¡Estoy tan agradecida por todos ustedes! Por todos aquellos que aún siguen mi historia a pesar del largo tiempo que tardo en subir capítulo. Creanme, he tenido un bloqueo horrible y no sabía como continuarla pero ¡por fin! ¡aquí esta!
Agradezco todos sus mensajes de animos y el tiempo que han dedicado a mi fanfic.
Los personajes no me perteneces, son de la autoría de J.K Rowling
La idea no es mía pero la trama sí.
Bienvenidos a todos aquellos que acaban de descurbir esta, lenta, pero hermosa historia (en opinión de muchos.
Octubre 06, 1997
Malfoy Manor.
1:45 a.m
El cuerpo humano -ya seas muggle, sangre sucia, mestizo o sangrepura- tiene un promedio de entre 4.5 y 5.0 litros de sangre. Es más que suficiente perder un litro y medio o dos para morir desangrado; eso lo sabía muy bien.
¿En qué momento deberías empezar a preocuparte? ¿Cuándo la persona está pálida y sudorosa? ¿O cuando, al arrastrar el cuerpo por el piso, deja un reguero de sangre en su paso? Tal vez ambas cuenten.
Vincent era una persona fuerte. Se había ejercitado desde que en cuarto año Blaise lo había llamado gordinflón. Tal vez fue aquel momento el que llevo a que su personalidad empezara a desarrollarse y dejara de perseguir a Draco sin preguntar. Claro, ahora también lo perseguiría sin preguntar, pero era porque había una confianza implícita.
El punto es que Vincent era fuerte. Podía cargar a inclusive a Gregory sin molestia alguna… pero, ahora, en ese momento su magia había recibido una paliza magistral. Sufrir un Crucio a manos del mago tenebroso más poderoso de todos los tiempos era terriblemente doloroso. Por no mencionar que quedó drenado después de la Aparición que casi le había costado una pierna. Así que, con una pierna desgarrada, las manos resbalosas por la sangre, cortadas en los brazos y los retazos de la maldición Cruciatus en su sangre… llevar a Draco hacia el interior de Malfoy Manor no era una tarea agradable.
Se había resbalado al menos tres veces en su camino -debido a la sangre y el lodo en sus botas- dejando un reguero con la sangre de Draco y suya en el suelo de mármol de la sala. En su última caída decidió arrastrarse hasta que su espalda tocó el sofá de lino blanco que se encontraba al centro del lugar. Con un esfuerzo sobre humano logró posicionar a Draco sobre un sofá en una posición más o menos cómoda.
El sudor, tierra y sangre manchada el rostro del mortífago. Su cabello estaba pegajoso por la sangre y su, antes impoluto, traje estaba desgarrado. Vincent soltó una arcada al ver el lamentable estado en que se encontraba el brazo de Draco. La piel estaba desgarrada por tirones, la sangre se escurría como riachuelos de la herida… su hombro estaba en posición antinatural.
-Mierda… -se tragó un jadeo.
Tambaleándose, logró ponerse de pie con un grito de dolor como acompañante. Su rodilla no paraba de palpitar y con cada paso que daba dejaba una pisada de rija sangre sobre el suelo. Su capa había desaparecido hacia un buen rato y su camisa estaba llena de sangre y tierra; no podía definir con seguridad a quien pertenecía, a él o a Draco. Se arrastró con una notable cojera hacia la habitación de Draco, y se dejó caer sobre la cama. Un suspiro agradable se deslizó entre sus labios. Sus párpados se cerraron.
Divagaba entre sueños ¿o eran pesadillas? No estaba muy seguro, pero al menos la pierna había dejado de dolerle. Su corazón dejó de llorar por un segundo; el terrible dolor de cabeza se detuvo. Tal vez así funcionaba morir. Todo dejaba de doler poco a poco… te desvanecías sin que nada te anclara a este mundo, sin importarte a los que dejabas atrás. Sí, sonaba muy poético… y extrañamente reconfortante.
Demasiado reconfortante para aquellos que, de existir uno, terminarían en el infierno.
Vincent se levantó con un gruñido de dolor y caminó hasta la cómoda donde Draco guardaba sus viales y pócimas. Con la sangre ya seca de sus manos, movió los frascos hasta que encontró el Díctamo. Sus manos temblorosas abrieron el frasco con torpeza.
Se encaminó de nuevo a la cama, se sentó en una orilla y se arremangó el pantalón lo mejor que pudo con una sola mano. Cinco gotas fueron suficientes para cerrar la herida, ¡dioses! Una horrible cicatriz quedó grabada sobre su piel. Hizo una mueca despectiva y caminó de nuevo a la cómoda con la rodilla aun palpitándole de dolor. Se colocó un bálsamo para el dolor sobre la rodilla haciendo un reguero de sangre sobre su propia pierna hasta que sintió el dolor desaparecer; colocó los frascos dentro una vez más y bajo con cuidado, regresando por el mismo camino por el que había llegado.
La cojera no había desaparecido.
-Te dije que no tardaría -murmuró al cuerpo inconsciente del rubio.
-Ug… -bueno, tal vez no tan inconsciente.
Jalo la mesita de cristal hasta que quedo a una distancia considerable de ambos dejando la caja de pócimas sobre ella. Abrió una vez más el frasco con Díctamo y soltó gotas considerables sobre la piel desgarrada del rubio. Con un asco y morbo horrible, Vincent miró como la piel regresaba a su sitio, mostrando una vez más la famosa Marca Tenebrosa con una horrible cicatriz surcando la mitad de ella. Ahora tenía un aire más sombrío.
Limpió con una franela el algodón lo mejor que pudo el brazo y miró los párpados cerrados de su amigo.
-Esto va a doler, fratello -Draco no hizo ademán alguno de haberlo escuchado.
Vincent exhaló con fuerza, se arremangó la camisa hasta los codos y se inclinó sobre Draco.
-Uno… dos… -el hueso del hombro hizo un sonido nauseabundo. Vincent vomitó a un lado suyo, pero Draco no hizo ademán alguno- ¡Joder! -sollozó el mortífago, su cuerpo haciendo espasmos hasta que su estómago terminó vacío.
Se limpió las comisuras de la boca mientras miraba las etiquetas de los frascos hasta que encontró una regeneradora de sangre. Abrió una ligera incisión en el brazo del rubio y vertió la mitad de la botella. Espeto un par de segundos, viendo como el pecho de su amigo subía y bajaba. Después de lo que pareció una eternidad, Draco parpadeo, su rostro se puso aún más pálido.
- ¡Espera! -chilló Vincent logrando colocarlo de lado justo a tiempo para que Draco devolviera sobre la ya manchada alfombra de hilos de oro. El rubio dio un par de arcadas antes de volver a acomodarse sobre el sofá.
-Me siento como la mierda -masculló con dolor.
-Te vez como la mierda -concordó Vincent. Draco parpadeo hacia él.
-Tú no te ves mejor, fratello -Vincent soltó un amago de sonrisa antes de tenderse con la espalda contra el sofá, lo más lejos posible del vomito y la sangre- ¿Qué me perdí? ¿Y porqué siento que un dragón me pasó por encima? -se quejó.
-Lord Tenebroso nos lanzó maldición Cruciatus tras maldición Cruciatus… -le recordó- Potter logró escaparse después de que Sirius Black te dislocara el hombro y casi te hiciera morir desangrado.
Draco masculló.
-Eso suena horrible…
Vincent asintió, pero dudaba que Draco lo hubiera visto. Miro la cicatriz en su rodilla, las botas manchadas de vómito, sangre y tierra…
Escuchó los gritos, vio las llamas… saboreó la sangre, olió la putrefacta esencia de la muerte. Nunca olvidaría esa carnicería, podrían pasar años y años, podría ir a Azkaban y recibir el beso, pero nada podría hacer que olvidara… que olvidara que él…
-Maté a Alastor Moody… -sollozó, probando la sal de las lágrimas que se habían escurrido sin permiso alguno sobre las mejillas.
Draco, su mejor amigo, no emitió palabra alguna. Lo dejó llorar y acurrucarse contra el sofá, enterrar el rostro entre las rodillas y suplicar perdón entre lamentos. No dijo nada mientras Vincent se sentía morir por dentro, mientras sentía que algo se quebraba y lo dejaba en un lamentable estado.
Siguió sin decir nada. Solo se quedó ahí, colocando una mano sobre la espalda de Vincent… dejándolo llorar.
Dejando que una parte de él muriera.
Grimmauld Place, 12
02:35 a.m
Escupió el gargajo de sangre y saliva justo en el centro del lavamanos; sentía los músculos tensos, como si hubiera golpeado una bludger con todas sus fuerzas al menos cinco veces.
Levantando la mirada posó sus orbes verdes en el reflejo del espejo, su rostro estaba lleno de tierra que gracias al sudor se había quedado adherida en sus mejillas y frentes. El cristal derecho de sus lentes estaba cuarteado, pero al menos la cicatriz había dejado de dolerle. Se palpó con sus dedos temblorosos solo para verificar que la furia de Voldemort se había apagado.
Se retiró los lentes mientras miraba de nuevo el lavamanos, abrió la llave y se lavó el rostro, limpiando la suciedad en él.
-Harry…
El susodicho suspiró, cerró la llave y volvió a colocarse los lentes para poder mirar a su amigo.
Ron tenía una mueca plasmada en el rostro, desviando la mirada entre Harry y la varita que reposaba a un lado de la llave. Otra cosa que estaba rota.
El castaño tomó las dos partes de la varita y las guardó en el bolsillo trasero. Se secó el rostro con una toalla y salió del baño, acompañado de cerca por Ron.
-Mamá le dio una pócima a Neville para que durmiera un rato -escuchó la voz de Ron detrás suyo- Dice que dormirá al menos ocho horas.
-Me alegro -murmuró Harry, aunque no lo hiciera. ¿En qué estaba pesando? ¿Por qué razón se le ocurrió llevar a sus amigos a una zona de guerra?
Quería que las personas dejaran de morir por culpa suya, pero aparecía que justo ahí es hacia donde llevaba a sus amigos. A la muerte.
Atravesó el oscuro pasillo hasta llegar a la cocina donde Molly Weasley se encargaba de llenar con té las tazas de los presentes. Arthur Weasley y Bill charlaban justo a un lado de la estufa, con miradas sombrías. Tonks estaba sentada sobre la barra de madera, disparando miradas nerviosas hacia el reloj en la pared. Emma, a un lado suyo, tenía la cabeza inclinada hacia el suelo con las manos en los bolsillos y los hombros tensos.
Lucius Malfoy, que a pesar de ser (entre los presentes) el más afectado, descansaba con soberbia en la silla de madera. Sorbia de su té mientras mantenía la mirada fija en la varita que se encontraba frente a él. Su padre y Sirius hablaban, sentados a la derecha de Lucius, con Kingsley frente a ellos (y por consecuente a la izquierda del ex mortífago) con sus miradas llenas de cansancio.
-No los escuché llegar -mencionó Harry mientras tomaba asiento al lado del moreno. Kingsley sonrió parco.
-Tuvimos un contratiempo -mencionó, mirando de reojo hacia la esquina donde Bill y Arthur hablaban, quienes sintiendo su mirada voltearon a verlo- Ojoloco murió.
La tetera en las manos de Molly cayó al suelo con un ruido estrepitoso. Harry, como si aquel traste de porcelana reflejara su interior, sintió como si algo lo abandonara para siempre.
-Lo he visto con mis propios ojos -explicó Bill mientras Arthur ayudaba a Molly a recoger los pedazos de la tetera- Ocurrió antes de que el Innombrable apareciera; fue entre un tumulto de gigantes, mortífagos y llamas. El suelo temblaba cada vez que un gigante pasaba, arremetiendo con sus mazos las casas de piedra- Bill tragó con fuerza.
-Uno de ellos se acercó demasiado al Fuego Maligno -continuó Kingsley- El olor a carne quemada… -el mago hizo una mueca, como si recordara lo horripilante de la escena- El gigante empezó a gritar, moverse… no sé, supongo que solo trataba de alejarse del fuego que había empezado a consumir su piel -soltó un largo suspiro- En su camino pisó a Dolohov, uno de los mortífagos contra quienes peleábamos Ojoloco y yo.
Todos guardaron silencio, un silencio demasiado tenso.
-¿Quién…? -susurró Molly.
Bill negó.
-No lo se -admitió- Era demasiado joven -parpadeo hacia Harry y Ron- De su edad, más o menos. Tenía la misma contextura que Charlie, ya sabes… -dijo, palpándose los músculos- Ojos azules y cabello negro… Era aquel que estaba junto a Malfoy hijo. El que convocó el Fuego Maldito.
-Vincent Crabble -masculló Lucius, reprimiendo un escalofrío.
-Luché contra él -proporcionó Kingsley- Bastante diestro…
-Un niño, solo un niño… -sollozó Molly.
Ron golpeó la mesa con la palma abierta, provocando un grito de sorpresa a más de uno. Su rostro estaba rojo y tenía una mirada furibunda.
-¡Un asesino! -siseo- Esos Slytherin siempre han sido así, mamá. Crabble no es un niño, ¡es un mortífago!
Harry entendía su furia, había visto a Crabble segundos antes de que Voldemort apareciera.
-¡Ron! -chistó Arthur.
-¡Mamá! -el grito de Fred llegó desde la sala- ¡George está temblando! -Molly se separó del abrazo de su marido y salió corriendo de la cocina con Bill, Arthur y Ron pisándole los talones. Olvidando la discusión de hacia un rato.
-¿Qué pasó? -preguntó Tonks después de uno segundos con su mirada fija en Harry- El Innombrable apareció de la nada, volando en una especie de niebla negra. Así, simplemente… apareció.
-Creemos que Bellatrix lo llamó -carraspeo James abatido- Imposible que el niño Malfoy lo hubiera convocado.
-Y Crabble -escupió con desprecio Sirius- Parecía una estatua cuando posó sus ojos en Harry -disparó una mirada a su ahijado- Nunca, vuelvas a hacer algo como aquello… tienes suerte de haber salido con vida.
Harry torció la boca.
-¿Tu varita? -preguntó Kingsley- Oí que se rompió -Harry asintió y sacó los dos pedazos que componían su varita mágica.
-Durante la pelea contra Tom -respondió, posando su mirada en la de Malfoy- ¿Es esa…? ¿La varita de Malfoy?
Lucius asintió.
-Lo es -dijo.
-Esto no tiene sentido -Emma negó- Hermione nunca dijo que el Innombrable aparecería.
-Apareció porque Harry cometió la estupidez de seguirnos -masculló Tonks. El castillo la fulminó con la mirada.
-Lo que no mencionó fueron a los hombres lobo -dijo James.
Lucius despego la mirada de la varita de su hijo y la posó sobre los presentes.
-Sabía la localización, sabía que buscaban una familia sangre pura como también sabía lo del Tabú… ¿por qué no mencionar a los hombres lobo?
-Tal vez porque o tenía conocimiento de ello -Tonks se encogió de hombros- Tal vez su infiltrado no lo sabía.
-Su infiltrado está entre los más allegados de Tom -dijo Harry- Ella misma mencionó que lo del Tabú solo lo sabían personas del círculo interno.
-Pudo haber mentido -dijo Kingsley.
-O realmente no lo sabía -James frunció el ceño- Dijiste que solo cuatro personas podían ser ese informante -miró a Lucius. El platinado asintió.
-Draco Malfoy, Vincent Crabble, Pansy Parkinson y Theodore Nott -dijo- Los dos primeros no podrían ser, es más que obvio.
-Pansy era la mejor amiga de Hermione y al igual que Theo, no estaba en la batalla -dijo Emma.
-Theodore Nott es un hombre lobo -el anuncio de Harry fue tomado con sorpresa por parte de todos excepto Sirius y James- La escuché admitirlo en frente de Snape cuando estábamos en sexto. Creemos que fue a finales de quinto cuando lo mordieron -dijo refiriéndose a Neville, Ron y él.
-Imposible -Lucius negó- Finales de quinto… -sufrió un escalofrío- Fue cuando nos atraparon. Nicholas Nott fue el único al que el señor Oscuro perdonó… no tiene sentido que haya mandado a una bestia a morder a su descendiente.
-Remus cree que Fenrir Greyback tiene algo que ver -dijo James- El hombre lobo desapareció, presuntamente muerto, por el mismo periodo de tiempo en que fuiste encarcelado.
Lucius asintió.
-El chucho estaba en Hogwarts -admitió para sorpresa de Harry- Yo lo mandé, como un plan de respaldo por si… -tragó- … la visión del señor Tenebroso no funcionaba en Potter.
-Funcionó -dijo Harry, apretando con fuerza los puños- Pero algo nos atacó entre las sombras. Ron dijo que varios destellos rojos me golpearon de diferentes ángulos; Madame Pomfrey creía que fueron Desmaius -negó- Todos despertamos en la enfermería, aunque Ginny -tragó- dijo que Blaise Zabini fue quien la atacó.
Lucius frunció el ceño.
-Él estaba muy errático -soltó James- Lo recuerdo, llegó corriendo como poseído a las faldas de Quejicus mencionando cosas sin sentido.
-¿Estas seguro de que fueron cosas sin sentido? -Kingsley negó- En ese momento no tenía sentido. Todos estábamos con otras cosas en la mente, pero recuerdo el chico, recuerdo que mencionó a alguien que les pidió que los detuvieran… -miró a Harry- ¿No es demasiada casualidad? Él, al igual que ustedes, estaba lleno de tierra y tenía una mirada desquiciada en el rostro como si hubiera visto algo horrible.
-Mencionó una trampa, también lo recuerdo -Emma miró a Lucius- Dijiste que Greyback estaba en Hogwarts.
-En el Bosque Prohibido con ordenes explícitas de traer a Potter a la fuerza si al final él decidiera no venir -suspiró- Nunca lo volví a ver. Se esfumó de la tierra.
-Y poco después un estudiante de Slytherin con la túnica roída y completamente alterado gritaba para que alguien lo ayudara con su amigo -dijo Tonks, tronando los dedos- ¿Y si Harry tenía razón?
-La tengo.
-¿Y si ese chico es un hombre lobo? Tal vez él sea el informante. Tiene sentido -se encogió de hombros- Si no mal recuerdo, el otro chico fue al que le borraron la memoria.
-Él mismo se borró la memoria cuando los mortífagos… -Lucius palideció- Le vieron la cara.
-¿Disculpa? -Sirius estaba verdaderamente confundido. Demasiadas vueltas, demasiadas teorías.
-Fueron meses de planificación, estrategia y planes de respaldo… meses antes de que Lord Tenebroso se enterara que las familias de Slytherin estaban huyendo -negó- Para que de un día al otro Draco se haya enterado quienes y en dónde.
-¿Te refieres a que les pusieron una trampa? -preguntó Emma con ojos desolados.
-Demasiado fácil. Draco encontró a esos traidores a la sangre demasiado fácil como si alguien…
-… se lo hubiera susurrado al oído -el corazón de Harry latía con fuerza. Parecía que las piezas del rompecabezas empezaban a encajar- Theodore Nott era el mejor amigo de Blaise Zabini, al igual que ese día… ¿y si Zabini se lo confesó? ¿Si le dijo dónde estarían aquel día?
-No tiene sentido -Emma negó con lágrimas en los ojos- ¿Por qué razón Theo sacrificaría a Marcus y al resto? Si él es el infiltrado y se supone el bueno… ¿por qué lo haría?
-Por que así se ganaría la confianza de Lord Oscuro -susurró Lucius, incrédulo- Cualquiera puede llegar a esa conclusión. Enviar a familias sangre pura a aldeas muggle… pero solo alguien verdaderamente inteligente podría entretejer todo ese hilo de idas y venidas -se paso una mano por el rostro- Ni siquiera Lord Oscuro pudo romper las barreras que Zabini colocó en su cerebro a la hora de borrar su memoria.
-¿A qué te refieres? -preguntó Harry.
-Inclusive lo alabó; un Obliviate tan poderoso que el mismo fue incapaz de romper -dijo- A Pucey y Derrick los torturaron durante días y ninguno fue capaz de contestar a preguntas tan simples. Y no por falta de deseo, más bien porque eran incapaces de contestar a sus preguntas -miró a Emma- Alguien les había borrado la memoria. Alguien que sabía que iban a ser atrapados y posiblemente torturados para conocer el paradero de las familias Slytherin.
-Alguien que estaba dispuesto a sacrificar a sus amigos por tener a un espía entre los mortífagos -Emma sentía la boca seca- Alguien dispuesto a morir.
-Pero fue Malfoy quien delató a los Slytherin -dijo Tonks con frustración en su voz. Estaban tan cerca…
-Por que alguien se lo dijo -repitió Kingsley. Todo empezaba a cobrar sentido.
-Nott es la mano derecha de Draco -musitó Lucius- Y Draco la de Snape, pero cuando Draco delató a los Slytherin; él, Crabble, Parkinson y…
-Nott -interrumpió Sirius con su sonrisa registrada- Obtuvieron un lugar en la mesa.
-Pero si es así. Si es un espía y un supuesto hombre lobo… -Tonks hizo una mueca, empezaba a palpitarle la cabeza- ¿Pr qué no mencionó el ataque de los hombres lobo?
Torre de Premios Anuales.
6:15 a.m.
Ella siempre se había sentido extraña. Tal vez por el hecho de que sus paradigmas eran distintos al del resto o, por que el resto, la había orillado a sentirse de esa manera. Cuando era pequeña se padre le había enseñado que no importaba en que casa quedara, ella sería querida y apreciada por el resto de sus compañeros.
No fue así. En lo más mínimo.
Sus "extraños" comportamientos habían hecho que la catalogaran como "rara". "extraña" o simplemente "lunática". Ella estaba bien con eso, no requería no requería estar con gente que la tratara de manera distinta simplemente porque no admiraba la belleza del mundo como ella lo hacía.
Como también sabía que no debía confundir amabilidad con amistad como elocuentemente lo había hecho con Harry Potter y su séquito. Pero lo hizo, ignoro todos los apelativos con que Ron Weasley la llamó porque creía que eran amigos.
Esos sutiles comportamientos o situaciones incómodas no fueron vistas de manera analítica hasta que empezó a juntarse con Astoria Greengrass, Helena Dolohov y Austin Fancourt. A primera vista los Slytherin parecían gente mimada, egoísta, engreída y cruel.
Bueno, ciertamente lo eran.
Pero cuando empezaba a conocerlos (de verdad) te dabas cuenta de que debajo de toda esa carcaza dura, egocentrista y despiadada había alguien realmente… fiel. Y no refería a la amistad superficial que vivió con Malfoy, Crabble, Zabini, Parkinson, Goyle, Granger y Theo; si no a una verdadera amistad. Donde podías contar un secreto y la otra persona aceptaba guardarlo sin dobles intensiones.
Claro, no tuvo suficiente tiempo para adentrarse más en el tema de amistad con Astoria y Austin y que habían partido junto a sus familias fuera de Inglaterra para alejarse de la guerra. O con Helena, ya que eran enemigas públicas, pero aun así guardaba buenos recuerdos de ellos tres.
Así que cuando cayó dormida y miró una nueva vida desde la perspectiva de Theo todo parecía más oscuro, deprimente y al mismo tiempo conmovedor. Sabía que Theo contaba con amistades que lo ayudarían sin importar si su objetivo era puramente egoísta o maligno; ellos no criticaban. Ella quería ese tipo de amistad.
Alguien que te apoyara incondicionalmente.
-Ahora a la izquierda -el brillo que expulsaba la varita mágica le lastimaba la vista. Entendía porque razón Hermione necesitaba inspeccionar sus ojos a fondo, como lo había hecho con su sentido auditivo, del olfato y tacto. Pero estaba empezando a impacientarse.
-Ya deberían estar de vuelta -el susurro de Pansy Parkinson, que en condiciones humanas podría haber pasado inadvertido, se había escuchado a la perfección desde el taburete donde estaba sentada.
Había despertado cinco minutos después (información recaudada por Hermione) que Theo. Al igual que su pareja, la Slytherin había insistido en hacer estudios completos sobre ambos… especímenes como ella elocuentemente los había llamado. Inclusive había hecho un chequeo sobre los hilos de su magia, argumentando que deberían sentirse extraños al portar la esencia del otro. Nada raro, ni una pizca de incomodidad a diferencia de la luz que estaba quemándole las retinas.
Theo había sido capaz de conjurar un Patronus en forma de lobo antes de inviarlo con Severus Snape para anunciar su despertar, pero habían sido tomados con la sorpresa de que el director de Hogwarts no se encontraba en el castillo, posiblemente había sido llamado por Lord Oscuro como Theo había deducido. Así que el Patronus corpóreo buscó a las otras dos personas más cercanas del castaño.
Gregory Goyle y Pansy Parkinson.
El Slytherin ahora mismo se encontraba recargado contra la puerta de la Torre, listo para anunciarles si Blaise y Padma decidían regresar de donde quiera que iban. Aunque no era necesario, Theo y Luna podían escucharlos u olfatearlos (cualquiera que sea el caso) antes de que dieran vuelta en el pasillo. Pero Theo había decidido darle esa satisfacción
Pansy, en cambio, se encontraba sentada con las piernas cruzadas a solo dos pasos de la chimenea que se encontraba en la sala. Su cabello azabache apenas rozaba sus hombros y, desde donde Luna estaba sentada (casi pegada a la pequeña cocina) podía escuchar el murmullo que hacían las manos de la Slytherin al tocar con delicadeza el chaleco que protegía su vientre en cinta. Por que Luna también podía oler aquello, un extraño aroma que sabía no pertenecía por completo a la mortífaga.
Theo, a diferencia de sus dos amigos, era el que más cerca se encontraba a Hermione y ella. Casi pegado a la espalda de su hermana adoptiva inspeccionando cada movimiento que hiciera, como si temiera que su propia hermana fuera capaz de herir a Luna. Al menos la rubia no lo creía de esa manera y si lo intentara ciertamente sería capaz de detenerla.
-Habrán tenido algún contratiempo -masculló Theo viendo como Hermione dirigía la varita hacia arriba, forzando a Luna a seguir la luz.
-Como me conforta tu preocupación, Theo -la voz de Pansy estaba impregnada de veneno, como si se sintiera ofendida por la falta de atención por parte del mortífago.
Luna podía entenderlo, ella también se había sentido muy nerviosa mientras Hermione inspeccionaba a Theo. Sin poder prestar atención al resto de los presentes.
-Ahora no -murmuró Hermione lo suficientemente alto como para que los otros cuatro la escucharan.
-Discúlpame -se mofó Theo- ¿Quieres que salga en su búsqueda?
-Es lo mínimo que deberías hacer, ya que decidiste no ir a la misión como correspondía -siseo Pansy. Hermione suspiró, alejando la varita de Luna mientras giraba hacía sus amigos.
Pansy aún seguía viendo las llamas de la chimenea, Gregory aún se encontraba recargado contra la puerta y Theo aún estaba a un baso de Hermione y Luna.
-Como verás, estaba al pendiente de otras cosas -respondió Theo, acercándose a Luna y acariciando su mejilla. Pudo sentir como se enrojecía.
-Sí, dormir a lo lindo. Todos estuvimos al pendiente de ello -escupió Pansy, girando el torso para poder ver a Theo.
-Si no te diste cuenta, Pans -los orbes dorados de Theo brillaron con enojo- Estaba a la mitad de algo; no durmiendo.
-Más de lo mismo. Tenías los ojos cerrados y estabas tumbado en una cama -dijo Pansy- O a menos que así sea como tienes sexo… -hizo un ruidito con su garganta, mirando a Luna- Cuídate, linda. No vaya a dejarte todo el trabajo.
-Al menos no me la pase llorando en una esquina porque Vincent me preñó.
-Eres un bárbaro.
-Y tu un estorbo.
- ¡Theo! -advirtió Hermione.
-Cierto -Pansy chasqueo los dedos- Se me olvidaba lo jodidamente molesto que eras -volvió a girarse, mirando una vez más las llamas de la chimenea- Tuve que haberte clavado una daga mientras dormías. A ti y a tu estúpida novia -susurró lo suficientemente bajo como para que Hermione ni Gregory la escucharan.
Luna sintió como todo su cuerpo se ponía en alerta, como si esperara algún tipo de ataque o estuviera siendo amenazada. Theo, al igual que ella, se había puesto en posición de ataque pero él, a diferencia de Luna, no miraba a Pansy. Miraba a Gregory.
Fue ahí donde Luna se dio cuenta que el Slytherin tenía la varita en la mano. Había estado tan atenta a la mortífaga que no se dio cuenta cuando el castaño sacó la varita del bolsillo.
-Es suficiente -espetó Hermione, apartándose de entre Luna y Theo para crear una barrera con su cuerpo entre la rubia y la pelinegra. Luna hizo una mueca; la voz de Hermione había sonado demasiado autoritaria.
-Entonces dile que se guarde sus comentarios -dijo Theo. Hermione rodó los ojos.
-Ya no eres un niño pequeño para caer en provocaciones.
-Eso es porque no oíste lo que dijo.
Hermione fulminó con la mirada la nuca de Theo, pues el castaño se encontraba mirando a Gregory y dándole la espalda a Hermione, Pansy y Luna.
-Me importa una mierda lo que ella dijo -la voz de Hermione casi sonó como la de Draco- Así que guarda tu varita -desvió la mirada a Luna que también tenía la suya en la mano- Y hablemos como personas civilizadas.
-No hasta que él guarde la suya -Theo hizo un movimiento de cabeza hacia Gregory.
-Ni de coña -espetó Gregory. Luna escuchó como la varita cortaba el aire al ser alzada. Y si eso no hubiera sido suficiente, Hermione se había tensado de hombros en señal de que las cosas empezaban a salirse de control.
-No me tientes, Greg -siseo Theo.
-No. Tú no me tientes a mi -escupió Hermione, alzando su varita hacia Theo y apuntando con su mano a Luna- Podrán estar en su pico más alto de energía, fuerza y habilidad, pero eso, ni bromeando, se iguala a lo que podría hacerles a ambos si deciden atacar a Luna y Gregory. Así que guarden sus varitas si no quieren que les dé una paliza magistral.
La tensión era tal que podría cortarse con un cuchillo de mantequilla.
Theo soltó un largo suspiro antes de empezar a moverse, con tal lentitud, para demostrar que no haría nada extraño. Dejó la varita sobre la barra de cocina al mismo tiempo que Luna se giraba y lo imitaba. La tensión que emanó del cuerpo de Hermione no pasó desapercibida para ambas… criaturas.
-Bien -el susurro sonó tembloroso- Esperaremos a que Snape regrese y aclararemos este asunto.
- ¿El de Theo siendo un imbécil?
- ¿El de Pansy siendo una perra? -preguntaron ambos susodichos al mismo tiempo. Hermione apretó los labios con fuerza.
-El de los Horrocrux, que es lo único importante aquí -su mirada dejó revelar un dejo de tristeza- Y le preguntaremos que ha sido de Vincent y Draco -se giró en redondo y caminó hasta el sofá negro, el más grande de la sala y se dejó caer.
Se encorvó de hombros y soltó un suspiro abatido.
-Ahora vengan acá -ordenó- Necesito ponerlos al tanto.
Luna disparó una mirada a Theo, que asintió y ambos caminaron hasta sentarse en el sofá más pequeño. Con Luna en las piernas del castaño; Pansy solo se dedicó a girarse por completo, sin levantarse del suelo y Gregory caminó hasta quedar parado detrás del sofá donde se encontraba Hermione, sin relajar su pose.
Justo al lado de la castaña, había cinco libros distintos. Unos más pequeños y viejos que otros. Sostuvo uno de tapa gruesa y negra.
-He estado investigado -dijo- El libro que encontramos en cuarto año parecía no ser el único con conocimientos sobre los Horrocrux, es más, en la oficina de Dumbledore parecían estar todos.
-Los que tienes ahí -dedujo Pansy. Hermione asintió.
-En efecto -prosiguió la castaña- Creí que la información que habíamos adquirido sobre ellos en cuarto había sido lo suficientemente oscuro como para quitarme el sueño -se encogió de sueño- Pero en estos libros llevaban a explicarme más nítidamente los detalles de la creación sobre ellos.
- ¿Hay alguna forma de volver a juntar las partes? -preguntó Luna. Hermione la miró confundida- Me refiero a revertir el encantamiento.
-Sí -afirmó Hermione con una sonrisa forzada; no preguntaría como Luna sabía lo de los Horrocrux-, pero eso resultaría terriblemente doloroso.
- ¿Por qué? ¿Cómo se hace? -preguntó Gregory.
-Arrepintiéndote -respondió Hermione-. Tienes que arrepentirte de verdad de lo que has hecho. Hay una nota a pie de página, ¿saben? Por lo visto, el dolor que sientes al hacerlo podría destruirte.
- ¿En ese libro se explica qué hay que hacer para destruir un Horrocrux? -preguntó Theo. Hermione asintió.
-Sí, lo dice -respondió Hermione y pasó las frágiles páginas como si examinara entrañas podridas-. Porque hace hincapié en lo potentes que han de ser los sortilegios que les haga los magos oscuros. Por lo que he leído, deduzco que lo que Potter le hizo al diario de Ryddle es una de las pocas maneras verdaderamente infalibles de destruir un Horrocrux.
-¿Ah, sí? ¿Clavarle un colmillo de basilisco? -preguntó Theo.
-Pues menos mal que tenemos una gran provisión de colmillos de basilisco, ¿no? -dijo Pansy con sarcasmo-. Me preguntaba que íbamos a hacer con ellos.
-No tiene que ser necesariamente un colmillo de basilisco -explicó Hermione sin impacientarse-, pero sí algo tan destructivo que el Horrocrux no pueda repararse por sí mismo. El veneno de basilisco sólo tiene un antídoto, y es increíblemente escaso…
-Las lágrimas de fénix -musitó Theo asintiendo.
-Exacto -confirmó Hermione-. Nuestro problema es que hay muy pocas sustancias tan destructivas como el veneno de basilisco, y además resulta peligroso manejarlas y transportarlas. Ésa es la dificultad que tendremos que resolver; porque no basta con partir, aplastar ni machacar un Horrocrux, sino que debe quedar tan destrozado que no pueda repararse ni mediante magia.
-Pero, aunque destrocemos el objeto en que vive, ¿por qué no puede el fragmento de alma alojarse en otro objeto? -cuestionó Gregory.
-Porque un Horrocrux es todo lo contrario de un ser humano -respondió Theo.
-No entiendo -dijo Pansy.
-Mira, si ahora mismo tomara una espada y te atravesara con ella, no le haría ningún daño a tu alma.
-Vete a la mierda.
-Para ya, Theo -pidió Hermione- Lo que Theo quiere decir es que hagas lo que le hagas a tu cuerpo, tu alma sobrevivirá intacta. En cambio, con un Horrocrux pasa todo lo contrario: para sobrevivir, el fragmento de alma que alberga depende de su continente, de su cuerpo encantado. Sin él no puede existir.
-Como cuando Potter atravesó el diario con el colmillo -dijo Gregory, sus músculos tensos- Se podría decir que mató el Horrocrux.
-Eso es. Y una vez destruido el diario, el fragmento de alma que se escondía en él ya no le fue posible seguir existiendo.
-¿Ese es el gran misterio? ¿Un colmillo de basilisco? -espetó Pansy- A menos que sepan hablar parsel dudo que las tuberías de Hogwarts nos dejen entrar a "La Cámara de los secretos".
Hermione negó, tomó un libro mucho más viejo que el que tenía en manos, prosiguió a abrirlo y lo leyó en voz alta.
-… esta espada, gracias a la magia de los duendes, no solo es indestructible, si no que también absorbe y conserva lo que la hace más fuerte… -la Slytherin pestañeó hacia sus amigos-… como el veneno de basilisco.
Hubo un pequeño silencio de expectación, como si Hermione esperara que ellos mismo descubrieran de cual espada estaba hablando.
-¡La espada de Godric Gryffindor puede destruir los Horrocrux! -una brillante y genuina sonrisa apareció en los labios de Pansy (siendo la primera de sus amigos de caer en cuenta). Se levantó de un salto- ¡Vamos! -tomo su túnica que se encontraba sobre el reposabrazos del único sofá y prosiguió a salir corriendo de la torre de Premios Anuales.
-¡Espera… Pansy! -gritó Hermione, retirando los libros de sobre sus piernas y salió corriendo detrás de la mortífaga, con Gregory pisándole los talones.
El portazo que los siguió le dio a entender a Luna que el Slytherin no olvidaba su discusión.
-¿Deberíamos ir detrás de ellos? -preguntó, posando sus orbes dorados sobre los de Theo. El castaño negó.
-No, tú y yo tenemos que aclarar un par de cosas.
Torre del director.
7:15 a.m.
Ginny Weasley muy pocas veces había estado en el despacho del director.
En primer año, cuando cayó e las garras de Tom Riddle y liberó al monstruo de la cámara de los secretos. En cuarto año también, después de haber sido atacada por Blaise Zabini en los pasillos de Hogwarts; recordaba estar tan llena de furia y dolor por la traición del Slytherin en quien, erróneamente, había creído era buena persona.
Aquellos pocos recuerdos parecían haber sucedido hacía demasiado tiempo. Los cuadros que se alzaban sobre su cabeza ya no mostraban a los antiguos directores, ahora estaba negros y vacíos producto de algún encantamiento cegador por parte del nuevo director de Hogwarts. Las cortinas moradas y con brillos dorados ahora eran negras y estáticas, probablemente también bajo algún conjuro para evitar a los oyentes no deseados. Las estanterías de vidrios que en otros años poseían frascos de distintos colores y artefactos mágicos estaba vacíos. Los sofás rojos y dorados ahora eran verdes y plateados; el prestigioso fénix sobre el escritorio del director Dumbledore había volado muy lejos del castillo.
Ni siquiera las estanterías de libros se habían salvado. O estaba vacías o contenían libros que Ginny estaba muy segura antes pertenecían a la sección prohibida.
Lo único que se mantenía en su lugar y color original era la chimenea y el sombrero seleccionador en un taburete, arrumbado en una esquina. Aquella chimenea que antes parecía cálida y ahora reflejaba frío bajo el cuadro muggle de los fundadores de Hogwarts. Lo único en aquel despacho que Snape había hurtado y aún así, ya no reflejaba más la esencia de Albus Dumbledore.
Harry estaría desolado.
-¡La he encontrado! -chilló Susan atrayendo la atención de Ginny. La pelirroja desvió su mirada del cuadro muggle y posó sus orbes azules en donde Susan señalaba.
Encima de una de las estanterías, dentro de un cajón de madera y reposando sobre un cojín rojo la famosa espada de Godric Gryffindor brillaba con luz propia. Tan reluciente y majestuoso como Ginny la recordaba.
Prácticamente tropezó hacía ella, empujando en su proceso a Hannah que miraba hipnotizada un libro de páginas amarillentas sobre el escritorio. Tomó una de las sillas que se encontraba frente a éste y la dejó pegada a la vitrina.
-Ayúdame a alcanzarla -pidió a Dean que ya se había colocado a un lado de ella y le tendía la mano. Se recargó en ella y, alzándose de puntas, tomó de la caja la espada de Gryffindor. Dejando en su olvido la caja; rápidamente volvió a bajar y miró sonriente a sus cómplices- Cuando la entreguemos esto a Harry estará tan feliz.
-Eso espero -replicó Seammus cruzándose de brazos- Porque si no todo esto será por nada.
-Deja de ser tan pesimista, Seammus -Dean rodo los ojos, con una sonrisa triunfante en el rostro- Burlamos la seguridad de ese viejo cuervo y estamos recuperando la espada de Harry justo debajo de su gigantesca nariz -el moreno se cruzó de brazos, victorioso.
-No estoy siendo pesimista, Dean -bufó el Gryffindor más bajo de entre los presentes- Sólo digo que si la espada no llega a manos de Harry entonces estamos jugándonos el pellejo por nada.
-Pesimista.
-Confiado.
-Aún sigue peor pesimista -Dean rodó los ojos- Con esto estamos un paso más cerca de que Harry gane la guerra.
-Paren ya -replicó Ginny, colgando la espalda en un cinturón que se había amarrado alrededor de la cintura con ese propósito- Ambos están siendo infantiles.
-Oigan… chicos… Deberíamos irnos ya -la voz de Hannah salió temblorosa. Los res Gryffindor y la Hufflepuff se giraron hacía la rubia que tenía una mirada turbulenta en un rostro pálido.
Ginny se colgó la túnica encima, ocultado la espada mientras -junto a sus amigos- se dirigía hacia donde Hannah estaba parada.
-¿Qué ocurre? -preguntó Susan, curiosa.
-Nada, nada -Hannah se disponía a cerrar el libro, pero al tocar las páginas del mismo calor inmenso golpeo sus dedos- ¡Auch!
-¿Qué? ¿Qué fue?
Dean y Seammus sacaron sus varitas en rápida reacción. Hannah negó con la cabeza, apartándose del libro.
-A de ser algún tipo de maldición -murmuró, mirando a Susan y Ginny- Sólo… vámonos, por favor. Este lugar me causa mal augurio -dijo, desviando la mirada.
Los dos chicos y las otros das chicos se dirigieron una mirada conocedora. No era ningún secreto que Hannah aún sufría un tipo de estrés post por lo sucedido con Collin y el mortífago Carrow.
Susan se estiró y tomó la mano de Hannah.
-Sí, hay que irnos -dijo, sin despegar la mirada de su amiga, pero dirigiéndose al resto. Los tres Gryffindor asintieron en acuerdo y se dirigieron, seguidos por ambas Hufflepuff, hacia la salida del despacho del director.
La puerta se abrió con fuerza, golpeando la pared con un ruido estridente.
-¡Profesor Snape hemos encontrado la manera de…! Las cinco miradas de los cinco chicos pertenecientes al E.D chocaron con los orbes azules de la proclamada princesa de Slytherin.
Pansy Parkinson.
A diferencia del ciclo pasado, la Slytherin portaba su cabello ónix rozando sus hombros. Su pálida piel estaba casi traslúcida, tenía unas ojeras oscuras debajo de sus ensombrecidos ojos. El uniforme de la casa de las serpientes antes pulcro y en forma, estaba arrugado y con manchas de hollín en la camisa como si hubiera pasado horas moviendo la leña de la chimenea. La túnica colgaba de los hombros, como si hubiera estado demasiado ajetreada y apurada para colocarla bien.
La pelinegra los miró estupefacta, repasando su mirada en los cinco chicos y en la falta del director de Hogwarts. Parpadeo en algo por encima de sus cabezas antes de que dirigiera una última vez su mirada sobre ellos y los viera con desconfianza.
-¿Qué hacen aquí? -siseo la Slytherin, pasando las manos por su camisa y falda en un intento de planchar su uniforme antes de cruzarse de brazos y enarcar una ceja.
-Lo mismo pregunto, mortífaga -espetó Seammus posando sus ojos en los antebrazos descubiertos de Parkinson. La chica intentó tapar la Marca Tenebrosa con la túnica, pero resbalaba con facilidad.
-No tienen derecho alguno de… -su mirada volvió a desviarse detrás de ellos. Ginny se tensó, colocando una mano sobre su túnica, justo donde se encontraba el mango de la espada. Era imposible que Parkinson supiera que ellos habían ido por la…- … ¿Dónde está la espada de Godric Gryffindor? -jadeo con voz rasposa. Su voz tan seca como si no hubiera tomado agua en días- ¿¡dónde!? ¿¡dónde está!? -gritó. Sacó su varita en un rápido movimiento que nadie vio venir.
Su mirada brillaba con locura.
-No… no sabemos de qué hablas -tartamudeo Hannah.
-¡Specialis Revelio! -con un movimiento lento y seco hizo que la túnica de Ginny revoloteara en el aire que si no fuera porque la llevaba atada en el cuello hubiera salido volando. La espada brilló con cintura- ¡Accio! -Ginny se aferró al mago de la espada, tratando de evitar que saliera volando a las manos de Parkinson, pero el reluciente artefacto no hizo ademán alguno de moverse- ¡Ug…! ¡Tú…!
-¡Expelliarmus!
-¡Protego! ¡Confringo! ¡Expulso!
Dean se había movido hacia a un lado para evitar el poderoso maleficio pero Parkinson, previendo esto, había lanzado el segundo justo donde esperaba que el Gryffindor se moviera. El hechizo lo golpeó en el pecho, haciéndolo volar por los aires y golpear con fuerza las estanterías vacías del fondo del despacho.
-¡Dean!
-¡Dame la espada Weasley y podremos olvidar esto! -exigió Parkinson, tendiendo su mano vacía hacia Ginny.
-Vete a la mierda -chilló Ginny. La mirada de Parkinson era un turbulento cúmulo de sentimientos: ira, locura y miedo.
Ginny no lo entendía, pero Parkinson parecía demasiado asustada. Lo que al principio podría pasar como un temblor de furia sacudiendo su cuerpo en realidad era miedo y Ginny necesitaba saber por qué.
-¡Dámela!
-¡Fulgari! -las cuerdas malignas salieron disparadas hacia la mortífaga que las desvió sin problema alguno. Su mirada se posó en Hannah, que aferraba su varita con ambas manos y al igual que ella temblaba de miedo.
-Es la última vez que te lo pido, Weasley -siseo Parkinson, fulminándola con la mirada- No sabes en lo que te estas metiendo.
-Tú eres la que no sabe en lo que se está metiendo -sentenció Ginny, apuntando a la pelinegra al mismo tiempo que Seammus, Susan y Hannah lo hacían- Harry Potter nos entrenó.
Parkinson hizo una mueca burlona.
-Y a mí me entrenó Draco Malfoy -dijo- Veamos quién fue el mejor maestro.
-¡Reducto!
-¡Desmaius!
-¡Confundus!
-¡Fianto Duri! -una fuerte barrera mágica se alzó frente a la mortífaga, recibiendo el impacto de los cuatro hechizos sin tambalearse- Funem ignis -susurró y de la punta de su varita mágica un látigo de fuego apareció.
La barrera desapareció y un chasquido maligno, la cuerda partió el aire en dos y se dirigió hacia ellos. Rápidamente los cuatro se dispersaron, tratando de alejarse lo más posible del calor abrasador.
Ginny se lanzó detrás del sofá más grande del lugar, con la espada inclinándose y golpeando el suelo. Un chasquido distinto resonó en el aire, golpeando el sofá donde se escondía y partiéndolo en dos. Las llamas avivaron la tela.
-¡Protego! -el siguiente latigazo golpeó su barrera antes de que Parkinson volviera a fustigar su látigo de fuego. Esta vez dirigido a Seammus.
El Gryffindor logró esquivarlo por los pelos, pero en una estrategia que la Slytherin ya había probado antes y realizado con eficacia, movió su mano en un ademán similar al abrir la perilla de una puerta y un destello blanco amarillento salió de ella.
-Baubilious.
La maldición golpeó a Seammus en el pecho. Su amigo miró con ceño fruncido a la mortífaga antes de palparse el pecho en busca de lo que fuera que la chica le había hecho. Negó y acto seguido sonrió.
-La magia sin varita no es lo tuyo, Parkinson -se mofó Seammus. La chica no dijo nada mientras la sonrisa de Seammus se volvía una mueca de dolor. Ni dos segundos después empezó a toser sangre, convulsionó y cayó de rodillas al suelo.
-¡Seammus! -Ginny miró furibunda a la mortífaga. Nunca había sentido un odio como aquel, la apuntó con su varita en lo que la pelinegra se mantenía enfocada en el chico-: ¡Crucio!
-¡Protego Maxima! ¡Expelliarmus!
Una fuerte y casi impenetrable barrera se alzó delante de Parkinson al mismo tiempo en que la varita de Ginny salía disparada de su mano. Ambas chicas se miraron momentáneamente estupefacta antes de desviar la mirada hacia los recién llegados.
Hermione Granger, Prefecta de Slytherin, Premio Anual y anteriormente princesa de las serpientes apuntaba con una mano hacia la barrera mágica que protegía a Parkinson y la otra, donde blandía su varita, señalaba a Ginny. Su mirada, siempre altiva y petulante, miraba con desaprobación a ambas chicas. Parkinson tuvo el descaro de sonrojarse mientras el látigo de fuego se separaba de su varita, caía al suelo y se extinguía en humo.
Ginny no se amedrentó, se levantó rápidamente ajustándose la espada en el cinturón mirando a su alrededor en busca de su varita. Gregory Goyle, como una mole humana se plantaba detrás de la Slytherin, de brazos y mirando con curiosidad la estancia.
Hannah se había lanzado detrás del escritorio y desde donde Ginny se encontraba podía escuchar los sollozos. Sisan miraba estupefacta a Goyle, que a diferencia de sus dos amigas no había logrado esconderse; solo estaba ahí, tumbada en el suelo.
Dean aún estaba inconsciente donde el maleficio de Parkinson lo había lanzado y Seammus jadeaba y vomitaba sangre.
-¿Pero qué es todo… esa es la espada de Godric Gryffindor? -el susurro de la castaña se elevó en un chillido , bajando ambas manos y mirando con estupefacción la espada colgando la cintura de Ginny.
-Le pertenece a Harry y voy a entregársela.
-Le pertenece al colegio y tú la estas robando en nombre del Indeseable número uno -espetó Parkinson, su iracunda mirada cambio a una de desconcierto seguida por una de revelación para terminar en una de triunfo- Sabes donde se esconde Potter -sentenció.
Ginny se mordió el labio, sintiéndose descubierta.
-Tonterías -resopló Granger, sacudiendo su perfecta coleta y mirando a Ginny fijamente- Deja esa espada donde estaba. Ahora -ordenó. Ginny se disponía a hacer lo que la Slytherin le pedía antes de fruncir el ceño.
-Tú no me ordenas.
-¿Dónde está Potter?
-Esto es estúpido -Granger negó- Greg, ayuda a Finnigan antes de que se ahogue con su propia sangre.
-¿¡Sí!? -un agudo chillido salió de la garganta de Susan, el rostro tan rojo al darse cuenta que mantenía una mirada embobada en su rostro para con el Slytherin.
-Comprueba que Thomas siga vivo y después de tranquilizar a Abbott… -hizo una mueca al escuchar los sollozos de la Hufflepuff más descarriados- … y si no funcionaba, aplícale un Desmaius -posó su mirada en Parkinson. Castaño contra azul. La antigua princesa contra la actual- Y tú deberías marcharte.
-¡Tú no me das ordenes sangre sucia inmunda! -gritó la mortífaga. Granger no se inmutó, no hizo mueca alguna o bufo.
-Somos dos contra uno -dijo, refiriéndose a ella y al musculoso chico que se dirigía hacia donde Seammus se encontraba- Y en caso donde no te hayas dado cuenta, soy mejor que tú. Mucho mejor -su mirada se ensombreció- Yo no me iré con nimiedades.
Parkinson sufrió un escalofrío. Miró a su alrededor, tal vez en busca de algún aliado o alguna manera de salir con su orgullo intacto.
-Lo que sea -golpeó su corto cabello, haciendo una mueca despectiva y mirando con asco a Granger- Más vale que esa espada quede donde debería estar o Snape se enterara de esto -giró sobre sus talones y salió del despacho, dando un portazo justo como cuando había entrado.
La castaña soltó un suspiro, soltando el aire que Ginny no sabía estaba reteniendo. Dirigió su mirada a Susan, que había despertado a Thomas con algún hechizo y ahora se dirigía a Hanna. Goyle había conjurado una cubeta de metal y la había puesto en las piernas de Seammus para que la sangre cayera en ella. Apuntando con su varita el pecho del chico, con su mano libre emitía una azul murmuraba unas palabras por debajo. Haciendo que poco a poco Seammus recuperaba color en el rostro mientras que Dean, adolorido, se arrastraba hacia ambos chicos.
Ginny sintió un jalón antes de darse cuenta de que Granger le había arrebatado la espada.
-¡Oye! -se lanzó hacia ella pero Granger, con una fuerza que Ginny no conocía, la empujó con la palma abierta de su mano y la hizo caer de sentón al suelo, su trasero ardió. La pelirroja jadeo con sorpresa.
-Yo me quedaré con esto -sentenció, dirigiéndose hacia de donde la Gryffindor había tomado la espada.
-¡Eso le pertenece a Harry! El director Dumbledore se la dejó.
-Lo sé. Estaba ahí -dijo Granger, parándose sobre la silla donde Ginny lo había hecho ates y colocando la espada en su sitio- Pero Parkinson le dirá a Snape que intentaron robar la espada, de seguro nos meterá a mi y a Greg en esto y si no quieres sufrir una verdadera maldición Cruciatus es mejor se esto se quede aquí -dijo, bajándose de la silla.
-¡No es justo! -jadeo Ginny, sintiendo como en sus ojos se acumulaban las lágrimas. Todo para nada- Necesito ayudar a Harry, ¡el director Dumbledore se la habrá dejado por algo y…! -la Slytherin, mientras Ginny daba su discurso, había caminado hacia ella. De su mano colgaba un voluminoso guardapelo de oro con una "S" en forma de serpiente y relucientes piedras verdes incrustadas en él que la pelirroja nunca había visto antes en su vida-… ¿qué es…?
-Es el guardapelo de Salazar Slytherin -susurró la Slytherin, en un tono tan bajo que si no fuera por que Ginny vio que movía sus labios pensaría habérselo imaginado- ¿Realmente quieres ayudar a Potter? -tomó la mano de Ginny y dejó la reliquia en su palma abierta- Llévale este guardapelo a McGonagall y dile que he cumplido con mi parte del trato. Es su turno cumplir con la suya -le guiñó el ojo con descaro- Pero ten cuidado, no hay que quedarse con esto demasiado tiempo en el cuerpo de uno… es magia muy oscura.
-¿Cómo va a ayudar esto a Harry? -cuestionó.
-Por que esto es la principal razón por la que Potter abandonó Hogwarts -hizo una mueca- Esto y que Lord Oscuro lo busca por todos los rincones -se encogió de hombros- Más, menos. Da lo mismo -su mirada chocó con la suya- Escúchame, Weasley… mientras más rápido le llegue esta pieza a Potter más rápido la guerra habrá terminado. Y podrás volver a sus dulces brazos.
La pregunta era, ¿ella quería regresar a los brazos de Harry?
Ubicación desconocida.
8:10 a.m.
Habló con una voz aguda, clara y fría mientras mantenía la varita en alto, sujeta por una mano blanca de largos dedos. El hombre al que apuntaba estaba suspendido en el aire cabeza abajo, si cuerdas que lo amarraran, oscilando de un lado a otro, misteriosamente colgado y sujetándose el cuerpo con los brazos; la cara, deformada por el terror y congestionada por la sangre que le bajaba a la cabeza, que daba a la misma altura que la de Voldemort.
-¡No la tengo! ¡Ya no la tengo! ¡Me la robaron hace muchos años!
-No le mientas a Lord Voldemort, Gregorovitch. Él lo sabe. Él siempre lo sabe.
El hombre tenía las pupilas dilatadas de miedo, y se fueron agrandando aún más hasta que su negrura engulló por completo a Voldemort…
Y a continuación Voldemort corría por un oscuro pasillo detrás del robusto y bajito Gregorovitch, que sostenía en alto un farol. El hombre irrumpió en una habitación al final del pasillo e iluminó lo que parecía un taller. Había virutas de madera y oro que brillaban en el oscilante charco de luz, mientras que un joven rubio estaba encaramado en el alféizar de la ventana, como un pájaro gigantesco. En el brevísimo instante en que el farol lo iluminó, Voldemort vio el gozo que reflejaba su atractivo rostro; entonces el joven lanzó un hechizo aturdidor con su varita y saltó ágilmente hacía atrás, fuera de la ventana, al mismo tiempo que soltaba una carcajada.
Y de nuevo Voldemort salió de aquellas pupilas negras como túneles, y vio la cara de Gregorovitch desencajada por el pánico.
-¿Quién era el ladrón, Gregorovitch? -preguntó con voz fría y aguda.
-¡No lo sé, nunca lo supe, era un muchacho… no… por favor… POR FAVOR!
Se oyó un grito que se prolongó y se prolongó, y luego hubo un destello de luz verde seguido de un golpe seco.
La estancia se quedó momentáneamente tranquila, sin un atisbo de ruido. Con el cuerpo de Gregorovitch tumbado en el suelo, con los ojos abiertos por un último atisbo de miedo en ellos.
-Severus… -se giró hacía el recién llegado. Uno de sus mas allegados seguidores, al que más confianza profesaba desde que Bella y Lucius le habían fallado repetidas veces.
-Mi señor… -el mago hizo una pronunciada reverencia, mirando de reojo el cadáver sobre el suelo- Me ha mandado a llamar -alegó.
-Lo hice, Severus. No necesito que me lo recuerdes -espetó, girándose para mirar de frente a su sirviente. Con sus túnicas más negras que las suyas, aquel cabello grasoso y esas pupilas ónix que nunca dejaban entrever nada- Tus alumnos me han fallado -reprimió una sonrisa victoriosa el ver el escalofrío que el mortífago intento reprimir. Nunca pensó que aquel mago fuera capaz de sentir… algo por alguien ajeno.
-Mis disculpas, mi señor. Les daré una lección…
-¡Oh! No será necesario, Severus… ya se las he dado yo -se mofó, rozando su blanca mejilla con la punta de la varita perteneciente a Vincent Crabble. Los orbes negros de Severus no se alejaron de la varita mágica- Los niños cometen errores todo el tiempo, lamentablemente. Draco cometió el error de dejar escapar a esa rata de Lucius, tal vez aún profese amor a su padre.
-Lo dudo, mi señor.
-Ya lo veremos, Severus -los orbes rojos de Voldemort brillaron con enojo- Le encomiendo la misión de buscar a ese traidor a la sangre, seguidor de Potter y la Orden -escupió- Quiero que me traiga su cabeza.
-Así lo hará, mi señor.
-Necesito que te ocupes de unos asuntos, Severus -susurró- Saldré en un viaje y quiero que alguien mueva las cosas en mi nombre mientras no estoy. Y Bella, la querida Bella, me ha fallado demasiadas veces como para darle este obsequio.
-Estoy realmente agradecido.
-Deberías estarlo, Severus -mencionó- Le he ordenado a Pius Thicknesse que proclame un toque de queda, y Yaxley mandará a sus carroñeros para que la comunidad mágica no cometa la estupidez de desafiarme.
-Una brillante idea, mi señor.
-Lo es -Voldemort asintió- Quiero que vigiles a mis mortífagos mientras no estoy. No queremos otro Lucius entre nuestras filas, Severus. ¡Oh! Antes de marcharme -posó sus sanguinarios ojos sobre los de Snape- Necesito que guardes algo por mi. No puedo confiar en Bellatrix más tiempo del que ya lo he hecho.
-¿Puedo preguntar de qué trata?
-Sí -Voldemort anunció- La Copa de Helga Hufflepuff -sonrió- Necesito que la recuperes de la bóveda de Bella y la guardes en la tuya.
-Así lo haré, mi señor.
Octubre 10, 1997
Bosque Prohibido.
8:15 p.m.
Si el bosque prohibido le había parecido tenebroso, solitario y oscuro cuando había salido para detener a Potter en quinto año no se comparaba en nada hoy en día. Las temperaturas rayaban los tres grados bajo cero, así que sin varita en mano (por que los hermanos Carrow se las habían retirado) no había podido lanzar un encantamiento ambientador sobre ella y Gregory. Así que con solo sus túnicas puestas (debido a que Snape había preferido no interferir para no provocar sospecha en ambos mortífagos) ya que no sabían que se dirigían al bosque prohibido, prácticamente estaba muriéndose de frío.
-¿Por qué somos nosotros los castigados y Parkinson no? -bufó Finnigan, caminando detrás de Gregory y Hermione junto a Thomas. Hermione puso los ojos en blanco, abrazándose con fuerza sin apartar la mirada de la ballesta que colgaba de la enorme espalda de Hagrid -el guardabosques-.
-Por que fueron ustedes quienes intentaron robar la espada de Godric Gryffindor -espetó Gregory de mal humor. Ni siquiera habían podido colocarse una mísera bufanda- Nosotros somos los que no se merecían este castigo; estúpidos mortífagos de mierda -susurró en voz demasiado baja.
-Por no mencionar que lanzaron una maldición imperdonable a Parkinson… o Crabble. Como goces llamarla -siseo Hermione, ahora fulminando la cabellera pelirroja de Ginny Weasley que se encontraba a un lado del semigigante. Susan la miró por sobre su hombro, pero al toparse con la mirada de Gregory miró de nuevo hacia al frente, sonrojada.
-Lo dice quién lanzó la misma maldición a Harry a finales del ciclo pasado -acusó Weasley.
-¡Se lo merecía! ¡Él atacó a…! -se mordió la lengua, avergonzada- Olvídalo. Ya no importa -murmuró, mirando al perro que acompañaba al guardabosques.
-Bajen la voz -espetó el semigigante sin siquiera dedicarle una mirada a Hermione- Mientras más silenciosos, más rápido llegaremos con los centauros sin toparnos con bestias en el camino…
-¿¡Disculpa!? -chilló Hermione, mirando estupefacta a Hagrid- ¿Has dicho "centauros"?
-¿No te has limpiado bien las orejas? -espetó el semigigante, moviendo de un lado a otro su farola prendida- Sí, he dicho "centauros".
-¿Es que has perdido la cabeza? -jadeo la castaña- A los centauros no les agradamos; van a acribillarnos con sus lanzas y flechas.
-Podemos quedarnos con ellos hasta que su castigo termine. Estamos del mismo lado -respondió el semigigante, ahora mirando sobre su hombro para posar sus ojos en Gregory. El chico se tensó- Por que todos estamos del mismo lado, ¿o no? -preguntó con un dejo de preocupación en su voz, como si no hubiera pensado en la lealtad de ambos Slytherin.
-Por supuesto -escupió Gregory, fulminándolo con la mirada sin amedrentarse por el tamaño del mago- Estamos del mismo lado, semigigante.
-Bien, hijo de mortífagos.
-¡Oh, mira Greg! Un Bowtruckle -exclamó Hermione, tomando el grueso brazo del Slytherin en un intento por evitar que soltara un puñetazo contra la espalda del guardabosques. Gregory se estremeció, tal vez recordando lo sucedido hacía un año y se dejó contener por su mejor amiga.
-¿Dónde? -preguntó Thomas, girando la cabeza hacia sus lados en un intento de encontrar a la criatura.
-Por ahí -señaló la castaña, apuntado con su dedo un árbol cualquiera.
-¿No escucharon que bajaran la voz? -susurró Finnigan, con las mejillas prendidas al rojo vivo. ¿Cómo su amigo se dejaba manipular tan rápido por una Slytherin? Y no cualquier Slytherin. ¡La Slytherin! La serpiente más elitista, petulante y egoísta de todas.
Hermione se giró hacia el Gryffindor, posando sus ojos castaños sobre el muchacho mientras mostraba una de sus petulantes muecas.
-Puedo escuchar tus pensamientos hasta acá, Gryffindor -siseo, en un susurro que le recordaba al de Draco Malfoy- Así que apágalos o coloca una barrera -lo miró de arriba hacia abajo, provocando un sonrojo más potente en el chico- Si no quieres que yo misma los disipe.
-¡Oh! ¡Ya los vi! -exclamó Abbott, ajena al intercambio de miradas entre Finnigan y Hermione mientras miraba hacia el punto que la Slytherin había señalado- ¡Son tan lindos! -dijo completamente emocionada.
-¿Verdad que sí? -Thomas sonrió- Fue una de mis clases favoritas. Esa y la del unicornio.
-¡Oh…! A mi como me encantó el unicornio -opinó Bones- Era tan pequeño y hermoso.
-Hermoso se queda corto -dijo Thomas- Era, como, no sé… ¡bello! Creo que esa es la palabra.
-Me quedo con hermoso.
-Ah, cada uno con lo suyo.
-¡Shhh! -acalló Weasley, fulminando con la mirada a Bones y Thomas- Estamos a la mitad del bosque prohibido, no querrán que una horda de Acromantulas nos salga de la nada.
-Discrepo -dijo Hermione- Estamos del lado contrario a las Acromantulas, ¿o me equivoco, guardabosques? -Hagrid hizo un ruido evasivo- Oí que Aragog murió a finales del año pasado por lo tanto él ya no es bienvenido entra las Acromantulas -señaló con la cabeza a Hagrid que parecía haberse encogido con las palabras de la chica- Oh, no hay nada de lo que estar avergonzado, guardabosques. No muchos tienen un lazo especial con una bestia como aquella.
-¿Cómo sabes que murió? -preguntó Hagrid, disparando una mirada al perro que avanzaba cada vez más rápido. Como si huyera de algo…
-Blaise me lo contó -mencionó la Slytherin, viendo como la pelirroja se tensaba de hombros- En ese entonces ya sospechábamos que Malfoy estaba tramando algo; así que Blaise y su elfina, Mirthy, lo seguían de cera -Hermione se encogió de hombros- No sé como habrán terminado en el bosque prohibido, pero admitámoslo Blaise es un poco…
-¿Retorcido? -preguntó Thomas.
-¿Petulante? -opinó Abbott.
-¿Arrogante? -se mofó Weasley.
-¿Indiscreto? -río Finnigan.
-… impertinente -espetó, fulminando a los que criticaron al moreno- Supongo que sólo le dio curiosidad venir a indagar al bosque prohibido. Todos tenemos defectos.
-Algunos más que otros -soltó Weasley con malicia.
-No hace falta que te sinceres con nosotros, pobretona.
-¿¡Cómo me has llamado!? -chilló Weasley.
-¿Es que no te has limpiado bien los oídos? -dijo, imitando a Hagrid- Dije que no hacía falta que te sinceraras con nosotros, po-bre-to-na.
-¡Te la has ganado, serpiente! -la pelirroja se lanzó hacía Hermione, que soltó un grito estridente al no verse venir la furia de la Gryffindor y de un salto se escondió detrás de la poderosa figura de Gregory. El chico fulminó con la mirada a Weasley, fungiendo como barrera entre ambas- ¡Muévete!
-Retrocede.
-No, tú hazlo -saltaron los otros dos Gryffindor. Greg río.
-Por favor, no querrán que les rompa la cara.
-Ya verás lo que…
-¡Dementores! -chilló Susan Bones que en un principio había pensado en intervenir pero al ver al sabueso de Hagrid salir corriendo y escuchar los murmullos preocupados de Hagrid supo que algo estaba mal. Al principio no supo diferenciar el frío del ya presente, ni la neblina que empezaba a envolverse a sus tobillos. No, los había visto llegar cuando ya era demasiado tarde, cuando ya estaban pegados a sus espaldas.
Hannah Abbott salió disparada, sacudiendo los brazos en alto, por el mismo camino que el canino había tomado. Hagrid empezó a blandir el farol que traía en la mano con si de un arma se tratase antes de acordarse que traía una ballesta colgada en la espalda. Dejó caer la farola al suelo y sacó su arma.
-¡Expulso! -un destello azul salió de la mano de Hermione Granger al mismo tiempo que Hagrid lanzaba una flecha al Dementor que se encontraba a un lado de Bones. Ambos, el hechizo y la flecha no hicieron daño alguno a los Dementores a quienes apuntaban.
-¡Corran! -gritó Hagrid, sin detener sus disparos. Ninguno necesito que se lo repitieran dos veces. Weasley salió corriendo al mismo destino que había perseguido Abbott. Thomas y Finnigan corrieron en una pequeña brecha que los Dementores habían dejado.
Bones, en cambio, se había quedado paralizada en su puesto. Con su rostro prácticamente pegado al agujero que fungía como boca de la horripilante criatura. Sus felices recuerdos estaban siendo absorbidos por el Dementor.
-¡Maldición, Bones! -gritó Hermione, pegada a los talones de Gregory que había salido corriendo de vuelta a la chica. La tomó con ambas manos por la cintura y la lanzó sobre su hombro como fuese un costal de patatas. La Hufflepuff se había desmayado- ¡Por acá!
Ambos Slytherin, con la Hufflepuff colgando del hombro de Gregory, salieron corriendo por el mismo camino por el que habían llegado, dejando al guardabosques atrás.
-No pienses en cosas felices, no pienses en cosas felices -recitaba Hermione mientras corría por el sinuoso camino del bosque. Podía sentir el frío calando sus huesos; la neblina empezaba a obstaculizarle la vista. Los Dementores sobre volaban detrás suyo, tratando de absorber sus recuerdos felices. Hermione se tapó la cabeza, como si estuviera tratando de taparse de la lluvia.
Después de correr lo que había parecido una eternidad sin un rumbo fijo, el frío y la neblina por fin empezó a reducir su intensidad.
-Al menos los dejamos atrás -jadeo Gregory, dejando con cuidado a Bones contra el tronco de un árbol caído. Hermione asintió, respirando con dificultad mientras veía a su alrededor.
-Estamos muy cerca de Hogwarts. Ahí está el lago negro -resoplo la castaña, provocando pequeñas nubes con su aliento mientras señalaba con la cabeza el oscuro lago perteneciente al castillo. Una parte del lago pertenecía a los alrededores del bosque, lo que significaba que estaban muy cerca del colegio- Necesito hacer más ejercicio -dijo para sí misma, dejándose caer aún lado de la Hufflepuff sin elegancia alguna.
Gregory negó, arrodillándose justo al frente de la pelirroja y sacudiéndola del hombro con delicadeza.
-Susan... -la zarandeo- Susan, linda. Despierta.
-No va a despertar porque le digas apodos lindos, Greg -se río Hermione, fingiendo no darse cuenta del sonrojo que cubría las mejillas del Slytherin.
-¿Entonces que quieres que haga? -gruñó- No puedo llevarla cargando todo el camino a Hogwarts.
-Ajá, no puedes… -dijo con malicia- Más bien no quieres que te vean con ella. Un Slytherin y una Hufflepuff, ¡que escandalo! -se burló.
-¡Ya! -se quejó avergonzado. Hermione soltó una carcajada, tomándose el estómago con fuerza- ¡Déjalo estar! -siseo, empujando a la castaña del hombro. La chica soltó un chillido, cayendo sobre la húmeda tierra.
-¡GREGORY! -berreó, sacudiendo su túnica antes de que lo ridículo de la situación para soltarse a reír una vez más. Dio giros sobre el suelo, riendo y pataleando- ¡Oh, por Morgana! ¡Me estas matando! -resopló sin delicadeza alguna.
-Vete al infierno -gruñó el Slytherin, parándose y caminando hacia el lago negro.
-Por favor… Greg… es-estoy bromeando -río, limpiándose las lágrimas del rostro.
-Deja de reír, o los Dementores volverán a encontrarnos -dijo, quitándose la túnica. Se sentía un poco acalorado por el tiempo que había pasado corriendo y cargando con Susan. Se puso de cuclillas y remojó la manga de su túnica en el lago.
La risa de Hermione había parado de golpe, algo que agradecía internamente. Sabía que su amiga lo decía en broma, pero si él llegase a hacer algún movimiento con la Hufflepuff, ¿cómo lo tomarían las demás casas? ¿Siempre estarían esos prejuicios para con él? ¿Un hijo de mortífagos? ¿Ganar la guerra realmente le daría la paz que esperaba? Dudaba volver a tener paz, al menos no mientras los asesinos de su madre siguieran vivos.
Hermione sujetó con fuerza su mano; no se había dado cuenta de que se había sumido en un silencio tosco. Se disponía a calmar las dudas de la castaña cuando se dio cuenta que la mano enroscada alrededor de su muñeca salía del lago negro. Una blanca y húmeda mano, y la criatura a la que pertenecía empezó a tirar de él como si intentara hundirlo en el agua. La superficie del lago negro ya no estaba lisa como un espejo, sino revuelta, y allá donde Gregory miraba veía cabezas y manos blancas que emergían del agua: eran hombres, mujeres y niños con los ojos hundidos y ciegos que avanzaban hacia la superficie del bosque prohibido, un ejército de cadáveres que se alzaba de la negrura de las aguas.
-¡INCENDIO! -una llama de fuego pasó casi rozando su oreja, impactando contra los Inferius que se arrastraban detrás del que sostenía la mano de Gregory. El chico alzó el puño y con toda la fuerza que pudo emplear, lo impactó contra el rostro del Inferi que lo sostenía por la muñeca. Éste se soltó, cayó hacia atrás y lo salpicó todo- ¡Greg! ¡Corre!
El chico se arrastró por la tierra húmeda durante unos segundos antes de alzarse con velocidad y correr hacía donde Hermione se encontraba. Lo alaridos de los Inferius resonaban en el aire.
-¿¡Qué mierda!? -el Slytherin soltó un alarido.
-¡FUEGO MALIGNO! -una hermosa y reluciente ave fénix salió de la varita que Hermione sostenía. Se alzó en vuelo, batió sus alas y cayó en picada hacia el lago negro lleno de Inferius. Gregory, ignorando los chillidos de las criaturas, corrió hacía Hermione.
-¡Haberla sacado antes! -espetó el castaño, volviendo a levantar a Susan sobre su hombro. Tomó la muñeca de Hermione y se adentro corriendo al bosque. Prefería enfrentarse mil veces a un Dementor que a un Inferi.
-No sé convocar un Patronus -murmuró la Slytherin, guardando la varita de Casiopea Zabini sin dejar de correr.
-¿Qué no sabes convocar un…? Ag, ya no me acordaba que los únicos que sabían hacerlo eran Theo y Vincent -Hermione se encogió de hombros, mirando hacia atrás para comprobar que ni los Inferius ni los Dementores los siguieran- Cuando Blaise se de cuanta que le robaste la varita… -Hermione lo interrumpió con un bufido.
-Eso será cuando saque la cabeza de las faldas de Padma Patil -hizo una mueca maliciosa antes de que se convirtiera en una llena de asco- … o en todo caso de las de Bellatrix Lestrange -fingió un escalofrío.
-¡Herms! No necesito esas imágenes en mi cabeza.
-Créeme, ni yo Greg. Ni yo.
Tome textos prestados de "Harry Potter y las reliquias de la muerte" junto a "Harry Potter y el principe mestizo".
¡Espero que les haya encantado como a mi! Me tomó bastante tiempo enlazar estas partes de la historia pero por fin lo he logrado. Espero subir el siguiente capítulo esta semana, ya tengo la mitad escrito sólo falta un poco del desenlace del mismo.
No olviden dejarme su Review, creanme que es lo que me anima para continuar con esta historia.
¡Nos leemos pronto!
-Nia.
