Septiembre 1, 1991.
Andén 9 ¾.

Una locomotora de vapor, de color escarlata, esperaba en el andén lleno de gente. Un rótulo decía: Expreso de Hogwarts, 11. Theodore Nott miró hacia atrás y vio una arcada de hierro donde debía estar la taquilla, con las palabras "Andén Nueve y Tres Cuartos".

Lo había logrado.

El humo de la locomotora se elevaba sobre las cabezas de la ruidosa multitud, mientras que gatos de todos los colores iban y venían entre las piernas de la gente. Las lechuzas se llamaban unas a otras, con un malhumorado aullar, por encima del ruido de las charlas y el movimiento de los pesados baúles.

Los primeros vagones ya estaban repletos de estudiantes, algunos asolados por las ventanillas para hablar con sus familiares, otros discutiendo sobre los asientos que iban a ocupar.

-Este año parece estar más repleto -comentó su padre, empujando el carrito con los baúles de Theodore. Sus orbes tan azules como los del niño miraban a su alrededor pasando de rostro en rostro- ¿Compartiras vagón con el niño Malfoy?

-Draco, papá. Su nombre es Draco -Theo rodó los ojos, con un atisbo de sonrisa en ellos.

Su padre sonrió, sombrío.

-Correcto, Draco -murmuró. Su mirada se posó en unos de los vagones del medio, vacío- Trata de hacer más amigos.

-Tengo amigos -refutó Theo- Blaise Zabini, Vincent Crabble y Gregory Goyle -Theo no se perdió la forma en como su padre tensó los hombros, con una mirada más sombría que de costumbre. Su padre hacía mucho eso, sobre todo después de la muerte de su madre.

-Amigos por tu cuenta, no la del niño Malfoy -Theo refreno el nombre de su amigo. Si su padre no quería mencionarlo, allá él. Cuando se posaron delante de la entrada, su padre subió su baúl al vagón y lo colocó en la esquina del compartimento.

El castaño se quedo sentado, mirando a su padre dar un vistazo al vagón antes de posar su mirada en él. Se agachó hasta quedar frente a frente.

-Recuerda, Theo -retiró un mechón de cabello que había caído sobre la frente del niño- No importa si no eres seleccionado a Slytherin...

-Pero nuestra familia siempre... -Su padre negó, callandolo.

-Eso no importa, Theo. Busca tu propio camino -su mirada se volvió dura- Un camino propio -Theo asintió ante la seriedad de su padre- No lo olvides, nuestras salidas al mundo muggle...

-Nunca existieron -Con una última mirada profunda, Nicholas Nott posó un beso sobre la frente de su hijo y bajo del vagón.

Theo suspiró. Por fin podría mantenerse fuera de ese sombrío castillo.

Miró por la ventana, los niños llegaban junto a sus padres y hermanos, todos sumidos en un bullicio alegre. Theodore volvió a suspirar, a veces le gustaría tener ese tipo de amigos pero su padre, desde la muerte de su madre, le había prohibido visitar a los únicos niños de su edad que conocía.

Tratando de dejar esos pensamientos tormentosos fuera de su cabeza, abrió su baúl y sacó un ejemplar de "Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos" de Newt Scammander.

-¡Theodore! -el castaño pegó un brinco en su asiento ante el grito. Con una mirada asustada poso sus ojos en el moreno que acababa de entrar en el vagón. Blaise, a diferencia suya, no llevaba puesto el uniforme. Su elfina iba detrás suyo- ¡Después de tantos años! -lloriqueo el chico antes de lanzarse a Theodore y abrazarlo con fuerza. Theo miró un poco incómodo a la elfina de Blaise, sin saber si debería regresar el abrazo o no. Blaise se separó de él antes de que pudiera averiguarlo- ¡Fratello! ¡Este será un año fantástico!

-No lo dudo -murmuró el castaño, viendo como el chico se despedía de su elfina y se dejaba caer en el asiento del frente.

-¡Imaginate todas las cosas que podremos hacer! -exclamó Blaise- Los partidos de Quidditch, ¡también podremos compartir habitación!

-No sabemos si seremos seleccionados para la misma casa -respondió Theo, pensando en las palabras de su padre. Tal vez él tuviera razón, tal vez no estaría mal quedar en Ravenclaw... con nuevos amigos.

-¡Pff! ¡Fratello! -se burló Blaise- ¡Obviamente iremos a Slytherin! ¡Draco estará en Slytherin, eso es obvio! -rodó los ojos- Crabble y Goyle también. Tú y yo, ¡imagínate las cosas que podremos hacer juntos! -sonrió de lado.

Theo se mordió el labio... tal vez, Slytherin no estaría mal.

-¡Muevanse, par de trolls! -siseo Draco entrando al vagón, con Crabble y Goyle detrás suyo- ¡Theo! -su pálido rostro brillo con una sonrisa ladina- Mi padre pensaba que irías a Durmstrang -masculló el rubio, dejándose caer a un lado de Theo. Echó su brazo sobre los hombros del castaño- Pero que bueno que has venido a Hogwarts, contigo ya estaremos completos en nuestro dormitorio de Slytherin.

Sí, tal vez Slytherin no estaría tan mal... podría estar junto a sus amigos.

-Es lo que le estaba diciendo -dijo Blaise justo cuando Crabble y Goyle se sentaron al lado del moreno- Será increíble... aunque, si Potter llegara a quedar en Slytherin... -sus ojos verdes se volvieron borrosos, como si estuviera meditando muy profundo.

-¿Potter? ¿Harry Potter? -preguntó Theo, incrédulo.

-Mi padre dijo que tratara de hacerme amigo de Potter -se encogió de un solo hombro- Supongo que debería intentarlo -el tren se puso en movimiento.

-Ha de ser un gran mago -murmuró para si Theodore- Habiendo vencido al Señor Oscuro a tan corta edad.

-Mi padre dijo que tuvo suerte -siseo Draco- ¿Tú que crees? -le preguntó a Theo.

-Yo creo que ha de ser un mago excepcional -dijo, ahora, en voz alta. Espero a que Draco tal vez se riera de sus suposiciones debido a su padre pero pareció pensar lo dicho.

-Has de tener la razón -concordó, cruzándose de brazos- El señor Tenebroso es diestro en las artes oscuras, Potter ha de muy poderoso por haberlo vencido... -sus ojos brillaron- ¿Te imaginas de las que podríamos zafarnos gracias a él? -su sonrisa se volvió maliciosa- ¿No creen? -Crabble y Goyle asintieron en respuesta, Blaise, en cambio, sonrió con satisfacción.

Mientras conversaban, el tren había pasado por campos llenos de vacas y ovejas. Blaise y Draco discutían sobre lo maravilloso que era Harry Potter a la vez que Crabble y Goyle miraban por la ventana y Theo leía su libro.

A eso de las doce y media se produjo un alboroto en el pasillo, y una mujer de cara sonriente, con hoyuelos, se asomó y les dijo:

-¿Quieren algo del carrito?

Theo asintió a las vez que Blaise preguntaba si tenía ranas de chocolate. Draco se compró un par de varitas de regaliz y Theo unas Pepas Bertie Bott de todos los sabores. Crabble y Goyle compraron empanadas, muchas empanadas de calabaza.

-Al que le salga uno de mocos, abrazara a Snape en la bienvenida -Blaise sonrió con malicia.

-¡Oye! -las mejillas de Draco se pusieron coloradas. Snape era su padrino.

Pasaron un buen rato comiendo las pepas de todos los sabores. Encontraron tostadas, coco, alverjas cocidas, fresa, curry, hierbas, sardinas, café e inclusive de pimienta pero ninguna de mocos.

En aquel momento, el paisaje que se veía por la ventanilla se hacía más agreste. Habían desaparecido los campos cultivados y aparecían bosques, ríos serpenteante y colinas de color verde oscuro.

Se oyó un golpe en la puerta del compartimento, y entró un muchacho de cara redonda. Parecía muy afligido.

-Perdón -dijo- ¿Por casualidad no habrán visto un sapo?

-Oh, creo que sí... -Blaise frunció el ceño, como si tratara de recordar. Cuando la mirada del chico se alumbró, el moreno ocultó lo mejor que pudo sus sonrisa maligna- Crabble lo aplastó con la rueda de su carrito.

El chico perdió toda la sangre del rostro.

-Esta bromeando -masculló Theo cuando sus amigos empezaron a reirse- No hemos visto ningún sapo.

-Sí, ahora pierdete -siseo Draco, logrando que el chico saliera apresurado del compartimento.

Theo puso los ojos en blanco.

-¿No podías se más cruel? -preguntó a Blaise.

-Tal vez un poco -se encogió de hombros con desinterés. Theo hizo una mueca... tal vez, su padre tenía razón. No necesitaba quedar en Slytherin.

-He estado practicando los hechizos del libro de encantamientos de nos pidieron -murmuró Draco, mirando a Theo con desconfianza- ¿Has intentado alguno?

-Unos pocos.

-¡Oh! ¡Yo igual! -Blaise corrió a su baúl y sacó su varita de madera- Vean esto...

Acababa de hacer una pirueta con su varita cuando la puerta del compartimento se abrió otra vez. Era una muchacha de su edad con el uniforme de Hogwarts ya puesto, como Theodore.

-¿Alguien ha visto un sapo? Neville perdió uno-dijo. Tenia voz mandona, mucho pelo color castaño y los dientes de adelante bastante largos.

-Ya le hemos dicho que no -dijo Blaise, pero la niña no lo escuchaba. Estaba mirando la varita que tenía en la mano

-Oh, ¿estás haciendo magia? Entonces vamos a verlo.

Se sentó a un lado de Draco, que puso tan recto que parecía como si lo hubiesen petrificado. Theo lanzó una mirada curiosa a sus mejillas rosadas pero el resto miraba a Blaise.

-¡Accio libro! -el libro que Theo tenía en sus manos salió volando directo al rostro de Blaise- ¡Auch! -jadeo el moreno, tomándose la nariz y dejando caer la varita justo donde había caído el libro.

-Idiota -masculló Draco, sacando su varita del pantalón. Theo enarcó una ceja- ¡Accio varita de Blaise! -la varita mágica salió volando directo a la mano del rubio, que sonrió con satisfacción.

Blaise lo fulminó con la mirada y la niña, a un lado de Draco, aplaudió.

-¡Fabuloso! -felicito, ajena al sonrojo que se extendió por el cuello del rubio- Ganaras muchos puntos para tu casa -sonrió, estirando su mano hacia Draco- Por cierto, mi nombre es Hermione Granger.

Todos parecieron tensarse en sus asientos. Blaise miró con los labios abiertos la mano que la sangre sucia le estiraba a Draco mientras que Crabble y Goyle se miraban uno al otro. Theo miró el rostro de Draco, ahora más pálido que de costumbre y espero su próximo movimiento.

-¡Estamos llegando a Hogwarts! -el rubio brincó de su asiento y se dirigió a su baúl- Tenemos que cambiarnos, si nos disculpas -siseo, sin mirar una última vez que la castaña.

La chica frunció el ceño ligeramente antes de posar su mirada en el resto de los chicos en el compartimento. Blaise hizo un sonido estrangulado y se agachó a recoger el libro, Crabble y Goyle tropezaron uno con el otro tratando de llegar a su baúl y Theo evitó la mirada de la niña, un poco apenado.

-Oh... -soltó la chica, como si entendiera lo que acababa de suceder- Sí, ya me voy -dijo con voz triste y salió del vagón antes de que alguno de ellos pudiera mencionar nada más.

Lo que quedaba del viaje fue un poco demasiado tenso mientras sus amigos se cambiaban de uniforme. Theo sabía que había estado mal, debería haberle dado la mano a esa niña pero... si Draco o Blaise lo hubieran visto, su amistad se volvería añicos.

A nadie en Slytherin le agradaba un amante de lo impuro.

Pero si él terminaba en Ravenclaw...

-Ya vuelvo -murmuró Draco mientras salía del compartimento con Crabble y Goyle detrás suyo.

-¿A donde vas? -preguntó Blaise, terminando de colocarse la corbata.

-A buscar a Harry Potter antes de que alguien más se haga su amigo -dijo, desapareciendo por la puerta.

Theo fijo sus ojos en el libro en su regazo.

-¿En serio sería tan malo ser amigo de un nacido de muggle? -Blaise hizo un sonido ahogado, llamando la atención de Theo.

-¡Claro que sí! ¡Es una sangre sucia! ¿Sabes las cosas que podrías trasladarnos? Todo tipo de enfermedad muggle -hizo un sonido de asco mientras se removía en su asiento. Theo enarcó una ceja ante su exagerado comportamiento pero no dijo nada.

Después de unos quince minutos, Draco estuvo de vuelta. Su rostro estaba tan rojo como el cabello de los Weasley.

-Potter apesta -escupió dejándose caer, una vez más, al lado de Theo. Blaise abrió la boca para preguntar pero Theo negó con la cabeza, dándole a entender que estaba mejor así- Despresiarme de esa manera... -murmuró para sí, apretando sus manos en puños.

Una voz retumbó en el tren.

-Llegaremos a Hogwarts dentro de cinco minutos. Por favor, dejen su equipaje en el tren, se lo llevarán por separado al colegio.

El tren aminoró su marcha, hasta que finalmente se detuvo. Todos se empujaron para salir al pequeño y oscuro andén. Theo se estremeció bajo el frío aire de la noche. Entonces apareció una lámpara moviéndose sobre las cabezas de los alumnos.

-¡Primer año¡ ¡Los de primer año por aquí!

-Un semi gigante -se asombró Theo. Nunca había visto uno en si vida.

-¿Quieres diseccionarlo? -preguntó Blaise, parado a un lado suyo- Sé cómo hacerlo...

-Blaise...

-¿Sí?

-Cállate.

-Esta bien.

Theo ignoró a Draco y Blaise mientras miraba al niño con quien el semi gigante hablaba. Tenia el cabello oscuro, unos grandes lentes y era casi una cabeza más chico que Theo, posiblemente más chico que Draco. La cicatriz sobre su frente parecía brillar.

-...¿hay más de primer año? Miren bien dónde pisan. ¡Los de primer año síganme!

Resbalando y a tientas, siguieron al semi gigante por lo que parecía un estrecho sendero. Estaba tan oscuro que Theo pensó que debía árboles muy tupidos a ambos lados. Nadie hablaba mucho. Neville, el niño que había perdido su sapo, lloriqueaba de vez en cuando.

-En un segundo, tendrán la primera visión de Hogwarts -exclamó el guía por encima del hombro-, justo al doblar la curva.

Se produjo un fuerte ¡oooooh!

El sendero estrecho se abría súbitamente al borde de un gran lago negro. En la punta de una alta montaña, al otro lado, con sus ventanas brillando bajo el cielo estrellado, había un impresionante castillo con muchas torres y torrecillas.

-¡No más de cuatro por bote! -gritó el semi gigante, señalando a una flecha de botecitos alineados en el agua, al lado de la orilla. Draco y Theo subieron en uno, seguido por Blaise y un niña de pelo rojizo.

-¿Todos han subido? -continuó el semi gigante, que tenía un bote para él solo-. ¡Vamos! ¡ADELANTE!

Y la pequeña flota de botes se movió al mismo tiempo, deslizándose por el lago, que era tan liso como el cristal. Todos estaban en silencio, contemplando el gran castillo que se elevaba por sobre sus cabezas mientras se acercaban cada vez más al risco donde se erigía.

-¡Bajen las cabezas! -exclamó su guía, mientras los primero bultos alcanzaban el peñasco. Todos atacaron la cabeza y los botecitos los llevaron a través de una cortina de hiedra, que escondía una mancha abertura en la parte delantera del peñasco. Fueron por un tunel oscuro que parecía conducirlos justo por debajo del castillo, hasta que llegaron a una especie de muelle subterráneo, donde treparon por entre las rocas y los guijarros.

-¡Eh, tú, el de allí! ¿Es éste tu sapo? -dijo el guía, mientras vigilaba los botes y la gente bajaba de ellos.

-¡Trevor! -gritó Neville, pero Theo se perdió el dulce encuentro. Su mirada, más bien, se desviaba entre Draco y Hermione Granger. Su cálido aliento formaban vapor en la fría noche mientras sus mejillas estaban demasiado sonrojadas.

-¿Sabes que no hay nada de malo, cierto? -preguntó en un susurro mientras Blaise jalaba a Crabble y Gregory hacia ellos. Draco le dirigió una mirada confundida, antes de que se volviera avergonzada cuando los orbes azules de Theo cayeron en Hermione- Me refiero a su sangre, claro está.

Draco desvió sus ojos a Hermione, luego a Theo y una vez más a la niña.

-No sé de qué me hablas -escupió, tensando los hombros y caminado detrás de la horda de niños. Subieron por un pasadizo en la roca, detrás de la lámpara del guía, saliendo finalmente a un césped suave y húmedo, a la sombra del castillo.

Subieron por unos escalones de piedra y se reunieron ante la gran puerta de roble.

-¿Están todos aquí? Tú, ¿todavía tienes tu sapo?

El semi gigante levantó un gigantesco pueño y llamó tres veces a la puerta del castillo.


Gran Comedor.

-¡SLYTHERIN!

Tal vez lo imaginó, pero el Gran Comedor pareció sumirse en un tenso silencio. La mandíbula de Blaise estaba hasta el suelo mientras Theo miraba con ojos alucinados como el sombrero seleccionador era retirado de la cabeza de Hermione Granger. La niña, con pies temblorosos, se dirigió hacia la mesa de las serpientes que miraba cada paso dado con atención.

Se sentó, dando la espalda al resto de la selección y bajo la mirada a la mesa de madera.

-Mi turno, mi turno, mi turno... -masculló Draco a un lado suyo, con un brillo renovado en su mirada.

Cuando Neville Longbottom, el chico que perdió su sapo fue llamado, se tropezó con el taburete. El sombrero tardó un largo rato en decidirse. Cuando finalmente gritó: ¡GRYFFINDOR!, Neville salió corriendo, todavía con el sombrero puesto, y tuvo que devolverlo, entre risas de todos, a MacDougal, Morag.

Draco se adelantó al oír su nombre y de inmediato obtuvo su deseo: el sombrero apenas tocó su cabeza y gritó: ¡SLYTHERIN!

Draco no sonrió, no hizo ademán alguno más que caminar hacia la mesa de las serpientes y sentarse justo en frente de Hermione Granger que aún seguía sumida en su miseria.

-¡Nott, Theodore!

Theo se sentó sobre el taburete y el sombrero seleccionador le tapó los ojos. Esperó.

-Mm -dijo una vocecita en su oreja- Difícil. Muy difícil. Hay talento, oh vaya, sí, y una buena disposición para probarse a sí mismo, esto es interesante... Entonces, ¿dónde te pondré?

Theo se aferró a los bordes del taburete y pensó: En Slytherin.

-¿Con que en Slytherin? -dijo la vocecita- ¿Qué hay de Ravenclaw? Hace unos momentos pensabas en quedar en la casa de los cuervos... ¿qué pasó? ¡oh! Ella necesitará amigos... ¡SLYTHERIN!

Theo oyó al sombrero gritar la última palabras a todo el comedor. Se quitó el sombrero y anduvo con decisión hacia la mesa de las serpientes.

Se sentó a un lado de Draco y escuchó atentamente lo que Marcus Flint estaba diciendo.

-... Los Slytherin somos leales. No importa tu sangre, eres nuestra nacida de muggles -Theo enarcó una ceja. Eso había sido rápido.

-Malfoy, Draco Malfoy...

Theo dirigió su mirada a Draco, que sonreía genuinamente a Hermione. La chica miró dudativamente la mano tendida, justo como Draco la había mirado hace solo unas horas. La estrecho.

-Hermione Granger.

-Un gusto conocerla, señorita Granger -Blaise se dejó caer a un lado de la castaña. Tomo su mano cuando se retiraba de la de Draco y la besó- Mi nombre es Blaise Zabini y es un gran honor tener una chica tan hermosa como usted en nuestra casa.

Las mejillas de Hermione enrojecieron.

-Dejala en paz, Blaise -se escuchó decir a si mismo, trayendo la atención de la castaña. Le sonrió con cortesía- Perdónalo, a veces piensa que es algún tipo de príncipe o algo por el estilo. Me llamo Theodore Nott y tengo la desdicha de ser amigo de estos dos -Con un asentimiento de cabeza, los señaló a ambos.

-Mucho gusto -sonrió.

Theo la admiró discretamente. Al igual que todos a su alrededor, su mirada estaba enfocada en cada movimiento se la niña.

¿Qué había tan especial en ella? ¿Por qué el sombrero había enviado a una nacida de muggles a la casa de las serpientes? ¿Se abría descompuesto? ... ¿y si el sombrero sabía algo que ellos ignoraban?

Valdría la pena descubrirlo.

Y tal vez, así no se arrepentiría de haber escogido Slytherin.


Octubre, 05. 1997

Luna llena.
Torre de Premios Anuales.

Poso su mirada, una vez más, en la chica de cabello castaño. Su mata de rizos ya no era más una maraña, ahora caía en suaves ondas hasta sus caderas. Sus dientes estaban perfectamente pares y sus orbes castaños miraban con preocupación los suyos.

-Has despertado... -murmuró, con un destello de lágrimas en sus ojos. Sus cálidas manos estaban envueltas alrededor de la suya.

Theo abrió la boca, se lamió los labios y miró a su alrededor. Luna seguía dormida a un lado suyo. Su largo cabello rubio estaba perfectamente tendido alrededor de ella, su pecho subía y bajaba con el latido de su corazón sonando en los oídos del castaño.

-Bebe -poso su atención de nuevo en Hermione y bebió del vaso que le tendía. El agua fue bien recibida e hidrato su seca garganta. Dio unos pocos sorbos antes de que Hermione retirara el vaso y lo volviera a colocar en la mesita de noche. Se giró una vez más a él y, retirando un mechón de cabello, le sonrió- Tus ojos...

-Lo sé -su garganta dolía un poco. Hermione hizo una mueca- Sé cómo ocultarlos.

-Lo sé -su hermana sonrió- Has estado dormido demasiado tiempo...

-Sueltalo, Herms... -la sintió apretar su mano- Sé que no soy lo único que te preocupa -Hermione parpadeo ligeramente sobre Luna antes de mirarlo de vuelta- ¿Que pasa por tu cabeza?

-Demasiadas cosas -Hermione le sonrió con dulzura, una sonrisa que no había visto ya en demasiado tiempo- Me alegro que hayas despertado -mencionó.

Theo miró fijamente a su hermana, aquella chica que conocía desde los once. Su ceño estaba ligeramente fruncido, sus labios ligeramente abiertos. Tenía ojeras, la piel demasiado pegada al hueso y de un tono demasiado pálido.

¿A dónde había ido la niña que conoció? Tal vez el sombrero se equivocó...

-Sé como destruir los Horrocrux -sus orbes castaños brillaban- Sé cómo matar Tom Riddle.

... o tal vez no.