¡Hola mis bebés abandonados! ¡Ya sé! ¡Ya sé! Mis disculpas por no haber subido capítulo pero ha sido un tiempo terrible... estaba en blanco ¡no se me ocurría que escribir! Pero bueno, ¡ya estamos aquí! Me encantaría responder sus Review pero no quiero hacerles perder tiempo.

Los personajes no me pertenecen. Ni la idea pero la historia sí.

¡Espero que les encante como a mi me encantó! Tengo otro cap por ahí atrapado y espero subirlo dentro de poco.

¡Así que pasen y lean! ¡No olviden que siempre leo sus Review, sin importar si los respondo o no!


Octubre, 02. 1997
Hogwarts, Colegio de Magia y Hechicería.
Despacho del director.
7:58 p.m

Sus dedos se envolvieron alrededor de la mano de Draco mientras salía de la chimenea, con las llamas refulgiendo por debajo. Se acomodó con elegancia la chaqueta de cuero negra y, soltando la mano del rubio, apretó con fuerza su coleta del cabello asegurándose de que aún estuviera bien puesta.

-Eso fue... interesante -observo, sonriendo hacia Severus Snape quien estaba sentado sobre la mesa de escritorio, mirando fijamente los retratos vacíos.

-¿Qué tanto? -indagó Vincent, que de brazos cruzados, se recargaba contra la pared y mantenía una postura defensiva. Pansy se encontraba sentada en el sofá más grande del despacho.

-Mucho -Hermione sonrió, mirando con un brillo emocionado a Draco que le regresaba la mirada.

Las llamas refulgieron detrás suyo y la figura de Gregory se hizo presente.

-Por favor, dime que sospechan algo -rogó falsamente Pansy- Sería deplorable -escupió la palabra- ... saber que el destino del mundo mágico está en las manos de una patética Orden de fanáticos de los muggles -Hermione enarcó una ceja. Pansy le regalo una sonrisa de labios apretados- Sin ofender.

-No hay ofensas -se encogió de hombros, dejándose caer con porte magnético en el sofá al frente de la mortífaga- Pero no creerán qué fue lo que encontramos.

-¿Y eso fue? -preguntó Snape, interrumpiendo la charla y caminando hacia ellos. Draco, Gregory y Vincent se apresuraron a sentarse antes de que Snape tomara asiento en el sillón de una sola plaza. Como un rey que ve desde su trono a sus más confiables caballeros.

-San Gafas estaba con ellos -Gregory sonrió con diversión ante las miradas de incredulidad de sus amigos y mentor- O al menos unas copias idénticas de ellos.

-¿Estas jodiendo conmigo? -bramó Vincent, pateando la mesa del centro y volcandola. Pansy, a un lado suyo, dejo caer su mano sobre la pierna del chico y le dio un ligero apretón para tranquilizarlo.

-Vincent, cuida tu lengua -pidió Snape mientras cruzaba una pierna sobre la otra- ¿El trío por completo? -preguntó. Hermione asintió.

-No podemos decirles dónde fue la reunión por el Encantamiento Fidelio pero sí. Eran los tres: Weasel, Potty, y el Squib de Longbottom -respondio Gregory. Hermione rodo los ojos al escuchar las risas de Draco y Gregory.

-Dejen ya esos estupidos... -disparó una mirada de congoja a Snape pero el hombre asintió, dejandola continuar- ...apodos. Ya no son niños -recriminó, mirando a Draco con censura. El mortifago sonrió, pegándose a ella y pasando un brazo por sobre sus hombros- Además, no deberíamos subestimar al Elegido y a sus amigos.

-Weasel siempre ha sido un completo inútil. Admítelo. No hay nada interesante en él más que su relación con Potter -siseo Draco- Longbottom, en cambio, es más... inteligente de lo que creí en un principio.

-Un experto en Herbologia y Encantamientos. No hay que subestimarlo -concordó Vincent, volviendo a cruzarse de brazos.

-Concuerdo -opinó Gregory sentado al otro lado de Hermione- Y Potter... era bastante bueno en Pociones durante el último año.

-Agradece al libro del profesor Snape -bufo Pansy- A parte de eso, ser el Elegido y tener una extraña conexión con Lord Oscuro... no hay nada bastante bueno en él. Es más bien... promedio.

-Si hubiera sacado la inteligencia de su madre ya sería algo -murmuró Snape atrayendo la atención hacia él- Veamos las cosas con claridad. ¿Qué más pueden percibir de los miembros de la Orden?

-Veamos... -Hermione se recargó contra el costado de Draco- Estaban Fred y George Weasley.

-Duelistas promedios. Aunque tienen un par de trucos bajo la manga -opinó Vincent.

-Arthur y Molly Weasley.

-Una ama de casa y un experto en aparatos muggles y artilugios oscuros -se mofó Draco- La madre sabrá uno que otro truco, ha tenido muchos hijos como para no haber aprendido algo sobre mantenerlos bajo control.

-Yo tendría cuidado con el padre -dijo Pansy, atrayendo la atención de todos a ella. Se encogió de hombros- Ha sabido como mantener oculta su pocilga. Tardamos varios minutos en lograr penetrar sus encantamientos de protección.

Snape asintió.

-¿Otro Weasely? -preguntó. Gregory asintió.

-Bill y su esposa, Fleur.

-Fleur fue una campeona del torneo de los tres magos -dijo Hermione- Fue buena. Tomémosla en consideración... y sobre ese Bill... no sé mucho. Más que trabaja en Gringotts y fue prefecto en sus años en Hogwarts, según escuché una vez de Percy Weasley.

-Era un gran maestro en Defensa Contra las Artes Oscuras -masculló Snape.

-Mantener un ojo puesto en él. Entendido -dijo Vincent ante la mirada de Draco.

-No hay que subestimarlo -ordenó el mortífago.

-Está Alastor Moody, su mejor arma -continuo Hermione- Kingsley Shacklebolt, un reconocido Auror por no decir, poderoso.

-Protegía al Ministro muggle -dijo Pansy- Aunque no estaba cuando atrape al muggle bajo un Imperio.

-Por no hablar de McGonagall que es excelente en Transformaciones y una bruja demasiado inteligente -dijo Vincent con un encogimiento de hombros.

-Emma Vanity -escupió Gregory. Todos se tensaron.

-Promedio, también. Pero déjenmela a mí -intervino Hermione.

-Nymphadora Tonks. Aurora, Metamorfomaga y un poco torpe -Gregory suspiró- Remus Lupin.

-Hombre lobo, mago enfermizo y maestro Contra las Artes Oscuras, más enfatizado en bestias que en otras cosas -dijo Draco- Ese dejémoslo a Theo.

-Sirius Black -siseo Snape- Demasiado impulsivo.

-Y un animago no registrado. Ex prófugo y un buen duelista... como James Potter -susurró Hermione. Snape tensó la mandíbula.

-Un par de idiotas. Idénticos a Harry Potter y a Ron Weasley pero mantengan un ojo en ellos. Odian a los Slytherin.

-Así que mantendrán un ojo sobre nosotros -Hermione resopló.

-Lucius Malfoy -Draco sonrió ante el nombre dicho por Gregory.

-La persona más predecible en el grupo de Potter -silbo con diversión.

-Un Slytherin hasta la médula -Pansy sonrió a Vincent- Solo hay que preguntarnos ¿qué haríamos nosotros?


Octubre, 03. 1997
Malfoy Manor.
4:35 p.m

Si de pequeño le hubieras preguntado al gran Draco Malfoy que quería ser cuando fuese grande fácilmente te contestaría: quiero ser como padre. Y, ahora, más de diez años después era exactamente eso. Su padre.

Oculto entre una veintena de hombres fanáticos de la sangre a merced de un tirano mestizo encaprichado con un adolescente de dieciocho años. ¡Por Salazar! Que bajo había caído.

-Mi señor -Bellatrix hizo una reverencia, aún sentada en su silla- No cabe duda de que la familia Montague se esconde ahí -miró a Voldemort con ojos de cachorro- Jafar Montague fue quien quitó el rastreador de los hijos de esos traidores a la sangre. Así fue como las familias Slytherin lograron huir.

-¿Es eso cierto, Yaxley? -preguntó Lord Tenebroso, acariciando la cabeza de Nagini que parecía mirar a todos con... hambre.

Yaxley se removió incómodo en su asiento.

-Sí, mi señor -murmuró- Montague trabajaba como Jefe del Departamento de transporte mágico. Al principio creímos que estaba de vacaciones... nunca regresó.

-Mi señor, si me permite -siseo Draco, ganando un asentimiento de cabeza- Pensé que este tema ya estaba decidido -se atrevió. Voldemort pareció enmarcar una ceja provocando que Draco sufriera un escalofrío y Vincent, sentado a un lado suyo, se tensara- Creo que lo prudente sería hablar sobre si usamos a los hombres lobo para demostrar a los seguidores de Potter que aún contamos con ellos.

-Malfoy tiene razón, mi señor -intervino Mulciber- La agente habla... y yo escucho, mi señor -miró fijamente a cada mortífago- Ellos dicen que los hombres lobo no obedecen ante usted -hizo una respetada reverencia- Al igual que los gigantes.

-Los gigantes están de nuestro lado -susurro Draco, callando los murmullos- Yo mismo hable con ellos antes de enterarme que McNair había muerto bajo territorio de los hombres lobo.

-Sí, no lo dudo -dijo Mulciber- El problema es que en ninguno de nuestros.. ataques ha habido avistamiento de un gigante o un hombre lobo.

-A eso quiero llegar, Mulciber -el mortífago fulminó con la mirada a Draco- En dos días será luna llena. Es el momento perfecto para que muestre que los hombres lobo están de su lado.

Los mortífagos empezaron a hablar entre ellos.

-Mi señor -habló Avery- Algunos, con todo respeto, nos preguntamos ¿qué hará con el traidor a la sangre de Malfoy? -asentimientos furiosos.

-Matarlo, ¿qué más esperas? -Draco lo fulminó con la mirada- Lucius siempre ha sido un cobarde, pero es una cucaracha inteligente. No dudo que busque protección de la Orden a cambio de información -Draco se inclinó sobre la mesa, ahora dirigiéndose a Voldemort- Dejeme aniquilarlo, mi señor. Lucius es mi problema.

Más murmullos.

-Mi señor -Bellatrix chilló- Preferiría ser yo quien acabe con la vida de Lucius. No quiero esa impureza en mi línea de sangre -miró con burla a Draco. El chico hizo una mueca maliciosa.

-Entonces deberías fijarte más en tu hermana traidora a la sangre y su hija amante de lo impuro. Si no has sido capaz de deshacerte de ella, ¿cómo subestimas a un ex mortífago?

-¿¡Como te atreves!? -chilló Bellatrix.

-Draco, Bellatrix -ambos dejaron de fulminarse con la mirada para girarse hacia Voldemort- Cada uno tendrá su oportunidad... en su momento -ambos asistieron- Draco tiene el derecho de limpiar su familia como tú la tuya, Bella -miró al resto de sus seguidores que temblaron en su asiento- En dos días atacaremos la aldea muggle en busca de Montague, ¿crees que los hombres lobos estén preparados? -preguntó, dirigiéndose a Draco.

-En efecto, mi señor.


Torre de Premios Anuales.

9:37 p.m

El cerebro de Padma pensaba a mil por minuto, si es que eso era posible. Miraba cada pequeña sombra que proyectaban las velas que Blaise había colocado en las mesitas de noche. No teniendo el valor suficiente como para ver el chico al pecho... que diga, al rostro.

Había logrado convencerla, como siempre, de intentar uno de sus frustrantes planes para intentar recuperar la memoria, o retazos de ella aunque no parecía realmente querer recuperarla. Solo... encontrar quien realmente era.

Así que lo había seguido por todo el castillo, se había adentrado en aquel raro pasillo protegido por demasiadas barreras de magia oscura y había ignorado el hecho de que Luna Lovegood, quien había faltado a clases la mitad del primer mes del año escolar, estaba durmiendo en la otra habitación de la torre. Se había encerrado junto con Blaise Zabini en su habitación y había aceptado, sin rechistar mucho, uno de sus pijamas aunque le había quedado grande.

Así que vestida con una playera de algodón blanca que apenas y le cubría el trasero, había admirado durante un minuto el torso desnudo del moreno, ya que él había decidido solo portar el pantalón de la pijama.

Había visto su tatuaje muggle, el del brazo por encima de la Marca Tenebrosa, ignorando su nombre grabado a fuego en su brazo derecho y mirado fijamente aquellos ojos de Jaguar que parecían regresarle la mirada sobre su pecho. Y nada de eso le había provocado el escalofrío que obtuvo al mirar las finas cicatrices en su pecho, abdomen y brazos (que antes no había visto), nada como mirar aquella enorme cicatriz que cruzaba desde su hombro derecho hasta su cadera izquierda.

Tragó con fuerza al recordar su abdomen marcado. Era la primera vez que estaba en la habitación de un chico y obviamente la primera vez que lo veía desnudo.

Iba a desmayarse.

-¿Crees que funcione? -preguntó Blaise, que al igual que Padma, trataba de ignorar la desnudez de su acompañante. La Ravenclaw portaba su playera, con las piernas cruzadas al estilo indio, al igual que él, con un gran tomo antiguo tapando la vista a Blaise. Aunque sus largas piernas desnudas eran algo de admirar.

-¿Adentrarme en tus sueños mientras tu duermes para averiguar si realmente mataste a alguien? -enarcó una ceja con escepticismo. Blaise sonrió.

-Nadie más que tú podría lograr un increíble hechizo a la primera.

-¿Hermione Granger? -Blaise se mordió el labio ante el tono de burla de la chica.

-Finjamos que ella no existe.

-¿Theodore Nott?

-... Él tampoco -la sonrisa de Blaise se tambaleo cuando escucho el tercer nombre.

-¿Gregory Goyle?

-Bien, basta -tomando a Padma del tobillo, la jalo con fuerza hacia él. La chica soltó un chillido, sintiendo como arrastraba las cobijas consigo mientras se aferraba al tomo entre sus piernas. Rápidamente lo soltó y agarró a Blaise por el brazo para no caerse de espalda. Quedaron demasiado cerca- Eres la chica más hermosa e inteligente, después de Hermione -siseo cuando Padma abrió los labios dispuesta a debatir- que he conocido. Así que lo harás a la perfección. Creo en ti y, además, eres la única persona en la que confío para que se adentre en mi cabeza.

Se miraron fijamente hasta que Padma se rindió y se cruzó de brazos con actitud desinteresada, aunque Blaise la conocía bastante bien. Sabía que le había plantado un buen reto, endulzandolo con una verdad que fue difícil de soltar.

-Esta bien -miró a Blaise con brillo renovado- Ahora, solo tienes que dormirte.

-¿Y como haré eso? -Padma enarcó una ceja. Blaise resopló- Bueno, obviamente -recalco la palabra- sé como dormirme. El problema es que... realmente no tengo sueño.

Padma suspiró.

-¿Quieres que llame a tu elfina para que te cante una nana? -preguntó. Blaise la fulminó con la mirada- Eso es un no... -medito un poco antes de mirar el viejo tomo que había quedado abandonado- Yo leeré un poco. Tú, solo... piensa en las clases de Binns hasta dormirte -acto seguido, movió su varita- Nox.

Las velas se apagaron de inmediato, dejando a Blaise sumido en la penumbra antes de que Padma conjurar un Lumos demasiado leve para molestarlo pero lo suficientemente visible para dejarla leer.

El moreno volvió a resoplar, dejándose caer de espaldas contra el colchón y mirando al techo. Sus pensamientos no paraban de arremolinarse, estaba demasiado nervioso sobre lo que Padma podía ver.

Estaba demasiado aterrado de describir a qué le temía exactamente.

Sabia que, fuese lo que fuera, no estaría tranquilo hasta descubrirlo. Era mejor que el monstruo tuviera rostro, así sabría a quien debía temerle y a quien no. Trago con fuerza, tal vez sí debería pedirle a su elfina que le cantara una nana... ¿serviría?

-¿Padma? -susurro, rompiendo el frágil silencio.

-¿Mhmm?

-¿Si llamo a... mi elfina no molestará tu lectura? -preguntó aunque supo, antes de que la Ravenclaw contestara, que iba a dejarlo continuar.

-No, en lo absoluto -respondió con un deje de expectativa.

Blaise, en la oscuridad, estiró su mano hasta sentir la pierna de Padma, serpenteando sobre su piel desnuda hasta descansar el dorso de su mano sobre la rodilla de la chica. Segundos después, fue recompensado con la mano de ella. La sostuvo con fuerza.

-Mirthy... -su nombre se deslizó entre sus labios, tan bajo que ni siquiera Padma pudo oírlo y Blaise, por unos segundos, deseó que la elfina tampoco pudiera escucharlo. Pero no fue así. Un leve crack sonó en el oscuro dormitorio.

No pudo verla, más bien, no quiso verla. Mantuvo su vista en el techo y con voz temblorosa, se dirigió a la elfina.

-¿Podrías cantarme una nana? -sintió sus mejillas muy calientes. Apretó la mano de Padma, ella le regreso el apretón con fuerza.

La canción, aunque en un principio el mortifago creyó que sería aguda y silbante como la voz de Mirthy, lo arrullo con una calma reconfortante. Y supo, que muy posiblemente, su elfina era el único ser en la tierra que le podía traer calma.

Carry my soul into the night
May the stars light my way
Iglory in the sight
As darkness takes the day
Ferte in noctem animam meam
Illustrent stellae viam meam
Aspectu illo glorior
Dum capit nox diem
Cantate vitae canticum
Sine dolore actae
Dicite eis quos amabam
Me nunquam obliturum
Sing a song, a song of life
Lived without regret
Tell the ones, the ones
I loved
I never will forget.
Never will forget.

Padma miró con atención como Blaise, conforme la melodía sonaba, se iba quedando dormido. Ella, en cambio, estaba más despierta que nunca.

Esa canción le había provocado escalofríos.

Vio a Mirthy acercarse a Blaise cuando el chico cayó entre los mares del sueño para quitar los mechones de su rostro y, acto seguido, besarle la frente. Como una mamá acurrucado a su bebé. No se dio cuenta, hasta ese momento, que ella aún se aferraba a la mano del chico. La soltó en seguida.

-Esa canción... -murmuró. Los ojos de la elfina, grandes y acuosos, parecieron ver lo más profundo de ella. Con una mirada perdida en sus recuerdos, Mirthy esnifó y miro de nuevo al Slytherin.

-Al amo Alessio le gustaba mucho esa canción. Sí, mucho. Al amo Alessio le gustaba -murmuró- El amo Alessio solía cantar esa canción para el joven amo cuando no era más grande que una cría -siguió acariciando la mejilla de Blaise con aire ausente- Mirthy no pudo proteger al amo Alessio de Cassiopea pero salvará al amo Blaise de la mujer mala. Sí, lo salvará de esa mujer mala.

-¿Hablas de Bellatrix Lestrange? -preguntó Padma, recordando la poca información que Blaise había soltado. Mirthy asintió, solemne.

-Esa bruja mala le arrebató a Mirthy al amo Blaise -dijo- Lo torturó y engañó. Mirthy hará que pague; sí, hará que pague -recito con odio puro.

Padma sufrió un escalofrío.

Se quedaron ahí, juntas, admirando a Blaise dormir antes de que la elfina hiciera una pronunciada inclinación y desapareciera sin despegar la mirada de su amo.

-Recordatorio, no molestar nunca a esa elfina -dijo para sí.

Desvío su mirada a las páginas amarillentas del libro y repaso el hechizo, preguntándose qué podía salir mal. No alteraría la mente del chico en absoluto, ni mucho menos. Solo encontraría la fuente de sus terrores nocturnos.

Después de esperar un par de minutos, apago la punta de su varita, dejando la habitación a oscuras. Empujo el libro a un lado y se sentó sobre sus rodillas, tocando el costado de Blaise. Con la varita fuertemente envuelta entre sus dedos, tocó con la punta de la misma la sien del Slytherin, escuchando su respiración.

-Revelio somnia

No sabía que esperar pero el sentir como su mente parecía separarse de su cuerpo, definitivamente no era una sensación agradable. Su cuerpo cayó con pesadez hacia atrás y ella, lo que fuese en ese momento, se adentró en la mente del moreno.

Al principio, envuelta en una oscuridad absoluta, se sintió asustada. Temerosa de que el hechizo hubiera salido mal pero segundos después una neblina blanca la envolvió de pies a cabeza hasta cegarla.

Estiro los brazos, en busca de algún límite antes de que, con nerviosismo, empezará a caminar. La neblina empezó a disolverse hasta mostrar lo que ocultaba: la Sala de los Menesteres. Y lo sabía con seguridad porque Parvati la había obligado a tomar esas clases con Harry Potter.

La única diferencia eran las personas que estaban discutiendo al centro del lugar. Pudo distinguirlos en seguida: Blaise Zabini rebuscando en un libro negro con Theodore Nott tratando de ver sobre su hombro.

Gregory Goyle y Vincent Crabble estaban más apartados pero no tanto como Hermione Granger y Draco Malfoy, sentados sobre una colchoneta negra.

Desde donde estaba podía verlos mover los labios pero sus voces parecían amortiguadas por algún tipo de hechizo. Padma intentó acercarse poco a poco, sintiendo una extraña pesadez en su cuerpo. Estiró la mano hasta tocar una superficie que se tambaleó con su tacto, ni un segundo después, estalló como una burbuja.

La pesadez en su cuerpo desapareció y las voces estallaron a un nivel normal que al principio asustó a la Ravenclaw.

-... cuando mueras usaré tu cadáver como experimento -escuchó decir a Blaise mientras se acercaba a ellos. Ninguno pareció reparar en ella.

-Pediré cremación -respondió Nott. Y, mientras se acercaba, pudo distinguir algo con claridad. El chico no llevaba aquella extraña cicatriz que portaba desde inicios de sexto. Inclusive parecía más sano.

Todos ellos parecían más sanos, más tranquilos. Sin demonios que los alarmaran e, inclusive, más jóvenes. Supuso que apenas estaban en quinto año.

-¿Cuando empezaremos a aprender magia sin varita? -cuestionó Crabble, rodando su varita entre sus dedos.

-Cuando pasemos la magia oscura -respondió Malfoy.

-¿Porqué es tan necesaria la magia oscura? -preguntó Crabble de vuelta. Blaise rodó los ojos.

-Porque los mortífagos no se andan con juegos y todos aquí sabemos de que lado estamos -respondió Malfoy, directo. Padma sufrió un escalofrío, era obvio de que lado estaban.

Se habían traicionado unos a los otros.

Nott asintió.

-No haremos nada en esta guerra a menos de que sea necesario.

-Potter peleará -dijo Goyle. La Ravenclaw, a pesar de su pensamiento original, se sintió... perdida. ¿De qué demonios hablaban?

-Porque Potter es el maldito salvador del mundo mágico, Greg -dijo Blaise con una sonrisa misteriosa- No tiene opción. Lo encontré.

-¿Qué cosa? -preguntó Granger hablando por primera vez.

-El hechizo que había visto el otro día -respondió, mostrandole la hoja a Nott. El mortífago, que aún no era mortífago, frunció el ceño.

-Sectumsempra -susurró, leyendo las palabras escritas- No sabemos que pueda hacer este encantamiento, Blaise.

-Por eso lo probaran conmigo -Blaise mostró todos sus inmaculados dientes- Dispara.

Malfoy negó con la cabeza, levantándose.

-Theo tiene razón, Blaise. No sabemos que haga.

Blaise rodó los ojos sin perder su sonrisa.

-Eso es lo que queremos averiguar, Draco -se mofó de él- Sólo suéltalo, no pasará nada malo.

-Claramente es magia oscura, Blaise -dijo Malfoy con un suspiro- ¿Estas seguro? -Blaise asintió- ¿Completamente?

-Cómo no lo suelten ustedes, lo haré yo -se quejó. Nott rodó los ojos.

-Como quieres -dijo medio exasperado y sacando su varita para apuntar a Blaise. Caminó hasta alejarse a una distancia segura.

Padma sintió un retorcijon en las entrañas. Algo iba mal, muy mal. Terriblemente mal. Si Blaise tenía pesadillas de lo que parecía ser un día demasiado común, algo estaba a punto de salir mal.

Estaba tan enfrascada en cómo Nott apuntaba con su varita a Blaise que sonreía con petulancia por lo que se perdió el descubrimiento de Granger. Como todos en la sala. No la vio levantarse, ella solo miró horrorizada a Blaise que no dejaba de sonreír.

-¡Theo! ¡No!

El aullido de Granger, ¡por Rowena! Nunca había escuchado un grito tan desgarrador como aquel.

-¡Sectumsempra! -vio, casi en cámara lenta, como un pequeño flash de luz blanca salía de la varita de Nott y se impactaba contra el pecho de Blaise. Olviden su anterior declaración... los gritos de Blaise... nunca olvidaría aquellos gritos.

Corrió a la par de Granger, tratando de llegar a Blaise mientras lo veían desangrándose en el suelo, con varios cortes rasgando su ropa, sus brazos, su cuerpo.

-¡BLAISE! -no supo si el grito era de ella o de Granger. Pero podía palpar su miedo como propio y supo, que de alguna forma, si no llegaba a él. Moriría.

Fue arrastrada por un torbellino, la playera de la pijama (que se había olvidado traía) revoloteo alrededor de sus piernas. Alzándose. Se aferró al dobles con fuerza antes de sentir como sus pies se separaban del suelo. Gritó con fuerza.

Segundos después, sintió que caía en caída libre. Cayó de senton, con fuerza pero no sintió el golpe. En cambio, pudo sentir la hierba húmeda, la tierra fría. La luz de la luna llena reflejándose sobre su piel desnuda.

Los árboles parecían mecerse alrededor suyo. Escuchaba el murmullo de los arbustos al golpearse contra si mismos.

Estaba en el Bosque Prohibido.

Se levantó con dificultad, sus piernas parecian las de un unicornio recién nacido. Sus rodillas temblaron un poco pero al final pudo mantenerse en pie justo a tiempo para ver a Blaise corriendo hacia ella, sin verla.

La pasó, con una mirada de desesperación en su rostro. No lo pensó dos veces, corrió detrás suyo. Ella no era buena en deportes así que era obvio que Blaise la dejaría atrás pero para sorpresa de Padma, nunca perdió de vista al Slytherin. Corriendo a un lado suyo.

El moreno se detuvo de golpe al igual que Padma, miró a su alrededor con una sonrisa en el rostro antes de que los gritos sonaran.

Gritos inclusive más horripilantes que los de Blaise. Eran varias voces, voces que Padma reconoció. Voces, que en esa vida, lo eran todo para el Slytherin.

-¡THEO! -Su rostro se descompuso con terror, miedo y desesperación. Corrió hacia los gritos hasta que encontró la fuente de los mismos.

Padma gritó horrorizada.

Un hombre... no, un monstruo estaba desgarrando con su mandíbula el hombro de Theodore Nott, que se retorcía en el suelo sin dejar de gritar. El monstruo levantó el rostro, mostrando sus fauces que derramaban sangre mientras veía con un brillo siniestro al chico en el suelo. Mostró sus garras, que brillaron a la luz de la luna, y, dispuesto a degollar al muchacho, las bajó con fuerza y velocidad.

El golpe no llegó.

Padma nunca olvidaría ese momento. Posiblemente se incrustaría en sus pesadillas durante el resto de su vida. Aquel recuerdo que cambió la vida de Blaise Zabini y sus amigos para siempre.

-¡Avada Kedavra! -esta vez no grito, ni siquiera supo cómo reaccionar. Vio la furia, el odio y desprecio arraigado en la mirada de Blaise. Vio la luz verde salir de su varita e impactar el torso desnudo de aquel monstruo. Vio como el cuerpo sin vida caía hacia atrás con un golpe seco.

Y, si Padma espero que todo estuviera en un extraño calma, se equivocó. Theodore Nott seguía gritando como desaforado en el suelo, con su camisa blanca manchada de tierra y sangre. Los gritos, si era posible, se hicieron más insoportables.

-¡THEO! -Granger se alejó corriendo del cuerpo inerte de Luna Lovegood. Tropezó con un montículo de tierra; las lágrimas corrían por su rostro. Se arrastró hasta el Slytherin y tocó su brazo con delicadeza- Theo... -sollozo la Slytherin justo en el momento en que Padma sintió como sus mejillas se humedecian. Ella también estaba llorando.

Admiró como la castaña colocaba la cabeza del chico en su regazo, sin que él dejara de llorar y gritar.

-Theo... -siguió sollozando. Draco Malfoy se arrodilló a un lado suyo, sacando su varita y lanzando un destello rojo a su amigo. Los gritos se cortaron de golpe. Un horripilante silencio se instaló entre todos.

-Tenemos que llevarlo a Hogwarts -susurro Malfoy con voz ronca sin desviar la mirada del chico- Esto no debería haber pasado...

-Lo maté -Padma pego un brinco. No sabía en qué momento se había acercado tanto a los tres Slytherin ni en qué momento Blaise lo había hecho. El moreno miraba con horror el cuerpo sin vida del monstruo en el suelo. Temblaba de pies a cabeza, tal vez con la magnitud del momento golpeándole en el rostro.

Dio dos arcadas antes de correr a un arbusto y vomitar. Padma intentó ir detrás de él pero aquel torbellino volvió a tragarla completa. No intento resistirse como antes, aquel recuerdo era demasiado tenebroso como para quedarse más tiempo en él.

Blaise había tenido razón; él había matado a un hombre. Pero no aún hombre cualquiera y no por cualquier razón. Estaba intentando salvar la vida de su amigo, estaba intentando evitar que ese monstruo los matara a todos... no importaba cuánto se lo recordara, ella solo podía ver el destello verde salir de la varita de Blaise. Arrebatando una vida.

Al principio creyó que había salido de la cabeza de Blaise y estaba de nuevo en su habitación, a salvo del terrible pasado del chico pero no. Aquel lugar no era Hogwarts, estaba segura.

Una pulcra cocina de mármol pulido resplandeció a su alrededor. Ella estaba sentada en un taburete de madera, admirando su alrededor.

Esa cocina era inclusive más grande que su casa.

Una de las dos puertas del lugar se abrió de golpe, mostrando a Blaise Zabini con gesto abatido. Parecía más cansado de lo que había estado nunca, más temeroso, más perdido. Parecía el Blaise Zabini de sexto año.

Ahora lo entendía. Entendía perfectamente que había cambiado tanto a los Slytherin y por un momento se sintió la persona más horrible del mundo. Siempre creyó que no eran más que unos niñatos ricos despreciables.

Que equivocada estaba.

Blaise parecía tener algún tipo de ataque de pánico, se lanzó hacia el único vaso con agua que había en la isla de mármol y se lo tomó de un trago. Vio la desesperación en su rostro, tratando de acaparar la más agua posible aunque ésta se deslizaba por su barbilla al no poder entrar en su boca.

Jadeo con fuerza, como si por fin pudiera respirar y dejó con un golpe seco el vaso donde anteriormente había estado.

-¡Blaise! -ambos chicos pegaron un bote. Una mujer, extremadamente hermosa, entró en la cocina. Portaba un vestido negro que le quedaba a la perfección y unos hipnóticos orbes morados que se desplazaban entre Blaise y la isla de mármol.

Tenia un parecido con el Slytherin. Definitivamente esa bruja era su madre.

-¡Oh, Merlín! -Padma sabía que recuerdo iba a presenciar.

La mujer se recompuso en seguida, sonrió con cariño a Blaise mientras se alisaba su vestido. Tenia un sobre blanco sin broche en la mano.

-¿Qué haces aquí? -preguntó Blaise recuperándose del susto. La mujer se acercó a él, haciendo resonar sus tacones. Posó sus manos sobre el pecho de Blaise y empezó a abotonar su camisa, aún con tacones era más baja que él. El chico enarcó una ceja ante su actitud- Nunca entras a la cocina.

La mujer sonrió con gracia, dobló el sobre y lo metió dentro del bolsillo delantero de su hijo ante su atenta mirada.

-Te estaba buscando, caro mio -susurró la mujer- Antonio ha despertado.

Blaise le dio la mejor sonrisa cruel que pudo hacer.

-Estas en problemas, mamma -se burló el moreno. La mujer hizo una mueca de desprecio ante la actitud irrespetuosa pero no dijo nada al respecto.

-No, eso significa que tú estas en problemas -le rebatió sin animo alguno. Padma se sintió confundida y por lo visto, Blaise también.

-¿Yo?

-Tú.

Blaise perdió su sonrisa pero miro a la mujer de enfrente suyo como si estuviera loca.

-Estas loca -dijo, revelando también los pensamientos de la hindú. La madre del chico soltó una enorme carcajada, agría.

-Antonio esta bajo un Imperius -admitió- De seguro ahora los aurores están viniendo por ti... -Blaise se alejó de la mujer completamente confundido.

-¿De qué hablas?

-¡Oh! Caro mio -susurró la mujer mirándolo afligida- Tú odias a Antonio.

-Ni... ni siquiera -jadeo Blaise, pareciendo que se ahogaba. Padma se levantó de un salto del taburete y corrió hacia el chico, sin poder ayudarlo pero sin querer dejarlo solo aunque fuera un sueño- ¿Cómo...?

-Iba a llevarte este vaso de agua con la excusa de... -rió- Bueno, eso ya no importa-admitió la mujer. Blaise jadeo con fuerza, pasando una mano por su garganta. La mujer rió con más fuerza cuando Blaise perdió el equilibrio y golpeo la mesa detrás de él.

El Slytherin la miró con profundo odio y estiró su mano, apresando el cuello de su madre con todas las fuerzas que tenía. Ella sonrió con más fuerza y empujó con sus mano el pecho de Blaise, sus piernas por fin habían cedido y ahora caía al suelo en cámara lenta.

-Mi dispiace molto, il mio amore -aseguró su madre arrodillándose delante suyo mientras él se ahogaba. Padma se arrodilló aún lado suyo, mirando con dolor como su amigo parecía evaporarse con cada suspiro que daba- Toda explicación de lo que has hecho esta en esa carta tuya, justo allí -señaló el bolsillo de su pantalón- Y sobre esa horripilante criatura que llamas: Mirthy, ya no hay que preocuparse... Dentro de poco te seguirá...

-Perra -jadeo Blaise mirándola con odio. Ella sonrió con más sadismo, las alarmas de la mansión sonaron con fuerza, alguien se acercaba.

-Tenías miedo de ir a Azkaban -le dijo con falso cariño, se levantó y empezó a gritar mientras Blaise se dejaba caer por completo. Su cabeza golpeo con fuerza el duro suelo- ¡AIUTO! ¡AIUTO! ¡MIO FIGLIO!

Padma tomó el rostro de Blaise entre sus manos.

-Todo va a estar bien -deseo que pudiera creerle- Todo va a estar bien. Tú saldrás de esta. Lo harás -le confio antes de que el remolino volviera por ella.

Padma soltó un grito ahogado, levantados de golpe de sobre el colchón. Incorporándose, miró a Blaise que fruncía el ceño dormido, un frío sudor caía por su frente y murmuraba palabras en italiano en voz baja.

La Ravenclaw admiró a Blaise durante un buen rato, debatiéndose si debía o no contarle al mortifago lo que había visto. Realmente no podía hacerlo, no podía decirle que había sido herido por uno de sus mejores amigos, que su madre había intentado matarlo y que no estaba equivocado. Que realmente mató a un hombre.

No podía destrozar a Blaise de esa manera.

Lagrimas silenciosas cayeron por sus mejillas mientras la chica se acostaba con delicadeza a un lado de Blaise, abrazandolo con fuerza

-Todo va a estar bien, lo prometo -susurró contra el oído del chico- Tienes a personas que te aman y te aceptan tal cual eres. Aún si no recuerdas nada... todo va a estar bien -el Slytherin dejo de removerse, sintiendo el cuerpo de Padma a un lado suyo, envolvió sus brazos sobre ella, intentando acurrucarse.

Padma cerró los ojos con fuerza. No iba a contarle nada a Blaise pero descubriría las decisiones que lo llevaron a cometer aquellos actos.

Tragó con fuerza.

Debía hablar con los Slytherin, sin estar cien por ciento segura si perdonarían a Blaise. O si lo condenarían.


Octubre, 05. 1997
Luna Llena.
Bosque Prohibido.
7:54 p.m

La fría mirada del mortífago recorría con falsa calma a los cinco hombres lobo delante de él. Parados uno al lado del otro, sin un orden aparente; sus cuerpos temblaban gracias al frío de la noche. Cada uno, en diferentes grados de nerviosismo, miraban al dúo de mortífagos delante suyo.

-No creo que vayamos a poder contra cinco hombres lobo -murmuró Vincent, con los músculos tensos y los nudillos blancos de tanto aferrarse a su varita mágica. A diferencia de los hombres lobo, el ex-Slytherin estaba bajo un hechizo climático aunque eso no evitaba que sufriera escalofríos cada dos por tres.

-No podemos contar con Hermione -dijo Draco, con la mano oculta dentro del bolsillo del pantalón- No podemos contar con Pansy y tampoco con Gregory -continuo, arrastrando las palabras mientras media a los hombres delante suyo- Blaise es un traidor y Snape no puede participar en esto. Las cosas pueden torcerse y Potter necesitará a alguien dentro de las filas para ayudarlo a ganar.

Vincent dejó escapar un suspiro tembloroso.

-¿¡Qué estamos esperando!? -gritó uno de sus acompañantes. El más alto de todos. Con el cabello rojo enmarañado, el zarpazo de un hombre lobo surcando su mejilla izquierda y sus ojos cafés envueltos por un par de ojeras. Al que Vincent reconoció como William.

-A que se transformen -hablo Vincent de vuelta- Es necesario estar en su forma lobuna para que la pócima funcione.

-¿Como sabemos que funcionará? -gritó Zed, un centímetro más bajo que William. Fornido. Cabello castaño.

-Es demasiado tarde para echarse atrás -Draco se encogió de hombros con falsa indiferencia- Haberlo pensado antes de seguirme por medio país y...

El grito, de quien Vincent recordó era Xavier, interrumpió las palabras de Draco. El azabache siempre había tenido curiosidad sobre la transformación lobuna, sobre todo después de haber visto a Theo transformarse en la Casa de los Sustos. Sabia como funcionaba, los huesos alargandose, el bello grueso saliendo de su piel y la perdida de humanidad en sus brillantes ojos dorados. Aunque, lo que realmente le quitaba el sueño, era saber si todos se transformaban a la misma hora. Si tenían una rutina a llevar o solo el dolor los golpeaba hasta dejarlos aturdidos.

Xavier fue el primero en empezar a transformarse, gritando y aullando. Con el sonido de sus huesos al romperse cubriendo la tranquilidad del Bosque Prohibido. Todo ante la atenta mirada alarmada de sus cuatro amigos y de los dos mortífagos.

Luego, aquel que conocía como Billy, cayó de rodillas. Él no gritó, al menos no al principio. Enterró sus garras en la tierra fría, su espalda se arqueó en un ángulo anti humano y un gruñido salió de las fauces que empezaba a alargarse.

Los tres restantes, Hector, Zed y William retrocedieron varios pasos dejando espacio a los dos hombres lobo que empezaban a alzarse en toda su altura. Con el pelo grueso adornando todo su cuerpo, la fauces alargadas y los ojos amarillentos.

Dos hombres lobo en todo su esplendor.

-¡Fulgari! -la perversas cuadras salieron volando de las varira de Vincent y Draco antes de que cualquiera reaccionara. Se enroscaron alrededor del cuello, brazos, torsos y piernas de sus víctimas. Apretando, apretando hasta casi dejarlos sin oxígeno.

-¡Van a matarlos...!

El grito de Zed se perdió entre los terribles gruñidos que William y Hector empezaron a soltar. Temblaban y aullaban empezando su transformación.

-Rápido -sentenció Draco, corriendo hacia los dos hombres lobos que se retorcían en el suelo debido a las cuerdas malignas.

Otro terrible gruñido.

Vincent le disparó una mirada a Draco que asintió con con decisión. Apuntó con su varita a Xavier.

-¡Emancipare! -Las cuerdas dejaron de moverse, volviéndose frágiles e inútiles. Un par de minutos después de que le hombre lobo dejara de retorcerse y aullar de dolor, se levantó con dificultad, quitándose las inmóviles cuerdas de encima, listo para lanzarse contra sus captores.

-¡Homorphus! -la luz amarilla impacto contra el pecho de la bestia. El hombre lobo, Vincent y Draco se quedaron un momento sosegados en la espera de que algo ocurriera. Instantes después el hombre lobo, reaccionando por su naturaleza, se lanzó contra los dos Slytherin listo para atacar cuando un extremo dolor lo paralizo.

Ante la atenta mirada de Draco y Vincent, el hombre lobo cayó al suelo, retorciéndose con más violencia que antes, jadeando de dolor con más intensidad, revolcándose en la tierra con fuerza. Ambos retrocedieron ante el cambio de escenario, viendo como la bestia chillaba de dolor, antes de que empezara a dejar esa forma peluda y empezara a tomar una forma más humana.

Draco rápidamente camino hacia él, sacó un frasco de su bolsillo y vertió el contenido en la boca abierta del hombre lobo. En una especie de flashback, vio como terminaba por transformarse de nuevo a un simple humano.

-¡Cuidado!

Draco, más por instinto que experiencia, se dejó caer al suelo evitando por poco el zarpazo de otro hombre lobo. Sacó su varita y apuntó a la bestia que ya se preparaba para su segundo ataque.

-¡Fulgari!

-¡Fulgari! ¡Incarcerous!

La bestia cayó de un golpe seco al suelo, chillando y sollozando mientras Draco se giraba al hombre lobo que parecía a punto de morir asfixiado.

Cuatro contra hechizos, maldiciones y pócimas después; Draco miró atento como los hombres lobo se inspeccionaba así mismos buscando algún cambio. Estaban llenos de tierra, sangre y algunos hematomas que empezaban a formarse gracias a las cuerdas.

-Oh, mierda -jadeo Vincent mirando atónito los ojos de los cinco hombres. Todos de un tono dorado.

Las cinco cabezas se giraron hacia Vincent, como si hubieran escuchado a la perfección su jadeo desde donde estaba tumbados y estuvieran absolutamente asombrados de poder hacerlo.

-Y bien... -Draco hizo una mueca, llevándose la mano hacia la marca tenebrosa- Es hora de que cumplan su parte. Nuestro Lord nos llama.


Luna llena.
Bibury, pueblo muggle.

8:20 p.m

No había sido difícil entrar en la propiedad muggle donde se escondía la familia Montague. Una pequeña casa de piedra pintoresca de dos pisos con su tejado color rojo, un poco apartada del resto de las cabañas. Mucho más cercana al río que se ocultaba en el bosque que rodeaba al pueblo.

A simple vista, con un columpio que se sostenía de la gruesa rama de un roble alto, con camino de tierra que llevaba a la casa sin pisada alguna... parecía más una casa abandonada. Ni una sola luz salía del lugar.

La sensación de magia era lo que los delataba. Las barreras habían sido fáciles de penetrar sin alterar la paz de la casa, entrar con suma delicadeza a la propiedad y correr escaleras arriba tampoco había sido muy difícil.

En menos de lo que Draco esperaba, habían desarmado a Jafar Montague y aprisionado a su familia. Celestine había logrado escapar cargando a un pequeño bebé en brazos con la distracción que Graham le había impuesto a Vincent al golpearlo a la manera muggle en pleno rostro.

Un par de golpes y la varita incrustada en el cuello de Ansel, su hermano menor de trece años, habia acabado con cualquier tipo de insurrección. Esposados con cuerdas mágicas y amordazados mientras levitaban detrás del selecto grupo de mortífagos, habían llegado al centro del pueblo muggle.

Las casas se incendiaban gracias al Fuego Maligno que algunos mortios habían soltado sobre las fachadas. El olor a humo impregnaba el aire, los aullidos de los hombres lobo y los gritos de los muggles que corrían tratando de alejarse de los enormes pies de aquella pareja de gigantes era algo a lo que Draco ya estaba acostumbrado.

Inclusive la Marca Tenebrosa que se alzaba en el cielo.

-¡JAFAR!

-¡MONTAGUE!

-¡TRAIDOR A LA SANGRE!

Los destellos verdes fueron remplazados por insultos. Los mortífagos escupían al trío de hombres que eran llevados a base de magia hacia, donde minutos antes, había una pequeña fuente.

Las risas estallaron en el aire cuando Draco, con un movimiento de varita, dejó caer a los tres magos sobre los escombros que había provocado un Bombarda lanzado al azar. Algunos cuerpos de muggles estaban tirados alrededor del lugar y las hermosas casas ya no eran más que ruinas.

Draco se retiró la mascara y la capucha de la túnica y como si fuera una señal, el resto de los mortífagos que presenciaban aquella escena y no corrían detrás de los muggles que trataban de alejarse de aquellos locos, se retiraron las máscaras mostrando sus rostros.

-¡Hay que matarlos! -aulló Bellatrix, golpeando a un par de mortífagos para poder pararse frente al círculo que se congregó alrededor de la familia Montague.

-No tan rápido, Bella -rió Dolohov- Antes deberíamos divertirnos con ellos.

Los mortios gritaron con satisfacción.

Draco se arrodilló hasta quedar cara a cara con Graham y retiró la mordaza que cubría su boca. El ex-Slytherin tenía el labio partido y un hematoma en su mejilla que empezaba a formarse gracias al puño de Vincent. Draco también estaba seguro de que tenía un par de costillas rotas.

Antes de que siquiera Draco pudiera abrir la boca, Graham escupió la saliva manchada con sangre directo al ojo de Draco, provocando que los cerrara de inmediato. Las risas y aullidos no si hicieron de esperar.

-Lindo -siseo Draco, arrastrando las palabras mientras se limpiaba el escupitajo con la manga de su túnica. La sacudió con una mueca de asco y miró fijamente a su ex compañero de Quidditch.

-¿Donde está la mujer? -preguntó Rowle- ¿Donde están la mujer y el bebé?

-¿¡Los han dejado escapar!? -Bellatrix camino hacia Draco pero se detuvo en seco cuando Vincent la apuntó con su varita- ¿¡Qué excusa tienes, Draco!? ¿¡Por qué la has dejado escapar!?

-Deja de chillar Bella -siseo Draco, incorporándose y dándole la espalda a la familia Montague en el suelo- No llegarán muy lejos, los hombres lobo están merodeando el bosque.

Jafar Montague trato de gritar por sobre la mordaza pero solo provocó otra oleada de burlas. Se retorció, intentando -desesperadamente- librarse de las ataduras y correr detrás de su familia para poder defenderlos de los hombres lobo.

Un terrible aullido resonó en el bosque provocando un escalofrío a más de uno y que los tres hombres en el suelo se quedaran tan tiesos como si los hubieran petrificado.

-¿Últimas palabras? -preguntó Draco, apuntando con su varita a Graham. Su rostro tan estoico e indiferente hacia su excompañero de casa.

-¡Que te jodan! -escupió, fulminado a Draco con la mirada.

-¿Que me joda? -Draco rió, sin gracia- Nunca he entendido. Serán tus últimas palabras, ¿qué te costaba ser un poco más... abierto? -la mirada de intenso odio por parte de Graham no disminuyó, pero intentó retorcerse para ocultar con su cuerpo a su hermano, Ansel. Lo recordaba, fue su primer año siendo prefecto y le había tocado darles el recorrido a los de primer año- Bien -se encogió de hombros- ¡Avada...!

-¡Bombarda Máxima!

-¡Protego! -Vincent logró conjurar una pared invisible entre el encantamiento y ellos... el resto de los mortífagos no tuvieron tanta suerte. Algunos salieron volando mientras otros intentaron apartarse rápidamente.

-¿¡Qué fue eso!? -exigio Bellatrix, tratando de ver por encima de la niebla de polvo que había alzado el hechizo. Con un movimiento de varita, Draco retiro la neblina para ver el panorama.

Rodeados. La Orden del Fénix los había rodeado.

Habían logrado escabullirse entre los callejones que daban a la plaza.

Shacklebolt y Alastor Moody estaban frente a ellos, a su izquierda -en otro callejón- estaban los gemelos Weasley, del lado derecho Arthur y su hijo mayor, Bill.

Girandose, Draco encontró a Emma Vanity y Nymphadora Tonks. Un poco más allá, a James Potter y Sirius Black escoltando a Lucius Malfoy.

-Maldición... -masculló por debajo.


Luna llena.
8:42 p.m

James Potter recordaba la última vez que había estado en un duelo. Había sido el día en que Lily había muerto a manos de Lord Voldemort.

Él había decidido que su ayuda era más necesaria en el pueblo que los hombres lobo estaban atacando que en su casa, protegiendo a su esposa y a su pequeño bebé.

Había visto muchas cosas, cómo los hombres lobo despedazaban a los muggles. Había visto a un gigante patear las chozas de madera y a una decena de mortífagos lanzando maldiciones asesinas a diestra y siniestra. Pero nunca había visto a chicos de la edad de su hijo comandar un grupo de mortífagos.

-Para no ser tu varita... funciona a la perfección -dijo Sirius al otro lado de Lucius. El ex-mortífago asintió sin despegar la mirada de su hijo.

-Le pertenecía a Cissy... ¡Confringo! -el destello rojo salió volando hacia Bellatrix Lestrange, Vincent Cabble y Draco Malfoy.

-¡Protego!

-¡Vamos, Lucius! -hablo Malfoy desde donde estaba parado, sonriendo como si hubiera recibido el premio mayor- ¡Puedes hacerlo mejor que eso!

-¡Es mío! -rió Bellatrix- ¡Es mío! -gritó a los mortífagos que empezaban a despertar de su letargo.

-Tienes a tu sobrina, Bella -dijo Malfoy hijo sin despegar la mirada de su padre- Él es mío.

-¡Tú no me ordenas! -Bellatrix se giró hacia Malfoy fulminandolo con la mirada.

-Oh, te equivocas Tía Bella -Malfoy desvio la mirada hacia su tía- Estoy al mando de esta expedición, tú eres la que debe obedecerme.

-¡Yo no...!

-¡Crucio! -la maldición imperdonable tomó por sorpresa a muchos. El destello golpeó a Lucius en el pecho, haciéndolo caer mientras Bellatrix gritaba furibunda. El ex mortífago se retorcía de dolor en el suelo, gritando bajo la maldición que su hijo le había mandado.

-¡Fuego Maligno! -un enorme león de fuego salió corriendo hacia donde Ojoloco y Kingsley se encontraban. Después de aquello, la batalla estalló.

Las maldiciones volaron por el aire mientras James arrastraba a Lucius detrás de las ruinas de una casa y lanzaba un Expulso a su hijo.

-¡Canuto! -gritó a Sirius- ¡Debemos sacar a la familia Montague de aquí!

-¡Yo me encargo! ¡Distrae a Malfoy! -gritó Sirius, segundos después se transformó en un enorme perro negro y salió corriendo, esquivando maldiciones, mortífagos y miembros de la Orden para lograr llegar a los tres ex-Slytherin en el suelo.

-¡Accio varita!

-¡Joder! -aulló un mortífago a quien su varita había salido volando hacia las manos de James Potter.

-¿En serio? -Lucius lo miró atonito- ¿En serio? -James se encogió de hombros.

-¿Debería haber dicho Accio varita de Draco Malfoy? -preguntó, agazapado junto a Lucius detrás de lo que antes era la pared de una cocina.

-¡Alarte Ascendare! -la pared que los ocultaba se elevó por los aires- ¡Reducto! -James y Lucius se movieron a diferentes direcciones pero la maldición no cayó sobre ellos, si no sobre el muro que se había elevado por los aires.

Segundos después, un ligero "Crack" resonó detrás de James mientras el ex-Gryffindor trataba de levantarse. Draco Malfoy se había aparecido dentro de la cocina en ruinas.

-¡Asperam suffocan! -el maleficio golpeó a Lucius, que aún trataba de levantarse. La corbata, que había estado usando todo el día, se alzó como si de una cobra se tratase y se enroscó alrededor de su cuello. Asfixiandolo.

-¡Expulso!

-¡Protego! ¡Confringo!

James esquivo por poco la maldición. La estufa explotó con un ruido grotesco.

-¡Confundo duo! -Malfoy esquivó el hechizo con maestría y atacó con un par de Reducto a James. Las maldiciones empezaron a brotar entre ellos, los destellos iluminaban el área. Cada vez que James lanzaba un maleficio, corría hacia Lucius para intentar quitarle la corbata del cuello pero Malfoy hijo no lo dejaba sólo mucho tiempo.

El lugar se llenó del salado olor del sudor de ambos y del polvo de las maldiciones explosivas que lanzaba Malfoy.

-¿Es lo único que tienes, chico? -se burló James- ¿Bombardas? ¿Reductos y Confringos? -se mofó- Pensé que la mano derecha de Quejicus era más inteligente para los hechizos oscuros.

El rostro de Malfoy se crispó de enojo.

-¡Oh! -James rió fuerte- Te molesta que lo llame Quejicus -el enojo era mas que visible en sus frías y elegantes facciones- ¿Te digo por qué le llamábamos así?

-¡Reducto! -James desvió la maldición con facilidad. Un mago alterado no era un buen duelista y James lo sabía.

-Es un juego de palabras, ya sabes -se burló, disparando una mirada preocupada a Lucius que parecía estar a punto de desmayarse. Había tirado su varita al suelo y trataba de alejar con desesperación la corbata que se envolvía en su cuello- Por quejica. Siempre quejándose y llorando... para nada el hombre que es hoy -siguió- Siempre siguiendo a Lily a todos lados... -su voz se rompió- Como si fuera su perrito faldero.

-¡Crucio! -el destello casi rozó a James, que logró tirarse al suelo a tiempo. El rostro de Draco Malfoy estaba manchado de polvo, que se había pegado a él gracias a su sudor. Sus mejillas estaban tan rojas como si estuviera haciendo mucho esfuerzo.

-¡Oh, Merlín! -se rió James- Deberías haberlo visto cuando le baje los pantalones. Colgado de un pie, tratando de quitar su grasiento pelo de rostro al mismo tiempo que intentaba cubrirse -la carcajada salió de su garganta sin mucho esfuerzo- Pobre Quejicus, tan deseoso de pertenecer a un grupo sin ser más que un pequeño quejica con ansias de grandeza.

-¡Avada Kedavra! -la maldición asesina salió con un rugido de la garganta de Malfoy. Sus ojos brillaban con aura asesina.

James, por tercera vez, logró esquivar la maldición sin mucho esfuerzo. El destello verde golpeó donde había estado tirado, provocando un agujero en el suelo de piedra, soltando una ligera mota de polvo.

Los orbes grises de Malfoy parecieron detenerse brevemente en su ataque fallido. Inclino ligeramente la cabeza, ignorando momentáneamente a James que por fin había logrado llegar a Lucius y lanzado un Finite a la corbata.

Lucius soltó un suspiro ahogado, tosió y escupió tratando de llevar oxígeno a sus pulmones.

-Tu hijo es un gran hijo de pu... -James tragó al ver la mirada furiosa que Lucius le dirigía- Sí, cierto... mi error -admitió, ayudándolo a incorporarse para seguir en su duelo contra Malfoy.

El chico aún estaba estático, mirado el hoyo en el suelo que su maldición había provocado. La furia en sus ojos había desaparecido y una sonrisa maliciosa cubrió sus labios antes de reparar en ellos, mirándolos por sobre las nubes de polvo que las distintas explosiones había provocado.

-¿En qué estábamos? -preguntó James, atrayendo la atención de ambos Malfoy- ¡Ah, sí! ¡En Quejicus! -rió- Sobre lo mucho que...

-¡Daga Nebula! -la neblina de polvo empezó a tomar formas extrañas a primera vista. Podrían haber sido cinco segundos o una eternidad. Lucius Malfoy y James Potter fueron rodeados por centenas de Dagas tan reales como ellos.

-Tenías que provocarlo -carraspeo Lucius, con su garganta seca. James se encogió de hombros.

-Al menos yo no dejé que me ahorcarán con una corbata -escupió en defensa.

-¡Eh! ¡Malfoy! -los tres hombres se giraron hacia los recién llegados. El rostro de James perdió el color mientras Lucius maldecía por debajo.

-Potter... -jadeo Draco.


Luna llena.
9:15 p.m

Harry nunca había estado en una batalla. Había seguido a Snape cuando él huía de Hogwarts pero Snape había logrado vencerlo sin mucho esfuerzo mientras sus dos amigos estaban solos y desorientados gracias a los Slytherin que huían.

No esperaba ver a un verdadero gigante, golpeado con mazos las casas de piedras mientras Arthur y Bill Weasley junto a Emma Vanity intentaban detenerlos. Fred y George volaban en sus escobas atacando a los mortífagos desde los aires mientra Nymphadora se batía en duelo con tres mortífagos. Con Shacklebolt y Ojoloco batallado contra Vincent Crabble, Bellatrix Lestrange y una león de fuego.

Sirius no estaba por ningún lado.

Los tres habían sorteado pequeños grupos de mortífagos hasta llegar al que consideraban un refugio seguro.

-No creo que deberíamos estar aquí -se lamentó Ron- Son más que nosotros.

-No dejaré que más personas mueran por mi culpa -dijo Harry, mirando a su alrededor en busca de alguien que necesitara ayuda. Justo cuando se disponía a correr y socorrer a una pareja muggle el destello de algo golpeó sus gafas.

Dentro de una casa hecha ruinas, donde debería haber estado una cocina; James Potter y Lucius Malfoy eran rodeados por un enjambre de dagas.

Draco Malfoy estaba delante de ellos, apuntandolos con su varita.

La sangre de Harry empezó a hervir dentro de sus venas. Podía sentir el enojo tensando sus músculos mientras se aferraba a la varita con fuerza. Draco Malfoy portaba una túnica negra, algo desgarrada de la parte baja; su rostro estaba manchado de polvo y su frente estaba perlada de sudor. Su cabello no estaba tan limpio como Harry lo recordaba.

No había cambiado mucho, a excepción de que ahora era un asesino.

-¡Eh! ¡Malfoy! -Harry suprimió una sonrisa de satisfacción cuando la mirada sorprendida de Malfoy cayó en él. Sus ojos se agrandaron y su mandíbula colgó abierta.

-Potter... -jadeo, mirándolo como si fuera algún tipo de alucinación.

-¡Expelliarmus! -el destello rojo fue evadido sin mucho esfuerzo por parte del mortífago. Sus ojos grises se desviaron brevemente entre ellos tres antes de que, con un movimiento elegante, retirara la capa de sus hombros.

Su camisa aún estaba blanca, sus pantalones estaban algo arrugados y sus lustrosos zapatos ya no eran tan... lustrosos. Se arremango las mangas de la camisa hasta el codo, mostrando la marca tenebrosa en su antebrazo izquierdo sin dejar de mirar a Harry.

-¡Vete de aquí, Harry! -gritó su padre.

-¡No dejes que toque la marca! -gritó Lucius, con el horror impregnando su rostro.

-¡Petrificus Totalus! -el destello azul golpeó a más de tres metros de Malfoy gracias a un movimiento de varita por parte del rubio.

-El trío de oro... -la voz de Malfoy salió arrastrada, como Harry la recordaba- ... No pensé que vería el día en que el famoso Harry Potter se ensuciara las manos y no le dejara todo el trabajo a su patética Orden.

-¡Sectumsempra! -otro desvío de varita.

-Aunque, claro... sigues siendo el mismo inútil de siempre -se mofó Malfoy, sus ojos brillando con malicia- Y tú eres la famosa salvación de los sangre sucia.

-¡Expulso!

-¡Protego! ¡Diffindo!

-¡Protego Máxima! -aulló Neville, haciendo que el hechizo oscuro golpeara la barrera invisible.

-¡Confrig...! ¡Aggg! -las dagas cayeron con un ruidoso estrépito metálico. Un enorme perro negro tenía apresado el brazo izquierdo de Malfoy, justo donde se encontraba su marca tenebrosa. La sangre roja se escurría por su mano y caía en gotas al suelo.

-¡Accio varita de Draco Malfoy! -exclamó James. La varita de Malfoy rebotó de su mano a la del padre de Harry. Su padre vio con una sonrisa de satisfacción a Lucius que rodó los ojos con exasperación.

Malfoy había colapsado en sus rodillas, con su rostro pálido y los labios blancos para evitar que un grito saliera de ellos. Sirius sacudió su enorme cabeza, desgarrando aún más el brazo de Malfoy. Un aullido de dolor por fin se escapó de sus labios.

-Lo tenemos... -dijo Neville con incredulidad. Harry asintió en acuerdo, había sido tan fácil.

Sirius volvió a sacudir sus fauces. Malfoy volvió a gritar.

-Canuto, basta. Vas a desgarrarle el brazo entero -dijo James. El enorme perro se quedó estático unos segundos antes de abrir el hocico para dejar ir al platinado.

-¡No! -gritó Lucius, avanzando un paso como si intentara detenerlo.

-¡Expulso! -la mano derecha de Malfoy apuntó hacia el perro negro que salió volando por los aires. Con un golpeo seco golpeó lo que quedaba de una de las paredes de la cocina y un chillido animal salió de su hocico.

-¡Desma...!

-¡Crucio! -la maldición imperdonable golpeó a Neville en la espalda. El chico cayó de golpe al suelo, aullando de dolor y retorciendose. Harry, Ron, Lucius y James se giraron a los recién llegados.

Vincent Crabble cubierto de sudor, tierra y sangre miraba con ojos alucinados a Malfoy arrodillado al centro de la estancia. Bellatrix Lestrange, igual de alterada que Crabble -pero por razones distintas- veía a Nevilla retorcerse en el suelo, apuntandolo con su varita.

-¡Harry corre! -gritó James, pero Harry se negó a retroceder. Levanto su brazo y apunto con su varita a Bellatrix. El hechizo bailo en su lengua antes de que la cicatriz, más fuerte que nunca, ardiera en su frente.

El lugar pareció sumergirse en silencio antes de que Bellatrix gritara, triunfante.

-¡Está aquí! ¡Está aquí! -su risa maniática interrumpió la maldición Cruciatus.

Lucius, a un lado de su padre, echo a correr. Pero Harry no estaba para reparar en la cobardía de Lucius, o en la alegría de Bellatrix ni mucho menos en el mortífago que se estaba desangrando al centro de la cocina destruida.

El silencio se volvió aterrador, escalofríos recorrieron el cuerpo de Harry. Fue ahí cuando lo vio: Voldemort apareció en una nube de humo, flotando un metro por encima del suelo con sus blancos dedos envolviendo su varita.

-¡Corre malditasea! -aulló James tratando de llegar a su hijo. Un destello rojo, que Harry no supo con exactitud de donde vino, golpeó a Bellatrix en el pecho dejándola inconsciente.

Un segundo después de que todos, incluyendo Voldemort, vieran como la bruja caía en cámara lenta hacia atrás... la batalla se desató. Harry empezó a lanzar hechizos a diestra y siniestra, esquivando todo lo que podía las maldiciones que salían de la varita de Voldemort. Los gritos retumbaban en los oídos de Harry, junto con el bombeo de su corazón.

Con cada hechizo que evitaba, retrocedía una pisada. Su talón izquierdo golpeo la punta de su pie derecho haciendo que cayera al suelo.

-¡Ya es mío!

Todo había terminado. Harry ya no veía ni percibía donde estaba su enemigo, pero distinguió como Sirius, aún en su forma de perro negro, corría hacia Voldemort.

-¡Avada..!

El dolor de la cicatriz obligó a Harry a cerrar los ojos, y entonces su varita actuó por sí sola. Percibió que esta tiraba de su mano, como si fuera un potente imán; vislumbro una llamarada de fuego dorado a través de los entrecerrados párpados y oyó un estruendo y un chillido de rabia.

-¡NO! -rugió Voldemort cuando su varita se partió a la mitad.

Un pesado silencio golpeó el lugar antes de que Harry sintiera como alguien lo tomaba por los hombros y segundos después fuera arrastrado mediante Aparición a otro lugar.

Lejos de la batalla.

Lejos de Voldemort.


Luna llena.
9:40 p.m

-¡Crucio! ¡Crucio! ¡Avada Kedavra!

Por cada maldición que Vincent lanzaba, Bellatrix lanzaba tres. Había perdido de vista a Draco hace mucho tiempo, pero no se había perdido como Sirius Black en su forma de animago había salvado a la familia Montague.

Vio como dos mortífagos se disponían a seguirlos y lanzar un par de Desmaius no había sido difícil. Y nadie había reparado en él.

Claro, eso fue antes de tener que enfrentarse a uno de los mejores aurores de todos los tiempos. Alastor Moody era un hueso difícil de roer.

Su Fuego Maligno se mantenía a una distancia segura, causando caos y distracción a medida confusa. Cuando la gente recordará esa batalla, pensaría que el león de fuego amenazaba la vida de muchos cuando lo único que hacía era correr por encima de sus cabezas sin tocarlos.

-¡Confringo! -Vincent esquivó la maldición por poco justo antes de que un Diffindo lo golpeara en la pierna. Soltó una maldición silenciosa, llevándose la mano a la herida que empezaba a emanar sangre.

-¡Fractorum! -el auror se lanzó a un lado con maestría. Las maldiciones siguieron volando entre ellos. No supo, con exactitud, en que momento Dolohov y Rowle se reunieron con ellos pero aún así Shacklebolt y Moody siguieron siendo difíciles de derribar.

Los destellos verdes volaban por todos lados. Llegó un momento en que el suelo se movió debajo de sus pies, provocando que los destellos herraran más de la cuenta. El maso de un gigante barrio entre la Orden y ellos, casi aplastandolos a todos.

Vincent retrocedió, temeroso cuando el león de fuego golpeó al gigante. Un aullido desgarrador salió de la boca del gigante, que tratando de apagar su piel que empezaba a prender en llamas, retrocedió un paso aplastando a Dolohov sin esfuerzo alguno. La bilis subió por la garganta de Vincent. El olor a carne quemada no ayudó mucho.

El ex-Slytherin vomitó sobre sus propias botas, sintiendo el dolor de la herida que Moody había abierto. Se restregó la boca con fuerza, mirando de reojo como Rowle trataba de esquivar al gigante en llamas. Vincent aprovechó la oportunidad.

-¡Avada Kedavra! -el gigante piso, Vincent cayó y la maldición asesina erró. El destello verde golepeo a Alastor "Ojoloco" Mody en la espalda. Vincent perdió la sangre del rostro.

-¡Ojoloco! -aulló Kingsley, corriendo lejos del gigante.

El mundo de Vincent se derrumbó. No importaba que maldito indulto había sido firmado, ni cuanto ayudara a la Orden, acababa de matar a uno de sus miembros. Trastabillando con sus propios pies, Vincent corrió en busca de Draco.

Esquivo al otro gigante, que corría provocando que los magos y muggles cayeran al suelo. No supo cuanto tiempo tardó en encontrar a Draco, solo podía sentir las sangre en las manos, rodillas y en su pierna. La piel desgarrada por cada vez que había tenido que detener su caída.

Vincent corrió hasta que chocó de frente con Bellatrix Lestrange. La mortífaga cayó sobre su esquelético trasero.

-¡Idiota! -le escupió. Vincent la fulminó con la mirada, sintiendo su varita temblar en sus manos. Ese era el momento perfecto para matarla.

Giró en redondondo buscando algún testigo cuando la vista se estancó en el interior de una casa destruida. Draco estaba tirado sobre sus rodillas, con la sangre escurriendose por su brazo izquierdo.

-¡Crucio! -Vincent pegó un brinco, esperando sentir el dolor de la maldición imperdonable cuando reparó que Bellatrix no lo atacaba a él... si no a Neville Longbottom. Los chillidos del chico no se comparaban en nada con los del gigante pero aún así provocaron que se le revolviera el estómago.

Y eso fue antes de enfocar su mirada en Harry Potter.

-¡Harry corre! -gritó James Potter pero Potter se negó a obedecer. Levanto su brazo y apunto con su varita a Bellatrix. Vincent se asombró internamente, San Potty tenía huevos grandes al enfrentarse a Bellatrix.

La marca tenebrosa ardió en el brazo de Vincent. El chico se llevó la mano de inmediato a la marca como si tratara de contener la quemazón. El lugar se sumergió en un terrorífico silencio y Vincent supo que había llegado tarde.

Bellatrix ya había llamado a Lord Tenebroso. La mortífaga gritó con júbilo.

-¡Está aquí! ¡Está aquí! -su risa maniática interrumpió la maldición Cruciatus.

Lucius echó a correr y por un segundo Vincent creyó que el ex-mortífago estaba huyendo pero corría directo hacia Draco.

-¡Impedimenta! -la maldición golpeó a Lucius en la espalda. Vincent no necesito reparar en Ronald Weasley que de seguro intentaba ayudar a Lonbottom a levantarse, ni en James Potter que corría hacia su hijo. El ex-Slytherin solo corrió directo a Draco que parecía estar desangrándose.

No necesito reparar en el grito de James Potter para saber que Lord Tenebroso acababa de aparecer. Con la varita en su mano derecha oculta entre su codo, giró levemente y lanzó un Desmaius no verbal a Belletrix; no podía arriesgarse a matarla. No ahora.

Parecía que el golpe que sonó en el lugar gracias al cuerpo de Bellatrix al caer era lo único que se necesitaba. Las maldiciones empezaron a brincar entre Potter y el Innombrable.

Vincent esquivó por poco una maldición que Potter padre le lanzó antes de dejarse caer de rodillas y levantar el rostro de Draco. Estaba más pálido que nunca, inclusive que cuando los marcaron como ganado.

-Draco... -susurró. La mirada desenfocada de Draco cayó en él antes de hacer una mueca.

-Mi varita...

-¡Ya es mío! -los dos mortífagos se tensaron. Girandose en redondo, posaron sus miradas angustiadas en Lord Voldemort. Potter en algún momento había caído al suelo; Vincent no podía verle el rostro pero estaba seguro de que tenía los ojos cerrados.

Un perro negro saltó por encima de las cabezas de Vincent y Draco, corriendo hacia Lord Tenebroso y Harry Potter.

-¡JODER! -escupió Vincent pero su maldición quedó opacada por el ruido que hicieron las varitas al enfrentarse. Una llamarada de fuego dorada había salido de la varita de Potter y se había impactado contra la varita Lord Oscuro. Un grueso chasquido retumbó en el lugar.

-¡NO! -rugió Lord Voldemort. La varita que había pertenecido a Lucius Malfoy se partió a la mitad ante las estupefactas miradas de todos.

El enorme perro negro esquivo la confrontación por poco, se alzó sobre sus dos patas para mostrar a Sirius Black y tomando a un semi consiente Longbottom y a un aturdido Weasley, desapareció del lugar.

Lucius Malfoy, quien segundos antes de que la varita se rompiera a la mitad, se había librado del hechizo y regresado sobre sus pasos y junto a James Potter, se lanzó a Harry Potter y el trío desapareció en un revoltijo de polvo.

El lugar quedó sumido en silencio.

Los furibundos ojos de Lord Tenebroso cayeron en ellos y Vincent lo supo. Iba a matarlos.

-Mi señor...

-Tu varita -rugió. Draco a un lado suyo tembló mientras Vincent se incorporaba y con una severa reverencia entregaba su varita sin más miramientos. Sus horribles rasgos estaban deformados por el enojo- ¡Los dejaron escapar!

Vincent tenía en la punta de la lengua decirle que no, que había sido él pero no necesito abrir la boca. Voldemort hervía en su propia furia.

-¡CRUCIO!


Biblioteca de Hogwarts.

Dos horas atrás.

Admiró su santuario. El único lugar que la hacía sentir bien consigo misma como a muchos otros Ravenclaw, algo que no había cambiado aún con la dictadura que parecían haber impuesto los Slytherin. Pero a diferencia de los años anteriores, la biblioteca ya no parecía tan segura como antes.

Solo había tres mesas ocupadas. Siete estudiantes de Ravenclaw (ya que nadie parecía moverse sólo ese último año) estaban leyendo algunos libros demasiado viejos para ser vistos en clase. En otra mesa, un par de Gryffindor y Hufflepuff (que inmediatamente reconoció como miembros del Ejército de Dumbledore) cuchicheaban entre ellos. Ginny Weasley, al centro del revuelo, parecía contarles algo de suma importancia.

Hannah Abbott y Susan Bones asentían en acuerdo. Colin Creevey y su hermano, Dennis, miraban por sobre sus hombres esperando algún ataque furtivo. Terry Boot, Michael Corner y Anthonie Goldstein estaban demasiado entretenidos en lo que Ginny Weasley decía.

Padma sufrió un escalofrío. En medio de Michael Corner y Terry Boot estaban Lavander Brown y Parvati, escribiendo en un pergamino con muto secretismo.

Y, por último, en la mesa más apartada de todos estaba Hermione Granger. La prefecta de Slytherin, Premio Anual y la bruja más inteligente de los últimos cien años... por no decir, poderosa. Se encontraba sola, rodeada de decenas de libros, abiertos, cerrados, polvorientos u olvidados mientras leía un gran tomo que Padma estaba segura había estado guardado en la sección prohibida.

Tres pergaminos, desplazados entre los libros, adquirían la lección de la lectura. Los bolígrafos muggles se movían sobre el papel sin la necesidad de que una mano los guiara. Cuando parecían terminar un párrafo, la página del libro del que escribían se cambiaba.

Padma suspiró, se cuadró y caminó con la vista fija en Granger. Sentía las manos sudorosas, los brazos tensos alrededor del libro viejo que había tomado esa mañana. Su larga falda se movía con cada paso que daba y la corbata del uniforme hacia demasiada presión. O así lo sentía ella.

-¡Padma!

-¡Shhhh! -las mejillas de Padma enrojecieron mientras Parvati le regresaba las miradas fulminantes a todos aquellos que la habían mandado a callar. Los ojos de la Ravenclaw brincaron de la mesa del Ejercito de Dumbledore a la mesa de Hermione Granger, todos la veían inclusive la Slytherin. Padma hizo una mueca y se dispuso a caminar hacia su gemela y amigos cuando escuchó la voz de Terry Boot.

-¿Por que la llamas? ¡Es una amante de mortífagos! -gritó en un susurro pero, con la biblioteca en silencio, casi todos pudieron escucharlo. Definitivamente Padma lo escucho.

En otra época, aquellas palabras la hubieran herido. Pero ahora, con un mortífago siendo su único y verdadero amigo, Bott podía comerse sus insultos.

Volvió a darse la vuelta y se encaminó a Granger sin más miramientos. La Slytherin, atenta a la entrada de Padma, sonrió con cierta malicia. Un hecho que erizó el cabello de la hindú.

Estaba intimidada. Por completo. Pero tenía una misión y la iba a completar.

Con toda la entereza que pudo y todos los nervios bailando en sus ojos se plantó delante de Granger. Soltó un suspiro tembloroso al saberse por completo con la atención de la Slytherin. Granger cruzó una pierna sobre la otra y le dio su mirada más... indiferente que Padma haya visto (claro, por debajo de la de Severus Snape).

-Granger.

-Patil -la mirada de Granger se desvió a lo que Padma supuso el Ejército de Dumbledore antes de volver su atención a ella. Le sonrió con una calidez que la alteró aún mas- ¿Gustas sentarte?

-¿Se puede?

-La biblioteca es de todos -alego la Slytherin y con un movimiento de mano los bolígrafos cayeron como peso muerto antes de ser envueltos por los mismos pergaminos. Los libros se apilaron unos sobre otros hasta formar seis columnas de máximo ocho libros.

-Gracias -murmuró, sentándose delante de la castaña y soltando su libro viejo sobre la mesa.

-¿Hombres lobo? -Padma miró la ceja enmarcada de Granger. Se encogió de hombros con fingida tranquilidad.

-Un tema fascinante para algunos -dijo con una sonrisa apretada. La Slytherin hizo una mueca.

-Lastima que haya muy pocos libros sobre el tema.

-Sí, lástima -coincidió la Ravenclaw. Esa pareció toda la charla que Hermione Granger pareció soportar antes de regresar a su lectura. Hasta ese momento, Padma no se había dado cuenta que los libros que Granger tenía a su alrededor eran puramente de Runas Antiguas.

Abrió el libro en la página prevista y empezó su lectura. No era la primera vez que lo leía, ni la segunda y posiblemente no sería la última pero en ese momento en lo único que estaba pensando era en cómo abordaría el tema con Granger. No podía soltarlo sin más... ¿tal vez si...?

-¿Tuviste Cuidado de Criaturas Mágicas? -preguntó sin desviar la mirada del libro.

-Desafortunadamente -respondió- Vin... -suspiró, llamando la atención de Padma- Crabble y Greg casi pierden un brazo.

-¿Tan mal? -Granger hizo una mueca.

-Sí... aunque al principio de quinto año fue pacífico... claro, antes de que Hagrid regresara y nos llevara a ver -hizo comillas con los dedos- unos thestral.

Padma asintió, había estudiado diferentes criaturas aunque no fueran su pasión pero de leerlos a verlos en persona eran cosas muy distintas.

-¿Nunca... uhm... hablaron de los hombres lobo? -Granger enarcó una ceja, se cruzó de brazos y miró fijamente a Padma como si estuviera estudiandola.

-No -respondió- La única clase de hombres lobo que tuvimos fue con el profesor Snape cuando Remus Lupin era maestro de Defensa contra la Artes Oscuras -inclinó ligeramente la cabeza- Dispara.

-¿Qué? -Padma frunció el ceño, verdaderamente confundida. Granger le regaló una sonrisa, una que realmente tocó sus ojos.

-Dicho muggle. Me refiero a que preguntes lo que realmente quieres saber.

-Yo no...

-No te conozco, Patil -se encogió de hombros- Pero sé que eres una de las mejores brujas de nuestra generación y como todos los Ravenclaw tienes una sed infinita de sabiduría -sus ojos se desviaron a la mesa donde se encontraba la gemela de Padma- Respeto eso, también el hecho de que las personas sean directas.

Padma se mordió el labio, entrelazo sus dedos y le dedicó una mirada tímida a Granger. Hora de ejecutar su plan

-Los hombres lobo son seres peligrosos.

-No lo dudo.

-Y poderosos durante la luna llena.

-En efecto.

-Pero cuando la luna llena se acerca, su parte humana se vuelve débil -Granger asintió en acuerdo- Y aún con la poción matalobos, que para lo único que funciona es para que su parte bestia sea tranquila, al día siguiente de su transformación son verdaderamente débiles.

-¿A donde quieres llegar? -Granger frunció el ceño. Padma resopló sin gracia y la miró con seriedad.

-¿Qué pasó con Fenrir Greyback? -el semblante tranquilo, inclusive divertido de Granger cambio de un segundo a otro. Pareció que su máscara se rasgó ligeramente para mostrar una mirada de total pavor antes de que la ira reemplazara ese sentimiento. Todo eso, que no abarcó más de tres segundos del tiempo de ambas, quedó opacado por un nuevo semblante. Confusión.

-¿Quién? -se hizo la tonta. Ella lo sabía. Granger sabía que ella lo sabía.

-He estado investigando... -lanzo su cabello sobre su hombro- ... Fenrir Greyback estaba siendo buscado por el Ministerio ya que propagaba la maldición de los hombres lobo a su antojo pero las malas lenguas dicen que se unió a la causa de... -bajo la voz, acercándose a Granger-... El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado.

-Oh -Granger disparo una mirada a los libros alrededor de la mesa. Parecía perdida.

-Y es extraño, ¿sabes? -continuo Padma, como si Granger no estuviera derrumbándose delante suyo- Él esta desaparecido.

-¿Qué? -jadeo Granger.

-Como te dije, he investigado -continuo- De boca en boca. De rumor en rumor. Dicen que Greyback está muerto.

-¿Que...? -las manos de Granger temblaban. Padma dio el golpe final.

-Sí, su manada cree que Greyback está muerto. Tiene sentido, la última vez que lo vieron fue hace dos años -miró por sobre sus hombros antes de acercarse a Granger otra vez, con secretismo. Le hizo señas para que la imitara, y así de cerca, pudo ver la palidez en su rostro- La última vez que le vieron fue en Hogwarts -ya no había manera de ocultarlo. Los ojos de la Slytherin brillaban por el miedo- En el Bosque Prohibido.

-Oh por Cirse -la castaña pareció ahogarse con su saliva. Padma asintió, fingiendo ser ignorante ante la actitud de Granger.

-¿Terrorífico, no? -preguntó al aire.

-¿Por qué me cuentas esto? -las palabras salieron temblorosas. Padma suspiro.

-Pensé que era obvio, ¿no estoy siendo demasiado directa? -preguntó. Pudo ver como Grabger tragaba con dificultad- Hace dos años, por las mismas fechas en que Greyback desapareció... hubo alguien. Alguien que pasó ese último mes encerrado en la Enfermeria.

-¿Quién?

Padma se encogió de hombros. Arrastro su silla hacia atrás y recogió su libro, lista para irse.

-¿Sabes, Granger? -Padma por un momento creyó que la Slytherin se negaría a alzar la mirada pero después de lo que pareció una eternidad para ella, sus miradas se encontraron. Y Hermione Granger por primera vez desde hacía mucho tiempo fue incapaz de colocarse su máscara. Aquella máscara que Marcus Flint le habían enseñado a portar con orgullo- Soy una Ravenclaw, con infinita sed de sabiduría -recitó sus palabras- Me encanta llegar al final del acertijo como también me encanta que las personas sean directas -le sonrió- Nos vemos luego -y, ocultando su andar tembloroso salio de la biblioteca sintiéndose por primera vez más inteligente que la bruja más poderosa de su generación.


Recuerden que los leo. Así que no se los olvide dejar sus Review.

Hubiera un pequeño fragmento que saque de Harry Potter y Las Reliquias de la Muerte.

¿Tienen alguna idea de lo que ocurrirá? ¿Que les impacto más? Si tienen algún giro que crean es ¡woah, tiene que estar en la historia! No se les olvide compartirlo. En serio, si tienen alguna idea compartanmela.

Por cierto pero no menos importante, me gustaría que pasaran a leer la historia de mi queridísimo Rubenchoellocoxd: Cambiando el futuro. Y hablando de ti, siento aún no comentarte pero ha sido una semana pesada. ¡Luego me pasaré por ahí y te comentaré!

¡Nos leemos pronto!

-Nia.