N/A: Los personajes no me pertenecen son propiedad de RT (Rumiko Takahashi) al igual que parte de la historia. Yo solo cambie algunas temáticas y conceptos, agregando también algunos OC's.
Espero que disfruten de mí historia
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El día en el que Kagome cumplió quince suponía ser una celebración perfecta entre su pequeña familia, se había preparado un pastel de sus sabores favoritos y la casa decoraba sus rincones con fotos de ella, especialmente el comedor con un cartel de "Feliz cumpleaños" gigante sobre la mesa. Lo único faltante era la presencia de la joven protagonista que por crueldades del destino ese mismo día debía de asistir a clases, al menos eso le serviría para poder recibir los saludos de sus amigos junto a los regalos.
Kagome vivía cerca de un antiguo templo manejado por otros integrantes cercanos de su familia, la cantidad de gente religiosa que proviene la mayoría del tiempo a rezar le dió a su abuelo la brillante idea de iniciar un negocio de antigüedades y supuestos objetos sagrados para ganar más dinero del que la madre de Kagome ya obtenía en su trabajo. Y aunque hubo mucho desacuerdo en la idea, una vez ejecutada recibió bastante atención, tanto que actualmente el conjunto del templo y la tienda de antigüedades recibe a decenas de personas por día. Kagome de vez en cuando debe encargarse de ir a la tienda mientras su abuelo ayuda a sus tíos en el templo o su madre está trabajando, no era molestia pues ella sabía tratar bien con las personas y de vez en cuando su abuelo le permitía llevarse algún recuerdo del lugar, aunque ella jamás les presta la suficiente atención.
Volviendo al presente, luego del desayuno ella estaba lista para partir a la escuela lo antes posible sin intención de llegar tarde, es establecimiento estaba algo lejos por lo que debía de salir media hora con anticipación con tal de llegar tranquila. Sin embargo ese día mientras se colocaba la mochila y tras recibir el llamado de una de sus amigas pidiendo los apuntes de matemáticas, Kagome fue detenida por su madre quien también se estaba preparando para irse a trabajar. La mujer de cabellos cafés cortos y traje formal de oficinista le pidió a su hija mayor que se dirigiera a la tienda en busca de su hermano menor Sota quien parece estaba metido ahí desde hacía tiempo, y él también tenía clases ese día.
—Está bien, mamá. Solo espero que no me tome mucho tiempo. — Estaba corta en los horarios y debía de apresurarse, aún así no quiso dejar a su hermano solo ahí y tampoco creía que le tomaría un largo tiempo en encontrarlo, la tienda no era tan grande.
Kagome salió de la casa y se dirigió a la tienda que se encontraba justo al lado, para entrar se debía sí o sí que hacerlo por enfrente por lo que era un gran trabajo en el camino entre medio de abrir la puerta y acomodar cosas que quedaron fuera de lugar del día anterior. Lo que más resaltaba de la tienda eran las estatuas de Buda u otros dioses hechas de yeso o cemento decorando un largo pasillo hasta el mostrador, también había pequeños colgantes y utensilios de épocas anteriores por doquier, en el silencio de la mañana si que daba algo de miedo.
No deseaba estar allí por mucho tiempo, por lo que su camino se dirigió al almacén detrás de la fachada antes mencionada, allí las cosas estaban acomodadas en estantes y numeradas para conocer mejor al momento de entregarlas, algunas cosas ya marcaban rastros de polvo a pesar de tener un día sin limpiar.
—¿Sota? No sé qué estés haciendo pero apúrate, ya hay que ir a la escuela. — Su voz hizo eco en la sala que parecía vacía pero que de lejos se podía escuchar la voz infantil llamando a alguien más.
Camino hasta allí donde encontró a su hermano pequeño, exactamente igual a ella en el cabello azabache y rostro, la única diferencia eran los ojos color café que difería de los azules suyos.
Estaba vestido con su típica ropa de escuela, no era un uniforme pero lo usaba tan seguido que podría verse como tal. Y en su mano derecha sujetaba un plato con la cara de un gato dibujada justo a lado de un nombre.
—¿Qué haces con el plato de Buyo aquí?— El niño se sobresaltó un poco de la presencia repentina de la chica pero inmediatamente se calmó siguiendo con su búsqueda por todos los rincones.
—Se metió aquí y ya no sé dónde está, podría romper algo. — Kagome podía ver qué el plato estaba lleno y que probablemente había estado usando eso como señuelo para atraer su mascota, pero Buyo no era cualquier gato y no se dejaba manipular así. Si quería que volviera debías de ir a buscarlo.
—¿Y por qué no vas a buscarlo.?— Se cruzó de brazos dejando salir una pequeña risita de maldad, Kagome sabía que su hermano estaba aterrorizado con aquel almacén detrás de la tienda, de hecho le sorprendía lo lejos que había llegado suponiendo que apenas podía pasar la parte del frente sin estar temblando.
—¿Estás loca? Éste lugar da mucho miedo.— Se refugió detrás de las piernas de su hermana quien puso los ojos en blanco con desagrado, estaba a punto de perder tiempo en su camino a la escuela solo para buscar al torpe gato que se metió dónde no debía. ¿Por qué tenía que hacerlo ella y no el supuesto "hombre de la casa"?.
—Bien, iré yo. — Dejó al niño atrás y comenzó a caminar por los estantes.
Cómo se dijo antes el almacén no era grande, tan solo un par de metros de distancia cubierto por varios estantes lleno de cosas convirtiendo todo en un ambiente muy estrecho, era imposible perder de vista a un gato en un lugar así pero tampoco podía esperar mucho del hermano menor al que debía de estar haciéndole la mayoría de trabajos ella.
Era complicado ver con la poca luz que llegaba allí y ella no se tomó el tiempo de encender el foco del lugar cuando entró, ese fue un fuerte error suyo, porque al no saber dónde iba o que pisaba tranquilamente podía convertir cualquier roce en algo malo por la tensión que el lugar generaba. Por esa misma razón cuando sintió que algo peludo y suave se frotó contra su pierna su imaginación en medio del sobresalto paso desde una araña gigante hasta una asquerosa rata que buscaba morderla, soltó un grito que se convino con el de su hermano alejado unos cuantos centímetros y ambos por poco sufrieron un ataque cardíaco doble. Todo eso para que al final Kagome se diera cuenta que aquello no era más que su gato Buyo acariciando su cabeza contra la pierna de ella, se sintió la persona más estúpida del mundo.
—Solo era buyo. — Murmuró sujetando al gato entre sus manos.
—¡Vas a matarme de un susto!.—
—¡Tu fuiste el que no pudo siquiera buscar a un gato por su cuenta, inútil!.—
La discusión de los hermanos se vio interrumpida, un sonido seco detrás de Kagome los asustó a ambos, al voltear se encontró con un libro dorado sobre el suelo ¿De dónde salió eso? Se preguntó ella mientras dejaba al gato en el suelo acercándose al libro. Jamás lo había visto antes y tomándolo en sus manos notó que ni siquiera tenía título, podría ser un objeto nuevo que su abuelo dejó por los estantes para después intentar venderlo con propagandas raras que la gente se cree. Lo raro era que parecía demasiado normal a comparación de otros objetos, quizás en su interior guarda algo.
...
No había nada, todas las hojas estaban en blanco, era imposible que fuese un libro sin título o algo escrito en su interior. Entonces probablemente sea un diario, tiene la pinta de un diario que usarían en épocas anteriores así que debe de ser eso cien por ciento, la verdadera pregunta en ésto era porque le estaba tomando tanta importancia a ese objeto cuando debería de salir corriendo a la escuela, entre medio de todo lo que hizo probablemente ya se le haya hecho muy tarde y todo por ayudar al inútil de su hermano menor. Cerró el libro con intención de regresarlo a su lugar sin notar que algo estaba pasando a sus pies.
—¡Hermana...en el suelo!.— El grito de Sota la alarmó y por un segundo creyó que era un insecto o algo por el estilo...pero era aún peor.
Debajo suyo se formó en el suelo un extraño pentagrama que emanaba luz cegadora. Kagome sintió un enorme terror al no entender qué sucedía, pero todo fue peor cuando al intentar salir unas manos salieron del pentagrama y la sujetaron con fuerza. Gritó lo más fuerte que pudo forcejeando para salvarse pero esas manos eran demasiado fuertes y terminaron por arrastrarla por completo dentro del pentagrama. La última imágen que vió entre gritos de auxilio fue a su hermano observando con horror como unas monstruosas manos se llevaban a su hermana sin que pudiera hacer nada para ayudarla.
~•~
Todo era una mezcla entre morado y negro, estrellas rodeando su cuerpo pero sin ser capaz de tocarlas como si nadara en un mar estrellado pero con la capacidad de respirar. Aún podía sentir la fuerza de las manos sobre su cuerpo sin ser capaz de ver a quién le pertenecían por estar de espaldas, finalmente durante un tiempo de forcejeos intentando liberarse lo que sea que la sujetaba con sus manos dió vuelta a Kagome para fuera capaz de presencia con un grito ahogado a la espantosa criatura que tenía frente a ella. La parte del torso podía decirse que era una mujer, pero tenía cuatro manos y el resto de su cuerpo caía en muchas patas parecidas a las de un cienpies. Era espantoso, tuve que aguantar las náuseas al verla.
—Tú la tienes ¿Verdad?.— El monstruo habló y su voz era ronca así como escalofriante. —Sé que tú la tienes, pudo sentir el poder fluir por tu cuerpo.— Acercó su rostro a una Kagome ya con lágrimas en los ojos y como si toda la situación de terror y asco no fuera suficiente, la mujer demonio mostró una larga lengua que se atrevió a pasar por la mejilla de la pobre joven.
El escalofrío que recorrió su cuerpo le dió la fuerza para volver a gritar.
—¡No, déjame!.— Forcejeo nuevamente está vez logrando quitarse del agarre de una de sus manos con las que intentó alejar el rostro del monstruo.—¡SUÉLTAME!.—
Un brillo rosado fluyó por su mano alejando por completo a la mujer monstruo que cayó al vacío de ese lugar gritando sus últimas palabras. Mientras, Kagome quedó anonadada por lo que sea que ella acababa de hacer con sus manos, se sintió como una calidez que la protegió por un momento para después desvanecerse ¿Qué habrá sido realmente?.
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Para cuándo la chica recobró la conciencia la suavidad del suelo verde le dió la bienvenida, estaba mareada y sus brazos dolían tanto que no llegó a notar lo raro del momento hasta que tras sentarse en el suelo sintió la suavidad del viento sobre su piel. Su mirada se reactivó una vez más percatada del paisaje de árboles y flores que la rodeaban, ¿Que se supone que era ésto? ¿Y la tienda? ¿Y su casa? Hace unos segundos estaba dentro de la tienda intentando encontrar a Buyo y...
Lo recordó.
Había sido llevada por una mujer monstruo a una especie de dimensión rosada después de que un pentagrama apareciera en su tienda, pero ¿Todo eso fue real? Cuando despertó intento pensar que todo fue un sueño pero al notar todo ese ambiente natural sin rastro alguno de presencia de su hogar o de su familia sin importar cuántas veces llamara a su nombre, quedaba claro que estaba viviendo la mayor locura posible en su vida: Había sido teletransportada a sepa dios dónde y ahora ya no tenía idea de cómo regresar.
A su lado su mano sintió algo sólido que la sobresaltó, pero solo resultó ser un libro, aunque no cualquiera, ese libro dorado que abrió segundos antes de que apareciera el pentagrama debajo suyo para raptarla ¿Era eso? Ese libro entonces podría ser la razón de su presencia allí, un libro mágico. O quizás solo estaba volviéndose loca y todo ésto no era más que un trance o un sueño demasiado lúcido, no existe manera alguna de que cosas como la magia puedan existir.
Por ahora una cosa era segura, no podía quedarse sentada allí para siempre. Debía de buscar algo o alguien que sepa ayudarla en caso de que realmente esté perdida y ¿Quien sabe? Quizás nada mágico es real y ella solo está en una zona que nunca conoció cerca de su casa, si continúa caminando hasta puede que se encuentre con uno de sus tíos o su propio abuelo. Tomó el libro en sus manos y comenzó a caminar por el bosque en dirección recta no quería seguir perdiéndose en el camino por doblar dónde no quería.
Estuvo a punto de gritar eureka cuando unos pasos cerca suyo reconoció el largo árbol sagrado del templo familiar, aquel dónde muchos contaban la leyenda de un amor que terminó mal y almas en pena, típicos cuentos antiguos. Lo importante era que encontró un punto cercano casi confirmando la teoría de que solo estaba en una zona cercana que no conocía.
Comenzó a correr hacia allí sintiendo la emoción de reencontrarse con su familia nuevamente. Otra fue la sorpresa al ver lo más inusual que jamás pudo presencia a los pies del famoso árbol sagrado.
Rodeado de rosas enredaderas un muchacho se mantenía atado al árbol, sus cabellos blancos brillaban a la luz del sol de entre las hojas y su rostro se veía tan tranquilo, como si estuviera profundamente dormido. Kagome se mantuvo en shock unos momentos antes de acercarse lentamente, sintió un leve peso en su pecho que no detuvo su camino hasta el chico para intentar procurar que estaba bien a pesar de no parecer recibir respuesta por su presencia cercana. Las ropas no parecían muy actuales, más bien daban las vibras de un personaje de cuentos de hadas con ropas medievales; pero lo más llamativo que Kagome vió fueron las orejas de perro sobre la cabeza blanca del chico ¿Eran reales? No, no podían ser reales, la gente no tiene orejas de animal. Si pudiera tocarlas...
Sus deseos fueron más fuertes que su lógica que intentó detener su estupidez y sus manos terminaron en las extrañas orejas del chico, las frotó durante un tiempo sintiendo la suavidad de éstas cómo si realmente fueran las de un perrito.
—No debería estar haciendo ésto. — Decidió al fin hacerle caso a su cabeza retrocediendo sus pasos del chico con decepción. Sin embargó el hecho de que él no despertara a pesar de haber tocado sus orejas la inquietó, podría estar inconsciente o en el peor de los casos muerto. Y si realmente era lo último eso quería decir que ella había estado tocando un cadáver.
—Oye niña ¿Qué crees que haces ahí?.— Detrás de ella aparecieron unos hombres con extraños trajes antigüos sujetando arcos y flechas a su dirección.
Kagome sintió un enorme horror al presenciar cómo unas flechas fueron lanzadas hacía ella y la única reacción de defensa que pensó fué el abrazarse a aquel chico sobre el árbol sintiendo, no sólo como las espinas se clavaban en su cuerpo si no también un leve latido ¡Estaba vivo!.
Para cuándo intentó voltear hacía adelante se vió completamente rodeada por los hombres que más adelante la sujetaron con cuerdas en contra de su voluntad soportando los gritos, mordidas y rasguños de una Kagome ya más molesta que asustada.
"¿¡Qué demonios es éste lugar!?"
~•~
Una especie de aldea antigua fue dónde la llevaron, con casas hechas de madera y paja parecidas a cabañas, un camino completamente de tierra con carruajes y pequeños carros de mercancía donde se veían atados caballos, incluso los poblanos vestían ropajes de un tono casi medieval pero de esos que muestran en películas infantiles del otro lado del mundo*. Ya estaba más que claro para la jóven que ese no era su hogar por más que deseara que así fuera, llegando a pensar que todo ésto podría ser una especie de culto dónde todas las personas se visten como gente antigua de otro país y arrestan a aquellos que no son iguales, o peor aún ser usada como sacrificio. Su cabeza comenzaba a alejarse del tipo de película a las que se refería de un principio.
Lo único bastante probable era que ellos no se comportan muy amable con los viajeros, apenas llegaron al centro del pueblo arrojaron a Kagome al suelo sin nada de delicadeza rasgando un poco sus rodillas. A ese punto sus manos se encontraban atadas detrás en su espalda y a su alrededor no había señal alguna de poder escapar sin ser atrapada por los que la rodeaban ahora con tridentes y hasta escopetas cargadas. ¡Qué gente psicópata!
—¡Qué fea manera de tratar a una invitada!— Gritó molesta intentando desajustar los nudos de sus manos.
La gente no pareció darle mucha importancia a sus palabras ya que voltearon ante el llamado de atención de un sujeto vestido completamente de negro y con un sombrero que cubría la parte de sus ojos.
—Denle el paso a la alcaldesa Kaede. — Acotando a la orden todos se dispersaron formando una larga línea intermedia dónde los pasos de una mujer por la tierra hizo temblar a Kagome.
Era una anciana. Un vestido negro cubría completamente toda su piel incluyendo un pequeño velo del mismo color sobre su rostro, si nadie mencionaba ser una alcaldesa podría deducir que alguien falleció en ese momento porque ella realmente se veía como una mujer de luto. La edad la obligaba a caminar jorobada y traía un carcaj con flechas y un arco en su espalda. La joven en el suelo de rodillas intentó retroceder sin antes recordar que miles de armas la estaban apuntando a cada paso en falso que de, no había más que quedarse completamente paralizada.
—Tu.— La voz rasposa y ronca de la mujer se dejó escuchar. —Una niña tan extraña como tú vagando por territorios peligrosos ¿Por qué y cómo llegaste hasta el árbol del príncipe demonio?. —Tras el velo y tan solo por el sonido de su voz podía descubrir la ira inexplicable que poseía.
La mente de Kagome se quedó con el apodo de "Príncipe demonio" claramente refiriéndose al muchacho con orejas y de cabello blanco atado entre espinas debajo del árbol sagrado. ¿Era tan solo un apodo o realmente ese sujeto era príncipe? Kagome pudo haberse encontrado con alguien de la realeza y la única estupidez que pudo haber hecho fue tocarle las orejas, vaya forma de respeto.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos por la mano de la anciana sujetando su rostro con queja, ella se quejó por esto mirando con la mayor molestia posible. La anciana soltó un grito ahogado alejándose unos pasos de Kagome con terror.
—Esa chica...se parece mucho a mi amada hermana Kikyo. —
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Gracias a esa extraña reacción de la supuesta alcaldesa Kagome logró liberarse de las sogas en sus manos y ganarse un pequeño respeto por parte de los habitantes. Fue llevada a la cabaña más grande del pueblo aparentemente perteneciente a la anciana y se le ofreció algo de abrigo así como de una habitación para descansar durante la noche, incluso si más de una vez ella le haya mencionado a Kaede que no pertenecía aquí pero cada cuestionario sobre su ciudad natal era rápidamente desentendida. Comenzaba a rendirse sobre volver a su casa al menos por ese día, quizás mañana sea capaz de encontrar una forma de volver, pero por ahora simplemente intentaría relajarse.
El ambiente allí dentro era cálida pero no tan cómoda como una casa de su barrio, todo los objetos se veían antiguos pero al mismo tiempo bastante limpios y tampoco había electricidad, la luz que evitaba a la oscuridad de la noche eran varias velas en cada rincón de la sala además de que la chimenea estaba encendida con una olla sobre ella.
—Aquí tienes. — La anciana Kaede le ofreció un tazón con sopa a la joven sentada frente a ella en la desgastada mesa de madera.
—Gracias.— Tomo el tazón observando detalladamente la sopa dentro que parecía ser de carne y verduras, aunque había mucha más verduras que carne. —Disculpe, dijo algo sobre que me parezco a una mujer ¿Quien es realmente?.— Preguntó de la manera más pacífica posible pero la mujer pareció molestarse de todos modos.
Al llegar a la mansion la mujer se quito el velo negro por lo que Kagome era capaz de ver la forma en la que el ya arrugado y apagado rostro mostraba las pocas emociones presentes durante el tiempo a su lado, hasta ahora tan solo la desconfianza y una cierta trsiteza que no podia encontrar razon.
—Mi hermana mayor, era la sacerdotisa que protegía este pueblo.— Sin tocar su sopa Kaede comenzó a explicar, su mirada fija a la madera de la mesa. —Ella falleció hace cincuenta años por culpa de ese príncipe demonio que se encuentra en el bosque. Mi hermana se encargó de hacerle pagar antes de caer rendida a sus heridas.—
—¿Está muerto?. — Kagome preguntó aun recordando sentir los latidos de ese chico cuando se acercó a él.
—Quien sabe. MI hermana solo lo hechizó con un sueño profundo, pero a juzgar por las espinas que lo rodean y se clavan en su piel desde hace tiempo quizás si está realmente muerto. — Kagome entendió todo al haber estado presente en el estado actual de ese chico de orejas. Lo más aterrador de ese momento era la mirada de satisfacción en la anciana cada que mencionaba el sufrimiento que podría estar pasando.
Así que un hechizo de sueño eterno, jamas había escuchado algo así de forma tan natural como ella lo contó. Ya estaba más que claro que ese lugar era más que solo un pueblo lejos de su ciudad si no que muy probablemente tampoco sea su propio mundo. Se estaba volviendo loca con todas esas ideas sacadas de libros fantasiosos pero no había más explicación para intentar entender su situación actual ¿En qué mundo la gente anda por ahí durmiendo a otros con hechizos o vistiendo como si viniera de Europa en épocas medievales? Nada tenía el más mínimo sentido.
Y se estaba por poner peor.
El suelo comenzó a temblar tirando todo a su alrededor, incluyendo la sopa que Kagome ni siquiera fue capaz de probar. Kaede se levantó de golpe completamente alarmada pero sin mostrar signo de miedo en su rostro a diferencia de la chica que ya estaba temblando más que la misma casa sujetada a la mesa como si esto fuera a protegerla de algún modo. Ambas mujeres entendieron todo cuando desde afuera más allá de los gritos del pueblo se oyó la voz de un hombre alarmando "Un demonio viene en camino". Dicha frase fue el incentivo de la anciana para tomar aquel arco que reposaba a los pies de su silla y salir de la casa a la débil velocidad que su edad le permitía, Kagome quien no deseaba quedarse sola no tuvo otra opción que salir detrás de ella ocultándose en su espalda jorobada.
Fuera todo era un caos, los aldeanos corrían de un lado a otro buscando refugiarse en sus hogares y la campana en el centro sonaba una y otra vez, era una mezcla de sonidos de desesperación. Y fue cuando detrás de los árboles del bosque donde Kagome estuvo esa mañana se vio alzarse una enorme figura humanoide, los cuatro brazos y las decenas de pareces de pies moviéndose de forma asquerosa en el aire. La misma mujer con cuerpo de cien pies que trajo a Kagome aquí. Aún seguía con vida y tal parece que estuvo buscándola.
—Es un demonio. Kagome, escondete en la cabaña que yo me encargare de ella.— Aunque sonara segura de si misma, la joven no podía confiar en que una anciana pudiera hacerse cargo de una criatura de semejante magnitud, mucho menos con un arco y flechas. Intentó negar con un "pero" Siendo inutil por la enorme insistencia. —Hazme caso, estas cosas son más que peligrosas. —
—Ah...ahí estás. — Ambas mujeres temblaron por el fuerte acercamiento del demonio hacia ellas, destrozando casas en su camino y matando a cada animal que se pusiera en frente. La repugnante mirada sobrenatural se dirigió a Kagome. —Entregame la Perla de Shikon. —
—La perla de Shikon ¿Tu la tienes?. — Inmediatamente al escuchar eso Kaede volteo a ella con sospecha y desconfianza, Kagome ante la presión solo pudo negar desenfrenadamente apretando sus manos contra su pecho.
—No, ni siquiera sé qué es eso pero ella lo ha estado repitiendo desde que llegué. — Sabía por su expresión que Kaede entendía lo que el demonio decía, pero Kagome era sincera al negar rotundamente entender algo de lo que mencionaba.
No le volvió a hacer caso a la chica volviendo a su misión de intentar derribar a la mujer demonio con arco listo en sus manos. La monstruosidad arruinó su plan comenzando a girar repetidas formando un remolino que haría volar todo tipo de objetos pesados como carruajes que intentarían caer sobre la anciana si no fuera porque Kagome se armó de valor para quitarla del camino y salvarle en parte la vida. Y ni siquiera le dejó a Kaede agradecerle, ella de inmediato supo que aunque no supiera que buscaba ese demonio la quería a ella de todas formas por lo que escapar lejos del pueblo era la opción más confiable para dejar en paz a todos aquellos resguardado en sus hogares o en el edificio principal. Lo único que no pensó al momento de iniciar con su escape fue que probablemente terminaría muerta al ser atrapada por ese monstruo, así que al final esto terminó siendo una idea suicida que al llegar al río cercano se percató y quiso arrepentirse. Un poco tarde para acotar a la orden de Kaede de quedarse dentro de la cabaña.
—No escaparas. — La mujer cien pies perseguía los pasos de Kagome con garras preparadas en sus manos, ella solo pudo dejar salir lágrimas de terror mientras sentía más que adrenalina y desesperación recorrer su cuerpo.
—No, alejate. ¡QUE ALGUIEN ME AYUDE!. — Sintió su garganta desgarrarse por ese grito de auxilio que sabía que nadie podría escuchar.
~•~
Un eco traía con el viento la voz de una joven en peligro, la esencia de esa voz era conocida, el bosque la conocía y le brindaba respeto aceptando cada deseo y pedido que provenga de ese poder. Fue decisión de ella el dejar que el sueño gobierne el alma de ese noble pero solo por ese nuevo deseo el bosque brillará en pureza y le dará al noble un nuevo despertar. Fue así que, rodeado de ese espíritu sagrado y sintiendo su poder fluir por su cuerpo que el joven encerrado en su interior abrió los ojos para sentir la brisa traer el tan reconocido olor una vez más. Su antes inexpresivo rostro mostró una sonrisa de satisfacción esperando con ansias volver a ver el rostro de esa maldita traidora una vez más.
Sin embargo el bosque no aceptó ese deseo y dejó que las espinas se enredaron una vez más en el ahora sintiendo el dolor de sus heridas más que antes, ahogando el quejido con rabia. El hechizo aún no había terminado.
—Esa mujer se está acercando. Me liberaré de este agarre y la llevaré directo al infierno para que pague por lo que me hizo. —
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Kagome siguió corriendo por su vida durante todo el trayecto del bosque mientras sentía detrás las cien pisadas crujir en el suelo con gran velocidad, sus ojos ya borrosos por las lágrimas apenas podían divisar el camino que estaba tomando entre medio del enorme bosque de árboles sucumbidos en oscuridad donde tan solo una parte de la luna podía dejar ver su brillo. Quizás fue el descuido de la joven al tropezar contra una rama sobresalida lo que le dio la ventaja a la mujer cien pies para atacar desde el suelo ocasionando un estruendo en la tierra, Kagome voló por los aires sintiendo su final acercarse entre más cerca del suelo se encontraba más por alguna voluntad divina fueron leves los golpes que sintió en sus piernas y brazos cuando aterrizó sobre el suelo, pero aún estaba viva. Su primera reacción fue voltear en búsqueda del demonio que la perseguía alejado de su locación actual, que por cierto ¿Dónde estaba?.
—Te estás dejando ganar demasiado rápido, Kikyo. — La voz masculina la alertó, estaba atada a la paranoica por lo que cualquier sonido fuera de lo normal la haría temblar.
Frente ella pudo divisar la imagen del mismo chico de cabello blanco y orejas de ésta mañana, aún seguía atado a las enredaderas de rosas además de una extraña flecha brillante sobre su pecho que Kagome juraba no haber visto antes. Lo más extraño era que se encontraba despierto y mirándola con el mayor rencor que jamás otra persona le dedicó, las palabras de Kaede regresaron sobre el hechizo de su hermana regresaron dando más incertidumbre a la chica ¿No se suponia que debia de estar dormido para siempre? ¿Esas espinas no lo mataron?.
—¿Por qué tú estás hablándome?. — En un murmullo Kagome mostró su confusión y el chico rió sin gracia.
--Se nota que aún mantienes ese odio hacia mi. Ésta bien pero tampoco te distraigas tanto.-- Se veía igual de tranquilo que cuando estaba dormido, aún si sus ojos mostraran odio su expresión era relajada ¿Quién era ese chico?.
Antes que Kagome pudiera decir algo, el suelo tembló y la mujer cien pies apareció detrás de ambos. Sin piedad alguna intentó volver a atacar contra una shockeada Kagome con una parte de su enorme cuerpo, fue gracias a la voz de Kaede llegando sobre un caballo que la chica se movió a tiempo para no ser aplastada cayendo al suelo sin equilibrio por el fuerte movimiento. Detrás de ella nuevamente escuchó una risa masculina.
—Me das pena, Kikyo. Creí que seguías siendo la misma de siempre. —¿Qué demonios pasa con éste chico? Kagome comenzaba a hartarse no solo de su actitud si no también de que se pasara llamándola por un nombre que no era el propio como si la conociera de toda la vida.
—¡Agh, qué irritante!. — Se levantó ignorando al demonio detrás así como a los aldeanos que llegaron para ayudar de distracción. Su único objetivo era caminar hasta quedar a centímetros del chico que hasta el momento solo parecía burlarse de ella. —Te lo diré una sola vez, mi nombre verdadero es Kagome. Ka-go-me. — Explicó silaba por silaba y el chico frunció el ceño mientras negaba con la cabeza.
—Intenta engañarme lo que quieras pero tienes exactamente el mismo...-- Intentó acercarse un poco y olfateó a Kagome como una especie de perro hasta que su expresión se volvió completamente de decepción. —Es verdad, no eres Kikyo. — Murmuró y su boca se abrió nuevamente para decir algo que por alguna razón no salió. Lo único visible para la chica fueron esos ojos dorados que la observaban con tristeza.
Kagome se sintió mal internamente por el chico a causa de su reacción dándole una duda importante ¿Quien era esa Kikyo con la que todos la confunden? ¿Realmente Kagome se parecía a ella?. Esas dudas desaparecieron cuando unas manos la tomaron de las piernas y sin siquiera llegar a gritar del horror ya estaba siendo arrastrada por los aires su única defensa rápida fue sujetarse de dos mechones de cabello del chico quien se quejó del dolor. Apenas fue capaz de escucharlo decir que se soltara, el terror había vuelto recordando la poca vida que probablemente le quedaba por ese monstruo.
Sus manos no soportaron estar sujeta a él mucho tiempo y al soltarse lo único siguiente que sintió fue como un terrible dolor chocaba con su estómago ¡Ese monstruo la mordió! Voló por los aires percibiendo tan solo una pequeña esfera de luz que cayó junto a ella, para cuando aterrizó apenas era capaz de moverse sin que su cuerpo le pidiera detenerse. Escuchó a la distancia a la mujer cien pies reír y con una pequeña fuerza en sus brazos levantó levemente la cabeza, había una pequeña esfera rosada a centímetros de ella que brillaba leve pero con cierta...pureza.
—¡Tómala!. —Escuchó al chico entre medió del eco en sus oídos que se iba recomponiendo de a poco. —¡Toma la Perla antes de que sea tarde!. —
Kagome apenas podía distinguir sonidos y vistas por su dolor corporal pero su instinto la movió más allá de lo que era capaz estirando uno de sus brazos hacía la joya, lastima que el tiempo que le llevó eso fue demasiado y la cienpies con más rapidez sujeto a Kagome con sus patas y la llevó hasta el chico donde los envolvió a ambos con el resto de su cuerpo, haciendo una presión en donde ambos podían sentir las espinas clavarse en su cuerpo y en las heridas que Kagome ya tenía hechas, era un dolor incapaz de ser soportado.
—Había escuchado de un príncipe mitad demonio que era aliado de una sacerdotisa, pero no creí que fueras tu. Tan ridículo. — La cienpies rió mirando fijamente al chico de cabellos blancos que intentaba no demostrar el dolor que las espinas le generaban, sonriendo con arrogancia.
—¿Crees que soy aliado de ésta mujer? No me hagas reír.—
—No me importa que no lo seas, igual morirán ambos abrazados. — Hizo aún más presión sobre los chicos quienes gimieron del dolor.
Aún así el chico fue capaz de divisar como el demonio se acercó hasta la joya en el suelo y con lo largo de su lengua la introdujo al interior de su cuerpo. Kagome de espaldas a lo que sucedía fue capaz de sentir una extraña energía palpitando a unos metros suyo ¿Era esa joya?.
El chico apretó los dientes molesto mientras veía como la demonio tembló hasta transformar toda su piel en una versíon el doble de monstruosa, con piel oscuro y unos colmillos sobresaliendo de su boca, sus ojos tambien se habían vuelto de un negro carente de vida, su energía maligna era el doble de poderosa que antes.
La presión en sus cuerpos se había vuelto insoportable tanto que Kagome comenzaba a desvanecerse por sus heridas, fue nuevamente la voz del chico la que la trajo de vuelta a la razón levantando la mirada para encontrarse con los mismos ojos dorados pero ésta vez llenos de determinación. Y en ese momento junto a un extraño calor sobre sus mejillas se dió cuenta de lo atractivo que era a pesar de todo lo anteriormente dicho, ese pensamiento fue lo que no le permitió escuchar lo que él le estaba diciendo.
—¿Eh?. — Kagome pidió una repetición.
—¡Te estoy preguntando si puedes quitar ésta flecha!. — Su paciencia se estaba acabando por culpa de ella, tan solo deseaba volver a sentir su poder fluir por su cuerpo nuevamente y quizás esa mujer parecida a ella pueda ayudarlo.
—¿Ésta flecha?. — Kagome miró a la flecha clavada sobre el pecho del chico que brillaba intensamente en una energía de pureza parecida a la joya, si ella la quitaba...
—¡No lo hagas, Kagome! ¡Esa flecha es lo que mantiene el hechizo sobre Inuyasha!. — Kaede volvió a aparecer en la escena desesperada por la estupidez que la niña estaba por cometer. Su hermana fue quien puso ese hechizo antes de morir, nadie debe de quitarlo porque si lo hacía...
—¡Tal parece que deseas morir, anciana! ¡Soy el único capaz de acabar con esa infeliz y lo saben mejor que nadie!. — Contradijo sin quitar su vista de Kagome. —¿Acaso quieres morir aquí?. —
Kagome no sabía las verdaderas intenciones del chico, no se veía malo pero si ese fuera el caso ¿Por qué la necesidad de hechizarlo? Si la hermana de Kaede lo dejó aquí es por algo y aún así en un momento como éste parecía ser la única opción que le quedaba si es que no deseaba morir, no podía morir, aún no sabía dónde estaba y cómo regresar a su casa ¡Debía de volver con su familia!. Lo sentía por Kaede quien gritaba que se detuviera pero si quería sobrevivir tendría que ser capaz de todo, incluso de confiar en un extraño. Acercó su mano hasta la flecha sujetando con fuerza, sentía la energía latir sobre su mano pero no se iba a detener.
—No quiero morir…¡NO AQUÍ!. — Con grito de desesperación otra vez se sintió rodeada por una energía que su propio cuerpo generaba y contraataca a la que intentaba proteger la flecha.
Después de un estallido de luces la flecha en su mano se destruyó en mil pedazos, las espinas de apoco se fueron deshaciendo hasta volverse nada más que arena sobre el cuerpo de ambos chicos y el cuerpo de él palpitó en una fuerza de maldad con la que Kagome tembló preguntándose si realmente fue buena idea.
Inuyasha sonrió con malicia sintiendo su poder una vez más correr por sus venas, había llegado el momento de acabar con todo éste teatro para niños de una vez por todas. Una vez muerto la joya dentro será suya y completará la misión dejada inconclusa en su batalla contra Kikyo. Fue en cuestión de segundos que sus garras destrozaron la mitad del cuerpo de la cien pies que lo mantenía atado al árbol junto con la mujer que salió disparada unos pasos cerca de él, los pedazos del cuerpo de la mujer cayeron sobre su torso que se regocijaba en el dolor.
—Ahora sí vas a sentir lo mismo que yo, demonio infeliz. —
—¡No te permitiré volver a tocarme!. — La mujer molesta por lo que le habían hecho a su cuerpo se abalanzó hacía un Inuyasha inmovil, su boca abierta para devorar todo lo existente de él.
Esquivando ese ataque con total rapidez de un salto, se apareció desde el aire justo detrás de ella con sus garras preparadas para ir contra la cien pies indefensa por la confusión. Tan solo necesito un solo ataque con las garras de ambas manos para que al aterrizar intacto la cien pies se hallaba destruida en miles de pedazos de carne que cayeron a su alrededor manchando sus ropas con la asquerosa sangre de ésta.
Desde el árbol Kagome observaba atónita lo muy fuerte que resultó ser él, aún no sabía si fue una buena decisión dejarlo ir pero mediante eso todos ya se encontraban a salvo, especialmente ella, más allá de las heridas que palpitaban en su estómago y las causadas por las espinas. A decir verdad ella no estaba tan bien, necesitaba una cama para descansar.
—¡Kagome!. — Kaede se acercó a ella en una velocidad sorprendente para una mujer de su edad, pero su preocupación parecía ser lejana a las heridas de la chica. —Rápido, dime ¿Dónde está la joya?. —
—¿Cómo podría saberlo?. —
—Si la joya estaba en tu interior quiere decir que eres capaz de verla, solo busca algún brillo dentro del cuerpo de la cienpies. — Los ojos de Kagome acotaron a la orden y comenzaron a observar cada uno de los pedazos hasta llegar a uno más grande que los demás donde efectivamente se encontraba una luz rosada brillante desde adentro, que sensación extraña. —Ahí está. —
Kaede se dirigió a tomarla deteniéndose cuando una rama cayó en frente suyo casi como intentando atacar, Kaede buscó con la mirada al único sospechoso pero él ya se encontraba al otro lado. Tomó la luz adentrando su mano por el cuerpo inerte del monstruo y Kagome se asqueó por los sonidos y vistas desviando la mirada de inmediato.
—¡¿Qué haces?!. —La voz desesperada de Kaede alarmó a los aldeanos que cortaban los trozos del demonio, Inuyasha había detenido a Kaede para ser él quien tomara la joya que ahora se encontraba rodeada de sangre negra en su mano derecha.
—Ustedes no merecen tener ésta joya si no hay un deseo que cumplir, así que yo me la llevaré. — Inuyasha rió. —¿Esperaban que después de liberarme les daría la joya como si nada? Humanos, siguen siendo igual de ingenuos que siempre. —
Acaso él...¡Era el malo! ¿Comó pudo ser tan estupida? Kaede le advirtió que no lo liberara, pero no tenía elección estando a punto de morir. Los aldeanos que llegaron para ayudar apuntaron a Inuyasha con sus armas y flechas en un intento de amenaza de la que él ni siquiera se inmuto.
—Sus armas no pueden contra mí. — Dijo con arrogancia.
—¿Y qué piensas hacer? ¿Matarnos?. — La pregunta directa de Kaede pareció molestar a Inuyasha borrando su sonrisa.
—Yo no mato humanos, anciana. Fue eso lo que me llevó a caer contra Kikyo. — ¿No mata humanos? Entonces no era tan malo como Kagome dudaba, estaba tan confundida y perdida. —Pero ésta vez no dejaré que nadie me detenga. —
Inuyasha de un salto alzó vuelo lejos de los humanos que empezaron a disparar a lo loco en un espectáculo de pólvora fácil de esquivar para el demonio. Kaede de inmediato ordenó capturarlo y Kagome con la poca fuerza aún en su cuerpo se levantó para seguir a la anciana en su cacería que terminó en un puente donde él demonio se detuvo para tomar aire, su cuerpo parecía estar demasiado débil después de un tiempo atado a ese árbol, por culpa de ello perdió tiempo valioso de escape siendo encontrado por los humanos que comenzaban a acabar con su paciencia.
—Estás rodeado. — Kaede insinuó.
—Anciana, no hagas ésto más difícil. — Inuyasha entre jadeos de cansancio pidió, en una especie de alerta.
—Si no cooperas y entregas la joya no me dejarás opción que optar por algo que mi propia hermana dejó. — De sus ropas sacó un collar de perlas negras y colmillos, un rosario.
—Lo siento, pero no puedo hacer eso. — Inuyasha negó sin sentir ni la más mínima amenaza por la anciana quien con tan solo fruncir el ceño ya estaba segura de su decisión.
Alzó el rosario al aire susurrando unos cánticos irreconocibles por Kagome detrás de ella, el rosario brilló y sus perlas se convirtieron en pequeñas luces que volaron hasta el cuello del demonio incrustandose una por una hasta rodearlo por completo. Inuyasha se quejó por el repentino ataque intentando quitarse el ahora collar con todas sus fuerzas juntas sin resultado alguno, cada que intentaba éste emanaba una luz de energía como si se estuviera protegiendo por sí solo.
—¿Qué demonios es ésto?. —
—Ese rosario ahora está atado a tu cuello y no podrás quitártelo. Es un hechizo que te mantiene atado a nosotros. — Kaede explicó con total frialdad ganándose un gruñido por parte del demonio.
—Ya me has quitado toda la paciencia anciana, no pienso tener piedad contigo, no me importa perder mi honor. — Saltó en dirección a la anciana preparando sus garras para atacar.
—Kagome. — Kaede llamó a la niña detrás suyo. — Ese collar tiene el poder de reaccionar a una orden con solo una palabra pero solo tu puedes darla, piensa en cualquier palabra para estabilizarlo. —
Kagome se paralizó intentando entender lo que le acababan de explicar ¿Una palabra para pararlo? Pero ¿Cúal?. Miró al chico acercarse a Kaede y entró en pánico ¿Qué palabras usarías para un chico demonio con orejas de...? Claro, sus orejas, demonio o no, él era un perro como los que Kagome alguna vez cuidó.
—¡Abajo!. — Kagome gritó y un estruendo en el suelo se presentó.
Inuyasha había caído de cara contra la tierra siendo empujado por el estupido collar que la anciana le puso ¿Qué demonios? Esa mujer humana lo había obligado a caer a sus pies, a él ¡Un príncipe! ¿Comó dejó que eso ocurriera? Y lo peor de todo es que la joya había caído de sus manos rodando cerca de la anciana ¡Maldición!.
Kaede tomó la joya con total delicadeza, su mirada nostálgica se mantuvo en ella durante unos segundos antes de voltear hacía Kagome para depositar la piedra preciosa en sus manos, la mirada confusa de ella fue clara y tierna para la sonriente anciana, incluso aunque lo pensara tanto no podía ser su hermana.
—La joya estaba dentro de tu cuerpo y eres capaz de verla en lugares donde otros no, incluso fuiste capaz de controlar el rosario que mi propia hermana creó y destruir su hechizo. No sé quien realmente eres, pero por el momento mereces cuidar de ella. — La explicación de Kaede sonó como una forma de demostrar que de a poco su confianza por Kagome crecía y ella solamente pudo asentir aún algo perdida entre tantos datos. —En cuanto a ti, demonio, si sigues causando problemas tenemos una mazmorra especial para ti así que te recomiendo desistir de pelear. —
Inuyasha, ya sentado en el suelo, no respondió y simplemente desvió la mirada soltando un leve "Keh" que Kaede tomó como su forma de rendirse suspirando en alivio.
La noche había sido estresante y casi que se llevó el pueblo consigo, pero al momento de volver ya había aldeanos reparando sus hogares o limpiando el desastre en las calles. Kaede llevó a Kagome a su casa para tratar sus heridas y poder descansar de una vez por todas, Inuyasha estaba detrás de ellas siguiendo sus pasos con total desconfianza más no volvió a intentar atacar al menos no por esa noche.
Kagome se recostó en la cama que Kaede le había dado donde reposaba el libro dorado que la había traído a ese extraño lugar lleno de monstruos y piedras mágicas, aún no sabía si podría ser capaz de regresar a casa con ayuda de ese mismo libro o si su familia se estaba preocupando por ella, lo más probable es que sí. La llamada "Perla Shikon" colgaba de su cuello por un collar que la misma Kaede había hecho para que sea más fácil llevarla consigo, la causa de sus preguntas aún no contestadas ahora estaba atada a ella. Y también estaba éste chico Inuyasha, él era un demonio que no mata humanos, eso es extraño, de hecho recordaba a Kaede llamarlo "Príncipe Demonio" e incluso la mujer cien pies lo llamó príncipe ¿Será realmente de la realeza? O quizás solo sea un título sin sentido. Pensar tanto no le estaba sirviendo, por el momento debería de intentar dormir.
Mañana será un nuevo día.
