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"Las Hikahana crecen en las regiones centrales de la Isla del Oeste donde los demonios reinan. Aunque parezca una simple flor su luz guiará el camino de aquellos que se encuentren perdidos..." (Manual sobre Plantas Exóticas)
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En lo alto de las montañas, pasando la región de Cataria se lograba apreciar un hermoso castillo de entre los árboles del Bosque Mortífero. Tal era su magnitud que muchos al llegar a la isla era lo primero que deslumbraban, deseando conocer en primera instancia las maravillas de ese Reino.
Claro, eso fue hace doscientos años, antes de la guerra contra el autoproclamado Emperador, cuando el Reino Taisho alzaba su riqueza y prosperidad sobre todas las demás regiones, era la envidia total.
El último Rey antes de su destrucción era Toga Taisho, heredero principal del linaje real y uno de los más recordados desde el día de su muerte. Toga vivió para y por su pueblo, todos lo admiraban por su amabilidad y sabiduría al momento de darlo todo por su gente. Su amor iba mucho más allá de los demonios si no que también adoraba a los humanos, permitiendo que muchos de ellos construyeran sus hogares allí y convivieron en paz junto a sus vecinos inmortales.
La historia menciona que tuvo dos hijos. El primero fue durante un largo tiempo el elegido para seguir el reinado, pero por una razón desconocida a la edad de veinte años renunció a la corona retirándose de su propio hogar. El segundo era la verdadera esperanza, incluso sin ser hijo directo de la primera Reina Madre, siendo en realidad hijo de una princesa humana que el Rey Toga enamoró, fue querido por el pueblo durante esa niñez de aprendizajes reales.
Muchos dirían que tener a un mitad demonio en su trono sería perjudicial, pero el Rey Toga amaba a humanos y demonios por igual, ese hijo suyo era una clara representación de ese amor.
Cuando la guerra estalló el Príncipe tenía nueve años de edad, nadie sabe qué pasó con él después de que todo se resumiera a escombros y las sospechas se dividieron rápidamente sobre si había escapado o murió en el derrumbe del castillo como el Rey Toga y la Segunda Reina Madre. Vivo o muerto, esa era la verdadera cuestión que jamás fue resuelta…hasta la actualidad.
El chillido de dolor de un ser pequeño casi como un niño se oyó como eco en el bosque. Su piel verde y arrugada había sido golpeada varias veces con patadas, ya ni siquiera era capaz de moverse.
Fue culpa suya por mencionar algo que su amo de espaldas dejando caer la estela que rodeaba su hombro derecho como si de una cola se tratara, se molestara a un punto incontrolable.
—Por favor perdóneme amo, no lo volveré a hacer. — De rodillas y con la cabeza contra el suelo, el pequeño demonio se disculpó desesperado.
—Así que Inuyasha ¿Eh?. Escuché que el hechizo sobre él fue deshecho hace unos días. — Su amo de mirada inexpresiva pero a la vez fría y tétrica sonrió.
Un escalofrío recorrió al pequeño, su amo estaba sonriendo ¡Estaba sonriendo! Eso solo podía significar que nada bueno estaba por suceder.
—A decir verdad no he probado preguntarle. —
La respuesta del hombre sorprendió al pequeño demonio quien se levantó del suelo moviendo su cabeza a un costado, intentando descifrar los ojos de su amo, pero solo encontró pura frialdad sin algún plan alguno. Era tan difícil de leer incluso para alguien que estuvo a su lado desde hace muchos años como el mismo Jaken.
—Pero amo, Inuyasha es su más grande enemigo. —
—Eso no importa. — Levantó la mirada, observando el enorme castillo en ruinas que antes solía ser su hogar. —Aún seguimos siendo hermanos.—
~•~
Dos días habían pasado desde la muerte de Yura y el pueblo volvía a su total normalidad. Las mujeres usadas por los cabellos se recuperaron al poco tiempo de despertar por lo que el ataque tan solo había sido pasajero para todos. Incluso para Inuyasha quien a pesar de ser él que peor lo pasó sus heridas se curaron de manera rápida demostrando la habilidad de los inmortales para sanar.
Kagome por su parte se propuso a practicar su magia con el fin de abrir los portales a su casa por cuenta propia y debía de admitir que no era tarea fácil, la magia era el doble de complicada de comprender que un libro de matemáticas y la limitada paciencia de Kaede hacía que todo los momentos de entrenamiento terminarán en la anciana rindiéndose y Kagome suplicando otra oportunidad.
Todos estaban en una armonía tranquilizadora.
Esa misma mañana Inuyasha daba un paseó por las afueras del pueblo, compró algunos pedazos de pan en una de las tiendas cercanas a la casa de Kaede y pensaba probarlas debajo de algún árbol para sentir la paz por unos momentos. A decir verdad ser un demonio para los demás significa estar obsesionado con las batallas u odiar a todos el mundo, pero Inuyasha desde antes ha tenido intereses lejanos a eso. Sabía luchar y se entretenía al hacerlo, sin embargo, de vez en cuando le gustaba alejarse del mundo para leer algún libro o simplemente relajarse en la naturaleza, de ahí el porqué de su elemento mágico.
Ese deseo provenía de su hogar, cuando pequeño sus aficiones siempre fueron leer con su madre en la gran biblioteca del castillo o pasear por los jardines traseros. Algunas veces extrañaba esas hermosas vistas rodeadas de las flores de HikaHana.
De todas formas, perdido en sus pensamientos sentado debajo de un árbol no logró escuchar los pasos de alguien acercándose a él de a poco.
—¿Puedo unirme?. — Se vió sobresaltado por la repentina aparición.
Kagome estaba parada frente a él, tímida mientras sujetaba su libro dorado. Inuyasha simplemente asintió haciendo un lugar junto a él para dejarla sentarse y ella rápidamente se acomodo a su lado.
Kagome notó que el híbrido estaba diferente ese día, su cabello se encontraba recogido en una coleta por un listón blanco que se camuflaba con su tinte natural. Además de ello la personalidad también cambió un poco desde su punto de vista, al principio creía que Inuyasha a pesar de mostrarse amable estaba muy a la defensiva con cada cosa que ella hiciera, no se atrevía a llamarla por su nombre y siempre la observaba cómo si la juzgará por todo. Y después de la batalla contra Yura todo había cambiado, su relación era más cercana sin necesidad de tantas discusiones y lo mejor de todo era que él ya la llamaba por su nombre. Kagome deseaba entender el porqué de ese cambio tan repentino.
—¿Cómo estás?. — Ella preguntó y él no pareció entender. —Me refiero a tus heridas, Yura te hizo demasiado daño. —
—Ah, eso. Estoy bien, suelo curarme con gran facilidad. — Sonrió, mientras desataba la bolsa donde tal parece había pan dentro.
Kagome no pareció creer mucho en la respuesta del chico, si bien desde lejos se veía mucho mejor había pequeñas zonas que sobresalen de su ropa donde algunos moretones y cicatrices se dejan ver.
—¿Tienes magia curativa?. —
Inuyasha se sorprendió ante la pregunta pero rápidamente relajó la mirada.
—De hecho es algo que casi todos los demonios tenemos, es como una habilidad con la que nacemos. — Hizo una pausa para llevar un pedazo de pan a su boca y saborearlo. —Aún así, sí tengo ese tipo de magia. Pero no la uso. —
—¿Por qué no?. —
Inuyasha se estaba cansando bastante rápido de las preguntas, su momento de relajación en sí ya se había arruinado.
—Porque se necesita hacer algo que es…¡Sabes no tengo porque decirlo!. — Sus mejillas se tiñeron de rojo y desvío su mirada.
A decir verdad fue su propia madre quien le enseñó esa habilidad y la forma que ella utilizaba para que funcione era un poco fuera de lugar para aquellos que no eran personas con una enorme confianza. En ese momento tan solo eran ellos dos por lo que no se veía raro, pero ahora Inuyasha evitaba constantemente utilizar ese tipo de magia. Y de hecho, tal cosa como magia curativa era rara en el mundo porque no consistía de un elemento en particular sino más bien en la capacidad mágica de quién lo utilizara.
—Además no puede curarme a mí mismo. —
Kagome se quedó en silencio durante un tiempo y luego se levantó del suelo para alcanzar una de las ramas del enorme árbol sobre ellos, al tener la rama en su mano volvió a sentarse y clavó la parte filosa de la pequeña rama en su mano. El corte comenzó a sangrar inmediatamente pero Kagome no parecía inmutarse por hacerse daño.
Inuyasha por su parte observó atónito cada uno de los pasos de la chica preguntando entre murmullos el porqué, ella simplemente sonrió con firmeza.
—Muéstrame, quiero ver si esas habilidades son reales. —
—¡Son reales! Pero no puedo hacerlo de la nada. —
—¿Entonces dejarás que me desangre?. — Kagome comenzó a jugar con la lastima.
Inuyasha intentó negarse con todas sus fuerzas perdiendo ante la insistencia y psicología de la chica, estaba a punto de cometer el error más vergonzoso de su vida.
—Está bien, lo haré. —
Se preparó mentalmente y tras un gran suspiro tomó la mano de la chica entre las suyas y acercó su rostro a ella. Kagome no sabía en lo que se metía cuando insistió tanto, la verdad se le reveló al ver cómo Inuyasha acercaba su rostro a su mano para posar sus labios sobre la pequeña herida en su palma.
Esa era la habilidad de curación de Inuyasha, para curar a alguien debía de besar la zona donde se encontraba esa herida. Era vergonzoso.
Kagome se volvió igual de roja que un tomate recién maduro, su cuerpo tembló ante el tacto del chico e intentó quitar su mano de allí pero la fuerza de Inuyasha la detuvo ¿Qué estaba ocurriendo? Ella solo le pidió curar su herida ¿Por qué estaba besando su mano? Él la estaba besando, un chico estaba besando su mano, un chico que apenas conocía.
Un rato después Inuyasha soltó la mano de Kagome quien rápidamente la llevó contra su pecho temblando de los nervios y vergüenza. Él también se llenó de vergüenza ocultando su rostro con uno de sus mechones de cabello que caía sobre su hombro.
—Parece que comenzaron a llevarse bien. — Ambos dieron un salto de susto.
Kaede apareció de la nada escondida detrás del árbol dónde ambos chicos descansaban, a una pequeña distancia Shippo junto a un grupo de niños reían mientras jugaban.
—¡¿Cuánto tiempo hace que estás ahí?!. — Inuyasha preguntó sintiendo arder su propio rostro.
—El suficiente para saber que su relación está mejorando. —
—¡Eso…eso no es así!. — Kagome negó rápidamente ocultando su rostro en sus manos.
De hecho al momento de hacerlo se dio cuenta que la mano lastimada ya no lo estaba, su herida había sanado ¿Fue por ese beso?.
—A pesar de la extraña forma de usarlo, no cabe duda que la habilidad de curación de Inuyasha es verdadera. — Kaede pareció leer los pensamientos de Kagome al responder de esa manera.
Inuyasha no respondió y siguió intentando controlar el sonrojo de sus mejillas. Y así continuó con un silencio hasta que soltó un quejido de dolor que alarmó tanto a la anciana como a Kagome. Inuyasha golpeó su cuello con su mano y de allí cayó algo negro y pequeño débil como una pluma.
En el suelo se vió que era un insecto, para ser más específicos una pulga.
—¡Cuánto tiempo sin verlo Joven Amo!. — La pulga se recuperó mostrando ser un anciano vestido con ropas de sirviente. Un demonio.
Inuyasha abrió los ojos con sorpresa reconociendo a ese pequeño demonio.
—Anciano Myoga, sí que han pasado años ¿Dónde te encontrabas?. —
—Ah, pues he estado viajando por muchos lugares hasta—
El demonio no logró terminar su frase cuando el libro dorado cayó con fuerza para aplastarlo. Inuyasha gritó del susto y dirigió su mirada a Kagome completamente molesto.
—¡¿Por qué hiciste eso?!. —
—¿No debía?. — Ella respondió inocente.
~•~
Ya devuelta en el pueblo Inuyasha explicó que la pulga no era un insecto cualquiera sino más bien uno de los pocos sirvientes que había sobrevivido a la guerra, al igual que la ya fallecida Yura y otros de situación desconocida. La mayoría de los sobrevivientes ya no se encontraban vivos debido a los años o simplemente se escondieron para calmar los traumas de esa noche. Myoga, por su parte, tiene la tarea de cuidar de Inuyasha desde que era pequeño así que digamos que es como un consejero del joven príncipe.
Incluso después de haber perdido título por la desaparición de su hogar, la pequeña pulga se mantenía en contacto con él como respeto a la orden dada por su Rey antes de morir.
—Así que eras parte de la corte real ¿Eh?. — Kagome repitió lo último explicado por el anciano.
Kaede había preparado un poco de té para el nuevo invitado además de cortar algo del pan que Inuyasha compró anteriormente, era sorprendente que no se molestara por tomar de sus compras.
—Así es, mí deber era aconsejar al Rey sobre sus futuros movimientos. Aunque casi nunca debía de hacer algo, su Majestad era alguien muy inteligente. — Myoga habló de su antiguo jefe con gran nostalgia y cariño.
Kagome observó a Inuyasha jugar con su taza, aunque lo ocultara la conversación no parecía agradarle en lo más mínimo.
—Tu padre… — Kaede soltó de la nada llamando la atención del príncipe. —El Rey Toga, se decía que era el más amable con los humanos a comparación del resto de gobernantes en esa isla. —
Inuyasha se encogió de hombros sin dejar de mirar hacía la mesa y su taza ya fría.
—No sé mucho de él, apenas lo veía. Siempre tenía trabajo. — Respondió de manera cortante.
Kagome notó su frustración. Era como si al mencionar su Reino o a su padre fuera irritante para él ¿Es por qué le tiene rencor a su padre? ¿Qué tuvo que haber pasado para eso?.
—¿Qué hay de su mamá?.— Intentó cambiar de persona con el fin de presenciar el cambio de reacción.
Inuyasha levantó la mirada, pero no se veía para nada mejor si no el doble de molesto que antes. Kagome supuso que su madre también pertenecía a la realeza tomando el título de príncipe de Inuyasha así como el de Rey de su padre. Probablemente haya sido una Reina, aunque hasta el momento él jamás mencionó nada sobre ella.
—Su Majestad, la Reina Madre era realmente hermosa y amada por todos. — Una bondad por todos los seres vivos que traspasó hasta la muerte. —
Antes de que Myoga pudiera proseguir Inuyasha se levantó de la silla con brusquedad dejando la cabaña sin decir ni una sola palabra. Ambas mujeres se miraron con confusión y la pequeña pulga solamente suspiró con tristeza.
–Al Joven Amo no le gusta mencionar a su madre. Aquel día aún le sigue doliendo. —
—¿Cómo fue que sucedió?. — Kagome sabía que estaba entrando en terreno peligroso con esa pregunta, la vida de Inuyasha no debía de ser asunto suyo pero deseaba comprender los sentimientos del príncipe más allá de lo mostrado en los pocos días juntos que, de hecho, tampoco fue mucho.
Myoga dudo en responder por unos segundos, y al final luego de un tragó a su diminuto té comenzó a hablar.
~·~
Lo siguió hasta el mismo árbol donde charlaron esa mañana, y allí estaba, sentado de espaldas a ella y con la luz de la luna iluminando su cabello blanco. No podía ver su rostro pero ella juraba que se encontraba melancólico, triste por recordar el horrible momento que habrá pasado en el famoso día de la separación. Y es que luego de escuchar la historia por parte de Myoga los pensamientos de Kagome hacia Inuyasha cambiaron repentinamente, sintiendo no solo pena si no también un gran pesame. Si tan solo pudiera decírselo.
El viento se movía un poco más fuerte que de costumbre, sin embargo eso no fue nada raro para Kagome, el clima en ese lugar varía bastante durante la noche, aún así estaba lo suficientemente templado como para mantenerse fuera. Pareció que Inuyasha reconoció su olor o escuchó sus pasos acercarse puesto que miró sobre su hombro a la chica. Tal como creía sus ojos mostraban una tristeza que intentó ocultar detrás de una sonrisa.
—Hola. — Saludó tímidamente y él respondió con lo mismo.
—Myoga ya lo contó ¿Verdad?. — Mencionó luego de una pausa a la vez que su mirada se apagó.
—Lo siento. — Ella solo supo disculparse al no entender de qué manera sobrellevarlo frente a él.
Antes de que Inuyasha pudiera responder un fuerte estruendo en el suelo los sobresaltó a ambos. El viento de hace un rato se volvió el doble de fuerte y nubes negras se acumularon en el cielo ocultando la hermosa luna llena, era como si una tormenta apareciera de la nada ¿Tan así era el clima? No, ésto iba mucho más allá del clima
Inuyasha podía sentir una acumulación de energía mágica acercarse, se puso de pie completamente a la defensiva y ordenando a la chica que se ocultara detrás de él, ya no había tiempo para regresar al pueblo. Si realmente era un demonio volver pondría en peligro a los pueblerinos.
—¡Mira, en el cielo hay algo!. — Kagome gritó apuntando a una pequeña parte donde aún se podía observar a la luna
De allí apareció una carroza flotante, con caballos esqueléticos que expulsaban una especie de sombra negra por la boca. Las puertas de la carroza se abrieron de par en par mostrando un montón de cadenas cayendo desde adentro. Y rodeada de esas cadenas una hermosa mujer de cabellos negros largos, su vestido rosado decorado de unas flores exoticas estaba rasgado o más bien parecia quemado. Su rostro de tristeza se posó en ambos chicos que la miraban desde una colina, llenando los ojos vacíos de esperanza.
—Ese es…Inuyasha ¡Inuyasha!. — La mujer gritó desde la carroza intentando mover sus manos atadas con desesperación.
Él, completamente horrorizado, no quiso responder cuando su compañera preguntó quién era ella, pero desde lo más profundo de sí mismo mientras recordaba esa voz llamándolo por los pasillos de su antiguo hogar sintió la necesidad de responder a su llamado como esas veces, como esa última vez donde la vió.
—Madre…— Murmuró.
Kagome soltó un grito ahogado tapando su boca con una de sus manos. Estaba perpleja, Inuyasha había dicho Madre, pero ¿Como es eso posible? Se suponía que ella murió durante la guerra ¿Por qué ella estaba aquí ahora? y ¿Por qué en esa carroza atada?
Mientras la mujer siguió llamando por el nombre de su hijo una enorme mano monstruosa descendió de entre las nubes negras sujetando la carroza como si de un insecto se tratara, ogro más grande que cualquier otra cosa que Kagome hubiera visto se dejó mostrar, gruñendo por el escándalo de la mujer. Al ejercer fuerza el transporte se rompió en pedazos, los caballos enloquecidos corrieron al cielo y la mujer quedó en la mano de ese ogro, agonizando del dolor.
—¡Madre!. —- Inuyasha se desesperó, aún sabiendo que probablemente no sea su madre, al verla sufriendo detenía cualquier lógica.
Pegó un salto para llegar hasta la mano del ogro con la intención de cortarle la mano con sus garras o en el menor caso los dedos que se atreven no sólo a tocar a su madre sino también a alguien de la realeza. Era imperdonable.
Sin embargo antes de que pudiera llegar algo parecido a un látigo verde se enredó en uno de sus brazos mandandolo a volar cerca del árbol donde Kagome observaba, al caer ella corrió a su ayuda. Sintió el dolor de sus músculos por el golpe, cosa que no le dió importancia en el momento en que al revisar su brazo unas marcas parecidas a veneno se extendieron por el mismo lugar donde fue sujeta. Conocía ese poder mágico pero se negaba a reconocerlo, porque esa magia es de…
—Cuanto tiempo sin vernos, hermano. —
Una voz masculina resonó desde los cielos y Kagome buscó el paradero, un hombre yacía sentado sobre el hombro de aquel ogro. Apenas lograba verlo con claridad debido a la distancia, lo único que reconoció fue un largo cabello blanco que se mecía por el viento y un elegante traje blanco, en su hombro parecía descansar una especie de piel o algo así, realmente no podría decirlo bien. Sin embargo llamó a Inuyasha por hermano ¿Acaso Inuyasha tenía hermanos? Hasta el momento había creído que era hijo único.
Inuyasha quien realmente lograba verlo bien reconoció esa maldita cara con rencor, el sujeto que abandonó a su propia gente se estaba mostrando frente a él después de años sin encontrarse. Apretó los puños en la tierra atrayendo los recuerdos de su relación con ese hombre, al levantarse acumuló todo para gritar su nombre.
—¡Sesshomaru!. —
—Tal parece que aún me recuerdas. — La voz tétrica de Sesshomaru hacía un terrible juego con su fría y casi que vacía mirada. —Pero ¿Cuál es esa forma de contestar? Después de traerte un regalo como éste. ¿Por qué no le dices hola a tu amada madre?. —
El ogro apretó una vez más su mano causando un terrible dolor en la mujer que gritó pidiendo auxilió. Inuyasha realmente deseaba volver a saltar a su rescate pero conociendo al saber que Sesshomaru estaba detrás de todo ya no confiaba en nada. Su madre falleció en la guerra, es verdad, él la vió irse así que no había manera que fuera ella.
—¿Crees que soy estupido, Sesshomaru? Mi madre murió en la guerra junto con el resto del pueblo. No caeré en tu trampa. —
Una pequeña risa se escuchó desde el mismo lugar donde reposaba el hombre. Era una criatura de baja estatura, con su piel verde arrugada y rostro con forma de sapo. Mostró una sonrisa arrogante mientras jugaba con las cadenas de la mujer que él mismo sujetaba.
—Eres su hermano y aún no sabes que mi Amo Sesshomaru es capaz de atraer las almas de los muertos durante un corto tiempo. Que malagradecido. —
Inuyasha sintió su sangre helarse. No reconocía el tipo de magia mencionada por lo que seguía siendo poco creíble, sin embargo, él mismo podía ver la imagen de su madre con su misma voz, vestimenta y mirada. El ogro volvió a ejercer fuerza haciendo que la mujer gritara, el híbrido cerró los ojos con fuerza, no quería creerle, aunque gritara su nombre no iba a creerle, él no podía porque no era ella. No era…
—Él…él tiene razón, Inuyasha…soy tu madre, regresé del otro mundo con la intención de verte pero me han engañado…fui ingenua. — Con voz débil la mujer intentó dar su explicación, podría verse como su cuerpo dolía por la fuerza del ogro sobre ella y aún así se armó de fuerza para hablar.
Inuyasha ya se encontraba soltando lágrimas de sus mejillas al escucharla ¿Realmente era ella? La mujer que lo trajo al mundo y lo crío había regresado ¿Para verlo? Sesshomaru había caído tan bajo como para engañar al alma de su madre para usarla de marioneta, ese infeliz ¡No sé lo iba a perdonar! No importa si todo es una ilusión y él estaba a punto de caer, ella era su madre e iba a defenderla a muerte de la misma forma que ella hizo hace años en la guerra.
Sus manos formaron un círculo en el aire y un pentagrama se creó frente a él, más grande que los demás pero del mismo color verdoso, el suelo tembló hasta que desde dentro salieron un grupo de tentáculos de espinas que fueron guiadas por su creador para atacar al ogro que sostenía a su madre. Las espinas se enredaron en su brazo y tras ejercer una enorme fuerza el ogro gritó de dolor hasta que su mano cayó al suelo separada de su cuerpo.
Una cascada de sangre enloqueció al monstruo y Sesshomaru frunció el ceño con molestia sacando nuevamente ese látigo de veneno que golpeó al monstruo varias veces en la cara, como si estuviera regañando su descuido.
Inuyasha corrió hacia la mano que había caído para encontrar a su madre desvanecida sobre ella, la tomó por la cintura alejándose de ese monstruo que probablemente buscaría volver a atacar. En ese pequeño recorrido logró sentir una vez más el calor que con el tiempo de desvanecía de su mente, era tan nostálgico que si no fuera por la adrenalina de sentir como el ogro levantaba su otra mano contra ellos buscando aplastarlos, probablemente volvería a llorar.
Al aterrizar en el mismo lugar donde Kagome, él dejó a la mujer junto a ella ordenando que la cuidara.
—¿Qué harás?. — Preocupada Kagome preguntó mientras apoyaba la cabeza de la mujer sobre su regazo .
—¿No es obvio? Haré pagar a ese infeliz por lo que se atrevió a hacer. — Inuyasha intentó alejarse pero algo lo tomó de su bota haciendo que se detenga.
La mujer estaba despierta, observándolo con súplica, sintió su corazón golpear su pecho con dolor.
—No lo hagas, no podrás enfrentarte a él. —
Tenía que ser ella, nadie más sería capaz de decirle esas palabras con tanta preocupación como ella, esas veces que casi se enfrentaba a los caballeros por simple orgullo y ella lo cuidaba de terminar lastimado se estaban repitiendo ahora. Pero en ese entonces él era un niño y ahora ya no, Sesshomaru no sería rival si probaba todos de él, usaría lo máximo de su energía mágica para ello.
Le sonrió una última vez a su madre antes de caminar hacia Sesshomaru quien se mantenía sobre el ogro con total tranquilidad.
—¿Tienes idea de lo que haces? La mujer que engañaste es la Reina Madre, deberías tener respeto. — Inuyasha mostró su odio sin dejar de lado sus modales.
—Desafortunadamente para ti, hermano, al renunciar a la corona no tengo porque seguir respetando a una mujer que no merece ser algo como una Reina. — Sesshomaru rió sin gracia agrandando la ira de Inuyasha.
Detrás de los hermanos Kagome atendía a la Reina que de a poco podía sentarse con su ayuda, su mirada era demasiado triste y aterrorizada que le causaba fuertes nudos en la garganta así como deseos de abrazarla por lo mucho que se compadeció de ella, la pobre mujer pasó mucho durante la guerra y para mantener a su hijo a salvo. Kagome pensó en su propia madre, si su familia estuviera en un caso parecido ella también hubiera hecho lo mismo que la Reina con Inuyasha, la vida de sus hijos valía mucho más que la propia.
—¿Se encuentra bien, majestad?. — Kagome preguntó manteniendo el respeto al título.
La mujer no respondió, simplemente dió todas sus fuerzas para poder pararse sin tambalear aunque eso fue casi imposible pero debía de intentar hasta el final para llegar hasta su hijo, Inuyasha no podía contra Sesshomaru y ella era la única que sabía la forma de parar la pelea.
Kagome intentó con todo detenerla por sus heridas pero no le hizo el más mínimo caso, es como si no existiera para la mujer, incluso si se apoyaba en sus manos para poder caminar.
Inuyasha corrió esquivando los golpes al suelo del ogro, al quedar centímetros cerca dió un salto que llegaría al mismo lugar donde reposaba su hermano y para más fuerza se impulsó de el brazo ya cortado, los tentáculos de espinas detrás de él preparados para atacar. Lo único que Inuyasha no notó fue que su hermano estaba al tanto de cada movimiento y antes de que llegara el ogro logró llegar al híbrido tomándolo con fuerza entre su mano.
Inuyasha intentó usar las espinas para soltarse siendo realmente inútil, el sirviente de Sesshomaru preparó un báculo con dos cabezas en cada lado que al mostrar la cabeza del hombre este comenzaba a escupir fuego, su única defensa fue desintegrada a cenizas. El ogro apretó el cuerpo de Inuyasha quien sintió como era aplastado lenta y dolorosamente mientras intentaba no gritar de sufrimiento, saboreando ya el horrendo sabor metálico de la sangre desde su garganta.
—¡Inuyasha!. — Débil por el ataque quiso observar sobre su hombro encontrando la imagen de su propia madre corriendo hacia él, Kagome detrás de ella intentando detenerla.
—¡No vengas!. —
La mujer no hizo caso y en vez de detenerse juntó sus manos para crear entre ellas una flor de lirio, misma que brilló tan intensamente que fue capaz de cubrir toda la zona. Kagome, Inuyasha y la mayoría de presentes taparon sus ojos para no ser lastimados por la luz aunque duró poco ya que después de la luz apareció la oscuridad.
Sesshomaru logró observar tras desaparecer la luz que sus enemigos también habían desaparecido con ella, se dio cuenta que la humana utilizó una especie de hechizo para teletransportarlos a todos lejos de él. Aún si parte de su plan se veía arruinado la verdad era que todo estaba marchando bien, tan solo debían pasar al siguiente paso y para ello se bajó del ogro antes de asesinarlo inyectando veneno en la zona de la herida más fuerte, el suelo tembló por la caída de su cadáver y el heredero siguió caminando hasta su sirviente, Jaken.
—Encárgate del resto y espero que todo éste jueguito que tú mismo inventaste me lleve a lo que busco. —
El sirviente se arrodilló ante él asintiendo varias veces hasta que su cuello dolió.
—No se preocupe, Amo, le traeré lo que desee. —
~•~
Fue el primero en abrir los ojos encontrando el hermoso color verde brillante del césped debajo de su rostro, se movió un poco intentando recobrar la conciencia por completo y de un momento a otro la imagen se le hizo sumamente conocido, todo porque desde lejos y siguiendo el camino de una mariposa con hermosos colores rojizos se encontró a una HikaHana creciendo de arbustos. En ese momento se levantó de golpe sin importar si su cabeza se mareaba un poco. Su alrededor eran arbustos bien cuidados y con flores que parecían lámparas brillando incluso sin ser de noche, las mariposas y colibríes revoloteaban a su alrededor y el cielo estaba despejado. Observó el suelo encontrando a Kagome dormida junto a dónde antes lo estaba él, se acercó para despertarla pero sin importar los intentos no era posible ¿Estaba bien?.
—No te preocupes. — Su madre apareció detrás de él, más cuidada y elegante que lo que la había visto hacía algunos minutos.
Es cierto, antes de despertar allí él estaba peleando con Sesshomaru con el fin de castigarlo por tratarla a ella como basura pero después apareció allí sin saber el porqué.
—¿Qué es éste lugar?. — Preguntó.
La mujer apuntó hacia delante de ella y detrás de Inuyasha, volteó con sospecha para encontrarse con la respuesta que aclaraba todo.
Un enorme castillo se alzaba detrás de ellos, con la bandera típica de su reino bailando con el viento. Así que Inuyasha estaba en lo correcto al pensarlo y sí se encontraba en lo que antes fue un hermoso lugar de naturales detrás del castillo Real.
—Éste jardín era tu tesoro más amado. Pasabas horas por aquí. —
El Paso de los Ángeles era un jardín detrás del castillo en el Reino Inuyoukai, y también, el refugio del príncipe cuando era niño. Así como la mujer mencionó Inuyasha solía adorar ese lugar por ser el único donde podía alejarse de sus estudios para convertirse en el próximo heredero luego de la renuncia de Sesshomaru, su madre como la Reina lo acompañaba en cada ocasión si su agenda lo permitía, trayendo los mejores cuentos para entretenerse ambos.
—Lo siento, este lugar no es el mismo que alguna vez pisaste. — Ella bajó la mirada con tristeza. —No es más que una recreación por parte de mi magia. —
—Ilusiones… ¿Eres capaz de eso?. — Inuyasha abrió los ojos con sorpresa cuando al intentar tocar a una de las mariposas ésta se deshizo a pétalos.
—La magia elemental no es la única en el mundo, cariño. De vez en cuando leía libros sobre otros hechizos llegando a interesarme por las ilusiones. — Ella explicó, cortando una flor HikaHana de los arbustos. —Aunque no todo es falso. —
–Solías amar esa flor. — Murmuró el príncipe con una mirada de cristal.
—Sí ¿Sabes por qué?. —Inuyasha negó. — Las HikaHana es la Flor de la Luz, como pequeñas lámparas que brillan en un sendero de oscuridad. Cada vez que miraba a éstas flores sentía que sin importar las adversidades ellas siempre iluminarán el camino para enseñarme la salida. —
Inuyasha escuchó la explicación, sintiendo como las lágrimas recorrían su mejillas con lentitud. Las veces que él se metía en problemas con las sirvientas por cortar gran cantidad de esas flores con el fin de entregarle a su madre en los días donde enfermaba o no podía acompañarlo al jardín, simplemente para hacerla feliz y ver su sonrisa.
Tras la guerra la zona del Reino quedó tan destruida que es casi imposible que vuelvan a crecer las HikaHana, lo más triste es que ese lugar eran los pocos donde tal tipo de flores crecían en todo el continente.
—Inuyasha, tendré que irme pronto. — Después de un tiempo en silencio la Reina prosiguió, tomando las temblorosas manos de su hijo entre las suyas. —Yo…yo ya no pertenezco a éste mundo. — Tal frase destruyó el corazón del príncipe quien agachó la cabeza para no mostrarle a su madre que se había quebrado.
No quería que se fuera, apenas volvía a verla tras años estando solo, si ella se iba esa soledad retornaría y no quería afrontarla. Sujetó sus manos con fuerza, ella las volvería a soltar como en aquella ocasión ¿Por qué? ¿Por qué soltaría su mano? ¿Por qué lo dejó solo esa noche?.
—No puedes… no puedes dejarme. — Tan solo logró susurrar esas palabras que hirieron a la Reina.
—Lo siento. —Ella le devolvió el susurro y lo abrazó con fuerza deseando que el día en el que tengan que soltarse jamás llegue.
~·~
Tras abrir los ojos su cabeza se sintió realmente mareada, necesitaba recobrar de a poco la conciencia para luego saber cómo es que llegó a ese lugar tan verde y cálido. Cuando su vista volvió a su estado normal se percató de la imagen de Inuyasha a unos largos pasos de ella, a su lado y abrazándolo se encontraba la misma mujer de hace un rato. Es verdad, esa mujer era su madre y la Reina de su antiguo Reino, Kagome se sintió feliz de ver a su reciente amigo reencontrarse con alguien a quien añoraba que deseaba acompañarlo en su felicidad.
"¿Eh? ¿Qué ocurre?"
Al intentar volver a estar de pie ninguna parte de su cuerpo parecía responder, como si estuviera paralizada todo de ella se mantuvo firme en el suelo. ¿Qué era ésto? ¿Por qué no podía mover su cuerpo? Intento llamar a Inuyasha para ser atendida disculpando interrumpir el momento, pero su voz tampoco sonó ¡No podía siquiera hablar! ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Por qué?. Comenzó a desesperarse y aprovechando que sus ojos eran lo único posible de mover observó cada cosa a su alrededor, los arbustos con extrañas flores brillantes o las mariposas revoloteando no decían nada, no lograba comprender su estado o que lo causaba. Hasta que por pura casualidad observó mejor a la Reina que abrazaba a Inuyasha, era hermosa sí pero algo en ella se le hizo extraño a Kagome, de su cuerpo brotaba una neblina negra parecida a la que salía de Yura.
"Eso es…¡¿Magia Oscura?!"
Quería equivocarse, no podía ser que la madre de Inuyasha emane magia oscura si ella era una persona bondadosa por lo que Myoga le contó, ella poseía Magia de Naturaleza como Inuyasha, nada parecido a lo que Kagome observaba. Lo peor fue cuando al parpadear varias veces todo el escenario hermoso y lleno de vida desapareció regresando a la colina cercana a la aldea de Kaede ¿Todo había sido una ilusión?.
Kagome regresó su vista a Inuyasha para llevarse el peor susto de toda su vida. La mujer que Inuyasha abrazaba con fuerza entre lágrimas…¡No tenía rostro!.
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La pequeña pulga sabía que no llegaría muy lejos si intentaba ir por sí solo a dónde su Joven Amo debido a la altura, por lo que tuvo que pedirle ayuda al pequeño zorro demonio que dormía en la cabaña pero que por culpa de fuertes estruendos cercanos fue despertado.
Claramente Shippo al no encontrar a Kagome por ningún lado de la casa aceptó el pedido del anciano, se preocupaba por su nueva amiga y peor cuando notó la terrible concentración de magia oscura provenir de la colina donde ella junto a Inuyasha suelen reunirse, tal vez sea pequeño pero tenía los aprendizajes necesarios para saber reconocer el tipo de poder elemental.
Corrió por el bosque con el anciano en su hombro, ambos en silencio hasta llegar a la colina donde casi que prefirió quedarse fuera debido a las náuseas que generaba esa magia para seres débiles como él. Decidió por su amiga se escondió en un arbusto buscándola, la escena que encontró fue sumamente aterradora: Inuyasha se encontraba abrazando a una mujer que no poseía rostro, él dejaba salir lágrimas y se aferraba a ella con fuerza. Desvió la mirada sin poder soportar la escena y encontró a Kagome unos centímetros lejana, recostada en el suelo pero con los ojos abiertos y fijos al híbrido.
—No puede ser, Kagome está siendo rodeada por seres del infierno. — La pulga mencionó, pero Shippo no logró comprenderlo ya que para su vista no había nada ni nadie cerca de Kagome.
—¿Dónde?. — Respondió en susurros por miedo a ser descubierto.
—Déjamelo a mí, Shippo. — La pulga comenzó a saltar generando un tierno sonido en el proceso.
Al caer sobre la mejilla de la mujer se dió cuenta de que estaba rodeada por cadenas y los pequeños monstruos infernales que solamente él podía ver se aferraban a ella. Myoga no sabía una forma exacta de poder liberar a la mujer, su magia había desaparecido debido a su edad y lo único que quedaba era su energía que en el momento no servía para nada. Su mente solo pudo pensar en una cosa y eso fue en chupar la deliciosa sangre de la chica hasta que ella reaccionara. Comenzó a succionar con felicidad hasta que increíblemente Kagome logró volver a moverse y golpeó su mejilla con su mano aplastando a Myoga.
Kagome se levantó del suelo sorprendida por la repentina habilidad para levantarse, hace un momento no podía siquiera decir palabra ¿Fue por magia del anciano Myoga? Aunque parecía más bien estar chupando de su sangre por diversión. Buscó a la pulga que se recuperaba de a poco por el golpe y mareado se subió a la falda verde de ella para tener mejor visión.
—Kagome, qué gusto que hayas reaccionado. —
—Anciano Myoga ¿Qué está sucediendo?. — Kagome dejó de lado los saludos y fue directo a lo que realmente le importaba.
—No estoy muy seguro pero parece que mí Joven Amo está siendo controlado por alguien. — Myoga observó a Inuyasha quien seguía en los brazos de esa ahora extraña sin rostro. —Ven, busquemos un escondite antes de que ella vea que estás despierta. —
Myoga llevó a Kagome hasta el arbusto donde Shippo esperaba, ella le dedicó un pequeño regaño por seguir al anciano aún sabiendo que las cosas allí estaban peligrosas. Pero al final decidió dejarlo así volviendo a la preocupación de Inuyasha.
De a poco en la cabeza de Kagome las cosas se acomodan, Sesshomaru era el hermano mayor de Inuyasha y por su pequeña conversación parece que no se llevan para nada bien ¿Será una discusión por la herencia del trono? Aunque Inuyasha no demuestra interés por ello. Volviendo al punto, Sesshomaru dijo que era capaz de traer a los muertos a la vida ¿Ese tipo de magia es posible? O quizás Sesshomaru solamente le tendió una trampa a Inuyasha, pero ¿Para qué? Y ¿Por qué de una forma tan cruel como usar a su madre?
—Tal parece ser una Mujer del Limbo. — Myoga mencionó sacando a Kagome de su mente.
—¿Mujer de Limbo?. — Ella y Shippo repitieron.
—Es un demonio que nace de las madres que murieron en desgracia y dejaron a sus hijos solos en éste mundo, suelen tomar la forma de ellas para reencontrarse con sus pequeños. —
La descripción hizo temblar a Kagome, esa mujer era un demonio y no su madre. Debía de hacerle saber eso a Inuyasha, estaba cayendo en una trampa.
—No entiendo porque el Amo Sesshomaru usaría a ese demonio con el joven Amo. — Myoga analizó en voz alta. —No hay nada que…¡No puede ser!. —
—¿Qué? ¿Qué ocurre?. — Kagome respondió preocupada ante la alarmante reacción del anciano.
—No hay tiempo que explicar, hay que encontrar la forma de que el Joven Amo despierte de inmediato. —
—Pero es que no sé cómo ¡Ah!. — Kagome gritó de horror al volver su mirada en Inuyasha.
¡Esa mujer se lo estaba tragando con su cuerpo! Con sus manos sobre la cabeza de Inuyasha lo empujaba al interior de sí misma. Kagome, aunque asqueada por la escena, se levantó del escondite comenzando a correr hacia su amigo, no podía permitir que ese demonio se lo llevará, era injusto, Inuyasha estaba feliz de por fin lograr ver a su madre después de tantos años y ellos solo se aprovechan de esos sentimientos ¡Que seres tan crueles!
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Se sentía flotando y cálido, era tan relajante que no deseaba abrir sus ojos. Tal sentimiento de tranquilidad no había sido experimentado en mucho tiempo, se sentía como si se hundiera en unas cálidas aguas del río con la capacidad de respirar, así es como se sentía estar rodeado de sus brazos de su amada madre ¿Verdad? Nada más importa en el mundo que solo estar con ella, escuchar su voz cantarle las hermosas canciones de cuna con historias de héroes y monstruos mitológicos de sus tierras natales. Nada más importaba, su mente estaba en blanco y solo podía escuchar la voz de su madre susurrar a su oído lo mucho que lo amaba durante minutos.
Hasta qué esa voz se detuvo por otros minutos más ¿Ya estaba dormido? Si es así no deseaba despertar más.
—Hijo, dime ¿Dónde está?. —
De un momento a otro la voz de su madre comenzó a decir cosas incoherentes que él, tan relajado como estaba, no era capaz de comprender y sin importar cuantas veces demuestre ese desentendido ella seguía ¿Qué era lo que me estaba diciendo? ¿Dónde está qué cosa?
—¿Dónde está la tumba de tu padre?. —
¿La tumba de su padre? ¿Qué clase de pregunta es esa? Él no lo sabía, se suponía que su padre había muerto en el mismo lugar que ella, en el Reino Inuyoukai donde vivían ¿Por qué preguntaba eso?.
—Yo sé que tienes un hermoso regalo de su parte. Eso responde mí pregunta, solo haz un esfuerzo por recordar dónde está. —
¿Un regalo? No lo sabía, jamás había recibido nada de su padre más que regaños cuando era niño ¿Por qué tendría un regalo de él? No lo sabía.
Así estuvo durante largos minutos intentando evitar esas constantes preguntas que perturban su tranquilidad pero ella seguía. Al final algo dentro de él le dijo que sí sabía dónde estaba eso que su madre tanto preguntaba, era algo que se encontraba en lo más profundo de su corazón y que ha estado ignorando todo éste tiempo.
—La Perla Negra en la derecha. —
Su voz logró murmurar pero la verdad es que él ni siquiera sabía que estaba diciendo, algo no andaba bien ¿Por qué estaba rodeado de oscuridad? No, no es eso, es que no es capaz de abrir sus ojos ¿Por qué? Debía de abrirlos, hay algo con su madre que no está bien.
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Por más que haya intentado correr hacia él un muro invisible la empujó lejos nuevamente, Myoga dijo que era una barrera creada con magia y que no sería capaz de pasar al menos que sea derribada, más cosas de las que preocuparse. En medio de eso el pequeño sirviente verde de Sesshomaru se acercó a la mujer junto a Inuyasha, acertando en la duda de Kagome de que todo ésto está siendo planeado por Sesshomaru ¿Qué clase de hermano es?.
—¡Oye Mujer de Limbo!. Quiero suponer que ya has encontrado la respuesta que estamos buscando. — Con una horrenda sonrisa esperó a la respuesta del demonio quien con duda dijo…
—"La Perla Negra en la derecha" Eso dijo él. —
—¿La perla…? ¡¿Qué clase de respuesta es esa?! No me dice nada, sigue preguntando. — Aunque sea insistente el demonio se negó a seguir haciéndolo.
—Señor, si sigo así el alma de ésta pobre criatura será destruida. —
—¡No me importa!. — Interrumpió. —Mi vida vale mucho más que ese insecto y si no consigo respuestas el Amo Sesshomaru me matará. —
Kagome comenzó a mirar por todos lados en busca de una forma para derribar la barrera, por cada segundo que pasa sin hacer nada Inuyasha es absorbido más y más por ese demonio. Ya casi desesperada encontró un símbolo peculiar en la barrera, algo parecido a los símbolos que aparecen en los pentagramas mágicos ¿Tenía algo que ver? Si es así eso debe de mantenerla estable, tal vez si lograba pegar en ese símbolo con algo derribados la barrera, era un plan perfecto…lástima que no tenía su arco y flecha en éste momento.
—Yo puedo ayudar. — Shippo mencionó después de que Kagome explicara su plan así como los obstáculos.
Después de ello el dio un pequeño giro y un pentagrama lo llenó de un humo, al disolverse apareció un extraño caracol azul con una cuerda en medio ¿Eso…era un arco?.
—Ese es un lindo caracol, Shippo. Pero ¿Qué hay del arma?. —Myoga se atrevió a decir lo que ella pensaba.
—¡Soy un arco!. — Shippo mencionó molesto mientras el pequeño cara- es decir, arco se tambaleaba.
Kagome tomó a Shippo entre sus manos junto a una rama del árbol cercanos, era un perfecto arco y flecha improvisado que esperaba no desperdiciar porque eso valdría la vida de Inuyasha. Suspiro hasta sentir seguridad y sujeto la rama con fuerza, justo como cuando entrenaba con Kaede solo tenía que esperar a sentir la energía recorrer por la rama para soltar la soga con total fe. La rama voló y llegó hasta el punto que ella deseaba, el símbolo fue golpeado comenzando a sacar chispas como un aparato eléctrico descompuesto, así hasta que toda la barrera entera desapareció y al fin Kagome ya era capaz de pasar en busca del híbrido.
El sirviente de Sesshomaru se sobresaltó al ver qué su barrera fue deshecha y sacó su báculo de dos cabezas, Kagome ya había visto de lo que era capaz y no querría meterse con eso, pero ya no estaba en el nivel de cordura donde piensa algo de lo que está por hacer así que sin temerle a nada se abalanzó sobre el cara de sapo tomando su propia arma para golpearlo y mandarlo a volar lejos estrechando contra un árbol que dejó caer varias hojas, se estaba camuflando. Ahora solo quedaba la mujer sin rostro.
Kagome intentó acercarse pero la mujer se alejó, sin importar cuántas veces le diga que dejara en paz a Inuyasha ella simplemente no hacía caso, para ella ese chico era su verdadero hijo y lo supo en el momento donde el demonio mencionó que Inuyasha merecía regresar con ella como madre e hijo que alguna vez fueron. ¡No puede ser! Lo estaba usando para su propio deseo ¡Qué demonio tan cruel!.
Myoga volvió a decirle al oído que encontrará la raíz de esa ilusión, si lograba romperlo de la misma forma que la barrera entonces quizás Inuyasha se salve.
Kagome no sabía que podía hacer hasta que por casualidades de la vida decidió buscar la flor, esa flor que Inuyasha tanto adoraba por su madre quizás tenga algo que ver, en la ilusión estaban rodeados de ellas. Por todos lados la buscó hasta que su luz se manifestó a los pies de ambos frente a ella. Si lograba destruir esa flor entonces Inuyasha se salvaría ¿Verdad? Era su única oportunidad.
Sujetó con fuerza el báculo de su enemigo apuntando hacia la flor, no sabía cómo usar el arma pero no perdía nada con intentarlo, al verse decidida de su decisión dio una orden en su mente y la cabeza del hombre abrió su boca. Las rojas llamas se dispersaron por todo el lugar pero por sobre todo en esa flor que de a poco se marchita hasta no quedar más que cenizas.
La mujer gritó de dolor separándose de manera obligada de Inuyasha quien fue devuelto al mundo real después de casi morir asfixiado por culpa de ese demonio. Cayó al suelo débil y Kagome corrió a su rescate.
—¡Inuyasha!. — Kagome llamó a su nombre esperando que eso haya sido suficiente para sacarlo de su trance.
Inuyasha parpadeó varias veces, buscando respuestas de lo que había vivido. De un momento a otro su madre había comenzado a preguntar sin sentido y al intentar verla tan solo se encontró con una mujer sin rostro alguno, después de ello recordó estar quedándose sin aire.
Al salir pudo ver las cosas más claras, el sirviente de Sesshomaru se volvía a la mujer que suponía ser su madre golpeando su vacío rostro con su báculo recuperado y detrás de él la imagen de su hermano se mostraba caminando con toda la tranquilidad.
Así que al final fue como lo creyó al principio, tan solo una trampa de Sesshomaru. Ese infeliz ¿Cómo pudo…?
—No puedo creer que realmente haya sido eso. — Con una sonrisa de lado el mayor de los príncipes se dirigió al menor. — Tanto tiempo buscando y la respuesta siempre la tuviste tú. —
Inuyasha no era capaz de controlar la ira acumulada en su interior, usando la imagen de su adorada imagen para conveniencia propia. Sesshomaru cayó demasiado lejos, merecía un castigo e Inuyasha sería el verdugo. Con ese pensamiento se levantó del suelo sin escuchar mínima palabra de lo que el mayor decía, nada le importaba ya, tan solo lanzarse a él para darle la paliza más grande que jamás recibirá. Y así lo hizo, preparó su magia en sus manos y con un salto planeaba golpear a su hermano no solo con sus puños si no también con sus lianas de espinas.
Jamás planeó la rapidez de Sesshomaru para sujetarlo por el cuello en el aire y apretar hasta que el príncipe pierda de a poco la capacidad para respirar.
—"La Perla Negra de la derecha" Parece una frase ridícula, pero resultó ser tan simple. — Sesshomaru preparó dos dedos de su mano libre.
Ante todos los presentes horrorizados éste introdujo ambos dedos dentro del ojo derecho de su propio hermano menor quien gritó del dolor con el poco aire que intentaba juntar en sus pulmones. Sesshomaru por su parte rió al sentir algo sólido, podría ser el ojo de su hermano o lo que realmente buscaba, de cualquier manera sería satisfactorio para él.
Al quitar los dedos entre toda la sangre se dejó ver una pequeña perla negra justo como la descripción de la Mujer de Limbo, había encontrado la llave que tanto buscó.
Dejó caer a Inuyasha, éste tosió al recuperar el aire y llevó una de sus manos a su ojo que lloraba sangre por todo su rostro. Sangre que ahora también recorría las ropas blancas de su hermano mayor ¡Maldito psicopata!.
—Al fin, el mapa que tanto busqué. Que estupido de nuestro padre el haberlo guardado dentro de ti. — Observó con asco al chico hecho un desastre de sangre a sus pies, la hermosa sensación al patearlo pasó por su imaginación, pero el manchar sus pies con su asquerosa sangre lo detuvo. —Debo agradecerte hermano, gracias a ti puedo recuperar lo que debería de ser mío. —
—Vete a la mierda…— El menor murmuró jadeante.
Sesshomaru ignoró su insultó dirigiéndose a su pequeño sirviente quien con tan solo verlo supo lo que su amo deseaba, su báculo. Chasqueó los dedos y lo que antes estaba en las manos de la joven humana espectadora se liberó de agarre por sí solo para regresar con su verdadero amo. El pequeño demonio entregó los honores a Sesshomaru quien dejó caer la perla al suelo para después golpearla con el báculo. Lo siguiente que se presenció fue como un portal se abría frente al mayor.
Kagome corrió hasta Inuyasha en socorro, entrando casi en pánico cuando vió toda la sangre sobre su rostro y ropas. Las heridas contra Yura se curaron en unos días pero qué hay de éstas, dudaba que un demonio sea capaz de regenerar un ojo, ésto estaba muy mal.
Y a pesar de las constantes preguntas de Kagome para verificar que estaba bien Inuyasha tan solo observó medias como su hermano entre risas entraba en ese portal.
—¡Joven Amo!. — Myoga lo llamó entre gritos hasta por fin recibir su atención. —Debe de entrar a ese portal. —
—¿Qué…?. —
—Allí dentro se encuentra algo que Su Majestad dejó para usted ¡No debes dejar que Sesshomaru lo tome!. —
Inuyasha observó el portal que estaba a poco tiempo de cerrarse, no le interesaba cualquier cosa que su padre le haya dejado para ser sincero, pero tampoco deseaba dejar a Sesshomaru escapar después de todo lo que le provocó. Aguantó demasiado en tantos años de persecusión que jamás entendió y ya era hora de acabar con ese jueguito de una vez por todas.
—Bien. —Se levantó del suelo tambaleante, su ojo ya no dolía tanto aunque aún así la vista en él se había perdido momentáneamente. —Kagome, quedate junto a Shippo en éste— Buscó a la joven que hace unos momentos estaba a su lado y que ahora desapareció de un segundo a otro. —¿Kagome?. —
—¿Qué estás esperando ahí?. — De hecho la misma Kagome se encontraba frente al portal con total decisión de entrar sin siquiera haber preguntado.
Inuyasha sintió su corazón en la garganta cuando ella se adentró al portal, esa mujer no era capaz de medir el peligro en ninguna ocasión. Inuyasha corrió detrás de ella deseando que no terminen muertos del otro lado y si era así entonces la culpara a ella y a su falta de control.
