Aquí hay respuestas, dudas, intrigas, y más intrigas, porque salimos de una, para entrar en otra, pero Saya y yo estamos muy satisfechas con lo que estamos logrando, agradecemos infinitamente a la nuestra hermana Hanako por el tiempo que se toma en sus pequeños fragmentos que nos ayudan a complementar.

Tuvimos algunos reviews que realmente nos motivaron, así que esperamos disfruten de este capítulo.


Tōshirō había pasado los siguientes días con Asami, cuidaba de ella y velaba sus noches, Takeshi debía admitir que algo había cambiado, muy drásticamente, muy pronto para ser verdad y, aunque no entendía que era lo que había pasado, esperaba de corazón que todo fuera real.

Esa mañana, luego del desayuno y de que Haineko se llevara las bandejas de la habitación de su lady, Asami finalmente se atrevió a preguntar, casi cuestionar, el cambio tan drástico de su esposo.

-Perdona que te cuestione esto, pero ¿Por qué fue tan drástico tu cambio? – Tōshirō miró a la joven a los ojos, no había expresión en su rostro, aunque sí pudo ver en él, la duda -Me da curiosidad que estando en Glacies, no tenías ni un poco de aprecio por mí, en general, incluso puedo decir que mi presencia te incomodaba o te molestaba

El albino suspiro, se acomodó en la silla, mirando a su esposa, cruzándose de brazos.

-No creo porque deba ocultarte la verdad tras mis atrocidades- Fueron sus palabras iniciales, suspirando de nuevo, eligiendo no mirar a la chica, así que concentro su vista en la ventana -Luego de la pelea con Grimmjow, algo extraño pasó entre nosotros, una conversación…

Luego de estar peleando y de haberse herido mutuamente, Grimmjow y Tōshirō habían vuelto a su forma humana, cansados y heridos, se miraron.

-Sigues siendo un niño mimado- Apuntó el peli azul entre respiraciones entrecortadas, sosteniendo su brazo herido -Tú no eras así, antes de la alianza y de casarte, parecías incluso hasta emocionado de la idea ¿Qué fue lo que te paso?

Tōshirō frunció el entrecejo, mirando con incredulidad a su hermano.

-A mí no me ha pasado nada- Espetó el menor, agitado, cansado, con algunos rasguños en la cara - ¿Qué demonios te ha sucedido a ti?

Grimmjow miró a su hermano, concentrando su mirada en él, lucía diferente, tenía un semblante diferente al del inicio de la pelea.

- ¿A mí? Fuiste tú quien llegó amenazante ante la presencia de la princesa, yo solo la defendí de tu ineptitud- Apuntó el peli azul, notando mucha más confusión en su hermano - ¿Acaso no lo recuerdas? Me tachaste de traidor a la corona, especulaste que yo quería algo con la princesa

Esto hizo que el semblante de su hermano, y rey, cambiara por completo, sacudiendo levemente la cabeza, tomándose la frente con la mano ensangrentada.

-Estoy consciente de estar casado, tengo solo algunos recuerdos vagos en mi mente, ¿Qué demonios fue lo que paso? – Hubo un poco de histeria en el tono de su voz, ¿estaba fingiendo? No, no lo estaba, y Grimmjow lo supo de inmediato, acaso… -Grimmjow…

- ¡Su majestad! – Sir Starrk apareció en ese momento, seguido de la servidumbre, quienes comenzaron a auxiliar a ambos hermanos para ser llevados ante los elfos para ser tratados.

Volvieron al castillo, los elfos sanaron sus heridas, pero el solo quería lo básico, con poder moverse le bastaba, el resto lo haría su propio cuerpo. Y la puerta de su habitación se abrió, y Tōshirō se sentó frente a él en la cama, se miraron en silencio unos segundos, y luego habló.

-No estoy consciente de muchas cosas, tengo lagunas mentales, pero siento… que he estado haciendo mal las cosas- Dijo tranquilamente, escuchando el suspiro de su hermano -Grimmjow, necesito que calmes esta constante inseguridad en mí, se que hice algo mal…

- ¿Algo? Todo hermano, lo has hecho todo mal desde la llegada de la princesa- Iba a ser directo, no se andaría con juegos o desviaciones, le diría las cosas como eran, como realmente habían pasado -Desde que llegó aquí, no has hecho otra cosa más que insultarla, humillarla, tratándola como basura, su hermano, el rey de Caelestis vino a verla, y desde entonces algo en ti cambió, pero no del todo

Su rey lo miraba, apacible y buscando refugio de su mirada en otro lado que no fueran los ojos azules de su hermano mayor, porque si alguien sabía decirle las cosas tan directas, era él.

-Que estúpido he sido- Masculló para si mismo, aunque fue algo que el mayor escuchó, no diciendo nada de momento, permitiéndole a su hermano digerir sus palabras - ¿Por qué no me detuviste?

-Porque Candice estuvo aquí, pegada a ti, golpeo a tu esposa- Y ahí fue cuando algo encajó, Tōshirō había cambiado desde que Candice apareciera nuevamente, ahora estaba recluida en la torre de los hechiceros, en su aprendizaje ¿sería posible? -Creo que Candice te lavó el cerebro, y no lo digo de broma, es algo que sé que puede hacer

Grimmjow lanzó un anillo a los pies de su hermano, el cual, se desintegró lentamente ante sus ojos. El albino miró al peli azul, pasmado nuevamente.

-Puede que aún estes bajo su control, yo tal vez no pueda hacer nada, pero deberías pensar que hacer con esa vieja bruja- Fueron sus palabras más sinceras, luego clavo sus ojos en su hermano -Y no vuelvas a estar tan cerca de ella, no hasta que estemos seguros de que sus artimañas hayan desaparecido

-Tienes razón, antes de la boda, estuve con ella y me obsequió ese anillo, no le tomé importancia, pero ahora entiendo todo- Concluyó el albino, mirando las cenizas en el suelo, sintiendo una punzada en la cabeza -Creo que tengo muchas cosas que arreglar en mi vida

-No, no en tu vida- Dijo tajante el peli azul, desviando la mirada de su hermano -Con ella…

Las palabras de Grimmjow habían calado en su corazón, salió de aquella habitación, quería descansar, así que se dirigió a la propia, sin embargo, recordó que ella tenía su propia habitación, cerca de la de él ¿estaría mal si entraba? No, o, mejor dicho, no lo pensó de esa manera, así que entró.

Se paseó por la habitación, con pocas pertenencias, solo unos cuantos vestidos, a sabiendas de que la sirvienta a sus servicios los lavaría con gusto las veces que fuera necesario. Pero algo llamo su atención, una caja ornamentada que se encontraba en su buró, sintiendo en ella la magia de las hadas y las sirenas.

Destapó aquella caja, escuchando la melodía, los oídos comenzaron a zumbarle, un sonido estridente que se clavó en su mente, una punzada que provoco que dejara caer la caja, hasta que esta se cerrara.

-Cuando la caja se cerró, sentí que todo caía en su lugar, el hechizo había desaparecido y tuve que analizar las lagunas mentales que había en mí, las escenas que recordaba, todo lo que había pasado en los últimos meses- Finalizó el albino, apoyado sobre sus rodillas, mirando a la chica -De verdad, lamento todo lo que ha pasado desde que nos casamos, nunca fue mi intención hacerte daño de alguna manera, y estoy bastante arrepentido de mis humillaciones y mis malos tratos

Asami miró al albino, juraba en su interior que todo lo vivido en el Glacies había sido tan real, que su corazón dudaba en querer aceptar aquella disculpa, pero, su parte racional, la que sabía que la magia existía y que estaba presente en todos y cada uno de los habitantes de ese mundo, confiaba y aseguraba que, si Candice estaba detrás de todo, el albino había tenido motivos para odiarla por aquel hechizo.

-Acepto tus disculpas, aunque habrá muchas cosas que trabajar entre los dos, creo que podemos superarlas- Asami sonrió, lo que le causó, a él, un escalofrío en el cuerpo ¿de verdad iba a perdonarlo? -Vi como Candice reclamaba algo que no era de ella, y que nunca lo será, pero, si queremos que sea real, debemos afrontarlo juntos, ahora, quiero saber algo- Asami dudo en sus palabras, quería preguntar y, a la vez dejarlo por la paz, pero, necesitaba saberlo - ¿Sientes algo por ella? ¿Es ella indispensable en tu vida? ¿La quieres?

Ambos se miraron, por largo tiempo y sin parpadear, aun cuando la chica frunció las cejas, escudriñando el rostro de su esposo.

-No, solo fue un capricho mal administrado, le permití ir más allá de lo que debería, y no me di cuenta en el momento en que ella empezó a tomar el control de lo que pensé, era otro sentimiento- Suspiró, porque eso no daba respuestas a los cuestionamientos de la menor -No siento nada por ella, no la quiero, y tampoco es indispensable en mi vida. Si ella sigue su camino, solo será la hechicera de Glacies, pero, de seguir usando su magia para hacer que me aleje de ti, tendrá un severo castigo ¿es eso suficiente para ti?

-Lo es, de momento, porque sé que ella no dará su brazo a torcer- Respondió, tajante, dejando en claro que no permitiría que aquella mujer intentara deshacerse de ella.

-Y esta vez, voy a defenderte de ella- Asami lo miró, con el rostro apacible, estaba confiando en sus instintos, en su corazón -Pero primero debemos volver a Glacies, crees…

-Podemos irnos mañana, me siento mucho mejor y Jugram aseguró que estaba bien- Respondió ella, el elfo no quería verla marchar de nuevo, pero ella tenía una misión, un propósito para el que había sido educada desde que llegara al mundo -Hablaré con Takeshi, le diré que partimos mañana mismo hacia Glacies

El campo de entrenamiento había sido acaparado por los príncipes mellizos, quienes entrenaban ferozmente, donde, minutos antes, entrenaran a sus soldados; desencadenando un enfrentamiento amistoso entre ambos.

"Amistoso" – Por qué ninguno sabía medirse en sus ataques, no al conocer el potencial que tenía el otro.

Sato creó un remolino de viento, colocando su espada al frente y moviéndola de forma circular, un viento lo suficientemente fuerte para mandar a volar a varios hombres, pero Saya alcanzó a sonreír con confianza, antes de lanzar una de sus espadas al suelo y levantar un grueso muro de tierra que, con una patada, mando directo a su hermano, cuyo viento tuvo que detener para dirigirlo a sus pies e impulsarse hacia arriba para poder esquivar el muro y evitar que lo aplastara.

Empezó entonces un combate cuerpo a cuerpo con sus respectivas armas; Saya en si, no necesitaba usar magia de cualquier elemento para desatar la tempestad con sus movimientos rápidos para atacar a su mellizo, quien claro, no tenía dificultades para seguirle el ritmo y encontrar una abertura en sus movimientos para contraatacar, creando un choque en el que ambos usaron magia de fuego y los hizo alejarse uno del otro.

-Creo que eso es de nuevo un empate- Comenta Sato casi divertido, especialmente al ver a Saya bufar.

- ¿Por qué creo que te limitas a no lastimarme? – Acusa, cruzándose de brazos.

-Por favor, Saya, soy yo quien me estoy protegiendo- Toma una de las toallas que dejaron cerca -Llegamos a un punto que nuestras habilidades y poder se han emparejado

-Ya no es divertido así- Hace un puchero poniéndose su respectiva toalla al cuello.

-Por eso ahora buscas competir con Renji~ - Canturrea el chico, agachándose un poco hacia su hermana -Aunque empiezo a sospechar que es mero pretexto para ver al general

La respuesta de Saya fue simplemente lanzarle su toalla a la cara mientras su hermana se justificaba, como siempre, con viejas excusas, y finalizando con que el general mordería su propio polvo.

Antes de entrar al palacio, se sentaron un rato en una de las bancas para descansar y sentir el fresco clima de Caelestis. Ambos estaban en silencio, pero pensando en una misma cosa: que Asami pronto regresaría de nuevo al reino de Glacies.

- ¿Crees que estará bien? - Cuestiona Sato, sin necesidad de especificar de quien hablaba -Es decir, hable con Grimmjow, y me prometió cuidarla, y al parecer también ya ha hecho una buena amistad con la hermana menor, Starrk le tiene buena estima y la servidumbre la respeta bastante

-Es una Caelestis, es claro que todos la tienen en buena estima- Responde Saya, confiada en que las cosas cambiarían en el reino, también seguía sintiendo ciertas inquietudes -Incluso el rey, te lo aseguro

Había seguido las indicaciones de Asami, acertando en que los mellizos estarían en los campos de entrenamiento. Se había situado en algún lugar de los jardines cercanos, pudo escuchar su charla gracias a las corrientes de viento, y aunque sintió alegría de escuchar aquellas palabras por parte de la mujer, sabía que debía arreglar las cosas con ellos.

Así que, sin pensarlo más, creo un pequeño remolino con su dedo y envío su mensaje, el cual, al llegar a donde los mellizos, escucharon claramente la voz del albino.

"Tengo que hablar con ustedes, no me ignoren por favor "

Ambos se miraron como si buscaran en el otro la confirmación de lo que habían escuchado en aquel remolino, y por las miradas de ambos, confirmaron que efectivamente era Toshiro, pero ¿Había sido el quien enviara aquel mensaje? Se suponía que solo los Caelestis y los dragones de viento, poseían la habilidad de enviar mensajes en pequeñas ráfagas.

Lo vieron entonces a lo lejos de ellos, comenzando a acercárseles, haciendo que Saya mirara a su hermano, a sabiendas de que ella también había tenido un gran desacuerdo con el albino en su primera visita a Glacies, sin embargo, había sido Sato el que casi lo golpeara, por lo que no deseaba que una riña se generara en el reino.

Escuchar a Sato suspirar tranquilamente y ponerse de pie, la incitaron a ella a imitarle, dando ambos su consentimiento en un sepulcral silencio que le otorgaba el habla con ambos.

Tōshirō se acercó a ellos, manteniendo una distancia prudente, con las manos en los bolsillos del pantalón, mirando a los mellizos.

-Gracias por escucharme- Dijo el, mirando a ambos, notando en ellos algunas facciones de su esposa, y de la reina -Se que iniciamos con el pie izquierdo, pero ahora quiero que eso cambie entre nosotros, por Asami

-Precisamente por Asami no quisimos ser descorteces contigo en nuestro propio reino- Responde Sato cruzado de brazos y hablando algo brusco, aunque intentando controlarlo, por lo que Saya le diera un fuerte codazo en las costillas, mirándolo con reproche mientras él se sobaba.

-Prometimos a Asami no causarle más problemas contigo – Continuo Saya, mirando al albino -Por eso nos limitamos a encontrarnos contigo, y espero que entiendas nuestra posición con Asami, ya que ella ha sido la más consentida, es nuestra pequeña y, verla ser tan miserable en un reino que ahora debería ser su hogar, no nos gustó para nada

-Estoy seguro de eso, y ahora lo entiendo mejor, verla convivir con sus hermanos y verla feliz aquí, me hizo ver mis errores- Respondió, ignorando el tono brusco del moreno -Tal vez no puedo cambiar el pasado, pero cambiare su presente y su futuro, y entiendo si no quieren perdonarme, pero quiero que sepan que ella quiere ir a Glacies, y que siempre serán bienvenidos

Estaba resignado a que los mellizos no lo perdonarían, probablemente nadie de la familia de Caelestis lo haría, pero iba a esforzarse por hacer mejor su papel como esposo.

Sin duda había un cambio en la actitud altiva del rey, realmente parecía que quería hacer mejor las cosas. Sato recordó la charla que tuvo con Grimmjow, en la que le dijo que Asami realmente había despertado el interés de Toushiro, que había llamado su atención.

-Supongo que también actuamos de manera precipitada- Hablo esta vez Sato, ya con un poco más de calma -Especialmente yo

-Tiene un grave problema de hermano sobreprotector- Señala Saya a su hermano, echándoselo en cara, por lo que Sato solo hace un puchero y volteo el rostro a otro lado.

-Y no te culpo, actúe de la peor manera ante ella, no voy a negar que la amenace y humille- Dijo al momento de cerrar los ojos, recordando su culpa, sabiendo que viviría con eso toda su vida -Estoy arrepentido, y quiero enmendar mi error

De verdad parecía sincero en sus palabras, y se notaba claramente arrepentido. Los mellizos se miraron de reojo y con una mirada y una pequeña sonrisa se dijeron sin palabras que podían confiar en Toushiro.

-El efecto Caelestis- Se galardona Sato, presumiendo aquello mientras se peinaba el cabello hacia atrás -Nadie escapa de ello

-Debí haber apostado- Habla Saya, confundiendo más al albino, quien alzara una ceja, confundido, viendo a la morena cruzarse de brazos, notándose orgullosa -En mi visita a Asami te dije que cambiarias de opinión

Un bufido divertido se escapó de sus labios, sonrió, Asami le había advertido sobre las palabras de sus hermanos.

-Hubiera aceptado la apuesta- Afirma el albino, mirando a ambos -Como dije, no importa si no me perdonan, pero deseo llevar esto en paz por Asami

Sato se acerca al rey con paso firme y mirándolo con detenimiento, Saya se quedó mirando la escena, como si ocurriera en cámara lenta, temiendo, en parte, que su hermano fuese a terminar lo que no pudo hacer es su visita a Glacies.

-Supongo que el tiempo lo dirá- Dice él, extendiendo su mano hacia Toshiro, mostrando una sonrisa, ni cómplice ni amistosa, más bien, apacible -Por ahora, te confió a mi hermana

No pudo sentir en el moreno instintos hostiles, por lo que se quedó quieto, observando como extendía su mano hacia él. Así que sonrió, estrechando su mano con la de su cuñado.

-Las cosas van a cambiar, te lo puedo asegurar- Afirmó, volteando a ver a Saya -Se de buena fe que ustedes se encargan de inspeccionar los reinos, debemos hablarlo, así que espero puedan ir pronto a Glacies para acordar una expedición, Grimmjow estará gustoso de trabajar con ustedes

-Estaba a punto de pedirte eso- Añade Saya, igual acercándose a ambos hombres -Glacies es un reino completamente desconocido para nosotros, así que estamos ansiosos de conocerlo a profundidad

-Es un reino interesante- Secunda Sato -Habrá varias cosas que podremos sacarle provecho, tanto para Caelestis como para otros reinos

-Tendrán el permiso, hablare con Sir Starrk para que empiece el papeleo, espero puedan encontrar algo que nos ayude con el resto de los reinos- Y luego sonrió, suspirando -Asami ha estado investigando las plantas que puedan ayudarnos, espero pronto podamos realizar intercambios con el resto de los reinos

-Tendremos que realizar los intercambios con cuidado, el asunto de los atracos aún no ha sido resuelto y, el bestial que capturamos no ha querido decirnos nada al respecto- Comentó Saya, mostrándose un tanto inquieta por el asunto.

-Pero espera nuestra constante visita, tanto para inspeccionar el reino, como asegurarnos de que cumples tu palabra- Agregó Sato, no queriendo restarle importancia a la inquietud de su hermana, si lo hacía para insistir con aquella pequeña amenaza implícita hacia el albino, tanto en él, como en su hermana.

-Estaremos conscientes de ello, lo importante en estos momentos es aumentar la calidad de vida del pueblo- Explicó, notando lo inquieta de su cuñada -Cumpliré mi palabra, de momento, voy a cuidarla para que se recupere por completo, esta herida por mi culpa, así que tengo que enmendar ese error primero

-Por cierto, una disculpa por nuestra… insistente curiosidad, pero… - Agregó Saya, llamando la atención del albino - ¿Fuiste tu quien enviara el mensaje de viento?

-Cierto, que sepamos, solo los dragones de viento y los Caelestis pueden hacerlo- Sato miró con curiosidad a su cuñado, cruzando los brazos de manera infantil.

-Venimos del viento y el agua, en conjunto creamos el hielo, pero podemos usarlos por separado, en menor cantidad que el hielo, pero podemos- Contestó el albino, creando un pequeño remolino con sus dedos, seguido de uno de agua que hizo una hebra de hielo -Es cuestión de práctica

Los mellizos se mostraron sorprendidos, lo que provoco algo de gracia en el albino, esto debido a la inminente curiosidad de aquel par. Y esta reciente tregua, solo hizo crecer en ellos su interés por Glacies y sus características que, hasta la fecha, eran completamente desconocidas.

Asami partiría nuevamente a Glacies, había mejorado bastante desde que el rey llegara, tal vez eran imaginaciones propias, pero su hermana estaba feliz, lucia feliz, quería pensar que seguiría así; ahora debía levantar el castigo a sus hermanos.

Sato y Saya entraban a su oficina, su madre estaba con él, así que la curiosidad era notoria en el rostro de sus hermanos.

-Voy a ir directo al grano- Dijo Takeshi sin darles oportunidad de decir algo -Ahora que Asami regresará a Glacies, necesito que ambos controlen sus impulsos, deberán ir de visita nuevamente, así que les pido de favor, no armen un escándalo

-Por una vez que armamos escándalo y ya nos condenan- Reprocha Saya aparentando indignación.

-Su majestad no aguanta una pequeña riña entre cuñados- Dice Sato a manera de burla.

Una vena saltó en la frente de Takeshi, quien se adelantó a jalar la oreja de cada uno de sus hermanos.

-Ustedes son el motivo de mis noches de desvelo ¡Así que contrólense! - Dijo el mayor, sacudiendo a sus hermanos y soltándolos para volver a su lugar -Ahora, no quiero tener que volver a castigarlos, necesito que Asami esté bien cuidada, y los necesito a ambos

-Tranquilo hermano- Habló Sato, sobándose la oreja -Tōshirō ya hablo con nosotros, y ya arreglamos el pequeño malentendido- Takeshi lo mira con los ojos entre cerrados al escuchar con minimiza el "pequeño mal entendido" que, el especialmente, tuvo con el rey de Glacies.

-Nos ha prometido que tratara mejor a Asami- Informa Saya, sobándose la oreja de igual forma que su hermano -Parecía sincero, incluso ya nos dio su permiso para inspeccionar Glacies, así que estaremos seguido por allá

Yuriko colocó una mano sobre el hombro de su hijo, este iba a repelar, pero ella intervino.

-Me alegra saber que ustedes mismos han solucionado ese problema, lo que menos queremos es mantener rencillas peligrosas con una potente alianza como lo es Glacies

Takeshi suspiró, pues su madre le robó los pensamientos.

-Venir a Glacies le ayudó a componerse, así que esperemos el cambio en él sea más notorio, aunque…- Hizo una mueca, pensando sus palabras -Mantendré mis dudas respecto al asunto hasta que no vea resultados, necesitamos la coronación

-Me quedo conforme en que no haga la estadía de Asami un martirio- Expresó Sato, cruzándose de brazos -Estaremos al pendiente de como marchan las cosas entre ellos

-Pero de momento, podemos confiar en que Asami está haciendo un excelente trabajo en encontrar en que puede colaborar Glacies para otros reinos- Secunda Saya, sonriendo -Está muy al pendiente del reino

-No dudo de las capacidades de mi hermana como regente, por algo era la siguiente en el trono, claro, luego de la desaparición de nuestros hermanos- Takeshi pudo ver la confirmación de sus palabras en el leve asentimiento de sus hermanos -Así que espero pronto firmar acuerdos entre Glacies y el resto de nuestras alianzas

Suspiró, apoyándose en el respaldo de su silla. Miró a los mellizos, con intriga.

-Enviaré un documento a Glacies para que estén ahí unos días inspeccionando el reino, ya saben lo que hace falta de ese lugar- Afirmó, estaba actuando como rey, pensando, analizando -Investiguen qué tipo de flora y fauna poseen, necesitamos delimitar los rededores, cuevas, caminos, pasajes, todo

-No creo que podamos quedarnos los dos por varios días- Comenta Sato, Mirando a su melliza.

-No podemos descuidar los entrenamientos de los soldados- Agrega ella, quedándose unos momentos analizando sus pensamientos; pero Yuriko y Takeshi no dijeron nada más, porque, conociendo a ese par, sabían que ya estaban solucionando el problema -Podríamos hacer relevo

-Mientras uno se encarga de los entrenamientos por un día en la mañana, otro se va a Glacies por el resto del día- Complementa su mellizo, pese a conocer la extraña telepatía que compartían, era curioso, aun así, ver la manera en que se entendían.

-Luego nos alcanzamos para investigar juntos y complementar la información recabada, y el que se quedó en Glacies se regresa a Caelestis para encargarse del entrenamiento al día siguiente- Concluye Saya, chocando palmas con su hermano para cerrar aquel trato.

Tanto Yuriko como Takeshi suspiraron, eso era algo que solo ellos entendían, algo que habían desarrollado y que ni siquiera el mismo Jugram entendía, no parecía ser algo mágico, así que dejaron de investigarlo con el paso de los años.

-Si ambos están de acuerdo en seguir ese método y que Glacies estará abarcado en su totalidad, pueden hacerlo- Afirmó Takeshi, reposando sus codos sobre el escritorio y apoyándose en sus manos para mirar a sus hermanos -Pero en mi humilde opinión, sería mejor perder uno o dos días de entrenamientos, terminar Glacies y volver a recuperar los entrenamientos, pero ¿Quién soy yo para aconsejar a mis generales?

-Créeme, retrasarse o pausar los entrenamientos de esos soldados, solo provocaría que se oxiden en un santiamén- Afirmó Saya con una mano en la cadera, mirando luego a su mellizo -Quizá podemos quedarnos los dos un día entero, perder un día de entrenamiento tampoco va a matarlos

-Puede ser, podemos dejar a cargo a Shūhei, solo en dado caso que no podamos volver- Propone Sato, buscando la afirmación de su hermana, después de todo, el aludido era uno de sus hombres más confiables y capacitados en cuanto al manejo de armas y uso de la magia en su elemento; habían trabajado juntos en las misiones, al menos, desde que ellos iniciaran su labor como generales, por lo que conocía, sin duda, el método de sus entrenamientos.

El mensaje había sido recibido, Asami se dirigía a la oficina de su hermano, de la manera menos esperada del universo; iba en los brazos de Tōshirō, mientras sostenía entre los propios, un libro. Habían pasado a la biblioteca, había dejado el libro de la historia de Caelestis y tomado otro, por lo que, al llegar, suspiró.

Llamo a la puerta, no tardando en escucharse la voz de su hermano en darle el pase.

-Bienvenidos- Expresó Takeshi al ver a Tōshirō ahí también, mostrando sorpresa al ver que su hermana iba en brazos de este -Si no te molesta, podrías dejar a Asami en la silla ¿por favor?

Tōshirō asintió, moviéndose en silencio entre los mellizos, dejando a su esposa cuidadosamente en la silla.

Esta acción no pasó desapercibida para nadie, pero el carraspear del rey los trajo de vuelta a la realidad.

-Tengo entendido que Saya hizo un descubrimiento con las runas de la noche del atraco- Luego volteo a ver a su cuñado, quien arqueara una ceja -Creo que esto puede interesarte, ahora que eres parte de la alianza, y esposo de mi hermana

Un intercambio de miradas, una sonrisa ladeada y solo se ladeó un poco para poder quedar de frente al rey.

-Bien, entonces ¿qué es lo que tienes para nosotros Saya? - Takeshi miró a su hermana, esperando por su descubrimiento.

-Descifrarlo fue muy difícil, pase varios días en la biblioteca tan solo llegando a lo básico- Comienza la princesa, dejando ver en varios de los presentes, rostros extrañados, ya que ella era bastante sagaz en la decodificación de runas -Historia de la magia pagana que se practicaba hace siglos, pero sabía que algo tan simple no estaría tallado en roca, usualmente, escribir runas en rocas significa que se busca activar magia

Sus palabras quedaron ahí, como si ella misma estuviera analizando de nuevo lo ya descubierto.

Takeshi se encorvó en su lugar, mirando a su hermana con curiosidad, esperando a que continuara.

-Los paganos fueron exiliados hace siglos de estas tierras- Expresó Asami, quien conocía perfectamente las guerras libradas - ¿Que hacían escritos paganos en ese lugar?

-Eso es precisamente lo que me llevo a investigar más aquellas runas, el cómo llegó esa pesada roca a ese lugar tan profundo, es un misterio, pero si lo vemos por el lado lógico, deducimos que simplemente quedo enterrada con el paso de los años debido a las construcciones de los reinos- Responde, mirando a su hermana, alzándose de hombros y restándole importancia a ello -Sin embargo, como dije, el que las runas estén escritas en una roca significa que aquello iba a ser activado, así que quise saber qué clase de magia era- Y guardó silencio, agregando misticismo, aunque aquello fue, más que nada, porque buscaba en su mente como decir lo siguiente sin que sonara tan abrupto, tan duro, pero, la verdad, es que no había manera de suavizarlo -Aquellas runas son instrucciones explícitas de cómo hacer nigromancia

La expresión en el rostro de los Yamamoto fue completamente de pasmo, Takeshi sabía lo que significaba la Nigromancia, Sato lo entendía completamente, Asami no lo había vivido como sus hermanos, pero lo leyó en los libros y lo escuchó de su padre, de sus historias de guerra (dulcificadas) ¡Qué manera de hacer dormir a una niña! Pero Yuriko sabía que aquello era posible, de una u otra manera.

-Necesitamos más información, Saya- Takeshi señalo a su hermana, no amenazante, pero si tomándola por sorpresa -Luego de la exploración de Glacies, necesitare que te centres en la investigación de runas, intenta averiguar de donde son o como llegaron ahí, podrían tener alguna ruta que no conocemos, si eso paso en un sector de túneles que no conocíamos, entonces podría haber más, solicitaremos la ayuda de Terra, el Rey Marie no podrá negarse, todos sabemos lo que la nigromancia y la magia oscura hicieron a este mundo

-Con mayor razón no podemos quedarnos ambos en Glacies- Habla Sato con firmeza, mirando a su melliza -Abarcaremos más terreno en Glacies si lo hacemos ambos, pero también tenemos que volver a explorar esos túneles, si me muestras donde encontraste esa roca, puedo ir con Ikkaku en busca de mas

-Tenemos demasiado trabajo- Afirma Saya, aunque no de mala gana, parecía estar haciéndose a la idea -Pero podremos abarcar varias cosas si nos coordinamos y pedimos ayuda a los demás generales

-Es demasiado trabajo- Aseveró Asami, mirando con una chispa de lucidez a su hermano mayor -Sir Starrk y yo podemos ayudarles, he estado investigando y analizando los mapas de Glacies, estoy trabajando con la flora y fauna del reino, ellos podrían concentrarse en la geografía inicial

Yuriko le sonrió a su hija, sabía que había estado trabajando, aquello sería más rápido con la ayuda de la menor.

-Le diré a Riruka que los apoye, ella también conoce algunos aspectos del reino- Agrego el rey de Glacies, haciendo que todos voltearan a verlo -Grimmjow será su guía, él responderá sus dudas sin problemas +

-Entonces de lo primero que nos encargaremos es explorar la geografía de Glacies- Exclama Saya emocionada, mirando a su hermana con orgullo, un gesto que la menor devuelve -Con las investigaciones de Asami ya tenemos cubierta la flora y fauna

-Me encargare de hacer un mapa detallado- Anuncia Sato, irguiéndose y sacando el pecho con orgullo, porque si en algo se había hecho experto a lo largo de los años, era en ,a topografía y las estrategias militares, cualidades que tomo de Haruki -Creo que también es prudente estar manteniéndote actualizado de todo- Dijo esto, dirigiéndose a su hermano y rey -Así que estaremos regresando constantemente

-Supongo que está todo hablado, de todas maneras, Glacies y Caelestis ahora mantienen una relación más estrecha- Takeshi se dejó caer sobre el respaldo de su silla, mirando al albino, quien, cruzado de brazos, miraba al peli negro -Aun tengo mis dudas respecto a tu cambio tan repentino

-Fue, simplemente algo que nunca debió pasar- Respondió el, con algo de molestia impregnada en su voz -Ya me he disculpado con ella

-Ya hemos hablado al respecto, pondremos de nuestra parte para que esto funcione- Asami sonrió, aunque Yuriko pudo entender que hubo algo más que su hija, de momento, no quería que saliera a la luz -Lo importante ahora, es adentrar al resto de reinos al mundo de Glacies, así que pronto tendrás noticias sobre nuevas alianzas

Takeshi sabía que, una vez su hermana comenzará a tomar el control en su reino, las cosas se moverían con avidez. Sato y Saya también asintieron, y luego, todo mundo pareció relajarse.

-Tenemos mucho trabajo, así que, a movernos- Finalizo Takeshi, golpeando suavemente su escritorio con las manos y poniéndose de pie -Ustedes están por irse, supongo, mandaré alistar el carruaje para que los lleve a Glacies, Sasakibe estará terminando el documento para la exploración de Glacies, haremos todo conforme a las reglas, así que ustedes deciden la hora de su partida

-Gracias, majestad

Asami había hecho una reverencia ante su hermano, era más bien una costumbre entre ellos, desde más pequeña, gustaba llamar a su hermano de aquella manera, simplemente para molestarlo.

Tenían bastante trabajo, así que no perderían el tiempo; no solo por la exploración de Glacies, ahora también debían investigar bajo tierra, a los al rededores donde Saya y Renji habían encontrado la roca con runas.

Asegurándose de que todo se mantendría en orden en su ausencia, sobre todo, con los entrenamientos de los soldados, y el hecho de que no podrían estar completamente al pendiente de ellos. Así que antes de irse con Asami, debían hablar con Shūhei, aquel dragón en quien depositaban su confianza, algo que incluso Takeshi hacía.

Lo encontraron en los campos, entrenando con disciplina junto al resto de los soldados, dando instrucciones de ejercicios que sabía, eran métodos de entrenamiento de sus generales; eso les hizo darse cuenta de los asertivos que fueron al elegirlo, sabiendo que podían irse e investigar con total libertad, sin preocuparse, sabiendo que él se quedaría a cargo.

-Atención- Dice Saya de manera firme, pero sin elevar la voz, por lo que todos dejan su entrenamiento y se colocan en fila ante los generales -Satoshi y yo estaremos ausentes en ocasiones de manera esporádica, tenemos algo de trabajo que tiene que ver con los reinos, sin embargo, ustedes como soldados de Caelestis deben seguir con sus actividades habituales, atentos a cualquier movimiento extraño a los alrededores de Caelestis. Como saben, recientemente ha habido atracos contra las carretas comerciales, así que deben seguir haciendo guardias y proteger, sobre todo, al palacio ya a su rey

Ante lo dicho por la general, todos responde al unísono de manera afirmativa, demostrando la disciplina inculcada por sus generales, y como soldados, reafirmando su lealtad al reino.

-Por esta razón, hemos decidido dejar a cargo a Shūhei- Complementa Sato, mirando al aludido con una sonrisa confianzuda, en especial, porque dicho soldado mantuvo su firme postura -El dará seguimiento a los entrenamiento, y será quien se dirija a su majestad en caso de ser necesitar algo, así como estar a cargo de la supervisión de los trabajos que ya todos tienen asignados

-Cumpliré con honor la encomienda que se ha puesto sobre mis manos- Dice esto, al colocar una mano sobre su pecho, haciendo una reverencia para sus generales.

-Y sabemos que así será- Afirmó Saya. Si, definitivamente, dejarlo a él era la mejor opción -Partiremos hoy mismo, pero estaremos viniendo a pasar informes a su majestad

-Dicho esto, pueden continuar con su entrenamiento- Bastó escuchar estar palabras, para que todos volvieran a sus deberes, los soldados eran responsables, ordenados, dejar a alguien a cargo, era únicamente para no generar caos sobre las jerarquías al no estar ellos -Shūhei- Lo llama Sato una vez que todos están dispersos en lo suyo, por lo que el aludido vuelve a tomar una posición de firmes -Tranquilo, ya puedes descansar, ya paso el llamado oficial

Sato dice aquello con un tono menos autoritario, palmeando el hombro del soldado; trataban de llevar una relación amena con sus soldados, claro, fuera de las ocasiones en que estaban de misión, supervisando o en alguna junta oficial, en que todos debían ser disciplinados y tratarse de acuerdo con su jerarquía.

Y el dragón de viento lo sabía, pero le costaba un poco dejar las formalidades con los generales, esto lo arrastraba desde el antiguo rey, Kai, quien le diera la oportunidad a él y a Kazeshini de redimir sus vidas de ladrones, sirviendo en el ejercito de Caelestis. Aquello les permitió tener una vida con honor, algo con lo que siempre estarían agradecidos, razón por la que les servían con lealtad y respeto.

Bueno, tal vez Shūhei, porque Kazeshini era un completo desvergonzado que no tardo en tomarse con deliberada libertad, el tratar de manera informal a sus superiores, que en varias ocasiones tenia que recordarle a este, que no solo eran los generales de Caelestis, si no, también los príncipes de aquel reino.

-Así que, exploraran los reinos- Dice Shūhei un tanto mas relajado ante los mellizos.

Era sabido por todos, que los príncipes y generales de Caelestis, llevaban un registro de las actividades principales de todos los reinos, así como, también los encargados de ver cualquier cambio que se suscitara, tanto en sus actividades comerciales, como en flora y fauna.

-Más específicamente en Glacies- Comenta Saya -Conseguimos finalmente el permiso para explorar al Reino de Hielo, ya va siendo hora de que se una a la contribución mercantil a los demás reinos, pero, primero tenemos que ver que elementos puede ofrecer

-Estaremos bastante ocupados, queremos terminar lo más pronto posible con esa encomienda- Secunda Sato -Por eso te dejamos a cargo mientras no estamos

-Agradezco su confianza- Volvió a mostrar su agradecimiento, haciendo una reverencia, manteniendo su respeto y formalidad, haciendo a los mellizos suspirar con resignación.

-Solo ve que cumplan con sus asignaciones- Le dice Sato, dándole una palmada en la espalda para que se reincorporara -Sabemos que nuestros hombres cumplirán con todo, pero necesitamos a alguien con quien el rey pueda tener contacto directo en caso de necesitar algo

-Estaré atento a los deseos del rey- Pone una mano en su pecho, haciendo a los hermanos sonreír con orgullo.

-Creo que del único que debes estar más al pendiente es de…

- ¡Buen día jefes! – Saludo un efusivo hombre, al tiempo que se acercaba a ellos, luego de interrumpir a Saya con su alboroto -No los hemos visto casi en los campos de entrenamientos

Y dicho aquello, se recargó en el hombro de Shūhei, ignorando la vena palpitante que se miraba en la frente del moreno.

Kazeshini, un soldado de tez morena, de casi la altura de Shūhei, cabello largo en tonos rojizos que llegaban casi a media espalda, ojos color miel y dientes afilados que le daban un aspecto algo, atemorizante; sin embargo, solo era algo problemático en cuestión de disciplina, compensándolo en batalla al momento de pelear.

-Ya te he dicho que te dirijas a ellos como generales o majestades- Le dice Shūhei, al momento de propinarle un fuerte golpe con el codo en las costillas, haciendo a su compañero, encogerse de dolor.

Los mellizos solo dejan escapar una risa cantarina ante la casual discusión de aquel par, siendo aquello, algo usual desde que se unieran a las filas del ejército; curioso, que, pese a discutir tanto, ambos siguieran siendo tan unidos.

-A todo esto ¿Dónde estabas? – Le reclama Shūhei -Los generales estaban dando un anuncio importante

-Tomando un descanso- Responde, cruzando los brazos por detrás de la nuca, mirando hacia otro lado, no tomándole importancia al hecho de que su amigo quisiera estrangularlo en ese momento.

-Bueno, bueno- Sato intenta llamar a la calma -Nosotros tenemos que irnos ya, Shūhei, cualquier cosa, puedes enviarnos un mensaje de viento, estaremos al pendiente

-Claro, mis generales- Nuevamente hace una reverencia, ignorando el hecho de que Kazeshini tenía una enorme interrogante en su rostros -Que tengan buen viaje

Ambos chicos se dan la media vuelta, regresando al palacio para irse junto con Asami y Tōshirō a Glacies para comenzar la exploración.

- ¿Se van los jefes? – Pregunta Kazeshini a su amigo.

-Estarán ausentes, tienen trabajo de exploración por los reinos- Responde, mirando con una mezcla de firmeza y respeto en la dirección en que se habían ido los generales.

-Genial, serán días relajados entonces- Dice de manera despreocupada.

-No te hagas muchas ilusiones, yo me encargare de que no estes de holgazán en su ausencia- Se lo lleva de vuelta a los entrenamientos, jalándolo de la oreja, haciendo caso omiso de sus quejas y reclamos.

Ambos habían tenido una infancia difícil al queda huérfanos tras la guerra contra los paganos, dejando pueblos destrozados, morales dañadas, economías en declive y familias separadas; siendo amigos de la infancia, ambos se vieron rodeados de la pena de haber perdido a sus padres, lo que los obligo a vagar por las calles en busca de comida, obligados a robar para poder sobrevivir.

Con el paso del tiempo, ambos se habían vuelto expertos ladrones, hábiles en escapar de los guardias reales, los mejores en infiltrarse en casa, abrir bóvedas y atracar de manera sigilosa las carrozas, de tal manera, que eran imperceptibles, y claro, hasta que el propio rey, Kai, se hiciera cargo de ellos, atrapándolos en una astuta trampa, disfrazándose el mismo de comerciante, llevándolos finalmente a los calabozos de Caelestis.

El rey sabía que la guerra contra los paganos había dejado estragos que no serían fáciles de arreglar, salir de entre las cenizas y volver a reconstruir, le llevo días de arduo trabajo con sus hombres, por ello, al conocer la historia de aquellos jóvenes, no pudo evitar proponerles el unirse a las filas del ejército, prometiéndoles una vida más digna y un trabajo honrado, además, sus habilidades para infiltrarse eran de envidiar, luego de muchos años de no lograra atraparlos, pro lo que podrían ser de provecho si se les disciplinaba.

Shuuhei había aceptado inmediatamente, jurando lealtad y respeto; por otro lado, Kazeshini se mantuvo un poco receloso, después de todo, de niños no habían tenido a nadie que los acogiera de buena manera, por lo que le costaba confiar en la gente. Sin embargo, al ver que su amigo se esforzaba para ser un hombre honorable, sumando el ambiente amistoso que había en las filas de Caelestis, más el trato que los generales tenían con ellos, siguió el camino de su amigo, aunque las malas costumbres prevalecieron en él, no pudiendo desprenderse de todo su pasado, tratando a los generales de "Jefes".

Aquel soldado era impetuoso, en ocasiones holgazán, pero con un espíritu aguerrido en el que podías confiar, así como en su agilidad para usar su magia de viento en tierra para ser más veloz; por su parte, Shūhei era bastante serio con su labor, leal, lo que lo volvió sumamente disciplinado, demostrando su agradecimiento de esa manera por aquella segunda oportunidad.

Había estado revisando su habitación, no podía llevarse ropa, no le serviría, no en ese lugar, no mientras su cuerpo no tuviera la resistencia necesaria para las bajas temperaturas. Tomo algunos libros que eran de su propiedad, libros que su padre le había ayudado de redactar, libros de herbolaría que ella misma había escrito, y que retomaría gracias a la flora de Glacies.

Estaba dejando los libros sobre la cómoda, justo cuando Tōshirō entró, acercándose a ella.

-Aún debes descansar- Le dijo él, tomando sus manos -Jugram lo dijo claramente, no puedes sobre esforzarte, la herida parece haber cerrado en el exterior, pero no sabemos cómo este tu cuerpo en el interior

Asami le miró, extrañada por su comportamiento, entonces se preguntó interiormente, si este era el verdadero ser del hombre, lejos del hechizo y de cualquier magia que pudiera hacerle daño a ella.

-Sigue siendo extraño, que luego de tanto tiempo, de ser tan frío y distante, te comportes así- Asami sabía que aquello sucedió a espaldas de él, que no había sido consciente de sus acciones hasta hace poco, y que, a pesar de todo, tenía vagos recuerdos de sus acciones -Esa hechicera…

-Yo me ocupare de Candice una vez volvamos a Glacies, y te prometo, que no permitiré que te haga daño- Había acomodado un mechón de cabello detrás de su oreja, sonriente, y es que, a pesar de haber salido del hechizo de la peli verde, seguía preocupado de lo que pudiera pasar a continuación - ¿Estas lista para volver a casa?

Asintió, Haineko apareció para llevar los libros hasta el carruaje, los mellizos estaban ya ahí, esperando por ellos, sin embargo, volvió a sorprenderlos el hecho, de que el albino llevara a la chica en sus brazos. Esto no menguó el efusivo abrazo que Takeshi le proporciono a su hermana, dejando en esa muestra de afecto, el deseo implícito de que se quedara nuevamente en su hogar, en sus orígenes.

-Cualquier cosa, no importa lo más mínimo e insignificante que sea, yo iré por ti ¿de acuerdo? – No pudo evitar que su voz se quebrara, el nudo que sintió en su garganta le impidió seguir hablando.

-Si, te lo prometo- Asami volvió a abrazarle, besando su mejilla al momento de separarse de él y dirigiéndose a su madre -Hare que te sientas orgullosa

Y ambas se fundieron en un abrazo, con las lágrimas de Yuriko mojando su cabello.

-Siempre he estado orgullosa de ti

Los mellizos observaron a su hermana despedirse, habían decidido viajar en carruaje, más que nada, para "vigilar" a su cuñado y su manera tan, extraña, de tratar a su hermana.

- ¿Crees que sea prudente preguntarle? – Cuestiono Saya a su hermano, viendo como Tōshirō le ofrecía su brazo para que se apoyara en él -Es que, es demasiado…

-Sigamos vigilándolo, pero creo que todo es genuino y…- Sato cortó su palabrería al ver a Yuriko mirarlos fijamente, una advertencia silente de que se comportaran -Luego hablamos…

Asami y Tōshirō habían llegado hasta donde ellos, permitiéndoles entrar a ambos, subiendo luego de ellos, sin despedirse de su madre y su hermano.

-Satoshi- Llamó Yuriko de manera recriminatoria, el aludido sabía lo que significaba aquella llamada de atención, una advertencia que conocía de toda su vida.

El carruaje comenzó la marcha, Asami se despedía desde la ventana de su familia, viendo como Yuriko le enviaba un beso, y la cortina se cerrará luego de unos segundos.

El camino fue ameno, sumamente tranquilo y en silencio, algo raro entre los mellizos, que parecieron quedarse dormidos al terminar de atravesar el área de las hadas que se encontraba por ese camino. Estos seres se localizaban principalmente en el área que le correspondía a Silva, sin embargo, tenían pequeños asentamientos en diferentes partes del reino que eran controlados por la misma reina sin problema alguno.

El frío comenzó a sentirse, momento para el cual, los mellizos se despertaron, activando sus poderes de fuego, haciendo que sus mechones cambiaran de color a rojo. Por otro lado, y aunque los ojos de Asami se tornaran de un color rojo aperlado, la menor seguía sintiendo frío, sobre todo, cuando se acercaron mucho más a los linderos de Glacies.

Pero vaya sorpresa, cuando Tōshirō extrajera de un compartimiento, una manta de lana de oveja, la misma que Yuriko usaba para… esperen, ¡Era la manta de mamá!

-Esto es…

-La reina me dijo que la había puesto en el carruaje por si la necesitabas, aun si te prestara mi chaqueta, no sería suficiente- Le dijo el albino al momento de colocársela sobre los hombros, los mellizos observaron cada acción con sorpresa, mirándose entre sí, y terminaron por abrir aún más los ojos, cuando Asami terminara durmiéndose en brazos del rey de Glacies.

Cuando arribaran al castillo, Asami aún dormía, por lo que, sin pensarlo y sin que nadie le discutiera, Tōshirō se encargó de llevar a la chica hasta la habitación que compartían, sorprendiendo a todos y cada uno de sus sirvientes.

-Creo que aún tienen bastantes cosas que explicarme- Comentó el mano derecha del rey, girándose a ver a los mellizos -Tengo entendido que ustedes vienen a la exploración, vengan conmigo, al menos en lo que su majestad se desocupa

Ambos hermanos se miraron, seguramente pensando en si debían quitarle la vista de encima a Tōshirō, especialmente ante su extraño cambio de comportamiento con Asami. Sin embargo, su hermana parecía tranquila y confiaban en ella, así que siguieron al señor Starrk a su oficina, en donde ya se encontraban Grimmjow y otra chica pelirroja a lado suyo.

-Al fin llegaron, hay mucho trabajo que hacer- Soltó la pelirroja, cruzando la pierna y mirando a ambos Caelestis -Mi nombre es Riruka, soy la hermana menor de este par de brutos

-Tsch, no te emociones tanto Rika- Masculló Grimm, llamando a su hermana por el apodo que le había puesto desde hacía años -El hecho de conocer algunos linderos del reino no te hace la mejor

Aquella escena se le hizo bastante familiar a los mellizos, ya que, a pesar de pasar la mayor parte del tiempo juntos desde que nacieron, solían tener ese tipo de discusiones.

-Mi nombres es Saya, y él es Sato, generales y príncipes de Caelestis- Se presentó Saya, señalando luego a su hermano, sonaba orgullosa de decir eso, más no lo decía con altanería -Iniciaremos la exploración lo antes posible, si no le importa

Lo último fue dirigido a Sir Starrk, quien suspirara.

-El problema no es que inicien, la dificultad empieza con las tormentas, son impredecibles, y ciertamente, la resistencia al frío es fundamental- Habló el castaño al sentarse detrás del escritorio, por lo que Grimmjow reafirmó sus palabras -Por suerte, el elfo a cargo del reino les preparo unos amuletos, si bien parecen insignificantes, les ayudarán a soportar las bajas temperaturas

-El lado este está repleto de cuevas y túneles, la verdad, es que no sabemos a dónde llevan- Compartió Grimmjow, aunque, en sí, una afirmación por parte de Riruka lo tranquilizó -Riruka será su guía en las cuevas, podrá parecer delicada, pero es una dama muy bravía

-No lo dudo- Comenta Sato, levantando una ceja al mirar a la chica, quien, pese a ser pequeña, poseía el mismo espíritu fiero que su hermana Saya -Sin embargo, primero nos gustaría explorar por nuestros propios medios y hacernos una idea propia del reino, así compararíamos lo que descubrimos nosotros con lo que ustedes tienen ya registrado, así actualizaremos los mapas, así como la flora y la fauna

-La temporada de tormentas no les permitirá abarcar mucho, no sé si sea buena idea- Starrk miró por la ventana, donde podían verse algunas nubes amenazantes a la distancia -Grimmjow, ¿crees que puedas acompañarlos por hoy? Se que aún te recuperas, pero no quisiera que los príncipes se expusieran a una tormenta

-Puedo seguirles el paso- Afirmó el peli azul, poniéndose de pie -Pero vámonos ya, o la tormenta nos alcanzará

-De hecho, también tenemos que recabar información sobre el tipo de clima del reino- Anuncia Saya, con la emoción reflejada en su rostro y los ojos puestos sobre la tormenta que se avecinaba, misma, que su hermano reflejaba mientras seguían a Grimmjow.

-No si se son demasiado temerarios o muy tontos- Dijo Grimmjow con burla -Esto va a ser divertido

-Quizá un poco de ambos- Admite Sato divertido, llevándose las manos a la nuca al salir de la oficina de Starrk, dejando a este y a Riruka con la misma cuestión que Grimmjow.

-Las tormentas suelen azotar después de la puesta del sol, aunque no sea algo visible, podemos darnos cuenta por el astro solar que alcanza a divisarse entre las nubes- Advirtió él peli azul, guiando a ambos príncipes a iniciar la exploración.

(FUROR GALLICO - Canto d'Inverno (Official Video))

Gracias a los amuletos que el señor Starrk había mandado hacer para ellos, pudieron dejar de usar de forma constante su magia de fuego para centrarse aún mejor en aquella primera exploración de quien, hasta el momento, era un reino desconocido.

Sato y Grimmjow iban por tierra, mientras que el príncipe de Caelestis impresionaba al peli azul al estar haciendo un rápido boceto de un mapa en una pequeña libreta. Era burdo pero entendible, lo que era impresionante era la exactitud geográfica de las montañas, ríos, arboles, cuevas, etc., esto daba la impresión de que tenía un ojo tanto en tierra como en el cielo.

"Rio congelado más al sur, entre las montañas a los límites de Glacies"

Escucha la voz de Saya en un mensaje de viento, por lo que inmediatamente se pone a dibujar dicho rio entre las montañas que ya previamente había trazado. Grimmjow, al ver esto, no pudo evitar extrañarse. Aun no le había dicho nada de ese rio y estaban lejos de llegar a él.

- ¿Cómo sabes que hay un rio ahí? – Preguntó Grimmjow, mirando a su amigo bocetar.

-Saya me lo dijo en un mensaje de viento- Contesta, como si fuera algo obvio mientras terminaba de dibujar dicho rio.

-Ahora entiendo porque quiso ir por aire- Mira hacia arriba, tratando de divisar a la Caelestis.

-Es algo que siempre hacemos en las exploraciones de los reinos- Dijo al terminar de dibujar, prestando atención a su caminata guiada por Grimmjow, viendo constantemente a su alrededor- Ella explora por los aires, mientras yo lo hago por tierra y si hay algo nuevo o inusual puedo añadirlo en el mapa- Justo ahora, lo ve agregando algo más, suponiendo por la velocidad del viento y por donde se dirigía, era otra indicación de su hermana - ¿Qué tan cambiante es el clima aquí? - cuestiona al ver las nubes de tormenta acercándose rápidamente

Cuestiono al ver las nubes de tormenta acercarse, ya que, de un momento a otro, el cielo claro había cambiado a uno más turbio, un tanto gris, un tanto negro.

-El clima es bastante extremo, la gente puede tolerarlo, pero los animales y algunas plantas no, dependemos de las tierras del sur y de las aguas del subsuelo, tenemos muy pocos días de sol y el resto es nuboso con tormentas, pero, en esta temporada, las tormentas llegan por debajo de lo tolerable para las nulas cosechas, duraran así un par de meses- Un camino bifurcado, solamente señalado por unas maderas clavadas en un árbol haciendo la señalización debida -Se llega hacia los campos por el camino de la izquierda, curiosamente, desde que la princesa llegara, los campos han prevalecido, tenemos un poco más de alimento, más no el suficiente para todos los ciudadanos, su magia de fuego ha ayudado a los agricultores de ese lado a mantener vivos los huertos

-Entiendo- Dejo ver una sonrisa de orgullo y anotándolo en el mapa -Ignis podría ayudar en algo, hay rocas que constantemente están emitiendo calor, podrían ayudar para que las cosechas duren más, aun en estas temporadas- Siguieron caminando pese a que la tormenta estaba cerca. Era obvio que no abarcarían mucho en menos de un día, pero estaba teniendo un buen mapa para haber empezado -Asami nos dijo que hay flora con propiedades interesantes, aunque lo que nos interesa investigar son las cuevas, puede que allá algo que le pueda ser de utilidad a otros reinos y se pueda comenzar con los intercambios

-Las cuevas no han sido pensadas para excavaciones o minería, el pueblo les teme, así que nadie se ha atrevido a entrar a explorar como es debido, aunque, de que hay cosas valiosas, las hay, las pocas rocas que se encontraron hace siglos fueron extraídas de las cuevas del oeste, cerca de la cascada que colinda con la montaña de Ignis- Grimmjow señalo la montaña nevada que se ubicaba al oeste del reino, de donde salía una prominente cascada de varios metros de alto y, que tal como dijo el peli azul, estaba a un lado de la montaña que pertenecía a Ignis -Ese es límite de Ignis y Glacies, y de donde proviene la principal fuente de agua de Caelestis

Todo lo que le decía Grimmjow lo anotaba en el mapa y luego mandaba un mensaje a Saya, que seguía explorando por los cielos para que le diera una vista más paronímica.

Sato conocía los límites de Ignis, pero estaba alejada del reino ya que era la parte más "fría" y los dragones de fuego no soportaban mucho estar ahí, aunque era una de las principales extracciones de minería, habían encontrado peculiares diamantes que solo se daban en aquella cueva. Eso quería decir que las cuevas de Glacies podrían tener tesoros que otros sin duda estarían dispuestos a intercambiar por suministros que a Glacies le servirían para no solo sobrevivir, si no vivir plenamente.

"Sato, debes subir a la montaña del oeste, encontré algo interesante"

Recibe el mensaje de su hermana, quien se escuchaba genuinamente sorprendida.

-Saya encontró algo en una de las cuevas- Informó Sato, quien ya había desplegado sus alas - ¿Ya puedes volar?

-Por supuesto- Respondió a la pregunta de su amigo, sacando sus alas y elevándose junto con su colega -Desde que nuestro padre dejase el trono, las cuevas fueron abandonadas, nadie más volvió ahí, así que no sería raro que la gente curiosa fuera ver si encontraba algo de valor

-Pues veamos qué fue lo que encontró

Saya se encontraba casi en la cumbre de las montaña del oeste, donde el frio calaba un poco aun llevando los amuletos. El viento soplaba fuerte y la visibilidad era muy poca por la nieve, que parecía intensificarse a cada segundo, pero, a pesar de esto, Sato pudo encontrar a su hermana usando su magia de viento para desviar la intensa tormenta.

Saya estaba recargada en una roca, con signos de malestar al tener la mano sobre la frente, por lo que Sato se apresuró a llegar a ella.

-Saya ¿estas bien? – Pregunta, preocupado, ayudándola a reincorporarse.

-Sí, tranquilo, solo estoy un poco mareada- La chica parece recuperarse momentáneamente.

- ¿Qué paso? - Pregunta Grimmjow acercándose a los hermanos.

-En la cueva- Dice Saya, andando a pasos lentos hacia el lugar que señalaba -Hay unas flores que empezaron a liberar unas esporas cuando usé mi magia de fuego para iluminar, no empecé a percibirlas hasta que comencé a sentirme mareada

Se detuvieron a la entrada, donde pudieron divisar a dichas flores de un vivo rojo carmesí, brillaban en contraste con la blanca nieve, resaltando, como si tuvieran luz propia.

Grimmjow se acercó a las flores, había activado magia de hielo para evitar que salieran más esporas, por lo que pudo acercarse sin problemas, tomando una.

-No había visto nunca una de estas- Saco de su chaqueta un pañuelo y cubrió la flor -Se la llevaré a Asami, le advertiremos de una vez sobre las esporas y sus peligros, veamos si encuentra algo al respecto; por ahora, lo mejor es que volvamos, la tormenta está en su punto, si no volvemos, nos quedaremos atrapados en ella

- ¿Segura estas bien para volar? – Preguntó el chico a su hermana.

-No estuve expuesta tanto tiempo como para no poder volar- Con algo de indignación por la sobre preocupación de su hermano, extiende sus alas -De verdad Sato, solo… me maree un poco, pero no me siento mal

-De acuerdo- Extiende sus alas, aún pendiente de su hermana -De todos modos, ya no podemos seguir con la exploración, pero hicimos un descubrimiento interesante

- ¿Hicimos? - Cuestiona Saya, cruzándose de brazos un tanto molesta -Me suena a manada, hermano, soy yo la que se lleva la ventaja en esta primera exploración

Le reprocho Saya, señalándose con el pulgar con orgullo.

-Ufff, ya veo que de verdad estas bien- Dice Sato rodando los ojos por el usual espíritu competitivo de su hermana.

-Démonos prisa, es cuestión de minutos para que la tormenta nos alcance- Desplegó sus alas, saltando de la montaña, manteniendo vigilados a los mellizos, sobre todo, por la chica, a quien no veía completamente bien - ¿Seguros que están bien?

Grito a mitad del vuelo, mirando un poco hacia atrás para buscar a los mellizos, mientras la ventisca se intensificaba.

-Estoy bien- Contestó Saya, a sabiendas que aquella pregunta, era por ella -Algo mareada, estodo

Su vuelo era errático, se desviaba por momentos, aunque podría atribuírsele a la intensidad de la tormenta.

-Sé que eres resistente y terca como nadie- Sato alzó la voz, iba a lado de su hermana, pendiente de ella -Pero desconocemos el efecto de esas esporas, tenemos que llegar cuando antes y que te revisen

Continuaron volando, debían llegar a los linderos del castillo para poder descender y entrar a refugiarse, Grimmjow sabía lo peligroso que era aquello, por lo que, sin dudarlo, comenzó a desviar las ráfagas de viento del trío.

Estaba en su habitación, tenía poco de haber despertado, por lo que, sin pensarlo, le había preguntado a Lilinette por sus hermanos, y claro, ella le dijo que habían salido a explorar junto con el general de Glacies. Sabía que Grimmjow tampoco había salido bien librado de aquel enfrentamiento, y se preguntaba constantemente si estaría bien, las nubes amenazantes se acercaban, había dejado de ver la montaña del este, que era a donde apuntaba aquel acceso hacia el exterior.

-Deben venir en camino, si, ellos están bien- Y luego se golpeó la frente con la palma de la mano, estresándose más -Para que me miento a mí misma, son los mellizos, no tienen uso de razón, solo espero que lo escuchen, Grimmjow sabe tan bien como yo que las tormentas no son aptas para tomarse a la ligera

- ¿Hablando sola? - La voz del albino le provoco un respingo, alcanzando a colocar una mano sobre el pecho -Lo lamento, te asusté

-Es... bueno, estoy preocupada por los mellizos y Grimmjow- Respondió, mirando nuevamente hacia la ventana - ¿Sabes algo de ellos?

-Aún no, pero le diré a Lilinette que venga a avisarte en cuanto estén de vuelta- Asomó a la puerta, donde estaba la sirvienta, quien respingo al escuchar la voz de su rey tan cerca, por lo que solo se escuchó un efusivo "sí" a las afueras y sus pasos en eco por los pasillos - ¿Necesitas algo más?

-No, estoy bien, aunque quisiera trabajar un poco en los libros que traje- Esto yacían sobre una mesa en una esquina, Lilinette los había dejado ahí, a sabiendas de que la princesa dispondría de ellos en cuanto despertara -Aunque, me gusta más trabajar en la biblioteca o la oficina de Sir Starrk

Tōshirō sonrió, tomando los libros y acercándoselos a la chica, sentándose a la orilla de la cama y mirando su manera tan optimista de trabajar, y no por cualquier cosa, si no, por su reino.

Pudieron ganarle apenas a la tormenta, llegando a la entrada del palacio con una visibilidad casi nula y, en donde, a pesar de insistir que se encontraba bien, Saya termina desplomándose apenas tocar el suelo, por lo que Sato alcanzo a sostenerla, evitando que cayera, viendo su rostro, un claro malestar.

-De acuerdo, lo admito, no estoy tan bien- Dice Saya tratando de bromear -La cabeza me da vueltas

Se quejó finalmente, colocando su mano en la cabeza y aferrándose al cuello de su hermano con su otro brazo.

-Vaya que eres obstinada- Le reprende el chico, poniendo su mano sobre la frente de ésta, sintiendo el extra de temperatura en su cuerpo -Tienen que revisarla, esto no es a causa de estar expuestos en la tormenta, traemos los amuletos que nos dio el señor Starrk

-Su malestar no es por el frío, o tu estarías en las mismas condiciones, llevémosla a la torre de los elfos, el señor Okikiba podrá ayudarnos- Responde él peli azul, ayudando a su amigo a llevar a su hermana casi a rastras.

Lilinette había sido notificada por un soldado que se encontró de camino a la cocina, por lo que lanzo la charola y corrió hasta la habitación del Rey, ni siquiera había llamado a la puerta, y aun con la voz agitada, soltó el mensaje.

-Los príncipes de Caelestis han vuelto- Pudo notar en su Lady la felicidad, la paz y tranquilidad, pero aun temía soltar la mala noticia -Pero, la princesa Saya, fue llevada a la Torre de los Elfos, algo... le sucedió...

Una sensación extraña se instauró en su pecho, pero debía mantener la calma.

-Gracias Lilinette, diles a esos dos que vengan a verme cuando estén bien ¿sí?

-Si, mi Lady...

La peliverde cerró la puerta, dejando sola a la princesa, quien se dejará caer contra las almohadas al recibir aquella noticia, Tōshirō se había ido a trabajar, por lo que, de momento, estaba sola con sus pensamientos.

Los tres príncipes habían llegado a la torre de los elfos, Saya ardía en fiebre, aunque no deliraba, y eso ya era buena noticia. Okikiba los había recibido sin miramientos, sobre todo, porque solía llevarse bien con el mayor de los príncipes.

-Flos Caelum, hacia muchos siglos que no veía esta sintomatología- Comenta el hombre, utilizando su magia para controlar los espasmos en el cuerpo de la chica -Esta flor es muy curiosa, hermosa para los climas fríos, peligrosa con el calor. Su mecanismo de defensa son sus poderosas esporas tóxicas, sus semillas son endémicas de Glacies, pero pueden aparecer en otros lados, una flor no es tan peligrosa en un ambiente abierto, y morirá pronto, pero, varias de ellas en un ambiente extremadamente caliente, podrían acabar con una ciudad entera

-Saya dijo que tardó un poco en percibir las esporas- Explicó Sato, mirando a su hermana, un poco más tranquilo de ver que no estaba en peligro -Salió de la cueva hasta que comenzó a sentirse mareada

-Su olor no es desagradable- Habla Saya con voz algo débil, pero consciente -No es diferente a cualquier flor, por eso, pese a percibir un aroma, no salí

-Es común, es una flor altamente peligrosa, no suele darse de este lado del reino, pero sus esporas pueden sobrevivir a los vientos y ser llevadas a otros reinos- Afirmó el Elfo, y con su magia de viento, extrayendo una espora de entre las ropas de la chica -El problema son las esporas

-No sabía que teníamos algo tan peligroso aquí en Glacies- Murmuró el peli azul, mirando el pañuelo, ya que planeaba llevárselo a Asami, pero no podía, su habitación era más cálida, tal vez debería mostrársela en un área fría - ¿Algún libro habla de esto?

-Podría haber uno en la biblioteca, pero, tú abuelo destruyo mucha información sobre nuestra fauna- El elfo miró al dragón de hielo, confundido, aunque sabía que, en el tiempo que su abuelo vivió, los pocos libros que había en el reino sobre información habían sido destruidos en un arranque de ira al perder a su esposa -El dolor de perder a tu abuela lo consumió

-Supongo que tenía que ser objeto de pruebas- Saya se reincorpora con algo de dificultad, Sato la ayuda, sosteniéndola por la espalda -Estuve apenas unos momentos en la cueva, si esto me paso a mi, entonces quien se exponga a ellas por más tiempo puede ser mortal

-Afortunadamente tienen que estar expuestas a mucho calor para liberar esas esporas, y la ventaja, es que se encuentran en lo más alto de la montaña- Completo Sato, pensativo -Mientras no sean llevadas a los reinos más cálidos, no tiene por qué haber peligro

-No se han registrado problemas mayores, en general, no hemos tenido noticias de ellas en muchos siglos, puede que las tormentas de este año les hayan dado más fuerza a las semillas para florecer- Okikiba retiraba sus manos de la chica, por lo que miró a Grimmjow -De todas maneras, es mejor estar atentos a cualquier cosa, sobre todo, ahora que las alianzas están iniciando

-Informare lo antes posible al rey de Caelestis sobre esto- Dijo Sato, ayudando a su hermana ponerse de pie y, aunque parecía mejor, aún estaba algo mareada -En cuanto la tormenta aminore, regresare a Caelestis

-Sí, es mejor no dejar pasar mucho tiempo este descubrimiento- Concuerda Saya -También continuare la exploración cuando la tormenta pase, vere si no hay más de esas flores alrededor

Dicho eso, los tres príncipes se retiraron de la torre, las dudas habían invadido a Grimmjow, se suponía que tenía varios conocimientos sobre el reino, y ahora, enterarse de la extraña existencia de esas flores, solo venía a ponerlo un tanto tenso.

Había continuado trabajando desde la cama, Lilinette y otras sirvientas le habían proporcionado libros sobre la flora del reino, todo lo que pudieran encontrar, por lo que ahora, una parte de la habitación estaba llena de libros, mientras ella concluía una anotación sobre una flor bien dibujada en el libro que acababa de llevar, tenía algunas anotaciones respecto a sus usos y beneficios, así como las posibles advertencias.

-Si Sato y Saya me encuentran trabajando, de seguro me reñirán- Pensó la menor, dejando el libro sobre otros cinco en su buró, notando la tormenta recia en el exterior, abrazándose a la frazada de lana que su madre había mandado en el carruaje -Le diré a los mellizos que se la entreguen a mamá...

-La necesitas más tu aquí que mamá en Caelestis- La voz de su hermano la sacó de sus pensamientos, notando que los mellizos estaban en la entrada de su habitación -Vaya tormentas que tienes aquí

Expresó su hermano, caminando hacia ella junto con Saya, quien parecía algo lenta en comparación con sus habituales y dinámicos movimientos; incluso al caminar.

-Pero no es mía- Concluyó la menor, mirando a sus hermanos, notando los movimientos de saya - ¿Estas bien? Claramente se te vez… rara

-Nada de qué preocuparse, peque- Se sienta a lado de ella, revolviéndole el cabello -Un pequeño incidente en la montaña del Oeste

-Hay una extraña flor que creció en la cima de esa montaña- Comenta Sato -Creo que Okikiba dijo que se llamaba flos caeleum

-Las esporas que soltaron cuando use mi magia de fuego hicieron que me sintiera un poco mal- Explica Saya, colocando sus brazos detrás de su cabeza.

-Oh, interesante, aunque no está en los libros- Dijo señalando la pila de libros que tenía en una mesa lejos de la cama -Ya me leí varios, y en ninguno viene una flor como la que comentan

Se removió en la cama al momento en que Saya se sentará y acomodará a un lado de ella, acostumbrada completamente a aquellas muestras de afecto.

-Okikiba dijo que es un tipo de flor que crece en los lugares más fríos y que posiblemente floreció por las recientes tormentas que ha habido, Grimmjow trajo una muestra, dijo que te la enseñaría, pero es más o menos así- Comenzó a hacer un rápido boceto en el cuaderno donde había estado dibujando el mapa durante la exploración, pasándoselo a Asami luego de terminar -Tiene un color rojo intenso, de hecho, es similar a las flores del infierno que crecen en Ignis

-Su aroma es bastante floral- Agrega Saya -Esto lo hace bastante peligrosa, ya que eso impidió que saliera de la cueva hasta que comencé a marearme, es decir, no crees que algo tan bello pueda hacerte daño

La mención de aquellas características llamo su atención, Sato dibujaba bien, por lo que confiaba plenamente en el burdo dibujo de su hermano, por lo que tomo el cuaderno, notando la indiscutible similitud con la flor de Ignis.

-Deberé ver el espécimen que trajo Grimmjow, necesito verla para documentarla en el libro, tomare nota de los síntomas, pero, de todas maneras, cualquier cosa que te suceda Saya, ve con Okikiba, y no duces que Jugram también podrá atenderte

-Tranquilos- Mueve la mano, restándole importancia -Con la magia de Okikiba fue más que suficiente para bajar la fiebre, solo estoy algo cansada, pero con un buen descanso estaré como nueva, sin embargo…- Parecía ser sincera, y no solo por no preocupar a sus hermanos, así que no dijeron más respecto a eso, pero el fin que le había dado a aquellas palabras, pusieron en alerta a la menor -Asami, hay algo que a todos nos tiene algo perplejos, Tōshirō parece otro, su cambio, especialmente contigo fue bastante abrupto

-Es verdad- Agrega Sato, sentándose a un lado de Asami en la cama -Perdona por sospechar todavía de él, pero es demasiado repentino

Se encogió al estar entre sus dos hermanos, apretada en su cama, pero se relajó, sintiéndose extrañamente cómoda, haciendo un par de muecas antes de responderles.

-Bueno, creo que el cambio es bastante notorio, hasta yo misma se lo dije, y es que, tiene justificación- La curiosidad picó aún más a sus hermanos, quienes alzaron una ceja - Tōshirō fue hechizado por alguien, al parecer, le dieron un objeto que contenía dicho encantamiento, y esa fue la razón por la que el me trataba de esa manera. Él comenzó a recordar algunas cosas, así que está arrepentido por lo que paso en los últimos meses

-Con que un hechizo- Repite Sato cruzándose de brazos y mirando al frente como si analizara el significado de esas palabras.

- ¿Tienen idea de quién fue? - Cuestiona Saya.

No deseaba exponer aún a la peli verde, Sato ya sabía de ella, pero probablemente no se imaginaba que se trataba de ella.

-No del todo, pudo haber sido cualquiera de la Torre de elfos, algún infiltrado, no lo sabemos- Suspiró, estaba cansada y ya había trabajado bastante -Por ahora, lo mejor es que descansemos, mañana continuaremos trabajando en lo que nos toca

-Bueno, pero es un asunto que no se debe dejar sin resolver- Dice Sato con firmeza, poniéndose de pie -Atentaron contra un miembro de Caelestis, porque supongo que usaron a Tōshirō como un medio para crear una disputa entre reinos

-Y casi lo lograron ¿verdad, Sato? - Canturrea Saya, provocando que Sato bufara y se cruzara de brazos -Pero nuestro hermano tiene razón, quien lo hizo, buscaba provocar una disputa

No iba a decir que no, los problemas con Tōshirō pudieron haber ido en aumento, la visita de Takeshi solo había sido una advertencia silente de que él estaba al pendiente, si aquello no se hubiera solucionado en ese momento, probablemente ella no hubiera vuelto a Glacies, y Takeshi, por ende, habría roto la alianza con Glacies.

-Por el momento, Tōshirō tiene otros asuntos, aunque no dudo que cuando le cuente a Sir Starrk, este comience a mover a los hombres de mayor confianza para que investiguen el altercado- Sonrió por la socarronería de sus hermanos, de sus indirectas, pero también seguía atenta de sus reacciones, de Saya, de su malestar -Bueno, ya, lo mejor es irse a descansar, en especial tu Saya, me preocupa que la flor tenga secuelas que desconocemos, trata de descansar ¿de acuerdo? De todas maneras, Okikiba estará al pendiente por si tienes alguna dolencia más, ¿Cuándo volverán a Caelestis?

-Continuaremos nuestra exploración el día de mañana, aunque creo que lo más conveniente es que vuelva yo- Habló sato, mirando a su melliza -Sé que dices que te sientes mejor, pero más vale no arriesgarnos a un vuelo largo y que te sientas mal a mitad de camino

-Que exagerado eres hermano- Bufó, divertida, al tiempo en que se ponía de pie, aun con movimientos lentos y precavidos -Pero está bien, yo me quedare a explorar en tierra, vere si no hay más de esas flores y veré que descubrimientos ha hecho Asami, creo que ya es hora de ir viendo en que puede contribuir Glacies a otros reinos

-Concuerdo con Sato, Riruka podría acompañarte, aunque tal vez prefieras a Grimmjow, eso lo decidirás tú- Y movió con negación la cabeza al escuchar a Saya decir que Sato era exagerado -Bueno, probablemente tengo algunas cosas que van a ser interesantes, pero deberemos comenzar las alianzas con los elfos, ellos tendrán que trabajar la materia prima básica para transformarla en otras cosas útiles, deberé hablar con Takeshi y Jugram para llegar a un acuerdo de cómo podemos realizar el pago, ya que, al final, podríamos únicamente vender la materia y recibir el dinero, o podríamos intercambiar por alimentos u otras cosas

-Recuerda que las carretas están algo restringidas por los atracos- Le recuerda su hermana -Estamos pensando pedir apoyo de Terra para hacer una serie de túneles y hacer los intercambios por debajo tierra

- ¡Argh! Es como si alguien estuviera haciendo todo lo posible para separar a los reinos- Gruñe Sato.

-Oh alguien molesto por esta alianza- La puerta se abrió, dejando ver al albino, quien los miraba al momento de acercarse -Cortar intercambios comerciales deja a los reinos débiles, alguien muy listo debe estar detrás de esto

-Eso significa que Glacies esconde recursos mucho más valiosos de lo que pensamos- La mente metódica de Sato comenzaba a armar conjeturas -Algo que quizá ni los propicios residentes de Glacies saben que tienen

-Entrar a la cueva donde encontramos las flores es prácticamente imposible sin alguna fuente de luz- Comenta Saya -Y cualquier fuente de calor activa las esporas, así que debe haber algo ahí

-Continuaremos las investigaciones, y lo discutiremos en otro momento en la oficina de Sir Starrk- Finalizó el albino, cruzándose de brazos, mirando a su esposa, quien comenzaba a adormilarse -Ah sido un día pesado para todos

Aquella indirecta la acompaño cuando se quitara la chaqueta, alejándose de ellos para tomar sus ropas de dormir.

-Sí, supongo que también es recomendable descansar un poco- Dice Saya estirándose -Nos retiraremos a nuestras habitaciones, que descansen

Entendiendo aquella indirecta, Saya empuja a Sato por la espalda, sacándolo de la habitación.

-Buenas noches- Les dijo la peli blanca al verlos salir de la habitación, como una acción instantánea, suspirando por que se fueran -Sabes que pudieron haber seguido así por horas ¿verdad?

Le dijo a su esposo, quien se metiera detrás del biombo para cambiarse de ropa, saliendo de detrás con un pantalón y camisa de dormir, acercándose a la cama.

-Me lo imagine, además, estabas quedándote dormida- Se sentó a la orilla, tomando la ánfora y sirviéndose agua, ofreciéndole un poco a ella, aceptándolo, luego bebiendo él -Aún necesitas recuperarte, tú cuerpo esta débil, necesitaras unos días más de descanso, así que me gustaría que respetaras eso, aunque no te impediré trabajar, Saya se muestra muy entusiasmada, pero me preocupa lo de la flor

Ella se movió del centro de la cama a su lado, permitiéndole acomodarse.

-Demasiado temerarios, algo tontos, pero saben trabajar- Divago, pensando en sus hermanos, luego sacudió la cabeza para sacar aquellos pensamientos -Perdona, estoy cansada

Entendiendo aquello, el albino se recostó, ella también se acomodó, y aunque habían estado durmiendo separados los últimos meses, por primera vez, Tōshirō se acercó a ella, rodeándola con su brazos, durmiéndose casi al instante; por lo que, al final, ella también lo haría, cerrando así, su reinicio en aquella vida en Glacies.

(Secret door - Evanescence)

La biblioteca en soledad, el silencio sepulcral de aquel refugio de pasta, madera y papel, la madrugada profunda y el viento helado que silbaba colándose entre los ventanales. El único sonido que quebrantaba la quietud de aquel santuario era el de una mano delicada deslizándose por los barandales de caoba labrada, y lento pero constante, el golpe de sus tacones contra la losa fría, eco macabro emulando el paso de la muerte.

Su sonrisa carmesí, a juego con su mirada de rubí parecían resaltar en la palidez de su rostro como faros en la oscuridad, sus cabellos negros como la noche le enmarcaban el rostro redondo como un halo, como un mal presagio; ella se deslizó en silencio bajando hasta el rellano que permitía ver la entrada.

El sonido de pisadas diminutas llegó hasta ella como música para sus oídos, las ratas se escabulleron entre los estantes huyendo de la vista, mientras ella movía los dedos de una mano como si fuese un titiritero manejando los hilos. Aquello no distaba de la realidad, pero debía ser cuidadosa si no quería perder huesitos en el camino.

Dio una vuelta sobre sí misma mientras una risa aguda y tenue escapaba de sus labios. ¿Se divertía? Por supuesto.

Durante semanas había estado estudiando detenidamente a Saya, escuchándola farfullar cuando creía que tenía algo y riéndose para sus adentros cuando descubría lo perdida que estaba.

Acercó su mano hacia la pared, haberse detenido a la mitad de la escalera no fue un acto aleatorio, la piedra se hundió bajo su peso, un bloque en lo alto, y con el tamaño justo para su palma, ni un milímetro más, ni un milímetro menos; mecanismo diseñado y pensado para ella. El mármol cedió, la joven sonrió, y se perdió en la oscuridad de aquel pasillo que la sacaba de la biblioteca sin que nadie notara su presencia.

Moverse entre los recovecos de aquel sitio ya era tan natural que lo habría hecho con los ojos cerrados.

Los pasos livianos que retumbaron tras ella no la sobresaltaron. Cualquier otro ni siquiera habría sido capaz de escuchar aquel sonido que apenas y lograba levantarse por encima del murmullo del viento. Ella lo escuchaba.

Demasiado acostumbrada a esos pasos livianos, y agradecida de contar con ellos.

Se dejó llevar cuando un par de manos se cerraron en torno a su cintura y tiraron de ella, se dejó guiar cuando el eco de los pasos se tornó en un ritmo peculiar, se permitió sonreír como una tonta mientras giraba sobre sí misma al ritmo de un-dos-tres, un-dos-tres, encarando al recién llegado.

Su sonrisa vacía, su mirada de cristal, su piel pálida, sus cabellos negros podrían aterrorizar a cualquiera que lo encontrara vagando en la oscuridad, porque bien podría parecer un muerto en vida...

Para ella, ese rostro que lucía demacrado en la oscuridad era la más hermosa aparición en el reino, su sonrisa enamorada, la suavidad de su mirada, la manera en que le sostenía entre sus brazos, como si temiera romperla.

Un-dos-tres, un-dos-tres.

Dos espectros danzando en la oscuridad, en la madrugada, en el más profundo de los secretos; dos almas enamoradas girando en las sombras, mientras el mundo permanecía ajeno de su existencia.

-Mi estrella del ocaso -murmuró él con voz profunda y suave, haciéndola suspirar de amor.

-Mi luz del alba -respondió ella con voz trémula y silbante.

Sabían que tenían temas más importantes que tratar, sabían que debían discutir los hallazgos de Saya, sabían que tenían cuentas por rendir a la reina, pero estando ahí, perdidos en la mirada del otro, bailando un vals en la penumbra, sabían perfectamente que el resto del mundo podía esperar.

Ni la guerra, ni la reina, ni ningún ser viviente tenía el peso suficiente para sacarlos a ellos de su ensoñación, porque el tiempo juntos era la recompensa esperada luego de las horas de trabajo. Verse por primera vez después de jornadas arduas que bien podían durar unas horas o varios días, era su razón para seguir adelante a pesar del secretismo en que vivían.

El mundo podía irse al carajo, la reina podía irse al carajo, ellos habían esperado para ese encuentro, ahora le tocaba al resto del mundo esperar.

-Estaba preocupado, vesperi -canturreó él con aires seductores-.

- ¿Preocupado por mí, mane lumen? -Su respuesta, aunque coqueta, tuvo un retintín de inocencia

- ¿Soy así de ridículo?

Pero no hubo respuesta, porque en la sonrisa de aquella mujer, en la forma en que levantó el rostro, en cómo estiró el cuello, él supo que ella tampoco quería esperar un minuto más, y puso complaciente su boca al alcance de su stella vesperi, de su estrella del ocaso, sellando con un beso el inicio de su encuentro, y posponiendo al resto del mundo para después.

Porque vivir en secreto y ser los mejores en lo que hacían, tenía una ventaja que muy pocos podrían valorar, y es que mientras no se presentaran a rendir cuentas, no tenían por qué aparecer, tampoco separarse. Porque era tal el voto de confianza vertido en ellos que mientras no anunciaran sus hallazgos podían aprovechar el tiempo a su antojo y fundirse en la oscuridad.

-De entre todos, él debería comprender mejor que nadie cuánto vale cada segundo contigo.

El silencio se alzó entre ellos un momento, la joven asintió para sí misma, pensando en una de sus hermanas menores, en la desaparecida.

Disfrutaba observarla en la biblioteca, practicando hechizos de curación en silencio, tratando de probarse y de probarle al mundo que era más que sólo un adorno en el retrato de la familia real.

Tenía que admitirlo, se había encariñado con ella como si se tratase de una mascota, tal vez un canario cantando solitario en su jaulita.

- ¿Son todos los elfos así de melancólicos?

-Sólo los que nos hemos enamorado de verdad alguna vez -concluyó antes de atraer el rostro de ella y robarle un beso casto, deleitándose con el contacto de su piel y el sabor de sus labios, sabiendo que debían comenzar su día, pero negándose a iniciar sin disfrutarse un poco más.