45. UN CORAZÓN AUDAZ, UNA MENTE AGUDA Y HÁBIL

NUEVE AÑOS ANTES

A Eshonai le habían dicho que cartografiar el mundo acababa con su misterio. Algunos otros oyentes insistían en que no se debería trazar mapas de las tierras salvajes, los dominios de los spren y los grancaparazones, y en que, al intentar confinar esas tierras en papel, Eshonai se arriesgaba a robar sus secretos. Ella lo encontraba ridículo a más no poder. Armonizó a Asombro mientras entraba en el bosque y veía los árboles rodeados de vidaspren, brillantes bolas verdes con púas blancas asomando que flotaban arriba y abajo. Más cerca de las Llanuras Quebradas casi todo era llano y crecía solo algún rocabrote de vez en cuando. Y sin embargo, allí, no tan lejos, las plantas prosperaban en abundancia. Los suyos hacían frecuentes excursiones al bosque para recoger leña y setas. Pero siempre tomaban la misma ruta exacta. Río arriba una jornada de marcha hacia el interior, recolectar allí y volver. Esa vez, Eshonai había insistido en separarse del grupo, para gran preocupación de los demás. Había prometido reunirse con ellos en el campamento después de explorar el perímetro exterior del bosque al completo. Después de caminar bordeando los árboles durante varios días, había encontrado el río en el otro extremo. Hecho eso, podía atajar por el centro del bosque y llegar al campamento de su familia desde esa dirección. Llevaría con ella un nuevo mapa que revelaría con exactitud lo extenso que era el bosque, por lo menos por un lado. Empezó a seguir el arroyo, armonizada a Alegría, acompañada de ríospren que nadaban. Cómo se habían preocupado todos de que estuviera sola allá fuera en las tormentas. Bueno, pues Eshonai había salido a las tormentas una docena de veces y había sobrevivido sin problemas. Además, había podido cobijarse entre los árboles. Aun así, su familia y sus amigos seguían preocupados. Habían pasado toda la vida en una zona muy pequeña, soñando con el día en que podrían conquistar una de las diez antiguas ciudades que se alzaban en la parte exterior de las Llanuras Quebradas. Qué objetivo tan poco ambicioso. ¿Por qué no salir fuera y ver qué más había en el mundo?

Pero no. Solo existía una posible meta: hacerse con una de esas ciudades. Refugiarse tras sus muros a medio desmoronar sin hacer caso a la protección que ofrecían los bosques. Eshonai consideraba esa protección la prueba de que la naturaleza era más fuerte que las creaciones de los oyentes. Sin duda ese bosque ya se alzaba allí cuando las antiguas ciudades estaban recién construidas. Y el bosque seguía medrando mientras las ciudades estaban en ruinas. No se podía robar los secretos de algo tan fuerte solo explorándolo. Si algo se podía hacer, era aprender. Se sentó cerca de una roca y desenrolló su mapa, hecho de valioso papel. Su madre era de las pocas oyentes entre todas las familias que conocían la Canción de crear papel y, con su ayuda, Eshonai había perfeccionado el proceso. Utilizó una pluma y tinta para trazar el curso del río al internarse en el bosque, y luego absorbió tinta con una tela hasta que estuvo seca antes de volver a enrollar el mapa. Aunque Eshonai estaba confiada, armonizada a Resolución, las protestas de los demás habían sido muy irritantes últimamente.

«Sabemos dónde está el bosque y cómo llegar a él. ¿Para qué cartografiar su tamaño? ¿De qué servirá eso?»

«El río fluye en esta dirección. Todo el mundo sabe dónde encontrarlo. ¿Para qué molestarte en ponerlo sobre un papel?»

Demasiados miembros de su familia preferían fingir que el mundo era más pequeño de lo que era. Eshonai estaba convencida de que por eso seguían peleándose con las otras familias de oyentes. Si el mundo consistía solo en el terreno que rodeaban las diez ciudades, entonces luchar por ese terreno tenía sentido. Pero sus antepasados no habían combatido entre ellos. Sus antepasados habían vuelto los rostros hacia la tormenta y se habían marchado, abandonando a sus mismos dioses en nombre de la libertad. Eshonai tenía intención de utilizar esa libertad. En vez de quedarse sentada junto al fuego y quejarse, experimentaría las bellezas que ofrecía Cultivación. Y haría la mejor pregunta que podía hacerse.

«¿Qué será lo próximo que descubra?»

Eshonai siguió andando, juzgando el curso del río. Empleando sus propios métodos para medir la distancia, y luego comprobaba su trabajo contemplando las vistas desde múltiples ángulos. El río seguía fluyendo durante días después de que pasara una tormenta.

¿Cómo era posible? Si todo el resto del agua se había secado o la había lamido algo, ¿por qué ese río seguía corriendo? ¿Dónde empezaba?

Los ríos y sus spren cubiertos de caparazón la entusiasmaban. Los ríos eran marcadores, postes indicadores, senderos. Nunca podías perderte si sabías dónde estaba el río. Eshonai paró para comer cerca de un recodo y descubrió un tipo de cremlino que era verde, como los árboles. Nunca había visto ninguno de ese color. Tenía que decírselo a Venli.

—¡Robar los secretos de la naturaleza! —exclamó Eshonai a Malestar—. ¿Qué es un secreto sino una sorpresa que descubrir?

Terminó de comerse los haspers al vapor, apagó la hoguera y dispersó los llamaspren antes de seguir camino. Calculaba que le costaría día y medio llegar con su familia. Luego, si volvía a dejarlos y rodeaba el otro lado del bosque, tendría una imagen completa de su aspecto. Había tanto que ver, tanto que conocer, tanto que hacer. Y ella iba a descubrirlo. Iba a…

¿Qué era eso?

Frunció el ceño y detuvo sus pasos. El río ya no traía mucha agua; lo más probable era que se hubiera reducido a un chorrito al día siguiente. Por encima de su gorgoteo, oyó gritos en la lejanía.

¿Habían salido los demás a buscarla? Avanzó deprisa, armonizando a Emoción. Quizá los otros fuesen estando más dispuestos a explorar.

No fue hasta que casi hubo llegado a los sonidos cuando se dio cuenta de que tenían algo muy erróneo. Eran llanos, sin rastro de ritmo. Como si los hicieran los muertos. Un momento después dobló un recodo y se descubrió ante algo más maravilloso y más terrible de lo que jamás se había atrevido a imaginar.

Humanos.

—«Temida forma gris, mente sin presencia —citó Venli—, la más baja y sin inteligencia. Al hallar esta forma, el precio se olvida. Te encuentra y te trae la ruina.»

Respiró hondo y se reclinó en el interior de su tienda, orgullosa. Las noventa y una estrofas, recitadas sin un solo fallo. Su madre, Jaxlim, asintió mientras trabajaba con el telar.

—Ha sido uno de tus mejores recitados —dijo a Alabanza—. Un poco más de práctica y podremos pasar a la siguiente canción.

—Pero… la he hecho bien.

—Has cambiado la séptima y la decimoquinta estrofas —respondió su madre.

—El orden no importa.

—También te has saltado la decimonovena.

—No me la he saltado —dijo Venli, enumerándolas en su cabeza. ¿Forma de trabajo?—. O… ¿sí?

—Sí —confirmó su madre—. Pero no tienes por qué avergonzarte. Lo estás haciendo bien.

¿«Bien»? Venli había pasado años memorizando las canciones, mientras Eshonai apenas hacía nada útil. Venli lo hacía mejor que «bien». Era excelente.

Solo que… ¿se había saltado una estrofa entera? Miró a su madre, que canturreaba en voz baja mientras seguía tejiendo.

—La decimonovena estrofa tampoco es tan importante —dijo Venli—. Nadie va a olvidar cómo convertirse en trabajador. ¿Y por qué hay una estrofa sobre la forma gris? Nadie la escogería nunca por voluntad propia.

—Debemos recordar el pasado —respondió su madre al Ritmo de lo Perdido—. Necesitamos recordar aquello por lo que pasamos para llegar hasta aquí. Debemos preocuparnos de no olvidarnos a nosotros mismos.

Venli armonizó a Malestar. Y entonces Jaxlim empezó a cantar a los ritmos con su hermosa voz. La voz de la madre de Venli tenía algo asombroso. No era poderosa ni intensa, pero era como un cuchillo, fina, afilada, casi líquida. Cortaba a Venli hasta su misma alma, y el Asombro reemplazó a su Malestar.

No, Venli no era perfecta. Todavía no. Pero su madre sí.

Jaxlim siguió cantando y Venli la observó, embelesada, avergonzada de su anterior irritabilidad. A veces se le hacía muy cuesta arriba quedarse allí sentada día tras día, memorizando mientras Eshonai jugaba. Las dos eran casi adultas ya, a falta de un año para Eshonai y poco más de dos para Venli. Se suponía que debían ser responsables. Su madre dejó la canción sin acabar después de la décima estrofa.

—Gracias —dijo Venli.

—¿Por cantar algo que ya has oído mil veces?

—Por recordarme qué aspiro a lograr cuando practico —dijo Venli a Alabanza.

Su madre armonizó a Alegría y siguió trabajando. Venli fue a la entrada de la tienda y miró fuera, donde los miembros de la familia se dedicaban a distintas actividades, como cortar madera o talar árboles. Su gente era la familia del Primer Ritmo y tenía una noble herencia. Eran varios miles de personas, pero habían pasado muchos años desde la última vez que controlaran una ciudad. No dejaban de hablar de que obtendrían una pronto. De cómo saldrían en tropel del bosque y atacarían antes de una tormenta para reclamar la sede que les correspondía por derecho. Era un objetivo digno y excelente, pero aun así Venli se notó insatisfecha mientras observaba a los guerreros haciendo flechas y afilando sus antiguas lanzas de metal. ¿De verdad era eso a lo que se reducía la vida? ¿A luchar una y otra vez por las mismas diez ciudades?

Tenía que haber algo más para ellos. Tenía que haber algo más para ella. Había llegado a amar las canciones, pero quería utilizarlas. Encontrar los secretos que prometían. ¿Acaso iba Roshar a crear a alguien como Venli para tenerla sentada en una tienda de piel de jabalí, memorizando palabras hasta que pudiera transmitirlas y luego morir?

No. Ella debía tener algún tipo de destino. Algo grandioso.

—Eshonai cree que deberíamos hacer dibujos para representar las estrofas de las canciones —dijo Venli—. Hacer pilas de papeles llenos de dibujos para no olvidarlas.

—A veces tu hermana tiene cierta sabiduría —respondió su madre.

Venli armonizó a Traición.

—No debería marcharse lejos de la familia tan a menudo, siendo egoísta con su tiempo. Debería estar aprendiendo las canciones igual que yo. También es su deber, como hija tuya.

—Sí, estás en lo cierto —dijo Jaxlim—. Pero Eshonai tiene un corazón audaz. Aún tiene que aprender que su familia es más importante que contar cuántas colinas hay fuera del campamento.

—¡Yo tengo un corazón audaz! —exclamó Venli.

—Tú tienes una mente aguda y hábil —dijo Jaxlim—. Como tu madre. No desprecies tus propios talentos por envidiar los ajenos.

—¿Envidar? ¿A ella?

La madre de Venli siguió tejiendo. No se le exigía que trabajara con el telar, ya que su posición como guardiana de las canciones era elevada, quizá la más importante de la familia. Y aun así, Jaxlim siempre intentaba mantenerse ocupada. Decía que trabajar con las manos mantenía su cuerpo fuerte, mientras que repasar las canciones le ejercitaba la mente. Venli armonizó a Ansiedad, luego a Confianza y luego otra vez a Ansiedad. Volvió con su madre y se sentó en el taburete a su lado. Jaxlim proyectaba Confianza, hasta cuando hacía algo tan simple como tejer. Su compleja pauta de onduladas líneas rojas y negras en la piel era de las más hermosas del campamento, como una verdadera piedra jaspeada. Eshonai había heredado la coloración de su madre. Venli, cómo no, había salido a su padre: sobre todo blanco y rojo, más bien arremolinados. Pero en realidad, la pauta de Venli tenía los tres colores. Mucha gente decía que no le veía las pequeñas marcas de negro en el cuello, pero ella sí las distinguía. Tener los tres colores era muy muy infrecuente.

—Madre —dijo a Emoción—, creo que he descubierto una cosa.

—¿Y cuál es?

—He estado experimentando otra vez con distintos spren. Sacándolos a las tormentas.

—Se te advirtió sobre eso.

—No me lo prohibisteis, así que seguí haciéndolo. ¿Deberíamos hacer solo lo que se nos dice?

—Muchos afirman que no necesitamos más que la forma de trabajo y la carnal —dijo su madre a Consideración—. Dicen que pretender otras formas es dar pasos encaminados hacia las formas de poder.

—¿Y qué opinas tú? —preguntó Venli.

—Siempre te preocupas mucho por mis opiniones. La mayoría de los hijos, cuando llegan a tu edad, empiezan a desafiar y a no hacer caso a sus padres.

—La mayoría de los hijos no te tienen a ti como madre.

—¿Lisonjas? —preguntó Jaxlim a Diversión.

—No… del todo —dijo Venli. Armonizó a Resignación—. Madre, quiero poner en práctica lo que he aprendido. Tengo la cabeza llena de canciones sobre las formas. ¿Cómo pretendes que no quiera descubrirlas? Por el bien de nuestro pueblo.

Jaxlim por fin dejó de tejer. Se volvió en su taburete, lo arrastró más cerca de Venli y le cogió las manos. Canturreó, y luego cantó en voz baja a Alabanza, solo una melodía, sin palabras. Venli cerró los ojos y dejó que la canción la inundara, y le pareció que podía sentir la piel de su madre vibrando. Sentir su alma. Venli había hecho aquello desde que tenía memoria. Apoyarse en su madre, en sus canciones. Desde que su padre se había marchado en busca del mar oriental.

—Estoy orgullosa de ti, Venli —dijo Jaxlim—. Lo has hecho bien estos últimos años, memorizando después de que Eshonai lo dejara. Y te animo a que busques mejorarte a ti misma, pero recuerda, no debes distraerte. Te necesito. Te necesitamos.

Venli asintió y se puso a canturrear al mismo ritmo, armonizando a Alabanza en sintonía con su madre. Sintió amor, calidez, aceptación de aquellos dedos que le rodeaban las manos. Y supo que, pasara lo que pasara, su madre estaría presente para guiarla. Para apoyarla. Con una canción que perforaba incluso las tormentas. Su madre volvió a su telar y Venli empezó a recitar de nuevo. Recorrió la canción entera y en esa ocasión no se saltó ninguna estrofa. Al terminar, esperó, bebiendo un poco de agua y esperando la felicitación de su madre. En vez de eso, Jaxlim le dio algo mejor.

—Háblame de esos experimentos que haces con los spren —le pidió.

—¡Intento encontrar la forma de guerra! —dijo Venli a Expectación—. Me he quedado cerca del borde del refugio durante las tormentas, intentando atraer al spren correcto. Es complicado porque la mayoría de los spren huyen de mí cuando el viento arrecia.

»Pero creo que la última vez estuve cerca. La clave es un dolorspren. Siempre andan por ahí durante las tormentas. Si puedo mantener a uno cerca de mí, creo que lograré adoptar la forma.

Si lo conseguía, sería la primera oyente que tuviera la forma de guerra en muchas generaciones. Desde que los humanos y los oyentes de antaño se destruyeran unos a otros en su batalla final. Era algo que podría ofrecer a su gente, ¡algo que sería recordado!

—Vamos a hablar con los Cinco —propuso Jaxlim, levantándose de su asiento junto al telar.

—Espera —dijo Venli, cogiéndola del brazo y armonizando a Tensión—. ¿Vas a contarles lo que he dicho? ¿Sobre la forma de guerra?

—Por supuesto. Si vas a seguir por ese camino, necesitamos su bendición.

—Quizá debería practicar más —dijo Venli—, antes de que se lo contemos a nadie.

Jaxlim canturreó a Reprimenda.

—Esto es como tu negativa a interpretar las canciones en público. Tienes miedo de exponerte al fracaso otra vez, Venli.

—No —dijo ella—. No, claro que no. Madre, es solo que creo que sería mejor si estoy segura de que funciona. Antes de crear problemas.

¿Por qué no iba alguien a querer estar segura antes de invitar al escarnio con su fracaso? Eso no hacía de Venli una cobarde. Iba a adoptar una nueva forma cuando nadie más lo había hecho. Eso era audaz. Quería controlar las circunstancias, nada más.

—Ven conmigo —dijo Jaxlim a Paz—. Los demás ya han estado hablando de esto. Se lo conté después de que me preguntaras la última vez. Insinué a los ancianos que pensaba que podría ser posible adoptar nuevas formas, y creo que están dispuestos a intentarlo.

—¿De verdad? —preguntó Venli.

—Sí. Ven. Celebrarán tu iniciativa. Esto es demasiado excepcional para nosotros, en esta forma. Es mucho mejor que la forma gris, pero sí que afecta a nuestras mentes. Necesitamos otras formas, a pesar de lo que puedan decir algunos.

Venli se descubrió armonizando a Emoción mientras seguía a su madre fuera de la tienda. Si de verdad obtenía la forma de guerra, ¿le abriría la mente? ¿La haría incluso más audaz? ¿Acallaría los miedos y las preocupaciones que tanto la asaltaban? Venli anhelaba logros. Anhelaba hacer su mundo mejor, menos gris, más vibrante. Anhelaba ser quien llevara a su pueblo a la grandeza. Sacarlo del crem y enviarlo hacia los cielos.

Los Cinco estaban reunidos en torno a la hoguera entre los árboles, debatiendo sobre tácticas ofensivas para la batalla venidera. A grandes rasgos, la conversación consistía en qué alardes proferir y a qué guerreros permitir arrojar primero sus lanzas. Jaxlim llegó junto a los ancianos y cantó una canción entera a Emoción. Era una interpretación muy poco frecuente por parte de la guardiana de las canciones, y cada estrofa hizo que Venli irguiera más la espalda. Cuando la canción terminó, Jaxlim explicó lo que le había dicho Venli. Y sí, los ancianos estaban interesados. Comprendían que las nuevas formas merecían el riesgo. Segura de que no la rechazarían, Venli se adelantó y armonizó a Victoria. Sin embargo, cuando empezó a hablar, sonó algo fuera del campamento. ¿Los tambores de advertencia? Los Cinco se apresuraron a empuñar sus armas, hachas, lanzas y espadas antiguas, todas ellas muy valiosas y transmitidas de generación en generación, pues los oyentes no tenían los medios para crear armas nuevas de metal.

Pero ¿qué podía ser aquello? Ninguna otra familia los atacaría allí fuera, en la naturaleza. No había ocurrido desde hacía generaciones, cuando la familia Canción Pura había hecho una incursión contra la familia Cuarto Movimiento para intentar robarles las armas. Los Canción Pura habían sufrido una dura censura por ese acto.

Venli se quedó atrás mientras los ancianos se marchaban. No deseaba involucrarse en una escaramuza, si de verdad era lo que estaba ocurriendo. Era una aprendiza de guardiana de canciones, una persona demasiado valiosa para arriesgarla en batalla. Confiaba en que, fuera lo que fuese aquello, terminaría pronto y ella podría volver a disfrutar del respeto de los ancianos. De modo que fue la última en enterarse del increíble descubrimiento que había hecho Eshonai. La última en saber que su mundo había cambiado para siempre. Y la última en descubrir que su gran anuncio había quedado eclipsado del todo por los actos de su temeraria hermana.