma del Ministerio por parte de El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado -siseo la Slytherin. La mirada de Potter cayó sobre ella con sorpresa.
-¿Sabes lo que es? -preguntó atónito. Hermione resopló sacudiendo su larga melena.
-¿Crees que sería tan estupida como para no investigar por qué buscan el Guardapelo de Salazar Slytherin? -enarcó una ceja- ¿Creíste que sólo se los daría sin más? Por favor, pensé que realmente me conocías.
-Es por esa razón que no me fío de ti -escupió Potter en respuesta. Hermione se encogió de hombros.
-Tómalo o déjalo, Potter -dijo- A mi, sinceramente, me da igual.
-No creo que te de igual -dijo Vanity, mirando con simpatía a Hermione- Has visto lo que los mortífagos son capaces de hacer, Marcus...
-¡No te atrevas a nombrarlo! -exclamó, golpeando con mano abierta la vieja mesa de madera- No tienes derecho a hablar de él o cualquier otro Slytherin después de que nos traicionaste.
-Trataba de protegerlos -respondió, mirándola con dolor. Hermione soltó una carcajada seca.
-¿Protegernos? -se mofó- Si hubieras querido protegernos hubieras hecho lo que ellos hicieron. Sacar a nuestros gente del campo de guerra.
-¿De qué sirvió? -interrumpió Tonks- Tus amigos están muertos y no tardarán en encontrar a las familias que escondieron.
-Nadie puede encontrarlos -dijo Gregory- La familia King fue un lamentable desfortunio pero al menos Marcus, Adrian, Lucian y Peregrine murieron por lo que creían correcto. Blaise también hubiera muerto por todos ellos si los mortífagos no lo hubieran atrapado y usado como caballo de troya -escupió- Así que ninguno de ustedes tiene derecho alguno de hablar de ellos.
Se produjo un tenso silencio.
-Nada de eso hubiera pasado si los Slytherin no hubieran huido -dijo Ron Weasley con las mejillas rojas. Segundos después, con una velocidad asombrosa, Gregory apuntaba con su varita a Weasley. Poco después de ellos, todas las varitas apuntaban a él.
-Greg, basta -Hermione se levantó de un salto, tomando a Gregory del brazos- Baja la varita.
-Despues de molerlo a Crucios -escupió Gregory.
-Inténtalo -reto James Potter.
-¿Creen qué les tengo miedo? -Gregory rió- Me entrené con los mejores.
-No lo dudo -dijo Malfoy- Pero dudo que puedas contra tantos magos y brujas.
-Esta bien, es suficiente -siseo Hermione hacia Gregory antes de girarse a Potter- Última oportunidad, Potter -dijo- No te entregaré el Horrocrux hasta que firmes ese maldito indulto.
-Eso no ocurrirá -exclamó Moody. Hermione lo fulminó con la mirada. Tomó a Gregory del brazo y lo jalo hacia la salida de la cocina.
-¿Quieres una prueba de lealtad, Potter? -preguntó Hermione cuando ya había sacado a Gregory de la estancia, empujándolo hacia el pasillo para poder salir de la vieja casa- Hay mortífagos que se aparecen fuera de esta residencia porque hay un Tabú que prohíbe a las personas nombrar al Señor Ocuro. Todos saben que nadie es tan estupido para nombrarlo más que tú y tus seguidores.
-¿Por qué habríamos de creerte? -preguntó Longbottom. Hermione sonrió.
-Muy pocas personas saben lo del Tabú, personas que tienen un lugar en la mesa -dijo, mirando fijamente a Lucius Malfoy- Aquí va otra prueba de lealtad -miró atentamente a cada uno de los miembros de la Orden antes de posar su mirada en Potter- En tres días, un grupo selecto de mortífagos atacará una villa muggle donde se cree hay otra familia Slytherin. Quieren enviar un mensaje a los traidores a la sangre.
-¿Como sabes eso? -Potter enarcó una ceja.
-Por qué, como tú, Potter. Yo también tengo aliados -se paró derecha- Interviene en esa masacre porque en la siguiente, Lord Tenebroso contará con la ayuda de la mayor manada de hombres lobo de la zona. Y nadie quiere que ellos propaguen su maldición.
Con eso último, Hermione se giró y salió de la estancia dejando a todos mudos.
-¿Está dándonos a entender...? -preguntó Molly Weasley mirando a los demás miembros para comprobar su teoría.
Lucius Malfoy se dejó caer sobre su silla, mirando pálido un punto fijo.
-Hay un infiltrado en las filas de Lord Tenebroso -susurró- Y solo hay cuatro personas que podrían ser aquel infiltrado.
-Si es que no nos miente -dijo James Potter mirando a Remus Lupin y Sirius Black.
¡Espero les haya gustado! Cuéntenme qué les pareció y qué esperan del siguiente capítulo.
¡Nos leemos pronto!
-NiaMalfoy.
