—Debe ser un error!. — El mitad demonio levantó la voz golpeando la frágil mesa de madera que tembló moviendo los platos con la sopa recién preparada.

Kaede sentada en la cabecera observaba pálida el pequeño fragmento que Kagome le entregó una vez llegó a la cabaña junto a Inuyasha diciendo ser la joya Shikon. Habrá sido gracias a la habilidad del mitad demonio en sujetar a tiempo lo que impidió que segundos después de la noticia la anciana casi sufra un terrible desmayo o en el peor de los casos la muerte. No podía creer que la joya que su hermana tanto protegió se hallará destruida frente a sus ojos. Era imposible! Ambos chicos tampoco podían creerlo, en especial Inuyasha que estaba el doble de nervioso que lo que se había visto anteriormente.

—Yo tampoco deseo creerlo, pero ese destello de luces... — Recordó las miles de estrellas fugaces en el cielo luego de que Kagome disparara su flecha hacia el ave, mismas que observó desde las afueras de la aldea sintiendo ese horrible presentimiento. —Su energía era casi la misma que la joya. Es probable que después del impacto de la flecha la joya se partiera. —

Las miradas hacia Kagome la pusieron más incómoda de lo que ya estaba con las voces en su cabeza que le repetían una y otra vez como todo ocurría por su culpa, si ella se abstenía de seguir inventando planes absurdos que ponían en riesgo a la joya nada malo hubiera ocurrido. Inuyasha tuvo que ser quien le diera el golpe final al ave pero ella se metió en medio por el capricho de sentir que era útil en algo cuando claramente no lo era. Ahora Kaede e Inuyasha la observaban con decepción, podía sentirlo.

—Lo siento... — Solo pudo susurrar intentando no soltar alguna lágrima que se acumulaban en sus ojos.

Si tan solo supiera cómo regresar dejaría éste mundo en dónde solo ha causado desastres desde el día que puso un pie allí.

Kaede suspiro negando con la cabeza, por más que la niña haya cometido un error no podría culparla, apenas se estaba enterando de su compromiso como la supuesta reencarnación de Kikyo y guardiana de la joya, Kaede fue ingenua al permitirle semejante objeto a alguien sin entrenamiento previo. Su hermana la vería muy molesta si aún siguiera en éste mundo.

—Ya no importa, no hay nada que se pueda hacer. — Su respuesta calmó a Kagome pero empeoró las reacciones del príncipe.

—¿Y qué pasará con el resto de partes? ¿Las dejaras tiradas por ahí para que todos tengan un poco de Shikon para cenar?. — El humor sarcástico del demonio era su mejor defensa contra los insultos que seguís acumulando en su garganta, sin embargo, tal actitud parecía no caer bien a la alcaldesa con las miradas asesinas.

—No, si Kagome es capaz de ver la joya entonces también será capaz de percibir los fragmentos de ésta. — Comenzó a explicar sacando un enorme mapa que abarcaba toda la mesa, dicho objeto Kaede mantenía oculto en su habitación pero para ésta discusión ya lo tenía bastante preparado. —Pueden ser cientos, miles, millones de fragmentos esparcidos por toda la isla. Y si su velocidad fue suficiente también podrían encontrarse en el mar o en la isla demoníaca. —

El mapa era de un papel con tintes marrones por lo desgastado del papel, los bordes parecían quemados y mordidos dando la verdadera impresión de un mapa de la época. El dibujo que Kagome analizaba entre medio de las palabras de Kaede era exactamente la misma descripción que Inuyasha dió en la mañana, dos islas separadas por un angosto mar y duchas islas también se dividían por diferentes Reinos así como biomas. Ese mundo era enorme, ni siquiera el mapa de su Japón podría abarcar lo mismo que todo ese mundo, aunque quizás sea porque éste mapa es en realidad el de un continente entero y no solo un país. Aún así era sorprendente y ya comenzaba a sentir las ganas de explorar lo que sea que se encuentre en todos esos caminos, se sentía como en un videojuego de fantasía.

—Si algún fragmento cayó en esa isla sería un gran problema. — Inuyasha continuó hablando con Kaede.

—Por eso quiero que tú acompañes a Kagome. —

La mencionada recibió esa última frase como un golpe que la devolvió en sí, abriendo los ojos con sorpresa.

—¿Él conmigo?. — Admitía sentirse segura estando con el mitad demonio, pero sus personalidad no parecían cooperar mucho en situaciones a solas. La única vez que lo hicieron Kagome destrozó la perla en pedazos, la próxima puede que él no tenga tanta paciencia.

—¿Estás segura de eso, Kaede? Recuerda que para ti yo soy uno de los malos. — Inuyasha sonrió con burla y la anciana rodó los ojos cansada.

—No tengo otra opción, eres el único que puede proteger a Kagome si algo malo sucede. Además, muchos demonios te conocen por tu apellido. — Kaede dió nuevamente una referencia a su título de realeza como un contraataque a la burla anterior, Inuyasha no se lo tomó para nada bien y se retiró de la cabaña sin decir palabra alguna.

Kaede y Kagome intentaron volver a cenar después de ello pero al final terminaron con ambos tazones de sopa fríos sin haber tocado una sola gota con sus labios, toda la discusión anterior le habían el apetito a ambas, especialmente a Kagome quien después de un rato se retiró del comedor para dirigirse a su habitación, no sin antes despedirse de la anciana con un "buenas noches" entre murmullos de tristeza.

Kaede notó el sentimiento de la joven que probablemente ahora se esté culpando de todo, suspiró una vez más y espero que mañana sea capaz de darle entender a Kagome lo que realmente le molestaba.

En su habitación reposaba cómodo el pequeño niño zorro que conoció ese día, por lo poco que pudo hablar con él parece estar perdido de su verdadero hogar compartido con su padre, según sus palabras había salido a recoger bellotas para la cena pero cuándo intentó regresar unos demonios comenzaron a perseguirlo por mucho tiempo hasta alejarlo del camino conocido, fue después de muchas caminatas en medio del oscuro y peligroso bosque que llegó a dónde Kagome. Shippo parecía realmente ser tan solo un niño perdido más allá de su apariencia de demonio, su padre debe de estar muy preocupado por él así como la familia de Kagome por ella, ambos deseaban volver a casa lo antes posible...no era tan lejana a ese niño.

De todas formas Kagome se recostó en la cama junto al niño dónde ambos durmieron abrazados por una larga y un poco fría noche, esperando el nuevo día.

~•~

Los ríos eran el doble de fríos de lo que ella imaginaba, tanto que apenas puso un pie desnudo en el agua dulce y todo su cuerpo le gritó que recapacitara de su decisión.

Kagome se había saltado el desayuno esa mañana, quería un lugar donde poder quitarse toda la suciedad acumulada en los dos días convividos en ese mundo entre demonios, secuestros y una responsabilidad puesta sobre ella sin pregunta previa. Kaede le dijo que muchas personas del pueblo suelen bañarse en aguas sacadas del pozo pero Kagome se negó rotundamente a poner su cuerpo en esa agua de un tono pantano, su "capricho" como la alcaldesa dijo fue resuelto después de que ella le mostrará una orilla del río cercano donde nadie era capaz de espiar o andar a esas horas. La joven se emocionó cuando presenció el agua cristalina llena de hermosos peces, jamás se había bañado en aguas puras pero nada perdía en intentar.

Actualmente, ya dentro del agua estaba claro que si perdería algo y sería su salud. Estaba temblando en agua a un nivel superior que helada y el viento mañanero no ayudaba para nada, aún así no iba a salir hasta no sentir su cuerpo completamente limpio especialmente su cabello, si algo detestaba era que su cabellera azabache estuviera despeinada o sucia. Era su tesoro.

Desde lejos y con una fogata improvisada, Kaede observaba a la chica temblando en el agua, suspiro al ser completamente ignorada cuando le pidió que saliera si no quería enfermarse, reconociendo lo complicado que es cuidar de una niña. Quizás por eso ella siempre prefirió quedarse soltera y no tener hijos.

—¡Kagome, ya es suficiente!. — Intentó llamarla una vez más.

—¡No quiero, no soporto mi cabello lleno de tierra y sangre. Tengo que quitarme eso!. — La chica volvió a zambullirse dentro del agua.

Kaede se rindió allí, si Kagome prefería enfermarse de alguna manera ya no era problema suyo y al menos podrá decir que intento convencerla de salir por su bien.

Del lado de la chica el agua le estaba ayudando no solo a limpiar su cuerpo si no también a reflexionar de todo lo vivido estos días. Aún sonaba como una locura en su cabeza, ser transportada a un mundo de fantasía medieval dónde eres la supuesta reencarnación de una mujer que todos dicen era poderosa y que encima ahora debas de buscar los fragmentos de un objeto que fallaste en proteger...imposible no nombrar más de tres juegos o libros con una sinopsis parecida. Por primera vez Kagome sentía ser la protagonista de su propia historia como las que su padre le leía de pequeña, ella es la elegida, la que debe salvar al mundo, la heroína. E incluso viéndolo de esa manera el obstáculo de extrañar a su familia cada noche le daba ansias de poder regresar al menos para decirle a su madre que estaba bien, debe de estar aterrada pensando que pudo haberme pasado ¿Habrán denunciado una desaparición? Sota estaba con ella ese día, aunque dudaba que alguien le creyera.

La joven se ahogaba en sus pensamientos irónicamente mientras nadaba debajo del agua, pero en la superficie Kaede comenzaba a tener compañía. El mitad demonio aterrizó de un salto cerca de la fogata, el niño zorro colgando de su hombro y con la expresión más malhumorada que se pueda imaginar. La anciana se vió venir las razones.

—¿Por qué la cara larga?. — Kaede dió la primera pregunta intentando encender la llama de Inuyasha quien se mantuvo en silencio.

Aunque no contó con la increíble habilidad del pequeño Shippo de decir todo lo que los demás piensan sin problema.

—Intentó buscar fragmentos por su cuenta y fracasó. — Shippo se bajó del hombro del chico caminando hasta la anciana, Inuyasha gruñó furioso.

—¡Sí que eres bocón!. —

—¿Por qué? Solo digo ¿Cuál es la diferencia entre tú solo y Kagome?. — Cuestionó sabiendo de antemano la razón egocéntrica del chico.

—Solo intenté adelantar las cosas, es todo. — Se cruzó de brazos mientras rodaba los ojos.

Kagome ya se había cansado del baño en ese momento y sin siquiera percatarse de la presencia de ambos demonios sintió toda la confianza del mundo para caminar por el agua completamente desnuda. No fue hasta que al mirar hacia Kaede se encontró con el pequeño Shippo boquiabierto junto al mitad demonio que palideció al instante. Kagome sintió toda su cara arder en llamas y lo único que pudo pensar en ese momento fue desquitarse con Inuyasha.

¡AHH! ¡ABAJO!. — Gritó con todas sus fuerzas cubriendo su pecho con sus manos.

El príncipe cayó de cara al suelo causando un fuerte estruendo y un cráter en el suelo que seguramente tendrá la forma de su sien.

Kagome corrió hasta unos arbustos dónde su ropa había sido dejada por Kaede para lograr cambiarse con tranquilidad sin que nadie la vea, jamás imaginó que Inuyasha llegara de la nada justo en el momento en que ella está por salir. Su cuerpo al descubierto había sido observado por un chico ¡Un chico que apenas conocía la había visto desnuda! Que horror, jamás sintió tanta vergüenza como en ese momento, quería asesinarlo.

—¡Ni siquiera te estaba observando!. — Inuyasha se quejó al levantarse del suelo con algunas marcas rojas en sus mejillas.

—¡Vi tus ojos sobre mi, no mientas!. — Respondió Kagome molesta detrás de los arbustos.

El mitad demonio rodó los ojos sentándose en el suelo junto a la fogata.

—Claro, un príncipe no debe de mirar el cuerpo desnudo de una dama ¿Verdad?. — Kaede bromeó.

—Espera ¿Realmente eres un príncipe?. — Shippo preguntó con sorpresa, había escuchado antes a Kagome decirlo pero creía que no era más que una forma de burlarse. —Papá dice que ya no hay reinos demonios. —

—Su Reino fue destruido por "El Emperador" como todos los de la isla demoníaca. — La anciana intentó resumir lo que había escuchado por parte de Inuyasha así también por las palabras de la misma Kagome.

Hablando de la joven ella salió de los arbustos con un traje diferente, un vestido blanco decorado con pequeñas telas rojas que colgaban de las grandes mangas. Según palabras de Kaede era el típico traje de las sacerdotisas del pueblo que veneraban a los dioses del bosque.

Caminó en silencio hasta la fogata escuchando la conversación de los tres sentados cuando al llegar sintió la mirada pálida del mitad demonio, eso la descolocó un poco.

Aún así siguió su camino hasta la soga que colgaba la otra muda de ropa suya lavada por la misma Kaede.

—Lo que más me sorprende es que un demonio como tú controle el elemento de la naturaleza. — Kaede mencionó ganando no solo la atención de Kagome si no también la de un Inuyasha sorprendido.

—¿Cómo sabes eso?. —

—Esa vez que fui a buscarte porque Kagome había desaparecido te vi recobrar la vida a una flor marchita. — Inuyasha pareció entender de lo que hablaba porque relajó la mirada en seguida.

Kagome, al contrario, se vio confundida. Desde hace un tiempo escuchaba a las personas de ese mundo mencionar hechizos y magia sin saber exactamente el porque o como funciona, Kaede tampoco parece muy cercana a ese tema a pesar de haber usado un hechizo con el collar de Inuyasha.

—¿Elementos?. — Se acercó en busca de más información.

—La magia se divide en ocho elementos: Agua, Tierra, Fuego, Aire, Naturaleza, Energía, Luz y Oscuridad. — explicó Kaede lanzando una pequeña rama a la fogata. —Tanto humanos como demonios somos capaces de controlar aquellos elementos terrenales, sin embargo, tal magia como la luz solo puede ser aprendida por los hechiceros o por sacerdotisas. —

Kagome escuchó atenta como si de un cuento de hadas se tratara.

—¿Y la oscuridad?. —

—Esa magia está prohibida. — Inuyasha la interrumpió rápidamente, Kagome logró notar como él ni siquiera se atrevía a mirarla desde el momento en que ella apareció de los arbustos.

Kaede dejó salir aire otra vez probablemente notando lo mismo que Kagome, gracias a esos chicos había comenzado a suspirar más seguido y no le estaba gustando nada.

Kagome analizó cada palabra de Kaede llegando a una conclusión sobre el libro que la trajo a ese mundo. Si todo allí se regía por leyes cercanas a la fantasía, la idea de que ese libro era mágico no era tan errónea. Entonces solo necesitaría aprender a usarlo para volver a casa y si ella es realmente la reencarnación de esa sacerdotisa llamada Kikyo tendría que haber heredado la magia de ella, magia que la regresara al lugar donde pertenece de una vez por todas.

Pero ahora lo más importante a recalcar era saber a qué se refería Kaede cuando mencionó el elemento de Inuyasha ¿Acaso cada persona nace con ese elemento? Pero entonces no tendría sentido que la magía oscura sea prohibida si hay seres que nacen con ella, será que pueden ser aprendidas con los años, curioso que Inuyasha decidiera aprender a controlar la naturaleza.

Entre medio de los pensamientos una mujer salió del bosque corriendo alterada, Kagome la reconoció de una de las tiendas del pueblo pero no fue capaz de saludarla debido a la preocupación en su rostro.

—¡Señora Kaede, necesito su ayuda!. —

Kaede se marchó junto a la joven después de que ella le explicara algo que Kagome no llegó a escuchar y antes de desaparecer entre los árboles les advirtió a ambos jóvenes que no causarán ningún problema, siendo capaz de dejar al pequeño zorro a cargo para vigilarlos, la orden hizo reír sin gracia a Inuyasha.

Ya solos los tres un pequeño silencio incómodo dejaba que las pequeñas corrientes del rió fuera lo que más sonará, hasta un par de minutos después cuando Inuyasha abrió la boca para hablar.

—Oye. — Llamó a Kagome y ésta ni siquiera se tomó el trabajo de responderle bien, el ambiente ya era algo difícil entre ellos. —Quítate esas ropas. —

El golpe contra algo sólido resonó entre el bosque y Shippo cerró los ojos para no presenciar como Kagome tomando una enorme rama del suelo la golpeó contra la cabeza de Inuyasha. La rama se partió pero el quejido de dolor del mitad demonio fue suficiente.

—¡¿Y eso por qué?!. — Inuyasha sobándose la cabeza donde seguramente salga un enorme chichón se quejó a la chica con las mejillas completamente enrojecidas.

—¡Por maldito pervertido!. —

—¡No te estoy diciendo que te desnudes, digo que te saques ese traje y vuelvas a ponerte el mismo de siempre!. — El chico apuntó al vestido blanco y verde colgados en una soga improvisada.

Kagome comenzó a entender de a poco lo que estaba ocurriendo y su rabia aumentó. Kaede mencionó que ese traje era de una sacerdotisa por lo que es más que claro que perteneció a Kikyo antes de morir y suponiendo que Kagome vivía escuchando por todos los rincones sobre su gran parecido con Kikyo, todo eso llevaba a el gran odio hacia ella por parte de Inuyasha que parecía recaer en Kagome. Desde el momento en que lo liberó del árbol su mirada no cambiaba, siempre alejado y a la defensiva, lo detestaba.

—¿Por qué me comparas tanto con ella?. — Inuyasha abrió los ojos sorprendido por lo repentino de esa pregunta.

¿Él las comparaba? No, solo le incomodaba el parecido de la chica y era todo. Si que de vez en cuando solía decir cosas hirientes o no tomarla en cuenta, no podía evitarlo, realmente deseaba olvidar lo que pasó pero cada que el rostro de esa mujer se posaba sobre sus ojos su corazón se apretaba contra su pecho, dolía.

—Yo no soy Kikyo ¿No te lo dije ya?. — El silencio de Inuyasha la irritó escribiendo un punto final en todo ésto. —Olvidalo. —

Kagome tomó sus ropas ya secas de la soga y comenzó a caminar lejos del chico quien tras observar un rato su cabeza dió un click que le recobró la conciencia comenzando a seguirla, el pequeño zorro sobre su hombro una vez más.

—¿Por qué me sigues?. — Kagome se detuvo a medio camino observando por arriba del hombro.

—Te recuerdo que yo también me quedo en la misma aldea que tu. — Inuyasha se cruzó de brazos. — Además tu tienes el fragmento, necesitas vigilancia. O puedes dármelo y continuar con tu camino. —

—¿El fragmento? Oh, ésto. — Sacó un pequeño sacó de tela improvisado por Kaede para mantenerlo cuidado. —¿Lo quieres?. —

Sonrió ante los ojos brillantes de Inuyasha sobre el saco. Aún no sabía para qué quería Inuyasha la joya si él ya era alguien con poder no solamente físico sino también político, era un príncipe y aunque su reino no existiera más ¿Qué era lo que lo detenía a reconstruirlo? Quizás ese tipo al que le dicen Emperador ¿Inuyasha quería la joya para detenerlo? Tendría sentido, sí, pero ahora Kagome estaba consumida por la ira y ese fragmento era de ella.

—Abajo. — El mitad demonio cayó al suelo y Kagome aprovechó para marcharse escuchando el "maldita" detrás. —Nos vemos, majestad. —

~•~

El pueblo era más silencioso que de costumbre en ese mediodía, Kaede no estaba muy convencida de que todo estuviera realmente bien por esos alrededores no después de escuchar a la aldeana de esa mañana explicar sobre una extraña enfermedad que su hija estaba atravesando desde la noche anterior. Una que le impedía despertar y salir de la cama para comer o cumplir con alguna de sus necesidades. Si bien la anciana no era médica sabía cómo proteger a sus aldeanos y los pequeños hechizos de curación enseñados por su hermana podrían ser de gran ayuda.

La casa de esa mujer estaba cerca de la entrada de la aldea, justo al lado de su tienda de accesorios y vestidos. Dentro tan solo una habitación resguardaba a la niña acostada. Desde el momento en que entró la anciana se sentía observada por algo pero no quiso dar conclusiones rápidas sin antes revisar.

Sin duda desde lejos ella se veía lo suficientemente bien como para estar en cama, lo único alarmante para Kaede fue la temperatura tan alta de su cuerpo, por lo que intentó dejar todo como una fiebre que debía de bajar y en vez de utilizar su magia decidió simplemente tomar algo de agua fría.

Ambas mujeres estaban en la cocina cuando la cama de la niña rechinó, Kaede fue la primera en escucharlo volteando con preocupación. Lo que se encontraron ambas detrás fue más que aterrador.

~•~

Kagome fue capaz de regresar a la aldea tan solo para recuperar el libro sobre su mesa de noche, ésta era la única oportunidad que podía tener de descubrir cómo regresar a su hogar. No sabía nada de magia más allá de lo explicado hace unas horas pero si no intentaba puede que quedé encerrada en ese mundo para siempre. Lo único que debía de hacer era encontrar la manera de activar el mismo portal que la trajo y qué mejor forma que regresar al mismo punto del bosque. Detrás del árbol donde vió a Inuyasha, recordaba por partes el camino pero logró llegar a lo que creía era ese punto.

De todas formas, Kagome abrió el libro en blanco pensando exactamente qué es lo que haría alguien mágico para abrir un portal. Mayormente se decía una frase o palabra para activarlo ¿Pero qué palabra?

—Llévame a casa. — Fue lo primero que se le vino a la cabeza siendo claramente algo muy obvio como para ser eso.

—Ábrete. —

...

—Portal Mágico. —

...

—¡Abracadabra!. —

Ninguna palabra funcionaba sin importar cuantas veces intentaba. A ese punto Kagome ya estaba golpeando el libro contra su frente estresada, no podía ser que la única oportunidad para volver no esté funcionando ¡Maldita magia inservible!

¿De qué sirve un libro mágico si no es capaz de mostrar la forma de hacer los hechizos? No tiene nada de sentido.

En medio de ese intento por usar magia un pájaro cayó a sus pies con un ala lastimada, Kagome por más molesta que se sintiera se preocupó por el animal intentando acercarse. Sin embargo un hilo negro se atravesó por su camino cortando una parte de su mejilla al tacto, se levantó confundida antes de darse cuenta que no era solo uno si no que por todo su alrededor habían cientos de hilos negros entrelazados... No, no eran hilos.

—Vaya, es una sorpresa que puedas ver mis cabellos. — La voz femenina detrás rió, Kagome rápidamente volteó encontrando a una mujer de ropas negras sentada sobre lo que ahora sabía eran cabellos. —Los humanos normales no son capaces de percibirlos. —

Kagome se abrazó al libro con fuerza intentando dar unos pasos atrás. La presencia de esa mujer era aterradora, un aura negra emanando de su cuerpo que le erizó la piel del miedo, escuchando una voz en su cabeza pidiéndole que escape de inmediato.

—¿Quién...eres?. — Murmuró incapaz de ir a algún lugar sin caer en esos cabellos filosos.

—Mi nombre es Yura Sakasagami, la maestra de cabellos. —

~•~

Durante casi una hora lo ha estado siguiendo como si fuera su propia cola, al no tener otro lugar donde ir Inuyasha era su guía por ese bosque desconocido. Shippo esperaba encontrar la manera de pedirles ayuda para volver a su hogar pero con todas las discusiones presentes tan solo se había quedado como un acompañante más que se hospedaba en el pueblo cercano. Fue lindo sentir que la anciana no dijo nada malo de su estadía allí, quizás por las palabras de Kagome, pero lo importante para el niño era sentirse aceptado por humanos siendo que antes muchos otros incluso llenaron de piedras su cabeza.

De todas formas, con el tiempo comenzaba a cansarse de dar vueltas por el bosque sin obtener alguna respuesta del mitad demonio sobre a dónde se dirigía, si es que tenía algún rumbo.

—¿Por qué demonios me estás siguiendo?. — Fue en lo último del camino llegando al pueblo de Kaede cuando Inuyasha se cansó de la presencia de Shippo.

El niño en cambio sonrió balanceando su cabeza de un lado a otro como si pensara su respuesta.

—Eres el único que conozco, además me caes bien y eres divertido. — Su voz dulce y tímida.

—¿Divertido?. — Inuyasha cuestionó no esperando para nada esa respuesta. —De todas formas no entiendo como puedes decir que te caigo bien, apenas te conozco desde hace unos días. —

—Bueno, Kagome dijo que aunque seas algo "Cerrado" Eres un buen tipo. —Shippo explicó subiéndose al hombro del mitad demonio. —Confío en lo que dice Kagome. --

Inuyasha no respondió, le pareció extraño que la misma mujer que se fue molesta sin siquiera dejarle acompañarla haya dicho algo tan lindo sobre él de esa manera. Ya había hablado con Kagome antes y ella realmente parecía intentar entablar conversación, quizás porque no le quedaba de otra o porque simplemente Kaede vivía mencionando lo mucho que debían de llevarse bien para recolectar los mendigos fragmentos. A decir verdad si no fuera porque Inuyasha deseaba el deseo de la perla para él no hubiera aceptado para nada acompañar a esa mujer desconocida y torpe, la forma en la que todos la alaban por el simple hecho de que se parece a KIkyo lo irritaba. Puede que su rencor contra la sacerdotisa le prohíba mostrar sentimiento alguno por ella sin embargo no quitaba que le tuviera un respeto mayor a otro humano, Kagome no estaba mal pero sin pruebas que demostrarán sus habilidades el llevarla al mismo trono que Kikyo sonaba a una falta de respeto.

—Como sea. — Terminó por responder aceptando la compañía del niño en su camino.

Camino que rápidamente se detuvo al sentir un aroma metálico, era sangre humana. Olfateo el área hasta descubrir que el sendero hacia la aldea era de dónde provenía, sintió un pánico acumularse en el pecho y sin nisiquiera responder el cuestionario de Shippo comenzó a saltar por los árboles con gran rapidez. Era probable que algo haya atacado la aldea y si era así con Kagome allí el fragmento de la perla podría estar en peligro al igual que los aldeanos y la misma Kaede.

~•~

La mujer sentada sobre los cabellos rio ante el miedo de Kagome expresado en sus piernas temblorosas. Por la apariencia cualquiera diría que es una sacerdotisa pero su actitud no demostraba para nada ello siendo un entretenimiento para el demonio.

—Por lo que escuché la famosa Joya Shikon regresó a éste mundo ¿Es así?. — Kagome mantuvo un silencio de terror. —Y también dicen que tú la tienes… —

Recordó el pequeño sobre de tela en su cuello con el pequeño fragmento dentro, intentó mantenerlo oculto allí sin embargo de alguna forma que ella no logró distinguir, uno de los tantos cabellos negros controlados por Yura habían llegado hasta ese sobre. Ella tan solo tuvo que tirar de sus manos para que el sobre volara lejos del cuello de la chica quien gritó un No al intentar recuperarlo.

—No te sirvió de mucho verlos. — Yura rió sujetando el sobre.

Dentro no encontró más que el pequeño fragmento de la joya brillando en una pureza rosa, la palidez en su rostro superó su ya tez blanca mirando con desagrado a Kagome probablemente esperando una respuesta.

—¿Qué le hiciste a ésta hermosa Joya? ¿Dónde están los demás fragmentos?. —

—No… no lo sé. — Kagome se mantuvo firme en la verdad que no fue para nada bien recibida por la mujer demonio.

—Así que no piensas decírmelo. — Una espada apareció entre medio de los cabellos siendo sujetada por Yura. —Entonces te haré hablar. —

Solo tuvo que balancearse por sus cabellos para caer con espada en mano a la dirección de Kagome con el fin de cortar lo que fuera necesario si eso la haría hablar.

Kagome sintió toda su vida pasar por sus ojos una vez más al igual que cuando la mujer ciempiés estuvo a punto de asesinarla atandola al árbol junto con Inuyasha. Lo único que fue capaz de hacer fue sujetar con mucha más fuerza el libro entre sus brazos y rogar en su mente que hubiera alguna forma de que nada de eso fuera real y ella pudiera regresar a casa.

Yura fue capaz de presenciar cómo un pentagrama mágico se formaba a los pies de la humana y antes de que su espada llegara siquiera a tocar un cabello esa misma humana se desvaneció por completo junto con el pentagrama. Yura se detuvo en secó aterrizando en el suelo curiosa.

—¿Desapareció? ¿Acaso era una hechicera? No, esa mujer no se veía capaz de actuar como una… — Pensó en voz alta. — Bueno, tampoco importa mucho, ya tengo un fragmento. —

Lista para partir sintió un tirón en una de sus manos atadas a sus cabellos, algo estaba intentando cortarlos a la distancia. Entonces recordó que había dejado algunos de sus Sirvientes invisibles jugar con el pueblo cercano por el tiempo en el que ella se encargaba de la joya, tan parece que alguien se dió cuenta de ello y está intentando interferir. Lo mejor sería encargarse de ello ahora, y así hizo alejándose del lugar donde ahora solo quedaba una muda de ropa femenina tirada en la hierba.

~•~

Kagome despertó desorientada en medio de una oscuridad desconocida, no recordaba que había ocurrido después del ataque de Yura más que una luz que rodeó sus ojos antes de caer. Al menos por lo visto seguía sintiéndose viva por lo que probablemente haya encontrado la forma de escapar en el último segundo, así que se levantó de a poco en el suelo de una textura sólida y suave ¿Madera? A decir verdad todo su alrededor olía a madera vieja y polvo, un olor que rápidamente sintió conocido.

Antes de reconocer su estado actual, otra luz el doble de fuerte que la anterior cegó sus ojos por un tiempo antes de oír las voces que golpearon sus pecho.

—¡Kagome! ¿Eres realmente tú?. —

—¡¿Lo ves?! Les dije que ella estaba aquí. —

Kagome levantó la mirada encontrando al anciano y al niño con una apariencia idéntica a la suya, una sonrisa se mezcló con las lágrimas mientras su voz temblorosa sólo llegó a gritar…

—¡Abuelo, Sota!. —

Sin saber cómo, había regresado a su hogar.

~•~

Las cosas con Inuyasha no iban tan bien.

Había descubierto que en el pueblo todas las mujeres jóvenes estaban siendo controladas por unas cuerdas que él no era capaz de percibir. Incluso la misma Kaede se vió afectada por ello siendo herida en uno de sus hombros, tal parece que la misma chica a la que intentó ayudar por una "enfermedad" también fue controlada y la atacó a ella así como a su propia madre con uno de los cuchillos de cocina.

Ahora mismo el híbrido se encontraba rodeado por humanas incapaz de atacarlas debido a su código de no asesinar humanos o incluso lastimarlos, pero tampoco tenía alguna respuesta sobre cómo ayudarlas sin algún daño colateral.

—¡Inuyasha!. — Kaede apareció sujetando su hombro ensangrentado.

Inuyasha palideció recordando que claramente le había advertido a la anciana no salir de la cabaña hasta que él encontrará la forma de mantener a todos a salvo, tal parece que no es capaz de quedarse un tiempo quieta.

—¡Tienes que cortar los cabellos que las sujetan!. —

¿Cabellos? ¿Esa herida le estaba afectando el cerebro? En ninguna parte de su alrededor era capaz de presenciar algo parecido a algún cabello.

—Maldición, si Inuyasha no es capaz de verlos ésta pelea jamás terminará. — La anciana murmuró siendo solamente escuchada por Shippo quién estaba a su lado.

Inuyasha no tenía más que esquivar los ataques con objetos punzantes de las mujeres que levitaban cómo si algo las sujetara de sus brazos ¿Acaso era allí donde los cabellos que Kaede mencionaba se encontraban? Pero no había forma de acercarse allí sin intentar lastimarlas ¿Cómo podría ayudar?.

No fue hasta que entre medio de esquivadas sintió un fuerte agarre en su brazo que lo empujó hasta un árbol cercano de allí donde todo su cuerpo se vió sujeto por algo que él no lograba presenciar, efectivamente Kaede tenía razón. Se sentía como miles de hilos apretando sus brazos y piernas el doble de fuertes que las espinas de su anterior hechizo, el dolor era tan extremo que cualquiera pensaría en la idea de que terminaría desmembrado. Inuyasha mantuvo la fuerza en su cuerpo haciendo toda la presión posible para liberarse, peor fue cuando otro hilo se enredó en su cuello haciendo la misma presión.

Sin aire y sin poder mover su cuerpo el híbrido sólo pudo confiar en su propia fuerza para lograr salvarse.

Cuando los hilos perdieron estabilidad fue capaz de terminar con todo de un simple tirón con su cuerpo cortando los hilos que hasta el momento seguían siendo invisibles a su vista.

Las mujeres cayendo al suelo inconscientes indicaron que todo había acabado.

Kaede desde la cabaña suspiro de alivio, antes de caer en conciencia de algo más que estaba faltando allí, una presencia desaparecida muy importante.

—Kagome…¡Kagome!. — La voz de la anciana llamando por la joven llegó a los oídos agudos del híbrido quien intentaba recuperar su aire.

—¿Kagome no está aquí Señora Kaede?. — preguntó Shippo preocupado.

—No la he visto. Inuyasha ¿Dónde…?. —

—Dijo que quería volver a casa, intenté detenerla pero… — Interrumpió a la anciana sin querer mencionar por último la forma en la que Kagome lo detuvo a él.

—Ésto está mal, Kagome tiene el fragmento de la joya y si un demonio está acechando por los alrededores ella estará en peligro. — El pánico inundó la voz de la anciana.

Intentó caminar lejos de la cabaña tropezando en el proceso, Inuyasha llegó rápidamente para sujetarla y evitar otras heridas innecesarias, su expresión se llenó de molestia en el momento que Kaede se aferró a sus ropas con ojos suplicantes.

—Por favor Inuyasha, encuentra Kagome y mantenla a salvo. —

Encontró la forma de mantener a la anciana a salvo en el tiempo que él estuviera buscando a Kagome. Decidió llevarla al mismo árbol dónde ambos jóvenes se conocieron. Chocaron con algunos cabellos en el camino descubriendo que efectivamente sea quien sea ese demonio estaba acechando por todos los rincones cercanos al pueblo por alguna razón desconocida.

Al llegar Kaede fue recostada sobre el árbol e Inuyasha tras pensar por unos momentos terminó por poner sus manos sobre el pecho de la anciana y un pentagrama mágico de tonos verdes cubrió parte de su cuerpo antes de que hojas y hermosas flores de colores crecieran a su alrededor camuflando su presencia con el bosque. Era eso a lo que llamaban la magia de la Naturaleza

—Así que éste es tu grandioso poder. — Kaede bromeó.

Inuyasha rió sin gracia y se levantó del suelo preparando para irse no sin antes mirar por última vez a la anciana con el fin de contarle su plan.

—De ésta forma no serás reconocida por ese demonio, tu olor también fue camuflado con las flores. Buscaré a Kagome y cuando la encuentre regresaré por ti. — Sonaba seguro de lo que decía pero Kaede sentía una pequeña sospecha en todo eso.

—¿Estás seguro que recordarás hacerlo? Ni se te ocurra abandonarme. —

—Descuida, regresaré. Y al menos espero que sigas viva para ese momento. —

Comenzó a caminar lejos de ella escuchando de fondo un grito de "No te olvides de mí, Inuyasha" que le causó una pequeña risita, de vez en cuando convivir con esas personas llegaba a ser confortante. Pero no era el punto, tenía otra misión que cumplir.

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N/A: ¿qué les parece el concepto de magia que utilice? Al principio pensé solo en una magia general, pero el dividirla en diferentes elementos hace mucho más fácil notar el tipo de personalidad del personaje ligado a su magia. Cómo por ejemplo Inuyasha, un ser de Naturaleza incapaz de lastimar a algo tan débil como un ser humano o de ver una flor marchita. Es el tipo de Inuyasha que le daría cringe al original jajaja