Kagome había logrado regresar a casa sin saber la razón exacta de cómo, tampoco debía de importarle mucho ahora que ya estaba junto a las personas que más amaba abrazándola con fuerza y llorando debido a la gran preocupación acumulada en los tres días desaparecida. Lo que ella sospechaba fue confirmado por su madre, de hecho, su rostro había llegado a carteles que decoraban los postes de luz de su barrio, incluso mucho más allá que esa zona.
De todas formas, lejos de ese sufrimiento que todos pasaron por su ausencia ella ya había regresado por lo que decidieron festejar una enorme cena con todos los platillos preferidos de la joven. Pero primero Kagome pidió tomar un verdadero baño y cambiarse esa ropa de sacerdotisa que rápidamente había sido manchada por el barro del otro mundo.
Al llegar la noche ella ya estaba acomodada en su hogar nuevamente olvidando por completo todo lo ocurrido en ese país de fantasía al que viajó de realidad por las simples pruebas del libro y sus ropas, esperaba que solo fuera un sueño pero supuso que no todo en la vida podría ser tapado por la excusa de un sueño. Sea como sea ya no deseaba pensar mucho en eso, dejó el libro en su habitación y su mente se comenzó a concentrar en lo que realmente le importaba: Su familia y la cena que estaban preparando para ella.
—¡Kagome, baja a cenar!. — Escuchó la voz de su madre desde su habitación entre medio que ella jugaba con su gato buyo.
Emocionada bajó sin poder dejar de repetir "Delicioso" al ver la cantidad de comida sobre la mesa, por fin algo más allá de las simples sopas de verduras que Kaede le preparaba.
Se sentía bien de estar en casa, ya no deseaba volver a ese mundo jamás ni aunque alguien abriera la puerta en ese momento y…
~•~
Dejar a Kaede fue una decisión difícil por lo profunda de su herida, él conocía una manera de curarla pero no se sentía seguro de usarla menos con ella, el gesto que debía de hacer para conjurar sus hechizos de curación eran demasiado incómodos para alguien con tan poco confianza como ella, prefería guardarlo. Era egoísta porque podría costarle la vida pero no se dejaría humillar de esa manera, además, por nada en el mundo se atrevería a hacerle eso a Kaede, el asco le removió el estómago.
Dejando las tonterías de lado, Inuyasha siguió el pequeño rastro de Kagome dejado por algunas zonas del bosque, se perdía poco a poco por lo que intentó ser lo más rápido posible. Pasó por el pueblo y luego volvió al bosque siguiendo un camino cercano al árbol.
Allí Inuyasha divisó algo, unas ropas tiradas en el suelo que, al aterrizar, pudo confirmar que pertenecían a la misma Kagome. El ver sólo sus ropas allí le preocupó ¿Dónde pudo haberse metido? Su rastro también terminaba allí. No encontraba respuestas más que una simple desaparición pero eso no le servía de nada suponiendo su posesión al fragmento de la joya ¿Habrá regresado a su mundo original? No, es imposible, una magia de tal magnitud no podría ser usada por esa chica aunque deseara…a menos, que haya sido un accidente, en ese caso Inuyasha estaría jodido porque él no es capaz de conocer el tipo de pentagrama mágico usado o si fue gracias a una palabra, también había que tener en cuenta su tipo de magia. Alguien de naturaleza no es capaz de llegar al nivel de la luz.
¿Qué debía hacer? Realmente esperaba que Kagome estuviera bien, incluso si no es muy de su agrado.
"¿Es porque me parezco a Kikyo?"
Una luz brilló en el suelo asustando a un Inuyasha centrado en sus pensamientos. El pentagrama mágico se mostró de vuelta ésta vez rodeando por completo al híbrido para que, al igual que Kagome, desapareciera de un momento para otro dejando el bosque completamente en silencio. Además de la voz de Kaede hablando sola desde su punto de camuflaje.
~•~
Eso nos lleva a la actualidad donde en medio de la hermosa cena en la casa Higurashi, Kagome disfrutando de su familia y de las delicias preparadas en su honor, la puerta del comedor se abrió de par en par sin la espera de alguna visita.
Toda la familia incluyendo la recién llegada voltearon para recibir a quien sea que haya entrado, a quien encontraron fue un completo desconocido para los mayores y el pequeño Sota: Un chico de cabellos plateados largos hasta la cintura, con ropas extrañamente antiguas y unas llamativas orejas de animal.
Kagome entró en pánico sin saber cómo reaccionar. Inuyasha está ahí, en su casa, pero ¿Cómo? Se suponía que su regreso fue un accidente.
—Inuyasha…¿Cómo?. —
—Te felicito por encontrar la forma de regresar a tu casa, pero me temo que tendrás que posponer el festín un par de días más. — En su tono de voz ni se notaba la vergüenza o algún sentimiento cercano al hecho de que estaba en una casa ajena y había entrado como si nada.
—¿Disculpa?. — Kagome se levantó de la mesa con ojos abiertos de confusión.
—Un demonio está atacando el pueblo, quiere el fragmento, tienes que venir conmigo. — Resumió.
Kagome recordó a la mujer de los cabellos que se plantó frente a ella antes de regresar. Tal parece que Inuyasha no estaba al tanto de que ya le había robado el fragmento y Kagome tampoco deseaba mencionarlo, se encogió de hombros antes de negar con la cabeza.
—No pienso volver, por fin encontré la forma de…— Se detuvo en seco. —Espera ¿Cómo llegaste hasta aquí? Yo tenía el libro. —
—No necesité el libro, simplemente apareció el pentagrama mágico debajo de mí y después de una luz aparecí en éste lugar. —
¿Eso era posible? Según Kaede solo el libro era capaz de crear ese portal entre ambos mundos ¿Cómo hizo Inuyasha para crearlo sin la presencia de la magia en el objeto? Pensarlo la confundía de más.
Inuyasha simplemente caminó hacia ella y sujeto su muñeca con fuerza pero con la pequeña delicadeza de no lastimarla, algo que Kagome había notado de ante mano. Inuyasha era fuerte pero jamás ejercía tal fuerza que llegara a lastimar a alguien.
—Es suficiente explicación, hay que irnos. — Comenzó a guiarla fuera de casa.
Kagome quiso oponerse a volver con esa responsabilidad que pusieron sobre ella por el presentimiento de ser "la reencarnación de".
—¡Alto ahí!. — La madre de Kagome se paró en su defensa, claramente no iba a permitir que un extraño la alejara de su hija otra vez, había sufrido bastante en el tiempo que no sabía su paradero.
Kagome se sintió feliz al saber que su madre había intentado defenderla. Pero cierta actitud fuerte de la señora se esfumó cuando de un momento a otro intentó tocar las orejas de Inuyasha con curiosidad. "Son reales" dijo ella y las mejillas de Inuyasha se tiñeron de rojo temblando al no saber cómo reaccionar ante tal acción. Kagome también se llenó de curiosidad en ese momento al pensar qué siente Inuyasha cuando alguien toca o acaricia sus orejas, quizás sea como una caricia al cabello o algo más relajante, quiso volver a intentar tocarlas al igual que su madre pero algo sobre el hombro del chico la detuvo.
Era un cabello.
—Inuyasha ¿Qué es ésto?. — Sujetó ese cabello sobre sus manos.
—¿Qué cosa? No veo nada. — Inuyasha respondió intentando encontrar lo que sea que Kagome le mostraba.
Ella se quedó callada observando el cabello, era demasiado largo y no podía encontrarle un final, lo más extraño fue que al moverlo un poco su mano fue ligeramente cortada dejando que la sangre cayera sobre él. En ese momento recordó de donde había salido la herida tapada por una pequeña vendita en su mejilla, esa mujer que controlaba los cabellos se lo hizo, eran filosos e incluso recordó lo que le mencionó.
"Los humanos normales no son capaces de verlos."
Kagome abrió los ojos en pánico al descubrir que ese cabello sin duda alguna había provenido del otro mundo, de Yura.
Salió corriendo sin escuchar los llamados no solo de su familia si no también de Inuyasha que la persiguieron por toda la casa hasta llegar a su habitación donde sabía que ella guardó el libro capaz de crear el portal, mismo que trajo a Inuyasha.
Al llegar abrió la puerta casi de un golpe y lo que temia se presentó ante sus ojos: El portal estaba abierto, pero de él salían cabellos enormes que se agitaban como tentáculos de un pulpo.
—¡Maldición!. — Escuchó una queja detrás reconociendo a Inuyasha. —Fue capaz de seguirme incluso después de ser teletransportado. —
Kagome se mezcló de ira y desesperación que lo primero que pensó fue en cerrar la puerta de la habitación con fuerza trabando la cerradura, de esa forma su familia no sería capaz de entrar y correr el peligro de ser lastimados. Posterior a eso sujeto a Inuyasha de sus ropas acercándolo a ella con total repudio.
—¡Eres un imbécil, trajiste un enorme peligro a mí casa!. — Los ojos de la chica estaban llenos de ira que hasta el mismo Inuyasha sintió miedo.
—No fue mí intención, no tenía idea de que me estaba persiguiendo. No soy capaz de ver esos cabellos. —
Kagome nuevamente se detuvo soltando al chico, Yura le mencionó que los humanos normales no son capaces de ver los cabellos ¿Eso también contaba con Inuyasha? Él es mitad demonio y parte de su sangre es humana así que tendría algo de sentido y de hecho los cabellos no son capaces de tener un olor con el cual reconocerlos, la desventaja del príncipe fue clara para ella de inmediato.
De todas formas debía de encontrar la manera de que ese pulpo de cabellos dejará de moverse, toda su habitación y objetos valiosos estaban siendo destruidos. Ella era la única que podía verlos así que dependía de su habilidad de percepción encontrar la solución.
Comenzó a observar por todos los rincones hasta que encontró un cabello bien estirado que sobresalía de entre los demás, brillaba más que los otros y no parecía moverse, ese debía de ser el principal.
—¡Inuyasha, corta éste cabello!. — Kagome le ordenó, pero el Príncipe ni siquiera se inmutó recordándole a Kagome que él no es capaz de verlo y que necesitaría una forma para encontrarlo.
Kagome se irritó de las excusas y decidió que ella misma lo cortaría. Junto ambas manos sobre el cabello generando una fuerza que con el filo de ese hilo terminó por cortarse mucho más que antes. Sangre cayó por el resto del cabello e Inuyasha fue capaz de encontrar lo que Kagome se refería alzando su mano y cortando ese cabello con gran facilidad.
Los demás cabellos dejaron de funcionar y el portal estaba a punto de cerrarse, era una última oportunidad para Kagome de regresar a ese mundo de fantasía o quedarse en su casa. Debía de pensarlo.
Inuyasha se quedó observando su indecisión, teniendo un pequeño recuerdo.
Kagome sintió un peso sobre su espalda y al intentar ver se encontró con una tela roja sobre ella y a Inuyasha con solamente su camisa blanca. Se dio cuenta que lo que tenía sobre ella era aquel chaleco rojizo que él siempre llevaba pero no lograba entender el porqué de esa acción.
—Es una tela hecha con ratas de fuego. Es mágica. — Resumió aunque sabía que con esa explicación ella no sería capaz de entenderlo. —No es indestructible pero es más fuerte que la ropa común. Te mantendrá a salvo. —
Kagome estaba perpleja con la acción del híbrido, anteriormente habían discutido hace muy poco e incluso jamás la había llamado por su nombre en los tres días que se conocían y aún así él estaba allí mostrando una cierta protección. A decir verdad él siempre dijo que no mataba humanos, creía que solamente se refería con sus propias manos, que lo que otros demonios o seres vivos causen en los humanos no era de su importancia, pero con todas estás acciones Kagome comenzaba a creer más en la confianza de Inuyasha. No era un mal tipo, solamente tenía una actitud un tanto difícil de comprender.
Ella simplemente asintió murmurando un "Gracias" que generó una leve sonrisa en Inuyasha.
Kagome había tomado la decisión de volver al otro mundo para cumplir con la misión de recuperar lo que ella destruyó, si eso dependía dejar a su familia un tiempo más entonces aceptaría el riesgo sin mirar atrás, probablemente su madre se enfade con ella por dejarla una vez más pero al menos ahora sabrá la razón y el cómo o incluso dónde está.
Antes de partir tomó el libro dorado entre sus manos y asintió hacía Inuyasha dando en sí para saltar ambos hacia el portal.
Por segunda vez tendría que decirle adiós a su familia para enfrentarse a algo que pueda lastimarla de más, pero lo hacía por una buena causa al menos en ese otro mundo. Si encontraba la forma de controlar su propia magia vendría a visitarlos más seguido.
De ahora en adelante Kagome comenzaba su nueva y doble vida entre ambos mundos: La realidad y la fantasía.
~•~
Rápidamente llegaron al mismo punto del bosque donde el portal se abrió.
—Bien, intenta ver dónde están los cabellos. Si tenemos suerte mantendremos el fragmento a salvo mientras yo—
—De hecho ya es muy tarde. — Kagome interrumpió, con una mano apretada sobre su pecho.
—¿Qué?. —
Kagome mencionó todo sobre la forma en que esa mujer demonio le robó el fragmento de la Joya antes de desaparecer por culpa del portal. E incluso sabiendo que el mitad demonio podría irritarse muy rápido ésta vez intentó mantener la calma y tras soltar un largo suspiro miró hacia el frente, Kagome aún así fue capaz de notar que estaba molesto.
—Vamos, tenemos que buscarlo. — Simplemente terminó diciendo esperando la respuesta de Kagome.
Ella se levantó del suelo donde había aparecido de rodillas desde el portal, empezando el camino por el bosque sujeta a la espalda de Inuyasha.
Los cabellos eran fáciles de ver por ella y gracias a esa habilidad única guió a Inuyasha por el camino que ella creía correcto. Se encontraron con una fogata repleta de cadáveres sin cabeza de lo que puede que hayan sido ladrones que cayeron en las trampas de esa mujer Yura, la imagen fue desgarradora para Kagome que apenas había visto cuerpos muertos por primeras veces. Pero siguió adelante, mostrando una frialdad que impresionó al chico que la observaba desde el otro lado de la fogata sujetar un arco y carcaj de flechas.
No había demostrado mejoras en su puntería, de hecho ni siquiera la vio practicarla y aún así ella estaba sujetando con fuerza el arco, la determinación ardiendo en sus ojos. Que mujer tan extraña.
Su camino siguió tras uno de los cabellos más brillantes parecidos a los que estaban en su casa, seguramente el que debía de estar conectado a los dedos de Yura, seguirlo revelaría su base.
Y así fue, después de minutos saltando por árboles el nido de cabellos se hizo presente. Más grande que cualquier cabaña en el pueblo éste se extendía desde la cima de un acantilado hasta el suelo donde, pequeños por la distancia, se veían cráneos humanos repartidos.
Kagome apretó las ropas de Inuyasha y él pudo sentir sus manos temblorosas, estaba asustada.
—Puedes quedarte aquí si quieres. — Ofreció él.
—Estoy bien, es mí problema y tengo que resolverlo. — Ella volvió a mostrar determinación a pesar de lo que su cuerpo decía.
Esa mujer realmente no era fuerte físicamente, de hecho si intentará luchar contra un demonio por sí sola no duraría ni más de un minuto. Aún así la fuerza faltante en su cuerpo se encontraba en sus sentimientos, Inuyasha logró notarlo con gran facilidad y sin importar las veces que presencie eso siempre termina sorprendido. Jamás había conocido una mujer igual desde…
Algo se enredó en su brazo y antes de que logrará ver qué es tiró de él alejándolo del suelo y debido a la fuerza Kagome terminó soltándose de su agarre, cayendo al suelo en un golpe seco.
Ya en el aire Inuyasha logró presenciar los cabellos atados a su brazo intentando soltarse con ayuda de sus garras, fácil fue leer ese movimiento que otro tentáculo de cabellos sujeto su brazo derecho al igual que ambas piernas. Quedó tendido en el aire mientras una presencia emergía desde el nido hasta aterrizar en uno de los hilos con total gracia, era Yura.
Hasta el momento Inuyasha no había sido capaz de verle la cara a esa tal Yura que Kagome mencionaba, aunque el nombre y la forma en que controlaba los cabellos se le hacía bastante familiar tan solo faltaba verle el rostro para poder confirmar.
Un recuerdo fue desbloqueado, uno de su antiguo hogar el Reino Inuyoukai. Sus ojos se abrieron ante la sorpresa de encontrar una vieja conocida después de tantos años desde el comienzo de la guerra.
—Yura…aún sigues con vida. —
—Veo que aún te acuerdas de mí Joven Amo. — Yura respondió con una sonrisa, reconociendo desde antes a quien se estaba enfrentando.
Yura antes de convertirse en ese demonio que estuvo acechando al pueblo y quién le robó el fragmento a Kagome, era una antigua sirvienta perteneciente al reino de Inuyasha. Su posición no era tan alta ya que solamente lavaba las ropas de los sirvientes mayores, Inuyasha la conoció cuando fue ascendida por su propia madre a ser la estilista de su cabello. En ese momento Inuyasha comenzó a verla más seguido en los aposentos de la Segunda Reina Madre pero su actitud cerrada y evitativa no creó muchas conversaciones entre ambos, agregando también la edad tan joven del príncipe en ese momento.
Aún así era sorprendente ver qué al menos una sirvienta sobrevivió al enorme genocidio que fue la guerra contra el Imperio que devastó por completo el Reino, lo triste era verla como una enemiga.
—Te cansaste de cepillar cabellos que ahora los usas como arma. — Inuyasha bromeó de mala manera.
Yura tan solo rió sin gracia mientras se sentaba sobre los cabellos que rodeaban todo el lugar.
—¿No te parece maravilloso, Joven Amo? Ésta es la tan odiada magia oscura. — Esa revelación dejó helada la sangre de Inuyasha. —Es tan maravillosa…—
La magia oscura, el único elemento prohibido por todo ser vivo estaba siendo utilizado por su antigua servidora, un poder incapaz de ser controlado sin que al final sea él mismo quien te controle. Tal respuesta le hacía saber a Inuyasha la razón por la que ahora estaba manchada de la sangre de muchos inocentes. Jamás conoció a Yura como tal pero estaba claro que no era la misma chica que atendía a su madre, había sido completamente corrompida.
Así es como funciona la magia oscura en aquellos seres de corazón débil, los convierte en verdaderos monstruos.
—Desde hace tiempo ha habido algo que siempre he querido. — Yura saltó del hilo aterrizando sobre otro ahora quedando a centímetros de la espalda de Inuyasha. —Tu cabello plateado es tan hermoso, deseo tenerlo en mí colección incluso si está algo maltratado. —
Inuyasha se repugno de la esencia que emanaba, su débil magia no era capaz de soportar la oscuridad sobre Yura, debía de alejarla de él.
Intentó hacer fuerza contra los cabellos para atacar con sus garras, Yura logró quitarse antes cayendo de cabeza. Con su mano sobre su espada atraída por sus cabellos se inclinó en uno de ellos y saltó hacía Inuyasha. El filo cortó parte de su pecho, el sabor metálico se acumuló en su garganta evitando su quejido de dolor.
Cerró los ojos con fuerza hasta que el dolor disminuyó levemente, siendo un demonio no caía fácilmente por un corte como ese.
Yura rió lamiendo parte de la espada que poseía la sangre del príncipe.
—Ésto apenas empieza. —
Intentó saltar una vez más hacia él pero algo se interpuso haciéndola retroceder. Una flecha se clavó en uno de los cráneos del suelo y Yura buscó entre el paisaje al responsable de esa osada interrupción.
En uno de los acantilados cercanos al nido la imagen de una mujer vestida con una tela roja un tanto más grande que ella sujetaba un arco con flecha apuntando hacia ella, al reconocerla mejor se dió cuenta de que ya la conocía. Sí, ella era la mujer a quien le robó el fragmento, creía que ya había muerto o desaparecido. Que gran decepción.
—Esa chica también es interesante, aunque su cabello no vale la pena. — Pensó en voz alta sin importarle el gemido de ofensa por parte de Kagome.
—¿Mí cabello no vale la pena? Paso horas tratando de hacer que se vea bello y brillante, deberías de tener más respeto. — Sin miedo a qué Yura se atreva a atacar le gritó disparando su segunda flecha.
Ésta otra vez le erro y lo peor es que si no fuera por los rápidos movimientos de Inuyasha al esquivar hubiera sido él la verdadera víctima, "Ten más cuidado" Él gritó hacia ella quien se disculpó rápidamente. Lo bueno de esa mala puntería es que al aterrizar sobre el nido de cabellos de Yura, una luz emanó de la flecha destruyendo todo a su paso.
—¡Ah! Mira lo que hiciste, echaste todo a perder. — Yura se quejó, aunque internamente intentaba comprender cómo es que una joven tan simple fue capaz de contraatacar a su magia oscura. Luego recordó las ropas que llevaba antes de desaparecer ¿Era una sacerdotisa? Entonces debía de ser poseedora de magia de luz, eso sería un problema.
Debía de hacerse cargo de esa mujer antes de seguir con Inuyasha, así que, sujetando una peineta roja atrajó un grupo de cabellos que al enredarse en Kagome comenzaron a incendiarse, el fuego llegó a ella quien comenzó a gritar del terror y del calor.
—¡Quema!. — Gritó entre lágrimas cayendo al suelo intentando quitarse el fuego con desesperación.
—No importa lo que intentes, ese fuego quemara hasta tus huesos. — La sonrisa diabólica de Yura perturbó a Inuyasha quien la maldijo con ojos de terror. —¿Estás triste por ella? Eso es tan típico de la familia real. Pero no te preocupes, pronto te encontrarás con ella. —
Yura tomó su espada preparándose para atacar de vuelta, probablemente con el fin de cortar la cabeza que portaba los hermosos cabellos plateados que tanto anhelaba.
Inuyasha no iba a permitir a Yura acercarse. Clavó sus garras en su herida del pecho manchandolas de su sangre, así sería capaz de lanzar una técnica que sin importar el poder de Yura no sería capaz de defenderse.
—¡Garras de fuego!. — Gritó mientras que al agitar sus manos un grupo de cuchillas rojas de fuego se movieron hacia el demonio.
Yura palideció al observar ese poder apenas descubierto por ella, sin saber cómo esquivarlas al ser demasiadas se quedó paralizada en su lugar una de las cuchillas terminó por cortar la mano que sujetaba la espada. Yura dió un salto hacia atrás completamente irritada.
—Ahora ya no podras controlar esos—
Inuyasha no fue capaz de terminar con su frase que una espada atravesó su pecho por detrás sin que siquiera notará ese movimiento, la herida anterior se había hecho aún más profunda y más dolorosa. Desconcertado observó a una Yura que a pesar de su rabia no mostró ni un signo de dolor al cortar su mano ¿Qué significaba eso?.
—¿Qué clase de enseñanzas te daban? Levantar la mano a una dama así es imperdonable. — Aquella mano que él juraba que había cortado volvía a juntarse al cuerpo de Yura gracias a los cabellos.
¿Yura estaba hecha completamente de cabellos? ¿Qué pasó con su cuerpo original? Inuyasha comenzaba a desesperarse al no poder hacer más que quedarse atado allí en el aire intentando dar toda su fuerza posible pero la pérdida de sangre lo marea al punto de no poder pensar con claridad.
Yura intentó utilizar su peineta contra Inuyasha sin embargo el tirón de uno de los cabellos la hizo retroceder para observar detrás de ella como la misma chica que creía haber calcinado hace tiempo ahora escalaba por su nido de cabellos como si nada.
Kagome se había percatado de un cráneo diferente a los demás, uno de un color rojizo, color imposible para el cuerpo de un ser humano por lo que tendría que ser algún objeto mágico que mantenía a Yura ligada a todo ese poder oscuro mencionado anteriormente. No dijo nada hacia Inuyasha porque eso le sacaría tiempo de subir de encubierto, aunque no sirvió de nada porque Yura ya se había percatado de sus intentos por tocar lo que era de ella.
—¡No te dejaré tocarlo!. — Movió su peineta rojiza y nuevamente varios cabellos se enredaron en los brazos de Kagome hasta hacerla levitar en el aire al igual que Inuyasha.
Su espada se dirigió a ella en un intento por cortar su pecho pero fue completamente rechazada por una fuerza desconocida. Yura se desconcertó acercándose a Kagome con curiosidad.
—¿Qué eres? ¿Por qué no puedo hacerte daño? Tan solo pareces una humana normal. —
A decir verdad Kagome tampoco sabía la razón por la que había sobrevivido al incendio de Yura, el calor de las llamas simulaban esa sensación de muerte pero a los pocos minutos ella ya estaba completamente bien y sin ningún rasguño. ¿Era acaso ese el poder de la ropa roja que Inuyasha le entregó antes de regresar?
"No es indestructibles pero es mucho más fuerte que la ropa normal"
Él realmente intentó mantenerla a salvó incluso sabiendo que de esa manera tendría que asumir las consecuencias de ser él quien salga lastimado, Kagome se sintió mal al reconocer esa acción tan amable de Inuyasha. Ahora deseaba devolver sus ropas.
—Bueno, no importa. Veamos si de ésta forma puedes defenderte. — Un cabello rodeó el cuello de Kagome y comenzó a hacer una presión imposible de soportar.
El aire comenzaba a faltarle, sus pulmones dolían y su consciencia se perdía poco a poco en la desesperación de no saber cómo deshacer ese dolor.
Yura reía mientras observaba como la chica iba muriendo asfixiada poco a poco, sin embargo, al observar solamente a ella descuidó su otro aprisionado que logró soltarse de sus ataduras cortando entre medio un cabello bastante importante porque todo comenzó a destruirse nuevamente. Yura se dió cuenta de ello gritando del terror al ver su hogar caer en pedazos.
El agarre en el cuello de Kagome se había soltado pero debido a la cantidad de presión sobre éste no soportó mantenerse consciente durante mucho tiempo y cayó desvanecida. Inuyasha se apresuró a balancearse para sujetarla entre sus brazos con el fin de que no salga más lastimada de lo que ya se encontraba.
Ambos aterrizaron escuchando el estruendo de los cabellos sobre el suelo de miles de cráneos. Inuyasha observó cómo Kagome se recuperaba de a poco con una débil sonrisa que ocultaba el dolor de sus heridas. Dolor que se agrandó cuando sintió el sonido de la espada de Yura ir hacia ellos, hizo a Kagome a un lado para que el filo aterrizará sobre el otro lado no apuñalado de su pecho. A éste punto Inuyasha estaba cubierto de heridas demasiado graves que cualquier humano no sería capaz de soportar pero aún así intentó ponerse de pie.
Yura se paró frente, su rostro ya no mostraba esa sonrisa malévola de antes sino más bien una llena de furia.
—Ya me harté de ustedes, miren como destrozaron mi hogar. — Ella intentó acercarse a él de a poco sujetando la espada.
—Yura, mi madre te adoraba. Eras la persona que ella más admiraba debido a los hermosos peinados que realizaste para ella ¿Por qué?. — Si alguien realmente creyera en la actuación de víctima que estaba tomando ahora deseaba que fuera Yura.
De hecho Inuyasha ni siquiera recuerda los trabajos de Yura hacia su madre, la Reina, por lo que todas sus palabras se convertían en un chantaje para atraer a Yura hacia él. Y así fue.
Yura comenzó a acercarse descuidada debido a que probablemente pensaba que Inuyasha ya estaba comenzando a rendirse a sus heridas.
—El Reino dejó de ser mi hogar después de la guerra. Ya no tenía dónde ir, no tenía una razón en éste mundo para seguir. Pero la magia oscura me dió un hogar y un poder el cuál usar como mi razón. — El orgullo con el que contaba la historia de cómo comenzó a usar su magia enfermó a Inuyasha, jamás escuchó a alguien tan obsesionado con ese tipo de magia en su vida.
—Y si ya tienes la magia ¿Para que la joya?. —
—Es una pregunta para todo el mundo ¿No? Todos aquí poseen magia pero no la suficiente. Incluso El Emperador debe de desear algo hacia la joya. —
Yura ya estaba a centímetros de un Inuyasha sentado sobre sus rodillas. Él sabía de antemano el lugar donde era probable que se encontrara el fragmento, cuando era niño muchas sirvientas guardaban el dinero dado a escondidas por los soldados en esa misma parte. En ese momento no le daba explicación a esas acciones e intentaba consultar con sus padres quienes de hecho terminaban por despedir a las sirvientas y destituir a los soldados.
Preparó sus garras con delicadeza y al momento indicado su mano atravesó el pecho de Yura con todas sus fuerzas, el bolso de tela ya estaba de vuelta en esa mano causando una sonrisa de satisfacción al príncipe. Aunque no duró mucho.
La espada de Yura volvió a clavarse en su espalda unas dos veces hasta que Inuyasha cayó al suelo sin tener más fuerza para levantarse. Todo dolía, incluso respirar, sangre sobresalía de su boca haciéndole sentir ese sabor amargo que detestaba.
—En serio necesitas disciplina príncipe. Apenas conoces a una mujer y te atreves a tocarla, eres un maldito pervertido. —
Sin escuchar palabra de esa despreciable mujer intentó sujetar una vez más el bolso que cayó de sus manos después del repentino ataque, pero el pie de Yura aterrizó con fuerza sobre la mano de Inuyasha.
—Además robaste algo que es mío. Que chico con pocos modales. —
Sujetó el bolso nuevamente, el agujero en su pecho hecho por Inuyasha se volvió a cerrar y el híbrido comenzó a perder la esperanza de lograr derrotarla. Jamás creyó caer ante un demonio tan débil pero estaba completamente solo en ese momento. O eso creía.
Los cabellos tiraron de las manos de Yura, ella volteó y se encontró a nadie más que a Kagome clavando una flecha en el cráneo rojo más importante entre todos los tesoros de la mujer. Yura estaba ya perdida en la irritación deseando más que sólo la muerte para esa chica, acabaría con ella inmediatamente con las torturas más crueles posibles castigando su osadía de tocar lo que le pertenece sin un mínimo de permiso.
—¡Mataré a esa mujer!. —
Alzó su espada con todas sus fuerzas tirando hacia Kagome.
Ella observó cómo la espada se aproximaba, no había forma de evitarla, ni siquiera Inuyasha podría. Probablemente éste sea su verdadero final y si tenía que morir al menos cumpliría con la misión de destruir el cráneo, género una fuerza que iluminó la flecha y con tan solo un golpe el cráneo se partió en dos parte dejando ver una peineta dentro, peineta que fue destrozada en pedazos por la luz de la flecha, o más bien, la luz de Kagome.
Yura cayó de rodillas, sintiendo como todo su cuerpo comenzaba a perder fuerza ¿Era así cómo terminaría todo? ¿Qué pasó con todo el poder que se suponía tener? ¿Todo fue un engaño? No, esa magia, aunque peligrosa, le hizo sentir realmente una mujer poderosa, como una Reina. Observó una última vez a Inuyasha confesando la verdad con tan solo una mirada.
"Yo admiraba a la Reina, su cabello era mi tesoro y al perderlo perdí todo lo que amaba."
El demonio se convirtió en cenizas dejando tan solo sus ropas y el bolso con el fragmento de Shikon caer lentamente. Yura se había ido con el viento y sea donde fuera que caiga Inuyasha deseaba que al menos encontrará la paz a diferencia de aquellos que fallecieron en la guerra que siguen con su pena eterna.
Kagome observó la peineta que acaba de cortar. Era roja como la que Yura llevaba para atacar, la única diferencia es que tenía una extraña pero hermosa flor decorada en una de sus puntas. Parecía un objeto de la nobleza y de hecho lo era, ya que al aparecer detrás de ella observando también la peineta Inuyasha confesó que esa era la misma con la que el demonio cepillo el cabello de su madre hace cientos de años.
—Las HikaHana eran flores comunes que crecían en mí Reino. Eran de un color azul hermoso y su forma era parecida al de una rosa. Mí madre era fanática de ese tipo de flores y ésta peineta fue un regalo de ella hacia Yura cuando fue ascendida…o eso creo yo. — Explicó mientras intentaba pararse del suelo entre balanceos, la sangre que había perdido lo tenía muy mareado y con náuseas aunque aún así se mantuvo de pie.
—¿Por qué Yura se convirtió en ésto?. — Kagome preguntó y la respuesta era simple.
—Magia oscura, por esa razón está prohibida. Una vez que juegues con ella, tu verdadero yo desaparece. — Inuyasha no conocía a Yura, pero sabía que no era una mala persona mucho menos con La Reina.
Kagome volvió al silencio mientras observaba la peineta. Inuyasha jamás se atrevía a hablar mucho sobre el día en que su reino desapareció, tampoco quería mencionarlo seguido debido a los posibles recuerdos que albergue en su memoria, pero la curiosidad llegaba a ser demasiado. ¿Qué habrá pasado ese día? ¿Realmente lo recuerda?.
—Vámonos, Kagome. — Inuyasha habló y ella pegó el salto de su vida.
Inuyasha la…¡La estaba llamando por su nombre! Después de días ignorando su título de vida por fin el híbrido se atrevía a mencionarlo, Kagome estaba feliz, tan feliz que casi es saltos de alegría frente a él aunque solamente pudo mirar con felicidad a Inuyasha quien cuestionó lo que sucedía.
—Es la primera vez que me llamas por mí nombre. —
—¿Y eso qué tiene de malo?. —
—Nada, simplemente siento que nuestra relación está mejorando bastante. —
Ambos chicos comenzaron a caminar lejos de la escena del crimen, ya con el fragmento en sus manos y con su misión terminada. No sabían si el resto del camino sería de esa forma pero al final ambos quedaron satisfechos con la ayuda del otro por lo que de cierta manera ya estaban confiando uno del otro.
—¿Sabes? De cierta manera siento que me estoy olvidando de algo. — Inuyasha soltó sin detener su caminó, Kagome rió.
—Si no lo recuerdas entonces no era tan importante. —
—Sí, tienes razón. —
—Por cierto, vayamos rápido al pueblo. Necesito ver cómo está Shippo. —
~•~
La voz de la anciana aún seguía dando eco en el silencioso bosque, sus palabras sobre como Inuyasha y Kagome y sobre cómo debían de llevarse bien para recuperar todos los fragmentos. Aunque se detuvieron después de varias horas, su herida ya no dolía tanto como su espalda de tanto estar apoyada sobre el suelo firme.
—Tengo el ligero presentimiento de que se olvidará de mí. —
†__†
N/A: Y con éste capítulo termina la primera saga de la serie. ¿Qué piensan de Yura? Intenté darle algo con que sentir empatía, pero la verdad es que sin contexto del Reino donde vivió no se puede empatizar con ella. Pero descuiden que el próximo capítulo trae más que solo a un personaje sumamente importante, también se viene con Lore del famoso Reino Inuyoukai.
¡Esperenlo!
