N/A: Decidí cambiar la cronologia de varios acontecimientos en la historia con el fin de darle un pequeño toque propio. No cambiará en nada a la historia, al menos no en éstos primeros capítulos, pero sí serán cambios grandes e importantes a futuro. Digamos que muchas cosas ya no serán igual.
Ahora sí, disfruten.
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"Acanica, es el nombre que reside nuestro continente dividido en dos Islas, Oeste y Este. Desde tiempos anteriores la guerra entre demonios y humanos se mantienen vigente y quien sabe si los tratados de paz hechos por nuestros ancestros seguirán en pie..."
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Tardó varios minutos en recobrar los sentidos una vez que estuvo despierta, la madera desgastada del techo le dió los buenos días de mala gana junto con los dolores de espalda causados por la dureza de un colchón para nada parecido al de su amada cama y ni hablar de la supuesta almohada, al menos las frazadas eran lo suficientemente abrigadas para no morir de hipotermia durante la noche. Se sentó en la cama con cuidado analizando la habitación en eso que se despertaba del todo, era pequeña pero lo suficiente para ella siendo tan solo una invitada en la cabaña por lo que no podría quejarse de ello, a decir verdad extrañaba su verdadera habitación pero pensar en su hogar solo lograba amargarle.
Estiró su cuerpo soltando un quejido y bostezo por última vez antes de sentirse lista para levantarse y empezar un nuevo día en un mundo que desconocía y con personas a las que no sabía si podía confiar o la matarían, que divertido.
¿A quién estaba engañando? Se sentía como el diablo, hasta extrañaba el sonido de su propia alarma o de su madre llamándola varias veces hasta que por fin logra hacerla bajar para desayunar. Su madre ¿Qué estará haciendo ella ahora? Seguramente debe estar muy preocupada, no deseaba pensar que tanta angustia podría estar pasando por su ausencia porque sabía que terminaría llorando en el suelo rogando regresar. Si quería encontrar la forma de regresar debía de ser fuerte y seguir adelante, seguro que su madre le diría eso.
Dos golpes en la puerta la sacaron de sus pensamientos invitando a quien estuviera fuera a pasar, cuando se abrió Kaede entró ya vestida de la misma forma que la noche anterior y con unas telas sobre sus brazos. Está vez no llevaba su velo sobre la cara, de hecho se veía más iluminada.
—Buenos días, Kagome. — Saludó sonriente. —Traje estás ropas para que puedas cambiarte. —
—¿Cambiarme?. — Kagome repitió confundida.
—Bueno, supongo que no querrás seguir vistiendo unas ropas llenas de sangre y tierra. — Kagome entendió y rió al instante para ocultar su estupidez. —Una vez que termines tráeme tus ropas y las lavare. —
Tras decir eso Kaede se dió la vuelta y se marchó de la habitación. Era una mujer extraña, el día anterior Kagome le temía por lo fría y calculadora que se mostraba ante todas las escenas que vivieron pero una vez que regresaron de la batalla comenzó a comportarse amable con ella e incluso ahora le trajo ropas para que pudiera cambiarse, pasarían días para que sea capaz de acostumbrarse a su tipo de personalidad. Volviendo con las ropas traídas, desde lejos y acomodadas en una silla parecían telas de diferentes colores a diferencia del corset de cuero marrón así como las botas, pero lo demás era desconocido.
Se levantó de la cama y camino hasta la silla donde analizó las ropas con cuidado, una era un traje blanco bien corto que podría suponer era como una especie de ropa interior, luego una falda de un verde cercano a su uniforme y por último el ya mencionado corset. No parecía complicado de probarse, quizás tomaría algo de tiempo pero tampoco era una rompecabezas y entre más rápido lo haga será mejor.
Se quitó su uniforme con el cuál durmió dejando ver las vendas sobre su estómago y brazos hechos por la anciana la noche anterior, las heridas ya no dolían tanto como antes pero eran bastante molestas cuando se movía. Era incómodo quedar desnuda en un lugar donde no era tu hogar, sentía millones de ojos sobre ella incluso estando sola por lo que intento ponerse la primera prenda con total rapidez. Fue sencillo y además cómodo, podría acostumbrarse a esa ropas con facilidad y hasta se atrevería a decir que son mejores que sus ropas normales.
Cuando el corset y la falda ya estaban en su lugar solo tuvo que ponerse las botas para terminar con su nuevo outfit, no había espejos presentes en esa habitación pero podría decir que le quedaba realmente hermoso como si fuera una princesa perdida por el bosque ¡Oh, cómo Aurora cantando con pájaros! Éste mundo comenzaba a gustarle de la nada.
Después de varios minutos apreciando su propia belleza decidió salir de la habitación encontrándose con Kaede en la chimenea calentando una tetera de hierro ¿Es así como preparan el desayuno? Kagome quiso ver más de cerca pero eso llamó la atención de Kaede quien volteo hacía ella mostrando nuevamente una sonrisa pero ésta vez algo nostálgica.
—Te queda bastante bien. — Halagó.
Kagome sintió sus mejillas arden mientras intentaba desviar la mirada tímida. La anciana la invitó a sentarse en la mesa donde ya se encontraba una taza también de hierro junto con un plato con un pan cubierto de jalea, supuso que ese era el desayuno. Kagome rió sin gracia al haber esperado más siendo que éste es un pueblo en un mundo antiguo dónde probablemente el dinero es poco para los de bajos recursos. Probablemente existan reyes y ellos sí se toman los gustos en la comida.
Aún así era mejor que morirse de hambre por lo que agradecida comenzó a tomar de la taza notando que era té de hierbas bastante delicioso, se sorprendió tanto que no fue capaz de detenerse hasta no acabarlo por completo, de hecho el pan con jalea también estaba delicioso, la jalea parecía estar hecha de frutos rojos y el pan era cien porciento cacero. Ahora se arrepentía de haberse quejado entre pensamientos porque realmente estaba delicioso.
—Gracias, Kaede. Ésto estaba delicioso. — Kagome no tardó en hacerle saber a la anciana quien rápidamente negó.
—No es mucho así que no debes de halagar tanto. —
Ahora que la conocía más a profundidad Kagome comenzaba a sentir cariño por la anciana quien fue la primera que se preocupó por ella y curó sus heridas, incluso ahora le daba de su poca comida con una sonrisa. Era una mujer hermosa.
—Veo que aún tienes la joya en tu cuello. Eso es bueno. — Kaede cambio de tema mirando a la perla atada al cuello de Kagome.
Ella ya se había olvidado de la existencia de esa joya hasta que fue mencionada, la tomó entre sus manos para analizarla una vez más así como anoche con la intención de poder buscar esa energía que sintió cuando la vió por primera vez pero tan solo encontró una piedra preciosa más del montón ¿Qué habrá sido eso?.
—De hecho, eso mismo es lo que lo mantiene a él dentro de mi casa. —La anciana apuntó a su puerta para que Kagome volteara.
Cuando lo hizo se encontró con Inuyasha apoyado sobre el marco de la puerta principal ya abierta de la cabaña, su mirada hacia fuera y cruzado de brazos. Kagome casi que se sobresalta por la repentina aparición que juraba no haber visto cuando salió de su habitación, aunque de hecho sí que le causaba curiosidad saber dónde estaba después de toda la persecución de anoche ¿Seguirá enojado? Se ve enojado.
—¿Estuviste aquí toda la noche?. — Ella preguntó ganándose una mirada de reojo casi que asesina del chico.
—Si quiero recuperar la perla necesito hacerlo. — Respondió sin siquiera voltear, Kaede rió.
—¿Y por qué no lo hiciste anoche?. —
—No soy tan cobarde como para robarle a alguien mientras duerme, deja esa actitud para los piratas. — Claramente no parecía estar diciendo la verdad del todo.
Kagome comenzaba a creer que ese chico no era como los demás lo describen, dicen que los demonios son malos y destructivos pero él desde que despertó se negó a lastimar a algún humano y la única vez que lo hizo terminó con su cara sobre el suelo, luego desistió sin quejas. Tal vez él sea diferente aunque su actitud con el querer apoderarse de la perla era algo extraña y generaba una mínima desconfianza.
—Supongo que es normal para un mitad demonio. — Fue gracias a ese comentario que el chico se volteó ya molesto golpeando la puerta casi rompiéndola en el proceso.
—¡¿Qué demonios pasa contigo anciana?! Hablas de mi como si realmente supieras quién soy. — Nuevamente Kaede rió con la reacción del chico quien comenzaba a perder la paciencia.
—Bueno, es obvio que no me reconoces por la edad. Pero yo soy la hermana menor de la mujer que te hechizó. — Se presentó ante el demonio que frunció el ceño perdido hasta que después de unos segundos reaccionó sorprendido.
—Así que tú eres esa niña, pero... —
—Han pasado cincuenta años desde que fuiste hechizado, esa es la razón de mi apariencia. — Kaede ya se estaba poniendo más nostálgica que de costumbre sentándose justo en frente de la joven que escuchaba todo atentamente.
—Entonces Kikyo también envejeció ¿Verdad? Es increíble como los humanos pierden la juventud tan rápido. — Inuyasha rió con burla.
—Te equivocas, mi hermana Kikyo murió ese mismo día. — Con eso las risas fueron detenidas y ahora el rostro del demonio se vió inundado de decepción.
Un silencio incómodo se sintió en el aire mientras Inuyasha se alejaba de a poco hasta volver al marco de la puerta donde volvió a apoyarse ésta vez de espaldas a ambas mujeres, Kagome por un segundo pudo jurar escuchar al chico sollozar. Así que Kikyo sí era alguien realmente importante para él, probablemente haya sido doloroso escuchar que ahora está muerta, le recordó en parte a cuando ella se enteró que su padre se había ido cuando apenas era una niña.
Kaede no pareció soportar el silencio por mucho tiempo ya que luego de un rato volvió a hablar ya con su taza de té vacía.
—Kagome, anoche llegué a una conclusión enorme. — La joven llevó su atención a ella. — Es probable que tú seas la reencarnación de mi hermana Kikyo. —
—¿Qué?. — Pudo ver de reojo al demonio voltear hacia ellas al momento de escuchar a Kaede.
—Eres idéntica a ella y trajiste a la perla de Shikon contigo, la misma joya que mi hermana se llevó con ella el día de su muerte. — Kaede le había mencionado la noche anterior parte de la historia de la muerte de su hermana Kikyo mientras curaba sus heridas.
Kikyo había sido lastimada de gravedad por alguien desconocido y luego de haber hechizado a Inuyasha en el árbol ella termino falleciendo en el mismo lugar a causa de esas heridas, no sin antes dejar un último pedido a la gente del pueblo y era que quemarán su cuerpo junto con la joya para que nadie más se atreva a ocasionar desastres con ella.
Kagome no se veía capaz de hacer algo así en su vida, era imposible que fuera algo como una reencarnación.
~•~
Después de ese extraño desayuno dónde Kagome tuvo que aceptar que probablemente si sea la reencarnación de una sacerdotisa muerte hace cincuenta años, decidió ir a dar un paseo por el pueblo en reconstrucción desde la noche anterior. Con sus ropas de la época ya no se sentía un bicho raro que era observado por todo el mundo, bueno, todavía seguían mirándola de reojo y murmurando a sus espaldas pero tampoco era algo de que preocuparse mucho ya que algunos aldeanos si eran buenos con ella y le llevaban algo de comida en agradecimiento por haber salvado su aldea, cuando de hecho fue Inuyasha quien derrotó a ese demonio. Mencionando a Inuyasha, lo encontró en una tienda del pueblo donde vendían frutas hablando con la aldeana bastante tranquilo. Jamás pensó ver a un demonio charlar con una humana pero él lo hacía bastante bien y de hecho ella parecía cómoda con él.
—¡Inuyasha!. — Lo llamó desde la distancia recibiendo la mirada del chico, saludó alegre aunque él solo la ignoró por completo volteando hacia el bosque. —¿Y eso por qué?. —
Camino hacia el bosque ignorando a los aldeanos que rezaban y le daban "ofrendas" porque ya todos se enteraron de la teoría de Kaede sobre reencarnación y ahora ven a Kagome cómo su santo. Lo importante para ella ahora era encontrar al demonio para ver qué tanto tenía en contra de ella ya que no era la primera vez que la ignoraba de esa forma o sus ojos se llenaba de rencor al cruzarse. Podría ser... ¡Porque se parecía a Kikyo! Si esa es la razón no lo iba a perdonar por nada en el mundo, ya la iba a conocer realmente.
El bosque era grande pero no tardó en reconocer a algo blanco y rojo sobre una rama de un árbol un tanto alto en una pequeña colina sobre el pueblo, Inuyasha descansaba jugando con la manzana de la anterior aldeana, nuevamente Kagome intentó saludar.
—Inuyasha, tengo mucha comida conmigo. Baja y te convidare algo. — Realmente esperaba recibir una aceptación ya que si no lo hacía le lanzaría todas las frutas sobre ella hasta que se caiga del árbol, aunque ahora que lo recordaba también tenía ese hechizo raro del rosario, podría servir para más adelante.
Inuyasha resopló antes de bajar del árbol y sentarse sobre el pasto apoyando su espalda al tronco, su vista sobre el bosque pero para nada sobre Kagome. De todas formas era un avance para ella.
Se sentó a su lado dejando las frutas frente para que pudiera tomar la que quisiera así como ella tomó un mango y comenzó a comerlo con entusiasmo. Pero él no reaccionó y la paciencia de Kagome se ya se había apagó completamente.
—¿Se puede saber porque no quieres mirarme?. — No respondió. —Sé que me parezco a Kikyo pero tampoco es para que creas que realmente soy ella. —
—Eso no es lo que... — El chico volteó a ella molesto encontrando su sonrisa.
—Ahora ya estás mirándome. —
Las mejillas del chico se volvieron rosadas y volvió a desviar la mirada nervioso por el momento. Ella simplemente rió por la ternura de él y siguió comiendo su fruta pensando en que no parece para nada un demonio, si le quitarán las orejas para ella sería imposible notar que realmente es un ser "maligno" como muchos dicen, tan solo parecía ser un chico normal que fue atacado por sorpresa y dormido durante cincuenta años, su rencor era casi justificable. Aunque lo más destacado para Kagome era la diferencia de sus ropas con la de los demás aldeanos, los chicos del pueblo suelen vestir con ropas desgastadas y colores opacos, pero las ropas de Inuyasha son muy delicadas y con colores vivos como el de su traje rojo sobre una camisa blanca o el de su cinturón morado. En su mundo se diría que era ropa de diseñador.
—Dime ¿Eres realmente un príncipe?. — La duda aún seguía rondando por la cabeza de Kagome y tenía que quitársela de alguna forma. De hecho mientras analizaba la forma de vestir de él realmente creía estar viendo a un príncipe de cuentos.
—¿Y qué si es así?. — Él respondió y Kagome lo tomó como una afirmación sintiéndose súper emocionada al instante.
—¿En serio? ¡Entonces estuve todo éste tiempo hablándole mal a alguien de la realeza!. — El chico la miró confundido mientras ella se inclinaba avergonzada. —Como lo siento su majestad, lo siento. —
Él entró en pánico sin saber bien como reacción a algo tan repentino, habían pasado años desde que alguien se dirigió a él como "majestad" que ya había perdido toda la enseñanza dada en su reino.
—No tienes porque tratarme así, mi reino ya no existe. — Optó por ir por la sinceridad que buscar por su memoria alguna respuesta digna de él.
—¿Eh?. — Kagome levantó la cabeza.
—¿No conoces la historia de éste continente verdad?. — Kagome negó e Inuyasha suspiró antes de comenzar a hablar. —Éste lugar está dividido por dos islas, una humana y una demoníaca. Ambas islas poseen diferentes reinos y pueblos que se valen por si mismos . Sin embargo hace ya muchos años un demonio tomó el control de todos los reinos en la isla demoníaca autoproclamado cómo emperador...mi reino cayó en esa guerra. — Inuyasha explicó callando un poco su voz en la última parte mientras sus ojos reflejaban la tristeza.
Kagome se quedó en silencio atónita por lo contado, sonaba como un cuento de fantasía bastante trágico, pero lo peor de todo es que probablemente su estupidez le haya devuelto a la cabeza un trauma a Inuyasha sin querer ¡No podía hacer nada sin arruinarlo antes! Se sentía el doble de estúpida ahora.
—Lo siento... — Solo supo disculparse.
—Está bien, solo no me llames majestad, con mí nombre basta. — Inuyasha respondió mostrando por primera vez una leve sonrisa sincera, sin malicia ni nada, solo una sonrisa de verdad
Kagome se sintió bien al ver qué pudo entablar una conversación con el mitad demonio sin algún insulto o mala mirada de por medio, eran ellos dos disfrutando de las frutas regaladas hasta que la tarde llegó.
~•~
Kagome se marchó sola hasta la aldea donde probablemente Kaede deba estar buscándola para almorzar. Inuyasha, por su parte, quiso dar una vuelta por el bosque antes de volver también así que ella decidió dejarlo solo.
Era un largo trayecto desde dónde estaba hasta la aldea cruzando una pequeña parte del bosque, pero estaba bien tampoco iba a perderse, se sentía segura después de haber sobrevivido a una mujer cienpies cómo si nada.
Durante un rato el camino fue silencioso, con tan solo los pájaros cantando y las hojas de los árboles moviéndose por el suave viento. No fue hasta que un grito infantil proveniente de detrás la alarmó y cuando quiso voltear una pequeña silueta naranja pasó por al lado de ella a gran velocidad, ni siquiera logró verlo bien pero podría jurar que se trataba de un niño a juzgar por la voz así que seguro seguir la sombra por un camino contrario al pueblo sin pensar en si sería capaz de volver más tarde.
Caminó por un largo rato hasta que unas ramas a su lado comenzaron a moverse y debajo de ellas un pequeño sollozo se dejaba escuchar, Kagome se acercó con cuidado para ver qué era solo para encontrar a un pequeño niño con patas de perrito sentado en el suelo llorando mientras las ramas lo cubrían cómo si fuera un disfraz. Tenía una colita esponjosa y su cabello naranja estaba atado por un listo de color esmeralda, era tan tierno que Kagome no pudo evitar sentir pena por él.
—Oye niño. — El llamado de Kagome lo sobresaltó y se alejó aún más de ella. —No, no, está bien. No quiero hacerte daño.—
Él se escondió con unas hojas más grandes que él esparcidas por el suelo, Kagome rió por la ternura agachándose a su altura para darle más confianza. Al tener un hermano menor su habilidad con los niños era excepcional.
—Me llamó Kagome ¿Cómo te llamas?. — Él siguió dudando un poco pero ella se mantenía serena y con una dulce sonrisa.
—Soy...Shippo. —
~•~
Llegó hasta el arbol donde por mucho tiempo se mantuvo dormido por el hechizo de ella, de quien durante un tiempo creyó que podria confiar despues de perderlo todo en el campo de batalla. Humanos y demonios eran iguales para él, ambos buscan complacerse a sí mismos sin importarles los demas o las consecuencias que pueda conllevar, de hecho él tambien forma parte de esa descripcion al ser una fusion de ambos mundos y quizas fueron los deseos egoistas tanto de ella como de él lo que terminó en ese tragico final.
Fuera como fuera ya no había mucho que Inuyasha sea capaz de hacer ahora, despertó cincuenta años despues por lo que cualquier si tan solo no importaba en lo absoluto. A los pies del arbol aún podía visualizar pequeñas rosas marchitas que quedaron del hechizo destruido, Inuyasha sintió pena por las plantas muertas acercando su mano a una de éstas, con tan solo un toque de su dedo una nueva y rejuvenecida flor creció frente a sus ojos. Los humanos no eran los unicos capaces de utilizar la magia, teniendo una parte de su sangre mortal se le fue enseñado algunos pequeños hechizos de curación y protección que hasta al momento era capaz de recordar, además de poseer cómo su propio elemento mágico desde nacimiento la naturaleza misma.
Esa mujer...la niña que trajo la joya consigo era realmente idéntica a Kikyo, como un reflejo en el agua. Pero su olor y personalidad contradecían a la sacerdotisa por completo generando duda en el mitad demonio, pues todos dicen de ella ser la reencarnación de Kikyo pero hasta el momento no hay nada más allá de la joya que confirme esa teoria. Muchas personas en el mundo son identicas a otras sin razon aparente y puede que ella tambien sea así si no hay nada que confirme su unión con la sacerdotisa. El bosque no parecía reaccionar ante su presencia y Kikyo era la sacerdotisa de los espiritus del bosque, mismos que liberaron a Inuyasha de su sueño, de hecho ella no reconocía ni el continente en el que estaba viviendo. Algo no cuadraba.
—¡Inuyasha!. — Detras de él apareció la anciana Kaede montada en un caballo, el velo sobre su cabeza.
El llamado notó desde la distancia el sonido de los latidos apresurados y supo que algo no iba bien.
—¿Que ocurre? ¿Por qué tan alterada?. —
—Es Kagome. No soy capaz de encontrarla en ningun lado. — La noticia lo inquieto, pero de todas formas esa mujer no era alguien de quien deba de preocuparse despues de las miles de dudas pensadas. Movió la cabeza mientras soltaba un "¿Y eso qué?" —Llevaba consigo la Perla de Shikon. —
—¡¿La dejaste salir del pueblo con la joya?!. — Durante su conversación en la colina no se percató que la joven llevaba la joya sobre su cuello, de haberlo hecho seguiría a su lado para evitar problemas como los actuales. —Iré tras ella, ya puedo reconocer su olor de todas formas. —
No esperó la respuesta de la anciana y comenzó saltar sobre los arboles para tener mejor alcance de visión por todo el bosque . Esa niña resultó ser un dolor de cabeza terrible, se movía sin aviso previo como si no supiera que el bosque puede estar lleno de bandidos o demonios, mucho más ahora que la joya volvió, bueno, es más que probable que no lo supiera. De todos modos ahora debía de encontrarla antes de que sea demasiado tarde para la joya.
~•~
Kagome fue arrastrada durante minutos por el bosque sin poder ver nada debajo de aquella bolsa de tela puesta sobre su cabeza, sus manos atadas a su espalda intentaban liberarse con todas sus fuerzas al igual que su boca con una mordaza que callaba los gritos de auxilio. Ni siquiera fue capaz de saber que ocurría cuando esos sujetos extraños llegaron para llevarsela, estaba hablando con el pequeño niño que encontró en el bosque cuando las decenas de manos se abalanzaron sobre ellos dos y le quitaron toda forma de liberarse o pedir ayuda.
Se confió demasiado, debió de quedarse con Inuyasha o no perder el camino hasta la aldea cuando pudo, pero si no lo hacía ese niño sería lastimado en su lugar y no podía permitirse eso. La verdad es que aunque ahora este atrapada no se arrepentía de haberlo buscado.
Al llegar a un lugar donde el suelo ya era mas solido, fue dejada en el suelo con poca delicadeza para despues quitar la bolsa de su cabeza. La luz lastimó los ojos de la chica que en instante reconoció estar en una cabaña mucho más abandonada que las del pueblo, los hombres a su alrededor cubría su rostro con mascaras y telas sobre sus bocas, en sus manos pistolas y espadas ya oxidadas apuntando a ella.
Pensó un sin fin de groserías para ellos en el momento que la mordaza tambien fue quitada, pero por amor a su vida se quedó callada y tan solo mostró una expresión de fastidio.
—Ya la trajimos, jefe. — Uno de ellos miró hasta el frente donde una silla daba de espaldas a ella, el sujeto sentado allí era inmenso en tamaño que Kagome tembló con su simple y silenciosa presencia. —Ésta hermosa mujer parece ser una buena cacería. —
Se acercó a ella con intenciones horrendas tomándola del menton, Kagome no dudó en morder su mano cuando intento meter uno de sus dedos a su boca, tal acto llevó al hombre a darle una cachetada que Kagome sintió el doble de dolorosa que las heridas en su estomago, su mejilla ardía. Aún así no se inmutó pues ese infeliz pervertido se lo merecía.
—¡Zorra atrevida!. — Los demas apuntaron sus pistolas hacia ella.
La silla del fondo crujió, ese enorme sujeto al que llamaban jefe se había levantado mostrando que era el doble de grande que cuando estaba sentado, Kagome comenzaba a arrepentirse de su rebeldía imaginando que clase de cosas podría ser capaz de hacer alguien tan inmenso como él, de seguro que con un poco de fuerza sería capaz de partirla por la mitad. Sonaba ridiculo pero ese hombre debía de medir dos metros como minimo, no era para nada algo normal.
Lo más raro para la mujer era su extraña forma de moverse, se tambaleaba de un lado a otro como un borracho recien salido de una taberna y su piel era demasiado palida como un cadaver.
Su pistola se cargó pero con la rara punteria que estaba teniendo Kagome no sabía si eso realmente llegaría a ella. Y con el fuerte estruendo que asustó a la chica la habitación se tiñó de rojo, el hombre que antes intentó tocarla cayó inmovil con parte de su cabeza destruida, Kagome hizo fuerza para no vomitar por la mezcla de sangre justo a su lado. Los demas bandidos dieron un paso atras de terror.
—Jefe... es a ella a quien debe disparar. — Uno habló temiendo morir por su atrevimiento.
El jefe se rascó la cabeza calva con la pistola mientras se disculpaba entre risas, sus ojos eran carentes de sentimiento o vida alguna a pesar de la gracia que parecía darle la escena ¿Éste hombre realmente estaba vivo?. Volvió a disparar una segunda vez y nuevamente un hombre cayó al suelo ensangrentado, para éste punto era claro que ese hombre no estaba en sus mejores cabales.
Los bandidos aterrados por la actitud de su jefe intentaron correr por una de las puertas de la cabaña, sin embargo el estruendo causado por un tropiezo del enorme hombre derriba parte de la cabaña bloqueando la salida. Kagome estaba atrapada en un lugar en derrumbe con un hombre completamente fuera de si y una pistola ¡Este dia no podia empeorar!.
—La Perla de Shikon... — El hombre murmuró.
Kagome recordó que en su cuello traía a la joya oculta bajo sus ropas blancas, entonces era eso lo que ese hombre quería y por eso la secuestraron. Tal parece que Kaede tuvo razón al decirle que tanto humanos como demonios buscaban hacerse con crueles deseos, se confió demasiado estando sola por el bosque con la joya y ahora estaba pagando la consecuencia.
—¡Kagome!. — Entre medio de los escombros salió una pequeña bola anaranjada que Kagome reconoció por la voz chillona.
—¡Shippo! Estuviste aquí todo el tiempo. — La bola se rodeo de un humo blanco convirtiendose en el pequeño niño con colita que conocio hace algunas horas en el bosque.
—Estaba ocultandome. Dejame ayudarte con eso. — Rapidamente fue hasta la espalda de la chica quitando las sogas con ayuda de una especie de fuego azul ¿Un hechizo?.
Cuando la chica estuvo finalmente libre otro disparo se escuchó en la cabaña recordándole que debía de apresurarse en intentar salir si queria seguir con vida al menos por unos días más. Se levanto del suelo con el niño sobre su hombro y analizó todos los lugares por donde podría salir, la puerta estaba bloqueada y no había ventanas a la vista más de la que se encontraba detras de ese sujeto enorme que intentaba cazarla torpemente, sería dificil rodearlo sin recibir algun golpe o disparo, debía de pensar en alguna distracción.
—Entregame la Perla... —
¡Claro! Es la joya lo que él quiere, si hace que vaya detras de ella podría darle tiempo a correr hasta la ventana, luego se volvería a recuperarla pero por ahora su prioridad era seguir con vida. Quitó la joya de su cuello mandándola a volar por alguna esquina de la cabaña, el sujetó se volteó desesperado por la joya y Kagome sonrió porque su plan funcionaba a la perfección y ahora tan solo debía de correr hasta la ventana para salir de allí.
—¡Maldita!. — Kagome sintió la presencia del hombre detrás pero cuando intentó voltear se estaba haciendo demasiado tarde.
...
La cabaña tembló y ahora una imagen blanca y roja se encontraba parado frente a Kagome sujetando la mitad de la espada que el hombre intentó usar para matar a una Kagome distraída. Inuyasha había entrado a la fuerza dejando un enorme agujero en la pared por donde los bandidos escondidos de su jefe escaparon como cobardes. Kagome estaba sorprendida por la llegada del mitad demonio, no creía que él fuera capaz de rescatarla pero estaba aliviada de que haya llegado a tiempo o si ya estaría muerta.
—¡¿En que estabas pensando, infeliz?!. — Se giró hacia ella sobresaltandola, parecía molesto pero preocupado a la vez ¿Con cual debía de quedarse Kagome? —¡Andar por el bosque con algo tan valioso como la joya! ¿Te volviste loca?. — Claramente con lo molesto, eso para nada sonaba a preocupación por ella.
—¿Éstas bien, Kagome?. — El pequeño niño preguntó llamando la atención no solo de la chica si no tambien del mitad demonio.
—¿Y eso?. —
—Él es Shippo, lo encontré en el bosque solo. — Kagome explicó con una sonrisa mientras Shippo saludaba.
—¿Entonces ahora recoges mapaches demonio del suelo como si nada?. — Inuyasha se burló.
—¡Soy un zorro!. — Contradijo Shippo molesto.
¿Un zorro? Eso explicaba su colita y las patitas que parecían claramente las de un perro anaranjado, se comenzaba a dar cuenta que existen muchos demonios con forma de animales en éste extraño mundo de fantasía, curioso y divertido a la vez.
Pero las presentaciones no duraron mucho, el sujeto enorme volvió a ponerse de pie despues de ser empujado por el impacto. Inuyasha arrugó la nariz para después tapar su boca y nariz con una de sus manos, el olor proveniente de ese sujeto lo asqueo hasta casi producirle nauseas.
—Éste tipo apesta a cadaver, que asco. — Kagome abrió los ojos con horror ante la revelación de Inuyasha.
Ella misma se habia percatado de la piel palida y los ojos vacios del hombre como si fuera un cadaver pero jamas pensó que realmente sea uno ¿Tambien habia zombies alli? Por dios que no sea así porque ella detesta a los zombies desde muy pequeña, eran el tipo de peliculas favoritas de su hermano y padre.
Las ropas del hombre comenzaron a romperse hasta que un agujero dejó salir un enorme cuervo de tres ojos que aleteaba cubierto en sangre seca y putrefacta. Oficialmente Kagome estaba por vomitar.
—¡Un cuervo de la muerte!. — Shippo tembló sujetándose más al hombro de Kagome quien tambien tapaba su boca conteniendo las nauseas.
—Sí, tal parece que estuvo devorando al humano desde hace tiempo para crear su nido. — Inuyasha preparó sus garras antes de abalanzarse contra ese pajaro. —Demonios como esos...¡Me enferman!. — Dió un golpe en el agujero esperando que el ave se encontrase muerta.
Pero para su sorpresa se las ingenio para escapar por el otro lado del cuervo echando a volar hacía el exterior. Inuyasha iba a seguirlo pero al final decidió no darle más importancia, era un demonio inferior incluso para él y Kagome ya estaba a su lado así que no había nada más que hacer.
—Bien ¿Donde ésta?. — Giró hacia Kagome, ella lo observó confundida y él rodó los ojos recordando que la chica era bastante torpe. —La joya ¿La tienes verdad?. —
Kagome palideció de inmediato e intentó decir algo pero la boca del pequeño zorro se le adelantó.
—Si hablas del collar, Kagome lo lanzó para distraer al humano. — Shippo apuntó al agujero de donde Inuyasha apareció.
Mismo agujero donde se podia apreciar a la joya en el suelo verde y al cuervo llegando para tomarla entre su pico y alzar vuelo lejos de los dos chicos atónitos. Inuyasha ya estaba sintiendo su sangre hervir a ese punto, se le enseño desde pequeño que debía de mantener la calma ante cualquier adversidad o problema pero con esa chica a su lado todo eso se estaba llendo al diablo. Kagome por su parte rió nerviosa esperando que Inuyasha no fuera demasiado duro con ella aunque a juzgar por su rostro casi hirviendo estaba claro que sería peor.
—¡¿Como puedes ser tan..?! Agh, vamos. — Miles de insultos pasaron por su cabeza pero se quedó mudo al no poder decir ninguna, estaba perdiendo valioso tiempo odiando a esa mujer y el ave probablemente deba estar digiriendo la joya.
Tomó la muñeca de Kagome con fuerza sacándola de la cabaña con la mayor rapidez, en medio del camino se detuvo para observar un carcaj de flechas y un arco tirados recordando lo pensado durante su tiempo en el arbol, ese podria ser el momento de probarla.
~•~
Kagome estaba en la espalda de Inuyasha sobrevolando el bosque, era la primera vez que alguien la subía a su espalda de esa manera pero lo peor era la gran altura lejos del suelo. No quería mirar hacia abajo porque sabía que gritaría del terror por lo que solo se abrazó al cuello del chico confiando que el agarre de sus manos a las piernas de la chica era seguro.
Un tiempo despues habían logrado alcanzar el ave que gracias a dios aún no se había tragado la joya si no que simplemente la traía sobre su pico dandole la ventaja a los chicos detrás.
—Dispara. — Inuyasha ordenó.
Kagome al principio no entendió pero despues recordó que él le entregó un arco con flechas antes de partir, aunque era algo estupido porque ella no habia usado eso en su vida, el club de arqueria en su escuela no le habia llamado la atención nunca por lo que era totalmente desconocido la tecnica que probablemente se usa.
—Yo no sé usar un arco ¿Como esperas que llegue?. — Kagome preguntó timida mientras tomaba una flecha e intentaba colocarla en el arco.
—Descuida, Kikyo era una gran arquera y si realmente eres su reencarnación podrás hacerlo. — Inuyasha menciono con total confianza.
Kagome se molestó un poco por la comparación con esa mujer otra vez, aún asi agradeció el apoyo porque realmente parecía necesitarlo.
Si ella era la reencarnacion de Kikyo y si su alma se encontraba en su interior, entonces ahora apuntando al ave demonio le pedía a ella que le diera su fuerza para alcanzarla y recuperar la joya que por un error suyo perdió. Suspiro para ganar confianza y con todas sus fuerzas soltó la flecha que realmente pareció dirigirse hasta el ave hasta que cayó como una pluma al suelo sin siquiera tocar al enemigo.
Kagome sintió la verguenza en sus mejillas intentando una segunda vez lanzar otra flecha con más fuerza que la anterior, una vez pareció llegar pero cayó en medio del camino, Inuyasha se quejó.
—¡Suficiente!. — Aterrizó del suelo soltando a la mujer para que cayera sentada. —¡Me canse de ser amable contigo! No sé que tanto cree Kaede o los aldeanos pero tu no puedes para nada ser la reencarnación de Kikyo, solo eres una copia de ella.—
Y con esas palabras más hirientes que cualquier herida se marchó dejando a Kagome a su suerte en el bosque.
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Que estupidez, perdió tiempo de su vida intentando probar y darle confianza a una chica que para nada está relacionada de alguna forma a Kikyo, los demás se cegaron de ese deseo de volver a verla que tal parece no son capaces de notar la verdad ¡Esa chica es una farsa! Tan solo un reflejo sin valor de la sacerdotisa que Inuyasha conocía bien.
Por culpa de pensar tanto en eso, el ave voló mucho más rápido y su garganta tragó la perla, el poder de la joya pálpito en su cuerpo que se multiplicó en tamaño. Tal poder le dió más velocidad para volar lejos del mitad demonio, Inuyasha gruñó intentando seguirle el paso pero perdiendolo poco a poco.
El ave se dirigió al pueblo de Kaede, era obvio que después de conseguir poder buscaría algo con que alimentarse, quizás algún humano desprevenido que no se vea venir a un ave demonio intentando cazar, por más que no sea de su importancia Inuyasha no podía permitir que un humano sea devorado.
El mismo puente en el que él fue rodeado la noche anterior era transitado por muchos humanos que llevaban alimentos de las huertas y agua, una de las mujeres de allí llevaba a su hija a su lado y tal parece que fue una víctima perfecta para el ave demonio que revoloteo por allí hasta llegar a la niña a quien tomó del cuello con sus garras alzando vuelo nuevamente. Tanto la madre como la niña gritaron en desesperación y todos los aldeanos intentaron con sus armas abatir al ave, pero no podrían hacer mucho si tenía a la niña debajo, cualquier disparo en falso la mataría.
Inuyasha sabía que solo él era capaz de rescatar a la niña por lo que una vez llegado al pueblo volvió a saltar intentando alcanzar al ave aprovechando el peso de la humana en sus patas.
—¡Inuyasha, no vayas a lastimar a esa niña!. — La voz de Kagome llegó a sus oídos, tal parece que esa mujer fue capaz de llegar al pueblo por su cuenta pero no fue importancia para él.
Era obvio que no intentaría matar a una niña, no era un sádico asesino ni nada por el estilo para creer en ello. Lo único que hizo fue destruir al ave en mil pedazos con sus garras, la niña cayó al agua junto con los restos del ave y por más que deseaba rescatarla debía de encontrar la perla antes de que el ave vuelva a regenerarse.
—¿Dónde está?...— Miró por todo el agua pero aunque intentará no sería capaz, solo la guardiana de la joya puede verla.
El agua salpicó cuando Kagome se lanzó al río en busca de la niña con una gran habilidad para nadar, Inuyasha se quedó pegado a la vista de la mujer nadando hasta el otro lado del río con la niña ya en sus brazos con una técnica increíble que jamás había presenciado antes en un humano.
Intentó llamar la atención de ésta para pedir ayuda en la búsqueda de la Perla pero al llamarla por su nombre ella lo ignoró por completo, supongo que debe ser por lo dicho anteriormente en el bosque. Quizás si se pasó un poco pero estaba molesto por el tiempo perdido y reaccionó de mala manera hacía ella, aunque no era para nada excusa.
Un remolino en el agua dejó escapar al ave completamente intacta intentando volar lejos de el pueblo. Maldición, si no encontraba una forma de quitarle la joya cuando antes se volverá parte del ave.
Kagome entró en pánico sin saber que hacer, la joya se estaba llendo por culpa de sus errores. Tal vez si era demasiado inútil como para ni siquiera poder cuidar una simple perla que estaba atada a su cuello.
La niña que antes rescató comenzó a quejarse de la nada, sintiendo algo tirar de su nuca con fuerza y al ver era la otra pata del ave que nadie notó que faltaba ¿Estaba intentando llevarse a la niña consigo? No... Quería regresar a su cuerpo original, así como todas las partes del cuerpo se fusionaron dentro del agua ésta también buscaba reunirse.
Kagome tuvo una pequeña idea en ese momento, una que requería un arma capaz de llegar lejos desde la distancia, exactamente un arco y flechas. Un aldea traía uno en su espalda y Kagome amablemente le pidió prestado, tras tener ya el arma tan solo debía de atar la pata en el medio del arco y al ser soltado éste sin importar la fuerza o técnica de Kagome iría directamente a su propio cuerpo acabando con el ave.
Kagome pidió por favor que funcionará, ninguno de sus planes durante ese día habían servido pero éste tenía que, así que por favor simplemente que funcione. Soltó la flecha y tal como lo pensó voló hasta el ave clavándose en su cuerpo, sonrió con emoción la ver su plan funcionar, pero las sonrisas no duraron mucho.
—¿Qué es eso...?. — Una enorme luz iluminó todo el pueblo cegando la vista de los humanos quienes se cubrieron rápidamente y Kagome con los ojos cubiertos por un momento creyó escuchar como un cristal se partía en pedazos desde la distancia.
Posterior a eso un espectáculo de luces de cientos de colores se dispersaron por todo el cielo como estrellas fugaces. Kagome tuvo un terrible presentimiento de todo eso.
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El cielo se pintó de anaranjado y ambos chicos seguían en el río buscando algún rastro de la joya que debían de recuperar, luego de la muerte del ave tan solo los trozos de su cuerpo quedaron en el suelo y agua pero ni siquiera Kagome fue capaz de ver la luz de la joya Shikon por ningún lado. Ahora mismo estaban unos pasos alejados de ese río observando por los árboles y arbustos cercanos al bosque, Kagome sentía la energía de la joya cerca pero no su luz, no entendía bien que estaba ocurriendo.
Entre medio de la busqueda algo se movió entre los árboles, algo negro y de ojos rojizos ¡La cabeza del ave! Creía que murió después de su disparo ¿Es que no se cansaba?.
—¡Ya déjanos en paz!. — Inuyasha la golpeó con sus garras y el ave cayó derrotada junto con una pequeña luz que Kagome reconoció como la misma que destellaba de la perla.
Corrió a ese lugar con total prisa buscando el pequeño brillo entre las hojas, hasta que realmente lo encontró. Un pequeño fragmento de cristal reposaba en el suelo, su color y energía era casi el mismo que el de la joya de Shikon, es más, podría jurar que es la misma joya que tenía en su cuello esa mañana...pero era imposible.
—¿Qué es eso que encontraste?. — Se acercó a ella observando también el pequeño fragmento entre sus dedos.
—Creo que es...un fragmento de la joya.—
